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UN YACIMIENTO INFEROPALEOLÍTICO EN TORNO AL

CURSO MEDIO DEL RÍO TULUERGO (AVILÉS-ASTURIAS)

MANUEL PÉREZ PÉREZ

I. INTRODUCCIÓN

La zona en la que hemos descubierto este nuevo yacimiento que hoy


damos a conocer se localiza en el límite noroccidental del casco urbano de
Avilés (figura 1) y a unos 1.000 m., en línea recta, de su antiguo recinto amu­
rallado, al pie de cuyo paño NO. discurría entonces el tramo final del cauce
del río Tuluergo. Se trata de una vaguada innominada, en la que actualmente
se asienta la urbanización conocida como “Campas del Quirinal” y cuyas
coordenadas geográficas son 43° 33’ 40” latitud N. y 5o 56’ 10” longitud O .1
Limita al N. con los lugares de Valgranda y El Montán, al E. con El Quirinal,
al O. con La Cantera y El Cardel y al S. con El Vallao, una colina que alcan­
za una cota máxima en torno a los 60 m. y cuya base bordeaba el río Tuluergo
por su cara N., mientras que por la ladera S. ascendía y aún asciende la carre­
tera comarcal denominada Subida al Caliero.
Conviene advertir que lo que hoy podemos ver del llamado río Tuluergo
no es otra cosa sino un arroyo de escaso caudal que, naciendo en las proxi­
midades de El Caliero (parroquia de Entreviñas), desciende hasta El Cardel
para, a continuación, cruzar la vaguada antes aludida, en la que traza una
curva, cuya cuerda sigue una dirección aproximada de oeste/este. Hacia la
mitad de esta curva y al pie de El Vallao es donde actualmente se sume en un
conducto artificial, por el que continúa bajo el casco urbano de Avilés hasta
su desembocadura en la ría, por su margen izquierda. Esta canalización subur­
bana se inició allá por el último cuarto del siglo XIX, cuando en un proceso
de expansión de la villa se desecaron las marismas que separaban a ésta del
barrio de Sabugo, continuando río arriba con los rellenos realizados en Las
Meanas para la ubicación del entonces llamado “Parque de Invierno” y, más

1 Mapa topográfico nacional, hoja 13-IV, edición 1982.


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F ig u ra N ° 1 : L o c a liz a c ió n g e o g r á fic a d e la zo n a d e l y a c im ie n to ( re c tá n g u lo en e l c u e r p o
su p e rio r)
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tarde, en el campo de la Exposición, finalizando (por el momento) en 1997,


durante los trabajos de acondicionamiento e infraestructura de la parcela en la
que aún se esta edificando la urbanización citada en el párrafo anterior.
Precisamente fueron los primeros movimientos de tierras realizados en la
mencionada urbanización los que mostraron los inconexos indicios que lla­
maron nuestra atención y nos llevaron a investigar, tanto el entorno general,
como los cortes que iban quedando en los desmontes que allí se practicaban
y que, al final, nos permitieron localizar y confirmar la existencia del yaci­
miento inferopaleolítico objeto de este trabajo, el cual es, inequívocamente, el
primero con tal atribución crono-cultural identificado dentro de los límites
geográficos del concejo de Avilés.
Como es sabido, el único punto de relación establecido, hasta ahora,
entre tal período de la Prehistoria y el concejo en cuestión es la pieza que, con
el núm. 9 de inventario, se conserva en el Museo Arqueológicor \ Nacional, al
que fue donada por J. Fernández Trelles hace más de un siglo , con la refe­
rencia explícita de haber sido hallada en los “alrededores de Avilés”, pero sin
precisión alguna acerca del lugar exacto en que fue recogida; y aunque Solís
Santos (1985, p. 6) dice que el lugar del hallazgo fue La Maruca, creemos que
tal afirmación carece de fundamentos consistentes. Otros indicios que venían
apuntando la posibilidad de tal relación son los derivados de algunos artefac­
tos líticos recogidos en Llaranes durante el seguimiento arqueológico de las
obras del gasoducto (Estrada García, 1989), así como los que, de forma aisla­
da, nosotros mismos hemos ido localizando a lo largo de varias décadas en
distintos puntos del concejo, incluso dentro del propio casco urbano de la
villa, todos ellos atribuibles de una forma genérica al Paleolítico inferior o
medio, pero sin que en caso alguno sirviesen, como en el presente, para con­
firmar la existencia real de un yacimiento arqueológico.

II. UBICACIÓN DEL YACIMIENTO

Las evidencias arqueológicas recogidas lo han sido en cuatro áreas dis­


tintas3, aunque, como después veremos, fueron tres de ellas las que propor­
cionaron el mayor número de artefactos, situándose, además, muy próximas
entre sí y sobre ambas márgenes del primitivo cauce medio del río Tuluergo,
inmediatamente aguas abajo de la desembocadura en él, por la izquierda, de

2 Aunque la primera referencia bibliográfica que conocem os para esta pieza se debe a Obermaier
(19 2 5 , p. 191), ésta no fue estudiada en detalle hasta 1974 (Querol y Santonja, 1975).
3 Por razones de m étodo, hem os ido identificando estas áreas con ordinales su cesivos, los cuales no
tienen otra significación que no sea el orden en que aquéllas fueron localizadas.
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F ig u ra N ° 2 : A m p lia c ió n d e l re ctá n g u lo tra z a d o s o b r e e l c u e rp o s u p e r io r d e la fig u r a n ° 1,


en e l q u e se u b ica n la s á re a s, a n te s (a rr ib a ) y d e sp u é s (a b a jo ) d e q u e la zo n a d e l y a c im ie n to
fu e s e u rb a n iza d a
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la riega de La Cantera, en un espacio que hoy se corresponde, casi exacta­


mente, con el que limitan las dos rotondas que presenta la prolongación a la
calle José Cueto, en el acceso principal a la repetida urbanización.
Dada la gran modificación que ha sufrido el paisaje de esta zona, el ubi­
car dichas áreas únicamente sobre el actual entramado urbano permitiría una
inequívoca identificación del lugar, pero supondría una sustracción de la
información inherente al entorno natural en que éstas se asentaban. Así pues,
con objeto de dejar constancia de ambos extremos, en la referencia que segui­
damente haremos de ellas las iremos situando, primeramente, sobre la topo­
grafía que ofrecía el espacio en cuestión antes de su transformación y, de
forma inmediata, precisaremos su localización actual. Los dos cuerpos de la
figura 2 cumplen el mismo objetivo, pero con las ventajas que proporciona
una perspectiva gráfica.
Il.a. Area 1: Como puede verse en la figura 2 (arriba), este área estaba
situada en la margen derecha del río, a unos 10 m. de su cauce y en la cota de
10 m. por encima de él, en un rellano de unos 1000 m2 conformado en la parte
baja de la ladera nororiental de la colina antes aludida. Sobre este espacio se
alza hoy un edificio de varias plantas que se encuadra entre las calles Dolores
Ibárruri, José Cueto y María Zambrano (figura 2, abajo).
En torno a este área hemos determinado dos columnas estratigráficas
(figura 3, c-1 y c-2) que, aún presentando diferencias entre sí, a los efectos
que nos ocupan son exactamente iguales: sobre un paquete de depósitos triá-
sicos (margas rojas abigarradas, arcillas gris-azuladas muy plásticas y arenis­
cas blancas de estructura tabular y muy fracturadas) se sitúa un depósito colu-
vial de arcillas amarillentas y probable edad cuaternaria, al que se superpone
un nivel de tierras húmicas.
Todos los artefactos localizados aquí estaban situados en la superficie de
las arcillas amarillentas e inmediatamente debajo de las tierras húmicas. No
presentan pátina alguna y todas sus aristas se conservan frescas, de lo que se
deduce que, si su posición no era arqueológicamente primaria, el desplaza­
miento sufrido no pudo ser muy extenso.
Il.b. Area 2 : Situada en la margen izquierda del río, a unos 30 m. de su
cauce y en la cota de 10 m. sobre él (figura 2, arriba), conformaba un peque­
ño escalón en el lateral de la vaguada que, como puede verse, coincidía en
altura con el rellano del área 1. Este área se corresponde, aproximadamente,
con la que ocuparán los números 8 y 10 de la calle Dolores Medio, en la zona
en que ésta, en leve nivel ascendente, se incurva y toma dirección N/NE.,
aproximadamente (figura 2, abajo).
En este punto concreto hemos tenido ocasión de tomar una nueva colum­
na (figura 3, c-5) en la que, de muro a techo, hemos podido apreciar la emer­
gencia de margas rojas abigarradas que se infraponen a 108 cm. de arcillas
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M A N U EL PÉREZ PÉREZ

Figura N° 3: Columnas estratigráficas tom adas en ambas márgenes del río sobre los cortes que se iban produciendo durante el a c o n d ic io n a m ie n to
u rb a n ístic o
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amarillentas coluviales y, por encima de ellas, una brecha de matriz arenosa


y compuesta por cantos cuarcíticos angulosos que presentan señales de geli-
vación (45 cm.), a la que se superpone un depósito de cantos rodados de cuar­
cita, englobados en limos negros de iluviación (45 cm.) y, finalmente, un nivel
de tierras húmicas (25 cm.).
Precisamente entre los cantos rodados englobados en limos negros, los
cuales conformaban un lentejón de unos 500 m2 y arrojaban un índice de
redondeamiento (1,0/1,2) que permite suponerlos de origen fluvial, es donde
hemos localizado 7 de los 13 artefactos procedentes de este área y que, en su
conjunto, presentan distintos estados de conservación. Los seis restantes apa­
recieron integrados en la brecha del estrato inferior y en puntos no muy leja­
nos de éste. Los cortes estratigráficos representados esquemáticamente en las
columnas c-4 y c-6 de la figura 3, corresponden a dichos puntos de hallazgo.
II.c. Area 3 : Situada en la margen derecha del río, a unos 15/25 m. de su
cauce y en la cota de 10/15 m. sobre él (figura 2, arriba), conformaba un esca­
lón de unos 3000 m2 en la falda de la colina, a unos 50 m. del área 1 y leve­
mente más alto que esta. Dicho escalón se corresponde, aproximadamente,
con el espacio que actualmente ocupan las parcelas edificadas en la acera de
los impares (números 9 a 25) de la calle María Moliner (figura 2, abajo). El
corte que cierra dichas parcelas por su parte trasera es el que, por el momen­
to, limita la urbanización hacia el SO. y en él hemos hallado aún varias pie­
zas, lo que evidencia que una porción del yacimiento, no determinada pero
muy probablemente importante, se conserva intacta en el subsuelo de las par­
celas aún sin urbanizar y constituidas por praderías que se extienden colina
arriba.
La estratigrafía observada en esta zona es la que se representa esquemá­
ticamente en la columna c-3 de la figura 3 que, de muro a techo, muestra la
emergencia de un paquete de arcillas gris-azuladas que se infrapone a 30 cm.
de areniscas blancas con estructura tabular y muy fracturadas; sobre éstas apa­
recen las arcillas coluviales (180 cm.), a las que se superponen limos pardos
de granulometría muy fina (100 cm.) y un nivel de tierras húmicas (25 cm.).
Todos los artefactos localizados en este área presentan un aspecto muy
fresco, salvo un pico bifacial que muestra leves señales de eolización. Todos
ellos estaban situados en la base de los limos pardos, detectándose la máxima
concentración tanto en el entorno inmediato como en el interior de un lentejón,
de unos 100 m , con forma no bien definida y un espesor de entre 2 y 6 cm.,
en el que dichos limos mostraban un color negruzco4. Una muestra tomada
hacia el centro de dicho lentejón y sometida a un proceso de combustión con­

4 Su situ a ció n ap ro x im a d a era ha cia el cen tro d e la que ahora ocu p an lo s n ú m eros 13 a 21 d e la c ita ­
da c a lle M aría M o lin er.
266 M AN U EL PÉREZ PÉREZ

trolada, sufrió una merma del 13 %, lo que denota una importante acumula­
ción de materia orgánica que muy bien podría ser de origen antròpico.
Il.d. Area 4 : La revisión del entorno nos ha llevado a la localización de
5 artefactos más en la superficie de una parcela dedicada a labrantío y situa­
da en el lado opuesto de la colina, inmediatamente a la izquierda de la Subida
al Caliero (figura 2).

