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Hijos de Dios

“Sons of God”

Por Christine Mercie

1954

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EL CAMINO GLORIOSO

Yo cogeré todas las espinas en las que pise


Y trenzaré una corona de gloria para mi cabeza.
¡El camino de la oscuridad más profunda! ¡Ah Negra noche!
Yo alejaré su oscuridad- la dispersaré con mi luz.
Las angustias, las tragedias, los dolores y las lágrimas
Serán la brillante gloria de los años venideros.
Los problemas y la desesperación que yo encuentre a lo largo del camino
Serán la palanca para elevar la carga
De absoluta desolación que yo estoy llamada a soportar.
Y así glorifico todos los problemas mediante una oración
De profunda gratitud, exaltada por mi alabanza-
Y así Dios camina conmigo en todos mis caminos.
Y solo el poder me envuelve mientras avanzo
Con pies alados al ritmo de la canción de los Ángeles.
¡Toda la oscuridad ha sido conquistada! ¡La noche se ha ido!
¡Yo camino en gloria y estoy vestida en luz!

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DEDICATORIA

Para todos aquellos que han dado de sí mismos de manera tan altruista, su
tiempo y substancia, para que este libro pueda venir para bendecir a la
humanidad.

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ÍNDICE DE CAPÍTULOS

1. ME SUMERJO EN LO TERRENAL 5

2. EL DÍA ETERNO 9

3. “HÁBLAME A TRAVÉS DEL CIELO DEL DESIERTO,


POR LA NOCHE, Y TE ESCUCHARÉ” 11

4. LA OFRENDA DE UN CORAZÓN ROTO 14

5. A TRAVÉS DEL TÚNEL 17

6. EL VELO DE LA INCREDULIDAD 21

7. EL DÍA DEL JUICIO 27

8. MÁS ALLÁ DE LA LEY DE LA GRAVEDAD 34

9. MENTES CERRADAS 40

10. EL CORAZÓN QUE ESCUCHA 43

11. EL HOMBRE EN EL CAÑÓN 46

12. ANNALEE Y REASON SKARIN 51

13. EL PODER DEL GRAN AMOR 53

14. LA GRAN GLORIA 55

15. LA GRAN ACTITUD 59

16. “PERDONA NUESTRAS DEUDAS COMO NOSOTROS


PERDONAMOS A NUESTROS DEUDORES” 62

17. QUE ASÍ SEA 65

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1. ME SUMERJO EN LO TERRENAL

¿Así que este era el final del sendero? ¿Podría ser posible que este lugar
inmundo, llamado habitación, fuera el lugar que se suponía que yo debía
ocupar cuando fui traída a Los Angeles? ¿O era justamente una prueba para
ver lo que iba a hacer al respecto? Como yo, aparentemente, no tenia elección
en el asunto, la única cosa que contaba era cómo yo reaccionaba a una
situación tan desesperada.
Apreté los dientes para mantenerme firme conmigo misma mientras
miraba hacia las sucias profundidades de degradación maloliente. La
habitación en realidad parecía estar sollozando, avergonzada de su pésimo
aspecto. Era una personificación de los males, de las lágrimas, las angustias y
la miseria que habían sido vertidas con violencia en el pasado, mientras ella,
quizás, lo había abrazado protestando. Esta habitación repulsiva parecía tan
avergonzada de tenerme mirando su aspecto lamentable, y casi tan
conmocionada, como yo lo estaba.
Yo hubiera huido, presa de un horror estremecedor, si hubiera tenido
alguna elección en el asunto. Era solo el conocimiento de que cualquier
prueba tenía un propósito, y que era realmente un privilegio, si lo podía
aceptar como esto, lo que me dio fuerza para pasar por encima de este
umbral. Era lo único reconfortante de toda la situación- este conocimiento de
que todas las dificultades son asignaciones sagradas porque ellas son los
únicos peldaños reales para progresar, y el progreso yace en la comprensión
de su propósito.
Una vez estuve muy cerca de fracasar. Fue la memoria de ese fracaso
que hizo soportable la situación presente. Cualquier cosa era mejor que
fracasar. ¡Cualquier cosa! Fue este pensamiento que sostuvo mi coraje
desanimado con firmeza, y que me dio la fuerza para silbar en la oscuridad, no
sin cierto temblor.
Esta horrible pequeña habitación disponía de un sucio lavadero en una
esquina. Encima, un destartalado botiquín. También había una silla coja, una
ventana sucia que daba a una pared de ladrillo oscura y mugrienta, y una
cama tan asquerosa como una pocilga. Yo estaba ahí de pie,
involuntariamente estremecida de espanto, cuando vi a las cucarachas
corretear detrás del botiquín, de camino hacia el grifo de agua que goteaba.
¡Cucarachas a plena luz del día! Una convulsión leve recorrió mi cuerpo
al pensar que si había una o dos suficientemente atrevidas como para
aparecer durante el día, tendrían que haber ejércitos de ellas por la noche. El
suelo, las paredes, todo estaría lleno de cucarachas.
Mi instinto natural me pedía huir de allí. Y normalmente hubiera hecho
justamente eso, pero mi presencia allí no era normal. Era el acontecimiento
más extraordinario de mi vida. No tenía elección en el asunto. Me recordé a mi
misma que debía estar agradecida incluso por este refugio repulsivo. Y por
estar agradecida no me refiero a esa actitud de victimismo y resignación de un
mártir. Tenía que ser una gratitud sincera y profunda viniendo
espontáneamente de lo más profundo de mi alma.
Por un momento el deseo por una gratitud profunda fue solo un
desesperado deseo sin fuerza ni vitalidad. Era un cuerpo muerto sin alma. Me
esforcé mucho para darle luz, pero la única reacción fue un impulso casi
abrumador de tirarme y llorar con el histérico abandono de un niño pequeño.
Tan fuerte fue el esfuerzo que parecía que las paredes se cayeran sobre mí.
Luego, de repente, tuvieron que venir legiones luminosas porque estaba
totalmente en paz. No me preguntes porqué o cómo. Solo este libro puede
explicarlo o apenas una sombra de ello. Pero de repente, hubo la fuerza para

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llegar a lo más hondo de mi corazón y sacar para fuera esa canción de
gratitud. Y con ella vinieron un millar de banderas de victoria. Me quedé
completamente triunfante.
Esta canción de gratitud era la cosa más hermosa, más estupenda que
nunca había tocado mi vida. Al principio había sido solo un juego que había
practicado conmigo cuando las cosas se ponían muy duras. Parecía que las
hacía más llevaderas. Era como si iluminara los lugares sombríos, oscuros, y
me diera la fuerza para respirar. Eso era al principio. Luego de repente el
juego se había convertido en algo muy real y muy poderoso. Me volví como
una pequeña radio que puede sintonizarse a sí misma a la gran sinfonía del
universo. Era una canción de tan completa gloria que podía en un instante
desvanecer la oscuridad.
Parecía que la única dificultad que aún tenía con esto era la habilidad
para recordar que yo podía conectarme. Esta habitación casi me abruma y
hizo imposible, por unos instantes, que recordara el poder de este canto de
gloria, la canción de gratitud eterna, la canción de infinito poder. Yo no estaba
segura de si yo estaba haciendo mía la canción, o si yo me estaba convirtiendo
en la canción.
Esta habitación retrataba lo más bajo de toda la existencia para mí.
Pero, ¿y después de llegar al fondo? ¿Luego qué? Yo sabía, con la
esencia de esta canción interior, que una vez se ha llegado al fondo es
imposible ir más abajo. Después de golpear lo más profundo de las
profundidades, uno tiene que empezar a subir. La ascensión será tan
necesaria como el descenso, a no ser que uno se rinda y se hunda. Yo sabía
que la cosa más fácil en el mundo para hundirse es tener pena por uno
mismo. Incluso delinquir y tener remordimientos no era tan fácil para
hundirse como sentir lástima por uno mismo. Si uno rechaza hacer cualquier
esfuerzo para subir, es posible permanecer en el fondo hasta que la muerte
traiga la liberación– o, quizás, una continuación más intensa de la amargura.
Pero nadie puede permanecer en el fondo sin hacer ni un ligero esfuerzo por
subir. De hecho, es tan difícil permanecer en el fondo como lo es estirarse en
el fondo de un lago o una piscina, o un río.
Una vez yo dejé de luchar. Y esa vez fue suficiente. Nunca nada podría
hacer que me rindiera otra vez. De alguna manera yo saldría de la porquería
de esta habitación mugrienta, y hasta que lo hiciera, intentaría disfrutarlo.
¿Imposible? Nada es imposible. Otras personas vivían en habitaciones como
esa– bueno, tal vez solo existían. Y en ese lugar yo decidí que eso era
justamente lo mejor que me podía haber pasado. Y eso se demostró que era
cierto.
Di mi último billete de cinco dólares al gordo y perezoso niño chino que
esperaba, expectante, en la entrada.
Yo me había enterado de que la mayoría de hoteles y apartamentos de
baja calidad de Los Angeles eran comprados por chinos y japoneses. Muchos
de ellos, como la madre del niño perezoso, incluso no sabían hablar inglés. Me
di cuenta de que para algunos de ellos, estos agujeros sucios, destartalados y
llenos de bichos debían de parecer como el Paraíso. Mientras que para mi eran
lo más bajo de lo bajo. Nunca en mi vida había estado en un sitio tan
completamente insufrible.
Y aún estaba agradecida por ello. La gratitud se volvió más real después
de que el shock inicial se diluyera. Realmente, estaba agradecida por tener un
lugar dónde estar. Para mí era un milagro haber conseguido alojamiento por
solo cinco dólares a la semana. Era invierno, y cualquier vivienda,
apartamento o habitación disponible en Los Angeles estaba ocupada.

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Más que eso. Eran mis últimos cinco dólares. Lo que iba a hacer
cuando se cumpliera la semana no lo sabía. Pero de repente, esta canción
interior de gratitud parecía que de alguna manera me hacía desapegarme de
esto, casi como si no fuera algo de lo que yo debiera preocuparme. Era como si
se me hubiera dado completamente la fuerza para levantarme de esta
situación. Era casi como si no fuera yo la que estaba ocupando esa horrible
pequeña habitación, como si yo estuviera en otra parte mirando el drama, sin
estar conectada de ninguna manera con lo que sucedía.
La puerta se cerró detrás del niño gordo, que se marchó sin propina.
Dudo que alguna vez haya recibido alguna propina de alguno de los pobres
ocupantes que se alojaban en estas tristes habitaciones. El primer requisito
para estar en un sitio así sería la total incapacidad para dar propinas.
Una vez se cerró la puerta, me senté en la silla, que estaba en un estado
deplorable. Saqué mis últimos dos billetes de un dólar- todo lo que yo poseía
en el mundo, y me pregunté que iba a pasar. Estos dos billetes, por mucho
que dieran de si, no me iban a poder llevar por dos semanas enteras, que es lo
que necesitaría para encontrar un trabajo y recibir la primera paga. Dejando
de un lado la comida, en siete días tendría que pagar otra semana por la
habitación. ¡Otros cinco dólares!
La mayoría de la gente, en mi caso, se hubiera preocupado. Y de
acuerdo con todas las reglas, yo debería haberlo estado. Pero no lo estaba. Yo
sabía que nunca iría a esa mesa de ahí abajo a pedir un crédito. Nunca había
pedido favores en mi vida, a nadie- y esto no podía empezar aquí. Si aceptaba
favores cuando no tenía dinero, esto me ataría a este lugar cuando me
marchara. Y sabía, en el fondo de mi alma, que esta obligación no me sería
requerida.
Fue esta certeza interna de que no me iba a arrastrar, de que no iba a
perder mi amor propio, que no lo iba a necesitar, que me hizo darme cuenta
de que la canción de gloria se había convertido en una sinfonía. Supongo que
fue esta canción de gratitud la que me dio el conocimiento de que nunca
necesitaría arrastrarme. Me alegré al darme cuenta que yo no estaba tratando
de agarrarme desesperadamente a la canción, como trata de agarrarse a un
palo el que se ahoga. La canción se sostenía en mí, llevándome en sus alas de
luz.
Deshice mi maleta. La poca ropa que tenía se veía lujosa, extraña, fuera
de lugar en esta habitación. Cuando estaba colocando bien la ropa, me pillé a
mi misma tarareando una cancioncilla alegre. Me sonreí tiernamente a mí
misma. Sonreí, incluso al darme cuenta que con la oscura luz del atardecer
había más bichos por las paredes.
En este atardecer sabía que mi hambre no era tan importante como mi
paz mental. Parte de mis preciosos dos dólares irían para desinfectante. Y
estaba agradecida por poderlo conseguir. Y esta gratitud no era una canción
forzada en mi cabeza. Era una gratitud que nacía en lo más profundo de mi
corazón.
Después, llené el lavadero con el desinfectante para diluirlo. Rellené un
vaso con el líquido y lo tiré por detrás del pesado botiquín colgado en la pared.
El líquido bajó por la sucia pared, y una legión de bichos salió, se estremeció y
murió delante de mis ojos.
Esparcí la solución sobre los agujeros deshilachados de la alfombra, por
los marcos de la pared y por las esquinas. Incluso con esto, seguía viendo
bichos entrar por debajo de la puerta, y bichos bajando por un agujero de la
tubería en una esquina del techo, con lo que mi sensación de victoria se
diluyó. Todo el edificio de seis plantas, de desorden y suciedad, dividido en
pequeños paraísos para bichos, llamados habitaciones, necesitaba ser

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renovado, desinfectado, fumigado, purgado- y quizás quemado. Fuera en la
entrada, a poca distancia de mi puerta, había cubos de basura abiertos llenos
de bichos. No importaba lo que hiciese, solo iba a traer un alivio temporal.
Pero valía la pena luchar incluso por un alivio temporal.
Empapé papel higiénico con desinfectante, luego puse mi maleta
encima de la silla y me subí, tambaleándome precariamente, para tapar el
agujero alrededor de la tubería. Empapé mi única toalla en la solución y la
coloqué por debajo de la puerta.
Estaba atrincherada. ¡No más bichos!
Al menos eso es lo que pensé antes de echarme finalmente,
cansadísima, en la cama. Y en pocos minutos otros bichos empezaron a
aparecer. Me levanté, encendí la luz, y se apresuraron a esconderse. Levanté
la sábana bajera y me salió un grito ahogado de horror. En toda mi vida no
había visto nunca algo tan absolutamente, completamente sucio como este
colchón de muelles. No lo puedo describir. No voy a intentarlo. Esa sábana
blanca estaba completamente profanada por el gran sacrilegio de aquello que
escondía. Era como si ropas de un monje intentaran cubrir los males
putrefactos de un alma perdida. Se había intentado pero el resultado era
incluso más repugnante que los crímenes que están al descubierto.
Con un temblor violento volví a poner bien la sábana profanada. Dejé
encendida la luz chillona que me deslumbraba, y me tumbé completamente
exhausta.
Estaba al límite de mis fuerzas, extremadamente cansada.
Así acabó el más extraño de todos los días extraños, y me debí de
quedar dormida antes incluso que mi cabeza tocara la almohada.

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2. EL DÍA ETERNO

El día más extraño de todos los días extraños había empezado, de


hecho, la tarde noche anterior.
Estaba sentada en lo alto de un cerro, a las afueras de Yuma, Arizona,
mirando como la ardiente puesta de sol pintaba el cielo de intenso esplendor.
A mi espalda, el río Colorado murmuraba sus misteriosas quejas al silencio
del atardecer. Se quejaba a las orillas del río por apretujarlo. Se quejaba de su
debilitado estado, porque los hombres habían construido presas en su curso.
Murmuraba sobre su debilidad mientras recordaba, de manera algo confusa,
las largas millas solitarias que había recorrido en su vida en su progresivo
viaje hacia el mar. Refunfuñaba y murmuraba consigo mismo como alguien
muy viejo que olvida, quizás, que no está solo. Cada milla había sido un año, y
su viaje el de una vida. Estaba más cerca del final de su viaje de lo que él
creía, su paraíso de descanso estaba muy cerca- muy cerca de hecho.
Pero yo no estaba girada hacia el río, ni escuchando sus quejas, ni
poniendo la oreja a sus vagas evocaciones de su infancia danzante, juguetona,
alegre, centelleante.
Yo estaba tan absorta en mis propios pensamientos como el río estaba
en los suyos.
Me senté mirando el cielo, inflamado de esplendor. Y mi cabeza seguía
los pasos encendidos de la puesta de sol en sus eternas vueltas alrededor de la
Tierra.
Suspiré por un avión que viajara justo a la velocidad indicada para
mantener esta puesta de sol delante de mí durante al menos un lapso entero
de veinticuatro horas. Estaba mirando con nuevos ojos la impresionante
maravilla de la puesta de sol eterna- la puesta de sol que está siempre y por
siempre y para siempre- la puesta de sol eterna sacudiendo sus sábanas
ardientes para poner a dormir a la tierra allí dónde el día se va de puntillas. Lo
que yo estaba viendo realmente y por primera vez, era la puesta de sol eterna.
No solo la porción de un minuto delante de mí, tomando su lugar por un
instante fugaz. Veía en mi mente esta puesta de sol sin fin que sigue y sigue,
volando su camino en sus vueltas eternas, manteniendo el paso con el sol,
dando vueltas a la tierra por siempre y por siempre, sin parar, sin fin. La
impresionante maravilla de que siempre hay una puesta de sol en algún lugar
del planeta me impactó por primera vez. Por encima y a través de las nubes,
cruzando los mares, sobre las montañas, a lo largo de los desiertos, siempre y
por siempre la puesta de sol- sin fin.
Y siempre y por siempre el alba precediendo al sol- el alba volviendo a
enrollar las sábanas para despertar el día.
Así el amanecer, el día, la puesta de sol, la noche, cada uno siguiendo
al otro en sus eternas vueltas de existencia sin fin, dando vueltas a la tierra en
su viaje rotativo. Cada uno existe total y completamente en todo momento,
juntos, aunque también individualmente. El amanecer y la puesta de sol
quizás son los besos dulces, o las caricias delicadas entre la noche y el día- su
lugar de encuentro de persistente caricia.
Siempre en algún lugar está el día, en algún lugar está la noche; y en
algún lugar el día y el crepúsculo juntándose en una caricia amorosa,
momentánea, llena de éxtasis.
Puede que no sean nuevos días, como hemos pensado, floreciendo con
cada amanecer, sino el mismo día eterno una y otra vez, volviendo para
darnos una oportunidad más para intentarlo otra vez- y otra vez. Si
pudiéramos elevarnos lo suficientemente alto para alcanzar la gran
perspectiva que sabe lo que debemos descubrir, que no existe el tiempo; que

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nunca ha existido. Podría ser bien posible que ayer, hoy, mañana y todo el
tiempo fuera solamente uno- la eternidad en sus eternas vueltas.
Estos pensamientos me llevaron atrás, hacia mi madre y la dificultad de
la vida que vivió. Recordé como en mi juventud veía la vida de mi madre
totalmente insufrible. Yo sabía que no podría vivir una vida como la suya, ni
en un millón de años, no podría. Para mí, su vida contenía todo lo que era
indeseable e insufrible. Y luego, a pesar de mi juventud, de alguna manera
comprendí que si yo hubiera vivido la vida de mi madre, no hubiera sido como
mi madre la vivió, sino como yo la hubiera vivido, entonces no sería su vida,
sino la mía. Y es posible que las dos estuviéramos viviendo la misma vida, ella
a su manera y yo a la mía. Sabía, mirando esta puesta de sol, que mi vida
hubiera sido tan imposible de vivir para mi madre, como la suya hubiera sido
para mí. Cada uno tenemos que expresar la vida a nuestra manera, con
nuestro material o la falta de este, y de acuerdo con la visión de nuestra alma.
Así fue una porción de mis pensamientos al esperar que la puesta de
sol acabara y se mostraran las primeras estrellas en el cielo, ya que había una
razón profunda para mi presencia en el desierto de arena en este atardecer.
Era mucho más que un pensamiento, o un deseo, lo que me había traído aquí
cruzando el continente. Era una sensación que contenía todo el propósito y
significado de lo que había sido- y de lo que iba a ser.

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3. “HABLÁME A TRAVÉS DEL CIELO DEL DESIERTO, POR LA NOCHE,
Y TE ESCUCHARÉ”

Si, Ronnie, he viajado a través de un continente para así poder hablar


contigo a través del cielo estrellado. Tenía la sensación de que si podía estar
sola en las tibias arenas del desierto, donde nos conocimos por primera vez,
sentiría otra vez el toque suave de tu mano. Te tenía que susurrar cuando solo
las estrellas continuaran mirando. Tenía que decir tu nombre. Tenía que
hablarte de mi amor.
Estaba tan segura de que podría hablarle a Ronnie a través del gran
espacio infinito, si sólo pudiera arrodillarme sola en la profunda soledad de
una noche en el desierto y sentir la bendición silenciosa del cielo nocturno,
porque el crepúsculo del atardecer es una bendición, un símbolo de paz
eterna. Había viajado desde New Jersey porque de repente tuve la certeza de
que podía decir su nombre sobre la quietud del silencio de la impresionante
solitud. Mi voz acariciaría la noche con tanto amor, que tendría que llevar mi
mensaje hasta los más profundos confines del universo, si fuera necesario.
Mi confianza de poder llegar a Ronnie así llegó después de que mi pena
se consumiera, después que mi autocompasión llorona creciera desde mi
egoísmo vergonzoso, y después de que mi dolor se vistiera de coraje, y mi
corazón roto hubiera sido ofrecido en el altar de la completa quietud.
Y así susurré suavemente y mi voz suspiró suavemente a través del
cielo nocturno: “Ronnie, Ronnie, cariño, ¡tengo que hablar contigo! ¡Por favor,
escucha! Tengo que compartir contigo las cosas que se han vencido a sí
mismas en mi alma, estas cosas nuevas, escondidas, que permanecen recién
nacidas en mi corazón, cosas que fueron concebidas en un dolor tan grande.
“Cariño, he aprendido a desterrar el gran dolor y la oscuridad de la
desesperación. No es que piense menos en ti, o que te ame menos. Creo que
incluso puede ser que te ame más. O que estoy creciendo más digna de tu
amor. La trágica aflicción, sin esperanza, se ha convertido en una fuente de
fuerza interior, de amor perfeccionado, capaz de dejarte ir- y aún así tenerte
más cerca. Tengo que hablarte de esto.
“Cuando te fuiste a Corea, Ronnie, querido, tuve la premonición de que
no volverías. Tú también la tuviste, cuando dijiste medio bromeando,
‘Christine, cariño, cuando te sientas sola simplemente háblame a través del
cielo del desierto, de noche, y yo te escucharé’, fue un mensaje tan sincero,
tan solemne, que no podía dejar de entenderlo.
“Una parte de mí se fue contigo, Ronnie. Supe cuando moriste ya que
una parte de mi murió. Supe que te habías ido antes de recibir la noticia de tu
madre. Lo supe en el mismo instante que sucedió. Estaba tan segura como lo
estoy ahora. Así es mi amor por ti. Así ha sido desde el principio. Así será
siempre.
“Durante meses lo único que quería era morirme. Lo anhelaba- incluso
rezaba por ello. Algo dentro de mí ya estaba muerto, mi corazón, mi alma, mi
mente, quizás una parte de los tres, y solo este cuerpo triste seguía en una
existencia agónica irreal. Fue así durante meses. No podía trabajar. No podía
pensar. Solo podía continuar sintiendo, e incluso esto era de una manera
muerta, medio paralizada.
“Y luego, querido Ronnie, el ala de un ángel tuvo que acariciar mi
mejilla, o un beso tuyo soplado sobre mí, o un dedo sanador de Dios que tocó
mi alma- no sé el que. Solo sé que volvía a estar viva, que volvía a ser
responsable de mi vida otra vez, y que lo tenía que hacer bien, por ti.
“No desperté a una vitalidad exuberante y radiante, Ronnie, fue más
bien un doloroso despertar para afrontar las dificultades de la vida que de

