Anda di halaman 1dari 121

LO ESENCIAL DE LA HIPNOSIS

Michael D. Yapko

Éste es un libro sumamente claro, conciso y exhaustivo que familiarizará al lector con un
campo dinámico y en constante evolución como es el de la hipnosis y que, además, le ofrecerá
magníficas herramientas terapéuticas que se pueden aplicar en muchos contextos. La obra
está diseñada como un instrumento informativo dirigido a todos aquellos que deseen explorar
esta estimulante disciplina, desde el principiante hasta el profesional de la salud mental que
necesite refrescar la memoria. De ahí que la amplitud de temas abordados sea enorme, desde
los fenómenos hipnóticos clásicos y su inducción hasta la autohipnosis, pasando por las
variables ambientales y físicas que influyen en las distintas reacciones, la capacidad de
sugestión y la controversia respecto a los recuerdos reprimidos, la superación de las
resistencias, las trampas que se deben evitar, las directrices éticas, los mitos y las ideas
preconcebidas, las técnicas para realizar inducciones tradicionales, etc. Todo ello clausurado, al
final de cada capítulo, con una exhaustiva sección de referencias bibliográficas que resultará
extremadamente útil a quienes quieran realizar exploraciones de mayor calado.

Michael D. Yapko es psicólogo clínico y director del Milton H. Erickson Institute de San Diego.
También es autor y compilador de numerosos libros y una autoridad en temas como la hipnosis,
la depresión y los traumas sexuales.
Título original: Essentials of Hypnosis
Publicado en inglés, en 1995, por Brunner / Mazel. Inc., Nueva York

Traducción de Angelina Aparicio

Cubierta de Víctor Viano

© 1995 by Michael D. Yapko


Por acuerdo con Brunner / Mazel Inc. and Mark Paterson
© 1999 de la traducción. Angelina Aparicio
© 1999 de todas las ediciones en castellano,
Ediciones Paidós Ibérica. S.A.,
Mariano Cubí. 92 - 08021 Barcelona
y Editorial Paidós, SAICF,
Defensa, 599 - Buenos Aires

ISBN: 84-491 0661-2


Depósito legal: B. 1.606-1999
SUMARIO
Agradecimientos................................................................................................................... 3
Prefacio................................................................................................................................. 5

Primera parte
Principios

1. Perspectivas.................................................................................................................. 7
2. Ampliar perspectivas..................................................................................................... 9
3. Los orígenes del mito.................................................................................................. 12
4. Responder a los conceptos erróneos..........................................................................14
5. La hipnosis teóricamente hablando.............................................................................20
6. Contextos de la hipnosis............................................................................................. 24
7. La sugestibilidad humana............................................................................................ 29
8. Aspectos de la mente.................................................................................................. 33
9. Susceptibilidad a la hipnosis.......................................................................................36
10. La experiencia de la hipnosis......................................................................................42
11. Condiciones para realizar hipnosis..............................................................................47

Segunda parte
Práctica

12. Estructura de las sugestiones.....................................................................................50


13. Patrones de comunicación hipnótica...........................................................................59
14. Test de sugestionabilidad............................................................................................ 64
15. Inducción del estado hipnótico formal.........................................................................67
16. Inducciones hipnóticas naturalistas.............................................................................71
17. Fenómenos hipnóticos y su inducción.........................................................................76
18. La autohipnosis y el sí mismo del terapeuta................................................................87
19. La utilización terapéutica del estado hipnótico............................................................89
20. La hipnosis en el tratamiento de trastornos comunes.................................................94
21. Muestra de la transcripción de un trance: construir límites........................................100
22. Recuerdos, sugestionabilidad y controversia sobre los recuerdos reprimidos..........104
23. Resistir a la resistencia.............................................................................................. 109
24. Riesgos de la hipnosis y aspectos éticos..................................................................112
25. Profundizar en la hipnosis......................................................................................... 118
Agradecimientos

Agradezco a Mark Tracten, mi editor en inglés y amigo, su apoyo y su ayuda para que mi
trabajo vea la luz. Natalie Gilman, la directora de la colección inglesa Serie de principios
básicos aplicados a la práctica, es alguien con quien resulta magnífico trabajar. Le doy las
gracias por incluirme en su colección.
Tengo muchos amigos y colegas profesionales que merecen una mención especial por
sus valiosas contribuciones. Todas las personas mencionadas a continuación, y cada uno a su
manera, son especiales para mí. El debate animado, las conversaciones inteligentes, el respeto
profesional y la amistad marcan mi relación con estas personas estupendas que tanto han
influido en mi trabajo:

Brian Alman John Koriath


Norma y Phil Barretta Doris Murphy
Mary Beth Chruden Marian Richetta
Stephen Gilligan Jeff Zeig

Mi compañera de trabajo más cercana es Linda Griebel, una mujer íntegra que realiza
una labor encomiable para conseguir que las cosas vayan bien. Después de muchos años y
muchos proyectos, mi aprecio por Linda no cesa de aumentar.
En el ámbito personal, quiero dar las gracias a mi familia y amigos. Las familias Yapko
y Harris me han dado apoyo y afecto sin igual. Wendy y Richard Horowitz, a quien pertenece la
increíble Megan Leigh (la persona que ha conquistado mi corazón), son los mejores amigos
imaginables. Con un toque de humor, pero con sinceridad, quiero dar las gracias a: 1) la
Ghirardelli Chocolate Factory en San Francisco. Si dieran Premios Nobel al chocolate, esta
gente lo ganaría fácilmente; 2) Captain Jean-Luc Picard, de la Starship Enterprise, por
personificar metafóricamente la claridad y la integridad; 3) Café Starbucks, por los
incomparables cafés; 4) Jethro Tull y Eric Clapton, por los exquisitos placeres auditivos; y,
finalmente, 5) al inventor de los helados.
Por último y más importante, a mi esposa, Diana. Simplemente la mejor. De verdad.
Prefacio

Cuando Natalie Gilman, la veterana e inteligente editora de Brunner/Mazel me llamó para


hablar de una nueva colección de libros, llamada «Principios básicos aplicados a la práctica»,
que querían publicar, la describió como la creación de una colección de libros introductoria
sobre diferentes temas en el campo de la psicoterapia. Estos servirían no sólo de guía básica
para los principiantes, sino también como cursos para refrescar a los profesionales en activo.
¡Qué gran idea! Existe tanta información disponible en cualquier área concreta sobre la que uno
quiere aprender, que un enfoque que dé una visión general parece ser una manera estupenda
de dar a las personas nuevas en dicho campo una idea clara de lo que allí ocurre sin
desbordarlas. Y, si alguien se interesa en ahondar en ello, encontrará referencias actualizadas
que le indicarán la dirección a tomar.
¡Así es como surgió este libro! Es breve pero está lleno de información. Ofrece una
perspectiva sobre el campo de la hipnosis clínica. Plantea muchas cuestiones clínicas y anima
al lector a pensar en ellas de forma crítica. Sugiere métodos y aplicaciones. Informa en todo
momento de la gran cantidad de investigaciones y material práctico escrito disponible en la
extensa bibliografía existente sobre el campo de la hipnosis. También explica dónde se puede
encontrar gran parte de dicho material. De hecho, las secciones de referencia que aparecen al
final de cada capítulo son una de las características más importantes de este libro, puesto que
todos los capítulos son expresamente breves y generales para dar a conocer simplemente el
tema en cuestión.
Buena parte de este libro procede de mi exhaustivo manual Trabajo con el trance. En
gran parte se trata de una adaptación, aunque se han añadido secciones nuevas, y el adjetivo
que las define a todas es "sucintas". Se trata de un texto muy limitado, de acuerdo con el
objetivo de la colección «Principios básicos aplicados a la práctica» de Brunner/Mazel.
La hipnosis es un tema intrínsecamente fascinante. Cualquier cosa que el lector ya
haya visto o leído sobre el tema probablemente habrá picado suficientemente su curiosidad
como para conducirle hasta este libro. Cuando uno supera las absurdas connotaciones
mágicas que evoca la hipnosis en la mayoría de la gente y se instruye en este campo, viéndola
como una herramienta de amplia aplicación en contextos clínicos, creo que este método se
vuelve todavía más interesante. Es realmente increíble ver como uno puede decir y hacer
cosas con el propósito de generar respuestas sorprendentes en la gente, como revivir claros
recuerdos o percibir la distancia suficiente del propio cuerpo como para sufrir una intervención
quirúrgica sin anestesia química. El campo de la hipnosis es dinámico, diverso y está en
continuo crecimiento. Espero que lleguen al lector todas sus perspectivas verdaderas —y
también todo el asombro.
Primera parte: Principios
CAPÍTULO 1: Perspectivas

Este libro no pretende tratar la hipnosis de forma sensacionalista ni afirmar que es la respuesta
a todos los cuestionamientos de la vida. Más bien presentaré la hipnosis clínica como un
sistema de comunicación hábil e influyente que enseña cómo pueden curar las palabras. La
hipnosis clínica ofrece formas de conceptualizar cómo construyen los seres humanos sus
realidades individuales, y las percepciones nuevas respecto a la manera de interactuar con los
demás de manera más efectiva. Adquirir habilidades hipnóticas es una manera de aumentar las
habilidades clínicas, y puede ayudar a obtener resultados más duraderos en el trabajo
terapéutico realizado. Quizá lo mejor de todo sea que la hipnosis puede ser una forma
poderosa de promover autosuficiencia e independencia en los clientes a los que se trata,
ayudándoles a tener más seguridad en sí mismos y a valorarse más.
La hipnosis clínica es la habilidad para usar las palabras y los gestos de manera
particular y conseguir resultados específicos. El énfasis se centra, a lo largo de todo el libro, en
el uso de procesos hipnóticos como agentes de comunicación y cambio efectivos. Esta
orientación minimiza el uso de encantamientos y rituales y, en su lugar, enfatiza la evaluación
rápida y la respuesta sensible a las necesidades individuales del cliente.
Pocos campos han tenido los altibajos de la hipnosis, que ha viajado mucho, en
diversas formas, durante cientos de años. Su aceptación ha variado de moderada a nula. Las
personas que la practicaban tenían sus rituales (técnicas) y supersticiones («esta inducción
funcionó bastante bien con el último cliente que tuve con pecas...»), pero muy poca
comprensión a nivel cognitivo de lo que estaban haciendo. Al aumentar el ámbito de aceptación
y aplicabilidad de los procesos hipnóticos, la necesidad de un enfoque sensible y comprensible
parece mayor de lo que nunca antes había sido.
Cuando la gente descubre que uso la hipnosis como herramienta de trabajo en mi
práctica clínica se siente fascinada y escéptica. Casi todo el mundo ha tenido alguna
experiencia directa o indirecta con la hipnosis y supone de manera equivocada que haga lo que
haga con ella básicamente debe ser lo mismo que hacen todas y cada una de las personas que
la utilizan. Pocas personas se han expuesto suficientemente a ella para poder diferenciar los
distintos tipos de aplicaciones que tiene. La hipnosis clínica no es lo mismo que la investigación
sobre hipnosis o que la hipnosis del deporte o del entretenimiento. Incluso entre los clínicos que
la utilizan cada uno lo hace de manera muy diferente a los otros. Éste es un pequeño
inconveniente de su práctica; el público general supone, con demasiada frecuencia, que la
«hipnosis es hipnosis», y que todo lo que tienen que hacer como consumidores es buscar en
todas las tiendas y comparar hasta encontrar la que resulte menos cara y que resuelva mayor
cantidad de promesas. ¡Y algunas de las promesas son bastante indignantes!
Sin embargo, si se utiliza de manera habilidosa este problema se puede convertir en un
recurso. Al explorar con el consumidor que busca información sobre la hipnosis en general o
sobre mi trabajo en particular, puedo ayudarle a que tenga la información suficiente como para
tomar algunas decisiones significativas. En mi opinión, en la práctica profesional es básico
asegurarse de que los clientes tienen la información necesaria para tomar una decisión
elaborada respecto al tratamiento. Que alguien no haga preguntas no quiere decir que no tenga
ninguna sino que generalmente no sabe qué preguntar.
Implicando a los clientes en una breve discusión sobre sus necesidades y la naturaleza
de la hipnosis clínica como herramienta de trabajo se les puede proporcionar información que
les ayude a evaluar de una forma más realista sus necesidades y la manera de satisfacerlas.
Con frecuencia, la hipnosis formal que pretende simplemente eliminar el síntoma (como los
anuncios de los periódicos que aseguran «¡Deje de fumar en una sesión!») no es una
alternativa de tratamiento deseable ni realista. Sin embargo, es lo que desean las personas que
buscan «magia» y la manera de evitar el malestar de otros enfoques de tratamiento más
amenazadores o que exigen una mayor implicación personal. A veces dichos enfoques
superficiales funcionan exactamente de la forma que dicen que lo harán. ¿Por qué? Continúe
leyendo...
El hecho de que la hipnosis se use como espectáculo en los medios de comunicación
(sobre todo en espectáculos en directo pero también en el cine y la televisión) contribuye a
mantener los estereotipos populares que la representan como una forma mágica de solucionar
los problemas de forma instantánea mediante poderosas sugestiones. Desearía tener una
moneda de 5 centavos por cada persona que me ha pedido una «sugestión rápida» para
acabar con algún mal hábito. Las explicaciones racionales sobre por qué el trabajo que deben
realizar puede que les haga implicarse un poco más de lo que piensan se acoge con miradas
extrañadas y con la pregunta: «Entonces, ¿cómo logra un hipnotizador en el escenario, al
chasquear los dedos, conseguir que el sujeto haga lo que él quiere?». La gente cree a veces
que puedes solucionar problemas complejos con un simple chasquido de dedos. Los conceptos
poco realistas pueden llevar a la decepción y desilusión de dichos clientes.
Casi siempre es beneficioso explicar a la gente los propósitos y la capacidad de la
hipnosis como herramienta terapéutica. La clarificación de las expectativas normalmente lleva
al cliente a afrontar el hecho de que no se pueden prometer curas milagrosas. Esto significa
aceptar la responsabilidad personal de los propios problemas y ser activo en su resolución.
A la hora de promover concepciones equivocadas es igual de peligroso el hipnotizador
de espectáculos que el que, a causa de la ignorancia o la avaricia, usa la hipnosis de manera
que ofrece ideas falsas al público. Dichas personas normalmente tienen escasa o ninguna
formación oficial en hipnosis y en las ciencias de la educación, pero saben lo suficiente como
para engañar a la gente afirmando falsamente que poseen un poder sensacional.
Estas son algunas percepciones de los problemas a los que se enfrenta la hipnosis
clínica como campo. Otras se comentarán en secciones subsiguientes de este libro. A lo largo
de todo el volumen se insiste en que si se ha de considerar la hipnosis como un tratamiento
alternativo serio, se debe fomentar de manera sensible teniendo en cuenta los aspectos que
preocupan tanto a los clientes como a otros profesionales de la salud. El interés del lector en
aprender cosas sobre la hipnosis es un buen comienzo. Mi meta es guiar dicho interés para
que se aprecien formas diversas e innovadoras en que se puede usar la hipnosis en la práctica
clínica para ayudar a aquellos que lo necesitan.

Bibliografía

Las obras siguientes son textos generales que proporcionan buenas y diversas
visiones de conjunto del campo de la hipnosis:

ARAOZ, D. (1985), The new hypnosis, Nueva York, Brunner/Mazel.


BARBER, T. (1969), Hypnosis: A scientific approach, Nueva York, Van Nostrand Reinhold.
BROWN, D. y FROMM, E. (1986), Hypnotherapy and hypnoanalysis, Hillsdale, NJ, Erlbaum.
CHEEK, D. Y LECRON, L. (1968), Clinical hypnotherapy, Nueva York, Gruñe & Stratton.
CLARK, J. y JACKSON, J. (1983), Hypnosis and behavior therapy, Nueva York, Springer.
FROMM, E. y NASH, M. (comps.) (1992), Contemporary hypnosis research, Nueva York, Guilford.
GlLLlGAN, S. (1987), Therapeutic trances: The cooperation principie in Ericksonian
hypnotherapy, Nueva York, Brunner/Mazel.
HAMMOND, D. (comp.) (1990), Handhook of hypnotic suggestions and metaphors, Nueva York,
Norton.
HlLGARD, E. (1965), Hypnotic susceptibility, Nueva York, Harcourt, Brace and World.
KlNG, M. y ClTRENBAUM, C. (1993), Existential hypnotherapy, Nueva York, Guilford.
KROGER, W. (1977), Clinical and experimental hypnosis in medicine, dentristry and psychology
(2a ed.), Filadelfia, Lippincott.
O'HANLON, W. (1987), Taproots: Underlying principies of Milton Erickson's therapy and
hypnosis, Nueva York, Norton.
O'HANLON, W. y MARTIN, M. (1992), Solution-oriented hypnosis, Nueva York, Norton.
SARBIN, T. y COE, W. (1972), Hypnosis: A social psychological analysis of influence
communication, Nueva York, Holt, Rinehart and Winston.
SPIEGEL, H. y SPIEGEL, D. (1987), Trance and treatment: Clinical uses of hypnosis, Washington,
DC, American Psychiatric Press.
WEITZENHOFFER, A. (1989), The practice of hypnotism, vols. 1-2, Nueva York, John Wiley &
Sons.
WRIGHT, M. y WRIGHT, S. (1987), Clinical practice of hypnotherapy, Nueva York, Guilford.
YAPKO, M. (1990), Trancework: An introduction to the practice of clinical hypnosis (2a ed.),
Nueva York, Brunner/Mazel.
ZEIG, J. (comp.) (1982), Ericksonian approaches to hypnosis and psychotherapy, Nueva York,
Brunner/Mazel.
CAPÍTULO 2: Ampliar perspectivas

La palabra hipnosis se ha usado en exceso, hasta el punto de que se le ha robado todo


significado real. Cuando una palabra llega a describir tantas experiencias diferentes como ésta
es muy probable que se produzcan equivocaciones, falsas etiquetas y conceptos erróneos que,
en última instancia, lleven a la confusión. Hasta la fecha no existe una definición comúnmente
aceptada de hipnosis ni parece que vaya a aparecer ninguna próximamente. Como se verá
más adelante, tampoco existe una teoría única que unifique y represente sus diferentes
facetas. Algunos teóricos, investigadores y clínicos destacados han señalado esto con
frustración y han pedido que se prestara más atención a la necesidad que existe de mayor
claridad y a la naturaleza de la hipnosis (Hall, 1989; Hilgard, 1973, 1991; Lynn y Rhue, 1991;
Rossi. 1993).
Como la hipnosis es una palabra que expresa tantas experiencias diferentes, la
persona media llega a creer que «hipnosis es hipnosis» independientemente del contexto en el
que se aplique. Incluso los profesionales bien formados que no han recibido entrenamiento en
hipnosis son muchas veces escépticos respecto a su utilización en contextos clínicos. Se
preguntan si difiere considerablemente de las tonterías que han visto hacer en los escenarios.
Los defensores de la hipnosis se han dado cuenta de esta tendencia hace tiempo,
sintiéndose generalmente más incomprendidos como grupo que otros. Aun así, el término sigue
prácticamente sin alteraciones en el uso común.
Al menos hay que decir que organizar los conceptos y técnicas de la hipnosis para
establecer una definición útil es una tarea difícil. En este sentido, pueden ser útiles los puntos
de vista de otras personas para ilustrar la amplia gama de perspectivas sobre la hipnosis que
existen en el campo. Si se revisan diversas definiciones de hipnosis, normalmente se
encuentran algunas como éstas:

1. La hipnosis es una imaginación guiada. El hipnotizador, ya sea otra persona


(heterohipnosis) o uno mismo (autohipnosis) actúa como una guía para ver la
experiencia como fantasía (Barber, 1979; Barber, Spanos y Chaves, 1974).
2. La hipnosis es un estado alterado de conciencia que es natural. La persona entra en un
estado hipnótico, un estado claramente diferente del estado «normal», a través de un
proceso natural que no implica la ingestión de ninguna sustancia ni de otros
tratamientos físicos (Ludwig, 1966; Ludwig y Levine, 1965; Tart, 1969).
3. La hipnosis es un estado relajado e hipersugestionable. La persona entra en un estado
muy relajado de mente y cuerpo, y posteriormente responde más a la sugestión
(Edmonston, 1991; Miller, 1979).
4. La hipnosis es un estado de intensa concentración, que se centra y maximiza en una
sola idea o estímulo sensorial cada vez (Spiegel y Spiegel, 1987).

El proceso de la intervención clínica se puede describir como series de comunicaciones


intercambiadas entre el clínico y el cliente (Araoz, 1985; Watzlawick, 1978).
Independientemente de la orientación terapéutica del cliente, éste está usando las
comunicaciones de su cliente para evaluarle y sus propias comunicaciones como vehículo para
la terapia. Una comunicación terapéutica es aquella que influye de alguna manera en la
persona que se siente mal para que se sienta o se comporte de una forma diferente
considerada adaptativa o beneficiosa (Zeig y Rennick, 1991).
La esencia de lo que estoy explicando aquí es la comunicación y la influencia
interpersonal, que es precisamente donde se impone la hipnosis. Si se rechaza la visión pasiva
de la hipnosis como un simple estado subjetivo interno de la persona, y se considera la
dinámica de la comunicación interpersonal que emplea el clínico para influir en el cliente y
lograr que tenga una experiencia hipnótica inducida, entonces se abre un nuevo mundo rico y
complejo. Algo en la comunicación del hipnotizador y del psicoterapeuta tiene componentes
específicos que permiten alterar la experiencia subjetiva del cliente y que tenga lugar la
influencia terapéutica (Watzlawick, 1985). Acercarse a la hipnosis desde este punto de vista
interaccional pone el énfasis en el hecho de ser un comunicador eficaz. Eso significa ser capaz
de reconocer los estilos de pensamiento de los demás y organizar las propias comunicaciones
de manera competente para maximizar las posibilidades de ser entendidas a uno o más
niveles, y de ser integradas de forma que resulten beneficiosas (Gilligan, 1987).
Cuando se cambia la manera de pensar respecto a la hipnosis (y a la terapia también,
a ese respecto) para centrarse en dimensiones de comunicación que aumenten el potencial de
influir en la experiencia de otra persona, el énfasis se centra mucho menos en el ritual y en
conseguir un nivel de hipnosis particular y más en el uso de palabras y gestos de manera
específica (Haley, 1973). Así, los elementos de cualquier secuencia de comunicación pueden
tener cualidades hipnóticas (por ejemplo, absorbentes e influyentes) sin ser formalmente
hipnosis (Watzlawick, 1985). Este punto en particular permite que el estudio de la hipnosis
tenga incluso un valor potencial mayor para cualquiera que trabaje con personas. Incluso si uno
elige no ser un experto en realizar hipnosis formal, se puede beneficiar en gran medida del
aprendizaje de diversos aspectos de la comunicación efectiva. Después de todo, una palabra o
frase usada de manera insensible puede entorpecer e incluso impedir un resultado positivo en
el tratamiento. De la misma manera, una palabra o frase usada de manera sensible puede
fomentar una creencia positiva que mejore de manera espectacular las oportunidades de un
resultado exitoso.
Creo que es importante reconocer la naturaleza siempre presente de la influencia
interpersonal. En un curso en el que he dado clase muchas veces de psicología social
normalmente afirmo al principio de la clase que «haréis cosas cuando estéis solos que no
haríais si hubiera alguna persona cerca».* Reconocer los elementos hipnóticos de las
situaciones cotidianas es una habilidad que puede permitir ver la hipnosis de manera más
flexible y con mayor éxito (Erickson, 1958).
Al defender la hipnosis clínica como un proceso de comunicación influyente, estoy
eliminando el énfasis en la necesidad de representar rituales hipnóticos estructurados para
obtener la hipnosis que es lo que yo llamo «hipnosis formal». La creciente popularidad de
técnicas de hipnosis indirectas para llevar a cabo métodos más directos es el resultado directo
del reconocimiento de que la experiencia de una persona se puede guiar hipnóticamente y que
son posibles las respuestas hipnóticas sin que tenga lugar ninguna inducción formal (Wagstaff,
1991; Watzlawick, 1985). Puesto que la hipnosis es, en algunos aspectos, una experiencia
cotidiana, lo que hace todo buen hipnotizador es crear fenómenos hipnóticos deliberadamente
en vez de esperar a que ocurran de manera azarosa. Ningún hipnotizador crea experiencias
fuera de la esfera de lo que ocurre rutinariamente a la gente en otros contextos. Cuando
describa los fenómenos hipnóticos más adelante, este punto quedará mucho más claro.
Definir la hipnosis como un proceso de comunicación influyente es una definición
extremadamente general, incluso en exceso. Tal como ocurre con frecuencia cuando uno
intenta definir conceptos abstractos, sólo se puede ofrecer una definición más precisa cuando
se pueden considerar las variables de un contexto específico. Estoy sugiriendo definiciones de
hipnosis flexibles y situacionales. En dichas definiciones se incluirá la experiencia subjetiva del
cliente, claramente ausente de los comentarios que he hecho hasta ahora y que se comentará
ampliamente más adelante.

* El hecho, por supuesto, es que la mera presencia de otra persona altera nuestra
conducta. No es cuestión de si uno influye en la gente (uno indudablemente lo hace) sino que
la pregunta es cómo se influye. Aprender a usar los patrones de influencia de manera
responsable y al mismo tiempo respetar la integridad de aquellos con los que trabajamos es un
cuestionamiento agotador. Por supuesto que los patrones de influencia no sólo existen en los
contextos de la terapia o la hipnosis. Si se es observador se pueden ver literalmente en
cualquier lugar en el que surja una interacción social.

Bibliografía

ARAOZ, D. (1985), The new hypnosis, Nueva York, Brunner/Mazel.


BARBER, J. (1972), «Suggested "hypnotic" behavior: The trance paradigm vs. an alternative
paradigm», en E. Fromm y R. Shor (comps.), Hypnosis: Research developments and
perspectives, Chicago, IL, Aldine Atherton.
BARBER, T., SPANOS, N. y CHAVES, J. (1974), Hypnotism: Imagination and human
potentialities, Elmsford, NY, Pergamon.
EDMONSTON, W. (1991), «Anesis», en S. Lynn y J. Rhue (comps.), Theories of hypnosis:
Current models and perspectives, Nueva York, Guilford, págs. 197-237.
ERICKSON, M. (1958), «Naturalistic techniques of hypnosis», American Journal of Clinical
Hypnosis, 1, págs. 3-8.
GlLLIGAN, S. (1987), Therapeutic trances: The cooperation principie in Ericksonian
hypnotherapy, Nueva York, Brunner/Mazel.
HALEY, J. (1973), Uncommon therapy: The psychiatric techniques of Milton H. Erickson, M. D,
Nueva York, Norton.
HALL, J. (1989), Hypnosis: A Jungian perspective, Nueva York, Guilford.
HlLGARD, E. (1973), «The domain of hypnosis, with some comments on alternative
paradigms», American Psychologist, 28, págs. 972-982.
HlLGARD, E. (1991), «A neodissociation interpretation of hypnosis», en S. Lynn y J. Rhue
(comps.), Theories of hypnosis: Current models and perspectives, Nueva York, Guilford,
págs. 83-104.
LUDWIG, A. (1966), «Altered states of consciousness», Archives of General Psychiatry, 15,
págs. 225-234.
LUDWIG, A. y LEVINE, J. (1965), «Alterations in consciousness produced by hypnosis», Journal of
Nervous and Mental Diseases, 140, 146-153.
LYNN, S. y RHUE, J. (1991), «An integrative model of hypnosis», en S. Lynn y J. Rhue (comps.),
Theories of hypnosis: Current models and perspectives, Nueva York, Guilford, págs. 397-
438.
MILLER, M. (1979), Therapeutic hypnosis, Nueva York, Human Sciences Press.
ROSSI, E. (1993), The psychobiology of mind-body healing (ed. rev.), Nueva York, Norton.
SPIEGEL, H. y SPIEGEL, D. (1987), Trance and treatment: Clinical uses of hypnosis, Washington,
DC, American Psychiatric Press.
TART, C. (comp.) (1969), Altered states of consciousness: A hook of readings, Nueva York, John
Wiley & Sons.
WAGSTAFF, G. (1991), «Compliance, belief, and semantics in hypnosis: A nonstate,
sociocognitive perspective», en S. Lynn y J. Rhue (comps.), Theories of hypnosis:
Current models and perspectives, Nueva York, Guilford, págs. 362-396.
WATZLAWICK, P. (1978), The language of change, Nueva York, Basic Books.
WATZALAWICK, P. (1985), «Hypnotherapy without trance», en J. Zeig (comp.), Ericksonian
psychotherapy, vol. 1: Structures, Nueva York, Brunner/Mazel, págs. 5-14.
ZEIG, J. y RENNICK, P. (1991), «Ericksonian hypnotherapy: A Communications approach to
hypnosis», en S. Lynn y J. Rhue (comps.), Theories of hypnosis: Current models and
perspectives, Nueva York, Guilford, págs. 275-302.
CAPÍTULO 3: Los orígenes del mito

En la práctica de la hipnosis clínica, las ocasiones en las que uno se enfrenta a la


desinformación son constantes. Muchos conceptos erróneos son predecibles, lo que hace su
identificación y corrección más fácil. La mayoría de la gente tiene una visión estereotipada de la
hipnosis, como una forma poderosa de control mental, y la mayoría de concepciones
equivocadas se basan en dicha noción (Levitan y Jevne, 1986; Mann, 1986; Udolf, 1981;
Wester, 1984).
Para implicar al cliente en una discusión sobre sus creencias y expectativas respecto a
las experiencias hipnótica y psicoterapéutica es necesario asegurarse de que sabe lo suficiente
como para tomar decisiones sensatas respecto al tratamiento. Puesto que la comprensión que
el cliente tiene del proceso es probable que sea imprecisa, incompleta o ambas, el profesional
ético y competente puede proporcionar a la persona tanta información como requiera para que
participe en el proceso de manera cooperativa y positiva. Se observará que he dicho que se
debe dar tanta información como la persona «requiera», lo que implica que en muchos casos la
cantidad de información dispensada puede ser marginal, mientras que en otros casos es
esencial. Las necesidades individuales difieren, y sólo comunicándonos claramente con el
cliente descubriremos cuáles son las suyas. Sin embargo, generalmente un cliente bien
informado está en una posición mucho mejor para conseguir una colaboración significativa en
la terapia (Kirsch y Council, 1992).
Sólo implicando a la persona que busca ayuda en una exposición sobre sus creencias
y expectativas se puede descubrir cuánto sabe y cuánto de lo que sabe no es así. Hay tres
preguntas básicas que a mí me han resultado muy útiles en esta situación: ¿ha tenido alguna
vez una experiencia con la hipnosis?, ¿fue una experiencia personal o es algo que vio, leyó o
sobre lo que oyó hablar?, ¿qué impresiones se formó?
Si el cliente ha tenido alguna experiencia personal con la hipnosis, sería bueno poder
hacer algunas preguntas como: ¿cuál fue la situación en la que la experimentó?, ¿quién era el
hipnotizador y cuáles eran sus títulos?, ¿cuál fue la explicación que le dieron?, ¿qué técnicas
utilizaron con usted?, ¿fue una experiencia exitosa?, ¿por qué o por qué no?, ¿cómo se sintió
respecto a la experiencia?, ¿por qué razón —o razones— busca más experiencias con la
hipnosis? La información recogida será vital para determinar el enfoque del terapeuta. A veces
hacer muchas preguntas puede ser amenazador y aburrido para el cliente, y se debe realizar
de forma amable; no se recomienda hacer interrogatorios policiales (Erickson y Rossi, 1979;
Moore, 1982).
Si la persona no ha tenido ninguna experiencia personal, se le podrían hacer preguntas
como: ¿ha visto alguna vez una demostración de hipnosis?, ¿había oído hablar de ella?, ¿en
qué contexto?, ¿cómo había oído que se debía usar?, ¿conoce personalmente a alguien que la
haya experimentado?, si conoce a alguien, ¿cómo le describió esa persona la experiencia? Al
hacer algunas de estas preguntas se puede descubrir cuáles son las experiencias y actitudes
del cliente. Se pueden afrontar las ideas falsas, aliviar los miedos poco realistas y estimular un
sistema de creencias positivo (Weitzenhoffer, 1957; Zilbergeld, 1986).
Es especialmente importante preguntar sobre técnicas hipnóticas específicas que el
cliente pueda haber experimentado previamente. Si ha experimentado un procedimiento que
fue ineficaz o desagradable, usar una técnica similar es una forma de asegurarse un fracaso
similar. Si no se pregunta específicamente sobre experiencias anteriores, se corre el riesgo de
duplicar sin saberlo experiencias pasadas negativas.
Si el cliente no ha tenido experiencias personales con la hipnosis pero está
indirectamente familiarizado con ella a través de programas de entretenimiento en los medios
de comunicación o de la experiencia de algún conocido, todavía es más importante descubrir
sus creencias y actitudes. Las historias de segunda o tercera mano procedentes de amigos
«entendidos» suelen llegar distorsionadas y pueden ser tan engañosas como la versión de la
hipnosis que tiene el artista. Muchos clientes tienen miedo del potencial «control de la mente»,
pero buscan una «varita mágica» que les ofrezca resultados rápidos (Thompson, 1988).
El aspecto más importante que plantea la mayoría de la gente, hayan experimentado la
hipnosis o no, es el del «control». El miedo del cliente a perder el control es un gran obstáculo
con el que es probable que se encuentre uno. De una forma u otra, casi todas las ideas
erróneas están relacionadas con este miedo. Si no se reconoce y se trata de una manera
positiva, indudablemente dificultará o incluso impedirá el logro de resultados terapéuticos. La
creencia de que la hipnosis tiene el poder de reducir el autocontrol de la persona es algo que
se ha fomentado de todas las maneras mencionadas antes. Hasta que no se tiene una
experiencia hipnótica terapéutica en una atmósfera de cuidado y profesionalismo, el miedo
puede parecer realista (Murray-Jobsis, 1986).

Bibliografía

ERICKSON, M. y ROSSI, E. (1979), Hypnotherapy: An exploratory casehook, Nueva York,


Irvington.
KIRSCH, I. y COUNCIL, J. (1992), «Situational and personality correlates of hypnotic
responsiveness», en E. Fromm y M. Nash (comps.), Contemporary hypnosis research,
Nueva York, Guilford, págs. 267-291.
LEVITAN, A. y JEVNE, R. (1986), «Patients fearful of hypnosis», en B. Zilbergeld, M. Edelstein y
D. Araoz (comps.), Hypnosis: Questions and answers, Nueva York, Norton, págs. 81-
86.
MANN, H. (1986), «Describing hypnosis to patients», en B. Zilbergeld, M, Edelstein y D. Araoz
(comps.), Hypnosis: Questions and answers, Nueva York, Norton, págs. 76-80.
MOORE, M. (1982), «Principies of Ericksonian induction of hypnosis», en J. Zeig (comp.),
Ericksonian aprroaches to hypnosis and psychotherapy, Nueva York, Brunner/Mazel,
págs. 101-112.
MURRAY-JOBSIS, J. (1986), «Patients who claim they are not hypnotizable», en B. Zilbergeld, M.
Edelstein y D. Araoz (comps.), Hypnosis: Questions and answers, Nueva York, Norton,
págs. 91-94.
THOMPSON, K. (1988), «Motivation and the multiple states of trance», en J. Zeig y S. Lankton
(comps.), Developing Ericksonian therapy: State of the art, Nueva York, Brunner/Mazel,
págs. 149-163.
UDOLF, R. (1981), Handhook of hypnosis for professionals, Nueva York, Van Nostrand Reinhold.
WLITZENHOFFER, A. (1957), General techniques of hypnotism, Nueva York, Grune & Stratton.
WESTER, W. (1984), «Preparing the patient», en W. Wester y A. Smith (comps.), Clinical
hypnosis: A multi-disciplinary approach, Filadelfia, Lippincott, págs. 18-28.
ZILBERGELD, B. (1986), «Choosing inductions», en B. Zilbergeld, M. Edelstein y D. Araoz
(comps.), Hypnosis: Questions and answers, Nueva York, Norton, págs. 103-109.
CAPÍTULO 4: Responder a los conceptos erróneos

Tomarse el tiempo de identificar y corregir los conceptos erróneos puede ayudar a evitar la
cuestión del control, sobre todo si se enfatiza el aspecto naturalista de la hipnosis mediante
ejemplos cotidianos tomados directamente de la experiencia rutinaria del cliente (Erickson y
Rossi, 1979; Golden, 1986). Además, se puede reforzar al cliente diciéndole que la persona
hipnotizada mantiene un autocontrol prácticamente total durante la experiencia. Los clínicos
tienen que ser sensibles a la cuestión del control y responder a ella de manera significativa, ya
sea directa o indirectamente. Evitar este asunto puede producir ansiedad en el cliente que ya
no está seguro y crear una fuerza («resistencia») que va en contra de los propósitos del
tratamiento. Si el cliente tiene la sensación de que perderá el control de forma inmediata, el
resultado típico será una lucha de poder con el clínico. ¿Desearía alguien que le hipnotizaran si
pensara que iba a perder el control de sí mismo? El objetivo es hacer todo lo que se pueda
para evitar dicha lucha de poder y para definir la relación como de cooperación (Gilligan, 1982;
Grinder y Bandler, 1981). Después de todo, realmente no hay manera de ganar una lucha de
poder con el cliente; ¡para ganar, todo lo que él o ella tiene que hacer es nada!
Hay una paradoja que está presente en la hipnosis y en la psicoterapia. Jay Haley
(1963) la describió en términos del mensaje aparentemente contradictorio del hipnotizador:
«Sólo le puedo hipnotizar si usted se hipnotiza a sí mismo; sólo le puedo ayudar si usted se
ayuda a sí mismo». Esencialmente el mensaje enfatiza la responsabilidad y el control del
cliente, que éste comparte con el clínico. Si yo le digo a alguien: «Aquí te estoy dando mi
control», ¿quién controla realmente? Si yo tengo el control, todo lo que estoy haciendo es
suspender mi decisión de ejercitar mis elecciones y usar en su lugar las de la otra persona. Sin
embargo, sigo estando libre para empezar a ejercitar mis elecciones de nuevo en cualquier
momento si tengo que hacerlo o quiero.
Identificar y corregir los conceptos erróneos alivia el miedo y la incertidumbre, y
estimula las expectativas realistas. Las expectativas poco realistas, ya sean en el extremo de
querer que la hipnosis sea una «varita mágica» que efectúe curas instantáneas para problemas
complejos o, por el contrario, sentir que el problema no tiene solución, en general es probable
que reduzcan la eficacia de la terapia. Dichos obstáculos son innecesarios: se pueden evitar
proporcionando una información correcta y asegurándose de que los clientes están informados
al aceptar el tratamiento (Kroger, 1977; Spiegel y Spiegel, 1987).
En este capítulo se describen los conceptos erróneos que se encuentran con más
frecuencia respecto a la hipnosis clínica. A medida que uno se familiariza más con este campo,
responder a ellos se vuelve algo automático. Es sorprendente saber cuántas personas,
incluidos los «hipnotizadores», creen en algunos de ellos.

Concepto erróneo: lo que causa la hipnosis es el poder del hipnotizador

En el contexto clínico, el hipnotizador es capaz de usar sus habilidades de


comunicación para que el cliente acepte sugestiones, pero no hay otro control sobre el cliente
que el que él da al hipnotizador. Si permites que alguien te guíe a través de una experiencia
sugerida, ¿quién es el que tiene el control? El hipnotizador puede dirigir la experiencia del
cliente, pero sólo en la medida en que éste lo permita. Se trata claramente de una relación de
respuesta mutua (Gilligan, 1987; Stanton, 1985).

Concepto erróneo: sólo se puede hipnotizar a ciertos tipos de personas

En la práctica existen personas en las que resulta claramente más difícil inducir la
hipnosis que en otras. Dichas personas no suelen ser menos capaces que las demás, sino que
son menos reactivas por una amplia gama de razones como: tener miedo a perder el control,
tener dificultad para distinguir entre estados internos ambiguos (para ellos) como la tensión o la
relajación, tener miedo a los cambios inminentes, ser conscientes de factores situacionales
negativos, etc. Cuando se identifica y se resuelve la causa de la resistencia, la persona «difícil»
puede pasar de ser un sujeto poco hipnotizable a uno razonablemente hipnotizable (Araoz,
1985; Barber, 1980).

Concepto erróneo: cualquiera que sea hipnotizable debe tener una mente débil

Puesto que prácticamente todo el mundo entra en estados hipnóticos espontáneos y


regulares con cierta frecuencia, la capacidad para ser hipnotizado no se correlaciona de
manera fiable con rasgos de personalidad específicos. Esta idea errónea en particular se
refiere a la imagen del hipnotizador todopoderoso, y se basa en la creencia de que para que
éste controle a alguien, la persona debe tener poca o ninguna voluntad propia (Weitzenhoffer,
1989).

Concepto erróneo: una vez que alguien ha sido hipnotizado no puede resistirse

Esto se refiere a la idea de que el hipnotista controla la voluntad de los sujetos y que
una vez que uno «sucumbe a su poder» está para siempre a su merced. Por supuesto, nada
más lejos de la verdad puesto que el proceso hipnótico es una interacción clínica basada en el
poder mutuo compartido para conseguir cierto resultado terapéutico deseado. Si un cliente, por
cualquier razón, elige no continuar con la hipnosis, no continuará. La naturaleza del proceso
hipnótico siempre está determinada por el contexto. Incluso los clientes más sensibles pueden
decidir no seguir adelante con la sugestión de un hipnotista si es eso lo que quieren. La
experiencia previa, sea buena o mala, no es el único factor determinante para lograr la hipnosis
o no. La comunicación y los factores de relación del contexto particular en el que se lleva a
cabo son las variables clave que ayudarán a determinar el resultado (Barber, 1991; Diamond,
1987).

Concepto erróneo: se puede hipnotizar a alguien para que diga o haga algo en
contra de su voluntad

Este es uno de los aspectos más acaloradamente debatidos en el campo de la


hipnosis. La capacidad para influir en las personas y para que hagan cosas en contra de su
propia voluntad existe. Apenas hay dudas respecto a que se puede manipular a una persona
negativamente para que haga cosas aparentemente incoherentes con sus actitudes y creencias
anteriores. Para decirlo de una manera simple, el lavado de cerebro y otras influencias funestas
existen. Sin embargo, la condición necesaria para efectuar dicha influencia poderosa no suele
emerger en el contexto terapéutico. En otras palabras, es posible controlar a otra persona bajo
ciertas condiciones, pero dichas condiciones no son en sí mismas hipnosis, y están bastante
lejos de las aplicaciones éticas y juiciosas de la misma, que promueve este libro (Weitzenhoffer,
1989).

Concepto erróneo: ser hipnotizado puede ser peligroso para la salud

Esta idea fomenta, de manera intensa, el miedo de la gente. De hecho existe una base
legítima para preocuparse por el uso de la hipnosis, pero la preocupación no debería ser
respecto a que la experiencia haga daño a nadie, sino respecto a quién practica la hipnosis y a
cómo lo hace. La hipnosis en sí no es perjudicial, pero un profesional incompetente o poco
ético puede hacer daño mediante una ignorancia absoluta de la complejidad de la mente de la
persona o mediante una falta de respeto por la integridad de cada ser humano (Frauman, Lynn
y Brentar, 1993; Kleinhauz y Eli, 1987; MacHovec, 1986).
En términos de daño emocional potencial, la hipnosis en sí no puede causar daño; las
dificultades pueden surgir debido al contenido de una sesión o a la incapacidad del clínico para
guiar de manera efectiva al cliente. Por supuesto, existen las mismas condiciones en cualquier
relación de ayuda en la que una persona siente malestar, vulnerabilidad y busca alivio. Un
profesional de la ayuda sin experiencia o sin formación puede ofrecer inadvertidamente un mal
consejo (no es frecuente, y si ocurre no es intencional), desinformación, hacer promesas
grandiosas, equivocarse en el diagnóstico de un problema o en sus dinámicas, o no hacer nada
y desperdiciar el tiempo y el dinero del cliente.
La otra cara de este tema y la razón para desarrollar habilidades en técnicas hipnóticas
es el considerable beneficio emocional que puede generar. La hipnosis tiene la capacidad de
aumentar los sentimientos de autocontrol en las personas y, por lo tanto, su confianza en sí
mismos y de esta manera puede ser un medio poderoso para resolver problemas emocionales
y para sentir bienestar. Es esencial que el clínico tenga conocimientos y habilidades suficientes
para utilizarlos con ese fin, puesto que es evidente que cualquier cosa que tiene la capacidad
de curar también tiene la capacidad de hacer daño.

Concepto erróneo: la persona se vuelve inevitablemente


dependiente del hipnotista

La hipnosis, como herramienta terapéutica, en sí misma no produce ningún tipo de


dependencia mayor del que pueda producir cualquier otra como un contrato conductual, la
asociación libre analítica o un test de inteligencia. La dependencia es una necesidad que todos
tenemos en cierto grado. En mayor o menor medida todos dependemos de otros para cosas
que sentimos que son importantes para nuestro bienestar. En el contexto de las profesiones
asistenciales especialmente, las personas buscan ayuda en un momento en el que son fáciles
de herir y vulnerables. Dependen del clínico para que les ayude, les consuele y les cuide. El
terapeuta sabe que una de las metas últimas del tratamiento es ayudar a la persona a tener
independencia y confianza en sí misma. En vez de fomentar la dependencia animando
indirectamente al cliente a que vea al clínico como la fuente de respuestas a todos los
infortunios de su vida, la hipnosis usada de manera adecuada puede ayudar a la persona que
sufre a que mire hacia dentro y use las muchas experiencias que ha adquirido a lo largo de su
vida y que se pueden usar terapéuticamente. Con la meta de la confianza en uno mismo y el
uso del poder personal es coherente la enseñanza de la autohipnosis para todos aquellos con
los que se trabaja (Alman y Lambrou, 1992; Fromm y Kahn, 1990; Sanders, 1991; Simpkins y
Simpkins, 1991).
Hay un viejo dicho, «si das a un hombre un pez le has dado una comida. Si le enseñas
a pescar le has dado un medio de vida». Enseñar autohipnosis puede permitir el surgimiento de
un mecanismo autocorrector que asegure a aquellos con los que se trabaja que tendrán mayor
control sobre sus vidas, y da al terapeuta la seguridad de que ha hecho bien su trabajo.

Concepto erróneo: en la hipnosis uno puede quedar «bloqueado»

La hipnosis es un estado de atención centralizada, ya sea dirigida hacia dentro o hacia


fuera. La controla el cliente, quien puede iniciar o terminar la experiencia en el momento en que
él o ella elijan (Kirsch, Lynn y Rhue, 1993; Watkins, 1986).

Concepto erróneo: la persona está dormida o inconsciente durante la hipnosis

¡Estar hipnotizado no es estar dormido! La experiencia de la inducción formal de la


hipnosis se parece al sueño desde el punto de vista físico (disminución de la actividad,
relajación muscular, enlentecimiento de la respiración, etc.) pero desde el punto de vista mental
el cliente está relajado aunque alerta. Siempre está presente cierto nivel de consciencia de
actividades, incluso en los estados más profundos de hipnosis (Weitzenhoffer, 1989). En el
caso de los estados hipnóticos espontáneos e informales, la consciencia es incluso más
marcada puesto que la relajación física no tiene que estar presente.
Puesto que la hipnosis no es el sueño, e incluso el cliente profundamente hipnotizado
está orientado en cierta medida hacia la realidad externa, el uso de frases arcaicas como
«duerma profundamente» no son apropiadas para la experiencia del cliente y por eso no se
deberían usar.
Concepto erróneo: la hipnosis implica siempre un monótono ritual de inducción

Si se consideran los aspectos de comunicación de la hipnosis se puede ver que, hasta


cierto punto, ésta se produce cuando alguien dirige y centra la atención en las ideas y
sentimientos que desencadena la comunicación del guía. Mientras la atención de una persona
se dirige de manera absorbente ya sea internamente hacia alguna experiencia subjetiva o
externamente hacia algún estímulo externo (que a su vez crea una experiencia interna) se está
experimentando cierto grado de hipnosis.
Para que se produzca la hipnosis, ésta no necesariamente tiene que ser inducida
formalmente. De la misma manera, los diversos fenómenos hipnóticos clásicos pueden
producirse (y se producen) de manera rutinaria fuera de la experiencia hipnótica formal (Kirsch
y Council, 1992). La comunicación tiene propiedades de condicionamiento, y si se usa en forma
de ritual de inducción monótono o en forma de comentario informal, tiene la capacidad de influir
en las experiencias de los demás y, por lo tanto, de tener efectos hipnóticos.

Concepto erróneo: se debe estar relajado para poder ser hipnotizado

Se ha descrito la hipnosis como un estado de atención concentrada que varía de


intensidad en función de las características individuales y contextuales. También se mencionó
antes la idea de que la hipnosis se puede producir espontáneamente mientras se está
conversando, leyendo y en un número incontable de casos en los que se fija la atención. Se
puede estar ansioso, incluso sentir un profundo suspense y aun así estar centrado, como
«atrapado en un misterio». Así, la relajación física no es un prerrequisito necesario para que se
produzca la hipnosis (Banyai, Zseni y Tury, 1993; Malott, 1984).

Concepto erróneo: la hipnosis es una terapia

La hipnosis no es una terapia. Más bien es una herramienta terapéutica que se puede
utilizar en una variedad infinita de formas, no se alinea con ninguna orientación teórica o
práctica. En un sentido amplio, es una parte de todas las psicoterapias y, por dicha razón, una
parte de todas las interacciones en las que una persona se acerca a otra y le influye (Kirsch,
Lynn y Khue, 1993; Lankton, 1982).

Concepto erróneo: la hipnosis se puede usar para recordar con precisión todo lo
que le ha pasado a una persona

Es necesario que los clínicos entiendan cómo funciona la memoria para tratar mejor
este aspecto tan importante de la persona. Algunos han comparado la mente con un ordenador
en el que todos los recuerdos están almacenados con precisión y están disponibles para una
recuperación posible. Sin embargo, la metáfora del ordenador es imprecisa. La mente no
recibe la información simplemente y la almacena de forma exacta para recordarla después de
forma precisa. De hecho, los recuerdos se almacenan en base a las percepciones, y por lo
tanto están sujetos a las mismas distorsiones que las percepciones. Las personas pueden
«recordar» cosas que realmente no ocurrieron, pueden recordar fragmentos seleccionados de
una experiencia y pueden tomar trozos de múltiples recuerdos y combinarlos en un falso
recuerdo (McConkey, 1992; Orne, 1984; Yapko, 1994). Este tema está en el centro de un
rabioso debate que divide amargamente en estos momentos a la profesión de la salud mental.
Trataré este tema con más profundidad en un capítulo posterior.

