Anda di halaman 1dari 21

Narcotráfico en Colombia

Mapa de la DEA que muestra el flujo de heroína y dinero entre


Colombia y Estados Unidos en 2003.

Narcotráfico en Colombia se refiere al negocio de las drogas


ilícitas de efectos psicotrópicos en Colombia, la producción y
distribución de estos productos, así como la evolución histórica de
esta actividad económica. El narcotráfico ha tenido directa influencia
en la vida política, social y económica del país; también como actor
importante del conflicto armado interno, siendo el apoyo económico
directo e indirecto tanto de grupos insurgentes (FARC, ELN y
disidencia del EPL) como de grupos paramilitares (AUC) y de
la delincuencia organizada(carteles de la droga y BACRIM). Varios
dirigentes nacionales han sido acusados de alianzas con grupos de
narcotraficantes y/o grupos armados ligados al narcotráfico para ganar
poder político y económico.1
El uso de la hoja de coca y otras plantas había formado parte del estilo
de vida de algunas comunidades indígenas de América del Sur, pero la
demanda mundial de drogas psicoactivas durante las décadas de 1960 y
1970 incrementó la producción y procesamiento de éstas en Colombia.
Se implementaron leyes de prohibición en Estados Unidos y
en Colombia para sofocar el efecto negativo de las drogas en la
sociedad y castigar a quienes las cultivaran, poseyeran, comercializaran
o distribuyeran.

Desde el establecimiento de la guerra contra las drogas, los Estados


Unidos y algunos países europeos han proveído al gobierno colombiano
ayuda logística y financiera para implementar planes que permitan
combatir el tráfico de drogas. El programa más notable ha sido el
polémico Plan Colombia, el cual también está destinado a combatir los
grupos armados ilegales calificados por estos países como terroristas,
entre ellos paramilitares y guerrillas, que en la década de
1980 empezaron a financiarse con esta actividad ilícita. En Colombia, la
guerra contra el narcotráfico empieza el 30 de abril de 1984, fecha del
asesinato del Ministro de Justicia: Rodrigo Lara Bonilla; ordenado por el
líder del Cartel de Medellín, Pablo Escobar, entonces suplente en
la Cámara de Representantes, y de quien Lara ya venía denunciando sus
actividades ilegales a raíz del descubrimiento del complejo cocalero
de Tranquilandia el mes anterior, por parte de la policía colombiana;
razón suficiente para que el gobierno, presidido por Belisario Betancur,
implementara de manera inmediata la Ley de Extradición contra los
narcotraficantes firmada en el gobierno de Julio Cesar Turbay, luego
de esto promulgó el Estatuto Nacional de Estupefacientes (Ley 30 de
1986), teniendo así una herramienta para combatir la fabricación,
tráfico y porte de estupefacientes.

A pesar de estos programas y leyes, Colombia continuó siendo el líder


mundial en producción de cocaína con aproximadamente el 70% del total
de distribución a nivel mundial y el 90% del procesamiento, según un
informe del Departamento de Estado de los Estados Unidos en 2004.

