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Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

Tema 3. Ansiedad

La ansiedad es una sensación subjetiva que presentamos ante situaciones que valoramos
como amenaza o riesgo, ya sea por su carácter novedoso o imprevisto, o por la
intensidad del estímulo. Esta situación pone en alerta al cerebro, que es el encargado de
promover la respuesta adecuada. Algunas de estas respuestas se encuentran
«programadas» y son por tanto automáticas, mientras que otras se realizarán de manera
consciente.

En último caso, la parte consciente debería estar capacitada para moderar, dirigir y
poner punto final a las distintas reacciones desencadenadas por la situación
desencadenante. Como puede verse, se trata de un fenómeno tan antiguo como la vida
misma, cuya finalidad es utilizar al máximo nuestros recursos ya sea para enfrentarse al
«agresor» o para huir, pero teniendo siempre como objetivo de fondo el instinto de
supervivencia.

La ansiedad normal habrá que distinguirla —como veremos en su momento— de la


ansiedad patológica, en la que la respuesta de alerta es desproporcionada para la
situación existente, se prolonga excesivamente en el tiempo o se presenta sin un motivo
aparente. Aunque la ansiedad se pueda presentar y valorar como un síntoma aislado, lo
normal es que se presente dentro de un grupo de síntomas, o síndrome ansioso, que
incluirá otras manifestaciones como son:

a)Síntomas motores: ocasionados por el aumento de la tensión muscular, como la


dificultad o incapacidad para relajarse, la inquietud, el temblor, los dolores de cabeza y
el cansancio;

b) Síntomas fisiológicos: debidos a la mayor actividad del sistema nervioso autónomo


(o vegetativo) y al aumento de adrenalina y cortisol en la sangre, como las
palpitaciones, sudoración, mareos, sequedad de boca, diarreas, etc.

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c) Síntomas psicológicos: en relación con un estado de hipervigilancia o de alerta, como


insomnio inicial o de conciliación, preocupación, temores, irritabilidad, distraibilidad o
aprensividad.

Así pues, ante una situación determinada, primero el cerebro la califica como
amenazante. Posteriormente pone en activación algunos circuitos cerebrales específicos,
y éstos desencadenan una respuesta fisiológica, a través de determinadas hormonas y
del sistema nervioso periférico, ordenada a defendernos del supuesto agresor.

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Puede volver a servirnos el tradicional ejemplo de la reacción que tenemos cuando nos
encontramos ante un animal peligroso. Las alternativas habituales son: salir huyendo o
enfrentarnos a él. En ambos casos, y sin tiempo para plantearnos nada, se produce una
reacción en nuestro organismo dirigida a ponernos en las mejores condiciones para huir
o pelear. El corazón va más rápido para aportar más sangre a los músculos; las pupilas
se dilatan para intentar estar más atentos; la respiración tambiénse acelera para aportar
más oxígeno; la sangre se desplaza de los vasos de la piel a los del interior, por lo que
nos ponemos pálidos y con escalofríos, etc. Todas estas operaciones las realiza el ya
mencionado sistema nervioso autónomo, más en concreto una parte de este sistema
denominado sistema nervioso simpático. Frecuentemente, este agresor es manifiesto (el

animal peligroso), pero en otras ocasiones —y esto se podría entender como una
ansiedad más genuina— no existe tal agresor, y la ansiedad se presenta incluso en
situaciones de relax aparente. En estos casos, el desconcierto por la situación de alerta
creada y su malestar acompañante pueden actuar cerrando el circuito, y aumentando por
tanto la ansiedad inicial. Se trataría en este caso de lo que algunos han calificado miedo

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al miedo o como miedo a un «enemigo sin rostro». La ansiedad normal suele acompañar
al proceso de crecimiento individual, a cambios y nuevas experiencias que van
sucediéndose a lo largo de su vida, y al propio descubrimiento por parte del individuo
de su identidad y del sentido de la vida.

De ahí que determinadas fases del crecimiento infantil, la adolescencia, el inicio de la


universidad o del primer trabajo, los comienzos al formar una familia, los inicios de la
menopausia, la jubilación, una enfermedad terminal, el desempleo, etc., se encuentren
estrechamente relacionados con esta ansiedad normal.

Ansiedad psíquica y ansiedad física (somática)

La distinción entre ansiedad psíquica y ansiedad somática es más que nada teórica, ya
que en el fondose trata de las dos caras de un mismo fenómeno. La ansiedad psíquica se
refiere fundamentalmente al componente de preocupación, obsesión, miedo, necesidad
de búsqueda de ayuda, percepción de pérdida del control, etc. La ansiedad disminuye la
concentración y por tanto dificulta el aprendizaje; distorsiona las percepciones; reduce
la memoria, sobre todo por afectarse la capacidad de retención de nuevos datos; además
de alterar la capacidad de asociar o relacionar conceptos. La ansiedad somática, en
cambio, se refiere a las manifestaciones corporales: palpitaciones o aceleración del
ritmo cardíaco, temblor, escalofríos, hormigueos, sequedad de boca, sudoración,
dificultad para respirar o para tragar, sensación de inestabilidad, etc.

Esta relación tan estrecha entre ambos tipos de ansiedad se manifiesta en el hecho de
que cualquier idea, imagen o recuerdo que genere ansiedad psíquica, automáticamente
se manifestará por algunos o todos los síntomas somáticos mencionados. En el sentido
contrario, la percepción de los síntomas somáticos (temblor de las manos, voz quebrada,
rubor de la cara, etc.) desencadenará la aparición de ansiedad psíquica, al ser más
consciente la persona de la sensación de peligro, o por vergüenza ante la imagen que
pueda estar dando hacia el exterior.

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Ansiedad exógena vs. Endógena

La diferencia entre los dos tipos de ansiedad hace referencia al origen del
desencadenante de la ansiedad. Hablamos de ansiedad exógena cuando el origen se
encuentra en un estímulo exterior al sujeto, como una situación estresante en sí misma o
el efecto de alguna sustancia, por ejemplo los psicoestimulantes (como una dosis mayor
a la habitual al café). La ansiedad endógena estaría originada por el propio sujeto, ya sea
dentro de un trastorno de ansiedad o por una disfunción fisiológica (cambios
hormonales en torno a la menstruación, hipertiroidismo, etc.).

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La ansiedad endógena es predominantemente somática, mientras que la exógena es más


psíquica y suele tener un mayor componente familiar y aparecer a edades más
tempranas. La ansiedad exógena dependerá más en su evolución de que permanezca o
no el estímulo desencadenante sin que vuelva en principio a reaparecer, mientras que la
endógena es más fácil que perdure o que haya recaídas futuras.

Por último, en los casos de ansiedad endógena existen algunas sustancias que cuando se
administran a estas personas desencadenan la ansiedad, como el ácido láctico, cosa que
ocurre con menos frecuencia en las personas con ansiedad exógena.

Ansiedad exógena Ansiedad endógena

Origen Externo. Desencadenado Interno. Espontáneo

Antecedentes familiares Ausentes Presentes

Tipo de ansiedad Predominio psíquico Predominio somático

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Curso Continuo y fluctuante Crisis

Evolución Depende del estímulo Independiente del estímulo

Presentación Todas las edades En jóvenes

Conciencia de No: lo atribuye al ambiente Sí: lo atribuye a


enfermedad enfermedad

Marcadores No Sí (por ejemplo, lactato)

Pronóstico Remite al ceder el estrés Recidivante

Pérdida del control Menor Mayor

Respuesta a psicoterapia Buena Mala

La ansiedad es eficaz cuando permite a la persona obtener un mayor rendimiento de sus


capacidades, lo cual es necesario para solventar las situaciones que se salen de lo
ordinario. Se diría que es como el recurso a utilizar el acelerador para ir más rápido o
cambiar la marcha del automóvil para disponer de más potencia y subir una cuesta
empinada. Esta ansiedad no es dañina salvo que se mantenga excesivo tiempo, y en
cualquier caso suele precisar un periodo de relajación de diversa intensidad para
recuperar la situación originaria y estabilizarse. Antes de un examen o si queremos
levantarnos temprano y realizar una serie de tareas antes de llegar al avión, es buena una
cantidad de ansiedad que nos hace de hecho rendir a un buen nivel reteniendo más datos
o realizando las tareas con mayor rapidez. Esa ansiedad, a partir de un cierto nivel,
empieza a ser ineficaz y muy posiblemente más dañina, haciendo que no retengamos lo
estudiado o nos confundamos de capítulo del temario, o que se haga realidad el famoso
refrán de «vísteme despacio que tengo prisa». La ineficacia es una de las características
de la ansiedad patológica. Esta ineficacia se deriva entre otras cosas de que la ansiedad
patológica focaliza su atención en la propia respuesta del individuo ante la amenaza, y
no tanto en la amenaza en sí, por lo que no resolverá la situación tan fácil y
adecuadamente.

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(Texto extraído íntegramente de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=27130102ER )

Como resumen, podemos decir que la reacción de activación que forma parte de la
ansiedad y el estrés puede ser una respuesta adaptativa cuando cumple una función para
la que, a lo largo del desarrollo filogenético, se ha venido desarrollando hasta formar
parte de nuestro repertorio psicofisiológico y conductual. Esta función no es otra que la
de actuar como mecanismo de atención, alerta, preparación y protección frente al
peligro. Es decir, se trata de una reacción que prepara o activa al organismo para dar
respuesta y solución a las demandas de la situación que evaluamos como
potencialmente peligrosa. En este sentido destacamos que la ansiedad (su componente
de activación), por sí misma, no es una reacción negativa o necesariamente patológica,
sino más bien todo lo contrario: cumpliría una función esencial para la supervivencia
del individuo, como mecanismo clave de alerta y preparación ante posibles peligros,
amenazas o exigencias ambientales, facilitando una serie de recursos excepcionales para
un afrontamiento rápido, ajustado y eficaz en situaciones límite. Pero la ansiedad puede
llegar a convertirse en una respuesta desadaptativa, y constituirse en un trastorno
psicológico altamente incapacitante. Debemos hablar entonces de la vertiente patológica
de una reacción natural. Para que esto se produzca, la respuesta de ansiedad mostrará las
siguientes características:

o Será desproporcionada y/o injustificada ante estímulos o situaciones ambientales


cotidianas,
o Escapará del control voluntario de la persona afectada,
o Tendrá un carácter intenso y recurrente,

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o Generará disforia, es decir, incomodidad y malestar significativos,


o Interferirá negativamente en la vida de la persona en múltiples ámbitos.