Conclusión sobre los conceptos erróneos

La manera en que uno conceptualiza la hipnosis y la mente determina casi totalmente


los límites que le pone la utilización de la primera y a sus clientes. Se recomienda a los lectores
que reflexionen cuidadosamente sobre lo que piensan de la hipnosis como herramienta de
tratamiento, y que revisen la bibliografía existente para clarificar sus creencias.
Bibliografía

ALMAN, B. y LAMBROU, P. (1992), Self-hypnosis: The complete manual for health and self-
change (2a ed.), Nueva York, Brunner/Mazel.
ARAOZ, D. (1985), The new hypnosis, Nueva York, Brunner/Mazel.
BANYAI, E., ZSENI, A. y Tury, F. (1993), «Active-alert hypnosis in psychotherapy», en J. Rhue, S.
Lynn e I. Kirsch (comps.), Handhook of clinical hypnosis, Washington, DC, American
Psychological Association, págs. 271-290.
BARBER, J. (1980), «Hypnosis and the unhypnotizable», American Journal of Clinical Hypnosis,
23, págs. 4-9.
BARBER, J. (1991), «The locksmith model: Accessing hypnotic responsiveness», en S. Lynn y
J. Rhue (comps.), Theories of hypnosis: Current models and perspectives, Nueva York,
Guilford, págs. 241-274.
DlAMOND, M. (1987), «The interactional basis of hypnotic experience: On the relational
dimensions of hypnosis», International Journal of Clinical and Experimental Hypnosis, 35,
págs. 95-115.
ERICKSON, M. y ROSSI, E. (1979), Hypnotherapy: An exploratory casebook, Nueva York,
Irvington.
FRAUMAN, D., LYNN, S. y BRENTAR, J. (1993), «Prevention and therapeutic management of
"negative effects" in hypnotherapy», en J. Rhue, S. Lynn e I. Kirsch (comps.), Handhook
of clinical hypnosis, Washington, DC, American Psychological Association, págs. 95-120.
FROMM, E. y KAHN, S. (1990), Self-hypnosis: The Chicago paradigm, Nueva York, Guilford.
GlLLlGAN, S. (1982), «Ericksonian approaches to clinical hypnosis», en J. Zeig (comp.),
Ericksonian approaches to hypnosis and psychotherapy, Nueva York, Brunner/Mazel,
págs. 87-103.
GlLLlGAN, S. (1987), Therapeutic trances: The cooperation principie in Ericksonian
hypnotherapy, Nueva York, Brunner/Mazel.
GOLDEN, W. (1986), «Another view of choosing inductions», en B. Zilbergeld, M. Erickson y D.
Araoz (comps.), Hypnosis: Questions and answers, Nueva York, Norton, págs. 110-117.
GRINDER, J. y BANDLER, R. (1981), Trance-formations: Neuro-Linguistic Programming ant the
structure of hypnosis, Moab, UT, Real People Press.
HALEY, J. (1963), Strategies of psychotherapy, Nueva York, Grune & Stratton.
KIRSCH, I. y COUNCIL, J. (1992), «Situational and personality correlates of hypnotic
responsiveness», en E. Fromm y M. Nash (comps.), Contemporary hypnosis research,
Nueva York, Guilford, págs. 267-291.
KIRSCH, I., LYNN, S. y RHUE, J. (1993), «Introduction to clinical hypnosis», en J. Rhue, S. Lynn y
J. Kirsch (comps.), Handhook of clinical hypnosis, Washington, DC, American
Psychological Association, págs. 3-22.
KLEINHAUZ, M. y ELI, I. (1987), «Potential deleterious effects of hypnosis in the clinical
setting», American Journal of Clinical Hypnosis, 29, 3, págs. 155-159.
KROGER, W. (1977), Clinical and experimental hypnosis (2a ed.), Filadelfia, Lippincott.
LANKTON, S. (1982), «The occurrence and use of trance phenomena in non-hypnotic
therapies», en J. Zeig (comp.), Ericksonian approaches to hypnosis and psychotherapy,
Nueva York, Brunner/Mazel, págs. 132-143.
MACHOVEC, F. (1986), Hypnosis complications: Prevention and risk management, Springfield,
IL, C. C. Thomas.
MALOTT, J. (1984), «Active-alert hypnosis: Replication and extensión of previous research»,
Journal of Ahnormal Psychology, 93, págs. 246-249.
McCONKEY, K. (1992), «The effects of hypnotic procedures on remembering: The experimental
findings and their implication for forensic hypnosis», en E. Fromm y M. Nash (comps.),
Contemporary hypnosis research, Nueva York, Guilford, págs. 405-426.
ORNE, M. (1984), «The use and misuse of hypnosis in court», en W. Wester y A. Smith
(comps.), Clinical hypnosis: A multidisciplinary approach, Filadelfia, Lippincott, págs. 497-
524.
SANDERS, S. (1991), Clinical self-hypnosis: The power of words and images, Nueva York,
Guilford.
SIMPKINS, C. y SIMPKINS, A. (1991), Principies of self-hypnosis: Pathways to the unconscious,
Nueva York, Irvington.
SPIEGEL, H. y SPIEGEL, D. (1987), Trance and treatment: Clinical uses of hypnosis,
Washington, DC, American Psychiatric Press.
STANTON, H. (1985), «Permissive vs. authoritarian approaches in clinical and experimental
settings», en J. Zeig (comp.), Ericksonian psychotherapy, vol. 1: Structures, Nueva York,
Brunner/Mazel, págs. 293-304.
WATKINS, H. (1986), «Handling a patient who doesn't come out of trance», en B. Zilbergeld, M.
Edelstein y D. Araoz (comps.), Hypnosis: Questions and answers, Nueva York, Norton,
págs. 445-447.
WEITZENHOFFER, A. (1989), The practice of hypnotism, vols. 1-2, Nueva York, John Wiley &
Sons.
YAPKO, M. (1994), Suggestions of abuse: True and false memories of childhood sexual trauma,
Nueva York, Simon & Schuster.
CAPÍTULO 5: La hipnosis teóricamente hablando

La manera como uno conceptualiza la hipnosis tiene profundas implicaciones en sus


aplicaciones potenciales. Durante las últimas décadas, ha habido muchas perspectivas que
diferían bastante respecto a qué es esa misteriosa fuerza llamada «hipnosis».
Todas las teorías de la hipnosis desarrolladas a lo largo de los años son útiles a la hora
de describir uno o más aspectos de la misma, pero ninguna se puede considerar que tenga la
última palabra para describir el proceso o la experiencia de la hipnosis. Los siguientes son
algunos de los modelos y perspectivas más destacados.

1. La hipnosis como disociación. El supuesto subyacente es que hay múltiples


sistemas cognitivos que normalmente trabajan de forma sinérgica bajo un control primario o
ejecutivo. Durante la hipnosis, los subsistemas normalmente integrados se disocian entre sí a
diversos niveles y son capaces de dar respuestas independientes y multinivel ante las
sugestiones del hipnotista (Bowers y Davidson, 1991; Evans, 1991; Hilgard, 1977,1979, 1986,
1991).
2. La hipnosis como regresión psicológica. Es vista como una forma especial de
regresión psicológica caracterizada por un cambio a procesos de pensamiento primarios más
primitivos y por un aumento de la transferencia hacia el hipnotista como figura de autoridad casi
arquetípica (por ejemplo, parental) (Fromm, 1992; Nash, 1987).
3. La hipnosis como relajación. La relajación se considera como la fuente de la que
derivan todos los fenómenos como la regresión y la disociación (Edmonston, 1977, 1981,
1991).
4. La hipnosis como fenómeno sociocognitivo. Las perspectivas sociocognitivas
sostienen que la hipnosis no es una experiencia particular o única, sino que está definida sólo
por el contexto social en el que se produce y a través de la manera en que los participantes
consideran las respuestas hipnóticas etiquetándolas como tal (Kirsch, 1991; Spanos, 1991a,
1991b; Wagstaff, 1991).
5. La hipnosis como estado permisivo. El enfoque autoritario que tienen los clínicos
con una orientación más tradicional es la base para la descripción que hace esta teoría de la
conducta del cliente como pasiva y permisiva. Específicamente, un cliente permisivo se
caracteriza por permitir que el clínico dirija su experiencia, expresando pocos o ningún deseo
propio. Se espera que el cliente responda tanto como pueda a la guía del clínico, y así opere en
un rol secundario y reactivo en la relación. En esencia, se ve al cliente como un receptáculo
pasivo de las sugerencias autoritarias del clínico. La incapacidad del cliente para responder a
las sugestiones directas del clínico y satisfacer así a éste último, es la base de lo que en este
modelo se ha catalogado como «resistencia» (Weitzenhoffer, 1989).
6. La hipnosis como role playing. Existe una gran cantidad de confusión y de
especulación respecto a si la realidad es una condición de la experiencia humana que se puede
llamar «hipnosis». Los gráficos de ondas cerebrales, las medidas de cambios bioquímicos en el
cuerpo, y las lecturas objetivas de la actividad en el sistema nervioso son, en el mejor de los
casos, ambiguas para ayudar a definir el fenómeno. La naturaleza de la hipnosis es
extremadamente subjetiva y, hasta la fecha, se ha resistido a las mediciones objetivas. De
hecho, hay algunos teóricos (Coe y Sarbin, 1991; Sarbin y Coe, 1972) que han adoptado una
perspectiva sociocognitiva particular sugiriendo que la hipnosis como entidad de conciencia
única y separada no existe realmente. Desde su punto de vista sólo hay hipnosis cuando
alguien desea representarla. En otras palabras, el cliente no entra realmente en una dimensión
de conciencia que difiera de forma apreciable de ninguna otra. Más bien la persona desempeña
el papel de cómo se supone que es y actúa y del aspecto que tiene un sujeto hipnotizado, y
cumple las sugerencias del hipnotizador a este respecto.
El apoyo a esta perspectiva proviene de diversas investigaciones que normalmente
implican a un grupo de sujetos a los que se les da la instrucción de que se comporten «como
si» estuvieran hipnotizados y se mezclen con un grupo de sujetos formalmente hipnotizados.
Se desafió a unos cuantos «expertos» para que descubrieran qué personas estaban realmente
hipnotizadas y cuáles no. Los sujetos que representaron la conducta hipnótica fueron
extremadamente convincentes y lograron confundir a los expertos.
7. La hipnosis como un estado de conciencia alterado. La experiencia de la
hipnosis se ha conceptualizado también como un estado de conciencia alterado (Fromm, 1992;
Tart, 1969). Desde esta perspectiva se considera el estado hipnótico como un estado único y
separado distinto del normal. A partir de este punto de vista la hipnosis es un estado creado
artificialmente mediante el proceso de inducción, que altera la experiencia fenomenológica de
la persona limitando la atención a las sugestiones que se le ofrecen.
Esta perspectiva ha sido popular a lo largo de la historia debido a que reconoce que las
personas hipnotizadas pueden experimentar cosas que superan su capacidad normal. La idea
de un estado de conciencia alterado permite dicha posibilidad, y también permite que la
proporción variable de personas que pueden experimentar dicho estado se describan en las
estadísticas de susceptibilidad.
La pregunta clave es ésta: si la hipnosis es un estado alterado de conciencia, ¿de
dónde proviene la alteración? Claramente, el estado que surge a partir de una interacción
hipnótica formal en el que una persona hipnotizada experimenta su cuerpo como insensible,
por ejemplo, no es una experiencia cotidiana. Obviamente algo ha cambiado ¿pero qué? ¿y
cómo? Esto sigue siendo un misterio. Se ha señalado antes que los intentos de medir
objetivamente la existencia del estado hipnótico a través de niveles químicos y eléctricos no ha
tenido éxito. Por lo tanto, ha surgido una visión de la hipnosis relacionada con ésta, es decir, la
de las dimensiones naturalistas y cotidianas de la experiencia hipnótica (Erickson y Rossi,
1979; Zeig, 1991).
8. La visión de la hipnosis como contrastación con la realidad. Obtener
retroalimentación (feedback) de los sentidos respecto a nuestra relación con el mundo que nos
rodea es un proceso llamado «contrastación con la realidad». Este proceso normalmente es tan
inconsciente que lo damos por supuesto.
Esta visión de la hipnosis teoriza que, cuando se entra por primera vez en un estado
hipnótico, el proceso continuo de contrastación con la realidad es marcadamente reducido.
Cuando uno suspende el proceso de obtener retroalimentación del mundo que le rodea
centrándose en sus procesos internos, que es lo que caracteriza a la mayoría de las
experiencias hipnóticas (aunque la hipnosis se puede centrar en aspectos externos), uno pierde
cualquier orientación que esté fuera de su experiencia interna. Al suspender la contrastación
objetiva con la realidad la persona es libre para aceptar cualquier realidad que se le sugiera. La
realidad sugerida, independientemente de que sea verdadera o falsa, determinará la calidad y
la cantidad de las respuestas emocionales y conductuales de la persona (Lynn y Rhue, 1991;
Shor, 1959).
9. La propiedad condicionadora de las palabras y las experiencias. El lector está
leyendo esta página llena de marcas negras con diversas configuraciones. Los patrones de
configuración establecen lo que uno llega a reconocer (tras años de aprendizaje y experiencia)
como palabras. A medida que uno lee cada palabra en una secuencia fija de izquierda a
derecha, la asimila y la vincula a la experiencia que tiene de lo que significa para él/ella. Las
palabras de esta página no significan nada para un lector hasta que éste no les da un
significado, y el significado sólo puede provenir de su propia experiencia de saber lo que
representan las palabras.
Lo más importante es que uno use su propia experiencia individual para dar significado
a una palabra. Por lo tanto, una misma palabra significará inevitablemente cosas diferentes
para diferentes personas. Cuanto más abstracta sea una palabra, más cierto será esto.
Las palabras son estímulos condicionados que representan experiencias internas.
También los gestos son estímulos condicionados que surgen a partir de experiencias repetidas
de aprender lo que significan. Así, el significado está en la persona, no en las palabras. Las
personas son individuos y cada uno se comunica a su manera. La comunicación hipnótica
eficaz permite a las personas interpretar y responder de formas propias y únicas a las
posibilidades sugeridas por el clínico (Bandler y Grinder, 1975, 1979; Grinder y Bandler, 1976;
Lankton, 1979).
10. La hipnosis es un resultado interaccional. En los métodos hipnóticos más
tradicionales la inducción hipnótica era algo que el terapeuta «hacía a» un sujeto. En un
enfoque estandarizado y no individualizado, era algo que un sujeto se hacía a sí mismo en
respuesta al enfoque impersonal de las sugestiones del hipnotizador. En el enfoque de la
utilización, la responsabilidad de la experiencia de la hipnosis la comparten el clínico y el
cliente, en el sentido de que deben estar atentos y responder al otro. El clínico, para tener éxito,
debe responder a las necesidades del cliente y adaptar su enfoque a ellas para que el cliente
responda a las posibilidades de cambio sugeridas por él. La relación es de mutua
interdependencia y en ella cada uno sigue la iniciativa del otro y al mismo tiempo,
paradójicamente, toma la iniciativa (Erickson y Rossi, 1979; Erickson, Rossi y Rossi, 1976;
Zeig, 1991).
El punto de vista interaccional enfatiza la sensibilidad y el respeto por el cliente, lo que
resulta ideal en los contextos terapéuticos. Sin embargo, es evidente que esos factores no han
de estar necesariamente presentes para que se produzca la hipnosis. Después de todo, el
hipnotizador de espectáculos no tiene ninguna relación especial con sus sujetos y, desde luego,
no es sensible ni responde a sus características personales únicas.
11. Perspectivas biológicas de la hipnosis. La fuerte relación existente entre la
mente y el cuerpo es claramente evidente en las interacciones hipnóticas y ha llevado a
formulaciones teóricas que defienden la existencia de una base biológica en la predisposición a
la hipnosis. Spiegel y Spiegel (1987) describieron la calidad de la interrelación entre los dos
hemisferios cerebrales como la base de la sensibilidad a la hipnosis. Rossi (1982, 1991)
postuló un ciclo biológico natural que alterna la atención y la relajación y que psicológicamente
se produce en ciclos que oscilan entre 90 y 150 minutos como componentes del ciclo corporal
de 24 horas (llamado ritmo circadiano). El «ritmo ultradiano» o alternancia entre atención y
relajación se considera como el marco biológico para el estado hipnótico. Watzlawick (1978)
describió la hipnosis como producto de la asimetría hemisférica, sugiriendo que su inducción
distrae al hemisferio izquierdo (es decir, la parte «racional») mientras que los procesos
intuitivos e impresionistas del hemisferio derecho se vuelven dominantes en la propia
experiencia.

Bibliografía

BANDLER, R. y GRINDER, J. (1975), The structure of magic, vol. 1, Palo Alto, CA, Science and
Behavior Books.
BANDLER, R. y GRINDER, J. (1979), Frogs into princes, Moab, UT, Real People Press.
BOWERS, K. y DAVIDSON, T. (1991), «A neodissociative critique of Spanos socialpsychological
model of hypnosis», en S. Lynn y J. Rhue (comps.), Theories of hypnosis: Current
models and perspectives Nueva York, Guilford, págs. 105-143.
COE, W. y SARBIN, T. (1991), «Role theory: Hypnosis from a dramaturigical and narrational
perspective», en S. Lynn y J. Rhue (comps.), Theories of hypnosis: Current models and
perspectives, Nueva York, Guilford, págs. 303-323.
EDMONSTON, W. (1977), «Neutral hypnosis as relaxation», American Journal of Clinical
Hypnosis, 20, págs. 69-75.
EDMONSTON, W. (1981), Hypnosis and relaxation: Modern verification of an old equation, Nueva
York, John Wiley & Sons.
EDMONSTON, W. (1991), «Anesis», en S. Lynn y J. Rhue (comps.), Theories of hypnosis:
Current models and perspectives, Nueva York, Guilford, págs. 197-237.
ERICKSON, M. y ROSSI, E. (1979), Hypnotherapy: An exploratory casehook, Nueva York,
Irvington.
ERICKSON, M, ROSSI, E. y Rossi, S. (1976), Hypnotic realities: The induction of clinical hypnosis
and forms of indirect suggestion, Nueva York, Irvington.
EVANS, F. (1991), «Hypnotizability: Individual differences in dissociation and the flexible control
of psychological processes», en S. Lynn y J. Rhue (comps.), Theories of hypnosis:
Current models and perspectives, Nueva York, Guilford, págs. 144-168.
FROMM, E. (1992), «An ego-psychological theory of hypnosis», en E. Fromm y M. Nash
(comps.), Contemporary hypnosis research, Nueva York, Guilford, págs. 132-148.
GRINDER, J. y BANDLER, R. (1976), The structure of magic, vol. 2, Palo Alto, CA, Science and
Behavior Books.
HlLGARD, E. (1977), Divided consciousness, Nueva York, John Wiley & Sons.
HlLGARD, E. (1979), «Divided consciousness in hypnosis: The implications of the hidden
observer», en E. Fromm y R. Shor (comps.), Hypnosis: Developments in research and
new perspectives, 2ª ed., Chicago, Aldine Atherton, págs. 45-79.
HlLGARD, E. (1986), Divided consciousness: Multiple controls in human thought and action,
Nueva York, John Wiley & Sons.
HlLGARD, E. (1991), «A neodissociation interpretation of hypnosis», en S. Lynn y J. Rhue
(comps.), Theories of hypnosis: Current models and perspectives, Nueva York, Guilford,
págs. 83-104.
KIRSCH, I. (1991), «The social learning theory of hypnosis», en S. Lynn y J. Rhui (comps.),
Theories of hypnosis: Current models and perspectives, Nueva York, Guilford, págs. 439-
465.
LANKTON, S. (1979), Practical magic: The clinical applications of Neuro-Linguistic Programming,
Cupertino, CA, Meta Publications.
LYNN, S. y RHUE, J. (1991), «An integrative model of hypnosis», en S. Lynn y J. Rhue (comps.),
Theories of hypnosis: Current models and perspectives, Nueva York, Guilford, págs. 397-
438.
NASH, M. (1987), «What, if anything, is regressed about hypnotic age regression? A review ot
the empirical literature», Psychological Bulletin, 102, págs. 42-52.
ROSSI, E. (1982), «Hypnosis and ultradian cycles: A new state(s) theory of hypnosis?»,
American Journal of Clinical Hypnosis, 1, págs. 21-32.
— (1991), The 20-minute break: Using the new science of ultradian rhythms, Los Angeles,
Tarcher.
SARBIN, T. y COE, W. (1972), Hypnosis: A social-psychological analysis of influence
communication, Nueva York, Holt, Rinehart & Winston.
SHOR, R. (1959), «Hypnosis and the concept of the generalized reality-orientation», American
Journal of Psychotherapy, 13, págs. 582-602.
SPANOS, N. (1991a), «Hypnosis, hypnotizability and hypnotherapy», en C. Snyder (comp.),
Handhook of social and clinical psychology, Elmsford, NY, Pergamon.
SPANOS, N. (1991b), «A sociocognitive approach to hypnosis», en S. Lynn y J. Rhue (comps.),
Theories of hypnosis: Current models and perspectives, Nueva York, Guilford, págs. 324-
361.
SPIEGEL, H. y SPIEGEL, D. (1987), Trance and treatment: Clinical uses of hypnosis, Washington,
DC, American Psychiatric Press.
TART, C. (comp.), (1969), Altered states of consciousness: A book of readings, Nueva York,
John Wiley & Sons.
WAGSTAFF, G. (1991), «Compliance, belief, and semantics in hypnosis: A nonstate,
sociocognitive perspective», en S. Lynn y J. Rhue (comps.), Theories of hypnosis:
Current models and perspectives, Nueva York, Guilford, págs. 362-369.
WATZLAWICK, P. (1978), The language of change, Nueva York, Basic Books.
WEITZENHOFFER, A. (1989), The practice of hypnotism, vols. 1-2, Nueva York, John Wiley &
Sons.
ZEIG y J. (1991), «Ericksonian hypnotherapy: A Communications approach to hypnosis», en S.
Lynn y J. Rhue (comps.), Theories of hypnosis: Current models and perspectives, Nueva
York, Guilford, págs. 275-300.
CAPÍTULO 6: Contextos de la hipnosis

Muchas veces la gente me pregunta «¿se puede usar la hipnosis para llenar espacios en
blanco?». Mi respuesta es promover la idea de que la hipnosis se puede usar como
herramienta para el tratamiento de cualquier estado humano en el que la actitud de la persona
es un factor importante.
Cuando la mente de la persona está implicada en un problema particular, que es algo
que, por lo que yo sé, ocurre siempre en mayor o menor medida, se puede obtener un beneficio
potencial mediante la aplicación de patrones hipnóticos. Con esta idea en mente, consideremos
los contextos específicos en los que se puede usar la herramienta de la hipnosis para lograr los
resultados deseados.

Hipnosis médica

En general la hipnosis puede ser un accesorio útil para los tratamientos médicos
tradicionales por varias razones, la primera de las cuales tiene que ver con la relación mente-
cuerpo y el papel de la mente (actitudes y emociones relacionadas) en los trastornos médicos
(Barber, 1984; Cohen y Williamson, 1991; Levenson y Bemis, 1991).
Una segunda razón para usar la hipnosis es su énfasis, por su propia naturaleza, en
que cada persona es responsable de su propia salud y bienestar. Usar la hipnosis da a la
persona la sensación de tener cierto control sobre sus experiencias internas (Brown, 1992;
Brown y Fromm, 1987).
Las implicaciones específicas de la hipnosis en los contextos médicos son muy
variadas, pero generalmente se pueden describir como una forma de tener un grado de control
significativo sobre los procesos físicos. Una posibilidad es la reducción o la eliminación del
dolor sin el uso de medicación (Chaves, 1993; Spanos, 1989).
Los métodos de control del dolor mediante la hipnosis suelen ser bastante sofisticados
y se aconseja tener una formación sólida y una gran experiencia en hipnosis antes de trabajar
en esta área. Trabajar con pacientes que sufren dolor presupone tener una licencia médica
apropiada o, al menos una supervisión médica en cada caso.
La hipnosis se usa normalmente en trastornos por estrés y se considera un tratamiento
muy efectivo. Enseñar al paciente técnicas para prevenir el estrés negativo cuando sea posible,
técnicas para identificar bien el estrés antes de que alcance un nivel en el que es probable que
cause síntomas debilitadores y técnicas para relajarse y controlar el estrés de manera positiva
son todos ellos elementos para que un paciente hipersensible aprenda a afrontar su estado de
manera positiva y responsable (Hammond, 1990).
La hipnosis, tomada como ayuda y no como sustituto para el tratamiento de trastornos
graves en los enfoques más tradicionales, ha demostrado que es necesario tratar las
necesidades emocionales del paciente al mismo tiempo que se usan sus recursos mentales
como parte integral del tratamiento. Esto ocurre incluso en enfermedades que parecen, y
probablemente son, de naturaleza totalmente orgánica. El mecanismo exacto por el que un
clínico puede pronunciar unas pocas frases hipnóticas y efectuar cambios en el paciente es
desconocido, pero se cree que la respuesta reside en el sistema inmunológico de la persona.
La investigación actual en esta área sugiere que es más probable que las personas desarrollen
una enfermedad grave durante o poco después de un período muy estresante de sus vidas. Se
cree que el estrés reduce la capacidad de las defensas naturales del organismo, el sistema
inmunológico, permitiendo que los organismos que transmiten enfermedades se multipliquen en
la persona debilitada. Se cree que la hipnosis puede fortalecer las funciones inmunológicas del
organismo y ayudar a vencer la enfermedad (Rossi, 1993; Wickramasekera, 1993).
Es necesaria mucha investigación para descubrir las soluciones a los misterios de la
mente, pero la falta de explicaciones precisas para los mecanismos de acción no deberían
inhibir el uso de técnicas que pueden ayudar claramente a la curación del cuerpo humano. La
hipnosis puede facilitar el proceso de recuperación, y puede ser otra herramienta útil en el
repertorio del médico que puede compartir con sus pacientes. La hipnosis no reemplaza a otros
tratamientos: se suma a ellos.
Hipnosis dental

La poderosa relación mente-cuerpo, evidente en las aplicaciones médicas de la


hipnosis, se puede aplicar también al contexto dental.
Ayudar al paciente a reducir la ansiedad frente al tratamiento dental mediante unas
pocas afirmaciones bien escogidas puede marcar una gran diferencia en el resultado. Además,
una buena experiencia dental se puede usar de forma hábil como prototipo para futuras
experiencias similares. Tal vez la persona no espere entusiasmada la siguiente cita pero
tampoco tendrá que estar llena de miedo (Finkelstein, 1984, 1991; Hammond, 1990).
Un segundo uso positivo de la hipnosis en este contexto son las técnicas de control del
dolor. Las técnicas hipnóticas que crean la experiencia de analgesia o anestesia pueden
permitir que el paciente reduzca el grado de malestar a un nivel más fácil de controlar. Muchas
son capaces de eliminar el malestar totalmente.
Un tercer uso se debe a su capacidad para ayudar a dirigir el torrente sanguíneo.
Muchos pacientes pueden responder a las sugestiones para reducir el flujo de sangre en el
área bajo tratamiento. El resultado es una experiencia menos traumática para el paciente y una
mayor claridad para que el dentista vea lo que está haciendo (Banks, 1985).
Otra utilización de la hipnosis en el contexto dental está relacionada con el desarrollo
del proceso de curación tras el tratamiento. Usar técnicas que implican imaginarse la curación
(por ej. imágenes, sentimientos y sonidos asociados a la reconstrucción, reparación y
fortalecimiento) pueden reducir el período de recuperación y permitir un mayor confort durante
ese tiempo (Rossi y Cheek, 1988).

Hipnosis en la ciencia forense

El uso de los testimonios obtenidos mediante hipnosis en las salas de los tribunales se
ha restringido severamente (Scheflin y Shapiro, 1989). Los expertos no están de acuerdo con
dichos testimonios debido a la conocida capacidad de la hipnosis y la sugestión para
contaminar recuerdos. Algunos expertos sostienen que la información obtenida de una persona
hipnotizada se puede usar y merece tanta confianza como cualquier otra, y que la hipnosis no
distorsiona necesariamente los recuerdos. En la otra cara de la cuestión están aquellos que
defienden que la hipnosis puede alterar los recuerdos, que los testigos hipnotizados pueden
mentir con facilidad, y que es probable que rellenen detalles ausentes con material de la
fantasía o con información contenida en las sutiles preguntas del investigador (Sheehan y
McConkey, 1993; Yapko, 1994). Este asunto se trata de manera más amplia en otro capítulo
posterior.

Hipnosis en educación

Enseñar y aprender son habilidades muy refinadas que requieren una gran cantidad de
procesamiento de información a diversos niveles. Enseñar es una experiencia de aprendizaje:
aprender cómo captar el interés y la atención de los alumnos (una habilidad necesaria para la
inducción de la hipnosis), aprender a presentar la información de tal manera que el estudiante
pueda utilizarla (una habilidad también necesaria para utilizar el estado hipnótico), y aprender a
enseñar a los estudiantes a asimilar de forma autosuficiente (una habilidad necesaria para
consolidar los resultados de la terapia), de manera que puedan ser competentes y estar
motivados a aprender en ausencia del profesor/a. La enseñanza eficaz, independientemente de
que se imparta a preescolares o a candidatos doctorales, implica estos pasos que son
paralelos a los patrones hipnóticos.
Muchos profesores creativos están usando la hipnosis en todos los niveles de
enseñanza, muchas veces guiando a los alumnos con relajación formal y procedimientos de
imaginación, por ejemplo. Muchos alumnos están desarrollando habilidades a la hora de
estudiar con ejercicios de autohipnosis, aprendiendo a controlarla mejor y a aumentar su
capacidad para prestar atención y organizar sus materias de estudio. La hipnosis en el contexto
educativo, ya se use de manera formal o informal, puede aumentar tanto las habilidades de
estudio como las ejecuciones del estudiante (Stanton, 1993; Wolf, 1986).
Hipnosis en los negocios

En el contexto de los negocios, la hipnosis formal (el uso de procedimientos de


inducción abiertamente hipnóticos) es menos aplicable que el uso de patrones informales de
sugestión. La definición de hipnosis que hace de guía en este libro es la de comunicación que
ejerce cierta influencia; en el contexto de los negocios, los principios de la comunicación
efectiva pueden crear o destruir una empresa.
La persona que es capaz de comunicar sus ideas de manera clara y flexible a los otros
tiene muchas posibilidades de tener éxito a todos los niveles. Interacciones como la
presentación de un plan de mercado, el manejo estratégico de un empleado o un supervisor
problemático, la entrevista de trabajo eficaz, realizar evaluaciones significativas del desempeño
laboral, clarificar las expectativas de trabajo, mejorar la atmósfera de trabajo, y controlar
muchas otras dimensiones del mundo laboral, en última instancia implican interacciones
interpersonales en las que inevitablemente se produce la comunicación y la influencia. La
cuestión no es si uno se comunica e influye en los otros, puesto que es imposible no hacerlo,
sino si los patrones de comunicación que existen influyen a los participantes de forma deseable
(Alman y Lambrou, 1992; Korn, Pratt y Lambrou, 1987).

Hipnosis en los deportes

Dedicarse al atletismo, sea cual sea el nivel de intensidad, implica una gran cantidad
de control físico y de concentración mental. La hipnosis como herramienta puede facilitar
ambos aumentando su rendimiento.
La hipnosis, además de incorporar la concentración y el control físico, puede ayudar a
controlar mejor la tensión o las dudas personales inherentes en la competición. Además,
establecer unas expectativas positivas y una buena comunicación con uno mismo a través de
la autohipnosis puede mejorar la ejecución de manera espectacular. Muchas veces el atleta
que ha sufrido un bajón tiene imágenes mentales de fracaso, que se pueden traducir con
mucha facilidad en un fracaso real. Construir imágenes positivas mediante la hipnosis y la
autohipnosis puede cambiar completamente su ejecución. Es cierto que la hipnosis no ofrece
un talento extra al atleta; simplemente amplía el que ya tiene, proporcionándole el mayor
acceso posible al mismo. Como se puede imaginar hay muchos atletas que valoran esto
(Liggett y Hamada, 1993; Masters, 1992; Morgan, 1993; Ward, 1992).

Hipnosis y psicoterapia

Todas las psicoterapias implican influir de alguna manera en una persona que tiene
dificultades para sentirse mejor. El cliente que busca ayuda no puede dejar de responder a las
comunicaciones del psicoterapeuta; la sofisticación de un buen terapeuta es conseguir una
respuesta terapéutica deseada.
La hipnosis es una herramienta, no una terapia. Su principal ventaja en psicoterapia
reside en su capacidad para aprovecharse de los muchos recursos de la mente inconsciente.
Los sentimientos, valores, conductas, recuerdos, comprensión y todas las percepciones que
guían las elecciones del cliente son subjetivas y, por lo tanto, pueden cambiar. La hipnosis que
implica simplemente una inducción formal y sugestiones directamente relacionadas con el
problema es la utilización más superficial y menos sofisticada de la misma. Este tipo de
hipnosis se usa para tratar aspectos sintomáticos y la practican casi todos los hipnotistas y
muchos psicoterapeutas. A pesar de su superficialidad, puede ser eficaz con un porcentaje
considerable de individuos.
Otras utilizaciones más complejas y habilidosas de la misma implican la utilización de
técnicas que pretenden la resolución de conflictos más profundos (que se lleven con ellos los
síntomas, o si no no es un verdadero éxito). Este tipo de hipnosis implica un enfoque más
interaccional y funciona en múltiples dimensiones de la persona, no sólo en las más
superficiales.
La flexibilidad de la hipnosis como herramienta psicoterapéutica permite a los clínicos
usarla a un nivel tan superficial o intensivo como consideren apropiado en cualquier trastorno
que se esté tratando. Los métodos hipnóticos nos recuerdan continuamente que la experiencia
es negociable (Araoz, 1985; Brown, 1991; Crasilneck y Hall, 1985; Erickson y Rossi, 1979,
1981; Hammond, 1990; O'Hanlon, 1987; Rossi, 1980; Spiegel y Spiegel, 1987; Zeig, 1982,
1985; Zeig y Lankton, 1988).

Bibliografía

ALMAN B. Y LAMBROU, P. (1992), Self-hypnosis: The complete manual for health and self-
change, Nueva York, Brunner/Mazel.
ARAOZ, D. (1985), The new hypnosis, Nueva York, Brunner/Mazel.
BANKS, W. (1985), «Hypnotic suggestion for the control of bleeding in the angiography suite»,
Ericksonian Monographs, 1, págs. 76-88.
BARBER, T. (1984), «Changing unchangeable bodily processes by hypnotic suggestions: A new
look at hypnosis, cognitions, imagining and the mind-body problem», Advances 1, 2,
págs. 7-40.
BROWN, D. (1992), «Clinical hypnosis research since 1986», en E. Fromm y M. Nash (comps.),
Contemporary hypnosis research, Nueva York, Guilford, pags. 427-458.
BROWN, D. y FROMM, E. (1987), Hypnosis and behavioral medicine, Hillsdale, NJ, Erlbaum.
BROWN, P. (1991), The hypnotic brain, New Haven, CT, Yale University Press. CHAVES, J.
(1993), «Hypnosis in pain management», en J. Rhue, S. Lynn e I. Kirsch (comps.),
Handbook of clinical hypnosis, Washington, DC, American Psychological Association,
pags. 511-532.
COHEN, S. y WlLLlAMSON, G. (1991), «Stress and infectious disease in humans»,
Psychological Bulletin, 108, págs. 5-24.
CRASILNECK, H. y HALL, J. (1985), Clinical hypnosis: Principies and applications, 2 a ed.,
Nueva York, Grune & Stratton.
ERICKSON, M. y Rossi, E. (1979), Hypnotherapy: An exploratory casebook, Nueva York,
Irvington.
ERICKSON, M. y Rossi, E. (1981), Experiencing hypnosis: Therapeutic approaches to altered
states, Nueva York, Irvington.
FlNKELSTEIN, S. (1984), «Hypnosis and dentristry», en W. Wester y A. Smith (comps.),
Clinical hypnosis. A multidisciplinary approach, Filadelfia, Lippincott, págs. 337-352.
FlNKELSTEIN, S. (1991), «Hypnotically assisted preparation of the anxious patient for medical
and dental treatment», American Journal of Clinical Hypnosis, 33, 3, págs. 187-191.
HAMMOND, D. (comp.), (1990), Handbook of hypnotic suggestions and metaphors, Nueva York,
Norton.
KORN, E., PRATT, G. y LAMBROU, P. (1987), Hyper-performance: The A.I.M. strategy for releasing
your business potential, Nueva York, John Wiley & Sons.
LEVENSON, J. y BEMIS, C. (1991), «The role of psychological factors in cáncer onset and
progression», Psychosomatics, 32, págs. 124-132.
LlGGETT, D. y HAMADA, S. (1993), «Enhancing the visualization of gymnasts», American
Journal of Clinical Hypnosis, 35, 3, págs. 190-197.
MASTERS, K. (1992), «Hypnotic susceptibility, cognitive dissociation, and runner's high in a
sample of marathón runners», American Journal of Clinical Hypnosis, 34, 3, págs. 193-
201.
MORGAN, W. (1993), «Hypnosis and sport psychology», en J. Rhue, S. Lynn e I. Kirsch
(comps.), Handbook of clinical hypnosis, Washington, DC, American Psychological
Association, págs. 649-670.
O'HANLON, W. (1987), Taproots, Nueva York, Norton (trad. cast.: Raíces profundas: principios
básicos de la terapia y de la hipnosis de Milton Erickson, Barcelona, Paidós, 1995).
ROSSI, E. (comp.), (1980), The collected papers of Milton H. Erickson on hypnosis, vols. 1-4,
Nueva York, Irvington.
ROSSI, E. (1993), The psychobiology of mind-body healing, ed. rev., Nueva York, Norton.
ROSSI, E. y CHEEK, D. (1988), Mind-body therapy: Metaphors of ideodynamic healing in
hypnosis, Nueva York, Norton.
SCHEFLIN, A. y SHAPIRO, J. (1989), Trance on trial, Nueva York, Guilford.
SHEEHAN, P. y McCONKEY, K. (1993), «Forensic hypnosis: The application of ethical
guidelines», en J. Rhue, S. Lynn e I. Kirsch (comps.), Handbook of clinical hypnosis,
Washington, DC, American Psychological Association, págs. 719-738.
SPANOS, N. (1989), «Experimental research on hypnotic analgesia», en N. Spanos y J.
Chaves (comps.), Hypnosis: The cognitive-behavioral perspective, Buffalo, NY,
Prometheus Books, págs. 206-240.
SPIEGEL, H. y SPIEGEL, D. (1987), Trance and treatment: Clinical uses of hypnosis,
Washington, DC, American Psychiatric Press.
STANTON, H. (1993), «Using hypnotherapy to overcome examination anxiety», American
Journal of Clinical Hypnosis, 35, 3, págs. 198-204.
WARD, W. (1992), «Hypnosis, mental images, and "peer-coaching" in gymnasts», en W.
Bongartz (comp.), Hypnosis 175 years after Mesmer, Constanza, Universitats Verlag,
págs. 451-460.
WlCKRAMASEKERA, I. (1993), «Assessment and treatment of somatization disorders: The
high risk model of threat perception», en J. Rhue, S. Lynn e I. Kirsch (comps.), Handbook
of clinical hypnosis, Washington DC, American Psychological Association, págs. 587-621.
WOLF, T. (1986), «Hypnosis and Ericksonian interventions with children in the elementary
school», en M. Yapko (comp.), Hypnotic and strategic interventions: Principies and
practice, Nueva York, Irvington, págs. 209-214.
WOLINSKY, S. (1991), Trances people live, Falls Village, CT, The Bramble Co.
ZEIG, J. (comp.) (1982), Ericksonian approaches to hypnosis and psychotherapy, Nueva York,
Brunner/Mazel.
ZEIG, J. (comp.) (1985), Ericksonian psychotherapy, vols. 1-2, Nueva York, Brunner/Mazel.
ZEIG, J. y LANKTON, S. (1988), Developing Ericksonian therapy: State of the art, Nueva York,
Brunner/Mazel.
CAPÍTULO 7: La sugestibilidad humana

El campo de la psicología social ofrece diversos acercamientos valiosos a las dinámicas de la


influencia social que son relevantes en el uso de la hipnosis. La conducta de una persona
cambia en presencia de otra, con frecuencia de forma sistemática y predecible (Cialdini, 1985;
Sherman, 1988).

La influencia de la publicidad

¿Por qué compra la gente los productos que compra? ¿Por qué elige uno una marca y
no otra?
La publicidad es una industria que utiliza muchas técnicas hipnóticas para influir en que
la gente compre un producto. Los publicistas empiezan creando la necesidad de un producto
(durante siglos la halitosis o el olor corporal no estaban en el primer plano de la conciencia de
la gente), usando técnicas como promover la identificación del consumidor con la persona del
anuncio para que resuelva el problema usando el producto de la misma manera que él/ella han
modelado. Luego fortalecen su hábito de compra del producto diciéndole lo (brillante,
masculino, femenino o lo que sea) que es el consumidor por haber hecho una elección tan
acertada. Los anuncios intentan generar sentimientos que lo vinculen al producto, asociaciones
que influyan en que el consumidor elija una marca respecto a otra y la compre. En el campo de
la publicidad se utilizan palabras e imágenes para influir en las conductas de compra de los
consumidores. ¡Y funciona!
¿Qué es la sugestionabilidad? Es una apertura a aceptar y responder a ideas e
información nuevas. A medida que se adquiere esta información, dependiendo de su valor
subjetivo, puede alterar la experiencia de la persona en todas las áreas en mayor o menor
grado. En el contexto de terapia el cliente es sugestionable en un grado que desconocemos;
quiere adquirir nueva información o experiencias que le permitan aliviar el malestar. La persona
no se siente bien con algún aspecto de sí misma y busca la ayuda de otra persona que pueda
decir o hacer algo que establezca una diferencia positiva. La mayoría de las personas no son
totalmente acríticas a la hora de aceptar información, y por ello existe una destacada diferencia
entre sugestionabilidad y credulidad. La hipnosis no hace a las personas crédulas.

La necesidad de claridad y certidumbre

El viejo dicho «allí donde fueres haz lo que vieres» refleja la confianza que se deposita
en otras personas como modelos de lo que hay que hacer cuando uno se enfrenta con la
incertidumbre de si una conducta es o no apropiada. Dichos modelos pueden tener una
poderosa influencia en nosotros. Un terapeuta tendrá cierta influencia en el cliente, que
proviene de la creencia de este último de que está controlando mal cierta porción de su vida.
Los síntomas parecen estar fuera de su control. Los intentos de auto-corrección anteriores han
fracasado, así que la persona tal vez busque fuera a alguien, aparentemente más entendido,
del que aprender.
Si el lector ha intentado cambiar el patrón de algún hábito y ha fracasado (¿quién no lo
ha hecho alguna vez?) puede aceptar la sugestión de que alguien que tiene un entrenamiento
profesional en dichos temas podrá ayudarle. Al profesional de la ayuda se le ve como una
autoridad en el tratamiento de problemas personales porque está formado para reconocer las
causas y los tratamientos. La persona que busca ayuda ya ha aceptado su propia ignorancia y
su impotencia respecto a la situación, y con una fuerte sensación de esperanza busca al
terapeuta como la persona que puede lograr que el dolor desaparezca (Coe, 1993; Eisen,
1990).
El poder del terapeuta

Cuando una persona viene en busca de ayuda para tratar algún problema que le
angustia, está invistiendo al terapeuta como figura de autoridad y espera que sea una fuente de
cura. El poder no es algo que el terapeuta tenga dentro de sí; por el contrario, es una propiedad
que adquiere a partir de la reacción que tiene la persona respecto a éste (Barber, 1991;
Diamond, 1984; Strauss, 1993).
Al menos hay cinco tipos diferentes de poder: a) coercitivo (proviene de la capacidad
de castigar), b) recompensa (proviene de la capacidad de ofrecer beneficios que van de los
monetarios a los psicológicos), c) legítimo (que proviene de la posición, tanto elegida como
asignada), d) experto (proviene de un mayor conocimiento en un área) y e) poder atribuido (que
proviene de características personales como la simpatía o la amabilidad). Todos estos poderes
son operacionales en casi todos los contextos en un grado u otro, pero son especialmente
prevalentes en el contexto terapéutico. El papel del terapeuta puede ser muy poderoso. La
capacidad para influir mediante la utilización de principios y técnicas de hipnosis clínica quizás
lleve al profesional al plantearse cuidadosamente la cuestión del poder en las relaciones si se
quiere usar de manera juiciosa y respetando totalmente la integridad del cliente (Aronson,
1992; Frauman, Lynn y Brentar, 1993).

La necesidad de aceptación

La persona que busca ayuda o información se siente, en algún aspecto, deficitaria o


incompleta. Una necesidad básica que parece tener la gente, y que es la piedra angular de la
sociedad, es otra gente. Cuando se combina el sentimiento de deficiencia con la necesidad de
otras personas, empieza a emerger la necesidad de aceptación. Una de las cosas que
producen mayor miedo al típico cliente que busca ayuda es: «Si me sincero con usted, con
todos mis miedos, dudas e imperfecciones, ¿le gustaré y me aceptará? ¿O me encontrará
débil, repulsivo y de algún modo, poco humano?» (Bates, 1993).
La necesidad de aceptación y de pertenencia son factores que están también
presentes en la relación hipnótica. Evitar las confrontaciones con la autoridad, hacer cosas para
agradar al terapeuta (que van desde generar resultados terapéuticos a hacerle un jersey de
punto) y ajustarse al estilo de lenguaje, valores e ideas teóricas del terapeuta son formas de
descubrir esta necesidad en la relación terapéutica. Respecto a la discusión sobre el poder,
aquí es donde el poder de recompensa se convierte en una fuerza importante en el proceso.

Expectativas

El papel de las expectativas en la experiencia es muy profundo, tal como se ha


demostrado en muchos lugares, y se le han dado muchos nombres. Probablemente el término
que se ha usado más es el de «profecía autocumplidora», que describe la probabilidad de que
ocurra lo que se espera que ocurra y, a la inversa, que no ocurra lo que se espera que no
ocurra (Inconscientemente ponemos nuestra conducta del lado de nuestras expectativas).
Las ideas que tiene una persona sobre sus experiencias futuras guiarán sus
experiencias del presente en dicha dirección. Cuanta más implicación emocional tiene la
persona en dicha expectativa, menos probable será que experimente nada que la contradiga
(Coe, 1993; Torem, 1992; Zeig y Rennick, 1991).

La necesidad de armonía interna

Los seres humanos generalmente desean aliviar la confusión y las contradicciones que
tienen dentro. Normalmente lo hacen omitiendo las porciones de información que son
contradictorias o dándoles vueltas hasta que encajen de manera cómoda. Suelen tener un
fuerte deseo de certidumbre y, cuando sienten incertidumbre, quizá debido a la novedad o a la
ambigüedad de la situación, se vuelven a los otros para descubrir qué es lo correcto. Si la
explicación encaja con sus necesidades personales, se asimilará a un nivel más profundo
(Festinger, 1957; Sherman, 1988).
Por ejemplo, la necesidad de consistencia cognitiva puede surgir, en mayor o en menor
medida dependiendo de la persona, como la necesidad de exigir algún beneficio por haber
pagado la ayuda profesional que ésta ha recibido. Cuando las personas invierten dinero,
esperanzas y tiempo en algo, desean desesperadamente que funcione, incluso «aunque sea
sólo un poco». Quizá necesiten justificar su propia implicación, convirtiendo a un perdedor en
ganador para sentirse mejor. Esta necesidad es evidente en los testimonios de las personas
que han comprado productos que son prácticamente inútiles y cuyo único beneficio para ellos
derivaba de sus propias expectativas.
Hay que considerar el papel de las expectativas y la necesidad de consistencia
cognitiva cuando un cliente se considera como un caso imposible e intenta demostrarlo. El
cliente que ha ido a todos los médicos de la ciudad y está orgulloso de la imposibilidad de ser
ayudado es un ejemplo perfecto; el cliente que pasa años en psicoterapia yendo de un
terapeuta a otro es otro ejemplo (Schoen, 1993).

Conclusión

No hay reglas establecidas respecto a qué es lo que contribuye a una comunicación


más influyente. Lo que interesa a una persona no interesa a otra. Algunos valoran la ayuda
profesional y la buscan mientras que otros buscarían antes el consejo de un vecino amable.
Algunas personas quieren que se les diga lo que tienen que hacer despacio y paso a paso y
siguen dichas indicaciones felices; otras luchan contra esas indicaciones de remedios y quieren
que se les deje solas para solucionar las cosas por sí mismas. Algunas responden mejor si se
les pide algo para alcanzar una meta (por ejemplo, un terapeuta con lista de espera es
frustrante para un cliente nuevo, que puede percibir a ese terapeuta como mejor de lo que es
cuando obtiene finalmente la entrevista). Otras ni siquiera se plantearán posponer tales
demandas (si se enfrentan a una lista de espera, simplemente irán a otro terapeuta). Algunas
necesitan evidencia para todo lo que oyen, otras sospechan de la ciencia y de aquellos que
promueven sus métodos. Algunas personas están abiertas a las ideas de otros cuando se
sienten confusas, mientras otras se cierran y resuelven la confusión dentro de sí mismas
(incluso con información equivocada).
Para ser realmente influyente, la tarea del clínico es descubrir dónde está abierta una
persona a la sugestión y no si lo está o no (la mayoría de las personas lo están en alguna
medida). La sugestionabilidad de cada persona es lo que hace que el cambio sea posible y
permite el crecimiento personal. El proceso de descubrir lo que quiere un cliente y cómo
alcanzarlo de la mejor manera es el proceso de adquirir rapport* que surge cuando el cliente
siente que el terapeuta le entiende y es empático con su experiencia (Bertrand, 1989; Gfeller,
1993; Kirsch y Council, 1992; Sheehan, 1991).

* Rapport es una palabra que no se suele traducir y hace referencia al establecimiento de una
relación terapéutica buena y cooperadora. (N. de la t.)

