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Al-Qawl al-Maqbūl fīmā tatawaṣṣala ilayhī al-'uqūl

del maestro Aḥmad bin Muṣṭafà al-'Alāwī


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Introducción
En el nombre de Dios, el Todo misericordioso, el Muy misericordioso.

Alabado sea Dios, y las bendiciones de Dios y la paz más completa sean sobre nuestro
señor y protector Muḥammad, sobre su familia y sus compañeros.

Alabado sea quien conoce a cada individuo en toda su extensión y detalle. Las
bendiciones y la paz sean sobre el máximo conocedor de la creación por Dios (​a'raf al-jalq
bi-llāhi) –exaltado sea Su rango–, su familia sus compañeros y quien sigue sus pasos, los
comandantes y guías de la creación todo momento.

Sabedor de su poca capacidad, el siervo de su Señor, Aḥmad bin Muṣṭafà al-'Alāwī, dijo:

Uno de nuestros seguidores (​mu ibb) me ha pedido que le enseñemos lo imprescindible


de los principios de la religión (​'aqāìd al-dīn) de manera que sea fácil transmitirlos a los
principiantes sin necesidad de que se encuentren con los los términos técnicos que se
usan en los grados avanzados ni las conclusiones de los argumentos.

Respondo a su pregunta buscando la ayuda del Señor del Universo, afirmando que es
Dios quien guía a cada alma a su destino. "Dios impone a cada cual solo lo que puede
soportar" (65:7). Así que he escrito esta introducción y la he llamado La exposición

adecuada de aquello que pueden alcanzar las inteligencias. La he dividido en tres
apartados con lo que es obligatorio y que todo ser responsable debe tener claro.
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​ Primera parte: Sobre lo que el ser responsable (​mukallif) debe


estar convencido

Todo aquel que tenga capacidad de discernimiento (​idrāk) está obligado a concebir la
existencia del Creador (​al-Mudabbir) por Su obra (​šu`ūni-hi) en la medida de lo que pueda
​ desde que alcanza la pubertad. Además debe ser capaz de comprender (​'itibār) qué es
propio de los Atributos exclusivos de Su elevada Esencia a través de la deducción
(​istidlāl), como también está obligado a tener claro (​'itinā`) cuales son los grados de la
profecía y sus atributos específicos, y de lo que nos ha llegado a través de ellos.

Así, cuando decimos que debe ser capaz de concebir la existencia (​wuŷūd) del Creador
(​al-Mudabbir), nos referimos a que le debe quedar patente por encima de un simple
reconocimiento verbal.

Por existencia (​wuŷūd) nos referimos a la existencia verdadera en el presente, en el


pasado y en el futuro; es decir, en una existencia continua previa, sin inicio, que es el
significado del término preternidad (​qidam); y es una existencia continua posterior, sin fin,
a lo se denomina sempiternidad (​baqā`).

De la misma forma es necesario que reconozca la autosuficiencia (​istignā') propia de Su


esencia, que indica que se mantiene por Sí mismo y por Su propia grandeza, sin estar
necesitado de nada más.

Lo debe reconocer en Su unicidad (​wa dāniya), que indica su singularidad (​ifrād) en


Esencia, Atributos y Actos. Por lo tanto, debe evitar creer que es otro que Él el que
produce efecto en las cosas. El Universo es efecto del Verdadero (​al- aqq), elevado y
exaltado sea. Cuando le quede claro que el Universo es efecto del Verdadero, debe
exaltarlo por encima (​yuqaddisa-hu) de lo existente en el mundo de substancias (​ŷawā ir)
y accidentes (​a'rai ), y de todo lo que se le presente a la razón. Eso es lo que significa la
trascendencia (​tanzīh), o sea, que es diferente de los seres creados (​ awādîz).

Debe saber que Él es de una Omnipotencia absoluta (​qudra al-mu ī a) sobre toda cosa, lo
cual es algo inherente a Su divinidad (​ulūhiya), e indica su competencia para otorgar la
existencia a todo lo que puede ser o la inexistencia (​'adam).

