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El relato d e v id a d e A lvaro D e lg a d o , qu e p re se n ta m o s aqu í, n o

Alvaro Delgado

Todo tiempo pasado fue peor


tien e tal vez an te ce d en te en la h isto ria d e la izq u ierd a
c o lo m b ian a. E s el b lan co y n e g ro d e u n a p e r so n a qu e m ira con
ab so lu ta in d e p e n d e n c ia el c u rso d e su vida: su p ro p ia fam ilia,
sus a m ig o s, su p a rtid o , el p o d e r d esco m u n al d e los alto s
m a n d o s d el c o m u n ism o soviético y chino. Su s ev ocacion es d e
la P opayán d e lo s añ o s 30 y 4 0 p e rm ite n h a ce rse a u n a id e a d e Todo tiempo pasado fue peor
la c o tid ia n e id a d d e las clases a c o m o d a d a s vista con los o jo s del
n iñ o y el ad o le sce n te p o b re, y su p in tu ra sin c o m p ro m iso s de Memorias del autor basadas en entrevistas
la v id a in te rn a q u e h a llevad o el p a rtid o co m u n ista e n se ñ a un hechas por Juan Carlos Celis
m u n d o d e sco n o c id o p a r a m u ch os, a c o stu m b ra d o s co m o
estam o s a la c o n d e n a o la ex altació n , m ás q u e a la v erd ad .
Q u ien es h acen el esfu erzo d e co n o c er y e x p licarse la so cied ad
c o lo m b ian a c o n te m p o rá n e a co in cid en en u n a ap reciació n : n o
hay h isto rias d e v id a, sobre to d o en las filas d e la izqu ierd a. N o
sab em o s sin o d e co m u n icad o s, reso lu cio n es d e o rg an ism o s
d irig e n te s y ch ism es d e salón . L a m ism a izq u ierd a se h a
e n c a rg a d o d e o cu ltar su q u e h ac e r co tid ian o y carece d e u n a
v e rd a d e ra p re n sa, d irig id a , n o a co n q u istar a d e p to s, sin o a
in te rp retar el p aís. T o d o s aq u ello s qu e h an in te n tad o h acer
relato vivo d e la p o lítica rev o lu cio n aria h an sid o m al vistos p o r
las je fa tu r a s d e la izqu ierd a.
Al en cu en tro d e e sa c o rrie n te m alh u m o ra d a y estéril van las

Alvaro Delgado
p á g in a s d e este libro.

ISBN 9 5 8 - 9 8 0 2 2 - 4 - 3

La Carreta
Editores E.U. 9 789589 802243
r

Alvaro D elgado nació en Popayán en


1930, hizo allí prim aria y secundaria y
se trasladó a vivir a Bogotá, donde
prosigu ió tardíam ente estudios en la
U n iv e rsid a d N ac io n al, qu e cortó
ab ruptam ente p ara dedicarse a la
lucha política, el p eriodism o y la
in vestigación social. Fruto de su
trab ajo han sid o varios libros y
n um erosos artículos de pren sa a p a ­
recidos en diversas publicaciones de
izquierda. A dhirió tem pranam ente a
las filas d el P artid o C o m u n ista,
cum plió m isiones dentro y fuera del
país y lu ego de cuarenta años de
m ilitancia se dedicó enteram ente a Todo tiempo pasado fue peor
perfeccionar su seguim iento de las Entrevistas hechas al autor en 2005
luchas sociales colom bianas, labor que
por Ju an Carlos Celis,
viene cum plien do en el C inep desde
1992. revisadas en febrero de 2007

Ju a n C arlos C elis O spina, Sociólogo


de la U n iv ersid ad de A ntioquia;
M agíster en E studios U rban o-regio­
nales de la U n iversidad N acional de
C olom bia, sede M edellin; can d idato a
doctor en Estudios Sociales con línea
d e p r o f u n d iz a c ió n e n E s t u d io s
L ab orales de la U niversidad A utó­
n om a M etropolitana-U nidad Iztapa-
lapa. Su últim a publicación es el libro
Sindicatos y territorios. Dimensiones
territoriales de la acción sindical, 2004.
Alvaro Delgado

Todo tiempo pasado fue peor


Entrevistas hechas al autor en 2005
por Juan Carlos Celis,
revisadas en febrero de 2007

La Carreta
Editores E.U.

