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Alternativas para una Iglesia que camina con espíritu y desde los pobres

COSMOVISIÓN INDÍGENA:
DESAFÍOS Y POSIBILIDADES1

Margot Bremer*
Juan Manuel Hurtado**

1. Introducción

En este momento de cambio de época, es sumamente necesario


volver a las propias raíces para poder visualizar nuevos horizontes. El
origen implica la dirección del futuro que se despliega paso a paso, en
el proceso de su búsqueda por la historia.

1 Temática del taller desarrollado durante el II Congreso Continental de Teología,


en Belo Horizonte, el 27, 28 y 29 de octubre de 2015, a propósito de la cosmo-
visión indígena, desafíos y posibilidades.
*
Religiosa del Sagrado Corazón de Jesús. Nació en Alemania en un ambiente
luterano. En una larga estadía en España optó por la Iglesia católica. Siendo
religiosa estudió teología. Ha trabajado con gitanos y con las Comunidades
Eclesiales de Base (CEB). Desde hace más de 20 años vive en Paraguay, compar-
tiendo vida y saberes con religiosos/as, indígenas, campesinos, antropólogos y
seminaristas.
**
Sacerdote mexicano, párroco de Cristo Rey en Ciudad Guzmán. Bachiller en
teología de la Universidad Gregoriana de Roma (Italia) y doctor en teología
de la Universidad de Münster (Alemania). Combina la acción pastoral con los
pueblos originarios con la docencia en filosofía y teología. Además, es conferen-
cista internacional. Representa a Amerindia en el Foro Mundial de Teología y
Liberación.

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Iglesia que camina con Espíritu y desde los pobres

Solemos presentar la teología latinoamericana en método y len-


guaje occidentales, sin embargo, Abya Yala (‘tierra de plena madurez’, en
kuna) también alberga una teología milenaria (Teología India), com-
puesta de diferentes teologías indígenas. Todas tienen su base en la sa-
biduría, igual que la Biblia hebrea-judía. Los pueblos de Abya Yala están
convencidos de que el mismo Espíritu actuó en su vida, así como actuó
en el pueblo de la Biblia. ¿Compartimos esta convicción?
Queremos discernir cuáles son los caminos de reforma, fe y huma-
nización que se suscitan a partir de las cosmovisiones y prácticas de los
pueblos originarios de América Latina y el Caribe.

2. Un poco de historia

Existen en el mundo 300 millones de indígenas y el 90% viven en


la pobreza. Además, 50% de ellos no tienen trabajo. Y sin embargo, los
indígenas aportan a la diversidad cultural.
En el fondo –y en aras de la concisión– podemos decir que se
trata de una identidad negada a los pueblos originarios de estas tierras.
Una identidad que se negó como proyecto histórico, político, social,
cultural y religioso de los pueblos indios. Lo que se mostró en el siglo
XVI, y dadas las circunstancias y la ideología de aquellos tiempos, fue
la imposibilidad de un encuentro intercultural entre dos pueblos o más
y la incapacidad, por parte del conquistador, de acompañar el proyecto
de nación y de pueblo a los náhuas, purhépechas, mayas, zapotecos,
aymaras, quéchuas, etc.
Lo más terrible fue eso: cortar el proyecto histórico que cada pue-
blo había ido forjando en miles de años, su propia cosmovisión, como
nos lo muestran claramente los náhuas, mayas, quéchuas, aymaras, ra-
rámuris y otros pueblos.
A lo largo de la historia estos pueblos han resistido al hambre, a las
enfermedades, a las guerras, al zaqueo de sus recursos, de su oro y de su
plata; han resistido a la discriminación y a la marginación; han recibido
‘otra religión’ que muchas veces sintieron impuesta y una fe diferente,

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no suficientemente dialogada, incorporando lo mejor que encontraron


de aquel mensaje nuevo en su sabiduría ancestral. Y sobre todo, han
resistido al tiempo.
Vivir en la marginación es un hecho y un aprendizaje. Sin ser to-
mados en cuenta a la hora de diseñar los proyectos de nación en sus
diversas áreas, y contando con la diversidad cultural, los pueblos indí-
genas han caminado por cientos de años en la marginación, como vida
y como realidad. Esto ha comportado un duro aprendizaje en todos
los campos, para no morir y para no desintegrase como pueblos: en el
económico, para sobrevivir al hambre; en lo social, para caminar margi-
nados del resto de cada país; en lo político, para recibir ya hechas, leyes
y normas que ellos no diseñaron; en lo cultural, tratando de no perder
los valores y costumbres que a ellos en miles de años les dieron sentido
de vida y de futuro.
En algunas de las Cumbres continentales de los pueblos indígenas,
han denunciado esta situación con fuertes palabras:

