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Primero la gente

Una mirada desde la ética del desarrollo

a los principales problemas

del mundo globalizado

~
-.,

AmartyaSen
Premio Nobel de Economía de 1998
Bernardo Kliksberg
Premio 2005 de la Fundación Empresarial
por el desarrollo sostenible

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"
Indice I
I,!
!
Introducción. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 7

Primera parte: TEMAS CLAVES DEL SIGLO xXI.


AmartyaSen

1 ¿Cómo juzgar la globalización? ..................... 13


2 Exclusión e inclusión. . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 27
3 ¿Cuál es el propósito de la democracia? .............. 43
4 Por qué debemos preservar la "Lechuza Moteada" . . . . .. 53
5 ¿Por qué la equidad en salud? ...................... 61
6 La mortalidad como indicador económico. . . . . . . . . . . .. 79

Segunda parte: LOS DESAFÍOS ÉTICOS ABIERTOS


. ~ ... EN UN CONTINENTE PARADOJAL.
Bernardo Kliksberg

7 América Latina. El caso de la salud pública ... . . . . . .. 121


8 Mitos sobre la juventud latinoamericana ....... : ..... 187
9· ¿Cómo enfrentar el crecimiento de la inseguridad
ciudadana en América Latina? Las lógicas en conflicto ... 225
© 2007, Bernardo Kliksberg y Amartya Sen 10 ¿Por qué la cultura es clave para el desarrollo? . . . . . . .. 263 11
11 Siete tesis sobre el voluntariado en América Latina .... 287
© Ediciones Deusto 2007
Planeta DeAgostini Profesional y Formación, S.L.
Barcelona, 2007 UNA REFLEXIÓN ADICIONAL.
Bernardo Kliksberg
Diseño de la cubierta: El taller interactivo, s.l.
Composición: Creacions GrAfiques Canigó, s.L
Impresión: Cayfosa '.
12 El impacto de las religiones sobre
ISBN: 978-84-234-2583-9 la deuda ética-social actual ....................... 305
Depósito legal: B-54615-2007
Impreso en España
.1lj fW!'"

78 PRIMERO LA GENTE

(24) Rice, T. «The desirability of market-based health reforms:


a reconsideration of economic theory». En Barer, M. L.,
Getzen, T. E., Y Stoddart, G. L., eds. Health, health care
and health economics~ Nueva York: Wiley; 1998 ..
(25) Williams, A. Intergenerational equity: an exploration of the
'faír innings' argument. J Health Econ 1997; 6:117-132.
[Medline].
Capítulo 6

La mortalidad
como un indicador 1
,
'.

Me siento profundamente honrado por la oportunidad de dictar


esta primera Conferencia Innocenti. El historial de la dedicaci6n y
el trabajo constructivo de UNICEF al servicio de los niños más
necesitados del mundo, por medio de programas imaginativos,
bien razonados y eficaces, le ha ganado una bien merecida admira­
ci6n en todo el planeta. También me resulta placentero el sitio
donde se está dando esta conferencia, la gran ciudad de Florencia,
y especialmente en este maravilloso edificio con su propia y distin­
"
, guida historia.
No obstante, la ocasi6n es también triste para mí. En el período
"'I'~ desde que se acord61a conferencia hemos perdido a James Grant, el
gran líder de UNICEF, quien se gan61aadmiraci6n tanto de quienes
lo conocieron personalmente como de quienes supieron de él a tra­

1 Primera conferencia Innocenti de UNlCEF. El autor agradece aJean Dreze, Oio­


vanni Andrea Comiay Michael Ellman las útiles discusiones realizadas con ellos.
También agradece a la London School of Economics por haberle dado facilidades
de investigaci6n para este trabajo.
80 PRIMERO LA GE.NTE _ LA MORTALIDAD COMO INDICADOR ECONÓMICO 81.

vés de sus obras y de sus singulares y destacados logros. Jim fue una En el proceso de su obra intensamente práctica, Grant re­
figura de gran inspiración para todos nosotros. orientó eficazmente el concepto de la pobreza; en lugar de conce­
, Personalmente, recuerdo que James Grant fue fuente de cálido birla en función de fríos y a menudo desarticulados valores esta.,.
aliento para mí hace casi dos décadas, cuando intentaba analizar dísticos de bajos ingresos, la vio a la luz de una angustiosa realidad
las hambrunas y en general las privaciones en 10 económico y so­ que se manifiesta directa y dolorosamente en unas vidas mengua­
cial. La última vez que le vi fue hace menos de un año en una reu­ das, un transcurrir de la existencia en constante agonía y unas
nión que se convocó en Harvard para honrarle. Ya estaba muy muertes extemporáneas. Fue un verdadero giro en la per~ectiva de
enfermo, sin embargo al responder a las alabanzas, Jim logró co­ la organización. En parte, esta conferencia es un intento para explo­
municar una -gran dosis de optimismo sobre el mundo, un opti­ rar más explícitamente ese punto de vista tan perspicaz.
mismo racional que nunca 10 abandonó desde aquel momento En otros artícUlos (Sen, 1980; 1985a, b; 1987; 1992a) he tra­
cuando llegó a la conclusión que el mundo era terrible, que la ne­ tado de argumentar que, si pretendemos juzgar las ventajas y pri­
cesidad de cambiarlo era imperativa y cómo se podía llevar a cabo vaciones de una persona, debemos centrar nuestra atención no
ese cambio. Nos hará mucha falta, pero 10 estaremos honrando más , tanto en los ingresos y los bienes (variables de uso frecuente en los
mientras continuemos intentando y apoyando la obra que él inició . análisis económicos), sino en las cosas que tienen un valor intrín­
con tanta dedicación. seco para las personas. El ingreso y los bienes se valoran primor­
La «pobreza», definida simplemente en función de bajos in­ dialmente como «instrumentos», como medios para alcanzar otros
gresos, no es el aspecto primordial considerado por James Grant fines. Deseamos tenerlos por 10 que podemos hacer con ellos; la
para señalar lo terrible de la situación. Obviamente, en el mundo posesión de bienes o de ingresos no es valios.o en sí· mismo. Sin
en que vivimos hay demasiada pobreza, pero aún más aterrador lugar a dudas, la razón principal por la que buscamos el ingreso es
es el hecho que muchas personas -incluyendo niños con un his­ .~ porque nos ayuda para vivir mejor, para alcanzar el tipo de vida
torial de continua y permanente desventaja- están condenadas a , que tenemos razones para valorar. Esto sugiere la necesidad de
una vida miserable y precaria y a una muerte prematura. En tér­ centrar nuestra atención en las características de la vida qu.e lleva­
minos generales, mas no exclusivamente, esas dificultades guar­ mos, las que -como ya 10 analizó Aristóteles (en sus libros Ética a
dan una relación directa con una condición de bajos ingresos. Nic6maco y Política)- consiste en funcionamientos específicos: lo
Sin embargo, también reflejan un inadecuado servicio de salud que podemos hacer y lo que podemos ser. En vista que un aumento
pública y de apoyo nutricional, una deficiencia en la disposición en el ingreso desde niveles muy bajos ayudaría para mantener a
de los servicios de seguridad social y la ausencia de responsabi­ una persona bien alimentada, en lugar de hambrienta y con priva­
lidad social y de interés por parte de las autoridades. Preparando ciones (y posiblemente muerta), un aumento del ingreso tendría un
un bien razonado grupo de programas de intervención pública y valor instrumental. Por otro lado, la posibilidad de evitar la falta de
asegurando el empeño tanto nacional como internacional, será alimentos, el hambre y una muerte prematura se valoraría por sí
posible lograr un cambio radical que dé frutos aun antes que se misma. Esta visión alternativa sugiere que, al evaluar las ventajas
pueda elevar significativamente el nivel general de ingresos. y desventajas, debemos considerar la habilidad de las personas
Esta combinación de optimismo y realismo fue 10 que llevó a para hacer y ser lo que tienen motivos para valorar, ergo, las «capa­
Jim Grant a organizar la acCión pública y los programas interna­ cidades» de cada persona. La «perspectiva de capacidad» conduce
cionales con el fin de reducir la previsible morbilidad, la evita­ a un enfoque empírico muy diferente del que encontramos en las
ble malnutrición y la innecesaria mortalidad. Los éxitos alcanza­ consolidaciones más ortodoxas en la literatura sobre la pobreza y
dos han sido extensos y francamente maravillosos. la economía de asistencia social, ya que el bajo ingreso personal es
sólo uno de los factores que -influyen sobre la privación de capaci­
82
PRIMERO LA GENTE
LA MORTALIDAD COMO INDICADOR ECONÓMICO 83
2
dades básicas • El enfoque subyacente a la obra de Jim Grant tiene
b) Aun si queremos que nuestro análisis incluya consideraciones
cierta similitud con esta perspectiva, a pesar que su estrategia no se
sobre la mortalidaci y la morbilidad, ¿por qué no centrar nuestra
basaba tanto en la teoría fundacional como en las razones prácticas
de su inmediata aplicabilidad3. atención en aquellos aspectos del desempeño econ6mico (tales como
el ingreso nacionaly su distribución, y el nivel de la pobreza) direc­
tamente relacionados con temas como la morbilidad y la mortalidad,
Contracuestiones en lugar de «caemos de bruces» al asumir que por sí misma la mor­
talidad es un criterio del desempeño econ6mico?
e) ¿Acaso no sería preferible analizar la morbilidad en lugar de
Podemos empezar con la pregunta: ¿por qué debería o cómo po­
la mortalidad, ya que el sufrimiento de las personas se relaciona con la
dría ser la mortalidad un «indicador de éxito econ6mico»? Se podría
enfermedad pues se presume que al ocurrir la muerte cesá el dolor?
decir que los fudices de mortalidad, pertenecen al territorio de la demo­
d) Aun si 10 que se debe analizar es la mortalidad, ¿no es una variable
grafía y no al del analista eCon6mic04• La economía nada tiene que ver
con la mortalidad. ¿Quizá se trata de un «error de categorías»? demasiado lenta para utilizarla como indicador econ6mico en vista que,
para ajustar oportunamente las políticas econ6micas, se necesita una va­
Ciertamente, la mortalidad en sí misma no es un fenómeno econó­
riable muy específica, de elevada sensibilidad y rápida respuesta?
mi~o. Pero vemos la conexión ~ aceptar que los aspectos que influyen
Se trata de preguntas graves y desafiantes y debo hacer todo lo
hacia un aumento o una reducción de la mortalidad a menudo tienen ip_
posible para responderlas.
discutibles causas económicas, lo cual constituye una razón evidente .'
para no descartar la mortalidad como una prueba del desempeño eco­
ndilÚco. Allí debemos empezar pero, con el fin de trascender esa eviden- .
cia, debemos responder algunas preguntas específicas que se podrían
¿Qué tiene de significativo la mortalidad?
utilizar para cuestionar ese punto de vista. Identificaré las siguientes pre_ .
Ciertamente, la tendencia de dar por sentado el llamado «contra­
guntas como posibles puntos de partida en esta investigaci6n dialéctica.
a) ¿Por qué es tan importante reducir la mortalidad? ¿Qué ocurre en tiempo de la humanidad» hace que no suspiremos constantemente
por la inmortalidad. Mientras algunos de nosotros seamos tal vez lo
10 concerniente a otros objetivos? ¿Por qué limitarse al logro de escapar
suficientemente imprudentes para pensar que la inmortalidad quizás
a la mortalidad en lugar de analizar el conjunto de capacidades valiosas?
habría sido un don más bien agradable, otros parecen haber aceptado
no s610 que es algo inalcanzable, sino que posiblemente no es tan
bueno como se pensaba. «Cuando me descubro resintiendo el no ser
2 El razonamiento subyacente a usar la perspectiva de capacidad y los asuntos técnicos
y demedici6n quede ella se derivan, se analizan en Sen (1980; 1985a; 1987a; 1992).
inmortal», confesaba Árnold Toynbee (1969), «me obligo a la re­
181;'a1mente se refiere a lo investigado en Streeten et al. (1981), Stewart (1985), Roe­ flexión al preguntarme si en verdad me atrae la perspectiva de tener
roer (1986), Erikson y Aberg (1987), Dreze y Sen (1989), Griffin y Knight (1990), que llenar por un número infinito de años por venir la declaración
PNUD (1990), el'nÚIDero especial (con contribuciones de G. A. Cohen, Pbilippe Van anual del impuesto sobre la renta». Quizá la vida perpetua imponga
Parijs y otros) de Recherches économiques de Louvain. vol. 56 (1990), Crocker riesgos de mayor alcance que la obligaci6n de llenar ad infinitum
(1991), Desai (1991), Anand y Ravallion (1993), Nussbaum y Sen (1993), Herrero
(1995) y Streeten (1995), y los simposios sobre la perspectiva de capacidad editados. innumerables declaraciones de impuesto sobre la renta (pensamiento
respectivamente, por Lenti (1995) y Balestrino y Carter (1997), entre otros autores.
nada fácil dentro del actual clima político en los Estados·Unidos).
3 Grant (1978) delibera sobre sus motivaciones y sobre la Vin¡)ulación entre la teoría
Pero, por supuesto, la inmortalidad no es una opci6n y el punto en
y la aplicaci6n práctica. Incluir en las referencias a Morris (1979) y a Erikson y
discusi6n es la diferencia entre una vida longeva o de corta duración
Aberg (1987).

