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PROF.

ELENA ECHEVARRIA SAAVEDRA

INDEPENDENCIA O EMANCIPACIÓN

La historia tiene su sello de clase según quien escribe y con qué finalidad
lo hace. A estas alturas del siglo XXI y cuando la mayoría de la población
latinoamericana van tomando conciencia de su historia y su realidad y sobre todo
cuando están enrumbándose por nuevos senderos hacia su verdadera
emancipación e independencia, para nadie es novedad que a lo largo de la vida
colonial y republicana hubo una historia oficial y una historia real; la primera para
ensalzar la grandeza de su historia protagonizados por “personajes ilustres”
cuyos objetivos no era otra cosa que , según ellos, construir una patria libre y
soberana; mientras que la segunda fue invisibilizado, ignorado, olvidado o
tergiversado su rol por estar ligados a las masas incultas, analfabetos o iletradas.

Los historiadores oficiales o conservadores hacen énfasis sobre las


grandes personalidades que han escrito la historia de manera sesgada y son los
herederos y continuadores del sistema económico-social injusto que en su
momento se aprovecharon de la independencia disfrazados de patriotismo y
libertarios, mientras que los historiadores del otro lado de la orilla izquierda lo
escriben sobre los logros, sobre el rol y la esperanza de las masas populares y
sus líderes patriotas.

En la educación secundaria aún se habla de emancipación e


independencia como dos etapas secuenciales de lucha contra el dominio
español y esta es una visión sesgada de nuestra historia oficial hasta hoy en los
textos escolares. A la luz de un análisis objetivo y dialéctico, la emancipación y
la independencia son dos hechos que forman parte de un mismo proceso: la
soberanía nacional. Apelando al diccionario, por independencia debemos
entender cuando un país no es subordinado ni dependiente de otro, y la
emancipación es liberar a uno de la tutela o de la servidumbre, salir de la
sujeción o dependencia en que se estaba.

Nuestro proceso de independencia en América Latina no resolvió nada en


lo esencial. La élite criolla independentista aprovechó de la marginación y
postración que ellos mismos causaron por su condición de explotadores durante
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tres siglos e interesadamente usaron como bandera de lucha para ganarse el


apoyo necesario del pueblo. Aprovecharon esos problemas sociales para dirigir
la independencia de España y que en el plano interno solo sirvió para mantener
el dominio de las oligarquías criollas pero en plano externo se sujetaron a los
dominios de Inglaterra y posteriormente de EE.UU.

Es incuestionable que la lucha por la independencia de España era el


objetivo político principal de la oligarquía criolla, lucha que efectivamente se
logra formalmente con la victoria patriótica de Antonio José de Sucre en la batalla
de Ayacucho el 9 de diciembre de 1824. En cambio, la emancipación era el
objetivo de los criollos patriotas y del pueblo que lamentablemente no se logró
con la independencia por la debilidad organizacional de las masas, por el atraso
político y por la falta de claridad ideológica y de conciencia. La emancipación
encarna la conquista por el pueblo de la igualdad social de los indios, de
los negros, de los mulatos, de los mestizos y de los criollos con visión de
patria; es la conquista del acceso a una vida mejor, del derecho a la tierra,
el derecho a la educación, del derecho al trabajo digno, del reconocimiento
de los derechos de la población y de la abolición de la explotación en todas
sus formas, los cuales lamentablemente no se logran en absoluto con la
independencia. Hubo independencia de España pero no hubo emancipación.

Los criollos independistas levantaron la bandera de la igualdad, la justicia


y la libertad para atraer al pueblo hacia sus filas y ganarlos para su causa. La
independencia es el proyecto de la oligarquía criolla cuyo objetivo era
zafarse del dominio colonial español pero sin hacer o promover cambios
sociales ya que ellos no necesitaban emanciparse por el hecho de ser
libres, y no solo libres, sino explotadores de negros, indios y mestizos. La
verdadera emancipación es de los marginados, de los excluidos, del pueblo, de
una minoría ínfima de criollos patriotas y revolucionarios que sufrieron atentados
contra su vida, exiliados o han sido asesinados.

La oligarquía criolla llama al pueblo, a los llaneros, a los gauchos, a los


indígenas, a los mestizos y a los negros esclavos, les hacen ofertas engañosas
de libertad y de igualdad logrando incorporar a la lucha independentista y
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cuando esta triunfa, entonces los criollos dejan abandonados a los que les
apoyaron y vuelven a someterlos en un nuevo sistema de dominación disfrazado
de normas republicanas declarativos o formales pero nada en los hechos reales.
Buena cantidad de tierras fértiles y libres son repartidas entre los criollos y
mestizos adinerados que lo toman como herencia y otras extensas tierras son
ofrecidas para una nueva colonización europea y norteamericana donde la masa
de indígenas son nuevamente convertidos en peones de las haciendas y de las
minas.