Bibliografía

ARONSON, E. (1992), The social animal (6a ed.), San Francisco, W. H. Freeman.
BARBER, J. (1991), «The locksmith model: Accessing hypnotic responsiveness», en S. Lynn y J.
Rhue (comps.), Theories of hypnosis: Current models and perspectives, Nueva York,
Guilford, págs. 241-274.
BATES, B. (1993), «Individual differences in response to hypnosis», en J. Rhue, S. Lynn e I.
Kirsch (comps.), Handbook of clinical hypnosis, Washington, DC, American Psychological
Association, págs. 23-54.
BERTRAND, L. (1989), «The assessment and modification of hypnotic susceptibility», en N.
Spanos y J. Chaves (comps.), Hypnosis: The cognitive-behavioral perspective, Buffalo,
NY, Prometheus Books, págs. 18-31.
ClALDlNl, R. (1985), Influence: Science and practice, Glenview, IL, Scott, Foresman.
COE, W. (1993), «Expectations and hypnotherapy», en J. Rhue, S. Lynn e I. Kirsch (comps.),
Handbook of clinical hypnosis, Washington, DC, American Psychological Association,
págs. 73-93.
DIAMOND, M. (1984), «It takes two to tango: The neglected importance of the hypnotic
relationship», American Journal of Clinical Hypnosis, 26, págs. 1-13.
ElSEN, M. (1990), «From the magical wish to the belief in the self», en M. Fass y D. Brown
(comps.), Creative mastery in hypnosis and hyponalaysis, Hillsdale, NJ, Erlbaum, págs.
147-157. FESTINGER, L. (1957), A theory of cognitive dissonance, Stanford, CA, Stanford
University Press.
FRAUMAN, D., LYNN, J. y BRENTAR, J. (1993), «Prevention and therapeutic management of
"negative effects" in hypnotherapy», en J. Rhue, S. Lynn e I. Kirsch (comps.), Handbook
of clinical hypnosis, Washington, DC, American Psychological Association, págs. 95-120.
GFELLER, J. (1993), «Enhancing hypnotizability and treatment responsiveness», en J. Rhue,
S. Lynn e I. Kirsch (comps.), Handbook of clinical hypnosis, Washington, DC, American
Psychological Association, págs. 235-250.
KIRSCH, I. (1990), Changing expectations: A key to effective psychotherapy, Pacific Grove, Ca,
Brooks/Cole.
KIRSCH, I. y COUNCIL, J. (1992), «Situational and personality correlates of hypnotic
responsiveness», en E. Fromm y M. Nash (comps.), Contemporary hypnosis research,
Nueva York, Guilford, págs. 267-291.
SCHOEN, M. (1993), «Resistance to health: When the mind interferes with the desire to
become well», American Journal of Clinical Hypnosis, 36, págs. 47-54.
SHEEHAN, P. (1991), «Hypnosis, context, and commitment», en S. Lynn y J. Rhue (comps.),
Theories of hypnosis: Current models and perspectives, Nueva York, Guilford, págs. 520-
541.
SHERMAN, S. (1988), «Ericksonian psychotherapy and social psychology», en J. Zeig y S.
Lankton (comps.), Developing Ericksonian therapy: State of the art, Nueva York,
Brunner/Mazel, págs. 59-90.
STRAUSS, B. (1993), «Operator variables in hypnotherapy», en J. Rhue, S. Lynn e I. Kirsch
(comps.), Handbook of clinical hypnosis, Washington, DC, American Psychological
Association, págs. 55-72.
TOREM, M. (1992), «Back from the future: A powerful age-progression technique», American
Journal of Clinical Hypnosis, 35, 2, págs. 81-88.
WEITZENHOFFER, A. (1989), The practice of hypnotism, vols. 1-2, Nueva York, John Wiley &
Sons.
ZEIG, J. y RENNICK, P. (1991), «Ericksonian hypnotherapy: A Communications approach to
hypnosis», en S. Lynn y J. Rhue (comps.), Theories of hypnosis: Current models and
perspectives, Nueva York, Guilford, págs. 275-300.
CAPÍTULO 8: Aspectos de la mente

Una de las variables más significativas a la hora de determinar la eficacia de la comunicación


hipnótica es la manera en que las mentes consciente e inconsciente responden a un mensaje.
Las comunicaciones a las que uno responde se experimentan, hasta cierto punto, a un nivel
consciente donde son procesadas de una forma que es característica del patrón de la mente
consciente. Sin embargo, las mismas comunicaciones se procesan simultáneamente a nivel
inconsciente de una forma diferente. Al usar los patrones hipnóticos, las sugestiones se forman
deliberadamente para transmitir significado en la mente inconsciente del cliente mientras su
mente consciente está preocupada con otras cosas. Reconocer las diferencias entre las
características conscientes e inconscientes tiene una relevancia inmediata en la formulación de
sugestiones efectivas (Hilgard, 1986; Kihlstrom, 1987; McConkey, 1991).

Características conscientes e inconscientes


Las mentes consciente e inconsciente tienen algunas funciones diferentes, pero
también comparten un número considerable de ellas. El solapamiento les permite trabajar
juntas, mientras que las diferencias pueden sacar a la superficie, y con frecuencia lo hacen,
conflictos internos y respuestas disociadas. La mente consciente está definida de manera
amplia como aquella parte que nos permite ser conscientes de las cosas; cuando se presta
atención a algo o uno se da cuenta de algo, es consciente de ello. Las cosas que están en la
conciencia inmediata están en la mente consciente. Esta mente tiene la capacidad de analizar
cosas, de razonar y de hacer juicios sobre lo que es correcto o equivocado y también decide
racionalmente (o al menos eso es lo que racionaliza) qué es posible hacer y qué no. Por
consiguiente, las limitaciones en la propia vida son, en parte, limitaciones basadas en la
valoración crítica de la experiencia que hace la mente consciente. Evitar la mente consciente
del cliente y su naturaleza crítica es fundamental para utilizar de manera exitosa los fenómenos
hipnóticos más complejos (Dixon y Laurence, 1992; Kihlstrom, 1984; Zeig, 1980).
La mente inconsciente es aquella que sirve de depósito a todas las experiencias
adquiridas a lo largo de la vida. La experiencia, el aprendizaje, la manera de interactuar con el
propio mundo (impulsos, motivaciones, necesidades), y el funcionamiento automático en un
número incontable de conductas de cada día son, todos ellos, evidencias de las funciones
inconscientes. La mente inconsciente es, comparada con la consciente, menos rígida y
analítica y, lo más importante de todo, menos limitada. Responde a las comunicaciones
experienciales, es capaz de realizar interpretaciones simbólicas y suele tener una visión más
global (Brown, 1991; Ornstein, 1991).

El procesamiento inconsciente
Simplemente porque una persona no sea consciente de que está recibiendo
información no quiere decir que no ha absorbido nada. La información integrada a nivel
inconsciente puede ser tan poderosa como la procesada a nivel consciente y, muchas veces, lo
es más. Mientras un cliente está hipnotizado, su mente consciente inevitablemente deambula
de un pensamiento a otro; durante dichos períodos de tiempo, que pueden ser cortos o largos,
la mente inconsciente del cliente puede seguir asimilando las sugestiones del clínico y seguir
siendo capaz de responder a ellas de manera significativa (Cheek, 1994; Crawford, 1990;
Dixon, Brunet y Laurence, 1990).
La mente inconsciente puede procesar información a un nivel más simbólico y
metafórico que la consciente. Mientras que la última está ocupada en analizar racionalmente
las palabras y en darse cuenta de sus efectos, la primera está más interesada en los
significados subjetivos. Esta es la base de la naturaleza de nivel múltiple de la comunicación
hipnótica, es decir, usar el estilo y la expresión de las sugestiones para atraer la mente del
cliente a un nivel consciente conectando su conocimiento y sus asociaciones de las cosas,
mientras que simultáneamente se le ofrece la posibilidad de conocer cosas nuevas en la mente
inconsciente (Hilgard, 1992; Woody, Bowers y Oakman, 1992).

En defensa de la mente
El hecho de que la información se pueda procesar sin tener conciencia consciente, y de
hecho se procese, es un factor esencial para explicar el miedo a que la información destructiva
y perjudicial proveniente del hipnotizador entre en un nivel inconsciente y cause estragos en la
persona. Muchas personas no han llegado todavía a valorar la capacidad de la mente para
protegerse. Todos los estudiantes de psicología, al igual que cualquiera que haya pasado algún
tiempo en compañía de otra gente, aprende cosas sobre los mecanismos de defensa clásicos
que utilizan las personas para protegerse de las cosas amenazantes que pueden entrar en la
conciencia.
Las defensas son inconscientes, y tienen sus raíces en la necesidad de autoestima que
tiene la persona y en el deseo de evitar conflictos internos si es posible. Estas defensas son, en
efecto, relevantes en la hipnosis, y pueden demostrar mi punto de vista respecto a la capacidad
de las personas para defenderse (Fromm, 1992; Watkins, 1992).

La dualidad de la mente
En los últimos años se ha abandonado la caracterización de la naturaleza dual del
funcionamiento mental como «consciente» e «inconsciente» en favor de explicar las funciones
mentales por hemisferios cerebrales. Los dos principales hemisferios cerebrales tienen,
naturalmente, muchas funciones en común, pero a nivel popular se caracterizan por sus
diferencias.
El hemisferio izquierdo del cerebro corresponde más o menos a la mente consciente. A
veces se le llama «hemisferio verbal» y es el responsable de la mayoría de las funciones del
lenguaje. También se le llama «hemisferio lógico» porque se cree que contiene las funciones de
razonamiento, analíticas e intelectuales. Si uno se centra en él con demasiado detalle es más
probable «que vea los árboles antes que el bosque», metafóricamente hablando.
El hemisferio derecho corresponde, aproximadamente, al inconsciente. Se le suele
llamar el «hemisferio silencioso» y el «hemisferio intuitivo». Se dice que contiene la intuición y
la creatividad de una persona, y se cree que opera a niveles más simbólicos y globales que el
izquierdo. Por lo tanto, la apreciación del arte, la música y la capacidad para crearlos se
consideran funciones del hemisferio derecho. Se dice también que contiene la visión del mundo
y la autoimagen de la persona, y ayuda a tener una visión general de las cosas, «a ver el
bosque y no los árboles» (Brown, 1991; Gabel, 1988).
El proceso de la hipnosis en este esquema «cerebro izquierdo-cerebro derecho» se
caracteriza por distraer y ocupar el hemisferio izquierdo del cliente mientras utiliza los recursos
del derecho. El lenguaje, que tiene una base sensorial y es descriptivo y emocional, atrae más
a la parte derecha del cerebro, y por eso Paul Watzlawick llama a dicho lenguaje El lenguaje
del cambio (1978).
Excepto bajo condiciones extremas, la mente tiene la capacidad de protegerse de las
amenazas y del exceso o déficit sensorial. La mente inconsciente no es un peligro significativo
para la persona; más bien tiene el potencial, si se usa terapéuticamente, de ser un cielo seguro
para la parte interna de uno mismo. Por ejemplo, cuando uno se pierde en sus propios
pensamientos mientras conduce (una experiencia bastante común) la mente inconsciente sigue
funcionando para que se produzca una conducción segura; La mente consciente presta
atención sólo cuando surge alguna situación extraña que requiere su atención. La mente es la
defensa de la mente (Gazzaniga, 1985; Hilgard, 1992).

Conclusión
Aunque la mente se conceptualice está claramente presente una multiplicidad en la
que cada componente tiene características únicas y ofrece sus propias aportaciones a la
experiencia subjetiva. La hipnosis, como herramienta, es muy útil debido a que tiene una mayor
capacidad para aprovechar los recursos mentales del cliente que otros enfoques. Debido a la
enorme complejidad de la mente humana, y a que cada ser humano es único, respetar el poder
personal y la integridad de cada persona no sólo es deseable, sino obligado.

Bibliografía
BROWN, P. (1991), The hypnotic brain, New Haven, CT, Yale University Press.
CHEEK, D. (1994), Hypnosis: The application of ideomotor techniques, Boston, MA, Allyn &
Bacon.
CRAWFORD, H. (1990), «Cognitive and psychophysiological correlates of hypnotic
responsiveness and hypnosis», en M. Fass y D. Brown (comps.), Creative mastery in
hypnosis and hypnoanalysis: A festschift for Erika Fromm, Hillsdale, NJ, Erlbaum, págs.
47-54.
DIXON, M., BRUNET, A. y LAURENCE, J. R. (1990), «Hypnotizability and automaticity: Toward a
parallel distributed processing model of hypnotic responding», Journal of Abnormal
Psychology, 99, págs. 336-343.
DlXON, M. y LAURENCE, J.R. (1992), «Two hundred years of hypnosis research: Questions
resolved? Questions unanswered!», en E. Fromm y M. Nash (comps.), Contemporary
hypnosis research, Nueva York, Guilford, págs. 34-66.
FROMM, E. (1992), «An ego-psychological theory of hypnosis», en E. Fromm y M. Nash
(comps.), Contemporary hypnosis research, Nueva York, Guilford, págs. 131-148.
GABEL, S. (1988), «The right hemisphere in imagery hypnosis, rapid eye movement sleep and
dreaming: Empirical studies and tentative conclusions», Journal of Nervous and Mental
Disease, 176, págs. 323 -331.
GAZZANIGA, M. (1985), The social brain: Discovering the networks of the mind, Nueva York,
Basic Books.
HlLGARD, E. (1986), Divided consciousness: Multiple controls in human thought and action (ed.
rev.), Nueva York, John Wiley & Sons.
HILGARD, E. (1992), «Dissociation and theories of hypnosis», en E. Fromm y M. Nash (comps.),
Contemporary hypnosis research, Nueva York, Guilford, págs. 69-101.
KlHLSTROM, J. (1984), «Conscious, subconscious, unconscious: A cognitive perspective», en
K. Bowers, y D. Merchenbaum (comps.), The unconscious reconsidered Nueva York,
John Wiley & Sons, págs. 149-211.
KlHLSTROM, J. (1987), «The cognitive unconscious», Science, 237, págs. 1.445-1.452.
McCONKEY, K. (1991), «The construction and resolution of experience and behavior in
hypnosis», en S. Lynn y J. Rhue (comps.), Theories of hypnosis: Current models and
perspectives, Nueva York, Guilford, págs. 542-563.
ORNSTEIN, R. (1986), Multimind, Boston, Houghton Mifflin.
ORNSTEIN, R. (1991), The evolution of consciousness, Nueva York, Prentice Hall.
WATKINS, J. (1992), Hypnoanalytic techniques: Clinical hypnosis, vol. 2, Nueva York, Irvington.
WATZLAWICK, P. (1978), The language of change, Nueva York, Basic Books.
WOODY, E., BOWERS, K. y OAKMAN, J. (1992), «A conceptual analysis of hypnotic
responsiveness: Experience, individual differences and context», en E. Fromm y M. Nash
(comps.), Contemporary hypnosis research, Nueva York, Guilford, págs. 3-33.
ZEIG, J. (comp.) (1980), A teaching seminar with Milton H. Erickson, M. D., Nueva York,
Brunner/Mazel.
CAPÍTULO 9: Susceptibilidad a la hipnosis

La cuestión de quién puede ser hipnotizado (y quién no) es una de las más controvertidas en el
campo de la hipnosis. Sobre ello han investigado y escrito en numerosas publicaciones, tanto
científicas como de otros tipos, algunas de las personas más respetadas en este campo. En
dichas investigaciones normalmente se describen tipos de personalidad y otras características
de los sujetos (por ejemplo, inteligencia) que les predisponen a dar respuestas favorables o
desfavorables a los procedimientos hipnóticos. Muchos estudios han publicado, además,
informes estadísticos elaborados a partir de población general mostrando el porcentaje de
personas que pueden ser hipnotizadas en diferentes grados así como aquellas pocas que
aparentemente no pueden ser hipnotizadas.
El asunto de la susceptibilidad se trató brevemente en el capítulo en el que se abordan
los conceptos erróneos respecto a la hipnosis, específicamente en el comentario que aparecía
sobre la idea de que «sólo se puede hipnotizar a cierto tipo de personas». Este capítulo amplía
esta explicación sobre la susceptibilidad para permitir que los terapeutas tengan un mayor
grado de certeza de que el cliente con el que están trabajando puede experimentar realmente
la hipnosis de manera significativa.

Perspectivas tradicionales de la susceptibilidad


Muchos investigadores consideran la susceptibilidad a la hipnosis como un rasgo de
personalidad comparable a otros rasgos de personalidad. Desde su punto de vista no está claro
si uno nace con una estructura biológica de «susceptibilidad a la hipnosis» alta, media, baja o
nula, o si éste es un rasgo que se adquiere como fenómeno aprendido a través del proceso de
socialización. A pesar de todo, desde este punto de vista la presencia o ausencia de este rasgo
de hipnotizabilidad es un estado que permanece relativamente estable a través del tiempo. En
otras palabras, si una persona no responde a los procedimientos de inducción formal de la
hipnosis, se la considera un pobre sujeto que es incapaz de responder adecuadamente a la
hipnosis. Los estudios posteriores que se han realizado para verificar la fiabilidad de esta
conclusión la apoyan: los sujetos poco aptos tienden a seguir siendo poco aptos a lo largo del
tiempo (en intentos repetidos de inducir la hipnosis en la misma persona con los mismos
procedimientos o similares) y los sujetos aptos tienden a seguir siendo aptos a lo largo del
tiempo (Banyai, 1991; Morgan, Johnson y Hilgard, 1974; Piccione, Hilgard y Zimbardo, 1989).
En la bibliografía tradicional sobre hipnosis aparecen textos en los que se pueden
encontrar comentarios sobre otras dimensiones de la susceptibilidad hipnótica que son más
descriptivos que las simples medias estadísticas que miden la capacidad de respuesta ante
procedimientos estandarizados. Dichas dimensiones incluyen la edad, la inteligencia, el estado
mental, la autoestima, el grado de predisposición a la fantasía y la capacidad de imaginar, y los
factores de relación entre el clínico y el cliente. Se comentará cada dimensión tanto desde la
perspectiva tradicional como desde la de la utilización.

Edad e hipnotizabilidad
Gran parte de la bibliografía tradicional promueve la idea de que los niños,
especialmente entre las edades de siete y nueve años, son los mejores sujetos hipnóticos
debido a su imaginación activa y su deseo de seguir órdenes. En otros textos esto se
contradice, afirmando que los niños tienen una capacidad menor para concentrarse y que su
pequeño almacén de recursos personales les lleva a ser sujetos poco aptos.
Una de las razones más normales por las que algunos profesionales dudan que los
niños sean sensibles a la hipnosis proviene de su naturaleza activa. Como se comentará más
adelante, los adultos generalmente inhiben la actividad voluntaria cuando están hipnotizados
pero los niños suelen moverse nerviosamente y parecen intranquilos aunque puedan estar muy
implicados con el clínico y con lo que éste está haciendo. Si uno tiene expectativas rígidas de
cómo debe parecer y comportarse un cliente hipnotizado, a un niño que se mueve mucho
parecerá que no le han afectado los procedimientos hipnóticos.
La inactividad absorbente (llamada «catalepsia») como prueba de la hipnosis es una
imposición en el niño que tiene una naturaleza activa y no es necesaria para que la
comunicación tenga un efecto significativo. Los niños pueden ser, y a menudo son, altamente
sensibles a las intervenciones apropiadas (Kohen y Olness, 1993; Olness y Gardner, 1988).
En general, la edad es una consideración relativamente poco importante al evaluar la
capacidad para ser hipnotizado. Es un factor que ayuda a determinar cuáles son los mejores
métodos de inducción y utilización puesto que es necesario usar procedimientos que sean
apropiados a la historia y educación del cliente independientemente de su edad (Morgan y
Hilgard, 1973).

Inteligencia e hipnotizabilidad
Los estudios sobre la hipnotizabilidad muchas veces han sugerido que, cuanto más
inteligente sea la persona, mejor sujeto hipnótico será. Dichos estudios han hecho
descubrimientos claramente ambiguos. Si existe una relación entre inteligencia e
hipnotizabilidad, se cree que se debe a la relación positiva que existe entre la inteligencia y la
capacidad para concentrarse (Spiegel y Spiegel, 1987; Weitzenhoffer, 1989).
Los enfoques se deberían amoldar a la capacidad de la persona. En los casos
especiales es más cuestionador plantear metas y enfoques apropiados para la capacidad de la
persona que inducir a la hipnosis.

Estado mental e hipnotizabilidad


Una buena parte de la bibliografía antigua que promueve la idea de la incapacidad de
los psicóticos para ser hipnotizados explica su falta de respuesta como la falta de capacidad
para concentrarse. Se afirma que son incapaces de atender al hipnotista debido a sus
alucinaciones, ilusiones, confusión e incapacidad para establecer rapport. En gran medida esto
es cierto. Sin embargo, las técnicas individualizadas que permiten la construcción de la
confianza (rapport), que no hacen demasiadas demandas inmediatas, y que son
suficientemente indirectas para no provocar miedo y sospechas, pueden entrar bien y
funcionar.
Por supuesto, el grado de psicosis es una variable que hay que considerar: dudo que a
un maníaco depresivo en el punto más elevado de una fase maníaca, por ejemplo, le pueda
influir un buen hipnotista ni ninguna otra persona. Asimismo, la causa de la psicosis es también
un factor para destacar. Por ejemplo, las psicosis inducidas por el consumo de drogas son
difíciles de superar. Las personas con psicosis de base orgánica, como las asociadas con el
envejecimiento, pueden responder a algunas técnicas hipnóticas de manera exitosa. Muchos
de los ancianos con problemas de senilidad con los que he trabajado no podían recordar lo que
habían hecho cinco minutos antes pero sí recordaban con claridad cosas que habían ocurrido
50 años atrás. Las técnicas de regresión a experiencias tempranas pueden tener un efecto
calmante y tranquilizador. De la misma manera, el cuidado básico de éstos y otros pacientes
psicóticos, como ayudarles a bañarse y a vestirse, puede tener efectos muy positivos (Murray-
Jobsis, 1993; Spiegel, Detrick y Frischolz, 1982; Zindel, 1992).

Autoestima e hipnotizabilidad
La autoestima del cliente es una variable muy importante respecto a su capacidad para
responder de manera significativa a las comunicaciones del clínico. En parte la autoestima
determina lo que el sujeto ve como posible para sí mismo.
La autoestima aparece como un fenómeno totalmente aprendido, no como un rasgo
presente en el nacimiento. Una persona experimenta y las conclusiones que saca a partir de
dichas experiencias determinan cómo se ve a sí misma de capaz. Confrontar la autoimagen
que un cliente tiene en forma de contradicción es una maniobra que raramente funciona para
intentar cambiarla. Normalmente el cliente se queda con el sentimiento de que el clínico no le
entiende.
Una de las metas de la hipnosis es aumentar la autoestima de la gente. ¿Qué es la
autoestima? Es cierto que no hay una definición comúnmente aceptada, pero está claro que
implica tener conciencia, aceptar y valorar cada uno de los aspectos de uno mismo.

Predisposición a la fantasía, la imaginación y la hipnosis


Las personas varían en su estilo y capacidad para procesar información; algunas son
bastante concretas y requieren descripciones muy detalladas de la experiencia para
experimentar la hipnosis, mientras que otras son capaces de tener un alto nivel de abstracción
en el que la imaginación y la fantasía pueden correr libremente por sus mentes y generar
experiencias significativas para ellas. Lo concreto o abstracto que es uno en su pensamiento es
un factor que influye en la capacidad de responder a la hipnosis debido a la naturaleza
subjetiva de la experiencia.
Todas las personas tienen imaginación y capacidad para fantasear, pero algunas tienen
más que otras. El poder de imaginación de algunas personas es muy concreto y el de otras
más abstracto. Ésta es una variable más que se debe considerar al formular el propio enfoque
(Hilgard, 1970, 1974; Lynn y Nash, 1994; Lynn y Rhue, 1991).

Factores de relación e hipnotizabilidad


El rapport entre el clínico y el cliente siempre se ha considerado un factor destacado en
el proceso terapéutico, y realmente lo es. Según mi definición, se trata de una interrelación
positiva entre individuos basada en el entendimiento y la confianza. Se tiene rapport cuando el
cliente se siente entendido, y cuando siente que el terapeuta aprecia el valor y la complejidad
de su experiencia personal (Barber, 1991; Zeig y Rennick, 1991).
En los métodos de hipnosis antiguos, el rapport probaba la conformidad con la
autoridad del hipnotista. Todavía es posible que algunos consideren este tipo de relación
desigual una posibilidad viable para la interacción hipnótica. Sin embargo, la relación
cooperadora y más equilibrada, inherente al enfoque de la utilización, suele ser más
respetuosa.
Se puede ver la hipnosis como una respuesta que surge de forma natural en un tipo de
relación especial de mutua responsabilidad. Las iniciativas del clínico están determinadas por
las del cliente y viceversa. La hipnosis es un proceso continuo de ajuste y reajuste entre
ambos, aunque en ningún momento parezca que uno u otro esté estableciendo el ritmo de la
interacción. En este enfoque es esencial un bucle de retroalimentación continuo, de manera
que la retroalimentación del cliente determine la iniciativa del clínico y viceversa. Este tipo de
relación difiere de forma destacada de las perspectivas que consideran que en la relación
hipnótica el cliente sigue de forma obediente la iniciativa del clínico y que el fracaso en lograrlo
es una señal de «resistencia». La capacidad de respuesta del cliente permite al clínico ofrecer
sugestiones de una forma y a un ritmo que maximicen la capacidad del cliente para responder
(Gfeller, 1993; Gfeller, Lynn y Pribble, 1987; Gilligan, 1987; Zeig, 1980).

Test de susceptibilidad a la hipnosis


Hay diversas escalas disponibles que miden la susceptibilidad hipnótica si se desea
poner a prueba de manera formal la capacidad de respuesta de un cliente. La mayoría de ellas
intentan estandarizar la conducta hipnótica presentando la hipnosis a una persona y
aplicándole luego test para determinar el grado de profundidad y de respuesta. En dichos test
el cliente debe pasar por ellos y el administrador de la escala anota los resultados para
establecer el perfil de su capacidad hipnótica.
Los siguientes test, ordenados alfabéticamente, se han usado para evaluar diferentes
aspectos de la capacidad de respuesta a la hipnosis de manera individual:

Escala de sugestionabilidad de Berber (Berber, 1976).


Escala de responsividad a las sugestiones de la Universidad de Carleton (Spanos,
Radtke, Hodgins, Stram y Bertrand, 1983).
Escala de imaginación creativa (Wilson y Barber, 1977).
Escala David-Husband (David y Husband, 1931).
Inventario de Field (autoinforme) (Field, 1965).
Escala de profundidad hipnótica de Friedlander-Sarbin (Friedlander y Sarbin, 1938).
Escala de susceptibilidad hipnótica del grupo de Harvard (Shor y Orne, 1962).
Cuestionario de experiencia hipnótica, forma abreviada (Matheson, Shu y Bart, 1989).
Perfil de inducción hipnótica (Spiegel, 1972; Stern, Spiegel y Nee, 1979).
Escala de LeCron-Bordeaux (LeCron y Bordeaux, 1947).
Inventario de fenomenología de la conciencia (autoinforme) (Pekala 1982).
Escalas de autoinforme sobre la susceptibilidad hipnótica (autoinforme) (Tart, 1970).
Escala hipnótica clínica de Stanford (Morgan e Hilgard, 1979).
Escala de susceptibilidad hipnótica de Stanford, formas A y B (Weitzenhoffer e Hilgard,
1959).
Escala de susceptibilidad hipnótica de Stanford, forma C (Weitzenhoffer e Hilgard,
1962).
Escalas sobre perfil de susceptibilidad hipnótica de Stanford, formas I y II
(Weitzenhoffer e Hilgard, 1963).
Escala de absorción de Tellegen (Tellegen y Atkinson, 1974).

Continúa el debate respecto a la utilidad de las escalas en el tratamiento. Su valor en la


investigación es incuestionable. Sin embargo, no está claro lo relevante que es la respuesta a
un test estandarizado y no individualizado respecto a los resultados clínicos obtenidos.

Bibliografía
BANYAI, E. (1991), «Toward a social-psychobiological model of hypnosis», en S. Lynn y J. Rhue
(comps.), Theories of hypnosis: Current models and perspectives, Nueva York, Guilford,
págs. 564-598.
BABER, J. (1965), «Measuring "hypnotic-like" suggestibility without "hypnotic induction":
Psychometric properties, norms, and variables influencing response to the Barber
Suggestibility Scale (BSS)», Psychological Reports, 16, 806-844.
BARBER, J. (1991), «The locksmith model: Accessing hypnotic responsiveness», en S. Lynn y
J. Rhue (comps.), Theories of hypnosis: Current models and perspectives, Nueva York,
Guilford, págs. 241-274.
BARBER, T. (1976), Hypnosis, Nueva York, Pergamon.
DAVIS, L. y HUSBAND, R. (1931), «A study of hypnotic susceptibility in relation to personality
traits», Journal of Abnormal and Social Psychology, 26, págs. 175-182.
FlELD, P. (1965), «An inventory scale of hypnotic depth», International Journal of Clinical and
Experimental Hypnosis, 13, págs. 238-249.
FREDERICK, C. y MCNEAL, S. (1993), «From strength to strength: "Inner strength" with immature
ego states», American Journal of Clinical Hypnosis, 35, 4, págs. 250-256.
FRIEDLANDER, J. y SARBIN, T. (1938), «The depth of hypnosis», Journal of Abnormal and Social
Psychology, 33, págs. 453-475.
GFELLER, J. (1993), «Enhancing hypnotizability and treatment responsiveness», en J. Rhue, S.
Lynn e I. Kirsch (comps.), Handbook of clinical hypnosis, Washington, DC, American
Psychological Association, págs. 235-250.
GFELLER, J., LYNN, S. y PRIBBLE, W. (1987), «Enhancing hypnotic susceptibility: Interpersonal
and rapport factors», Journal of Personality and Social Psychology, 52, págs. 586-595.
GlLLIGAN, S. (1987), Therapeutic trances: The cooperation principie in Ericksonian
hypnotherapy, Nueva York, Brunner/Mazel.
HAMMOND, D. (comp.) (1990), Handbook of hypnotic suggestions and metaphors, Nueva York,
Norton.
HlLGARD, J. (1970), Personality and hypnosis: A study of imaginative involvement, Chicago,
University of Chicago Press.

HlLGARD, J. (1974), «Imaginative involvement: Some characteristics of the highly hipnotizable


and non-hypnotizable», International Journal of Clinical and Experimental Hypnosis, 22,
págs. 138-156.
KOHEN, D. y OLNESS, K. (1993), «Hypnotherapy with children», en J. Rhue, S. Lynn e I. Kirsch
(comps.), Handbook of clinical hypnosis, Washington, DC, American Psychological
Association, págs. 257-381.
LECRON, L. y BORDEAUX, J. (1947), Hypnotism today, Nueva York, Gruñe & Stratton.
LYNN, S. y NASH, M. (1994), «Truth in memory: Ramifications for psychotherapy and
hypnotherapy», American Journal of Clinical Hypnosis, 36, 3, págs. 194-208.
LYNN, S. y RHUE, J. (1991), «An integrative model of hypnosis», en S. Lynn y J. Rhue (comps.),
Theories of hypnosis: Current models and perspectives, Nueva York, Guilford, págs. 397-
438.
MATHESON, G., SHU, K. y BART, C. (1989), «A validation study of a Short-Form Hypnotic-
Experience Questionnaire and its relationship to hypnotizability», American Journal of
Clinical Hypnosis, 32, l, págs. 17-26.
McNEAL, S. y FREDERICK, C. (1993), «Inner strength and other techniques for ego
strengthening», American Journal of Clinical Hypnosis, 35, 3, págs. 170-178.
MORGAN, A. e HlLGARD, E. (1973), «Age differences in susceptibility to hypnosis», International
Journal of Clinical and Experimental Hypnosis, 21, págs. 75-85.
MORGAN, A. e HlLGRAD, J. (1979), «The Stanford hypnotic clinical scale for adults», American
Journal of Clinical Hypnosis, 21, págs. 134-147.
MORGAN, A., JOHNSON, D. e HILGARD, E. (1974), «The stability of hypnotic susceptibility: A
longitudinal study», International Journal of Clinical and Experimental Hypnosis, 22, págs.
249-257.
MURRAY-JOBSIS, J. (1993), «The borderline patient and the psychotic patient», en J. Rhue, S.
Lynn e I. Kirsch (comps.), Handbook of clinical hypnosis, Washington, DC, American
Psychological Association, págs. 425-451.
OLNESS, K. y GARDNER, G. (1988), Hypnosis and hypnotherapy with children, 2a ed., Nueva
York, Grune & Stratton.
PEKALA, R. (1982), The phenomenology of consciousness inventory, Thorndale, PA,
Psychophenomenological Concepts.
PHILLIPS, M. y FREDERICK, C. (1992), «The use of hypnotic age progression as prognostic, ego-
strengthening, and integrating techniques», American Journal of Clinical Hypnosis, 35, 2,
págs. 99-108.
PICCIONE, C, HILGARD, E. y ZIMBARDO, P. (1989), «On the stability of measured hypnotizability
over a 25-year period», Journal of Personality and Social Psychology, 56, págs. 289-295.
SHOR, R. y ORNE, E. (1962), The Harvard Group Scale of Hypnotic Susceptibility, Palo Alto,
CA, Consulting Psychological Press.
SPANOS, N., RADTKE, H., HODGINS, D., STRAM, H. y BERTRAND, L. (1983), «The Carleton
University Responsiveness to Suggestion Scale: Normative data and psychometric
properties», Psychological Reports, 53, págs. 523-535.
SPIEGEL, D., DETRICK, D. y FRISCHOLZ, E. (1982), «Hypnotizability and psychopathology»,
American Journal of Psychiatry, 139, págs. 431-437.
SPIEGEL, H. (1972), «An eye-roll test for hypnotizability», American Journal of Clinical
Hypnosis, 15, págs. 25-28.
SPIEGEL, H. y SPIEGEL, D. (1987), Trance and treatment: Clinical uses of hypnosis, Washington,
DC, American Psychiatric Press.
STANTON, H. (1989), «Ego-enhancement: A five-step approach», American Journal of Clinical
Hypnosis, 31, 3, págs. 192-198.
STERN, D., SPIEGEL, H. y NEE, J. (1979), «The hypnotic induction profile: Normative
observations, reliability, and validity», American Journal of Clinical Hypnosis, 31, págs.
109-132.
TART, C. (1970), «Self-Report Scales of Hypnotic Depth», International Journal of Clinical and
Experimental Hypnosis, 18, págs. 105 -125.
TELLEGEN, A. y ATKINSON, G. (1974), «Openness to absorbing and self-altering experiences
("absorption"), a trait related to hypnotic susceptibility», Journal of Abnormal Psychology,
83, págs. 268-277.
WEITZENHOFFER, A. e HILGARD, E. (1959), The Stanford scale of hypnotic susceptibility, forms A
and B, Palo Alto, CA, Consulting Psychologists Press.

WEITZENHOFFER, A. e HILGARD, E. (1962), The Stanford scale of hypnotic susceptibility, form C,


Palo Alto, CA, Consulting Psychologists Press.
WEITZENHOFFER, A. e HILGARD, E. (1963), The Stanford profile scales of hypnotic susceptibility, I
and II, Palo Alto, CA, Consulting Psychologists Press.
WEITZENHOFFER, A. (1989), The practice of hypnotism, vol. 1, Nueva York, John Wiley & Sons.
WlLSON, S. y BARBER, T. (1977), The Creative Imagination Scale as a measure of hypnotic
responsiveness: Applications to experimental and clinical hypnosis, Medfield, MA,
Medfield Foundation.
ZEIG, J. (comp.) (1980), A teaching seminar with Milton H. Erickson, M. D, Nueva York,
Brunner/ Mazel.
ZEIG, J. y RENNICK, P. (1991), «Ericksonian hypnotherapy: A Communications approach to
hypnosis», en S. Lynn y J. Rhue (comps.), Theories of hypnosis: Current models and
perspectives, Nueva York, Guilford, págs. 275-300.
ZlNDEL, P. (1992), «Hypnosis in psychotherapy of schizophrenic patients and borderline
patients», en W. Bongartz (comp.), Hypnosis: 175 years after Mesmer: Recent
developments in theory and application, Constanza, Universitats Verlag Konstanz, págs.
309-313.
CAPÍTULO 10: La experiencia de la hipnosis

La hipnosis es una experiencia extremadamente subjetiva, puesto que no hay dos personas
que la experimenten de la misma manera. En este capítulo se presentan algunas de las
características más destacadas de dicha experiencia, tanto físicas como psicológicas. En la
tabla 1 aparece una lista de las características más normales que manifiesta la persona
hipnotizada.
Estas características se han de comunicar de manera diferente a una persona
hipnotizada de cómo se haría en una interacción más rutinaria.

______________________________________________________________

Tabla 1
La experiencia de la hipnosis

Absorción de la atención experiencial y selectiva (Spiegel y Spiegel, 1987).


Expresión fácil (Gilligan, 1987).
Implicación experiencial y no conceptual (Erickson, Rossi y Rossi, 1976).
Deseo de experimentar (Gilligan, 1987).
Flexibilidad de las relaciones espacio/tiempo (Erickson, Rossi y Rossi, 1976).
Alteraciones de la percepción (Erickson y Rossi, 1979).
Fluctuaciones en el grado de implicación (Gilligan, 1987).
Inhibición motriz/verbal (Erickson, Rossi y Rossi, 1976).
Lógica del trance: reducción de la contrastación con la realidad (Shor, 1959).
Procesamiento simbólico (Zeig, 1980).
Distorsión del tiempo (Erickson, Rossi y Rossi, 1976).
Amnesia (total o parcial) (Erickson, Rossi y Rossi, 1976; Rossi, 1993).
______________________________________________________________

Características psicológicas del estado hipnótico

Atención selectiva

Si algún lector ha oído o ha usado alguna vez la frase «sólo ve lo que quiere ver» es
consciente de que los seres humanos se dan cuenta de aquello a lo que eligen darse cuenta.
Esto implica que las personas quizás no aprecien aquello de lo que eligen no darse cuenta. A
este fenómeno se le conoce como «atención selectiva», es decir, la capacidad de centrarse
deliberadamente en una porción de la experiencia mientras que «se desconecta» del resto.
El proceso de la atención selectiva es un factor instrumental en la interacción hipnótica
(Crawford y Gruzelier, 1992; Weitzenhoffer, 1989). El cliente debe atender selectivamente y de
forma gradual a las sugerencias que se le ofrecen y reducir su atención a cualquier asociación
interna que puedan estimular las sugestiones. El cliente generalmente está centrado en lo
interno; incluso aunque se dé cuenta de los acontecimientos externos y responda a ellos,
realmente éstos representan sólo una mínima parte de la atención del cliente. Se vuelve muy
destacada la capacidad del inconsciente para responder a las cosas que están fuera del campo
atencional consciente de la persona. Con esto acabo de sentar las bases para la siguiente
característica que comentaré: la disociación.

Disociación

Mientras la persona está hipnotizada, su atención está centrada de manera selectiva


en las sugestiones del clínico y, como consecuencia, se puede desencadenar cualquier
asociación inconsciente y producirse una división entre la mente consciente y la inconsciente.
La mente consciente se ocupa de los procedimientos hipnóticos mientras que la inconsciente
busca activamente significados simbólicos, asociaciones pasadas y respuestas apropiadas.
Esta separación de las dimensiones consciente e inconsciente del funcionamiento durante la
experiencia hipnótica se lleva a cabo a diversos niveles con diferentes personas y se llama
«disociación». El hecho de que la mente consciente y la inconsciente se puedan dividir en
cierta medida y utilizar como entidades independientes aunque sean dependientes, es la piedra
angular de la hipnosis. Facilitar la disociación mediante los enfoques hipnóticos permite tener
un acceso más directo a los diferentes recursos de la mente inconsciente y profundizar en el
conocimiento del funcionamiento interno de la persona.
Otra forma de considerar la naturaleza disociativa de la experiencia hipnótica es a
través de la «conciencia paralela» que se amplifica durante la hipnosis. El cliente hipnotizado
tiene múltiples conciencias y cada una de ellas opera en un nivel separado. Uno de dichos
niveles es relativamente objetivo y tiene una comprensión realista de la naturaleza de la
experiencia, una parte de la persona a la que Ernest Hilgard (1986) llamó el «observador
oculto». Este está separado (disociado) de la inmediatez de las experiencias sugeridas, y
puede mantener cierto grado de objetividad respecto a la experiencia. Esta característica
disociativa del estado hipnótico permite que el cliente preste atención y responda a las
sugerencias y al mismo tiempo se observe a sí mismo al tener la experiencia (Hilgard, 1992;
Kirsch y Council, 1992; McConkey, 1986).

Aumento de la respuesta a la sugestión

Los factores atencional y disociativo descritos antes llevan normalmente a un aumento


de respuesta ante las sugestiones. La interacción hipnótica se ha definido como terapéutica y/o
educativa para el cliente, y la capacidad de influir está ciertamente presente. El cliente atiende
de manera selectiva a la sugestión del clínico, y dicha sugestión le produce respuestas y
asociaciones. El aumento de la capacidad de respuesta está evidenciado por un mayor deseo
del cliente de ser guiado por las sugestiones del clínico, probablemente por la expectativa de
poder conseguir algo aceptándolas.
La capacidad de respuesta, por lo tanto, no se ha de confundir con la credulidad o con
la aceptación sin cuestionamientos. El estado hipnótico amplifica realmente el rango de
elecciones de la persona, incluida la elección de rechazar una sugestión que no tiene
coherencia (Hilgard, 1965; Kirsch, Lynn y Rhue, 1993). El aumento de la capacidad de
respuesta a la sugestión es una elección que realiza el cliente y ha de estar guiada por alguien
en quien él/ella confía y cree que le puede ayudar. Si las dinámicas personal, interpersonal y
contextual no son favorables, la capacidad de respuesta es inexistente. El resultado es lo que
clásicamente se conoce con el nombre de «resistencia».

Interpretación subjetiva

Cómo responderá una persona a una palabra o frase es algo impredecible. Hay que
recordar que cada persona usará su propio marco de referencia (es decir, experiencias,
conocimientos) para dar significado a las palabras del clínico. Lo mejor que este último puede
hacer es usar las palabras con suficiente cuidado como para dejar tan poco espacio como sea
posible (o tanto, según sea el caso) a la mala interpretación «errónea». El entrenamiento en
hipnosis con pares permite recibir una retroalimentación honesta sobre el impacto que han
tenido las palabras y frases que es bastante probable que los clientes no den. Descubrir qué
comunicaciones facilitan la experiencia hipnótica y cuáles la entorpecen son dos de los
aspectos más valiosos de la formación en hipnoterapia clínica con grupos pequeños (Erickson
y Rossi, 1979, 1981; Matthews, Lankton y Lankton, 1993).

«Lógica del trance»

Una característica del estado hipnótico que es totalmente práctica, aplicada a la clínica
se llama «lógica del trance». Esto hace referencia a que el cliente no tiene necesidad de que su
experiencia sea enteramente realista o racional. En otras palabras, el cliente puede, al menos
temporalmente, aceptar la realidad sugerida, aunque ésta sea ilógica y objetivamente
imposible, como si fuera la única realidad.
La lógica del trance es un estado voluntario de aceptación de las sugestiones sin que
tenga lugar la evaluación crítica que, por supuesto, destrozaría la validez o el significado de
algunas sugestiones. La oportunidad de que el cliente responda «como si» algo fuera real
puede ser la puerta que lleve hacia sentimientos más profundos y a cuestiones apropiadas para
realizar intervenciones terapéuticas (Lynn y Rhue, 1991; Orne, 1959; Sheehan y McConkey,
1982).

Relajación

Una persona puede estar hipnotizada sin que necesariamente esté relajada, pero la
relajación de cuerpo y mente es una característica que la mayoría de la gente asocia con la
hipnosis. La mayor parte de los procesos terapéuticos tienen que ver con la relajación como
forma de facilitar la disociación de la mente consciente e inconsciente. La relajación hace que
los clientes se sientan bien, altera su experiencia de sí mismos de manera bien definida, y se
les puede convencer, incluso, de que están hipnotizados (Benson y Carol, 1974; Edmonston,
1991; Mitchell y Lundy, 1986).
La relajación asociada a la hipnosis surge en forma de varios cambios físicos (descritos
en la siguiente sección) y de una pasividad voluntaria en la que el cliente experimenta que
hacer cualquier cosa supone demasiado esfuerzo. Si se le pide al cliente que hable, se mueva
o piense, éste suele reaccionar con una inactividad aparente, simplemente porque lo que se le
ha sugerido requiere más energía de la que él/ella está dispuesto a gastar. Ésta es otra razón
para asumir un enfoque laxo en vez de uno exigente, para que el cliente experimente la
hipnosis a su manera sin tener que «actuar».

Características físicas del estado hipnótico


¿Cómo sabe uno que su cliente está hipnotizado? La respuesta es un definitivo... no se
sabe. Se desconoce cuál es el momento preciso en el que una persona ha dejado su estado de
conciencia normal y ha entrado en uno más centrado. Dado que el estado hipnótico difiere de la
experiencia mental cotidiana en el grado y no en el tipo de experiencia, no existen unos límites
claros que separen el estado «normal» del estado hipnótico. Asimismo, tampoco existen líneas
claras que dividan los diferentes grados de profundidad hipnótica. Sin embargo, con la
experiencia, es probable que uno se dé cuenta de las diferentes características físicas que
están asociadas con la hipnosis y las pueda usar como indicadores generales de su presencia
(Erickson, Rossi y Rossi, 1976).
Los indicadores físicos útiles son:

1. Relajación muscular: obsérvese el nivel de tensión que tiene la persona en el cuerpo y


especialmente en los músculos faciales, antes y durante el trabajo hipnótico, para
comparar.
2. Contracciones musculares: a medida que cuerpo y mente se relajan se producen
espasmos totalmente involuntarios que están relacionados con cambios neurológicos
producidos con la relajación.
3. Lacrimación: cuando la persona se relaja, algunas veces puede derramar alguna
lágrima. Algunos suponen automáticamente que la persona está triste y llora, pero es
algo injustificable que puede llevar a una conclusión posiblemente errónea. Si se tienen
dudas, es bueno preguntar.
4. Ojos cerrados y parpadeos: a medida que la persona empieza a cambiar su centro de
atención y entra en la hipnosis, puede empezar a parpadear a gran velocidad,
normalmente sin ser consciente de ello. Además se producen movimientos oculares
rápidos que son observables a lo largo de todo el proceso hipnótico, y más si los
métodos implican mucha visualización.
5. Cambio en el ritmo respiratorio: es normal el cambio en la respiración, ya sea porque
se enlentece o porque se acelera. Es bueno observar los patrones respiratorios del
cliente antes y durante el proceso para comparar. La respiración de algunas personas
se vuelve más superficial y la de otras más profunda; algunas tienen una respiración
torácica y otras diafragmática.
6. Cambio en el ritmo del pulso: también es normal que el pulso se acelere o se retarde.
Cuando un cliente está sentado cómodamente, se puede observar el pulso de la arteria
carótida en el cuello. Si se prefiere (y se tiene el permiso del cliente) se puede coger al
cliente por la muñeca «para darle apoyo» y tomarle el pulso.
7. Relajación de la mandíbula: muchas veces la mandíbula inferior cae y, subjetivamente,
parece que pese tanto que cuesta un esfuerzo consciente cerrarla (Yo he conocido
personas que no participarían en hipnosis de grupo debido a lo embarazoso que les
resulta su tendencia a babear).
8. Catalepsia: es una inhibición de los movimientos voluntarios que se refleja únicamente
en la absorción que produce la hipnosis. A diferencia del sueño, en el que se está en
movimiento casi constante, la persona hipnotizada se mueve muy poco, si es que llega
a hacerlo. Muchas veces el cliente se siente disociado de su cuerpo y, por lo tanto, lo
olvida.
A veces uno puede encontrar a alguien que se mueve mucho (esto ocurre sobre
todo en los niños). En un curso de formación, yo tenía a un alumno en clase que tenía
el sobrenombre de «el agitador». Cuando estaba hipnotizado, le gustaba rodar por el
suelo y moverse a gran velocidad. Al acabar describía lo bien que se relajaba su cuerpo
a través del movimiento. Aunque el movimiento pueda parecer excesivo o perjudicial a
los ojos del terapeuta, el cliente puede estar igualmente hipnotizado.

Cada una de las características físicas descritas anteriormente se puede usar como
indicador general de la hipnosis, pero ningún signo, por sí solo, puede decirnos qué es lo que
realmente está experimentando el cliente a nivel interno. En cierto sentido el clínico es un
visitante en el mundo de otra persona y debería ser un observador cauto y, sobre todo,
respetuoso. Gran parte de la evaluación de cuándo se pasa de una fase de la sesión de
hipnosis a otra, por ejemplo ir de la inducción a la utilización, se basa en lo bien que se
observen los cambios en el cuerpo y la conducta del cliente. Tomar una línea de base de su
tensión muscular, su ritmo respiratorio y pulso y cualquier otra cosa que se encuentre antes de
empezar, puede ayudar a darse cuenta de los cambios que tienen lugar a medida que se
progresa y que sugieren el desarrollo de un estado diferente del que tenía el cliente
originariamente. No siempre se puede saber cuál es el contenido de la experiencia, pero se
pueden observar cambios que indican que la guía del terapeuta ha producido algún impacto.
Cuanto más hábil se vuelva uno en observar dichos cambios, más cómodo se sentirá para
adaptar las sugestiones espontáneamente a la experiencia del cliente (Grinder y Bandler, 1981;
O'Hanlon, 1987).

Bibliografía

BENSON, H. y CAROL, M. (1974), «The relaxation response», Psychiatry, 37, págs. 37-46.
CRAWFORD, H. y GRUZELIER, J. (1992), «Amidstream view of the neuropsychophysiology of
hypnosis: Recent research and future directions», en E. Fromm y M. Nash (comps.),
Contemporary hypnosis research, Nueva York, Guilford, págs. 227-266.
EDMONSTON, W. (1991), «Anesis», en S. Lynn y J. Rhue (comps.), Theories of hypnosis:
Current models and perspectives, Nueva York, Guilford, págs. 197-237.
ERICKSON, M., ROSSI, E. y Rossi, S. (1976), Hypnotic realities: The induction of clinical hypnosis
and forms of indirect suggestion, Nueva York, Irvington.
ERICKSON, M. y ROSSI, E. (1979), Hypnotherapy: An exploratory casebook, Nueva York,
Irvington.
ERICKSON, M. y ROSSI, E. (1981), Experiencing hypnosis: Therapeutic approaches to altered
states, Nueva York, Irvington.
GILLIGAN, S. (1987), Therapeutic trances: The cooperation principie in Ericksonian
hypnotherapy, Nueva York, Brunner/Mazel.
GRINDER, J. y BANDLER, R. (1981), Trance-formations: Neuro-Linguistic Programming and the
structure of hypnosis, Moab, UT, Real People Press.
HlLGARD, E. (1965), Hypnotic susceptibility, Nueva York, Harcourt, Brace & World.
HlLGARD, E. (1986), Divided consciousness: Múltiple controls in human thought and action, ed.
rev. Nueva York, John Wiley & Sons.
HlLGARD, E. (1992), «Dissociation and theories of hypnosis», en E. Fromm y M. Nash
(comps.), Contemporary hypnosis research, Nueva York, Guilford, págs. 69-101.
KIRSCH, I. y COUNCIL, J. (1992), «Situational and personality correlates of hypnotic
responsiveness», en E. Fromm y M. Nash (comps.), Contemporary hypnosis research,
Nueva York, Guilford, págs. 267-291.
KIRSCH, I., LYNN, S. y RHUE, J. (1993), «Introduction to clinical hypnosis», en J. Rhue, S. Lynn e
I. Kirsch (comps.), Handbook of clinical hypnosis, Washington, DC, American
Psychological Association, págs. 3-22.
LYNN, S. y RHUE, J. (1991), «An integrative model of hypnosis», en S. Lynn y J. Rhue
(comps.), Theories of hypnosis: Current models and perspectives, Nueva York, Guilford,
págs. 397-438.
MATTHEWS, W, LANKTON, S. y LANKTON, C. (1993), «An Ericksonian model of hypnotherapy», en
J. Rhue, S. Lynn e I. Kirsch (comps.), Handbook of clinical hypnosis, Washington, DC,
American Psychiatric Press, págs. 187-214.
McCONKEY, K. (1986), «Opinions about hypnosis and self-hypnosis before and after hypnotic
testing», International Journal of Clinical and Experimental Hypnosis, 34, págs. 311-319.
MlTCHELL, G. y LUNDY, R. (1986), «The effects of relaxation and imagery inductions on
responses to suggestions», International Journal of Clinical and Experimental Hypnosis,
34, págs. 98-109.
O'HANLON, W. (1987), Taproots: Underlying principies of Milton Erickson's therapy and
hypnosis, Nueva York, Norton.
ORNE, M. (1959), «The nature of hypnosis: Artifact and essence», Journal of Abnormal and
Social Psychology, 58, págs. 277-299.
ROSSI, E. (1993), The psychobiology of mind-body healing, ed. rev., Nueva York, Norton.
SHEEHAN, P. y McCONKEY, K. (1982), Hypnosis and experience: The exploration of phenomena
andprocess, Hillsdale, NJ, Erlbaum.
SHOR, R. (1959), «Hypnosis and the concept of the generalized reality-orientation», American
Journal of Psychotherapy, 13, págs. 582-602.
SPIEGEL, H. y SPIEGEL, D. (1987), Trance and treatment: Clinical uses of hypnosis, Washington,
DC, American Psychiatric Press.
WEITZENHOFFER, A. (1989), The practice of hypnotism, vol. 1, Nueva York, John Wiley & Sons.
ZEIG, J. (comp.) (1980), A teaching seminar with Milton H. Erickson, M. D., Nueva York,
Brunner/Mazel.
ZEIG, J. y RENNICK, P. (1991), «Ericksonian hypnotherapy: A Communications approach to
hypnosis», en S. Lynn y J. Rhue (comps.), Theories of hypnosis: Current models and
perspectives, Nueva York, Guilford, págs. 275-300.
CAPÍTULO 11: Condiciones para realizar hipnosis

En este capítulo me gustaría explicar algunas de las variables que están fuera de los patrones
de comunicación y de la relación terapéutica y pueden influir en el trabajo del terapeuta. Estas
variables se dividen en «ambientales» y «físicas».