III. INVENTARIO DE ARTEFACTOS Y MÉTODO PARA SU


ESTUDIO

El total de artefactos localizados en las cuatro áreas señaladas fue de 85


que, a nivel primario y con indicación de las áreas de procedencia, se recogen
en el cuadro N° 1. Aunque más adelante se precisará en detalle, queremos
dejar constancia aquí de que, salvo cuatro restos de talla y dos útiles, cuyas
materias primas son silex de distintos tipos y colores, todos los demás fueron
obtenidos a partir de cantos rodados de cuarcita.
Conviene precisar que en esta colección de artefactos no existe selección
voluntaria alguna, ya que se ha incluido en ella hasta el más insignificante
resto de talla detectado. No obstante, no debe olvidarse que, a excepción de
los del “Area 4”, no se trata de materiales hallados en superficie ni proceden­
tes de una excavación controlada sobre un espacio restringido y previamente
determinado, sino el fruto de una recolección que, aún siendo cuidadosa, fue
realizada en condiciones bastante desfavorables, durante exámenes exhausti­
vos de los múltiples y sucesivos cortes dejados por los desmontes de tierra
practicados en toda la extensión de la obra. Así pues, la integración de cada
artefacto en la colección fue puramente fortuita y, por ello, podría conside­
rarse que ésta cumple la condición básica de un “muestreo al azar” que es la
premisa principal de una “muestra aleatoria”; no obstante, no podemos con­
siderarla como tal porque desconocemos su representatividad real, ya que
entre los miles de m3 de tierras extraídas por las palas mecánicas e inmedia­
tamente dispersadas con camiones por toda la región, sin duda se perdió un
número de piezas imposible de determinar, pero presumiblemente importan­
te, las cuales no tuvieron probabilidad alguna de formar parte de dicha mues­
tra, fuese cual fuese su posición original.
Esto unido a que el número total de artefactos correspondientes a cada
una de las áreas resulta insuficiente para un estudio analítico-estructural e
incluso en su conjunto tampoco alcanzan una cifra mínima aconsejable para
la confección de un gráfico acumulativo que pueda ser aceptablemente signi­
ficativo, nos ha llevado a tomar la opción del método descriptivo, pese a ser
conscientes de su aridez y limitaciones.
UN Y A C IM IEN TO IN FE R O PA LEO LÍTICO EN TO RN O AL C U R SO M ED IO D EL RÍO 267

Artefactos Área 1 Área 2 Área 3 Área 4 Total


Raederas 1 2 - 3
Raclette - - 1 - 1
Escotaduras 2 1 2 - 5
Truncadura - - 1 - 1
Raspadores 1 - 1 - 2
Rabots - 1 - - 1
Buriles - 1 1 - 2
Punta burinante - 1 - - 1
Perforador atípico - 1 - - 1
Cuchillo de dorso 1 - - - 1
Cuchillo de dorso + buril - - 1 - 1
Hachereaux sobre lasca 1 - 5 - 6
Picos bifaciales - 2 - - 2
Bifaces - 1 10 - 11
Bolas poliédricas - 1 1 - 2
Punta Levallois 1 - - - 1
Lascas retocadas - 2 - 1 3
Total útiles 6 6 30 2 44
Láminas (incluidos fragmentos) 1 3 - - 4
Lasca Levallois atípica - 1 - - 1
Lasca Kombéwa - 1 - - 1
Otras lascas 11 5 9 1 26
Núcleos 2 2 3 2 9
Total restos de talla 14 7 17 3 41
TOTAL ARTEFACTOS 20 13 47 5 85
C u a d ro N ° 1: In ve n ta rio d e a rte fa c to s

Por tanto, siguiendo una pauta semejante a la que ya hemos marcado en


otros estudios anteriores en los que se presentaban problemas de esta misma
índole (Pérez Pérez, 1990, 1991 y 1996), iremos viendo los artefactos halla­
dos en cada área y, siempre que sea posible, los agruparemos por tipos pri­
marios y en cuadros sinópticos que complementaremos con descripciones o
comentarios referidos a variables o rasgos concretos, así como con observa­
ciones acerca de paralelos o asimilaciones posibles. Después realizaremos un
análisis del conjunto, en el que trataremos de discernir si existe o no alguna
diferencia entre los materiales de las distintas áreas, lo que unido a lo anterior,
nos permitirá matizar los aspectos más notables de esta industria y, al mismo
tiempo, disponer de una serie de elementos, en base a los cuales establecer
para ella una hipótesis crono-cultural razonable.
268 M AN U EL PÉREZ PÉREZ

VI. ARTEFACTOS D EL “ÁREA 1”

Tal como puede verse el cuadro N° 1, los artefactos correspondientes a


este área son 20, de los que 6 (30 %) se integran en el concepto general de úti­
les, mientras que los 14 restantes incluyen 2 núcleos, 1 fragmento de lámina
y 11 lascas de distintos tipos.

Vl.a. Útiles del “Área 1” :

Pese a su escaso número, estos útiles muestran una heterogeneidad tipo­


lógica que parece propia de un conjunto destinado a cubrir un amplio espec­
tro funcional. Veámoslos en detalle.
Escotaduras retocadas: Corresponden a este tipo dos piezas que, aun cuan­
do su morfología y el tipo de cuarcita utilizada sean distintas, presentan sor­
prendentes coincidencias. Son las siguientes: a) Ambos soportes son lascas de
decorticado secundario, b) Las dos conservan una porción de cortex en el
borde izquierdo5, c) En ellas, el talón fue eliminado voluntariamente, d)
Ambas presentan sobre el borde derecho más de una escotadura retocada (2 en
la una y 3 en la otra), formando todas ellas un arco con radio de, aproximada­
mente, 10 mm. e) Sus proporciones son tan semejantes (80 x 56 x 18 mm. y
88 x 62 x 20 mm.) que el valor de sus índices de alargamiento y carenado
(IA = 1,43 y 1,42; IC = 3,11 y 3,10, respectivamente) varían tan solo en un 0,01.
Cuchillo de dorso: En sílex con tonalidades rojo-amarillentas, es una
lasca de decorticado con sección transversal triangular y forma en “gajo de
naranja”, pero con planos de fractura muy irregulares debido a la falta de
homogeneidad interna del nodulo originario; condición ésta que impide
apreciar con claridad sus caracteres de extracción y crea en el borde derecho
un filo un tanto sinuoso, aunque agudo y resistente. Una serie de diminutos
esquirlamientos de los tipos “LD” y “SD” de Keeley (1980, p. 24, fig. 10.a
y b), así como brillos de fricción en éste, evidencian su utilización en fun­
ciones de corte, al mismo tiempo que una serie de retoques escamosos y
semiabruptos sobre la zona menos roma del cortex que conforma el borde
opuesto denotan su acondicionamiento como “dorso” . Sus dimensiones
máximas son: 79 x 50 x 23 mm.

5 Esto que aquí pudiera parecer meramente anecdótico, puede no serlo tanto si tenem os en cuenta
que en distintos n iveles del abrigo de A xlor (V izcaya), pero especialm ente en el 3, ha sido detec­
tado un número importante de raederas que, al igual que estas dos piezas, han sido elaboradas
sobre lascas planas de decorticado y que, en oposición al borde activo, conservan una zona corti­
cal (Baldeón, 1999, p. 22).
UN Y A C IM IEN TO IN FERO PA LEO LÍTICO EN TO R N O AL C U R SO M ED IO D EL RÍO 269

Raspador atipico: Su soporte es una lasca con silueta acodada, en cuarci­


ta de color pardo y grano fino6, que presenta talón liso, bulbo poco prominen­
te, ángulo de lascado de 105° y de simetría de 50° I. En su extremo distal, des­
viado 45° respecto al eje de lascado, presenta un retoque simple, directo, mar­
ginal y continuo que forma un frente de raspador que traza un arco simple, con
radio de 2 cm. e índice de prominencia de 20,69 (Merino, 1994, pp. 266-267).
Sus dimensiones máximas (sobre el eje de lascado) son 73 x 55 x 12 mm., con
lo que IA = 1,33 e IC = 4,58.
Punta Levallois: Elaborada en cuarcita gris de grano fino, es una pieza
típica, de extracción primaria, que presenta talón diedro, bulbo bien desarro­
llado con desprendimiento de escama, ángulo de lascado de 95° y de sim e­
tría coincidente. Mide en sus puntos máximos 53 x 39 x 12 mm, con lo que
IA = 1,36 e IC = 3,25.
Hachereau sobre lasca: En cuarcita de color pardo y grano fino, fue obte­
nido a partir de una lasca natural, resultante de la fractura no antròpica de un
canto rodado, cuyo cortex se conserva en la espesa zona basilar. Su silueta es
compleja, con la base convexo-oblicua, los bordes convergentes hacia el trin­
chante y éste convexo; la sección longitudinal es subtriangular y la transversal
ahusada; el borde derecho fue conformado mediante talla + retalla, ambas bifa-
ciales, mientras que el izquierdo presenta solamente talla, pero también bifa-
cial. Sus valores tipométricos son: L = 118; m = 86; e = 41; n = 75; t = 54, con
lo que IA = 1,37; IC = 2,10 e IE = -28. Pesa 500 gm. y su arista útil (trinchan­
te + bordes potencialmente utilizables) mide 24 cm., con lo que I.MT = 48,0.

Vl.b. Restos de talla del “Área 1” :

Forman este grupo 2 núcleos, 1 fragmento proximal de lámina y 11 las­


cas, de las que 2 son en silex de distintos tipos.
Núcleos: Los dos especímenes, salvo en la materia prima que para ambos
es cuarcita, difieren entre sí de forma absoluta, tanto desde un punto de vista
morfológico como desde una perspectiva técnica:
El uno parte del aprovechamiento de un fragmento natural de canto roda­
do, con forma apiramidada y que en una de sus caras conserva el cortex ori­
ginario. Su base fue cuidadosamente preparada mediante pequeñas descama­

6 Toda v ez que estos datos no están destinados a un estudio petrográfico, tanto el color de la m ate­
ria com o el tamaño de grano que indicam os para cada una de las piezas son únicam ente orientati-
vos, ya que ni el primero ha sido contrastado con tabla alguna ni el segundo está referido a una
m edición precisa.
270 M A N U EL PÉREZ PÉREZ

ciones, transformándose así en un plano de percusión facetado y convexo, a


partir del cual se efectuaron tres extracciones contiguas y convergentes que
dieron como fruto otras tantas lascas triangulares, tras lo cual fue abandona­
do, con unas dimensiones máximas de 73 x 76 x 33 mm. Encaja perfecta­
mente en el grupo VII de Santonja (1984-85, p. 26) y puede clasificarse como
un protolevallois para puntas.
El otro es un canto rodado oval y plano, reducido a la mitad de su longi­
tud por un frente de lascado, perpendicular al eje mayor de aquél y formado
por una extensa serie de cortas y abruptas extracciones transversales, realiza­
das desde una sola cara, con la que forman ángulos próximos a los 90°. En su
estado actual arroja unas dimensiones máximas de 73 x 70 x 32 mm. Aunque
guarda cierta semejanza morfológica con otros especímenes que aparecen en
los yacimientos costeros de la región, éstos representan conceptos técnicos
diferentes, ya que en ellos las extracciones son o más oblicuas, semejantes a
las que se realizan sobre los “cantos con talla monofacial”, o multidireccio-
nales, cuando aquéllos son más espesos.
Lám ina: Es un fragmento proximal, cuya irregular fractura parece invo­
luntaria. Tiene talón diedro y bulbo bien marcado, presentando un ángulo de
lascado de 115° y de simetría de 15° I, lo que unido a su sección trapecial
denota que procede de un núcleo prismático de tipo primitivo. En el borde
izquierdo presenta una melladura inversa que asemeja una escotadura clacto-
niense. En su estado actual arroja unas dimensiones máximas de 53 x 36 x 10
mm. (IC = 3,60).
Lascas: Entre las 11 lascas recogidas en este área, en primer lugar y en
atención a la rareza de su materia prima en las industrias inferopaleolíticas de
la región, citaremos las 2 de silex:
Una de ellas, procedente de un nodulo cretácico de color negro con listas
grises, es una gruesa lasca de decalotado que arroja unas dimensiones máxi­
mas de 54 x 39 x 27 mm. La otra, en color de marfil viejo, es una lasca de
regularización de núcleo, amorfa y espesa, cuyas dimensiones máximas son
40 x 35 x 17 mm. En ambos casos son silex de excelente calidad que bien
pudieran proceder de conglomerados próximos, pero cuyo origen geológico
no es posible localizar en un entorno inmediato.
Entre las 9 lascas restantes (cuadro N° 2), todas en cuarcita de distintos
tipos y con un índice de alargamiento (I.A.) bajo y de planicidad (I.C.) muy
alto, cabe distinguir una que tiene el extremo distal fracturado, pero que, con
el talón cuidadosamente preparado por pequeñas descamaciones, bulbo muy
plano y ángulo de lascado de 95°, denota la utilización del cincel intermedio.
Hay otra de decorticado, dos de ángulo que podrían ser confundidas con
puntas Levallois atípicas y cinco de regularización de núcleo, entre los cua­
les uno era de tipo prismático.
UN Y A C IM IEN TO IN FE RO PA LEO LÍTICO EN TO R N O A L C U R SO M ED IO D EL RÍO 27 1

f la s p dp lasca F orm a Sección L. A. Fu I.A . I.C .


60 •■> 1 44 Facetado 95° 0o
Fragm ento nroximal Trapezoidal Triangular 6? 18
De decorticado Subovalar Planoconvx 85 77 23 1.10 3.35 Liso 125° 15° D
De ángulo Triangular Trapecial 46 56 10 0.82 5.60 Natural 90° 80° I
De ángulo Triangular Triangular 50 56 21 0.89 2.67 Diedro 120° 40“ 1
De regularización M enguante Triangular 66 60 17 1,10 3.53 Diedro 100° 0o
De regularización Trapecial Trapecial 44 47 12 0,94 3.92 Liso 115° 5o I
De regularización Subovalar Lenticular 50 61 19 0,82 3.21 Natural 120° 0o
De regularización Angular Triangular 43 37 11 1,16 3.36 Liso 125° 35° D
De regularización Laminar Trapecial 38 31 8 1,23 3.88 Natural 115° 25° I

C u a d r o N ° 2 : L a sc a s d e cu a rc ita p r o c e d e n te s d e l "Area 1"

VII. ARTEFACTOS DEL “ÁREA 2”

Como ya quedó indicado en el cuadro N° 1, los artefactos recogidos en este


área son 13, de los que 6 (46,15 %) son útiles de distintos tipos, mientras que
los 7 restantes incluyen 2 núcleos y 5 lascas, entre las cuales una es en sílex.