Debe atribuirle la Voluntad (​irāda), que es el atributo propio para describir que no puede
haber en Su reino nada que no pretenda o elija.

También debe reconocer que la Omnisciencia (​'ilm) es un atributo propio de Su Esencia,


que lo describe como quien abarca la noticia de todo ser conocido y de cómo es.

De la misma forma debe reconocer su Videncia (​ba ar), que se refiere al atributo de quien
ve claramente toda la existencia esté donde esté. Salvo los sonidos, que dependen de su
Oído (​sam'a), atributo también necesariamente unido a la Esencia del Creador, pues no
se le escapa nada, sea sutil o perceptible, de cualquier tipo de sonido.

También está a obligado reconocerlo como el Que habla (​kalām), que se refiere a que en
Su elevada Esencia es capaz de hacer llegar su alocución a todo aquel que quiera
hacerle entender algo por medio de su audición, aunque sean seres inertes y sin
mediación de letras ni sonidos.
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En cuanto a la Vida (​ ayā) no es algo que pase desapercibido en Dios, puesto que es
requisito para el resto de sus perfecciones.

Quien tenga entendimiento (​'āqil) debe deducir todos los Atributos que le corresponden a
la Esencia del Creador, exaltado sea, con toda la capacidad de su conocimiento (​ma'rifa),
especialmente las pruebas de Su existencia, elevado sea, pues éstas no permanecen
ocultas a quien tiene una inteligencia dispuesta. La existencia de la obra (​ an'a) es señal
la existencia de su artesano (​ āni'). Este argumento (​dalîl) le basta a quien se atiene a él,
pues incluye al resto de argumentos (​dalāìl), pues una vez que se demuestra (​madlūl) la
existencia de Dios, elevado sea, lo son el resto de Sus Atributos.

De la prueba de la existencia, obtenemos la prueba de la pre-eternidad (​qadm), puesto


que la presencia de la obra supone la existencia previa de quien la hizo, que no es otro
que Dios, exaltado sea.

Con el argumento de Su unicidad (​wa daniya) se terminan con las ilusiones que sobre Él
se hace el ignorante de que haya la existencia previa de otro a la Suya, pues "[¡Jamás ha
tomado Dios para Sí descendencia alguna, ni ha existido deidad alguna junto con Él:
pues, (de haber existido,)] ciertamente, cada deidad se habría distanciado (de las otras)
en lo que hubiera creado, [y sin duda habrían intentado dominarse unas a otras!¡Infinita es
la gloria de Dios, muy por encima de cuanto los hombres conciban atribuirle.]" (23:91)

De la existencia de Sus manufacturas (​ma nū'āt) se deduce la sempiternidad (​baqā`) de la


existencia del Artesano más allá de lo que duren los cielos y la tierra. Son incapaces de
permanecer sin Él y necesitan de Él en todo momento y circunstancia, y el que lleguen a
desaparecer, al contrario que Él, es la prueba más contundente de Su sempiternidad.

En cuanto a la idea de que haya un término (​gāya) a su sempiternidad, se refuta con el


hecho de que no hay ninguna existencia que compita con la Suya. ¿Acaso hay otro en la
existencia que pueda causar la pérdida de existencia de quien es la "Existencia
necesaria" (​wāŷib al-wuŷūd)?

La prueba de Su mantenimiento por Sí mismo (​qiyam bi-nafsi-hi) y la ausencia de


necesidad de cualquiera de los seres existentes, también está relacionado con la prueba
de Su unicidad, puesto que ya era así [Uno y Único] tanto antes de la manifestación y
como tras ella. Si fuese una necesidad continua en su eternidad (​azal), se opondría a Su
propia existencia, y sería algo absurdo. Si aquello que necesita fuese algo accidental
(​ ādiz), entonces significaría que no lo necesita, pues quien ha creado algo en primer
lugar, también es capaz de sustituirlo por algo mejor, y significa que no lo necesita.