Variables ambientales
Existen ciertas condiciones ambientales que yo creo que son deseables para realizar
hipnosis, pero no son absolutamente esenciales. Primero, resulta útil trabajar en una atmósfera
relativamente tranquila, libre de ruidos molestos o desagradables, lo cual, obviamente, distraerá
menos al cliente, permitiéndole centrarse más en las experiencias internas que en las externas.
Sin embargo, si somos realistas, los teléfonos suenan, las puertas golpean al cerrarse, la gente
habla al otro lado de la puerta (si es que hay puerta), se oye el bullicio del tráfico, pasan
aviones, la gente deja caer objetos pesados, se oyen estornudos, los animales domésticos
golpean jarrones, los niños pelean... En otras palabras, ningún ambiente es totalmente tranquilo
y está libre de ruidos externos, ni tampoco tiene que serlo. La clave para ayudar al cliente a
centrarse internamente sin distraerse con acontecimientos externos estriba en la capacidad del
terapeuta para incluirlos en el proceso (Bandler y Grinder, 1979; Zeig, 1980,1985).
Otro factor ambiental que puede ser útil es el uso de una iluminación suave y
tranquilizadora, que puede crear una atmósfera cómoda. Yo no recomendaría una iluminación
demasiado débil, ni tampoco estar a oscuras. Para algunos puede ser útil trabajar a la luz de
las velas, aunque para otros (como yo) es demasiado esotérico.
Un tercer factor ambiental que afecta a la capacidad del cliente para relajarse es el
mobiliario. Las camas o divanes para tumbarse pueden ser demasiado sugestivos y además es
más probable que el cliente se duerma. El mobiliario debería ser cómodo y servir para que el
cliente apoye la cabeza y el cuerpo. A medida que el cliente se relaja, su cuerpo tiende a
volverse pesado; el resultado es muchas veces dolor de cuello y espalda si no se tiene un
apoyo físico adecuado. Por eso las sillas reclinables son bastante buenas (Alman y Lambrou,
1992; Weitzenhoffer, 1989).
No son tan importantes la iluminación, el mobiliario y los sonidos ambientales como la
manera de usarlos. Hasta aquí el punto clave es usar cualquier cosa que ocurra como parte del
proceso, enmarcando el acontecimiento intrusivo como adecuado (Grinder y Bandler, 1981;
Kelly, 1993; Stone, 1986).

Variables físicas
También merece la pena considerar ciertas condiciones físicas cuando se está
realizando hipnosis. No me refiero a la salud física, sino a las experiencias físicas transitorias
que pueden desempeñar un papel en el encuentro terapéutico. Físicamente es útil que el
cliente se sienta cómodo (es decir, que su cuerpo tenga un soporte adecuado, que la ropa no le
apriete ni sea ceñida, que la temperatura sea agradable y que él no sienta prisa ni le distraigan
otras cosas que exijan una atención inmediata.
Es importante que el cliente no tenga nada en la boca (por ejemplo, un chicle o un
caramelo) que le podría provocar ahogo o atragantamiento a medida que se relaja. Además,
muchas personas usan lentes de contacto y algunas de ellas están elaboradas de manera que,
si el cliente cierra los ojos aunque sea pocos minutos, producen irritación hasta el punto de
volverse dolorosas. Es bueno preguntarle al cliente si desea quitarse las gafas, lentes de
contacto, zapatos o cualquier otra cosa que pudiera dificultar que se centre en la introspección
de manera adecuada.
Otras consideraciones físicas son la influencia de las drogas y el alcohol, que
normalmente son contraproducentes para realizar un trabajo eficaz. Se exceptúan los fármacos
prescritos por el médico, aunque incluso éstos pueden dificultar potencialmente la respuesta
hipnótica eficaz. También existen objeciones similares para el cliente excesivamente cansado o
exhausto, que se puede dormir con facilidad pero es difícil que se centre internamente de
manera útil (Beahrs, Carlin y Shehorn, 1974; Spiegel, 1986).

Bibliografía
ALMAN, B. y LAMBROU, P. (1992), Self-hypnosis: The complete manual for health and self-
change, Nueva York, Brunner/Mazel.
BANDLER, R. y GRINDER, J. (1979), Frogs into princes, Moab, UT, Real People Press.
BEAHRS, J., CARLIN y SHEHORN, J. (1974), «Impact of psychoactive drugs on hypnotizability»,
American Journal of Clinical Hypnosis, 16, págs. 267-269.
GRINDER, J. y BANDLER, R. (1981), Trance-formations: Neuro-Linguistic Programming and the
structure of hypnosis, Moab, UT, Real People Press.
KELLY, S. (1993), «The use of music as a hypnotic suggestion», American Journal of Clinical
Hypnosis, 36, 3, págs. 83-90.
SPIEGEL, D. (1986), «Effects of psychoactive medication hypnosis», en B. Zilbergeld, M.
Edelstein y D. Araoz (comps.), Hypnosis: Questions and answers, Nueva York, Norton,
págs. 345-349.
STONE, J. (1986), «Presentations of doctor and office to facilitate hypnosis», en B. Zilbergeld,
M. Edelstein y D. Araoz (comps.), Hypnosis: Questions and answers, Nueva York,
Norton, págs. 69-75.
WEITZENHOFFER, A. (1989), The practice of hypnotism, vol. 2, Nueva York, John Wiley & Sons.
ZEIG, J. (comp.) (1980), A teaching seminar with Milton H. Erickson, M. D., Nueva York,
Brunner/Mazel.
ZEIG, J. (1985), Experiencing Erickson: An introduction to the man and his work, Nueva York,
Brunner/Mazel.
Segunda Parte: PRÁCTICA
CAPÍTULO 12: Estructura de las sugestiones

El objetivo de este capítulo es tratar algunas de las variables de comunicación interpersonal


que se producen en los patrones hipnóticos, específicamente los estilos de comunicación y las
estructuras de sugestiones hipnóticas.

Estilos de comunicación
Uno de los requisitos previos para usar la hipnosis de manera efectiva es apreciar las
diferencias en los estilos de procesamiento de información y en la habilidad de la mente
consciente y la inconsciente. Una de las formas en las que la hipnosis obtiene su fuerza es
formulando sugestiones que puedan incidir en la visión del mundo de la mente inconsciente.
Existen dos categorías principales de comunicaciones hipnóticas: la directa y la
indirecta. No sólo no son mutuamente excluyentes, sino que dudo que sea posible (o deseable)
realizar un proceso hipnótico eficaz exclusivamente en una de las dos. En realidad, ambos
estilos serán evidentes en distintos momentos de un mismo proceso. Además, cada sugestión
variará en el grado de directividad, como si se tratara de un continuo en el que un polo es la
sugestión «directa» y el otro la «indirecta». La cuestión de qué estilo usar en un momento dado
depende de la naturaleza de la sugestión (considerando factores como su potencial para
amenazar al cliente) y el grado de respuesta de éste (Alman y Carney, 1980; Erickson y Rossi,
1979; Zeig y Rennick, 1991).

__________________________________________________________

Tabla 2
Estructuras y estilos de sugestión hipnótica básicos

Sugestiones positivas
«Puedes hacer X»
Sugestiones negativas
«No puedes hacer X»
Sugestiones directas
«Puedes hacer X»
Sugestiones indirectas
«Conocí a alguien que disfrutaba haciendo X»
Sugestiones de proceso
«Puedes tener un recuerdo especial»
Sugestiones de contenido
«Puedes recordar a tu profesor de tercer grado»
Estilos permisivos
«Puedes permitirte a ti mismo hacer»
Estilos autoritarios
«Harás X»
Sugestiones poshipnóticas
«Más tarde, cuando estés en la situación A, puedes hacer X»
___________________________________________________________

Sugestiones directas

Las sugestiones directas son aquellas que tratan o bien con el problema que se tiene
entre manos o bien con la respuesta específica deseada de manera abierta y clara. No se
conocen por su sutileza.
Las sugestiones directas hacen referencia, en gran medida, a la experiencia consciente
de la persona, y normalmente proporcionan soluciones específicas a los problemas e
instrucciones detalladas sobre cómo responder.
Normalmente, para empezar la hipnosis el clínico querrá que el cliente cierre los ojos.
Si el clínico elige un enfoque directo, puede ofrecer alguna de las siguientes sugestiones
directas:

Cierra los ojos.


Por favor, cierra los ojos.
Puedes cerrar los ojos.
Deja que tus ojos se cierren.
Me gustaría que cerraras los ojos.

Las ventajas de las sugestiones directas son: a) su relevancia directa con los asuntos
que se tienen entre manos (reduciendo las preocupaciones conscientes del cliente respecto a
la capacidad del terapeuta para tratar directamente sus problemas); b) su capacidad para
mantener los objetivos del cliente bien definidos y a la vista; c) la implicación directa del cliente
en el proceso de manera activa; y d) su capacidad para servir de modelo para la resolución de
cualquier problema futuro que surja a través del desarrollo directo de una estrategia consciente
de solución de problemas.
El inconveniente de las sugestiones directas es que confían demasiado en el deseo
consciente de seguir las sugestiones, usando menos los recursos de la mente inconsciente.
Además, es más probable que este tipo de sugestiones susciten resistencia en el cliente al
tratar de manera tan directa sus problemas que, potencialmente, son una experiencia
amenazante. Esta sensación de amenaza que tiene el cliente aumenta la probabilidad de tener
reacciones defensivas, una de las cuales es el rechazo de las sugestiones.
Es necesario que el terapeuta valore las ventajas y desventajas de usar sugestiones
directas para tomar la decisión pertinente de manera que su uso produzca una experiencia
hipnótica exitosa (Crasilneck y Hall, 1985; Kroger, 1977; Spiegel y Spiegel, 1987;
Weitzenhoffer, 1989).

Sugestiones indirectas

Las sugestiones indirectas son aquellas que están relacionadas con el problema
tratado o con la respuesta específica deseada de manera encubierta y, por lo tanto, no
intrusiva. Pueden ser bastante sutiles. Dichas sugestiones normalmente tienen una relación
indirecta y requieren que el cliente las interprete de manera idiosincrásica para darles
significado. El uso de las sugestiones indirectas puede hacer que el cliente se pregunte a nivel
consciente de qué está hablando el terapeuta y, al mismo tiempo, su mente inconsciente esté
asociando lo que dice el terapeuta con su experiencia interna (procesos dinámicos
subyacentes), preparando el terreno para que se produzcan los cambios.
Estas sugestiones pueden adoptar formas diferentes como contar historias, analogías,
chistes, juegos de palabras, tareas para casa y sugestiones disfrazadas o entremezcladas.
Cualquier forma de comunicación que requiera una respuesta del sujeto sin pedírsela
directamente implica, en cierta medida, una sugestión indirecta.
Si un terapeuta sospecha, basándose en la retroalimentación que recibe de su cliente,
que le resultaría más fácil la hipnosis a través de métodos indirectos, le podría ofrecer alguna
de las siguientes sugestiones:

Un buen sujeto hipnótico empieza cerrando los ojos. ¿Puedes permitir que tus ojos se
cierren?
A muchos de mis clientes les gusta sentarse en esa silla y tener los ojos cerrados.
¿No es agradable no tener que escuchar con los ojos abiertos?
Me pregunto qué cree que le permitiría CERRAR LOS OJOS cómodamente.

La ventaja de los enfoques indirectos es que están relacionados principalmente con


una mayor utilización de los recursos de la mente inconsciente en beneficio del propio cliente.
Cuando las sugestiones desencadenan asociaciones antiguas o nuevas que pueden suponer
una experiencia terapéutica, la persona está totalmente implicada en la terapia a múltiples
niveles. Además, al haber una mayor distancia entre las sugestiones y la emoción o conducta
objetivo, la necesidad de usar defensas resistentes es menor. Dicha distancia puede crear, al
mismo tiempo, confusión en el cliente respecto a cómo se relacionan las sugestiones con su
mejora personal, preparando el camino para que las interprete de alguna manera que sea útil
para él. Al no forzarle a responder a las demandas arbitrarias del terapeuta, éste demuestra un
respeto mayor por el cliente, lo que supone un enfoque altamente deseable (Brown, 1991;
Lankton y Lankton, 1983; Zeig, 1980).
Los inconvenientes del estilo indirecto son la posibilidad de que el cliente sienta
ansiedad o miedo de que el terapeuta no sea capaz de afrontar directamente el problema: «Si
el terapeuta no puede, ¿cómo voy a poder yo?». Se puede ver al terapeuta como evasivo o
incompetente, y el cliente sentirse manipulado e incluso engañado. Otro inconveniente es que
las respuestas inconscientes del cliente pueden permitir aliviar el problema pero dejar al cliente,
a nivel consciente, preguntándose cómo se produjo el cambio. Quizá se resuelva el problema
pero la solución no permite al cliente acceder a patrones para resolver problemas futuros
(Lehrer, 1986; Yapko, 1983).

Elección de estilo

La directriz para elegir un estilo y el grado en el que dicho estilo se debería usar se
basa en dos factores principalmente: el nivel de insight deseable o necesario para que la
intervención funcione y la capacidad de respuesta del cliente.
Algunos clientes quieren entender a nivel consciente, preguntando muchas veces
«¿por qué?». Otros están más interesados en conseguir que se produzca algún cambio en el
problema, sin importar lo que eso suponga. Cuanto mayor sea la necesidad de la persona de
entender a nivel consciente e intente implicar al terapeuta en este nivel, más disruptivo será un
enfoque indirecto en su patrón normal, aumentando la probabilidad de cambio. Aunque, al
mismo tiempo, una persona que quiere entender a nivel consciente puede quedar
desconcertada por los métodos indirectos, perder la paciencia y la motivación y rechazar la
experiencia como inútil.
La experiencia es lo único que puede ayudar al terapeuta a evaluar qué estilo se debe
utilizar con cada cliente en concreto.
La segunda variable que cabe considerar al valorar si se usa un estilo directo o
indirecto es el grado de respuesta del cliente (o «resistencia», considerada tradicionalmente
como una falta de respuesta). Una directriz general para decidir qué estilo hay que usar es
ésta: el grado de directividad debería ser directamente proporcional al grado de resistencia
encontrado o anticipado (Zeig, 1980). En otras palabras, cuanto mayor sea la incapacidad o la
falta de ganas del cliente de seguir las instrucciones del terapeuta, más indirectas deberán ser
las sugestiones de este último.

Comportamiento clínico

Antes del reciente interés que han suscitado los métodos indirectos para inducir y
utilizar el estado hipnótico, su consideración se limitaba a la conducta del clínico cuando ofrecía
sugestiones directas. Los estilos se describían en un continuo en el que «autoritario» estaba en
un extremo y «permisivo» en el otro. Estos términos todavía pueden ser útiles para describir las
relaciones existentes entre el clínico y el cliente, y por eso se han incluido aquí.
El estilo autoritario es dominante y en él el clínico literalmente ordena al cliente que
responda de una determinada manera. La autoridad y el poder son las variables en las que
confía el clínico y la respuesta del «buen» cliente es la conformidad.
Los enfoques autoritarios ofrecen sugestiones en forma de órdenes. Las siguientes
instrucciones están estructuradas de forma autoritaria:

Cierra los ojos mientras cuento hasta tres.


Cuando chasquee los dedos tendrás seis años.
Cuando toque tu hombro, entrarás en un profundo estado de hipnosis.
Te resultará imposible encender un cigarrillo.
No recordarás nada de esta experiencia.

En el otro lado del espectro está en enfoque «permisivo», que es mucho más
respetuoso con la capacidad del cliente para hacer elecciones en su propio nombre respecto a
las cosas a las que responderá y a las que no. El enfoque permisivo se caracteriza por el
énfasis que se pone en permitir al cliente ser consciente de las posibilidades que tiene de dar
respuestas significativas, en vez de exigir dichas respuestas. Las siguientes sugestiones están
estructuradas con un estilo permisivo:

Quizás estés interesado en descubrir otra manera de sentirte más cómodo.


Me pregunto si has considerado la posibilidad de aprender dichos métodos más
fácilmente de lo que pensaste en un principio.
No sé cuál es para ti la posición más cómoda al sentarte en la silla.
Quizá te podrías centrar con más facilidad con los ojos cerrados.
Puedes decidir escuchar las cosas que yo describo, si quieres.

El clínico simplemente ofrece sugestiones sobre lo que el cliente puede experimentar si


elige hacerlo. En gran medida es responsabilidad del cliente utilizar a su manera la información
que le ha proporcionado el clínico. Por lo tanto, el clínico considera adecuada cualquier
respuesta, respetando la elección de la persona. En este estilo, la «resistencia» es un factor
mucho menos debilitante (Gilligan, 1987; Gordon y Meyers-Anderson, 1981; Grinder y Bandler,
1981; Haley, 1985; Satanton, 1985).

Estructuras de sugestión
Además del estilo para ofrecer sugestiones, el terapeuta tiene que elegir también una
estructura particular para la sugestión, que puede asumir diferentes formas, que describiremos
a continuación.

Sugestiones positivas

Las sugestiones positivas son, con diferencia, el tipo de estructura más común, simple
y útil. Proporcionan apoyo y ánimo y están expresadas de manera que dan al cliente la idea de
que puede experimentar o conseguir algo deseable. Puesto que las palabras nos recuerdan las
experiencias que representan (como símbolos de las mismas), las sugestiones positivas crean
respuestas deseables. Las siguientes sugestiones están estructuradas de manera positiva (y
permisiva también):

Te puedes sentir más cómodo con cada inspiración.


Puedes recordar una vez que te sentías muy orgulloso de ti mismo.
Eres capaz de descubrir fuerzas internas que no te habías dado cuenta que tenías.
Puedes darte cuenta de lo bien que te sientes relajado.
Puedes darte cuenta de una suave sensación de calidez en las manos.

Sugestiones negativas

Estas sugestiones, cuando se usan de forma habilidosa, utilizan una especie de


enfoque de «psicología inversa». Con ellas se puede obtener una respuesta sugiriendo a la
persona que no responda de la forma deseada.
Cuando se usan deliberadamente y con cierta habilidad, las sugestiones negativas
pueden ser muy útiles. Los siguientes son ejemplos de sugestiones negativas. Se recomienda
al lector que se dé cuenta de cuál es su experiencia interna a medida que lee lentamente cada
uno de ellos:

No pienses en tu color favorito.


No te permitas a ti mismo preguntarte qué hora es.
Te recomendaría que no prestaras atención a esa sensación de tu pierna.
Ahora no deberías pensar en tu novio/a del instituto.
Por favor, intenta no pensar en cuál de todos tus amigos es el más materialista.
Con demasiada frecuencia se emplean las sugestiones negativas de forma ingenua y
accidental, generando una respuesta no deseada que deja al profesional preguntándose qué es
lo que ha ido mal. Si el clínico dice (con gran sinceridad y con la intención de confrontar al
cliente): «No se preocupe por eso, simplemente sáquelo de su mente», es todavía más
probable que el cliente siga preocupándose por «ello».

Sugestiones de contenido

Este tipo de sugestiones contienen detalles muy específicos que describen


sentimientos, recuerdos, pensamientos o fantasías que experimenta el cliente mientras está
hipnotizado. Ofrecer detalles que describen cada dimensión de la experiencia sugerida puede
tener el efecto deseado de ayudar al cliente a tener la experiencia de forma más completa y,
por lo tanto, a un mayor grado de satisfacción. Algunos ejemplos de sugestiones de contenido
son:

Piensa en una rosa roja con unos pétalos suaves y aterciopelados y una fragancia
suave y dulce.
Imagina que estás en la playa en un día claro y brillante, sintiendo como el sol calienta
tu piel, oliendo la sal en la brisa del océano y oyendo el ruido de las olas al chocar
contra la orilla.
¿Puedes recordar lo agradable que es dar un mordisco a una naranja llena de zumo,
cómo se llena de líquido tu boca, cómo corre el jugo por tus dedos, y su sabor ácido?

Cada uno de los ejemplos anteriores proporciona detalles específicos respecto a lo que
se va a experimentar pensando en una rosa, en la playa o en una naranja. Quizá dichos
detalles permitan tener una experiencia más plena, en cuyo caso son útiles. Sin embargo, estas
frases pueden ejemplificar también el riesgo potencial de usar sugestiones llenas de contenido,
es decir, los detalles que el terapeuta da al cliente quizá no son los que éste hubiera elegido.
El problema potencial de las sugestiones de contenido es simplemente éste: cuantos
más detalles ofrece el terapeuta mayor es la probabilidad de que algo de lo que sugiera
contradiga la experiencia del cliente (Grinder y Bandler, 1981; O'Hanlon, 1993).

Sugestiones sobre el proceso

En contraste con las sugestiones de contenido, que son tan meticulosas, las de
proceso se caracterizan por su escasez de detalles, dejando al cliente libertad para prestar
atención a aquellos que él mismo ha asociado a (es decir proyectado en) la experiencia
sugerida.
Las instrucciones sobre el proceso dan a los clientes la oportunidad de usar su propia
experiencia y sus propios detalles en el proceso y, por lo tanto, de hacer que lo que parece a
primera vista demasiado general para ser eficaz, se convierta en un enfoque muy
individualizado. A continuación se incluyen algunos ejemplos de instrucciones sobre el proceso:

Puedes tener un recuerdo concreto de la infancia, uno en el que no habías pensado


durante mucho, mucho tiempo.
Puedes notar cierta sensación muy agradable en tu cuerpo a medida que te sientas allí
cómodamente.
Te puedes volver consciente de un sonido específico en la habitación.
¿Puedes recordar aquel momento especial en que te sentías tan bien contigo mismo?

Ninguna de las sugestiones anteriores especifica nada: no dicen qué recuerdo,


sensación, sonido o acontecimiento. El cliente elige ese aspecto de la experiencia. Obsérvese,
sin embargo, que con el uso de calificativos como «concreto», «cierta», «específico» y
«especial» se puede conseguir que el cliente eluda de entre todas sus experiencias una en la
que centrarse. Esa experiencia concreta es producto de la interacción entre elecciones
conscientes e inconscientes (Erickson y Rossi. 1979; Zeig, 1980).
Sugestiones poshipnóticas

Las sugestiones poshipnóticas son aquellas que se dan al cliente mientras está
hipnotizado y tienen que ver con conductas o emociones que tendrá en algún contexto futuro.
Estas sugestiones permiten posponer para el contexto deseado las conductas nuevas o el
entendimiento adquirido durante la hipnosis. Las sugestiones poshipnóticas son una parte
necesaria del proceso terapéutico si el cliente aporta nuevas posibilidades a las experiencias
futuras. Sin ellas, el aprendizaje adquirido durante la sesión de hipnosis es probable que quede
limitado al estado hipnótico en sí. La razón por la que esto ocurre es que las respuestas
hipnóticas son específicas de un estado, están asociadas a un estado interno concreto. La
sugestión poshipnótica permite que el aprendizaje recientemente adquirido cruce los límites
internos y esté disponible en otros estados de conciencia. Si el cliente puede tener la conducta
o la emoción sólo cuando está hipnotizado, sigue estando muy limitado.
Estas sugestiones son útiles para asegurarse de que la respuesta deseada quedará
integrada en la vida cotidiana de la persona, reemplazando respuestas disfuncionales o
ausentes. Además, también se pueden usar para facilitar el trabajo hipnótico futuro ofreciendo
la sugestión de que en futuras sesiones el cliente podría entrar en la hipnosis con más rapidez
y profundidad (Erickson y Rossi, 1979; 1981; Lankton y Lankton, 1983).

Sugestiones especializadas
Mientras que la estructura y el estilo de las sugestiones que acabamos de describir
representan el núcleo de las sugestiones hipnóticas, existen otras formas derivadas de los
componentes nucleares. Algunas de ellas las describiremos en esta sección.

Preguntas de acceso

Las preguntas que animan al cliente a responder en un nivel experiencial y no sólo


verbal se conocen con el nombre de preguntas de acceso. Más que preguntas retóricas, éstas
centran al cliente en aspectos particulares de su experiencia, que se amplifican mediante la
manera de formularlas: «¿Puedes recordar vividamente lo suave y relajante que es estar
tumbado bajo un cálido sol y sentir como éste calienta tu piel?». A este tipo de preguntas se les
ha llamado también «postulados conversacionales» (Bandler y Grinder, 1979; Hammond,
1990).

Sugestiones ambiguas

Se puede usar deliberadamente la ambigüedad en una sugestión para estimular las


proyecciones del cliente (esto es similar a las inespecíficas sugestiones sobre el «proceso»). La
ambigüedad puede girar alrededor de la acción deseada por el cliente o del significado de la
sugestión. Por ejemplo, sugerir que «se puede tener una voluntad férrea y ser práctico en
dichas cuestiones» deja abierta la interpretación de si el clínico está alabando la perseverancia
o está criticando la testarudez (Grinder y Bandler, 1981; O'Hanlon, 1985).

Aposición de opuestos

Al ofrecer sugestiones que crean distintas polaridades sobre la experiencia del cliente
se está usando la aposición de opuestos. Por ejemplo, «mientras su mano izquierda se vuelve
agradablemente fría e insensible, se da cuenta de que su mano derecha se vuelve
cómodamente cálida y sensible» (Erickson y Rossi, 1979; Hammond, 1990).

Obligatoriedad de alternativas comparables


Al ofrecer al cliente la obligatoriedad de alternativas comparables se crea, para él, una
situación de «elección forzada» en la que ambas elecciones llevan a un resultado igualmente
deseable: «¿Preferiría disfrutar de una experiencia de hipnosis profunda sentado en esta silla o
en aquella?». Mientras el cliente responda dentro de los parámetros de la sugestión, la
obligatoriedad existe (Hammond, 1990).

Sugestiones confusionales

Se conocen con el nombre de «confusionales» aquellas sugestiones construidas


deliberadamente para desorientar o confundir al cliente y despertar su interés y para superar
una conducta demasiado intelectual y facilitar la disociación. Por ejemplo, usted puede pensar
que entiende conscientemente estas sugestiones pero su inconsciente también quiere claridad,
así que si conscientemente cree que eso le funcionará conscientemente en una estructura
inconsciente de los patrones consciente e inconsciente para saber a nivel consciente e
inconsciente que puede superar la capacidad de alguien para entender, asegúrese de que usa
la confusión cuando sea adecuado hacerlo. Inmersas en la confusión aparecen algunas
sugestiones claras, sensibles y significativas que pueden oponerse al telón de fondo de la
confusión. Ofrezco más información sobre los métodos confusionales en el capítulo 16
(Erickson, 1964; Gilligan, 1987; Otani, 1986).

Cubrir todas las posibilidades

Una manera de difuminar la resistencia y de mantener la respuesta del cliente es incluir


todas sus posibles reacciones a las sugestiones y, por lo tanto, definir cada una de ellas como
útil y cooperadora: «Puede pensar en un recuerdo importante... quizá uno de sus primeros
años de vida... quizá uno muy reciente... o quizá uno de enmedio...». Bien, ¿qué otras
posibilidades hay? Cualquier recuerdo será obviamente de su pasado, ya sea éste reciente,
inmediato o remoto. Así, cualquier recuerdo recuperado está de acuerdo con la sugestión, y
asegura una respuesta positiva (Grinder y Bandler, 1981; Hammond, 1990).

Directrices implícitas

Una forma indirecta de estimular una respuesta es mediante el uso de directrices


implícitas. La primera parte de la directriz es la sugestión indirecta de hacer algo y la segunda
parte de la sugestión sugiere directamente una repuesta. Por ejemplo: «Cuando sienta que su
mano se eleva por un momento (sugestión indirecta) la notará muy, muy ligera (sugestión
directa)» (Bandler y Grinder, 1979; Erickson y Rossi, 1975).

Sugestiones entremezcladas

Este enfoque consiste en la utilización frecuente de palabras o frases clave en una


serie continua de sugestiones. Se puede aplicar para ir a niveles de hipnosis más profundos,
para facilitar la experiencia de un fenómeno hipnótico específico, para «sembrar» (implantar)
ideas para referencias futuras, y para reiterar un punto importante. Por ejemplo: «Un pensador
profundo, es decir, uno que piensa profundamente, puede desarrollar un profundo
entendimiento de sí mismo y conseguir profundidad en el conocimiento que tiene sobre la
sugestión» (Erickson, 1966; Zeig, 1980).

Metáforas

En la bibliografía sobre hipnosis clínica las metáforas han llegado a significar historias.
Las metáforas son un método indirecto para conseguir diferentes objetivos. Se consideran una
de las formas más poderosas y suaves para comunicar información relevante a un cliente, y por
ello se comentan detalladamente en algunos de los próximos capítulos (Barker, 1985; Gordon,
1978; Wallas, 1985).

Sugestiones paradójicas

Las sugestiones paradójicas contienen lo que parecen ser, a primera vista,


componentes incompatibles dentro de la misma sugestión. Por ejemplo: «Puedes tomarte todo
el tiempo del mundo en el próximo minuto para completar el trabajo interno de integrar tu nuevo
aprendizaje» (Lange, 1988; Seltzer, 1986).

Presuposiciones

Una presuposición supone la respuesta que se producirá; es simplemente algo así:


«¡Qué sorpresa tan agradable tendrás cuando descubras que entiendes las presuposiciones!»
(Gordon, 1985; Haley, 1973).

Juegos de palabras

Usar el humor como herramienta puede ser una manera valiosa de implicar al cliente
en el proceso y, al mismo tiempo, de establecer una asociación emocional agradable con la
hipnosis. Por ejemplo: «A algunas personas les gusta la hipnosis de una manera rítmica y
predecible pero usted y yo sabemos que el método del ritmo no es muy fiable» (Erickson y
Rossi, 1979; Zeig, 1980).

Perogrulladas

Una perogrullada es una observación de «sentido común» que parece ser tan evidente
como innegable. Se usan para construir una aceptación de la sugestión que sigue basándose
en la aceptación de la perogrullada: «Todas las personas son únicas (perogrullada), todos
sabemos que por eso usted puede experimentar la hipnosis profunda de manera única»
(Erickson y Rossi, 1979; Hammond, 1990).

Conclusión
Las palabras son estímulos, y evocan las mismas o similares respuestas que los
objetos o conceptos que representan. Por lo tanto, se han de elegir cuidadosamente y también
la manera de decirlas.

Bibliografía
ALMAN, B. y CARNEY, R. (1980), «Consequences of direct and indirect suggestions on success
of posthypnotic behavior», American Journal of Clinical Hypnosis, 23, págs. 112-118.
BANDLER, R. y GRINDER, J. (1979), Frogs into princes, Moab, UT, Real People Press.
BARKER, P. (1985), Using metaphors in psychotherapy, Nueva York, Brunner/Mazel.
BROWN, P. (1991), The hypnotic brain, New Haven, CT, Yale University Press.
CRASILNECK, H. y HALL, J. (1985), Clinical hypnosis: Principies and applications, Orlando, Grune
& Stratton.
ERICKSON, M. (1964), «The confusión technique in hypnosis», American Journal of Clinical
Hypnosis, 6, págs. 183-207.
ERICKSON, M. (1966), «The interspersal hypnotic technique for symptom correction and pain
control», American Journal of Clinical Hypnosis, 8, págs. 198-209.
ERICKSON, M. y ROSSI, E. (1975), «Varieties of double bind», American Journal of Clinical
Hypnosis, 17, págs. 143-157.

ERICKSON, M. y ROSSI, E. (1979), Hypnotherapy: An exploratory casebook, Nueva York,


Irvington.
ERICKSON, M. y ROSSI, E. (1981), Experiencing hypnosis: Therapeutic approaches to altered
states, Nueva York, Irvington.
GlLLlGAN, S. (1987), Therapeutic trances: The cooperation principie in Ericksonian
hypnotherapy, Nueva York, Brunner/Mazel.
GORDON, D. (1978), Therapeutic metaphors, Cupertino, CA, Meta Publications.
GORDON, D. (1985), «The role of presuppositions in Ericksonian psychotherapy», en J. Zeig,
(comp.), Ericksonian psychotherapy: vol. 1, Structures, Nueva York, Brunner/Mazel, págs.
62-76.
GORDON, D. y MEYERS-ANDERSON, M. (1981), Phoenix: Therapeutic patterns of Milton H.
Erickson, M. D., Cupertino, CA, Meta Publications.
GRINDER, J. y BANDLER, R. (1981), Trance-formations: Neuro-Linguistic Programming and the
structure of hypnosis, Moab, UT, Real People Press.
HALEY, J. (1973), Uncommon therapy, Nueva York, Norton.
HALEY, J. (comp.), (1985), Conversations with Milton H. Erickson, M. D., vol. 1, Nueva York,
Triangle Press.
HAMMOND, D. (comp.), (1990), Handbook of hypnotic suggestions and metaphors, Nueva York,
Norton.
KROGER, W. (1977), Clinical and experimental hypnosis, 2a ed., Filadelfia, Lippincott.
LANGE, A. (1988), «A new way of motivating clients to carry out paradoxical assignments: The
combination of the paradoxical and the congruent», en J. Zeig y S. Lankton (comps.),
Developing Ericksonian therapy: State ofthe art, Nueva York, Brunner/Mazel, págs. 280-
301.
LANKTON, S. y LANKTON, C. (1983), The answer within: A clinical framework of Ericksonian
hypnotherapy, Nueva York, Brunner/Mazel.
LEHRER, M. (1986), «How much complexity and indirection are necessary?», en B. Zilbergeld,
M. Edelstein y D. Araoz (comps.), Hypnosis: Questions and answers, Nueva York,
Norton, págs. 244-247.
O'HANLON, W. (1985), «A study guide of frameworks of Milton H. Erickson's hypnosis and
therapy», en J. Zeig (comp.), Ericksonian psychotherapy: vol. 1, Structures, Nueva York,
Brunner/Mazel, págs. 33-51.
O'HANLON, W. y MARTIN, M. (1993), Solution-oriented hypnosis, Nueva York, Norton.
OTANI, A. (1989), «The confusión technique untagled: Its theoretical rationale and preliminary
classification», American Journal of Clinical Hypnosis, 31,3, págs. 164-172.
SELTZER, L. (1986), Paradoxical strategies in psychotherapy, Nueva York, John Wiley & Sons.
SPIEGEL, H. y SPIEGEL, D. (1987), Trance and treatment: Clinical uses of hypnosis, Washington,
DC, American Psychiatric Press.
STANTON, H. (1985), «Permissive vs. authoritarian approaches in clinical and experimental
settings», en J. Zeig (comp.), Ericksonian psychotherapy: vol. 1, Structures, Nueva York,
Brunner/Mazel, págs. 293-304.
WALLAS L. (1985), Stories for the third ear: Using hypnotic fables in psychotherapy, Nueva York,
Norton.
WEITZENHOFFER, A. (1989), The practice of hypnotism, vols. 1-2, Nueva York, John Wiley &
Sons.
YAPKO, M. (1983), «A comparative analysis of direct and indirect hypnotic communication
styles», American Journal of Clinical Hypnosis, 25, págs. 270-276.
ZEIG, J. (comp.) (1980), A teaching seminar with Milton H. Erickson, M. D., Nueva York,
Brunner/Mazel.
ZEIG, J. y RENNICK, P. (1991), «Ericksonian hypnotherapy: A Communications approach to
hypnosis», en S. Lynn y J. Rhue (comps.), Theories of hypnosis: Current models and
perspectives, Nueva York, Guilford, págs. 275-300.
CAPÍTULO 13: Patrones de comunicación hipnótica

En este capítulo se ofrecerán directrices generales para elegir las palabras y frases particulares
que uno puede usar en la sesión de hipnosis. Estas directrices pretenden ayudar a los lectores
a formular sugestiones que es muy probable que acepte el sujeto con el que se está
trabajando.

Hacer que las sugestiones sean simples y fáciles de seguir


Generalmente, cuanto más complicado le resulte a alguien seguir un conjunto de
instrucciones, más confiará la persona en la mente consciente para aclarar las cosas. Cuanto
más confíe la persona en la mente consciente, menos accesible es la mente inconsciente,
dificultando el propósito de hipnotizar. Ofrecer sugestiones relativamente simples permite al
cliente fluir con el proceso sin tener que analizar, interpretar y juzgar las sugestiones de manera
crítica y, por lo tanto, consciente.

Usar el lenguaje del cliente


He descrito la manera en que las palabras representan experiencias, y aunque usamos
un lenguaje común, nuestras experiencias internas son necesariamente diferentes. Si el
terapeuta toma las palabras del cliente pero les da su propio significado, las traslada a su
propio lenguaje y se comunica desde su propio estilo lingüístico, lo más probable es que dé
lugar a equívocos.
Al usar el lenguaje del cliente, el terapeuta no ha de suponer ni por un momento que
para él significa lo mismo que para el cliente. El terapeuta debe usar el mismo lenguaje que el
cliente: está tratando el mundo del cliente, no el suyo propio (O'Hanlon, 1987; Sherman, 1988).

Hacer que el cliente lo defina todo en términos experienciales


Puesto que las palabras son símbolos de la experiencia, usar las mismas palabras no
significa que se esté describiendo la misma experiencia. Por lo tanto, es importante hacer que
el cliente explique su experiencia lo mejor posible y no simplemente usando una palabra o dos
para representar la experiencia. Cualesquiera que sean las palabras usadas, nunca darán al
terapeuta una idea de lo que el cliente está experimentando subjetivamente, por ello cuanta
mayor sea la definición y la descripción de la experiencia que se tiene, más oportunidades
habrá de realizar una intervención significativa (Bandler y Grinder, 1979; Zeig, 1980).

Usar el tiempo presente y una estructura positiva


Generalmente las sugestiones se deberían formular en presente y en términos de lo
que la persona está experimentando. Por supuesto, la mayoría de las sugestiones hipnóticas
pretenden incluir la conducta futura de alguna manera, pero la sesión hipnótica es el puente
entre lo que es ahora y lo que será luego. La estructura básica de las sugestiones hipnóticas es
unir («encadenar») lo que está ocurriendo ahora con lo que se desea: «A medida que
experimentas esto, puedes empezar a experimentar aquello». Es necesario ofrecer una
retroalimentación continua sobre el estado actual de la persona para que el puente sea
efectivo.
En general las sugestiones se deberían formular de manera positiva, respecto a lo que
la persona puede hacer en vez de lo que no puede hacer (Grinder y Bandler, 1981; Hammond,
1990).
Animar y reforzar al cliente
Desde mi punto de vista, el proceso de animar a los clientes normalmente consiste en
guiarles a una posición en la que puedan reconocer la fuerza y los recursos personales que
antes ignoraban de sí mismos (Erickson y Rossi, 1979; Hammond, 1990).

Determinar la propiedad del problema


Diferentes enfoques terapéuticos tienen distinta terminología para expresar este
concepto, pero todos ellos tratan la necesidad de guiar al cliente a la aceptación de cierta
responsabilidad por lo que está experimentando. Ayudar a la gente a descubrir que tienen
poder como máximo para controlar los acontecimientos de sus vidas o, al menos, sus
reacciones ante los acontecimientos de sus vidas, es un componente necesario del trabajo
terapéutico (Ellis, 1987; Walter y Peller, 1992).

Determinar la mejor modalidad para la experiencia hipnótica


Uno de los conceptos más útiles del modelo de programación neurolingüística creado
por Richard Bandler y John Grinder tiene que ver con el estilo que prefiere la gente para
recoger información, almacenarla, recuperarla y comunicarla.
Es importante darse cuenta de que todas las personas procesan la experiencia con
todos los sentidos (íntegros) todo el tiempo. Lo importante aquí es saber qué modalidad es
dominante en un contexto dado. Si un clínico logra identificar el sistema de experiencias
sensoriales predilecto de una persona, puede adaptar su comunicación a dicho sistema y
aumentar la probabilidad de influir de manera significativa a través del logro de un rapport
mayor.
El lenguaje que usa una persona, particularmente los predicados (verbos, adverbios y
adjetivos), refleja su modalidad de procesamiento predilecta y los procesos hipnóticos se
pueden trabajar teniendo esto en cuenta (Yapko, 1981).
El lenguaje sensorial que utiliza el terapeuta orientará al cliente hacia uno o más de sus
sentidos. Las principales modalidades del proceso hipnótico son visual, auditiva y cinestésica.
Las experiencias olfativas y gustativas se pueden integrar en la categoría cinestésica.
Si, por ejemplo, el terapeuta quiere orientar a alguien hacia la porción visual de una
experiencia, entremezclará terminología basada en lo visual, como el ejemplo siguiente:

Imagínate a ti mismo/a en la playa... intenta tener una imagen clara de la línea de la


costa... mira el horizonte más allá del océano... mira la silueta de los veleros en la
distancia... disfruta de las relajantes imágenes del sol brillando en la superficie del
agua...

Para orientar al cliente hacia el componente auditivo de la experiencia, se puede


entremezclar terminología basada en el oído, como sigue:

Ahora no sé qué es lo que te dices a ti mismo... cuando te dices cosas a través del
pensamiento... pero ese diálogo interno desempeña un papel importante en la calidad
global de tu experiencia... y sería agradable oír que te dices a ti mismo algunas cosas
positivas... cumplidos...

La porción cinestésica de experiencias abarca sentimientos, así como experiencias


táctiles. Absorber a un cliente en experiencias cinestésicas significa usar el lenguaje de los
sentimientos, tal como sigue:

Cuando recordabas hace un momento aquel feliz recuerdo... toda tu conducta cambió...
era obviamente un sentimiento maravilloso... sentirse querido... sentirse profundamente
apreciado... tan fuerte y tan obvio que casi lo puedes tocar... y que es una poderosa
experiencia emocional... que puedes guardar para el resto de tu vida...
Como principio general, los clientes encontrarán más valioso el proceso cuanto más
capaz sea el terapeuta de conseguir que se centren en aspectos de su experiencia de los que
normalmente no se dan cuenta. La terapia muchas veces significa desarrollar aspectos poco
desarrollados de uno mismo y «sintonizar» con cosas con las que antes no se sintonizaba.

Dar al cliente sólo la información necesaria para lograr los objetivos


Aunque he dado una gran prioridad a dar información relevante a los clientes, es
necesario no dar demasiada información sobre las intervenciones. Dar al cliente la oportunidad
de crear defensas analizando y criticando demasiado lo que está haciendo el clínico puede ser
contraproducente para los propósitos de la terapia.
La idea de revelar y ocultar información selectivamente puede ser un dilema ético.
¿Cómo puede dar el cliente un consentimiento elaborado si no sabe lo que el clínico está
haciendo? Aunque, si sabe exactamente lo que está haciendo, ¿cómo pueden funcionar
algunas intervenciones, sobre todo las estratégicas? Esta es una cuestión que se ha de tratar
de forma delicada y considerando cada caso de forma particular (Booth, 1988; Frauman, Lynn y
Brentar, 1993).

Dar a los clientes el tiempo que necesiten para responder


Todos hacemos las cosas de acuerdo con nuestro propio reloj interno, a nuestro ritmo.
En la hipnosis esta tendencia se amplifica hasta el punto de ser un componente básico de la
interacción. Si el terapeuta presiona a alguien para que responda a su ritmo (el del terapeuta) la
hipnosis no funcionará. Por el contrario, hay que permitir al cliente que forme la respuesta de-
seada a la velocidad que él elija (Erickson y Rossi, 1979).

Pedir permiso antes de tocar a los clientes


He visto fracasar en un instante muchas sesiones que iban bien porque el terapeuta
supuso que había una relación terapéutica suficientemente estrecha para tocar a la persona (si
es que lo pensó, puesto que muchos terapeutas «propensos a tocar» no lo piensan). Es muy
importante tener el permiso del cliente para tocarlo antes de hacerlo, por muchas razones.
La primera de todas, tocar es algo que está relacionado con la intimidad: un cruce en el
espacio personal. Algunos lo agradecen mientras que otros odian ser tocados por extraños y lo
experimentan como una violación del espacio personal. Con dichas personas, el tacto puede
dificultar la relación terapéutica en vez de favorecerla.
Segundo, en estado hipnótico la persona normalmente está centrada en experiencias
internas. Responder al contacto del clínico significa reorientar su enfoque en el mundo externo,
lo cual suele ser contraproducente para el desarrollo y mantenimiento del estado hipnótico
profundo. Si un terapeuta usa el tacto indiscriminadamente, esto puede funcionar en contra
suya.
Preguntar antes de empezar la hipnosis o bien en algún momento durante la sesión es
una cuestión de preferencia personal (a mí me gustan ambos). Asegurándose de tener el
permiso del cliente antes de tocarlo, se le demuestra respeto por su integridad.

Establecer señales para prever


Las señales para prever son afirmaciones de intenciones del terapeuta que permiten a
los clientes conocer de manera efectiva qué acción va a emprender éste sin que les asuste.
También tienen la función de hacer que los clientes se sientan cómodos y no crean que tienen
que prestar atención consciente a todo lo que el terapeuta está diciendo o haciendo. Dicho
análisis consciente es contraproducente.
Las señales para prever toman la forma de afirmaciones simples sobre lo que va a
ocurrir inmediatamente después. Cuando el terapeuta dice: «Dentro de un momento voy a...» y
continúa de una manera coherente con lo que ha dicho que haría, se puede alcanzar un nuevo
nivel de confianza que ayudará en trabajos futuros. Desde la perspectiva del cliente, es muy
difícil estar relajado y en guardia al mismo tiempo. Las señales para prever son una manera
simple y rápida de establecer confianza en la relación hipnótica.

Usar una voz y una conducta coherentes con los objetivos


Es inmensamente útil que el terapeuta tenga control de su voz y de su cuerpo al
comunicarse, y se use a sí mismo como mecanismo para que las sugestiones lleguen al
cliente. Tener la voz tensa mientras se le sugiere a un cliente que se relaje es una
incongruencia evitable. Usar un tono de voz de conversación normal con alguien a quien se
quiere guiar a un estado de experiencia diferente es otra incongruencia evitable. Usar una voz
suave y confortadora también disuade de realizar un análisis consciente (Bandler y Grinder,
1979; Gilligan, 1987).

Encadenar las sugestiones de manera estructurada


Con la frase «sugestiones encadenadas» me refiero al encadenamiento de la
respuesta deseada a la experiencia actual del cliente. El principio de «marcar el ritmo y liderar»
de Bandler y Grinder (1979) y el de «aceptar y utilizar» de Erickson y Rossi (1979) son
sinónimos de «encadenamiento». La idea es construir un vínculo (es decir, «cadena») entre lo
que está haciendo el cliente y lo que el terapeuta querría que hiciera. El mensaje implícito es:
«A medida que experimentas (esto), puedes empezar a experimentar (aquello)». Por ejemplo
«sentarte aquí y leer estas palabras te permitirá pensar en tu pie izquierdo».
Estos vínculos son la base para que el proceso hipnótico sea fluido y no cambiante y
desconectado. La formulación hipnótica es una estricta pesadilla gramatical, pero para la
persona hipnotizada el clínico es suave y fácil de escuchar (Hammond, 1990; O'Hanlon, 1985).

Ser específicamente general


Si el lector consulta la sección sobre las estructuras del proceso de sugestión, podrá
revisar la idea general de que cuantos más detalles se den a alguien para su experiencia
hipnótica, más oportunidades hay para contradecirla. Por ejemplo, es más fácil que produzca
resistencia una sugestión que propone una respuesta específica como «sientes calor en tu
mano derecha» que un proceso de sugestión más general como: «Nota el cambio de
temperatura concreta que se produce en una de tus manos». En la segunda sugestión no se
especifica qué mano es la que cambia ni si se calienta o se enfría. Sea cual sea la respuesta
de la persona se puede definir como cooperativa, y se reconoce como proyección de las
asociaciones inconscientes de dicha persona (Grinder y Bandler, 1981; Watzlawick, 1978).

Conclusión
Aunque este capítulo abarca algunos de los componentes básicos de la comunicación
hipnótica, obviamente no puede cubrir todas las sutilezas inherentes en dichos patrones. Se
debe recordar que en cada principio general comentado hay excepciones.

Bibliografía
BANDLER, R. y GRINDER, J. (1979), Frogs into princes, Moab, UT, Real People Press.
BOOTH, P. (1988), «Strategic therapy revisited», en J. Zeig y S. Lankton (comps.), Developing
Ericksonian therapy: State of the art, Nueva York, Brunner/Mazel, págs. 39-58.
ELLIS, A. (1987), «The evolution of Rational-Emotive Therapy (RET) and Cognitive Behavioral
Therapy (CBT)», en The evolution of psychotherapy, Nueva York, Brunner/Mazel, págs.
107-125.

ERICKSON, M. y ROSSI, E. (1979), Hypnotherapy: An exploratory casebook, Nueva York,


Irvington.
FRAUMAN, D., LYNN, S. y BRENTAR, J. (1993), «Prevention and therapeutic management of
"negative effects" in hypnotherapy», en J. Rhue, S. Lynn e I. Kirsch (comps.), Handbook
of clinical hypnosis, Washington, DC, American Psychological Association, págs. 95-120.
GlLLIGAN, S. (1987), Therapeutic trances: The cooperation principie in Ericksonian
hypnotherapy, Nueva York, Brunner/Mazel.
GRINDER, J. y BANDLER, R. (1981), Trance-formations: Neuro-Linguistic Programming and the
structure of hypnosis, Moab, UT, Real People Press.
HAMMOND, D. (comp.) (1990), Handbook of hypnotic suggestions and metaphors, Nueva York,
Norton.
O'HANLON, W. (1985), «A study guide for frameworks of Milton H. Erickson's hypnosis and
therapy», en J. Zeig (comp.), Ericksonian psychotherapy: vol. 1, Structures, Nueva York,
Brunner/Mazel, págs. 33-51.
O'HANLON, W. (1987), Taproots: Underlying principles of Milton Erickson's therapy and hypnosis,
Nueva York, Norton.
SELIGMAN, M. (1975), Helplessness: On depression, development and health, San Francisco,
W. H. Freeman.
SHERMAN, S. (1988), «Ericksonian psychotherapy and social psychology», en J. Zeig y S.
Lankton (comps.), Developing Ericksonian therapy: State of the art, Nueva York,
Brunner/Mazel, págs. 59-90.
WALTER, J. y PELLER, J. (1992), Becoming solution-focused in brief therapy, Nueva York,
Brunner/Mazel.
WATZLAWICK, P. (1978), The language of change, Nueva York, Basic Books.
YAPKO, M. (1981), «The effect of matching primary representational system predicates on
hypnotic relaxation», American Journal of Clinical Hypnosis, 23, págs. 169-175.
ZEIG, J. (comp.) (1980), A teaching seminar with Milton H. Erickson, M. D., Nueva York,
Brunner/Mazel.
CAPÍTULO 14: Test de sugestionabilidad

Para la mayoría de los clínicos que tienen una orientación tradicional, el uso de la hipnosis se
suele basar en la idea de que sólo algunas personas son hipnotizables y las personas
hipnotizables lo son en diferentes grados. Desde su perspectiva, los test son una buena
manera de evaluar si alguien es hipnotizable y, si lo es, en qué grado. Yo, en mi práctica no uso
test formales de sugestionabilidad, sino que asumo la inevitable presencia de sugestionabilidad
en mis clientes. Sin embargo, para el hipnotista que no comparte este punto de vista o para el
que no tiene suficiente experiencia como para evaluar la comunicación espontánea de
dinámicas de sugestionabilidad, estos test pueden ser una herramienta suficiente.
Los test de sugestionabilidad en la práctica clínica generalmente consisten en
encuentros minihipnóticos en los que se ofrecen al cliente una serie de sugestiones breves y
ritualizadas para que se relaje, seguidas de una sugestión para conseguir una respuesta
específica. Si el cliente responde de la manera sugerida, ha «pasado» el test. A esto le pueden
seguir más test, cada uno de los cuales requiere (según el pensamiento tradicional) un mayor
grado de profundidad hipnótica para proporcionar la respuesta sugerida. Si el cliente no
responde de la forma sugerida, ha «suspendido» el test. La calidad de la respuesta del cliente
(es decir, opuesta, mínima, etc.) se debería anotar para tener información sobre el estilo de la
persona; así, se puede obtener información potencialmente importante incluso a partir de un
pobre desempeño en un test de sugestionabilidad (Weitzenhoffer, 1989).