V ll.a. Útiles del “Área 2” :

Al igual que ocurre con los del “Área 1”, este conjunto de útiles presen­
ta una heterogeneidad tipológica que parece desproporcionada respecto a su
escaso número. Su detalle pormenorizado es como sigue:
Raedera simple, oblicua v recta7 (fig. 4.4): Elaborada mediante un reto­
que escamoso, directo, sobreelevado y continuo sobre una lasca clactoniense
de cuarcita grisaceo-amarillenta de grano fino, la cual presenta amplio talón
natural, bulbo bien marcado y cono en pezón, con ángulo de lascado de 120°
y de simetría (respecto al borde activo) de 40° I. Una variación en su leve páti-
o
na, evidencia la ejecución de un segundo retoque de reactivación sobre los U
distales de la zona activa. Arroja unas dimensiones máximas (sobre el eje de
lascado) de 76 x 89 x 29 mm., con lo que IA = 0,85 e IC = 3,07.
Escotadura (Tig. 4.2): Sobre ambos bordes de una lasca laminar, pero a
distintas alturas, aparecen sendas escotaduras retocadas, cuyos arcos tienen
radios de 0,5 cm. El soporte, en cuarcita amarillenta de grano fino, tiene sec­
ción transversal triangular y, sin duda, procede de un núcleo prismático, aun­
que sus caracteres de extracción no son legibles a causa de que el talón fue
eliminado mediante una serie de amplios retoques sumarios, marginales,
inversos y continuos. En su estado actual, sus dim ensiones m áxim as son
60 x 30 x 11 mm., con lo que IA = 2,00 e IC = 2 ’73.

7 Dada la posición del frente activo respecto al eje de lascado, sería tan incorrecto incluirla entre las
laterales com o entre las transversales y, por ello, adoptamos esta denom inación que hace años ya
fue utilizada por Tixier (1960, p. 86) para casos semejantes.
272
M AN U EL PÉREZ PÉREZ

Figura N° 4: D istintos útiles proceden tes del área 2


UN Y A C IM IEN TO IN FE RO PA LEO LÍTICO EN TO R N O AL C U R SO M ED IO D EL RÍO 273

Rabot o cepillo (fig. 4.1): En realidad es un raspador aquillado de grandes


proporciones en el que se hace evidente la “predeterminación” de su forma:
A partir de un fragmento de canto rodado de cuarcita pardo-violácea de grano
medio, fracturado por causas naturales, se efectuó una amplia extirpación
lateral que, en unión de los planos naturales ya existentes, le proporciona la
forma dorsal deseada. Después, un sólo impacto con ángulo de lascado de
120° y de simetría de 10° I, realizado sobre una zona cortical y estrecha que
se opone al ancho y marcado bisel que será el frente activo, crea la cara ven­
tral, desgajándole del núcleo ya conformado y tan sólo a falta del retoque que
regulariza y robustece el frente. Dicho retoque, directo, marginal, sobreeleva­
do y levemente festoneado, define un arco con radio de 8,0 cm. e índice de
prominencia de 21,43 (Merino, 1994, p. 266). La pieza arroja unas dimensio­
nes máximas de 91 x 72 x 52 mm., con lo que IA = 1,26 e IC = 1,38. En su
Tipología..., Bordes (1961, p. 38) ya señalaba lo poco frecuentes que son
estos útiles en el Paleolítico inferior y medio.
Buril diedro recto (fig. 4.3): Elaborado sobre una gruesa lasca de tipo
tayaciense, en cuarcita negra de grano fino, con talón liso, bulbo muy marcado,
ángulo de lascado de 130° y de simetría de 95° D. Sobre el borde izquierdo de
esta lasca, dos extirpaciones laterales formaron un ángulo agudo, en cuyo
vértice pueden verse dos “golpes de buril” que crean sendos paños (uno corto
sobre la cara ventral y otro más largo sobre la dorsal) y determinan una arista
oblicua de 6 mm. de ancho y un diedro de 65°. En función del eje morfológi­
co del útil (y no del de lascado), la pieza arroja unas dimensiones máximas de
49 x 34 x 18 mm. Salvo por el tipo de lasca y la posición de la arista respecto
al eje de lascado, es un útil que podría encajar perfectamente en una industria
superopaleolítica. Se corresponde exactamente con una de las variantes del
tipo B2 de Laplace (1966, p. 42).
Bola poliédrica: Tallada multidireccionalmente sobre un canto rodado de
cuarcita pardo-negruzca de grano fino, presenta 18 facetas bastante propor­
cionadas (dos de ellas corticales y no adyacentes) que, reunidas en torno a dos
cúspides opuestas y bastante romas, le aproximan a la forma esférica, aunque
con una ligera tendencia bipiramidal. Con un diámetro medio de 78 mm. y un
peso de 625 gm. está dentro de los rangos que Rodríguez Asensio (1976,
p. 88) considera “normales” o “medianos” entre los ejemplares procedentes
del Achelense asturiano, donde es un útil muy frecuente. No obstante, difiere
técnicamente de los distintos tipos descritos por dicho autor, coincidiendo, sin
embargo, con el tipo III.2 definido por Biberson (1966, F.T.A. N° 60) para las
industrias del Magreb y el Sahara.
Bifaz cordiforme alargado: Esta pieza estaba englobada en la brecha que
aparece representada en la columna estratigráfica c-4 de la figura 3, cuyas
características, unidas a las de la materia prima en que fue tallada, han ocasio­
274 M A N U EL PÉREZ PÉREZ

nado en ella un gran deterioro. Su soporte es una lasca muy plana, extraída de
un canto rodado de arenisca dura (gres) del que conserva una banda cortical en
el talón. Sus dimensiones e índices son los siguientes: L = 165; m = 81; n = 71;
a = 50; o = 49; e = 22; L/a = 3,30; (n/m). 100 = 87,65; m/e = 3,68 y L/m = 2,04.
Pesa 350 gm. y su arista útil mide 31 cm., con lo que I.MT. = 88,57.

V ll.b. Restos de talla del “Área 2” :

Este grupo está formado por 2 núcleos y 5 lascas, entre las que incluimos
un fragmento de sílex, de excelente calidad y color melado, que no es un resto
de talla, sino un fragmento producido por un intenso choque térmico.
Núcleos: Los dos especímenes correspondientes a este área son tan dis­
tintos entre sí que cada uno de ellos representa un concepto técnico diferente
en la obtención de lascas:
El uno, prácticam ente agotado y con unas dim ensiones m áxim as de
46 x 52 x 57 mm, es del tipo conocido como piramidal o cónico y en él las
extracciones fueron paralelas y subparalelas entre sí, al mismo tiempo que
periféricas a un único plano de percusión, cortical y de contorno subcircular.
Se corresponde con uno de los tipos incluidos en el grupo III de Santonja
(1984-85, pp. 21-23).
El otro, muy aprovechado, arroja unas dimensiones máximas de 96 x 94
x 75 mm. y es de los que denominamos discoideo bipiramidal, de extracción
centrípeta y alternante en sus dos caras. Encaja plenamente en el grupo VII de
Santonja (1984-85, p. 26).
Lascas: Entre las 5 lascas recogidas en este área, distinguiremos el frag­
mento de silex antes aludido: Mide en sus puntos máximos 32 x 23 x 15 mm.
y presenta fracturas angulosas e irregulares, salvo en un extremo donde, en
posición oblicua respecto a la longitud máxima, puede verse un cono circular
perfecto, de 25 mm. de base y 7 de altura, en cuya cúspide conserva un dimi­
nuto “ombligo” del que parten dos finísimas estrías. Sin duda se trata de una
evidencia dejada por el estallido que se produce en una masa de sílex al ser
sometida a un intenso choque térmico (Merino, 1994, p. 247).
El detalle de las 4 lascas restantes, todas ellas en cuarcita de distintos
tipos, puede verse en el cuadro N° 3.

Clase de lasca Forma Sección Ir . \, F ,. I. A . i.r, Ano. l as Anp. Sim


De decorticado Suhovalar Triangular 64 77 19 m 4,05 Facetado 120° 50° 1
Oblicua Triangular Romboidal 69 81 21 0,85 3,86 Liso 120° 50° D
Tavaciense Suhovalar Romboidal 46 73 16 0,63 4,56 Natural 120° 80° D
De técnica laminar Subrectang. Triangular 73 51 21 1,43 2,43 Liso 115° 10° D

C u a d ro N ° 3 : L a sc a s d e cu a rc ita p r o c e d e n te s d e l "Area 2"


UN Y A C IM IEN TO IN FERO PA LEO LÍTICO EN TO R N O AL C U R SO M ED IO D EL RÍO 275

Figura N° 5: Pico bifacial tipo A r a m a r


276 M A N U EL PÉREZ PÉREZ

VIII. ARTEFACTOS DEL “ÁREA 3”

Tal como se especifica en el cuadro N° 1, este grupo es el más numero­


so, ya que incluye 47 artefactos, de los que 30 (63,83 %) son útiles de distin­
tos tipos, mientras que los 17 restantes están integrados por 3 núcleos, 3 lámi­
nas o fragmentos de las mismas y 11 lascas obtenidas según distintas técnicas
de extracción. Todo el conjunto es en cuarcita de tipos variados, salvo un útil
que es en sílex, concretamente una raedera que después veremos.

VlII.a. Útiles del “Área 3” :

Entre estos 30 útiles hay dos que, por su peculiar tipología, debemos des­
tacar y comentar especialmente. Se trata de unos picos cuyo tipo se caracteri­
za por presentar una forma de talla bifacial muy peculiar y del que nosotros
mismos hemos hallado otros 6 ejemplares en el yacimiento de Aramar, defi­
niéndolo entonces tipológicamente e individualizándolo por vez primera en el
estudio que hicimos de dicho yacimiento (Pérez Pérez, 1996, pp.15-17). Por
ello, siguiendo la tradicional costumbre de incluir en la nomenclatura de los
nuevos tipos el nombre del yacimiento en que fueron identificados por vez
primera, los hemos denominado como:
Picos bifaciales tipo Aramar (Tig. 5): Tecnológicamente son idénticos a
o
los de dicho yacimiento y, aunque su morfología varía levemente y aquí pre­
sentan una tipometría mayor, creemos que dichas diferencias vienen dadas,
principalmente, por las características de los cantos rodados seleccionados

8 Para quien no haya tenido ocasión de conocer estas piezas, a continuación resum im os la d efini­
ción técnica que, en su m om ento, hicim os de ellas: “...a p a r tir de un can to rodado de cu a rc i­
ta ... (y ).. .m edian te una talla profunda y bifacial, realizada con p ercu to r du ro m anual y actu an do
so b re a m bos bordes, se ha obtenido, sin que m edie retalla alguna, un acu sado apu n tam iento que
ocupa m ás d e l 70% de la lon gitud total del útil acabado y se opone a una b a se que, en to d o s los
casos, es un p o lo n atu ral d el núcleo originario, cuyo cortex se p ro lo n g a p o r am bas ca ra s en fo rm a
trianguloide, aunque m ás extensam ente p o r una de ellas que, convencionalm ente, denom in arem os
superior. ”... “La talla p resen ta direcciones, modos, am plitudes y extensiones diferen tes en cada
cara: en la que hem os denom inado su perior es profunda, prácticam en te p erp en d icu la r a l eje
m a yo r d el núcleo y sem iabru pta (60-75° respecto a un supuesto p la n o de sección), tanto m ás
abru pta cuanto m ás espeso sea el canto elegido, de tal fo rm a que, cu briendo am bos bo rd es - uno
d e ellos, a l m enos, en m ás d el 70% de la longitud to ta l-, éstos solo llegan a reunirse a corta d is ­
tancia d el ápice. En la cara inferior la talla es m arginal, plan a (25-35° respecto a l citado plan o),
cubriente y m ultidireccion al, iniciándose en la m ayoría de los casos con una im portante ex tra c­
ción longitudinal, cu yo pu n to de im pacto se localiza en la zona apical; después, tom an do com o
pla n o d e percu sió n los bordes ya tallados de la cara opuesta, se suceden sen das se ries de la sc a ­
d o s que, encontrándose, aligeran el apuntam iento, dejan do a este en p o sic ió n asim étrica en el
sentido d el e sp eso r y con seccion es tran sversales que en la base tiende a p en ta g o n a l y en el á pice
a su b tria n g u la r”. (Pérez Pérez, 1996, pp. 16-17).
UN Y A C IM IEN TO IN FERO PA LEO LÍTICO EN TO R N O AL C U R SO M ED IO D EL RÍO 277

para su obtención, ya que en Aramar eran aplanados (de origen marino),


mientras que aquí tienen una sección más redondeada (de origen fluvial).
En cualquier caso, como quiera que, por el momento, sólo son 8 las pie­
zas que conocemos de este tipo (6 del yacimiento epónimo y 2 del que esta­
mos estudiando) y éste no es número suficiente como para establecer prome­
dios o calcular inferencias válidas, en el cuadro N° 4 recogemos los factores
tipométricos y morfológicos de todas ellas, con el fin de que puedan apre­
ciarse directamente las diferencias existentes entre unas y otras.
Bifaces: Las 10 piezas correspondientes a este tipo y área, muestran una
gran heterogeneidad, tanto en técnicas de acabado como en tamaños o en for­
mas: Sus longitudes máximas oscilan entre 210 y 85 mm.; en 8 casos el sopor­
te es una lasca extraída de un canto rodado, mientras que en otro se utilizó un
pequeño canto completo y en el restante fue aprovechado un grueso frag-

