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UNIVERSIDAD ABIERTA PARA ADULTOS

(UAPA)

ASIGNATURA
Propedéutico de Español

TEMA
Tarea VI La Producción de textos

FACILITADORA

PARTICIPANTE

MATRÍCULA

Santo Domingo, Rep. Dom.


04 junio 2017
Introducción

La corrupción y la impunidad se han convertido en una epidemia social que carcome la


base de la sociedad misma y se contrapone con la equidad, la justicia social y los
intereses comunes. Lacera además, los valores morales que deben prevalecer en los
seres humamos.

En este trabajo echaremos un vistazo a la corrupción y la impunidad en la Republica


Dominicana, las causas que las originan, como una alimenta a la otra y las consecuencias
que arrastran.

Intentaremos además reflexionar sobre nuestro papel como ciudadanos ante estos males
y nuestro compromiso en la construcción de una sociedad libre de estos monstruos que
nos dejan sin presente, sin futuro y sin identidad.
Después de leer y analizar el contenido sobre la producción de texto, redacta un
texto breve sobre uno de los temas sugeridos más abajo. Tomar en cuenta los
aspectos de la escritura.

TEMA

¿Sobre qué asunto escribiremos?

Corrupción y la Impunidad en la Republica Dominicana

¿Qué deseamos escribir sobre el asunto?


Sobre lo perjudicial que resulta la corrupción pública y privada para nuestro desarrollo
como país y como sociedad, y como la impunidad, establecida y promovida por los grupos
de poder; no hace más que agravar la problemática.

¿Qué necesitamos saber?


En qué consiste la corrupción y qué entendemos por impunidad; cómo hemos llegado a
este punto y cuál debe ser nuestra postura ciudadana ante estos fenómenos.

SOBRE LOS LECTORES

¿Quiénes serán nuestros lectores?


Público en general

SOBRE EL TEXTO

¿Qué tipo de texto elegiremos?


Argumentativo

¿Cómo organizaremos las ideas?


Desarrollo del tema

¿Qué tipo de registro emplearemos?


Informal

¿Qué título tentativo tendrá el texto?


La corrupción y la impunidad en RD

OTRAS DECISIONES
¿Qué materiales emplearemos?
Aplicaciones informáticas
La Corrupción y la Impunidad en
República Dominicana

Dentro de un enfoque legal y social, la corrupción se define como la acción humana que
transgrede las normas legales y los principios éticos. En un sentido más práctico,
podríamos definirla como el incumplimiento de manera intencionada del principio de
imparcialidad, con la intención de obtener beneficio personal o para personas
relacionadas; de esta conducta.

En nuestro país, estas condiciones aparecen en todos los estratos sociales y casi en
todas las actividades de la vida institucional de la nación. En escenarios tan dispares
como un hospital, una empresa privada, un chofer, un policía, hasta las transnacionales
y la clase política, vemos como normalidad los de tráfico de influencias, evasión de
impuestos, peculado, soborno, clientelismo, irrespeto a las leyes; violando de forma
constante nuestra carta magna, y peor aún; socavando nuestra integridad y nuestros
valores, que se ven relegados a un segundo plano; pues pareciera que estamos
dispuestos a conseguir lo que queremos, sin importar en que la manera en que lo
obtenemos, nos degrada y nos convierte en seres humanos deshonestos y corruptos.

Pero, ¿Cómo hemos llegado a este punto? ¿Cómo nos hemos convertido en una
sociedad que desdeña el ciudadano honesto y exalta al corrupto?

Las causas son diversas, y van desde la promoción, por generaciones de las prácticas
de corrupción desde las cúpulas de poder (Económico, político y religioso) lo que hace
que el ciudadano de hoy vea la corrupción como algo tan normal y válido como salir a la
calle, el implemento y aprovechamiento de las condiciones de miseria entre los
ciudadanos comunes (lo que los hace vulnerables ante las propuestas indecorosas de los
grupos de poder), y, la influencia ejercida por las todo poderosas transnacionales en
países como el nuestro donde en base a sobornos y compra de voluntades se apropian
de nuestros recursos y riquezas.

Las consecuencias, por su parte son algo más que terribles, desde el punto de vista moral
y socioeconómico. Tenemos una sociedad donde se exalta el tramposo siempre y cuando
se enriquezca, los valores se han invertido y el éxito monetario ha ocupado el lugar de la
honestidad y las buenas prácticas. La corrupción se ha convertido en paradigma para las
masas carentes de formación en valores, cuyos miembros tratan de ascender económica
y socialmente por esta vía.

Esta situación, impide que los gobiernos puedan disponer de fondos suficientes para
cubrir las grandes necesidades, como la alimentación y empleos de los más pobres;
dándoles a los gobiernos el beneficio de la duda, y asumiendo que quieran hacerlo.
Pero, ¿Cómo ha sido posible llegar a este punto? ¿Qué ha facilitado y allanado el camino
para que este monstruo se establezca con bases tan firmes?

