Anda di halaman 1dari 4

INTRODUCCION A LA LITURGIA REFORMADA

Reconocemos ciertamente, que la adoración y la alabanza al Dios único, vivo y


verdadero es el alma de la fe y de la vida cristiana. Ya el espíritu de la Reforma del
Siglo XVI nos ha hecho reconocer que el Dios soberano y Señor de todo cuanto
existe, gracias a su divina revelación, merece el tributo de nuestra adoración y
gratitud.
Desde muy temprano en su historia, la iglesia aprendió a cantar, a orar, a oír la
Palabra y proclamarla al mundo irredento; de igual manera, a celebrar y practicar
las ordenanzas específicas de nuestro Señor Jesucristo como son el Bautismo y la
Cena del Señor, que nosotros hoy conocemos como sacramentos de la iglesia. De
igual modo, también los cristianos se reunían y lo siguen haciendo hoy, para unirse
al gozo de las celebraciones nupciales o para fortalecer su fe y la esperanza
cristiana al tiempo de sepultar a sus muertos (cultos fúnebres). Todos estos actos
se han reunido en lo que llamamos los cultos o actos litúrgicos de la iglesia.
Por ello, tanto las Escrituras del Antiguo como del Nuevo Testamento, como la
revelación escrita de ese mismo Dios, invitan no solo a los seres humanos sino a
toda creación, poema o hechura de sus manos, a rendirle culto sincero, gozoso, fiel
y agradecido “porque para siempre es su misericordia” (Sal. 136).
En el caso de todos los seres humanos se nos recuerda y se nos conmina a
“reconocer que Jehová es Dios, él nos hizo y no nosotros a nosotros mismos….”
(Sal. 100:3)
“¿Qué es el hombre para que tengas de el memoria y el hijo del hombre, para que
lo visites?” Sal. 8:4
Y, todos los pueblos y naciones:
“Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra. Servid a Jehová con alegría;
venid ante su presencia con regocijo… “Sal. 100:1-2
Y toda la creación es convocada para el culto y la alabanza sincera:
“Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”
Sal. 19:1.
“Todo lo que respire alabe a JAH. Aleluya” Sal. 150:6
Y a los creyentes y cristianos en particular se nos hace un llamamiento exultante
para la alabanza y la Adoración a Su nombre:
“Venid, aclamemos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra
salvación. Lleguemos ante su presencia con alabanza, aclamémosle con
canticos…”
“Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro
hacedor. Porque él es nuestro Dios, nosotros somos el pueblo de su prado, y ovejas
de su mano.” Sal.95:1-7
Y todo ello porque:
“…ahora es, cuando los verdaderos adoradores adoraran al Padre en espíritu y en
verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es
espíritu; y los que los que le adoran en espíritu y en verdad es necesario que le
adoren.” Juan 4
Por tanto, cuando el creyente en lo individual o la iglesia como comunidad de fe, de
una manera agradecida y sincera ha comprendido y experimentado la grandeza del
amor de Dios manifestado en la persona y obra redentora de nuestro Señor
Jesucristo, prorrumpen en una alabanza y Adoración exulten rindiendo un culto
gozoso y verdadero al Dios trino y único:
“Cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y
canticos espirituales” Col. 3:16
“Así que, hermanos os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestro
cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios que es vuestro culto racional”
Rom. 12:1
Porque el culto cristiano es el tributo excelso y sublime que los creyentes en espíritu
y verdad rinden aquí y ahora al Señor con fe y obediencia a su voluntad y en gratitud
y reconocimiento por sus bondades en esta vida y la seguridad de la vida eterna
disfrutar en torno al Cordero que fue inmolado por nuestros pecados y ante quien y
ante el Padre de bondad entonaremos el Aleluya por los siglos de los siglos:
“Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y
el poder por los siglos de los siglos” Ap. 5:13.
“¡Aleluya! Salvación y honra y gloria y poder son del Señor Dios nuestro… ¡Aleluya!
Porque el Señor nuestro Dios todopoderoso reina” Ap. 19:1-8.

Y, aunque en su uso secular tuvo el significado de oficio y servicio al estado, ya en


el Nuevo Testamento adquiere otros significados y usos, así, LEITOURGIA de
donde viene nuestra palabra liturgia, se va a referir al servicio que se le rinde al
Señor y es la palabra sinónima de diaconía, que tiene el mismo significado de
servicio, al igual que la palabra latina ministrare (Lucas 1:23; 2 Cor. 9:12; Fil. 2:17-
30; Hebr. 8:6, 9:21)

Fundamentos bíblicos y teológicos del culto reformado

“La Iglesia Nacional Presbiteriana de México, reconoce que el culto cristiano es la


expresión máxima de la adoración y entrega a Dios como creador, soberano y
redentor en Cristo Jesús y debe expresarse de una manera gozosa, espontanea,
sincera, comunitaria, decente y en orden” (art.54 de la Constitución de la Iglesia
Nacional Presbiteriana de México).

Por otro lado, reconozcamos como, Presbiterianos Reformados que el modelo del
culto que nosotros practicamos sigue: “…Los principio, normas y orden de culto de
nuestra herencia reformada y calvinista” (art.55 de nuestra constitución), y si a esto
aunamos el principio reformado de “solo la escritura”, hemos de afirmar entonces
que nuestro culto tiene su base en la palabra de Dios, y en la tradición reformada
sujetándose siempre esta última a la bendita palaba de Dios, por ello, si queremos
entender el culto reformado, hemos de comprender los fundamentos bíblicos y
teológicos en que está basado dicho culto.

Fundamentos históricos del culto


Tiene su prehistoria en la vida de los patriarcas con la edificación de altares, en
donde
Dios se les aparecía, por ejemplo: en Siquem a Abraham (Gn. 12:6-7); en Berseba
a
Isaac (Gn. 26:24-25); en Bethel a Jacob (Gn. 28:10), etc.

Ya en el libro del Éxodo notamos un silencio de cuatrocientos años, en donde no


sabemos si estando Israel en la esclavitud, pudieron tener algunos elementos de
culto.
Por consiguiente es en el desierto, después de la liberación dada por Dios, en que,
por
orden divina, Moisés construye el tabernáculo (Éxodo 26 y 27), y es ahí donde la
“Shekina” (la misma presencia de Yhwh Dios), se manifiesta permanentemente
como el
compañero fiel durante la travesía de Israel por el desierto, hacia la Tierra
Prometida.