Bogotá, 2007
Delgado, Alvaro
Todo tiempo pasado fue peor: memorias del autor basadas en
Contenido
entrevistas hechas por Juan Carlos Celis / Alvaro Delgado ; prólogo
Medófilo Medina. -- Editor César A. Hurtado O. -- Medellin : La
Carreta Editores, 2007.
332 p . ; 14 x 21,5 cm. - (La carreta social) Prólogo....................................................................................................... 7
Incluye bibliografía.
1. Delgado, Alvaro —Entrevistas 2. Políticos —Biografías - Todo tiempo pasado fue peor................................................................ 21
Entrevistas 3. Izquierdas (Política) - Colombia I. Celis, Juan Carlos La cara que tenía Popayán...................................................................24
II. Medina, Medófilo, 1944', pról. III. Hurtado Orozco, César A., ed.
IV. Tit. V. Serie. La huerta casera y la vaca lechera......................................................64
923.2861 cd 21 ed.
A l 118490 Una modelo me cautivó......................................................................... 88
El festival de la juventud..................................................................... 125
CEP'Banco de la República-Biblioteca Luis Ángel Arango
La historia del mimeógrafo..................................................................135
Conversación con Torres Giraldo....................................................... 153
Buscando a Mao por tierra y aire....................................................... 167
De Riochiquito a La Habana..............................................................174
ISBN: 958-98022-4-3. Conversación sobre esto y lo otro....................................................... 187
© 2007 Alvaro Delgado La ciudad más bella del mundo......................................................... 194
© 2007 La Carreta Editores E.U. La experiencia de la investigación social......................................... 217
La Carreta Editores E.U. Peregrinaje para aprender.......................... 225
Editor: César A. Hurtado Orozco
Recuerdo de los trabajadores............................................................. 255
E-mail: lacarreta@epm.net.co
Telefax: (57)4 2500684. En el Frente Nacional.......................................................................... 260
Medellin, Colombia. ¿Crisis en el socialismo?.......................................................................266
Primera edición: abril de 2007. Opiniones respetuosas sobre la fuerza................................................278
La revolución pacífica de Pardo Leal.................................................298
Carátula: diseño de Alvaro Vélez.
Ilustración: foto propiedad del autor Anexos................................................................................................... 309

Impreso y hecho en Colombia / Printed and made in Colombia


por Editorial Lealon, Medellin.

Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del


copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o par­
cial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidas las lecturas
universitarias, la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejem­
plares de ella mediante alquiler público.
r
Prólogo

El relato autobiográfico de Alvaro Delgado fue producto de entrevistas


realizadas al protagonista entre marzo y septiembre de 2005 por el profesor
Juan Carlos Celis, de la Escuela Nacional Sindical (ENS). Sin formulario
previo, las preguntas se lanzaron a quemarropa y el protagonista las res-
pondió de manera inmediata.
Se lee al comienzo del Libro Primero de las Confesiones de Juan
Jacobo Rousseau: “La trompeta del juicio final puede sonar cuando
quiera; acudiré a presentarme ante el soberano juez con este libro en
la mano, y diré en voz alta: «He aquí lo que he hecho, lo que he
pensado, lo que he sido. Dije lo bueno y lo malo con la misma franqueza.
Nada de lo malo he callado, ni me atribuí nada bueno, y si he llegado
a emplear algún adorno indiferente e innecesario, ha sido únicamen­
te para llenar un vacío ocasionado por mi falta de memoria» ut
Son palabras que introducirían con cabal pertinencia el libro de
Alvaro Delgado, Todo tiempo pasado fue peor, salvo en lo atinente al
destinatario: “el soberano juez”. ¿A quién presentaría Delgado su tiem­
po pasado? Propongo a quienes se adentren en las páginas que vienen
que al culminar su lectura jueguen a responder esa pregunta. Si he
destacado ese interrogante es porque creo que él recoge una caracte­
rística marcada de la vida del protagonista: un crucial desarraigo. Tal
señalamiento puede parecer extraño cuando se aplica al relato de
una vida de la cual un periodo de 45 años transcurrió dentro de la
organización y la cultura del Partido Comunista Colombiano. Una
parábola de compromiso, pero al tiempo un ejercicio existencial del
distanciamiento. Quizá por ello la cadencia del discurso autobiográfico
mantiene invariablemente un tono menor. No saltan en sus páginas
personajes decisivos que hubieran ejercido irresistible seducción so­
bre el protagonista, no sobrevienen lecturas definitivas. Nadie resulta
derribado de su caballo por la fulminación del rayo de la fe. No hay
una línea de trazo chispeante que marque en algún momento un an­
tes y un después.
El entrevistador inquiere: “Cuénteme cómo fue su vida religiosa,
desde la infancia hasta que se convirtió al ateismo”. Quizá no sea muy

1. Juan Jacobo Rousseau, Confesiones, Editorial Porrúa, S.A., México, 1985,


Libro Primero, p. 3.