Narcotraficante Colombiano Pablo Emilio Escobar


La economía subterránea del tráfico ilícito de drogas venía operando en
Colombia desde finales de los años 60´s cuando en la región Caribe,
especialmente, floreció el cultivo de la marihuana y se dio un primer
auge, la llamada bonanza Marimbera. El mercado norteamericano,
receptor principal de los estupefacientes, empezaría luego a derivar
hacia la cocaína, producto proveniente de la planta de coca al extraerle
el alcaloide de la hoja, siendo cultivada y traída originalmente
de Bolivia y Perú; pero varios años después, los
narcotraficantes colombianos promoverían el cultivo de la planta en su
propio país, haciendo innecesario importar la hoja de manera
clandestina. En este marco, jugaría Colombia el papel de placa giratoria:
Los cargamentos del alcaloide llegaban desde los laboratorios, donde
era procesada, en el sur del país y eran redistribuidos por las mafias
locales hacia EE.UU. Los primeros grupos de narcotraficantes surgidos
en la primera parte de la década de los 70´s, presentes sobre todo
en Medellín y el centro del país (en gran parte eran antiguos
contrabandistas), fueron liquidados en guerras internas; le sucedería
una nueva generación más violenta pero más activa y emprendedora, de
la que serían exponentes Pablo Escobar, su primo Gustavo Gaviria, los
hermanos Juan David, Jorge Luis y Fabio Ochoa Vásquez, Griselda
Blanco(sobreviviente de la primera etapa) y Pablo Correa
Arroyave en Antioquia; Carlos Lehder en Armenia; Gonzalo Rodríguez
Gacha y Verónica Rivera en el centro del país; los
hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela, José Santacruz
Londoño, Pacho Herrera y los hermanos Henao en el Valle del Cauca;
y José Rafael Abelló Silva en la Costa Atlántica.
Sus profusas redes en Norteamérica y la diáspora colombiana en el
exterior les permitieron controlar prácticamente todo el negocio y
obtener astronómicos beneficios económicos, que los catapultaron
pronto como los “Mágicos”, los nuevos ricos de Colombia. A partir de
la Administración López, la economía subterránea de la coca iniciaría su
apogeo. El gobierno Turbay emprendería las primeras acciones al
respecto, presionado por los EE.UU., lanzando una fuerte ofensiva
contra los cultivos de marihuana en la Costa Norte (cultivos que ya
habían perdido su valor estratégico ante las plantaciones caseras
surgidas en Norteamérica), firmando además a finales de 1979 el
famoso Tratado de Extradicióncon la Administración de Jimmy Carter.
Pronto los narcotraficantes se presentarían no solo como “empresarios”
llamados "mágicos", sino como agentes de desestabilización y violencia
en todo el país. La propia naturaleza ilícita de su negocio y la necesidad
de protegerlo así lo dictaba.
Artículos principales: Guerra contra las drogas, Guerra entre
carteles y Lista de hechos de violencia del conflicto armado interno en
Colombia.
Algunas de estas organizaciones criminales emprendieron guerras
contra el Estado para tratar de evitar el Tratado de Extradición con
los Estados Unidos, cometiendo actos terroristas contra la población
civil, actos que se extendieron a la guerra entre los carteles. Ya en las
décadas de 1990 y 2000, varios de estos carteles consolidaron una
infiltración en las instituciones del Estado, al tiempo que consolidaban
igualmente las alianzas con grupos al margen de la ley,
incluidas guerrillas y paramilitares que daban sus primeros pasos en el
negocio.
Con la prohibición, productores y traficantes formaron carteles
clandestinos armados. Durante la década de 1980, al incrementarse la
demanda, los carteles se expandieron y se organizaron en grupos
criminales de mayor envergadura, usualmente liderados por uno o más
capos como fue el caso del Cartel de Medellín o con un liderazgo
confederado tal como sucedió con el Cartel de Cali o el Cartel del Norte
del Valle.
El Cartel de Medellín mantuvo, hasta su disolución a inicios de los 90´s,
el control y la distribución de los envíos de cocaína hacia los Estados
Unidos y otros países. Según varios reportes periodísticos, se estimaba
que cerca del 95% de la cocaína era controlada por el cartel.3
Gobierno Betancur[editar]
La reforma tributaria de 1983 planteó una nueva relación entre el
narcotráfico y el Estado, ofreciendo la alternativa de incorporar los
dineros calientes a la economía legal colombiana. Se sondeó además la
posibilidad de la legalización de las drogas y la expedición de un marco
legal que permitiera a los barones de la coca, su participación en la vida
