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El plan seudofilosófico de Kohan para dinamitar al marxismo-leninismo

desde dentro

escrito por Demófilo

publicado en el blog Movimiento político de resistencia

Nada menos que tres meses estuvo “Rebelión” recomendando en su portada la


lectura de uno de los últimos subproductos intelectuales de Néstor Kohan,
titulado “Nuestro Marx”, en el que retorcía la filosofía marxista hasta asfixiarla
por completo dentro de un pozo séptico. Desde luego “su” Marx no es el de
nadie que trate de cambiar la sociedad; “su” Marx no es tal porque lo ha
prostituido como al más vulgar chapero de burdel portuario, arrastrando en su
torpe desvarío a cuantos se le han cruzado en el camino (Engels, Kautski,
Plejanov, Lenin, Stalin). El empacho es de tal calibre que aquí me limitaré a
dos cuestiones que aclaran hacia dónde dirige Kohan sus ataques, que es el
mismo de todos los oportunistas: se trata de dinamitar el armazón del
marxismo desde dentro.

Para desempeñar cabalmente su repugnante labor, primero Kohan aparenta


estar dentro del marxismo. Se apropia del lenguaje marxista y lo utiliza a su
manera, es decir, lo retuerce y manipula. Eso es lo que le permite luego
introducir su basura en un medio permisivo como “Rebelión” para llegar a un
determinado público, a ciertos lectores de ideas progresistas que frecuentan
ese medio digital. Naturalmente “Rebelión” se prestó a ello y puso la basura en
su cabecera durante semanas para que se ventilara adecuadamente. La
existencia de medios como “Rebelión” es lo que alimenta la subsistencia de
oportunistas como Kohan.

Engels contra Marx

El primero de los ataques de Kohan va enfilado contra Engels y demuestra que


la tarea que Kohan se ha impuesto consiste exactamente en torpedear al
marxismo al más puro estilo burgués, es decir, divide y vencerás. Se trata de
enfrentar a unos contra otros, en este caso a Engels contra Marx, como si
ambos fueran no ya dos revolucionarios distintos sino enfrentados entre sí.
Marx y Engels lucharon en bandos opuestos. Hay que tener mucho cuidado con
Engels porque a partir de su pensamiento (que es diferente del de Marx) surgió
la cadena argumental que nos conduce al gulag: Engels -> Kautski -> Plejanov
-> Stalin. Si no quieres acabar en Stalin, ten cuidado con Engels porque el
gulag empezó ahí.

Sin embargo, como se ve, no aparece Lenin, pero es cuestión de tener un poco
de paciencia, porque es el segundo capítulo de las burdas chapuzas
manipuladoras de Kohan. La introducción de Lenin en esa cadena exige una de
esas rocambolescas elucubraciones con que Kohan obsequia a sus lectores.

Trabando esa cadena (Engels -> Kautski -> Plejanov -> Stalin) Kohan busca
separar al marxismo de la práctica revolucionaria, especialmente de la
Revolución de Octubre, reducir a Marx a otro pensador de gabinete más. En
Kohan como en tantos oportunistas de salón, separar a Engels de Marx supone
separar a la práctica de la teoría y es bien sabido que ni la teoría se puede
separar de la práctica ni Engels estuvo nunca separado de Marx en ningún
sentido. Es algo que conoce cualquier militante revolucionario: dentro del
reparto de tareas que ambos se impusieron de mutuo acuerdo, a Engels le
correspondió mantener el contacto con las organizaciones del proletariado,
especialmente la socialdemocracia alemana y que, por lo tanto, muchos de sus
sus escritos están enfocados en esa línea y proporcionan las claves
revolucionarias del marxismo.

Luego llega la famosa ontología de Engels, que es el punto de reunión de todos


los charlatanes de feria como Kohan. El materialismo dialéctico que Kohan
critica no es “principalmente” una construcción ontológica de la cual se
derivan, en un segundo momento, consecuencias gnoseológicas. Se construye,
por el contrario, sobre el conjunto de los conocimientos científicos y sobre la
evolución de los mismos a lo largo de la historia; no hay una construcción
“ontológica” y en un segundo momento unas consecuencias “gnoseológicas”.
Eso significa que, por su carácter científico, el materialismo dialéctico está
simultáneamente en la evolución de la naturaleza, de la sociedad y del
pensamiento. Justo al revés de lo que Kohan pretende.