En cuanto a la la prueba de la Unicidad, es algo que está claro para quien observa
seriamente a esta existencia que nos rodea, y presta atención a las órbitas de los astros,
la pluralidad de propósitos y la variedad de objetivos, de manera que no le queda más
remedio que decir: "Si hubiesen otros dioses además de Dios, se habría corrompido"
(21:22), o "¡cada deidad se habría distanciado en lo que hubiera creado, y sin duda
habrían intentado dominarse unas a otras!" (23:91)

En cuanto a la prueba de que el Elevado es diferente (​mujālafa) de lo creado (​ awādiz),


es algo fácil para quien es inteligente. El artesano es diferente de aquello que ha
producido, tanto en esencia como en atributos en todos los aspectos. En la obra lo único
que hay es lo que señala la existencia del artesano. Si no se puede plantear un parecido
(​tašbîh) de la obra con su artesano por su accidentalidad, menos se puede hacer en
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cuanto a su eternidad.

En cuanto a su cualidad de Omnipotente, es algo que se puede observar a través de la


inmensidad de Su creación, que podemos observar con nuestros ojos y comprender con
nuestras mentes. Con esto podemos deducir que el que lo ha elegido (​mujtara') tiene
derecho a ser descrito con todo el poder que imaginen nuestros corazones. Esto es lo que
podemos decir en la brevedad de este resumen, aunque mucho más es lo que tiene para
Sí y lo que ha elegido para Sí, tanto de su Omnipotencia como el resto de sus Atributos
perfectos (​al-sifāt al-kāmila).

La prueba de que tiene Voluntad (irāda) es que todo lo que se manifiesta en la existencia
es lo que pretende y elige. Eso es lo que vemos de la existencia de Su buen hacer
(​i sāni-hi), su continua asistencia (​dawām imdād) que les hace llegar a las criaturas a
pesar de sus diferencias (​ijtilāf). Si la diferencia que Le muestran en cuanto a su
obediencia (​ta'a) o desobediencia (​'i yan) surgiese en contra de su misma Voluntad,
supondría que Dios, elevado sea, está separado de la existencia que le presta en toda Su
generosidad. Pero el hecho es que todo corresponde a Su buen hacer, aunque parezca
contrario a Su objetivo, y haga pensar que tal cosa se opone Su poder (​sul ān). Pero en la
existencia no hay nada que se pueda oponer, como ya ha quedado claro cuando hemos
hablado de las pruebas de Su unicidad en Esencia, Atributos y Actos.

En cuanto a la demostración de que tiene la cualidad de la Omnisciencia (​'ilm), es algo


que puede percibir quien su inteligencia le de cuenta de la perfección de esta existencia,
de cuántas maravillas hay en ella, especialmente el cuerpo humano y lo que contiene de
asombrosa sabiduría. Esto debe valer como prueba de que el Artesano no puede ser
descrito por otro atributo que el conocimiento y lo que significa.

En cuanto a su atributo de audición (​sama'), visión (​ba ar), vida (​ aya), sus pruebas se
obtienen de otra manera. Si estos atributos pueden ser encontrados en Sus criaturas,
cómo no iba a tenerlas su Creador, pero sin deducir que estas cualidades en su creación
sean más perfectas que en su Creador, pues es absurdo.

El sujeto responsable debe confirmar todos los aspectos anteriores de su creencia (​aqāìd)
y no olvidar el resto de los Nombres y Atributos de Dios, como son Su grandeza, Su
inmensidad, Su majestad, y el resto de perfecciones, pues Él, elevado sea, es descrito por
toda perfección que lo eleve por encima de toda imperfección.
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Segunda parte: a lo que es necesario someterse