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alguna manera se habían acumulado durante el periodo de shock y
recuperación. Fue el retorno de mis facultades para pensar, y luego de repente
me avergoncé de mi pena egoísta. No estaba avergonzada de amarte tanto. Yo
siempre te amaré así. Pero estaba avergonzada por el abandono egoísta de mi
dolor. Esto no era merecedor de ti. Me di cuenta de que había sido una
cobarde egoísta, rebelde y fea en mi corazón. No estaba sufriendo solo por ti,
Ronnie. Había llorado más bien por mí, por la desolación de mi vida sin ti. ¡De
repente supe que tú estabas bien! ¡Que tú siempre estarías bien! Sin importar
donde estuvieras tu estarías bien, siempre triunfante, por encima de las
tormentas y todas las vicisitudes.
“Ronnie, cariño, lo siento por mi egoísmo y una pena tan indigna de ti,
de verdad lo siento. Yo te hubiera pedido volver, lisiado, ciego, con el cuerpo
destrozado, solo por satisfacer mi dolor egoísta en vez de dejarte ir triunfante,
libre.
“Me di cuenta de que tus medallas al valor habían sido otorgadas, no
tanto porque diste tu vida, sino más bien porque viviste cada momento de ella,
hasta el último momento, uno tortuoso, siendo grande y noble y generoso.
Fueron estos momentos de tu vida los que contaron. Si, fueron estos últimos
momentos gloriosos de extraordinaria vida que hicieron tu muerte tan grande.
“Ahora sé, Ronnie, que no es glorioso solo morir, aunque aún lo espero
con anhelo. Pero sé que es solo cómo muere uno. No. No creo que ni esto sea
correcto. Es solo cómo vive uno, porque es solo la vida lo que puede glorificar
la muerte, o superarla.
“Dos ladrones fueron crucificados con Cristo, miles habían sido
crucificados antes, y muchos desde Su tiempo. Más ninguno glorificó
semejante muerte como Él la glorificó. Fue solo la manera en que Él vivió que
glorificó la vergonzosa manera en que Él murió. Incluso en la vida que tú
viviste, hasta en esos momentos finales, cuando salvaste a tu regimiento,
glorificaste completamente tu marcha. Y así yo me doy cuenta que la muerte
solo puede ser exaltada por una vida magnífica y valiente.
“Escuchamos, Ronnie, que demos nuestra vida por nuestro país, un
trabajo, un ideal, una religión, un ser querido, o un estilo de vida- y creemos
que esto quiere decir morir. Qué ciegos hemos sido, en realidad. Morir dura
solo unos minutos- como mucho algunas horas. Vivir dura toda nuestra vida.
Dar realmente nuestra vida por algo, pide la dedicación de esta vida,
respirando, consagrándonos diariamente y estando alerta- cada año- cada
mes- cada semana- cada día y cada instante de vida.
“Es esta dedicación suprema, Ronnie, lo que yo tengo que dar. Es lo
único que es digno de tus ideales gloriosos, tu coraje y tu amor.
“¡Yo doy mi vida, Ronnie! ¡No muriendo! ¡Porque yo doy mi vida viva!
¡Cada instante vital de mi vida! ¡Ahora! ¡Y por siempre!”
Luego, con lágrimas en mis ojos y bajando por mis mejillas, añadí un
pequeño epílogo a mi mensaje, ya que de repente sentí que Ronnie había
escuchado- y ahora el mismo cielo escuchaba en silencio atentamente.
“¡Yo prometo que nunca más me quejaré! ¡Sin importar lo que ocurra!
Glorificaré cada pena, santificaré cada pizca de sufrimiento, glorificaré los
dolores, e iluminaré la oscuridad con amor. Y sobre los altares sagrados del
cielo yo ofrezco la carga de mi corazón roto. Si alguna vez su carga
insoportable intenta hundirme, Oh Señor, que yo levanté mi corazón hacia ti”.
Estas fueron mis palabras que enviadas a través del cielo del desierto,
mientras el profundo anochecer apresuraba su marcha para seguir el ritmo de
los pasos del sol.
Lo que ocurrió luego es más difícil de explicar. Fue como si un manto de
paz profunda bajara y me cubriera- y alguien estuviera a mi lado- alguien que

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me cogió suavemente del brazo y me guió abajo del cerro y de vuelta a mi
habitación. Nunca sentí su toque, realmente. Solo sentí su presencia y una
paz profunda y permanente- nunca antes había sentido una paz así.
Recuerdo vagamente mi marcha. Recuerdo haberme levantado pronto-
hacer la maleta- ir a la estación de autobús- coger un billete- subirme al
autobús y viajar sin haber tenido que pensar en ningún momento sobre el
cómo, el cuándo o incluso el porqué. Era como si no tuviera poder de decisión-
como si alguien, o algo, una fuerza superior estuviera organizando las cosas
por mí, tomando el mando absoluto. Yo estaba siendo movida- no
moviéndome.
¡Luego, de repente, estaba completamente despierta! ¡Era media tarde!
¡Estaba en un bus! ¡Viajando hacia algún lugar! ¿Pero a dónde? ¿Dónde
estaba? ¿Y a dónde iba? Era como despertarse de un profundo sueño en un
lugar extraño y tratar desesperadamente de orientarse. Solo recordaba
claramente el alto del cerro, la puesta de sol- mi promesa. ¿Pero dónde
estaba? ¿Y a dónde iba?
“Todo está bien, Christine. No te alarmes. ¡Estás de camino a Los
Angeles!”
No escuché estas palabras con mis oídos. Más bien fueron vertidas en
mi ser. Y me hundí en mi asiento para maravillarme de lo prodigioso de esto.
Los Angeles era el último lugar de la faz de la Tierra que yo tuviera
intención de ir. La había visitado bastantes años atrás. No había tenido
ninguna razón para quedarme la primera vez, y ciertamente no conocía
ninguna razón para ir ahora. Luego me di cuenta que se había aceptado la
dedicación de mi vida, ya que la elección no había sido mía. Yo hubiera
preferido permanecer en Yuma, de hecho, lo hubiera intentado si hubiera
encontrado un empleo. Phoenix hubiera sido mi segunda opción- pero Los
Angeles- ¡nunca!
Sabía, con toda la inteligencia que tenía, que había sido colocada en ese
bus. La elección no había sido mía, entonces, tenía que haber una razón
profunda para esto.
Esto era todo lo que sabía. Pero era suficiente. Solo el hecho de estar
segura que una fuerza superior estaba participando en mi vida era una alegría
sin medida. Me dio una agradable sensación de llegar a casa, después de una
vida errando en una tierra extraña. Si mi bienvenida no era con una banda de
música y alfombras extendidas, no tendría queja. Y la canción de gratitud que
había estado cultivando desde que me había dado cuenta de mi egoísmo- esta
canción de gloria que desterró la oscuridad, la soledad, la desesperada
desesperanza,- estaba creciendo en mi alma. Esto era suficiente.
Era más que suficiente, ni que solo tuviera siete dólares en mi cartera
cuando llegué, y ni que tuve que gastar cinco dólares por una habitación
pequeña y sucia, llena de cucarachas y bichos en la cama. Como podía
quejarme, yo que tenía tanto.

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4. LA OFRENDA DE UN CORAZÓN ROTO

Me levanté de esa sucia cama después de la primera noche totalmente


renovada. Me sentía como si hubiera sido bañada en rocío y secada con
pétalos de rosa. Estaba temblando con excitación, expectante. Hasta el aire
vibraba en estado de alerta. Yo no era una aventurera, pero verdaderamente
estaba en mi mayor aventura. El ambiente estaba lleno de promesas. Me
sentía como si me llevaran sobre alas de luz.
En el primer lugar que fui me dieron empleo. Era solo un trabajo de
oficinista, pero me podía mantener hasta que me orientase, o supiera porqué
había sido traída a Los Angeles.
Si, este trabajo me mantendría, si lo podía conservar. El cómo iba a
vivir con un dólar y medio durante dos semanas enteras, por no mencionar el
alquiler de la habitación para la segunda semana, estaba aún por resolver.
Aún y así, lo más raro de la situación era que yo me sentía perfectamente
tranquila. Me sentía como si no hubiera ninguna preocupación en el mundo.
No tenía ni recelos ni miedos.
Quizás la lección que había aprendido antes de llegar a Yuma había
ayudado para prepararme a encontrar circunstancias sorprendentes sin
miedo. Al menos, la promesa que di en el desierto no era algo de lo que
pudiera volverme atrás. Esta promesa había sido tejida con las fibras de mi
vida y no podía ponerse de lado. Yo me había comprometido a no quejarme
nunca de nada, da igual lo que ocurriera, o no ocurriera. Había dedicado mi
vida con una promesa muy solemne que no podía romper.
Y luego aprendí algo muy importante. Aprendí que cada lección recibida
necesita obligatoriamente ser seguida por una prueba, ya que solo cuando
pasamos las pruebas el destino se da por satisfecho.
Yo había hecho una promesa. ¿La mantendría? Cómo fui de sincera en
mi juramento de dedicación. Yo supe luego, con seguridad, que a menos que
cumpliese con mi pacto no podría ser de confianza, no podría ser permitida a
ir a mayores alturas- mayores lecciones- mayores pruebas, quizás. Me vino a
la cabeza esta frase: “Él debe ser examinado y probado en todas las cosas”. No
tenía ni idea de dónde lo había escuchado, o de si realmente lo había
escuchado alguna vez. Pero este pensamiento se agarró a mí y dio un
significado a la miserable habitación que ocupaba. Luego, por alguna razón
inexplicable deseé que estas pruebas vinieran rápidas y fuertes. Quizás estaba
deseando tomar toda una vida de un gran trago. No me paré a pensar que la
medicina dada en pequeñas dosis puede ser muy beneficiosa, pero tomada en
grandes cantidades puede ser mortal.
Yo era consciente de mi promesa de “ser agradecida por todas las cosas-
todo lo que venga”. Y la promesa de no volver a quejarme nunca más. Era una
gran orden que había diseñado para mí. Ahora tenía que hacerlo bien. Si yo
fuera a morir, viviría hasta el último instante, con mi último suspiro, y la
última pizca de inteligencia, plenamente, intensamente, completamente y
agradecidamente- si era posible. Nunca más una existencia medio-muerta,
lloriqueando, para mí. Si estaba destinada a morir de hambre, estaba
empeñada en disfrutarlo. Lo analizaría- cada punzada de dolor. Observaría
cada acción, y viviría por encima de mis reacciones. Observaría el proceso con
tanto desapego como cualquier científico moderno en sus investigaciones
meticulosas. Y cuando esto se acabara, habría comprendido totalmente la
experiencia hasta el último latido de mi corazón. Si fuera a morir de cáncer,
yo, otra vez, lo entendería a conciencia antes que acabara con esto- o más
bien, esto acabara conmigo. Iba a aprender a sentir con una intensa atención
en las sensaciones, que pediría a cada experiencia todo lo que pudiera ofrecer.

14
Estaba determinada a comprender el más mínimo suceso de mi vida- a vivir a
pleno pulmón. No iba a pasar ningún instante delante de mí sin entregar una
porción de su tributo.
La marcha de Ronnie me enseñó a reunir la intensa, exquisita tortura
de aflicción y dolor en el sagrado crisol de mi corazón, y allí aprender a
triunfar sobre ellos. Fue esta misma experiencia de aflicción que me equipó
para la vida. Ronnie siempre había tenido este equipamiento interno. Yo tuve
que empezar a desarrollarlo por pura fuerza de voluntad y gran coraje.
Hubiera sido mucho más fácil haber continuado revolcándome en mi
pena por mí misma- haber continuado llorando sobre mí misma en mi triste
desgracia, mientras otros hombres iban volviendo con sus esposas y novias.
Podría haber continuado en mi amargura, volviéndome más dura y fea en mi
resentimiento ciego mientras desarrollaba un intenso odio hacia la vida y el
destino, porque me podría haber convencido a mi misma de que yo era la
única llamada a sufrir- que nunca nadie había sufrido como yo sufría. Me
podría haber secado en mi alma y revolcado en mí profunda, sofocante pena
por mí misma- esto es- si Ronnie no hubiera sido Ronnie. Yo me pongo débil y
temblorosa, incluso ahora, cuando me doy cuenta de lo cerquísima que estuve
de fracasar- y probablemente hubiera fallado, de no ser por la gracia de Dios.
Aquellos que dicen haber sufrido más que cualquier otro haya sufrido
jamás, aún no han aprendido el sentido del sufrimiento. Aquello que hayan
sido llamados a soportar no ha dado frutos, y ha sido tan desperdiciado, tan
infructuoso, tan vacío y sin sentido como la trágica experiencia de dar a luz a
un bebé muerto, y la experiencia se queda sin glorificar. Todo sufrimiento,
grande o pequeño, como la crucifixión, tenía la intención de ser transmutado
en gloria viva y eterna. Y puede serlo. Incluso ser la madre de un bebé muerto
puede traer una bendición de tan santificada purificación para el alma, de una
infinita ternura y entendimiento con esto, que la experiencia puede abrir de
par en par los portales de un progreso continuo. Es cuando el hombre
entienda el propósito del sufrimiento y utilice su fuerza que todo sufrimiento
acabará. Será entonces que los hombres llegarán a su completo dominio y
tendrán completo poder para dominar la tierra y todas las cosas y condiciones
sobre ella. Será entonces que el glorioso privilegio del sufrimiento, su poder
divino, la sagrada, la asombrosa esencia y maravilla del sufrimiento serán
reveladas. Yo me encuentro impresionada y abrumada por la profunda gloria
de su poder escondido. Cualquier sufrimiento, cualquier dolor, decepción,
aflicción o incluso miedo, cuando se acepta con la verdadera oración de:
“Hágase tu voluntad” puede ser instantáneamente transmutado en poder
ilimitado.
Si, “Venir a mí, todos los que trabajáis y lleváis pesadas cargas, y yo os
daré descanso”. (Darme vuestras cargas) “y coge mi yugo sobre ti, ya que mi
yugo es fácil y mi carga es ligera”.
Y: “El único sacrificio aceptable por lo tanto es el sacrificio de un
corazón roto y un espíritu arrepentido.”
Cuando el corazón roto, el dolor, la pena, el sufrimiento, la carga de
cualquier experiencia mortal se ofrece a Él con la sincera oración de: “Hágase
tu voluntad”- y quiero decir ofrecida sin reservas, con un completo dejar ir, la
carga sacrificada puede ser cambiada por el yugo del amor y una carga de
completa luz que recubre, y esplendor y alegría y poder eterno- poder para
superar todas las cosas. Este es el poder del verdadero dominio en toda su
majestad divina.
Quizás por la grandeza de Ronnie yo he sido tocada con esta visión
reveladora y darme cuenta de que yo estaba de luto por mí misma, Christine

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Mercie. No era a Ronnie a quien lloraba, realmente. Cuando desperté de mi
miserable, rastrero egoísmo estaba avergonzada. Profundamente avergonzada.
Fueron dolores como estos los que hicieron grande a Ronnie. Cada
dificultad de su vida había sido hecha para producir su sagrada esencia y se
habían convertido en los bloques constructivos de la estructura de su alma.
¿Cómo podía llorar por mi suerte con este conocimiento? ¿Cómo podía
quejarme hasta la extenuación por cualquier condición exterior? Dios ha
tocado mi entendimiento, y con este toque se me ha otorgado una gran
responsabilidad.

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5. A TRAVÉS DEL TÚNEL

Y así fue que acabó mi primer día de trabajo- y mi segundo- y mi


tercero- y yo iba caminando por el túnel de Third street, para volver a mi
habitación plagada de bichos, que por ahora los huevos o liendres de los
bichos que había matado, estarían empezando a nacer, y ya no tenía más
desinfectante- ni más dinero para comprar más.
Estaba yendo a través del túnel de Third street porque mi trabajo
estaba en la calle Spring y mi habitación estaba en West Third con Figueroa.
Aún tenía diez céntimos en mi monedero. Aún caminaba con la cabeza
alta, y vestía mi pequeño traje con un nuevo brío de ritmo chispeante. Parecía
sentir que había algo especial en el aire. Pero quizás era el reflejo de la alegría
escondida que continuaba borboteando con tanta persistencia, la inextinguible
canción desde lo más profundo del corazón.
Era consciente de que la canción triunfal estaba vibrando con una
nueva nota de éxtasis y mis pies apenas tocaban la mugrienta, polvorienta,
estrecha y sucia acera, apretándose a sí misma a lo largo de la pared del
túnel. El aire era pesado por el humo del tráfico de la tarde. El lugar era
oscuro, casi sofocante, pero no me fijé en su carácter desolador. Era una isla
de gloria para mí esta tarde, aunque no podía dar una razón lógica para que
fuera así, si no fuera por la añadida alegría cantando una melodía de éxtasis
en mi corazón. Solo era consciente de que la melodía era más alegre, mucho
más animada que lo normal. Esto iba más allá del entendimiento, o de la
lógica. Pero bueno, la lógica a menudo vuelve loco a los hombres. Además,
¿cómo podía mi mente analizar lo que mi corazón sentía?
Hay una inteligencia interior superior al intelecto mortal, más grande
que la lógica, más allá del pensamiento, superior al entendimiento físico, y
aún más real que todo ellos. Es más que una intuición, o fe, o alegría, o gozo.
Es todo esto y aún alcanza incluso más allá que todos ellos. Es la esencia
interna de la misma vida.
Contacté con este canto en el centro de mi alma cuando ofrecí mi
corazón roto. No sabía en ese momento que solo el ofrecimiento de un corazón
roto puede traer una recompensa tan grande. De hecho, nunca había pensado
que existía algo tan profunda y completamente bello.
Empezaba a sentir que si una gran rotura del corazón podía traer una
canción tan gloriosa de puro éxtasis cuando se ofrecía en los altares de la
aceptación, entonces yo estaría dispuesta a tenerlo roto muchas veces. De
hecho estaría dispuesta a tenerlo molido en polvo fino. Luego supe la
respuesta. Es el total ofrecimiento de un corazón roto que tiene el poder de
transmutar toda la oscuridad en luz. Es solo a través de un corazón roto que
el puro amor de Dios puede venir y es este amor cantado que es la alegría y el
poder y la triunfante canción de éxtasis despertada en el alma del hombre.
Y así mi alma cantó mientras yo volaba en mi camino a través del túnel,
y parecía que mis pies apenas tocaran el suelo, tan grande era la alegre
melodía que se cantaba en mi corazón. Era una canción de gozo, una canción
de adoración, de oración, de alegría, de un amor tan profundo y puro que todo
parecía transformado por ella. No había nada feo en la existencia. Era el
perfecto amor que desterraba todo miedo. Parecía que se fundía en uno con el
universo entero, el infinito, y todo lo que existe. Era pura gloria cantada.
La canción parecía incrementar el tempo mientras avanzaba a través
del túnel. Era una vibración que de repente pareció volverse en palabras. No
palabras que escuchara con mis oídos, sino una voz interior profunda de
completo conocimiento- hablando sin palabras; “Christine”, ordenó

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amablemente, amorosamente: “Ahora ves y encuentra un apartamento
bonito”.
Me paré en seco. Si el túnel se hubiera hundido encima de mí no me
hubiera sorprendido más. Me di la vuelta, y fui en dirección a Broadway, sin
dudarlo ni un instante. Como iba a encontrar un apartamento en Los Angeles,
de todos los sitios del planeta, en la temporada más ocupada del año, y con
una pequeña moneda en mi monedero no me preocupaba para nada. Solo era
consciente de estar siendo sacada de la habitación llena de bichos con cuatro
días de antelación. Podría haber chillado por la alegría de esto. No había
muros en este túnel, ni techo encima de mi cabeza. Caminaba en el más alto
cielo.
Caminé unos diez o quince pasos en dirección al centro de la ciudad
cuando escuché, “No retrocedas. Date la vuelta y cruza el túnel”.
Luego, por segunda vez, me paré en seco y me di la vuelta otra vez en
dirección a la calle Figueroa.
Pero nunca llegué a Figueroa. Fui girada en Flower Street, guiada,
propulsada, llámalo como quieras- sólo sé que caminé por delante de muchos
apartamentos, pasé varios hoteles- y sin parar en ninguno de ellos, ni siquiera
echando un vistazo, continué. Al final, me paré delante del umbral del edificio
de apartamentos más lujoso de la zona. Y sin dudar un instante me dirigí
hacia el mostrador, encima del cual había el letrero: TODOS LOS
ALQUILERES TIENEN QUE PAGARSE POR ADELANTADO. Y yo no lo vi. No
puedo imaginarme como lo pude ignorar. Estaba ahí, tan grande como la vida
y haciéndose notar. No puedo imaginar que hubiera hecho si lo hubiera visto.
Me habrían entrado dudas. No lo sé. No lo puedo ni imaginar.
“¿Tenéis un apartamento libre?” pregunté a la mujer sentada detrás del
mostrador, justo debajo del letrero que no vi. No había ningún letrero que
anunciara apartamentos libres. Normalmente mi pregunta hubiera sido
tomada a broma.
Pero mientras yo hablaba otra mujer pequeña y amable, con el pelo
blanco y cara de ángel, salió de la oficina.
“Si”, y sonrió alegremente mientras me miraba, “tengo un apartamento
libre, lo que es muy inusual para este lugar y para esta época del año. Hoy
mismo lo han pintado y aún no está del todo seco- pero solo tendrás que tener
un poco de cuidado esta noche”.
Ella parecía saber que iba a mudarme, entonces. Me pregunté cómo lo
sabía.
Entró en el ascensor conmigo, fuimos al último piso y me condujo por
un largo pasillo, con alfombra, muy bonito, hacia una puerta con un pequeño
llamador de puerta metálico, lo que le daba un toque de bienvenida muy
especial, sobretodo porque ninguna de las otras puertas tenía alguno.
Lo primero que vi, al entrar, fue la amplia ventana que tenía una vista
que me dejó sin respiración.
“¡Es fantástico!” grité. “¡Es pura magia! ¡Es hermoso!”
El gran Pegaso de neón, en lo alto del edificio Mobilgas, hacía volar su
llameante vuelo por los cielos. El último esplendor deslumbrante de la puesta
de sol aún permanecía con una caricia cálida, una bendición, un recuerdo de
otra puesta de sol- y una promesa susurrada de cosas por venir. Luego,
mientras miraba las luces de la calle se encendieron, centelleando como un
collar de diamantes alrededor del cuello de una mujer, y justo en ese momento
un esplendor irrumpió cuando las luces de color arco iris se encendieron en la
cima del alto, negro y dorado, edificio Richfield. Su torre mandaba su punta
ardiente hacia el cielo nocturno. Mis ojos se encontraron con la dignidad de la
bella pirámide de la cúpula de la biblioteca, mientras permanecía misteriosa y

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silenciosa contra la luz del atardecer. Y una por una, un millón de luces
parpadearon, en una delicia brillante. Era como una escena de otro mundo
pero tan cercana que me asombró.
Como una niña emocionada me fui corriendo a la segunda ventana,
igual de grande pero mirando hacia otra dirección, con otra fantástica vista de
luces centelleantes.
Al final me aparté de las ventanas para mirar el apartamento. Era un
sueño hecho realidad. No era nuevo, pero recién pintado, inmaculado,
acogedor con una cálida bienvenida y la sensación de llegar a casa, y
mágicamente atrayente. Lo tenía todo- dos espejos grandes para comprobar el
aspecto del vestido- un salón, un dormitorio, un vestidor, un baño y una
cocina, y un pequeño pasillo, todo suyo.
“Esto costará por mes más de lo que yo gano”, pensé. Pero aún con este
pensamiento, tenía la certeza de que iba a tener este apartamento.
“¿Cuánto cuesta?” me aventuré finalmente.
La mujer me miró y sonrió suavemente, “Lo puedes tener por cincuenta
dólares por mes. Lo alquilo por más, pero me gustaría tenerte en mi edificio.
Mira, es mío, y justo esta noche me he pasado unos minutos. No vivo aquí.
“A lo mejor vine solo para conocerte”, dijo contemplativamente.
“Yo tengo que tener este apartamento”, dije; “Y es muy amable de su
parte ofrecérmelo por solo cincuenta dólares- pero acabo de llegar a Los
Angeles hace tres días y no tengo dinero para pagarle ahora. Tengo trabajo y le
podré pagar en un par de semanas. Pagué por una habitación cerca de la
esquina de Figueroa con Third Street, pero es un nido de cucarachas y no
puedo estar allí.” Yo dije esto como si fuera de lo más común ir a buscar
apartamento sin dinero.
“Por supuesto no puedes estar allí”, dijo ella.
“Estaría contenta de dejarle mi bolso de piel artesano y mi brazalete y
mis broches como fianza. Nunca en mi vida he estado en una situación así”,
dije riendo.
“Estoy segura que no. Es una nueva experiencia para las dos”, sonrió;
“Deberíamos hacernos buenas amigas”.
¡Y esto fue! ¡El apartamento era mío! ¡Era mío! ¡No lo podía creer! ¡Iba a
dejar los bichos y la oscuridad y la suciedad! ¡Había pasado mi prueba! Si
hubiera podido gritar con todas mis fuerzas, no hubiera sido lo
suficientemente fuerte para expresar mi alegría y gratitud. No me había
tomado mal la miseria de esa sucia habitación. No me había quejado. ¡De
verdad había sido agradecida! ¡Y ahora! Un paraíso- cien veces mejor, se me
había dado.
Mrs. Wilcox, que era el nombre de la propietaria, insistió en que
mantuviera mi bolso, pero yo le aseguré que no tenía necesidad. ¿Porqué llevar
un bolso si no hay dinero para poner dentro? Las dos reímos de esto.
Mrs. Wilcox no venía muy a menudo al edificio. Sin embargo, vino el día
que me tocaba pagar el alquiler, y para devolverme el bolso. Creo que vino en
persona para que así la oficinista no se diera cuenta que había estado viviendo
allí durante dos semanas sin pagar un céntimo, o que yo estaba alquilada por
cincuenta dólares en un apartamento por el que ella hubiera sacado ochenta y
cinco.
Al darme mi factura, Mrs. Wilcox sonrió otra vez con su sonrisa cálida,
resplandeciente y celestial, y dijo: “¿Fuiste guiada aquí, no?”
“Si. Lo fui”, respondí. Y le expliqué como ocurrió.
“Sabía que fuiste traída hacia mí cuando te vi. Sabía que había venido
esa tarde solo para conocerte. Me siento tan humilde y tan agradecida cuando
soy llamada a jugar un pequeño papel en las manos del destino.”