social, legal y política del país. El nacimiento del Movimiento Latino
Nacional de Carlos Lehder y de Civismo en Marcha de Pablo Escobar,
quien ocupó un puesto en la Cámara de Representantes, fue una
expresión de este proceso. Pero dicho esbozo fracasó por la oposición
de los sectores tradicionales para aceptar estos hechos. El Nuevo
Liberalismo, movimiento liderado por Luis Carlos Galán y Rodrigo Lara
Bonilla (nombrado Ministro de Justicia por Betancur), fue el adalid de
esta cruzada contra la narco-política, que convirtió en el objetivo
principal de sus críticas a Pablo Escobar.
En este marco se dieron los primeros intentos de diálogo entre los
traficantes de droga y el Gobierno sobre el Tratado de Extradición a
los Estados Unidos. Sin embargo, pese a los intentos de sabotear la
acción del ministro Lara en el Congreso, denunciando su supuesta
relación con Evaristo Porras, un narcotraficante del Amazonas, Escobar
se vio obligado a renunciar definitivamente a la actividad política. La
difícil coyuntura que parecía desactivarse se complicó, cuando la policía
anti-narcóticos (con el ministro Lara detrás del operativo), desmanteló
el complejo cocalero de Tranquilandia, en marzo de 1984. Aquel golpe al
Cartel de Medellín fue devuelto el 30 de abril de 1984, cuando 2
sicarios mataron al ministro de justicia en Bogotá.
Luego del asesinato de Lara Bonilla el gobierno amplió el estado de
sitio en el país, ratificó e implementó el Tratado de Extradición y
generó el Estatuto Nacional de Estupefacientes(Ley 30 de 1986). Con
este marco legal, Betancur inició la primera gran guerra contra el
narcotráfico: se dispuso del embargo y secuestro de bienes de los
narcotraficantes, además del aumento de penas y multas para delitos
asociados al tráfico de drogas, pasando estos al conocimiento de
la Justicia Penal Militar. Los principales cabecillas del Cartel debieron
refugiarse en Panamá auxiliados por el dictador Manuel Antonio
Noriega e intentaron en mayo de 1984 un último acercamiento al
Estado, conocido como los Diálogos de Panamá. Su fracaso trajo una
importante consecuencia: El dinero fue reemplazado por el terror como
principal recurso de enfrentamiento y diálogo. Meses después,
regresarían clandestinamente al país y la guerra total sería cuestión de
tiempo.
Pese a la ofensiva que siguió al crimen de Lara Bonilla y a la activación
del proceso de extradición, hecho efectivo en enero de 1985 con el
envío de los primeros capturados a Estados Unidos, los
narcotraficantes del Cartel de Medellín permanecieron impunes,
ejerciendo el control de su aparato criminal y expandiendo sus rutas
por Mexico, Nicaragua y Cuba, además de abrir nuevos mercados
en Europa. De modo paralelo, los efectos corrosivos del narcotraficante
seguían creciendo, contribuyendo al progreso de la corrupción dentro
del gobierno -en sus múltiples estamentos-, los partidos políticos, y
sobre todo las fuerzas de seguridad, sobornadas con profusión por
Escobar y sus secuaces. Solo esto último permitió al Cartel de Medellín
continuar golpeando impunemente al Estado colombiano.
Después del asalto del M 19 al palacio de justicia, la campaña de terror
del Cartel continuaría contra sus enemigos en el Gobierno, contra los
que apoyaran el Tratado de Extradición, y todos los que denunciaran sus
negocios y redes mafiosas. Además, demostrarían su poder de
corrupción cuando evitaron que Jorge Luis Ochoa y Gilberto Rodríguez
Orejuela, reconocidos narcotraficantes capturados en España, fueran
extraditados a Estados Unidos y deportados de regreso a Colombia,
donde pagaron irrisorias penas de cárcel.
Hasta ese momento, los dos principales grupos exportadores de droga
no habían entrado en pugna y respetaban sus respectivos mercados y
territorios, aunque la atención de las autoridades se centraba
esencialmente sobre los violentos cabecillas de Medellín, que
controlaban hasta un 80% del lucrativo negocio. Los jefes del Cartel de
Cali optaron principalmente por la corrupción y por la infiltración dentro
de las instituciones como medio de lidiar con el Estado.
El Cartél de Medellín fue catalogado en su momento como la
organización criminal más peligrosa de Colombia y del mundo4 debido a
su «modus operandi», además de ser liderado por el
narcotraficante Pablo Escobar, quien fuera congresista de Colombia
para luego ser desenmascarado por el entonces Ministro de
Justicia Rodrigo Lara Bonilla, a quien asesinó como represalia.5
Gobierno Barco[editar]

