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Soy yo, por fin, otra vez

Juliana los mira


EVELIO JOSÉ ROSERO
Editorial Oveja negra
Bogotá, 1993, 230 págs.

Primera vez es la trilogía de la que hace parte Juliana los


mira, junto con Mateo solo y El incendiado, novelas que
tienen como protagonista la infancia, escritas por Evelio José
Rosero.
Cuenta Rosero en una entrevista que Juliana los mira, su
primera novela después del relato extenso Mateo solo, tuvo
como semilla una escena que presenció una tarde en la que
tocaba flauta en la estación Barbès Rochechouart del metro
de París; "se abrió el vagón y vi a dos niñas que estaban
sentadas tomadas de la mano, físicamente muy distintas; una
niña rubia de ojos claros y una niña de pelo negro y se
miraban... con mucho amor". Ésta fugaz visión junto a un
cuento corto que había escrito sobre una niña en su
cumpleaños fueron su inspiración para escribir Juliana los
mira.

Aunque es tildada de novela erótica, a criterio del autor es


más una novela de amor entre dos pequeñas de 10 años en
el mundo de adultos que las rodea. La novela es narrada, en
su mayoría, en primera persona por Juliana, una de las
protagonistas. Está dividida en 4 capítulos en los que se
relatan sucesos que rompen el esquema con temas de
drogas, sexo y padres permisivos y muestran al amor como
un sentimiento incondicional.

Juliana tiene padres ausentes y vive la mayoría de sus días


sola. Pero su perspectiva cambia al conocer a Camila, hija de
unos amigos de sus padres, por quien siente cosas que ni
siquiera ella se explica ni entiende. Poco a poco, lo que los
adultos ven como juegos y amistad entre dos niñas se
convierte en una relación diferente en la que ellas viajan y se
sienten seguras. Esto es claro a medida que la historia se
desarrolla; Juliana resuena con Camila y lo demuestra
cuando, por ejemplo, se da cuenta que con sólo el tacto de
sus manos se halla a sí misma en el mundo:

"… Y creí despertar por fin cuando me reconocí yo


misma sentada en el mercedes de Camila y cuando el
aspa desapareció dentro de mí y lo último que dijo
[Camila] lo dijo al mismo tiempo que yo: Soy yo, por
fin, otra vez." (p. 47)

Aunque hay varias escenas eróticas, Juliana nunca pierde su


inocencia ni ese tono cándido correspondiente a la voz de
una niña de 10 años cuando explica lo que percibe del
mundo.
El sentimiento de amor puro se ve reflejado en los
pensamientos de Juliana y en cómo intenta descifrar sus
emociones; Por ejemplo, cuando cambia de zapatos con
Camila lo interpreta como una clase de pacto en el que se
comprometen la una con la otra: "Un dolor que nunca había
sentido. Un primer dolor. Sus zapatos ya eran míos pero no
eran sólo míos..." (p. 50), o cuando escuchan la Marcha
Eslava de Tchaikovsky y Juliana se dice "la segunda música" y
llama a Camila "la primera"; es una metáfora de
compaginación y sinergia entre ellas, quienes sienten que,
como la música, pueden fusionarse.

"Y me parecía que la primera música, el concierto,


era idéntica a Camila: una extraña voz por dentro, y
que la segunda música era yo. Yo misma. Juliana. Una
música idéntica a mí, como si yo estuviera
mirándome ante otra clase de espejo, y sin máscara,
y todo el espejo fuera la música y yo" (p. 87)

También en sus pensamientos se ven reflejados la gran


confusión y el miedo que se apoderan de ella al pensar en lo
que siente por Camila:

"… y pensé que tuve razón cuando le dije eso en la


piscina, Camila, te quiero, '¡Yo quiero a Camila!'
Pensé aterrada, '¡Juliana, quieres a Camila!, ¡Juliana,
ella es otra niña! ¡Juliana!, ¡Juliana!' " (p. 84)

Juliana y Camila son la personificación de la curiosidad y


miedo que invade a una persona ante lo desconocido.

Conseguir un ritmo que persuada al lector a seguir leyendo


hasta la última página y despertar en él el sentimiento de
que en realidad es una niña de 10 años quien la cuenta es un
logro brillante por parte de Evelio Rosero. La poesía que
construye el pensamiento de Juliana, tan confuso y pueril, las
bellas imágenes que recrean sus sentimientos respecto a
Camila y el hecho de conmover al lector con su poder
descriptivo son aspectos que merecen ser resaltados en esta
obra.
Por mi parte, la novela consiguió inquietarme y hacerme
sentir empatía por lo que pasaba en la mente de Juliana,
como espero suceda cuando las vivencias de Juliana habiten
en sus mentes.
La novela termina de escribirse el 6 de noviembre de 1985,
en Barcelona.
Andrea Antíbar