Factores tinom étrí­ Y acim iento enónim o Río Tu lueriio


eos v m orfológicos P.A R .-30 P.A R.-33 P.AR.-I00 P.AR.-103 P A R .-106 P.AR.-111 0 .A .-2 9 O .A.-42
L 97 98 96 93 94 89 124 153
A 85 64 61 56 54 65 76 92
E 44 37 26 32 37 35 53 57
(A / L).100 87,63 65,31 63,54 60,21 57,44 73,03 61,29 60,13
(E / A). 100 51,76 57,81 42,62 57,14 68,52 53,84 69,74 61,96
A 3/4 40 33 32 31 24 40 43 46
E 3/4 39 23 19 23 19 28 24 35
(A 3/4/A). 100 47,06 51,56 52,46 55,36 44,44 61,54 42,10 50,00
(E 3/4/ E). 100 88,64 62,16 73,08 71,86 51,35 80,00 45,28 61,40
L.t. 79 98 83 80 78 69 90 136
(L.t. / L).100 81,44 100,00 86,45 86,02 82,98 77,53 72,58 88,89
B .d. cc rcx cc rcx cc rcx cc ex
B .i. ex rcc cc cc-cx cc-cx cc ex cc
Sección en ápice Subtriang. Subtriang. Subtriang. Rombal Subtriang. R om bal Trapecial Trapecial

C u a d ro N ° 4 : P ic o s b ifa c ia le s tip o A r a m a r

T ip o / Pieza L ni a n 0 e L /a n/m m/e L/m B anda Peso I.M T


Ovalar:
Q .A .-63 158 101 70 99 85 38 2,26 0,98 2,66 1,56 IV 625 62
O valar esDeso :
Q .A .-45 114 75 44 74 69 42 2,59 0,99 1,79 1,52 IV 400 64
Protolimande:
Q .A .-25 210 117 97 109 70 75 2,16 0,93 1,56 1,79 IV 1850 22
Amií’daloide corto
Q .A .-52 152 104 66 101 72 57 2,30 0,97 1,82 1,46 IV 1050 29
Q .A .-51 104 87 33 83 59 40 3,15 0,95 2,18 1,20 III 350 83
Q .A .-49 120 93 42 87 60 41 2,86 0,94 2,27 1,29 III 450 71
Cordiform e a/arva do:
Q .I.A .-12 165 81 50 71 49 22 3,30 0,88 3,68 2,04 III 350 88
Lanceolado:
Q .A .-34 169 97 43 75 44 62 3,93 0,77 1,56 1,74 II 775 39
Ficron:
Q .A .-38 195 105 69 82 44 65 2,83 0,78 1,62 1,86 III 1525 16
Triangular esneso.
Q .A .-67 85 65 17 54 37 35 5,00 0,83 1,86 1,31 I 200 85
Parcial:
Q .A .-43 158 94 71 91 56 62 2,23 0,97 1,52 1,68 IV 750 31

C u a d r o N ° 5 : B ifa ces d e la s á r e a s 2 ( = Q .I.A .) y 3 ( = Q .A .)


278 M AN U EL PÉREZ PÉREZ

BIFACES DEL YACIMIENTO DEL RIO TULUERGO

F ig u ra N ° 6: P o sic ió n d e lo s b ifa c e s s o b r e la g rá fic a d e B o r d e s (1 9 6 1 , p p . 5 4 -5 5 )

mentó tabular; en 2 de ellas la talla bifacial recorre íntegramente la base y,


contrariamente, las otras 8 conservan en dicha zona una playa cortical más o
menos extensa, aunque sólo en 3 de ellas puede verse un verdadero “talón
reservado”, ya que en las otras 5 la arista es aguda y, por tanto, potencialmente
utilizable. Finalmente, 3 fueron acabadas mediante el uso del percutor elásti­
co, mientras que en las 7 restantes se utilizó la percusión lítica manual, inclu­
so para la retalla (ver Lám. I y II).
Sus valores e índices, así como la clasificación que se deriva de ellos, de
acuerdo con el sistema establecido por Bordes (1961, pp. 49-64, 67-68 y 80-
81), se recogen en la figura 6 y en el cuadro N° 5, en los que también se inclu­
ye el bifaz correspondiente al “área 2”. Asimismo, en dicho cuadro hemos
añadido el peso y el índice morfotécnico o de aprovechamiento de cada pieza
(Leroi-Gourhan, 1956, p. 34 y 1971, pp. 134-138).
Como complemento a cuanto queda indicado, consideramos imprescin­
dibles los siguientes comentarios:
Entre estos bifaces hay formas muy “clásicas”, como es el caso del ova­
lar Q.A.-63 (Lám. II, arriba) o el protolimande Q.A.-25 (Lám. I, arriba),
pero también existen otras que no se ajustan totalmente a los “cánones esta­
blecidos”, como, p. ej., el ovalar Q.A.-45 (Lám. II, abajo) y el triangular
Q.A.-67 que nos hemos visto obligados a clasificar como espesos, ya que,
UN Y A C IM IEN TO IN FERO PA LEO LÍTICO EN TO RN O AL C U R SO M ED IO D EL RÍO 279

pese a cumplir con las características de los tipos indicados, su índice m/e es
< 2,35. Otro ejemplo es el del amigdaloide corto Q.A.-52 que, por ser dema­
siado ancho en el centro, su silueta tiende hacia una forma ovalar y se sitúa en
la banda IV de la gráfica y no en la III que le correspondería, porque, efecti­
vamente, al despejar “x” en función de “y”, mediante la ecuación de la recta
C-C’ (y = 0,04575 x -1,625) (Bordes, 1961, p. 50), el valor que se obtiene es
de 2,82, superior al 2,30 que arroja la pieza en su índice L/a. El caso contra­
rio lo tenemos en el lanceolado Q.A.-34 (Lám. I, abajo), en el que el ancho
máximo se localiza en un punto excesivamente bajo, lo que le sitúa en la
banda II de la gráfica y le aproxima a los subtriangulares, porque su índice
L/a es de 3,93, sensiblemente más alto que el 3,21 que se obtiene para “x” en
base a la ecuación de la recta B-B’ (y = 0,04575 x -0,325) y que es el límite
de la banda III.
O .A .-S O Q .A . - 5 9 Q .A .- 6 6
<
Ô

C a ra c te re s Q .A .- 0 1 Q .A .-l 1
Tino de lasca: N a tu ra l! 1) C la c to n ie n se L e v a llo is Jan u s C la c to n ie n s e C la c to n ie n se
A n g u lo d e la s c a d o In ex iste n te 120" Ile g ib le 1 15° Ile g ib le 120°
Á n g u lo d e s im e tr ía 70“ D 25“ 1 “ 45“ D
T a ló n N a tu ra l N atu ral E lim in a d o N atu ral N a tu ra l N a tu ra l
Borde derecho:
D e lin c a c ió n C onvexo B ic ó n c a v o C óncavo R e c t-c o n v e x C onvexo A n g u la r
T a lla B ifacial D irecta D irecta D irecta N o tie n e N o tie n e
R e ta lla B ifacial N o tie n e N o tie n e In v ersa B ifacial D irecta
R e to q u e (m o d o ) N o tie n e S e m ia b ru p to S e m ia b ru p to N o tie n e S im p le
R e to q u e ( a m p litu d ) P ro fu n d o P ro fu n d o M a rg in a l
R e to q u e ( o rie n ta c ió n ) D irecto A lte rn a n te In v erso
R e to q u e ( d e lin c a c ió n ) “ C o n tin u o F e s to n e a d o C o n tin u o
Borde izauierdo:
D e lin c a c ió n S in u s o id e S in u s o id e C onvexo C onvexo R e c t-c o n v e x C onvexo
la lla N o tie n e N o tie n e D irecta N o tie n e Inversa N o tie n e
R e ta lla B ifacial N o tie n e D irecta N o tie n e
R e to q u e (m o d o ) N o tie n e S im p le E scam oso A b ru p to “
R e to q u e ( a m p litu d ) P ro fu n d o P ro fu n d o P ro fu n d o “
R e to q u e ( o rie n ta c ió n ) “ In v erso D irecto In v erso “
R e to q u e ( d e lin c a c ió n ) C o n tin u o C o n tin u o F e s to n e a d o “
Base:
D e lin c a c ió n C onvexa R ecta C onvexa O jiv a l C onvexa C onvexa
T a lla N o tie n e N o tie n e B ifacial N o tie n e N o tie n e D irecta
R e ta lla D irecta B ifacial In v ersa B ifacial
R e to q u e (m o d o ) N o tie n e N o tie n e E scam oso N o tie n e
R e to q u e ( a m p litu d ) “ P ro fu n d o
R e to q u e ( o rie n ta c ió n ) “ “ “ In v erso
R e to q u e ( d e lin c a c ió n ) “ C o n tin u o
T rin c h a n te C onvexo R e c to C o n v e x -c ó n c C onvexo C o n v e x -c ó n c A p u n ta d o (2 )
S ilu e ta C o m p le ja S u b rre c ta n g En “ U ” S u b o v a la r S u b o v a la r S u b o v a la r
S e c c ió n lo n g itu d in a l S u b tria n g u l S u b tria n g u l A h u sa d a A h u sa d a E n v írg u la B ic o n v e x a
S e c c ió n tra n s v e rs a l A h u sa d a R o m b o id a l T ra p ec ia l B ic o n v e x a R o m b o id a l T ra p e c ia l
Tummctria:
L o n g itu d m á x im a (L ) 1 18 1 10 98 123 128 102
A n c h o m á x im o (m ) 86 85 72 96 96 72
E s p e s o r m á x im o (e) 41 44 25 41 37 31
A n c h o e n l/2 lo n g itu d (n ) 75 81 69 92 93 71
A n c h o d e l trin c h a n te (t) 54 53 70 53 77 63
P e s o (e n g m .) 500 450 200 475 550 300
A r is ta ú til (e n c m .) 24 16 29 29 27 12
Indices:
A la rg a m ie n to 1,37 1,29 1,3 6 1,28 1.33 1,4 2
P la n ic id a d 2 ,1 0 1,93 2 ,8 8 2 ,3 4 2 ,5 9 2 ,3 2
E s p a tu la d o p ) -2 8 ,0 0 -3 4 ,5 7 + 1,45 - 4 2 ,3 9 - 1 7 ,2 0 -1 1,27
M o rfo téc n ic o 4 8 ,0 0 3 5 ,5 6 1 4 5 ,0 0 6 1 ,0 5 4 9 ,0 9 4 0 ,0 0
( 1 ) P ro d u c id a p o r la fra c tu ra n a tu ra l d e un e ra n c a n to ro d a d o , e n c u y o c o rte x se a p re c ia n h u e lla s d e g e liv a c ió n .
( 2 ) E l a p u n ta m ie n to a p a re c e d e s p e ja d o p o r un re to q u e sim p le , d ire c to , p ro fu n d o y c o n tin u o .
( 3 ) I.E . ™ ( (t/n ) - 1) . 100 (P é r e z P é re z , 1991, n o ta 7; M e rin o , 1994, p. 32 2 )

C u a d r o N ° 6 H a ch erea u x s o b r e la sc a d e la s á r e a s 1 y 3
280 M AN U EL PÉREZ PÉREZ

Por otra parte, el que hemos clasificado como parcial, que por sus valo­
res tipométricos y morfológicos sería un naviforme espeso, es un buen ejem­
plo de aquellos que se solían denominar “bifaces de fa in éa n t”, ya que pre­
senta un escaso número de lascados en cada cara y en un 80 % de la dorsal
conserva el cortex del núcleo originario; no obstante, es muy probable que
fuese concebida así antes de la extracción de la lasca-soporte, porque su
potencial eficacia morfotécnica no es inferior a la de otras piezas que fueron
sometidas a un extenso trabajo de talla.
Hachereaux sobre lasca: Pese a que sólo son 5 las piezas de este tipo que fue­
ron localizadas en el “área 3”, su heterogeneidad se hace patente al examinar el
cuadro N° 6, en el que, junto a las mismas, se incluye la del mismo tipo que pro­
cede del “área 1” (Q.A.-01) y ya hemos comentado en su lugar correspondiente.
Partiendo de la clásica definición del propio hachereau, en la que se dice:
“Le tranchant qui est toujours naturale, c ’est-à-dire exem pt de retouches
intentionnelles, est obtenu par la rencontre de deux plans... ” (Tixier, 1956,
p. 916), la pieza Q.A.-66 (Lam. III, abajo) no debiera ser incluida en este
grupo pero, como ya hicimos notar en otra ocasión (Pérez Pérez, 1997, p. 57
y fig. 6), existen casos concretos, incluso en el Norte de África (Biberson,
1961, p. 357), en que el trinchante sí presenta retoques intencionados, mediante
los cuales se habilita para una función distinta a la de corte.
De todas formas, en relación con este tema no debemos olvidar que dicha
descripción, así como cualquiera de las variantes a la misma, necesitan una
revisión profunda y completa, ya que no contemplan aspectos técnicos y tipo­
lógicos que se repiten en el artefacto y que, con independencia del trinchan­
te, son fundamentales para su estudio y definición. Algunos ejemplos de tales
aspectos, presentes incluso en una muestra tan pequeña como la que estamos
manejando, son los bordes que, ya en su origen, fueron preparados para uti­
lizar como raederas (borde izquierdo de la pieza Q.A.-12) (Lám. III, arriba);
o aquellos otros que son auténticos dorsos, unas veces rebajados (borde
izquierdo de la Q.A.-59) y otras naturales (borde izquierdo de la Q .A .-11 y
la Q.A.-66), los cuales se oponen siempre a otro borde potencialmente activo.
Bola poliédrica: Fue tallada multidireccionalmente, aunque con tenden­
cia centrípeta, sobre la sección transversal, casi circular, de un canto rodado
de cuarcita de color pardo y grano fino, del que conserva íntegramente y sin
modificar uno de los polos. Coincide morfológica y técnicamente con el tipo
“ B” de los definidos por Rodríguez Asensio (1976, p. 87) y, con un diámetro
medio de 71 mm. y un peso de 450 gm., se sitúa en la cota inferior del rango
que dicho autor considera como normal o mediano para los ejemplares pro­
cedentes del Achelense asturiano.
Raederas: Las 2 piezas correspondientes a este grupo son absolutamente
diferentes, tanto en tipo como en materia prima:
UN Y A C IM IEN TO IN FERO PA LEO LÍTICO EN TO R N O AL C U R SO M ED IO D EL RÍO 281