Funciones de los test de sugestionabilidad


El principal propósito de estos test es determinar el grado de hipnotizabilidad del
cliente, si es que tiene alguno. Sin embargo, también pueden servir para muchos otros
propósitos. Primero, estos test son una medida de la capacidad de respuesta hipnótica, lo cual
puede dar una información valiosa respecto a cuál será el mejor enfoque para un cliente
concreto.
Específicamente, ¿el enfoque tendría que ser directo o indirecto?, ¿las sugestiones
deberían tener una forma positiva o negativa?, ¿la conducta del terapeuta tendría que ser
dominante y autoritaria o indolente y permisiva? Se ha puesto mucho énfasis en las dinámicas
de relación entre el clínico y el cliente y los test de sugestionabilidad pueden ser una
herramienta para ayudar al primero a evaluar el estilo que utilizará para tratar a cada cliente en
particular.
El segundo propósito de estos test es servir de experiencia condicionadora para ser
hipnotizado. Las experiencias hipnóticas posteriores implicarán muchas de las mismas
dinámicas en mayor grado, así que el test puede ser un «ensayo» útil para el cliente (Spiegel y
Spiegel, 1987).
El tercer propósito es la capacidad de llevar a cabo lo que yo llamo «pretrabajo del
trabajo». Si se introduce el test como un trabajo preliminar al trabajo terapéutico «real», puede
ser una oportunidad de coger al cliente desprevenido y ofrecerle algunas sugestiones
hipnóticas que estén menos sujetas al análisis del cliente (Bates, 1993).

Administración de test de sugestionabilidad


Presentar y administrar test de sugestionabilidad requiere tantas habilidades de
comunicación como cualquier otra dimensión del trabajo con hipnosis. Hay cuestiones de
tiempo (es decir, en qué momento de la relación se introduce), la explicación de su rol, el estilo
en el que se ofrece, la respuesta del clínico ante la respuesta del cliente, la terminación y la
transición a la siguiente fase de la interacción.
Aquí presentamos algunos de los test de sugestionabilidad más usados:
El péndulo de Chevreul

Se da un péndulo al sujeto con la instrucción de que mantenga la cadena entre los


dedos pulgar e índice. Entonces el clínico empieza a sugerir y amplificar el movimiento
involuntario del péndulo. Cuanto mayor sea el grado de movimiento del péndulo, mayor será la
sugestionabilidad.

Levitación del brazo

La levitación del brazo y la técnica de la catalepsia implican ofrecer al cliente


sugestiones de que empieza a sentir su brazo tan ligero y sin peso que éste se separa de su
regazo sin esfuerzo (Kirsch, Lynn y Rhue, 1993).

Las manos asidas

Se pide al cliente que se siente confortablemente con las manos unidas y los dedos
entrelazados. Se ofrecen sugestiones sobre que sus manos están pegadas. También se
sugiere que cuanto más fuerte intente el sujeto separarlas más fuertemente pegadas estarán.
Entonces se cuestiona al cliente para que intente separar las manos. El fracaso para hacerlo
indica sugestionabilidad (Cohén, 1984).

Cierre de ojos y catalepsia

En esta técnica se utiliza el método «intentar versus hacer» («cuanto más lo intentes
más difícil será... inténtalo ahora... Ahora puedes... Adelante, hazlo...») se aplica al cierre de
ojos. Las sugestiones dadas son que los ojos de la persona son tan pesados que se cierran, y
los músculos de los ojos están tan relajados y sin fuerzas que no los puede abrir. Cuanto más
intente abrirlos, más fuertemente cerrados estarán (Weitzenhoffer, 1989).

La técnica del objeto caliente

En esta técnica, se le da al sujeto un objeto para que lo tenga en la mano y se le dice


que va a empezar a calentarse. El tiempo necesario para «calentarse» y el grado de sensación
de calor asociada son las medidas de sugestionabilidad en este test (Hilgard, 1965).

Órdenes entremezcladas

Este tipo de sugestiones se utilizan para respuestas específicas y están


entremezcladas en el contexto de una comunicación más amplia y, por lo tanto, pueden
escapar a la detección consciente. Por ejemplo, si uso mi voz para acentuar suavemente
(mediante un cambio de voz o de volumen) las palabras en cursiva de la siguiente pregunta,
estoy entremezclando una sugestión para una respuesta específica.
¿No es agradable... cerrar los ojos... al final del día?». Así puedo conseguir que el
sujeto cierre los ojos, lo que sería un indicador obvio de sugestionabilidad.
Las sugestiones de órdenes entremezcladas son más espontáneas, menos impositivas
y arbitrarias y pueden ser un útil indicador de sugestionabilidad debido a su sutilidad (Grinder y
Bandler, 1981; Hammond, 1990).

Cambios no verbales

Parte del logro de rapport se debe a «ir al ritmo» o «reflejar» las conductas del cliente
sin que éste sea consciente. Sincronizando con el patrón de respiración del cliente, por
ejemplo, se refleja una parte de él que no está en su conciencia. Si el terapeuta cambia luego
su respiración y el cliente le sigue, este último está respondiendo inconscientemente: se trata
de un indicador de rapport y sugestionabilidad (Zeig, 1985).

Bibliografía
BATES, B. (1993), «Individual differences in response to hypnosis», en J. Rhue, S. Lynn e I.
Kirsch (comps.), Handbook of clinical hypnosis, Washington, DC, American Psychological
Association, págs. 23-54.
COE, W (1993), «Expectations and hypnotherapy», en J. Rhue, S. Lynn e I. Kirsch (comps.),
Handbook of clinical hypnosis, Washington, DC, American Psychological Association,
págs. 73-93.
COHEN, S. (1984), «Tests of susceptibility/hypnotizability», en W Wester y A. Smith (comps.),
Clinical hypnosis: A multidisciplinary approach, Filadelfia, Lippincott, págs. 73-81.
GRINDER, J. y BANDLER, R. (1981), Trance-formations: Neuro-Linguistic Programming and the
structure of hypnosis, Moab, UT, Real People Press.
HAMMOND, D. (comp.) (1990), Handbook of hypnotic suggestions and metaphors, Nueva York,
Norton.
HlLGARD, E. (1965), The experience of hypnosis, Nueva York, Harcourt, Brace & World.
KIRSCH, I., LYNN, S. y RHUE, J. (1993), «Introduction to clinical hypnosis», en J. Rhue, S. Lynn e
I. Kirsch (comps.), Handbook of clinical hypnosis, Washington, DC, American
Psychological Association, págs. 3-22.
SPIEGEL, H. y SPIEGEL, D. (1987), Trance and treatment: Clinical uses of hypnosis, Washington,
DC, American Psychiatric Press.
WEITZENHOFFER, A. (1989), The practice of hypnotism, vol. 1, Nueva York, John Wiley & Sons.
ZEIG, J. (1985), «Therapeutic patterns of Ericksonian influence communication», en J. Zeig
(comp.), The evolution of psychotherapy, Nueva York, Brunner/Mazel, págs. 392-406.
CAPÍTULO 15: Inducción del estado hipnótico formal

Este capítulo trata de la segunda fase de la interacción hipnótica: la inducción hipnótica y la


intensificación («profundidad») del estado hipnótico. La inducción tiene varios propósitos:

1. Proporciona un estímulo concreto para que el cliente centre la atención, sirviendo de


puente entre el «estado despierto normal» y el hipnótico (Spiegel y Spiegel, 1987).
2. Ocupa la mente consciente y al hacerlo la disocia a medida que amplifica las
capacidades asociativas de la mente inconsciente. Esta es la principal función de la
inducción: facilitar la disociación de lo consciente y lo inconsciente. El grado de
disociación obtenido es la medida general de la profundidad de la experiencia
(Watzlawick, 1978; Zeig, 1980).
3. Permite la construcción de un «grupo de respuestas», un patrón característico para
responder a la guía del clínico (Erickson y Rossi, 1979); Hammond, 1990).

La inducción hipnótica, como estímulo de la experiencia hipnótica, obviamente


desempeña un papel fundamental en la cualidad total de la interacción. Existen tantas
inducciones como practicantes de la hipnosis y puesto que no es práctico ni deseable hacer
una lista de todas he incluido sólo algunas de las más útiles y comunes. Las he dividido en dos
categorías generales: las inducciones tradicionales y el enfoque de la utilización. Este capítulo
presentará algunas de las inducciones tradicionales; los enfoques de la utilización se comentan
en el siguiente capítulo.

Inducciones hipnóticas tradicionales


Al usar el término «tradicional» para describir las inducciones presentadas en este
capítulo quiero expresar dos significados. La primera aplicación es la de la traducción literal del
término «tradicional». Estas técnicas se han usado de manera efectiva durante mucho tiempo,
transmitidas de generación en generación por los hipnotistas. La segunda se debe a la
asociación con el modelo tradicional de hipnosis descrito antes, en el que el proceso de
inducción es muy directivo y ritualista. El modelo tradicional presupone la necesidad de un ritual
formal para que se produzca la hipnosis, lo que supone una perspectiva innecesariamente
limitadora.
Cada una de estas inducciones tradicionales tiene frases y conceptos clave que son
esenciales para la técnica y deben estar necesariamente presentes para emplearla. Estas
técnicas son inestimables en la práctica de la hipnosis clínica, y se deberían dominar como
habilidades básicas de hipnosis. Al presentarlas aquí, se supone que se han tenido suficientes
oportunidades para desarrollar suficiente sensibilidad a las variables de comunicación para
apreciar que, por muy estructuradas que estén, se tendrán que variar de un cliente a otro
(Weitzenhoffer, 1989).

Inicio de la inducción a la hipnosis

Al inicio de la inducción generalmente habrá ciertas respuestas mínimas que el


terapeuta querrá obtener de su cliente. Sugerir, directa o indirectamente, que el cliente se
ponga en una posición física cómoda es un buen punto de inicio. La inmovilidad general
(catalepsia) y el esfuerzo extra que supone reajustarse a la posición mientras se está
hipnotizado hace que merezca la pena asegurarse de que la persona está en una posición en
la que puede permanecer sin esfuerzo durante tiempo. Una segunda consideración es sugerir
un ritmo de respiración cómodo; el terapeuta se dará cuenta con la experiencia de que la
anticipación y la fascinación muchas veces llevan al cliente a respirar de manera irregular e
incluso a contener la respiración inconscientemente. Una tercera consideración es sugerirle
que cierre los ojos al principio para empezar a centrarse en su interior (Coe, 1993).
Cuando el cliente ya está cómodo y responde cada vez más al clínico, la inducción ya
está en marcha. Llegados aquí, hay técnicas específicas para facilitar la hipnosis.
Técnicas de relajación muscular progresiva

La relajación muscular progresiva implica ofrecer sugestiones de relajación de los


diferentes grupos musculares del cuerpo de manera secuencial.
El cuerpo se divide en tantos o tan pocos grupos musculares específicos como uno
desee, dependiendo de lo corto o largo que piense el terapeuta que ha de ser el proceso
(Kirsch, Lynn y Rhue, 1993).
Con el tiempo se establece una asociación con la relajación a la mera mención del
terapeuta de la relajación corporal; así, con poco tiempo de práctica, el cliente puede obtener la
respuesta de relajación muy rápidamente.
Una segunda variación de la técnica de relajación muscular progresiva implica el
mismo principio. Usando la cuenta atrás (asociando un número a cada grupo muscular, por
ejemplo «10... relaje sus pies... 9... relaje las pantorrillas y espinillas...») como parte del
proceso, en sesiones posteriores se puede contar simplemente hacia atrás en la secuencia
condicionada y cada número provocará la respuesta de relajación asociada para dicho grupo
muscular particular.
Una tercera variación de esta técnica se llama «relajación muscular profunda». En esta
técnica, la progresión a lo largo del cuerpo es la misma, pero se instruye al cliente para que
tense deliberadamente los músculos del grupo específico que se está trabajando. Se hace que
el cliente mantenga la tensión durante unos 10 segundos y que los relaje luego. La relajación
de los músculos es inmediata y considerable.

Experiencia de una escena relajada

Esta técnica consiste en ofrecer sugestiones a los clientes para que se imaginen en
algún lugar especial en el que se sientan muy relajados, seguros y felices. Como se describen
los detalles del lugar, los clientes pueden experimentar más y más la sensación de estar allí.
Cualquier lugar en el que los clientes se sientan cómodos es suficiente para que esta
técnica sea eficaz. En el caso de que los clientes no tengan en su experiencia un lugar en el
que se sientan bien para ir, lo pueden imaginar; casi todo el mundo tiene algún lugar en la
fantasía al que les gustaría viajar (Smith y Wester, 1984).

Fijación ocular

Si no es la técnica más vieja para inducir la hipnosis, ciertamente la «fijación ocular» sí


es una de las más viejas. Esta técnica implica hacer que el cliente fije la mirada en algún
estímulo específico. El estímulo puede ser prácticamente cualquier cosa; un punto en el techo o
la pared, el pulgar del clínico, un reloj suspendido o una bola de cristal, un fuego en la
chimenea, una vela, un acuario, un reloj de arena, etc., cualquier cosa que pueda absorber la
atención del cliente el tiempo suficiente para que responda a las sugestiones de relajación
simultáneas que satisfagan esta técnica.
A medida que el cliente mira fijamente al estímulo, se le ofrecen sugestiones para que
se dé cuenta de cualquier detalle observable y, al fijar la mirada, se va relajando cada vez más.
Hacer observaciones acerca del parpadeo del cliente, acompasar las palabras al ritmo
de su parpadeo e incluso modelar el cierre de los ojos pueden sugerir otras respuestas
deseadas (Coe, 1993).

Métodos de contar

Los métodos de inducción de contar generalmente consisten en contar hacia atrás (a


medida que se entra en niveles de hipnosis más profundos) al mismo tiempo que se ofrecen
sugestiones de relajación y comodidad entre los números (Miller, 1979).
El método del «como si»

Generalmente es un buen método para los clientes más «difíciles» y es un patrón que
no implica dar sugestiones directas a los clientes para que respondan de una manera concreta,
sino sugestiones para actuar «como si» estuvieran respondiendo de la manera deseada. En
términos de resultados, el límite de dónde acaba el actuar y dónde empieza la realidad es
ambiguo puesto que ambas respuestas son idénticas.
Se debe sugerir que el cliente actúe «como si» estuviera cómodo, relajado, pensando
en un momento agradable o cualquier cosa que prepare el terreno para que el cliente
experimente realmente las sugestiones sin que se haga ninguna petición personal real (Grinder
y Bandler, 1981).

Técnicas de intensificación (profundización)


Las técnicas que se presentan en esta sección se han usado tradicionalmente para
intensificar el estado hipnótico del cliente después de administrar la inducción formal.

Las escaleras (o el ascensor) que bajan

En esta técnica se le dice al cliente que se imagine (vea, oiga, sienta) a sí mismo en el
tramo más alto de unas «escaleras especiales» o en un «ascensor especial». A medida que
baja las escaleras experimenta que se va relajando con cada paso, y puede sentirse más
profundamente hipnotizado. O, a medida que pasa por cada piso al descender en el ascensor,
nota que se siente más profundamente hipnotizado (Smith y Wester, 1984).

Compuestos de palabras

En el capítulo sobre patrones básicos de comunicación en hipnosis, comentamos el


«encadenamiento», también llamado «compuesto verbal», que consiste en enlazar una
sugestión con otra de acuerdo con la fórmula «A medida que usted X, puede Y» (por ejemplo,
«a medida que lee esto, empieza a entender los compuestos de palabras»). El compuesto
verbal sirve para profundizar construyendo continuamente respuestas nuevas en el marco de
respuestas pasadas y, así, intensificando la experiencia hipnótica.
El «compuesto manual» consiste en enlazar sugestiones verbales con la experiencia
física. Como técnica para profundizar en el estado hipnótico, puede tomar la forma de
sugestiones de entrar en un estado hipnótico más profundo a medida que se experimentan
sensaciones físicas que refuerzan las sugestiones (por ejemplo, «mientras que su brazo cae
lentamente hacia un lado, usted entra más profundamente en la hipnosis»).

Cerrar el ojo de la mente

Esta técnica implica ofrecer sugestiones respecto a la presencia del «ojo de la mente»
como esa parte de la mente que permanece activa pensando e imaginando a medida que
avanza la hipnosis. Con sugestiones para el «párpado de la mente», similar a las sugestiones
de la «fijación del ojo» de que «los párpados se vuelven pesados», el cliente puede eliminar
lentamente el acceso a los pensamientos e imágenes dispersos y experimentar un estado de
hipnosis más profundo.
Esta técnica tal vez sea una manera efectiva de «apagar» buena parte del diálogo
interno que fluye continuamente en cada uno de nosotros, haciendo que la hipnosis sea más
fácil de experimentar.

Silencio

El silencio es una técnica útil para profundizar en la hipnosis si se utiliza bien. Después
de la inducción, se ofrecen sugestiones con el efecto de que el cliente ahora puede «tener un
tiempo de silencio para disfrutar de la relajación de la hipnosis, a la vez que profundiza en la
experiencia».

Inducciones poshipnóticas y reinducción

Esta técnica, también llamada «refracción» consiste en dar al cliente previamente


hipnotizado una sugestión poshipnótica para que, al volver a inducir la hipnosis, ésta sea más
profunda y más rápida. El clínico guía a la persona hacia dentro y hacia fuera de la hipnosis
varias veces en la misma sesión (Gilligan, 1987; Werner, 1984). Ésta es una técnica excelente
para aquellos que, por cualquier razón, tienen dificultades de atención (esto es, un trastorno de
déficit de atención, dolor físico, depresión o cualquier otra cosa que dificulte la capacidad para
centrarse).

Resumen
En este capítulo se han presentado algunos de los métodos más comunes y útiles para
inducir y profundizar en el estado hipnótico de acuerdo con los enfoques tradicionales y
estructurados. Cualquier cosa que haga que la persona centre la atención y facilite
sentimientos de confort y bienestar se puede usar como inducción. Los métodos que hemos
presentado aquí pretenden ofrecer una base sobre la que poder construir.

Bibliografía
COE, W. (1993), «Expectations and hypnotherapy», en J. Rhue, S. Lynn e I. Kirsch (comps.),
Handbook of clinical hypnosis, Washington, DC, American Psychological Association,
págs. 73-94.
ERICKSON, M. y ROSSI, E. (1979), Hypnotherapy: An exploratory casebook, Nueva York,
Irvington.
GILLIGAN, S. (1987), Therapeutic trances: The cooperation principie in Ericksonian
hypnotherapy, Nueva York, Brunner/Mazel.
GRINDER, J. y BANDLER, R. (1981), Trance-formations: Neuro-Linguistic Programming and the
structure of hypnosis, Moab, UT, Real People Press.
HAMMOND, D. (comp.) (1990), Handbook of hypnotic suggestions and metaphors, Nueva York,
Norton.
KIRSCH, I., LYNN, S. y RHUE, J. (1993), «Introduction to clinical hypnosis», en J. Rhue, S. Lynn e
I. Kirsch (comps.), Handbook of clinical hypnosis, Washington, DC, American
Psychological Association, págs. 3-22.
MlLLER, M. (1979), Therapeutic hypnosis, Nueva York, Human Sciences Press.
SMITH, A. y WESTER, W. (1984), «Techniques of induction and deepening», en W. Wester y A.
Smith (comps.), Clinical hypnosis: A multidisciplinary approach, Filadelfia, Lippincott,
págs. 42-72.
SPIEGEL, H. y SPIEGEL, D. (1987), Trance and treatment: Clinical uses of hypnosis, Washington,
DC, American Psychiatric Press.
WATZLAWICK, P. (1978), The language of change, Nueva York, Basic Books.
WEITZENHOFFER, A. (1989), The practice of hypnotism, vol. 1, Nueva York, John Wiley & Sons.
WERNER, T. (1984), «Hypnosis in psychiatry», en W. Wester y A. Smith (comps.), Clinical
hypnosis: A multidisciplinary approach, Filadelfia, Lippincott, págs. 353-367.
ZEIG, J. (comp.) (1980), A teaching seminar with Milton H. Erickson, M. D., Nueva York,
Brunner/Mazel.
CAPÍTULO 16: Inducciones hipnóticas naturalistas

Las inducciones hipnóticas estructuradas presentadas en el capítulo anterior se basan en el


supuesto general de que la hipnosis es un estado especial, o incluso artificial.
En el enfoque de la utilización se considera que la hipnosis no es ni un fenómeno
extraordinario ni uno creado artificialmente. Más bien se ve la hipnosis como una experiencia
natural que ocurre rutinariamente en casi todo el mundo. Al adoptar esta perspectiva, el clínico
hábil debe reconocer las respuestas hipnóticas tal como ocurren de forma natural en el curso
de la interacción clínica y utilizarlas como base sobre la que construir de manera significativa.
En otras palabras, el clínico puede crear respuestas hipnóticas a partir de patrones hipnóticos
de comunicación que capten la atención del cliente y la centren en experiencias
terapéuticamente significativas. Las instrucciones del cliente en este enfoque normalmente
están más orientadas en el proceso que en el contenido. Muchas veces no hay un inicio, mitad
y final claros como en las inducciones utilizadas en las transiciones, más claras, de los
enfoques más estructurados y orientados al contenido del capítulo anterior (Erickson, 1958;
Haley, 1973).
Conseguir y mantener la atención del cliente es un punto de inicio para la interacción
hipnótica. Hablar de manera significativa de qué es lo que llevó a la persona a buscar
tratamiento, contar historias absorbentes que sean paralelas a la experiencia del cliente, y
comportarse de maneras inesperadas son tres técnicas muy comunes para atraer la atención.
Se empieza a construir a medida que la atención del cliente se va dirigiendo al clínico, y se
hace utilizando dicha atención y a partir de las experiencias del cliente, reconociéndolas y
sugiriéndole (directa o indirectamente) que puede expandirse más. Cuando el clínico se da
cuenta de las respuestas hipnóticas (absorción, cambios en la respiración, postura fija,
disipación de la tensión muscular, etc.) puede empezar a implicar a la persona en el proceso de
inducción hipnótica y entrar en estados más profundos mediante las técnicas naturalistas
descritas en este capítulo (Lynn, Neufeld y Matyi, 1987; O'Hanlon, 1987; Otani, 1989a; Zeig y
Rennick, 1991).

Inducciones naturalistas

Utilización de experiencias hipnóticas pasadas

La técnica de inducción de «usar experiencias hipnóticas pasadas» implica las


siguientes categorías generales de experiencias previas sobre las que se construye: a)
experiencias informales con la hipnosis que la gente puede tener durante el curso normal de la
vida diaria sin darse cuenta de que son hipnóticas; b) experiencias formales con la hipnosis,
específicamente las ocasiones anteriores en las que el cliente experimentó la hipnosis de
manera exitosa. Cualquiera de las dos se ofrece tanto desde la estructura orientada al proceso
como desde la estructura llena de contenido, que se describirá más adelante en esta sección.
En el enfoque de construir a partir de experiencias informales con la hipnosis, la fase
de absorción atencional normalmente implica ciertos comentarios de preinducción sobre la
naturaleza de este fenómeno a medida que se explora la asociación del cliente con él. En algún
punto, el clínico puede empezar a modelar la atención, la inmovilidad y el enlentecimiento de la
respiración, y describir hipnóticamente una o más situaciones naturales en las que se produce
la hipnosis. Dichas situaciones pueden incluir conducir durante períodos de tiempo largos,
quedar absorto leyendo un libro o viendo una película, un masaje o un jaccuzi, soñar despierto,
rezar y cualquier otra situación en la que la persona ha tenido la experiencia de quedar absorto
o centrarse fijamente. El cambio no verbal de un tono de voz y ritmo conversacionales y
rutinarios a uno más lento, más bajo y articulado de manera más significativa es fundamental
para guiar a la persona hacia el recuerdo sugerido del estado hipnótico natural que había
experimentado previamente. Mediante la absorción en dicho recuerdo, las respuestas
hipnóticas (es decir, las ideodinámicas) empiezan a surgir en el aquí y ahora y el cliente se
puede dar cuenta, las puede aceptar y utilizar de acuerdo con la fórmula del encadenamiento
«a medida que usted experimenta esto, puede notar aquello». El cliente no necesita tener los
ojos cerrados para experimentar la hipnosis, pero el clínico, si lo desea, puede sugerirlo
mediante una sugestión directa para que lo haga.
En el enfoque de la construcción a partir de la experiencia formal con hipnosis, la fase
de preinducción normal puede centrar la atención del cliente en un rango de posibilidades que
la hipnosis permite y en cómo la experiencia previa con la hipnosis logra que las experiencias
futuras sean más satisfactorias y exitosas. Merece la pena reiterar un punto mencionado en un
capítulo anterior sobre la exploración de la naturaleza y la calidad de las experiencias
hipnóticas previas del cliente. Si éste ha tenido experiencias positivas y significativas con la
hipnosis, el clínico tendrá una base sólida sobre la que construir. Si ha tenido experiencias
negativas (es decir, una que fue como mínimo poco exitosa y como máximo dolorosa), el clínico
tendrá que ser prudente y hacer las menores referencias posibles a dicha experiencia durante
el curso de la hipnosis. Plantear preguntas sobre las técnicas usadas e identificar las variables
situacionales e interpersonales que operan al mismo tiempo evitará al terapeuta duplicar
inconscientemente experiencias previas negativas.
Si el cliente ya ha tenido antes una experiencia positiva con la hipnosis, un enfoque
lleno de contenido usando la experiencia hipnótica formal puede consistir en implicarlo en un
relato detallado y cada vez más enlentecido de dicha experiencia. Este enfoque normalmente
implica un alto grado de interacción a medida que la inducción progresa, en la que el clínico
simultáneamente hace preguntas al cliente, le sugiere posibles respuestas y construye a partir
de éstas a medida que se producen. El mecanismo de inducción es estructuralmente el mismo
que al usar experiencias hipnóticas informales previas: a medida que la persona va quedando
absorta por el recuerdo, las respuestas asociadas al mismo se vuelven más pronunciadas en el
aquí y ahora. El clínico reconoce, acepta, y utiliza dichas respuestas, estableciendo la meta de
la interacción.
Usar las experiencias previas del cliente con la hipnosis, ya sea formal o informal, es
uno de los procesos de inducción más eficaces y de más profundización. Es un enfoque
espontáneo y estructurado de manera laxa que genera poca resistencia porque «no estamos
hablando de ahora, estamos hablando de entonces». La distancia psicológica extra marca una
diferencia. En suma, las técnicas que implican el uso de experiencias hipnóticas pasadas son
de confianza y flexibles y, bien practicadas, pueden contener una porción significativa del
repertorio de inducción del terapeuta (Grinder y Bandler, 1981; Zeig, 1988).

Lograr que el cliente se centre en aspectos internos

El proceso de inducción para que el cliente se centre en aspectos internos consiste en


ofrecer afirmaciones a cierto ritmo sobre los estímulos externos de los que el cliente puede ser
consciente en el momento, y al mismo tiempo ofrecer afirmaciones que definan las respuestas
internas que el cliente llega a experimentar. Esto se obtiene en cualquier proporción al ofrecer
afirmaciones que se consideren útiles. En otras palabras, el número de sugestiones
externamente orientadas que se ofrece por cada sugestión orientada a la experiencia interna
depende únicamente de la capacidad de respuesta del cliente.
Una vez realizada la evaluación respecto a si el cliente está centrado interna o
externamente en el momento en el que el clínico desee empezar su inducción, se puede decidir
qué proporción entre pasos externos e indicaciones internas sería eficaz, modificándola tanto
como sea necesario en función de las respuestas del cliente. Algunos clientes al principio están
tan internamente centrados que el clínico sólo tiene que hacer inducciones como «usted puede
quedar hipnotizado ahora». Otros estarán tan centrados en lo externo que quizá requieran
cinco o incluso diez pasos antes de ofrecer ninguna indicación interna. A medida que avanza la
inducción, se hacen cada vez menos afirmaciones orientadas hacia lo externo mientras que se
ofrecen cada vez más sugestiones orientadas hacia lo interno.
Los aspectos internos y externos, juntamente con diferentes combinaciones de
distintas modalidades, estilo y estructura, ofrecen una amplia gama de posibilidades (Grinder y
Bandler, 1981).

Inducciones metafóricas con sugestiones entremezcladas


En vez de usar la experiencia personal del cliente como base para la inducción se
pueden emplear metáforas que describan la experiencia de alguna otra persona, animal o cosa
en cualquier otro momento y lugar. De esta manera, el grado de separación es incluso mayor y,
por lo tanto, hay mayor posibilidad de reducir la amenaza personal.
La explicación de las dinámicas específicas para la construcción de metáforas
significativas podría llenar libros; aquí las presentamos sólo de forma superficial. Cuando se
formula una metáfora para la inducción de la hipnosis es útil saber algo sobre los intereses,
valores y aficiones de la persona. Es más probable que capten y mantengan el interés del
cliente aquellas metáforas construidas en torno a cosas que ya forman parte de su estilo de
vida. Por supuesto, también lo harán las cosas que tengan una naturaleza intrínsecamente
fascinante. Cuanto mayor sea la base de conocimiento y experiencia que tiene el clínico, más
sofisticadas serán sus metáforas. La metáfora como método de inducción puede presentar las
experiencias de otros clientes, construir un rapport con el cliente, identificarse con el personaje
de la historia, y confundirlo respecto a la razón por la que se está contando la historia. Esto
estimula la búsqueda de significado y relevancia, consiguiendo que el cliente se centre en
aspectos internos y sea receptivo a las siguientes intervenciones (Barker, 1985; Brown, 1993;
Eisen, 1993; Hammond, 1990; Lankton y Lankton, 1989; Mills y Crowley, 1988).

Inducción a través de sugestiones negativas

En aquellos clientes en los que el control es un aspecto personal fundamental, es


frecuente encontrar una tendencia a responder negativamente o de manera contraria. Si el
clínico dice «es de día», el cliente responderá con un estilo polar de desacuerdo diciendo «es
de noche».
En la interacción hipnótica, el estilo de respuesta negativa se puede aceptar y utilizar al
servicio de la inducción y de su utilización. El principio subyacente al uso de las sugestiones
negativas es «vencer al otro con sus propias armas». Cuando se ofrecen sugestiones
negativas al cliente crítico y controlador, él puede rechazarlas de forma natural y responder de
manera opuesta. Conociendo la tendencia del cliente a responder de dicha manera, el clínico
puede usar sugestiones negativas que el cliente rechazará para conseguir las respuestas
opuestas realmente deseadas. Sin embargo, hay que ir con cuidado porque ofrecer dichas
sugestiones puede parecer un truco muy obvio a no ser que se ofrezcan de una manera muy
congruente y significativa.
El uso de sugestiones negativas en la fase de inducción de la interacción hipnótica
pretende usar la resistencia del cliente para ayudarle a entrar en la hipnosis. Llegados a un
cierto punto el cliente se da cuenta de que todas las sugestiones respecto a que no se relaje,
no se deje llevar, no se centre internamente, etc., han tenido el efecto de facilitar el logro de la
hipnosis. Esto puede ser, y normalmente es, un momento decisivo en la relación. El cliente se
dejó guiar por el clínico y no sólo sobrevivió sino que encontró la experiencia agradable y
relajante. El alivio que produce no tener que luchar para mantener el control tiene un profundo
impacto en el cliente, que ha aprendido de la experiencia que todavía puede tener el control sin
tener que enfrentarse a los demás. Esto sirve como base para futuras experiencias hipnóticas
realizadas en un marco más positivo (Grinder y Bandler, 1981; Erickson y Rossi, 1979;
Johnson, 1988).

Inducción mediante técnicas de confusión

Las técnicas de confusión se encuentran entre los patrones hipnóticos más complejos
de aprender porque tienden a confundir. Estas técnicas rompen deliberadamente la
organización mental cotidiana para aumentar la probabilidad de que funcione una sugestión.
Cuando las personas están confusas se DETIENEN. Y entonces se centran en lo
interno (un estado hipnótico autoinducido) a medida que organizan rápidamente todo lo que
saben para resolver la confusión. Mientras que la mente consciente de la persona está tan
preocupada por dar sentido a algo, la inconsciente está más disponible para las sugestiones.
Las técnicas de confusión pueden tomar gran variedad de formas, pero generalmente
entran dentro de una de estas categorías: las técnicas de interrupción y las de sobrecarga. Las
de interrupción consisten en decir y/o hacer algo para interrumpir el estilo de respuesta rutinaria
de la persona en una área determinada.
La sobrecarga sensorial implica sobrecargar la mente consciente de la persona con
información proveniente de múltiples fuentes que no se pueden sostener; así la inconsciente
está implicada en un mayor grado.
Las técnicas de confusión con el propósito de realizar una inducción requieren una
presentación clara por parte del clínico, que debe saber lo que está haciendo en cada
momento. También requieren cierta disociación por parte del clínico para no quedar atrapado
por la confusión que él mismo está creando (Erickson, 1964; Gilligan, 1987; Otani, 1989b).

Conclusión
Los enfoques presentados en este capítulo se encuentran entre los medios más
espontáneos y eficaces para inducir a estados hipnóticos de una manera naturalista. La
incapacidad de poder ser descritos palabra por palabra es uno de sus puntos fuertes. Los
clínicos que desarrollan habilidades en el uso de estos enfoques lo lograrán sólo a través de
múltiples sesiones de práctica observando cuidadosamente las respuestas del cliente al mismo
tiempo que desarrollan flexibilidad para transformar cada respuesta obtenida en otra que
intensifique la calidad de la intervención.

Bibliografía
BARKER, P. (1985), Using metaphors in psychotherapy, Nueva York, Brunner/Mazel.
BROWN, P. (1993), «Hypnosis and metaphor», en J. Rhue, S. Lynn e I. Kirsch (comps.),
Handbook of clinical hypnosis, Washington, DC, American Psychological Association,
págs. 291-308.
ElSEN, M. (1993), «Psychoanalytic and psychodynamic models of hypnoanalysis», en J. Rhue,
S. Lynn e I. Kirsch (comps.), Handbook of clinical hypnosis, Washington, DC, American
Psychological Association, págs. 123-149.
ERICKSON, M. (1958), «Naturalistic techniques of hypnosis», American Journal of Clinical
Hypnosis, 1, págs. 3-8.
ERICKSON, M. (1964), «The confusión technique in hypnosis», American Journal of Clinical
Hypnosis, 6, págs. 185-207.
ERICKSON, M. y ROSSI, E. (1979), Hypnotherapy: An exploratory casebook, Nueva York,
Irvington.
GlLLIGAN, S. (1987), Therapeutic trances: The cooperation principie in Ericksonian
hypnotherapy, Nueva York, Brunner/Mazel.
GRINDER, J. y BANDLER, R. (1981), Trance-formations: Neuro-Linguistic Programming and the
structure of hypnosis, Moab, UT, Real People Press.
HALEY, J. (1973), Uncommon therapy, Nueva York, Norton.
HAMMOND, D. (comp.) (1990), Handbook of hypnotic suggestions and metaphors, Nueva York,
Norton.
JOHNSON, L. (1988), «Naturalistic techniques with the "difficult" patient», en J. Zeig y S. Lankton
(comps.), Developing Ericksonian therapy: State of the art, Nueva York, Brunner/Mazel,
págs. 397-413.
LANKTON, C. y LANKTON, S. (1989), Tales of enchantment: Goal-oriented metaphors for adults
and children in therapy, Nueva York, Brunner/Mazel.
LYNN, S., NEUFELD, V. y MATYI, D. (1987), «Inductions versus suggestions: Effects of direct and
indirect wording on hypnotic responding and experience», Journal of Abnormal
Psychology, 96, págs. 76-79.
MlLLS, J. y CROWLEY, R. (1988), Therapeutic metaphors for children and the child within, Nueva
York, Brunner/Mazel.
O'HANLON, W. (1987), Taproots, Nueva York, Norton.
OTANI, A. (1989a), «An empirical investigation of Milton H. Erickson's approach to trance
induction: A Mark or chain analysis of two published cases», en S. Lankton (comp.),
Ericksonian hypnosis: Application, preparation research, Nueva York, Brunner/Mazel,
págs. 55-68.

OTANI, A. (1989b), «The confusión technique untangled: Its theoretical rationale and
preliminary classification», American Journal of Clinical Hypnosis, 31, págs. 164-172.
ZEIG, J. (1988), «An Ericksonian phenomenological approach to therapeutic hypnotic induction
and symptom utilization», en J. Zeig y S. Lankton (comps.), Developing Ericksonian
therapy: State of the art, Nueva York, Brunner/Mazel, págs. 353-375.
ZEIG, J. y RENNICK, P. (1991), «Ericksonian hypnotherapy: A Communications approach to
hypnosis», en S. Lynn y J. Rhue (comps.), Theories of hypnosis: Current models and
perspectives, Nueva York, Guilford, págs. 275-300.
CAPÍTULO 17: Fenómenos hipnóticos y su inducción

Los diferentes fenómenos hipnóticos clásicos que se describirán y definirán en este capítulo
son los ingredientes básicos para las aplicaciones terapéuticas de la hipnosis. Además, son
también los elementos básicos para construir cualquier experiencia; las estructuras de la
hipnosis se pueden reunir para ayudar o para dañar, según sea su contenido.
A continuación presento los fenómenos hipnóticos clásicos en orden alfabético para
que sean una referencia más sencilla.

Alucinaciones y alteraciones sensoriales


Descripción

Las alucinaciones creadas hipnóticamente son experiencias sugeridas que el cliente


puede tener y que se apartan de la realidad normal, más objetiva.
Una alucinación es, por definición, una experiencia sensorial que no surge a partir de la
estimulación externa. Las alucinaciones se dividen en «positivas» o «negativas». Estos
términos no hacen referencia al impacto emocional que tienen en la persona que las
experimenta, sino a la estructura de las mismas.
Una alucinación positiva se define como la experiencia (visual, auditiva, cinestésica,
olfativa, gustativa) de algo que no está objetivamente presente. Una alucinación negativa es no
experimentar sensorialmente algo que está objetivamente presente (es la otra cara de la
alucinación positiva).
Al facilitar las alucinaciones, el clínico está alterando la conciencia de la entrada
sensorial. Guiar a los clientes a situaciones en las que se pueden experimentar a sí mismos o
al mundo de manera diferente obviamente aumenta la gama de experiencias y puede infundir
nuevos recursos valiosos (Bandler y Grinder, 1979; Hilgard, 1986; Weitzenhoffer, 1989).

Enfoques

Las alucinaciones pueden surgir espontáneamente y, de hecho, muchas veces lo


hacen. Para facilitar la experiencia deliberadamente, funciona bien tanto un enfoque directo
como uno indirecto.
Una sugestión directa para experimentar algo suele ser suficiente; normalmente,
cuando el clínico intenta facilitar las alucinaciones, ya se han establecido el rapport y la
responsividad.
Las sugestiones para experimentar alucinaciones, ya sean éstas positivas o negativas,
se deberían ofrecer en una estructura de sugestiones positiva, de manera que los clientes
supiesen lo que deberían experimentar y no lo que no deberían.
También se pueden usar sugestiones indirectas. Sugerir al cliente que sea consciente
de su brazo es una manera indirecta de que no se dé cuenta de su pierna (Bandler y Grinder,
1979; Erickson, Rossi, y Rossi, 1976; Spanos y Coe, 1992; Young, Bentall, Slade y Dewey,
1987).

Amnesia
Descripción

La amnesia es una pérdida de la memoria; descrita de manera simple, es la


experiencia de olvidar algo. El clásico mecanismo de defensa llamado «represión» es el
mecanismo primario de la amnesia hipnótica o estructurada.
Al inducir al cliente a olvidar conscientemente las diferentes sugestiones y experiencias
proporcionadas, se permite que su inconsciente forme su propia respuesta única, libre de usar
la experiencia hipnótica tan creativa e idiosincrásicamente como se desee. Además de ofrecer
sugestiones terapéuticas a la mente inconsciente para que actúe de una manera considerada
correcta, se puede usar la amnesia de manera más directa con el propósito de reprimir
recuerdos dolorosos. Las sugestiones de amnesia en dichos casos es probable que sólo sean
aceptadas cuando se ha producido primero algún tipo de curación (es decir, resolución,
catarsis).
La amnesia en la hipnosis no es automática como muchos creen erróneamente. Si se
motiva a un cliente a recordar sugestiones y experiencias, las recordará (Erickson y Rossi,
1974; Zeig, 1985).

Enfoques

La amnesia, más que cualquier otro de los diversos fenómenos hipnóticos, es menos
probable que se obtenga cuanto más directamente se sugiere. Sugerirle a alguien que «olvide
todo lo que tuvo lugar durante este tiempo» puede ser muy amenazador en ciertos niveles,
incluso para un cliente sensible y obediente. Por lo tanto, para facilitar la amnesia al cliente, los
enfoques indirectos son más aceptables, según mi experiencia.
Hay más probabilidades de que sea aceptado un enfoque directo para la amnesia si se
ofrece de una manera más permisiva. Los enfoques permisivos pueden tener diversas formas:
sugestiones indirectas, cambios atencionales y confusión (Cooper, 1979; Evans, 1986; Hilgard,
1968; Zeig, 1985).

Analgesia y anestesia
Descripción

La analgesia y la anestesia hipnóticamente inducidas están en un continuo de


disminución de la sensación corporal. La analgesia hace referencia a una reducción de la
sensación de dolor que permite notar sensaciones asociadas (por ejemplo, presión,
temperatura, posición) que mantienen la orientación corporal del cliente. La anestesia hace
referencia a la eliminación completa o casi completa de sensaciones en todo el cuerpo o en
una parte del mismo.
El potencial para reducir el dolor a un nivel manejable es un tributo genuino a las
capacidades de la mente humana, y constituye una de las aplicaciones más significativas de la
hipnosis terapéutica. Para trabajar con clientes que sufren dolor se requiere una amplia base
de conocimientos de los principios hipnóticos, de la fisiología humana, de las motivaciones
psicológicas, del procesamiento de información humano y de las dinámicas interpersonales. En
ciertos aspectos es fácil trabajar con clientes que sufren dolor porque (normalmente) tienen un
nivel alto de motivación, aunque en otros aspectos es excepcionalmente difícil trabajar con
ellos debido al impacto del dolor en todos los niveles de sus vidas. Además, uno se debe
acercar a la persona con dolor de manera sensible, apreciando que ese dolor es
frecuentemente algo más que dolor: puede ser una fuente de ansiedad, sentimientos de
impotencia y depresión, aumento de la dependencia y restricción del contacto social.
Incluso el dolor que proviene de causas claramente orgánicas tiene componentes
psicológicos, sobre todo relacionados con cómo experimenta la persona el dolor y sus
consecuencias. Esta dimensión psicológica resulta más abiertamente influida por la hipnosis
por diversas razones, y todas ellas parecen proceder del mayor autodominio que ésta permite.
El miedo y la ansiedad, los sentimientos de impotencia y las expectativas negativas se pueden
reducir usando la hipnosis y también tratar los componentes físicos del dolor, como se puede
ver en las diversas estrategias de curación que utilizan patrones hipnóticos.
Utilizar la hipnosis para controlar el dolor es ventajoso por diferentes razones. Primero
y principal, en mi opinión, es que permite un mayor autocontrol y, por lo tanto, una mayor
responsabilidad personal por el propio nivel de bienestar. Sentirse victimizado, ya sea por el
dolor o por otras personas, lo pone a uno en una posición de indefensión desde la que es difícil
llevar a cabo una curación real. Tener autocontrol es extremadamente importante para una
persona con dolor, y la hipnosis facilita su adquisición.
Segundo, debido a que la capacidad para experimentar la hipnosis es algo natural que
existe en la persona, se puede reducir o incluso eliminar la medicación para el dolor. La
hipnosis no tiene efectos secundarios ni crea adicción. El dolor se reduce en diferente grado en
distintas personas, pero sea cual sea el resultado, éste se obtiene de manera segura y natural.
Tercero, la hipnosis permite un nivel más alto de actuación e intensifica el proceso de
curación. Es importante, a todos los niveles, mantenerla tan activa como la condición de la
persona permita, para, así, establecer una diferencia significativa en el curso del problema. La
expectativa de bienestar, la experiencia de comodidad y la disminución del miedo y la ansiedad
son todos ellos factores importantes a la hora de facilitar la recuperación o, como mínimo, de
retardar el empeoramiento (Brown y Fromm, 1986, 1987; Chaves, 1989, 1993; Crasilneck y
Hall, 1985).

Enfoques

La analgesia surge muchas veces de manera espontánea durante la hipnosis en el


cliente que está suficientemente absorto en la experiencia. Está asociada con la inhibición del
movimiento voluntario (catalepsia) que es evidente en la persona hipnotizada y consiste en la
disminución de la conciencia del propio cuerpo. Por lo tanto, cualquier enfoque que elimine de
manera exitosa las sensaciones del cuerpo que se están considerando puede tener un efecto
analgésico indirecto. Con sesiones de entrenamiento y de práctica reforzada, el cliente con
dolor aprende a distraerse y volver a centrarse en ideas, sentimientos y recuerdos positivos o
en cualquier cosa en la que elija. La enseñanza de la autohipnosis es esencial para que este
enfoque del control del dolor funcione (véase el capítulo 18).
Las sugestiones directas de analgesia consisten en ofrecer sugestiones para la
reducción o la eliminación de la sensación en la parte específica del cuerpo en la que el cliente
siente dolor. Otro enfoque directo, aunque no tanto, es la «anestesia de guante». En este
proceso de alteración sensorial se dan sugestiones al cliente para que experimente anestesia
en una o en ambas manos. Cuando se ha logrado dicha anestesia, se ofrecen sugestiones
respecto a que ésta se puede transferir a cualquier parte del cuerpo que la persona elija.
La disociación física como enfoque para facilitar la analgesia consiste en guiar a los
clientes hacia una experiencia subjetiva en la que su mente y su cuerpo existen en dos niveles
de experiencia diferentes y separados. Puede haber una distancia suficiente entre ellos como
para que el cliente no se dé cuenta de lo que está experimentando su cuerpo.
Otros enfoques para la analgesia incluyen: a) amnesia, en la que se ofrecen a los
clientes sugestiones para que olvide que tiene dolor. Esto impide que la experiencia de dolor
sea continua y establece una forma de conseguir períodos intermitentes y cada vez mayores de
bienestar; b) disminución gradual, en la que se ofrecen sugestiones de que el malestar
disminuye lentamente a lo largo de algún ciclo temporal específico; c) pseudoorientación en el
tiempo, en la que se lleva al cliente a una progresión en el tiempo hasta un momento posterior
a la recuperación; d) distorsión temporal, en la que se amplía la percepción subjetiva de los
momentos de bienestar (véase la última sección de este capítulo sobre distorsión temporal); y
e) regresión, en la que la persona retrocede en el tiempo a un período anterior al surgimiento
del dolor (Barber, 1977; Barber y Adrian, 1982; Erickson, 1966; Erickson, 1983; Hammond,
1990; Hilgard e Hilgard, 1994).

Catalepsia
Descripción

La catalepsia se define como la inhibición del movimiento voluntario asociada al hecho


de centrarse intensamente en un estímulo específico. El grado en el que el cliente está
centrado en las asociaciones desencadenadas por el clínico señala el nivel en el que puede
mostrar respuestas catalépsicas. Dichas respuestas incluyen mirada fija, inmovilidad general, la
«flexibilidad cérea» asociada normalmente al paciente catatónico que mantiene los miembros
en cualquier posición en la que el clínico los coloca, rigidez muscular, movimientos
inconscientes y el enlentecimiento de los procesos físicos básicos como la respiración, el
parpadeo y tragar saliva. Los signos de la catalepsia se pueden considerar, en gran medida,
como indicadores de hipnosis (tanto la inducida formalmente como la espontánea) y por
razones terapéuticas específicas se sugiere que se describan brevemente.
La catalepsia se debe considerar como una de las características más básicas de la
hipnosis, puesto que está, directa o indirectamente asociada, prácticamente con todos los
demás fenómenos hipnóticos. La catalepsia es el resultado de centrarse en una realidad nueva
y diferente, sea la que sea, y establece el camino para permitir distanciarse de la «vieja»
realidad el tiempo suficiente como para crear una experiencia terapéutica de regresión
temporal, analgesia, distorsiones sensoriales, o cualquier otra.
La catalepsia consiste en una gran implicación a uno o más niveles, de manera que
existe un alto grado de actividad y receptividad a la guía del clínico a otros niveles. Por eso un
cliente centrado en un nivel puede tener un brazo colocado en cierta posición y dejarlo allí
porque está más preocupado con otras cosas que con pensar en moverlo.
Las razones terapéuticas para obtener la catalepsia son numerosas, pero se pueden
dividir en dos grupos generales. Tal vez sea una respuesta objetivo en sí misma o servir para
facilitar una implicación hipnótica posterior al reconocer el cliente la capacidad de su mente
inconsciente para responder de manera automática. La catalepsia como respuesta objetivo se
usa, por ejemplo, para ayudar a cualquier paciente cuyos movimientos deban ser mínimos para
recuperarse con mayor rapidez y comodidad. Como facilitadora de una experiencia hipnótica
posterior, la catalepsia es la base para atraer la atención y mantenerla, facilitando así una
mayor actividad independiente de la mente inconsciente y aumentando el grado de implicación
o concentración del cliente (profundización) (Erickson y Rossi, 1976,1979; Weitzenhoffer,
1989).

Enfoques

Cualquier cosa que capte con intensidad el interés del cliente puede facilitar las
respuestas catalépticas, incluyendo historias interesantes, sorpresas o sobresaltos y confusión
(Bloom, 1990; Rossi, 1973). La catalepsia del cliente se logra de manera directa o indirecta,
verbalmente o no verbalmente, según se desee. La forma más común de estimular la
catalepsia es ofrecer simplemente sugestiones generales para la relajación y la inmovilidad.
Probablemente el ejemplo mejor y más práctico para facilitar la hipnosis o la catalepsia
con procedimientos no verbales de sugestión es la técnica de modelamiento indirecto. Usando
su cuerpo como modelo el terapeuta puede cambiar deliberadamente los patrones animados
de conversación rutinaria y mostrar al cliente la inmovilidad potencial del estado hipnótico
(Erickson, 1983, 1985; Gilligan, 1987).