Es decir, que nos sometemos a Él, elevado sea, en todos los actos y órdenes (​ahkām), y
estamos seguros de que Todo es posible gracias a Él. Es decir que "Él no responde sobre
lo que hace, sino que son ellos los que responden" (21:23) y el Universo entero existe por
Su decreto (​qa à) y Su designio (​qudra), que surgen de Su intención (​qa d) y elección
(​ijtiyār), tanto la obediencia como la desobediencia. Él, elevado y exaltado sea, puede ser
misericordioso con quien quiere y castigar a quien quiere, puesto que es quien elige en la
creación. "Nadie puede condicionar Su decisión" (13:41). Para prevenirnos de que
creamos que existe alguna excepción a este respecto y que digamos: "¿Cómo habiendo
decretado el pecado, puede castigar por ello, o que te alcance la misericordia por haber
desobedecido, y en cambio haga excepción de lo contrario?", debes saber que Él,
elevado sea, es más misericordioso contigo que tú mismo, es decir, más compasivo que
vengativo en Sí mismo, y en la manifestación tenemos muchos ejemplos de ello.
Parte de Su sabiduría es que a cada comunidad les ha hecho bellas sus propias acciones.
¿Acaso no ves como cuando elige la desobediencia en una circunstancia de su vida sólo
elige lo que le corresponde? Al creer que se encuentra entre los que disfrutarán de la
gracia, no hace sino impedirla, y el día del Juicio Dios lo dejará leer su libro, y ajustar sus
propias cuentas consigo mismo, pues "no habrá injusticia posible tal día" (40:17). Ese día
recibirá el pago que le corresponde con lo que complace a su alma.
Puede que incluso al final, en el castigo, sienta la benevolencia divina, al encontrar que su
alma se encuentra preparada para más de lo que recibe y que Dios no deje de reforzarlo
para que soporte el sufrimiento. Parte de esa sabiduría divina es que mejore el cuerpo del
pecador para el fuego, para que soporte mejor el castigo. "Cada vez que se piel se
deshaga la cambiaremos por una nueva piel, para que así deguste el fuego" (4: 52). La
sabiduría que hay en ello es que llegue al saboreo (​dawq) y para hacerlos adecuados a su
estancia en el fuego, pues es parte de la benevolencia divina, para que todo encuentre su
lugar. Es como los animales salvajes, que cuando sufren una mordedura en un miembro
se regenera su piel, y esto es un asunto que es puro beneficio. "Si Dios no hubiese
beneficiado a unos hombres sobre otros, ésta se habría corrompido" (2:251).
La razón no puede comprender lo que hay tras esta cuestión, y en todo caso sólo a través
de una palabra que no deje lugar a dudas. Así que no nos queda otra que aceptarlo
(​taslîm) en el conjunto de Sus actos y respetando sus prescripciones. Nos guardamos de
creer que haya otro acto que el Suyo, sea cual sea este acto, puesto que es Su poder el
que lo ha impuesto, Su voluntad la que lo ha escogido y el Actor es Dios. "Dios os ha
creado a vosotros y a vuestros actos" (37:96). La existencia no tiene capacidad alguna de
causar nada si no existe este vínculo, al que denominan adquisición (​kasb). Así que todo
acto que rechazamos lo hacemos porque lo rechaza la Ley siguiendo Su orden (​amr), no
porque sea otro el que lo hace.
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Tercera parte: en lo que es obligatorio creer

La fe (​imān) que es necesaria tener, se refiere a la certeza (​ta dîq) que aparece en el
corazón sobre las cuestiones a las que razón (​fikr) es incapaz de acceder, que toma el
control1 del interior del ser (​fu'ad) en la medida de su pureza (​ afā`) y gobierna a los
miembros impidiéndoles caer en lo prohibido, con la ayuda de Dios, y que lo hace
circunscribirse a aquello que nos ha llegado a través de la profecía y nada más, sin
excepción: la fe en Dios, en Sus ángeles, en Sus libros, Sus profetas y el día del Juicio.

Sobre la fe en Dios lo que le corresponde es estar de acuerdo con la creencia en Dios tal
y como nos ha llegado en la Ley, y que es lo que hemos explicado de manera resumida al
comienzo.

