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la filosofía como actividad que el hombre ha desarrollado a lo largo de la historia, planteando

problemas en torno al ser de las cosas (problema ontológico), en relación a su conducta moral
(problema ético) y en relación al origen y validez de sus conocimientos (problema gnoseológico).

La filosofía es además una disciplina que nace de la cultura del mismo hombre como quehacer
racional que explica o critica la realidad para transformar el mundo en el que vive. “MARX”

La filosofía es una ciencia universal, difícil, rigurosa, didáctica, preferible, principal y divina”; la de
Santo Tomás de Aquino en la Edad Media: “La filosofía es la sierva de la teología” y la de
Emmanuel Kant en la época moderna: “La filosofía es una ciencia crítica que se pregunta por el
alcance del conocimiento humano”.

ÉPOCA ANTIGUA: La naturaleza y el hombre.


FILOSOFÍA MEDIEVAL: Dios y su relación con el hombre.
FILOSOFÍA MODERNA: El conocimiento y la ciencia.
ÉPOCA ACTUAL: La ciencia, la sociedad, el lenguaje y la política.

¿qué sentido tiene vivir?, ¿por qué existen las cosas y no más bien hay nada?, ¿cómo se originó
todo esto que veo?, ¿por qué se debe ser bueno?, ¿cuál es la diferencia entre creer y saber?, ¿por
qué me gustan algunas cosas y otras no?, ¿hasta dónde puede llegar mi conocimiento? ¿existe
Dios?.
La filosofía se ocupa con la totalidad de los entes -a diferencia de las ciencias,
cada
una de las cuales trata de un determinado sector de entes tan sólo. En este
sentido no
hay ningún saber que tenga radio mayor, un alcance más totalizador, que aquel
que es
propio de la filosofía. Podría pues caracterizársela diciendo que la filosofía es el
saber
más amplio de todos -ya que, según la definición aristotélica, no hay nada que no
esté a
su alcance, pues todo, de una manera u otra, cae bajo su consideración, nada le
escapa,
ni siquiera la "nada" misma

NIETZSCHE
¡SÉ TÚ MISMO!

Para Nietzsche el hombre debe atreverse a mostrarse a sí mismo. Sin


embargo, desde los tiempos más remotos el hombre piensa y obra según la
moda del rebaño, situación que provoca vivamos un mundo con Hombres
que no están contentos consigo mismos. Solo los artistas, dice Nietzsche
detestan la actitud relajada, hecha de convenciones y opiniones creadas.
La vida es nuestra única oportunidad para ser, pues sabemos que todos
moriremos de una vez y para siempre. El Hombre es un ejemplar único, y
ningún azar, por singular que sea, reuniría por segunda vez, en una sola
unidad, los elementos múltiples y curiosamente combinados de su
personalidad.
La explicación de Nietzsche es: que los hombres somos perezosos y
tememos a los compromisos que les crearían la sinceridad y la lealtad
absolutas.
De manera que cuando el gran pensador desprecia a los hombres, desprecia
su pereza, pues por ella, dice, se parecen a una fabricación en serie, sin
interés, indignos de que se ocupen de ellos y de que se les eduque.
Por ello el hombre joven piensa en su liberación, pues no hay, en la
naturaleza, criatura más triste y repugnante que el hombre que ha escapado
a su genio.
Con Nietzsche apreciamos la denuncia de la inhumanidad de las sociedades
humanas. Al leer a Nietzsche podemos darnos cuenta y ser conscientes de
los horrores de nuestras ciudades y los aparentes hombres que las habitan,
hombres que perdida toda la esperanza contribuyen a su destrucción.
Es por ello que debemos hacer todo lo posible por responder de nuestra
existencia ante nosotros mismos, tomar en nuestras manos lo más que
podamos de nuestro destino, en el curso de la cual debemos demostrar
porqué y con qué designio hemos nacido.
Te presentamos algunos consejos que Nietzsche nos da para embarcarnos
en este camino hacia el autodescubrimiento y autoconocimiento:
SOLO DE NOSOTROS MISMOS.
1)Debemos tener muy claro que nadie puede construirnos el puente sobre el
cual cruzaremos el río de la vida, nadie , absolutamente nadie a no ser
nosotros mismos.
2)“Cualquier ser humano quien no deseé ser parte de la multitud debe dejar
de hacerse las cosas fáciles. Déjenlo seguir su conciencia que lo llama: ‘Se
tú mismo! Todo lo que haces, piensas, deseas, todo eso no eres tú’”
3)“No hay manera de ayudar a cualquier alma a alcanzar la felicidad,
siempre y cuando se mantenga atado con las cadenas de la opinión y el
miedo ”
4)“No hay criatura más deprimente, triste en la naturaleza que un hombre
que ha evadido su propio genio y quien ahora mira hacia la derecha, ahora
hacia la izquierda, ahora hacia atrás, ahora en cualquier dirección”
5)“Nadie puede construir el puente por el cual tú, y sólo tú, debes cruzar por
el río de la vida”
CRUZAR EL PUENTE DE LA VIDA.
1)“Hay un camino en el mundo donde nadie más que tú puede caminar.
¿Hacia dónde lleva? ¡No preguntes, camina!”
2)“¿Cómo puede conocerse el hombre? Es un asunto oscuro, misterioso: si
una liebre tiene 7 capas, un hombre puede tener setenta veces siete capas
donde no podrá decir ‘Este eres realmente tú, ya no más tú exterior’ ”
ENCONTRARSE A SI MISMO.
1)“Permite al alma joven cuestionar su vida según las siguientes preguntas:
‘¿Qué es lo que has amado verdaderamente hasta ahora? ¿Algo ha elevado
tu alma, qué te ha dominado y encantado al mismo tiempo?’”
2)“Tus verdaderos educadores y cultivadores te revelarán el sentido original
y los principios básicos de tu ser, algo no muy ameno para la educación y la
instrucción por nadie más, pero siempre está la dificultad de acceso, algo
atado e inmovilizado; tus educadores no pueden ir más allá de ser sus
liberadores”
3)“Puede haber otros métodos para encontrarse a sí mismo, para despertar
hacia uno mismo de la anestesia en la que estamos sumidos normalmente
como una nube sombría – pero no conozco ninguno mejor que reflexionar
sobre los educadores y cultivadores de uno”
Friedrich Nietzsche.