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apropiada la palabra conversión para referirse al hecho de asumir la criterio de ser el que señala el rumbo de los partidos en esas alianzas”.
condición de ateo. La respuesta fluye como se extiende el agua: “En Delgado extiende la misma consideración a otras fuerzas ubicadas por
general, yo nunca tuve problemas serios con las creencias religiosas. fuera de los linderos comunistas: “Por eso los grupos de izquierda o
Así de fácil como imité la religiosidad de mi casa y del entorno fui revolucionarios aparecen como los que quieren instrumentalizar las
perdiendo lentamente, sin alteraciones bruscas, todo lo que había alianzas y sobre todo excluir, tener el monopolio de los puestos de
aceptado”. Pero si no se advierte un hilo de sobresalto que hale el dirección, de la comandancia de las alianzas”.
relato autobiográfico el lector no se va a sentir abrumado por una Los comentarios sobre “las alianzas” tocan los lindes de lo trágico
masa de parrafadas aburridas. Al menos a mí, la lectura me resultó cuando se refieren al triángulo de coalición (comunistas-liberales-
impactante. Por caprichos de la impresora no metí los pies en el naci­ farc) tal como éste se configuró a finales de los años setenta y prime­
miento del río sino que me adentré en su cauce cuando el relato ra mitad de los ochenta en Yacopí y Puerto Boyacá. El Partido se en­
había avanzado mucho. En cierto modo leí de atrás hacia adelante. contró aislado cuando se rompió el acuerdo entre liberales y guerrilla
Así, me topé de frente con una cruda narrativa política. y ésta ejecutó acciones contra finqueros y pequeños propietarios. “El
Corrían tiempos de iniciación del Frente Nacional. Los comunis­ resultado de eso -concluye Delgado- fue que cuando se vino la ac­
tas salían del largo túnel de la clandestinidad, accedían a una vida ción de las FARC, hasta los mismos que habían acompañado al partido
política a medias legal. Las instituciones aprobadas por el Plebiscito se voltearon contra él y acabaron en la reacción de derecha, por cier­
de diciembre de 1957 no permitían la participación electoral de for­ to muy violenta”.
maciones políticas distintas a los partidos tradicionales. En consecuen­ Sin vueltas retóricas el protagonista del relato autobiográfico da
cia, el Partido Comunista se vio constreñido a ocupar su lugar en las en la memoria crítica de la acción armada revolucionaria, en la tra­
márgenes del sistema político. En tal contexto Delgado narra con de­ yectoria desplegada por las farc. Delgado pudo seguir muy de cerca
talle el trabajo de los comunistas por la recuperación de la organiza­ los acontecimientos en la fase fundacional de la guerrilla por cuanto a
ción sindical, su actividad entre las mujeres y los jóvenes, la explora­ comienzos de los años sesenta se desempeñó como funcionario del PC
ción en las lucha por la vivienda. En el campo electoral debían en el Huila. Pudo observar el curso de los acontecimientos en las
encontrar fuerzas que no tuvieran reparo en acogerlos bajo su alero zonas agrarias del sur del Tolima, en Riochiquito e incluso en Sumapaz
para el desarrollo de la actividad proselitista. Eso se realizó en el mrl, y oriente del Tolima. El asesinato de líderes agrarios como Jacobo Prías
fundado por el dirigente liberal Alfonso López Michelsen. El PC les Alape, perpetrado por bandas vinculadas con gamonales y terrate­
abrió a los liberales la posibilidad de llegar a zonas rurales bajo su nientes, condujo a la decisión de convertir los grupos de autodefensa
control y también a localizadas franjas del sindicalismo. en el primer núcleo de la organización guerrillera. Entonces ya resul­
El mrl se bifurcaría: la Línea Blanda y la Línea Dura. La primera fue taba perceptible, como lo deja traslucir el relato, el conflicto entre los
acaudillada por su fundador. En la segunda los comunistas se aliaron hombres en armas y algunos dirigentes campesinos comunistas. El caso
con otras corrientes radicales. Luego el PC pasaría a crear el mrl del más notable fue el de Juan de la Cruz Varela, que no quería ver com­
Pueblo bajo su incontestable hegemonía. Con acento crítico Delgado prometida la paz, así ella por tiempos se mostrara precaria, en las re­
recuerda, por un lado, que algunos revolucionarios decidieron torcer giones en las cuales el PC llevaba adelante el trabajo bajo su liderazgo.
su itinerario en pos de un cambio radical de la sociedad, por el pro­ Veinte años más tarde Delgado volverá a ser testigo de excepción
yecto de una carrera política personal. Por otro, señala la lógica de la de la continuación de la historia anterior en otra región: el Caquetá.
política de alianzas de los comunistas en el mrl en los años sesenta, en Otros tiempos, escenarios distintos, y en cierta medida otro el prota­
la Unión Nacional de Oposición (uno) en los setenta y en el Frente gonista: “Ya soy otra persona, una persona totalmente dueña de mis
Democrático en el decenio siguiente. En relación con esos procesos propios pensamientos, a quien nada parece extrañarle ya”. Se había
Delgado describe la que a su juicio ha sido una mentalidad de los pactado la tregua entre el gobierno de Belisario Betancur y las farc,
comunistas: “En el partido siempre se ha dicho: vamos a hacer alian­ y por iniciativa de éstas se había creado la Unión Patriótica. A las filas
zas con amigos que no son de nuestra ideología; ha ido siempre con el de la UP llegó mucha gente que no había tenido antes contacto con la

