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Tiempo del éxodo y años en el desierto .

ÉXODO Se llama así al acontecimiento en el cual los israelitas salieron de •Egipto. La palabra
viene del latín: ex= fuera de, hodos= camino. Puede decirse que los israelitas, con el é., surgieron
como una nación que llega a constituirse en teocracia por medio del pacto que Dios hace con ella
en el monte Sinaí. No hay un acuerdo unánime entre los eruditos en cuanto a la fecha en que tuvo
lugar el éxodo. Se menciona al siglo XV a.C. (¿Tutmosis III y su sucesor Amenhotep II [en griego
Amenofis], alrededor del 1436–1411 a.C?). Como se nos dice en Éx. 1:11 que los israelitas
“edificaron para Faraón las ciudades de almacenaje, Pitón y Ramesés”, algunos interpretan que
pudo haber sido en tiempos de Ramsés II (XIX dinastía). Pero hay que tener en cuenta que el
nombre Ramsés fue utilizado por gobernantes anteriores a Ramsés I.

La resistencia de Faraón fue finalmente vencida tras las diez plagas ( •Plagas, las diez) y el pueblo
salió hacia el desierto bajo la dirección de Moisés. La ruta que siguió en su peregrinación hacia
Canaán es perfectamente identificable en términos generales, pero hay dificultad en localizar
ciertos detalles a causa de los cambios en la toponimia que se fueron haciendo en el decurso de
los siglos. Se registran los nombres que tenían en aquella época muchos de los lugares por donde
pasaron los israelitas, partiendo de Egipto, luego transitando por la península de Sinaí hasta que
llegando al río Jordán, lo cruzaron.

ÉXODO, LIBRO DE Segundo libro del Pentateuco. El título viene del latín: ex= fuera de, hodos=
camino, pero el nombre hebreo es Semot (nombres), que se deriva de las primeras líneas del libro,
que comienza diciendo: “Estos son los nombres…” (Éx. 1:1).

Autor Se atribuye a Moisés, según la tradición judía y cristiana, aunque el libro no lo dice así.
Siguiendo la tradición hebrea, el Señor Jesús, citando de este libro, dice: “¿No habéis leído en el
libro de Moisés cómo le habló Dios en la zarza…?” (Mr. 12:26). Algunos señalan, sin embargo, que
esa era la forma en que se hacía referencia a los libros del Pentateuco. Y que la misma no
necesariamente implica la autoría del líder hebreo. La mayoría de los creyentes opinan que el
origen del libro está en los tiempos de Moisés, aunque no puede descartarse que en el devenir de
las edades se hicieran modificaciones hasta llegar a la forma actual. •Pentateuco.

Tema. En él se narra la salida de los israelitas de la esclavitud en Egipto, la entrega de la ley en


Sinaí y la vida del pueblo peregrino en el desierto hasta la entrada a Canaán.

Los hebreos en Egipto. Moisés. Se inicia el L. de É. con unos párrafos que lo conectan con las
últimas palabras de Génesis, señalando los nombres de los descendientes de Jacob que vinieron a
vivir a Egipto, los cuales se multiplican grandemente. Después de la muerte de José vino sobre
Egipto “un nuevo rey que no conocía a José”, que teme el crecimiento demográfico de los
israelitas, los oprime y pone en vigor un sistema de control de la natalidad según el cual los niños
varones debían ser muertos. Las “parteras de las hebreas” temieron a Dios y no lo ejecutaban.
Nace un varón que es escondido por su madre. La hija de Faraón encuentra al niño y determina
contratar a una hebrea para que lo cuide, sin saber que era la misma madre del niño. Más tarde lo
adopta y le pone por nombre •Moisés. Aunque éste crece en la corte faraónica, observó las “duras
tareas” a que estaban sometidos sus hermanos y defendió a un israelita que era maltratado por un
egipcio, al cual mató. El hecho se supo y tuvo que huir. Llegó a Madián, donde mora con un varón
llamado Reuel y se casa con una de sus hijas (Éx. 1:1 al 2:25).

Llamamiento de Moisés. Moisés pasa largos años en el desierto apacentando “las ovejas de Jetro
su suegro, sacerdote de Madián”. El “Ángel de Jehová” se le aparece “en una llama de fuego en
medio de una zarza” y le ordena regresar a la corte de Faraón “para que saques de Egipto a mi
pueblo”. Moisés duda, pero Dios le confirma mediante señales. Le advierte también que Faraón no
querrá dejar salir a los israelitas. Moisés dice a Dios que él no era “hombre de fácil palabra”. Dios
le contesta que su hermano Aarón “habla bien” y que sería su vocero. Moisés se despide de su
suegro y parte para Egipto. Allí da su mensaje a los israelitas, presentó las señales y “el pueblo
creyó” (Éx. 3:1 al 4:31).

Actitud negativa de Faraón. Moisés y Aarón se presentan delante de Faraón diciendo de parte de
Dios: “Deja ir a mi pueblo”. Pero Faraón se niega y aumenta las cargas de los israelitas. Cuando
éstos se quejan, Faraón les dice que están ociosos y por eso dicen: “Vamos y ofrezcamos sacrificios
a Jehová”. Los capataces israelitas se quejan ante Moisés y éste lleva la queja ante Dios. Dios
responde ratificando su orden de partida y vuelve a ordenar a Moisés que vaya delante de Faraón
(“Di a Faraón rey de Egipto todas las cosas que yo te digo a ti”). Moisés vuelve delante del rey, que
le pide que haga alguna señal milagrosa. Aarón lanza al suelo su báculo que se convierte en
serpiente. Los “sabios y hechiceros” egipcios hacen lo mismo, “mas la vara de Aarón devoró las
varas de ellos” (Éx. 5:1 al 7:12).