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Mis ojos se llenaron de lágrimas de gratitud y el canto de gloria se tuvo
que haber oído en todo el maravilloso edificio.
Lo que viví aquellas dos semanas fue otro milagro, un milagro muy
hermoso.
Acababa de dejar la maleta en el apartamento cuando volví a oír la voz
interior, dándome instrucciones durante un minuto diciéndome como obtener
comida. Tú puedes creer que esto lo pensé todo yo misma. No lo hice. Nunca
lo hubiera podido haber pensado yo misma porque era algo que estaba más
allá de mi conocimiento. Yo no sabía que Karl Morgan, un compañero de mi
infancia, era un supervisor en la Carnation Creamery Company. Yo sabía que
Karl se había ido a California varios años atrás. Pero no sabía que él estaba en
Los Angeles, ni que trabajo tenía.
Pero se me dijo: “Christine, Karl Morgan es un supervisor en la
Carnation Creamery. Llámalo. Dile que acabas de llegar a la ciudad, y que te
gustaría pedir dos litros de leche, entregado día si día no, algo de requesón,
una docena de huevos tan a menudo como los necesites, y una botella de
mitad-y-mitad, que es mitad nata y mitad leche.”
Usé mi preciosa última moneda de diez céntimos para llamar a la
Carnation Creamery y pregunté por Karl Morgan. ¡Y maravilla! ¡Estaba allí!
Para mí era un milagro tan grande como el de los panes y los peces. Su
comida era solo para saciar el hambre. Lo mío era un asunto de vida o
muerte- de morir de hambre o vivir.
Karl y yo tuvimos una charla maravillosa. Él parecía muy contento de
escucharme. Y yo estaba casi abrumada por lo maravilloso de todo esto.
Después de hablar sobre muchas cosas le di mi pedido.
“Creo que el conductor de tu ruta viene por la mañana, pronto. Espera
mientras lo compruebo.”
Esperé con un pie en el cielo y otro en una nube de plata.
En unos minutos volvió su voz, “Christine, el conductor estará en tu
puerta a las ocho de la mañana. ¿Está bien así?”
“Perfecto”, respondí, solo yo sabía cuan perfecto era. Tomaría mi
desayuno antes de ir al trabajo.
“Y Christine”, continuó, “rellenaré yo mismo la hoja de inscripción y le
daré el visto bueno, así todo estará en orden sin retraso.
“Y cambiando de tema, ¿cuándo puedes venir a cenar con nosotros? Me
gustaría que conocieras a mi mujer. Es maravillosa. ¿Puedes venir el lunes?”
No tenía dinero para el billete de bus, así que le dije, “No este lunes,
Karl, no antes del diecinueve. De aquí dos semanas. Tengo un montón de
cosas que hacer, además de irme asentando.”
“¡Esto sería genial! Nos vemos entonces. Ah, y estoy muy contento de
haberme pasado esta tarde por unos minutos.”
“¿No estás siempre allí por las tardes?” le pregunté, mientras notaba
cosquillas por mi columna.
“Llevo aquí nueve años y esta es la primera vez que vengo a la oficina en
la tarde noche”, se rió.
Y así fue. No supe hasta un tiempo después que era necesario tener
una cuenta corriente, además de referencias y otros requisitos, que yo no
cumplía, para tener al repartidor entregando los productos en tu puerta. Pero
siempre estaré agradecida por la maravillosa bendición que tuve.
La siguiente mañana mientras iba caminando a trabajar, a una mujer
que esperaba con más gente el autobús, se le cayó el bolso en la acera. Las
monedas salieron rodando en todas direcciones. Todos empezamos a ayudarla
a recogerlas. Justo cuando le habíamos dado lo recogido, el bus vino y todos
los que estaban esperando lo cogieron. Yo seguí mi camino hacia el trabajo

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cuando vi una moneda de cincuenta céntimos apoyada contra una farola. La
recogí, y me giré rápidamente hacia el bus. Se estaba yendo ya por la esquina.
Cincuenta céntimos sin propietario.
Con esta moneda compré dos rebanadas de pan del día anterior a mitad
de precio, y algunos dátiles frescos. Y a partir de entonces viví como una
princesa en mi castillo por encima de las nubes. Se podría decir fácilmente, “Y
viví feliz por siempre”. Pero la historia acaba de empezar.

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6. EL VELO DE LA INCREDULIDAD

Había estado trabajando varios meses, había recibido dos promociones


muy importantes- y había hecho muchos amigos. La canción de gloria
sonando en mi alma era como un imán, atrayendo a otros hacia mí. En el este,
me había vuelto tan terriblemente enfermiza, tan oscura en mi pensamiento y
en mi pena por mí misma, que me había vuelto repelente y solo me seguían
visitando aquellos que estaban unidos por lealtad o que estaban dotados de
una fortaleza superior a la mayoría.
El canto de gloria, que se estaba volviendo una parte más de mi, era
una fuerza de luz que se alargaba cálidamente para envolver un mundo. Hubo
momentos en que realmente sentí que el mundo podía venir y calentarse en
las llamas sagradas que ardían en mi alma. Y hubo muchos más momentos en
que estoy segura que también lo sentían aquellos con los que trataba en mi
trabajo.
Había, por supuesto, aquellos que se molestaban por mí. Ellos se
molestaban por cualquiera que fuera tan extremadamente feliz, y no porque yo
estuviera enfatizando el hecho o tratando de ostentarlo. Era solo que no podía
contener esta alegría, y salpicaba por todas partes esta vida pura y extática.
Miss Barker se molestaba mucho. Miss Barker no sabía cómo ser feliz.
Ella no hubiera sabido cómo manejar la felicidad si le hubiera venido a
puñados grandes como el mundo. Parte de su felicidad era la habilidad para
ser extremadamente triste. Y fue Miss Barker que remarcó, “¿Qué
posibilidades tenemos los demás frente a Christine?”.
“¿A qué te refieres?” preguntó la pequeña Martha inocentemente.
“¿A qué me refiero? Porqué me sorprendo de ti, Martha. Christine no es
como el resto de nosotros. Ella no tiene que trabajar para vivir. Christine no
ha tenido otra cosa que éxito y felicidad en toda su vida. Nació con una
cuchara de plata en la boca, un título universitario en su cuna, una
declaración jurada de éxito garantizado en su mano, y un millón de dólares en
su botita.”
“¡Guau!” pensé, “hasta las cicatrices deben de haber desaparecido”. Y
en vez de ofenderme por su frase y por su actitud me sentí como si estuviera
de pie en tierra sagrada, y ganada con el sudor de mi frente.
Tuve más dificultades con los hombres. Ellos querían apoderarse de
esta cosa interior que yo tenía. Tenía que velar el brillo en mis ojos,
amortiguar la canción en mi corazón, disimular la asombrosa, esplendorosa
gratitud en mi alma, o ellos hubieran empezado inconscientemente, casi sin
excepción, a tratar de agarrarse a mí. Sabía que no era yo lo que deseaban.
Era este canto, esta luz de gloria. Pero ellos no lo entendían. Tenía que ir con
cuidado. No solo por protegerme a mí, sino también a ellos. La edad no parecía
importar- y el matrimonio no parecía ser un obstáculo para la mayoría de
ellos. No era que no amaran a sus esposas, o que estuvieran infelizmente
casados. Luego de repente no me creí que lo que la gente deseaba poseer
fueran los diamantes, sino que era el brillo- esta centelleante, brillante luz
interior.
Me di cuenta plenamente que no era yo lo que querían. Era la
centelleante e intangible luz, la evasiva canción, la melodía de gozo y éxtasis.
Claro que para mí era imposible explicarles que ellos podían tenerlo solo
cuando ellos mismos lo desarrollaran desde su interior. Entonces, y solo
entonces, podían ellos tener lo que trataban de agarrarme.
Luego estaba la pequeña Martha, la simplemente adorable pequeña
Martha que no podía nunca enfadarse con alguien, ni tampoco comprender lo
que Miss Barker sentía. Martha era tímida, discreta, aburrida. Una vez me

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pregunté como ellos se acordaban de darle la paga, no porque no fuese
eficiente, sino porque ella era completamente discreta. Ella era simplemente
un pequeño engranaje en la maquinaria de la oficina. Pero es a Martha a
quien yo estaré siempre agradecida.
Me la encontré en la sala de descanso de mujeres, a la hora de comer,
leyendo la última página de un libro. Ella miró hacia arriba con una expresión
lejana en sus ojos, cuando yo estaba entrando, y susurró en un tono
reverencial, “¡No es posible! ¡Simplemente no es posible!”
“¿Qué no es posible?”, pregunté, por si me estaba hablando a mí. No lo
estaba. Solo hablaba con ella misma.
“Porqué- este libro. ¡Todo! No se parece a nada que haya leído en mi
vida. Mi tía me dijo que lo cogiera de la biblioteca- Pero escucha esta pequeña
nota aquí al final: ‘Annalee Skarin, la autora de este libro, desapareció de su
habitación mientras la visitaban amigos en junio, 1951. No ha sido vista ni
oída desde entonces. Su ropa fue dejada en su armario. Su coche en el jardín.”
“Probablemente secuestrada- o se fue. O puede que buscara
publicidad”, sugerí.
“No. No lo creo. Si uno busca publicidad, seguramente volvería para
encontrar su recompensa. No es el tipo de libro que una persona así escribiría.
Tampoco puede nadie así ser secuestrado –o- simplemente desaparecer. Toma,
Christine, llévatelo contigo esta noche y échale un ojo. Esta noche tengo cena
con familia. Pero tráelo mañana por la mañana sin falta. Lo tengo que volver a
leer.”
“Me encantara leerlo”, le dije, pensando que le hacía un favor.
¿Yo haciéndole un favor?
Este libro era la cosa más magnífica que me había llegado jamás a las
manos. Llegó dentro de mí, y agarrando mi alma la sacó de mi cuerpo y la
puso delante de mis ojos en su brillante y cristalino esplendor, mientras se
encumbraba hasta el mismo trono de Dios para cumplir su destino glorificado-
un destino más allá del entendimiento mortal. Desenrollaba las cortinas de la
existencia, y reveló el drama glorificado de la vida- el pasado, el presente, el
futuro- el eterno AHORA y para siempre jamás, en un toque mágico de
impresionante fuerza.
Por decirlo suavemente, el libro de Annalee Skarin, “Ye Are Gods”
(Vosotros Sois Dioses), me golpeó fuerte, como a Martha. No me fui a la cama
esa noche. Leía, caminaba por el suelo ardiendo en llamas de éxtasis, -y luego
volvía a leer un poco más- y luego un poco más aún.
“¡Cómo se ha podido escribir un libro así!” Pensé. “Y cómo puede
alguien soportar leerlo”, porque la revelación que contenía deslumbraba.
Luego supe que Annalee Skarin se sintió exactamente así respecto al libro
mientras lo escribía.
Sabía lo que Martha quería decir cuando dijo que tenía que tener el
libro de vuelta para poderlo leer otra vez. Yo quería mantenerlo un día más-
para pasar otra noche leyéndolo, pero Martha lo estaría esperando.
Yo estaba releyendo partes del libro incluso mientras me vestía para ir a
trabajar.
Ya no me era necesario caminar por el túnel de Third Street en mi
camino hacia el trabajo, pero a menudo me salía del camino para pasar por
allí. Siempre sentí como si hubiera una llave en ese túnel que tenía que ser
revelada. Acostumbraba a caminar a por el túnel mirando las siluetas que se
movían al final, flotando, que de una manera irreal, proyectaban sus pequeñas
sombras en la pared. Yo supongo que era eso. El túnel parecía ser, de alguna
manera, un pasillo que conectaba lo real y lo irreal- o debería decir, entre lo
posible y lo imposible.

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Quizás yo lo sentía así porque fue aquí donde recibí un gran impulso-
ya que fui elevada de una pequeña habitación llena de bichos a un
apartamento de gran belleza.
Y así fue que esta mañana, después de una noche sin dormir, sentí que
solo un viaje a través del túnel podía encontrar una pequeña expresión de los
profundos sentimientos y pensamientos que este libro había removido en mí.
Salí de casa bastante pronto, para darme tiempo para ir por el túnel sin
prisa. Yo sabía que la gente estaba desanimada y abatida por la necesidad de
cruzarlo. Yo estaba eufórica. Lo amaba. No podía haber ninguna razón posible
para que me sintiera así sobre esto, excepto lo que experimenté justo después
de mi llegada a la ciudad. Todavía cuando mis pies parecían ser extra ligeros,
solía tomar el tiempo para ir por allí.
Estaba sobre un tercio del camino dentro del túnel, yendo hacia Hill
Street, cuando un camión vino rugiendo hacia mí, removiendo el polvo.
Ceniza, una piedra y un puñado de suciedad, todo esto voló hacia mi ojo, con
un dolor punzante. Cerré momentáneamente los ojos mientras caminaba a
tientas sin poder ver.
Y luego en un instante el dolor se fue. Tan de repente como había
venido se había ido. Abrí los ojos con alivio-
¡No estaba en el túnel! ¡Me di la vuelta para buscarlo detrás de mí!
¡Simplemente no estaba!
¡Estaba en una gran sala! La sala estaba llena de luz- delicada, luz viva,
brillante, tranquila, con una paz de “fuera de este mundo”. Lo que había
pasado no lo podía imaginar. Un momento antes yo estaba en este túnel que
se extiende por tres grandes manzanas entre las calles Hope y Hill. Ahora
estaba en un lugar en el que nunca antes había estado. Me miré a mi misma.
Estaba vestida como antes- mi bolso estaba en mi mano- y el libro- el precioso
libro de Annalee Skarin, Ye Are Gods, estaba aún a salvo bajo mi brazo.
Volví a mirar al frente para ver a alguien que venía hacia mí- alguien- y
luego un grito de alegría salió de mis labios, “¡Oh, Ronnie! ¡Ronnie! ¡Cariño,
estoy muerta! ¡Estoy muerta! ¡Qué maravilloso! ¡Qué maravilloso!”
“No, Christine, no estás muerta. ¡Estás muy viva!”
“Si, lo sé- pero el camión- tiene que haberme golpeado-”
“No, el camión nunca te tocó, cariño”, y sonrió de una manera tan
tierna y divertida, y con un amor tan suave que tuve que quitarme las
lágrimas de los ojos.
“¡Cuéntamelo!” supliqué, “Oh, Ronnie, cuéntamelo todo”.
“Primero dame el libro. Tiene que ser devuelto a Martha. Está
esperándolo- y es lo que ella necesita.”
“¡Entonces el libro ES verdad! ¡ES verdad! ¡Sabía que tenía que serlo!
¡Lo sabía!” dije exultante y emocionada.
“Si, Christine, es verdad. Este libro fue escrito por el mismo dedo de
Dios. Todas las fuerzas del mal se han puesto en pie para luchar contra él-
para destruir el sagrado mensaje que contiene. Todas las fuerzas de la
oscuridad están intentando enterrarlo. Pero tú nunca dudaste de él. ¡Qué
maravilloso de ti, Christine! Es tu falta de duda que te ha convertido en una
parte de él. Luego conocerás a Annalee y ella te asistirá para escribir las cosas
que te corresponde escribir a ti.”
“¡Qué maravilloso!” exclamé. “¡Qué maravilloso! Me gustaría quedar con
Annalee Skarin más que con cualquier otra persona, excepto tu, Ronnie”.
“Mi Christine, mi preciosa Christine. Qué orgulloso estoy de ti.”
“¿Tú orgulloso de mi?” dije con sorpresa.

24
“¡Por supuesto, mi amor! Tú has superado la oscuridad- y cuando me
hablaste a través del desierto esa noche, todo el universo puso el oído. Tus
palabras vivirán siempre. Mi preciosa, Christine”.
“¿Entonces me puedo quedar? ¿Podemos continuar juntos?” Exclamé
con entusiasmo. Desde el principio había tenido la sensación interior de que
iba a tener que volver a la tierra, a la rutina diaria de la vida mortal.
“Aún no, Christine. No todavía. Tú y yo nos correspondemos- pero por
un pequeño tiempo nuestros asuntos estarán en distintos planos. Tú aún
tienes tu cuerpo”.
“¿Lo tengo?” pregunté sorprendida. “¿Entonces qué hago aquí? ¿Cómo
he llegado?”
“¡Rasgaste el velo de la incredulidad! ¡Pero ven, querida! Te están
esperando”.
“¿Quién?”
“La gran Hermandad de la Luz- La Asamblea, o la Iglesia del
Primogénito,- los Nobles y grandes seres que Dios ha puesto a su lado, de los
que el mundo no sabe nada- los gloriosos Hijos de Dios- aquellos que han
verdaderamente nacido otra vez, no por palabras y discursos y teorías- sino
por el Espíritu del Todopoderoso.”
Ronnie me llevó hacia una gran puerta que se abrió al acercarnos.
“Entra, cariño. Te veré de nuevo.”
Alargué mi mano para pararlo, pero ya se estaba yendo. E
inmediatamente me hicieron pasar a la gran asamblea.
El lugar, sala, templo, como se llame, era algo como nunca antes había
contemplado. Era inmensa en su increíble extensión y majestad. Sé que la
descripción es vulgar e insignificante, pero no hay palabras en ningún
lenguaje para describirla.
Había música- música que hacia vibrar la canción que se había estado
desarrollando en mi alma, solo que más gloriosa, más triunfante, más divina.
Mi melodía no era más que un eco naciente casi imperceptible al lado de esta
canción celestial de triunfo universal. No era solo sonido. No había palabras
en ella. Era una vibración de fuerza tan viva, tan esplendorosa, que podía
sentirse y verse. Era luz- la gran luz del Dios Todopoderoso que fluye del
mismo seno de la eternidad para crear, para redimir, para dar vida, para
inspirar, y exaltar y glorificar. Era la gran Luz divina de Cristo, la fuerza de
existencia y creación y vida.
Yo había llamado esta canción la canción de gratitud. Era esto. Había
sido mi oración de “Gracias”, de una devoción tan llena de amor, una gratitud
tan profunda que cualquier bendición se había multiplicado por cien casi
automáticamente. A medida que mi gratitud había crecido mis bendiciones
crecieron. Era la completa realización de multiplicar y rellenar cada bendición
en la tierra. Era más, era la fuerza que transmutaría la tragedia en alegría, el
fracaso en éxito, la pérdida en bendiciones- la oscuridad en Luz. La ley de dar
gracias y ser agradecido es la ley divina de la multiplicación. Es la ley de dar a
luz, de crear, de aumentar. Al verterse en mi ser su completa integridad me di
cuenta del propósito y del poder de una infinita armonía como esta. Es una
canción de amor y devoción, de alabanza y elevación, de gratitud y
agradecimiento que puede vestir a uno en completa gloria. Es la sinfonía
Celestial del Universo. Es la “Nueva Canción” que no se aprende con palabras,
sino que se siente y se libera desde el mismo centro del alma. Es un amor
divino perfeccionado. Se desarrolla desde el interior siendo agradecido por
cada pequeña bendición recibida- y estas pequeñas bendiciones empiezan a
multiplicarse.

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Esta sala formidable, si es posible llamarla con un nombre así, era
circular en su inmensidad de asombrosa grandiosidad. Había filas y filas de
individuos sentados dentro del círculo en constante expansión. Solo el centro,
un espacio de unos seis metros, estaba abierto y ocupado por una sola
persona. El suelo parecía ser de cristal, puro cristal, o quizás un gran
diamante perfecto, que reflejaba luces y colores con un brillo centelleante.
El individuo que estaba en el centro me dio la bienvenida a acercarme,
bajando por uno de los muchos pasillos que iban de las grandes puertas en
las paredes exteriores hacia el centro de la sala de asambleas, hacia este
espacio circular abierto de seis metros. Es más difícil dar descripciones ya que
ningún lenguaje de la tierra tiene la capacidad de expresión necesaria para
comunicar toda la información de grandeza Celestial.
Todo lo que puedo decir es que el individuo presidiendo esta particular
asamblea era la gloria personificada. Luz y amor parecían fluir de su ser, su
ropa, sus ojos, de los dedos. Yo no podía estar en un sitio así, delante de unos
seres tan santificados. Me puse de rodillas e incliné mi cabeza en profunda
reverencia llena de lágrimas.
“¡Levántate, Christine! ¡Y sé bienvenida! ¡Te hemos estado esperando,
querida hermana!” Luego fue como si escuchara, o más bien sintiera, cada voz
de esta gran asamblea susurrar suavemente y con un amor tan infinitamente
sensible, “Bienvenida, querida hermana”. Tuve la sensación de repente como
si conociera a todos y cada uno de los individuos en esta asamblea divina,
como si estuviera agarrando sus manos y ellos las mías. Cada indicio de
conciencia de mi misma se desvaneció y me puse recta, mientras una gran luz
parecía verterse sobre mí y a través de mí.
“Todos los cielos se alegran por ti, Christine, ya que tú has pasado a
través del velo de la incredulidad”.
“¿El velo de la incredulidad?” repetí, ya que recordé que Ronnie había
dicho lo mismo, y quise saber el significado de esas palabras.
“Si, el velo de la incredulidad. Es solo este velo de incredulidad que
cierra a la humanidad a nosotros.
“Este velo ha crecido más sólido que el acero, o el hormigón, o el
mármol, o cualquier substancia física que exista. Su densidad se ha
incrementado con los años. Está construido con la dureza de los corazones de
los hombres, cuya dureza es más dura que cualquier otra substancia en todo
el universo. Está reforzada con la ceguera de sus mentes y está tejida de
enorme maldad, ya que un corazón completamente endurecido es una de las
condiciones más malvadas posibles de alcanzar. A menudo está causado por
mentes que no quieren ver. Esta condición no pertenece solo a los criminales,
que a menudo tienen corazones más blandos que los de alguien que se
considera a sí mismo un santo. Ser capaz de creer todas las cosas hace todas
las cosas posibles.
“La superación de la incredulidad se consigue más rápidamente por
aquellos que quieren ofrecer sus corazones rotos en el altar de Dios, sin
rebelión, amargura o pena por sí mismos, ya que debe ser ofrecido con un
amor y devoción que verdaderamente desee que se cumpla la voluntad de Dios
por encima de todo lo demás. Entonces, se convierte en una dedicación de
gratitud, o alabanza, o de amor divino que puede ablandar, fundir totalmente
el corazón, y entonces el velo puede rasgarse por cualquiera en la tierra que
perfeccione el regalo del amor divino. Es este ofrecimiento de un corazón roto,
mezclado con el ablandamiento, y la ternura interior, que supera la
incredulidad y puede rasgar el velo”.
“Millones en la tierra están sufriendo de gran tristeza”, me aventuré.