Odio a los indiferentes. Creo que vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive,
no puede dejar de ser ciudadano y partisano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son
cobardía, no vida. Por eso odio a los indiferentes.

La indiferencia es el peso muerto de la historia. La indiferencia opera potentemente en la


historia. Opera pasivamente, pero opera. Es la fatalidad; aquello con que no se puede contar.
Tuerce programas, y arruina los planes mejor concebidos. Es la materia bruta desbaratadora de
la inteligencia. Lo que sucede, el mal que se abate sobre todos, acontece porque la masa de los
hombres abdica de su voluntad, permite la promulgación de leyes, que sólo la revuelta podrá
derogar; consiente el acceso al poder de hombres, que sólo un amotinamiento conseguirá luego
derrocar. La masa ignora por despreocupación; y entonces parece cosa de la fatalidad que todo
y a todos atropella: al que consiente, lo mismo que al que disiente, al que sabía, lo mismo que al
que no sabía, al activo, lo mismo que al indiferente. Algunos lloriquean piadosamente, otros
blasfeman obscenamente, pero nadie o muy pocos se preguntan: ¿si hubiera tratado de hacer
valer mi voluntad, habría pasado lo que ha pasado?
Odio a los indiferentes también por esto: porque me fastidia su lloriqueo de eternos inocentes.
Pido cuentas a cada uno de ellos: cómo han acometido la tarea que la vida les ha puesto y les
pone diariamente, qué han hecho, y especialmente, qué no han hecho. Y me siento en el
derecho de ser inexorable y en la obligación de no derrochar mi piedad, de no compartir con
ellos mis lágrimas.

Soy partidista, estoy vivo, siento ya en la conciencia de los de mi parte el pulso de la actividad
de la ciudad futura que los de mi parte están construyendo. Y en ella, la cadena social no gravita
sobre unos pocos; nada de cuanto en ella sucede es por acaso, ni producto de la fatalidad, sino
obra inteligente de los ciudadanos. Nadie en ella está mirando desde la ventana el sacrificio y la
sangría de los pocos. Vivo, soy partidista. Por eso odio a quien no toma partido, odio a los
indiferentes.
Antonio Gramsci

FÁBULA DEL PELOTUDO


Se cuenta que en una ciudad del interior, un grupo de personas se divertían
con el pelotudo del pueblo. Un pobre infeliz de poca inteligencia, que vivía
haciendo pequeños mandados y recibiendo limosnas. Diariamente, algunos
hombres llamaban al pelotudo al bar donde se reunían y le ofrecían escoger
entre dos monedas: una de tamaño grande de 50 centavos y otra de menor
tamaño, pero de 1 peso. Él siempre agarraba la más grande y menos valiosa,
lo que era motivo de risas para todos. Un día, alguien que observaba al
grupo divertirse con el inocente hombre, lo llamó aparte y le preguntó si
todavía no había percibido que la moneda de mayor tamaño valía menos y
éste le respondió: - Lo sé, no soy tan pelotudo..., vale la mitad, pero el día
que escoja la otra, el jueguito se acaba y no voy a ganar más mi moneda.
Esta historia podría concluir aquí, como un simple chiste, pero se pueden
sacar varias conclusiones:
La primera: Quien parece pelotudo, no siempre lo es.
La segunda: ¿Cuáles eran los verdaderos pelotudos de la historia?
La tercera: Una ambición desmedida puede acabar cortando tu fuente de
ingresos
La cuarta: (pero la conclusión más interesante) Podemos estar bien, aun
cuando los otros no tengan una buena opinión sobre nosotros. Por lo tanto,
lo que importa no es lo que piensan los demás de nosotros, sino lo que uno
piensa de sí mismo
MORALEJA:
"El verdadero hombre inteligente es el que aparenta ser pelotudo delante de
un pelotudo que aparenta ser inteligente"
- Roberto Fontanarros