Pablo Escobar.

La captura de uno de los principales capos de la mafia se dio en 1987,


luego del aprisionamiento de Carlos Lehder, miembro y fundador
del Cartel de Medellín. Lehder fue extraditado a los Estados Unidos y
condenado a cadena perpetua más 135 años de cárcel, pero su pena se
redujo a 55 años luego de colaborar con la justicia estadounidense.6 Al
momento de la captura, el narcotraficante se encontraba con otros
diecisiete integrantes en la vereda Los Toldos,
un corregimiento de Antioquia. Lehder era uno de los criminales más
buscados por la DEA, prueba de ello fue el allanamiento realizado por
parte de la agencia a Cayo Norman, una isla localizada en
las Bahamas donde Lehder ejecutaba todas sus operaciones.7
El Cartel de Medellín fue responsable de varios homicidios perpetrados
en contra de civiles, miembros de la fuerza pública y personalidades
como Luis Carlos Galán, político y candidato a la presidencia en
representación del Partido Liberal Colombiano, asesinado durante la
campaña electoral. Otro ataque atribuido a Pablo Escobar fue
el atentado al edificio del DAS, un ataque terrorista ocurrido en 1989
que dejó un saldo de setenta muertos y más de quinientos heridos.8
Este y otros ataques fomentaron la creación del Bloque de búsqueda,
con el fin de capturar a Escobar. Por su parte los líderes del cartel
empezaron a reclutar mercenarios de distintas nacionalidades para
hacer frente a las fuerzas del estado, lo que llevo al país a una guerra
que provocó más de 20,000 muertes.
Gobierno Gaviria

Aprovechando la tregua unilateral indefinida anunciada en julio de 1990


por Los Extraditables, se diseñó la legislación de estado de sitio que se
haría pública como “Política de Sometimiento a la Justicia”. Dicha
política aspiraba a favorecer con la reducción de la pena a los
narcotraficantes que se entregaran voluntariamente y confesaran un
delito, con la garantía de ser juzgados en el país y recluidos en
pabellones de alta seguridad. Pablo Escobar receloso de las intenciones
del gobierno, organizó una serie de secuestros selectivos de periodistas
y de personajes influyentes (Diana Turbay, Francisco Santos y Maruja
Pachón, entre otros), presionando de ese modo al presidente para que
fuera tratado como un delincuente político, haciéndose beneficiario de
paso de los indultos reservados a los guerrilleros.
Los primeros en acogerse a la oferta, entre diciembre de 1990 y
febrero de 1991, fueron los hermanos Ochoa: Jorge Luis, Juan
David y Fabio, socios cercanos de Escobar. Sin embargo este último
pretendía arrancarle al Ejecutivo un acuerdo hecho a su medida, y
siguió presionando por la vía armada, amenazando con ejecutar a los
rehenes y con reiniciar su ofensiva terrorista. El 12 de diciembre de
1990 una bomba mató a 7 policías en Medellín, y otros 7 más serían
ultimados por sicarios en los 3 primeros días de enero. Poco después el
22 resultaron abatidos, en un doble operativo lanzado en el
departamento de Antioquia, 2 de los hermanos Prisco, jefes de una
banda transformada en el brazo armado del capo. El informante que los
delató entregó luego la ubicación de 2 de los secuestrados, pero en la
confusa operación de rescate que se adelantó el 24 de enero, Diana
Turbay y 3 de sus captores murieron.
La respuesta no tardó en llegar, con la ejecución de uno de los
rehenes, Marina Montoya, hermana del antiguo Secretario de
Presidencia, Germán Montoya, y con una nueva racha de atentados: una
decena de efectivos policiales fueron víctimas de sicariato; una
explosión en un bus dejó 6 muertos; y el 16 de febrero un atentado con
bomba en la plaza de toros de Medellín se saldó con 23 fallecidos. Dos
meses después el ex ministró de Justicia Enrique Low Murtra, perdió la
vida a manos de pistoleros. Dicha estrategia le dio resultados a
Escobar, quien habiéndole ganado el pulso al ejecutivo, libero al resto
de los secuestrados como gesto de “buena fe”. Sin embargo, fue solo
cuando estuvo seguro de que la Constituyente había votado y aprobado
el 19 de junio de 1991 el artículo que prohibía la extradición de
colombianos, se entregó en la capital antioqueña, en compañía del
sacerdote Rafael García Herreros. Luego, Escobar sería recluido en
la Cárcel de La Catedral en Envigado. Desde adentro siguió controlando
los hilos del negocio ilegal, además de realizar fiestas y orgías
contratando modelos y reinas de belleza (algunas terminaron siendo
parte de la farándula colombiana), todo a través de otros 2 aliados de
Escobar que no se entregaron a las autoridades: Fernando Galeano "El
Negro" y Gerardo Moncada "Kiko".
Fin del Cartel de Medellín y auge del Cartel de Cali

