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Orozco Molina Cinthya Arai

SI03P

Experiencia y Aprendizaje

Mariana Robles

Ensayo
¿Somos dueños de nuestra propia vida?

“La naturaleza del hombre, sus pasiones, son producto cultural; el hombre mismo
es la creación más importante y la mayor hazaña de ese inconsciente esfuerzo
humano cuyo registro es la historia”. (Fromm, 1941)

Cuando escuchas las palabras naturaleza humana, piensas que es todo lo que
conforma un individuo, como lo biológico, las ideas innatas, los instintos, los
estímulos, los sentidos, etc. Lo que uno va haciendo espontáneamente. Así que
también pensar es una forma “natural”, porque es el cuestionamiento del cosmos
cuando el sujeto empieza a despertarse.

La filosofía, la historia y la biología, concuerdan por sus medios que sin razonar no
habría distinción alguna entre el hombre y el animal, a esto le llamamos evolución
por el asombro, la extrañeza que es similar a la duda, el homo sapiens empezó a
evolucionar, a buscar a encontrar y descubrir de dónde es.

Como dice Wittgenstein (1997) “Si digo a alguien: “Los hombres piensan,
sienten….”, parece que lo que hago es dar a esa persona uno información histórico-
cultural. Esta información podría tener la intención de mostrar a esa persona la
diferencia entre el hombre y otras especies animales.”

Pero no se han preguntado de donde vienen estas dudas, como… cómo fue que el
hombre empezó a tener ideas, sentimientos, estímulos; cómo aprendió a hablar, a
escribir, a socializar, a trabajar, a comportarse… Lévi Strauss (1969) habla de que
“No puede considerarse que el hombre Neanderthal, con su conocimiento del
lenguaje, sus industrias líticas y sus ritos funerarios, existe en estado de naturaleza:
su nivel de cultural se opone…”. Y tiene razón, ellos trabajaban en grupos, como la
mayoría de las personas. El hombre no vive aislado, vive en comunidad. Algunos
eran nómadas pero la mayoría viajaban en grupos. Ahora pasa lo mismo, hay gente
que dice no tener raíces para quedarse en un sitio, que prefiere viajar, ir de un lado
a otro sin establecerse, y es lo mismo, es que lleguen a donde lleguen habrá gente
de la que van a conocer, a aprender e incluso a veces, inconscientemente van a
adoptar ciertos modos.

Lo que hay que ver es que la naturaleza y la cultura, trabajan una con la otra, ya
que son componentes para el hombre, porque lo natural del ser humano es la cultura
en la que tenemos la capacidad de filiación, que es dada por una sociedad. Lo que
nos define y nos diferencia de las demás especies es nuestra capacidad de cultura,
nuestra competencia como especie para crearla. Pero ¿Qué es la cultura? ¿Por qué
es tan importante?

Hablar de cultura, me lleva en automático a pensar en el imaginario social de


Castoriadis, como una estructura que determina aquellas formas en que un colectivo
social piensa y se piensa a sí mismo, es decir que muchas de las creaciones del
hombre (si no es que todas) son producto de este imaginario que caracteriza una
época, un nivel, un estrato, un círculo de producción y de creación.

La cultura penetra profundamente en la vida humana y es necesaria para la


supervivencia del ser humano, debido a las carencias de la naturaleza. También es
exclusiva, ningún otro ser vivo la tiene, puede que aprendan cierto comportamiento
que adoptan después, como los chimpancés o los loros que aprenden por imitación,
limitando su capacidad, y carecen de un lenguaje, ya que comunican por señales
que pertenecen a la naturaleza y no a la cultura.

“La cultura es una forma de herencia social, no bilógica, que fluye del pasado,
generaciones tras generaciones” (Hollander, 1971) porque dependemos de ella
para obtener una perspectiva y un enfoque “norma” y coherente de la vida.

Somos tanta gente y tan diferente, por lo cual cada país tiene su propia cultura y es
identificado por esa misma. Dependemos de ella para desarrollar nuestras
cualidades. Como decía Lévi Strauss (1969) “La cultura no está ni simplemente
yuxtapuesta ni simplemente superpuesta a la vida. En un sentido la sustituye; en
otro, la utiliza y la transforma para realizar una síntesis de un nuevo orden.”

Y es que, no sé, pero, para mí hablar de cultura, también me lleva casi en automático
a pensar en la “normalidad”.
La normalidad es un modo de orden social, por la que se imparten ciertos estatutos
para la organización, logrando controlar el ambiente y la comunicación en el tiempo
y el espacio. La conducta del hombre, no está dirigida por los instintos, sino que
puede transformarse con el aprendizaje, como menciona Hollander (1971) “Una
cultura suministra a los individuos una serie de respuestas elaboradas para los
problemas capitales de la vida. Asimismo, establece las relaciones rutinarias y los
ordenamientos sociales que contribuyen a resolver las necesidades vinculadas con
la supervivencia, la protección y educación (…) y muchas otras funciones sociales
(…). Por lo tanto, una cultura constituye un medio para hacer frente al mundo.”

El ser humano es un animal social que produce sus propias condiciones de vida,
pero varía en cada lugar y en cada individuo.

Algunas condiciones para el orden social suelen ser las reglas como respetar a los
demás, no tirar basura en la calle, dar el paso a los adultos mayores, etc.

Otra condición, pueden ser los gustos, estos se van desarrollando mientras
prosperas socialmente, educativamente y políticamente. El punto es que vayas
descubriendo lo que te agrada, con lo que los demás han logrado aportar como la
ideología de que una niña sólo juega con muñecas; mientras que los niños juegan
con carros y a las luchas.