4 La vinculaci6n entre los dos territorios la he analizado en Sen (1995).

y, particularmente, la diferencia que se presenta ante la posibilidad


de morir prematuramente a una edad comparativamente joven.
84 PRIMERO LA GENTE· LA MORTALIDAD COMO INDICADOR ECONÓMICO 85

No cabe duda que la vida longeva es una aspiración compartida y otras, que no se vinculan directamente con la mortalidad como sí
por muchos. Aunque obviamente no es a lo único que aspiramos, una lo está la morbilidads. En este caso, no es tanto alegar que la expec­
vida longeva se valora casi de manera universal y. además se valora tativa de vida también puede representar con idoneidad esos otros
bien. Esto ocurre no sólo porque la condición de existencia está de logros, sólo señalar que a menudo puede haber una tensión rela­
por sí valorada, sino porque es requisito indispensable para llevar a tivamente liriritada entre la virtud de aumentar la expectativa de
cabo los planes y proyectos que tengamos razón de valorar. Los muer­ vida y muchos otros logros elementales, pero cruciales al proceso .
tos no pueden hacer mucho. Como le dijo hace más de tres siglos de desarrollo. Esto no niega la posibilidad de un probable coJ;lflicto
Andrew Marvell a su «melindrosa amante»: entre la longevidad y otros elementos que estructuran la c3Iidad
Los sepulcros son lugares serenos y privados,
de vida, pero la presencia de relaciones positivas entre varias de
Pero quienes allí están no se pueden abrazar.
las capacidades más básicas moderan firmemente la extensión de ese
conflicto.
Desconozco el grado de «mojigatería» de la amante de Marvell Es importante señalar estas conexiones causales y asociativas

o la importancia que para él tenía el poder «abrazarse», pero tenía pues los datos de la mortalidad se obtienen más fácilmente que la

razón al pensar que valoramos la vida en función de lo que podemos información sobre muchos otros tipos de logros asociados. En su

hacer precisamente por estar vivos. El valor de vivir debe reflejar .contexto práctico, esta puede ser una consideración muy importante

la importancia de las distintas capacidades para cuyo desempeño la y, sin duda alguna, motivó en parte el potente y conmovedor uso que

vida es requisito indispensable. le dio James Grant a la información sobre la mortalidad (a pesar

Los grandes cambios en la mortalidad que siguen ocurriendo en que también utilizó otros datos disponibles como la frecuencia de

el mundo no consisten en extender la vida por tiempo inimaginable, una enfermedad eludible y la desnutrición). Por lo tanto, el signifi­
se relacionan con evitar la muerte prematura de lactantes, niños y .~cádo de la información sobre mortalidad descansa en una combina­
adultos jóvenes o de mediana edad. Tal vez tiene razón el Eclesiastés ción de consideraciones que incluyen (a) la importancia intrínseca
al señalar que todo tiene su hora, «la hora de nacer y la hora de morir»; que le damos y tenemos razón para darle a la vida, (b) el hecho que
pero es excesivamente alto el número de muertes que se pueden pre­ muchas otras capacidades que valoramos son contingentes al he­
venir y, sin embargo, ocurren, como bien lo sabía Jim Grant, mucho cho de estar vivos, y (e) finalmente, que los datos sobre mortalidad
antes de esa <<hora de morir». específica por edad pueden, hasta cierto punto, servir como repre­
Con esto no se pretende negar que una persona pueda tener muy sentación de logros y fracasos asociados que quizás consideremos
buenas razones para intentar poner fin a su vida (por ejemplo, la importantes.
persona que soporta intenso dolor y sufrimiento sin tener posibilidad
de recuperación), pero hasta los menos enfermos y con menor sufri­
miento también tienden típicamente a vivir bastante tiempo. Por lo
tanto, la extensión de la expectativa de vida no sólo es típicamente
S Por ejemplo, para el grupo de 88 países de «bajos ingresos» y de «ingresos me- .
valiosa por sí misma, sino también por sus características asociadas dios bajos», según la definición del Banco Mundial (en su Informe de Desarrollo
(como reducir la morbilidad). . Mundial 1994), la expectativa de vida tiene un rango de correlación de: 0,86 con
Más adelante, tendré que volver a referirme a la relación entre la alfabetización adulta total; 0,82 con la alfabetización adulta femenina; 0,88
mortalidad y morbilidad, pero el señalamiento general sobre las con lo bajo de la tasa de natalidad; 0,89 cop.lo bajo de la tasa de fertilidad. Y0,95 con
el «Índice de Desarrollo Humano» (del PNUD) que incluye varias variables
particularidades asociadas también es aplicable a aspectos corre­
adicionales a la expectativa de vida. Estos resultados se basan en los presenta­
lativos a la mortalidad, hasta variables como la alfabetización de dos en el Informe de Desarrollo Mundial 1994 y en el Informe de Desarrollo
adultos, la educación de la mujer, las tasas de natalidad y fertilidad Humano 1994.··
¡

