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2.- ¿Cuáles son sus objetivos terapéuticos, y cuáles sus estrategias?

Ante el diagnóstico de una Infección de Vías Urinarias surge, en la mayoría de los casos, la
necesidad de un tratamiento que responda a los objetivos terapéuticos de conseguir
esterilizar la orina (rápida erradicación y eliminación de los uropatógenos presentes en
ella), aliviar la sintomatología que presenta el paciente, evitar posibles complicaciones y
prevenir que se produzcan recidivas de la infección.

Para alcanzar estos objetivos, la conducta terapéutica ante una Infección de Vías Urinarias
incluye, además de la utilización de fármacos, una serie de recomendaciones
complementarias que apoyan la acción antibiótica como: medidas higiénicas que
disminuyan el posible contacto de la flora entérica con el meato uretral, ingesta elevada de
líquidos que favorezca la eliminación de los uropatógenos, acidificación de la orina que
dificulta el desarrollo de las enterobacterias, etc.

Como tratamiento farmacológico se pautará la administración de antibióticos siguiendo, en


la medida de lo posible, los criterios básicos y las recomendaciones para cumplir con un
buen USO RACIONAL DE LOS ANTIBIÓTICOS.

La aplicación de una política de antibióticos racional y efectiva viene justificada por: el


incremento constante de resistencias bacterianas, la aparición de efectos adversos
innecesarios, la elección incorrecta del antibiótico y el elevado coste de la mayoría de los
tratamientos antimicrobianos. Para evitarlo, es necesario la elaboración de protocolos y
guías de tratamiento antimicrobiano que indiquen y recomienden cuáles son los criterios a
seguir, cuáles son los antibióticos a considerar de primera elección y las posibles
alternativas. Actualmente, realizar recomendaciones sobre la óptima utilización de
antibióticos forma parte de cualquier estrategia dirigida a un uso más racional de los
antibióticos disponibles.

A la hora de establecer recomendaciones para el tratamiento de una Infección de Vías


Urinarias Bajas es importante tener en cuenta que en el ámbito de la Atención Primaria
es necesario prescribir un tratamiento antibiótico de forma empírica, por: su alta
incidencia, el carácter habitualmente leve de la enfermedad, la imposibilidad de disponer
inmediatamente de la identificación del germen causante de la infección y del estudio de
sensibilidades que nos confirme los antibióticos a los que es sensible, así como por la
imposibilidad de demorar la instauración del tratamiento y por la prioridad asistencial de
iniciar un tratamiento antimicrobiano precoz.

Para establecer un tratamiento antibiótico empírico, de la forma más racional posible, es


necesario:

A. La identificación del tipo de infección urinaria en función de la clínica del paciente (si
se trata de una Infección de Vías Urinarias Bajas simple o complicada, si es un primer
episodio o se trata de una Infección de Vías Urinarias Bajas recurrente, etc.).

B. El conocimiento exhaustivo de la epidemiología de la infección urinaria consiste en


establecer la prevalencia de los agentes etiológicos más frecuentes en un área geográfica
o grupo determinado, así como la sensibilidad de estos microorganismos a los diferentes
antibióticos disponibles.

C. Elegir el antibiótico más adecuado según sus propiedades farmacológicas.

D. Aplicar la pauta terapéutica más apropiada en función del tipo de Infección de Vías
Urinarias Bajas y de las características del paciente.
Así, una vez diagnosticada la Infección de Vías Urinarias Bajas, deberá hacerse una
valoración que permita la selección adecuada del antibiótico entre todos los disponibles.

Los criterios utilizados para la elección de un antibiótico son múltiples y variados. Tanto los
médicos de Atención Primaria como los especialistas coinciden en afirmar que el
antibiograma facilita la elección del agente antimicrobiano, ya que al conocer las
resistencias bacterianas a los antibióticos puede optarse por el más sensible. Pero
independientemente de que ésta elección se realice con o sin antibiograma, los criterios que
fueron más citados por los expertos son los siguientes:

 Mínima toxicidad y elevada tolerancia


 Baja incidencia de resistencias bacterianas
 Efectividad
 Administración oral
 Administración en pauta corta (2-3 días), si bien en el caso de las infecciones
complicadas o recurrentes, o cuando existen enfermedades asociadas, ha de
optarse por pauta larga (8-10 días)
 Monodosis o el número mínimo de dosis posibles para facilitar el cumplimiento
 Menor riesgo de efectos secundarios
 Precio
 Comodidad.

El nivel de resistencia a los antibióticos es uno de los parámetros a considerar para la


realización de un consumo racional y uno de los principales criterios utilizados por el
personal médico para la elección de un fármaco. Su mal uso, debido a la elevada
automedicación y al incumplimiento terapéutico, genera la aparición de resistencias
bacterianas.