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Introducción

El tiempo y los recursos son restricciones para todos. Las empresas deben producir cierta
cantidad de productos con una calidad, precio de producción y de venta aceptable en el
mercado con una cantidad limitada de recursos, para así lograr el mayor beneficio posible.
Las familias y las personas deberán decidir en qué gastar sus ingresos, dando más
importancia a ciertos bienes que a otros, es decir, priorizar.

Como se sabe, la oferta y la demanda se constituye como un fenómeno relevante dentro


de la economía, debido a que básicamente fija un estándar de comparecencia entre el
deseo y la posibilidad de adquisición de un bien por parte de las familias, y el deseo y
posibilidad de una determinada empresa de producirlo, con la finalidad de establecer un
punto donde la oferta y la demanda se crucen y/o coincida.

En otras palabras, el fenómeno al que se alude actúa como un regulador económico, es


decir, determina la cantidad que se debe producir y el precio al que se debe ofrecer el
bien producido para mantener un equilibrio en la economía.

Sin embargo, hay excepciones en que el precio de un bien es influenciado por


mecanismos distintos al de oferta-demanda, como por ejemplo el poder monopólico.
La interrogante que tal mecanismo desprende dice relación con los beneficios o
problemas que puede generar en la economía y en las familias, además cómo éste en
algunos casos incide en la oferta y la demanda, son interrogantes que se pretenden
trabajar a lo largo del ensayo, con el objetivo de aproximarnos a una respuesta objetiva y
analítica que sustente la hipótesis de que el mecanismo señalado anteriormente trae
consigo más efectos negativos que positivos.

Tomando en cuenta que en una economía de libre competencia como lo es la chilena, es


de suma importancia que la asignación de recursos de la sociedad no esté centralizado,
sino más bien compuesto por una pluralidad de agentes, por lo mismo el defecto de un
sistema como este se puede ver manifestado en el poder monopólico.

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Poder monopólico

Generalmente se tiende a hablar de monopolio en vez de poder monopólico, pero resulta


mucho más adecuado utilizar la última expresión, porque según Carlos Massad (2004) no
es necesario que exista un solo vendedor para que haya poder monopólico, basta que los
productos de una empresa se diferencien de los productos de otras y así ganar algún
poder para establecer precios más altos.

El poder monopólico nace cuando el precio de un bien se encuentra influenciado por una
determinada empresa o en su defecto por un conjunto de estas, dando origen a lo que se
conoce como competencia imperfecta.

La primera problemática que es posible observar surge debido a la existencia de


empresas que producen en cantidades muy grandes, por tanto, una empresa más
pequeña va a carecer de escenario para poder comercializar sus productos, generando
dos problemas más:

1. Por un lado, será un tanto complejo que aparezcan nuevas alternativas porque
lógicamente se está estancando el emprendimiento de las pequeñas empresas
emergentes que deseen producir bienes, y estas al ver que no logran el avance
que desean, terminarán abandonando el mercado.
2. Asimismo, las familias serán afectadas negativamente al no contar con una
alternativa del producto que quieren adquirir y estarán limitadas por la única opción
que se les presenta.

Las consecuencias en la demanda pueden ser relativas; las familias pueden optar por
adquirir el bien producido por una única empresa o bien no adquirirlo, a modo de ahorrar
para gastar en otro bien que sea más importante que aquél.
En lo relativo a la oferta, si el bien es altamente demandado, se producirá más de él, en
consecuencia subirá el precio del producto, para así, producir mayor cantidad y ampliar lo
que se ofrecerá en el mercado.

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Colusión

Una segunda problemática tiene origen debido a las barreras de entrada que son
impuestas de forma legal o natural, que impide que nazcan nuevas empresas, generando
una carencia de competencias entre éstas. Debido a lo mismo, las empresas tienen la
libertad de regular el precio a su antojo, llegar a un acuerdo entre ellas y subir los precios,
derivando en lo que se conoce como colusión o de otro modo bajar los precios, siempre
con el objetivo de eliminar la competencia.