Como se puede observar, esta reacción de ansiedad en lugar de cumplir su función


primigenia (activar al organismo para dar respuesta a las demandas de la situación),
pasará a interferir, más que a facilitar, la solución de las demandas ambientales. De este
modo, la respuesta de activación perdería su valor adaptativo, convirtiendo a los eventos
cotidianos que la desencadenan en fuentes potenciales de terror y pánico, e incluso se
trasladaría a otras situaciones que en principio no estaban relacionadas con dicha
respuesta. Además, si no se interviene a este nivel, con el paso del tiempo, es probable
que esta situación evolucione, impulsando a la persona que la sufre a adoptar toda una
serie de comportamientos desadaptativos como respuestas de evitación y/o huída a fin
de mantenerse al margen de las fuentes de peligro percibido (p.e: evitar salir de casa,
rehuir cualquier tipo de contacto social, etc.). Este tipo de medidas afectarán
intensamente al bienestar personal y a la calidad de vida de la persona afectada, tanto a
nivel personal como familiar, social o laboral. A modo de resumen, en la Tabla 1
recogemos las diferencias fundamentales entre la Ansiedad Adaptativa y la Ansiedad
Patológica:

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Clasificación de los Trastornos de Ansiedad y otros trastornos relacionados

Atendiendo al Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) y


CIE, se clasifican en:

Trastorno de angustia o de pánico

• CRITERIOS DEL DSM-V PARA EL DIAGNÓSTICO DEL TRASTORNO DE


PANICO(Fuente American PsychiatricAssociation)

Ataques de pánico imprevistos recurrentes. Un ataque de pánico es la aparición


súbita de miedo intenso o de malestar intenso que alcanza su máxima expresión
en minutos y durante este tiempo se producen cuatro (o más) de los síntomas
siguientes:

A. Nota: La aparición súbita se puede producir desde un estado de calma o


desde un estado de ansiedad.

1. Palpitaciones, golpeteo del corazón o aceleración de la frecuencia


cardíaca.

2. Sudoración.

3. Temblor o sacudidas.

4. Sensación de dificultad para respirar o de asfixia.

5. Sensación de ahogo.

6. Dolor o molestias en el tórax.

7. Náuseas o malestar abdominal.

8. Sensación de mareo, inestabilidad, aturdimiento o desmayo.

9. Escalofríos o sensación de calor.

10. Parestesias (sensación de entumecimiento o de hormigueos).

11. Desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización


(separarse de uno mismo).

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12. Miedo a perder el control o de “volverse loco”.

13. Miedo a morir

Nota: Se pueden observar síntomas específicos de la cultura (p. ej.,


acúfenos, dolor de cuello, dolor de cabeza, gritos o llanto incontrolable).
Estos síntomas no cuentan como uno de los cuatro síntomas requeridos.

B. Al menos a uno de los ataques le ha seguido un mes (o más) de uno o los dos
hechos siguientes:

1. Inquietud o preocupaciones continua acerca de otros ataques de


pánico o de sus consecuencias (p. ej., pérdida de control, tener un
ataque de corazón, “volverse loco”).

2. Un cambio significativo de mala adaptación en el comportamiento


relacionado con los ataques (p. ej., comportamientos destinados a
evitar los ataques de pánico, como evitación del ejercicio o de las
situaciones no familiares).

C. La alteración no se puede atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia


(p. ej., una droga, un medicamento) ni a otra afección médica (p. ej.,
hipertiroidismo, trastornos cardiopulmonares).

D. La alteración no se explica mejor por otro trastorno mental (p.ej., los ataques
de pánico no se producen únicamente en respuesta a situaciones sociales
temidas, como en el trastorno de ansiedad social; en respuesta a objetos o
situaciones fóbicas concretos, como en la fobia específica; en respuesta a
obsesiones, como en el trastorno obsesivo-compulsivo; en respuesta a
recuerdos de sucesos traumáticos, como en el trastorno de estrés
postraumático; o en respuesta a la separación de figuras de apego, como en
el trastorno de ansiedad por separación).

• CRITERIOS DEL CIE-10 PARA EL DIAGNÓSTICO DE TRATORNO DE


PANICO (Fuente Organización Mundial de la Salud – OMS)

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Su característica esencial es la presencia de crisis recurrentes de ansiedad grave


(pánico) no limitadas a ninguna situación o conjunto de circunstancias
particulares. Son por tanto imprevisibles. Como en otros trastornos de ansiedad,
los síntomas predominantes varían de un caso a otro, pero es frecuente la
aparición repentina de palpitaciones, dolor precordial, sensación de asfixia,
mareo o vértigo y
sensación de irrealidad
(despersonalización o
desrealización). Casi
constantemente hay un
temor secundario a
morirse, a perder el control
o a enloquecer. Cada crisis
suele durar sólo unos
minutos, pero también puede persistir más tiempo. Tanto la frecuencia como el
curso del trastorno, que predomina en mujeres, son bastante variables. A
menudo el miedo y los síntomas vegetativos del ataque van creciendo de tal
manera que los que los padecen terminan por salir, escapar, de donde se
encuentran. Si esto tiene lugar en una situación concreta, por ejemplo, en un
autobús o en una multitud, como consecuencia el enfermo puede en el futuro
tratar de evitar esa situación. Del mismo modo, frecuentes e imprevisibles
ataques de pánico llevan a tener miedo a estar sólo o a ir a sitios públicos. Un
ataque de pánico a menudo se sigue de un miedo persistente a tener otro ataque
de pánico.

Pautas para el diagnóstico

Las crisis de pánico que se presentan en una situación fóbica consolidada se consideran
expresión de la gravedad de la fobia y ésta tiene preferencia para el diagnóstico. El
trastorno de pánico es el diagnóstico principal sólo en ausencia de cualquiera de las
fobias.

Para un diagnóstico definitivo deben de presentarse varios ataques graves de ansiedad


vegetativa al menos durante el período de un mes:

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a) En circunstancias en las que no hay un peligro objetivo.

b) No deben presentarse sólo en situaciones conocidas o previsibles.

c) En el período entre las crisis el individuo debe además estar relativamente libre de
ansiedad aunque es frecuente la ansiedad anticipatoria leve. Incluye: Ataques de pánico.
Estados de pánico

Agorafobia

La agorafobia es un trastorno de ansiedad que consiste en el miedo a las situaciones


cuya evitación es difícil o embarazosa, o donde no se puede recibir ayuda en caso de
sufrir una crisis de pánico. Un ataque de pánico o crisis de ansiedad consiste en un
cuadro clínico caracterizado por el aumento de la frecuencia cardíaca, elevación de la
presión sanguínea, respiración agitada, sudor, sensación de ahogo, mareo, temblores y
despersonalización.

La agorafobia está especialmente relacionada con el temor intenso a los espacios


abiertos o públicos en los que pueden presentarse aglomeraciones. La palabra procede
de los términos griegos "ágora", "plaza", y "phobos", "miedo", está estrechamente
relacionada con el trastorno de pánico, y no es raro que ambos trastornos

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sean comórbidos es decir que ambos trastornos se manifiesten e interactúen, ejemplos


de los miedos que experimenta el agorafóbico están el de vivir una crisis, a desmayarse,
a sufrir un infarto, a perder el control, a hacer el ridículo, entre otros.

La agorafobia es miedo al miedo. Los agorafóbicos temen las situaciones que puedan
generarles sensaciones de ansiedad, miedo a la propia activación fisiológica y a los
pensamientos sobre las consecuencias de experimentarlas, como la idea de morir.

El trastorno se genera probablemente por alguna experiencia negativa por parte de la


persona, quien al evitar las situaciones parecidas está desarrollando un mecanismo de
aprendizaje que hace permanecer el problema. Entre los factores de riesgo se pueden
incluir episodios relacionados con intensos niveles de pánico o experimentar eventos
estresantes, incluido el abuso sexual o físico durante la infancia. El tratamiento
cognitivo-conductual de la agorafobia es el más exitoso entre los utilizados y se basa en
someter al paciente a una exposición gradual a las situaciones que típicamente le
provocan la ansiedad.

La agorafobia suele incluir o desarrollar en la persona afectada otras fobias más


específicas, tales como estar o quedarse solo/a (anuptafobia), fobia a los lugares
cerrados (claustrofobia), a las alturas (acrofobia), al agua (hidrofobia), a estar rodeado
de gente (enoclofobia), a las enfermedades (hipocondría), al día o a la noche
(nictofobia), al tiempo/clima (cronofobia) o al sexo (erotofobia).

El agorafóbico tiende a evitar situaciones potencialmente ansiógenas, como lo pueden


ser salir de casa, usar transportes públicos, ir de compras, comer en restaurantes, entrar
al cine, hacer deporte, viajar, estar en lugares públicos o áreas amplias, etc. Estas
situaciones pueden representar un grave problema en la vida del agorafóbico, pudiendo
llevar a la persona afectada a casi no salir de su casa con el fin de tratar de evitar la gran
cantidad de ansiedad causada por el pánico.

Este trastorno tiene un mayor porcentaje de pacientes mujeres que hombres. Entre un
1% y un 5% de la población española ha desarrollado un episodio psicológico
relacionado con la agorafobia durante su vida.

Al igual que otras fobias, el tratamiento más habitual es de tipo conductual o cognitivo-
conductual.

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Síntomas

La gran mayoría de las personas agorafóbicas experimentan una serie de emociones


desencadenadas por la respuesta de ansiedad al ser sometidas o expuestas al estímulo
causante. El afectado siente intensas sensaciones fisiológicas que aparecen súbitamente
o como venidas de la nada, aumentando gradualmente y apareciendo una tras otra o
varias combinaciones a la vez, según la persona entre en un estado emocional agudo.

Estas sensaciones generalmente son:

• Taquicardia.

• Ráfagas de calor/frío.

• Calor, sudor, sofoco.

• Temblores.

• Ahogo o falta de aire; hiperventilación.

• Mareo y vértigo.

• Sensación de irrealidad.

• Dolor u opresión en pecho.

• Astenia: fatiga o cansancio.

• Náuseas, dificultad para tragar, sensaciones extrañas en el estómago (como


mariposas en el estómago).

• Visión borrosa o sensación de ver luces.

• Pinchazos, calambres, entumecimiento, tensión, piernas débiles, pérdida de


sensibilidad, palidez.

• Sensación de orinar o evacuar, entre otros.

Cada persona experimenta toda una serie de respuestas fisiológicas en cada uno de sus
ataques de pánico, y lo que hace es buscar ayuda de la manera posible e inmediata para

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salir de tal situación, para disminuir o cortar las emociones y que a su vez le mantenga a
salvo.

No obstante con los síntomas, a todo esto aparecen automáticamente "pensamientos


negativos o catastróficos" que por obvias razones, hace que aumente la respuesta
fisiológica, convirtiendo su ansiedad en un verdadero pánico, volviendo así un caos la
estabilidad emocional del afectado, ya que se siente extremadamente fuera de control y
asegura que su estado físico-emocional no terminará y culminará en algo catastrófico
(morir posiblemente).

Es importante resaltar que los pensamientos negativos o catastróficos aparecen


automáticamente y como venidos de la nada, aún cuando la persona se esfuerce en no
tenerlos, lo que a su vez aumenta la respuesta fisiológica. Dependiendo de la sensación
más aguda que se experimente, es el pensamiento que su sistema nervioso autónomo
(cerebro) dará; donde frecuentemente aparece el miedo a:

• Tener un ataque al corazón: Aunque es el miedo más común, es la reacción


más corriente provocado por el pánico. Quienes sienten esto, generalmente
aparece en su cerebro la creencia de que van a morir de un infarto.

Para que suceda un infarto o accidente cardíaco, se necesitan características muy


específicas, como: lesiones graves en el corazón o arterias cincundantes, exceso de
ácidos grasos en la sangre, sobrepeso, vida sedentaria, consumo excesivo de alcohol,
tabaco u otras drogas, antecedentes genéticos, edad avanzada. Debe quedar claro que
el estrés por sí solo no causa accidentes cardíacos, aunque se esté en el peor de los
ataques de pánico y reuniendo algunas de las características antes mencionadas la
posibilidad es muy baja.