Denunciamos que los gobiernos nacionales de América es-


tán empleando cada vez más, la represión violenta caracterizada por
violaciones de nuestros derechos humanos y derechos como pueblos;
la criminalización de nuestros actos en defensa de la vida y cere-
monias espirituales; la para-militarización; los desalojos de nuestras
tierras, la ocupación militar; la cooptación y corrupción de autor-
idades locales y dirigentes; la promoción de proyectos que tratan
de ‘compensar’ los perjuicios que realizan empresas transnacionales;
el supuesto reparto equitativo de beneficios; la migración forzada;
promueven la división, la confrontación y el enfrentamiento armado
entre comunidades, para imponer sus políticas excluyentes, racistas
y opresivas2.

2 II Cumbre continental de los pueblos y nacionalidades indígenas de Abya Yala. Declaración de


Quito. Julio de 2004. Disponible on-line en: http://www.cumbreindigenabyaya-
la.org

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Los pueblos originarios han ido planteando sus desafíos y alter-


nativas, han iniciado sus propias búsquedas. Van desde el cuidado de
la madre tierra, del agua, la biodiversidad, el derecho a sus recursos
naturales, su derecho a decidir su organización y su futuro, en base a su
propia sabiduría ancestral y costumbres, hasta los derechos humanos,
la autonomía, sus alianzas y diseño de futuro.
Los pueblos originarios de estas tierras viven otra relación entre na-
turaleza, sociedad y cultura. Hacen fuertes denuncias a los organismos
financieros y a los Estados de América, pero proponen ir andando el
camino de su propia autonomía: desde lo pequeño de sus comunida-
des, hasta niveles regionales, nacionales y continentales. Y esto en todos
los campos: comunicación, educación, cultura, organización, derechos
humanos. De hecho, han propuesto establecer redes de apoyo y una
coordinadora general de los pueblos originarios de Abya Yala3.

Los indígenas seguimos estando guiados por nuestras


normas culturales, espirituales, lingüísticas e históricas; por tanto,
seguimos siendo Pueblos Indígenas, con derechos imprescriptibles
e inalienables que les asisten a todos los pueblos del mundo. Los
pueblos indígenas desarrollamos nuestra cultura en determinados
espacios territoriales, en donde se han establecido vínculos
espirituales, lingüísticos, que conforman nuestra identidad milenaria.
Sin embargo, hemos sido despojados en el proceso de conformación
de los Estados Nacionales4.

[Queremos] afianzar el proceso de alianzas entre los pue-


blos indígenas, de pueblos indígenas y los movimientos sociales del

3 Cf. III Cumbre continental de los pueblos y nacionalidades indígenas de Abya Yala. Guatemala.
Octubre de 2006. Disponible on-line en: http://www.cumbrecontinentalindige-
na.org/docs_guate.php
4 I Cumbre continental de los pueblos y nacionalidades indígenas de Abya Yala. Declaración de
Teotihuacan. Octubre de 2000.

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continente y del mundo que permitan enfrentar las políticas neo-


liberales y todas las formas de opresión….5

Proponen algunas alternativas de acción para ir respondiendo a los


desafíos, con las limitaciones que puedan tener: “avanzar en el ejercicio
del derecho a la autonomía y libre determinación de los pueblos indí-
genas, aún sin el reconocimiento legal de los Estados –Nación”6.
Quizá un ejemplo concreto de la respuesta a este desafío es la
constitución de los municipios autónomos zapatistas, sus ‘Caracoles’7
y su proyecto de autonomía y gestión de la vida en todos sus campos.
Para hacer caminar la palabra y realizar los sueños, de la resistencia al
poder:

Nos constituimos en la Coordinadora Continental de las


Nacionalidades y Pueblos Indígenas del Abya Yala, como espacio
permanente de enlace e intercambio, donde converjan experiencias
y propuestas, para que juntos enfrentemos las políticas de glo-
balización neoliberal y luchar por la liberación definitiva de nuestros
pueblos hermanos, de la madre tierra, del territorio, del agua y todo
el patrimonio natural para vivir bien8.

Ante estas circunstancias y en este momento de giro histórico, urge


reconocer la teología originaria, tan válida e importante como la occi-
dental, para la elaboración de una nueva teología latinoamericana, que
busque la construcción de una nueva sociedad y de una nueva Iglesia,
con rostro más latinoamericano.

