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DISCRIMINACIÓN LINGÜÍSTICA O LA “FORMA CORRECTA DE

HABLAR”
¿Qué es la discriminación lingüística?

La discriminación lingüística es el fenómeno de discriminación que una persona o


grupo social puede sufrir debido a la lengua en la que se expresa o a sus particularidades
lingüísticas.

La discriminación lingüística ocurre cuando una persona o grupo social puede sufrir a
causa de su idioma nativo o particularidades lingüísticas. Por ejemplo, un empleado
podría ser sometido a la discriminación lingüística si el lugar de empleo tuviera una regla
de ³hablar solo inglés´ pero el idioma primario del empleado no es inglés. También el
empleado podría ser víctima de la discriminación de idioma si fuera tratado de manera
menos favorable que los otros empleados por hablar inglés con acento, o si al empleado
se le informa que no califica para un puesto.

En las escuelas y colegios se impone, la utilización del idioma regional para salvaguardar
la libertad que tratan de destruir. Resulta irónico que dirigentes considerados de izquierda,
lleguen a tener ideas tan cercanas a lo que fue Hitler y su séquito. ±lo nuestro es válido y
los demás lo aprenderán y lo aceptarán, les guste o no.

En el Perú, además de las formas típicas de discriminación, léase la racial, económica,


social, de género, de especie, etc.; existe otra profundamente arraigada y no tan percibida:
la discriminación lingüística. Dentro de esta, podemos distinguir dos clases:

1. Discriminación basada en el origen geográfico


La discriminación basada en el origen geográfico se desarrolla dentro de un
contexto de migración en el que un grupo móvil arriba a un determinado lugar en
el cual existe un modo particular de hablar. La discriminación se ejerce por parte
de personas que practican el dialecto “oficial” hacia personas que, por la reciente
movilidad geográfica, no lo han adquirido. Sobre lo señalado, tengamos presente
la discriminación dirigida hacia poblaciones selváticas y serranas donde es motivo
de burla o mofa el llamado dejo, es decir, el acento peculiar del habla de
determinada región, variación del lenguaje que es equiparado a un hablar
incorrecto. Así, pongamos como ejemplo dos casos sucedidos en años recientes,
el primero ocurrido en una unidad de transporte público limeño donde el cobrador
era una persona de origen andino poseedor de un dialecto de la sierra central, el
mismo que al requerir a uno de los pasajeros si no tenía cambio o sencillo, pues
había recibido un billete de veinte soles del mismo, fue víctima de una frase dura,
además, de discriminatoria: “Aprende a hablar bien el castellano, cholito igualado,
así como hablamos los criollos, no se dice sencillo sino sencillo”.
En consecuencia, la forma de hablar de los ejemplos citados vienen a ser correctas,
léase la del cobrador de combi, la del prejuicioso pasajero, la de la chica
acomplejada y la de su enamorado argentino; que el segundo y la tercera
consideren que existe una forma óptima de hablar, no tiene ninguna base científica
sino que obedece a la ignorancia, a creencias, prejuicios y/o formas excluyentes
de percibir la realidad y a los “otros”.
2. Discriminación educacional
La segunda forma de discriminación es la que tiene como premisa a la educación
oficial. Desde que el individuo ingresa a las instituciones educativas públicas o
privadas, se le enseña que existe una “forma correcta de hablar”; en consecuencia
desarrollar el “habla culta” se lograría mediante una sólida educación que tendría
como principal contribuyente una universidad de prestigio, dentro de la cual el
estudiante a través de la instrucción permanente recibida, independientemente de
la profesión elegida, y la interacción constante con personas vinculadas a diversas
áreas del conocimiento, vendría a adquirirla y desarrollarla. El “habla culta” es la
difundida y avalada por la Real Academia de la Lengua Española, institución que
de forma arbitraria establece normas, reglas, significados y conceptos de las
palabras, lo cual trae aparejado también la “forma correcta de escribir”.
El segundo tipo de discriminación se da por parte de quienes tienen el poder del
conocimiento, de quienes han aprendido y emplean el “habla culta” hacia los que
no. Si bien se trata de una forma de discriminación, la educacional se encontraría
“justificada” en las ideas de progreso y ascenso social y económico; siendo que
aquella se torna corrosiva en el caso de los ciudadanos que no saben leer y/o
escribir castellano. Respecto de esto último, tomemos como ejemplo el acto
estatal traducido en la política de alfabetización, lo cual encierra un punto de vista
etnocéntrico y occidentalizado, el cual considera a todas las personas que no
tienen conocimiento de la lectura y escritura como atrasadas, tomando como
premisa a la educación formal.
Por tanto, las grandes proclamas de combate y/o erradicación del analfabetismo
no toman en consideración, como tantas veces, la realidad pluricultural del país
en donde existen más de cuarenta lenguas indígenas que son de tradición oral, es
decir no poseen una escritura desarrollada. En vista de ello, la “bienintencionada”
política estatal difundida por los medios de comunicación masivos y las
disertaciones ofrecidas incluso por presidentes tienen el efecto de generar en el
espectador la sensación de que todo aquel que no tenga conocimiento de la lectura
o escritura -del castellano en el caso peruano- se encontraría en un nivel distinto
de quienes si lo tienen, siendo percibidos de manera negativa.
Tanto la discriminación educacional como la basada en el origen geográfico se
confunden y entrelazan; pensemos por ejemplo en una ciudadana peruana
perteneciente a la comunidad awajún quien ha migrado recientemente a Lima y
que se encuentra en pleno proceso de aprendizaje del castellano, persona que, casi
seguro, será víctima de ambos tipos de discriminación, lo cual enfatizamos se
relaciona directamente con el enorme racismo existente en el país, lo cual sería
menos incisivo y más tolerable si de una persona extranjera se tratara, tal como
señalamos con el ejemplo de Guillermo, quien pareció sufrir bastante cuando la
versión femenina de Roberto López, lo dejó por otro ciudadano extranjero, esta
vez inglés, de nombre Dimitri, de quien adoptó, además de su hinchaje por el
Manchester United, la forma incipiente de hablar el castellano, pues eso según su
prejuiciosa forma de entender las relaciones sociales, la hacía aún más chic ante
su familia y la sociedad.