¿Qué es la filosofía?
La mejor manera de acercarse a la filosofía es preguntarse cuestiones filosóficas. Son preguntas
cuyas respuestas no las encontramos en ningún libro o enciclopedia. Son preguntas que
permanecen sin respuestas.
Capacidad de asombro
La filosofía es un escándalo: el escándalo de la condición humana.
la filosofía nos aleja del mundo de la práctica, nos desvía de
la vida concreta, de sus problemas, ocupaciones y quehaceres.
Érase una vez un joven —nos cuenta nuestro admirable filósofo-escritor-
que parecía estar enfermo de amor. Pero
todos los que creían que estaba enamorado de una mujer se engañaban.
En verdad, se había enamorado de algo por completo diferente: amaba la
filosofía, concebida no como un ocio o
como una disciplina entre otras, sino como profunda pasión, como forma
de vida que quisiera elegir y abrazar. «Si
su frente pensativa se inclinaba como una espiga madura, no era porque
escuchara la voz de su amada, sino porque escuchaba el murmullo
secreto de sus pensamientos. Si su mirada se volvía soñadora, no era
porque codiciara la imagen de su dama, sino porque el movimiento del
pensar se le hacía visible».
Esto le procuraba casi un orgasmo especulativo: «Le gustaba partir de un
pensamiento particular, subir a partir de éste por la escala de la
implicación lógica, escalón tras escalón hasta lo más alto. Una vez
alcanzado el pensamiento más alto, advertía una alegría indescriptible, un
placer apasionado en precipitarse en caída libre en las mismas
implicaciones lógicas hasta volver a encontrar el punto del que había
partido».
se había enamorado de la filosofía desde su infancia. La filosofía que los
otros niños encontraban en los encantamientos de los cuentos o de la
poesía, él la encontró en la persecución rigurosa del movimiento
incansable de sus pensamientos. De esta manera, de movimiento en
movimiento, de abstracción en abstracción, terminó por perder contacto
con la realidad y volverse extraño al mundo.
Un día fatal fue a dar en esta proposición: de ómnibus dubitandum
est, «hay que dudar de todo». Este principio habría de marcarlo para
toda la vida. Si se quiere llegar a ser filósofo —se decía a sí mismo— es
preciso comenzar por aquí. Esta máxima se convirtió para él en una
tarea. Con el arma aguda de la dialéctica en la mano, comenzó a aplicar
la duda a toda teoría, a todo asunto o argumento que encontraba: atacaba
toda proposición, cada accidente y cada predicado, atacaba incluso la
realidad y el mundo entero, incluido él mismo.
Frente a la destrucción de toda certeza, empezó a percibir la peligrosidad
de la filosofía. Pero no era ya capaz de desembarazarse de ella, como si
un misterioso poder lo
encadenara. Era una especie de vértigo: cuanto más intentaba apartarla de
sí, tanto más era atraído por ella y en ella se precipitaba.
Sin embargo, Johannes Climacus no estaba seguro de dudar a fondo.
¿Qué debía hacer para dudar verdaderamente?
¿Bastaba para ello un simple acto del pensamiento? ¿O acaso se debía
comprometer en ello toda nuestra voluntad? ¿Y cómo?
La gente desconfía de esta disciplina, glorificada en otro tiempo como la
reina de las ciencias, y ríe cuando se da cuenta de que los filósofos se
contradicen. Es difícil hacerle entender a la gente que la filosofía,
precisamente, es el arte de contradecirse uno a otro sin anularse. La
sabiduría popular siempre se ha burlado y siempre se burlará de la
filosofía pues la considera un saber abstracto, inconcluyente, ineficaz.
Para el hombre de la calle, la filosofía no es sino la lógica de aquel
discurso que tiene por tema lo absurdo. O el arte de inventar razones para
dudar de lo evidente
Los verdaderos problemas filosóficos no acosan al
hombre para que los resuelva, sino para que los viva.
Se debe pensar para disentir o para estar de acuerdo, pero siempre
para asumir el ejercicio de la libertad