5 Op. cit. III Cumbre…


6 Ibíd.
7 En México, se denomina ‘Caracoles’ las regiones organizativas de las comunida-
des autónomas zapatistas (nota de los editores).
8 Ibíd.

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3. Cosmovisiones de los pueblos originarios

Para dar un primer paso es necesario conocer las cosmovisiones de


estos pueblos originarios. A pesar de que cada cultura tiene su propia
cosmovisión, hay un eje común que les une a todas: la interrelación,
la que les aporta una visión holística que aquí es presentada de forma
occidental fragmentada.

3.1 Interrelación con la tierra

En la cosmovisión indígena, el ser humano no es centro y dueño


del mundo, sino forma parte de la vida con la Madre Tierra. Por mile-
nios, los pueblos indígenas se han orientado por aquellos principios de
vida que les está ofreciendo el ecosistema; han buscado sintonizar con
éstos y se esfuerzan por restablecer su equilibrio, que continuamente se
desorganiza por distintas causas. Esta práctica les ha llevado a la con-
vicción de que son pertenecientes a la tierra y no al revés.
No respetar los principios de esta interrelación, es una grave in-
fracción contra la sagrada trama de la vida, que mantiene el equilibrio
en la tierra. Los pueblos originarios han observado que la mayoría de
las plantas y de los árboles, así como de los animales e insectos y hasta
las mismas estrellas, conviven en grupos/colonias interrelacionados en
cierta organización interdependiente9.
De la misma manera, los indígenas forman comunidades incluyen-
do siempre la naturaleza que les rodea. Tal forma de convivencia es,
para ellos, el camino hacia la plenitud de vida que se teje en un largo
proceso de interrelaciones, impulsadas –como en la misma naturaleza–
por permanentes renovaciones.
Los recursos de la tierra son, según estos pueblos, ‘bondades’ de la
Madre Tierra que se distribuye con la misma bondad, equitativamente,
para renovar el sentido comunitario.

9 Ejemplos de esta convivencia organizada son las hormigas, las abejas, las coto-
rras, las gallinas del monte y muchos otros.

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Esta forma de convivencia con la tierra, con toda su vida, se rea-


liza en una relación familiar. Los indígenas se sienten parientes de las
plantas y de los animales y las tratan con gran respeto: hablan con el
espíritu protector de cada animal así como, a la inversa, las plantas les
hablan al decir que “del árbol fluyen las palabras”. A partir de tales ob-
servaciones concretas, a nivel local, su sentido comunitario se expande
hacia lo cósmico: intuyen que su caminar tiene dirección hacia una co-
munidad cósmica como proyecto de la creación y, por tanto, inherente
a todos los seres vivientes.

3.2 Interrelación entre los humanos

Con su sabiduría que les es propia, estos pueblos indígenas han


observado que el crecimiento hacia la vida plena depende de la calidad
de sus interrelaciones, calidad que constantemente necesita ser re-cons-
truida a causa de las múltiples intervenciones desde adentro y afuera.
El corazón de la vida comunitaria indígena se encuentra en la sa-
grada asamblea10, celebrada en medio de y junto con la naturaleza. En
este lugar-tiempo, que comienza y termina siempre con mucha oración,
se renuevan los lazos de convivencia, haciendo primero memoria del
proyecto fundacional, que cada pueblo nombra de distinta manera. Los
guaraníes, por ejemplo, expresan esta utopía como la búsqueda de la
‘Tierra sin Mal’ (yvy marane´y).
Centrados en este eje, ellos exponen en las asambleas sus problemas
de convivencia y toman las decisiones en consenso. Estas asambleas son
sagradas porque renuevan la convivencia mediante relecturas de su mito
fundante, raíz orientadora hacia el futuro en medio de los vaivenes de
la vida y de la historia.
La tendencia itinerante inherente a los pueblos indígenas del Cono
Sur, aunque hoy día ya no la pueden vivir, les ha marcado un estilo de
vida profundamente austero, alimentándose con lo que da la tierra, sin

10 Recordamos aquí que la palabra ecclesía quiere decir ‘asamblea’, y ‘sínodo’ = cami-
nar juntos.

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acumulación. El caminar (oguatá) les hace concebir la vida como un


proceso en permanente búsqueda. Por ser itinerantes11, la organización
de sus comunidades no es piramidal, sino circular. Muchas comunida-
des de la misma cultura se articulan en asociaciones.
En estas comunidades, la economía y la ecología van unidas. Han
desarrollado un sistema económico coherente a los principios de vida
que observan en la naturaleza que se basa fundamentalmente en la re-
ciprocidad, generando una circularidad en el dar y el recibir. De este
modo se regeneran y se consolidan permanentemente los lazos comu-
nitarios. Dicha reciprocidad solamente es posible cuando cada uno
reconoce sus propias limitaciones. Esta práctica es su modo de vivir
el equilibrio en las interrelaciones humanas, reconociéndolo como el
orden en la creación, establecido por su Creador.