Para que una empresa se mantenga en el mercado debe producir y vender un número
cercano a la cantidad demandada, a un precio de producción bajo obteniendo una
calidad óptima para tomar un lugar de preferencia en el mercado frente a productos de
empresas competentes. Esta sería la competencia más sana que se puede producir entre
empresas, pero no siempre es de esta manera como se llevan a cabo estas relaciones en
la economía.

Algunas empresas con la finalidad de aumentar las ganancias recurren a métodos ilícitos
que dañan directamente a los consumidores, tal es el caso de la colusión, donde las
empresas dedicadas al mismo bien o servicio, mediante un acuerdo, pretenden instaurar
un control en la relación de oferta y demanda, para así, fortalecer a determinado sector de
la competencia, o en el caso más extremo, eliminar la competencia cobrando precios
sumamente bajos en forma transitoria, pero, ¿por qué esta no quiebra?, la razón es
simple: posee un mayor capital, logrando mantenerse en el mercado por un periodo de
tiempo más extenso o al menos hasta que logre que las demás empresas con menos
capital no soporten la disminución en el precio del producto, llevándolas así a la quiebra.
De esta manera las empresas son capaces de cobrar precios exhaustivos a los
consumidores, quienes se ven obligados a pagarlos si quieren adquirir un determinado
bien o servicio.

En Chile se pueden encontrar casos muy actuales que se refieren a la colusión, siendo
uno de ellos, además de ser muy conocido, el que reunió a las dos empresas productoras
de papel higiénico (tissue) con mayor poder en el mercado; CMPC y SCA.

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Se estima que durante los 10 últimos años, ambas empresas acordaron establecer
precios elevados a toda clase de papel sanitario que se produjera, generando utilidades
exuberantes a través de las necesidades de miles de personas.

El hecho también pudo haberse dado de otra manera; ambas empresas al tener más
capital podrían haber bajado sus precios con el objetivo de eliminar la competencia de las
empresas más pequeñas, pero no fue necesario debido a que la competencia no existía,
es decir, no tenían grandes competidores, por lo que no tuvieron dificultad para llevar a
cabo el acuerdo.

La regulación y la protección de la libre competencia se garantizan mediante instituciones


especializadas. Al respecto, ha sido importante aquí el mecanismo de la delación
compensada que adoptó Chile el año 2009, con este se ha logrado investigar y detectar
los casos de colusión que atentan contra el bienestar social y la libre competencia. No
solo se están dañando los elementos mencionados, sino también, la situación genera
cuestionamientos sobre el rol del empresario, y al mismo tiempo, sobre el modelo
económico imperante.

Se aprecia entonces que el problema se degenera en un abuso en los precios, lo cual


seguramente se puede evitar si existe más competencia, porque la empresa que quiera
elevar sus precios se verá perjudicada por las demás que cobran menos por el bien
producido, obligando a dicha empresa a apegarse a la línea estándar que siguen todas
las demás.

De la problemática anterior se desprende un tercer gran problema; al haber poca


competencia, las personas están obligadas a aceptar el precio que la empresa o las
empresas coludidas fijen para la obtención del bien determinado. Muchas veces el
insumo o servicio que las personas necesitan adquirir es básico y relevante para subsistir,
entonces ¿Cómo pueden actuar las personas frente a tal situación? lamentablemente
para los sujetos, las soluciones que se les presentan son dos. Adquirir el producto, aun
así cuando éste se encuentre sobrevalorado, es decir, a un precio extremadamente
elevado o bien no adquirirlo y encontrar la manera de poder subsistir de ese bien o
servicio básico.

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Ambas alternativas traen consigo más problemas. Si las personas pagan demasiado por
un bien, corren el riesgo de que su capital disminuya paulatinamente y que por adquirir
ese bien, limiten sus posibilidades de adquirir otro que puedan necesitar o desear.
Además, si las personas optan por no adquirir el bien, ya sea por motivos de falta de
capital para pagar el costo elevado de este u por alguna otra razón, se están limitando en
la satisfacción de una necesidad que muchas veces puede ser básica, lo que deriva en
una limitación hacia las familias para poder obtener una buena calidad de vida.

Como cuarto problema, debido al poder monopólico y junto con ello a la poca
competencia, se puede generar una disminución en la calidad de los bienes. Las
empresas, al no tener competencia carecen de incentivo para producir un bien que
contenga la calidad que debería, puesto que aunque ésta sea deficiente las familias no
tendrán más alternativas y por tanto, obligados por el deseo de satisfacer la necesidad,
van a adquirirlo sí o sí.