86 PRIMERO LA GENTE LA MORrALIDAD COMO INDICADOR ECONÓMICO 87

¿Por qué no nos limitamos a las variables económicas? Crecimiento del pm per cápita y expectativa de vida en
Gran Bretaña
Sin lugar a dudas, las tasas de mortalidad son afectadas por la
pobreza y las privaciones económicas. Incuestionablemente, los Como ejemplo, véase la figura 1, que presenta el crecimiento por
ingresos personales son un determinante básico de la superviven­ década del producto interno bruto real per cápita en el Reino Unido,
cia y de la muerte y, en términos más generales, de la calidad de para cada una de las seis primeras décadas del siglo xx y también los
vida de una persona. Ahora bien, el ingreso es sólo una variable en­ incrementos por década en la expectativa de vida al nacer correspon­
tre las muchas que afectan nuestra posibilidad de disfrutar la vida diente a cada una de esas seis décadas en Inglaterra y Gales6 • En estas
y algunas de esas otras variables son también influenciables por expectativas de vida se pueden observar dos características sOlpren­
la política económica. dentes. La primera es que el patrón de aumento de la expectativa de
El producto interno bruto per cápita puede ser un buen indicador vida es casi exactamente el contrario de la expansión del pro­
del ingreso real promedio del país, pero los ingresos que perciben ducto interno bruto per cápita. Cualquiera que sea la causa espe­
realmente las personas también dependerán del patrón de distribu­ cífica que impulsó tan altos logros en sólo unas décadas, no fue un
ción de ese ingreso nacional. Igualmente, la calidad de vida de una
persona no sólo depende de su ingresó personal, sino de diversas
condiciones físicas y sociáles. Por ejemplo, el ambiente epidemioló-, •. FIGURA. 1. CRECIMIENTO POR DÉCADA DEL PRODUcro BRUTO INTERIOR REAL

gico en el que vive una persona puede tener un significativo impacto PER eÁPITA (INGLATERRA) y DECRECIMIENTO POR DÉCADA

sobre la morbilidad y la mortalidad. El acceso a los servicios de sa­ DE LA ESPERANZA DE VIDA AL NACER (INGLATERRA y GALES), 1901-1960

lud y la naturaleza del seguro médico, tanto público que privado, son
algunas de las influencias más importantes sobre la vida y la muerte. --- CRECIMIENTO DEL PRODUcro BRUTO PER CÁPITA EN INGLATERRA
Igual ocurre con los otros servicios sociales, incluyendo la educa­ (1901-60) (%)
ción básica y el orden y disciplina de la vida urbana al igual como + MEJORA DE LA ESPERANZA DE VIDA, INGLATERRA Y GALES (ARos)
el acceso al conocimiento médico moderno. Así pues, hay. muchos
8- 0,4
factores que no se incluyen al contabilizar el ingreso personal y
son cruciamente importantes en la vida y la muerte de las perso­ 7 0,3
nas. Lo que se discute no es la irrelevancia de variables económicas
COmo los ingresos personales (que ciertamente no son irrelevantes), 6
0,2
- sino su grave inconveniencia para captar muchas de las influencias
5 .~
causales sobre la calidad de vida y las posibilidades de superviven­
cia de las personas.
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2 _0,1

______________________ ______ ______


6 Las cifras de expectativa de vida son de Inglaterra y Gales, y no del Reino

~
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I
_
O
.
2
Unido como un todo, pero Inglaterra y Gales representan el grueso de la 1901-11 1911-21 1921-31 1931-40 1940-51 1951-60
poblaci6n del RU. Igualmente, la cifra por décadas de expectativa de vida es
de 1940 y 1960 (en lugar de 1941 y 1961). Sobre este contraste ver Dreze y Fuente: cifras de crecimiento del 'PIB de Madison (1982) y de esperanza de vida,
Sen (1989). ' Prestan et. al. (1972).
88 PRIMERO LA GENTE LA MOlP'ALIDAD COMO INDICADOR ECONÓMICO 89

crecimiento económico acelerado en esas mismas décadas. Obvia­ FIGURA 2. MEJORAS EN LA ESPERANZA DE VIDA EN INGLATERRA y GALES,
mente se puede sugerir que se puede explicar por una relación demo­ 1901-60
rada, de forma que los incrementos en el pm per cápita de una década
B
se vean como los factores que determinan los correspondientes avances
en la expectativa de vida de la siguiente década. Esa posibilidad no
puede descartarse sobre la única base de estos gráficos, pero sí se puede 7
señalar su fmnca incoherencia con respectó a la otra información que ,
se tiene sobre la relación entre cambios en los ingresos y tasas de '..

mortalidad.. 6
Los eventos que ocurren en las respectivas décadas arrojan una
luz sobre el movimiento de los aumentos de la longevidad La figura 2
puede servir para lograr dicho fm. En cada década, los aumentos en
la expectativa de vida son bastante moderados (aumentan de uno
a cuatro años), a excepción de las décadas de 1911-21 y 1941-51, !!l
4
IC
cuando la expectativa de vida aumenta en casi siete años por dé­ <

cada. Como se sabe, ésas son las décadas correspondientes a la 1 Y 11


Guerra Mundial. La expectativa de vida al nacer difícilmente se 3
elevaría como consecuencia directa de las guerras y, por supuesto,
las cifras de expectativa de vida al inicio y al fmal de cada década no
reflejan la mortalidad en la guerra, ya que se calculan en función de "
2
tasas de mortalidad específicas por edad en el punto de observación,
esto es, 1921 y 1951, al fmalizar las décadas de las guerras. La pregunta
es: ¿Por qué las tasas de mortalidad específicas por edad cayeron tan
rápidamente entre el principio y el fmal de las décadas de la guerra?
Como he intentado analizar en otros artículos (Sen, 1987b; Dreze o
y Sen, 1989), es casi indiscutible que la explicación está en el mejo­ 1901-11 1911-21 1921-31 1931-40 1940-51 1951-60
ramiento de la prestación pública de servicios de salud y de alimen­
tación en el transcurso de esas décadas, 10 cual está condicional­ Fuente: ver Preston et. al. (1972). Figura!.
mente asociado a los esfuerzos bélicos. En tanto que el suministro
total de alimentos per cápita se redujo durante la guerra, la inciden­
cia de una exagerada desnutrición t3mbién disminuyó en vista del la década de 1941 a 1951 surgió en Inglaterra el Servicio Nacional
uso más eficaz de los sistemas públicos de distribución relaciona­ de Salud. También es posible, como lo argumentó Jay Winter (1985),
dos con el esfuerzo bélico y una forma más equitativa de compartir los que en los años de guerra hubo más espíritu de solidaridad y en
alimentos a través de los sistemas de racionamient07 • Así mismo, en esos períodos quizá aumentaron los casos de acciones de coopera­
ción. Por tanto, vemos elementos que influyen sobre las tasas de
mortalidad y están relacionados ya no sólo con el nivel promedio
7 Ver también Titmuss (1950), Harnmond (1951), Winter (1986) y Dreze y Sen de ingreso real p~r cápita, sino con la organización económica y el
(1989). .entorno social.
LA MORTALIDAD COMO lNDICADOR ECONÓMICO
91
90 PRIMERO LA GENTE

tiva de vida aceleradamente a través del crecimiento económico


Ingreso y expectativa de vida: comparaciones transversales
(al compartir ampliarp.ente los frutos del crecimiento a través de su
carácter participativo.telacionado en parte, con la naturaleza de dicho
Naturalmente, la figura 2 puede dar la impresión de que el creci­
crecimiento orienta~ hacia el empleo, y mediante el uso de los recursos
miento económico es negativo para la expectativa de vida, contrasentido
generados para expandir los servicios de salud), mientras que otros -como
que también debe evitarse. De hecho, hay abundante evidencia para de­
Brasil- han sido más lentos en su expansión de la expectativa de vida, a
mostrar que los aumentos en la expectativa de vida están típica y positi­
vamente asociados con el crecimiento económico, dmios otros supuestos, pesar de sus acelerados mdices de creci)niento económico~
A diferencia del mecanismo «mediado por el crecimiento», el
pero esos otros supuestos también tienen que ver con la política econ6­
funcionamiento del proceso «conducido por el apoyo» no se realiza
mica y, en consecuencia, deben ser considerados en las decisiones de
a través de un crecimiento acelerado. Los mejores ejemplos provie­
políticas. En Dreze y Sen (1989)8, diferenciamos entre dos tipos de éxito
nen de países como Sri Lanka, China antes de la reforma, Costa
en reducir rápidamente la mortalidad, a los que denominamos procesos
Rica, o el estado Indio de Kerala, que han registrado reducciones
«mediados por el crecimiento» y «dirigidos por el apoyo», respectiva­
muy rápidas en sus tasas de mortalidad, sin mucho crecimiento eco­
mente. El primero funciona primordialmente por intermedio de un rá­
nómico. Se trata de un proceso que no espera a que ocurran aumen­
pido creCimiento económico, que se ilustra muy bien, por ejemplo, con
tos dramáticos en los niveles del ingreso real per cápita, y funciona
la red,ucción de la mortalidad en Corea del Sur o Hong Kong. Su éxito
a través de la prioridad que se le asigna a la prestación de los ser­
depellde de que el proce~o, de' crecimiento tenga una base amplia y sea
vicios sociales (en particular los servicios de salud y de educación
y
participativo Oa orientación del empleo tiene mucha relación con esto), ~,
básica) que reduce la mortalidad e incrementa la calidad de vida.
. también de que los recursos generados por el crecimiento económicO
Ahora bien, ¿cómo puede funcionar el 'proceso «conducido por, el
sean utilizados para expandir los servicios sociales relevantes (a menudo apoyo» en los países pobres donde seguramente se necesitan los recursos
en el sector público), en particular los servicios de salud y la educación.
para la expansión de los servicios públicos, incluyendo los servicios, de
En este contexto, vale la pena mencionar una relación estadística
salud y la educación? ¿De dónde sale el dinero? De hecho, este proceso es
para la que Sudhir Anand y Martín Ravallion (1993) han encontrado
viable a pesar de la pobreza de los países de bajos ingresos, precisamente
considerable evidencia. Han determinado, sobre la base de compara­
porque los servicios (como los servicios de salud y la educación'básica)
ciones entre países, que la expectativa de vida tiene una relación sig­
utilizan mucha mano de obra y, por 10 tanto, son relativamente económicos
nificativamente positiva con elPNB per cápita, pero que la relación
para las economías pobres Yde bajos salarios9 • Una economía pobre pro­
funciona primordialmente a través del impacto del PNB sobre (a)
bablemente tenga menos dinero para gastar en servicios de salud y educa­
el ingreso específicamente de los pobres, y (b) el gasto público, espe­
cíficamente en salud pública. De hecho, una vez que ambas variables ción, pero también necesita gastar menor cantidad de dinero para la presta­
ción de los mismos servicios que costarían mucho más en lós países ricos.
se incluyen en la'relación estadística, se desvanece por completo la
Los precios Ycostes relativos son parámetroS importantes para establecer
conexit'iín entre el PNB per cápita y la expectativa de vida. Natural­
mente, esto no implica que la expectativa de vida no se incrementa 10 que el país puede pagar, dado un adecuado compromiso políticO.
En este contexto también es importante resaltar que, a pesar de la ca­
con el crecimiento del PNB per cápita, lo que indica es que la co­
nexión ocurre a través del gasto público en los servicios de salud y nexión general entre el ingreso real per cápita Yla expectativa de vida que
se refleja en muchas comparaciones entre países. esa relación tiene gran~
reducción de la pobreza. Igualmente ayuda a explicar por qué países
como Corea del Sur y Hong Kong han podido aumentar su expecta­
9 Los temas subyacentes. incluyendo la pertinencia de precios relativos, se ha
analizado en Dreze y Sen (1989).
8 Ver específicamente el capítulo 10.
92 PRIMERO LA GENTE LA MORTAUDAD COMO UN INDICADOR DEL ÉXITO Y DEL FRACASO... 93