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cultura comunista. Con vivacidad Delgado describe un ambiente de incipientes. Las responsabilidades de las instituciones en la guerra su­
alegre iniciativa política: con el respaldo de las farc se creaban orga- cia no se reconocen, antes se ocultan con el irreductible celo que suele
nizaciones populares: cooperativas, círculos de la up. Al poco andar se ponerse en la defensa de los fueros y con el ardor “patriótico” con el que
registraron asesinatos de reinsertados promovidos por la derecha y por se invoca la necesidad de mantener la moral de las tropas y de las insti­
las fuerzas políticas desplazadas. No obstante el oscuro designio pues­ tuciones llamadas a detentar el monopolio legítimo de la fuerza por
to en evidencia por los asesinatos, las masas que se involucraban qui­ parte del Estado. Y sin embargo, si no se abren en algún momento la
zá por primera vez en la acción política aspiraban al trabajo en paz: descripción y el análisis del proceso mediante el cual un sistema políti­
“Allí, en esas elecciones de los años ochenta, comprendí que la gente, co violento y excluyente engendró modalidades de oposición intoleran­
toda la gente del pueblo, lo que más quería era la paz, un país en paz”. tes y sangrientas, las cuales al tiempo se afianzaron en decisiones
En el Caquetá, como en otras regiones agrarias donde la UP avan­ identificables, no se habrán creado, al menos en parte, las premisas
zaba, chocará la lógica militar de la guerrilla con el discurso que el políticas, éticas y emocionales para emprender el camino de la paz.
trabajo político demanda. Para superar esa contradicción el PC acu­ Aunque el relato autobiográfico está atravesado por la preocupa­
dirá con la fórmula que había consagrado como estrategia desde el X ción política como lo ha estado la vida del protagonista, el texto con­
Congreso celebrado en 1966: la combinación de todas las formas de lu­ tiene múltiples facetas, dada la diversidad de los ámbitos en los que
cha. Esta doctrina no se mostró idónea para abrirle derroteros de vida se desenvuelve una vida humana. Es frecuente encontrar en la vida
a la UP, que mediante el exterminio será expulsada en breve tiempo de gente dedicada al trabajo intelectual una infancia rodeada de li­
del escenario político. Las farc entraron en una nueva etapa de desa­ bros y de estímulos para leerlos. No fue el caso de Alvaro Delgado. Al
rrollo y, por su parte, el PC sobrevivirá al aniquilamiento en muy pre­ contrario, dará el lector con un hogar pobre en el que un padre bron­
carias condiciones. Con precisión Delgado señala situaciones en las co impone su ley, una familia en la que sus miembros de cuando en
que la lucha armada acabó con la organización sindical y cooperativa vez sentirán en sus carnes las dentelladas del hambre. Popayán es el
en el campo. Al tiempo califica de tragedia a la química política de la escenario de la infancia y primera juventud. Una ciudad aún tocada
combinación de todas las formas de lucha. por brumas rurales, regimentada por normas conventuales pero al tiem­
Al leer las páginas del relato autobiográfico que he venido glosan­ po curiosa, inquieta y variopinta. Familias pudientes de Antioquia y
do me he preguntado si será dable esperar que en otras frecuencias del viejo Caldas enviaban sus hijos a estudiar a aquella ciudad de
del espectro político nacional, distintas y contrapuestas a aquellas en aulas y de iglesias. Si bien el adolescente rumiaba una rabia muda
la que ha transcurrido la vida de Alvaro Delgado, surjan narrativas contra el padre, encontraba en el fútbol y en el cine motivos alterna­
honestas y valientes sobre experiencias políticas personales. Cuando tivos convincentes para escapar del desangelado entorno familiar. Al
se habla de procesos de violencia colectiva, tanto de los que han teni­ tanto estaban los niños de Popayán de las peripecias del fútbol en el
do ocurrencia en el pasado como de aquellos en los cuales el país está mundo, pero particularmente de las que sacudían a ese deporte en
sumergido actualmente, se acude a giros verbales impersonales que Argentina. Alvaro jugaba al fútbol y poseía sobre el tema los conoci­
asimilan la violencia a imágenes de catástrofes naturales. De esa ma­ mientos que sobrepasaban la erudición de barriada.
nera se disuelve en las palabras la naturaleza histórica de los procesos Por las calles de Popayán se topará el lector con el aparatoso automó­
de violencia, se los abstrae de las cadenas de interacción humana. vil del poeta Guillermo Valencia parqueado en las proximidades de la
Cuando en 1968, mediante la Ley 48, el gobierno reglamentó la casa de la amante. Podrá disfrutar de la malla que teje el autor en el
formación de grupos civiles bajo el control de la Fuerzas Armadas, le recuerdo de la pintoresca jerga payanesa: combinación de antiguos
aportó bases jurídicas al paramilitarismo. El fenómeno adquiriría una adagios, sarcasmos cotidianos, fórmulas de propagandas radiales, aro­
dinámica y dimensiones que no estuvieron en los planes y cálculos de mas de sancocho, gotas que destilan la personalidad de una ciudad.
quienes concibieron y sancionaron la Ley mencionada. En aquel mo­ Asidos a la historia de vida aparecen temas que remiten al análisis
mento, quienes la adoptaron se guiaron por el pragmatismo amoral y sociológico, como es el del funcionario de partido o, en términos de
pusieron en marcha recursos vedados para aplastar a las guerrillas aún Lenin, del profesional revolucionario. Largos años de su vida Alvaro

