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Agustín el astronauta

Agustín era un chico muy soñador. Siempre estaba jugando a las


distintas cosas que quería ser cuando creciera. Un día era doctor, otro
bombero, y al siguiente, piloto de avión. Hasta que un día, viendo el despegue
de un cohete en la televisión, se decidió.
–¡Voy a ser astronauta! –gritó de alegría.
Esta vez iba en serio. Se hizo un casco con una ensaladera de plástico y unos
tubos que pintó de plateado. Completó su traje con ropa blanca y unas botas
de lluvia. Lo siguiente sería construir su nave espacial con cajas, papeles y
fibras.

Cuando sus amigos vieron todo lo que estaba haciendo,


trataron enseguida de convencerlo de elegir otra profesión. Lo de astronauta
era muy difícil: necesitaba mucho entrenamiento y estudio, y todo eso se hacía
en Estados Unidos; muy lejos de su casa.
El pobre Agustín estaba muy decepcionado pero sus papás le dijeron que con
esfuerzo él podría hacer lo que quisiera. También le dijeron que con
dedicación, estudio y trabajo podría lograr sus sueños.

Y fue así que, cuando creció, ganó una premio para ir a Estados Unidos,
a participar en un concurso sobre el espacio exterior. El premio incluía estudiar
en la NASA, que es el lugar donde lanzan los cohetes y los astronautas al
espacio.
Y así fue como a Agustín se le cumplieron todos sus sueños de niño.