La dialéctica de la naturaleza

Según Kohan “una de las principales características de la filosofía engelsiana


ha sido la postulación de una necesaria dependencia y subordinación de la
filosofía con relación a las ciencias naturales y la reducción de las tareas
filosóficas al estrecho horizonte de generalización de los resultados de
aquellas” (pg.93). Aquí Kohan demuestra su manipulación del pensamiento de
Engels porque:

1) no hay una filosofía engelsiana, ni “notables diferencias” entre Marx y


Engels; los escritos filosóficos de Engels son parte integrante de la filosofía del
marxismo
2) la filosofía marxista ni depende ni se subordina a las ciencias naturales sino
que se forja con el propio conocimiento científico y, por consiguiente, con
cualquier clase de ciencia, natural o social
3) eso no es “reducir” las tareas filosóficas a ningún horizonte, y menos
estrecho, sino todo lo contrario: amplía extraordinariamente los horizontes
gnoseológicos

La tesis de Kohan según la cual Engels (y luego Lenin) atribuyen al


conocimiento la propiedad de ser una imagen exacta de la realidad (pg.93), es
otro invento suyo al que recurre porque lo necesita para llevar adelante sus
juegos malabares. Kohan tiene que ocultar, entre otras muchas cosas, la
genialidad con la que Engels estudia en el “Anti-Dühring” la dialéctica de la
verdad absoluta y la verdad relativa: hay una contradicción (y una unidad)
entre la verdad absoluta y la relativa precisamente porque el conocimiento no
es ninguna “imagen exacta” de la realidad.
La teoría leninista del reflejo

En todos los oportunistas la chapuza de la “imagen exacta” sirve para criticar


luego la teoría leninista del reflejo, en donde lo más frecuente es que traten de
hacer pasar el concepto científico de “reflejo” por el de “espejo”. ¿De dónde ha
extraído Engels su teoría del reflejo? Según Kohan nada menos que de la
doctrina de la esencia de Hegel, con lo cual nos demuestra que la manipulación
tiene que remontarse hasta allá para demostrar que, en última instancia,
Engels era un vulgar “traductor” de Hegel y, además muy limitadito el pobre
porque no logró superar a su maestro: se le “escapó” la unidad sujeto-objeto.

Las tergiversaciones de Kohan se desvanecen con sólo recordar lo que en la


“Dialéctica de la naturaleza” escribió Engels con bastante claridad: “Sólo
podemos conocer en las condiciones de nuestra época y hasta donde éstas lo
permiten” (pg.192). Por su carácter relativo, el conocimiento es limitado,
histórico, subjetivo y socialmente condicionado. Lo dijo Engels y lo repitió
luego Lenin.

El cúmulo de falsedades que Kohan tiene que lanzar alcanza un grado de


repugnancia bastante grande cuando imputa a Engels la tesis según la cual lo
que es válido para lo universal (el cosmos) también válido para lo particular (la
sociedad) y que lo particular (la sociedad) surge en el interior mismo de lo
universal, fruto de su evolución (pg.94). Según Kohan Engels convirtió la
filosofía de Marx en un “esquema lógico” que va de lo general a lo particular,
de la naturaleza a lo social, el materialismo cosmológico se deduce y aplica a la
historia (pg.94). Pero cualquier lector mínimamente serio puede comprobar
que Engels no sólo no dijo eso sino que dijo todo lo contrario y luchó contra
eso que Kohan precisamente le imputa. Es una tergiversación sencillamente
repugnante.

Para cometer tamaño fraude Kohan tiene que recurrir al materialismo de


Feuerbach y al evolucionismo de Darwin (pg.94). Nos quiere hacer creer que
Engels construyó su materialismo dialéctico sobre esos materiales ideológicos.
Pero Kohan no sabe lo que es el materialismo de Feuerbach, como tampoco
sabe lo que es el evolucionismo de Darwin. El materialismo de Marx y Engels
avanzó sobre ambos criticándolos y superándolos. Sólo a un charlatán de feria
se le ocurre escribir lo que Kohan escribe respecto a la relación de Engels con
Feuerbach y Darwin.

Las chorradas de Kohan sobre el “fatalismo”

Una de las tonterías favoritas de los idealistas como Kohan es poner el


determinismo en el centro de sus disquisiciones. Naturalmente que no tienen ni
sombra de noción de lo que es el determinismo en Engels, algo que ellos
quieren confundir con el fatalismo. El recorrido es el mismo de siempre:
empieza en Engels, sigue con Kautsky y con Plejanov, para acabar en la
escolástica de Stalin. De una manera ridícula Kohan lo expone así:
“Frente a los revisionistas Kautsky defendió el supuesto determinismo
marxista. En sus acaloradas respuestas encontramos una de las principales
notas que caracterizarían posteriormente al DIAMAT: el fatalismo histórico, una
conclusión completamente acorde con la teoría engelsiana de la 'deducción-
aplicación' de la ontología materialista natural a la historia humana” (pg.97).