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Delgado los vivió como funcionario del Partido Comunista en diversas tropel de las palabras van emergiendo los rasgos precisos de la confi­
regiones de Colombia y en el exterior. En el funcionario revoluciona­ guración política del Partido Comunista y los grandes trazos del cua­
rio pueden enlazarse en nudo inextricable grandes virtudes, disposi­ dro de la cultura comunista. Del conjunto que se decanta del relato
ciones de abnegación heroica con vidas cotidianas transcurridas en de Delgado solo quiero referirme a un aspecto: el lugar de la idea de
medio de la miseria material, la pobreza cultural y la miopía intelec­ la unidad del Partido en la visión y en la conducta de los comunistas. La
tual y política. Me abrumó, en los tiempos de mi pertenencia al Parti­ unidad alcanza autonomía política, se convierte en sí misma en un
do Comunista Colombiano ( pcc), el ejemplo de un compañero objetivo. A sus exigencias se subordina en apreciable medida el con­
antropólogo de la Universidad Nacional que, llamado por la direc­ tenido de la educación y las formas de comunicación entre dirigentes
ción a llenar el lugar dejado por un funcionario asesinado, aceptó el y bases. Si la valoración de la unidad como insustituible instrumento
reto y fue a su turno asesinado poco tiempo después. No fue obligado, del trabajo político eficaz no provoca objeciones, la conversión de la
tomó la decisión con cabal conocimiento del riesgo mortal que asu­ unidad en fetiche la convierte en poderosa tecnología de apuntalamiento
mía. En relación con vicisitudes políticas como las que se precipitaron del poder estalinista. Al conjuro del principio de la unidad en el Par­
con el derrumbe del socialismo en la Unión Soviética, esas cifras del tido Comunista Colombiano se impidió la discusión de las cuestiones
universo revolucionario que son los funcionarios se vieron súbitamente políticas centrales, aquellas que se relacionaban con la llamada línea
atrapadas por el remolino de la crisis. De la noche a la mañana se política. En las filas del PC se debatió, sí, con invariable intensidad.
encontraron por fuera del sistema de coordenadas en el que habían Sin embargo, el ardor de la controversia tendía a desplegarse en pro­
estado inscritas sus vidas. Privados algunos de ellos de recursos materia­ porción inversa a la importancia de las cuestiones en ella concernidas.
les, arrostraron dificultades enormes para sobrevivir en un mundo para Cuarenta y cinco años de la vida y acción de Alvaro Delgado
el cual disponían de una calificación difícilmente trasladable con pro­ transcurrieron dentro del PC. Treinta años ocupó su lugar en el Comi­
vecho al mercado de trabajo. ¿Cómo fue para el protagonista de la té Central y por largo tiempo formó parte del Comité Ejecutivo. En ese
presente autobiografía el paso por esa etapa de azarosa transición? El transcurso expresó en algunas ocasiones una posición contrapuesta a
lector encontrará interesante la narrativa también en este punto. la invariable mayoría de sus camaradas de dirección en relación con
Las mujeres están siempre en planos importantes en la biografía. temas cruciales: el aplastamiento de la Primavera de Praga por los
Si el lector se aburre en algún pasaje prolijo sobre la política, al punto tanques del Pacto de Varsovia, la invasión soviética a Afganistán, la
será rescatado por la aparición de una mujer, ya sea por lo que ella combinación de las formas de lucha. Sintomáticamente, las posicio­
dice, sugiere o hace. Como antes se mencionó Alvaro Delgado no se nes de Delgado no llegaron más allá del círculo de la dirección, no
preocupó por Dios, su existencia o sus designios. Pero podría uno incli­ fueron conocidas siquiera por quienes trabajaban con él en el ámbito
narse a pensar que sí profesó una religión: el culto y la devoción por de la investigación y la educación. Sus divergencias se mantuvieron
las mujeres. Desde las fufurufas que iniciaron con pericia al adolescente dentro del anillo de hierro de las lealtades del aparato. ¿Por cálculo o
en las artes amatorias en su nativo Popayán hasta las muchachas con conveniencias personales? No. Por convicción ideológica y por reflejo
las que se encontró en un verano de Praga o en un invierno moscovita. cultural. Por la misma razón Delgado desaprueba la actividad de Ber­
Esa inextinguible pasión por las mujeres solo será comparable a la in­ nardo Jaramillo y algunos de sus compañeros que quisieron ganar a
domable aversión que Alvaro muestra por la vida familiar. Cierto: tuvo parte de la militancia para una actividad política rescatada del insos­
mujer e hija. A la primera dedica siete renglones en su relato y con la tenible matrimonio de la lucha civil de masas con la acción militar
segunda admite que no fue un padre precisamente ejemplar. Quizá no insurgente. En lenguaje coloquial, que es el habla de la entrevista,
falte quien censure el aspecto de la autobiografía que aquí se glosa. reflexiona Delgado: “Caerse uno con la dirección del partido, eso es
Pero es claro que en parte alguna de esa larga conversación el prota­ definitivo, definitivo; puede ser justo o injusto, lo que sea, pero si tú
gonista busque aprobación o le arredre la condena. te caes con la dirección del partido, olvídate... Todos los que salieron
El relato devuelve siempre a los temas de la política, dado que del partido para irse a crear tolda aparte, y todos los que decidieron
ésta es el eje en torno al cual gira toda la narrativa. Del incesante salirse del partido para presentarse a las elecciones porque supuesta-