des lagunas. En la figura 3 se compara el PNB per cápita y las expecta­ didad en la literatura del desarrollo 10. Ahora bien, la discriminación
tivas de vida en una pequeña selecci6n de países. Resulta impactante sexual es muy difícil de identificar, pues muchas discriminaciones son
ver cómo las poblaciones de Sri Lanka, China y el estado indio de sutiles y encubiertas, y se ocultan dentro del comportamiento íntimo
Kerala disfrutan de una mayor longevidad que la de los pueblos familiar. La información sobre mortalidad se puede usar para sacar a
de Sudáfrica, Brasil y Gab6n, a pesar que el PNB per cápita de la luz algunos de los aspectos más burdos en la desigualdad de género.
estos últimos países es varias veces el de los países del primer grupo. No cabe la menor duda que un simple cálculo estadístico de la propor­
Por otra parte, ese primer grupo de países muestra éxitos en un ción de mujeres a hombres en la población total permite 4etectar en
tipo de organización económica que no se ve en los países del se­ muchas sociedades esa prolongada discriminación contra la mujer.
gundo grupo. Estas diferencias tienen una relevancia significativa en A menudo se supone que en el mundo debe haber mayor número de
las polítiéas y resaltan la importancia del proceso «conducido por mujeres que de hombres, porque así ocurre en Europa y en Norteamé­
el apoyo» (en lugar del «mediado por el crecimiento»). rica, donde en promedio la proporción de mujeres a hombres está al­
rededor de 1,05. Pero en realidad, en el mundo como un todo sólo hay
alrededor de 98 mujeres por cada 100 hombres. Este «déficit» de muje­
FIGURA 3. PRODUcro NACIONAL BRUTO PER cAPITA (EN DÓLARES) res es más crítico en Asia y en el norte de África. Por ejemplo, el número
y ESPERANZA DE VIDA AL NACER EN PAíSES SELECCIONADOS, 1992 de mujeres por cada 100 hombres en la población total es 97 en Egipto
75 e Irán, 95 en Turquía, 94 en China, 93 en India, 92 en Pakistán, y 84 en
5.000' 1
72 4A50
Arabia Saudita (aunque en este último caso la proporción se reduce aún
más por la presencia de hombres trabajadores que migran por empleo
70
4.000 hacia Arabia Saudita). La figura 4 muestra la proporci6n mujeres­
N'
. hombres en diferentes regiones del mundo, y permite ver la gran varia­
~
~ 3.000

65 _ " ción que existe. Las tasas del diferencial de'mortalidad entre mujeres y
hombres, tanto actualmente como en el pasado, tienen mucho.que ver
~
~

~ con esas diferencias en la «relación de género» de la poblaci6n.


8. 2.000 60
Dada una similar prestaci6n de los servicios de salud y otros, las
m
a: mujeres tienen una menor tasa de mortalidad que los hombres en casi
55
1.000 todos los grupos etarios. Esto parece tener fundamento biológico (basta
los fetos femeninos tienen menor probabilidad de ser abortados que los
50 fetos masculinos), aunque a veces el diferencial aumenta por influencias
KSnIIa China
sociales; por ejemplo, los homJ:>res son más propensos a morir en he­
• PN8 per cépila (S) 1992 11 Expectativada vida 1992
chos de violencia y, hasta hace poco, los hombres mostraban mayor ni­
Fuente: Informe Mundial de Desarrollo (Banco Mundial) e Informe de Desarrollo
Humano (PNUD).
10 Una de las contribuciones clásicas al respecto es Bosemp (1971). He intcmtado
analizar los temas principales así como partes de la extensa literatura en Sen
Desigualdad de género y mortalidad düerencial (1990); ver también.Dreze y Sen (1989, 1995). Hoy en día la literatura sobre el
tema es muy extensa, pero las líneas temáticas principales se pueden ver en Lo­
utfi (1980), Buvinic el al. (1983), Bardhan (1984), Jain y Banerjee (1985), Sen y
La existencia de una gran discriminación sexual contra las muje­ Sen (1985), Chen (1986), Das Gupta (1987), Basu (1992), Folbreel al. (1992),
res (y las muchachas jóvenes, en particular) se ha estudiado en profun- United Nations ESCAP (1992). Dasgupta (1993) y Agarwal (1995).
94 PRIMERO LA GENTE
LA MOIITAllDAD COMO INDICADOR ECONÓMICO 95

FIGURA 4. RELACIÓN MUJERES-HOMBRES EN LA POBLACIÓN TOTAL


Sin embargo, debido a la «discriminación sexual» contra la mujer
0.1
en muchos sitios del mundo, la mujer rec~pe menor asistencia y aten­
ción que el hombre, y particularmente las niñas a menudo reciben
g mucho menor apoyo que los niños. Por tanto, en esos países la tasa
"S de mortalidad femenina·a menudo es superior a la masculina. Por otra
j parte, las variaciones en la proporción de mujeres y hombres que se
f observan en la figura 4 reflejan con amplitud que esas diferencias
i
han estado en funcionamiento desde hace mucho tiempo 11.
Para hacerse una idea de la magnitud del fenómeno, con uno de los
1
diversos métodos disponibles es posible calcular el número de «mujeres
desaparecidas» como consecuencia del aumento diferencial de la mor­
g talidad femenina relacionado con la discriminación sexual12• En princi­
¡ pio, el concepto de <<mujeres desaparecidas» es un intento para cuanti­
J!!
ficar la diferencia comparando el número real de mujeres en esos países
.S!.

~ cP0 con elnúmero que se estima existiria de no haber discriminación sexual.


,
i ~
óe\~
l!l!I!
'. Por ejemplo, si la proporción de 1,02 entre mujeres y hombres en el
a óe~I\CI\\(\"
África subsahariana se considera la norma (allí hay muy poca discrimi- .
::lE
~ ~ \~ nación sexual en lo que concierne a los servicios de salud y al estatus
social), entonces ese 1,02 sé puede usar para calcular el número de
mujeres desaparecidas en aquellos países donde la proporción favorece
-0.1, ylc'o~- al hombre. También se pueden utilizar otros valores y, siendo aún más
ambiciosos, se podría tratar de establecer cómo sería la disminución en
Fuehte: Sen (l993a) y las fuentes de informaciÓllalli citadas.
las tasas de mortalidad femenina específicas por edad, en los casos en
que ambos sexos hubiesen recibido igual nivel de asistencia. Las técni­
cas de estimación varían, pero la intención básica es determinar el valor
vel de tabaquismo que las mujeres. En el mundo entero, nacen más be­
numérico de ese déficit de mujeres ocasionado por esa desigualdad
bés del sexo masculino que del sexo femenino (en cierta medida, esto
de género, dada la diferencia entre (a) el número de mujeres que podría
pudiera
\
ser la compensación de la Naturaleza ante la menor probabili­ haber en ese país de no haber una discriminaciónsexúal en asuntos
dad de'supervivencia de los hombres), pero la proporción de hOIIlbres

.sigue cayendo a medida que aumenta la edad, debido a mayores tasas de

mortalidad en los hombres. El mayor número de mujeres que hombres·


11 Se debe, sin embargo, considerar que (1) en los países con mayor longevidad y
en la población de Europa y Norteamérica resulta, primordialmente,
dados otros supuestos, la tendencia será a mayor proporción de mujeres (puesto
de la mayor probabilidad de supervivencia de las mujeres, aun cuando
que las ventajas de longevidad de la mujer se acumulan durante el tiempo de vida),
ese exceso también se ha nutrido, en cierta medida, por la mayor morta­
(2) la mayor mortalidad de hombres en las guerras tiene cierto efecto sobre estas
proporciones, y (3) la «proporción de género» al nacer tiende a variar ligera­
lidad masculina en las guerras pasadas que afectaron a los pueblos de
mente entre las distintas regiones (por ejemplo, el exceso de nacimientos mascu­
Europa (principalmente en la Segunda Guerra Mundial), y a la pobla­
linos parece ser menor en el África subsahariana que en Europa y Asia).
ción de Norteamérica (principalmente las guerras de Corea y Vietnam).
12 Al respecto, ver Sen (1985a; 1mb). Ver también Kynch (1985), Dr~ze y Sen
(1989), cap. 4, Coale (1991) y Klasen (1994).
96 PRIMERO LA GENTE LA MORTALIDAD COMO INDICADOR ECONÓMICO 97

de vida y muerte (a partir de premisas «contrafácticas» específicas), sociedades contemporáneas, algunos dicen que los varones tienen

y (b) el número real de mujeres en ese país (conforme a lo observado). mayor probabilidad de ganar dineroy, por tanto, tendrán mayor po­