Lo que sucede en realidad es que aparece una subida brusca en la frecuencia cardíaca
para enviar más oxígeno a los tejidos y músculos del cuerpo, ya que nuestro organismo
se prepara para correr o luchar. Por lo tanto, más que provocar un accidente cardíaco, lo
que hace las subidas bruscas en la frecuencia cardíaca es fortalecer el corazón. Así, la
próxima vez que se note esta sensación se debe pensar que se ha iniciado un
entrenamiento de nuestro corazón.

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• Ahogarse o asfixiarse: La única forma de que una persona muera asfixiada es


que no llegue oxígeno a los pulmones, y lo que sucede en un ataque de pánico es
completamente opuesto a la asfixia; el nivel de oxígeno es superior a lo normal.
En este caso se está en un estado antagonista a la asfixia.

Como parte de la respuesta de ansiedad, nuestro organismo acelera el ritmo respiratorio,


haciendo la respiración más profunda y rápida. La explicación ya se conoce: se necesita
más oxígeno en el cuerpo para luchar o correr. Sin embargo, si no se realiza una de estas
actividades caemos en un estado de "hiperventilación". En nuestro organismo hay más
oxígeno del que se necesita, y paradójicamente uno de los efectos que esto produce es la
sensación de asfixia o falta de aire. En este caso se emplean las técnicas de relajación y
respiración.

• Desmayarse: Este miedo es muy habitual para quienes notan sensaciones de


mareo, vértigo, debilidad o piernas flojas. Su temor es el de un inminente
desvanecimiento o pérdida de la conciencia en pleno ataque de pánico.

Fisiológicamente, los desmayos son producidos por una bajada brusca de la presión
arterial. Si de pronto se desacelera el ritmo cardíaco, la sangre no llega con suficiente
fuerza a nuestro cerebro; entonces se produce un desmayo. Sin embargo, cuando se está
en un ataque de pánico, ocurre todo lo contrario: el corazón late con mayor fuerza y
aumenta la presión, con lo cual es muy difícil desmayarse en ese estado.

Algunas personas que tienen este miedo, quizás hayan pasado por algún desmayo real.
Si su caso es uno de estos, es interesante que compare cómo un desmayo es un
alejamiento progresivo de la realidad, como caer en un sueño profundo, mientras que en
el pánico es todo lo contrario; el cuerpo se encuentra «ultraacelerado» y lo que nunca
ocurrirá es desmayarse; si la adrenalina vaga libremente por las venas.

• Perder el control o volverse loco: Esta creencia aparece como resultado de


notar anomalías en la visión, como "ver lucecitas", sensación de irrealidad, o
pensamientos acelerados de querer escapar.

Cuando se está en pleno ataque de pánico, el organismo se prepara para correr o luchar;
así activa todo nuestro cuerpo para una mejor reacción ante el peligro y sobrevivir. En
este caso aumenta el campo visual dilatando nuestras pupilas para un mejor alcance

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visual de nuestro enemigo. Como esto no sucede, la luz ambiental es demasiada para las
pupilas dilatadas, dando a su vez la peculiaridad de ver esas "lucecitas" vagas.

Por otro lado, cuando se cree que se va a perder la razón pensado cosas como "me
siento mal", "¿dónde estoy?", "aquí no hay salida", "algo me va a dar", "¿si hago el
ridículo?", "tengo que salir", "¿y si corro?", "pediré ayuda ¡ya!", "voy a tener...", etc. A
partir de ese momento la persona piensa que se está volviendo loca, que será un enfermo
mental, o quizás un esquizofrénico.

Otras personas creen que harán conductas extravagantes, ridículas o violentas que
pongan en peligro la integridad física de otras personas o de sí mismos, como: gritar,
tirarse al suelo, patalear, golpear, agredir o suicidarse. Esta sensación aparece por la
percepción de descontrol que se tiene al estar en pleno ataque de pánico.

Lo peor que puede pasar en esta situación es que la persona escape a un lugar seguro,
"poniéndose a salvo", y esto es algo que suele hacer voluntaria y conscientemente. En el
próximo ataque de pánico, no hay de que preocuparse, los músculos harán lo que solo se
decida hacer.

• Miedo al miedo: Cuando se han sufrido otros ataques de pánico, la persona


desarrolla otro miedo: el miedo a sufrir otro ataque.

El verdadero miedo es que el ataque siga y siga y no pare; otras personas temen que el
próximo ataque no tenga fin. En este caso, es un buen momento para emplear la terapia
cognitiva-conductual; el pánico es fruto de malas experiencias, de aprendizajes
inadecuados. El sistema nervioso autónomo (cerebro) está diseñado para trabajar a alta
intensidad pero en cortos periodos de tiempo. Cuando el sistema simpático se activa,
también lo hace el parasimpático, que lo controla y lo frena. Un ataque de pánico, aún
sin técnicas de control, solo durará unos minutos.

Así que cuando se crea que nunca se superará el problema o que se quedará estancado
en el clímax del pánico, recuerde que es muy poco probable que esto suceda.

¿Cómo surge el pánico en una persona agorafóbica?

Lo primero a resaltar es que la ansiedad, pero sobre todo el pánico, solo aparece en
ciertas condiciones, provocado por situaciones, estímulos ambientales o corporales muy

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específicos; siendo que las principales situaciones que existen en una persona
agorafóbica son las siguientes:

1- Ataque de pánico en una situación agorafóbica. Este es un ataque de modo


previsible provocado por el estímulo externo (lugar), ya que la persona ha tenido
ataques en la misma situación y cree que hay muchas posibilidades de sufrirlo
nuevamente, lo cual hace que aumente su temor, y al final termina teniendo el ataque.
Generalmente la persona estimula su miedo inconscientemente, sugestionándose al
momento de estar en tal situación, por la que se ve obligado a huir del lugar.

2- Ataque de pánico previsible en una situación segura. Este ataque surge a raíz de
estar muy activado emocionalmente, ya sea por alegría, estrés, tristeza, enfado o
preocupación, sin importar si se está en una situación donde la persona se sienta segura.
El miedo aumenta al sentir que no se puede tener un control repentino para cortar las
emociones y regresar a la normalidad.

3- Ataque de pánico imprevisible en una situación segura. En este caso, el pánico


sucede cuando la persona se encuentra en un sitio catalogado por ella misma como
“seguro” o de “antipánico” y su estímulo disparador es interno. De pronto y sin previo
aviso el cuerpo toma ciertas funciones fisiológicas o cambios corporales vitales que
hacen que la persona los malinterprete con pensamientos catastróficos (autovigilancia),
produciendo una gran cantidad de ansiedad y al final termina con el ataque. Estos
cambios se producen ya sea por el ambiente (calor/frío), por esfuerzo físico o ejercicio,
digestión, cansancio o enfermedad.

4- Ataque de pánico por anticipación. Aquí la persona asegura que sufrirá un ataque
si es expuesta al estímulo disparador de ansiedad, lo cual hace que sufra el ataque aún
sin antes haber sido expuesta al estímulo. Esto sucede debido a que la persona siente
ansiedad momentos antes de su exposición, por lo que se anticipa a ella momentos antes
de enfrentarse, su ansiedad es tal, que culmina en lo que intenta evitar, pánico.

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Crisis de angustia

Se caracterizan por la aparición temporal y aislada de miedo o malestar muy intenso,


acompañado de una serie de síntomas característicos de inicio brusco, que alcanzan su
máxima intensidad en los primeros diez minutos. Entre estos síntomas se incluyen:
palpitaciones, sacudidas del corazón y elevación del ritmo cardíaco; sudoración intensa;
temblores involuntarios; sensación de ahogo o falta de oxígeno; sensación de
atragantamiento; opresión torácica intensa; malestar gastrointestinal y abdominal;
parestesias (sensación de entumecimiento u hormigueo); escalofríos o sofocaciones;
inestabilidad (mareo, vértigo o desmayo); desrealización (sensación de irrealidad) o
despersonalización (sensación de estar separado de uno mismo); miedo a perder el
control o a volverse loco; miedo a morir (Rodríguez, 2011).

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Trastorno de Ansiedad Generalizada

El TAG es una enfermedad común que afecta aproximadamente al 3% de las personas.


Cualquier persona puede sufrir este trastorno, incluso los niños. Se presenta con mayor
frecuencia en las mujeres que en los hombres.

Síntomas

El síntoma principal es la presencia frecuente de preocupación o tensión durante al


menos 6 meses, incluso cuando hay poca
poca o ninguna causa clara. Las preocupaciones
parecen flotar de un problema a otro. Los problemas pueden involucrar la familia, las
relaciones interpersonales, el trabajo, el dinero y la salud.

Incluso estando consciente de que sus preocupaciones o miedos son


son más fuertes de lo
necesario, una persona con trastorno
trast de ansiedad generalizada aúnn tiene dificultad para
controlarlos.

Otros síntomas del TAG incluyen:

• Problemas para concentrarse

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Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

• Fatiga

• Irritabilidad

• Problemas para conciliar el sueño y permanecer dormido, o sueño que no es


reparador ni satisfactorio

• Inquietud al despertarse

La persona también puede presentar otros síntomas físicos, como tensión muscular,
problemas estomacales, sudoración o dificultad para respirar (MedlinePlus, 2016).

Fobia específica

Es un miedo progresivo e irracional a un determinado objeto, animal, actividad o


situación que ofrece poco o ningún peligro real.

En este trastorno, la manifestación de la ansiedad se refiere a un temor intenso,


persistente e irracional ante la
presencia o la anticipación de un
objeto o situación específica (p.e.:
animales, precipicios, volar,
administración de inyecciones, ver
sangre, etc.). La exposición a estos
estímulos fóbicos provoca casi
invariablemente un malestar
severo, similar a una crisis de
angustia situacional. La persona
afectada reconoce el carácter
excesivo o irracional de su miedo,
pero es incapaz de controlarlo. Por ello, tenderá a evitar sistemáticamente dichos
estímulos fóbicos. En consecuencia, los comportamientos de evitación, la anticipación
ansiosa o el intenso malestar provocado por estas situaciones interferirán
significativamente en las actividades habituales del individuo (Rodríguez, 2011). Las
fobias específicas son un trastorno psiquiátrico común.

Noelia García Cruz 109


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

Las fobias comunes son, entre otras, el miedo a:

• Sangre, inyecciones y otros procedimientos médicos

• Ciertos animales (por ejemplo, perros o serpientes)

• Espacios encerrados

• Volar

• Lugares altos

• Insectos o arañas

• Relámpagos

Síntomas

Estar expuesto al objeto de la fobia o incluso pensar en estar expuesto a dicho objeto
provoca una reacción de ansiedad.

• Este miedo o ansiedad es mucho más fuerte que la amenaza real.

• Se puede experimentar sudoración excesiva, tener problemas para controlar los


músculos o las acciones o frecuencia cardíaca rápida.

Usted evita situaciones en las cuales se puede presentar contacto con el objeto o animal
que causa el miedo, por ejemplo, evitar conducir a través de túneles, si estos son su
fobia. Este tipo de evasión puede interferir con el trabajo y la vida social (Medlineplus,
1016).