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mente no necesitaban del partido, fracasaron totalmente”. La direc­ nal, producen insoslayable malestar, que se convierte en amargo repu­
ción es la depositarla e intérprete del mandato de la unidad. dio cuando se lee sobre el espionaje de los servicios secretos soviéticos
La unidad convertida en fetiche y férreamente mantenida por el sobre los camaradas del comité. El testimonio hace falta encuadrarlo
control ejercido por “una dirección probada” mediante la aplicación en la historia de esa oficina de enlace de los partidos comunistas que
de métodos antidemocráticos conduce de manera inexorable a fenóme­ fue el comité de la Revista Internacional. Esa instancia, en principio
nos como el que describe el protagonista: “El partido no ha sido debi­ necesaria, se convirtió en la ciudadela en la que se abroquelaron las
litado en su historia por disidencias como las que planteó el maoísmo, tradiciones estalinistas que se impusieron en la Internacional Comu­
sino más que todo por el abandono que centenares y tal vez miles que nista (Komintem) en la era de Stalin. Si bien la Internacional había
hombres y mujeres buenos, activos, cargados de ideas, hicieron de las sido disuelta por Stalin en 1943 para evitar cualquier ruido que pu­
filas partidarias a lo largo de los años debido al sectarismo del partido, diese molestar los finos oídos de los aliados, se, prolongó en su espíritu
al maltrato de los cuadros...” Prosigue: “Medio mundo pasó por esa en el comité de Praga. La cruda narrativa de Alvaro sobre su estación
experiencia y esa ha sido la peor pérdida de mentes y voluntades que en Praga apenas se salpica con pinceladas amables y vivas sobre algu­
ha tenido el proceso revolucionario”. A la luz de esos resultados me nos personajes con los que hubo de interactuar: Roque Dalton, el
pregunto yo y no Delgado: ¿en dónde queda la victoria de la unidad? revolucionario centroamericano, Kiva Maidánik, latinoamericanista
En la vida de Alvaro Delgado su relación directa con los aparatos soviético, alguna altiva representante del Partido Comunista Italiano.
del movimiento comunista internacional fue dilatada e intensa. La Por supuesto, abate el ánimo que el PC colombiano hubiera sido uno
inició su participación en la delegación de Colombia en el Festival de los partidos más obsecuentes del coro de la Revista Internacional. En
Mundial de la Juventud que tuvo lugar en Bucarest, evento que, como la relación con algunas mujeres encontraría una vez más Alvaro el
los demás de su índole, fue organizado por la federación Mundial de lazo de unión con la vida durante su segunda estadía en Praga
la Juventud Democrática. Fue seguida para Alvaro por un recorrido En los años sesenta Alvaro debió entrar en contacto con medios
más bien pintoresco por otros países socialistas. dirigentes de la Revolución Cubana, ante todo con aquellos encarga­
En 1965 el protagonista de la autobiografía salió para Praga a ocu­ dos de trazar la política para los movimientos revolucionarios de Amé­
par el cargo de representante del Partido Comunista Colombiano en rica Latina. Esa relación se producía en la atmósfera enrarecida y
la Revista Internacional. Estará en el desempeño de esa misión hasta hostil que los dirigentes cubanos mantenían por esos años hacia los
1968 y volverá a Checoslovaquia para cumplir el mismo cometido en­ comunistas colombianos, a quienes juzgaban como indecisos frente a
tre 1978 y 1980. Parte de la primera estadía coincidió con la gestación la lucha armada e injustificadamente inclinados a practicar la activi­
del movimiento por la renovación democrática del socialismo conoci­ dad política por medios electorales. Eran los tiempos de la Segunda
do como Primavera de Praga. Aunque Delgado regresó a Colombia antes Declaración de la Habana, en 1962, cuando con jactancia los diri­
de que los tanques del Pacto de Varsovia aplastaran el movimiento, gentes cubanos desplegaban su visión unilateral y normativa. “El des­
había podido leer en el ambiente los signos ominosos de la tormenta precio de los cubanos —anota Delgado—por todo lo que no fuera lucha
que se descargaría no solo sobre aquel país de la Europa centro-orien­ armada era evidente”.
tal sino sobre el porvenir del socialismo a escala mundial. La segunda En el relato autobiográfico se pueden leer anotaciones sobre la
estadía tuvo lugar cuando el estancamiento económico en la URSS, la vida cotidiana en Checoslovaquia y en otros países socialistas acumu­
parálisis burocrática y el autoritarismo en los países del llamado socia­ ladas en el tiempo de la representación en la Revista Internacional y en
lismo real constituían una realidad inocultable. el las visitas con ocasión de congresos y celebraciones en otros países.
Para quienes hemos sido comunistas, la cruda descripción de los Obviamente esas observaciones están teñidas por la visión que el pro­
métodos de dirección inducidos por los representantes del PCUS en el tagonista se ha formado sobre los aparatos alrededor de los cuales
círculo de la revista, el ambiente de despreocupada aceptación de transcurrió su vida durante sus permanencias en los países socialistas.
ellos por parte de la indudable mayoría de los representantes, el des­ No carecería de interés poner en juego esa visión con la que a su vez
compuesto ambiente de cinismo de aquella comunidad internacio- se formaron otros colombianos que vivieron la experiencia del “socia-