A casi un año de su encierro a principios de julio de 1992, Pablo Escobar


se había convertido en un extorsionista de alto rango. Dejó de exportar
cocaína y empezó a cobrar dinero a los demás narcotraficantes.
Sospechando de sus aliados, ejecutó a Fernando “El Negro” Galeano y
Gerardo “Kiko” Moncada, con el pretexto que estos le habían robado
$20 millones producto de actividades ilícitas. La posterior purga entre
los más cercanos a ambos capos y entre sus familiares dejó unos 50
muertos. El gobierno y la Fiscalía General de la Nación, al conocer de los
hechos y para evitar que el “Patrón” siguiera delinquiendo desde su
prisión, ordenó el traslado de este hacia un nuevo penal. Pero en
condiciones sospechosas él, su hermano Roberto y 8 de sus
lugartenientes se fugaron de La Catedral el 22 de julio de 1992. El
gobierno creó entonces el Bloque de búsqueda, integrado por miembros
de la Policía y el Ejército, para cazar a los prófugos.
Los narcos de Cali se encargaron entonces de desencadenar nuevamente
la guerra, al activar un coche bomba en Medellín que atribuyeron a sus
enemigos antioqueños. Ante la arremetida de las fuerzas estatales,
estos reactivaron su campaña con una serie de ataques en los que
ejecutaron a 30 uniformados y una juez, entre septiembre y octubre de
1992. Pero esta vez la situación había cambiado bruscamente para el
Cartel: la muerte de Galeno y Moncada generó una fractura al interior
de la organización. Diego Fernando Murillo"Don Berna", jefe de
seguridad de los capos asesinados, y los hermanos Castaño se alinearon
con los narcos del Valle contra Escobar, en una alianza que incluía a
oficiales del Bloque de Búsqueda y varios de sus antiguos socios y
testaferros. Con la información que pudieron suministrar a las
autoridades se asestaron durísimos golpes a las redes del “Patrón”. El
28 de octubre Brances Alexander Muñoz, unos de los jefes militares
más importantes del cartel, fue abatido en una operación especial.
Escobar que trataba en ese momento de negociar su reentrega y había
autorizado la rendición de varios de sus lugartenientes más cercanos,
entre ellos su hermano Roberto, alias “Popeye”, “Otto” y el “Mugre”,
desencadenó en respuesta una nueva guerra total. Decenas de
pistoleros ejecutaron a un centenar de policías hasta febrero y los
coches bomba reaparecieron en las grandes ciudades a partir de
diciembre de 1992. Si bien los mecanismos ya no eran tan sofisticados
como antes, las pérdidas humanas y materiales fueron cuantiosas, pues
los atentados ya no iban dirigidos a un objetivo específico, sino que eran
totalmente indiscriminados. En Medellín murieron 19 personas, en la
capital de la república 41 y en Barrancabermeja 16. El Valle de Aburra
se vio afectado por 3 ataques mortales en diciembre del 92 y en Bogotá
las explosiones se sucedieron a partir de enero de 1993: el 20 en el
norte, el 30 frente a la Cámara de comercio, mediando febrero en dos
áreas comerciales, el 5 de marzo en las instalaciones de Telecom y en
abril 15 en la calle 93.
Pese a la dura arremetida de los terroristas, en el curso de una ardua
cacería, las autoridades dieron de baja hasta marzo de 1993 a 100
sicarios y 10 jefes militares del Cartel, entre los que se contaban Mario
Castaño Molina “El Chopo”, Hernán Darío Henao “HH” y Jhonny Edison
Rivera “El Palomo”, todos hombres de confianza de Escobar. También
fueron apresados 1900 sospechosos de pertenecer a la organización y
se rindieron 18 altos mandos de su ala militar. Esto sumado a la derrota
por bandas rivales de sus grupos de gatilleros, en una guerra que dejó
300 muertos, terminó por debilitar decisivamente al grupo de Medellín
que perdió en 8 meses el 80% de su capacidad bélica. Como añadidura,
el 30 de enero hizo su aparición pública una estructura paramilitar que
se autodenominó “Los Pepes” (Perseguidos por Pablo Escobar), detrás
de la que estaban los Castaño y que se dedicaría a matar a los
testaferros, contadores, abogados y familiares del capo, como también
a destruir sus propiedades y minar sus finanzas.
Arrinconado por las fuerzas armadas y por las amenazas que pesaban
sobre su familia, Escobar interrumpió del todo su campaña terrorista.
Trato de renegociar su rendición, condicionándola a la salida del país de
su mujer y sus hijos, pero esta vez su propuesta no halló eco entre el
Ejecutivo. Si bien logró evadir al Bloque de Búsqueda por 6 meses más,
la muerte de su jefe de seguridad León Puerta Muñoz “El Angelito”, en
octubre de 1993, lo dejó desprotegido, al mando ya de sicarios rasos.
Finalmente, la preocupación por la situación de su esposa refugiada en
el Hotel Tequendama bajo vigilancia policial, lo llevó a utilizar un radio
de comunicaciones, revelando su ubicación. En la tarde del 2 de
diciembre de 1993 sería abatido por un comando de 20 hombres.