26
“Si, Christine, pero están usando mal su gran instrumento de gloria
divina. En vez de ofrecer su gran tristeza a Dios en oración y agradecimiento
por la fuerza que contiene, y verdaderamente desear que la gran tristeza
continúe, si es Su voluntad, ellos endurecen sus corazones aún más,
aumentando así las escamas en sus ojos, la oscuridad en sus almas y el gran
velo se vuelve continuamente más impenetrable.
“¡Gloria a los que pueden rasgar este velo! ¡Qué la gloria esté con ellos!”
Y sentí esto repetido y suspirado en infinito amor por la multitud.
“Nosotros no podemos rasgar este velo. Está construido con vibraciones
mortales y solo los hombres pueden rasgarlo. Cada individuo tiene que
rasgarlo por sí mismo. Y cada individuo que lo rasga lo hace más fácil para
aquellos que siguen. Este es el porqué los cielos se alegran por ti, Christine.
Finalmente cogiste tu gran tristeza y la ofreciste a Dios sin restricciones, y
toda la fuerza y el peso de tu carga, cuando fueron transmutados pudieron
rasgar el velo por ti. Permitiste a tu corazón volverse más suave, en vez de
endurecido por la experiencia, y por lo tanto pudiste aprender a creer, sin
preguntas, ni dudas. Es una gran tristeza, una rotura en el corazón, que
permite que el corazón se parta, o se abra- y esta apertura se puede utilizar
para alcanzar una gran fuerza y progreso, si se sumerge uno en su completa
manifestación- o esta apertura puede ser inmediatamente reforzada, sellando
el dolor y arrugando las fibras del alma. Es decisión de cada individuo cómo
reaccionar ante esto. La fuerza de Dios puede ser usada por él, o la amargura
del infierno puede cubrirlo por siempre en su oscuridad.
“¡Qué hermoso! ¡Qué hermoso es conocer cosas así!” exclamé,
maravillada por la simplicidad de esto.
“¡Si, es hermoso! Y para ti, Christine, el velo se ha ido para siempre. Tú
puedes pasar de un lado al otro, como la ocasión lo requiera.
“Hay aún un gran trabajo para ti en la tierra. Se te necesita allí en tu
forma mortal y tangible. Tu trabajo será variado de acuerdo con las
necesidades de los hombres. Tú también tendrás el privilegio de escribir un
registro parcial de tu experiencia, la primera en recibir una tarea así. Si
necesitas ayuda, Annalee te ayudará”.
Él dejo de hablar y miré a la multitud que me rodeaba. Sentí su amor
vertiéndose sobre mí. Sentí que conocía a todos y cada uno de ellos- que
nuestros corazones se habían fundido como uno solo, en completa,
permanente unidad. Y yo estaba segura que cada uno de ellos me conocía,
quizás mejor que yo a ellos. Ellos habían visto mi progreso, me habían dado de
su fuerza, habían guiado mi camino al yo haber respondido a su ayuda.
Como uno con cuerpo mortal podía soportar la grandeza de las cosas
que estaba experimentando, no lo sé a menos que mi cuerpo fuera acelerado
por el Espíritu de Dios.
Estos grandes seres estaban vestidos, no con ropa- en puro tejido de
luz. Era luz glorificada, resplandeciente de esplendor- viva Luz eterna.
Había hombres y mujeres. Todos actuaban como uno en el gran amor
que enviaban para recubrir todo, la tierra, la humanidad, el universo.
Y la vibración de esta canción que se había ido desarrollando en mi
corazón era su canción- era la “NUEVA CANCIÓN”- la canción de Dios que solo
los justos pueden aprender. Había sido un débil eco en mi alma, y este débil
eco se había convertido en una fuerza viva de realización. Luego me di cuenta
de que la canción siempre está allí, avanzando. Es la pura vibración de
gratitud y amor y alabanza y pura devoción. Y cuando cualquier corazón se
abre, incluso una pequeña fisura que permita su entrada, ella ayuda al alma a
abrirse a cosas más grandes.

27
Es cuando esta preciosa melodía de amor se convierte en la viva esencia
del ser que su fuerza comienza a hacerse manifiesta. Es la vibración misma de
la vida glorificada, espontanea. Es cosa de toda la humanidad expresarla, y
aquellos que desarrollen “oídos para oír”, que significa el poder de SENTIR,
esta canción se convertirá en una fuerza siempre creciente. Cada individuo
que desarrolle el poder de oír tiene la capacidad de multiplicar su volumen y
enviarlo hacia fuera a tocar los corazones cargados de un mundo cansado.
Esta canción es una oración, una oración espontanea, pura. No es una
oración de “Dios, dame-”. Y aquel que cante esta canción en su alma será
glorificado. Es una canción de gran gratitud, nacida del amor. “Aquel que es
agradecido por todas las cosas será glorificado, y las cosas de esta tierra serán
añadidas en él por cien veces, y sin duda más”.
Era esta canción interior de alabanza que me había elevado de la
habitación llena de bichos a una cien veces mejor. Y al continuar alabando y
adorando, estas cien veces se incrementan y continúan incrementando- por
siempre.
Y aún este poder de incrementar no es su completo propósito. Este
poder para multiplicar las bendiciones es la ley bajo la que opera.
Su propósito es abrir, o más bien, fundir el corazón para que el velo de
la incredulidad pueda ser conquistado. Produce y desarrolla un amor tan
grande que todas las cosas se funden delante suyo. Contiene un amor que
olvida al ego completamente y con una infinita ternura desea solo que se haga
Su voluntad. Perfecciona esta completa liberación de todos los deseos
personales- y solo entonces puede el individuo convertirse en glorioso- y solo
esta ES Su voluntad.
Fue entonces cuando entendí el dolor, el sufrimiento y la tristeza que
rompe el corazón, en su verdadera luz- no como un castigo de Dios, pero como
bendiciones, ya que en ellos están contenidas las llaves del progreso, Luz,
fuerza y completo dominio. En sí mismos, eran justo lo que aparentaban ser,
cargas insoportables, pero cuando se aceptan y se recubren en la fe y el amor
del hombre, pueden ser transmutadas en completa gloria eterna. El hombre
tiene verdadero dominio sobre ellos, si lo usa. Ellos (el dolor, el sufrimiento y
la tristeza) contienen el poder para poder cambiar la oscuridad en luz, la
pobreza en abundancia, la tristeza en éxtasis, el dolor en alegría. En el hombre
están las llaves y el poder y el dominio para mandar sobre ellos (el dolor, el
sufrimiento y la tristeza), para amansarlos- para glorificarlos. O para ser
destruido por ellos.
Qué simple es cuando uno lo entiende. Verdaderamente los “Misterios
de la Divinidad” son los misterios de la gran, simple verdad de las leyes de
Dios. Es el entendimiento de estas leyes que es verdad eterna- la verdad que si
se usa hará a uno libre por siempre.

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7. EL DÍA DEL JUICIO

“Mira de cerca, Christine, y mira el mundo,” dijo la suave y penetrante


voz del ser glorioso que estaba al cargo de la asamblea.
“El drama más grande del universo está siendo representado en el
mundo en este momento. Es la escena que todo el Universo está mirando, ya
que el drama está casi acabando, el clímax se acerca.
“El hombre es el crisol en el que las fuerzas de luz y oscuridad están
vertiendo sus fuerzas- por eso es el Día del Juicio- no como ha sido entendido,
pero como realmente es- no un día, de acuerdo con el pensamiento humano,
sino un periodo de tiempo en que cada hombre se está juzgando a sí mismo.
Verdaderamente Cristo no juzga a nadie. Cada hombre se juzga a sí mismo,
como listo y merecedor de ir a los reinos de luz- o ser enviado a más bajos
mundos, a menudo inferiores, para progresar lentamente a través de los
próximos años. Cada hombre calibra su propio medidor- mide su propia
velocidad- toma su propia decisión. Casi es posible predecir exactamente el
futuro de cada individuo, por las semillas que ellos plantan en sus corazones,
y conforme con esto, ellos cosecharán. Nadie necesita que le digan qué va a
producir cada árbol del huerto. Está establecido desde la misma plantación de
la semilla.
“Quien siembra vientos, recoge tempestades”. “Así como siembren, así
deberán cosechar”.
“Para algunos, la segunda muerte es todo lo que les queda,” añadió el
locutor.
“¡La segunda muerte!” exclamé. “¿Existe realmente una cosa así?”
“Oh si. Pero mira y entenderás la gran compasión de incluso esto.
¡Mira!”
Y miré hacia abajo y vi que el suelo era un mar de cristal, un telescopio,
una gran lente, no sé cuál, o cómo, o qué- solo que era capaz de contemplar la
tierra entera- toda- y los habitantes. Vi las grandes fuerzas de luz vertiéndose
encima de la tierra desde este grupo, desde otros grupos- desde el mismísimo
trono de Dios, con un brillo siempre en aumento. Estaba siendo vertida cada
vez en más cantidad sobre todos los seres.
Vi que estos grandes y poderosos Hijos de Dios, estos, que estaban
reunidos en la gran Iglesia del Primogénito, la divina Hermandad de Luz eran
aquellos que superaron MIENTRAS ESTABAN EN CARNE. Este grupo heredó
un lugar y una gloria muchísimo mejor que, incluso, aquellos que vivieron
muy buenas vidas. Aquellos que solo vivieron buenas vidas, y aún y así se ven
superados por la carne, se decepcionaran si habían estado esperando una
gran recompensa. A no ser que uno aprenda a cumplir las grandes leyes de la
bondad aquí, durante esta vida, no puede ser elevado a los reinos celestiales.
La muerte no crea a un ser divino, o hace un cambio celestial en nadie. Solo
revela completamente, para sí mismo, lo que uno realmente es, su
merecimiento o no, según sea el caso. Es el completo descubrimiento de uno
hacia sí mismo, y a menudo es bastante chocante.
Mientras la luz estaba siendo vertida desde los grandes, divinos reinos
de Dios, vi a bastantes de los humildes buscadores subir su cabeza, con una
escucha interna. Contemplé a esta luz empezar a penetrar en sus corazones,
como lo había hecho el mío. Vi como esta luz calentaba sus almas mientras su
bondad comenzaba a incrementarse en la tierra. Sentí, más que oí, el canto de
permanente gratitud y amor tocar sus corazones con su fuerza de despertar,
sanadora, y su propia respuesta a esta gloria. Vi el poder de esto, la
impresionante maravilla y majestad de esto. Sentí su magnitud, su vibrante y
permanente agradecimiento y amor tocar sus corazones con su fuerza de

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despertar, sanadora, y su propia respuesta a esta gloria. Vi el poder de esto, la
impresionante maravilla y majestad de esto. Sentí su magnitud, su vibrante y
permanente fuerza, y supe que eran esos rayos o vibraciones de luz viva lo que
había tocado mi mejilla, penetrado en los oscuros huecos de mi mente,
calentado mi alma, así como estaba haciendo con muchísimos más.
Manteniendo la mente de uno sin sellar y abierta, su influencia puede entrar y
crecer. Así cada hombre es su propio juez. Él se condena a sí mismo con su
ciega, sellada, cerrada, estrecha opinión, resentimiento, amargura o dureza en
el corazón; o se permite a sí mismo pasar a un grado más alto de progreso.
Contemplé aquellos en sitios elevados, y aquellos en malos barrios, y en
los muchos caminos ordinarios de la vida, empezar a resistirse a la luz- el
orgulloso porque esto destronaría su orgullo- el malo porque ellos amaban a la
oscuridad más que a la luz. Ellos son como las cosas sucias de la tierra que no
pueden soportar la luz solar, y se arrastran debajo de tablas y piedras y
profundas cavernas para escapar de ella.
No se puede escapar de la luz mientras se está vertiendo, excepto
agarrarse a la oscuridad- y luego la oscuridad toma el control- y de aquí no
hay escapatoria.
Aquellos que se han considerado a sí mismos como los más santos de la
tierra, están luchando más fuerte que la mayoría. Esta luz está tomando el
poder usurpado a Dios y devolviéndolo a donde pertenece- el gran poder que
fluye sin restricciones entre Dios y toda la humanidad, a no ser que esté
bloqueado por la usurpación y el fanatismo de sus líderes. Aquellos que se
han posicionado para bloquear el flujo de esta fuerza para todos, están siendo
o serán pronto empujados a un lado.
Y escucho el canto antiguo y veo el poder de este: “Dios está quitando a
los poderosos de sus sillas, y elevando aquellos de bajo rango”. Vi a estas
palabras tomar vida. Vi el Espíritu del Señor, mientras se vertía en la tierra,
empezar a desmoronar autoridades, y naciones mientras los líderes y los
políticos y poderosos trataban de mantenerse en sus puestos. Yo los vi alargar
su mano con sus mentes cegadas y agarrar y arrastrar a la oscuridad hacia
ellos como la única arma con la que ellos podían luchar. Y entonces, por la
dureza de sus corazones y la ceguera de sus mentes, ellos fueron encadenados
con las mismísimas cadenas del infierno. Y el velo de la incredulidad creció
más denso debido a la gran maldad de los líderes. Así que habiéndose juzgado
a sí mismos como indignos o no preparados para la luz, y rechazándola, ellos
se pusieron a sí mismos a empezar a luchar contra el mismo poder de Dios, y
a perseguir a los Santos de lo Más Alto. Y así ellos serán retardados por su
orgullo por muchos años, ya que el orgullo es la mayor arma de las fuerzas del
infierno.
El orgullo es la falsa joya, la gema falsificada, llevada como una
diadema por aquellos que se satisfacen por la apariencia de las cosas. Pero
aquel que lleva esta joya barata falsificada tiene el sello de Lucifer en su
frente, y a menos que se deseche las fuerzas de la oscuridad reclamaran al
individuo que lo lleve- para esto es un sello. Este orgullo es la principal arma
de la oscuridad. Engendra el odio y los celos, la avaricia y falsedad, y ciega los
ojos de los hombres. Endurece sus corazones y fortifica el velo de
incredulidad.
Luego contemplo aquellos- muy pocos- que sus vidas han sido tan
malvadas, tan llenas de vergüenza, tan envueltas en la oscuridad, tan
corruptas y malignas que cuando la gran revelación les viene, ellos suplicaban
no existir- la segunda muerte- ya que ellos no podían soportar la carga de sus
pecados. Para ellos no hubo perdón porque ellos no habían pecado por
ignorancia o debilidad, sino con conocimiento y fuerza, sabiéndolo y

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queriéndolo. Fue cuando sus obras fallaron y el gran shock de su malicia se
reveló totalmente ante ellos, que tuvieron que morir ya que no podían de
ninguna manera posible llevar la insoportable carga de sus crímenes. Sólo la
muerte espiritual puede traer alivio a un sufrimiento tan grande como ellos
habían creado. Ningún alma puede continuar existiendo y soportar una carga
tan grande. Para ellos la segunda muerte era el acto de compasión más grande
posible. Solo mediante esto podían el conocimiento y la memoria de sus
crímenes ser consumido, ya que solo para estos que han llegado al punto de
haber pecado no solo contra ellos mismos y contra Dios, de todas las maneras
posibles, sino también han pecado contra la raza humana- Han derramado
sangre inocente y luchado constantemente para destronar la Luz y elevarse
ellos mismos en su lugar. Estos fueron los que deliberadamente atraparon con
trampas las almas de los hombres, que han traído incalculable miseria y
sufrimiento y oscuridad a la tierra. Para ellos sería un gran alivio morir la
segunda muerte- esta muerte era a menudo como una muerte física, lenta y
prolongada- y torturante. Para algunos vino por centímetros. Para aquellos
que mueren su segunda muerte es necesario dejar sus años de existencia
consciente, liberar sus individualidades, sus eones de desarrollo, sus almas,
para ser absorbidos de vuelta como energía en los fuegos eternos de la gran
Luz eterna- Ya no más como una entidad consciente- no más- nada.
Todos los demás serán salvados a la larga- en cierto grado. Pero hay
tantos grados de salvación como hay ideas del cielo en las mentes de los
millones de Cristianos.
Es una cosa estúpida y en vano para los hombres, ir por ahí chillando
que ellos han sido salvados. ¡Por supuesto que lo han sido! Serán salvados
todos los hombres, excepto los hijos de la perdición, aquellos que han
merecido solo la segunda muerte, y son muy pocos. Ser salvado no es un gran
mérito para nadie. Este es el regalo que Cristo dio. Ningún hombre realmente
se lo tiene que ganar. Su única responsabilidad es pedirlo, para no perderlo.
Pero hay los seres elevados, aquellos que por sus propios esfuerzos, por
el desarrollo y practica del amor, del compasivo, tierno, agradecido amor de
Cristo, han ofrecido sus corazones rotos y han reunido para ellos la Luz en
una vibrante melodía de eterno poder para dominar la tierra, las malas
condiciones que hay en ella, y la oscuridad de la misma. Estos son aquellos
que han “SUPERADO” y recibiendo el poder de Dios, avanzan con todas las
cosas bajo sus pies. Este grupo es la Iglesia del Primogénito. Ellos vienen de
cada credo, de cada nación, de los caminos grandes y pequeños de la vida, de
ciudades y aldeas, de desiertos y montañas. Ellos son reunidos de acuerdo
con su poder para rasgar el velo de incredulidad. Estos son los que han
aprendido el poder del corazón roto, que, caminando con arrepentimiento de
espíritu y amor perfeccionado han superado las cosas. Ellos no están
manchados por los pecados del mundo. Estos son los que se “Han purificado a
sí mismos”.
Aquellos que han vivido vidas ordinarias de bondad tendrán un alto
grado de gloria y felicidad, de acuerdo con sus méritos.
Pero solo aquellos que han superado todas las cosas en esta vida son
totalmente elevados.
Este gran juicio es tan variado como son las vidas individuales de los
hombres. Para cada uno habrá su propia recompensa- su propio lugar- su
propio cielo.
Esta gran dispensación del Espíritu del Señor está llevando todas las
cosas a madurar más rápidamente. El tiempo está siendo recortado por esto.
Esta gran dispensación del Espíritu del Señor que está empezando a cubrir la
tierra, así como las aguas cubren el mar, es dinámica en su alcance y en sus

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resultados. Está siendo dispensado sobre todos los seres, pero no toda la
gente está respondiendo a sus rayos sanadores y purificadores. “Sus hijos y
sus hijas profetizarán”, pero sus mayores y sus gobernantes primero los
condenaran por esto, y harán cualquier tipo de mal para silenciarlos.
En esta gran dispensación de luz no hay paredes para esconderse
detrás- ni cortinas que bajar. Las mismísimas almas de los hombres destacan,
radiografiadas contra los antecedentes de sus vidas- y sus vidas son
radiografiadas y consideradas en relación a sus antecedentes de sus
ambiciones, sus deseos, sus debilidades y sus fortalezas. Las debilidades y los
errores pueden ser envueltos en compasión, mientras que aquellos que han
luchado deliberadamente contra la luz y la verdad de Dios, como muchos
están haciendo, pretendiendo estar sirviendo a Dios, encontrarán que el juicio
cae fuerte. A través de esta luz ninguna cosa permanece desconocida o sin
revelar. Nadie puede esconderse, cubrirse o taparse de la luz. Nadie es
olvidado. Nadie puede escapar.
Mientras estaba allí en este impresionante intervalo mirando en las
mentes y los corazones de los hombres, si, incluso en lo más profundo de sus
almas, era como estar viendo con el “Ojo que Todo lo ve” del Todopoderoso.
Aquellos que estaban respondiendo a las vibraciones de amor y luz,
incluso en un pequeño grado, se detectaban instantáneamente. Para ellos, las
grandes puertas se abrían ampliamente. La gran asamblea de estos seres
poderosos, vertía su amor, inspiración, dirigiendo, asistiendo en cada posible
manera, dando ayuda constante y ánimos, aunque sin ser vistos. Ellos vertían
consuelo y fuerza de acuerdo con el poder del individuo para recibir.
Nadie que pide ayuda es rechazado, abandonado o no es escuchado.
Siempre se da tanta ayuda como es posible dar bajo las circunstancias del
individuo, y las circunstancias dependen totalmente de la receptividad y la
condición de la persona que necesita ayuda.
Hay ayudantes siempre desde esta parte que no se ve, preparados y
entusiasmados para asistir a cualquiera que sinceramente busca y pregunta.
El único requisito es que la petición sea sincera. Solo la sinceridad, profunda y
decidida pueden preparar cualquier alma a recibir ayuda, o a usarla si se da.
Estos grandes seres solo pueden asistir. Ellos no pueden hacer el trabajo por
otro. Esto es algo imposible- como tampoco uno puede morir por otro- ni nacer
por otro.
Y hay también aquellos ayudantes que están trabajando en la tierra,
que aún están en su forma física, que pueden ser vistos, pero no reconocidos
por la gran mayoría. Pero para cada persona que sinceramente pide ayuda,
que busca, o desea, o se esfuerza, se le envía ayuda. A veces puede ser a
través de un pensamiento inspirado entrando en la mente, un artículo
impreso, un libro, una palabra, una frase, o un mensaje completo dado al
alma como una gran revelación. Las indicaciones vienen constantemente para
aquellos que abren sus mentes y corazones a su continuo flujo.
Los únicos que no pueden ser ayudados son aquellos que están
cerrados- bien porque creen que ellos ya poseen toda la luz y toda la verdad- o
aquellos que están completamente endurecidos por el crimen. Nadie en una
vida mortal puede poseer toda la Luz- si pudiera ya no sería mortal. Pero solo
aquellos que se dan cuenta que no pueden poseer toda la luz posible de
recibir, están abiertos para recibir más, y aún más.
Al comprender el constante y tierno cuidado que me habían dado tan
generosamente, mi corazón se fundió completamente en lágrimas de profunda,
eterna gratitud.
Contemplé el asombroso, maravilloso, literal cumplimiento de: “Los
mansos heredarán la tierra”, así como se empezaba a desplegar. Yo vi su

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mansedumbre desarrollarse y volverse poderosa en su fuerza mientras que los
orgullosos y los altivos empezaban a ser derribados de sus altos y poderosos
asientos.
Tuve un momento de gran dificultad para adaptar mi mente para recibir
el conocimiento de que algunos de los más soberbios de entre todos los
hombres eran los líderes de las iglesias. Mientras lo contemplaba sentí venir
una gran vergüenza ajena por ellos. Muy, muy pocos de los que clamaban ser
los embajadores, o representantes de Cristo tenían algún rasgo como los de
Cristo. Incliné mi cabeza y deseé con toda mi alma que yo pudiera compensar
a Dios, de algún modo, por la completa parodia de su servicio vacío. Ellos casi
se levantarían en masa para luchar contra el mismísimo Hijo de Dios si Él
apareciera para reprenderles por usurpar Su poder para glorificarse a sí
mismos. Ellos estaban incluso empujando a Dios a un lado y poniéndose ellos
encima como Sus portavoces. Ellos eran “La Palabra Ciega de Dios, ya que sin
duda, eran los líderes de los ciegos”, la mayor tragedia de todas.
Pero gracias a Dios no toda la humanidad es ciega. Los mansos y los
humildes están respondiendo más y más a la luz- la gloria eterna- la misma
voz, o “La Palabra del Señor es Verdad; y lo que es Verdad, es Luz; y lo que es
Luz, es Espíritu, hasta el Espíritu de Jesús Cristo”- cuyo Espíritu es la gran
vibración de amor y luz y inteligencia y poder. Es la Luz interna de Dios que
está en el interior de todas las cosas. Es la luz interior que está en el centro, o
en el interior de todas las cosas, que están siendo contactada por la gran
dispensación de luz del cielo. Es la combinación de estas dos luces que
despierta a uno al servicio, a la vida, y a la gloria y, con el tiempo, a la
perfección.
Y así vi el comienzo del camino de los mansos y el principio de la re-
dedicación de la tierra a ellos. Yo los vi empezar a elevarse de sus humildes
puestos, mientras eran poco a poco siendo rellenados por la luz, de acuerdo a
sus capacidades individuales. Y la luz que recibieron fue la gran Luz, la Luz
del poder, hasta el poder del Todopoderoso.
Así es el principio del Día del Juicio. Y así es su fin.
Lo demás que se me dio no lo puedo compartir. Incluso si pudiera,
nadie podría ser capaz de comprenderlo, excepto aquellos que ya han rasgado
el velo de la incredulidad. Y ellos ya lo saben.
Y finalmente me fue dado la bendición sagrada, y las palabras:
“Christine, eres ordenada con un llamamiento sagrado para ayudar a extender
la Luz sagrada. No la des a nadie que no la merezca, para que no lo hiera o lo
consuma. Esto es lo que Cristo quiso decir cuando Él ordenó a sus apóstoles
de permitir que su paz vuelva a ellos siempre que ellos contactaran aquellos
que no podían recibirla, o que no eran merecedores.
“Reparte la Luz, Christine. Permite que brille, pero solo con el grado que
los individuos estén preparados para recibir, ya que demasiado de una sola
vez destruye.
“Trata cuidadosamente el alto camino sagrado de lo divino.
“Siempre que haya una tarea demasiado difícil, llama y llegará ayuda.
La fuerza de todo está detrás de cada uno. Este es el poder de la unidad, de la
verdadera hermandad en lo Divino.
“Que Dios esté contigo- por siempre- y por siempre- Amén.”
Y la canción se incremento en volumen y esplendor y gloria-
Y yo también, estaba vestida de Luz al arrodillarme en la entrada de la
eternidad, como un humilde hijo de la tierra que se convierte en un miembro
de la Iglesia del Primogénito.

