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BACHELARD: LA FORMACIÓN DEL ESPÍRITU CIENTÍFICO (1938)

Tornar geométricas las representaciones (dibujar fenómenos y ordenar en serie los acontecimientos de la experiencia) es la primera tarea que
funda el espíritu científico. Pero comprobamos que la primera representación geométrica, fundada sobre un realismo ingenuo de las propiedades
especiales, implica conveniencias ocultas. Hay vínculos esenciales más profundos que las representaciones geométricas familiares. Se advierte la
necesidad de trabajar debajo del espacio, en el nivel de las relaciones esenciales que sostienen los fenómenos y el espacio.
Si se reflexiona sobre la evolución del espíritu científico, se discierne un impulso que va de lo geométrico a la completa abstracción.
En este libro nos proponemos mostrar que el pensamiento abstracto no es sinónimo de mala conciencia científica, como la abstracción trivial
parece implicar. Sin necesidad de poner groseras etiquetas, se pueden distinguir tres grandes períodos:
 Estado precientífico: la antigüedad clásica, los tiempos del renacimiento (siglos XVI, XVII y aun el XVIII).
 Estado científico: fines del siglo XVIII, se extendería todo el S XIX y comienzos del XX.
 Nuevo espíritu científico: 1905 relatividad einsteiniana deforma conceptos primordiales que se creían fijados para siempre. A partir
de esta fecha la razón ensaya las abstracciones más audaces. (ejemplos de signos de madurez de la ciencia: mecánica cuántica,
mecánica ondulatoria, física de las matrices, etc.)
En la formación individual, un espíritu científico pasaría necesariamente por los siguientes tres estados:
 Estado concreto: el espíritu se recrea con las primeras imágenes del fenómeno, glorifica la naturaleza, unidad del mundo y la
diversidad de las cosas.
 Estado concreto-abstracto: el espíritu adjunta a la experiencia física esquemas geométricos. Paradoja de este estado: está seguro
de la abstracción cuanto más representada está esta abstracción por una intuición sensible.
 Estado abstracto: el espíritu emprende informaciones voluntariamente substraídas a la intuición del espacio real, voluntariamente
desligadas de la experiencia inmediata y hasta polemizando abiertamente con la realidad básica, siempre impura e informe.
En la base afectiva de estas etapas hay diferentes intereses. Bachelard habla de un interés vital en la investigación desinteresada. El psicoanálisis,
cuya intervención propinemos en una cultura objetiva, debe desplazar los intereses. Adjunta a la ley de los tres estados científicos una ley de tres
estados del alma:
- Alma pueril o mundana: animada por la curiosidad ingenua.
- Alma profesoral: dogmática, fija en su primera abstracción, apoyada en los éxitos escolares de su juventud.
- Alma en trance de abstraer y quintaesenciar: conciencia científica dolorosa, librada a los intereses inductivos siempre imperfectos,
jugando el juego del pensamiento sin soporte experimental estable.
La tarea de la filosofía científica está delineada: psicoanalizar el interés, destruir todo utilitarismo por disfrazado que esté y por elevado que
pretenda ser, dirigir el espíritu de lo real a lo artificial, de lo natural a lo humano, de la representación a la abstracción. En el estado de pureza
logrando por un psicoanálisis del conocimiento objetivo, la ciencia es la estética de la inteligencia.
Se ha dicho frecuentemente que una hipótesis científica que no levanta ninguna contradicción es casi una hipótesis inútil. Lo mismo, una
experiencia que no rectifica ningún error, que es meramente verdadera, que no provoca debates ¿a qué sirve? Una experiencia científica es una
experiencia que contradice a la experiencia común. Por otra parte, la experiencia inmediata y usual mantiene siempre una especie de carácter
tautológico. Esta idea de experiencia carece de la perspectiva de errores rectificados que caracteriza, según nuestro modo de ver, el pensamiento
científico. La experiencia común no está en verdad compuesta a lo sumo está hecha con observaciones yuxtapuestas. Como la experiencia no está
compuesta, ella no puede ser efectivamente verificada. Permanece siendo un hecho, no puede darnos una ley. Para confirmar científicamente la
verdad, es conveniente verificarla desde varios puntos de vistas diferentes.