3.3 Interrelación con Dios

Según los pueblos indígenas, esta tierra es el único lugar donde los
seres humanos pueden relacionarse con su Creador12. Interpretan su
misión en esta tierra como un estar en permanente alerta y vigilancia
para cuidar el proyecto-sueño de su creador. Se declaran ‘centinelas’ de
la creación para que ésta llegue a su destino, la plenitud de vida, una
‘Tierra sin Mal’. Les ayuda la sabiduría del Creador que están buscan-
do y descubriendo constantemente en la naturaleza, de la cual están
desando participar. En medio de su vida buscan la presencia de Dios
Padre que les acompaña en su caminar y en su búsqueda de plenitud.

11 Esto no quiere decir que son nómades, pues siempre vuelven a su territorio tra-
dicional donde están enterrados sus antepasados. También la Iglesia, asentada, se
autodefine como ‘peregrina’ por la historia.
12 Así lo afirmaron los obispos latinoamericanos en Aparecida, en 2007: “nuestra
hermana, la Madre Tierra, es nuestra casa común y el lugar de la Alianza de Dios
con los seres humanos y con toda la creación. Desatender las mutuas relaciones
y el equilibrio que Dios mismo estableció entre las realidades creadas, es una
ofensa al Creador, un atentado contra la biodiversidad y, en definitiva, contra la
Vida” (Documento de Aparecida, 125).

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Por tanto, toda la vida es sagrada para ellos.


Sin embargo, la obra creacional como visibilidad del pensamiento
y del plan divino, no se manifiesta solamente en la naturaleza, sino
también en las más diversas formas de la vida cotidiana, como en el
nacer y el morir, en el sembrar y el cosechar, en la distribución y la re-
ciprocidad, etc. Al buscar los principios de la sabiduría divina en toda
la creación, ellos se encuentran con el espíritu del Creador que les hace
descubrir el sueño del Creador, el sentido más profundo de la creación.

4. La búsqueda de la ‘Tierra sin Mal’ en el mito de los


Gemelos

Los pueblos guaraníes de la región Cono Sur dan al creador de


toda la vida el nombre ‘Nuestro Gran Padre, primero y último’. El mito
de los Gemelos ayuda a los pueblos guaraníes a mantener y a renovar
la relación con su Dios, presente en la creación. Con este mito los
guaraníes se identifican como un pueblo en camino, conducido por el
espíritu creador en permanente recreación. El motivo de su caminar es
la búsqueda de la ‘Tierra sin Mal’.
El mito comienza con la aparición de Dios, con el sol en su
pecho en medio de una tremenda oscuridad. Kuarahy (sol) significa
“manifestación de la sabiduría y del poder creador”13. Como primer
acto, él construye una cruz sobre la cual pisa su pie y surge, de ese
soporte, la tierra como desafío y posibilidad de caminar, es decir,
inventar caminos para la vida. Sus cuatro extremidades de igual longitud
–además de los cuatro puntos cardenales que dan orientación en el
caminar– simbolizan el soporte de la casa guaraní (en lo vertical), que
encierra la misión de cuidar la conformación armónica de la casa (roga).
En el mundo guaraní, la casa simboliza el cosmos (oikos, en griego) que

13 La palabra kuarahy se compone de tres elementos: kuaraa = saber; ra = crear; e y =


manifestación, columna. Cf. León, C. (1997). Ayvu Rapytá. Asunción: Epopteia,
p. 43.