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8. MÁS ALLÁ DE LA LEY DE LA GRAVEDAD

La ley de la gravedad, como la hemos aprendido, afecta a la tierra y a


todos los cuerpos físicos y cosas: Se ha entendido en un sentido literal como la
ley de: “Todo lo que sube tiene que bajar”, o caer otra vez en el seno de la
tierra. Esto es verdad hasta dónde llega, pero no llega demasiado lejos.
Cada cosa que existe tiene su contrario- la noche, el día- lo positivo, su
negativo- el polo norte, su polo sur. El mismísimo poder de la creación y la
existencia trabaja de acuerdo a los dos polos o fuerzas opuestas. Cuando ha
completado su realización, en su completa unidad, el hombre no está sin su
compañera, ya que “el hombre no es sin la mujer, ni la mujer sin el hombre,
en el Señor”. Esta frase alcanza tan lejos como la eternidad, ya que nada
existe realmente en la creación que no esté compuesto por los dos polos o
fuerzas opuestas, masculino y femenino, positivo y negativo, la luz y la
oscuridad, o como se quiera analizar o expresar. En el gran poder divino de la
creación y la existencia, estas dos fuerzas tienen que existir. Así uno no existe
sin el otro en el Señor, ya que en estas fuerzas se hacen manifiestos Sus
poderes de creación y de todas las cosas que existen.
Incluso el átomo está compuesto de sus electrones y neutrones
evolucionando alrededor del núcleo central, o poder de Dios, que está en el
interior de todas las cosas.
La ley de la gravedad es la fase negativa de este plano de existencia. Es
el aspecto femenino, de la noche, la manifestación neutrónica o negativa del
principio divino. Es el aspecto mortal, o físico, o aspecto materno del polo de
creación y equilibrio. La gravedad es la acción física completa de la existencia
material. Es la ley de la forma tangible, densa, terrenal. Es la ley de la
“materia” tangible, que, en muchas lenguas, es casi literalmente “madre” (N.
del T.: en inglés “matter” y “mother”). Pero siempre, para cada cosa existe su
opuesto en la existencia, aunque no siempre manifiesta a los ojos del
entendimiento mortal.
Y siempre, equilibrado con lo mortal, o el plano físico, está lo espiritual.
Contra la ley de la gravedad descansa la ley de la levitación, el aspecto
espiritual de la ley eterna de la creación y la existencia.
La tierra, en su densidad enorme, física, permanece pesada y
voluminosa. Sus rocas y arenas compactas, inamovibles, aparentemente sin
vida en su gran peso. Con todo, con el toque del sol y de la lluvia, el suelo
brota con lujoso crecimiento, imbuido de vida. Las hojas de hierba, los árboles
subiendo, siempre hacia arriba. Esta es la ley de la fase espiritual de la
existencia en su menor manifestación. Es la ley del crecimiento, de la
levitación de una manera suave, poniéndose de manifiesto en un pequeño
grado.
Y esta tierra voluminosa gira sobre sí misma con sus alas,
majestuosamente en medio de los reinos de luz. Flota sobre la amplia
extensión de espacio como una pluma en la brisa- aunque su rumbo no es
llevado ciegamente por cualquier circunstancia o un caprichoso viento. Guiada
por la inteligencia, su rumbo es dirigido y controlado. Este poder de flotación,
esta velocidad de sus alas de luz, es la completa manifestación del polo
opuesto al polo de gravedad. Es el polo de levitación. Es el polo espiritual,
opuesto al polo físico, mortal, negativo, de la gravedad. Es la manifestación
positiva de la gran ley eterna de creación y existencia.
En su manifestación física, esta ley de la gravedad atrae todas las cosas
que le pertenecen de vuelta a ella. Atrae a sus niños de vuelta cuando se
vuelven viejos. Los mismos cuerpos de la humanidad se encorvan más y más
hacia la madre tierra al multiplicarse los años. Todos los cuerpos físicos se

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han construido a partir de elementos de la tierra, y serán devueltos a su seno,
a su tiempo, si el fin espiritual de esta gran ley no se descubre y se usa por los
niños de la tierra, cuyos pies comienzan a arrastrarse con más pesadez a
medida que el tiempo avanza. El cuerpo físico en su totalidad, empieza a
hundirse hacia la tierra con mayor y mayor desgana por expresar su fuerza de
flotabilidad. Incluso la carne empieza a sentir la atracción tirante de la
gravedad, y líneas profundas y arrugas aparecen. Estas aumentan y se
multiplican con el tiempo. Esta flacidez de la carne con la edad es la
manifestación del polo negativo de la existencia, la ley de la gravedad en
completa acción cumpliendo la manifestación de su fase física y mortal de la
gran ley. Es la ley de la tierra, o ley de la gravedad, que todas las cosas
llamaran hacia sí mismas lo que les pertenece. Esta es la ley de la fase
material de la existencia.
Pero como que todas las cosas fueron creadas primero espiritualmente,
yace en estado embrionario en el hombre también el aspecto positivo de la
gran ley, los poderes espirituales, que están esperando ser manifestados por
aquellos que pueden empezar a desarrollar las posibilidades ocultas que
esperan a ser expresadas. Como la ley de la gravedad es el aspecto negativo, o
femenino del principio de la existencia, o la manifestación del principio de la
madre, así es que cuando un niño madura poco a poco se aleja del pecho de
su madre y de su cuidado constante, y más y más se desarrolla hacia el reino
de su padre de independencia recta.
La ley de la gravedad, la ley que tira y arrastra hacia sí mismo lo suyo,
se manifiesta en la humanidad tan claramente como se manifiesta en la tierra-
o en el universo. La ley de la gravedad es la ley de la materia, de la substancia
tangible, de la existencia física y mortal. Y el hombre es una parte de esta
existencia.
Esta ley de lo físico se manifiesta continuamente en el hombre en la
adquisición de cosas terrenales, la acumulación de posesiones y bienes,
mientras busca arrastrar hacia sí mismo las cosas que le pertenecen por la ley
del esfuerzo. En esta ley de la gravedad que arrastra, está también la ley de
repeler las cosas que no son suyas por derecho. Ninguna fortuna se reúne
ilegalmente sin tener una maldición sobre ella- o la ley natural de su fuerza de
repulsión. Una riqueza reunida así nunca puede ser mantenida por mucho
tiempo. Ella se escapa. No trae alegría y a menudo trae desastre.
La luz atrae hacia sí misma las cosas de luz, o, “La luz se junta con la
luz”, y la oscuridad atrae hacia sí misma oscuridad.
Así que cada individuo, de acuerdo con la fuerza y el poder de su ser,
atrae hacia sí mismo lo que le corresponde, e inconscientemente repele aquello
que no es suyo por derecho. Si él roba aquello que no le corresponde, él ha
roto la ley más baja de la gravedad terrenal, y la vergüenza por algo así es
grande y el justo castigo seguro. Él ha violado la más baja ley del ser mortal y
ha roto una de las más bajas leyes mortales, por esta razón él es considerado
más bajo que mortal. Hay muchos así. Cualquiera que sea deshonesto en el
menor grado en sus relaciones con sus prójimos, es conocido como sub-
mortal. Y a menudo estos, que están clasificados entre los más altos animales
son los más elogiados entre los hombres, aunque más bajos entre la
clasificación común mortal.
Y más se desarrollan las tendencias negativas, y más la fuerza repele lo
bueno. Y solo lo bueno es felicidad, solo lo bueno contiene el poder que es
constructivo, glorioso y lleno de poder eterno. Aquellos que acumulan fortunas
de manera deshonesta es posible que escapen de su castigo en este mundo,
pero bajo sus descendientes caerá la maldición, ya que todos los bienes
reunidos de manera ilegal llevan con ellos por siempre la carga de la ley rota.

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La codicia es un instinto animal, y cuando se desarrolla, trae los méritos de
las bestias. Ser considerado sub-mortal, o sub-humano, es un estatus del que
todos querrían escapar, si se dieran cuenta del valor de las riquezas que han
perdido por una ganancia vacía, temporal y sin sentido.
Para el que camina en la luz, con una canción de amor y gratitud en su
alma, las cosas de luz se empiezan a juntar. Él las atrae hacia él, sin duda,
como el sol atrae sus energías difusas o dispersas, como la tierra reúne de
nuevo su polvo, el fondo del océano sus sedimentos, el mar sus aguas. Esta es
la ley de la gravedad en acción. Es una fase de la ley de la existencia
manifestándose en cada esfera o ser mortal, tangible. Es la manifestación del
principio que está centrado en todas las cosas, en las profundidades del alma,
en el interior de todas las cosas. Y el polo opuesto es el principio divino del
poder espiritual- hasta el poder de la levitación, para ascender, para glorificar
y para exaltar.
Cada cosa que existe tiene su propio centro entre los polos de gravedad
y levitación. El centro del hombre es el centro sensible en su corazón. Está en
las profundidades de su ser interior. Está equilibrado de acuerdo con los
pensamientos en su alma, o los deseos en su corazón. Si sus pensamientos
son de miedo o avaricia, odio o envidia, discordia o desorden, entonces esta es
su propia fuerza de gravedad en su forma más negativa. Y estas vibraciones
oscuras son suyas, y la ley de la gravedad las llamará continuamente hacia él,
atrayéndolas, multiplicadas con su carga negativa, tangible.
Hay miembros de la sociedad que constantemente se balancean en el
columpio de estos dos polos opuestos. Sin embargo, esta fase de la existencia
está casi acabada. La gran dispensación de luz del cielo pedirá que cada
hombre encuentre su lugar, haga su elección, ya sea aceptando o rechazando
la luz. No habrá más individuos tibios, indiferentes, titubeantes. Ellos serán o
buenos o malos. Y todo será revelado.
Si, sin embargo, el corazón de uno ha desarrollado el gran amor, donde
la luz está centrada y se desarrolla en una melodía o vibración de gloria, los
dones empiezan a ser otorgados. Alguien así no necesitará más buscar su
propio beneficio, ni esforzarse frenéticamente por agarrarlo hacia él. Habiendo
empezado a desarrollarse espiritualmente, o a madurar hacia el padre, la gran
fase de las altas leyes empieza a hacerse manifiesta. Así es que la gran ley
espiritual del amor divino empieza a hacer oscilar a uno hacia la fase
espiritual o polo de la existencia. El amor perfeccionado es la realización
completa de la gran ley eterna del ser. Para alguien así, la manifestación física
terrenal, mortal, o aspecto gravitatorio se ha realizado y él se eleva por encima
de esta ley. Este es el poder del gran amor o ley, como lo reveló Pablo en su
divina revelación sobre la caridad. “Es el amor que ha sufrido por tiempo (sin
queja o amargura o resentimiento); es amable, no tiene envidia, no alardea de
sí mismo, no está hinchado por el orgullo, no se comporta mal; NO ES
EGOISTA; no piensa mal; no se alegra de la injusticia, pero se alegra de la
verdad.”
Este es el aspecto más elevado de la ley de creación y existencia en
comparación con el polo gravitacional o negativo. Es un desprenderse
completamente de las cosas, del yo, de todos los pensamientos y deseos
negativos. Es una liberación, una entrega. Es el cumplimiento de la ley que
Cristo vivió, “El Hijo del Hombre no tiene ningún lugar para apoyar Su
cabeza”. Y “Mi reino no es de este mundo”, con todos los aspectos negativos, y
los resultados negativos- y su ley de la gravedad mortal, terrenal y pegajosa.
Cuantas más posesiones tiene uno, más grande es la ley de la gravedad sobre
él.

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“Y toda la ley se cumple en esta frase: Ama a tu prójimo como a ti
mismo.
“Pero si vosotros sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.
“Los frutos del Espíritu son amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad,
bondad, fe, mansedumbre, temple; CONTRA ESTO NO HAY LEY” (Gal. 5:13-
14, 18, 22 y 23).
Aquellos que pueden cumplir o desarrollar este gran amor crístico, con
compasión, de perdón, se han elevado por encima de la ley terrenal y son
completamente libres de ella. No son más gobernados por ella. Ninguna iglesia
en la tierra puede de aquí en adelante mandar sobre ellos, ni ser su ley su
guía, ya que las leyes de la iglesia han sido cumplidas y ya son obsoletas, y
ellos son admitidos en la más alta asamblea, hasta la Iglesia del Primogénito,
la Asamblea de los Justos hecha perfecta, hasta la gran Hermandad de Luz.
Esto es verificado por Cristo al revelar el gran poder contenido en los
dos mandamientos gloriosos que verdaderamente contienen todas las leyes, y
el cumplimiento de estas dos leyes divinas trae una profunda gloria
asombrosa, de poder eterno, de libertad y majestad- y divinidad.
Es la manifestación espiritual de esta ley de la existencia, de que lo
“similar atrae lo similar”, que cumple la ley de la gravedad y todas las cosas
conectadas con ella. Sus cadenas son liberadas, y uno se vuelve libre-
eternamente libre. Se empieza a manifestar primero en esta canción interior de
éxtasis, que son las vibraciones de amor y alabanza y gratitud y alegría en el
corazón. Es esta vibración de luz que eleva a uno por encima de la vibración
gravitacional, mortal, y empieza a espiritualizar el cuerpo físico del hombre. Es
un canto eterno de gratitud que hace a uno glorioso, ya que, “Aquel que es
agradecido por todas las cosas, será glorificado; y las cosas de esta tierra
deberán ser añadidas a él, cien veces; si, más”. Uno se libera de la ley de la
tierra y no necesita buscar lo suyo. Fluyen bendiciones hacia él,
multiplicadas, glorificadas y completamente espiritualizadas. En otras
palabras, “Todas las cosas se añaden a él” como se dio en el Sermón de la
Montaña.
El joven rico que acudió a Jesús por la noche había cumplido todas las
leyes de rectitud menos la ley del “dejar ir”, la que libera la última pretensión
de la ley de la gravedad y de la tierra.
El poder para superar la ley de la gravedad, cumpliéndola, luego
elevándose por encima suyo hacia su opuesto, trae la fase espiritual de poder
divino.
Los dos opuestos, gravitacional y levitacional, de la gran ley de la
existencia, están centrados en el corazón del hombre. Un corazón de luz tiene
que ser cultivado. Y el desarrollo de este canto de gratitud alabada, lleno de
amor, es el perfeccionamiento de esto. Un corazón de luz es uno que ha
echado a un lado sus cargas y sus miedos. La oscuridad, la desolación, los
miedos, tienen que ser echados fuera por una amorosa canción de devoción.
Es cuando esta profunda gratitud, cantada y alabada, se desarrolla de manera
que se convierte en parte de la naturaleza de uno mismo, que el alto reino con
sus gloriosas vibraciones de luz eterna se convierte en seguro. Así, la atracción
terrenal, negativa, de la gravedad tiene menos y menos influencia. Al cultivar y
desarrollar el corazón de luz, uno empieza a volverse glorioso. La canción
eterna de amor y gratitud, la oración de “Gracias”, empieza a abrir las regiones
de luz y a otorgar su poder. Es entonces que uno empieza verdaderamente a
oscilar hacia el polo de levitación, espiritual, positivo. Como el corazón está
protegido, esta canción de alegría, o alabanza y agradecimientos y éxtasis,
llámalo como quieras, empieza a desarrollarse, y la carne cambia
gradualmente y empieza a manifestar el aspecto espiritual, levitacional, en vez

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de la fuerza negativa, gravitacional. Así hasta la carne, con el tiempo, puede
convertirse en completamente espiritualizada y la ley de la levitación se vuelve
más natural que la manifestación física del inferior polo de gravedad.
Cuando el corazón es pesado, los pies son pesados ya que entonces la
fuerza de la gravedad está al control en su completa plenitud física. Cuando el
corazón es ligero, los pies son ligeros y el cuerpo entero flota y es alegre. En el
mismo centro del cuerpo de uno está el equilibrio y el poder del completo
control.
Era bastante necesario incluir esta información en este documento para
que las leyes más elevadas puedan ser, en alguna medida, comprendidas.
Esto es porqué la gran gloria de las leyes espirituales más altas, florece
en poder cuando el hombre ofrece a Dios la carga pesada de su corazón roto,
cuyo peso, si fuera mantenido, le ataría para siempre en la tierra con sus
cadenas, su edad vieja, su ley de muerte.
Es cuando uno puede “dejar ir” y ofrecer su carga a Dios, con una
liberación completa de sus ataduras, que uno se vuelve libre- libre de lo
negativo, de la atracción de la tierra, de sus dolores continuos, miserias y
angustias. Al ofrecer libremente el corazón roto, voluntariamente, sin
ataduras, sus cargas son liberadas, glorificadas y exaltadas. El hombre es
elevado a lo espiritual.
Cada carga, cada miedo, cada angustia, cada pena, puede ofrecerse así
cuando aparezca, o acumularse a lo largo del camino de la vida. Y al ser
“dejadas ir”, liberadas, sin ataduras ni restricciones, hacia el Señor, ellas se
vuelven santificadas y transmutadas en gloria y poder eterno. Si el hombre
pudiera empezar a comprender el inestimable valor de esto que él resiente y
rechaza tan intensamente y violentamente, conocería que dentro de las
dificultades se encuentra la palanca para elevar el mundo. Él se arrodillaría
con una profunda y humilde gratitud, agradeciendo a Dios con sincera
devoción por cada angustia, cada lágrima, cada dolor, ya que se daría cuenta
completamente de la gran fuerza que contienen estas cosas. De hecho, su
gratitud sola le glorificaría, pero además contiene el gran poder de
transmutación, el poder de transmutar cada condición, cada dolor, cada
angustia, en luz viva y resplandeciente y poder celestial. Es este poder que
puede abrir los mismísimos reinos de Luz.
Es la ley de la levitación, o liberación de la gravedad, conectada con la
gran melodía de gloria cantada en sus almas, lo que la gran asamblea, o la
Hermandad de Luz, usa en todo momento. Es esta ley divina de levitación la
que usan aquellos que trabajan para servir a la humanidad en su plena
capacidad como hijos de la Luz, o hijos de Dios, como prefieras.
Este es el poder para ir y venir, como la ocasión requiera, sin necesidad
de transportación física. Es la completa liberación del aspecto terrenal, mortal,
de la ley, o de la gravedad. Es la gran libertad para aquel que conoce la verdad
de la ley.
Para poder escribir lo que queda de este libro, para que pueda ser
comprendido, es bastante necesario revelar el aspecto espiritual de la ley
eterna de la existencia.
Cincuenta años atrás (N. del T.: el libro se escribió en 1954, por lo que
se refiere a principios de 1900) los científicos probaron desde un punto de
vista científico que era completamente imposible desarrollar algo que pudiera
transportar al hombre a través del aire. La misma ley de la gravedad desafiaba
una posibilidad como esta. En una pequeña medida estas insuperables
barreras de la ley de la gravedad han sido conquistadas en el plano físico.
Solo los locos niegan lo que ellos aún no han experimentado. El hombre
sabio mira hacia el futuro siempre con esperanza y con una mente abierta. Y

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sus esperanzas se convierten, con el tiempo, en logros alcanzados, los hechos
aceptados de la vida, probados y examinados, tangibles y reales, ya que él ha
probado sus esperanzas y las ha traído a la manifestación material.
Sí, “Prueba todas las cosas”.

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9. MENTES CERRADAS

Yo estaba otra vez, viviendo una vida aparentemente normal. Continué


en mi trabajo por un tiempo, ya que solo de esta manera podía llegar a
Martha, y a uno o dos más que estaban poco a poco siendo preparados para la
luz.
En este punto uno ya no habla sus propias palabras, sino que las recibe
de esta fuente interior de “todo-conocimiento”. Tampoco va uno por su cuenta,
sino que es dirigido de acuerdo con la necesidad o urgencia de la petición de
ayuda.
Hay incontables personas en la tierra, en el tiempo presente, que
parecen estar fuera del alcance de la ayuda. La ayuda no se puede forzar en
ningún hombre. La única manera para que se pueda dar la ayuda, es que el
individuo empiece a abrir su mente, y esto es difícil a menos que suelte sus
odios y prejuicios, y empiece a mandar amor. Él tiene que abrir su corazón y
su mente a la gran dispensación de luz que está aumentando gradualmente en
intensidad. Esta dispensación tiene que ser lenta y muy gradual, o consumiría
y destruiría en vez de despertar y desarrollar las posibilidades latentes en las
almas de los hombres. Todo y esta dispensación, muchos están caminando en
la oscuridad en el mediodía, y sus corazones y mentes permanecen
completamente selladas frente a la luz y la verdad.
Y tan sorprendente como pueda parecer, las mentes más cerradas son a
menudo las de los que gritan “Aleluya”, los “soy-más-santo-que-tú”, los
religiosos fanáticos, impregnados de fanatismo y con aires de superioridad
moral.
Hay también aquellos que están cerrados por “las tradiciones de los
padres”. Las religiones antiguas que fueron suficientemente buenas para los
padres, los abuelos, tíos, tías y generaciones de ancestros, no son
suficientemente buenas para la generación de luz que viene. Estas religiones
antiguas están tan anticuadas como las antiguas caravanas, y tan faltas de
vitalidad y eficiencia como las carretas de los pioneros comparadas con el
transporte moderno. Las cosas antiguas han llenado bien su sitio, pero tienen
que venir cosas nuevas. Agarrarse a las cosas antiguas que fueron buenas
para nuestros ancestros es arrastrarnos a nosotros mismos atrás a su época,
sin hacer nosotros sus progresos ni lograr las grandes cosas que ellos
lograron. No solo estaríamos permaneciendo quietos, parados, estaríamos
yendo hacia atrás. Estas ideas de agarrarse al pasado, a sus dogmas, a sus
rituales vacíos, trae consigo una generación muerta, sin vida, sin progreso,
viviendo de las ruinas de glorias pasadas, caminando solo en los pasos vacíos
del gran “ha sido”. Estos son los tiempos que son nuestros. Tenemos que
avanzar y vivir en ellos. Aquellos que se agarran al pasado y a sus cosas son a
los que el tiempo les pasa y la vida se queda en una experiencia muerta
porque no ha sido vivida.
Para estos, solo podemos dar un pensamiento pasajero de amor y
compasión infinita mientras nosotros continuamos nuestro camino. La gran
luz invisible no puede penetrar aquello que está sellado, cerrado. Acercarse a
gente así con palabras de luz y razonamiento divino, les hace discutir
instantáneamente. Instintivamente, ellos sienten la necesidad de defender su
posición. E instintivamente pasan a la defensiva, usando todas las armas de
las palabras a su disposición. Esta actitud es la manifestación de la oscuridad
sin progreso que representan. Ellos elevan sus voces para cerrar sus oídos
contra todo lo que está contenido ya en sus mentes selladas, ya que escuchar
les requeriría reajustar su pensamiento. Este reajuste es más difícil para
cualquiera que está cerrado, ya sea en las tradiciones de los padres o en

