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Arbolito, arbolito, bajo tu sombra...

Juan Gajardo Quintana

Se contrapone aparatosamente la genial idea de un concejal de nuestra comuna por

ragalar árbolitos con ese sospechoso furor que inunda la conducta de ciertos caballeros,

por derribar cuanto árbol se mantiene enhiesto y firme sobre sus raíces.

Esto no es nuevo, eso de las contradicciones a la luz simple y clara del día. Desde un

tiempo a esta parte, las más importantes ciudades de la Región del Maule, vienen siendo

despojadas de la vida reflejada en los frondosos follajes de airosos árboles, para dar paso

a desérticos paisajes tapizados de cemento. La nueva onda en lo que concierne a las

plazas públicas.

Loable, por el contrario, la iniciativa de empresarios particulares y municipalidades

aledañas, que, a buen recaudo dentro de recintos protegidos, han dejado medrar a

añosos ejemplares que, con sus poderosos brazos levantados hacia el cielo, entonan con

el viento y los pájaros, verdaderas sinfonías que insuflan en el espíritu ganas de vivir,

respirar y amar (cuánto más puede aquilatar la magnificencia de ello, alguien que viene

saliendo de una tocata de metal, funk o como se llame, cuyos "acordes" lo han puesto al

borde de destrozar y botar cuanto se atraviese en su camino).

Ediles, montañeses, conservacionistas, monásticos o de la derivada que sea, os suplico

pongáis ojo en esta triste realidad. Hay vecinos que sin contemplación alguna, le rebanan

el tronco a maravillosas araucarias que tuvieron la desdicha de crecer en su sitio (¿que no

están protegidas por Ley?).

¿Alguien está deseando que se multipliquen obras públicas que convertirán en leña a

magníficos ejemplares para dar paso al progreso? Al progreso del desierto, en el mismo
sentido como avanza desde el norte del territorio chileno sobre los alguna vez fértiles

valles del Norte Chico. Piénsenlo bien, oh autoridades, no menosvaloremos los

momentos de reflexión, aquellos que nos ayudan a poner en perspectiva la realidad.

Alguna vez un conocido hombre público linarense señaló que su gestión como autoridad

no adolecía de pelusonismo, expresión que legó para que todos aquellos que tengan el

privilegio de tomar decisiones en nombre de la ciudadanía, puedan remontar un grácil

vuelo que llegue a posarse sobre las esperanzadas ramas de los árboles que aún

respiran.