Las diez plagas. Dios trae sobre Egipto grandes portentos orientados a convencer a los egipcios
para que dejaran salir al pueblo.

Primera. El río Nilo y todo depósito de agua se convierten en sangre. Mueren los peces. Pero “los
hechiceros egipcios hicieron lo mismo con sus encantamientos” (Éx. 7:13–25).

Segunda. Aparece una gran cantidad de ranas “que cubrieron la tierra de Egipto”. Pero “los
hechiceros hicieron lo mismo con sus encantamientos”. Faraón pide que se ore para que
desaparezcan las ranas (Éx. 8:1–15).

Tercera. Aarón golpea con su vara “el polvo de la tierra, el cual se volvió piojos … en todo el país
de Egipto”. “Los hechiceros hicieron así también … pero no pudieron”. Y dijeron a Faraón: “Dedo
de Dios es éste” (Éx. 8:16–19).

Cuarta. Dios envía “toda clase de moscas molestísimas” sobre los egipcios, pero preserva la tierra
de Gosén, donde moraban los israelitas (Éx. 8:20–32).

Quinta. Dios envía una mortandad en el ganado de los egipcios, pero preserva el de los israelitas
(Éx. 9:1–7).

Sexta. Moisés y Aarón lanzan al aire puñados de cenizas que se convierten en “polvo sobre la
tierra” que produce “sarpullido con úlceras en los hombres y en las bestias” (Éx. 9:8–12).

Séptima. Dios envía “granizo, y fuego mezclado con el granizo” por todo Egipto, menos en tierra
de Gosén (Éx. 9:13–26).
Octava. Dios envía una enorme cantidad de langostas, las cuales vinieron con un “viento oriental”
(Éx. 10:1–20).

Novena. Dios envía tinieblas sobre toda la tierra de Egipto (Éx. 10:21–29).

Décima. Muerte de los primogénitos. Se establece la Pascua. Salida de Egipto (Éx. 11:1 al 13:22).

Cruce del mar Rojo. Dios conduce al pueblo por el camino más largo hacia Canaán. Acampan
junto al mar. Faraón los persigue. Dios abre el mar Rojo para que los israelitas pasen en seco.
Cuando Faraón intenta cruzar también, muere bajo las aguas junto con su ejército. Moisés eleva
un cántico. El pueblo celebra (Éx. 14:1 al 15:27).

El maná. Después de llegar a Mara, donde “no pudieron beber las aguas … porque eran amargas”,
pasaron a Elim y al desierto de Sinaí. Al quejarse el pueblo por la falta de alimentos, Dios les envía
el •maná. Se dan las instrucciones sobre cómo recogerlo y consumirlo (Éx. 16:1–36).

La peña de Horeb. Al faltar el agua en Refidim, el pueblo vuelve a quejarse. Dios ordena a Moisés
que golpee una piedra en Horeb y salen aguas (Éx. 17:1–7).

Ataque de los amalecitas. Amalec ataca a Israel. Moisés intercede desde un monte. Sus manos se
cansan, pero Aarón y Hur le sostienen los brazos y se obtiene la victoria (Éx. 17:8–16).

Visita de Jetro. El suegro de Moisés vino a encontrarse con él tras oír “todas las cosas que Dios
había hecho con Moisés y con Israel su pueblo”. Trajo a Séfora con sus dos hijos. Da algunos
consejos a Moisés sobre cómo gobernar el pueblo (Éx. 18:1–27).

La entrega de la ley. Moisés sube al monte y Dios habla con él (“Moisés hablaba, y Dios le
respondía con voz tronante”). Dios le entrega los Diez Mandamientos y las leyes del pacto (Éx.
19:1 al 24:18).

El tabernáculo. Dios da las instrucciones para la construcción del tabernáculo y la institución del
sacerdocio (Éx. 25:1 al 31:18).

El becerro de oro. Al tardar Moisés en la cima del monte, el pueblo se impacienta y pide a Aarón:
“Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros”. Aarón hace un becerro de fundición y
el pueblo hace fiesta. Moisés desciende del monte pero rompe las tablas de la ley al contemplar el
espectáculo de idolatría, destruye el becerro. Los hijos de Leví responden al llamado de Moisés y
atacan al resto del pueblo. Mueren tres mil hombres (Éx. 32:1–35).

Las dos nuevas tablas de la ley. Dios ordena a Moisés que alise dos tablas de piedra para escribir
en ellas los Diez Mandamientos. Moisés sube el monte y permanece allí “cuarenta días y cuarenta
noches”. Dios revela a Moisés su gloria y éste desciende con las tablas de piedra. Su rostro
resplandece (Éx. 33:1 al 34:35).

Los trabajos del tabernáculo. El pueblo ofrenda para la obra. Bezaleel, hijo de Uri, que había sido
“llenado del Espíritu de Dios”, dirige los trabajos junto con Aholiab, hijo de Ahisamac, con “todo
hombre sabio de corazón”. Moisés suspende la entrega de ofrendas, porque sobreabundaban.
Terminan las labores del tabernáculo (Éx. 35:1 al 40:38)
Lockward, A. (1999). En Nuevo diccionario de la Biblia (pp. 382–385). Miami: Editorial Unilit.