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doctrinas fanáticas. Es más fácil vivir en la falsedad que cambiar la mente de
uno, si uno no ama LA VERDAD más que ama la vida o que sus propias
opiniones. Un amor a la verdad profundo y sincero no permite cierres.
Para aquellos que no están abiertos a la Luz o a la VERDAD, en su
sentido más amplio, existen en ellos restricciones para progresar tan reales y
tan definidas como murallas fortificadas, que cada individuo ha construido a
su alrededor. La luz no puede penetrar estas fortificaciones, ya que están
construidas con oscuridad. Solo los que están aprisionados detrás de estas
murallas pueden empezar a liberarse, con humildad, que es este glorioso
espíritu arrepentido tan necesario para progresar. Esta es la ofrenda que Él
requiere, junto con la ofrenda y el sacrificio del corazón roto. Un Espíritu
arrepentido, tiene que ofrecer, o sacrificar, todo el fanatismo, todos los sellos,
todos los prejuicios, y volverse tan abierto como el corazón de un niño. Solo
este arrepentimiento de espíritu hace posible que la luz entre, y que la verdad
sea revelada.
Se necesita mucho coraje para abandonar las ideas por las que uno ha
vivido, ha trabajado, se ha agarrado y ha apoyado, y ver como se derrumban
en polvo y la nada. Pocos pueden afrontar una aparente catástrofe como esta.
Este abandono y desprendimiento de todas las opiniones requiere más coraje
del que la mayoría posee. Para algunos es más fácil abandonar sus vidas que
abandonar sus opiniones. La Verdad y la Luz solo pueden entrar en un
corazón abierto- el corazón que ha dejado ir- el espíritu que se ha vuelto
humilde, arrepentido y con ganas de aprender.
La religión pura e incorrupta, es tan simple, tan completamente
hermosa, que su gran simplicidad es una piedra de tropiezo para aquellos que
fijan su orgullo en exhibiciones y rituales. Su simplicidad pura es perfección, y
entonces no es deseada, o entendida. La verdadera religión no necesita los
apoyos de grandes oraciones escritas, y sermones aprendidos, no necesita
altos altares ni iglesias magníficas, o catedrales ricas. El hombre es el templo
de Dios y en su propio altar, en el centro de su alma, arde el fuego eterno de la
devoción pura. Es aquí donde se envía la gran ofrenda de amor, donde se
destila completamente la pureza del alma, y se desarrolla la humildad del
corazón, y se realiza la pureza de mente. Para estos el amor por un vecino es
ya una realidad perfeccionada, y no es una obligación visitar a las viudas y a
los huérfanos, sino un privilegio divino. Para estos, cada hombre es su
hermano y los ama como él se ama a sí mismo, quizás más. En su corazón el
universo es uno. Uno así no podría consumir más riquezas en su propia
codicia, mientras algún miembro de la sociedad sufra, que Cristo podía haber
reunido para sí mismo los tronos de la tierra y las riquezas y honores. El gran
test que el joven rico no pudo pasar, no es un test para alguien así.
Servir sin esperar una recompensa, ni un deseo, ni un pensamiento, es
el verdadero servicio. Es la verdadera ley de la religión. Es la ley de “no dejes
que tu mano izquierda sepa lo que hace tu mano derecha”. Dar sin esperar a
ser recompensado, ni deseando ser pagado ni con la más pequeña muestra de
reconocimiento, es una parte de la gran religión. Servir sin honores, ni
agradecimientos, servir por el amor a servir, este es el gran amor. Aquel que
trabaja esperando honores, recompensas o gloria está trabajando para sí
mismo, y no para la humanidad. Y su servicio es inferior y vano. Aquel que
pide reconocimientos por sus servicios está trabajando por una compensación
menor. Dar servicio y seguir adelante sin pensarlo dos veces, sin esperar una
recompensa, ya sea en este mundo, o en el mundo que vendrá, es el gran
servicio, el puro servicio, crístico, de completo amor. Esta es la completa
liberación de la ley de la gravedad, ya que de este modo uno se desprende
hasta del deseo de una recompensa- y da amor desde un corazón que está

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lleno y rebosante. El servicio tiene que ser prestado enteramente desde el
amor y por el amor- el amor tiene que ser su propósito y su fin. Esto es
religión pura e incorrupta. Está incorrupta de formas vacías, rituales
ortodoxos y pesados, altos asientos con elevados honores- y muchas
palabras.- Esta es la religión de poder y luz eternos.
En esta religión, los puntos de controversia de la doctrina pierden
completamente su significado. Esta es la religión más allá de la raza, o color, o
credo. Y en esta religión están reunidos los nobles y más grandes de la tierra-
los Judíos bondadosos, los Mahometanos compasivos, los Chinos
verdaderamente comprensivos, los Gentiles generosos, los Cristianos humildes
y sinceros- todos aquellos que viven las leyes interiores de la rectitud que
fueron grabadas en las dos tablas del alma del hombre desde que el mundo
empezó. Esta es la ley de Israel, que significa literalmente, “Amor y Luz”- o los
hijos del Amor y la Luz. Estos son aquellos que pueden vivir las altas leyes de
la Verdad- desprendiéndose de todo lo demás.
Esta gran Verdad está más allá de los credos, dogmas y ortodoxias. No
es una cosa tensa, agobiante, fanática, disputada, monstruosa luchando
contra sí misma. Es la limpieza natural del alma interior, y la progresiva
marcha de la gran hermandad de toda la humanidad.
Incluso los criminales a menudo tienen una mejor posibilidad de
repente para oscilar hacia la luz que los fanáticos religiosos. El criminal sabe
en su alma que ha fallado. Y a veces la misma carga de esta falta es la fuerza
que abre su corazón. A veces un criminal, encerrado en solitario, en su
angustia desesperada al haber alcanzado lo más bajo de su camino, ha sido de
repente despertado por la gran luz y su corazón roto se ha abierto a recibir. Su
mismísima alma, en un instante, ha cambiado y ha sido elevada y su mente
ha sido iluminada.
Desde un punto de vista más alto, se ve que cada persona está en el
lugar exacto donde puede aprender las lecciones que más necesita, si quiere
aprenderlas. Algunos están en posiciones altas para que ellos puedan
aprender la humildad de tener el poder, y muchos de ellos fallan. Algunos solo
pueden aprender al alcanzar el punto más bajo de degradación y vergüenza,
algunos por limitaciones físicas, sufrimiento profundo, pobreza o angustia.
Algunos en una iglesia, otros en otra, de acuerdo con la cantidad de luz y
verdad que el individuo puede vivir o aceptar. Cada iglesia se erigió en el
pasado para cubrir ciertas necesidades. Las iglesias fueron establecidas para
ayudar a señalar el camino hacia una vida más alta, pero ellas han perdido la
perspectiva y ya no señalan el camino, pero dicen que ellas son el camino.
Algunas incluso asumen que ellas son el objetivo total y el propósito de la
existencia, y la Autoridad Celestial del mismo cielo. En el presente, todas
están bloqueando el camino con sus formas vacías, ideas fanáticas, sacerdotes
impotentes, credos ortodoxos de no-expansión, dogmatismo sin inspiración, y
una increíble usurpación de los derechos del cielo.
Es tiempo de ir más allá de las iglesias terrenales, más allá de las frases
vacías, de las formas muertas, hacia el Santo de Santos en la propia alma del
hombre y contactar con Dios a través del esfuerzo individual. Cada hombre
tiene que empezar a hacer su propia oración, su propia búsqueda, sus propias
preguntas- y sobre todo tiene que aprender a abrir su propio corazón y su
mente a la gran dispensación de luz celestial y divina que está empezando a
recubrir la tierra con vibraciones crecientes de gloria eterna. Esta es la
preparación para el baptismo de fuego y para ser miembro en la Gran Iglesia
del Primogénito, cuyo reino no es de este mundo.
“No todos los que me dicen, Señor, Señor, entrarán en el reino del cielo,
pero sí los que hacen la voluntad de mi Padre que está en el cielo”.

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10. EL CORAZÓN QUE ESCUCHA

Aquí- y allí- sentado en el banco de un parque, en un coche en la calle,


en un edificio tranquilo, o andando por una calle llena de gente, o una calle
solitaria, se puede dar una sonrisa, decir una palabra, o un pequeño
movimiento con la cabeza de aprecio comunicado sin palabras. Invisibles
rayos de gloria viva, enviados en un pensamiento bondadoso de infinito amor,
pueden fortificar al prójimo con renovado coraje y más energía.
O a veces, es que una pequeña alma olvidada pueda derramar su
corazón de pura soledad vacía. Bendecido es aquel que es llamado a escuchar
sus historias con un corazón comprensivo, ya que a veces es así como estos se
descargan a sí mismo para hacer sitio para la luz y el amor. A menudo
simplemente la invitación a sentarse tranquilamente y escuchar puede tener el
poder para otorgar la bendición más divina de todas. El don de escuchar con
un corazón comprensivo es un don divino que muy pocos han desarrollado.
Pequeños clubs se reúnen a lo largo del planeta, para que cada
miembro pueda escucharse otra vez a sí mismo explicar las historias que él
conoce, las cosas que él ha experimentado o algo vivido por un amigo. Con
frecuencia todos hablan a la vez, y cada uno solo está escuchando su propia
voz, sus propias palabras, su propia pequeña historia que ya se ha escuchado
explicar muchas veces antes. Aún y así, solo él está más interesado en ella,
aunque se sabe cada palabra y su final. Y solo él se enfada tantísimo si es
interrumpido mientras la cuenta. Estas cosas manifiestan la falta de la
verdadera cultura, el arte de escuchar- escuchar no solo con las orejas, sino
con el corazón.
Esta gran escucha interior no significa prestar atención en
conversaciones frívolas, ni escuchar solo las propias palabras, ni gastar
energías con mentes arruinadas. Esta fantástica escucha interior elimina
rápidamente toda la conversación superficial. Desarrolla en cada uno la
habilidad para juzgar no solo lo provechoso de las conversaciones de otros,
sino también las de uno mismo. Revela el valor de utilidad de su propio
discurso, la fuerza o la falta de fuerza que transmiten sus palabras, y las
profundidades de sus pensamientos.
Cuando el arte de escuchar se cultiva, ocurre que las palabras se
convierten en sagradas, y las palabras pronunciadas por uno empiezan a salir
dotadas con significado divino. No necesitan ser gritadas para darles fuerza.
Tampoco necesitan ser apoyadas por juramentos ni frases con florituras para
hacerlas enfáticas y vestirlas con poder y gran énfasis. Para uno así, su “sí”
significará “sí”, y su “no” significará “no”. Y no habrá más necesidad de poner
un énfasis profano para justificar sus observaciones. Nadie dudará de sus
palabras. El mismo mundo sentirá el impacto de su discurso y prestará
atención a su mensaje.
El corazón que escucha es lo que tanto necesitan los hombres. Es el
corazón que escucha que está preparado para la entera dispensación del don
de la luz. Solo el corazón que escucha puede escuchar la voz de Dios.
Escucha con tu corazón y tus propias palabras se convertirán en
sagradas, y nunca más agotarás la paciencia de tus prójimos al imponerles el
aburrimiento de tu monotonía mortal.
Este gran don de escuchar no significa prestar atención a “leyendas
urbanas”, conversaciones vacías, pensamientos degradantes, palabras de
desprecio sobre otro prójimo. No significa perder el tiempo en los vanidosos
logros del pasado de alguien, explicados con orgullo y adulación por sí mismo.
No significa escuchar historias malvadas y maliciosas, para no cargarse uno
mismo con la pena por sí misma de alguna mente enfermiza. Esta escucha

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significa aprender a escuchar con el corazón, que desde el corazón del que
escucha pueda derramarse la luz y el amor de infinita sanación y compasión.
Este don de escucha es muy sagrado, y a veces más útil que el don de
palabra.
Es este don para escuchar atentamente que desarrolla en uno los “oídos
para escuchar”. Estos oídos que tienen que aprender a escuchar, son lo que
están en lo profundo del alma. Primero solo es el poder de aprender a “sentir”.
Este poder de sentir o escuchar, desarrolla también una profunda
comprensión. Mientras que el don divino de la comprensión abre las fuentes
de misericordia y compasión, que guardan las llaves del perdón y un gran
amor sin palabras.
Es este don de profunda escucha que uno tiene que desarrollar para
convertirse en miembro y ser de servicio en el gran trabajo. El poder para
escuchar guarda las llaves del servicio divino, ya que el servicio se da de
acuerdo con las necesidades de la humanidad, la urgencia de la ocasión y los
deseos en las almas de los hombres. Así como es verdad que los grandes
sermones no siempre se predican con palabras, también es verdad que las
más grandes necesidades no siempre se pronuncian en oraciones. ¿Si Dios
nunca escuchara, qué esperanza habría para la humanidad? ¿Si los grandes
seres, nobles, no hubieran escuchado, qué servicio hubieran podido dar?, ¿y si
el hombre no pudiera escuchar, cómo podría ser enseñado por Dios? Aquellos
que predican demasiado, que instruyen demasiado, que hablan mucho, nunca
pueden ser instruidos, y ellos permanecerán en su estado, o grado de
existencia, de parvulario.
Jeremías lo expresa de maravilla como revelan las siguientes palabras:
“Y ellos no deben instruir más cada hombre a su vecino, y cada hombre a su
hermano, diciendo, Conoce el Señor, ya que todos ellos deben conocerme,
desde el primero al último, dice el Señor”.
O como Juan lo expresa tan amorosamente: “Pero la bendición que
vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que
nadie os enseñe; así como la bendición misma os enseñó todas las cosas, y es
verdad, y no es mentira, y como ella os ha enseñado, permaneced él” (Juan
2:27)
O como Cristo reveló tan perfectamente: “Está escrito en los profetas, Y
serán todos enseñados por Dios. Por lo tanto cada hombre que ha escuchado y
ha aprendido del Padre, que venga a mí” (Juan 6:45)
Es esta capacidad interior para ser enseñado por Dios a lo que se refiere
“oídos para escuchar” dada tantas veces en las escrituras. Los siete sellos
mencionados en la Revelación, capítulo cinco, que solo Cristo puede quitar,
son los sellos simbólicos de la naturaleza del hombre, que solo la Luz de Cristo
puede liberar. Son los sellos que están sobre el hombre por su propia gran
maldad, sus orejas selladas, que no escuchan; sus ojos sellados, que no ven;
su mente sellada, que no piensa, no busca, no se abre a la verdad; su corazón
sellado que no se expande, que se ha vuelto árido, y duro e improductivo; su
alma sellada que se ha cerrado a la luz; y los sellos de su propio orgullo e
intolerancia, tejidos a base de egoísmo y codicia.
Estos sellos solo pueden quitarse cuando se permite penetrar la luz de
Cristo en el individuo, y revela el registro divino, o ritmo de la eterna verdad,
contenida en su alma.
Normalmente los oídos que aprenden a escuchar abren el camino para
que otro de los sellos se pueda quitar. Cada sello que se quita prepara el
camino para que se pueda quitar otro, para que a la larga todos se puedan
quitar y el gran velo de la incredulidad pueda ser hecho pedazos.

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A medida que se quitan, estos sellos revelan gloria sobre gloria, poder
sobre poder, reino sobre reino, hasta que el mismo trono de Dios sea revelado.
Estos sellos están sobre cada hombre con mayor o menor grado de rigidez.
Esta gran dispensación de luz divina, que está creciendo en intensidad para
revelar todas las cosas en las profundidades de los corazones de los hombres,
también abrirá los sellos dentro del hombre y otorgará todos los poderes si el
hombre lo permite. Sólo el hombre hace su elección, juzgándose como
merecedor o no merecedor para recibir.

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11. EL HOMBRE EN EL CAÑÓN

Un día, no demasiado lejos de mi retorno de mi visita a los más


elevados reinos, sentí una llamada urgente de angustia que venía de lejos.
Siguiéndola, me encontré en un cañón profundo, en Utah, rodeado de
altas cumbres. Peñascos majestuosos alargaban sus dedos hacia el cielo. Un
arroyo impetuoso borboteaba con vida espontanea mientras saltaba con una
risa exultante por encima de cada piedra. Luego de repente se volvió silencioso
y tranquilo cuando el eco de un sollozo se alzó desde sus profundidades
rasgadas. Las flores de los márgenes del rio inclinaron sus cabezas con
tristeza. Los altos pinos parecían arquearse hacia la tierra con un dolor
angustioso mientras un suspiro audible se escapaba de ellos. Las montañas
gigantes estaban estremeciéndose de dolor. Hasta el aire se volvió silencioso y
quieto, sobrecogido por un dolor tan grande.
Y luego lo vi- un hombre tumbado en el musgo del margen del río. Sus
manos se hundían profundamente en el suelo entre desgarradores espasmos
de angustia. Sollozos de gran angustia agitaban su ser con un dolor
demasiado profundo como para presenciarlo.
Los niños pueden llorar, pero es por un momento y luego se les pasa.
Las mujeres lloran y su lamento es una salida de desahogo tanto para
la alegría como para la pena.
Pero cuando un hombre fuerte llora con una desesperación tan
profunda, abandonada, la misma tierra cruje bajo el impacto de su dolor.
Sacude el mundo y se apresura en sacudir el universo, y todas las cosas
permanecen quietas y sobrecogidas y estremecidas en silencio ante esto.
Derrumba las murallas que hay más allá de los pensamientos de los hombres,
rasga la atmosfera y hasta el tiempo permanece quieto.
Este dolor que es más profundo que cualquier otra cosa, no es el dolor
débil, vergonzoso, cobarde de la pena por uno mismo. No es la decepción
pasajera por un capricho. No es una pena momentánea, temporal. Este dolor
es más profundo que la vida misma, va más allá de la existencia, abarcando
tanto como la eternidad. Este era el dolor del hombre que puso a un lado su
mortalidad, y permaneciendo como un hijo de Dios en el mismísimo umbral de
la eternidad, dejó su alma desnuda con un dolor que pedía ser escuchado. El
mismo hombre no se daba cuenta del gran efecto ni del poder de su
desesperación. Él no podía saber de ninguna manera que el llanto de su alma
estuviera tan lleno de poder y fuera de tan largo alcance, y esto era lo que
realmente era, aunque él no lo supiera. Un dolor tan infinito recibe un
reconocimiento instantáneo- y yo fui enviada, no porque pudiera realmente
hacer mucho, excepto responder con amor y envolverlo en Luz- porque yo
también iba a aprender una lección de esta experiencia.
En toda mi vida nunca había presenciado una angustia tan grande, un
dolor tan desconsolado, tal sufrimiento llorado. Permanecí completamente
sobrecogida y estremecida ante esto. Estaba impotente ante la consternación
de esto, y llamando al universo conté mi necesidad y mi incapacidad. No podía
ni imaginar cómo empezar a dar confort a un dolor así, ni justificar mi
intrusión en esto que era entre este hombre y Dios.
Luego de repente Annalee Skarin estaba a mi lado. La había conocido
antes. Ella permaneció en silencio por un momento con su mano levantada, y
vi el dolor de este hombre registrado en sus propios ojos. Era como si sus ojos
contuvieran todo el sufrimiento de todos los tiempos, las angustias del mundo,
el dolor inconfesable de eternidades, los dolores de toda la tierra. Y no podía
soportar mirarlo. Me giré y lloré como nunca antes había llorado, ni cuando
escuché que Ronnie había muerto. Esto era una aflicción más profunda que

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cualquier aflicción personal. Eran las angustias de todo el mundo reunidas en
una. La pena de este hombre era la de Annalee, también era la mía, aunque
en menor medida, aunque en este momento no sabía por qué. Una pena así
pertenecía a Dios, porque la tierra sola no podía contenerla.
Y luego hubo una gran luz- y Cristo estaba allí- y arrodillándose al lado
de esta forma temblorosa Él puso Su mano sobre esta- y el llanto poco a poco
paró- los grandes sollozos desgarradores fueron bajando en intensidad y
finalmente todo estaba en calma- y escuché dar una bendición que la tierra no
podía contener- una bendición de promesa, de gloria, de poder, de tal
magnitud que si los oídos físicos del hombre la hubieran escuchado, se
hubieran consumido. Pero los oídos de su alma escucharon y una paz
profunda vino, y con ella renovada fuerza y poder.
Luego Cristo enviándonos un mensaje no hablado de amor y
comprensión, sonrió y se fue.
Annalee y yo nos retiramos y esperamos al lado de su coche aparcado
en una densa pequeña arboleda al lado de la sinuosa carretera de montaña. Y
el tiempo volvió a correr y recuperó su camino. El arroyo empezó a cantar otra
vez, con un gran alivio. Los árboles elevaron sus ramas incluso más arriba que
antes, entre profundos murmuros de gratitud. Las montañas se relajaron al
desvanecerse la tensión, y todo este valle, santificado por la Divinidad, susurró
un himno de amor.
Al fin el hombre se levantó, caminó hacia el arroyo, y sumergió sus
manos en él para lavarse la tierra que se había acumulado en sus dedos y que
se había metido en sus uñas cuando había estado escarbando en el suelo en
su convulsa e insoportable angustia de dolor y agonía. Se lavó sus manos
minuciosamente, luego se lavó su cara y se mojó sus ojos hinchados. Se
tumbó sobre su barriga y bebió del arroyo. Luego, levantándose lentamente,
alzó sus ojos por encima de las montañas y susurró reverentemente, “Hágase
Tú voluntad, Oh Dios, no la mía, solo de alguna manera, por favor permite que
esto se convierta para tu gloria. Y se Tú mi Juez. Si, querido Dios, júzgame no
de acuerdo a los juicios de los hombres, sino por lo que hay en mi corazón y
por mi gran amor a Ti. ¡Te amo!”
Luego lentamente, muy lentamente, como en profunda meditación, vino
hacia su coche.
Cuando finalmente nos vio, fue con una sensación de molestia. Él se
hubiera dado media vuelta pero era demasiado tarde. Él no estaba solo
molesto porque estuviéramos allí, sino que por un momento se consternó al
pensar que lo podríamos haber visto en su dolor.
Annalee lo desarmó en un instante, diciendo alegremente,
“Esperábamos que el propietario de este coche apareciera pronto”. Mientras
ella hablaba tenía una sonrisa tan cálida y un brillo tan amable en sus ojos
que el resentimiento del hombre se desvaneció. El gran dolor que ella había
sentido en su sufrimiento había desaparecido, y yo sabía que se me había
dado el sagrado privilegio de mirar profundamente en las almas de dos hijos
de Dios- y en el alma de las cosas.
“¿Cuál es el problema? ¿Os habéis quedado tiradas con el coche?”
preguntó el hombre amablemente.
“Eso parece. ¿Podemos ir de vuelta al pueblo contigo?” pregunté.
“¿Dónde está vuestro coche? ¿Puedo ayudaros a alcanzarlo?”
“Oh” sonreí; “eso no será necesario.”
“Los coches no siempre son fiables en estas carreteras de montaña.
Nuestro vehículo está más arriba y podemos alcanzarlo más tarde”, dijo
Annalee.
“¿Estáis seguras que no puedo bajarlo?”