Por ejemplo, en China hay una relación mujeres-hombres de 0,94, sibilidad de ayudar en la subsistencia de sus padres l4 • Una vez más,

lo que significa que hay una diferencia total de 8% (de la población es muy difícil estar seguros de tener una buena explicación de las

masculina) entre esa relación y ell ,02 subsahariano usado como norma horribles inequidades observadas en las relaciones de género.

para la comparación. Considerando los 1.162 millones de habitantes en Considero importante diferenciar entre el origen de la discriminación

China para 1992, hay 563 millones de mujeres y 599 millones de hom­ sexual y su continua persistencia. Es muy difícil especular ~obre los orí­

bres. El número de «mujeres desaparecidas» sería el 8% de los 599 genes de un fenómeno como éste, que parece haber existido a lo largo de

millones qúe forman la población masculina. Lo cual significa que en muchos miles de años. Ahora bien, la continua persistencia de ese prejui­

199213 , China tenía 48 millones de mujeres desaparecidas. cio es más debatible. En este contexto y como un intento propio para

La desoladora estadística con un número dramáticamente alto de comprender esos fenómenos, he tratado de tomar nota tanto de (a) las in­

«mujeres desaparecidas» y la variedad de valores de esa relación en distin­ fluencias sociales de las convenciones y prejuicios establecidos, como de

tas partes del mundo, conducen irresistiblemente a la necesidad de estu­ (b) la influencia económica por la disparidad de oportunidades entre hom­

diar las causas de ese proceso. Obviamente, la razón inmediata es que se bres y mujeres, en especial dada la forma como la sociedad está actual­

han descuidado los intereses de la mujer (en salud, educación y otros mente organizada15. La importancia de la cooperación para que la vida en

medios de buen vivir) al hacer la asignación de cuidados tanto en la fami­ familia sea exitosa (argumento basado en la eficiencia) se puede utilizar

lia como en la sociedad. Pero, ¿cuál es la causa de ese descuido relativo? en condicioneS de asimetría y prejuicios sociales, de manera que las mu­

Para algunos expresa el menor <<poder de negociación» de la mujer en las jeres cooperen bajo términos exageradamente desiguales (coD: gran in­

concertaciones de la familia y para otros el origen es más ancestral y se equidad). Es un problema general aplicable, aun en Europa y Nortea­

habría iniciado en la forma de organizarse de las sociedades primitivas mérica, a una variedad de campos (como la división de los deberes del

donde, se alega, se le dio mayor importancia a la fortaleza física y a la hogar, el apoyo para lograr una mayor capacitación, y así adinfinitum),

habilidad de cazar y conseguir el alimento. Y aun otros intentan conside­ pero en los países más pobres, la desventaja de las mujeres se puede ma­

rar la mayor vulnerabilidad ocasionada por el embarazo y la lactancia. nifestar hasta en las áreas básicas del servicio asistencial, en los suplemen­

Ninguna de esas"explicaciones es totalmente satisfactoria y algu­ tos nutricionales y en la educación primaria Desatender a laS niñas y a las

nas tienden a racionalizar algo que quizás sólo sea la continuidad lactantes puede estar relacionado, en términos generales, con el hecho de

de costumbres y prejuicios arraigados desde un pasado no muy bien pensar que a las mujeres les corresponde un estatus social inferiorl6.

comprendido. Al explicar la preferencia por el sexo masculino en las Desde el punto de vista de las políticas, lo que se debe examinar

no es sólo la génesis del prejuicio misógino, sino los posibles elemen­

"tos de influencia que ayuden a cambiar esa situación. La extensión de


13 Ver Dreze y Sen (1989). Para estos cálculos también se pueden usar otras técnicas, la cobertura educativa, en particular la concerniente a la educación
algunas de ellas conllevan el uso de información histórica. En los datos históricos
de la mujer, parece acarrear Una gran diferencia. En Europa, la mayor ,;1
-quizás desde la Europa del siglo XIX- se pueden obtener las tasas de mortalidad por
grupo etario, para darse una idea del exceso de mortalidad en las mujeres debido a cobertura y expansión de la educación fue primordial para el logro del ,'1'
la actual desigualdad de género en la atención médic~ y sanitaria en Asia y África
,1¡I
del norte. Al respecto, referimos al lector a Coale (1991) y Klasen (1994). Mientras
que el uso de la proporción en el África subsahariana da un total superior a cien ji"
millones de mujeres desaparecidas en el mundo, las estimaciones de Coale y Klasen 14 Ver, por ejemplo, Rosenzweig y Schultz (1982). ¡:'
ii
arrojan cifras entre ® millones y 90 millones, respectivamente. En cualquiera de los 15 Éste es un tema que he analizado en Sen (1990). '1 1

casos, se trata de cifras muy altas y el rango de países en funci6n de la proporción 16 Hay otras explicaciones posibles, algunas se analizan en Dreze y Sen (1989),

de mujeres desaparecidas es bastante similar en los distintos procedimientos. capítulo 4; ver también la extensa literatura que allí se cita.

'"
,Ir
98 PRIMERO LA GENTE LA MORrALIDAD COMO INDICADOR ECONÓMICO 99

histórico cambio en la posición social y reputación de las mujeres eu­ entre todas las mujeres adultas es alrededor de 86%, en tanto que entre
ropeas. Otro factor importante es la independencia económica, la cual jóvenes mujeres adultas está muy cerca del 100%19. Hay una elevada
depende tanto de la naturaleza de los derechos de propiedad como de proporción de mujeres empleadas'en cargos de responsabilidad y remu­
brindarle a las mujeres la oportunidad de conseguir, empleos remune­ nerativos. Más aún; una parte de la comunidad de Kera1a -la casta de los
rativos. Un factor adicional es que se les reconozca a las mujeres sus Nairs- utilizan desde de~ hace mucho tiemp020 la propiedad heredita­
derechos de propiedad (incluyendo los títulos de propiedad inmueble). ria por vía matriarcal. Igualmente, la actividad política en Kerala incor­
Las estadísticas relacionadas con diferencias de género sugieren la pora desde hace mucho tiempo una alta dosis de radicalización, con efec­
necesidad del examen y escrutinio de esas distintas relaciones. tos directos sobre este tema. En Kerala, el movimiento educativo también
ha recibido mucho apoyo del activismo de las organizaciones políti­
cas de izquierda (el movimiento comunista, que tiene mucho peso en
Posibilidades de políticas públicas: el caso de Kerala Kerala, ha sido más proeducativo en Kerala que en otros lugares de
India)21. Estas distintas lfueas de explicación, con sus respectivos inte­
--'
Un Ca'SO excepcionalmente importante a examinar en este contexto es reses políticós, se someten a consideración en virtud de la naturaleza
el del estado de Kera1a, en India Se trata de un estado cónsiderablemente de las destacadas estadísticas de mortalidad provenientes de Kerala22•
grande; con 29 millones de habitantes (más que en Canadá) y cuya expe­
rienciano se debe desechar cOnsiderándola numéricamente insignificante '.
sólo'por tratarse de un estado dentro de un inmenso país en lugar de ser Un. ' 19 Resulta U;teresante que el movimiento más espectacular hacia una educación para
todos, incluyendo la educación de las mujeres, lo inició una reina muy joven,
país por sí mismo (de hecho, el número de habitantes de Kerala es supe­
llamada Rani Gouri Parvathi Bai, monarca reinante del reino aborigen de Travan­
rior al de la mayoría de países en el mundo). Como se obselVa en la figura 4, core, con un importante pronunciamiento en 1816, delineando un programa de
la relación mujer-hombre en Kera1a es de 1.04 (un valor similar al que se educación pública. Al respecto, a Kerala le benefició estar fuera del imperio britá­
obtiene en Europa y Norteamérica, de hecho más alto que la <<norma» nico, pues los monarcas locales de Travancore y de Cochin, que forman el grueso
proporcionada por el África subsahariana) y, por lo tanto, allí no habrá del Kerala actual, fueron grandes defensores de la educación.
20 La prolongada apertura de Kerala al contacto internacional también tuvo un
«mujeres desaparecidas» en el sentido definido17• Sin embargo, en Kera1a el efecto importante. La población cristiana en Kerala ha estado allí desde al menos
nivel del PNB o del pm percápita no es particularmente alto. De hecho, el siglo N (mucho antes de estar en Inglaterra); los judíos se asentaron alü poco
el producto interno bruto de Kera1a: tiene un valor menor que el promedio después de la caída de Jerusalén; y los mercaderes árabes la han visitado desde
más bajo para la India como un todo. Aquí cabe una pregunta de gran in­ hace un milenio. Igualmente, la acción misionera benefició 'a Kerala (uno de cada
terés en lo económico y en lo social; captada por las estadísticas de mor­ cinco habitantes en Kerala es cristiano).
21 Al respecto ver Ramachandran (1997). Se considera que la m.!'ijor posición rela­
talidad y sUpe1Vivencia, y nos lleva más allá del cuadro de logros en fun­ tiva y el poder de las mujeres ha tenido gran influencia.
ción de variables económicas típicas como el PNB o el pm per cápita. 22 Respecto a la disminución de la tasa de fertilidad en Kerala: una «tasa total de fertilidad»
En la literatura18 de referencia se describe el análisis realizado adi­ alrededor de 1,8, muy por debajo del nivel de reemplazo. y también menor que el 2,0
versas lmeas de explicación de la ausencia de discriminación sexual en de China (sin coerción, como las poüticas en China de «UIl bijo por familia» y simila­
res), y menores que las tasas de fertilidad en.&tados Unidos y Suecia (ambos alrededor
Kera1a El argumento que el éxito de Kera1a se relaciona con su alto nivel de 2.1 ).La importancia del rol de la mujer en la reducción de la tasa de fertilidad está
de educación básica es muy plausible. El porcentaje de alfabetización bien sustentada en la literatura del desarrollo, a pesar de recientes cuestionamientos;
ver la colección de ponencias en Jeffery y Basu (1997). Basada en comparaciones fu­
tradistritales en la India, Murthi, Guio y Dreze (1995) dan pruebas bastante definitivas
sobre el tremendo impacto de la alfabetización femenina en la reducción de la tasa de
17 Al respecto, ver también Klasen (1994). fertilidad Yde la mortalidad infantil. La participación femenina en el trabajo fuera
18Ver, por ejemplo, Dreze y Sen (1989), y también Sen (19923; 1994) Yla literatura de casa (y la respectiva independencia económica) también están entre las mayores
que allí se cita. influencias sobre la reducción de la fertilidad. Ver también Dreze y Sen (1995. 1997).