F ig u ra N ° 7: D istin to s ú tiles p r o c e d e n te s d e l á re a 3
282 M A N U EL PÉREZ PÉREZ

Una de ellas (Fig. 7.3), de tipo transversal recta, fue elaborada mediante
un retoque simple, directo, profundo y continuo, sobre una lasca oblicua en
cuarcita pardo-grisácea de grano fino que, en el ángulo distal-derecho e inme­
diata al frente retocado, presenta una fractura cóncava, semejante a una escota­
dura clactoniense, cuyo radio es de 1,5 cm. El soporte tiene talón natural, bulbo
prominente y ángulo de lascado de 105°, arrojando, en su estado actual, unas
dimensiones máximas de 53 x 63 x 14 m m , con lo que IA = 0,84 e IC = 4,5.
La otra, retocada sobre una gruesa lasca de silex cretácico, en color
pardo-grisáceo y de excelente calidad, reúne los caracteres distintivos de dos
tipos que, normalmente, se dan por separado: por una parte tenemos que, con
dos frentes activos adyacentes9 y el eje de simetría desviado 30° a la izquier­
da del de lascado, encajaría en el tipo que Bordes (1961, p. 12) denomina des­
viada (N° 21 de su lista tipo), pero como el retoque en ellos es inverso y, por
tanto, se sitúa sobre la cara ventral, debería ser incluida dentro del tipo deno­
minado sobre cara plana (N° 25 de dicha lista), aunque matizando que es
doble, con ambos elementos rectos y, por añadidura, desviada, lo cual supone
una conjunción de caracteres que el mismo Bordes (1961, p. 29) considera
extremadamente rara. El soporte muestra talón diedro, bulbo en pezón y ángulo
de lascado de 115°, midiendo (sobre el eje de lascado) 72 x 77 x 30 mm., con
lo que IA = 0,94 e IC = 2,57.
Raclette (fig. 7.7): Su soporte es una pequeña lasca de ángulo, en cuarci­
ta de color pardo y grano fino, cuyo talón es facetado, bulbo prominente,
ángulo de lascado de 90° y de simetría coincidente. Sobre el borde derecho de
esta lasca, en sentido oblicuo a sus dos ejes técnicos, un menudo retoque
semiabrupto, directo, profundo y levemente festoneado, constituye el “ele­
mento de raclette” o frente activo de este útil. En su estado actual, sus dimen­
siones máximas son 32 x 35 x 10 mm., con lo que IA = 0,91 e IC = 3,50.
Escotaduras: Los 2 ejemplares correspondientes a este tipo y área son tan
diferentes entre sí que representan a las dos formas técnicas reconocidas para
la elaboración de este útil.
Una de ellas es de las que conocemos como clactonienses, esto es, obteni­
das mediante un sólo golpe dado con un percutor lítico y puntiforme sobre una
arista más o menos cortante. En el caso que nos ocupa, con un arco cuyo radio
es de 1,5 cm., fue despejada sobre el borde derecho de un grueso fragmento pro-
ximal de lasca, en cuarcita gris y grano fino, cuyas dimensiones, limitadas por
una fractura oblicua intencionada, son de 45 x 66 x 23 mm. Dicho soporte pre­
senta talón natural, bulbo astillado y ángulo de lascado de 115°.

9 Am bos frentes activos forman ángulo recto y miden 70 mm. el de la izquierda y 38 el de la dere­
cha. El primero muestra huellas de un uso intenso sobre una materia tenaz, mientras que el segun­
do, aparece fresco y reactivado mediante un retoque del tipo conocido com o semiquina.
UN Y A C IM IEN TO IN FERO PA LEO LÍTICO EN TO RN O AL C U R SO M ED IO D EL RÍO 283

La otra (fig. 7.5) fue elaborada mediante un retoque semiabrupto, direc­


to, profundo y continuo, formando un arco cuyo radio es de 3 cm. que se sitúa
sobre el ángulo superior izquierdo de una hemilasca de cuarcita pardo-grisá­
cea y grano fino, la cual mide, en su estado actual, 63 x 39 x 16 mm. y es pro­
ducto de una fractura longitudinal intencionada. Pese a tal fractura, se aprecia
el talón facetado, el bulbo bien marcado y el ángulo de lascado de 115°.
Raspador plano en hocico (fig. 7.6): Retocado sobre el borde izquierdo
de un pequeño fragmento distal de lasca Levallois, en cuarcita de color pardo
y grano fino, es una variante del tipo G-7 de Laplace y del que dicho autor
afirma (Laplace, 1966, pp. 51-52) que es bastante frecuente en las industrias
premusterienses y musterienses con denticulados, pero que nosotros conside­
ramos extremadamente raro en las industrias inferopaleolíticas de la región,
ya que, aquellos de los que tenemos noticias, suelen ser espesos, incluso care­
nados, y frontales. El frente activo (lateral del soporte) de este ejemplar que
estudiamos, arroja un índice de prominencia de 29,17 (Merino, 1994, pp. 266-
267) y está bien determinado por tres arcos (-1 +0,5 -2) definidos mediante un
fino retoque, directo, profundo, continuo y semiabrupto en las hombreras que
en el hocico se convierte en lamelar. En su estado actual, la pieza arroja unas
dimensiones máximas de 29 x 37 x 9 mm., con lo que IA = 0,78 e IC = 4,11.
Buril diedro desviado (fig. 1.2): Sobre el extremo de una lasca de cuarci­
ta gris y grano fino, dos largos paños producidos por sendos golpes de buril,
uno oblicuo y otro paralelo al eje de simetría, crean una arista de 8 mm. de
ancho en un diedro de 45°. Sus dimensiones máximas son 64 x 36 x 13 mm.,
con lo que IA = 1,78 e IC = 2,77. Es un tipo que aparece con cierta frecuen­
cia en el Paleolítico inferior, pero que tiene una larguísima pervivencia.
Punta burinante: Es este un tipo poco conocido porque, además de no ser
muy frecuente, es posible que en muchos casos pase desapercibido y en otros
sea clasificado como un buril sobre truncadura cóncava. Se localiza siempre
en el ápice de una lasca o lámina apuntada y se caracteriza por el encuentro
de una pequeña escotadura que revierte sobre una cara del soporte, general­
mente la dorsal, y una corta faceta o paño de buril que revierte sobre la opues­
ta, formando así una arista oblicua a la sección del útil10. En el caso que nos
ocupa, el soporte es un fragmento distal de una lasca apuntada, de decorticado
secundario y en cuarcita gris de grano fino, en la que la escotadura tiene tan
sólo 8 mm. de longitud y el paño de buril 15, creando entre ambos un diedro
de 85°, cuya arista mide 6 mm. Las dimensiones máximas de la pieza son de
61 x 37 x 15 mm.

10 Técnicam ente, la arista util de este tipo se situa entre la de los buriles sobre truncadura y la del
pico burinante alterno de Bordes (1961, p. 37).
284 M A N U EL PÉREZ PÉREZ

Perforador atípico (fig. 7.1): Elaborado a partir de una lasca clactoniense


de cuarcita gris-rosácea de grano fino, la cual presenta talón natural, bulbo
prominente con desprendimiento de escama, ángulo de lascado de 120° y de
simetría de 15o D, se orienta lateralmente respecto a ésta, en la mitad superior
de su borde izquierdo, pero centrado sobre una arista entre dos facetas dorsa­
les, la cual marca el eje morfológico del útil que se sitúa en posición trans­
versal al de lascado. El bec, propiamente dicho, aparece despejado por reto­
ques planos, marginales, alternantes y continuos que también se extienden por
el extremo distal de la lasca o borde derecho del útil. Sobre el eje de simetría,
arroja unas dimensiones máximas de 92 x 56 x 24 mm.
Cuchillo de dorso rebajado + buril de ángulo sobre fractura (fig. 7.4): Es
el fragmento distal de una lasca triangular, de cuarcita gris y grano fino, que
en el borde derecho presenta un agudo filo en el que se aprecian leves marcas
de uso. En la zona medial del borde opuesto puede verse un retoque abrupto,
escalariforme, profundo y de orientación inversa que forma el dorso rebajado.
La base de dicho dorso fue aligerada mediante retoques planos sobre ambas
caras, para después ejecutar un golpe de buril desde la fractura basilar que
crea un paño reflejado, levemente oblicuo al dorso, el cual forma con la base
un diedro de 70°, cuya arista mide 6 mm. y forma el buril de ángulo sobre
fractura, pero que no parece haber sido usado. La pieza arroja unas dimen­
siones máximas de 71 x 50 x 20 mm.
Lascas retocadas: Bajo este epígrafe se incluyen dos lascas que solo tienen
en común la presencia de un retoque intencionado, pero que no determina de
forma concreta tipo alguno de útil.
Una de ellas es una lasca oblicua, de cuarcita pardo-rojiza y grano fino,
que en ambos bordes y en el ápice presenta retoques aislados, directos e irre­
gulares, mientras que en la base destaca una serie de orientación inversa,
modo abrupto, amplitud profunda y delineación continua y convexa. Tiene
sección triangular y mide, sobre el eje de lascado, 39 x 46 x 19 mm., con lo
que IA = 0,85 e IC = 2,42. Sus caracteres de extracción son talón facetado,
bulbo prominente, ángulo de lascado de 130° y de simetría de 45° D.
La otra es una gran lasca que en el extremo distal de su único filo, obli­
cuo y al lado derecho, presenta un tramo de 35 mm. en el que se realizó un
retoque semiabrupto, directo, profundo y continuo, seguido de otro tramo de
30 mm. en el que el retoque es simple, alternante, marginal y festoneado,
mientras que los 45 mm. proximales conservan el filo bruto. La lasca en cues­
tión tiene talón natural, bulbo poco prominente, ángulo de lascado de 110° y
de simetría de 20° D, arrojando unas dimensiones máximas, sobre el eje de
lascado, de 135 x 130 x 50 mm., con lo que IA = 1,04 e IC = 2,60.
UN Y A C IM IEN TO IN FERO PA LEO LÍTICO EN TO RN O AL C U R SO M ED IO D EL RÍO 285

VlII.b. Restos de talla del “Área 3” :