Disociación
Descripción

La disociación se define como la capacidad para romper una experiencia global en las
partes que la componen, ampliando la conciencia por una parte y disminuyéndola por otras.
Desafortunadamente, la mayoría de los terapeutas parecen conocer solamente la disociación
en sus formas patológicas y no han aprendido a facilitar sus aplicaciones terapéuticas.
A través de la disociación, las personas no tienen que estar unidas a su experiencia
inmediata, implicadas y «presentes». Pueden «experimentar a través de los movimientos» sin
estar realmente «allí». La mente consciente se deja llevar hacia algún lugar, preocupada por
cualquier otra cosa que llame su atención y, entonces, la mente inconsciente es libre de
responder de cualquier manera que elija. Cuanto más profundo sea el estado hipnótico, mayor
será el grado de disociación y también la oportunidad de obtener respuestas inconscientes.
La hipnosis implica necesariamente disociación y por eso se ha comentado
anteriormente en este libro la disociación como característica hipnótica básica. La disociación
permite que se produzcan en el cliente respuestas automáticas o espontáneas; los recuerdos
reprimidos u olvidados se pueden recordar, la mano elevarse inconscientemente, el cuerpo
olvidar moverse o darse cuenta de las sensaciones, etc. (Cardena y Spiegel, 1991; Hilgard,
1986; Spiegel, 1993).

Enfoques

Las sugestiones que facilitan la división de la experiencia son sugestiones de


disociación. Por ejemplo, cada una de las inducciones hipnóticas descritas anteriormente
generará una disociación consciente-inconsciente debido al énfasis que aplican en la
capacidad del cliente para experimentar y aprender cosas sin esfuerzo y de manera
automática. A la mente consciente se le dan ideas y experiencias en las que poder centrarse,
mientras que a la inconsciente se le anima a responder de otras maneras y a aprender a
niveles que están fuera de la conciencia.
Las sugestiones directas de división permiten al cliente descubrir (o redescubrir, según
sea el caso) que es posible tener experiencias en diferentes niveles, y que esas experiencias
se pueden producir espontánea y automáticamente, sin planearlas deliberadamente.
La disociación se sugiere de manera indirecta cuando se ofrecen sugestiones sobre un
fenómeno hipnótico particular. El uso de metáforas, confusión y otras formas de sugestión
indirecta facilita la disociación (Bandler y Grinder, 1979; Gilligan, 1987; Grinder y Bandler, 1981;
Hammond, 1990; Watkins y Watkins, 1993).

Distorsión temporal
Descripción

La experiencia del tiempo es puramente subjetiva, y significa que uno experimenta el


paso del tiempo a su manera en cualquier momento dado. El paso del tiempo puede parecer
más rápido o más lento de lo que es objetivamente cierto, dependiendo del foco de atención.
Dichas distorsiones del tiempo tienen lugar en la «hipnosis cotidiana» que todas las personas
experimentan; y, al igual que todas las experiencias que son subjetivas, la del tiempo se puede
alterar deliberadamente mediante la hipnosis (Cooper, 1952; Cooper y Erickson, 1982; Erickson
y Erickson, 1958; Zeig, 1980).

Enfoques

Los enfoques para facilitar la distorsión temporal pueden oscilar entre «apartarse
simplemente del camino» o dejar que la distorsión temporal surja espontáneamente ante las
sugestiones directas o indirectas para que se desarrolle. La distorsión temporal tiende a
aparecer sin sugestiones, puesto que una vez que alguien cierra los ojos y queda absorto en la
experiencia interna (por ejemplo, pensamientos, recuerdos, sensaciones, etc.) el mundo
externo queda en un segundo plano y las posibilidades de hacer una evaluación realista de
cuánto tiempo de reloj ha pasado son menores.
Las sugestiones directas inducidas para que se produzca una distorsión temporal,
especialmente si se ofrecen de forma permisiva, pueden facilitar bien la experiencia.
Las sugestiones indirectas de distorsión temporal plantean de manera amable la noción
de que la experiencia del tiempo se puede alterar. Las sugestiones indirectas, las historias que
contienen ejemplos de experiencias en las que el tiempo se distorsionó, los postulados
conversacionales y los dobles vínculos son todos ellos capaces de facilitar la distorsión
temporal (Alman y Lambrou, 1992; Erickson y Erickson, 1958; Hammond, 1990; Lankton y
Lankton, 1983; Spiegel y Spiegel, 1987).

Finalización del estado hipnótico (desconexión)


Por muy bien que se sienta uno en el estado hipnótico, al final ha de desconectar. La
desconexión es la fase final de la interacción hipnótica. El cliente puede indicar que está
preparado para desconectar mediante una disminución de la concentración de la atención, al
empezar a moverse e incluso a estirarse. El clínico, en el momento que observe dichos signos,
debe tomar la decisión de si el trabajo está acabado por esa sesión o el inicio de la
desconexión del cliente es una forma de evitación que debe ser tratada terapéuticamente.
Cuándo y cómo desconectar es una cuestión de juicio individual, basado en el plan de
tratamiento general y en los logros de la sesión específica.
La mayoría de los enfoques directos de la desconexión (tradicionalmente llamada
«despertar») han empleado el método de contar: «Voy a contar hasta tres y a chasquear mis
dedos y al finalizar usted estará completamente despierto...». Dicho enfoque no es
particularmente respetuoso con las necesidades del cliente de desconectar del estado hipnótico
a su propio ritmo. Esperar que un cliente responda al hecho de que el terapeuta cuente y salga
de la hipnosis simplemente porque éste quiere que así ocurra no da al cliente el tiempo que
necesita para acabar la experiencia cómodamente.
Si el estado hipnótico ha sido informal y espontáneo, el clínico puede decidir ser
coherente con su enfoque ofreciendo sugestiones indirectas para la desconexión.
La forma de acabar la experiencia hipnótica tiene un impacto significativo en el cliente,
puesto que la memoria humana suele ser mayor para los acontecimientos más recientes (el
«efecto de recencia»). En otras palabras, el sentimiento que los clientes tienen de la
finalización de la hipnosis es el que más asociarán a la experiencia hipnótica. Permitir a los
clientes que desconecten a su propio ritmo les dará la oportunidad de sentirse relajados y sin
prisas bajo el cuidado del clínico (Erickson y Rossi, 1981; Kirsch, Lynn y Rhue, 1993; Watkins,
1986).

Progresión temporal
Descripción

La progresión temporal consiste en hacer proyecciones hacia el futuro, en guiar al


cliente hacia el futuro, donde tiene la oportunidad de imaginar las consecuencias de los
cambios o experiencias del presente, de integrar los significados a niveles más profundos y de
obtener una visión general más clara de su vida de la que le ofrece normalmente el día a día.
Así, él puede imaginar cómo estimular una visión retrospectiva cuando todavía es una visión
previa.
La progresión temporal se puede usar, al menos, de dos maneras que son
complementarias. Una es como verificación del trabajo del clínico y la otra es como
intervención terapéutica. Ambas aplicaciones consisten en guiar al cliente a una orientación
futura pero con diferentes propósitos.
Utilizar la progresión temporal para verificar el trabajo del clínico es una manera de
evaluar dos dimensiones muy importantes de la intervención terapéutica. Específicamente se
puede evaluar si los resultados de la intervención serán duraderos y qué impacto tendrán en
última instancia en el sistema de vida del cliente (Erickson, 1954; Havens, 1986; Phillips y
Frederick, 1992).

Enfoques

Los enfoques directos que ayudan a facilitar la progresión temporal están


estrechamente relacionados con los descritos para la regresión: un «vehículo especial» para ir
al futuro, una pantalla de cine en la que se pueda ver una película del futuro, un libro en el que
leer sobre el futuro, y una colección de fotografías sobre acontecimientos futuros son todos
ellos enfoques estructurados para facilitar la orientación o la proyección hacia el futuro.
Las sugestiones indirectas para orientarse hacia el futuro son: a) enfoques metafóricos
(«me gustaría hablarle de un cliente con el que trabajé que se podía imaginar claramente a sí
mismo dos meses después de nuestra sesión haciendo exactamente esto de lo que estamos
hablando nosotros ahora y cuando se vio a sí mismo de esa manera descubrió...»); b) órdenes
entremezcladas («a veces me gusta mirar a mi alrededor y preguntarme qué ocurrirá en el
futuro cuando usted pueda mirar atrás y sentirse bien respecto a los cambios que ha hecho...»);
c) presuposiciones («me pregunto dónde estará usted exactamente y qué es lo que estará
haciendo cuando se dé cuenta felizmente de que no ha fumado en días...»); y d) preguntas
indirectas entremezcladas («Puede hablarme de cómo describirá a sus amigos la manera en
que resolvió este problema ¿no es cierto?»). Cada uno de estos enfoques son ejemplos que
demuestran la capacidad para guiar al cliente hacia una orientación mental para desarrollar
expectativas positivas para el futuro (Shazer, 1978; Hammond, 1990; Lazarus, 1984; Torem,
1992; Yapko, 1988, 1992).

Regresión temporal
Descripción

La regresión temporal es una utilización experiencial intensa de la memoria. Las


técnicas de regresión temporal consisten en hacer que el cliente retroceda en el tiempo a
alguna experiencia para revivirla (llamada «revivificación») como si estuviera ocurriendo en el
aquí y ahora, o hacer simplemente que la persona recuerde la experiencia tan intensamente
como sea posible (llamada «hipermnesia». En la revivificación el cliente está inmerso en la
experiencia, volviéndola a vivir exactamente tal como se incorporó el recuerdo en el momento
en que realmente ocurrió. En la hipermnesia la persona está en el presente y,
simultáneamente, recuerda vívidamente los detalles del recuerdo (Edgette y Edgette, 1995).
La regresión temporal, como categoría de técnicas, ofrece la oportunidad de retroceder
en el tiempo, reciente o remoto, para recuperar recuerdos olvidados y reprimidos de
acontecimientos significativos y para «elaborar» viejos recuerdos y llegar a conclusiones
nuevas (Spiegel, 1993; Weitzenho-ffer, 1989).

Estrategias para la regresión temporal

Si se usa la regresión temporal clínicamente, se pueden emplear al menos dos


estrategias, cada una de las cuales suscita diversas técnicas. La primera estrategia general
tiene que ver con el uso de la regresión para retroceder a experiencias negativas y traumáticas.
Su intención es permitir al cliente liberar sentimientos reprimidos ofreciéndole, al mismo tiempo,
formas nuevas de ver la situación que le ayuden a liberar cualquier influencia destructiva de
dicha experiencia que pueda persistir en su vida. En esta estrategia se emplea tanto la
revivificación como la hipermnesia, dependiendo del juicio del clínico respecto a lo inmerso o
distante que ha de estar el cliente de la experiencia para recibir el máximo beneficio.
La segunda estrategia general es compatible y se puede integrar fácilmente con la
primera. Consiste en usar las capacidades y recursos del cliente que han sido útiles en
situaciones pasadas pero que no se están usando en el presente, desafortunadamente, en su
propio detrimento. Muchas veces las personas tienen capacidades pero no se dan cuenta de
que las tienen, y debido a que no son conscientes y no tienen acceso a ellas, éstas
permanecen dormidas. Al usar la regresión el clínico puede ayudar a los clientes a redescubrir
en su propia experiencia personal aquellas capacidades que les permitirán afrontar las
dificultades del presente de una manera más adaptativa (Edelstein, 1986; Lankton y Lankton,
1983).

Enfoques

Cualquier patrón de comunicación que permita al cliente retroceder en el tiempo es un


enfoque de regresión temporal. Un grupo de patrones de regresión utilizan las sugestiones que
implican usar la propia imaginación como desencadenantes para recuperar experiencias
pasadas. Otros utilizan enfoques más naturalistas y cotidianos para sumergirse en el recuerdo.
Ambos grupos de enfoques pueden ser buenos: depende del cliente.
Los patrones que utilizan la imaginación del cliente incluyen «vehículos especiales»
(por ejemplo un tren, un avión, una máquina del tiempo, una nave espacial, un ascensor y
cosas por el estilo) que pueden transportar al cliente hacia atrás en el tiempo hasta el
acontecimiento que se está tratando. El vehículo especial es un medio artificial, concreto y
orientado hacia un contenido que sirve para estructurar la experiencia y, por lo tanto, requiere
que se dé al cliente una considerable cantidad de detalles para facilitarle el proceso regresivo.
Los enfoques más naturalistas de la regresión temporal consisten en ofrecer
sugestiones indirectas para conectar con el recuerdo sin la formalidad de decir «ahora puedes
retroceder al pasado». Los patrones incluyen hacer preguntas experienciales para orientar a la
persona hacia su propia historia personal y compartir aspectos de sus experiencias personales
o profesionales (por ejemplo, «¿puedes recordar lo bien que te sentías cuando te graduaste?»).
Hacer preguntas para orientar a la persona hacia sus propias experiencias del pasado es un
enfoque que implica que el cliente busque en su pasado y recuerde los acontecimientos
apropiados para responder significativamente. Dicha búsqueda puede empezar como un
recuerdo más distante porque se recuerda sólo cognitivamente, pero con hábiles preguntas se
logra que el cliente se sumerja en su memoria y vuelva a experimentarlo.
Para conseguir que la experiencia de retroceder al pasado sea menos amenazante, el
clínico puede facilitar indirectamente la regresión describiendo sus propias experiencias
relevantes del pasado, o las experiencias de otras personas. Cuando se describe la experiencia
de otros, el cliente tiende a proyectarse de manera natural en la situación que se presenta,
imaginándose cómo se sentiría o actuaría él en dicha situación. Por ejemplo, hablar de la
experiencia de otros cuando eran niños hará que el cliente se identifique basándose en sus
propias experiencias de niño. Por lo tanto, la regresión se produce de manera indirecta
mediante la identificación y la proyección, y el cliente retrocede en el tiempo para recordar o
revivir recuerdos importantes (Erickson y Rossi, 1979).
Otras técnicas de regresión temporal incluyen: a) establecer un puente afectivo o
somático para unir los sentimientos que el cliente tiene en el presente con la primera o una de
las primeras veces que tuvo ese mismo sentimiento o conciencia («...y mientras continúe
siendo consciente de ese "sentimiento abandonado" que ha descrito, puede retroceder en el
tiempo y recordar la primera vez que tuvo ese mismo sentimiento»); b) desorientación temporal,
en la que se emplean sugestiones confusionales para desorientar al cliente del «ahora» y
reorientarlo al «entonces» («Lo que ocurre ahora y entonces es que recordar ahora el entonces
le recuerda ahora el entonces y cuando entonces es tan importante y cuando entonces se
convierte en ahora porque el ayer llevó al hoy y usted puede recordar el ayer como si*fuera im -
portante ahora...»); y c) la progresión y la regresión temporal en la que se guía al cliente
primero hacia el futuro, al momento en el que recuerde las cosas que ocurrieron en el último
año («mira hacia el futuro, al momento en el que puedas mirar hacia atrás...»). Al orientar hacia
el futuro primero, se crea una distancia emocional todavía mayor respecto a las experiencias
pasadas, haciéndolas más fáciles de recuperar y usar terapéuticamente (Erickson, 1954;
Gilligan, 1987; Hammond, 1990; Watkins, 1971).

Respuestas ideodinámicas

Descripción

Las funciones automáticas de los humanos pueden existir al menos a tres niveles
diferentes: motor, sensorial y afectivo. Colectivamente se llaman «respuestas ideodinámicas»
que significa «conversión de una idea a una dinámica». Individualmente las respuestas se
llaman «respuesta ideomotriz», «respuesta ideosensorial» y «respuesta ideoafectiva». Cada
una de ellas es una respuesta automática generada a un nivel inconsciente como reacción a un
estímulo externo o interno.
La respuesta ideomotriz es la manifestación física de la experiencia mental o, en otras
palabras, las reacciones inconscientes del cuerpo ante los pensamientos de la persona.
Las respuestas ideosensoriales son experiencias automáticas de sensación asociada
al procesamiento de las sugestiones. La base para la respuesta ideosensorial es tener la gama
normal de sensaciones y una memoria anestésica de la experiencia de la sensación.
Las respuestas ideoafectivas son las reacciones emocionales vinculadas a las
diferentes experiencias que tiene cada persona. Es difícil, si no imposible, sentirse totalmente
neutral respecto a algo. Por lo tanto, a medida que el cliente experimenta las sugestiones del
clínico inevitablemente salen a la superficie diferentes sentimientos asociados a las ideas
contenidas en las sugestiones.
En la hipnosis, las ideodinámicas son variables importantes por dos razones. Primera,
porque reflejan la experiencia interna del cliente a los niveles en los que se pretende realizar un
cambio. Segunda, porque forman parte de la experiencia terapéutica actual y serán los
componentes de la terapia basados en la acción, los sentimientos y las sensaciones en los que
confiará la persona como base para los cambios en el futuro (Cheek, 1994; Erickson y Rossi,
1979, 1981; Gilligan, 1988; Lankton y Lankton, 1983; Weitzenhoffer, 1989).

Enfoques

A diferencia de la mayoría de los otros fenómenos hipnóticos, las ideodinámicas se


producirán con independencia de lo que haga el clínico. Es prácticamente imposible que el
cliente evite los movimientos corporales inconscientes, o que se abstenga de reexperimentar
sentimientos y sensaciones asociados a las cosas de las que el clínico habla. Para facilitar las
respuestas ideodinámicas hipnóticamente, la cuestión se convierte en si el cliente responde
bien o no a las sugestiones para tener respuestas automáticas específicas.
Preocupar al cliente con el contenido de la sugestión facilita las respuestas
ideodinámicas, puesto que mientras que el cliente se proyecta a sí mismo en la situación
descrita e intenta darle significado, su inconsciente ya está respondiendo (Erickson y Rossi,
1981; Gilligan, 1987).
Conclusión
Las intervenciones clínicas implicarán siempre a todos o a alguno de los fenómenos
hipnóticos. Por lo tanto, es indispensable que el terapeuta sea claro respecto a qué es
realmente cada una de las experiencias subjetivas que la persona es capaz de experimentar.
Antes de aplicarlas de las formas significativas descritas, lo más útil es observarlas tal como
surgen en la vida diaria, intentando descubrir qué estímulos del acontecimiento observado
actuaron como desencadenantes del fenómeno hipnótico.

Bibliografía
ALMAN, B. y LAMBROU, P. (1992), Self-hypnosis: The complete manual for health and self-
change, Nueva York, Brunner/Mazel.
BANDLER, R. y GRINDER, J. (1979), Frogs into princes, Moab, UT, Real People Press.
BARBER, J. (1977), «Rapid induction analgesia: A clinical report», American Journal of Clinical
Hypnosis, 19, págs. 138-149.
BARBER, J. y ADRIÁN, C. (comps.) (1982), Psychological approaches to the management of
pain, Nueva York, Brunner/Mazel.
BLOOM, P. (1990), «The creative process in hypnotherapy», en M. Fass y D. Brown (comps.),
Creative mastery in hypnosis and hypnoanalysis: A festschrift for Erika Fromm, Hillsdale,
NJ, Erlbaum.
BROWN, D. y FROMM, E. (1986), Hypnotherapy and hypnoanalysis, Hillsdale, NJ, Erlbaum.
BROWN, D. y FROMM, E. (1987), Hypnosis and behavioral medicine, Hillsdale, NJ, Erlbaum.
CARDENA, E. y SPIEGEL, D. (1991), «Suggestibility, absorption, and dissociation: An integrative
model of hypnosis», en J. Schumaker (comp.), Human suggestibility: Advances in theory,
research, and application, Nueva York, Routledge & Kegan Paul, págs. 93-107.
CHAVES, J. (1989), «Hypnotic control of clinical pain», en N. Spanos y J. Chaves (comps.),
Hypnosis: The cognitive-behavioral perspective, Buffalo, NY, Prometheus Books.
CHAVES, J. (1993), «Hypnosis in pain management», en J. Rhue, S. Lynn e I. Kirsch (comps.),
Handbook of clinical hypnosis, Washington, DC, American Psychological Association,
págs. 511-532.
CHEEK, D. (1994), Hypnosis: The application of ideomotor techniques, Boston, MA, Allyn &
Bacon.
COOPER, L. (1952), «Time distortion in hypnosis», Journal of Psychology, 34, págs. 247-284.
COOPER, L. (1979), «Hypnotic amnesia», en E. Fromm y R. Shor (comps.), Hypnosis:
Developments in research and new perspectives, Nueva York, Aldine Atherton, págs.
305-351.
COOPER, L. y ERICKSON, M. (1959; 1982), Time distortion in hypnosis: An experimental and
clinical investigation, 2a ed., Nueva York, Irvington.
CRASILNECK, H. y HALL, J. (1985), Clinical hypnosis: Principies and applications, Orlando, Grune
& Stratton.
DESHAZER, S. (1978), «Brief hypnotherapy of two sexual dysfunctions: The crystal ball
technique», American Journal of Clinical Hypnosis, 20, págs. 203-208.
EDELSTEIN, M. (1986), «Age regression», en B. Zilbergeld, M. Edelstein y D. Araoz (comps.),
Hypnosis: Questions and answers, Nueva York, Norton, págs. 155-159.
EDGETTE, J. H. y EDGETTE, J. S. (1995), The handbook of hypnotic phenomena in
psychotherapy, Nueva York, Brunner/Mazel.
ERICKSON, M. (1954), «Pseudo-orientation in time as a hypnotherapeutic procedure»,
International Journal of Clinical and Experimental Hypnosis, 2, págs. 261-283.
ERICKSON, M. (1966), «The interspersal hypnotic technique for symptom correction and pain
control», American Journal of Clinical Hypnosis, 8, págs. 198-209.
ERICKSON, M. (1983), Healing in hypnosis, E. Rossi, M. Ryan y F. Sharp (comps.), Nueva York,
Irvington.
ERICKSON, M. (1985), Life reframing in hypnosis, E. Rossi y M. Ryan (comps.), Nueva York,
Irvington.
ERICKSON, M. y ERICKSON, E. (1958), «Further considerations of time distortion: Subjective time
condensation as distinct form time expansión», American Journal of Clinical Hypnosis, 1,
págs. 83-88.
ERICKSON, M. y ROSSI, E. (1974), «Varieties of hypnotic amnesia», American Journal of Clinical
Hypnosis, 4, págs. 225-239.
ERICKSON, M. y ROSSI, E. (1979), Hypnotherapy: An exploratory casebook, Nueva York,
Irvington.
ERICKSON, M. y ROSSI, E. (1981), Experiencing hypnosis, Nueva York, Irvington.
ERICKSON, M., ROSSI, S. y ROSSI, E. (1976), Hypnotic realities, Nueva York, Irvington.
EVANS, F. (1986), «The importance and role of posthypnotic amnesia», en B. Zilbergeld, M.
Edelstein y D. Araoz (comps.), Hypnosis: Questions and answers, Nueva York, Norton,
págs. 173-180.
GILLIGAN, S. (1987), Therapeutic trances: The cooperation principie in Ericksonian
hypnotherapy, Nueva York, Brunner/Mazel.
GILLIGAN, S. (1988), «Symptom phenomena as trance phenomena», en J. Zeig y S. Kankton
(comps.), Developing Ericksonian therapy: State of the art, Nueva York, Brunner/Mazel,
págs. 327-352.
GRINDER, J. y BANDLER, R. (1981), Trance-formations: Neuro-Linguistic Programming and the
structure of hypnosis, Moab, UT, Real People Press.
HAMMOND, D. (comp.) (1990), Handbook of hypnotic suggestions and metaphors, Nueva York,
Norton.
HAVENS, R. (1986), «Posthypnotic predetermination of therapeutic progress», American Journal
of Clinical Hypnosis, 28, págs. 258-262.
HILGARD, E. (1968), The experience of hypnosis, Nueva York, Harcourt Brace Jovanovich.
HILGARD, E. e HILGARD, J. (1994), Hypnosis in the relief of pain, Nueva York, Brunner/Mazel.
HlLGARD, E. (1986), Divided consciousness: Multiple controls in human thought and action,
Nueva York, John Wiley & Sons.
KIRSCH, I., LYNN, S. y RHUE, J. (1993), «Introduction to clinical hypnosis», en J. Rhue, S. Lynn e
I. Kirsch (comps.), Handbook of clinical hypnosis, Washington, DC, American
Psychological Association, págs. 3-22.
LANKTON, S. y LANKTON, C. (1983), The answer within: A clinical framework of Ericksonian
hypnotherapy, Nueva York, Brunner/Mazel.
LAZARUS, A. (1984), In the mind's eye: The power of imagery for personal enrichment, Nueva
York, Guilford.
NASH, M. (1987), «What, if anything, is regressed about hypnotic age regression? A review of
the empirical literature», Psychological Bulletin, 102, págs. 42-52.
PHILLIPS, M. y FREDERICK, C. (1992), «The use of progressions as prognostic, egostrengthening,
and integrating techniques», American Journal of Clinical Hypnosis, 35, págs. 99-108.
ROSSI, E. (1973), «Psychological shocks and creative moments in psychotherapy», American
Journal of Clinical Hypnosis, 16, págs. 9-22.
ROSSI, E. y CHEEK, D. (1988), Mind-body therapy, Nueva York, Norton.
SPANOS, N. y COE, W. (1992), «A social-psychological approach to hypnosis», en E. Fromm y M.
Nash (comps.), Contemporary hypnosis research, Nueva York, Guilford, págs. 102-130.
SPIEGEL, D. (1993), «Hypnosis in the treatment of post-traumatic stress disorders», en J. Rhue,
S. Lynn e I. Kirsch (comps.), Handbook of clinical hypnosis, Washington, DC, American
Psychological Association, págs. 493-508.
TOREM, M. (1992), «"Back from the future": A powerful age-progression technique», American
Journal of Clinical Hypnosis, 35, págs. 81-88.
WATKINS, J. (1971), «The affect bridge: A hypnoanalytic technique», International Journal of
Clinical and Experimental Hypnosis, 19, 1, págs. 21-27.
WATKINS, J. (1986), «Handling a patient who doesn't come out of trance», en B. Zilbergeld, M.
Edelstein y D. Araoz (comps.), Hypnosis: Questions and answers, Nueva York, Norton,
págs. 445-447.
WATKINS, J. y WATKINS, H. (1993), «Accessing the relevant area of personality functioning»,
American Journal of Clinical Hypnosis, 35, págs. 277-284.
WEITZENHOFFER, A. (1989), The practice of hypnotism, vol. 1, Nueva York, John Wiley & Sons.
YAPKO, M. (1988), When living hurts: Directive for treating depression, Nueva York,
Brunner/Mazel.
YAPKO, M. (1992), Hypnosis and the treatment of depressions, Nueva York, Brunner/Mazel.

YOUNG, H., BENTALL, R., SLADE, P. y DEWEY, M. (1987), «The role of brief instructions and
suggestibility in the elicitation of auditory and visual hallucinations in normal and
psychiatric subjects», Journal of Nervous and Mental Disease, 175, págs. 41-48.
ZEIG, J. (comp.) (1980), A teaching seminar with Milton H. Erickson, M. D., Nueva York,
Brunner/Mazel.
ZEIG, J. (1985), «The clinical use of amnesia: Ericksonian methods», en J. Zeig (comp.),
Ericksonian Psychotherapy: vol. 1, Structures, Nueva York, Brunner/Mazel, págs. 317-
337.
CAPITULO 18: La autohionosis y el sí mismo del
terapeuta

¿Cómo es su medio interno? ¿Es cómodo? ¿Estresante? ¿Generalmente se acepta a usted


mismo o es autocrítico? A lo largo de este libro he enfatizado el papel de la comunicación
(incluyendo la comunicación con uno mismo) ya sea para intensificar o para disminuir la propia
experiencia.
En ciertos aspectos, gran parte de lo que trata la psicopatología es de que las personas
piensan en cosas que les hacen daño (sobre sí mismos, sobre los otros, sobre la vida o sobre
lo que sea) y cometen el error de creer realmente en sí mismos. Por eso cuando alguien se
dice a sí mismo «nunca tendré una buena relación», si acepta que esto es cierto se convertirá
fácilmente en una dolorosa profecía autocumplidora. Ernest Hilgard, una figura muy importante
dentro del mundo de la hipnosis, una vez llamó a la hipnosis la «imaginación creída». Si las
personas llegan a creer en cosas útiles se dicen a sí mismos («puedo hacer esto, incluso
aunque me intimide un poco»), éstos no se identifican o presentan como síntomas. Los
terapeutas sólo oyen hablar de las cosas dolorosas que la gente se dice a sí misma, y de las
consecuencias asociadas.
Yo creo que es una vergüenza que los terapeutas tiendan a centrarse sólo en la
patología y la debilidad en vez de en los puntos fuertes y las habilidades. Creo que cuanto más
se sabe sobre las experiencias internas de la gente que hace algo bien, más se aprende sobre
cómo corregir o volver a centrar a aquellas personas que están actuando mal en esa misma
área. Por ejemplo, las personas que tienen miedo a hablar en público crean vividas imágenes
visuales (normalmente a través de la imaginación) de sí mismas hablando delante de un
auditorio lleno de personas (o incluso delante de unas pocas) que parecen aburridas, irritadas y
antagónicas. Se visualizan a sí mismos con detalle echando a perder su presentación, y
pareciendo tontos a los ojos de los presentes. Entonces tienen todos los sentimientos ansiosos
y aterradores (respuestas ideoafectivas) como si esa imagen fuera real. Las personas que no
tienen miedo a hablar en público no visualizan el fracaso. Los análisis más amplios sobre «por
qué» alguien tiene miedo a hablar en público son totalmente irrelevantes si continúan
generando esas imágenes tan dolorosas. Ningún proceso de relajación puede competir con el
poder de las imágenes que provocan dicha ansiedad si se les permite continuar. La terapia
tiene que interrumpirlas.

Los puntos focales y la calidad de la vida del terapeuta


Gran parte de lo que he dicho sobre la hipnosis se puede resumir sucintamente con
dos palabras: punto focal. Dónde se centra la atención y a qué aspectos de la experiencia se
les presta atención y en cuáles se implica uno determinan en gran medida cómo responde y,
finalmente, cómo se siente uno consigo mismo. Todas las situaciones tienen muchos puntos
focales. Por ejemplo, al hacer hipnosis uno puede centrar su atención en cómo se siente a
medida que realiza la sesión, que palabras dirá y las imágenes que hay en su mente a medida
que las describe. El terapeuta está centrado, por lo tanto, principalmente a nivel interno. Si es
así, está realizando la hipnosis bien. Si la atención no está centrada en el cliente, el terapeuta
perderá la oportunidad de observar y utilizar respuestas espontáneas a medida que éstas
surjan.
En otro ejemplo, si alguien está preocupado y absorto en algún problema (centrado en
lo interno) pero se siente obligado a ir a una fiesta, si no puede cambiar los puntos focales y
orientarse externamente para unirse a los otros, será visto como inaccesible (los demás lo
interpretarán como arrogante, malhumorado o tímido) y conseguirá retroalimentación negativa
como resultado. No será una buena experiencia.
En otro ejemplo, si yo me centro en satisfacer las necesidades del otro, y raramente en
satisfacer las mías, me vuelvo dependiente del otro para tener autoestima, tengo miedo a ser
abandonado, y tristemente, falto de conciencia de mí mismo como persona.
La hipnosis tiene que ver con el cambio de los puntos focales. Consiste en dirigir a las
personas en una dirección o en otra, para que se centren en ideas que pueden facilitar sus
circunstancias. Implica ayudar a la gente a construir el «encuadre mental» para que hagan
cualquier cosa que intenten hacer, para que conecten con los recursos que necesitan para
alcanzar sus objetivos. Por lo tanto, para ser un profesional hábil uno tiene que saber qué
puntos focales hay que tocar para que el cliente tenga éxito.
Ahora ampliemos esta idea al lector. La autohipnosis consiste en aplicarse los mismos
principios a uno mismo. Usando las inducciones que aparecen en este libro, el lector puede
aprender a introducirse en la hipnosis, a dirigir su atención hacia aspectos de la experiencia a
los que normalmente no presta demasiada atención. Uno se puede hablar a sí mismo a través
de los pensamientos, de las cosas que quiere realizar y de cómo las va a realizar. Se puede
usar la imaginación para visualizar el manejo exitoso de circunstancias difíciles, estableciendo
la expectativa de que el éxito puede pasar de ser posible a ser probable. Se puede construir
sobre la base de los sentimientos de deseo y recordar intensamente los sentimientos que van
asociados al hecho de asumir un riesgo inteligente y superarlo; luego se amplían dichos
sentimientos respecto a las preocupaciones que se tienen a mano.
¿Cómo se puede iniciar el aprendizaje de la autohipnosis? La sección de referencias
que aparece al final de este capítulo contiene algunas fuentes de información excelentes para
ampliar la lectura. Yo recomiendo empezar grabando cintas de uno mismo como si fuera el
cliente. Se elige una cuestión sobre la que trabajar, y se graba una cinta de casete en la que
aparece el proceso (el capítulo 21 contiene un ejemplo de un proceso orientado a los objetivos
desde el principio hasta el final, que se puede usar como modelo) que trate de los propios
intereses. Sugiero que se empiece por una cinta por varias razones. La primera es que ¿quién
sabe cómo hablar con usted mejor que usted mismo? Segunda, cuando empiece a practicar la
autohipnosis, al principio su atención se puede distraer. El hecho de tener la cinta como guía
externa le permitirá que su atención vague pero vuelva a centrarse en la cinta. Con la práctica,
la atención se distrae cada vez menos y uno aprende a estar «en camino» durante períodos
cada vez mayores de tiempo. Y por supuesto, se puede acabar la sesión cuando se quiera
reorientándose hacia el «estado despierto» normal y continuando con la agenda diaria.
Finalmente el casete se vuelve irrelevante a medida que uno aumenta la capacidad para entrar
y permanecer hipnotizado sin necesidad de usarlo. Hay que practicar muchas sesiones sin
casete hasta poder realizar una sesión mentalmente sin necesitarlo.
La autohipnosis permite a la persona utilizar cualquier parte de sí misma que le ayude
a beneficiarse más de una situación dada. Define la relación con uno mismo como cooperativa
y respetuosa y no como con un conflicto interno y devaluado.
Para actuar bien como persona, al igual que como terapeuta, el «ambiente interno» se
debe desarrollar y proteger. Es muy cómodo saber que uno puede usar sus habilidades
hipnóticas para mejorar no sólo las vidas de los clientes sino también la propia.

Bibliografía
ALMAN, B. y LAMBROU, P. (1992), Self-hypnosis: The complete manual for health and self-
change, Nueva York, Brunner/Mazel. FROMM,
E. y KAHN, S. (1990), Self-hypnosis: The Chicago paradigm, Nueva York, Guilford.
SANDERS, S. (1991), Clinical self-hypnosis: The power of words and images, Nueva York,
Guilford.
SlMPKINS, C. y SlMPKINS, A. (1991), Principies of self-hypnosis: Pathways to the
unconscious, Nueva York, Irvington.
SOSKIS, D. (1986), Teaching self-hypnosis, Nueva York, Norton.
CAPÍTULO 19: La utilización terapéutica del estado
hipnótico

La esencia de la hipnosis clínica es utilizar la capacidad que tiene cada persona para
experimentarse a sí misma de manera diferente, deliberadamente, para alcanzar objetivos
personales. ¿Qué recursos tiene la gente que les pueden resultar útiles? ¿Qué encuadre
mental necesitan para alcanzar dichos objetivos?

Estructura del síntoma y fenómenos hipnóticos


Anteriormente he descrito los fenómenos hipnóticos clásicos como los bloques sobre
los que se construye la experiencia. Dichos fenómenos, en diferentes combinaciones y grados
de pureza, componen la experiencia, ya sea ésta buena o mala.
En el contexto de la terapia, tener la capacidad de identificar los diferentes fenómenos
hipnóticos asociados a los síntomas del cliente, permite al terapeuta entender de manera
rápida y exhaustiva su problema. Saber la serie de pasos internos que sigue el cliente para
crear los síntomas da al terapeuta la oportunidad de elegir en qué punto de la secuencia cabe
introducir una interrupción que la altere de manera beneficiosa.
El aspecto disociativo de los síntomas es un punto especialmente importante que cabe
valorar. Los clientes normalmente describen los síntomas como algo que «simplemente
ocurre», queriendo decir con ello que no es una respuesta voluntaria. Al definir la terapia como
un patrón de interrupción y uno de construcción, como prácticamente todas las terapias hacen,
queda claro que el papel del terapeuta es establecer nuevas asociaciones respecto a las
conductas, pensamientos y sentimientos disfuncionales o autolimitadores del cliente. Dichas
asociaciones se construyen mejor a través de la experiencia directa como los procesos
hipnóticos o los enfoques experienciales tales como la asignación de tareas o las
prescripciones conductuales.
Utilizar los fenómenos hipnóticos como punto de referencia puede ser una buena
manera de entender la estructura de los síntomas. Cuando dichos fenómenos son evidentes en
la estructura del problema, la solución será establecer nuevas asociaciones usando fenómenos
hipnóticos complementarios. El terapeuta deberá identificar qué fenómenos hipnóticos son
evidentes en los trastornos que trata con más frecuencia (Araoz, 1985; Gilligan, 1987, 1988;
Zeig, 1988).

Patrones de intervención
Las aplicaciones de la hipnosis son tan diversas y tan creativas como el número de
clínicos que trabajan con ella. No existe ningún problema humano que se pueda resolver en
todas las personas mediante una fórmula única. Las sugestiones simples y directas se
consideran un tratamiento posible puesto que funcionan con un porcentaje relativamente
pequeño de población, y los patrones descritos aquí son una respuesta al reconocimiento de
que la mayoría de la gente necesita algo más multidimensional. Es necesario individualizar el
tratamiento y normalmente eso significa adaptar patrones generales de intervención a las
necesidades específicas del cliente. Este proceso es similar al aprendizaje de la gramática y el
vocabulario en el lenguaje, que no impiden que la persona se exprese a su manera. Por lo
tanto, los patrones oscilan entre relativamente simples y muy complejos y sutiles. Los
siguientes son algunos de los más simples y comunes que se suelen usar para intervenir en los
problemas de los clientes.

Cambiar la historia personal


Cambiar la historia personal, como intervención terapéutica, puede implicar regresión o
progresión temporal, catalepsia, disociación, alucinaciones y distorsión temporal. Es apropiado
usar esta estrategia cuando un cliente presenta un problema cuyos orígenes se remontan a
una decisión, tomada en un momento vital temprano, que está demostrando ser desadaptativa.
Una decisión crea muchas experiencias que la mantienen, aunque sea doloroso hacerlo. Por
ejemplo, si un cliente sufrió abusos en la infancia y entonces tomó la decisión (es decir,
estableció la generalización) de que el mundo es un lugar abusivo y que no se puede confiar en
la gente, el clínico puede hacer que el cliente retroceda a sus primeros recuerdos y facilitar la
experiencia (imaginaria) de sentirse querido, cuidado y protegido por los demás. Cuando se
han proporcionado estos recursos de afecto y cuidado y se guía a la persona otra vez hacia
adelante en el tiempo teniendo presentes esos recuerdos olvidados de forma subjetiva, pueden
cambiar los sentimientos que tiene hacia sí mismo y hacia los demás en una dirección más
sana.
Algunas personas integran la nueva experiencia sugerida como si fuera su historia real
(jurando incluso su autenticidad). Otras simplemente están agradecidas por haber tenido la
experiencia y los cambios internos que la acompañan aunque reconozcan que esto formaba
parte de la sesión hipnótica.

Proceso del incidente decisivo (traumático)


Nadie escapa a las experiencias dolorosas y nadie saldrá de esta vida vivo. Hay
accidentes de coche, la gente muere, hay guerras, etc. A pesar de esas duras realidades,
muchas veces traumas «cotidianos» tienen un mayor impacto: el muchacho cruel que se reía
de tus pecas, la carrera en las medias en el momento más embarazoso, y aquel comentario
estúpido e insensible que no se debería haber hecho son ejemplos de «traumas cotidianos»
que pueden tener un impacto increíble en la vida de la gente. Años más tarde dichos traumas
parecen intelectualmente tontos e irracionales pero aun así pueden seguir teniendo un gran
impacto emocional. En las personas que han sufrido algún tipo de trauma (aunque al clínico le
parezca suave, el indicador de la magnitud son los sentimientos del cliente) este
acontecimiento supone un punto decisivo en la vida de la persona. Si lo es en sentido negativo,
que no todos los traumas lo son, el proceso del incidente decisivo puede ser una estrategia de
tratamiento apropiada.
El proceso del incidente decisivo implica revivificación, catalepsia, disociación,
progresión temporal y alucinaciones. Es un proceso emocionalmente poderoso que pretende,
en primer lugar, liberar las emociones reprimidas asociadas al acontecimiento traumático
(«catarsis») y luego reformular (reinterpretar) su significado. Si el cliente tiene un recuerdo
consciente del contenido del incidente decisivo, se puede trabajar de una manera relativamente
directa. Si dicho incidente se ha olvidado o se ha reprimido parcialmente, el proceso es un poco
difícil puesto que el inconsciente del cliente puede haber elegido (protectoramente) mantener la
información fuera de la conciencia. En tal caso se puede usar la misma técnica pero teniendo
cuidado de que el cliente trabaje a su propio ritmo y sin obligarlo a trabajar directamente algo
que él/ella no quiere, excepto cuando se trate de un último recurso. Aquí serán muy útiles las
preguntas ideomotrices para evaluar si el inconsciente del cliente está preparado, quiere y
puede afrontar la experiencia traumática y las consecuencias que tendrá en su vida (Cheek,
1994; Erickson y Kubie, 1941; Feldman, 1985; Spiegel, 1993; Spiegel y Spiegel, 1987; Yapko,
1992).

Tareas para casa


Muchos enfoques terapéuticos utilizan las tareas para casa que el cliente ha de realizar
entre sesiones y que pretenden ampliar los pensamientos emociones y conductas que el clínico
considere que son importantes para la terapia. Estas tareas operan en el nivel de la experiencia
directa, que muchas veces es más poderosa que el verbal (el que normalmente se aborda en
terapia). Es hipnótico en el sentido de que se puede ver como una metáfora experiencial en el
proceso de tratamiento. En otras palabras, si se presenta de manera adecuada, tratará las
dinámicas inconscientes del problema. Cuando el cliente se implica en una actividad que hace
que se vea a sí mismo de manera diferente a la vez que confronta sus pensamientos,
sentimientos y conductas limitadores, se puede llevar a cabo el cambio deseado (Haley, 1973;
Lankton, 1988; Madanes, 1981, 1984; Yapko, 1988).
Un tipo de tareas consiste en pedir al cliente que realice un experimento para
comprobar que la creencia dolorosa que mantiene no es cierta. Por ejemplo, yo tuve un cliente
que era terapeuta y no había tenido vacaciones en más de ocho años de práctica clínica. Tenía
miedo de que les pasara «algo terrible» a sus pacientes si él estaba fuera. Le señalé la
importancia del tiempo libre y la necesidad que tenían sus pacientes de ser suficientemente
independientes para soportar que él se ausentara durante breves períodos de tiempo. Estuvo
de acuerdo y se decidió a experimentar con unas breves vacaciones. Informó a sus pacientes
de sus planes con bastante antelación y les dio el nombre y el número de teléfono de dos
terapeutas a los que podrían llamar en su ausencia. Se le animó a evaluar y predecir todos los
problemas con los que realmente se podrían encontrar sus pacientes hasta que creyó que lo
había preparado todo lo mejor que había podido. No hubo incidentes ni problemas. Se dio
cuenta de que podía volver a repetirlo en el futuro reconociendo que «yo lo preparo todo, pero
luego el resultado depende de mis clientes».

Reformulación
La habilidad clínica relacionada con la reformulación es dejar en suspenso el sistema
de creencias del cliente el tiempo suficiente como para que considere un punto de vista
alternativo. Convertir el vaso «medio vacío» en uno «medio lleno» es un ejemplo obvio de
cómo se puede transformar un punto de vista negativo en uno positivo. La reformulación
también puede funcionar en sentido contrario: alguna actividad que realizaba el cliente y con la
que se sentía bien hasta que el clínico dijo: «¿Cómo se puede permitir hacer esto?», puede
transformar rápidamente el bienestar en dolor.
La mayoría de las intervenciones, sin embargo, pretenden transformar el dolor en
bienestar. El supuesto subyacente a la reformulación como estrategia de intervención es que
cualquier experiencia (pensamiento, sentimiento, conducta) tiene algún valor positivo. Tomando
la experiencia que el cliente ve como negativa y comentando cómo y por qué esa misma
experiencia es positiva en el contexto adecuado, el terapeuta cambia la actitud del cliente hacia
dicha experiencia y se puede descargar la negatividad (Bandler y Grinder, 1979, 1982; Gilligan,
1987; Watzlawick, Weakland y Frisch, 1974).
Considérese alguien que cree que la vida es un fenómeno bien definido entre blanco o
negro. Pensando en extremos tan rígidos, la persona piensa en términos de «debo», «debería»
y cuál es la «manera correcta» de hacer algo. Como reformulación puedo ofrecer sugestiones
como las que siguen:

Casi todo el mundo ha visto los test de manchas de tinta que usan algunos
psicólogos... el cliente ve una mancha de tinta... un estímulo ambiguo... y le da
significado... desde dentro de él mismo... es una proyección... después de todo... la
mancha de tinta no significa realmente nada... solamente lo que uno cree que
significa... ¿y cuál es el estímulo más ambiguo al que se enfrenta cualquier ser
humano?... ¡la vida!... la vida es una mancha de tinta... en la que se vive cada día... y
algunos ven la vida como una aventura... una oportunidad... y otros como un problema
que hay que soportar hasta la muerte...
Reformular la «vida como una mancha de tinta» para contrarrestar la «vida
como blanco o negro» redefine su significado. Reformular significa redefinir.

Prescripción del síntoma


La prescripción del síntoma como estrategia terapéutica implica estimular directa o
indirectamente los síntomas del cliente. Cuando se anima al cliente a hacer algo que ya está
haciendo pero de una manera prescrita que es ligeramente diferente, puesto que contiene
algún cambio (como el momento o el lugar de la conducta sintomática), el síntoma se
experimenta de manera diferente. Deja de ser algo extraño que «simplemente ocurre» y surge
en respuesta a las instrucciones del cliente. El aspecto espontáneo del síntoma se convierte en
deliberado y se interrumpe el patrón del problema. En consecuencia, pierde su significado y sus
asociaciones originales.
Las aplicaciones del paradigma de la prescripción de síntomas son muchas. Animar a
una persona «resistente» a «ser resistente» redefine la resistencia como cooperación. Animar a
un cliente a tener una recaída la redefine como una parte aceptable y necesaria del tratamiento
(a no ser que la persona se resista que es mejor aún). Estimular a un cliente para que haga
algo que ya hace puede dar a lo que parece un síntoma incontrolable unos límites definidos
que le faciliten su afrontamiento. El síntoma que estaba fuera del control del cliente está ahora
bajo el del terapeuta, que lo puede alterar de manera beneficiosa (Haley, 1973; Seltzer, 1986;
Weeks, 1991; Zeig, 1980a, 1980b).

Metáforas terapéuticas
Las metáforas terapéuticas son historias que se pueden crear de forma paralela a los
problemas de los clientes y pueden contarse de manera que absorban profundamente su
atención. Muchas veces el cliente puede proyectar significados en la historia que el terapeuta
no pretendía comunicar y que quizá tengan un gran impacto en el significado que pretendía
transmitir el terapeuta.
Aprender a contar historias de manera hipnótica (es decir, significativamente, utilizando
las respuestas del cliente, entremezclando sugestiones, etc.) es una habilidad de un valor
incalculable. La necesidad de inducir a un estado hipnótico formal disminuye a medida que se
obtienen respuestas hipnóticas con la presentación y el desarrollo de la historia. La capacidad
natural del cliente para dejarse llevar dentro y fuera de la hipnosis a medida que escucha al
clínico se puede utilizar y ampliar si el clínico quiere usar un enfoque metafórico. Con este
enfoque a veces el cambio puede suponer muy poco esfuerzo, algo que el clínico ha de tener
en cuenta. Después de todo, algunos cambios se producen bastante «espontáneamente»
(Barker, 1985; Brown, 1993; Gordon, 1980; Haley, 1973; Hammond, 1990; Lankton y Lankton,
1983, 1986, 1989; Mills y Crowley, 1986; Rosen, 1982; Spiegelman, 1990; Zeig, 1980c).
El siguiente es un ejemplo de metáfora terapéutica apropiada para alguien rígido a
quien le cuesta adaptarse a las circunstancias vitales cambiantes a las que se tiene que
amoldar (por ejemplo, cambio de trabajo o similar):

...Y alguna vez en su vida ha tenido la experiencia de ir al zoo... un lugar


estupendo para aprender sobre los seres vivos... si piensa en ello... porque el zoo
contiene tal diversidad de vida... y de riqueza... criaturas únicas con diferentes
características que les sirven de alguna manera... y descubre que algunos animales
sobreviven desarrollando un gran tamaño, otros prosperan desarrollando un tamaño
pequeño... algunos se alimentan por la noche... y otros por el día... algunos son
sumisos y se asustan con facilidad... otros son agresivos y atacan a otros mucho
mayores que ellos... algunos cambian de color... algunos hacen madrigueras bajo
tierra... mientras que otros vuelan... qué maravilloso es elevarse por encima de todo... y
la lección de la naturaleza es profunda... uno se puede adaptar a un clima... a una
región... a un lugar concreto... y desarrollar la capacidad de prosperar a lo largo del
tiempo... y la lección puede parecer también cruel... adaptarse o extinguirse... pero no
hay nada escondido... respecto al valor de adaptarse exitosamente... y disfrutar de todo
para hacerlo posible...

Conclusión
Al trabajar con la hipnosis el clínico asume un papel activo a la hora de facilitar
experiencias que le resulten terapéuticas al cliente. En la bibliografía de la hipnosis y de la
psicoterapia existen miles de estrategias terapéuticas disponibles. Las que aparecen en este
capítulo se encuentran entre las más comúnmente usadas.