La independencia del Perú se obtuvo para unos en 1821 y para otros en


1824, mientras que la emancipación, es decir, la conquista de la justicia, la
igualdad y el bienestar social que es el clamor y la esperanza del pueblo, que
hasta ahora no fue resuelta por la independencia a pesar de las numerosas
luchas populares y los cambios de gobierno, sigue siendo una tarea pendiente.
Emancipación e independencia son dos hechos complementarios de un solo
proceso.

A manera de conclusión; a pesar de los resultados limitados y frustrados


y a su fracaso en muchos aspectos, la independencia política se logró mal que
bien: nuestros países dejaron de ser colonias de España para orientarse como
repúblicas libres y soberanas. La independencia quedó en manos de la
oligarquía criolla y en caudillos traidores que abandonaron el proyecto
unitario de la Patria grande que los libertadores habían luchado fragmentándose
en patrias chicas, oligárquicas, aisladas y enfrentadas entre unos y otros siendo
devorados fácilmente por nuevas potencias. El resultado de la independencia se
fue diluyendo en las siguientes décadas para caer en una nueva forma de
dependencia (neocolonial) cuando los países latinoamericanos, unos tras
otros, son sometidos a las garras de las nuevas potencias capitalistas dueñas
del mundo, primero de Inglaterra y posteriormente de Estados Unidos.
Lo que no se logró en ningún caso con la independencia fue la
emancipación, es decir, la reivindicación de las masas populares de la
explotación, de la servidumbre, y de la exclusión de la vida política, económica y
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cultural de la sociedad. A pesar que el pueblo luchó décadas y décadas para


arrancar algunos derechos emancipadores, oportunistamente la oligarquía criolla
levantó las banderas de justicia e igualdad social para atraer de manera
engañosa a las masas y formar parte de los ejércitos patriotas y victoriosos
pero que posterior a la independencia, la explotación se reforzó bajo nuevas
formas. No solo fue muy poco lo que se logró arrancar a la oligarquía dueña y
usufructuaria de la independencia, sino que a dos siglos de iniciada la lucha
independentista el pueblo sigue viviendo en medio de la discriminación social, la
injusticia, la pobreza y reclamando como nunca una nueva emancipación.
La independencia no apuntaba a profundos cambios económicos y
sociales, sólo fue el reemplazo o la expulsión de los virreyes, las instituciones
coloniales y funcionarios impuestos por la corona española.
Existe una diferencia entre la independencia y la emancipación como
proyectos que expresaban los deseos de sectores sociales no sólo distintos sino
que entrarían en una pugna abierta y cruenta: La oligarquía criolla terrateniente
y los indígenas.
La independencia se constituía en el objetivo directo de la oligarquía
criolla, un objetivo político, obtener el reconocimiento de la independencia por
parte de España. La emancipación por la debilidad y el atraso político e
ideológico de las masas populares no podría ser caracterizado con claridad como
objetivo de los sectores dominados por los españoles, éstos son explotados
directamente por esa oligarquía criolla independentista, pero ese proyecto no
deja de expresarse en el desarrollo de un conflicto como deseo, lo que llevó a
estos grupos a estar de un lado y de otro durante la guerra. La dominación social
a la que estaban sujetos por parte de la oligarquía criolla llevó a identificar a los
criollos como los principales enemigos, porque eran evidentemente los
antagonistas directos de clase, haciendo de la lucha de los primeros años una
revolución profundamente social.
Al lado de la guerra de independencia se dio una verdadera revolución
que expresaba los deseos de los sectores más empobrecidos de la sociedad,
éstos se rebelaron contra todo el orden vigente generando una ola de violencia
proporcional a la recibida durante siglos de explotación. Fue una época de
ejercicio de las ansias emancipadoras del pueblo que identificó a los blancos
criollos como el enemigo de clase inmediato. Razón por lo que fueron excluidos
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y hasta prohibidos su presencia en la plaza mayor de Lima, cuando San Martin


proclamara la independencia del Perú.

Lo que se quería era independencia para los blancos criollos sin


emancipación para los sectores subalternos.
El cambio de virreinato a república y con la emancipación era la
oportunidad para los indígenas de convertirse en verdaderos ciudadanos, con
iguales derechos que cualquier otro grupo que formaba parte del Perú. Sin
embargo, el cambio nominal de estatus -porque sí se les llamó ciudadanos- no
trastocó su condición de grupo segregado y excluido de cualquier proyecto
estatal.

En el presente América Latina y el Perú se encaminan al segundo


bicentenario con un doble reto: concluir la verdadera independencia que apenas
dejó magros resultados y lograr una verdadera emancipación.

- Virgilio Roel “Historia del Perú Republicano” Tomo VI, Pág. 228, Edt. Juan Mejía
Vaca.
- Pablo Macera “Visión Histórica del Perú”