El fatalismo es eso que tanto repugna a los idealistas pero que sólo está en su
podrida cabecita: la sucesión de los modos de producción, esa historia que va
del esclavismo al feudalismo y acaba en el capitalismo, que parece ser
“inexorable” y que hay que vincular al malvado Stalin. Son Kohan y
telepredicadores de esa calaña los que se han inventado este esquema para
entretenerse en criticarlo poniéndolo en boca de Engels, de Lenin, de Stalin...
de cualquiera al que puedan poner la etiqueta de “dogmático”, “mecanicista”,
“metafísico” y demás adjetivos favoritos.

Kohan tergiversa la categoría filosófica marxista de “determinismo” para


introducir sus propias tesis idealistas. Convierte el determinismo es una
muñeca rusa donde las cosas van encajando unas dentro de las otras gracias a
la “deducción-aplicación”: la naturaleza dentro del cosmos, la sociedad dentro
de la naturaleza, etc. Por eso asegura que si hay determinismo en la
naturaleza obviamente también debe haberlo en lo social.

Fue precisamente Engels quien precisó la categoría marxista de


“determinismo” como unidad (y contradicción) entre el azar y la necesidad en
cualquier ámbito material, es decir, tanto en el universo como en la naturaleza
o en la sociedad. No hay efecto sin causa ni causa sin efecto; las causas
tampoco están separadas de los efectos: los efectos se convierte en en causas
y las causas en efectos. La tarea de la ciencia consiste precisamente en
aprehender la necesidad oculta bajo la apariencia de la contingencia. Pero ante
todo el determinismo de Engels es un concepto científico dinámico, una
aproximación progresiva.

Aunque el oportunismo se vista de seda...

Después de arremeter contra Engels, Kohan carga su escopeta de feria contra


Lenin, centrándose en la fobia que tienen todos los oportunistas a la obra
“Materialismo y empiriocriticismo”, un profundo estudio que les estropea sus
ridículas disquisiciones. Cuando en 1908 Lenin escribió esa obra aún no había
leido a Hegel; tenía un serio déficit intelectual, dice Kohan. Ya sabemos: no se
puede entender el materialismo histórico y la filosofía marxista sin leer previa
o simultáneamente al gran Hegel. Por eso la historia no es lo que parece ser
sino que está al revés y Lenin no es poshegeliano sino todo lo contrario: es
prehegeliano. Lamentablemente Lenin era un vulgar continuador del
“materialismo anterior” (pg.108). De esa manera es posible empezar a a
comprender sus enormes limitaciones: Lenin adolecía de una materialismo
“precrítico” y una “débil y rudimentaria armazón categorial filosófica” (pgs. 101
y 107).

La filosofía de Lenin era bastante penosa pero afortunadamente para nosotros,


en 1914 se le apareció la virgen de Fátima disfrazada de Hegel. A partir de ahí
ya todo fue distinto. Hegel le abrió los ojos a Lenin y le sacó de su estupor,
llevándole a realizar “una profunda autocrítica teórica, un viraje radical”
(pg.109), “un nuevo paradigma” (pg.110). Los editores de las obras completas
de Lenin deberían eliminar de ellas “Materialismo y empiriocriticismo” porque
posteriormente Lenin renegó de sí mismo: “Lenin rechaza su actitud de 1908”
(pg.110). Menos mal que los marxistas tenemos a Hegel para superar las
torpes limitaciones que nos han legado filósofos mediocres como Marx y
Engels, que nunca llegaron a superar a su gran maestro Hegel sino todo lo
contrario: Marx y Engels empobrecieron la enorme riqueza hegeliana. Pero no
hay que desmayar porque eso se puede superar leyendo (especialmente a
Marx) con los ojos del gran Hegel, es decir, llevando a Marx hasta 1840,
volviendo otra vez la historia del revés, convirtiéndola no en un progreso fatal
sino en un regreso triunfal, en una involución.

Así se aclara todo: cuando en los “Cuadernos filosóficos” Lenin parece que
critica a Plejanov, lo que hace es criticar “Materialismo y empiriocriticismo”. Los
“Cuadernos filosóficos” son, pues, una autocrítica. Aquí Kohan vuelve otra vez
sobre el fetiche de los idealistas: la podrida teoría del reflejo. Desde que se le
aparece la virgen en 1914 Lenin “se cuestiona su anterior teoría del
conocimiento como 'imagen fotográfica', y si bien sigue hablando del reflejo
ahora subraya y pone en primer plano la crítica de su pasividad. Enfatizando el
papel central de la actividad humana, plantea en su nueva perspectiva que la
subjetividad del ser humano no solo intenta conocer el mundo mediante la
teoría, sino que también —en unidad con ella— a través de la práctica
contribuye a su creación” (pg.110).