La filosofía nos entrena a pensar, a plantear problemas,


a poner en cuestión y a averiguar la consistencia de las
convicciones según las cuales vivimos. Nos enseña a
vigilar, a luchar
contra la resistencia tenaz de los prejuicios, a
liberarnos de la tiranía de lo obvio y de lo habitual.
Por eso la anécdota sobre Tales, que Platón pone en boca de Sócrates, quiere plantear
la cuestión en términos de un dilema: ¿qué es más importante?, ¿tapar pozos o
levantar la cabeza? Está claro que la filosofía se inicia en el acto mismo por el cual uno
levanta la cabeza buscando el fundamento. ¿Y qué es el fundamento? Es la
comprensión integral de lo real, articulando las razones que hacen a que las cosas sean
lo que son, en su totalidad. Tapar pozos puede ayudar a que no nos caigamos, pero es
una salida parcial, limitada y que, en definitiva, resuelve pero no resuelve.
Es decir; resuelve lo urgente, pero no el fondo. En cambio, la filosofía es una mirada
que va alfondo, aunque todo el mundo se ría, aunque la gente considere que hacer
filosofía es una tarea inútil, inocua, una pérdida de tiempo.
La descripción que encontrarán en el texto acerca del modo en que la gente
desprestigia al filósofo parece no haber cambiado hasta nuestros días. Tal vez lo
interesante es plantearse, ¿a quién no le conviene que se vaya hasta el fondo de las
cosas? Mostrar al filósofo como un extravagante, casi como el loco que se mostraba
que era Sócrates, fue en su momento y sigue siendo ahora una buena manera de
impedir profundizar con sensibilidad e inteligencia las razones por las cuales las cosas
son como son.

¿Qué es un amante de la sabiduría?


La definición de filosofía es una de las más famosas si la pensamos
desde la etimología: amor a la sabiduría, philos es amor y sophia es
sabiduría. Sin adentrarnos en cuestiones filológicas, podemos sin
embargo encontrar en la definición algunas no linealidades, sobre todo
si nos atenemos a cierto contrapunto que es posible encontrar entre los
textos aquí abajo presentados de República y Banquete.
La cuestión radica especialmente en la equiparación del filósofo con el
sabio.
De alguna manera, en un primer momento uno puede pensar que un
amante de la sabiduría se ve realizado en la medida en que alcanza ese
saber. Podría remitir a alguien que está todo el tiempo deleitándose en
el haber arribado a las respuestas y certezas fundamentales sobre las
cosas. Casi como alguien que hace de la curiosidad intelectual una
forma de vida y por ello no hace otra cosa que intentar despejar todas
sus dudas y conocer la realidad tal como es. Aquello que el sentido
común nombra con el término verdad.
Platón, sostiene que los filósofos son aquellos que aman contemplar la
verdad y por ello un amante de la sabiduría puede ser visto como
alguien que, habiendo alcanzado la verdad, se dedica a contemplarla o
hacer uso de ella para el bien, o lo que sea, pero claramente el acento
está puesto en una certeza absoluta alcanzada. Siguiendo con la
metáfora del amor, es como pensar que habiendo conocido a la persona
que uno ama, el acto por el cual se decide pasar con esta persona el
resto de la vida (un matrimonio, por ejemplo), resulta algo así como el
inicio del fin, o dicho de otro modo, uno alcanzó el amor y lo que resta es
disfrutarlo con su pareja.
Pero también puede pensarse de otro modo, tal como lo ilumina el mito
del nacimiento de Eros que aparece en el Banquete. El amante, o sea, el
que ama, es el que busca, el que desea. El objeto buscado, deseado,
amado, es un objeto que en la medida en que sea alcanzado disuelve el
sentido de la búsqueda. Quiero decir: un amante de la sabiduría, o sea,
un filósofo, es alguien que busca el saber y no alguien que lo alcanza. Si
lo alcanzase se convertiría en un sabio, pero entonces deberíamos
generar todo otro debate acerca de las posibilidades para el hombre de
convertirse en sabio.
Tal vez la naturaleza del filósofo tenga más que ver con la búsqueda que
con la certeza o, dicho de otro modo, tal vez la certeza no sea más que
una motivación para una búsqueda que nunca puede cerrarse. Si el
filósofo llega a la verdad, deja de tener sentido la filosofía, e incluso el
amor. Tal vez la sabiduría no sea más que un ideal nunca alcanzable. Y
también al revés, tal vez Platón nos está alertando sobre los pretendidos
sabios que quieren ocupar un lugar imposible para el hombre.
El Banquete es un libro en el que, a partir de la disertación sobre el
amor, nos permite advertir que la filosofía es una de las formas del amor
y, como tal, tiene como objetivo motivar e impulsar nuestra capacidad
de asombro, nuestra apuesta a la pregunta. Del mismo modo podemos
repensar hasta qué punto, cuando nos enamoramos, creemos estar
cerrando una situación y hasta qué punto el amor es algo que debe
permanecer siempre abierto y en búsqueda.