Fobia social

La fobia social se caracteriza por miedo intenso, persistente y excesivo en situaciones


sociales, ante la eventualidad de no desempeñarse adecuadamente, verse en situaciones
embarazosas, vergonzantes o humillantes, ya sea como consecuencia de la propia
actuación o de la posible aparición de síntomas o reacciones incontroladas: ruborizarse,
temblar, tener náuseas o vómitos, hacer ruido con la barriga, necesidad imperiosa de
orinar o defecar, etc. Muchas veces, la persona está convencida de que su problema
principal es debido a alguno de estos síntomas de ansiedad recién citados. El

Noelia García Cruz 110


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

comportamiento más frecuente frente a estos miedos es la evitación de las situaciones


sociales con las que se asocian.

Este miedo es reconocido por la persona que lo padece como excesivo e irracional y
habitualmente viene precedido de ansiedad anticipatorio, horas o incluso días antes de la
ocurrencia del acontecimiento social temido.

Para establecer el diagnóstico de fobia social, los síntomas han de persistir un mínimo
de seis meses en los personas mayores de dieciocho años, sin ser debidos a efectos
fisiológicos directos de una sustancia, ni a una condición médica general y sin ser mejor
explicables por otro trastorno psicológico.

Existe una gran variabilidad individual en lo referente a las situaciones temidas. La


fobia social será generalizada si los miedos incluyen la mayoría de situaciones sociales,
o específica si se produce en circunstancias muy concretas y delimitadas, y no en todas
las demás.

Manifestaciones de la fobia social

Normalmente, las manifestaciones sintomatológicas de la ansiedad social se agrupan en


tres niveles o sistemas de respuesta: el sistema somático y autónomo, el cognitivo y el
conductual.

Sistema somático y autónomo:

Las reacciones corporales más comunes son:

– Temblor de voz y manos.

– Sudoración, sonrojo, escalofríos

– Malestar gastrointestinal (ej: sensación de vacío en el estómago o diarrea, náusea).

– Urgencia urinaria

– Taquicardia/palpitaciones

– Dificultad para tragar, boca seca.

– Tensión muscular,

Noelia García Cruz 111


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

– Sensación de ahogo o falta de aire.

– Sensación de opresión en la cabeza

Los fóbicos sociales que presentan ataques de pánico, manifiestan mayor miedo y
evitación de las situaciones sociales, más ansiedad somática, mayor malestar provocado
por la fobia y mayor susceptibilidad a la ansiedad y desesperanza.

Sistema cognitivo o de pensamiento:

Las manifestaciones más características dentro de este sistema de respuesta son:

• Dificultades para pensar (confusión, dificultad de recuerdo, peor concentración,


etc).

• Tendencia a centrar la atención en uno mismo, especialmente, en los propios


síntomas, emociones negativas, errores…

• Temores básicos, que son: temor a ser observado, a sentir mucha ansiedad y a
tener un ataque de pánico.

• Temor a no saber comportarse de un modo adecuado o competente.

• Temor a manifestar síntomas de ansiedad que puedan ser vistos por los demás
y/o interferir con la actuación.

• Temor a la crítica, a la evaluación negativa y al rechazo.

• Temor a no poder alcanzar las elevadas metas autoimpuestas.

Todos estos temores se manifiestan en pensamientos negativos frecuentes (ej: voy a


hacer el ridículo, me pondré rojo), valoraciones no realistas de lo que se espera de uno,
sobreestimación del grado en que se es observado por los otros, subestimación de las
propias capacidades, exageración de la probabilidad de cometer errores, etc.
Todo ello suele venir acompañado de supuestos relacionados con normas autoimpuestas
excesivamente elevadas, creencias sobre la evaluación de los demás y creencias
incondicionales sobre uno mismo (Ejemplo: uno debe siempre complacer a los otros”,
“si no le gusto a alguien, es que algo malo pasa conmigo”).

Noelia García Cruz 112


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

Sistema conductual o de comportamiento:

La estrategia de afrontamiento más frecuente ante el miedo intenso es la evitación de las


situaciones temidas, especialmente la participación en ellas (ser centro de atención o
crítica, manifestar los síntomas, etc.).

Algunas conductas defensivas para reducir la ansiedad y prevenir sus consecuencias


son: consumir alcohol, evitar hablar o hacerlo brevemente y no sobre uno mismo, evitar
los silencios hablando mucho y apresuradamente, meditar y ensayar minuciosamente lo
que se va a decir…

Suele recurrirse también a conductas específicas para disimular el rubor (dejarse barba,
maquillaje), el miedo a temblar (llevar las manos en los bolsillos, no coger objetos en
presencia de los otros), el miedo a sudar (evitar ingerir alimentos calientes, llevar ropa
ligera), el miedo a desmayarse (apoyarse en una pared al sentirse mareado, o caminar
cerca de ella), el miedo a hacer ruidos con el estómago (distanciarse de otros, buscar
lugares o actividades ruidosas que lo enmascaren) etc.
Ante la imposibilidad de evitar la situación, pueden aparecer muecas, gestos de
inquietud, tartamudeo, silencios largos, etc.

Edad de comienzo y curso

La edad media de comienzo de la fobia social se sitúa en torno a los 15 años, en plena
adolescencia, un periodo crítico, debido a los sistemas de relaciones sociales que se
inician en esa etapa y que implican evaluaciones por parte de los demás ante las que
puede responderse con ansiedad. Frecuentemente, los adolescentes temen una
evaluación negativa y aquellos más vulnerables al estrés pueden manifestar ansiedad y
evitar las situaciones sociales. Es poco frecuente que el inicio de la fobia social se
produzca posteriormente a los 25 años.

El trastorno suele aparecer de modo lento ante varias situaciones estresantes o


humillantes, aunque puede darse abruptamente debido a una única experiencia.

Suele presentar un curso crónico e invariante, aunque es posible su remisión en la vida


adulta.

Noelia García Cruz 113


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

La fobia social representa el 20 35% de los trastornos fóbicos vistos en la clínica. La


mayoría de los pacientes no buscan ayuda y los que lo hacen tardan varios años en
decidirse.

Frecuencia y problemas asociados

En cifras aproximadas (varían según diversos estudios) se puede considerar que


prevalencia anual de la fobia social en la población general es de 2-3%. El porcentaje de
personas que se consideran a sí mismas tímidas es de 40-50%. El porcentaje de personas
que informan de un gran miedo a hablar en público es de 34%.

En la población general, el trastorno es más frecuente en mujeres que en hombres. Sin


embargo, el porcentaje de hombres y mujeres que solicitan consulta es similar
(probablemente debido a que los roles sociales imponen valores a los varones contrarios
a la timidez, lo cual les motiva a solucionar el trastorno más que a las mujeres).

A efectos diagnósticos y terapéuticos, ha de distinguirse la fobia social de otros


trastornos teniendo en cuenta que un paciente puede presentar distintos trastornos en un
mismo momento (comorbilidad concurrente) o a lo largo de su vida (comorbilidad
longitudinal). Un 70-80% de los fóbicos sociales han presentado en el último año otros
trastornos, destacando los de personalidad, ansiedad, afectivos y dependencia de
alcohol, nicotina u otras drogas. Generalmente, la fobia social precede a la aparición de
otros trastornos asociados, suponiendo un factor de riesgo para éstos (Herrero, 2007).

Trastorno obsesivo compulsivo

Primero señalar que se trata de un trastorno por ansiedad y por lo tanto la lectura
relacionada con este tipo de trastornos siempre será útil para la correcta comprensión
del TOC.

Por definición del DSM-III-R (APA, 1987) "consiste en la presencia de obsesiones o


compulsiones repetidas, suficientemente graves como para acusar un intenso malestar,
gran pérdida de tiempo, o una interferencia significativa con la rutina habitual del
individuo, con su funcionamiento profesional, con sus actividades sociales habituales, o
con sus relaciones con los demás."

Noelia García Cruz 114


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

Un ejemplo conocido de este trastorno, aunque tal vez no totalmente reflejado al tratarse
de una película, es "mejor imposible" dónde Jack Nicholson hace el papel
correspondiente al obsesivo-compulsivo.

También el DSM-III-R describe las obsesiones como "ideas, pensamientos, impulsos o


imágenes persistentes que se experimentan por lo menos inicialmente como intrusas y
sin sentido;... El individuo intenta ignorar o suprimir este tipo de pensamientos o
impulsos, o bien trata de neutralizarlos a través de otros pensamientos o acciones. El
individuo reconoce que estas obsesiones son producto de su mente y no están impuestas
desde fuera."

Otra definición de obsesión relativamente parecida pero con algunos matices diferentes
es la de Dors, f. (1978): "Idea, temor, acto que se presenta repetidamente y es sentido
por el individuo como forzado, impuesto contra su voluntad."

Las compulsiones son definidas como "conductas repetitivas finalistas e intencionadas,


que se efectúan como respuesta a una obsesión, de forma estereotipada o de acuerdo con
determinadas reglas. La conducta se halla diseñada para neutralizar o impedir el
malestar o algún acontecimiento o situación temida. Sin embargo, o bien la actividad no
se halla realmente conectada de forma realista con lo que se pretende neutralizar o
prevenir, o por lo menos es claramente excesiva. El acto se realiza con una sensación de
compulsión subjetiva que, al mismo tiempo, se asocia a un deseo de resistir la
compulsión (por lo menos, inicialmente). El individuo reconoce que su conducta es
excesiva o irrazonable (esto quizá no deba aplicarse a los niños, ni tampoco a aquella
gente cuyas obsesiones se han desarrollado a partir de ideas sobrevaloradas). Reconoce
también que no obtiene ningún placer en llevar a cabo tal actividad, aunque le procure
un cierto alivio de tensión."

En Dors encontramos definida compulsión como "fuerza interior que determina y


domina el pensamiento y la acción de una persona en contra de su voluntad. El
individuo se siente coaccionado. La compulsión puede extenderse a los pensamientos y
los sentimientos, a los actos y al impulso a la acción, pero solamente en el grado en que
obedecen en condiciones normales a la voluntad consciente y podrían ser elegidos
libremente por el yo dentro de ciertos límites. El contenido de la compulsión se

Noelia García Cruz 115


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

caracteriza por sentirlo el sujeto como extraño a sí mismo y, de modo particular


inconciliable con el ideal del yo."

Todas las definiciones van en una línea similar diferenciándose tan sólo en matices. La
que damos a continuación de Foa, Stekeete y Ozarow (1985) creemos que es muy
acertada sobre todo por la relación funcional entre obsesión y compulsión. Estos autores
sugieren "que el síndrome obsesivo compulsivo consiste en una serie de eventos
(manifiestos o encubiertos) que generan ansiedad; estos eventos reciben el nombre
de obsesiones. Para aliviar la ansiedad producida por las obsesiones se ejecutan una
serie de conductas (manifiestas o encubiertas); estas conductas las denominamos
compulsiones".

En la actualidad los profesionales nos solemos guiar por el siguiente cuadro que son los
criterios para el diagnóstico del trastorno obsesivo-compulsivo del DSM-IV (APA,
1994)

· 300.3 Trastorno obsesivo-compulsivo

A. Obsesiones o compulsiones:

Las obsesiones se definen por:

(1) Pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes que se experimentan,


alguna vez durante la perturbación, como intrusivos e inapropiados, y causan marcada
ansiedad o malestar.

(2) Los pensamientos, impulsos o imágenes no son simplemente preocupaciones


excesivas sobre problemas de la vida cotidiana.