A partir del momento en el que se le aparece la virgen en 1914, la


esquizofrenia de Lenin llega al punto de autocriticar su definición anterior de
materia, que es la que adopta luego el podrido “diamat”, a su vez, una mala
copia de la “cosa en sí” kantiana. La definición que Lenin da de materia en
“Materialismo y empiriocriticismo” es plenamente correcta y jamás la modificó:
“La materia es una categoría filosófica para designar la realidad objetiva, dada
al hombre en sus sensaciones, calcada, fotografiada y reflejada por nuestras
sensaciones y existente independientemente de ellas”. Esta definición de Lenin
subraya la oposición absoluta de la materia y la conciencia, que es la cuestión
fundamental de la filosofía, la que divide al materialismo del idealismo.
Naturalmente, como materialista, Lenin señala la prioridad de la materia con
respecto a la conciencia. Ahora bien, esa polaridad, remarca Lenin, se
circunscribe a los límites restringidos de esa cuestión y no se puede llevar más
allá: “La oposición entre la materia y la conciencia tampoco tiene significado
absoluto más que dentro de los límites de un dominio muy restringido: en este
caso exclusivamente dentro de los límites de la cuestión gnoseológica
fundamental acerca de qué se debe tener por lo primario y qué por lo
secundario. Más allá de estos límites la relatividad de tal oposición no suscita
duda alguna”.

Cualquier concreción de la noción de materia como sustancia nos sitúa, pues,


fuera del terreno epistemológico del que Lenin no quiere salir en “Materialismo
y empiriocriticismo” y, por tanto, la oposición entre materia y conciencia deja
de ser absoluta o, como dice en otro inciso: “La conciencia es un estado
interno de la materia” («Materialismo y empiriocriticismo», par.1/5, pg.86),
una propiedad de la forma superior de organización de ésta, el cerebro, cuya
esencia consiste en reflejar la materia. El materialismo dialéctico comprende la
conciencia como un producto superior de la materia, una función del cerebro
humano. Por tanto, es una de las innumerables propiedades de la materia, un
derivado de ella, de donde se deduce necesariamente que ésta es lo primario y
posee propiedades que no puede tener la conciencia. La materia puede existir
sin la conciencia pero ésta no puede existir sin aquella.

Por consiguiente, es simplemente mentira esa separación “metafísica” entre el


objeto y el sujeto de la que hablan Kohan y los oportunistas de su misma
calaña. En “Materialismo y empiriocriticismo” Lenin afirma que las sensaciones
son la unidad de lo objetivo y lo subjetivo: “Una imagen subjetiva del mundo
objetivo”. Las cualidades personales de cada hombre dejan su impronta en la
percepción de las sensaciones, en las cuales, igual que en la conciencia,
siempre está presente el elemento individual y concreto, de modo que cada
percepción expresa las propiedades objetivas de los objetos que se encuentran
fuera del hombre y fuera de toda sensación, pero asimismo, es siempre un
experimento del sujeto. Los objetos de nuestras representaciones difieren de
nuestras representaciones, la cosa en sí difiere de la cosa para nosotros,
añade. Las sensaciones son subjetivas porque son siempre experimentos del
hombre, del sujeto: “No hay otros sentidos que los humanos, es decir, los
‘subjetivos’”, dice textualmente Lenin en “Materialismo y empiriocriticismo”
(par. 2/3 y 2/2, pgs. 123 y 115-116). Si prescindimos del carácter subjetivo de
la sensación, será una interpretación mecanicista, vulgar de la misma como
reflejo especulativo, muerto, de la realidad.

Materia y conciencia, por tanto, forman una unidad dialéctica, lo cual no


significa identidad. Como toda unidad de contrarios, la teoría leninista del
reflejo no es más que una expresión de la ley dialéctica de la interacción
universal. La sensación es el resultado de una reacción, de la interacción del
objeto y el sujeto y, por lo tanto, el intelecto jamás reproduce pasivamente el
objeto. Como dice Lenin, la reflexión nunca es exacta sino aproximativa, un
avance del conocimiento, un movimiento. La dialéctica materialista no supone
jamás que el conocimiento sea acabado e inmutable, sino que indaga de qué
manera el conocimiento nace de la ignorancia, de qué manera el conocimiento
incompleto e inexacto llega a ser más completo y más exacto. Esta es la tesis
marxista-leninista del reflejo que Lenin reproduce de su predecesor: Engels. Lo
demás son manipulaciones de trileros de baja estofa como Kohan.