Su muerte y la de su único guardaespaldas significó el final del Cartel


de Medellín y del narcoterrorismo como actor bélico (5500 muertos en
la lucha desde 1989 hasta 1993), pero en ningún modo afectó como tal
al negocio del tráfico de cocaína, en manos ahora de los
narcotraficantes de Cali y el Norte del Valle.
En vez de desaparecer como tal, el Cartel de Medellín se atomizó en
pequeñas estructuras o bandas delincuenciales que se enfrentaban
entre si por el control territorial en Medellín que luego se unieron,
gracias a "Don Berna", en una sola organización criminal denominada la
"Oficina de Envigado", fomentando además el fortalecimiento indirecto
del grupo de Cali, el cual no solo llegó a controlar el 80% del negocio,
sino que perfeccionó sus métodos de inteligencia y reforzó su
infiltración dentro de las autoridades. Y si bien la atención de la opinión
pública se había centrado en Escobar y sus socios, las otras redes de
narcotraficantes, específicamente la del norte del Valle no era menos
violenta. En Trujillo (Valle) los capos Henry Loaiza “El alacrán” y Diego
Montoya “Don Diego”, ejecutaron a principios de la década de 1990, a no
menos de 250 personas.
El gobierno de EE.UU. empezó a exigirle a Colombia más contundencia
en las acciones contra los nuevos amos del narcotráfico y aunque el
Bloque de Búsqueda logró apuntarse algunos éxitos con la captura
de Jaime Orejuela e Iván Urdinola, el núcleo de la organización se
mantuvo intacto hasta la llegada de la nueva administración. Además,
ahora se añadía un nuevo ingrediente a la ecuación: los cultivos ilícitos
empezaron a expandir su frontera aceleradamente a finales del
cuatrienio Gaviria. De placa giratoria del tráfico de cocaína, pasó a ser
el primer productor del mundo, desbancando de su puesto a Perú y
Bolivia. Con el impulso del Cartel de Cali y, sobre todo, con la
participación cada vez mayor de las FARC y los paramilitares en el
negocio, el fenómeno se extendería rápidamente por gran parte del
territorio, en las selvas del sur sobre todo pero también en otras áreas
como el Catatumbo y Antioquia. Pese a la reducción de los aportes de
los EE.UU. a la lucha antinarcóticos, el gobierno multiplicó la
erradicación de las zonas sembradas de coca y amapola, iniciando en
1992 las polémicas fumigaciones con glifosato, a la vez que desarrollaba
programas de sustitución de cultivos.
Gobierno Samper[editar]
El Cartel de Cali, en su época dorada posterior a la caída del Cartel de
Medellín, fue señalado por las autoridades estadounidenses de ser el
responsable del envío del 35% de la cocaína que llegaban a las calles de
ese país, razón por la cual llegó a ser catalogado como la organización