En cuanto a lo que corresponde con respecto a los ángeles, la persona responsable debe
creer fehacientemente que Dios tiene ángeles, cuyo número sólo Él conoce. Con respecto
a sus atributos, debe saber que son más bien trascendentes (​tanzîh) que similares
(​tašbih) al ser humano. Están relacionados con el interior de las cosas. Entre ellos están
Gabriel, Miguel, Rafael, 'Azrail, Munkir y Nakir, el Ángel del Paraíso, Raqib y 'Atid (los
ángeles escribas). Algunos de ellos pueden adoptar una forma humana, como el Espíritu
fiel (​rūh al-amîn), que se apareció a María en la forma de un hombre apuesto.

En cuanto a los libros revelados, el ser responsable debe estar seguro de que Dios ha
revelado (​inzāl) sobre sus profetas libros y escritos sobre diferentes cuestiones, con
reglas, historias y advertencias, y que debe considerar que son verdad y confirmar su
conjunto, sin echar cuentas de cuantos han podido ser, aunque hay cuatro de los que
sabemos sus nombres y a quien se revelaron.

En cuanto a los profetas, la paz y las bendiciones sean con ellos, es estar seguro de que
Dios ha puesto a ángeles y hombres como mensajeros, "que no se adelantan a Su
palabra y que Su orden siguen" (21:27), sin limitarlos a un número concreto, "de algunos
de ellos te hemos contado sus historias y de otros no" (40:78), para prevenir cualquier
disputa sobre ninguno de ellos, pues si fuese así la Ley (​šar'i) se vería amenazada y se
dañaría la confianza. En resumen, desde el punto de vista de sus actos están con Dios
bajo toda circunstancia: "No desobedecen a Dios en lo que Él les ordena, y hacen lo que
es ordenado" (66:6). El Enviado humano es diferente del ángel en aquello que es obligado
a su condición humana, lo cual no les quita nada de la inmensidad de su importancia.

En cuanto al Último día, el ser responsable debe estar seguro de que "Dios hará
comparecer a quienes están en las tumbas" (22:7), que en ese día se reunirá toda la
humanidad y que eso para Dios es algo fácil. "Dicen: ¿Quien vivificará los huesos, si son
solo polvo? Dí: Les dará vida quien los creó por primera vez" (32:78-79). Como también
debe creer en todo lo que está relacionado con el Último día, como el Paraíso, el Infierno,
el Puente (​ irā ), la balanza, la balsa, la intercesión, la rendición de cuentas, el castigo, la
penalidad de la tumba, la visión de Dios y el resto de cosas que ha descrito la Ley, sin que
deba preocuparse de saber cómo es, puesto que los estados postreros están más allá de
lo que la mente puede entender, y esto es lo que debe bastar sobre este asunto.

En cuanto a la fe en el decreto y en designio, ya hemos hablado de ello en el segundo

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El Corán a Muhammad, el Evangelio (​Inŷîl) a Jesús (​'Isa), la Torá a Moisés (​Musā) y los Salmos a David
(​Dawūd), la paz y las bendiciones sean con todos ellos y los demás profetas y enviados.
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capítulo.

Quien es inteligente, debe buscar a cada una de estas partes de la fe una prueba
concluyente y clara. De forma resumida, nos vale con probar la profecía de nuestro señor
Muhammad, la paz y las bendiciones sean con él, puesto que fue él quien vino con todo lo
que hemos dicho antes. Si se establece su veracidad, se establece la veracidad de todo lo
que vino antes que él. Su veracidad queda probada por los milagros evidentes que
contemplaron la mayoría de sus contemporáneos, que nos han sido transmitidos por una
buena cantidad de fuentes (​tawātir).

De todas formas, sobre esto, aunque el descreído se le aporten todas estas pruebas de
su veracidad, no le bastarán, aunque estas sean tan claras como el Sol.

El relató, la paz y las bendiciones sean con él, por medio de la Revelación divina (​wahy
min Allah) lo que sucedería en el futuro ante la gente, tanto los que lo reconocían como
los que lo negaban, por lo que no hay sospecha de que puedan haber sido alteradas tales
informaciones. Investiga y verás lo que hay sobre ello. Alabado sea Dios, que hace que
con ello se conforten los creyentes y renieguen los incrédulos. Pero estas breves páginas
no pueden abarcar lo que hay sobre ello ni lo que queda. Eso es solo una minucia.