Este grupo, íntegramente en cuarcita de distintas clases, lo constituyen 3


núcleos, 3 láminas o fragmentos de ellas y 11 lascas de distintos tipos, entre
las que cabe destacar una de gran tamaño y técnica laminar, otra Levallois atí-
picas y otra de tipo Kombéwa.
Núcleos: Los tres ejemplares tienen su origen en cantos rodados, de los
que conservan una extensa zona cortical, pero que han sido sometidos a dis­
tinto grado de aprovechamiento.
Uno de ellos, en cuarcita amarillenta de grano medio, es una variante muy
rudimentaria del prismático unidireccional, en el que el plano de percusión
era preparado mediante el levantamiento de dos pequeñas y gruesas lascas
adyacentes, cuyos negativos se cortaban entre sí, formando un diedro que coin­
cidía con una arista ya existente en su único plano de explotación. Tomando el
diedro como punto de impacto y la arista como guía, se obtenían unas lascas
que, aunque con bordes subparalelos, sabemos por los negativos que presenta
(de 60 x 35 y 50 x 34 mm.) que no alcanzaban la longitud necesaria para ser
consideradas verdaderas láminas. Quizá por eso fue abandonado antes de su
agotamiento total. Mide en sus puntos máximos 98 x 65 x 63 mm.
Los otros dos, totalmente agotados, son de los tipos ortogonal con pla­
nos de percusión múltiples e informe unidireccional. Ambos son de cuar­
cita de grano fino y excelente calidad, particularmente el segundo, y miden en
sus puntos máximos 58 x 55 x 48 mm. y 63 x 57 x 32 mm., respectivamente.
Láminas y laminillas (incluidos fragmentos): Una de ellas es un frag­
mento proximal (47 mm. de longitud) de una gran lámina con bordes parale­
los y sección trapecial (39 x 15 mm.; IC = 2,60). En cuarcita rosácea de grano
fino, presenta talón facetado mediante menudas descamaciones, ángulo de
lascado de 90° y de simetría de 10° I. Tales caracteres de extracción, unidos a
su sección, ponen en evidencia el dominio de la técnica laminar en un grado
bastante avanzado, pero sin llegar a la perfección que muestran las de etapas
más tardías.
La segunda, en cuarcita amarillenta de grano fino, es una lámina apunta­
da y de sección triangular, salvo en la zona próxima al talón, en la que la eli­
minación previa de la cornisa ocasiona que ésta sea trapecial. En la zona
medial del borde derecho puede verse un retoque simple, directo, marginal y
levemente festoneado. El talón puntiforme, el bulbo proporcionalmente plano
y un índice de planicidad alto (3,22) denotan que su extracción fue realizada
mediante percutor elástico. Aunque le falta un pequeño fragmento apical, sus
dimensiones máximas son de 59 x 29 x 9 mm.
La tercera y última es un fragmento medial de laminilla que tiene sección
triangular y bordes irregulares, en los que pueden verse algunos pseudorreto-
286 M A N U EL PÉREZ PÉREZ

ques que consideramos accidentales. El extremo proximal ha sido fracturado


por percusión y el distal muestra la típica charnela que se produce al romper
tras ser sometida a flexión. En este estado, arroja unas dimensiones máximas
de 42 x 1 9 x 9 mm. (IC = 2,11).
Lascas: De las 11 lascas recogidas en este área, atendiendo a sus técnicas
específicas de extracción citaremos en primer lugar la de gran tamaño y téc­
nica laminar, la Levallois atípica y la de tipo Kombéwa :
La primera de ellas, con sección trapecial de 71 x 30 mm. (IC = 2,36),
bordes paralelos y aristas dorsales rectas, es un fragmento proximal de 119
mm., cuya fractura parece accidental. El talón es convexo y natural, esto es,
conserva el cortex del núcleo originario, el cual se extiende también por el
plano comprendido entre el borde derecho y la arista dorsal inmediata. El
bulbo fue eliminado por una serie de extracciones planas y astilladas que afec­
taron al filo del borde izquierdo deteriorándole muy seriamente. En toda la
región no conocemos otra pieza con tales características extractivas ni núcleo
alguno del que pudiera ser obtenida.
La segunda la clasificamos como Levallois atípica porque su facetado
dorsal, subparalelo y bidireccional, nos indica que el núcleo del que proceden
no era el que consideramos clásico de esta técnica para lascas (Tixier et alli.,
1980, p. 46; Pérez Pérez, 1997, pp. 46-48), sino algo semejante al que se des­
cribe como típico para láminas (Tixier et alli., 1980, p. 50). Tiene talón face­
tado, bulbo plano, ángulo de lascado de 95° y de simetría de 5o I. Sus dimen­
siones máximas son de 71 x 54 x 14 mm., con lo que IA = 1,31 e IC = 3,86.
Pueden verse en ambos bordes una serie de pequeñas melladuras de origen
natural que crean el falso efecto de un denticulado.
La tercera coincide exactamente con aquellas que Owen dio a conocer en
1933 como lascas Kombéwa y que nosotros, de acuerdo con la opinión
expuesta por Newcomer e Hivernel-Guerre en 1974 (Merino, 1994, p. 45),
reservamos para éstas, aplicando la de “lascas Janus” a aquéllas otras de
tamaño mucho mayor y con dos caras de lascado que se utilizan para la ela­
boración de hachereaux como el Q.A.-50 que ya hemos descrito entre los úti­
les de esta misma área. Se trata de una lasca de 30 x 33 x 9 mm., de sección
lenticular y silueta subcircular, con el borde muy cortante en toda la periferia,
salvo en el talón que conserva levemente convexo y facetado, presentando un
ángulo de lascado de 115°.
Entre las 8 lascas restantes (cuadro N° 7), todas en cuarcita de distintos
tipos y que, como en las áreas 1 y 2, presentan un índice de alargamiento
(I.A.) bajo y de planicidad (I.C.) alto, cabe distinguir un “pseudoburil de
Siret” (Bordes, 1961, p. 32) que no es otra cosa sino una lasca hendida longi­
tudinalmente a causa de la fuerza del impacto, en la que se aprecia que fue
extraída de un núcleo prismático, el talón facetado, el bulbo bien desarrolla-
UN Y A C IM IEN TO IN FE RO PA LEO LÍTICO EN TO RN O AL C U R SO M ED IO D EL RÍO 287

C lase de lasca Forma Sección 1 . A. F. I.A . i.r . T alón Anp. Sim


Pseudohuril de Siret F.n cuchara Tranecial 88 51 '’() ■•> Facetado 110" • ■)
Tavaciense Cuadran e. TraDecial 42 49 18 0,86 2.72 Liso 125° 5° D
Oblicua Subovalar Triangular 56 53 16 1,06 3.31 Liso 120° 25° D
O blicua de ángulo En abanico Lenticular 31 43 11 0.72 3,91 Facetado 100° 60° I
De regularización Triangular Triangular 38 47 10 0,81 4.70 Diedro 100° 15° I
De reeularización Cuadranu. Triangular 45 36 13 1,25 2,77 Natural 110" 0°
De reeularización Subovalar Tranecial 40 52 14 0,77 3.71 Facetado 95° 20° D
De reeulariz. desv. Poligonal Trapezoidal 40 49 20 0,82 2.45 Facetado 110° 60u 1

C u a d r o N ° 7 : la sc a s d e cu a rc ita p r o c e d e n te s d e l “A r e a 3 ”

do y el ángulo de lascado de 110o. Hay otra oblicua, otra oblicua de ángulo,


otra tayaciense y cuatro de regularización de núcleo, entre las cuales una es
desviada.

IX. ARTEFACTOS DEL “ÁREA 4”

Tal como se indica en el cuadro N° 1, los 5 artefactos recogidos en este


área están integrados por una truncadura, dos núcleos y dos lascas, de las cua­
les una es de sílex y está retocada. A continuación los veremos en detalle.
Truncadura: Es una punta Levallois en cuarcita de color pardo y grano
fino, cuyo ápice fue truncado intencionalmente mediante un retoque abrupto,
directo y profundo, con delineación continua pero cóncava. El talón, facetado
y en “sombrero de gendarme” (Tixier et alli., 1980, p. 105, fig. 47.5) presen­
ta un leve grado de “rodadura” que no existe en el resto de la pieza, lo que
denota que, para su obtención, se aprovechó un artefacto más antiguo. En su
estado actual, la pieza mide 41 x 46 x 17 mm.
Lasca retocada: En sílex grisáceo de excelente calidad y con sección
transversal aquillada, presenta en su extremo distal un retoque abrupto, direc­
to, profundo y levemente festoneado, semejante al que se practica en un
“dorso rebajado”. Mide en sus puntos máximos 26 x 31 x 16 mm., con lo que
IA = 0,84 e IC = 1,94.
Núcleos: Ambos están totalmente agotados y ponen de relieve un apro­
vechamiento exhaustivo de la materia prima que ya hemos visto manifestarse
en las otras tres áreas, sin que resulte muy comprensible en un yacimiento
como el que estamos estudiando, en cuyo entorno los cantos rodados de cuar­
cita -principal fuente de aprovisionamiento- no eran escasos.
Uno de ellos, en cuarcita amarillenta de grano muy fino, era en su origen
la tableta de avivado de un núcleo prismático, de la que se obtuvieron tras
su extracción una serie de pequeñas lascas, bidireccionalmente y a partir de la
arista formada entre el antiguo frente de núcleo y la cara ventral de la tableta.
Mide en sus puntos máximos 53 x 42 x 25 mm.
288 M AN U EL PÉREZ PÉREZ

El otro, en cuarcita gris de grano fino, presenta todos los caracteres clá­
sicos del tipo discoideo, pero tan pequeño que las dimensiones superficiales
de la última lasca extraída son de 25 x 27 mm. La pieza, en su estado actual,
mide en sus puntos máximos 40 x 48 x 21 mm.
Lasca: Con una fractura distal y oblicua que, posiblemente, se produjo
por reflexión de las ondas propias del impacto de extracción, es un desecho
de retalla realizada con percutor elástico. Su alto índice de planicidad (5,60),
un bulbo de percusión muy difuso y las suaves facetas dorsales, así lo ponen
de manifiesto. La materia prima es una cuarcita grisácea de grano fino y, en
su estado actual, arroja unas dimensiones máximas de 34 x 28 x 5 mm.

X. POSIBLE RELACIÓN ENTRE LOS MATERIALES DE LAS


DISTINTAS ÁREAS:

Desde un punto de vista estratigráfico, ya hemos visto que la posición de


los materiales arqueológicos correspondientes a las áreas 1 y 3 (margen dere­
cha del río) era exactamente la misma; esto es: inmediatamente encima de las
“arcillas amarillentas de origen coluvial”, bien en contacto directo con ellas,
porque allí no existían otros depósitos cuaternarios (área N° 1 y columna
estratigráfica c-1) o bien en la base de los “limos pardos” superpuestos a
dichas arcillas (área N° 3 y columna estratigráfica c-3). Y aunque los del área
2 (margen izquierda del río) fueron hallados en depósitos cuya composición
no tiene correspondencia en la margen derecha, éstos también se superponen
a las arcillas en cuestión (columnas estratigráficas c-4 a c-6), lo que, unido al
estado de conservación que presentan la mayoría de estos materiales, hace
presumible que su posición primaria hubiese sido idéntica a la indicada para
los de las áreas 1 y 3, y desde ella desplazados durante la formación de dichos
depósitos y englobados en los mismos. Respecto a las piezas recogidas en el
área 4, cuya localización se sitúa en una zona que no fue afectada por las
obras, ya hemos dicho que carecemos de cualquier referencia estratigráfica,
pero el hecho de que fuesen sacadas a superficie por la reja del arado evidencia
que su posición no podía ser muy profunda e, incluso, ofrece la posibilidad de
que fuese semejante a la de las halladas en el área 1.
Viendo el tema desde otra perspectiva y sometiendo a un detallado exa­
men las descripciones hechas para los correspondientes grupos de artefactos,
no hemos detectado variaciones que, desde el punto de vista técnico o desde
el tipológico, permitan suponer que los hallazgos en las diferentes áreas
pudieran corresponder a distintos momentos o fases crono-culturales, sino
más bien lo contrario, ya que las técnicas adoptadas, los caracteres de extrac­
ción y el aprovechamiento de la materia prima, así como la heterogeneidad en
UN Y A C IM IEN TO IN FERO PA LEO LÍTICO EN TO R N O AL CU R SO M ED IO D EL RÍO 289

los tipos de útil y la particularidad de algunos de ellos, muestran tal unifor­


midad que no parece posible sea fruto de la casualidad.
Así pues, en base a lo expuesto anteriormente y a efectos de los análisis
técnicos correspondientes, entendemos que los elementos disponibles nos
permiten considerar los materiales procedentes de las cuatro áreas como un
sólo conjunto perteneciente a un único asentamiento, en el que las distintas
localizaciones habrían sido determinadas por diferentes causas, posiblemente
unas naturales y otras antrópicas.

XI. ANÁLISIS DE LOS MÓDULOS DE TALLA Y LAS TÉCNICAS DE


EXTRACCIÓN:

Iniciamos este análisis con la tipometría del conjunto de lascas recogidas,


el cual engrosamos con aquellas otras cuyo negativo en útiles y núcleos nos
permitió una lectura inequívoca de sus valores superficiales. De esta forma
reunimos los datos de 54 unidades que, aún sin la amplitud que sería desea­
ble, nos pueden proporcionar las tendencias del conjunto, aunque tan sólo sea
de una forma orientativa.
Cuando analizamos longitudes y anchos en base al índice de alargamien­
to (I.A) de dicho conjunto (fig. 8), podemos ver que, con una media de 1,15,
una desviación estándar de 0,49 y un rango comprendido entre 0,63 y 3,26, la
curva acumulativa de sus valores va ascendiendo suavemente, salvo en el 13 %
final donde forma un fuerte escarpe. Esto nos sitúa en torno a un módulo de
talla que, con una modesta presencia laminar, tipifica a un conjunto en el que
predominan las “lascas anchas”.
El análisis de las correspondientes parejas de datos (Doran y Hudson,
1975, pp. 61-71) nos ofrece un coeficiente de correlación de 0,6737 que, junto
con el diagrama de dispersión y la recta de regresión lineal, cuya ecuación es
Y = 0,67X + 15,77, puede verse en la fig. 9. Llevando la nube de puntos de
dicho diagrama a la gráfica de Bagolini (1968), ésta nos muestra (fig. 10) que
el 42,60 % de los efectivos se concentra en la banda comprendida entre las
o
líneas 1 y % , especialmente en la casilla 21 (gran lasca ancha) que, por si
sola, reúne el 35,19 % y a la que siguen en importancia cuantitativa la 17
(gran lasca) con el 31,48 %, así como la 13 (gran lasca laminar) y la 25 (gran
lasca muy ancha), ambas con el 7,41 %. De igual forma podemos ver que tan
solo el 12,96 % se sitúa por debajo de la diagonal 80L-80A, la cual señala el
límite inferior de los “tamaños grandes”.
Cuando pasam os a relacionar espesores y anchos a través del índice
de planicidad (I.C .), vemos, en prim er lugar, que tan sólo un 9,26 % de
los valores es < 2,35 y que, incluso, un 16,67 % de los mismos son > 4.
290 M AN U EL PÉREZ PÉREZ