'"
100 PRIMERO LA GENTE LA MORTALIDAD COMO INDICADOR ECONÓMICO 101

La experiencia en KeraIa sugiere que la «discriminación sexual» Harlem son superados hasta por los hambrientos bangladeshíes.
contra las mujeres puede cambiarse radicalmente por medio de la acción En tanto que las altas tasas de mortalidad de niños y lactantes, agra­
pública que involucre tanto al gobierno como a la JX)blación, particularmente van las comparaciónes de supervivencia de Bangladesh, las eleva­
a través de su educación y de ofrecerles oportunidades para conseguir das tasas de mortalidad específica por edades de Harlem hunden sus
empleos de responsabilidad, reconociéndoles sus derechos legales so­ posibilidades de supervivencia por debajo de las correspondie~tes a
bre la propiedad y a través de una política racional e igualitaria. Al hombres bangladeshíes. A diferencia, cualquier comparación con el
mismo tiempo, será posible resolver el problema de las «mujeres des­ ingreso per cápita muestra que los residentes de Harlem. son varias
aparecidas» a través de políticas sociales y de la radicalización política. veces más ricos que los bangladeshíes (y la población tanto de
Los movimientos femeninos pueden desempeñar un rol muy importante China como 'de Kerala). .
para provocar este tipo de cambio y para conseguir que el proceso
político en los países pobres le preste una minuciosa atención a las
profundas desigualdades que afectan a las mujeres. Igualmente es inte­ FIGURA 5. V ARlACIONES EN LAS TASAS DE SUPERVIVENCIA POR SEXO Y REGIÓN
resante observar, en este contexto, que las variables estrechamente
110 i
económicas, como el PNB o el PIB per cápita, donde se concentra
!
tanta economía típica del desarrollo, dan una visión de progreso eco­
nómico y social sumamente equívoca. rOOI\:
,§90~
i so
Estadísticas de mortalidad y desigualdades raciales
.,
.'­
¡ 70
EEUU (blancos)
China
Kerala
60

Los datos sobre mortalidad y supervivencia se pueden usar tam­ i. EEUU (negros)
Sangladesh
.., 50

bién para hacer preguntas muy puntuales sobre la naturaleza y el f


alcance de la desigualdad entre grupos raciales, por ejemplo, en los
Estados Unidos. El nivel de privación de los afroamericanos en Estados
J 40
~LI~~__- L__~__ L--L__~__~~__- L__~__L-~__~
Hal1em

Unidos puede ser sorprendente, en especial para quienes centran su o 5 ro ffi ~ • ~ ~ 40 • 50 $ 60 00


atención primordialmente sobre datos económicos como, por ejem­ Edad
plo. el ingreso per cápita. La figura 5 muestra las frecuencias de la . Fuente: Sen (1993a) que también indica las fuentes de infonnación.
supervivencia, hasta diferentes edades especiflcadas, de (1) hom­
bres afroamericanos (es decir, negros estadounidenses) y (n) los
hombres residentes en Harlem (<<área prevalentemente negra»),
comparados no sólo con los blancos estadounidenses, sino también La Figura 6 muestra una comparación similar en mujeres; En esta
con los residentes de China, Kerala y hasta Bangladesh (en la dé­ categoría Harlem supera a Bangladesh, pero queda peor que los blan­
cada de los años ochenta). No es sorprendente que las posibilidades cos estadounidenses, y también que las poblaciones de China y Ke­
de supervivencia sean'más escasas para los afroamericanos en ge­ , rala. La ventaja de Harlem sobre Bangladesh se relaCiona estrecha­
neral, y para los residentes de Harlem en particular, comparados mente con las altas tasas de mortalidad femenina en niñas y lactantes
con la población caucásica estadounidense, pero ambos grupos de Bangladesh (un aspecto del fenómeno de la discriminación sexual
quedan rápidamente rezagados tras las respectivas poblaciones que se analizó anteriormente). Amedida que aumenta la edad, la brecha
de China y Kerala. Con respecto a la supervivencia, los hombres de .entre las mujeres de Harlem y las de Bangladesh se va reduciendo
LA MORTALIDAD COMO INDICADOR ECONÓMICO 103
102 PRIMERO LA GENTE

firmemente. AsínÍismo, las residentes de Harlem quedan rezagadas FIGURA 7. RAnos DE MORTALIDAD NEGROS/BLANCOS (35-54 A1'lOS)
detrás de Kerala y China y, eventualmente23, lo mismo sucede con REALES 'Y AJUSTADOS POR INGRESO
., FAMILIAR.
los negros de Estados Unidos, en general.
Los residentes de Harlem combinan las desventajas de raza con los 3,5
problemas especiales de privaci6n en las entrañas de la ciudad. Pese a
aso~brarnos que sus posibilidades de supervivencia queden detrás de
las de' los bangladeshíes, tal vez sea aún más sorprendente que, en gene­ 3,0 2.9
ral,la poblaci6n negra de Estados Unidos tenga menores posibilidades
de alcanzar la edad madura que los pueblos inmensamente más pobres,
tanto mujeres como hombres, en Kera1a o China. En términos de las po­
sibilidades de sobrevivir hasta alcanzar una productiva vejez, se. identi­ 2,5
fica aquí un aspecto de. privaci6n basado en la raza que se ignora por
completo 'en los análisis que s6lo se basan en los datos de ingresos.
2,0
Ul
FIGURA 6. VARIACIONES'EN LAS TASAS DE SUPERVIVENCIA FEMENINA o
POR SEXO Y REGIÓN ~
110 , . - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - ,
1,5

t':l\~
I!!
c:
1,0
~ 80 EEUU (blancos)
oS! KeraIa
~ 70
1
i 60
0,5
~

~ 50

t~
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40
" 0,0
30'
, Todos Hombres Mujeres
5 10 15 20 25 30 35 40 45 50 55 60 65
reales reales reales
Edad Todos Hombres Mujeres
ajustados ajustados ajustados
Fuente: Sen (1993a) y las fuentes de informaci6n allí indicadas.

Fuente: Owen (1990)

2r Picho sea de paso, Kerala aventaja a China en 10 concerniente a tasas de super­


, vivencia femenina (aunque su orden es justamente lo contrario entre los hom­
bres), algo que una vez más se relaciona con el fen6meno ya analizado de la au­
sencia en Kerala de la desigualdad de género.
104 PRIMERO LA GENTE LA MORTALIDAD COMO INDICADOR ECONÓMICO 105

Las figuras 5 y 6 indican que la privación es particularmente ¿Por qué no usar la morbilidad en Lugar
grave para los muhs en Harlem y para los hombres negros en Esta­ de la mortalidad?
dos Unidos, en general. El mayor riesgo de muerte violenta de los
jóvenes negros es un factor que se ha debatido suficientemente en Al argumentar a favor del uso más extendido de las estadísticas
este contexto. Pero sería un error suponer que la desigualdad entre de mortalidad en los análisis económicos, tenemos que considerar
negros y blancos en los Estados Unidos es mayor entre los hom­ sus ventajas relativas no solamente sobre las variables econóniicas
bres en general en comparación con las mujeres. La figura 7 pre­ tradicionales, como el ingreso, sino también sobre los datps de salud
senta la relación de las tasas de mortalidad de blancos y negros que podrían lucir como una fuente de infonnación aún más prome­
para todo el país (basado en una encuesta muestral). Mientras los tedora sobre el bienestar que las estadísticas de mortalidad. Es natu­
hombres negros de Estados Unidos tienen 1,8 veces la mortalidad ral pensar que quizá sea mejor "enfocar sobre la morbilidad en lugar
de los blancos, las mujeres negras tienen casi tres veces la morta­ de la mortalidad, pues el sufrimiento de las personas se relaciona con
lidad de las mujeres blancas. También es importante señalar que al la enfermedad y, una vez muertos, se presume que ya no hay agonía i
ajustar por diferencias en el ingreso familiar, si bien la tasa de (aunque no tengo que recordarle a Florentina que Dante Alighieri
mortalidad es 1,2 veces más alta para los hombres negros, es hasta no habría estado totalmente de acuerdo con esto).
2,2 veces más alta para las mujeres negras. En consecuencia, aun Nadie puede cuestionar el hecho que una buena información sobre la
tomando plena cuenta de los niveles de ingreso, las mujeres negras morbilidad puede ser extremadamente útil. Ahora bien, el problema es ,¡:1
,
mueren en una proporción mucho mayor (durante el trabajo, de que los datos sobre la morbilidad, recopilados por" medio de cuestiona­ I
"