Bibliografía
ARAOZ, D. (1985), The new hypnosis, Nueva York, Brunner/Mazel.
BANDLER, R. y GRINDER, J. (1979), Frogs into princes, Moab, UT, Real People Press.
BANDLER, R. y GRINDER, J. (1982), Reframing: Neuro-Linguistic Programming and the
transformation of meaning, Moab, UT, Real People Press.
BARKER, P. (1985), Using metaphors in psychotherapy, Nueva York, Brunner/ Mazel.
BROWN, P. (1993), «Hypnosis and metaphor», en J. Rhue, S. Lynn e I. Kirsch (comps.),
Handbook of clinical hypnosis, Washington, DC, American Psychological Association,
págs. 291-308.
CHEEK, D. (1994), Hypnosis: The application of ideomotor techniques, Boston, MA, Allyn &
Bacon.
ERICKSON, M. y KUBIE, L. (1941), «The successful treatment of a case of acute hysterical
depression by a return under hypnosis to a critical phase of childhood», Psychoanalytic
Quarterly, 10, págs. 583-609.
ERICKSON, M. y Rossi, E. (1989), The February man: Evolving consciousness and identity in
hypnotherapy, Nueva York, Brunner/Mazel.
FELDMAN, S. (1985), «Abreaction revisited: A strategic and interpersonal perspective», en J.
Zeig (comp.), Ericksonian hypnotherapy: vol. 1, Structures, Nueva York, Brunner/Mazel,
págs. 338-358.
GlLLIGAN, S. (1987), Therapeutic trances: The cooperation principie in Ericksonian
hypnotherapy, Nueva York, Brunner/Mazel.
GlLLIGAN, S. (1988), «Symptom phenomena as trance phenomena», en J. Zeig y S. Lankton
(comps.), Developing Ericksonian therapy: State of the art, Nueva York, Brunner/Mazel,
págs. 327-352.
GORDON, D. (1980), Therapeutic metaphors, Cupertino, CA, Meta Publications.
HALEY, J. (1973), Uncommon therapy, Nueva York, Norton.
HALEY, J. (1984), Ordeal therapy, San Francisco, Jossey-Bass.
HAMMOND, D. (comp.) (1990), Handbook of hypnotic suggestions and metaphors, Nueva York,
Norton.
LANKTON, C. (1988), «Task assignments: Logical and otherwise», en J. Zeig y S. Lankton
(comps.), Developing Ericksonian therapy: State of the art, Nueva York, Brunner/Mazel,
págs. 257-279.
LANKTON, S. y LANKTON, C. (1983), The answer within: A clinical framework of Ericksonian
hypnotherapy, Nueva York, Brunner/Mazel.
LANKTON, S. y LANKTON, C. (1986), Enchantment and intervention in family therapy, Nueva York,
Brunner/Mazel.
LANKTON, S. y LANKTON, C. (1989), Tales of enchantment: Goal-oriented metaphors for adults
and children in therapy, Nueva York, Brunner/Mazel.
MADANES, C. (1981), Strategic family therapy, San Francisco, Jossey-Bass.
MADANES, C. (1984), Behind the one-way mirror: Advances in the practice of strategic therapy,
San Francisco, Jossey-Bass.
MILLS, J. y CROWLEY, R. (1986), Therapeutic metaphors for children and the child within,
Nueva York, Brunner/Mazel.
ROSEN, S. (comp.) (1982), My voice will go with you, Nueva York, Norton.
SELTZER, L. (1986), Paradoxical strategies in psychotherapy, Nueva York, John Wiley & Sons.
SPIEGEL, D. (1993), «Hypnosis in the treatment of post-traumatic stress disorders», en J. Rhue,
S. Lynn e I. Kirsch (comps.), Handbook of clinical hypnosis, Washington, DC, American
Psychological Association, págs. 493-508.
SPIEGEL, H. y SPIEGEL, D. (1987), Trance and treatment: Clinical uses of hypnosis, Washington,
DC, American Psychiatric Press.
SPIEGELMAN, E. (1990), Metaphor and meaning in psychotherapy, Nueva York, Guilford.
WATZLAWICK, P., WEAKLAND, J. y FlSCH, R. (1974), Change, Nueva York, Norton.
WEEKS, G. (comp.) (1991), Promoting change through paradoxical therapy, ed. rev., Nueva
York, Brunner/Mazel.
YAPKO, M. (1988), When living hurts: Directives for treating depression, Nueva York,
Brunner/Mazel.
YAPKO, M. (1992), Hypnosis and the treatment of depressions, Nueva York, Brunner/Mazel.
ZEIG, J. (1980a), «Symptom prescription and Ericksonian principies of hypnosis and
psychotherapy», American Journal of clinical Hypnosis, 23, págs. 16-23.
ZEIG, J. (1980b), «Symptom prescription techniques: Clinical applications using elements of
communication», American Journal of Clinical Hypnosis, 23, págs. 23-32.
ZEIG, J. (comp.) (1980c), A teaching seminar with Milton H. Erickson, M. D., Nueva York,
Brunner/Mazel.
ZEIG, J. (1988), «An Ericksonian phenomenological approach to therapeutic hypnotic inductions
and symptom utilization», en J. Zeig y S. Lankton (comps.), Developing Ericksonian
therapy: State of the art, Nueva York, Brunner/Mazel, págs. 353-375.
CAPÍTULO 20: La hipnosis en el tratamiento de
trastornos comunes

En la práctica clínica uno se encuentra con una amplia gama de problemas. Algunos son
bastante raros y otros bastante comunes. En este capítulo se ofrece una consideración breve y
superficial sobre algunos de los problemas clínicos más comunes y algunos de los más
frecuentemente asociados al tratamiento hipnótico. Se comenta cómo se puede usar la
hipnosis, ya sea directa o indirectamente, en el tratamiento.

Trastornos de ansiedad (ansiedad, estrés,


fobias, trastorno por estrés postraumático)
La hipnosis como herramienta de trabajo puede ayudar a crear habilidades para
relajarse y dar una sensación de autocontrol. Yo creo que enseñar a los clientes la autohipnosis
(inducciones hipnóticas y utilizaciones que pueden llevar a cabo ellos mismos cuando quieran)
es una parte necesaria del trabajo hipnótico en contextos clínicos. El simple hecho de saber
que uno puede relajarse profundamente y reconocer sus pensamientos, sentimientos y
conductas puede tener un efecto poderoso a la hora de controlar el estrés y la ansiedad.
Después de todo, el estrés suele estar en la interpretación que hace el cliente de los
acontecimientos, no en los acontecimientos mismos. La hipnosis puede facilitar perspectivas
alternativas y, por lo tanto, respuestas alternativas (Bandler, 1985; Brown y Fromm, 1987;
Crawford y Barabasz, 1993; Habeck y Sheikh, 1984; Spiegel, 1993a; Yapko, 1989).

Depresión
La depresión es un problema multidimensional muy complejo que prácticamente todo el mundo
experimenta de vez en cuando en diferentes grados. Tratar los problemas de relación de la
persona deprimida, sus distorsiones cognitivas, sus atribuciones de culpa y otros patrones
depresógenos con métodos hipnóticos puede ser un enfoque eficaz.
La hipnosis se puede usar a nivel superficial para aliviar la ansiedad, interrumpir la
rumiación negativa, aumentar la capacidad de respuesta y establecer expectativas positivas.
Se puede usar a un nivel más intenso para flexibilizar patrones de pensamiento o interpretar
acontecimientos rígidos y distorsionados, reformular los significados vinculados a experiencias
que tienen su raíz en sistemas de creencias de culpa y construir marcos de referencia positivos
para responder a la vida desde un encuadre más efectivo (Burrows, 1980; Havens y Walters,
1989; Havens, 1986; Miller, 1984; Torem, 1992; Yapko, 1988, 1989, 1992a, 1992b).

Trastorno de personalidad múltiple (tpm)


En algún momento se consideró un trastorno extermadamente raro, pero ha sido
descrito en alguna bibliografía clínica como un trastorno mucho más frecuente de lo que
algunos clínicos imaginan. Es un diagnóstico muy controvertido puesto que, aunque ha sido
incluido en la cuarta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico (DSM-IV), hay muchos
clínicos que todavía se cuestionan abiertamente si la disociación evidente en dichos casos no
puede ser un producto, al menos en algunos de ellos, de los métodos del clínico.
Generalmente se cree que el TMP tiene su origen en graves traumas infantiles (por
ejemplo, abuso físico o sexual) y las reacciones disociativas («fragmentación») se emplean
como mecanismos de afrontamiento. Las personas con TMP han demostrado ser muy
hipnotizables y con propensión a la fantasía (Frankel, 1990; Frischholz, 1985; Lynn, Rhue y
Green, 1988).
Se utiliza la hipnosis con los TMP para explorar la amplitud y la cualidad de las
disociaciones del cliente, para reformular el trauma, trabajar con los recuerdos traumáticos,
facilitar la integración y tratar síntomas relacionados (Bliss, 1986; Braun, 1986; Horevitz, 1993;
Kluft, 1985; Kluft y Fine, 1993; Putnam, 1989; Ross, 1989)

Dolor, enfermedad, curación


A partir de una sección anterior en la que se trató la analgesia y la anestesia el lector
tiene cierta familiaridad con el hecho de que la hipnosis se puede usar para reducir o eliminar el
dolor o el sufrimiento. La idea errónea más común que tiene la gente es que se puede alterar la
percepción del dolor que uno tiene con la hipnosis, como si el dolor no fuera «real», queriendo
decir que debía ser «psicológico» (es decir, psicógeno). De hecho, la hipnosis se puede usar
como anestésico único o principal incluso en operaciones importantes, cuando el daño del
tejido es claramente evidente y tiene una base física. Todo el mundo conjetura cómo pueden
crear las inducciones y la utilización de alguna de las docenas de estrategias de control del
dolor un estado que permita tolerar una operación sin anestesia (éste es el objetivo de buena
parte de la investigación), pero, aunque resulte sorprendente, es un fenómeno real.
Da igual que el dolor será agudo o crónico, debido a una enfermedad orgánica
conocida o desconocida, quizá psicógena; la fuente de éste no tiene mucho que ver con el uso
eficaz de la hipnosis para reducir el sufrimiento (Brown y Fromm, 1987; Chaves, 1993;
Erickson, 1959, 1966; Hammond, 1990; Hilgard e Hilgard, 1994; Spanos y Chaves, 1989).
La hipnosis se ha aplicado exitosamente en el tratamiento de una amplia variedad de
problemas médicos como quemaduras, cáncer, asma, alergias, zumbidos, hipertensión,
verrugas, y casi cualquier otro en el que se pueda pensar. Aumenta la calidad y la velocidad de
la recuperación, y puede ayudar a mantener la sensación de control sobre el propio estado
(acortando la depresión y la ansiedad), o tener simplemente un efecto placebo que sea útil.
¿La hipnosis cura el cáncer, el SIDA o cualquier otra enfermedad? ¿Qué pasa con la
hipnosis y la curación? Esta es una área muy controvertida dentro del mundo de la hipnosis
clínica. Existen muchos informes anecdóticos sobre remisión de cáncer y aparentes curas tras
un tratamiento hipnótico. Cada vez existe mayor evidencia objetiva respecto a su efecto en el
desarrollo de un sistema de defensas naturales del propio organismo, el sistema inmunitario
(Spiegel, 1993b). El mensaje «usted se puede curar a sí mismo si tiene la actitud apropiada» es
popular por razones obvias, y tiene un poderoso atractivo para los enfermos y los moribundos.
Los profesionales éticos tienen claro que no pueden decir «yo curaré su cáncer» (o lo que sea),
pero también está claro que potencialmente se puede ganar mucho intentándolo. Encontrar el
equilibrio entre fomentar una falsa creencia en la cura y mantener una actitud positiva respecto
a las posibilidades de curarse es un cuestionamiento diferente para el profesional que usa
métodos de curación cuerpo-mente (Benjamin y Trubo, 1987; Chopra, 1991; Jevne y Levitan,
1989; Pearsall, 1987; Rossi, 1993; Rossi y Cheek, 1988; Siegel, 1986; Simonton, Henson y
Hampton, 1992).

Problemas de relación (parejas, familias)


Muchas veces, las personas que participan en una relación tienen habilidades de
comunicación o expectativas inadecuadas o mal definidas, falta de autoestima, miedo a la
intimidad o al compromiso y otras barreras que impiden tener una relación efectiva.
Las estrategias hipnóticas se pueden usar para clarificar las expectativas, aumentar el
nivel de motivación para resolver las diferencias en las relaciones, desarrollar habilidades de
comunicación y resolver conflictos inconscientes respecto a la intimidad y el compromiso. Los
enfoques metafóricos, la prescripción de síntomas y la reformulación son patrones que resultan
eficaces en el asesoramiento en estas áreas. Cambiar la experiencia personal es una buena
estrategia cuando se trabaja individualmente con alguien que tiene problemas de relación,
creando los recursos necesarios para relacionarse con la otra persona. Ayudar a la persona a
clarificar qué es lo que realmente quiere y valora es un buen punto de inicio para tratar
cualquier problema clínico, pero esto es especialmente necesario en el contexto de las
relaciones (Haley, 1973; Kershaw, 1992; Lankton y Lankton, 1986; Protinsky, 1988; Ritterman,
1983, 1985).
Problemas de autoestima
Cuando se trabaja hipotéticamente con problemas de autoestima se puede animar al
cliente a asumir el control de situaciones planeando y ejecutando el curso de la acción de
manera efectiva. Los clientes muchas veces se censuran a sí mismos con un flujo
ininterrumpido de autocríticas. Tener una buena autoestima no significa que no exista la «crítica
interna», sino que la persona no acepta que es cierta ni queda absorto en ella como si ésta
fuera la suma total de su ser. La autoestima permite minimizar o ignorar la importancia de la
crítica interna y no confundir quién eres y qué haces. La primera reformulación para tratar la
autoestima es decir «no eres tú, es la manera como intentas hacer X». Cuando la persona
encuentra estrategias exitosas para hacer X, su autoestima aumenta.
Se puede atraer la atención del cliente con metáforas al tiempo que descubre las
experiencias de otras personas: cómo la persona de la metáfora tenía los mismos problemas o
éstos eran estructuralmente similares, cómo los manejó y cuáles fueron las consecuencias. A
través de una metáfora terapéutica el cliente puede adquirir conocimientos de gran impacto. La
metáfora puede encajar en el grado que el clínico desee con el marco de referencia,
sentimientos, nivel de experiencia y dinámicas inconscientes del cliente. Una vez se ha
establecido la identificación, la metáfora terapéutica continúa, sugiriendo soluciones,
estimulando acciones y aportando sugestiones entremezcladas (Alman y Lambrou, 1992;
Hammond, 1990; Lankton y Lankton, 1983; McNeal y Frederick, 1993).

Disfunciones sexuales
Las personas con problemas sexuales tienen muchas veces un estado disociado
respecto a su funcionamiento sexual. Hay una parte de ellos que intenta implicarse en
actividades sexuales, y otra que observa y critica la ejecución. El resultado es una
concentración difusa e insuficiente para tener un buen funcionamiento sexual. La hipnosis se
puede emplear para facilitar el proceso de reintegración de manera que la persona en su
totalidad pueda estar en el «aquí y ahora», experimentando y empleando la actividad sexual.
Una intervención consiste en alterar la conciencia sensorial aumentando las sensaciones
cinestésicas hipnóticamente. Ésta es una técnica de ampliación del enfoque sensorial que
utilizan los sexólogos más tradicionales para el tratamiento de las disfunciones sexuales.
La ansiedad relacionada con el desempeño es un objetivo fundamental en estos casos.
La ansiedad produce un mal desempeño que, a su vez, produce más ansiedad, que entonces
aumenta la probabilidad de un mal desempeño y se convierte en un círculo vicioso. Un buen
modelo para usar durante la actividad sexual es aprovechar la tranquilidad que ofrece la
hipnosis para permitir que el cliente se «deje ir», algo fundamental para disfrutar de la actividad.
Enseñar a los clientes autohipnosis para ayudarles a afrontar la ansiedad permite generalizar la
relajación al contexto en el que quieren tenerla.
Reformular el sexo como una función natural y sana es uno de los patrones hipnóticos
más usados en la terapia sexual. Dar órdenes paradójicas como «evitar el sexo a toda costa
esta semana» puede facilitar la actitud del cliente de «ahora te enseñaré: lo practicaré más
todavía». Cambiar la historia personal para volver a enseñar una actitud positiva respecto al
sexo es también una estrategia de tratamiento viable. La progresión temporal en la que el
cliente se ve a sí mismo sexualmente activo y satisfecho es otra aplicación potencial de la
hipnosis. Ambas, hipnosis y terapia sexual, son muy compatibles y se pueden integrar con
facilidad en el tratamiento de las disfunciones sexuales (Araoz, 1982, 1984; Crasilneck, 1982;
Erickson, 1973; Hammond, 1990; Zeig, 1980).

Abuso de sustancias (tabaco, peso, drogas)


La hipnosis se puede usar para volver a cultivar la conciencia corporal y aumentar la
autoestima y una sensación de independencia que permita afrontar cualquier situación sin
necesidad de recurrir al abuso. El clínico puede hacer que la experiencia de abuso de
sustancias sea muy desagradable, resolver cualquier depresión subyacente, un fenómeno tan
común entre los que abusan de sustancias pero tan pocas veces diagnosticada (muchas veces
la sustancia de la que se abusa se usa como automedicación para tratar la ansiedad asociada
a la depresión), e incluso se pueden recrear hipnóticamente las sensaciones positivas de la
sustancia sin tomarla realmente.
Resolver los problemas de abuso de sustancias puede ser un proceso de reintegrar los
elementos disociados y reformular tanto el significado de la conducta autodestructiva como las
implicaciones del sistema de creencias del cliente (Alman y Lambrou, 1992; Hammond, 1990;
Levitt, 1993; Lynn, Neufeld, Rhue y Matorin, 1993; Orman, 1991; Page y Handley, 1993;
Spiegel y Spiegel, 1987; Zeig, 1985).

Conclusión
Aprender cómo, cuándo y dónde aplicar las diferentes experiencias terapéuticas
disponibles a través de la hipnosis requiere años de práctica y estudio. Este capítulo ha
expuesto al estudiante algunas de las muchas formas en que se puede aplicar la hipnosis de
manera creativa y significativa. Cuanto mayores sean los conocimientos que tenga uno sobre
los componentes que forman parte de todos y cada uno de los síntomas, mayor será el respeto
que sentirá por toda la integridad del sistema perfectamente equilibrado llamado «cliente».

Bibliografía
ALEXANDER, L. (1974), «Treatment of impotency and anorgasmia by psychotherapy aided by
hypnosis», American Journal of Clinical Hypnosis, 17, págs. 33-43.
ALMAN, D. y LAMBROU, P. (1992), Self-hypnosis: The complete manual for health and self-
change, Nueva York, Brunner/Mazel.
ARAOZ, D. (1982), Hypnosis and sex therapy, Nueva York, Brunner/Mazel.
ARAOZ, D. (1984), «Hypnosis in the treatment of sexual diysfunctions», en W. Westery A. Smith
(comps.), Clinical Hypnosis: A multidisciplinar approach, Filadelpia, Lippincott, págs. 405-
420.
ARAOZ, D. (1988), «Human sexuality, hypnosis, and therapy», en J. Zeig y S. Lankton (comps.),
Developing Ericksonian therapy: State of the art, Nueva York, Brunner/Mazel, págs. 438-
445.
BANDLER, R. (1985), Using your brain-for a change, C. Andreas y S. Andreas (comps.), Moab,
UT, Real People Press.
BENJAMIN, H. y TRUBO, R. (1987), From victim to victor: The wellness community guide to
fighting for recovery for cancer patients and their families, Los Angeles, Tarcher.
BLISS, E. (1986), Multiple personality, allied disorders, and hypnosis, Nueva York, Oxford
University Press.
BRAUN, B. (1986), Treatment of múltiple personality disorder, Washington, DC, American
Psychiatric Press.
BROWN, D. y FROMM, E. (1987), Hypnosis and behavioral medicine, Hillsdale, NJ, Erlbaum.
BURROWS, G. (1980), «Affective disorders and hypnosis», en G. Burrows y L. Dennerstein
(comps.), Handbook of hypnosis and psychosomatic medicine, Amsterdam,
Elsevier/North-Holland Biomedical Press, págs. 149-170.
CHAVES, J. (1993), «Hypnosis in pain management», en J. Rhue, S. Lynn e I. Kirsch (comps.),
Handbook of clinical hypnosis; Washington, DC, American Psychological Association,
págs. 511-532.
CHOPRA, D. (1991), Perfect health: The complete mind/body guide, Nueva York, Random
House.
CRASILNECK, H. (1982), «A follow-up study in the use of hypnotherapy in the treatment of
psychogenic impotency», American Journal of Clinical Hypnosis, 25, págs. 52-61.
CRASILNECK, H. (1990), «Hypnotic techniques for smoking control and psychogenic
impotence», American Journal of Clinical Hypnosis, 32, págs. 147-153.
CRAWFORD, H. y BARABASZ, A. (1993), «Phobias and intense fears: Facilitating their treatment
with hypnosis», Washington, DC, American Psychological Association, págs. 311-337.
ERICKSON, M. (1959), «Hypnosis in painful terminal illness», American Journal of Clinical
Hypnosis, 1, págs. 117-121.
ERICKSON, M. (1966), «The interspersal hypnotic technique for symptom correction and pain
control», American Journal of Clinical Hypnosis, 8, págs. 198-209.
ERICKSON, M. (1973), «Psychotherapy achieved by a reversal of the neurotic processes in a
case of ejaculation praecox», American Journal of Clinical Hypnosis, 15, págs. 219-221.
FRANKEL, F. (1990), «Hypnotizability and dissociation», American Journal of Psychiatry,
147, págs. 823-829.
FRISCHHOLZ, E. (1985), «The relationship among dissociation, hypnosis, and child abuse in the
development of multiple personality disorder», en R. Kluft (comp.), Childhood
antecedents of multiple personality disorder, Washington, DC, American Psychiatric
Press, págs. 100-126.
HABECK, B. y SHEIKH, A. (1984), «Imagery and the treatment of phobic disorders», en A. Sheikh
(comp.), Imagination and healing, Farmingdale, NY, Baywood, págs. 171-196.
HALEY, J. (1973), Uncommon therapy, Nueva York, Norton.
HAMMOND, D. (comp.) (1990), Handbook of hypnotic suggestions and metaphors, Nueva York,
Norton.
HAVENS, R. (1986), «Posthypnotic predetermination of therapeutic progress», American
Journal of Clinical Hypnosis, 28, págs. 258-262.
HAVENS, R. y WALTERS, C. (1989), Hypnotherapy scripts: A neo-Ericksonian approach to
persuasive healing, Nueva York, Brunner/Mazel.
HlLGARD, E. e HlLGARD, J. (1994), Hypnosis in the relief of pain, Nueva York, Brunner/Mazel.
HOREVITZ, R. (1993), «Hypnosis in the treatment of múltiple personality disorder», en J. Rhue,
S. Lynn e I. Kirsch (comps.), Handbook of clinical hypnosis, Washington, DC, American
Psychological Association, págs. 395-424.
JEUNE, R. y LEVITAN, A. (1989), No time for nonsense: Self-help for the seriously til, San Diego,
CA, Lura Media.
KERSHAW, C. (1992), The couple's hypnotic dance, Nueva York, Brunner/Mazel.
KLUFT, R. (comp.) (1985), Childhood antecedents of multiple personality, Washington, DC,
American Psychiatric Press.
KLUFT, R. y FINE, C. (comps.) (1993), Clinical perspectives on multiple personality disorder,
Washington, DC, American Psychiatric Press.
LANKTON, S. y LANKTON, C. (1983), The answer within: A clinical framework of Ericksonian
hypnotherapy, Nueva York, Brunner/Mazel.
LANKTON, S. y LANKTON, C. (1986), Enchantment and intervention in family therapy, Nueva York,
Brunner/Mazel.
LEVITT, E. (1993), «Hypnosis in the treatment of obesity», en J. Rhue, S. Lynn e I. Kirsch
(comps.), Handbook of clinical hypnosis, Washington, DC, American Psychological
Association, págs. 533-553.
LYNN, S., NEUFELD, V., RHUE, J. y MATORIN, A. (1993), «Hypnosis and smoking cessation: A
cognitive-behavioral treatment», en J. Rhue, S. Lynn e I. Kirsch (comps.), Handbook of
clinical hypnosis, Washington, DC, American Psychological Association, págs. 555-585.
LYNN, S., RHUE, J. y GREEN, J. (1988), «Multiple personality and fantasy proneness: Is there an
association or dissociation?», British Journal of Experimental and Clinical Hypnosis, 5,
págs. 138-142.
McNEAL, S. y FREDERICK, C. (1993), «Inner strength and other techniques for ego
strengthening», American Journal of Clinical Hypnosis, 35, págs. 170-178.
MlLLER, H. (1984), «Depression-A specific cognitive pattern», en W. Wester y A. Smith
(comps.), Clinical hypnosis: A multidisciplinar approach, Filadelpia, Lippincott, págs. 421-
457.
ORMAN, D. (1991), «Reframing of an addiction via hypnotherapy: A case presentation»,
American Journal of Clinical Hypnosis, 33, págs. 263-271.
PAGE, R. y HANDLEY, G. (1993), «The use of hypnosis in cocaine addiction», American Journal
of Clinical Hypnosis, 36, págs. 120-123.
PEARSALL, P. (1987), Superimmunology: Master your emotions and improve your health, Nueva
York, McGraw-Hill.
PROTINSKY, H. (1988), «Hypnotic strategies in strategic marital therapy», Journal of Strategic
and Systemic Therapies, 7, págs. 29-34.
PUTNAM, F. (1989), Diagnosis and treatment of multiple personality disorder, Nueva York,
Guilford.
RlTTERMAN, M. (1983), Using hypnosis in family therapy, San Francisco, Jossey-Bass.
RlTTERMAN, M. (1985), «Family context symptom induction and therapeutic counterinduction:
Breaking the spell of a dysfunctional rapport», en J. Zeig (comp.), Ericksonian
psychotherapy: vol. 2, Clinical applications, Nueva York, Brunner/Mazel.
ROSS, C. (1989), Multiple personality disorder: Diagnosis, clinical features and treatment, New
York, John Wiley & Sons.
ROSSI, E. (1993), The psychobiology of mind-body healing, ed. rev., Nueva York, Norton.
ROSSI, E. y CHEEK, D. (1988), Mind-body therapy: Methods of ideodynamic healing in hypnosis,
Nueva York, Norton.
SlEGEL, B. (1986), Love, medicine and miracles, Nueva York, Harper & Row.
SlMONTON, O., HENSON, R. y HAMPTON, F. (1992), The healing journey, Nueva York,
Bantam.
SPANOS, N. y CHAVES, J. (1989), «Hypnotic analgesia, surgery and reports of nonvolitional
pain», British Journal of Experimental and Clinical Hypnosis, 6, págs. 131-139.
SPIEGEL, D. (1993a), «Hypnosis in the treatment of post-traumatic stress disorders», en J.
Rhue, S. Lynn e I. Kirsch (comps.), Handbook of clinical hypnosis, Washington, DC,
American Psychological Association, págs. 493-508.
SPIEGEL, D. (1993b), Living beyond limits, Nueva York, Times Books.
SPIEGEL, H. y SPIEGEL, D. (1987), Trance and treatment: Clinical uses of hypnosis,
Washington, DC, American Psychiatric Press.
TOREM, M. (1992), «"Back from the future": A powerful age-progression technique», American
Journal of Clinical Hypnosis, 35, págs. 81-88.
YAPKO, M. (1988), When living hurts: Directives for treating depression, Nueva York,
Brunner/Mazel.
YAPKO, M. (comp.) (1989), Brief therapy approaches to treating anxiety and depression, Nueva
York, Brunner/Mazel.
YAPKO, M. (1992a), Free yourself from depression, Emmaus, PA, Rodale Press.
YAPKO, M. (1992b), Hypnosis and the treatment of depressions, Nueva York, Brunner/Mazel.
ZEIG, J. (comp.) (1980), A teaching seminar with Milton H. Erickson, M.D., Nueva York,
Brunner/Mazel.
ZEIG, J. (1985), «Ericksonian approaches to promote abstinence from cigarette smoking», en J.
Zeig (comp.), Ericksonian psychotherapy, vol. 1, Structures, Nueva York, Brunner/Mazel,
págs. 255-269.
CAPÍTULO 21: Muestra de la transcripción de un
trance: construir límites

El proceso hipnótico de este capítulo tiene que ver con aspectos asociados al establecimiento y
mantenimiento de una sensación clara de los límites personales. Lo bien que uno define dichos
límites constituye uno de los componentes clave de la experiencia personal. Cuando hablo de
límites hago referencia a la capacidad para separar la propia experiencia de la de los otros y
para dividir las experiencias globales en las partes que las componen. La claridad respecto a lo
que separa a una persona de otra o una experiencia de otra nos permite centrarnos de forma
selectiva en una dimensión particular de la experiencia y amplificarla y, por lo tanto, minimizar
la conciencia que se tiene de otra dimensión de la experiencia diferente.
Un patrón de pensamiento común que subyace a muchos problemas es la tendencia a
tener lo que se llama «pensamiento global»: el pensador global, metafóricamente hablando, ve
el bosque pero no ve los árboles, puede ver una gran imagen pero no ve los elementos
pequeños que la componen. En consecuencia, tiene dificultades para separar su experiencia
en diferentes componentes y poder centrarse en ellos secuencialmente y con cierto orden de
prioridad. Por ejemplo, por eso algunas personas se sienten desbordadas. Normalmente tienen
una conciencia global (aparentemente simultánea) de todos los problemas a los que se
enfrentan en la vida y esto es algo que desbordaría a cualquiera. Por lo tanto, una meta
específica del tratamiento es enseñar a la persona no sólo a identificar todos los problemas
sino a alcanzar cierto sentido de la prioridad y establecer una secuencia para abordarlos y
crear estrategias específicas para ello.
Existe una habilidad cognitiva concreta conocida como «compartimentalización» que
consiste en poder separar elementos de la experiencia de forma eficaz, que puede ser útil para
la persona de muchas maneras. Significa, por ejemplo, que en la relación consigo misma la
persona es capaz de separar sus pensamientos de sus emociones, o sus impulsos de sus
actos, o su vida personal de la profesional. Al establecer límites definidos que expliquen
claramente cada parte de la persona, ésta es más capaz de elegir qué parte de sí misma va a
responder en una situación particular. Si uno piensa que el tipo de problemas que experimenta
o ve experimentar a otra gente muchas veces ocurren porque la persona queda absorta en un
elemento de la experiencia que no funciona. Considérese, por ejemplo, la persona que va a
coger un avión para viajar a algún lugar y empieza a generar en su cabeza imágenes terribles y
detalladas de accidentes aéreos, que no son las más útiles en esos momentos. El hecho de
que la persona tenga dichas imágenes no es el problema: muchas personas se plantearían
algunas posibilidades negativas (aunque sólo sea porque el asistente de vuelo reclama nuestra
atención mientras revisa los procedimientos de emergencia antes de despegar), pero difieren
en cómo se centran en ellos y los amplifican.
Considérese otro ejemplo: ¿qué ocurre cuando uno se siente atraído por otra persona
que sabe que no es buena para él/ella, o cuando desea algo muy caro que no se puede
permitir comprar?; ¿qué ocurre cuando el corazón dice claramente «sí» pero intelectualmente y
a un nivel más lógico no es consciente de que la situación es demasiado arriesgada y que
debería dejar pasar la oportunidad? En otras palabras, ¿qué pasa cuando el corazón dice «sí»
y la cabeza dice «no»? La compartimentalización y los límites claros nos permiten separar los
sentimientos de los pensamientos y los actos y hacer lo que parece mejor a largo plazo: algo
de lo que uno se sentirá contento. Está claro que la compartimentalización está relacionada con
una orientación hacia el futuro, y subyace a la habilidad conocida como «control de impulsos».
De la misma manera que los límites son muy importantes a la hora de definir la relación
con uno mismo a nivel interno, también lo son para regular la relación con los otros. Puede
parecer obvio que la experiencia de otra persona no es la propia pero lo que ocurre muchas
veces es que reaccionamos a otra gente como si fueran nosotros mismos o una extensión
nuestra. Uno tiene que ser capaz de separar claramente quién es él de quiénes son los demás.
Por ejemplo, si yo le digo a alguien «creo que eres una persona demasiado agresiva», ¿eso
significa que la persona es realmente agresiva?; ¿por qué diría yo eso de alguien? Desde
luego, la persona tendría que considerar, al menos por un momento, mi reacción de que quizá
es demasiado agresiva. Tendría que detenerse y revisar nuestras interacciones y pensar si mi
observación es válida. Pero, además, tendría que dar un paso más en su pensamiento y
clarificar los límites entre ella y yo. Ha de ser capaz de preguntarse a sí misma cosas como
¿por qué habrá dicho Michael que soy demasiado agresivo/a?, ¿hay algo en su experiencia
(independiente de mí) que le lleve a decir eso? Simplemente con la segunda pregunta la
persona empieza a establecer distinciones entre ella y su experiencia y yo y la mía. Por una
parte ha de considerar que es demasiado agresiva pero por otra que quizá yo soy un pobre
hombre al que se intimida con facilidad y por eso la considero demasiado agresiva.
Ahora vamos a analizar la diferencia entre esas dos interpretaciones. En la primera la
persona se define a sí misma como demasiado agresiva, aceptando mi observación sin hacer
ninguna crítica. En la segunda se da cuenta de que mi comentario es una información sobre mí
mismo y mis sentimientos hacia ella, aunque lo que yo dije era respecto a ella. La tarea
consiste en buscar evidencias para validar una interpretación sobre el otro en vez de aceptar lo
que otra persona dice de uno mismo sin ninguna crítica.
Los límites separan y definen las relaciones. Esto quiere decir que los roles que
tenemos en un momento dado definen más claramente lo que es posible y lo que no entre
nosotros. Yo puedo ser el psicólogo clínico de alguien pero si lo soy, ¿puedo ser también su
amigo personal? ¡no! Existe una línea que separa claramente dos relaciones tan diferentes. Si
soy el psicólogo de alguien no puedo ser su amigo personal porque la primera es una relación
personal que requiere que yo tenga claridad para poder dar un feedback objetivo sin las
consideraciones emocionales y el tipo de familiaridad que acompañan a las amistades
personales. Imagínese que la persona es padre o madre: ¿le gustaría ser el padre de su hijo?,
¿le gustaría ser amigo de su hijo? Hay una línea que separa ambos roles y uno no puede
desempeñar los dos de manera eficaz.
La meta del proceso hipnótico que aparece a continuación, y que no implica
interacciones, es ayudar a dibujar líneas claras y a protegerlas, que es lo mismo que establecer
límites y protegerlos. Ciertamente uno ha de saber que otras personas intentarán hacer presión
y romper dichos límites. La gente quiere siempre tu tiempo, tu dinero, tu cuerpo, tus
conocimientos, tu apoyo, tu lo que sea... Y por eso es probable que uno se encuentre con un
jefe que quiere una relación personal, o un maestro que quiere ser tu padre o un padre que
quiere ser tu amigo. El hecho de que los límites de las otras personas sean tan débiles que
intentarán romper los límites entre tú y ellos será algo difícil de notar.
Las personas se utilizan entre sí para obtener beneficios personales. Cuando se
produce una situación equilibrada entre ambos esto puede ser bastante sano, pero cuando
alguien usa al otro en su propio beneficio y en detrimento del otro la situación ya no es sana.
Por lo tanto, en este proceso es importante el objetivo adicional de aprender a reconocer los
intentos y tácticas de los otros para manipular. Los métodos que utilizan los demás para
conseguir que uno rompa sus límites y controlarle son tácticas como la culpa, el halago, la
seducción, el enfado y la intimidación o el rechazo. Obviamente existen más tácticas para
conseguir que alguien cumpla con los propios deseos y rompa el sentido de los límites
personales que tenía. Cada uno es el único que se puede proteger a sí mismo de la
manipulación de los otros. Pero esto sólo se puede hacer si se tiene un sentido claro de los
propios límites.
El proceso hipnótico que se presenta aquí pretende ayudar al lector a tener una
sensación de quién es él/ella y cuáles son sus diferentes partes y cómo usarlas de manera
eficaz en cada situación que se tenga que afrontar. Cada parte de uno mismo es valiosa, y a
veces uno puede hacer caso a su corazón y otras a su cabeza. En ocasiones uno sigue los
propios impulsos y otras los puede dejar pasar y pensar. No existen fórmulas para vivir y
sentirse bien; lo que uno puede hacer es valorar qué es lo que mejor le funciona en cada
situación, basándose en los resultados.

Ahora vamos a empezar... se puede poner en una posición cómoda y empezar


a orientarse... en lo que probablemente ahora es una experiencia familiar...
permitiéndose relajarse cómodamente... permitiendo que le absorban diferentes ideas...
y diferentes maneras de experimentarse a sí mismo/a... se da cuenta gradualmente... de
lo claro que empieza a ser para usted... lo interno... lo que le define a usted como que es
usted... y lo que está fuera... que sigue estando en el mundo externo... del que usted
siempre forma parte... pero del que paradójicamente siempre está separado/a... Por lo
tanto, ahora y al inicio de esta experiencia... a medida que deja que sus ojos se cierren...
y deja que su atención vague sin rumbo en su interior... puede ser consciente de que hay
diferentes elementos en la experiencia... que puede centrar su atención en... una parte
de quién es usted... está representada por los diferentes pensamientos que pasan por su
mente... Cualquier cosa en la que piense... que se le ocurra... en respuesta a lo que yo
describo... y también en respuesta a sus propios pensamientos... a medida que un
pensamiento provoca otro, que a su vez provoca otro... a medida que su mente salta de
un pensamiento a otro, y de un lugar a otro... Toda esa experiencia mental... experiencia
consciente... que es una parte muy importante de quién es usted... También hay otra
parte de usted que vale la pena reconocer... es decir, el aspecto físico de su
experiencia... la sensación de su cuerpo... mientras se relaja cómodamente en la silla...
¿qué parte de su cuerpo... parece relajarse primero?... ¿y en qué momento empieza a
darse cuenta... de que su respiración se vuelve más lenta... de que su pulso se
enlentece?... ¿qué parte de su cuerpo empieza a sentir más distante?... ¿y qué parte
más cercana?... Hay tantos aspectos diferentes de la experiencia física... Y otra parte
valiosa de usted... es la parte que tiene sentimientos... respecto a lo que estoy diciendo...
curiosidad respecto a lo que va a poder descubrir... y usar... para su propia satisfacción...
Sus sentimientos de bienestar... y de ser capaz de adaptarse... y disfrutar... de los
momentos tranquilos como éste... sin tener que pensar... sin tener que analizar... un
momento para poder «estar» simplemente... Sentimientos de bienestar... de orgullo por
lo que sabe... de confianza de poder aprender... de relajación por no tener que decir
nada... ni hacer nada... ¿y cuántas partes de usted están allí?... Hay partes optimistas...
y partes pesimistas... partes que quieren trabajar... y otras que quieren jugar... algunas
que les gusta pensar en el futuro... y otras en lo que pasó... algunas a las que les gusta
estar con los demás... y otras a las que les gusta estar solas... partes que piensan...
partes que sienten... y tantas otras que podría nombrar cientos de ellas... y lo que va a
descubrir ahora... es que cada parte de su experiencia... tiene un maravilloso potencial...
de ser valiosa... alguna vez... en algún lugar... Saber que puede entrar... y quedar
abierto/a a una parte de la experiencia... es un conocimiento valioso... es como si la luz
de su conciencia... encendiera una parte concreta de sí mismo/a... en una situación... en
la que pudiera controlar habilidad... También está descubriendo... la facilidad con la que
el mal acoplamiento entre una parte suya y una situación... puede generar problemas...
Sabe, por ejemplo, que si va a ir a una fiesta... es importante que pueda ir a su interior y
sacar su parte social... la parte a la que le gusta la gente y disfruta estando con otras
personas... que le gusta reír y bromear... y oír las perspectivas de otras personas... y
compartir las experiencias de otros... éstas son las cosas que pueden hacer que una
fiesta sea divertida... pero ¿qué ocurriría si alguien fuera a ir a una fiesta... y estuviera
muy absorto en su experiencia interna... como el mal humor... separándose de manera
efectiva... a sí mismo/a de los demás?... Y ahora se da cuenta... de que a veces está
absorto en cosas internas... introspectivamente... y que a veces está absorto en cosas
externas... estar absorto internamente en una fiesta... no encaja mucho... y los
sentimientos serán dolorosos... y negativos... al evaluarse a uno mismo... de camino a
casa... al volver de la fiesta... preguntándose de forma autocrítica... por qué no pudo
entrar... en el encuadre mental de la fiesta... Hay muros en todas las personas... que uno
puede construir... y que uno puede derribar... cuando se da cuenta... Muros que
separan... diferentes partes de su experiencia entre sí... como si cada una estuviera en
un compartimento... Y se puede imaginar con facilidad que camina por un vestíbulo...
que tiene muchas puertas a ambos lados... de manera que si abre una puerta en
particular puede entrar en sus pensamientos... o si abre una puerta diferente puede
entrar en sus sentimientos... e incluso si abre otra puede entrar en sus vulnerabilidades...
o si abre otra puede entrar en sus puntos fuertes... Qué extraordinaria sensación de
control... de poder personal... cuando conoce y valora todas las partes de usted mismo...
y sabe cómo... entrar y salir de cada una... ¿Y no es valioso poder aprender de la
experiencia de los demás?... Recuerdo que no hace mucho tiempo trabajé con una
persona... que describía que vivía con una mujer a la que quería mucho... pero se daba
cuenta de que muchas veces por la mañana... antes de irse a trabajar... y dirigirse hacia
caminos diferentes durante el día... tenían pequeñas discusiones... conflictos simples
como quién recogería la leche al volver a casa... o quién se pararía y compraría el
periódico antes de volver... Y se decían entre sí cosas que no eran particularmente
agradables ni educadas ni cariñosas... Estaba hundido... y estaba tan triste que decía
que ni siquiera podía ir a trabajar... y estaba tan confuso respecto a cómo podían tener
esas discusiones... y su novia podía seguir yendo a trabajar... Qué importante fue que
aprendiera... a separar su vida personal... de su vida laboral... sus sentimientos
personales... de su capacidad para funcionar... en el trabajo... E incluso dentro de sí
mismo... necesitaba aprender a separar su frustración y su enfado... de las cosas que
decía a su novia... para afrontar las diferencias entre ellos... sean grandes o pequeñas...
de manera respetuosa... Los sentimientos internos de rabia se pueden separar de... decir
cosas que son mezquinas o destructivas... Hay un muro que separa las emociones de
las acciones... la rabia de la violencia... los sentimientos de deseo o atracción de las
conductas irresponsables... y usted está descubriendo ahora... que puede separar
diferentes partes de su experiencia... que incluso puede separar la experiencia que tiene
normalmente de usted mismo de la que tiene cuando está hipnotizado... y puede separar
todas las cosas que tiene que hacer más tarde hoy... de esta experiencia que está
teniendo ahora... de relax... y escucha... y aprendizaje... Ahora sabe... que todos los
países... todos los Estados... tienen sus fronteras... Existe una línea... que separa...
Estados Unidos de Canadá... y Estados Unidos de México... Hay una línea que separa...
el Estado en el que usted vive... del Estado vecino... y la ciudad en la que vive... de la
ciudad de al lado... Estados Unidos... incluso tiene... patrullas de aduanas... que tienen la
tarea de mantener la integridad de nuestras fronteras... para dejar dentro lo que debe
quedar dentro... y dejar fuera lo que se debe quedar fuera... Y una de las misiones de
nuestra nación... es ser capaz de proteger nuestras fronteras... para que nos puedan
definir a nosotros... como nosotros... A cualquier lugar que vaya... cada país tiene sus
fronteras... y su propia manera de definirse... su cultura... su lenguaje... sus costumbres...
Ahora, usted sabe tan bien como yo... con cuánta frecuencia... un grupo de personas
invade a otro grupo... y cruza los límites... e intenta imponer sus deseos y su forma de
vivir... No es diferente a nivel individual... usted puede empezar a ver claramente... las
personas que le buscan... las cosas que quieren... Y ahora está usted... y sus límites... y
su capacidad para proteger dichos límites... que impiden que le absorban los planes de
otra persona... siendo capaz de resistir con facilidad... sus tácticas de culpabilizar... o de
intimidación... o de lo que sea... para poderse proteger... de manera hábil... cuidadosa...
poderosa... Y está aprendiendo... más deprisa de lo que es consciente... que cada parte
es valiosa... en algún lugar... en algún momento... Ya sea una parte enfadada... o una
parte alegre... una parte afectuosa... o una crítica... tiene un propósito valioso... cuando
la usa bien... Y lo que está aprendiendo ahora... es que puede tener la capacidad... de
entrar deliberadamente en una parte de usted mismo... esto es siempre una elección
suya... Así que cuando hace algo que no va muy bien... puede encontrar su parte
compasiva... y quedar absorto en ella... Y cuando experimenta tensión... puede encontrar
la parte de usted que sabe cómo relajarse... Y cuando descubra que está siendo
autocrítico... puede encontrar la parte que es paciente... y aceptar... y deleitarse en ella...
Su experiencia es suya y de nadie más... Y cuando se da cuenta de que... no importa
cuánto le quiera alguien... si se rompe una pierna... usted tendrá que llevar la escayola...
nadie más la llevará por usted... siempre hay... un límite que le separa a usted de los
otros... Y qué afortunado es de que la vida sea así... de manera que usted puede ser
usted... y puede desarrollar todas las partes de usted mismo plenamente... Saber cómo y
cuándo usar cada una de ellas... de maneras que le hagan sentir bien... Y así, disfrutar...
de los sentimientos de bienestar... y tomarse algún tiempo para procesar la experiencia...
integrando nuevos conocimientos... y usando dicha experiencia de manera hábil... y
cuando se sienta preparado, puede cerrar esta experiencia cómodamente...
reorientándose gradualmente cuando se sienta preparado... y reorientándose
plenamente y abriendo los ojos cuando le parezca un buen momento para hacerlo...

Esta transcripción figura en el vídeo Using hypnosis in the treatment of depression,


realizado por Michael D. Yapko (Brunner/Mazel, 1992).
CAPÍTULO 22: Recuerdos, sugestionabilidad y
controversia sobre los recuerdos reprimidos

Considérese a una mujer que acude a psicoterapia y nos indica que sufre pesadillas terribles,
desórdenes alimentarios, así como dificultades en las relaciones interpersonales,
especialmente con hombres. Dice no tener ninguna idea acerca del origen de estos síntomas,
pero su psicoterapeuta le sugiere directamente que puede que «haya sido objeto de un abuso
sexual y haya reprimido los recuerdos alrededor de este hecho». Ella no recuerda nada, ni
siquiera leves indicios de ningún acontecimiento de ese tipo.
A través de la hipnosis y otras técnicas de regresión temporal basadas en la hipnosis
(como la visualización, o la imaginación guiada), recupera con rapidez algún recuerdo que le
sugiere un abuso sexual ocurrido a una edad muy temprana. ¿Sucedieron realmente estos
episodios de abuso? ¿Es posible que se hayan fabricado estos recuerdos con el fin de
acomodarse a las expectativas y sugerencias del psicoterapeuta? ¿Es posible llevar a alguien a
creer que ha sido objeto de un abuso sexual cuando este episodio tal vez no tenido lugar
nunca?
Hoy, todas estas difíciles preguntas se encuentran todavía en el corazón de las más
importantes controversias en el mundo de la psicoterapia actual. Por un lado, nos encontramos
con clínicos e investigadores que creen que los traumas reprimidos relativos al abuso sexual
pueden y deben identificarse a partir de una revisión exhaustiva de la lista de síntomas
conocidos del paciente (Blume, 1990; Fredrickson, 1992). Creen además que el tratamiento
debe incluir en primer término una eliminación de la represión, a través de técnicas de
recuperación de la memoria, seguido de un profundo trabajo con el material traumático
recientemente recuperado, con el fin de ayudar al cliente a encontrar soluciones que no
conlleven la aparición del síntoma. Les preocupa asimismo que los perpetradores de abusos
sexuales puedan encontrar nuevas formas para evadir su responsabilidad alegando que el
abuso es producto de unos recuerdos falsos. Y, para acabar, creen que los recuerdos que se
recuperan en el proceso de terapia son esencialmente verdaderos, y deben ser considerados
como tales antes de que el tratamiento se lleve a cabo.
En el otro extremo de la controversia se hallan aquellos clínicos e investigadores que
se muestran escépticos ante la habilidad de algunos para diagnosticar que alguien presenta
recuerdos reprimidos por un trauma ante conjuntos de síntomas que pueden explicarse bajo
otras hipótesis (Ganaway, 1991; Loftus, 1993). Después de todo, no es posible estudiar la
represión de una forma directa, tan sólo puede llegar a inferirse (No se le puede preguntar a
alguien: «¿Está usted reprimiendo recuerdos acerca de un abuso sexual?», ya que si él o ella
tienen conciencia del hecho, querrá decir que no lo están reprimiendo). Estos clínicos e
investigadores creen además que al llegar a la conclusión de que el cliente ha sufrido un abuso
y que está reprimiendo los recuerdos que tienen que ver con este acontecimiento, los
psicoterapeutas pueden, ya sea de una forma consciente o inconsciente, estar influyendo en el
cliente para que llegue a la misma conclusión, cuando ésta quizás no sea cierta. Les preocupa
mucho el hecho de que gente inocente pueda verse acusada falsamente, y que, como
consecuencia de ello, se puedan llegar a destrozar sus vidas. Reconocen que la gente,
especialmente en situaciones de alta vulnerabilidad como puede ser una situación de
psicoterapia, se ve influida a pensar que se han producido actos desagradables cuando éstos
tal vez no tuvieron lugar.
Se han hecho numerosos esfuerzos para estudiar el grado de sugestionabilidad a que
se pueden someter los recuerdos. Investigaciones como las de Laurence y Perry (1983); Orne
(1979); Sheehan, Statman y Jamieson (1991); Lyyn, Milano y Weekes (1992); y Loftus (1993)
apoyan la hipótesis de que la memoria es reconstructiva, no reproductiva. Así pues, la precisión
de la memoria se puede ver influida por diversos factores, entre los que se incluyen la
sugestión y la falta de información (Bower, 1981; Labelle, Laurence, Nadon y Perry, 1990;
Loftus, 1980; Lynn, Weekes y Milano, 1989; Sheehan y Grigg, 1985).
Otro de estos factores, la represión, constituye una variable especialmente complicada
ya que todavía no se conoce del todo la influencia que puede ejercer en la precisión de la
memoria que se recupera (Loftus y Yapko, 1995). Concretando, no se sabe muy bien la forma
en que la represión puede disminuir o aumentar la precisión de los recuerdos enterrados hace
bastante tiempo (ni siquiera si llega a hacerlo), ni tampoco el grado en que diversos
procedimientos centrados en la sugestión (hipnosis) empleados para recuperar estos recuerdos
reprimidos pueden estar contaminando los recuerdos que se derivan de su utilización (Dywan y
Bowers, 1983; Kihlstrom y Evans, 1979; Laurence, Nadon, Nogrady y Perry, 1986; Loftus y
Hoffman, 1989; Watkins, 1989).
En el momento en que los psicoterapeutas empiezan a sospechar y pasan a buscar de
forma intencionada una historia de abuso que pueda haberse visto reprimida en un cliente
determinado, sus creencias sobre los recuerdos y su respectiva toma de conciencia (así como
su falta de ella) bajo influencias sugestivas se van a hallar directamente implicadas en la misión
que el terapeuta emprende de «búsqueda y captura» de estos recuerdos. Por ejemplo, la
creencia de que alguien puede almacenar y recordar posteriormente recuerdos de
conversaciones y experiencias ocurridas en los primeros instantes de vida puede llevar al
psicoterapeuta a usar técnicas psicoterapéuticas totalmente diferentes de las que usaría si no
tuviera esta creencia (Yapko, 1990).
Desgraciadamente, muchos psicoterapeutas creen en vidas pasadas, en la reparación
y precisión de los recuerdos infantiles, y en la infalibilidad de la hipnosis como herramienta para
recuperar recuerdos precisos (Yapko, 1994a). Muchos de ellos continúan manteniendo la rígida
e infundada creencia de que deben existir, en algún sitio o manera, recuerdos exactos de las
experiencias vividas, y que todo lo que a uno le hace falta es conseguir la «llave» correcta para
«abrir» este recuerdo. Recuerdos falsos vivamente detallados y expresados de forma
dramática pueden aceptarse como verdaderos debido simplemente a las creencias
preexistentes del psicoterapeuta (Scheflin y Shapiro, 1989).
Sin la evidencia objetiva de una cámara fotográfica o de vídeo que lo corrobore, ¿cómo
va a poder distinguir entre un recuerdo real y una confabulación? Esta pregunta va directa al
fondo de la cuestión, y la respuesta resulta del todo desalentadora: no existe ningún método
objetivamente demostrable que sea capaz de llevar esto a cabo. Esta conclusión representa la
respuesta unánime dada desde ambas partes de la controversia (Yapko, 1994a, 1994b).
La ciencia de la salud mental no conoce todavía demasiadas cosas acerca de la
represión de recuerdos traumáticos. De hecho, hay quien cuestiona la existencia misma de la
represión (Holmes, 1990). ¿Existe realmente la represión? La evidencia sugiere con fuerza
que, efectivamente, sí existe. Pero en todo caso, lo que los clínicos todavía no han descubierto
es cómo funciona realmente la represión que existe en torno al abuso sexual en la infancia.
Todavía no se conoce la autenticidad de recuerdos que han permanecido enterrados durante
veinte o treinta años y que de repente emergen en la superficie de forma dramática, como
consecuencia de una lectura, de un libro de autoayuda o de una sesión psicoterapéutica. No
sabemos si cada vez que encontramos un síntoma puede haber recuerdos reprimidos detrás, o
si están esperando a ser descubiertos para considerarlos la fuente de los problemas del cliente,
ni siquiera si sería posible que estos mismos síntomas existieran independientemente de las
experiencias negativas que hayan podido verse reprimidas. No sabemos desde qué edad
pueden haberse estado reprimiendo recuerdos. No sabemos si el trauma hace que los
recuerdos reprimidos sean más o menos precisos en un individuo en concreto. No sabemos
qué técnicas destinadas a recuperar recuerdos reprimidos los van a alterar de forma
significativa simplemente por hacer uso de ellos. No sabemos por qué algunas personas
reprimen un tipo especial de traumas y otras personas no lo hacen. No sabemos por qué hay
gente que nunca presenta recuerdos traumáticos, aunque se sepa desde un punto de vista
objetivo que haya ocurrido algo en sus vidas, mientras que otros presentan recuerdos que van
y vienen de sus vidas. Todos estos interrogantes representan áreas de investigación que
todavía no han sido enfocadas con profundidad.