(3) La persona intenta ignorar o suprimir tales pensamientos o impulsos o neutralizarlos


con algún otro pensa miento o acción.

(4) La persona reconoce que los pensamientos, impulsos o imágenes obsesivos son un
producto de su propia mente (no impuestos como ocurre en la inserción del
pensamiento).

Las compulsiones se definen por:

Noelia García Cruz 116


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

(1) Conductas repetitivas (por ejemplo, lavado de manos, orden, comprobación) o


acciones mentales (por ejemplo, rezar, contar, repetir palabras en silencio) que la
persona se siente impulsada a realizar en respuesta a una obsesión, o de acuerdo con
reglas que deben aplicarse rígidamente.

(2) Las conductas o acciones mentales están dirigidas a neutralizar o reducir el malestar
o algún acontecimiento o situación temida; sin embargo, estas conductas o acciones
mentales no están conectadas de forma realista con lo que están destinadas a neutralizar
o prevenir, o son claramente excesivas.

B. En algún momento durante el curso del trastorno, la persona reconoce que las
obsesiones o compulsiones son excesivas o irracionales. Nota: esto no se aplica a niños.

C. Las obsesiones o compulsiones producen marcado malestar; pérdida de tiempo (en


general, el individuo emplea más de una hora diaria en ellas); o interfiere
significativamente con la rutina habitual del individuo, con su actividad profesional, con
sus actividades sociales o sus relaciones con los demás.

D. Si está presente otro trastorno del eje T, el contenido de las obsesiones o


compulsiones no está restringido a él (por ejemplo, preocupación por la comida en
presencia de un trastorno alimentario; arrancarse el pelo si existe tricotilomanía;
preocupación por la apariencia física en un trastorno dismórfico; preocupación por tener
una enfermedad grave en presencia de hipocondría; o rumiaciones de culpa en presencia
de una depresión mayor).

E. No es debido a los efectos directos de una sustancia (por ejemplo, drogas de abuso,
medicación) o de una condición médica.

Según Marks, y a nosotros nos parece una acertado diferenciación, pueden existir
distintas manifestaciones clínicas del trastorno:

1. Rituales compulsivos con obsesiones

Se da cuando el sujeto evita los estímulos que evocan el ritual. Aquí podemos
diferenciar:

Noelia García Cruz 117


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

A. Rituales de limpieza: se evitan posibles focos, reales o imaginarios, de suciedad o


contaminación (pasar al lado de basura, delante de un hospital, al orinar) sintiendo
posteriormente la necesidad de realizar complicados rituales de higiene y limpieza.

B. Rituales de repetición: pueden repetirse las más extrañas secuencias, por ejemplo,
santiguarse siete veces, tener que repetir un determinado número ante un pensamiento,
seguir una secuencia de números pares en cualquier situación.

C. Rituales de comprobación. Hay multitud de posibles comportamientos. En este


sentido están los de comprobar repetidamente que se ha cerrado el gas, o la puerta; pero
puede ir más lejos, como necesitar comprobar que no se han matado a la persona con la
que se acaban de cruzar.

D. Rituales de acumulación: tienen dificultades para desprenderse de cualquier cosa y


acumulan grandes cantidades de artilugios inservibles. Pasado un tiempo puede resultar
imposible transitar por la casa.

E. Rituales de orden: todo ha de estar en el mismo lugar, posición, de mayor a menor,...


notan incluso el mínimo cambio produciendoles gran ansiedad lo que les ocupa
muchísimo tiempo ordenando.

2. Lentitud sin rituales visibles

Puede darse el cuadro completo pero sin rituales visibles. En muchas ocasiones estos
están encubiertos y la persona actúa lentamente y como ensimismada por estar llevando
mentalmente una compleja tarea ritual. Sin embargo, suele darse de forma selectiva de
tal modo que el sujeto puede tardar horas en vestirse pero trabajar perfectamente.

3. Obsesiones

Cuando solamente se dan obsesiones sin ningún tipo de ritual (suele ser menos
frecuente)

Otros aspectos del trastorno

Es mucho más frecuente de lo que en un principio pueda parecer, al menos las formas
menos graves de la enfermedad y parece no haber diferencias entre los sexos, dándose
más o menos por igual en hombres que en mujeres. La edad de comienzo suele ser en la

Noelia García Cruz 118


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

adolescencia o al principio de la edad adulta, sin embargo tampoco es raro que se inicie
en la infancia. Su curso suele ser crónico con oscilaciones. Puede llevar a un muy
importante nivel de deterioro y complicarse con depresión mayor y abuso de alcohol y
ansiolíticos.

Factores predisponentes

Aunque en la actualidad no conocemos ninguna demostación científica al respecto e


incluso podríamos asegurar que gran cantidad de profesionales del gremio no lo
compartirían, estamos en posición de asegurar que la actividad sexual prematura es un
factor de bastante importancia en la génesis del trastorno. También y en esta misma
línea pensamos que ciertas relaciones de rivalidad y celos entre hermanos tienen
importancia. Sin embargo estos aspectos pueden estar encubiertos y, en principio, no ser
reconocidos por el sujeto.

(Extraído de Gea, 2016: http://www.cop.es/colegiados/MU00024/TOC.htm )

Trastorno por estrés agudo

Este trastorno se caracteriza por la aparición de un conjunto de síntomas de ansiedad


que tienen lugar después de la exposición a un acontecimiento altamente traumático.
Estas alteraciones duran más de dos días, hasta un máximo de cuatro semanas y
aparecen el primer mes, desde que se presenta el evento traumático. (Si durasen los
síntomas más de cuatro semanas, el diagnóstico sería “Trastorno de estrés
postraumático).

Al igual que en el trastorno de estrés postraumático, el factor estresante, que produce


este trastorno, reviste suma gravedad. Los ejemplos más típicos de este tipo de
situaciones son:

accidentes

desastres naturales (terremotos, inundaciones, huracanes…)

atentados

inesperadas muertes de alguien cercano

Noelia García Cruz 119


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

asaltos, delitos o violaciones

abusos sexuales o físicos durante la infancia

secuestros

El acontecimiento traumático, suele ser reexperimentado en forma de imágenes, sueños,


pensamientos etc. con la sensación subjetiva de estar reviviéndolos de nuevo y con un
intenso malestar al exponerse a situaciones que puedan recordar al suceso.

Síntomas

Los síntomas más comunes en este trastorno son:

Desrealización ( sensación de que el entorno es irreal o extraño)

Amnesia disociativa (puede existir una incapacidad para recordar el evento


traumático)

Estar aturdido

Respuestas exageradas de sobresalto

Inquietud motora

Mala concentración

Problemas para conciliar el sueño

Síntomas de desesperanza

Conductas de evitación de lugares personas o actividades , que recuerden el


acontecimiento traumático

Complicaciones

Existe una alta probabilidad de que los afectados por el estrés desarrollen además un
trastorno de estrés postraumático. También son comunes los trastornos de sueño, la
depresión, las crisis de pánico (acompañadas de taquicardias, sudoración…), además de
un deterioro social y laboral.

Noelia García Cruz 120


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

Trastorno por estrés postraumático

No nos detendremos a volver a explicar este trastorno, ya que ha sido explicado en el


bloque anterior. Lo importante es ver que estrés y ansiedad están tan íntimamente
ligados que dicha relación se evidencian en trastornos como éstos.

Trastorno adaptativo con ansiedad

El trastorno adaptativo es un problema común que provoca un gran malestar en la


persona que lo vivencia, sobre todo porque tiene la sensación de que la situación a la
que se enfrenta es insostenible, pero no es capaz de vislumbrar una solución. Esta
persona se siente atrapada, ya que las dificultades que experimenta sobrepasan su
capacidad de afrontamiento. Por eso, la frustración y la desesperanza no tardan en
aparecer.

¿Qué es el trastorno adaptativo?

Todos experimentamos situaciones particularmente difíciles, vivimos conflictos y


pérdidas que nos provocan sufrimiento. Sin embargo, hay situaciones que nos
desbordan y provocan un gran malestar. En este caso se hace referencia a un trastorno
adaptativo, que no es más que una respuesta sobredimensionada y desadaptativa a
uno o varios factores estresantes del medio.

En algunos casos el trastorno de adaptación se manifiesta de inmediato, ya que es


una respuesta a una situación puntual que ha provocado un estrés agudo, como puede
ser una ruptura sentimental, un cambio repentino de trabajo, un desastre natural o
incluso el nacimiento de un hijo.

En otros casos el trastorno adaptativo puede tardar un poco más en aparecer,


sobre todo cuando se trata de una reacción emocional a diferentes factores estresantes
que han coincidido o que se han ido agravando a lo largo del tiempo, como las
dificultades económicas, la aparición de una discapacidad y los conflictos en el trabajo.

De hecho, si las condiciones estresantes persisten, el trastorno adaptativo adopta una


forma persistente. Aunque se debe aclarar que para diagnosticar este trastorno, los

Noelia García Cruz 121


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

problemas emocionales deben aparecer en un rango de tiempo no superior a los tres


meses desde que se inició la situación estresante.

Síntomas del trastorno adaptativo

En sentido general, el trastorno de adaptación provoca un malestar intenso en la


persona, que es desproporcionado respecto a la gravedad o intensidad de la situación
estresante. Esta siente que es incapaz de afrontar los problemas o planificar su futuro,
por lo que suele experimentar cambios en su estado de ánimo que provocan irritabilidad,
frustración, ansiedad o depresión.

No obstante, los síntomas varían dependiendo del tipo de trastorno adaptativo:

Trastorno adaptativo con estado de ánimo depresivo. La persona tiene


un estado de ánimo depresivo, marcado por la tristeza, el llanto y la
desesperanza.

Trastorno adaptativo con ansiedad. La persona desarrolla un estado de ánimo


en el que prevalecen las preocupaciones, el nerviosismo y la inquietud por el
futuro.

Trastorno adaptativo mixto ansioso depresivo. En este caso la persona


presenta tanto características de la depresión como de la ansiedad.

Con trastorno de comportamiento. En este caso los síntomas están dirigidos


hacia el exterior, la persona reacciona a la situación estresante violando las
normas y reglas, así como los derechos de los demás. Es común que se involucre
en peleas, se vuelva irresponsable y tenga problemas con la autoridad.

Con alteración mixta de las emociones y el comportamiento. La persona


puede experimentar síntomas característicos de la depresión y la ansiedad, pero
también presenta trastornos del comportamiento.

Por supuesto, no siempre es posible encuadrar a las personas dentro de estas categorías
diagnósticas, en ocasiones el trastorno adaptativo se presenta a través de quejas
somáticas, aislamiento social e inhibición.

Noelia García Cruz 122


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

Causas del trastorno adaptativo

Todas las personas experimentan situaciones estresantes a lo largo de su vida, pero no


todas desarrollan un trastorno adaptativo. Por tanto, existe una vulnerabilidad personal
a sufrir un trastorno de adaptación que puede estar determinada por cierta
susceptibilidad del sistema nervioso o incluso por la edad. De hecho, este trastorno es
más habitual en niños y adolescentes, ya que se trata de etapas de la vida en las que no
contamos con la experiencia y la madurez suficiente como para afrontar situaciones
particularmente estresantes.