'1
parto y en otros casos) que las mujeres blancas en los Estados Uni­ rios, tienden a estar aquejados de importantes sesgos. La percepción de il
enfennedad varía conforme a lo que la persona está acostumbrada a ha­ j!
dos contemporáneos.
Las comparaciones de este tipo, basadas en los datos de mor­ ", cer, al igual que su nivel de conocimiento médico. En aquellos lugares
talidad, son importantes porque sacan a la luz las desigualdades , donde hay buena asistencia y atención médica, a menudo la gente tiene
existentes en las posibilidades de vida. Son igualmente importan­ una mejor percepción de "la morbilidad, aunque se encuentren en exce­
tes por su cuestionarniento de temas de políticas. Si la privación lentes condiciones de salud. Recibir el diagnóstico y la atención médica
relativa de los negros trasciende con tanta firmeza los diferencia­ tiende a reducir la morbilidad y, al mismo tiempo, aumenta nuestra com­
les de ingresos, remediar esa desigualdad tiene que involucrar prensión de la enfermedad (incluyendo el conocimiento de nuestros ma­
aspectos de políticas que van mucho más allá de, simplemente, lestares). Al contrario, una población con poca experiencia de atención
crear oportunidades de ingreso para la población negra. Se hace médica y un difundido problema de salud como condición típica de
necesario enfocar los problemas del servicio de salud pública, existencia tendrá muy baja percepción de estar médicamente enfenna.
instalaciones educativas, peligros de la vida urbana y otros pará­ La figura 8 muestra las tasas comparativas de la morbilidad perci­
metros económicos y sociáles que influyan sobre las posibilida­ bida en Estados Unidos y en India como un todo, y también en dos esta­
des de sobrevivir. El cuadro de los diferenciales en la mortalidad dos indios: Kerala (un estado con mucha educación y servicios de salud, i

abre una puerta hacia el problema de la desigualdad racial en los que se describió anteriormente) y Bihar (un estado muy atrasado con j1
¡"
Estados Unidos que se ignoraría totalmente si nuestro análisis mucho analfabetismo y falta de instalaciones médicas). Pues bien, la ii11
económico se limitasé"al uso exclusivo de variables económicas tasa contrastada de morbilidad es" mucho mayor en Kerala que en India "
tradicionales. '~n conjunto (a pesar de toda la atención médica y la elevada expectativa ~11
vida en Kerala), y mucho más baja en Bihar que el promedio indio (a ti
:, ¡

<lel atraso médico y de la baja expectativa de vida en Bihar). Sin I


Kerala, que cuenta con el Índice de longevidad más alto entre todos
I
106 PRIMERO LA OENTE LA MOlU'ALIDAD COMO INDICADOR ECONÓMICO 107

los estados indios, también tiene una tasa incomparablemente alta de !izar en otros trabajos25. La objetividad de observaciones de posición
morbilidad En el otro extremo, los estados del bloque norte de India juega un rol crucial en el proceso de adquisición del conocimiento y,
(Bihar, Uttar Pradesh, Madhya Pradesh, Rajasthan) tienen las más bajas en consecuencia, sirve como ladrillo de cónstrucción de nuestro enten­
longevidades y también el menor índice de morbilidad contrastada. dimiento y percepdones. Cuando observamos el mundo,incluyéndonos
Esta aparente perversidad persiste en las comparaciones internacio­ en esa observación, lo que discernimos y apreciamos está fuerte­
nales con los Estados Unidos. Sin duda, como lo indica la figura 8, los mente influenciado por todo lo que ya sabemos y por las otras experien­
Estados Unidos tienen tasas de morbilidad constatada aún más altas que cias que tengamos. Nuestros análisis desde «posiciones» específicas
Kerala24• Una vez más, una elevada expectativa de vida Y altos niveles pueden ser lo suficientemente «objetivos» desde esa posición y, sin
de morbilidad reportada avanzan lado a lado, no en direcciones contrarias. embargo, estar muy alejados de lo que podríamos ap~nder si nos
hubiésemos colocado en un sitio diferente.
La información sobre la morbilidad que se obtiene de nuestra
FIOURA 8. INCIDENCIA DE MORBILIDAD REPORTADA: EsTADOS UNIDOS, propia percepción de la enfermedad y del malestar está mediatizada
KERALA RURAL, INDIA RURAL Y BIHAR RURAL. a través de nuestra comprensión e interpretación de posición. Cuando
200 una comunidad tiene pocas instalaciones de salud y poca educación
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general y médica, la percepción de enferínedad puede estar muy limi­
tada y el conocimiento de malestares específicos puede ser particu­
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larmente escaso. No obstante, los miembros pueden estar aquejados
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por un sinnúmero de enfermedades, en términos de criterios médi­


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cos más generales. Cuando coinciden altas tasas de mortalidad con una
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:¡¡ baja percepción de morbilidad, se fortalece indudablemente el caso
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a favor de cuestionar los datos de la morbilidad26• Podemos darnos
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25 El problema seana1iza en Sen (1993b); vertambién «übjetívity and position: assessment
rural rural ofhea1th and well-being» Murray (1992). 'Bienestar', en Chen y Kleinman (1994).
• Hombres 1.11 Mujeres 26 Se ha señalado que en Estados Unidos la mayor autopercepción de la morbilidad, pese
a la menor mortalidad, puede reflejar el hecho que quienes sobreviven a una muerte
temprana frecuentemente quedan propensos a sufrir otras enf~ y algunas de
Fuente: para Estados Unidos, NCHS (1986), Investigación Muestral Nacional 1974. La
esas condiciones puede requerir una gran dosis de atención y cuidado médico. En con­
infonnaciqn sobre la India es de la Investigación Nacional Muestral, y ha sido proce­
sada ep esta forma por Chen y Murray (1992). secuencia, se podría alegar que la mOlbilidad reconocida médicamente tal vez no sea
diferente a la autopereepción de mOlbilidad. Ciertamente, es necesario analizar todo el
espectro de la experiencia médica actual en diferentes sociedades, sin por ello eliminar
la dificultad para interpretar la morbilidad autopercibida. cuando hay tanta variedad en
la comprensión de enfermedad (por ejemplo. con instalaciones médicas y educativas).
Estas observaciones están relacionadas con un problema metodo­ Más aún. si bien.es cierto que quien muere de una enfermedad (en lugar de superarla)
lógico general, el de la «objetividad de posicióID>, que he tratado de ana­ necesitará menos -de hecho ninguna:-atencioo médica en el futuro, no se puede recha­
zar a la ligera la gravedad de la enfermedad que mató a esapersona porque ha finalizado
la atención médica. En función del bienestar de la población, la información sobre la
mortalidad tiene una doble relevancia: (1) informa sobre elinfortunio de la muerte, y(2)
24 La comparación con Estados Unidos se basa en estudios de iguales patologías; posiblemente sirve como una señal razonable de la presencia de patologías significa­
al respecto ver Chen y Murray (1992).
tivas (con rasgos negativos. aparte de la muerte. como el dolor y el sufrimiento).
108 PRIMERO LA GENTE LA MORTALIDAD COMO INDICADOR ECONÓMICO 109

una mejor idea de la habilidad de la gente para evitar la muerte y las Esta línea de razonamiento es defectuosa por varios motivos. Tal
enfermedades severas, analizando la información actual sobre mor­ vez 10 más inmediato tiene que ver con el hecho que las tasas de
talidad, y no a través de la autopercepción de male,star 27, mortalidad eueden cambiar rápidamente ,al desplazarse en dirección
Aun si los datos de morbilidad no se basan en una evaluación subje­ ascendente debido a una crisis económica. Las hambrunas propor­
tiva, sino en la atención real del enfermo que, por otra parte, tiende a re­ cionan una clase de ejemplos en los que el movimiento de la morta­
flejar la disponibilidad de la atención médica (menor en Bihar que en lidad puede ser desastrosamente rápido, y ellas ciertamente claman
Kerala, que a su vez es menor que en los Estados Unidos, y así sucesiva­ por una inmediata respuesta económica28 . Pero también hay ejell!­
mente), Si en una aldea se establece un hospital, se tratará a un mayor plos de otros tipos de cambio económico y social en los que las tasas
número de perSonas, y, por lo tanto, habrá más estadísticas disponibles de mortalidad se han elevado cQn demasiada celeridad. La reciente
con respecto a cuanta gente está enferma y a cuántas se les da tratamiento. experiencia de la antigua Unión Soviética y de Europa Oriental con­
Pero eso no debe ser visto como un aumento de la propia morbilidad. tribuye con muchos de esos casos terriblemente angustiosos.
La figura 9 presenta una serie cronológica de tasas de mortalidad
en bruto en Rusia, mostrando una marcada elevación desde 1989 y
Lentitud y celeridad del movimiento una escalada extremadamente rápida desde 199229 • En corresponden­
cia, las cifras sobre la expectativa de vida también han caído acelera­
Por último, llego al argumento que, aun si la mortalidad es 10 damente en estos países30• Mientras últimamente se le ha prestado
sensato a co.nsiderar en un análisis económico, ¿acaso no es una va­ mucha atención a la naturaleza de las crisis económicas en estos paí­
riable demasiado lenta para servir de mu'cho como indicador econó­ ses, la información sobre la mortalidad apunta hacia aspectos. de las
mico? Las variables como el ingreso nacional o el empleo se mueven crisis que quizá no serían develados con otros datos 31 • En particular,
con rapidez y, por 10 tanto, sirven como guías del cambio de políti­ .~, el rápido deterioro de los servicios de salu,d y las instalaciones médi­
cas, Por el contrario, se alega que la mortalidad se desplaza con len­ cas, el colapso del sistema general de segundad social y los cambios
titud, pues depende de muchas variables difíciles de cambiar, inclu­ en los ámbitos físicos y sociales que son candidatos naturales para
yendo la constitución humana (aumentar la expectativa de, vida una inmediata investigación en este contexto. .
promedio a una edad más allá de los ochenta no parece estar en el Pasando a un aspecto diferente del problema de la celeridad, lo
futuro previsible), Esto debe ser una desventaja para usar las esta­ que se considera «veloz» debe depender del espacio que considere­
dísticas de mortalidad como indicador económico. mos y de la normalización que utilicemQs. Las tasas de crecimiento
del PNB lucen lo suficientemente rápidas, pero si consideramos ve­
loz a la tasa a la cual se pueden reducir las brechas internacionales,
quizá éstas no son tan rápidas como los movimientos de los valores '
27 En la defensa del usode la autoperrepción de morbilidad, a veces se señala que sobre expectativa de vida bajo observación real.
tal vez estamos tan enfermos como creemos estar, y que es dificil eliminar la au­
toperrepción al tratar de entender el malestar físico; para una poderosa defensa
filosófica de esta posición, ver Kleinman (1994), También, Kleinman (1986), El
argumento tiene fuerza, peroel punto en discusión no es ignorar la autopercepción
de enfermedad, sino la interpretación de dicha información. En dicha interpreta­ 28 He intentado analizar los temas de políticas en la prevención de hambrunas en
ción se deben considerar las características de posición, Los datos sobre mortali­ Sen (1981), y en Dreze y Sen (1989).
dad nos ayudan, entre otros, a identificar las características de posición y así enri­ 29 El gráfico se obtuvo de la figura 2 en Comía y Paniccia (1995). Ver también
quecer la interpretación de la autopercepción de enfermedad. Lo cual se puede, UNICEF(1994).

