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Los Riesgos: parte de nuestra vida

cotidiana

Los riesgos son parte de nuestra vida diaria, en el trabajo, en el hogar y en la


calle. Es algo habitual, no excepcional. Si asumimos esta realidad podremos
elevar inmediatamente nuestra propia calidad de vida, la de nuestros
conciudadanos y la de la sociedad.

Los riesgos, en términos simples, se definen como un evento que puede


ocurrir y causar resultados no deseados. De este principio se determina
que antes de poder controlar los riesgos primero hay que evaluarlos y así
desarrollar diversas alternativas: controlarlos, mitigarlos o reducir sus
consecuencias, desplazarlos o simplemente ignorarlos.

Evaluar los riesgos y definir las medidas a tomar es función del


profesional de seguridad que introduce múltiples factores en la
“fórmula” frente a una situación dada: qué puede ocurrir? ¿Cuáles son
las posibilidades de que ocurra? ¿Cuáles son las consecuencias si se
produce el suceso de riesgo?
Lo interesante de este tema reside en que este tipo de análisis involucra
desde la vida personal, las empresas, las organizaciones y hasta los
distintos estamentos del Estado. Como el riesgo es un evento con
resultados no deseados surgen muchos interrogantes: en lo personal,
¿analizo y evalúo los riesgos? En la vida laboral, ¿contemplo la
posibilidad de causar eventos no deseados? En lo empresarial, ¿estoy
asumiendo riesgos inadvertidamente que ponen en peligro mi empresa o
generando riesgos en la sociedad? En lo social, ¿hasta qué punto estoy
exponiendo a mi familia a sucesos indeseados? El Estado ¿me protege de
estos riesgos, los aumenta o es un generador de nuevos riesgos? La
empresa o empresas ¿cómo se comportan con la sociedad que las
contiene? Los organismos públicos o privados ¿toman medidas para
proteger a su personal y clientes? Y así sucesivamente.

En términos más serios, los Estados desarrollan múltiples estructuras


para la mitigación de riesgos internos y externos que pudieran afectar a
sus ciudadanos. Este es el modelo básico de control de riesgos y sobre
esta base se proyecta a todos los estamentos sociales.

Por ejemplo, la salud pública, con un alto grado de excelencia mitiga


todo tipo de riesgos que pueden perjudicar la salud de la población, por
extensión, cada familia previene los riesgos de los que puede resultar ser
víctima.
La seguridad individual es tan efectiva en cuanto la seguridad pública
sea también extremadamente efectiva. De allí que el delito puede ser
mitigado por el ciudadano pero no eliminado, ya que la remediación del
riesgo de delito está en manos del Estado y esa es su responsabilidad.
El riesgo implicado por los delitos no solo afecta al ciudadano, al igual
que las enfermedades o las condiciones socio-económicas, sino que
afectan a la infraestructura básica de una Nación. De allí que el Estado y
el Gobierno son los responsables directos de dicha infraestructura. De
allí que la salvaguarda de la Nación descanse en el Gobierno y no en los
ciudadanos, que poco pueden hacer más que protegerse de la mejor
manera posible de los riesgos interiores y exteriores a los que están
sometidos.

La visión total del riesgo como factor causante de resultados no deseados


borra la falacia de que el delito, catástrofes, incidentes, corrupción,
epidemias, terrorismo, sabotajes, fallas en la economía, en la seguridad,
en la salud y demás temas sociales son producto de la casualidad o de la
mala suerte. Son consecuencia directa de haber negado los riesgos, es
decir, no haber hecho nada para prevenirlos: de ignorarlos.