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lismo real” en calidad, no de representantes sino de estudiantes, por redacción, quien les explicó que la reseña no podía ser publicada
ejemplo. No se trataría de un contraste, más bien de un ejercicio de porque contenía una cita de Gram sci y, dada la orientación
observación múltiple. eurocomunista del PCI, la referencia no resultaba conveniente. La
Viví en dos periodos de mi vida en Moscú. Coincidieron en cierto cita en cuestión había sido tomada de la introducción del libro. La
modo con etapas diferentes en la historia de la URSS: el primero, mien­ reseña se puede leer en las páginas de la Revista Internacional pero en
tras adelantaba un posgrado en la Universidad Lomonósov, entre fi­ ella no se encontrará la cita de Gramsci. Lo curioso es que yo había
nales de 1969 y enero de 1975, y luego entre septiembre de 1984 y tomado un seminario sobre la obra de Gramsci en la Universidad
diciembre de 1985, en pleno despliegue de la Perestroika, con ocasión Lomonósov, dictado por un viejo y prestigioso profesor de historia mo­
de otra estadía que tuvo también objetivos académicos. En la vida derna, quien presentaba a Gramsci como uno de los clásicos del mar­
cotidiana la gente vivía sin que fuera visible la tensión originada en la xismo leninismo. En la Facultad en la que yo estudiaba se había publi­
sospecha de una omnipresente mirada de la policía secreta sobre sus cado una antología de trabajos de Gramsci.
vidas. Hoy siento que un ciudadano corriente experimenta una cali­ Un aspecto que resulta atractivo y peculiar en los libros de memo­
dad de vida diferente si a cada paso no se encuentra con la agobiadora rias son las evocaciones de las personas con las que se ha encontrado
e ineludible evidencia de los abismos de ingresos que separan a los el autor a lo largo de la vida. En los libros de historia se presenta a
estratos. Recuerdo que sufrí con la fonética rusa de una frase que era menudo una microbiografía cuando aparece por primera vez un perso­
repetida por mucha gente y por supuesto también por la propaganda: naje. Pero en las memorias la gente suele irrumpir de manera más
la seguridad en el día de mañana. La frase era posible por la inexistencia fresca, más humana, en la medida en que es convocada no por el
del desempleo abierto. Cualquier economista puede decir que la or­ historiador sino por el amigo, el émulo o el enemigo. En Todo tiempo
todoxia del pleno empleo tuvo unas consecuencias muy negativas para pasado fue peor las referencias son aún más espontáneas, en la medida
la economía. Quizá tenga razón. Pero la gente vivió muy consciente en que fueron traídas a la escena sin preparación y sin la elaboración
del derecho al trabajo. El sistema se mantuvo hasta cuando estuvo en parsimoniosa que se puede permitir el memorialista. Con algún deta­
capacidad de mantener las conquistas sociales. lle recordará Alvaro a aquella compañera y amiga judía de ascenden­
Tal vez una anécdota pueda extender un hilo entre el testimonio cia austríaca de los tiempos de la Universidad, sus gustos, sus hábitos
de Alvaro Delgado sobre su experiencia en Praga y la mía en Moscú. tan diferentes a los de sus compañeros de estudio. El espectro de la
En 1980 se publicó en Bogotá la Historia del Partido Comunista (primer gente evocada por Delgado es muy amplio. Aparecen personajes que
tomo). El libro fue el resultado de una investigación realizada por mí, conoció en la cárcel: Diego Montaña Cuéllar con noble ademán, pero
auspiciada por el Centro de Estudios e Investigaciones Sociales (ceis) también con su socarronería; el compañero campesino o un balandro
y supervisada por una comisión. El intelectual comunista venezolano de la dictadura rojaspinillista, el Borugo, que es protegido por la “pri­
Jerónimo Carrera, representante de su partido en la Revista Internacio­ mera dama de la nación” y que se permite caprichosos gestos de apoyo
nal, presentó a la redacción una reseña sobre el libro. Pasó el tiempo y a un joven preso político.
la reseña no se publicaba. Su autor pidió entonces a su colega colom­ La gente entra en el relato traída por el torrente de la vida y el
biano que inquiriera sobre el asunto. El colombiano, que era Raúl trabajo: se trata de obreros de Medellin en la valiosa descripción de la
Valbuena, una figura que aparece evocada por Delgado con admira­ recuperación del trabajo sindical en esa ciudad en la primera fase del
ción, recibió una respuesta desconcertante. El comentario no se pu­ Frente Nacional. Se ven escorzos, pintados con apremio, de personajes
blicaba porque se refería a la historia de un partido y la revista estimu­ de la historia contemporánea de Colombia: Ignacio Torres Giraldo,
laba el ámbito internacional. Valbuena replicó al punto con un Pastor Pérez, Manuel Marulanda Vélez, Jacobo Arenas, Pardo Leal,
argumento difícil de formular pero al tiempo muy complicado para Bernardo Jaramillo, Alvaro Vásquez del Real. A veces el lector recibe
responder formalmente: la revista había publicado en sucesivas entre­ un ventarrón de malestar: por ejemplo, en el recuerdo de Estanislao
gas las memorias del camarada Briezhnev, que no era un partido sino Zuleta. Como es obvio, en el curso del relato aparece con frecuencia
un dirigente. Carrera y Valbuena fueron convocados por el jefe de Gilberto Vieira. Sobre él las alusiones explícitas del protagonista es-