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“Oh no. No lo pienses más. Si podemos bajar contigo, podemos recoger
nuestro vehículo después.”
Hablamos informalmente la primera milla o así, luego Annalee dijo:
“¿Has leído el libro ‘Ye Are Gods’ (‘Vosotros Sois Dioses’)? Parece que ha
causado mucho alboroto aquí.”
Él se giró y la miró sorprendido, y dijo bastante cautelosamente, “Por
qué, sí, lo he leído. ¿Por qué?”
“¿Qué piensas de él?”
“No puede herir más decir lo que pienso de él”, dijo seriamente,
apretando la mandíbula. “¡Pienso que es maravilloso! Lo he leído una y otra
vez. Nunca hubo una visión así. Daría mi vida solo por el privilegio de creer en
algo tan hermoso.”
“Annalee Skarin me dijo que fue excomulgada de su iglesia por
atreverse a escribirlo” dijo Annalee suavemente.
“¿Tú la conoces entonces? Me gustaría conocerla alguna vez.” Lo último
lo dijo deseándolo como un niño. “Ella vino de Buffalo, New York, para visitar
Salt Lake City y fue mientras estaba aquí que desapareció. Esto fue hace dos
años. Nadie la ha visto desde entonces. Su marido desapareció poco tiempo
después.”
“Los conocerás de aquí poco, estoy segura”, prometió Annalee. “Ella
estaría muy orgullosa de conocerte. Ella me dijo que cuando fue excomulgada,
el hombre que la acusó, era también su fiscal, su juez y su jurado. Que el
tergiversó las cosas que ella había escrito en el libro, llamándolo malvado y
condenándola por atreverse a escribir un libro principalmente basándose en
que ella era una persona oscura. Si él lo hubiera escrito, o algún otro con alto
cargo, habría sido aceptable, pero su oscuridad la condenó. Él trato de
coaccionarla a retirar el libro. Pero como podía ella hacer esto cuando Dios le
había ordenado escribirlo. Ella sabía que el libro había sido escrito en llamas
de gloria con una pluma mojada en el cielo. Siempre mantuvo que ella no
hubiera podido escribir este libro ni en un millón de años. Ella era solo la
humilde escriba. Por supuesto fue totalmente condenada.”
“Esta es la manera en que somos tratados aquí los que creemos en el
libro. La persecución es muy grande en esta zona. Si fuera posible en estos
tiempos, se pondría en marcha una inquisición y se buscarían estos libros en
nuestras casas- y serian todos quemados. Es casi así de malo, de todos
modos.”, dijo el hombre con un infinito dolor en su voz.
“Creo que en el caso de Annalee hubo una asamblea de hombres que se
reunieron para presenciar este vergonzoso proceso que llamaron justicia. Esta
asamblea no tuvo voz en todo el juicio, ni en la decisión. Eran hombres que
nunca habían leído el libro, que no sabían nada de su contenido, y que, sin
excepción, nunca antes en sus vidas habían visto o habían hablado con
Annalee, porque ella llevaba años viviendo en New York y justo acababa de
llegar a la ciudad. Y muchos de estos hombres estaban tan alagados al ser
llamados en una asamblea así, y completamente sobrepasados por su temor
reverencial hacia la autoridad que presidia, que no podían ni pensar.”
“Si, tuvo que ser terrible para ella”.
“Ella me dijo que su corazón se partió. Estaba llena de un dolor tan
inconsolable que sintió que nunca podría ser confortada. Su vida parecía
desmoronarse en cenizas y polvo a su alrededor. Parece que ella había dado su
vida a su iglesia, su tiempo, sus talentos, su fuerza, una décima parte de sus
ingresos, y por un tiempo, hasta la mitad de todo lo que ganaba. Ella había
dado clases, encabezado organizaciones, llenado misiones y nunca había
recibido ni una moneda, o lo que importaba, ni un ‘gracias’ por su servicio.
Había sido toda su vida. Y por supuesto fue a través de un servicio tan

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completo, de tanto sacrificio personal, que los mismos cielos se abrieron y la
luz empezó a verterse sobre ella. Su libro fue escrito con fuego y lágrimas. Ella
dijo que había llorado casi desde el principio hasta el final con la gloria que
había en el libro, y que fue como si fuera envuelta en llamas de fuego mientras
la luz se vertía a través de ella e iba a las páginas en la máquina de escribir.
Este maravilloso libro fue escrito en un mes, y nunca nadie se sintió más
impresionada o humilde sobre esto que Annalee. Fue porque ella dio un paso
más allá de los que están al cargo, que solo parecían bloquear el camino, que
ella fue expulsada. La vergüenza de su juicio está escrita en los archivos de la
eternidad, junto con todos los otros juicios vergonzosos que han oscurecido los
registros del tiempo.
“Ella dijo que su dolor era imposible de soportar hasta que lo considero
cuidadosamente en relación con la verdad que Dios había revelado. Ella había
sentido que hubiera sido un alivio haber sido apedreada hasta la muerte por el
privilegio de creer en un Dios de un poder tan activo, y en las promesas que Él
había hecho. Ella estaba segura que arder en una estaca habría sido un
privilegio divino- pero ser expulsada de su iglesia era el gran sacrificio,
aparentemente imposible. En comparación, habría sido más fácil haber dado
su vida.
“Fue cuando su dolor se agotó, así me lo han contado, que un nuevo
entendimiento y poder vino. Y elevando su corazón ella rezó, ‘Querido Dios,
perdona mi dolor. Y ahora, con todo mi corazón, te agradezco, Padre afable,
que yo tenga algo más precioso para mí que mi vida para ofrecerte como precio
de estas verdades eternas. Gracias, querido Dios, que tengo algo tan precioso
y sagrado para mí como mi pertenencia a esta iglesia para dar.”
“¡Dios mío!” exclamó del hombre cuando ella hubo acabado; “solo el que
ha escrito un libro tan maravilloso puede entender el privilegio de un
sufrimiento así y convertirlo en gloria.
“Mira, justo acabo de ir a ese cañón para abrir y vaciar mi corazón por
haber perdido mi sitio en mi iglesia porque creo en este libro. Solo sabía que
no podía continuar viviendo. Mi familia, mis amigos, todos se han vuelto
contra mí. Es casi como si tuviera lepra. Y, ahora, gracias a ti, ¡estoy
agradecido! Que maravilloso es, realmente. Si- es maravilloso tener algo más
precioso que tu vida para ofrecer.”
“Si, ¿no lo es?” dije suavemente, casi lamentando que yo no hubiera
tenido que hacer un sacrificio tan grande, porque yo no pertenecía a ninguna
iglesia.
En esta tarde me fue revelado el gran precio que se exige por traer la
verdad a la tierra. Me alegró ver que hay que están dispuestos a pagar un
precio así. Supe que mientras estos seres grandes y nobles pisaran la tierra, el
poder de Dios dominará, y a la larga triunfaría sobre la intolerancia, la
injusticia, el orgullo y los prejuicios estrechos de los hombres.
Luego Annalee dijo, “He oído que finalmente le dijeron a Annalee que no
fue el juicio a ella el que ellos habían protagonizado, sino su propio juicio.
Ellos se habían juzgado a sí mismos, con tanta seguridad como aquellos que
condenaron a Juana de Arco. Y el registro de su injusticia manchara la tierra,
como miles habían hecho desde que empezó el tiempo, hasta que la tierra sea
limpiada. La vergüenza de tales actos, será totalmente revelada antes del final-
y antes de que venga la limpieza total.”
Estábamos ahora entrando en la ciudad, una de las más bonitas del
mundo, a los pies de las montañas.
Habíamos entrado unas cuantas manzanas en la ciudad cuando
Annalee dijo, “Por favor para aquí. Aquí es donde te dejamos- y muchas
gracias por el viaje.”

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“Soy yo el que debe daros las gracias. Ha sido un privilegio haberos
tenido conmigo. Parece casi como si hubierais sido dirigidas hacia mí.”
“Sí, ¿no lo parece?” sonreí.
“Espero volveros a ver. Aquí está mi tarjeta. Tiene mi número de
teléfono y mi dirección. Decidme si llegáis bien a vuestro coche.
Después que nos hubiéramos dado la mano, parecía como si no se
quisiera ir.
“¿Cómo os llamáis?” preguntó.
“Yo, Christine Mercie” dije.
“Y yo estoy aquí solo por hoy, pero te veré cuando vuelva otra vez a Salt
Lake City”, prometió Annalee.
Al final el coche continúo, dejándonos allí.

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12. ANNALEE Y REASON SKARIN

A menudo los ayudantes que son enviados para asistir no son visibles
para los ojos de los mortales. El hombre en el cañón no vio ni oyó la tierna
bendición amorosa de Cristo. Él solo la sintió y su dolor fue sanado porque su
corazón estaba abierto para recibir. Y aunque muchos de los grandes seres
nobles se mantengan invisibles, no obstante la ayuda es igualmente real. Los
miembros de la gran Asamblea de Luz se han perfeccionado tanto a sí mismos
mediante el amor desinteresado, que sus vibraciones son tan altas que no son
visibles para aquellos del plano mortal- a no ser que los mortales sean
acelerados por el Espíritu de Dios, y entonces su conciencia puede ser elevada
y entonces pueden contemplarlo con sus ojos.
Annalee fue enviada para ayudarme con el hermano sufriendo en el
cañón porque ella había experimentado la misma cosa que él estaba
experimentando y por la misma razón. Era su trabajo. Yo solo tuve el privilegio
de presenciarlo y ser una observadora muy humilde para un drama tan
grande, para poder recibir un entendimiento mayor.
“Annalee”, pregunté cuando estuvimos solas, “¿Por qué no pudiste dar
tu nombre justo ahora?”
“Nuestro hermano hubiera olvidado la bendición que había recibido por
la emoción de haberme visto. Ellos insisten en darme el mérito de este trabajo.
Yo he intentado decirles que el mérito no es mío. Solo Dios puede revelar un
trabajo tan magnífico. Yo me siento muy humilde- e incluso ahora estoy
sobrecogida y con mucha admiración y respeto por un documento tan divino.
“¿Pero porque no puedes volver aún a aquellos que tienen que estar tan
ansiosos por volverte a ver otra vez?”
“Yo hubiera permanecido con ellos al principio, pero ellos hubieran
confiado en mí demasiado. En este trabajo, como sabes, cada persona tiene
que aprender a estar de pie sobre sus propios pies, y con su propia fuerza.
Este es el día en que ningún hombre puede dar de su aceite a otro. Nadie
puede llevar a otro. Es un trabajo tan completamente individual como nacer y
morir. Es como el grano de trigo plantado en un campo. Él solo, tiene que
abrirse y encontrar su fuerza en el oscuro seno de la madre tierra. Solo, tiene
que encontrar la energía para empezar a expandirse. Solo, tiene que alcanzar
la luz con una búsqueda infinita y un desgarrador (romper la cáscara) deseo
para superar la oscuridad. Luego cuando ha madurado lo suficiente como
para tenerse en pie solo en los gloriosos reinos de luz, se encuentra a sí mismo
formando parte del todo.
“Cualquier individuo que tiene que depender de otro por su sabiduría,
fuerza, testimonio e inspiración no puede entrar nunca en los grandes reinos
de luz Celestial- ni en mundos sin fin. Este es el significado de: “Maldito es
aquel que confía en el hombre, el que se apoya en otros hombres”. Es una
maldición de hecho. Es una maldición tan devastadora que ha mantenido al
mundo en la oscuridad por generaciones y generaciones. Ha cancelado el
dominio a todos los hombres, “pregunta, busca y llama”. Ha suprimido el
pensamiento. Ha cerrado el progreso. Es una condena- y verdaderamente
maldito es aquel que fracasa en desarrollar su propia luz, fracasa en encontrar
a Dios con sus propios esfuerzos, ya que de ningún otro modo puede Él
conocerse. Y es de hecho una maldición para cualquier hombre que fracasa en
su propia gran búsqueda. Él tiene que hacer su propia búsqueda, sus propias
preguntas, y sobre todo SU PROPIO PENSAMIENTO.
“Es por esta misma razón que no podía permanecer entre los que tanto
quiero. Y ahora hay algunos de ellos, que por su propia fe despierta y sus

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propios esfuerzos, están casi preparados para recibir la gran bendición y ser
introducidos en la luz eterna.”
“¿No puedes volver a algunos de ellos individualmente?” pregunté
esperanzada.
“No todavía, Christine. Si hiciéramos esto tendría más significado para
ellos que el gran mensaje que les dejamos. Y esto sería asimismo desastroso.
No nos atrevemos a pensar demasiado fuerte en nuestro gran amor por ellos
hasta que no estemos delante suyo cuando sea el momento.
“¿Nosotros?” pregunté.
“Sí, Reason, mi querido, y yo. Él fue una parte de este trabajo tanto
como yo. Él dio todo lo que tenía que dar, y casi más. Normalmente estamos
juntos. Solo ocasionalmente hay tareas que realizamos solos. Él es muy
maravilloso.”
“Nunca he oído hablar de él. Me gustaría conocerlo”
“Y debes.” Justo dijo eso que un hombre estaba junto a ella. “Él es
Reason”, dijo volviéndose hacia mí.
“Si. Es maravilloso”
Después aprendí que su amor era un proverbio en los grandes reinos
Celestiales- Como había resistido a lo largo del tiempo y el espacio desde el
mismísimo principio de la existencia- y en la mortalidad se extendió sobre los
años y un continente- y toda una vida, ya que esperaron veintitrés años,
después de conocerse en la tierra, para el privilegio de estar juntos.

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13. EL PODER DEL GRAN AMOR

Hay aquellos en la mortalidad que piensan que el amor es una


debilidad. El amor no es una debilidad. El amor es fortaleza.
Es definitivamente cierto que a aquellos que aman mucho, mucho
puede serles perdonado.
Este amor puede ser cultivado hasta que se eleve por encima de toda
prueba y toda tentación. Es una fuerza liberada que puede resistirlo todo,
alegrarse con todo, y glorificarlo todo.
Para aquel que ha perfeccionado su amor no existe el miedo. Ha
superado el poder del miedo. Para alguien así solo hay un amor de Dios tan
grande y que lo incluye todo, que es todo lo que hay. Y este amor construye un
muro de luz alrededor del individuo que es pura gloria penetrante. Para
alguien así no hay maldad, ya que ya no le puede tocar. Si la maldad viniera
hacia uno que ha perfeccionado su amor, la maldad seria inmediatamente
transmutada en bendiciones y gloria y luz, así es el poder del amor. Alguien
que ha perfeccionado el gran don del amor merece que la voluntad de Dios se
haga, ya que él no quiere otra cosa, todos los deseos personales se desvanecen
ante un amor tan grande. Incluso un deseo de ser liberado de un sufrimiento,
no importa lo grande que sea, es completamente desterrado. Él solo quiere que
se haga la voluntad de Dios en toda su extensión, y no tiene ningún otro deseo
en su alma. Este es el amor puro, divino, crístico, que es completamente
exaltado.
Cuando uno tiene este amor perfeccionado puede resistir cualquier
sufrimiento, cualquier angustia o calamidad aparente. En el dolor o tortura
más insoportable, él puede elevarse a sí mismo por encima de esto a través del
amor. El dolor puede ser el mismo, vibrando con la misma intensidad, pero a
través de su amor él puede separarse a sí mismo de esto. Él aún estará
consciente de esto; incluso puede analizarlo y aceptarlo, ya que aún
permanece una parte del cuerpo físico. Él puede saber que está ahí. Él no lo
niega, como Cristo no necesitó negar la corona de espinas, ni la realidad de la
cruz. Pero con el gran don del amor él puede elevarse por encima del físico, y
desde el cuerpo espiritual observar el sufrimiento, y alabando a Dios por ello,
puede sanarlo para siempre. Este es el poder de sanación- y la gran sanación
vendrá como el día viene después de la noche. El dolor es transmutado en
fuerza y energía.
Fue el gran poder de este amor divino lo que Cristo usó cuando Él
permaneció con majestad mientras fue aplastada la corona de espinas en su
frente, mientras era objeto de burlas, escupido y crucificado, luego dijo,
“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Este es el amor al que
todo individuo tiene derecho. Este amor perfeccionado es la majestad y el
poder de Dios.
Pocos entienden que es el hombre el que recibe la gran bendición
cuando estos dos primeros y magníficos mandamientos se cumplen
literalmente. Son los males del hombre que son sanados. La gran fuerza y el
poder vienen a él. Es para el que aprende el gran amor, y lo perfecciona dentro
de su propia alma, que viene la sanación completa- la gran renovación.
Cuando él cumple el segundo mandamiento, amar al prójimo como a ti
mismo, luego viene el poder para sanar al prójimo.
Estos dos mandamientos no pueden ser cumplidos en un minuto, ni en
un día. Toma su tiempo plantar el deseo para este gran amor. Y antes incluso
que el deseo, tiene que haber una visión parcial y un entendimiento de esto.
Una vez que el deseo se ha plantado, toma más tiempo para cultivarlo hasta
que esté perfeccionado. Este gran amor tiene que ser practicado

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constantemente hasta que el corazón, el alma y la mente hayan aprendido a
cooperar vibrando con él y luego enviándolo hacia fuera. Y es cuando este
amor se ha convertido en el significado y el propósito de la existencia, que la
vida empieza a hacer manifiestos los poderes divinos y puede sacudirse la
mortalidad y ascender a los reinos de luz.
Es cuando uno tiene muy perfeccionado este amor, que no puede haber
más discordia, ni más confusión, ni más debilidad ni miedos, y uno se da
cuenta que su corazón se ha suavizado completamente. Y es cuando el velo de
la incredulidad se rasga.
En este momento, uno no solo perfecciona este gran amor. En realidad
se convierte en él. Él es amor.
No hay ninguna manera posible de expresar el grandioso poder y gloria
de una condición así. Uno solo lo puede empezar a comprender cuando ha
plantado el deseo de cumplirlo en su propio corazón.
A medida que la visión de uno se vuelve más clara al ver este amor, y la
maravilla y el poder de éste, más entusiasta se vuelve su deseo de alcanzarlo.
Cuando la adquisición de este grandioso don se vuelve el único objetivo,
cuando se ha convertido en una obsesión intensa que ya no puede ser negada,
entonces será alcanzado.
Para el que perfeccione este don divino de amor, los reinos de Luz se
abren ampliamente y todos los poderes serán otorgados- belleza en toda su
perfección Celestial, salud en todo su esplendor, y poder en su ilimitable
totalidad.
Este es el amor de Dios. Este es el amor más allá de todos los dones.
Este amor es perfección en su total extensión y alcance. “Reza a Dios con toda
la energía de corazón, y podrás ser poseído por este gran, divino, amor
crístico.” Permite a este amor empezar a cantar una melodía de
agradecimiento en tu corazón. Adorad y alabad y dejad a vuestros corazones
ser elevados continuamente en canciones de eterna alegría y el amor será
vuestro- sí, todas las cosas y todas los poderes serán vuestros, ya sea en el
cielo o en la tierra.

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14. LA GRAN GLORIA

Hay muchos seres magníficos y divinos, que pisan esta tierra de forma
anónima y sin ser reconocidos por los mortales con los que están en contacto.
Estos seres magníficos y nobles, que vienen de los reinos de luz, permanecen
en contacto con la tierra para poder ayudar a todos los que están preparados
para recibir ayuda. Su misión es de un servicio desinteresado para el mundo,
para que la oscuridad pueda ser disipada y toda la gran Luz de Dios brille en
los corazones de los hombres.
No hay ningún individuo en esta tierra que no haya sido contactado por
uno o más de estos seres sagrados, que han venido a ellos, apareciendo como
mortales ordinarios, esperando encontrar alguna respuesta en este contacto
para que más luz pueda ser dada.
Cada vez más estos seres divinos están buscando servir, ya que no
queda demasiado tiempo para que la tierra se pueda alinear con el gran
propósito de Dios. Y por “la tierra” se quiere decir toda la humanidad.
Muchos de los que están más avanzados espiritualmente son capaces
de reconocer a estos grandes ayudantes. Y por su propio proceso de
iluminación, son capaces de recibir ayuda constante de los altos reinos de
Luz.
Ningún ser que llama sinceramente es dejado sin respuesta. Pero
muchos no están preparados para reconocer la respuesta. Por ceguera mental,
fanatismo, egoísmo u orgullo, es a menudo imposible reconocer la gran ayuda
que está siempre a mano. Uno tiene que estar sintonizado a las altas
vibraciones del amor altruista para poder comprender el gran poder que se
ofrece continuamente para cada necesidad. Este poder está disponible para
todos, desde el más grande al más pequeño. Uno solo tiene que aceptarlo.
Las escrituras nos dicen que Cristo murió por nuestros pecados. Él
realmente murió a causa de nuestros pecados. Y la Luz de Cristo dentro de
cada uno de nosotros está crucificada de nuevo por nuestros pecados aún hoy
en día. Mientras esta Luz no tiene permiso para venir y estar activa en
nuestras vidas, durante este tiempo ÉL permanecerá muerto dentro de
nosotros por culpa de nuestros pecados. Y durante este tiempo nosotros no
somos capaces de entrar en la gran Iglesia del Primogénito y volvernos
miembros de la divina Hermandad de Luz. El poder ser miembro está
reservado para aquellos que han sido probados en todas las cosas y han
demostrado que ellos le servirán a ÉL en todo momento, en vez de a sus
propios objetivos egoístas, pasiones orgullosas, y vanidades vacías para
superar en gloria y exaltación a todos los demás a lo largo del camino.
El primer requisito en esta sagrada Asamblea es poner completamente
de lado el yo con sus celos y sus infames orgullo y lujuria.
No es importante si nosotros, individualmente, recibimos una gran
recompensa o no. Aquel que trabaja por recompensas, está trabajando por la
paga de un criado. Aquel que sirve para superar a todos los demás, está
poniendo pesos de plomo en sus propios pies, y bloqueando su propio camino.
Él está recorriendo el camino del yo y este es un callejón sin salida- un camino
que acaba en el yo.
Aquel que sirve solo por amor, sin pensar en la recompensa, se
convierte en el más grande, ya que él se ha puesto a sí mismo como el más
pequeño y el sirviente de todos, no por un deseo de recompensa o por gloria o
por honor, sino desinteresadamente para ayudar a elevar la humanidad hacia
mayores alturas. Alguien así con mucho gusto se sacrificaría a sí mismo, y
todo pensamiento de recompensa, solo por el humilde privilegio de ayudar a

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sus prójimos ascender hacia la luz. Alguien así es, literalmente, un hijo de
Dios.
Conoce esto, oh, hombre, hay aquellos que no han ganado ningún lugar
en absoluto en los grandes reinos de la eternidad. Hay aquellos que no son
más que sirvientes, y estos son los que trabajan enteramente por recompensas
y esperanzas y gloria. Ellos no son más que criados y su recompensa es la
paga de un sirviente. Luego hay aquellos que son miembros de la casa del
Padre. Estos no trabajan por recompensas, sino por amor. Ellos no piensan ni
en gloria ni en sí mismos, sino solo en amorosa devoción en sacrificarse ellos
mismos para el ascenso de todos. De este grupo divino está formada la gran
Asamblea de Luz- los seres divinos, hijos de Dios, ya sea en mortalidad o fuera
de ella. Aquel que se glorifica en cualquier posición u oficio está recibiendo su
recompensa en su propia satisfacción y orgullo gratificado. Él es un sirviente
común, no un hijo, no un miembro de la casa divina.
Las disputas entre iglesias por decir cual está más cerca de Dios- o cual
es la Iglesia más Sagrada de Dios, es una discusión tan vacía y vanidosa como
la discusión de los apóstoles de la antigüedad para decidir quién se iba a
sentar a Su derecha y quien a Su izquierda. Las Iglesias tienen muy poco
sentido excepto mantener vivo el conocimiento de Dios en la tierra. Es verdad
que algunas iglesias tienen más verdad que otras. Pero ninguna iglesia tiene
TODA LA VERDAD. Si hubiera una iglesia así tendría TODO EL PODER y cada
miembro sería capaz de hacer los trabajos que Cristo prometió a aquellos que
creyeran.
Algunas iglesias son solo trabajos fanáticos de oscuridad.
Toda iglesia que no esté guiando a sus miembros hacia estos grandes
poderes, prometidos por el Hijo de Dios, está bloqueando el camino del
progreso. Estas iglesias no permiten a nadie alcanzar un punto más allá de la
masa organizada de su conformidad ortodoxa. Iglesias así han sellado tan
completamente las puertas del progreso a sus miembros, que son
instrumentos de condena. Algunas han puesto sellos mortales sobre las
mentes de los hombres, no permitiendo a nadie acercarse a Dios excepto a
través suyo, que están bloqueando el camino de luz. Ellos niegan el poder de
Dios, y el don del Espíritu Santo incluso mientras claman que solo ellos
poseen la autoridad para otorgar un don tan divino. Estos claman en voz alta
que ellos solos en la tierra poseen la autoridad para otorgar el Espíritu Santo,
mediante la imposición de las manos, y al mismo tiempo niegan que aquellos a
los que ellos han otorgado un poder tan divino tengan cualquier habilidad
para usar el don y los poderes que contiene. Ellos niegan que este gran y
Santo don del Espíritu pueda conducir a cualquiera hacia TODA verdad, ya
que dicen que solo ellos pueden hacer esto. Si cualquier individuo humilde se
acerca a Dios en busca de respuestas, y las recibe, estas respuestas son
rechazadas y declaradas malignas. Así ellos niegan el poder de Dios para
responder a las oraciones de los humildes y arrepentidos y niegan el poder del
Espíritu Santo de cumplir su propósito. Estos que ponen estos sellos en el
camino de progreso no permitiendo a nadie ir más allá de los líderes ortodoxos
bloqueados, que viven solo en las tradiciones de los padres y no de acuerdo al
poder de Dios, serán pronto llamados a juicio.
Mientras la gran casa de Dios se pone en orden, las enseñanzas
confusas que no sirven deben ser reemplazadas por los grandes principios
vivos del poder activo y la luz. Y ningún hombre necesitará ser enseñado de
aquí en adelante por su vecino, hermano, sacerdote, obispo o ministro, pero
todos serán enseñados por Dios (Juan 2:27, Juan 6:45 y Jeremías). La gran
fuerza activa de Dios estará activa en cada individuo. Su Espíritu será
derramado sobre todos y no habrá nadie que pueda reclamar ningún