Sin embargo, no hay dudas de que el trastorno adaptativo no se habría presentado en


ausencia del agente estresante. Por eso, entre sus causas también se encuentran las
condiciones de vida poco favorables, marcadas por la carencia de recursos, una
condición que hace que determinados grupos sociales estén más expuestos a situaciones
estresantes y, por tanto, que tengan un riesgo mayor de desarrollar un trastorno
adaptativo.

Noelia García Cruz 123


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

No contar con un sistema de apoyo social, con amigos y familiares que estén a nuestro
lado en los momentos difíciles, también se ha relacionado con mayores probabilidades
de que se instaure un trastorno adaptativo.

Consecuencias del trastorno de adaptación

Las consecuencias de sufrir un trastorno adaptativo pueden ser:

Malestar intenso, que afecta la calidad de vida de la persona y que incluso puede
dar pie a ideas suicidas.

Deterioro significativo en el área laboral o estudiantil, fundamentalmente debido


a que la persona no logra concentrarse y disminuye su rendimiento.

Conflictos y problemas en las relaciones interpersonales, casi siempre causados


por la irritabilidad o el aislamiento.

Empeoramiento de enfermedades médicas ya existentes, debido a que la persona


descuida el tratamiento y el autocuidado en general.

Trastorno de ansiedad por enfermedad médica

La ansiedad puede ser en muchas ocasiones el primer síntoma de un trastorno orgánico


subyacente por efecto directo, ejemplo ansiedad e hipertiroidismo. Esta situación es
diferente a la que nos encontramos cuando existen síntomas psiquiátricos que son una
reacción psicológica a la experiencia de sufrir una enfermedad médica, por ejemplo un
tumor, y en este caso habría que diagnosticar el trastorno de ansiedad que
correspondiera.

Para determinar que los síntomas son debidos a una enfermedad médica deben
cumplirse 2 criterios:

• Que esté presente una enfermedad médica a través de la historia, exploración física y
pruebas de laboratorio.

• Que la alteración se relacione etiológicamente con la enfermedad física a través de un


mecanismo fisiológico.

Noelia García Cruz 124


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

Aunque a veces no es fácil, hay que valorar la relación temporal entre la exacerbación o
remisión de los síntomas psiquiátricos y el tratamiento del trastorno físico así como la
existencia de referencias bibliográficas
bibliográficas de que dicha asociación se da con frecuencia, lo
que nos ayudará a considerar que una es consecuencia de la otra. Ante un cuadro de
ansiedad atípica en mayores de 40 años debemos siempre descartar enfermedad
orgánica.

Trastornos somatomorfos

Los trastornos somatomorfos son un grupo de enfermedades caracterizadas por


molestias diversas, en mayor o menor grado difusas, que aquejan al paciente pero que
no pueden ser explicadas por la existencia de una lesión orgánica, o al menos no de
manera suficiente
te y concluyente.

Trastorno de
conversión

Trastorno por Trastorno


dolor indiferenciado

Trastorno de Trastorno
somatización Dismórfico

Hipocondría

Noelia García Cruz 125


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

Los pacientes suelen insistir en la presencia de síntomas físicos


como dolor, inflamación, náuseas, vértigo, debilidad o lesiones, pero niegan tener
problemas psiquiátricos, acompañado de demandas persistentes de exámenes y pruebas
diagnósticas a pesar de que los hallazgos continuamente resultan negativos y de la
garantía de los tratantes que los síntomas no tienen justificación orgánica. La sensación
física reportada por los pacientes con trastornos somatomorfos no es ficticia o
inventada, es sintomatología real que no tiene explicación o causa física.

El término es relativamente nuevo y se aplica a lo que con frecuencia se denomina


trastorno psicosomático. El diagnóstico de un trastorno somatomorfo implica que los
factores psicológicos son un gran contribuyente a la aparición, gravedad y duración de
los síntomas referidos. Los trastornos somatomorfos no son el resultado de simulación
consciente.

Los trastornos somatomorfos son frecuentes, estimándose que entre un 25-75% de las
visitas al médico de atención primaria son debidas a problemas psicosociales con una
forma de presentación somática, es decir, con síntomas físicos. Pero por razón de que
los pacientes no aceptan que su problema sea emocional, sino orgánico, con frecuencia
los trastornos somatomorfos suelen subdiagnosticarse, se conocen poco y se tratan
mucho menos en los servicios psiquiátricos de los hospitales. De allí que los que son
diagnosticados basado en los criterios correctos, solo son aproximadamente el 5% de los
pacientes ambulatorios.

En un estudio de 119 pacientes de atención primaria, se encontraron las


siguientes prevalencias:

• Trastorno de somatización: 1-6%

• Trastorno multisomatomorfo: 24%

• Trastorno somatomorfo indiferenciado:


79%

Un estudio estimó que en España, cerca del 1%


de los pacientes vistos por el médico de familia
por un nuevo episodio de enfermedad son

Noelia García Cruz 126


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

diagnosticados de trastorno de somatización.Por lo general, los pacientes con abuso y


dependencia del licor y/o drogas suelen consultar con extremada frecuencia y con
escasa adherencia al tratamiento, demandantes y manipuladores.

Un estudio realizado en Bélgica reportó que el síndrome de somatización es el tercer


trastorno psiquiátrico más frecuente, con una tasa de prevalencia de 8,9%. El primer y
segundo trastornos psiquiátricos más frecuente eran la depresión y la ansiedad.

Por somatización

El trastorno de somatización (llamado antiguamente "histeria crónica" o "síndrome de


Briquet") es un diagnóstico psiquiátrico aplicado a pacientes quienes se quejan crónica
y persistentemente de varios síntomas físicos que no tienen un origen físico
identificable. Una explicación etiológica común es que conflictos psicológicos internos
son expresados como signos físicos. Los pacientes con desorden de somatización por lo
general visitarán muchos doctores intentando obtener el tratamiento que imaginan.

Criterios

El desorden de somatización es un trastorno somatoforme. El DSM-IV establece los


siguientes cinco criterios para este trastorno:

• Una historia de síntomas somáticos antes de la edad de 30 años;

• Dolor en al menos cuatro partes del cuerpo diferentes;

• Dos problemas gastrointestinales, que no sean dolor, como por


ejemplo vómito o diarrea;

• Un síntoma sexual, tal como falta de interés o disfunción eréctil;

Tales síntomas no pueden relacionarse a condición médica alguna. No todos los


síntomas pueden ocurrir en el curso del trastorno. Si una condición médica está
presente, entonces los síntomas deben ser lo suficientemente severos como para
justificar un diagnóstico separado. Una misma queja no pueden ser contabilizados como
dos síntomas (ejemplo: si un paciente se queja de dolor al tener relaciones, no puede
considerarse como un síntoma de dolor y un síntoma sexual por separado). Finalmente,

Noelia García Cruz 127


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

los síntomas no pueden ser simulados para ganar atención u otra clase de ganancia por
enfermedad, y no pueden ser inducidos deliberadamente.

Conciencia somática

Proceso mediante el cual una persona percibe, interpreta y actúa sobre la información
proveniente de su propio cuerpo, ha agrupado el ámbito de estudios que abarcan el
campo de referencia a la percepción de las señales internas (Cioffi, 1991).

Somatomorfo indiferenciado

El trastorno somatomorfo indiferenciado se caracteriza por síntomas físicos no


explicados, que persisten al menos 6 meses y que son insuficientes para establecer el
diagnóstico de trastorno de somatización.

Criterios dignósticos

A. Uno o más síntomas físicos (p. ej., fatiga, pérdida del apetito, síntomas
gastrointestinales o urinarios).

B. Cualquiera de las dos características siguientes:

1. tras un examen adecuado, los síntomas no pueden explicarse por la presencia de una
enfermedad médica conocida o por los efectos directos de una sustancia (p. ej., droga de
abuso o medicación).

2. Si hay una enfermedad médica, los síntomas físicos o el deterioro social o laboral son
excesivos en comparación con lo que cabría esperar por la historia clínica, la
exploración física o los hallazgos de laboratorio

C. Los síntomas provocan un malestar clínico significativo o un deterioro social, laboral


o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.

D. La duración del trastorno es al menos de 6 meses.

Noelia García Cruz 128


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

E. La alteración no se explica mejor por la presencia de otro trastorno mental (p. ej.,
otro trastorno somatomorfo, disfunciones sexuales, trastornos del estado de ánimo,
trastornos de ansiedad, trastornos del sueño o trastorno psicótico).

F. Los síntomas no se producen intencionadamente ni son simulados (a diferencia de lo


que sucede en el trastorno facticio o en la simulación).

De conversión

En la psicopatología se conocen casos muy extraños, como personas que dejan de


caminar o se vuelven ciegas sin causa física aparente.

El trastorno de conversión se caracteriza por tener un mal funcionamiento físico sin que
exista una enfermedad neurológica o médica.

Por ejemplo, alguien se puede volver temporalmente ciego debido al estrés de la pérdida
de un familiar cercano.

Las personas con este trastorno suelen poder actuar normalmente, aunque ellas afirman
que no. Se da una disociación entre la experiencia sensorial y la conciencia.

Por ejemplo, en la parálisis podrían correr en casos de emergencia y en la ceguera


pueden sortear obstáculos.

Algunos síntomas de conversión son:

• Ceguera.

• Parálisis.

• Afonía.

• Mutismo total.

• Pérdida del sentido del tacto.

En muchas ocasiones, se da estrés antes de la aparición de los síntomas de conversión.


En los casos en los que no haya estrés es más probable que exista una causa física.

Noelia García Cruz 129


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

Aunque el término de conversión lleva utilizándose desde la Edad Media, fue


con Freud con quien se hizo popular; pensaba que los conflictos inconscientes se
convertían en síntomas físicos.

Síntomas

El trastorno de conversión se puede presentar con síntomas sensoriales o motores.

Síntomas motores:

• Problemas de coordinación o equilibrio.

• Debilidad o parálisis de una parte del cuerpo o del cuerpo entero.

• Pérdida de la voz o afonía.

• Dificultad para deglutir o sensación de nudo en el estómago.

• Retención urinaria.

• Ataques psicógenos o convulsiones no epilépticas.

• Distonía persistente.

• Desmayos.

Síntomas sensoriales:

• Ceguera, problemas de visión o visión doble.

• Sordera o problemas de audición.

• Pérdida del tacto.

Causas

Aunque se desconocen las causas exactas del trastorno de conversión, parece que los
síntomas se relacionan con la ocurrencia de un conflicto psicológico o de un evento
estresante.

Noelia García Cruz 130


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

También hay personas que se consideran en riesgo de desarrollar este trastorno, como
las que tienen una enfermedad, personas con trastornos de personalidad o personas con
trastorno disociativo.

Una explicación desde la psicología evolutiva es que el trastorno ha podido ser


ventajoso durante la guerra.

Un combatiente con síntomas podría mostrar de forma no verbal que no es peligrosa a


otra persona que habla otro idioma.

Esto podría explicar que el trastorno de conversión se puede desarrollar tras una
situación amenazante, que pueda haber un grupo que desarrolla el trastorno y la
diferencia de género en la prevalencia (se da más en mujeres).

Diagnóstico

Criterio diagnóstico según el DSM-IV

A) Uno o más síntomas o déficit que afectan a las funciones motoras voluntarias o
sensoriales y que sugieren una enfermedad neurológica o médica.

