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AUGUSTO ELMORE

TU NO PERMANECES
El tiempo permanece
en la mirada que te doy
como si fuera historia susurrada
paloma inhalada
para tenerla presa
Como si salieras del alma
vestida de fiesta
y en mis ojos te apresara
toda mirada
El tiempo permanece
y tú no

Abraham Baldelomar -
POEMA TRISTITIA
Mi infancia, que fue dulce, serena, triste y sola,
se deslizó en la paz de una aldea lejana,
entre el manso rumor con que muere una ola
y el tañer doloroso de una vieja campana.

Dábame el mar la nota de su melancolía


;el cielo, la serena quietud de su belleza;
los besos de mi madre, una dulce alegría,
y la muerte del sol, una vaga tristeza.

En la mañana azul, al despertar, sentía


el canto de las olas como una melodía
y luego el soplo denso, perfumado, del mar,
y lo que él me dijera, aún en mi alma persiste;

mi padre era callado y mi madre era triste


y la alegría nadie me la supo enseñar
Antonio Cisneros
POEMA PARA HACER EL AMOR
Para hacer el amor debe evitarse un sol muy fuerte
Sobre los ojos de la muchacha, tampoco es buena la sombra
Si el lomo del amante se achicharra

Para hacer el amor.


Los pastos húmedos son mejores que los pastos amarillos
Pero la arena gruesa es mejor todavía.
Ni junto a las colinas porque el suelo es rocoso
Ni cerca de las aguas.

Poco reino es la cama para este buen amor.


Limpios los cuerpos han de ser como una gran pradera:
que ningún valle o monte quede oculto y los amantes
Podrán holgarse en todos sus caminos.

La oscuridad no guarda el buen amor.


El cielo debe ser azul y amable,
Limpio y redondo como un techo
y entonces la muchacha no verá el dedo de Dios.

Los cuerpos discretos pero nunca en reposo,


Los pulmones abiertos, las frases cortas.
Es difícil hacer el amor pero se aprende.

Mariano melgar
YARAVI EL ÚLTIMO ADIOS
Si dos con el alma
Se amaron en vida
Y al fin el destino
Separó a los dos

Ya ves que es tan honda


la pena sentida
Que nada hay más triste
que el ultimo adiós.

En esa palabra
que leve murmura
Y en ese gemido
que lanzan los dos

Adiós mi adorada
mi fiel compañera
Ya no volveremos
a vernos los dos.

Ni verse prometen
ni amarse se juran
Y en ella se dicen
para siempre adiós

César Vallejo
Los heraldos negros
Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras


en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma


de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... ¡pobre! Vuelve los ojos, como


cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!

BLANCA VARELA
POEMA A LO MEJOR ERES TU MISMO
A lo mejor eres tú mismo
El tren que pita y se mete bajo tierra
Rumbo al infierno o la estrella de chatarra

Que te lleva frente a otro muro


Lleno de espejos y de gestos, endiablados
Gestos sin dueño y tú tras ellos, solo,
Feliz propietario de una boca escarlata que muge.

Pega el oído a la tierra que insiste en levantarse y respirar.


Acaríciala como si fuera carne,
Piel humana capaz de conmoverte, capaz de rechazarte.
Acepta la espera que no siempre hay lugar en el caos.

Acepta la puerta cerrada, el muro cada vez más alto,


El saltito, la imagen que te saca la lengua.
No te trepes sobre los hombros de los fantasmas
Que es ridículo caerse de trasero.
JOSE SANTOS CHOCANO
POEMA BLASON
Soy el cantor de América autóctono y salvaje:
mi lira tiene un alma, mi canto un ideal.
Mi verso no se mece colgado de un ramaje con
vaivén pausado de hamaca tropical...

Cuando me siento inca, le rindo vasallaje al Sol,


que me da el cetro de su poder real;
cuando me siento hispano y evoco el coloniaje
parecen mis estrofas trompetas de cristal.

Mi fantasía viene de un abolengo moro:


los Andes son de plata, pero el león, de oro,
y las dos castas fundo con épico fragor.

La sangre es española e incaico es el latido;


y de no ser Poeta, quizá yo hubiera sido
un blanco aventurero o un indio emperador
ENRIQUE LOPEZ ALBUJAR
POEMA SUFRE
"¡sufre, que el sufrimiento te hará fuerte!"
Así te dije en una carta un día,
Y así te repetí cuando partía,
Triste, pero orgulloso de quererte.

Y hoy que sufro el suplicio de no verte,


"¡sufre!" me digo, y sufro, vida mía,
Pero feliz, porque mi fe confía
En que he de unir tu suerte con mi suerte

Y, ante esta idea, todo sufrimiento


Indigno me parece un lamento
O de una imprecación contra el destino.

Que sufrir por amar nunca es vano,


Pues, si el sufrir del hombre es muy humano
¡El sufrir la mujer, casi divino!

MANUEL GONZALEZ PRADA


POEMA EL AMOR
Si eres un bien arrebatado al cielo
¿Por qué las dudas, el gemido,
el llanto, la desconfianza, el torcedor quebranto,
las turbias noches de febril desvelo?

Si eres un mal en el terrestre suelo


¿Por qué los goces, la sonrisa, el canto,
Las esperanzas, el glorioso encanto,
las visiones de paz y de consuelo?

Si eres nieve, ¿por qué tus vivas llamas?


Si eres llama, ¿por qué tu hielo inerte?
Si eres sombra, ¿por qué la luz derramas?
¿Por qué la sombra, si eres luz querida?
Si eres vida, ¿por qué me das la muerte?
José María Eguren
POEMA EL ANDARIN DE LA NOCHE
El oscuro andarín de la noche
Detiene el paso junto a la torre,
Y al centinela
Re anuncia roja, cercana guerra.

Le dice al viejo de la cabaña


Que hay batidores en la sábana;
Sordas linternas
En los juncales y oscuras sendas.

A las ciudades capitalinas


Va el pregonero de la desdicha;
Y, en la tiniebla
Del extramuros, tardo se aleja.

En la batalla cayó la torre;


Siguieron ruinas, desolaciones,
Canes sombríos
Buscan los muertos en los caminos.

Suenan los bombos y las trompetas


Y las picotas y las cadenas;
Y nadie ha visto, por el confín;
Nadie recuerda
Al andarín.
Leónidas Yerovi
POEMA RECONDITA
Como un ir y venir de ola de mar,
así quisiera ser en el querer:
dejar a una mujer para volver,
volver a una mujer para empezar.

Golondrina de amor en anidar


huir en cada otoño del placer
y en cada primavera aparecer
con nuevas tibias alas que brindar.

Esta, aquella, la otra... Confundir


de tantas dulces bocas el sabor
y al terminar la ronda repetir.

Y no saber jamás cuál es mejor


y siempre, ola de mar, ir a morir
en sabe Dios qué playa del amor.