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monopolio sobre él o retardar su gran poder. Aquellos que no puedan
permanecer humildes ante tal poder divino y Todopoderoso serán quitados de
sus puestos, ya que el conocimiento del Señor cubrirá la tierra como las aguas
cubren el mar. Y aquellos que han intentado substituir con su propia
sabiduría y personalidad para tomar el lugar de este poder en las vidas de los
hombres serán humillados o destruidos.
No obstante, el juicio es una cosa individual. Está basado en la
voluntad de cada individuo para servir y como de bien ha vivido de acuerdo
con los principios de hacer el bien que emite su propio corazón. Su lugar es
seleccionado de acuerdo con su capacidad de dar amor, no en cualquier cargo
en la tierra o alguna posición codiciada ocupada con orgullo y esplendor. El
servicio solo se acepta cuando es ofrecido en puro amor y una profunda
humildad, sin pensamiento de recompensa. Uno tiene que dar este gran
servicio desinteresado de amor divino si quiere llegar a ser miembro de la gran
Asamblea del Primogénito.
“Tus pecados te han separado de mí”, proclamó el gran Isaías dando a
luz las palabras del Dios vivo. Nuestros pecados aún nos están separando de
Él. Él no nos ha encerrado ni amurallado. Nosotros nos hemos encerrado. A
través de nuestra lujuria, orgullo, celos y codicias secretas y egoísmo nos
hemos separado a nosotros mismos de Él y de su poder divino de realización
perfecta.
Ser miembro de la gran Asamblea o Iglesia del Primogénito se basa
totalmente en una completa generosidad y un amor perfecto. Estos son los
requisitos necesarios de ser enumerados entre los grandes seres santos que se
ofrecieron a sí mismos como un rescate para ayudar a elevar el mundo. Este
es el amor del que habló Cristo- el amor que un hombre está dispuesto a dar,
incluso con su vida, para que su hermano pueda ser liberado. Es el amor que
está dispuesto a renunciar a todas las recompensas para exaltar a otro. Es el
gran amor que hace a un hombre estar dispuesto, si se requiere, a sacrificar
incluso su propia alma para glorificar a la totalidad. Este es el amor puro,
divino, crístico. Este es el amor al que Cristo se refería. Este amor es del alma
y es gloriosamente divino. Este es el amor que tiene todo el poder de
realización. Este es el amor que, cuando se ha desarrollado, convierte a uno
en un miembro verdadero de la gran Asamblea, literalmente un hijo de Dios,
ya que él entonces nace en Dios, no en un mero simbolismo, sino en realidad.
El baptismo con agua no es sino una sombra del símbolo.
El gran y noble hijo de Dios que alcanzó con gloria ser miembro de la
Gran Iglesia, el escritor de las Odas a Salomón, que están bellamente
registradas en el Nuevo Testamento Apócrifo, lo explicó tan perfectamente en
su 26º Oda, que dice así:
“¿Quién es capaz de interpretar las maravillas del Señor?
“Aquel que pueda interpretarlas será disuelto y se convertirá en eso que
ha sido interpretado.”
Si uno perfecciona el amor, se convertirá en ese amor. Si perfecciona la
humildad y la gratitud, se convertirá en la Gran Actitud de amor y poder.
Cada año Annalee y Reason Skarin, por Navidad, ofrecían un regalo de
cumpleaños al Hijo de Dios. Un año fue Amor, otro, el canto de éxtasis desde
las profundidades de su alma- una canción de alegre devoción que desvanecía
y destruía la oscuridad. Un año fue el regalo de gratitud y agradecimiento que
liberaba continuas alabanzas desde sus corazones.
Después de ofrecer cada regalo, ellos buscaban con todas sus fuerzas
perfeccionarlo- Amor, Alegría y Gratitud y así entonces cada regalo se
convertía en un regalo vivo- un regalo de valor eterno. Y los regalos tenían el
poder de realizar la ofrenda.

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Es el privilegio de todos realizar y convertirse en el regalo que él ofrece o
todas las cosas que él interpreta. “Interpreta las maravillas del Señor y sé
disuelto y conviértete en aquello que interpretas.” Así es el poder dentro de
todos y cada uno de los individuos de esta tierra para glorificar su alma y
convertirse en miembros de la Gran Hermandad de Luz.

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15. LA GRAN ACTITUD

“Bienaventurados son los pobres en espíritu, ya que suyo es el reino del


cielo”. Sí, benditos son aquellos que se convierten en la actitud de amorosa
humildad, ya que para ellos se abrirá el gran reino de expansión. Una actitud
que se mantiene se convierte en una realidad. Y “Beatitud” significa
literalmente ser la actitud (N. del T.: del inglés, “beatitude” y “be the attitude”).
Siendo esta actitud, la cumples y logras la recompensa que contiene.
Al estar en la actitud de luto, no con pena por uno mismo ni en rebelión
colérica, sino a través de un dolor sincero, serás consolado- o recibirás este
divino y Sagrado Consuelo Que el Padre envía a todos los que están de duelo.
La ayuda siempre se envía a aquellos que están de duelo pero hay pocos que
acepten su consuelo, ya que ellos aman la oscuridad y sus dolores y su
miseria más que aman a la Luz. Pero a todos los que están de duelo se les
ofrece este gran consuelo divino.
“Bienaventurados son los mansos”, o aquellos que se convierten en la
actitud de mansedumbre, “ya que ellos heredarán la tierra”. Y esto no significa
llevar una falsa actitud de mansedumbre y humildad. Significa realmente SER
esta actitud. Tampoco significa que ellos heredarán la tierra en algún
magnífico, remoto futuro. Significa aquí y ahora- ya que todas las cosas
estarán sujetas a ellos, ya que ellos habrán aprendido la obediencia. Y por su
obediencia ellos están de acuerdo en permitir que la voluntad de Dios se haga.
Y solo la voluntad de Dios es perfección. Y es Su voluntad otorgar todos los
dones y bendiciones en aquellos que han aprendido verdadera obediencia o
mansedumbre.
“Bienaventurados son aquellos que tienen hambre y sed de rectitud: ya
que ellos serán rellenados (con el Espíritu Santo)” dice una traducción. Y sin
duda es cierto que cuando uno verdaderamente tiene hambre y sed rectitud, él
va a preguntar, buscar y llamar hasta que su deseo o anhelo sea calmado. Y la
llegada del Espíritu Santo es el don que conduce a todo conocimiento y toda
verdad. Por lo tanto, convertirse en la misma actitud de buscar y desear,
cumple la promesa de que todo el que pregunta recibe; y el que busca
encuentra; y al que llama se le abrirá. Esto también prueba que alguien así no
está tan cerrado ni cargado con la convicción de que él ya posee toda la verdad
y toda rectitud. Es la gran invitación abierta del alma buscando a ser
enseñada. Aquellos que ya están convencidos de que ellos poseen toda
rectitud, y todo conocimiento acerca de esto, han condenado su propio
progreso. La misma actitud de tener hambre de perfección ayuda a cumplirla.
“Bienaventurados son los puros de corazón: ya que ellos verán a Dios”.
Cuando el corazón es completamente puro entonces puede el gran amor de
Dios ser perfeccionado en él y Dios será revelado. Esta es una promesa que
automáticamente tiene que ser cumplida cuando las condiciones se dan.
Así cuando uno se convierte en la actitud necesaria para estar a la
altura y cumplir los requisitos, las grandes promesas se despliegan en toda su
gloria divina aquí en esta vida.
Y ahora, dejando las Bienaventuranzas por un momento vamos a
hablar sobre la más grande de todas las actitudes. Esta es la gratitud. La
Gratitud es la Gran Actitud (N. del T.: en inglés “Gratitude” que se puede ver
como unión de “Great Attitude”). Es esta gloriosa canción de agradecimiento, o
alabanza y alegría y amor que abre las mismas ventanas del cielo y cumple las
grandes promesas mencionadas tan a menudo por Annalee Skarin, que:
“Aquel que es agradecido por todas las cosas será glorificado; y las cosas de
esta tierra se añadirán a él, incluso cien veces, y más.”

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Conviértete en esta Gran Actitud de devoción cantada y alabanza y
todas las cosas se añadirán a ti, tanto en el cielo como en la tierra. Esta es la
profunda alegría y gratitud que desea solo que la voluntad de Dios se haga,
que se alegra de cualquier cosa que Él traiga- y en esta alegría y regocijo y
obediencia todas las cosas son transmutadas en bendiciones y gloria y fuerza
y completa perfección. Y es esta actitud que supera la oscuridad y su poder.
Tal es el significado de Sus palabras y tal es nuestro poder de
cumplirlas.
Si, “Bienaventurado eres tú cuando los hombres te injurien, y te
persigan, y digan cosas malas de ti falsamente, por mi causa”, si tú te
alegrarás. La bendición no viene por la persecución, sino en la actitud de
gratitud y alegría. Este gran amor y agradecimiento por que se haga la
voluntad de Dios contiene las llaves del cielo. Tiene las llaves del conocimiento
y la comprensión de que uno está teniendo el privilegio de ser probado (en
todas las cosas) y que podría ser autorizado a entrar con grandes honores en
la gran Asamblea de Luz. Una persecución así debe traer la mayor alegría al
alma humana y a su voluntad, si se entiende correctamente. Pero que sepas
que no es la persecución ni las injurias lo que contiene la promesa, o la
bendición- es la actitud con la que son recibidas.
Esta Asamblea o Iglesia del Primogénito está compuesta por “Aquellos
que superaron con fe, y están sellados por el Espíritu Santo de la promesa,
que el Padre vierte encima de todos aquellos que son justos y verdaderos.
“Ellos son los que son la Iglesia del Primogénito.
“Ellos son aquellos en cuyas manos el Padre ha dado todas las cosas-
“Ellos son los que son sacerdotes y reyes, que han recibido de su
plenitud, de su gloria…
“Ellos son los que han llegado a una innumerable compañía de ángeles,
a la asamblea general e Iglesia de Enoch, y del Primogénito…
“Ellos que habitan en su presencia son la Iglesia del Primogénito; y ven
como son vistos, y conocen como son conocidos, habiendo recibido de su
plenitud y de su gracia:
“Y Él los hace iguales en fuerza, y en poder, y en dominio.”
Y estos que son admitidos en la Iglesia del Primogénito “son ordenados
en la sagrada orden de Dios, para administrar el evangelio eterno; ya que ellos
son los que son ordenados de TODAS las naciones, lengua y pueblos POR LOS
ÁNGELES A LOS QUE SE HA DADO PODER SOBRE LAS NACIONES DE LA
TIERRA, para traer tantos como quieran venir a la Iglesia del Primogénito.”
Y aquellos que cumplen todas las leyes y “Siguen todos los
mandamientos tendrán los cielos abiertos ante ellos, y serán capaces de
comunicarse espiritualmente con la asamblea general e Iglesia del
Primogénito, y de disfrutar la comunión y la presencia de Dios el Padre, y
Jesús el mediador del nuevo pacto.”
Sí, “si preguntas, recibirás revelación sobre revelación, conocimiento
sobre conocimiento, que sabrás los misterios y las cosas pacificadoras- lo que
trae alegría, y lo que trae vida eterna”.
Luego que sepas que las oraciones son contestadas, los deseos
cumplidos cuando es posible preguntar sin dudar en el corazón. Son
cumplidos cuando uno literalmente se convierte en la actitud que cumple la
ley. Cuando las dudas son conquistadas por el amor, entonces la fe se
perfecciona y la actitud se asienta. Cuando puedas tener la sensación de que
tú realmente posees los dones que tú requieres, sin dudarlo, serán tuyos
totalmente. Es la sensación, o la actitud, no el pensamiento lo que trae la
realización. Es el poder de sostener una actitud hasta que uno se convierte en
esa actitud que la cumple. Se la actitud de mansedumbre, no ocasionalmente,

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sino se esta actitud y su promesa será tuya. Se agradecido y te convertirás en
la más grande de todas las actitudes, la gran realización poderosa de la
gratitud y serás glorificado y las cosas de esta tierra se añadirán sobre ti, por
cien veces, y más. Regocíjate y alégrate cuando la persecución venga, que es
una de las mayores tragedias humanas cuando se considera la superficie, pero
es una que tiene los papeles de examen para una graduación con honores- el
certificado de miembro entre los profetas de la antigüedad. Porque así fueron
los profetas perseguidos antes que tú- y así fue su recompensa.
Son estos grandes seres que se sacrificaron a sí mismos con alegría por
la iluminación de la totalidad los que formaron la gran comunidad de la
Asamblea de Luz. Estos son los que estaban dispuestos a dar su vida por sus
amigos, hasta el completo sacrificio de sí mismos, de sus cargos, su honor, su
recompensa y esperanza de gloria hasta que la Verdad pudiera brillar con un
mayor brillo para alumbrar el camino de los pasos errantes de sus prójimos.
En 1512 Erasmo dijo: “El yugo de Cristo sería dulce si las instituciones
humanas mezquinas no hubieran añadido a la carga…Sí, dejarán esta gente a
Cristo gobernar por mando de su palabra, y no tratar de construir su tiranía
con decretos humanos.”
No busques conocer a Dios a través de iglesias o hombres o líderes, sino
busca a Dios a través de tu propio corazón y a través de tus propias actitudes
divinas cumple Sus promesas sagradas. Perfecciona estas actitudes sagradas
y tú serás disuelto y te convertirás en esto que tú interpretas. Busca
convertirte en amor en toda su misericordia compasiva, divina, benévola,
crística, y conocerás los misterios de la Divinidad- o el gran misterio y poder
de convertirte Divino.

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16. “PERDONA NUESTRAS DEUDAS COMO NOSOTROS
PERDONAMOS A NUESTROS DEUDORES”

Los grandes poderes escondidos detrás de las palabras del Sermón de la


Montaña se han perdido en nuestros oídos humanos.
Supongamos que tomamos las palabras contenidas en la Plegaria del
Señor, “Perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros
deudores”, y apliquémoslas literalmente en nuestras vidas. Para entender su
completo significado es necesario ir más allá de las palabras. Tenemos que
buscar el significado interior de una ley tan divina que su deslumbrante gloria
ha cegado nuestros ojos con su brillo y no nos ha dejado contemplar
claramente su infinito poder de redención.
Decimos la oración con nuestros labios pero nuestras mentes no la han
comprendido. Nuestros ojos no han visto y su poder y significado no ha
penetrado en nuestros corazones endurecidos, y la oración ha quedado vacía y
sin significado en nuestras vidas.
Si llevamos con nosotros en esta vida y en el siguiente mundo, que es lo
que haremos a no ser que nos liberemos a nosotros mismos de ellos aquí,
nuestros odios, nuestras envidias, nuestras discordias, nuestra confusión y
celos y codicias, estaremos tan completamente atados a ellos como lo estamos
en el momento actual. Y las cadenas que nos atan son las mismas cadenas del
infierno.
Contenida en esta oración, la más poderosa de todas, está la ley que
puede liberarnos de estas cadenas de oscuridad y poner nuestros pies sobre el
camino de luz eterna, y nuestros pies serán siempre glorificados ya que la ley
es nuestra y su poder.
Es una ley simple, aunque su poder va más allá de algo que el hombre
haya experimentado nunca. En esta época, en particular, se considera
inteligente vengarse de cada palabra cruel, de cada acto malintencionado. Se
considera una cosa estúpida dejar pasar ofensas sin vengarlas. Y esta
carretera de venganza está reuniendo a toda la raza humana mientras lucha
ciegamente bajo sus cargas de discordia, oscuridad y confusión intensificada.
Si uno perdonara como él espera ser perdonado- o mejor aún, perdonar
solo por el hecho de perdonar, seria pronto elevado más allá de las fuerzas de
la oscuridad. Él tendría el poder de entrar en el reino del cielo y permanecer
en sus bendiciones.
Aquel que aprenda a reemplazar su deseo de venganza con una
bendición silenciosa, conocerá el verdadero significado de la palabra poder, ya
que le será dado a él. Él cesara de llevar consigo a todas partes sus cargas de
antipatías, odios y pensamientos poco compasivos y que consumen. En
cambio, solo llevará consigo amor y compasión y misericordia y el poder de
comprensión. Y antes de que él sea consciente de esto, se encontrará a sí
mismo vestido de luz, cuya luz es el vestido blanco mencionado en la
escritura, y la vergüenza de su propia desnudez o pecados nunca aparecerá.
Lentamente, gradualmente, como quitando una a una los harapos
contaminados de oscuridad, él se encontrará a sí mismo limpio y purificado y
vestido en luz eterna y poder.
Cada pensamiento oscuro que uno deja atrás eleva su propia carga de
pecados y transgresiones. Si él pudiera tener la visión de la gran bendición
que es suya, él nunca mantendría ni por un instante ningún pensamiento
malicioso o rencoroso contra cualquier cosa viva, especialmente su prójimo.
Su propio poder de redención está en sus propias manos ya que tan seguro
como él perdone, él tendrá el poder de ser perdonado ya que la ley es suya. Es
decisión suya si usarla o rechazarla. Con cada odio sin liberar, cada

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pensamiento malicioso apretado contra su pecho él está vistiendo las prendas
oscuras de sus propias transgresiones ya que ellas están entretejidas con sus
propios rencores y disgustos. La carga de cada error, debilidad y pecado es
parte de sus propias confusiones y envidias y odios amargos. Este tejido es
toda una misma cosa y el hombre está vestido completamente con su
repulsiva oscuridad. Como él mismo desecha la carga de los errores de sus
vecinos, los errores de sus enemigos, las ofensas de sus conocidos, él se va a
despojar sin duda de sus propias debilidades, sus propias transgresiones y
sus propios pecados. Solo perdonando puede él despojarse de la oscuridad y
permanecer liberado de cualquier obligación mortal y error torpe, cada acto
deshonesto intencionado, cada debilidad oculta. Él será vestido con la fuerza
de la luz. La majestad será suya- la gran majestad, incluso en el abuso más
trágico, “Padre, perdónalos. No saben lo que hacen”. Esto no son solo
palabras. Son poder divino en acción- el poder que es el derecho de cada
hombre usar.
“Señor, perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a
nuestros deudores” es una ley y contiene una promesa que no puede ser rota.
Es un poder como el que pocos han soñado alguna vez. Es una entrada hacia
los altos reinos de la existencia ya que en ella también está contenida la fuerza
del Primer y Segundo Mandamiento. Cuando uno perdona aprende el poder
del amor- y este poder le abrirá los reinos del cielo- ya que en estos dos
mandamientos están contenidos todas las leyes y los profetas. Todas las leyes
y todos los profetas significa el cumplimiento de cada ley divina alguna vez
dada y el recibimiento de cada bendición prometida por cada profeta a la
humanidad desde que el tiempo empezó. Cada promesa dinámica de la
escritura puede ser cumplida por estas leyes. Cada promesa de cada profeta
es de quien cumpla la ley. Si hay alguna promesa en escrituras, o en la
existencia, para este asunto, que tú deseas, entonces utiliza estas leyes,
vívelas y recibirás en pleno cumplimiento cualquier bendición que tu corazón
pueda desear o anhelar.
Cuando uno perdona él pierde sus fuerzas de odiar y aprende el poder
del amor, que no se puede explicar con palabras, la majestad divina en él y su
gloria.
“Ama a tus enemigos. Reza por aquellos que te atacan y te persiguen”.
Perdona a todos, instantáneamente y completamente, y tú caminarás con Dios
y te asociarás con aquellos grandes y nobles seres a los que Dios ha reservado
para sí mismo.
Estas leyes de perdón y amor, contienen más poder que la bomba
atómica cuyo poder acaba en un destello de destrucción. El poder del amor y
del perdón pertenece a cualquiera que elija usarlo y es eterno. Ni un pequeño
fragmento puede jamás ser perdido o destruido. Estas leyes de Dios
pertenecen a todos, a ricos y pobres, fuertes y débiles, gobernante o esclavo. Y
a cada uno que las cumple le está esperando el poder inefable de la libertad
eterna y la majestad, y una túnica de luz gloriosa será suya. La vergüenza de
su propia desnudez, la vergüenza de su propio pecado y debilidad serán
completamente disueltos con el poder del perdón.
Si, Dios perdona aquel que Él perdonará. Él perdona aquellos a los que
su ley de perdón perdona. Si uno cumple esta ley está automáticamente
perdonado. Esta es su ley del perdón. Esta sola es la ley de Dios del perdón y
él la ha otorgado a los hombres. Es la ley del universo y se aplica
individualmente a cada ser humano. Dios perdona aquellos a los que su ley
perdona, o aquellos que han cumplido la ley- y de nosotros se requiere que
perdonemos a todos los hombres. Así es como su gran, misericordiosa ley del
perdón funciona. Es tan simple como esto. Tan real y literal como esto, y tan

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eterno y poderoso como esto. Él perdona aquellos que Él perdonará, o aquellos
que su ley perdona. Cumple la ley y se perdonado. Él ha invitado a todos a
venir hacia él, los que se esfuerzan o los que van muy cargados con pecados
mortales y errores y cargas y Él dará completo descanso. Pero solo es posible
venir a él a través del cumplimiento de sus leyes. Sus leyes son su VOLUNTAD
y ellas contienen el poder de cada promesa alguna vez dada.
Dios nunca dio una ley para su propia gloria o satisfacción personal.
Pero cada ley es dada para que pueda glorificar al hombre y vestirlo en luz y
majestad. Las leyes son dadas para que el hombre pueda usar su propio libre
albedrío para llegar a ser perfecto, como Dios es perfecto. Estas leyes son para
que el hombre pueda recibir poder como Dios tiene poder.
Perdona y serás perdonado y estarás purificado delante del mismo trono
de Dios, vestido de luz y majestad y amor eterno, caminando con Dios- un
miembro de la gran asamblea de Luz. Esta ley es una de las más exactas, de
las más positivas y definidas leyes alguna vez dadas al hombre- y Dios no hace
distinción de personas. Aquel que cumpla esta ley recibirá las promesas-
perdón- fuerza- luz- y las llaves de la eternidad.

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17. QUE ASÍ SEA

Pues así acaba este registro que he sido permitida a escribir.


Habrá una serie de registros que seguirán a este, ya que hay suficiente
material para escribir muchos volúmenes como este- suficiente material para
llenar los libros de la tierra- pero no todo puede aún ser escrito.
A ti que recibes este trabajo, yo te pido que trates de cumplir las cosas
que explica, ya que son verdad. Aprende a ser agradecido en todas las cosas,
incluso en la angustia, y transmútalo en gloria y fuerza a través de alabanzas
y agradecimientos. Venerar y adorar, no con palabras o acciones fanáticas,
sino con una canción de alegría interna y alabanza eterna.
Ofrece tus cargas al Señor con una completa confianza liberadora, y
que sepas que ellas pueden ser cambiadas así en bendiciones.
Rasgad el velo de la incredulidad. Permitid a vuestros corazones ser
suavizados con ternura y amor crístico, compasivo, divino. Perfeccionad el don
dentro de vuestras almas, junto con un arrepentimiento de espíritu. Entrenad
a vuestros corazones a fundirse y a vuestros mentales “ojos a ver” más allá del
mundo físico manifiesto de cosas sólidas y concretas. Luego el velo puede ser
rasgado ya que la incredulidad será completamente superada.
Aprende el poder de la ley de la gravedad, su lugar en el mundo físico, y
desarrolla el poder para dominarla y superarla. Aprende el poder y la realidad
de la ley espiritual de la levitación y la podrás usar.
Abrid ampliamente vuestros corazones y almas y mentes a la gran Luz
que está siendo vertida sin medida. Reunidla dentro vuestro y multiplicándola
en vuestras almas, mandarla hacia fuera para ayudar a sanar al mundo.
Y hasta que nos conozcamos en persona, que Dios esté contigo-

CHRISTINE MERCIE

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