B) Se considera que los factores psicológicos están asociados al síntoma o al déficit


debido a que el inicio o la exacerbación del cuadro vienen precedidos por conflictos u
otros desencadenantes.

C) El síntoma o déficit no está producido intencionadamente y no es simulado (a


diferencia de lo que ocurre en el trastorno facticio o en la simulación).

D) Tras un examen clínico adecuado, el síntoma o déficit no se explica por la presencia


de una enfermedad médica, por los efectos directos de una sustancia o por un
comportamiento o experiencia culturalmente normales.

E) El síntoma o déficit provoca malestar clínicamente significativo o deterioro social,


laboral o de otras áreas importantes de la actividad del sujeto, o requieren atención
médica.

Noelia García Cruz 131


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

F) El síntoma o déficit no se limita a dolor o disfunción sexual, no aparece


explusivamente en el trasncurso de un trastorno de somatización y no se explica mejor
por la presencia de otro trastorno mental.

Diagnóstico diferencial

A veces es complicado distinguir a las personas con trastorno de conversión de las


personas que realmente son simuladoras (fingen síntomas con alguna meta).

Si son descubiertas, las personas simuladoras tienen razones para simular los síntomas.
Pueden ser desde motivos económicos hasta intereses familiares o emocionales.

También existe el trastorno facticio, en el cual la persona simula los síntomas aunque no
tiene un buen motivo, más que recibir atención o librarse de responsabilidad.

Por otra parte, está el síndrome de Munchausen por poder, en el cual un padre afectado
utiliza formas de causar una enfermedad aparente en su hijo.

Exclusión de enfermedad neurológica

El trastorno de conversión se presenta normalmente con síntomas que se parecen a un


trastorno neurológico como un stroke, esclerosis múltiple o epilepsia.

El neurólogo debe excluir cuidadosamente la enfermedad, a través de una investigación


y examen adecuado.

Sin embargo, no es poco común que los pacientes con enfermedades neurológicas
tengan también el trastorno de conversión.

Por ejemplo, la poca conciencia o preocupación por los síntomas se puede dar también
en personas con trastornos neurológicos. Asimismo, la agitación

Tratamiento

Una estrategia de actuación principal es eliminar las fuentes de estrés o sucesos


estresantes que existen en la vida de la paciente, ya estén presentes en la vida real o en
sus recuerdos.

Noelia García Cruz 132


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

Además, es importante que el terapeuta profesional no mantenga las ganancias


secundarias, es decir, las consecuencias del paciente por mostrar los síntomas.

Ejemplos de ganancias secundarias pueden ser:

• Evitar responsabilidades.

• Recibir más atención.

• Consecuencias positivas que reciben los familiares.

Es importante señalar que puede ser un familiar el que este siendo beneficiado de los
síntomas de conversión.

Por ejemplo, existe el caso de una chica que sin causa física dejó de andar. A la madre
le convenía que su hija pasase mucho tiempo en un mismo lugar mientras ella trabajaba.

En estos casos es más complicado eliminar las consecuencias y pueden darse recaídas si
el familiar no es consciente del problema o no encuentra otras formas de recibir los
refuerzos positivos.

Aunque ocasionalmente los síntomas desaparecen solos, el paciente se puede beneficiar


de una variedad de tratamientos.

Pueden ser:

• Explicación: debe ser clara, ya que la atribución de síntomas físicos a causas


psicológicas no se acepta bien en la cultura occidental. Se debe enfatizar lo
genuino del trastorno, que es común, que no indica psicosis y que es
potencialmente reversible.

• Psicoterapia en ciertos casos.

• Terapia ocupacional para mantener la autonomía en la vida diaria.

• Tratamiento de trastornos comorbidos, como depresión o ansiedad.

Noelia García Cruz 133


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

• Tratamientos como la terapia cognitivo conductual, hipnosis, reprocesamiento


por movimientos oculares o terapia psicodinámica necesitan más investigación.

Factores de riesgo

Los factores de riesgo para desarrollar el trastorno pueden ser:

• Estrés significativo reciente o trauma emocional.

• Ser mujer; las mujeres tienen más probabilidades de desarrollar el trastorno.

• Tener un trastorno mental, como ansiedad, trastorno disociativo o trastornos de


personalidad.

• Tener una enfermedad neurológica que provoca síntomas similares, como la


epilepsia.

• Tener un miembro familiar con trastorno de conversión.

• Un historial de abuso físico o sexual en la infancia.

Noelia García Cruz 134


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

Por dolor

El dolor es el foco predominante de la atención clínica (aguda o crónica).

Se considera que los factores psicológicos desempeñan una función en la experiencia


del dolor del paciente y en el comportamiento de la búsqueda de tratamiento.

Los síntomas dolorosos no son fingidos ni se han notificado erróneamente o provocados


de forma intencionada.

Hay dos subtipos:

- Trastorno por dolor asociado a factores psicológicos, en el que se cree que los
trastornos médicos identificablesϖ desempeñan una función escasa o nula en el
inicio, intensidad o persistencia del dolor.
- Trastorno por dolor asociado a factores psicológicos y una enfermedad médica
general, en el que intervienenϖ ambos factores y el dolor es desproporcionado
respecto a lo que cabría esperar de la enfermedad médica aislada.

Prevalencia

Los síntomas y trastornos dolorosos son extremadamente frecuentes en la práctica


médica general y psiquiátrica.

Se asocian con frecuencia a una dependencia iatrógena de opioides y benzodiacepinas.


El dolor crónico se asocia a menudo a síntomas depresivos.

Diagnóstico diferencial

Es necesaria una evaluación médica completa de los


síntomas dolorosos antes de llegar a un diagnóstico de
trastorno por dolor de origen psicológico. El trastorno
por somatización asocia la presencia de síntomas
dolorosos con síntomas pseudoneurológicos y otros
síntomas no dolorosos.

El trastorno de conversión se caracteriza por una

Noelia García Cruz 135


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

pérdida de funcionalidad en lugar de por dolor.

La hipocondría afecta a la experiencia del dolor, pero son la interpretación errónea y la


preocupación acerca de laϖ importancia diagnóstica de los síntomas dolorosos las que
la definen.

Los síntomas dolorosos pueden formar parte de trastornos facticios y por simulación,
estos pacientes representan erróneamente sus síntomas de manera intencionada y
describen también erróneamente sus antecedentes de enfermedades médicas
subyacentes (es posible identificar además una ganancia secundaria).

Tratamiento

Identificar y tratar todos los factores médicos identificables que contribuyen a los
síntomas dolorosos.

El objetivo del tratamiento es el control en lugar de la curación franca. Las unidades de


dolor crónico con un enfoque multidisciplinario suelen resultar útiles y demuestran al
paciente que stán tomándose en serio sus síntomas.

Las estrategias conductuales que buscan la aceptación de un cierto grado de dolor y el


objetivo de optimización de la función a pesar de un dolor residual son las más
satisfactorias.

Los contratos terapéuticos en los que se explica minuciosamente la prescripción y el uso


de opiáceos yϖ benzodiacepinas ayudan a reducir al mínimo los problemas de
dependencia iatrógena.

Noelia García Cruz 136


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

Hipocondría

La característica esencial de la hipocondría es la preocupación y el miedo a padecer, o la


convicción de tener, una enfermedad grave, a partir de la interpretación personal de
alguna sensación corporal u otro signo que aparezca en el cuerpo. Puede ocurrir, por
ejemplo, con lunares, pequeñas heridas, toses, incluso latidos del corazón, movimientos
involuntarios, o sensaciones físicas no muy claras. Aunque el médico le asegure que no
tiene nada, el hipocondríaco solamente se queda tranquilo un rato, pero su preocupación
vuelve de nuevo.

¿Por qué se llega a ser hipocondríaco?

La interpretación catastrófica de los signos corporales es el mecanismo por el que se


dispara la hipocondría. Por qué se dispara ese mecanismo es difícil de determinar. Se
sabe que este trastorno afecta a menudo a ambientes familiares, es decir, que muchos
miembros de una familia tienden a estar afectados. Esto nos puede indicar que hay
familias que son especialmente sensibles y están muy inclinadas hacia la interpretación
de los signos de enfermedad en todos los ámbitos de la vida. Durante las reuniones
familiares no se habla más que de enfermedades, se comenta constantemente si se está
bien o mal, se vive con muchísima angustia cualquier signo de enfermedad en alguno de
los hijos, etc. etc. De esta forma los miembros de la familia aprenden a interpretar de
esa forma cualquier signo corporal y lo asocian con angustia, miedo o ansiedad. Es una
interpretación, aunque también se podría pensar que existe una predisposición genética.
Lo importante no es el por qué, sino como solucionarlo.

¿Suele suceder tras un problema orgánico de cierta importancia?

Puede suceder asociado a un problema orgánico, pero no necesariamente, ni siquiera


con mucha frecuencia.

¿Puede establecerse un perfil de la persona hipocondríaca?

Asociado a la hipocondría suele haber un miedo desmedido a la muerte, al dolor, al


sufrimiento, a la debilidad o dependencia de otros.

5º) ¿Es cierto que presentan una mayor sensibilidad frente al dolor y eso les lleva a
exagerar sus dolencias?

Noelia García Cruz 137


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

Como decía, es cierto que puede haber miedo al dolor. El miedo hace que busquemos
indicios de aquello que tememos, para prepararnos a solucionar lo que se avecina, que
para nosotros es terrible. Eso hace que aquellos que tienen miedo al dolor busquen es su
cuerpo cualquier indicio de que puede haber dolor para evitar que llegue a más. Si
aparece la más mínima señal, que para otra persona hubiera pasado inadvertida, se
disparan todas las alarmas y aparecen síntomas de angustia y de ansiedad que causan un
malestar muy grande y hacen que el dolor se incremente. No es que exageren sus
dolencias, al añadirles ansiedad y angustia se hacen realmente peores y más
insoportables.

Este proceso está en el fondo de muchos dolores crónicos, pero no necesariamente


desemboca en una hipocondría. En el caso del hipocondríaco se da el miedo a la
enfermedad y su preocupación persiste a pesar de las exploraciones y explicaciones
médicas apropiadas.

¿Estas personas suelen pasar por períodos de mucha angustia debido a que se sienten
incomprendidos?

El hipocondríaco se siente muy incomprendido, nadie es capaz de detectar su


enfermedad. Como piensa, naturalmente que necesita que encuentren su enfermedad
para poder solucionarla no solamente se angustia, sino que lógicamente se deprime
creyendo que lo que le pasa no tiene solución. El hipocondríaco sufre mucho, se cree
enfermo y tiene sensaciones que el siente que se lo indican y lo único que recibe son
palabras que le dicen que no tiene nada y que "todo es psicológico". Cuando se dice que
todo es psicológico en realidad se le esta diciendo que todo es cuento; aunque desde
luego lo que él (ella) siente es totalmente real, todo menos cuento. Los procesos
psicológicos tienen una realidad total en el cuerpo y el dolor, la angustia y las
enfermedades psicosomáticas son completamente reales, aunque los procesos que las
desencadenan sean psicológicos y no correspondan a una enfermedad física.

¿Suelen evitar consulta a un profesional por miedo a que les descubra alguna enfermedad?