LA NOCIÓN DE OBSTÁCULO EPISTEMOLÓGICO


Causas de inercia que llamaremos obstáculos epistemológicos. Hay que plantear el problema del conocimiento científico en términos de
obstáculos. El conocimiento de lo real es una luz que siempre proyecta alguna sombra. Jamás es inmediata y plena. Se conoce en contra de un
conocimiento anterior, destruyendo conocimientos mal adquiridos. Imposible hacer de golpe tabla rasa de los conocimiento usuales. Frente a lo
real, lo que cree saberse claramente ofusca lo que debiera saberse.
La ciencia se opone absolutamente a la opinión. La opinión piensa mal, no piensa, traduce necesidades en conocimientos. Al designar a los objetos
por su utilidad, ella se prohíbe conocerlos. Ante todo es necesario destruir la opinión. Ella es el primer obstáculo a superar.
El espíritu científico nos impide tener opinión sobre cuestiones que no comprendemos, sobre cuestiones que no sabemos formular claramente.
Ante todo es necesario saber plantear problemas. En la vida científica los problemas científicos no se plantean por sí mismos. Para un espíritu
científico todo conocimiento es una respuesta a una pregunta. Si no hubo pregunta, no puede haber conocimiento científico. Nada es espontáneo.
Todo se construye.
Las costumbres intelectuales que fueron útiles y sanas en un momento pueden trabar la investigación. Con el uso, las ideas se valorizan
indebidamente, un valor en sí se opone a la circulación de valores. Este es un factor de inercia para el espíritu. A veces una idea dominante
polariza al espíritu en su totalidad. Espíritu formativo ≠ conservativo. Llega un momento en el que el espíritu prefiere lo que confirma su saber a
lo que lo contradice, en el que prefiere respuestas a preguntas. Entonces el espíritu conservativo domina y el crecimiento espiritual se detiene.
Se repite frecuentemente que la ciencia es ávida de unidad, que tiende a unificar fenómenos de aspectos distintos. Por el contrario, el progreso
científico marca sus más puras etapas abandonando los factores de unificación fácil. Al sabio contemporáneo que quisiera reunir la cosmología y la
teología se le reputaría muy pretencioso.
Frente a una experiencia bien determinada que pueda ser registrada como tal, como una y completa, el espíritu científico jamás se siente impedido
de variar las condiciones, de salir de la contemplación de lo mismo y buscar “lo otro”, de dialectizar la experiencia. Es así como en todas las ciencias
rigurosas, un pensamiento ansioso desconfía de las identidades más o menos aparentes, para reclamar mayor precisión. En resumen, el hombre
animado por el espíritu científico desea saber, pero es por lo pronto para interrogar mejor.
La noción de obstáculo epistemológico puede ser estudiada en el desarrollo histórico del pensamiento científico y en la práctica de la educación.
Todo lo que se encuentra en la historia del pensamiento científico, dista mucho de servir efectivamente a la evolución de este pensamiento. Ciertos
conocimientos aun justos, detienen demasiado pronto a investigaciones útiles.
Aun en las ciencias experimentales, es siempre la interpretación racional la que ubica los hechos en su lugar exacto. Es sobre el eje experiencia-
razón y en el sentido de la racionalización, donde se encuentran, al mismo tiempo, el riesgo y el éxito. Sólo la razón dinamiza a la investigación. Es,
pues, el esfuerzo de racionalidad y de construcción el que debe atraer la atención de epistemólogo, que debe tomar los hechos como ideas.
El historiador de la ciencia debe tomar las ideas como hechos. El epistemólogo debe tomar los hechos como ideas, insertándolas en un sistema de
pensamientos. Un hecho mal interpretado por una época, sigue siendo un hecho para el historiador. Según el epistemólogo es un obstáculo, un
contrapensamiento.
Toda cultura científica debe comenzar por una catarsis intelectual y afectiva. Queda luego poner la cultura científica en estado de movilización
permanente, reemplazar el saber cerrado y estático por un conocimiento abierto y dinámico, dialectizar todas las variables experimentales, dar a la
razón motivos para evolucionar.
La experiencia básica o mejor dicho la observación básica es siempre un primer obstáculo para la cultura científica. Este es un obstáculo porque se
cree que entre la observación y la experimentación hay continuidad, sin embargo no la hay, sino ruptura. Es necesario que el pensamiento
abandone el empirismo inmediato.
El peligro de seguir las generalidades del primer aspecto, es que se generalizan las primeras consideraciones, en cuando no se tiene nada más que
considerar. Hay dos obstáculos, en cierto sentido opuestos. Tendremos la ocasión de captar el pensamiento empírico en una oscilación llega de
sacudidas y tirones, y finalmente todo desarticulado. Mas esta desarticulación torna posible movimientos útiles. El epistemólogo mismo es juguete
de valorizaciones contrarias que se resumirían en las siguientes objeciones: es necesario que en pensamiento abandone el empirismo inmediato. El
pensamiento empírico adopta, entonces, un sistema. Pero el primer sistema es falso, aunque tiene por lo menos la utilidad de desprender el
pensamiento alejándolo del conocimiento sensible; el primer sistema moviliza al pensamiento.
Es notable que los obstáculos a la cultura científica se presenten siempre por pares. A tal punto que podría hablarse de una ley psicológica de la
bipolaridad de errores. En cuanto una dificultad se revela importante, puede uno asegurar que al tratar de eludirla, se tropezará con un obstáculo
opuesto. Semejante regularidad en la dialéctica de los errores no puede provenir naturalmente del mundo objetivo. A nuestro entender, proviene
de la unidad polémica del pensamiento científico frente al mundo de la ciencia. (Bachelard dice que para legitimar nuestra invención se concibe al
fenómeno propio criticando al ajeno. Así las objeciones se convierten en objeto y poco a poco estas críticas en leyes. Esto está presente en las
ciencias jóvenes, la originalidad de la mala ley que no hace sino reforzar los obstáculos contrarios)
Obstáculo verbal: falsa explicación lograda mediante una palabra explicativa, a través de esa extraña inversión que pretende desarrollar el
pensamiento analizando un concepto, en lugar de implicar un concepto particular en una síntesis racional. Este obstáculo es uno de los más difíciles
de superar. Nos referimos al sustancialismo, a la monótona explicación de las propiedades por la sustancia.
Otro es el obstáculo animista de las ciencias físicas. Constituye un rasgo característico del espíritu pre-científico, que sigue el modelo de los siglos
XVII y XVIII. Este obstáculo tiene una lejana vinculación con la mentalidad animista que todos los etnólogos han examinado ampliamente.
Con la idea de sustancia y con la idea de vida, concebidas ambas de manera ingenua, se introducen en las ciencias físicas innumerables
valorizaciones que contradicen a los verdaderos valores del pensamiento científico.
Después de los obstáculos que debe superar el conocimiento empírico llegaremos a mostrar las dificultades de la información geométrica y
matemática, las dificultades de fundar una Física matemática susceptible de provocar descubrimientos. Se verá cómo el falso rigor bloquea el
pensamiento, cómo el primer sistema matemático impide a veces la comprensión de un sistema nuevo.