Un ejemplo de ellos es cómo adelantó, a través de la revelación divina, la conquista de La


Meca, y que entraría en ella "en seguridad, con el cabello y uñas cortadas" (48:28).
También les informó de que llegarían muchas conquistas por sus manos "serán califas en
la tierra, como lo fueron otros antes que ellos. Y les consolidará en la religión que ha
querido para ellos" (24:55). También les advirtió de la secesión que acontecería tras él,
que sería como si arrancaran la noche, y así efectivamente ocurrió, como les había dicho.

En cuanto a los que vinieron después, basta sólo con lo que ha dicho: "No hay profeta
después de mi", porque Dios ha dicho de él que es "el sello de los profetas" (33:40), que
ha llegado con la Verdad y ha destruído la mentira. Aunque esta afirmación no pudo ser
comprobada por los que renegaban de su tiempo, que decían que no se podría
comprobar sin el transcurso de los años, puesto que ellos vieron como no ha habido
tiempo sin que alguien se proclame profeta, ahora que ha transcurrido un largo periodo de
tiempo, siglos, ¿qué es lo que dicen los incrédulos? ¿Han encontrado algo que contradiga
tal afirmación?

Ahora dirán, al contrario de lo que decían antes: "Pero es que vemos como las ciudades
escapan del control de los que profesan el islam, y caen en manos de otros". A lo que les
contesto: Esto no hace sino confirmar su veracidad, la paz y las bendiciones sean con él,
puesto que no nos informó de que nunca pasaría eso, sino que la revelación ha dicho:
"Hacemos que los hombres se alternen en el tiempo" (3:140)

Así que las pruebas para los últimos son más que las que tuvieron los primeros. "Pero si
Dios quisiera hubiese guiado a la humanidad entera" (13:31), "Y Dios hace lo que quiere"
(22:18). Así que lo que le incumbe al creyente es educar su corazón en el amor a su
Profeta, la paz y las bendiciones sean con él, hasta que alcance la certeza, de tal manera
que alcance el grado de uno de los compañeros sinceros, que dijo: "Aunque se me
retirase el velo, no podría aumentar más mi certeza".
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Epílogo

A quien es inteligente no se le escapa que la fe es la certeza de corazón, que no llega a


ser completa salvo si lo acompaña la lengua afirmando en voz alta las palabras de la fe
pura (​ijlās) y lo que lo acompaña2. Así que toda persona inteligente que crea, debe ocupar
su tiempo con ella, día y noche. Es su responsabilidad hasta que se vuelva una parte
íntima de él, exterior e interiormente. Pueda así morir según vivió, y ser resucitado según
murió. "Dios afianza a aquellos que creen con una palabra firme en la vida de este mundo
y en Otro" (14:27)

¡Oh Dios mío! Ocúpanos con Tu recuerdo, y hazte cargo de nosotros con Tu protección,
guárdanos del mal de nuestras almas, pues nadie nos puede librar de pecar salvo Tu. ¡Oh
Tu, que guardas los corazones unitarios de contemplar a otro que Tu! Guarda nuestros
corazones, de manera que no actúen sino en pos de Ti, y no pueda mirar a nada sino en
Ti. Concédele las bendiciones al Mediador Inmenso, a quien ha traído la prueba de Ti, y
sobre su familia y sus compañeros, los que se han apoyado en Tu socorro. Ten
misericordia de nuestros maestros, en la medida de Tu generosidad, así como a nuestros
padres, hermanos, nuestros amigos, y a quien lea este credo. Haz que crea en Ti, y haz
descender sobre él las bendiciones, pues Tu eres el que mejor la hace descender. Las
alabanzas son para el Señor de los mundos.

Loa a Dios. Fue terminado la noche del Viernes, la noche de mitad del mes de Raŷab del
año 1331 de la Hégira del señor de los Enviados, el 20 de Junio de 1913.

2
Es decir, la afirmación de la unidad divina "no hay otra divinidad que Dios" (lā ilaha illa Allāh) y que
Muhammad es Su profeta y mensajero.