La discriminación de precios es un fenómeno económico referido a que un mismo bien o


servicio se vende en distintos precios, dependiendo de quien lo compra o las
circunstancias en que se compra, con la finalidad de maximizar beneficios. Las empresas
monopólicas son los principales agentes discriminadores de precios. Esto tiene efectos
negativos para los compradores, los precios variarán por diversos factores (época del
año, stock de productos, clima, etc.) y en un mercado contaminado de poder monopólico,
el comprador “desfavorecido” no tendrá más alternativa. Aun así, existe la posibilidad de
que una empresa que no posea poder monopólico aplique discriminación de precios, esto
para seleccionar la clase de clientes que desea, proteger su capital (en el caso de los
bancos, aplican discriminación de precios al momento de aprobar a las personas para
entregarles créditos).

Ejemplos de esta situación se observan en: el alza de precios de los pasajes en bus, en
fechas festivas o en el alza de precio del chaleco reflectante cuando su uso comenzó a
ser obligatorio.

En lo que se refiere a los beneficios del poder monopólico, es mínimo lo que éstos pueden
influir en la economía y en las familias. Generalmente los beneficios se adjudican a la
misma empresa que mantiene el poder monopólico, sin embargo, existen ocasiones en

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que el Gobierno regula el precio de ciertos bienes que son difíciles de importar, resultando
un beneficio debido a que limita que el precio de dicho bien se eleve.

Otro beneficio que puede tener el poder monopólico, dice relación con las patentes de
invención que son asignadas a los inventores por un cierto plazo, ¿Qué beneficio pueden
tener éstas? incentivar y fomentar la innovación, de manera que el desarrollo no se
estanque.

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Conclusión.

En un mundo globalizado económicamente, como el actual, es de suma relevancia


comprender el fenómeno de oferta y demanda, puesto que, teóricamente, es quien rige la
relación micro y macroeconómica. sin embargo, no se debe caer en la idea de que solo
con la oferta y demanda se puede hacer funcionar la economía. La mayor parte del
mundo busca poder económico y, para conseguirlo todo método es válido; según
Maquiavelo “el fin justifica los medios” y es totalmente aplicable a la economía.

Las distintas variables de la oferta y demanda, como algunos lo llaman “excepciones” es


más bien algo que enfrentamos a diario, a cada momento, con cada compra, y lo más
probable es que todo siga funcionando así.

Al centrarse en la tarea de solucionar dicho problema resulta sumamente complejo,


puesto que cualquier medida que tome un gobierno para evitar la colusión por ejemplo,
práctica ilícita, no logrará que esto se deje de hacer, muchas veces el grado de colusión
escapa de los límites de un país, afectando al mundo entero, superando las fronteras más
lejanas, dañando de forma definitiva el sano desarrollo de las oportunidades para la
economía y para el mejoramiento de los bienes y servicios.

Se puede apreciar que el poder monopólico concede mucho poder a unos pocos dentro
de la economía, afectando de forma negativa a las familias y a su desarrollo dentro de
ésta. Además, funciona como un mecanismo que debilita la competencia que debería
existir del mercado, actuando de una forma que para nada es sana.
A pesar de que existan beneficios, éstos no alcanzan a solventar todo lo negativo que el
poder monopólico trae consigo.

La tesis planteada al inicio del ensayo pudo ser comprobada; los beneficios del fenómeno
monopólico no son suficientes para sustentar un economía regulada de esta manera,
puesto que generaría más problemáticas de las que actualmente surgen con la economía
como está, y aun así, con una economía estable como la que se considera que hay,
surgen problemas que muchas veces son complejos de resolver.

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Concentrar el poder económico en pocos, sería lanzar los sueños de las familias, sus
necesidades a una especie de precipicio; los precios llegarían a elevarse tanto que
acceder a los bienes sería suerte de pocos.

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Bibliografía

Massad, C. (2004). Economía para todos. Santiago: Editorial Maval LTDA.


Maquiavelo, N. (2010). El príncipe (Vol. 204). Ediciones AKAL.