YACIMIENTO DEL RIO TULUERGO

F ig u ra N ° 8: In d ice s d e a la rg a m ie n to (I.A .) y p la n ic id a d (I.C .) d e l co n ju n to d e la sc a s

Consecuentemente, con un rango cuya amplitud está comprendida entre 1,38


y 5,60, la media del conjunto es de 3,22 y su desviación estándar de 0,89, todo
lo cual pone de manifiesto que la colección es predominantemente “plana”
(fig. 8).
El análisis de las correspondientes parejas de datos nos ofrece un coefi­
ciente de correlación de 0,8181 que, igual que en el caso de longitudes y
anchos, puede verse en la fig. 9 junto al diagrama de dispersión y la recta de
regresión lineal, cuya ecuación es Y = 0,36X + (-1,4).
Como resumen de lo expuesto en los puntos anteriores, podría decirse
que, desde criterios tipométricos, el conjunto que analizamos se caracteriza
por el predominio de grandes lascas, entre las que las anchas y planas tienen
un peso muy significativo.
Actuando ahora sobre la totalidad de los artefactos en lasca o, como dirían
los seguidores de las “categorías estructurales” (Carbonell et alli., 1995),
sobre la totalidad de las bases positivas, tanto de primera generación (BP1G)
como de segunda (BP2G), y aplicando a dichas categorías los clásicos crite­
rios tecnológicos, hemos empezado por obtener el inventario de talones que
se recoge en el cuadro N° 8, el cual es una adaptación que hacemos habitual­
mente al propuesto por Bordes (1950) para los mismos fines.
UN Y A C IM IEN TO IN FE RO PA LEO LÍTICO EN TO R N O AL C U R SO M ED IO D EL RÍO 291

YACIMIENTO DEL RÍO TULUERGO


Tipometría de las lascas (módulo de talla)

Dispersión y tendencia

Ecuación de la recta de regresión: Y = 0,67 + 15,77.


Coeficiente de correlación: 0,673690566.

Dispersión y tendencia

Ecuación de la recta de regresión: Y = 0,36x + (1,4).


Coeficiente de correlación: 0,818095729.

F ig u ra N ° 9: A n á lis is tip o m é tric o d e la s la sc a s (m ó d u lo s d e ta lla )


292

YACIMIENTO DEL RIO TULUERGO


M AN U EL PÉREZ PÉREZ

Figura N° 10: Gráfica de B agolini (1968) para el conjunto de las la sc a s


UN Y A C IM IEN TO IN FERO PA LEO LÍTICO EN TO R N O AL C U R SO M ED IO D EL RÍO 293

Productos de talla Ta la L evallois Talla no Lev£tllois


Talones Lascas Puntas Láminas Lascas Puntas Láminas Total
Lisos (lisos + naturales) 37.50 4.17 41.67
Facetados planos 1,39 2,78 4,17
Facetados convexos 1,39 1,39 11,11 1,39 15,28
Diedros 1,39 5,56 1,39 8,33
Suprimidos 2,78 20,83 2,78 26,39
Rotos + no reconocibles 2,78 1,39 4,17
T o ta les........................................... 4.17 2.78 1.39 80.56 1.39 9.73 100.01

C u a d ro N ° 8: D istr ib u c ió n p o rc e n tu a l d e lo s c a r a c te r e s té c n ic o s o b s e r v a b le s en lo s ta lo n e s

En dicho cuadro podemos ver que el mayor porcentaje (37,50) corres­


ponde a las lascas no Levallois con talones lisos o naturales, al que sigue el
de aquéllas del mismo grupo técnico en las que el talón fue suprimido (20,83 %).
También podemos ver que los talones facetados, con un 19,45 %, son un
carácter con cierta significación en esta industria, en la que superan a los die­
dros (8,33 %) e, incluso, a la técnica laminar, representada con un 11,12 %, y
a la Levallois, cuyo peso tan sólo alcanza el 8,34 %.
Otra importante faceta de las técnicas de extracción es el ángulo de las­
cado, cuyo análisis sobre los efectivos indicados nos muestra que éste oscila
entre 90 y 130°, con una media de 112,90 y una desviación estándar de 10,84.
En su distribución (fig. 11, arriba) vemos que <100° = 21,95 %, entre 105 y
<115 = 34,15 % y >115 = 43,90 %. Por otra parte, teniendo en cuenta que la
clásica definición de los “talones obtusos” se refiere, evidentemente, a aque­
llos cuyo ángulo de lascado es >100°, al aplicar a nuestra serie el “índice clac-
toniense” de Combier (1967, p. 125) obtendremos un valor de 78,05, exacta­
mente igual al conseguido mediante nuestro sistema.
Aplicando nuestro “ángulo de simetría” (Pérez Pérez, 1990, p. 603) a la
serie que estudiamos, podemos ver que la desviación de las extracciones osci­
la entre 95° a la derecha y 80° a la izquierda (fig. 11, abajo) y que, unifican­
do la bilateralidad de los valores, esto es, sin tener en cuenta si dicha desvia­
ción es hacia uno u otro lado11, su distribución es <10° = 32,50 %, de >10 a
<30° = 27,50 y >30° = 40 % o, lo que es igual, que los ejes de lascado y sime­
tría son prácticamente coincidentes en el 32,50 % de los efectivos, mientras
que en el 67,50 % de éstos la extracción fue desviada, repartiéndose en un
37,50 % a la derecha y un 30,00 a la izquierda.

11 L a talla e x p erim en ta l d e cuarcitas ha d em ostrad o q u e, si bien la ex tr a cc ió n m ás o m e n o s d e s v ia ­


da e s el resu lta d o d e un p r o c eso co n creto en el qu e la h eren cia tecn o -cu ltu ra l tie n e un c o m p o n en te
im p ortante, e l h e c h o d e qu e a q u élla lo sea hacia uno u otro lad o p u ed e estar o c a sio n a lm e n te
im p u esto por las cara cterística s d e la propia m ateria prim a, pero, en la m ayoría d e lo s c a so s , v ie n e
d eterm in a d o por la sin erg ia in d iv id u a l del operario.
2 9 4 M A N U EL PÉREZ PÉREZ

Y A C IM IE N T O DEL R IO TULUERGO

ANGULO DE LASCADO

ANGULO DE SIMETRIA

F ig u ra N ° 11: D istrib u c ió n d e lo s á n g u lo s d e la sc a d o y sim e tr ía


UN Y A C IM IEN TO IN FE R O PA LEO LÍTICO EN TO R N O A L CU R SO M ED IO D EL RÍO
295

X II. ATRIBUCIÓN TECNO-CULTURAL DE LOS MATERIALES:

A partir de cuanto hemos visto y siguiendo criterios tecno-tipológicos, se


hace evidente que la presencia de un número relativamente importante de
bifaces, así como las variedades representadas entre los mismos, nos sitúa sin
muchas dudas frente a un conjunto que, de forma genérica, es atribuible al
Paleolítico inferior. No obstante, tal atribución resulta bastante ambigua,
especialmente a partir de la constatación de que, en el ámbito asturiano, este
periodo de la Prehistoria muestra en su correspondiente industria lítica una
amplia gama de variables que aún no han sido bien definidas, pero que, cuan­
do nos detenemos en estudios pormenorizados, nos revelan componentes
tipológicos que nos eran desconocidos, tanto en esta región como en el terri­
torio peninsular (Pérez Pérez, 1996-97, pp. 32-38, fichas I y II).
Como ejemplo, aquí mismo tenemos los ya citados “picos bifaciales tipo
Aramar” (fig. 5) que, aun siendo tipométricamente mayores que los del yaci­
miento epónimo, se corresponden morfológica y, sobre todo, técnicamente con
ellos, corroborando la existencia en la comarca de un útil del que no hay cons­
tancia haya sido detectado en lugar alguno con anterioridad a nuestra identifi­
cación del mismo y que, en base a la correspondiente hipótesis de trabajo
(Pérez Pérez, 1996, pp. 56 y 68), elaborada tanto con criterios tecno-tipológi­
cos como estratigráfico-geológicos, fue atribuido al Achelense medio y situa­
do temporalmente en el interestadio Riss II/III, el cual, adhiriéndonos al inten­
to de armonizar las glaciaciones alpinas y la curva isotópica V28-238 (Gamble
1990, pp. 91-95), podríamos considerar como el estadio 7 de la misma.
La presencia de éste útil y su peculiar tipología podría servir como un
punto de referencia del que partir en la atribución que intentamos, pero cree­
mos que tal extrapolación no sería correcta, particularmente en el caso que nos
ocupa12, porque en el análisis de los artefactos, al lado de éste y otros elemen­
tos a considerar como arcaicos, se aprecian rasgos técnicos que, teóricamente,
son atribuibles a una industria más evolucionada y presumiblemente más tar­
día. Por ello, antes de emitir hipótesis alguna, debemos sopesar unos y otros.
A este respecto y como primer punto a considerar, tenemos el hecho de
que, aun cuando la materia prima del 95,45 % de los útiles es cuarcita proce­
dente de cantos rodados, tan solo un 11,36 de aquéllos (los picos bifaciales,
el bifaz Q.A.-67 y las bolas poliédricas) fue tallado directamente sobre éstos,
no registrándose un solo triedro ni ejemplar alguno de los denominados “can­
tos tallados mono y bifacialmente” (chopper y choping-tool), pese a lo cual,

12 Pese a que la utilización del “fósil guía” viene siendo am pliam ente criticada en los últim os tiem ­
pos, no debem os olvidar que existen casos concretos en que su aplicación sigue siendo ineludi­
ble, com o, por ejem plo, en los yacim ientos al aire libre del A sturiense, en los que el clásico pico
es el único elem ento que permite su inequívoca identificación.
296 M AN U EL PÉREZ PÉREZ

un 50,45 % del utillaje corresponde a tipos “masivos”, los cuales se desglo­


san en bifaces = 25,00 %, hachereaux = 13,64 %, picos bifaciales = 4,54 %,
bolas poliédricas = 4,54 % y rabots = 2,27 %. Esto expresado en términos
propios de las denominadas “categorías estructurales” (Carbonell et alli.,
1995, pp. 488-493) sería un 11,36 % de BN1G (bases negativas de primera
generación) y un 38,63 % de BP1G (bases positivas de primera generación)
transformadas en BN2G (bases negativas de segunda generación), siendo el
50,01 % del utillaje restante BP2G (bases positivas de segunda generación)
transformadas en BN2G (bases negativas de segunda generación). Por su
parte, el 24,39 % de los restos de talla corresponde a núcleos, de los que el
21,95 son BN1G y el 2,44 BN2G, mientras que el 75,61 % restante son las­
cas o láminas, de las que el 70,73 son BP1G y el 4,88 BP2G.
Si a lo expuesto añadimos que en el corto número de núcleos que hemos
analizado se detectan, al menos, seis “modelos de explotación” distintos
(Carbonell et alli., 1995, pp. 478-480), tendremos un panorama en el que se
vislumbran cadenas operativas relativamente complejas y proporcionalmente
evolucionadas, ya que, en ellas, están presentes técnicas de “predetermina­
ción” para útiles masivos13, además de la Levallois, la Kombéwa y la laminar
que se manifiestan de forma discreta, haciéndose también evidente una fre­
cuente y cuidadosa preparación de los planos de percusión, así como una
clara, aunque no generalizada, utilización del percutor elástico.
Un segundo elemento a tener en cuenta es que el grupo de útiles que, para
su análisis estadístico, Bordes denominó “sección paleolítico superior”
(Bordes y Bourgon, 1951) alcance un 30,77 % de los que integrarían la “lista
tipo” de dicho autor, contrastando con la denominada “sección musteriense”
que tan solo representa un 11,54 %. Esto, en sí mismo, apunta hacia una fase
tardía del Achelense, incluso hacia un premusteriense, en el que también enca­
jarían sin violencia tipos como el raspador plano en hocico del área 3 y módu­
los dimensionales tan reducidos como el de éste mismo útil (29 x 37 x 9 mm.)
o el de la raclette (32 x 35 x 10 mm.) del área citada.
Además, en función del índice morfotécnico o de aprovechamiento, entre
los bifaces cabría distinguir dos grupos que, a su vez, se corresponderían casi
exactamente con los modos de acabado de estos útiles: Uno de ellos estaría
formado por el protolimande (Q.A.-25), el lanceolado (Q.A.-34), el ficron

13 Estas técnicas de “predeterminación” a las que aquí nos referimos son las mismas que ya habíamos
detectado durante nuestro estudio de los hachereaux sobre lasca en la com isa Cantábrica y m encio­
nábamos en las “reflexiones preliminares” al mismo (Pérez Pérez, 1997, pp. 46, 49, 55, etc.), con ­
sistiendo, en palabras de Texier y Roche (1995, pp. 404-405), respecto a sus observaciones en Isenya
(Kenia), en que «La preparación del núcleo (que afecta a la superficie de “debitage" a s í com o al
plan o d e percusión) tiende esencialmente a controlar uno o varios parám etros que perm iten la
adquisición de uno, varios o todos los elem entos morfotécnicos característicos d el objeto planeado».
UN Y A C IM IEN TO IN FERO PA LEO LÍTICO EN TO RN O AL C U R SO M ED IO D EL RÍO 297

(Q.A.-38), el parcial (Q.A.-43) y uno de los amigdaloides cortos (Q.A.-52),


todos ellos con dicho índice < 40 (rango entre 16 y 39, X" = 27,4 y s = 8,79) y
un acabado realizado con percutor duro (Lám. I). El otro lo integrarían los seis
restantes, todos con índice > 60 (rango entre 62 y 88, x = 75,5 y s = 11,29) y,
salvo el triangular espeso (Q.A.-67), acabados mediante percutor elástico
(Lám. II). El primero de estos grupos habría que clasificarlo como técnica­
mente arcaico, aunque sin connotación cronológica alguna, ya que es fre­
cuente que sus rasgos pervivan junto a otros más evolucionados en fases tar­
días del Achelense; sin embargo, los caracteres del segundo tan sólo se detec­
tan en etapas técnicamente avanzadas de dicha facies, en las que también apa­
recen por vez primera hachereaux tan ligeros y delicadamente acabados como
el Q.A.-12 (Lám. III, arriba).
Por otra parte, los ángulos de lascado y simetría de los subproductos de
talla, así como sus índices de alargamiento y planicidad, ponen de manifiesto
que las técnicas de extracción sobre materias primas como la cuarcita habían
alcanzado aquí un grado de perfeccionamiento que no es frecuente detectar en
etapas anteriores a las preleptolíticas: Un 43,90 % de ángulos de lascado >115°
y un 40,00 % de ángulos de simetría > 30°, con resultados del 88,89 % en
índices de planicidad > 2,35 y del 46,30 % en índices de alargamiento > 1, así
lo evidencian.
Así pues, con las reservas que exige el campo en que nos movemos,
creemos que cuanto antecede permite afirmar que nos encontramos ante un
Achelense evolucionado, pero en grado tal que entendemos ha de ser atribuido
a su fase final.