por supuesto, complementar con la observación médica directa de la enfermedad 30 Ver Ellman,(1994).

y la desnutrición (al respecto, ver también a Osmani, 1992 y Dasgupta. 1993). 31 Al respecto ver Ellman (1994) 'y Comía y Paniccia (1995).

no PRIMERO LA GENTE LA MORfAUDAD COMO INDICADOR ECONÓMICO 111

Mahbub uI Haq (1963), destacado planificador econ6mico en dos los ;g.aíses pobres tienen una mayor expectativa de vida gue la
Pakistán, enesa fecha identificó el tema básico en este contundente ue tenían no hace mucho tiem o la m~yoría de los ruses ricos 33 •
y perceptivo párrafo: Las conSl eraciones de celeridad no nos dan pie para alejarnos de
Si India y Pakistán logran mantener una tasa anual de creci­ nuestro interés bás'ico en los problemas de la vida y la muerte.
miento del 5% y superar aproximadamente el mismo per(odo de
«despegue» identificado por Rostow para muchos pa{ses de Oc­
cidente, el ingreso per cápita tras otro per(odo de veinte años no Comentarios de cierre
será más alto que el actual ingreso per cápita en Egipto32 •
No intentaré compendiar esta conferencia, pero sí aprovecharé
En tanto que el reconocimiento de la «lentitud» en el desplaza­ la oportunidad para resaltar unas cuantas características del análisis
miento del ingreso per cápita rio ha cambiado, en problemas de vida presentado. Se centr6 básicamente en demostrar por qué y cómo
y muerte muchospruses en desarrollo han logrado un gran progreso, pueden ser útiles las estadísticas sobre mortalidad para formular de­
excepcionatmente rápido en una escala relativa. Hoy en día casi to- cisiones de política econ6mica de amplia cobertura que incluyan el
desempeño global, así como los intereses de distribuci6n conforme
a clase, género y raza. He alegado que la informaci6n sobre la mor­
FIGURA 9. TASAS DE MORI'AI.lIÍAD BRillA REAL Y ESPERADA EN RUSIA 1980-93 ~
~.
talidad tiene (a) una importancia intrínseca (porque lalongevidad se
valora en sí misma), (b) una significancia capacitante (pues estar
TMBreal
15
TMBesoenada vivo es condici6n indispensable para nuestras capacidades), y (c) una
relevancia asociativa (ya que muchos otros logros valiosos se rela­
m
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14 cionan negativamente con las tasas de mortalidad).
e Con esto no se está sugiriendo que en el análisis econ6mico se
~ 13 debe abandonar el uso de las variables económicas más tradicionales

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12
y, en su lugar, depender exclusivamente de la información sobre la
mortalidad. Más bien, se intenta complementar el enfoque informativo
-t!l tradicional con otra perspectiva que puede ser rica en lo epistémico e
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11
importante en lo práctico. No hay duda que el ingreso personal es un
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determinante básico aún de la supervivencia y la muerte y, más ge­


10
neralmente, de la calidad de vida de una persona.
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, Ahora bien, el ingreso es s610 una variable entre muchas otras que
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19801981 1982 ·1983 1984 1985 1998 1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 afecta nuestras posibilidades de disfrutar la vida y, a su vez,algunas
de las otras variables son influenciables por medio de la política eco­
Fuente: Com4tia y Paniccia (1995). nómica. La calidad de vida depende de diversas condiciones físicas y
sociales, tales como el ámbito epidemiol6gico en el que vive una

32 Luego Haq fue pionero ydesarro1l6 para el PNUD, desde 1990 en adelante, los
influyentes Infonnes de Desarrollo Humano. La necesidad de retirar el foco de 33 Variospaíses han llegado bastante cerca de la expectativa de vida en la Europa
atención de las tasas de crecimiento del Pffi ya puede verse en la perceptiva ob­ contemporánea incluyendo, por citar algunos, Costa Rica, China, Sri Lanka y
servación que hiciera Mahbub ul Haq más de treinta años antes. Kerala, aun cuando ni siquiera se aproximan al Pffi per cápita europeo.
112 PRIMERO LA GBN1E LA MORTALIDAD COMO INDICADOR ECONÓMICO 113

persona. La disponibilidad de servicios de salud y la naturaleza de los Referencias


seguros públicos y privados de atención médica son elementos que
influyen significativamente sobre la vida y la muerte. Igual ocurre Agarwal,.B. (1995). A Field o/One's Own. Cambridge: Cambridge
con los otros servicios sociales, incluyendo la educación básica, el University Press. .
orden y disciplina de la vida urbana y el acceso al conocimiento mé­ Anand, S. y Ravallion, M. (1993). «Human development inpoor
dico moderno en las comunidades rurales. Las estadísticas sobre la countries: on the role of private incomes and public senices».
mortalidad dirigen nuestra atención hacia todas esas políticas. . Journal o/Economic Perspectives, vol. 7 (invierno). \,
La informaci6n sobre la mortalidad también puede sacar a la luz Balestrino, A, and Carter, J. (eds.) 1996. Edición especial de «Func­
la naturaleza'de las desigualdades sociales, incluyendo los prejuicios tionings and Capabilities: Normative and Policy Issues», Notirie
de género y las disparidades raciales. El sesgo en el orden econó­ di Politeia, vol. 12 (con colaboración de A. Balestrino, S. Bavetta,
mico a menudo se detecta más claramente con la información dife­ 1. Carter, L. Casini and I. Bernetti, E. Chiappero Martinetti,
rencial sobre mortalidad. E. Granaglia, S. Razavi, y A. Sen).
Mientras, en principio, la estadística de mortalidad se puede com­ Bardhan, P. (1984). Land, Labor and Rural Poverty. Nueva York:
plementar y en cierto grado hasta sustituir con información sobre la Columbia University Press.
morbilidad, el uso para dicho fm de los datos típicos sobre morbilidad Basu, A (1992). Culture, the Status o/ Women and Demographic
es muy poco fiable. La objetividad que reflejan está condicionada por Behaviour. Oxford: Clarendon Press.
la posición y puede resultar difícil de usar para fmes comparativos. Boserup, E. (1971). Women's Role in Economic Development.
A veces, la estadística de mortalidad nos puede dar una mejor visión Londres: Allen & Unwin.
de los niveles de salud y enfermedad de una población que los datos Buvinic, M., Lycette, M. y McGreevy, W. P. (eds.) (1983). Women
recopilados de manera usual sobre la morbilidad. .~ and Poverty in the Third World. Baltímore, MD: Johns Hopkins
Los datos sobre la mortalidad no sólo son ricos en lo informativo, University Press. .
sino que también cambian con la celeridad suficiente para orientar Chen, L. C., K1einman, A. y Ware, N. (eds.) 1997. Health andSocial
sobre una situación económica y social que cambia rápidamente. Change: An International Perspective. Cambridge, MA: Harvard
Algo que se hizo evidente con la reciente experiencia de la antigua University Press. .
Unión Soviética y los países de Europa Oriental. Esos cambios en la Chen, L. y Murray, C. (1992). «Understanding morbidity change».
mortalidad pueden llamar la atención hacia la necesidad de cambiar Population and Development Review, voU8 (Septiembre).
las· políticas, algo imposible de suponer basándose solamente en la Chen, M. A (1986). A Quiet Revolution: Women in Transition in
estadística de ingresos y otras conocidas variables económicas. Más Rural Bangladesh. Dhaka: BRAC.
aún y en función de una comparación a largo plazo, si los datos sobre Coale, A 1. (1991). «Excess female mortality and the balance of the
la mortalidad y la longevidad Se escalan de manera relativa, podrán sexes: an estímate of the number of "missing females"». Popu­
registrar con mayor sensibilidad que la proporcionada por los nive­ lation and Development Review, vol. 17.
les relativos de ingresos. Comía, G. A Y Paniccia, R. (1995). «The demographic impact of
Las estadísticas de mortalidad pueden ser un componente funda­ sudden impoverishment: Eastern Europe during the 1989-94
mental en la base informativa del análisis económico. Traté de anali­ transition». UNICEF Intemational Child Development Center,
zar e ilustrar la naturaleza y alcance de esa perspectiva informativa. Florencia, Italia.
Crocker, D. (1991). «Toward development ethics»; World Develop­
ment, vol. 19.