Es aquí donde aparece el otro flagelo, tan dañino como la corrupción misma: La
impunidad.

La impunidad es, jurídicamente hablando, la falta y la ausencia del castigo después de


cometer un crimen o delito. Esta práctica, encierra una cantidad de acciones, que el
mismo estado de derecho apoya en muchas ocasiones, dando a entender que se tiene
luz verde para causar daños y estragos al pueblo; es decir que las instancias de poderes
superiores lo hacen para su beneficio causando una excepción del castigo lo que implica
que no se sanciona.

En nuestro país hemos visto una y otra vez como personas se enriquecen de manera
ilícita a la luz de todos, y cómo estos personajes por el hecho de estar ligados a las
instancias de poder salen ilesos, sin castigo alguno por los delitos cometidos. Esto si lo
ponemos en contexto con las condiciones de pobreza y necesidad, es un detonante
perfecto para que los ciudadanos se animen a cometer actos de corrupción a sabiendas
de que debido a la impunidad rampante, no habrá castigo alguno. El ciclo corrupción –
impunidad se ha completado tantas veces, que ya es visto y aceptado por los ciudadanos
como algo inherente del dominicano, y como algo que vale la pena llevar a cabo, pues
hay mucho que ganar y nada que temer; esta es la causa principal de que esta práctica
maldita haya permeado todos los sectores sociales de nuestra patria.

El resultado de esto ha sido fatídico, pués estas prácticas han generado, propiciado y
consolidado una enorme desigualdad social; protegiendo, de forma descarada las redes
de complicidad entre las elites políticas y económicas.

Si miramos la parte socioeconómica, la corrupción y la impunidad han influido en el


crecimiento de los costos de los bienes y servicios, fomentando la aprobación de
proyectos grado a grado, basados en el valor del capital involucrado en los mismos, más
que en la utilidad social de estos. Por su parte la miseria se expande exponencialmente,
siendo cultivada y aprovechada por las elites que hacen negocios con las carencias de la
mayoría.

Incluso los derechos fundamentales aparecen ensombrecidos por estos males, ya que la
educación, la salud, el derecho a un techo, el respeto a la vida; son verdaderas utopías
en sociedades como la nuestra.

¿Qué podemos hacer? ¿Cuál es nuestro deber ante esta situación? ¿Cómo revertirla?

Este mal debe prevenirse a través de una educación integral orientada a aprender a ser,
en una cultura que sea distinta y orientada en valores como honestidad, laboriosidad,
solidaridad; con familias que fortalezcan los vínculos morales, donde se predique con el
ejemplo y que se entiendan como unidad común fundamental de equilibrio social;
educando ciudadanos críticos que velen por el cumplimiento de las leyes, y por el castigo
de los infractores, ciudadanos comprometidos que se involucren en las luchas sociales y
que pongan el bien común sobre el bien personal.

Debemos dejar de mirar que hace nuestro vecino y hacer lo que la moral, la ética y los
valores nos mandan a hacer; desempeñando nuestras funciones con honestidad y
completando los debidos procesos al momento de requerir servicios públicos, debemos
respetar las leyes y exigir su debido cumplimiento e involucrarnos de manera responsable
en la toma de decisiones sobre los asuntos de trascendencia nacional.

Te invito amigo lector a que te conviertas en agente de cabio y transformación, y en


promotor de las buenas prácticas; pero predicando con el ejemplo, pues, solo así
liberaremos nuestro país de estos males y lograremos la patria que Duarte soñó.
Conclusión

La lucha contra la corrupción y la impunidad es y debe ser la lucha de todo dominicano


consciente, que sueñe una mejor sociedad. Sin dudas es una batalla titánica, que nadie
se llame a engaño, pero se hace cada día más necesario e impostergable detener estos
males que nos carcomen y corroen como el óxido al hierro.

Como sociedad siempre iremos en regresión mientras estas prácticas sigan siendo el
paradigma y la normalidad para nuestros paisanos.

Recae sobre nosotros como generación, romper con las cadenas que nos atan a estos
males, convertirnos en entes de cambio, e iniciar el camino a la verdadera democracia;
una que sea participativa y no representativa, donde se respeten los derechos ciudadanos
y se garanticen las mejores oportunidades de desarrollo para nosotros y las generaciones
por venir.

Para esto amigo lector, debemos primero erradicar esos monstruos que parecen
invencibles, pues solo así, acabando con la corrupción y la impunidad; lograremos una
sociedad justa, donde la equidad impere; y dónde los valores ocupen el lugar que en
realidad merecen, y donde el ciudadano deje de ser un stock y recupere su condición de
ser humano.
Bibliografía
http://conceptodefinicion.de/corrupcion/
http://conceptodefinicion.de/impunidad/