criminal más peligrosa de Colombia. Existió desde los años 1985 hasta
1995, cuando fueron capturados los hermanos Rodríguez Orejuela.
En 1995, los hermanos Rodríguez Orejuela, principales miembros y
fundadores del cartel de Cali fueron capturados durante la presidencia
de Ernesto Samper. Gilberto Rodríguez Orejuela, el mayor de los
hermanos y conocido por el alias de El Ajedrecista por su particular
forma de manejar los negocios y eludir a las autoridades910 fue
extraditado a Estados Unidos el 3 de diciembre de 2004 junto con su
hermano Miguel Rodríguez Orejuela, alias El Señor. Fueron condenados
a treinta años de cárcel en Pensilvania, pero fue reducida luego de
aceptar los cargos y colaborar con las autoridades estadounidenses.11
Según varios informes de la DEA, la organización ganaba en su momento
más de diez billones de pesos colombianos (siete mil millones de
dólares) anuales.1213
Varios miembros que conformaban la «cúpula principal del cartel»
fueron abatidos con el transcurrir de los años. José Santacruz
Londoño y Pacho Herrera fueron asesinados, mientras que Víctor Patiño
Fómeque y Henry Loaiza fueron extraditados a Estados Unidos. Phanor
Arizabaleta Arzayús, el último de los jefes del cartel se encuentra
recluido en una cárcel de Colombia, donde paga una condena de veinte
años.14 En 1998, finalizando el periodo presidencial de Ernesto Samper,
es capturado el jefe del Cartel de la Costa, Alberto Orlández Gamboa,
alias El Caracol.15
El Cartel del Norte del Valle, operaba principalmente en el Norte
del Valle del Cauca, al Suroeste de Colombia, tuvo un importante
crecimiento a mediados de los años 1990, después de que los carteles
de Medellín y Cali se disolvieran.
Gobierno Pastrana

Véase también: Plan Colombia


El jefe del Cartel de la Costa: Alberto Orlandez Gamboa, alias
"Caracol". fue extraditado a Estados Unidos en el año 2000. Este cartel
que funcionaba en Barranquilla y en la Región Caribe en el norte
de Colombia, controlaba el comercio de droga con otras regiones del
país y con países limítrofes además de la producción local. En este
gobierno se dio la llamada "Zona de Despeje", teniendo como epicentro
la población de San Vicente del Caguán para un proceso de paz con la
guerrilla de las FARC, proceso que fracasó por la incursión directa de
los insurgentes en el negocio del narcotráfico al utilizar la Zona de
Despeje para la producción y tráfico de cocaína, siendo conocida la
organización como una "narcoguerrilla". En respuesta, el gobierno
colombiano implementó con Estados Unidos un acuerdo bilateral para
atacar el narcotráfico y a quienes se beneficien de este, incluyendo a
grupos insurgentes y paramilitares, conocido como Plan Colombia.
Gobierno Uribe