XIII. HIPÓTESIS PARA LA DATACIÓN DEL YACIMIENTO:

La propia atribución tecno-cultural a la que hemos llegado en el apartado


anterior, así como las bases en que se sustenta, apuntan hacia una cronología
tardía que, aún sin ser rechazada de forma absoluta, no debe considerarse
como concluyente, ya que cuanto más se profundiza en el estudio de estas
industrias del Paleolítico inferior, mayor es la evidencia de que no existe
correlación lineal entre ambos conceptos.
Así pues, para llegar a la hipótesis que intentamos debemos buscar apoyo en
otros elementos, y los únicos de los que aquí disponemos son aquellos que se
deducen de las observaciones estratigráficas que hemos podido realizar en ambas
márgenes del río y que hemos representado de forma esquemática en la figura 3.
En las columnas que muestra dicha figura puede verse cómo, sobre un
paquete de depósitos triásicos (Llopis Lladó, 1968, p. 47) y bajo una cubierta
de tierras húmicas, aparece una serie cuaternaria que es la que nos interesa y
298 M A N U EL PÉREZ PÉREZ

cuya unidad inferior, formada por arcillas amarillentas de origen coluvial, no


sólo es la última común a ambas márgenes del río, sino que inmediatamente
por encima de su techo está el límite inferior de los hallazgos arqueológicos.
No hay duda de que el estudio pormenorizado de dicha serie cuaternaria, así
como su génesis, resultaría imprescindible para interpretar con cierta fiabilidad
el cuándo y cómo las distintas piezas líticas llegaron a la posición estratigráfi-
ca en la que fueron halladas; no obstante, las circunstancias y particularidades
ya apuntadas en el apartado “X” , pero sobre todo la concentración de artefactos
líticos14 y materia orgánica detectada en la zona central del área 3, nos permiten
plantear la primera parte de nuestra hipótesis, según la cual dicha concentración
form aría parte de un nivel de ocupación en situación arqueológicamente
primaria que, a su vez, podría ser el “foco de dispersión” del resto de los mate­
riales, los cuales habrían sido cubiertos, sin sufrir desplazamientos o quizá
mínimos, en la margen derecha del río (áreas 1 y resto de la 3), mientras que
en la izquierda (área 2), con depósitos más turbulentos y con mayor energía en
su formación, habrían sido arrastrados y englobados en los mismos. En conse­
cuencia, todo el yacimiento correspondería a un único momento de ocupación,
cuya datación sin duda tendría que ser posterior a la de las arcillas coluviales
y anterior a la de los depósitos que las cubren; y dada la naturaleza de las unas
y los otros, no parece desacertado suponer que en sus correspondientes
momentos de deposición el clima fuese bastante húmedo, aunque más cálido
para las primeras que para los segundos y con un período intermedio frío y
seco, durante el cual se habrían producido los fenóm enos crioclásticos y
eólicos cuyas huellas hemos observado. Pero, como quiera que un ciclo
climático como el apuntado ha tenido réplicas en distintos episodios del
Pleistoceno medio y superior (Laville, 1976), no resulta fácil el determinar, sin
más, a cuál de ellas puede corresponder el que nos interesa.
A pesar de tal incertidumbre, tras el contraste de los caracteres sedimento-
lógicos de esta estratigrafía con los de otras que también ofrecieron industrias
del Paleolítico antiguo, con o sin bifaces, en otros yacimientos descubiertos y
estudiados por nosotros en la región (Pérez Pérez, 1975, 1990, 1991 y 1996),
nos parece muy probable que el paquete de arcillas coluviales -e l cual se
extiende homogéneamente por ambas laderas- se hubiese formado en los
primeros momentos del último interglaciar (Eemiense), antes de que en dicho
período el mar llegase a alcanzar un nivel de, aproximadamente, 7 m. por enci­
ma del actual (Cearreta, Edeso y Ugarte, 1990, pp. 31-32) e inundase el fondo
de la vaguada, la cual funcionaría entonces como un estuario y en cuya orilla se

14 La concentración de artefactos detectada en el “lentejón negruzco” fue de 2 por m2, unas 100
v eces superior a la observada en el resto del área 3, donde la densidad de hallazgos, igual que en
la 1 y la 2, fue del orden de 0,02 por m2.
UN Y A C IM IEN TO IN FERO PA LEO LÍTICO EN TO R N O AL CU R SO M ED IO D EL RÍO 299

asentaría el grupo humano que talló los artefactos que nos ocupan. Después,
durante la regresión würmiense y posiblemente con el asentamiento ya aban­
donado, al mismo tiempo que fenómenos crioclásticos y eólicos más o menos
intensos dejaban las huellas de su acción erosiva, el río excavaría su cauce hasta
por debajo del nivel marino actual, rompiendo la continuidad del paquete de
arcillas entre ambas orillas, sobre las cuales nuevos depósitos, contemporáneos
o no y nutridos por detritos de distinta naturaleza que el desmantelamiento por
erosión de sus respectivas laderas aportaban, irían finalmente cubriendo en unos
casos o arrastrando y englobando en otros, los restos de actividad antròpica.
Así, sobre unas bases razonables, pero pendientes de confirmación
mediante una futura investigación más exhaustiva, queda completa nuestra
hipótesis de trabajo, la cual supone que el asentamiento en cuestión podría
situarse temporalmente entre la segunda mitad del interglaciar Riss/Würm y
los primeros momentos del Würm antiguo, período que, continuando con el
intento de correlación respecto a la curva isotópica V28-238, podríamos atri­
buir a la fase “a” o “b” de su estadio 5.

XIV. CONSIDERACIONES FINALES:

El hallazgo y estudio preliminar de este yacimiento nos proporciona la


certeza de que, en lo que hoy es la villa de Avilés y capital del concejo del
mismo nombre, ya existía actividad humana desde, al menos, el final del
Paleolítico inferior; esto es: desde hace unos 75.000 / 100.000 años.
Efectivamente, las evidencias halladas demuestran que en torno a dicho
período y a no más de 1.000 m. de lo que en el Medievo delimitó el recinto
amurallado de la citada villa, un grupo de cazadores-recolectores eligió para
su asentamiento un lugar abrigado y bien orientado, en el que el río Tuluergo
y su estuario, así como el bosque que muy probablemente circundaba la
vaguada por su zona suroccidental, les proporcionaban los recursos necesa­
rios para su desenvolvimiento vital, durante una permanencia que desconoce­
mos si fue continuada o estacional.
Respecto a las actividades que allí pudieron haber desarrollado, muchas son
las incógnitas planteadas y pocas las respuestas conseguidas. Por ejemplo, pode­
mos afirmar que, entre los materiales líticos analizados, las lascas y útiles sobre
lasca (bases positivas de primera y segunda generación) muestran una propor­
ción global respecto a los núcleos y útiles nucleares (bases negativas de primera
generación) de tan sólo 5 V2 a 1, lo que unido al escaso número de lascas de
decorticado existentes, al pequeño tamaño e intensivo aprovechamiento que
muestran los núcleos hallados -entre los que no existe ni uno sólo de sílex- y a
la imposibilidad de realizar cualquier “remontaje”, parece indicar con bastante
300 M AN U EL PÉREZ PÉREZ

claridad que las materias primas llegaban semielaboradas a las áreas detecta­
das y descritas. Y de ello se infiere que el “taller” donde se realizaban las pri­
meras labores de preparación y desbaste de las materias primas estaría en otro
lugar aún no localizado, pero que bien pudiera situarse en las propias zonas de
aprovisionamiento, las cuales muy probablemente serían los conglomerados
kimmeridgienses-aptienses que existen en las inmediaciones (Llopis Lladó, 1968,
p. 80) y en los que los cantos rodados de cuarcita, de hasta 25 cm. de longitud,
alcanzan un 70 %, no siendo raro el hallar algún nodulo de sílex entre ellos.
Por otra parte, el examen de ciertos artefactos a la lupa binocular nos ha per­
mitido apreciar distintas marcas de uso que, en contraste con las observadas por
otros investigadores (Keeley, 1980), sugieren utilizaciones tales como descuarti­
zado de reses y preparación de pieles; no obstante, al margen de los problemas
de definición a los que aún se enfrenta la Traceología (Mazo Pérez, 1997), el no
disponer de medios de observación más potentes, unido a nuestra escasa expe­
riencia en dicha disciplina, nos impide cualquier afirmación sobre el particular.
También tenemos el fragmento de sílex hallado en el área 2, cuyo tipo de
fractura sin duda fue ocasionado por el estallido de un nodulo que, habiendo sufri­
do los efectos de un ambiente gélido, en algún momento posterior fue sometido a
un brusco e intenso calentamiento, muy probablemente un gran fuego (Tixier et
allí, 1980, p. 33), pero carecemos de cualquier otro indicio que nos permita dis­
cernir si éste pudo ser el de un antiguo hogar o, simplemente, el de un incendio.
En cualquier caso, como quiera que la continuidad y buena conservación del
yacimiento parece segura más allá del límite S. del área 3 y lo que hemos podi­
do vislumbrar en ésta tiene la suficiente entidad como para que deba calificarse
de muy importante, es de esperar que en un futuro próximo se organice una exca­
vación multidisciplinar que permita desvelar muchas de las cuestiones y, mien­
tras ésta se lleva a efecto, que toda la zona afectada sea protegida adecuadamen­
te para evitar que los planes de expansión urbanística de Avilés la destruyan.

XV. AGRADECIMIENTOS:

Deseamos expresar nuestra gratitud a cuantas personas colaboraron, de


una u otra forma, en este trabajo, pero muy especialmente a D. Manuel
Campelo, por soportar pacientemente nuestras repetidas incursiones en la
obra, a D. Luis Rubio Yelmo, por su inestimable ayuda en el campo de la
Topografía y, también, a nuestro hijo, D. Manuel Pérez Lantarón, por saber
encontrar siempre un hueco en su muy apretada agenda para atender con soli­
citud nuestras múltiples consultas y apremiantes requerimientos en distintas
cuestiones informáticas. A todos ellos, muchas gracias.
Avilés, junio de 2000
UN Y A C IM IEN TO IN FERO PA LEO LÍTICO EN TO R N O AL CU R SO M ED IO D EL RIO 301

LAM INA I. B ifa ces cu yo a c a b a d o fue re a liza d o m edian te p e r c u to r Utico: P ro to lim a n d e Q .A .-2 5
( a r r ib a ) y la n c e o la d o , p a s a n d o a su b tr ia n g u la r Q .A .-3 4 (a b a jo ). V er d im e n sio n e s r e a le s en
c u a d ro N ° 5
302 M AN U EL PÉREZ PÉREZ

L Á M IN A II. B ifa c e s cu yo a c a b a d o f u e re a liz a d o m e d ia n te p e r c u to r e lá s tic o : O v a la r Q .A .-6 3


(a rr ib a ) y o v a la r e s p e s o Q .A .-4 5 (a b a jo ). V er d im en sio n es r e a le s en c u a d ro N ° 5
UN Y A C IM IEN TO IN FERO PA LEO LÍTICO EN TO R N O AL C U R SO M ED IO D EL RÍO 303

LA M IN A III. H a ch erea u x : “En r a e d e r a ” Q .A .-1 2 (a r r ib a ) y “con d o r s o n a tu r a l” y el


trin c h a n te re to c a d o Q .A .-6 6 (a b a jo ). V er d im e n sio n e s r e a le s en c u a d ro N ° 6
304 M AN U EL PÉREZ PÉREZ

X V I. BIBL IO G R A FÍA :

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