Implicaciones clínicas
Tratar estos asuntos a nivel clínico es difícil. El resto de este capítulo está dedicado a
ofrecer algunas indicaciones de cómo tratar estos aspectos tan delicados. Esta sección se
reimprime con permiso de un artículo que escribí para un número de The Family Therapy
Networker (Yapko, 1993a).
¿Cómo van a navegar los terapeutas entre los oscuros terrenos de la mentira y la
innegable realidad que abarca gran parte de la terapia? Supongamos que un cliente me dice:
«Me hipnotizaron (o hice un "trabajo de imaginación" o una "meditación guiada") y el terapeuta
descubrió algunos recuerdos aparentemente reprimidos que indican que sufrí abusos sexuales
en la infancia». Suponga también que, aunque el cliente no sospechaba el abuso hasta que se
le diagnosticó, sus síntomas hacen que dicho diagnóstico sea posible. ¿Cómo puede estar
seguro el terapeuta de las necesidades del cliente y abierto a la posibilidad de que el abuso
fuera real sin confabularse con un diagnóstico cómodo que puede mostrar más evidencia de
sugestión que de realidad y de observación terapéutica? (Sheehan y McConkey, 1993; Yapko,
1993a, 1993b).
Primero y principal, un terapeuta no debe llegar demasiado rápido a la conclusión de
que hubo abuso simplemente porque es verosímil. Los síntomas no son evidencia de un abuso.
Si el cliente nunca antes ha mencionado que le hayan molestado y nunca se ha identificado
antes como la víctima de un abuso, el terapeuta no debería ser quien lo sugiriera. Por
supuesto, hay ocasiones en las que el terapeuta tiene buenas razones para sospechar y cree
necesario mencionar la posibilidad al cliente. Sin embargo, si hay resistencia el terapeuta no lo
debería patologizar como «negación» sino que debería esforzarse por crear una atmósfera en
la que el cliente finalmente tome la decisión de seguir adelante o no con el tema.
Un terapeuta no debería suponer que un cliente que no puede recordar muchas cosas
de su infancia está reprimiendo recuerdos traumáticos o está negando. Se crea o no, hay
personas orientadas al futuro o a experiencias del aquí y ahora cuya experiencia subjetiva es
que los recuerdos de la infancia son bastante pobres porque no los cuidan mucho o no se
molestan en recordarlos. Además, aceptar la teoría de una amnesia de base traumática como
explicación de la falta de recuerdos de infancia o la primera juventud se opone abiertamente a
la investigación sobre la maduración cognitiva. La investigación muestra que los recuerdos son,
cuanto más, inciertos hasta los dos años; antes de dicha edad los niños, aparentemente, no
tienen estructuras mentales para formar recuerdos coherentes a largo plazo. La idea del
«recuerdo corporal» es un constructo cómodo para mantener la creencia en los recuerdos
objetivos, pero es poco objetiva.
En cualquier caso, ningún terapeuta debería sugerir nunca, ni directa ni indirectamente,
la existencia de un abuso fuera de un contexto terapéutico específico: desde luego nunca a un
cliente que llama por teléfono para pedir una primera cita. Tampoco debería hacer preguntas
inductivas que implicaran una respuesta deseada o correcta. Por ejemplo, no hacer preguntas
como: «¿Cuándo sufrió un abuso? ¿Cómo se abusó de usted?». En el contexto hipnótico,
dichas preguntas sugestivas se basan en lo que llamamos presuposiciones: presuponen que el
abuso realmente ocurrió y todo lo que se ha de determinar es cuándo y cómo. Las
presuposiciones son útiles en terapia; preguntar a un cliente: «¿Cómo se sentirá cuando
descubra que puede tener el tipo de relación que quiere?», genera expectativas de cambio
positivo en terapia. Pero, por otro lado, las presuposiciones respecto a la realidad de un abuso
pueden crear la verdadera patología que el terapeuta supuestamente está tratando.
El cliente es más vulnerable a las sugestiones y a la influencia adversa de las
preguntas inductivas cuando la terapia empieza a ahondar en situaciones dolorosas del
pasado, sobre todo de la infancia. En estos momentos el terapeuta es probable que pregunte:
«¿Cuántos años tenía?, ¿dónde estaba?, ¿qué estaba pasando?, ¿había alguien por allí?,
¿qué se dijo en la interacción entre tú y esa persona?». Tales preguntas son necesarias cuando
sirven para determinar lo que estaba experimentando el cliente, pero los terapeutas deberían
tener cuidado de no deslizar más preguntas inductivas como: «¿Se sintió incómoda con la
interacción?, ¿recuerda lo avergonzado/a y asustado/a que le hizo sentir?».
Incluso si después de haber formulado preguntas neutrales el cliente tiene un recuerdo
claro de abuso, el terapeuta debería estar abierto a otras posibles fuentes de influencia externa
en la vida del cliente. Por ejemplo, ¿ha leído mucha bibliografía sobre incesto, o ha estado
presionado por un hermano, o ha colaborado activamente con un grupo de víctimas?
Cuando se planifica una sesión con el propósito de descubrir información importante,
incluidos recuerdos reprimidos de abuso, el terapeuta debería plantearse grabar la sesión e
incluso transcribir las preguntas formuladas. Este tipo de autocontrol permite al clínico
determinar mejor si él en algún momento sugirió inadvertidamente la posibilidad de abuso,
provocando «recuerdos» ficticios en un cliente cumplidor y motivado por la tarea. Dado el daño
que pueden causar las acusaciones sobre abuso sexual no fundamentadas, los terapeutas
deberían infundir en su práctica un poco de tolerancia a la ambigüedad y a lo que realmente
ocurrió, sobre todo cuando el cliente informa que sus recuerdos han aparecido de repente en
grupos de apoyo para víctimas de abusos, por ejemplo, o después de leer libros sobre el tema.
En estos casos tan ambiguos, lo sabio probablemente es corroborar la información con
informes médicos y escolares de la infancia del cliente, y entrevistando a la familia y a los
amigos respecto a los incidentes: será mejor cuanta mayor evidencia externa se tenga.
Los terapeutas también deberían ser cautos y no sugerir a sus clientes que corten la
comunicación con sus familias. Uno de los aspectos más destructivos de la epidemia de
abusos es la ruptura de familias a raíz de las acusaciones realizadas por un hijo o una hija. Los
miembros de la familia no necesariamente están mintiendo ni negando si rechazan las
acusaciones. No se debería descartar la posibilidad de que estén diciendo la verdad o que
experimenten ellos mismos dudas dolorosas y confusión respecto a lo que realmente ocurrió.
Ciertamente, las dudas son inherentes al contexto, especialmente en los miembros de la familia
no abusadores. Se han de preguntar si el abuso ocurrió realmente o no; y si ocurrió, llegarán a
aceptar la verdad sólo a través de una comunicación abierta. Incluso si ha habido abuso, es
una irresponsabilidad encuadrar las dudas predecibles y la incredulidad como negación tóxica e
insistir precipitadamente para que el cliente abandone a sus padres y hermanos. Separar a la
familia innecesariamente en pro de la «curación» es como curar una enfermedad matando al
paciente.
Finalmente, los terapeutas deberían reconsiderar la filosofía de tratamiento «si no hay
dolor no hay curación». Parte de la presión para recuperar recuerdos a cualquier precio
proviene de la creencia común de que se ha de recordar y elaborar cada detalle doloroso del
abuso para que el cliente pueda empezar a mejorar. Esta teoría no funciona para todo el
mundo, sobre todo no para las víctimas de abusos. Hacer un trabajo de recuerdos
inexorablemente durante períodos largos de tiempo puede hacer empeorar a algunos clientes.
Se ven forzados a sacar a la luz más de lo que se sienten capaces de manejar. Los enfoques
que enfatizan la búsqueda de recursos en vez del trabajo de recuerdos pueden ir mejor y se
deberían tener en cuenta al formular un plan de tratamiento para un individuo en particular.
Como terapeutas predispuestos a agradar y creer a nuestros clientes, a empatizar con
su dolor y a ponernos de su parte, podemos estar también predispuestos a permitir que se
deslice lo que nos dicen nuestras facultades críticas cuando se llega a la verdad literal de lo
que nos están contando. Puesto que el abuso infantil es tan terrible, no queremos estar en la
posición de dudar de las personas que los han sufrido de manera horrible. Al mismo tiempo, las
falsas acusaciones no se pueden rechazar simplemente porque van en contra de nuestras
inclinaciones terapéuticas, o porque son políticamente incorrectas, sobre todo cuando las
consecuencias de dichas acusaciones (sean ciertas o falsas) son tan calamitosas.
Como terapeutas nos gusta pensar en nosotros mismos como si fuéramos buena
gente. Podemos suponer que algunos terapeutas son dañinos, pero es duro pensar que
podemos hacer daño a nuestros clientes inadvertidamente. No obstante, si con el objetivo de
combatir el abuso infantil negamos nuestro poder de influir negativamente en nuestros clientes
y creamos inintencionalmente el problema que intentamos tratar, estamos traicionando nuestra
misión. Nadie, ni las víctimas de verdaderos abusos ni las personas que equivocadamente
creen que sufrieron abusos, ni las familias de ambos pueden recibir la ayuda de un terapeuta
que abdica de su responsabilidad de pensar críticamente y que niegan la necesidad de hacer
distinciones entre verdad y falsedad.

Bibliografía
BLUME, E. (1990), Secret survivors, Nueva York, Ballantine.
BOWER, G. (1981), «Mood and memory», American Psychologist, 36, págs. 129-148.
DYWAN, J. y BOWERS, K. (1983), «The use of hypnosis to enhance recall», Science, 222, págs.
184-185.
FREDRICKSON, R. (1992), Repressed memories, Nueva York, Fireside.
GANAWAY, G. (1991, agosto), Alternative hypotheses regarding satanic ritual abuse memories,
estudio presentado en la 99a Anual Convention of the American Psychological
Association, San Francisco.
HOLMES, D. (1990), «The evidence of repression: An examination of sixty years of research», en
J. Singer (comp.), Repression and dissociation: Implications for personality, theory,
psychopathology and health, Chicago, University of Chicago Press, págs. 85-102.
KlHLSTROM, J. y EVANS, F. (1979), «Memory retrieval processes during post-hypnotic
amnesia», en J. Kihlstrom y F. Evans (comps.), Functional disorders of memory, Hillsdale,
NJ, Erlbaum, págs. 179-218.
LABELLE, L., LAURENCE, J. R., NADON, R. y PERRY, C. (1990), «Hypnotizability, preference for an
imagic cognitive style and memory creation in hypnosis», Journal of Abnormal
Psychology, 99, págs. 222-228.
LAURENCE, J. R., NADON, R., NOGRADY, H. y PERRY, C. (1986), «Duality, dissociation, and
memory creation in highly hypnotizable subjects», International Journal of Clinical and
Experimental Hypnosis, 34, 4, págs. 295-310.
LAURENCE, J. R. y PERRY, C. (1983), «Hypnotically created memory among highly hypnotizable
subjects», Science, 222, págs. 523-524.
LOFTUS, E. (1980), Memory, Reading, MA, Addison-Wesley.
LOFTUS, E. (1993), «The reality of repressed memories», American Psychologist, 48, 5, págs.
518-537.
LOFTUS, E. y HOFFMAN, H. (1989), «Misinformation and memory: The creation of new
memories», Journal of Experimental Psychology: General, 118, págs. 100-104.
LOFTUS, E. y YAPKO, M. (1995), «Psychotherapy and the recovery of repressed memories», en
T. Ney (comp.), Handbook of allegations of child sexual abuse, Nueva York,
Brunner/Mazel.
LYNN, S., MILANO, M., WEEKS, J. (1992), «Pseudomemory and age regression: An exploratory
study», American Journal ofClinical Hypnosis, 35, 2, págs. 129-137.
LYNN, S., WEEKES, J. y MILANO, M. (1989), «Reality vs. suggestion: Pseudomemory in
hypnotizable and simulating subjects, Journal of Abnormal Psychology, 98, págs. 137-
144.
ORNE, M. T. (1979), «The use and misuse of hypnosis in court», International Journal of Clinical
and Experimental Hypnosis, 7, págs. 311-341.
SCHEFLIN, A. y SHAPIRO, J. (1989), Trance on trial, Nueva York, Guilford.
SHEEHAN, P. y GRIGG, L. (1985), «Hypnosis, memory and the acceptance of an implausible
cognitive set», British Journal of Clinical and Experimental Hypnosis, 3, págs. 5-12.
SHEEHAN, P. y McCONKEY, K. (1993), «Forensic hypnosis: The application of ethical
guidelines», en J. Rhue, S. Lynn e I. Kirsch (comps.), Handbook of clinical hypnosis,
Washington, DC, American Psychological Association, págs. 719-738.
SHEEHAN, P, STATHAM, D. y JAMIESON, G. (1991), «Pseudomemory effects over time in the
hypnotic setting», Journal of Abnormal Psychology, 100, págs. 39-44.
WATKINS, J. (1989), «Hypnotic hypermnesia and forensic hypnosis: A cross-examination»,
American Journal of Clinical Hypnosis, 32, págs. 71-83.
YAPKO, M. (1990), Trancework: An introduction to the practice of clinical hypnosis, 2a ed., Nueva
York, Brunner/Mazel.
YAPKO, M. (1993a, septiembre-octubre), «The seductions of memory», Family Therapy
Networker, 17, 5, págs. 30-37.
YAPKO, M. (1993b), «Are we uncovering traumas or creating them?: Hypnosis, regression, and
suggestions of abuse», en L. Vandercreek, S. Knapp y T. Jackson (comps.), Innovations
in clinical practice: A source book, vol. 12, Sarasota, FL, Professional Resource Press,
págs. 519-527.
YAPKO, M. (1994a), «Suggestibility and repressed memories of abuse: A survey of
psychoterapists' beliefs», American Journal of Clinical Hypnosis, 36, págs. 163-171.
YAPKO, M. (1994b), Suggestions of abuse: True and false memories of childhood sexual
trauma, Nueva York, Simon & Schuster.
CAPÍTULO 23: Resistir a la resistencia

Desde siempre, la literatura referente a la hipnosis clínica ha tenido algo que decir con respecto
al tema de la resistencia del cliente. Mayoritariamente se consideraba que la resistencia era la
manifestación de sus defensas a la hora de tenerse que enfrentar a sus conflictos
intrapsíquicos. El tratamiento «adecuado» consistía en la formulación confrontativa respecto a
la resistencia, pasando primero por intentar tomar conciencia de ella, para descubrir su origen y
función y finalmente colaborar a su resolución. Desde este punto de vista se consideraba
siempre como un problema del cliente, que actuaba como un mecanismo de enfrentamiento
intrapsíquico que requería del análisis y de la interpretación. Cuando ésta interfería en el
proceso de terapia, cosa que suele suceder inevitablemente, se acusaba al cliente de
saboteador. Se vertían diferentes acusaciones e interpretaciones contra él, quien, desde luego,
«en el fondo no deseaba cambiar», o quizás era «demasiado resistente al progreso».
En todo caso, la resistencia es una fuerza que actúa en contra del objetivo terapéutico.
Se la reconoce ampliamente como un componente integral e inevitable de dicho objetivo
terapéutico, y prácticamente la totalidad de enfoques que conozco reconocen la existencia de
algún equivalente aproximado. Lo único que difiere de un enfoque a otro es el aspecto racional
que justifica su existencia y las técnicas y tratamiento utilizados para su toma de conciencia.
Definir la resistencia como fuerza que actúa en contra de los intereses de la terapia no
sitúa la culpa ni en el cliente ni el terapeuta. En lugar de ver a la gente que dice venir
voluntariamente (si se hallan en terapia de forma no voluntaria el caso cambia sustancialmente)
en busca de ayuda sin desearla realmente, parece mucho más práctico percibir la resistencia
como la forma que el cliente tiene de comunicarnos sus dificultades para relacionarse con el
mundo (del cual el clínico es también una parte). En otras palabras, visto así, la resistencia no
constituye una propiedad fija por parte del cliente, sino más bien un intento de comunicación
que nos indica los límites de lo que el cliente puede y no puede hacer. Y más que culpar al
cliente, se haría mejor en aceptar esta comunicación como un indicador válido de la
experiencia que la persona tiene de sí misma.
Situando esta perspectiva general en el contexto de la hipnosis, la resistencia no se ve
necesariamente como indicador de un sabotaje inconsciente por parte del cliente.
Frecuentemente lo que está pasando es que el cliente opta por no responder de la manera
deseada a la sugestión, por muy diversas razones, las cuales tienen todas un denominador
común: la sugestión no encaja bien en la experiencia del cliente, llegando, de hecho, a
contradecirla. La resistencia podría verse entonces como la afirmación interpersonal de que las
estrategias y maniobras terapéuticas que se están llevando a cabo en el contexto de terapia no
son aceptadas en alguno de sus niveles por parte del cliente.
La resistencia constituye una fuerza bien real, y puede relacionarse a alguna o a las
dos principales áreas de tratamiento: resistencia a la hipnosis en sí misma, y/o resistencia ante
el progreso terapéutico (Brown y Fromm, 1986; Erickson y Rossi, 1979; Grinder y Bandler,
1981; Yapko, 1984).

Resistencia a la hipnosis
El origen de la resistencia a la hipnosis puede ser diverso. Una de las causas más
comunes está en el miedo ante lo que pueda suceder durante el proceso hipnótico. Cuando el
cliente no está informado de la naturaleza de este proceso, puede empezar a sentir un gran
temor.
También puede aparecer una cierta resistencia a la hipnosis cuando se asocian
fracasos hipnóticos del pasado, provengan éstos de una experiencia personal o de algún ser
cercano y creíble. También puede aparecer a partir de los sentimientos negativos que el cliente
tiene con respecto al terapeuta (aunque se enfatice el valor de la alianza). Y la resistencia
también puede tener su origen en diversas variables contextúales, como el entorno inmediato,
el estado de ánimo del cliente, su salud o incluso el tiempo.
Ahora bien, la mayor parte de la resistencia puede atribuirse a la cualidad de las
sugestiones, en especial a lo bien que se adecúan a la experiencia del cliente. El cliente opta
por no someterse a la sugestión si se le imponen algunas técnicas para que experimente algo
que el terapeuta desea que experimente (por ejemplo, hacer levitar un brazo), lo cual tiene muy
poco que ver con lo que realmente está experimentando o desea experimentar (Erickson y
Rossi, 1981; Fezler, 1986; Haley, 1973; Hilgard, 1991; Levitan y Jevne, 1986; Lynn y Rhue,
1991).

Resistencia al progreso terapéutico


La resistencia ante los objetivos terapéuticos coincide en muchos aspectos con la
dinámica de la resistencia a la hipnosis.
Son numerosos los posibles puntos de origen de esta resistencia al progreso. Los
bloqueos pueden aparecer debidos a los conflictos intrapsíquicos del cliente, como por ejemplo
el caso de las ambigüedades, tal y como se ha descrito con detalle en numerosos escritos
psicodinámicos.
También puede atribuirse al tipo de intervención empleada, en el caso de que ésta
contenga estrategias y maniobras inaceptables para el cliente. Más aún, cuando el clínico
trabaja a un ritmo mayor o menor de cómo trabaja el cliente, la resistencia no tardará en salir a
la superficie. También se da como consecuencia de los sentimientos negativos hacia el clínico,
o justo todo lo contrario, sentimientos románticos o de idealización del terapeuta, que lo
colocarán en un pedestal del cual tarde o temprano acabará cayendo. Finalmente, debemos
decir que las variables ambientales también juegan un papel importante, incluyendo en ellas las
condiciones ambientales, la disposición y el estado de salud del cliente, y cosas por el estilo. Es
evidente que toda la sensibilidad que esté jugando un papel relevante en la hipnosis también lo
está haciendo en el proceso terapéutico en general, ya que se aplican los mismos principios
(Booth, 1988; deShazer, 1984; Watzlawick, 1978; Zeig, 1980).

Responder a la resistencia
Está claro que la manera de enfrentarse a esta forma de comunicación considerada
como «resistente» está en función de cómo se conceptualice. El modo en que se defina esta
resistencia, y de quién se considere responsabilidad determinará si su concepción de la
resistencia tiene que ver con una propiedad del cliente o con una propiedad del clínico (por
ejemplo, Bandler y Grinder [1979] han afirmado rotundamente que no existe nada llamado
resistencia, sino que se trata únicamente de la existencia de malos terapeutas), o bien como
resultado de una interacción entre ambos.
Aceptar la resistencia como una forma válida de comunicación por parte del cliente
evita tener que culpar a alguna de las dos partes de la relación terapéutica (Erickson, 1959,
1964, 1965).
Aquí se podría aplicar la fórmula básica de «acepta y usa». En la práctica, se lleva a
cabo siendo capaz de aceptar plenamente la respuesta del cliente como respuesta válida,
mientras se halla la manera de utilizar esta respuesta en servicio de futuras sugestiones.
Una vez se acepta la reacción del cliente como válida, puede empezar a construirse la
respuesta. Y esto lleva a redefinir la resistencia como una conducta cooperativa. Si el clínico
pasa a redefinir todo lo que haga el cliente como una actitud colaborativa, ¿dónde está la
resistencia? Encontrar la manera en que la conducta no conformista del cliente se convierte en
una ventaja puede cambiar el sentimiento asociado a ella de forma sustancial.
Responder a las resistencias del cliente de una forma aceptadora y no confrontadora
requiere una gran dosis de flexibilidad y de respeto por la integridad del cliente. La flexibilidad
hace referencia a la habilidad de disponer de diferentes formas para llegar a un mismo punto
sin tener que obligar al cliente a romperse la cabeza intentándolo. La flexibilidad conlleva estar
dispuesto a salvar la distancia para trabajar al mismo nivel que el cliente, yendo a su realidad
en lugar de esperar o exigir que él o ella acuda a la del terapeuta. También implica no tener
procedimientos y expectativas tan rígidos que no le permitan buscar un tipo de respuestas más
individuales y únicas (Dolan, 1985; Erickson y Rossi, 1979, 1981; Erickson, Rossi y Rossi,
1976; Gilligan, 1987; Hammond, 1990).
Conclusión
La resistencia al cambio es un rasgo constitutivo del ser humano. Invertimos gran parte
de nuestras vidas intentando construir un patrón ritualizado de conductas para consumir la
menor cantidad posible de energía mental y física. Y una vez hallado ese patrón, nos quejamos
de «estar anclados en la rutina».
La resistencia no siempre se muestra de una forma evidente (algunas de estas
resistencias son inconscientes y sutiles), y no siempre se usa al servicio de un cambio. Algunos
clientes acabarán no cambiando, otros lo harán de una forma muy superficial. Mi intención al
proponer el tema de la resistencia en este capítulo reside en presentar la idea de que la mayor
parte de la resistencia es interpersonal, y que aparece como consecuencia de un enfoque
exigente y poco sensible. Es más, otras resistencias hacen referencia a la falta de apreciación y
de valor del papel que el síntoma está jugando en la vida de la persona. Cuando el clínico sea
capaz de llegar a un mismo punto utilizando diversas maneras de aproximarse, observará
como gran parte de sus intervenciones tendrán éxito, utilizando la información que la persona le
dé como guía de lo que conviene o no conviene hacer.

Bibliografía
BANDLER, R. y GRINDER, J. (1979), Frogs into princes, Moab, UT, Real People Press.
BOOTH, P. (1988), «Strategic therapy revisited», en J. Zeig y S. Lankton (comps.), Developing
Ericksonian therapy: State of the art, Nueva York, Brunner/Mazel, págs. 39-58.
BROWN, D. y FROMM, E. (1986), Hypnotherapy and hypnoanalysis, Hillsdale, NJ, Erlbaum.
DESHAZER S. (1984), «The death of resistance», Family Process, 23, págs. 79-93.
DOLAN, Y. (1985), A path with a heart: Ericksonian utilization with resistant and chronic clients,
Nueva York, Brunner/Mazel.
ERICKSON, M. (1959), «Further clinical techniques of hypnosis: Utilization techniques»,
American Journal of Clinical Hypnosis, 2, págs. 3-21.
ERICKSON, M. (1964), «The burden of responsability in effective psychotherapy», American
Journal of Clinical Hypnosis, 6, págs. 269-271.
ERICKSON, M. (1965), «The use of symptoms as an integral part of hypnotherapy», American
Journal of Clinical Hypnosis, 8, págs. 57-65.
ERICKSON, M. y ROSSI, E. (1979), Hypnotherapy: An exploratory casebook, Nueva York,
Irvington.
— (1981), Experiencing hypnosis, Nueva York, Irvington.
ERICKSON, M., ROSSI, E. y ROSSI, S. (1976), Hypnotic realities, Nueva York, Irvington.
FEZLER, W. (1986), «Clients who can't concentrate or who become more anxious during
induction», en B. Zilberged, M. Edelstein y D. Araoz (comps.), Hypnosis: Questions and
answers, Nueva York, Norton, págs. 132-134.
GILLIGAN, S. (1987), Therapeutic trances: The cooperation principie in Ericksonian
hypnotherapy, Nueva York, Brunner/Mazel.
GRINDER, J. y BANDLER, R. (1981), Trance-formations: Neuro-Linguistic Programming and the
structure of hypnosis, Moab, UT, Real People Press.
HALEY, J. (1973), Uncommon therapy, Nueva York, Norton.
HAMMOND, D. (comp.) (1990), Handbook of hypnotic suggestions and metaphors, Nueva York,
Norton.
HlLGARD, E. (1991), «A neodissociation interpretation of hypnosis», en S. Lynn y J. Rhue
(comps.), Theories of hypnosis: Current models and perspectives, Nueva York, Guilford,
págs. 83-104.
JOHNSON, L. (1988), «Naturalistic techniques with the "difficult" patient», en J. Zeig y S. Lankton
(comps.), Developing Ericksonian therapy: State ofthe art, Nueva York, Brunner/Mazel,
págs. 397-413.
LEVITAN, A. y JEVNE, R. (1986), «Patients fearful of hypnosis», en B. Zilberged, M. Edelstein y D.
Araoz (comps.), Hypnosis: Questions and answers, Nueva York, Norton, págs. 81-86.
LYNN, S. y RHUE, J. (1991), «An integrative model of hypnosis», en S. Lynn y J. Rhue (comps.),
Theories of hypnosis: Current models and perspectives, Nueva York, Guilford, págs. 397-
438.
WATZLAWICK, P. (1978), The language of change, Nueva York, Basic Books.
YAPKO, M. (1984), «The implications of the Ericksonian and Neuro-Linguistic Programming
approaches for responsability of therapeutic outcomes», American Journal of Clinical
Hypnosis, 21, págs. 137-143.
ZEIG, J. (comp.) (1980), A teaching seminar with Milton H. Erickson, M. D., Nueva York,
Brunner/Mazel.
CAPÍTULO 24: Riesgos de la hipnosis y aspectos
éticos

En un capítulo anterior en el que se trataban los conceptos erróneos sobre la hipnosis, uno de
ellos tenía que ver con el daño potencial que podía sufrir un cliente que siguiera un tratamiento
hipnótico. En dicho comentario señalo que la hipnosis es una herramienta, no una terapia, y
que se puede aplicar de manera hábil o se puede usar mal y dañar al cliente. Esto otorga una
responsabilidad total al clínico, que la ha de usar manera juiciosa y precavida.
Al tratar la mente inconsciente del cliente y sus dinámicas intrapsíquicas más
directamente, el clínico tiene la oportunidad de acceder a un mundo interno que tiene un
equilibrio delicado. Si uno es insensible a las poderosas emociones que puede desencadenar
lo que tradicionalmente se llama «abreacción», puede poner al cliente en peligro y perder la
oportunidad de llevar a cabo una curación real. Si el clínico se siente incómodo tratando fuertes
asociaciones emocionales que quizá han sido provocadas por lo que inicialmente pretendía ser
una experiencia hipnótica tranquila, puede elegir entre intentar sentirse cómodo o evitar realizar
cualquier trabajo que tenga un impacto realmente emocional (es decir, hacer terapia en un
estilo totalmente intelectual).
En este capítulo me gustaría comentar algunas de las posibles reacciones inesperadas
provocadas por la hipnosis que exigen que se le tenga un respeto sano por dicha técnica.
Antes de que el lector empiece a fantasear posibilidades horribles e inexplicables
permítanme asegurar un par de cosas. Primera, si el terapeuta es respetuoso con la integridad
de su cliente, se evitarán prácticamente todos los peligros potenciales. Segunda, si el terapeuta
puede apreciar que las abreacciones tienen un gran valor terapéutico puesto que alivian el
insight y la emoción si se guían de forma hábil, no les tendrá miedo. Eso tampoco significa que
se tengan que potenciar, pero se pueden ver como una ventana abierta a una poderosa
experiencia terapéutica.
No existen peligros que se puedan atribuir al estado hipnótico en sí mismo. Cualquier
tipo de dificultades que surjan como resultado de la experiencia hipnótica tienen que ver con las
asociaciones que provocan los elementos de comunicación que están presentes en la
interacción. Estos incluyen la relación entre el clínico y el cliente, el estilo de comunicación
empleado, el contenido de la sugestión específica utilizada, las variables contextuales y, lo más
importante de todo, la comunicación intrapersonal del cliente (Frauman, Lynn y Brentar, 1993;
Judd, Burrows y Dennerstein, 1985; MacHovec, 1986).
Surgirán problemas si se hace un uso indiscriminado de la hipnosis debido a algunas
de las razones que comentaré ahora al identificar las dificultades potenciales y su resolución.

Sustitución del síntoma


Uno de los argumentos más comunes que se utilizan contra la hipnosis tiene que ver
con la «sustitución del síntoma». Esto hace referencia al surgimiento de un nuevo síntoma, no
necesariamente peor, que sustituya al anterior que se eliminó durante el tratamiento. Para que
uno otorge a la hipnosis esta potencial labilidad, ésta debe verse como un tratamiento
sintomático y no como un enfoque dinámico que aborda las causas subyacentes. La teoría
dinámica dice que la energía psíquica asociada a conflictos internos se alivia mediante el
desarrollo de un síntoma: una salida para la energía. Al eliminar dicha salida, la energía se ha
de volver a dirigir a algún otro lugar y hay que buscar otra salida. Otros enfoques
«sintomáticos», el más destacado de los cuales es el conductismo, han sufrido esta misma
acusación.
En el caso de la hipnosis, existe un rasgo peculiar que hace que la respuesta a la
crítica sea algo más compleja. La hipnosis se puede usar sintomáticamente (estandarización
del enfoque) y, en mi opinión, se usa de esta manera con demasiada frecuencia, debido
parcialmente a la falta de leyes que regulen una formación y una práctica competentes. Las
sugestiones simples y directas dirigidas al síntoma objetivo las pueden usar personas legas y
sin formación que desconozcan las cuestiones que aparecen a lo largo de este capítulo en
particular y de todo el libro en general. Sin entender el papel del síntoma en la vida de la
persona y las dinámicas relacionadas, su sustitución puede ser (pero no necesariamente) un
resultado inesperado y no deseado.
Lo característico es que, aunque la hipnosis se puede usar sintomáticamente, uno de
sus puntos fuertes deriva de su capacidad para ser usada de una manera más compleja, por
ejemplo tratando las dinámicas y consecuencias subyacentes al síntoma. Este es el tipo de
ideas que yo quería promover a lo largo del libro al abordar los diferentes aspectos y conceptos
asociados a la práctica responsable de la hipnosis clínica (Rosen, 1960; Spiegel y Spiegel,
1987; Weitzenhoffer, 1989).

Fracaso a la hora de eliminar las sugestiones


Uno de los miedos más frecuentes a los que hacen referencia mis alumnos tiene que
ver con el fracaso al eliminar las sugestiones. Con la cantidad de cosas que ocupan la mente
del clínico cuando está realizando hipnosis (formular sugestiones significativas al mismo tiempo
que se observan de cerca y se utilizan las respuestas del cliente), ¿qué ocurre si el clínico
olvida eliminar una sugestión?
La respuesta a este estado aparentemente peligroso es relativamente simple. Las
sugestiones dadas para conseguir respuestas particulares en la persona hipnotizada son
específicas del estado hipnótico. En otras palabras, sólo son operativas mientras la persona
está hipnotizada. Las respuestas obtenidas mediante la hipnosis no se pueden trasladar al
estado «despierto» del cliente a menos que se le haya dado una sugestión para hacerlo. De
hecho éste es el principal propósito de la sugestión poshipnótica: permitir que las respuestas
obtenidas en la hipnosis se generalicen a otros contextos. Sin sugestiones poshipnóticas (ya
sea del cliente a sí mismo o por parte del clínico) que permitan trasladar una respuesta a otro
contexto, ésta sólo se puede observar durante la hipnosis. Por lo tanto, si el clínico olvida, al
final del proceso, eliminar sugestiones que ha dado durante la hipnosis es bastante probable
que desaparezcan automáticamente al salir del estado hipnótico. Si se produce una excepción
y el cliente continúa experimentando una sugestión que no pretendía ser poshipnótica, es
probable que él mismo se haya dado una sugestión para hacerlo. La hipnosis se puede
introducir y eliminar si se desea (Brentar, Lynn, Carlson y Kurzhals, 1992; Kleinhauz y Beran,
1984; Orne, 1965; Weitzenhoffer, 1989).

Regresión espontánea y abreacción


Los términos «regresión espontánea» y «abreacción» no son sinónimos pero están tan
relacionados que he decidido explicarlos juntos en esta sección. Una regresión espontánea es
la acción en la que aparecen en la conciencia experiencias del pasado reprimidas. La
abreacción aparece definida al inicio de este capítulo como la expresión de emociones
reprimidas. Ambas explican las emociones inesperadas que hacen que la hipnosis sea una
herramienta tan poderosa. Cuando se está haciendo algo aparentemente tan simple y general
como un procedimiento de relajación, un cliente puede asociarlo con una palabra o imagen que
tenga una gran carga emocional para él, provocándole sentimientos de dolor, enfado o cosas
similares.
La regresión espontánea ante algún recuerdo desagradable es un indicador de lo que
normalmente se llama «asuntos pendientes», que son experiencias que están pendientes de
ser resueltas. A veces la represión es tan grande que el material permanece fuera de la
conciencia incluso durante la hipnosis, y la persona se queja de dolor de cabeza o algún otro
tipo de molestia después de la experiencia hipnótica.
Incluso el clínico más hábil no sabe qué minas hay en el inconsciente del cliente
esperando a que uno tropiece con ellas durante la terapia o la hipnosis. Cada ser humano tiene
una historia personal única y hace asociaciones idiosincrásicas con las palabras y las
experiencias. Lo que parece un término neutral para una persona puede desencadenar alguna
experiencia personal intensa en otra. Por lo tanto, la idea de hacer hipnosis sin producir nunca
una abreacción es bastante improbable. Por otra parte, hay algunos clínicos que las promueven
mediante una especie de «voyeurismo psicológico», suponiendo que las emociones intensas
son terapéuticamente necesarias así como fascinantes de observar.
Las abreacciones se pueden manifestar de muchas maneras como llorando, con
hiperventilación, con temblor corporal (o de partes específicas del cuerpo), mediante
conversiones histéricas, desconexión prematura de la hipnosis, alucinaciones, delusiones y
movimientos de balanceo similares a los autistas. Estas conductas no indican automáticamente
la existencia de abreacción pero se debería responder a ellas con precaución y de forma
sensata. Lo más importante que hay que recordar es esto: el terapeuta se puede sentir cómodo
pidiendo al cliente que describa su experiencia. Es útil dar sugestiones protectoras y apoyar su
experiencia usando la fórmula general de aceptar y utilizar. La persona ha empezado con
alguna información delicada y no hay que desperdiciar la ocasión de permitir que se produzca
una abreacción y ser útil al cliente ayudándole a tener una nueva perspectiva de dicha
experiencia. Después de todo para esto sirve la terapia, ¿no es cierto? No se puede cambiar el
pasado pero sí las actitudes que se tienen respecto al mismo.
Algo que ayuda es usar sugestiones que calmen e incluso, si la reacción es totalmente
inesperada, el terapeuta sabe, a partir de ahí, que se puede encontrar con lo inesperado. Hay
que asegurarse de que la voz sea suave y dé confianza. En general, lo mejor que se puede
hacer es usar la hipnosis para resolver la situación y cerrarla. Incluso si ha acabado la hora de
visita, la responsabilidad del terapeuta todavía no ha acabado. Hay que asegurarse de que el
cliente se marcha de manera tranquila.
Si un cliente empieza con alguna información delicada que el terapeuta no se siente
preparado para controlar por alguna razón, sugiero que se asegure de que lo va a derivar
inmediatamente a un profesional apropiado que le pueda ayudar (es importante tener una buen
listado de profesionales para hacer derivaciones) (Crasilneck y Hall, 1985; Feldman, 1985;
Hammond, 1990; Kroger, 1977; Spiegel y Spiegel, 1987; Spiegel, 1993; Yapko, 1992).

Directrices éticas
Las descripciones anteriores sobre las dificultades potenciales que pueden surgir al
usar la hipnosis señalan indirectamente la necesidad de tener una formación oficial sobre las
dinámicas del comportamiento humano, de respetar la integridad de todo ser humano y de
conocer los propios límites al realizar intervenciones terapéuticas.
Se supone que el terapeuta, como profesional de la ayuda, tiene sólo las mejores
intenciones para sus clientes y que usará sus conocimientos sobre la naturaleza humana y la
capacidad para influir a nivel interpersonal de manera constructiva. Por lo tanto, a continuación
aparecen sólo unas cuantas directrices éticas tratadas de manera superficial:

1. La principal prioridad es ayudar, no hacer daño. Si uno siente que, por cualquier razón,
es incapaz de trabajar bien con una persona o con el problema que ésta plantea, ha de
evaluar honestamente si sería mejor derivarla (y hacerlo cuando sea apropiado).
2. La responsabilidad del profesional es educar, no ostentar; la hipnosis tiende a ambos y
espero sinceramente que los fenómenos hipnóticos que está aprendiendo el lector los
utilice y/o demuestre sólo en los contextos clínicos o educativos apropiados.
3. Hay que intentar definir la relación con el/los cliente(s) lo más claramente posible,
incluyendo la naturaleza de la intervención, la duración, el costo, las expectativas, los
puntos de evaluación, etc. Implicar y educar al cliente hará que la relación sea mejor y
más productiva.
4. No es bueno ir más allá de las propias posibilidades ni falsificarse a uno mismo. Los
problemas humanos son muy complejos y no se pueden reducir a un párrafo de
dinámicas. Si uno siente que no se puede con un problema es mejor derivar a la
persona a alguien que pueda afrontar mejor sus necesidades.
5. La información errónea y/o el uso de técnicas indirectas se pueden juzgar a veces
como el mejor enfoque. Hay que tener cuidado porque pueden ayudar al cliente pero
también puede salir el tiro por la culata. Hay que tener estrategias preparadas para
cada paso del camino pensando en la intervención.
6. Hay que incluir, siempre que se considere apropiado, a los profesionales adecuados
que tengan la cualificación necesaria. Por ejemplo, cuando se trabaje con síntomas de
base orgánica, a menos que uno sea médico, habrá que derivar a un médico y contar
con su acreditación para trabajar el problema. Practicar la medicina (psicología,
nutrición, etc.) sin la licencia o los conocimientos adecuados es una falta de
responsabilidad.
Lo más importante de todo, repito mi advertencia, es no ir nunca más allá de la propia
capacidad. Usar técnicas hipnóticas sin el conocimiento adecuado es peligroso y hacer daño a
alguien debido a la ignorancia es imperdonable (Frauman, Lynn y Brentar, 1993; Gravitz,
Mallet, Munyon y Gerton, 1982; Sheehan y McConkey, 1993; Steere, 1984; Wall, 1991; Zeig,
1985).

Conclusión
Los conceptos y técnicas presentados en este capítulo figuran entre los más
importantes del libro. Espero que ayuden a sensibilizar al lector respecto a los aspectos
asociados a la práctica responsable de la hipnosis.
La hipnosis como herramienta tiene un gran valor y éste puede aumentar a gran
velocidad en la comunidad profesional cuando todos los que la usen lo hagan de una manera
juiciosa.

Bibliografía
BRENTAR, J., LYNN, S., CARLSON, B. y KURZHALS, R. (1992), «Controlled research on hypnotic
aftereffects: The post-hypnotic experience questionnaire», en W. Bongartz (comp.),
Hypnosis: 175 years after Mesmer, Constanza, University of Konstanz Press, págs. 179-
201.
CRASILNECK, H. y HALL, J. (1985), Clinical hypnosis: Principies and applications, Orlando, Grune
& Stratton.
FELDMAN, S. (1985), «Abreaction revisited: A strategic and interpersonal perspective», en J.
Zeig (comp.), Ericksonian psychotherapy: vol. 1, Structures, Nueva York, Brunner/Mazel,
págs. 338-358.
FRAUMAN, D., LYNN, S. y BRENTAR, J. (1993), «Prevention and therapeutic management of
"negative effects" in hypnotherapy», en J. Rhue, S. Lynn e I. Kirsch (comps.), Handbook
of clinical hypnosis, Washington, DC, American Psychological Association, págs. 95-120.
GRAVITZ, M., MALLET, J., MUNYON, P. y GERTON, M. (1982), «Ethical considerations in the
professional applications of hypnosis», en M. Rosenbaum (comp.), Ethics and values in
psychotherapy: A guidebook, Nueva York, Free Press.
HAMMOND, D. (comp.) (1990), Handbook of suggestions and metaphors, Nueva York, Norton.
JUDD, E, BURROWS, G. y DENNERSTEIN, L. (1985), «The dangers of hypnosis: A review»,
Australian Journal of Clinical and Experimental Hypnosis, 13, págs. 1-15.
KLEINHAUZ, M. y BERAN, B. (1984), «Misuse of hypnosis: A factor in psychopathology»,
American Journal of Clinical Hypnosis, 26, págs. 283-290.
KROGER, W. (1977), Clinical and experimental hypnosis, 2a ed., Filadelfia, Lippincott.
MACHOVEC, F. (1986), Hypnosis complications: Prevention and risk management, Springfield,
IL, C. C. Thomas.
ORNE, M. (1965), «Undesirable effects of hypnosis: The determinants and management»,
International Journal of Clinical and Experimental Hypnosis, 13, págs. 226-237.
ROSEN, H. (1960), «Hypnosis: Applications and misapplications», Journal of the American
Medical Association, 17, 5, págs. 976-979.
SHEEHAN, P. y McCONKEY, K. (1993), «Forensic hypnosis: The application of ethical
guidelines», en J. Rhue, S. Lynn e I. Kirsch (comps.), Handbook of clinical hypnosis,
Washington, DC, American Psychological Association, págs. 719-738.
SPIEGEL, D. (1993), «Hypnosis in the treatment of post-traumatic stress disorders», en J. Rhue,
S. Lynn e I. Kirsch (comps.), Handbook of clinical hypnosis, Washington, DC, American
Psychological Association, págs. 493-508.
SPIEGEL, H. y SPIEGEL, D. (1987), Trance and treatment: Clinical uses of hypnosis, Washington,
DC, American Psychiatric Press.
STEERE, J. (1984), Ethics in clinical psychology. Londres, Oxford University Press.
WALL, T. (1991), «Ethics-The royal to legitimacy», American Journal of Clinical Hypnosis, 34,
págs. 73-78.
WEITZENHOFFER, A. (1989), The practice of hypnotism, vol. 2, Nueva York, John Wiley & Sons.
YAPKO, M. (1992), Hypnosis and the treatment of depressions, Nueva York, Brunner/Mazel.
ZEIG, J. (1985), «Ethical issues in hypnosis: Informed consent and training standards», en J.
Zeig (comp.), Ericksonian psychotherapy: vol. 1, Structures, Nueva York, Brunner/Mazel,
págs. 459-473.
CAPÍTULO 25: Profundizar en la hipnosis

No se quién fue el que dijo «cuanto más sabes más cuenta te das de lo poco que sabes».
Fuera quien fuera, me pregunto si hablaba de la hipnosis cuando hizo este comentario. Bien,
probablemente no. Pero en cualquier caso esto es cierto en el estudio de la hipnosis. Espero
que cuando el lector llegue a este último capítulo haya descubierto la riqueza y complejidad que
ofrece la hipnosis como herramienta de comunicación.
Una de las cosas más frustrantes para los profesionales que trabajan en el campo de la
hipnosis clínica es que hay personas que tienen menos formación en el tema de la que aparece
en este libro introductorio que ofrecen servicios al público para los que no están cualificados.
Una segunda fuente de frustración radica en la observación de que muchas de las personas
que hacen cursos de hipnosis, al acabar el curso no utilizan las habilidades adquiridas y éstas
se desvanecen pronto. Yo creo que cuando la práctica de la hipnosis se reducía a las técnicas
ritualizadas que consumían mucho tiempo, ésta era una herramienta con una eficacia y
aplicabilidad limitadas. También creo que la hipnosis ha ampliado sus «objetivos limitados» a
un modelo de comunicación deliberada y efectiva, y cada vez es mayor el número de
profesionales que pueden integrar los patrones hipnóticos en su trabajo. Mi meta no era ni es
convertir a los lectores de este libro en «hipnotistas oficiales» sino más bien proporcionar una
introducción a este campo dinámico y en constante evolución y que ofrece una valiosa fuente
de insight sobre la gente y la terapia. Incluso aunque el lector no realice una inducción hipnótica
formal en el resto de su vida mi propósito es que piense dos veces antes de decir algo como
«no piense en las cosas que le preocupan». A partir de esta introducción a este campo espero
que al lector le intrigue suficientemente la gama de posibilidades que le ofrece la hipnosis como
para continuar desarrollando sus habilidades al respecto. Hay muchas maneras de hacerlo.
Existen muchos libros y publicaciones que abordan el tema de la hipnosis clínica. Las
numerosas referencias que aparecen en este volumen son sólo la punta del iceberg, pero
pueden ser un punto de inicio. Las bibliografías de las revistas dedicadas a la hipnosis son de
un valor incalculable para adquirir los conceptos y enfoques más recientes de la práctica
profesional. La información respecto a dónde escribir para pertenecer a estas organizaciones y
suscribirse en sus revistas aparece listada aquí:

The American Journal of Clinical Hypnosis


publicada por la American Society of Clinical Hipnosis.
Para pertenecer a la sociedad (incluye revista) escriban a:
2200 East Devon Avenue
Suite 291
Des Plaines, Illinois 60018
EE UU
Tel: (708) 297-3317; fax: (708) 297-7309
Dirigir las suscripciones al director.

The International Journal of Experimental Hypnosis


publicado por
The Society for Clinical and Experimental Hypnosis, Inc.
Para pertenecer a la sociedad (incluye revista) escriban a:
The Society for Clinical and Experiential Hypnosis, Inc.
128-A Kings Park Drive
Liverpool, New York 13090
EE UU
Tel y fax: (315) 652-7299

No se puede exagerar la importancia de la lectura de bibliografía reciente ni tampoco el


valor de la formación experiencial. Además de la formación que ofrecen muchas universidades
y algunos profesionales en el ámbito privado, las organizaciones de hipnosis mencionadas
arriba ofrecen una formación excelente para profesionales cualificados, tanto a nivel nacional
como local. La American Society of Clinical Hypnosis (ASCH) tiene sedes en las ciudades
importantes en las que suele haber programas de formación. También otorga un certificado que
confirma a los clientes la extensa formación del terapeuta.
La fundación Milton H. Erickson en Fenix, Arizona, se dedica al avance en la hipnosis
ericksoniana y presenta congresos tanto a nivel nacional como internacional (encuentros
importantes en los que se presentan artículos, demostraciones, talleres y ponencias durante
varios días únicamente sobre el tema de la hipnosis clínica). Además de patrocinar estos
congresos, la fundación publica un informe tres veces al año que incluye una guía sobre dónde
y cuándo se ofrecen programas de formación. Para estar en la base de datos y recibir
información por correo, escriban a:

The Milton H. Erickson Foundation, Inc.


3603 North 24th Street
Phoenix, Arizona 85016
EE UU
Tel. (602) 956-6196; fax: (602) 956-0519

Además de las organizaciones mencionadas antes, existen grupos más pequeños y


especializados que son demasiados en número como para mencionarlos aquí. La calidad de la
formación, la elegibilidad de la pertenencia y las metas y funciones de los diversos grupos
difieren mucho de unos a otros. La afiliación a una organización debería, en última instancia,
ser una relación sinergística, no sólo unidireccional, y eso es algo que se estimula de forma
selectiva.
Para acabar diré que para mí es difícil evaluar si he sido capaz de transmitir el respeto
y el aprecio que siento por la aplicación adecuada de la hipnosis. A veces siento que quería
decir mucho más sobre cada uno de los temas que he presentado, pero me he visto obligado a
preservar la integridad de este texto como introducción concisa al tema. Todavía se puede decir
mucho más sobre la mente humana, la personalidad, la comunicación y la hipnosis. Los
conocimientos que tenemos se van ampliando cada vez más, y parece que no existe un límite
en el conocimiento que podemos llegar a tener. Espero que el lector encuentre muchas
maneras de hacer buen uso de todo lo que la hipnosis le ofrece.