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debe ser respectado y cuidado en su ordenación equilibrada y armónica,


constituida así por su Creador14.
Continúa el mito con la presencia del Padre Ñamandu, quien vive
con su esposa en una casa con chacra. Se separan y en el caminar de la
mujer embarazada, en busca de reconciliarse con su marido, es devora-
da por los tigres azules, símbolo del mal. Los fetos de los gemelos en
su vientre pudieron ser salvados por la abuela tigre que cuida a los dos
en un ambiente hostil. Éstos, de jóvenes, huyen de la casa de los tigres.
En su caminar, los huérfanos descubren todo lo que la naturaleza les
puede ofrecer para sostener una vida dignamente humana.
Solidariamente unidos, los gemelos consiguen superar muchas difi-
cultades y aprenden a discernir entre el bien y el mal. Tienen que pasar
muchas dificultades y pruebas. La diferencia de caracteres les ayuda a
complementarse: uno es más atrevido y astuto, otro más sensato y espi-
ritual pero no tiene coraje. Con gran sabiduría consiguen enriquecerse
recíprocamente en la diversidad de dones, lo que fortalece su espíritu
comunitario. Juntos buscan e inventan caminos para sobrevivir y convi-
vir, siempre en sintonía y ritmo con la naturaleza y el cosmos.
Descubren en las bondades de la tierra una verdadera Madre que
quiere compartir su vida con ellos. Los gemelos entran en relación de
reciprocidad con ella, experimentándose hijos suyos. Junto con todos
los demás seres que encuentran en su caminar, descubren que deben
conformar una sola familia. Será el camino de la vida buena (teko pora),
que lleva a la vida en una ‘Tierra sin Mal’. En incansables intentos de

14 Respecto a esta visión, dice Frei Betto: “nuestros pueblos originarios, los indíge-
nas, hace milenios que desarrollaron la cultura del Buen Vivir, de sintonía entre
la naturaleza y el ser humano. En la Madre Tierra reside nuestro origen y evolu-
ción, y de ella provienen todos los recursos indispensables para la vida. Sin em-
bargo, nuestra cultura utilitarista, centrada en el lucro, comete el grave error de
ignorar la sabiduría indígena en cuanto al equilibrio y la armonía ambientales”
(Betto, F. (2015). “Conferencia del clima en París”. En Adital. 13 de noviembre
de 2015. Disponible on-line en: http://www.adital.com.br/site/noticia_imp.
asp?lang=ES&img=S&cod=87289).

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restablecer el equilibrio de la tierra, los gemelos manifiestan su respeto


al orden cósmico, permanentemente amenazado.
Finalmente, los caminantes llegan al ‘paraíso’, una tierra con vege-
tación en plena madurez. Allí su madre los recibe, anunciándoles que
han llegado a la madurez/plenitud de su vida en unión con la de la
tierra.
En este mito los gemelos representan los fundadores de la cultura
guaraní (héroes culturales). En su caminar por buscar más vida y al des-
cubrir y adaptar las posibilidades y los desafíos que les ofrece el ecosis-
tema, ellos inventan y crean un sistema de convivencia. En este proceso
de permanente adaptación e inserción está creciendo su relación cada
vez más profunda y familiar con la Madre Tierra.
Gracias a las frecuentes reflexiones, a partir de ese mito sobre la
presencia de Dios en su vida cotidiana y sobre la conducción del Espí-
ritu en su búsqueda constante, los pueblos guaraníes podían crecer en
sabiduría y espiritualidad.

5. Caminos a recorrer en los procesos de reforma

En la mayoría de los países latinoamericanos, los pueblos origina-


rios han salido de su clandestinidad y, luchando, caminan hacia un nue-
vo protagonismo. En algunas Iglesias se ha llegado ya a la valoración,
el respeto y el diálogo intercultural con indígenas. También la Teología
India salió de su clandestinidad y ya es reconocida por el CELAM
como un modo especial de hacer teología.
Todo este cambio presenta un desafío a las Iglesias cristianas en
Abya Yala. Justamente por ser diferentes, pueden ofrecer en un diálogo
intercultural-interteológico nuevos desafíos y posibilidades para la re-
forma.
Las experiencias indígenas de Dios, vividas y expresadas en su cos-
movisión propia, pueden enriquecer la fe y la teología occidental de la
iglesia latinoamericana. Su extraordinaria capacidad de relacionamien-
to integral y sus profundas reflexiones eco-teológicas reflejan los valo-

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res prioritarios del mismo Evangelio15. En un Encuentro de Teología


India, un grupo de indígenas expresó que “nuestros proyectos se armo-
nizan con los proyectos de Jesús: el reino para nosotros es la experiencia
del Sumak Kawsay, es ‘la Tierra sin Mal’, es la ‘Loma Santa’, etc.”16.

15 Seguir a Jesús implica, en este contexto, descubrir y vivir el “evangelio de la


creación”, entendido como búsqueda y colaboración en el crecimiento de vida,
mediante la interrelación para que el mundo llegue a la plenitud/madurez de la
vida.
16 V Encuentro latinoamericano de Teología India en Manaus/Brasil, 21-26 de
abril 2006.

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