Incluso en la familia podemos notarlo como en el aspecto en que se instaura al


contraer matrimonio, “…familia, característico de la civilización moderna, es decir,
el basado en el matrimonio monógamo, en el establecimiento independiente de la
pareja de recién casados, en la relación afectuosa entre padres e hijos.” (Lévi
Strauss, 1956) la mayoría de las civilizaciones tienen esta idea, por lo que se
permitiría decir que es una institución fundamentada en la sociedad.

Además también la “familia” conlleva a un sistema clasificatorio de mamá, papá,


hermano, tío, abuelo, primo, etc. Para que al final también uno logre clasificar a más
gente como el amigo, vecino, primo, la prima del amigo, etc.

Dejando en claro que dependemos de la sociedad para la producción de la


subjetividad y la sexualidad, porque es un campo de conflictos y acontecimientos
unidos. Con el fin de lograr los ideales o deseos que toda una población o un grupo
quiere, que suele ser protección y producto. Formando modelos psicosociales, un
ejemplo de esto es la creación del “tipo ideal” de la paternidad: ser proveedor; de la
maternidad; es el reconocimiento como mujer y ser la encargada de la crianza;
hablando en términos generales, porque cada cultura tiene su aspecto.

Tomaríamos entonces a la normalidad como lo más habitual, algo que sirve de


modelo o punto de referencia para medir algo. Cabría preguntarse aquí ¿no tiende
el individuo más hacia lo estándar que hacia lo “normal”?

Esta estandarización podría implicar el riesgo de la pérdida de identidad del sujeto


y aunque podemos considerar que el grupo opera también una especie de
“salvataje” colectivo del individuo que tiene dificultades de identificación, debemos
también tener en cuenta que puede ser al precio del renunciamiento a ciertos
aspectos originales. Ya no se favorece la originalidad, y ¿podemos acaso seguir
hablando de “normalidad” en el sentido pleno del término sin respeto a la
originalidad?

La última condición importante serían las prohibiciones, aquí hay varias, está el
aspecto ilegal, que se construye para un orden, mediante normas, dejando
restringidos algunos aspectos. Uno aún más común, la prohibición del incesto “el
incesto es directo y el propósito de prevenirlo pudo ser consciente; (…) el incesto
sería una tentación fantaseada, mediada por unos eslabones intermedios
inconscientes.” (Freud, 1989) también dicen que luego lo prohibido te incita más a
cometerlo, y tengo la creencia que si es restringido es porque ocurre.

Puedes hablar de que algún familiar se te haga atractivo para la sociedad, pero si
te vas más allá, la mayoría de la gente empieza a criticarte. Tal vez por celos o la
misma vergüenza de que también ellos piensen lo mismo. En épocas pasadas en
algunos lugares no estaba prohibido, era natural que pasara, a veces lo usaban las
familias poderosas, como los reyes, para mantener el linaje.

Todo esto lo explique en términos generales. Si lo analizan, hay algunos aspectos


que no causarían un gran daño en la sociedad, pero si no cumples con esto, aun
así provocarías un daño en la familia y que también pueda lograr afectarte, un
ejemplo de castigo puede ser la exclusión.

Al recorrer todo esto podría citar de Fromm (1941) que “Hay ciertos factores en la
naturaleza del hombre que aparecen fijos e inmutables: la necesidad de satisfacer
los impulsos biológicos y la necesidad de evitar el aislamiento y la soledad moral”.
Por lo que el ser humano tiene que crecer y sobrevivir mediante un sistema de
producción y de distribución de cada cultura determinada. Motivando acciones y
crecer sentimientos, exigiendo estas satisfechos, formando fuerzas poderosas para
forjar el proceso social y con ellas la conciliación de un sujeto capaz de entender e
interpretar el mundo y las cosas que sucedan en marco de la normalidad.

Por eso insisto ¿somos dueños de nuestra propia vida?

Considero que si eres dueño de tus propias decisiones, porque es evidente que te
vas formando por ciertas ideas, pero esos arquetipos son seleccionados de una
multitud de cosas que se te inculco y estas por conocer. Entonces creo que jamás
podríamos saber si se puede ser natural, mucho menos serlo, porque como vimos,
sea como sea va haber un estímulo que seguirás, y algo que se me quedo grabado
fue que el sujeto suele repetir las cosas. Más bien yo le cambiaría la palabra dueños
por errantes de nuestra propia vida.
Bibliografía

- Castoriadis, Cornelius (2006) Las significaciones imaginarias en


Una sociedad a la deriva. Buenos Aires, Argentina: Katz.
- Castoriadis, Cornelius (2002) Institución primera e instituciones
segundas en Figuras de lo pensable. México: F.C.E.
- Sigmund, F. (1989). Tótem y tabú, Obras completas, Vol.XIII.
Buenos Aires: Amrrortu.
- Fromm, E. (1941). El miedo a la libertad. Buenos Aires: PAIDOS
BUENOS AIRES. p.150.
- Hollander, P.E. (1971). Principios y métodos de psicología social.
Buenos Aires: Amorrortu editores. p.471.
- Lévi-Strauss, C. (1969). Estructuras elementales del parentesco.
Barcelona: PAIDÓS. p.42.
- Lévi-Strauss, C., Spiro, M. E. & Gough, K. (1956). Polémica sobre
el Origen y la Universalidad de la familia. Barcelona: Anagrama.
- Linton, R. (1965). Cultura y personalidad. México: Fondo de
Cultura Económica. p. 158.
- Wittgenstein, L. (1997). Observaciones sobre la filosofía de la
psicología, Vol. II. México: UNAM Instituto de investigaciones
filosóficas. p. 737.