Véase también: Narcoparamilitarismo


En 2006 se produjo la captura de Salvatore Mancuso, comandante y
narcotraficante de las Autodefensas Unidas de Colombia, apodado con
los alias de Santander Lozada o Triple Cero. Mancuso se desmovilizó del
grupo paramilitar en 2005 y fue extradito a los Estados Unidos en
2008. El 24 de septiembre de 2002, el gobierno estadounidense emitió
un comunicado donde manifestaba que los líderes de las AUC eran
responsables del envío de varios cargamentos de drogas que tenían
como destino los Estados Unidos y Europa: «el Departamento de
Justicia está haciendo cargos en contra de los líderes de las
Autodefensas Unidas de Colombia por traficar más de diecisiete
toneladas de cocaína hacia los Estados Unidos y Europa desde 1997. En
el informe de incriminación, cinco cargos de narcotráfico fueron
establecidos en contra del líder de las AUC Carlos Castaño y otros dos
miembros del comando paramilitar, Salvatore Mancuso y Juan Carlos
Sierra Ramírez».16 También estuvo relacionado con el
empresario italiano Giorgio Sale por el lavado de activos y
narcotráfico.17 Gran parte del dinero fue destinado al grupo paramilitar,
mientras que otra parte era utilizada para realizar varias inversiones en
inmobiliarias colombianas e italianas.17

Salvatore Mancuso extraditado a Estados Unidos en 2008.

El Cartel del Norte del Valle, aunque se convirtió en la organización


criminal más poderosa del país, sufrió grandes golpes tanto por acción
de la Fuerza Pública como por guerras internas, que terminaron por
disminuir su capacidad económica y militar que llegó a su final en 2008,
cuando uno de sus jefes; Wílber Varela, alias Jabón, fuera asesinado
el 28 de enero y sus otros dos líderes: Juan Carlos Ramírez Abadía,
alias Chupeta, y Diego León Montoya, alias Don Diego, fueran
capturados un año antes, quedando desmantelada esta organización.
Las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) eran otro actor
importante en el tráfico de drogas, heredando los espacios dejados por
los desmantelados carteles de la droga del país. Con su desmovilización,
a mediados de 2006, las denominadas Bandas emergentes en Colombia
(BACRIM), conformadas por ex-paramilitares que se negaron a la
desmovilización en el gobierno de Alvaro Uribe, retomaron el control de
todas las actividades criminales dejadas por las AUC y los cárteles del
narcotráfico. La conformación de estas organizaciones criminales ha
dejado centenares de víctimas, y ha desestabilizado varios sectores del
comercio. Se cree que en 406 municipios de Colombia operan las bandas
criminales y que éstas han logrado una alianza estratégica con grupos
insurgentes como Las FARC, el ELN y el EPL, inclusive llegando a
alianzas entre las mismas BACRIM. La alianza obedece principalmente al
cultivo y tráfico de drogas, una tarea que genera ingresos y sostiene las
finanzas de estas organizaciones. Según el gobierno colombiano, las
BACRIM "son carteles del narcotráfico que son combatidos
exclusivamente por la Policía, demostrando que son grupos con
capacidad militar, campamentos, armas, estructura jerárquica y aliados
con la guerrilla".18
De otro lado las FARC, que se había convertido en una "narcoguerrilla",
gracias al Plan Colombia y a la Política de Seguridad Democrática (PSD)
implementada por el presidente Uribe, sufrió graves golpes en su
estructura, que se vio reflejado en la disminución de su pie de fuerza
(de 20.000 insurgentes armados que contaban en 2002, quedaron con
un poco más de 7.000 al finalizar el gobierno de Álvaro Uribe).