En efecto, muchos de ellos prefieren quedarse con una duda, que les llena de angustia y
ansiedad, a enfrentar la posibilidad de que les digan que están realmente enfermos. Los
que van al médico lo suelen hacer de forma repetitiva porque tienen la experiencia de

Noelia García Cruz 138


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

que cuando el médico les dice que no tienen nada se quedan momentáneamente
tranquilos, aunque por desgracia les dura poco.

¿Cómo se llega al diagnóstico? ¿Son necesarias pruebas exploratorias para descartar posibles
problemas físicos?

Lo primero que se hace es asegurar que no tienen ninguna enfermedad física. Una vez
que se ha descartado, si el paciente sigue con angustia, preocupación y dudas acerca de
su estado de salud, es conveniente estudiar la posibilidad de un trastorno psicológico.

¿En qué se basa el tratamiento?

Una vez que se detecta que un paciente es hipocondríaco y que accede al tratamiento. Se
definen claramente con el paciente los objetivos de la terapia, que son que pierda la
angustia y el miedo a la enfermedad que teme.

Para ello se plantean primero una serie de prohibiciones y tareas. Se le pide que no
acuda a más médicos ni a las urgencias hospitalarias, que no hable de salud ni de
enfermedad. Para esto es muy conveniente la colaboración de la familia del paciente,
también para que entiendan que lo suyo no es cuento, que tiene un problema real aunque
interpretado por todos como un problema que no existe. Una vez que se ha establecido
este marco fuera de la consulta comienza el tratamiento psicológico propiamente dicho.

El tratamiento básico consiste en perder el miedo a estar enfermo, cuando se está


sintiendo la sensación que se teme. A veces es el propio pensamiento de estar enfermo
que genera un miedo y una angustia muy grandes, es quien genera la sensación que se
teme y se interpreta como enfermedad. Esa angustia es una sensación desagradable e
inexplicable que genera más miedo. De esta forma, la propia ansiedad asociada al
pensamiento de estar enfermo se convierte en un disparador de los miedos a la
enfermedad. Se establece así un círculo vicioso en el que el miedo a la enfermedad
causa unas sensaciones que son a su vez interpretadas como enfermedad. Otras veces, al
intentar eliminar la sensación temida se potencia.

En la terapia se trata de que el pensamiento de estar enfermo no dispare un miedo


terrible.

Noelia García Cruz 139


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

Por ejemplo con la técnica de exposición a las sensaciones corporales, que consigue
que el paciente pierda el miedo a los síntomas que interpreta como enfermedad.
Aprende que si no huye de ellos, si no lucha contra ellos y los acepta, se pueden
convertir en sensaciones admisibles que nos permiten seguir con nuestras actividades
diarias sin mucho sufrimiento. Esta parte del tratamiento se realiza junto con un
entrenamiento en técnicas de manejo de ansiedad que facilitan la exposición.

También hay que enfrentar el miedo a la enfermedad y a la muerte. Para ello se


comienza un trabajo de desensibilización ante la enfermedad y la muerte de forma que
se sitúe el miedo que causan al paciente en términos razonables. Se emplea la
desensibilización en la imaginación a situaciones temidas y evitadas, para que
finalmente el paciente pueda acercarse a ellas sin angustia y sin miedo.

El paciente puede entonces comenzar a reinterpretar sus sensaciones corporales y sentir


también aquellas que son agradables o neutras y su cuerpo deja de ser una fuente de
dolor o temor y se puede convertir en un generador de placer y confianza.

Verse enfermo tiene en nuestra sociedad una connotación de debilidad. Por ello entrenar
al paciente en basar su autoestima en otros medios de valoración y se le entrena en
aumentarla.

Finalmente se trabaja para que el paciente pueda enfrentar con éxito otros problemas
que aparecen en su vida cotidiana: toma de decisiones difíciles, como cambio de
trabajo, separaciones, problemas de relación, etc. de forma que se pueda evitar que en el
futuro se le desencadenen situaciones de depresión o angustia continuada que le pueden
hacer recaer en sus problemas hipocondríacos.

Noelia García Cruz 140


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

En algunos casos los psicofármacos pueden ser una ayuda, sobre todo al principio del
tratamiento. En esos casos se requiere la intervención de un psiquiatra; pero hay muchos
otros en los que el paciente se puede manejar sin ellos.

Los estudios controlados que existen sobre este tratamiento, aunque no son definitivos,
son muy esperanzadores, mi experiencia clínica con él es que da muy buenos resultados.

En algunos casos los psicofármacos pueden ser una ayuda, sobre todo al principio del
tratamiento. En esos casos se requiere la intervención de un psiquiatra; pero hay muchos
otros en los que el paciente se puede manejar sin ellos.

No existen muchos estudios controlados sobre esta enfermedad, pero mi experiencia


clínica es que este tratamiento da muy buenos resultados.

Cuando uno está enfermo y la enfermedad es larga o grave, cambian nuestras relaciones
sociales y recibimos un impacto psicológico importante, además de la enfermedad
tenemos ansiedad, miedo, angustia. Si alguien está enfermo y angustiado puede
necesitar una ayuda psicológica para vivir un estado difícil y doloroso de forma más
entera, positiva y optimista. Aquellos que enfrentan su enfermedad con más tranquilidad
y optimismo tienen más posibilidades de mejorar. Nuestra sociedad empieza a
reconocer la importancia que puede tener el tratamiento psicológico en la superación de
algunas enfermedades, pero se tiene que generalizar todavía más y se tendría que ver
normal recibir un apoyo psicológico asociado al tratamiento médico. Si esto fuera así,
cambiaría la visión de que solo se va al psicólogo si se está muy loco.

Por otro lado, todos sabemos que el estrés y la ansiedad hacen más probables
enfermedades serias (de corazón, inmunológicas, etc.), por lo que una atención
temprana para atajar el problema antes de que aparezca es lo más recomendable.

Noelia García Cruz 141


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

Trastornos Psicofisiológicos

La ansiedad es una emoción natural, presente en todos los individuos, que resulta muy
adaptativa pues nos pone en alerta ante una posible amenaza. Esta reacción de alarma
implica una reacción deactivación fisiológica, en la que estarán implicadas muchas
respuestas del sistema nervioso autónomo (vísceras, piel, etc.), del sistema nervioso
motor (músculos voluntarios e involuntarios) y de otros sistemas.

Muchas veces la ansiedad se vive como una experiencia desagradable (por eso se le
llama emoción negativa), especialmente cuando alcanza una elevada intensidad, que se
refleja en fuertes cambios somáticos, algunos de los cuales son percibidos por el
individuo.

La alta intensidad de esos cambios corporales, la falta de control sobre las respuestas del
sistema nervioso autónomo (tasa cardiaca, sudoración rubor, respuestas gástricas,
dificultades respiratorias, etc.), así como la falta de información, pueden llevar a
algunos individuos a una sensación de miedo e incluso pánico, por la reacción que se
está produciendo en su organismo. A su vez, este miedo provoca ansiedad, activación
fisiológica, y por lo tanto, un mayor incremento de las respuestas fisiológicas.

Se produce así una reacción circular (círculo vicioso), por la cual cada vez el individuo
va a experimentar más ansiedad y más activación fisiológica.

Tanto por influencia genética, como por aprendizaje, los individuos somos diferentes a
nivel de reactividad fisiológica. Unos nos especializamos en un tipo de respuesta
fisiológica (por ejemplo, taquicardia, o ruborización, o sudoración excesiva, o molestias
gástricas, etc.), mientras que otros individuos se han especializado en otro tipo de
respuesta fisiológica.

Se supone que los trastornos psicosomáticos o psicofisiológicos (como algunos dolores


de cabeza, o de espalda, algunas arritmias, los tipos de hipertensión arterial más
frecuentes -hipertensión esencial-, algunas molestias gástricas, etc.) podrían estar
producidos por un exceso en la intensidad y frecuencia de la activación de las respuestas
fisiológicas del sistema que sufre la lesión o disfunción (cardiovascular, respiratorio,
etc.)

Noelia García Cruz 142


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

Para explicar estas disfunciones orgánicas que cursan con niveles altos de ansiedad,
podríamos decir que se trata de una disfunción de un sistema orgánico (gástrico,
respiratorio, cardiovascular, motor, etc.) que está trabajando en exceso y mantiene esta
actividad demasiado tiempo. A su vez, el trastorno orgánico produce malestar
psicológico, produce más ansiedad y, por lo tanto, un aumento de la actividad de ese
sistema, aumentando así la probabilidad de desarrollar y mantener en mayor grado esta
disfunción orgánica. En la clínica psicológica podemos encontrar personas que
sufren arritmias, dolor crónico, contracturas musculares, asma, trastornos gástricos,
trastornos dermatológicos, etc.¿Por qué si se trata de trastornos físicos están en la
consulta psicológica? Porque presentan niveles muy altos de ansiedad que hay que tratar
también.

Veamos un ejemplo, un caso clínico centrado en la tensión muscular. Por lo general,


ésta es más alta en aquellas situaciones en las que necesitamos estar activos y dar una
respuesta rápida o enérgica ante las demandas de la situación. Pero una persona que
estudia todos los días ocho horas un examen de oposición para conseguir un empleo (un
examen en el que se juega mucho), puede acumular día tras días demasiada tensión en el
cuello, hombros, espalda, músculos frontales, etc., lo que puede provocar, en primer
lugar dolor, y en segundo lugar una contractura muscular.

Otro ejemplo: una persona que discute mucho con su pareja, o con su jefe, que
permanece después mucho tiempo enojado, dándole vueltas a la discusión, a lo que dijo,
a lo que debió decir, a lo que debía hacer, etc., permanece mucho tiempo en tensión,
pero no resuelve esta tensión hablando, puede alcanzar altos niveles de presión arterial.
Los pacientes hipertensos tienen mayores puntuaciones en las pruebas que evalúan
ansiedad, e ira interna (ira dirigida hacia dentro, no expresada, rumiaciones, etc.)

En resumen, algunas respuestas fisiológicas se dan mucho más en unos individuos que
en otros. El estrés, la ansiedad, las preocupaciones tienden a incrementar las respuestas
fisiológicas en general. Pero se incrementan más aún las respuestas fisiológicas en las
que nos hemos especializado. Si se mantienen mucho tiempo estas altas tasas de
respuesta, es más probable que lleguemos a tener uno de estos trastornos o disfunciones.

También hay que tener en cuenta que muchas veces la preocupación por una respuesta
fisiológica que se muestra con una alta intensidad hace que se incremente más dicha

Noelia García Cruz 143


Delimitación de estrés y ansiedad en el trabajo

respuesta. En general, al prestar atención a las respuestas del sistema nervioso autónomo
(involuntarias) modificamos su tasa de respuesta. Así, por ejemplo, si nos dicen que nos
estamos poniendo rojos, nos ponemos más rojos.

Por último, decir que en la consulta psicológica se encuentra muchos casos de personas
que han hecho un "problema" de su tendencia a ruborizarse algo más que otros
individuos, o a sudar más. La exagerada importancia dada a estos factores suele llevar a
estas personas a tener que evitar situaciones, por ejemplo ante situaciones sociales, lo
cual constituye por sí mismo otro trastorno (por ejemplo, trastorno fóbico social).

Tipos:

o Cardiovascular
o Gastrointestinal
o Respiratorios
o Dermatológicos
o Aparato locomotor
o Genitourinario
o Disminución de la respuesta inmune

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