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tán tocadas por la admiración. El lector informado encontrará que el resultar de utilidad para lectores algo distantes de los senderos por los
balance político de Delgado le deja margen para que se forme su pro­ que se ha movido el protagonista.
pio juicio sobre la figura central de los comunistas colombianos en el El campo más conocido de la investigación de Delgado es de la
siglo XX. estadística sobre el movimiento huelguístico en Colombia. El trabajo
Produce interés no exento de hilaridad un contrapunto no buscado se inició con el balance de las luchas obreras de 1962 y continuó en
por el autor entre su propia parábola vital y la de Manuel Cepeda esa misma modalidad para los años siguientes bajo el Frente Nacional
Vargas. Oriundos ambos de Popayán, se iniciaron en los ajetreos políti­ y para el periodo posterior. No se trataba del examen puramente cuan­
cos por el mismo tiempo. Ya entonces Cepeda era líder. Se trata de titativo de las huelgas de acuerdo con una serie de indicadores sino
talantes contrapuestos. Sus diferencias en principio no las marcó la del escrutinio sobre las causas de los auges, así como de las razones de
política, las produjo la química. Manuel Cepeda vivió en un pedestal los estancamientos y descensos. En asocio con el historiador Mauricio
épico del cual le resultaba muy difícil descender. Delgado mantuvo Archila avanzó la serie hacia atrás para la primera mitad del siglo XX.
siempre un bajo perfil aunque ocupó como Cepeda altas responsabilida­ Se cuenta así con un cuadro comprehensivo de todo el movimiento
des políticas. Delgado, testigo involuntario de una escena erótica en huelguístico colombiano.
su adolescencia, señalará: “Miguel Angel me sobrepasó sin siquiera En múltiples entregas de las revistas Documentos Políticos, Estudios
advertir mi presencia”. En muchos pasajes de la autobiografía se tiene Marxistas, Revista Internacional, se pueden leer artículos de Alvaro
la impresión del minucioso esfuerzo deí protagonista por pasar desa­ Delgado sobre temas de ideología e historia del movimiento obrero.
percibido. Cepeda consideraba su deber estar en el centro de la escena Los folletos suelen ser una forma de publicación muy frecuente para
y desde allí afrontaba los riesgos. Hablaba con énfasis cuando decía quienes investigan para el movimiento obrero. El formato, amén de la
cuestiones importantes pero mantenía el golpe enfático de la voz tam­ precariedad de la presentación editorial, parecería indicar que se tra­
bién cuando se refería a cosas intrascendentes. Delgado ha hablado, ta de textos de coyuntura, altamente perecederos. En la folletería que
no sé si toda la vida, con una entonación pareja y rezongona. Cepeda corresponde a la pluma de Delgado los trabajos tienen el mismo sopor­
fue paladín de la estrategia o táctica de la combinación de las formas de te empírico, el rigor conceptual y el celo por el idioma que se advier­
lucha. Delgado se convirtió en uno de los críticos de esa fórmula. ten en sus artículos y libros. La adscripción de Delgado a la línea
En el relato aparecen cifras de la arena política mundial sobre las política del PC y su relación estrecha con el sindicalismo orientado
que se ofrece alguna anotación ligera pero original, como Deng Xiao por los comunistas no mató su curiosidad intelectual y su interés por
Ping o Chu En Lai. Se recogen alusiones a personajes latinoamerica­ conocer en detalle el desarrollo de las corrientes sindicales califica­
nos hilvanadas con el hilo envenenado de una anécdota que pinta a das por la izquierda globalmente de “patronalistas” o, en el mejor de
Manuel Piñeiro, el comandante Barba Roja de la Revolucuión Cuba­ los casos, de “reformistas”. Ha estado siempre bien informado sobre la
na, o a Teodoro Petkoff, dirigente político venezolano. estructura de las centrales sindicales, los matices de sus lealtades po­
Se echa de menos en la autobiografía de Alvaro Delgado una re­ líticas y la composición de sus núcleos dirigentes.
flexión explícita sobre su proceso intelectual. Alvaro abandonó los Delgado ha mantenido su permanente inquietud investigativa en
estudios de arquitectura que adelantaba en la Universidad Nacional relación a un horizonte muy amplio de problemas. Su obsesión por
porque consideró que le sustraían tiempo para la actividad política. formarse una imagen mental sobre las realidades económicas, sociales
Esa decisión la califica como “el peor error de mi vida”. Es sobre el y políticas de las regiones en las que tuvo que desarrollar su trabajo
único tema donde su balance está alcanzado por una nota de amargu­ político y la inclinación a devolverla en forma de breves monografías
ra. Quizá tal sensibilidad irritada le haya impedido ofrecer una visión para uso de la militancia, lo dotaron de un conocimiento muy dilata­
realista sobre su contribución intelectual. El análisis de la obra escrita do sobre el país. Igualmente se ha movido con agilidad por los distin­
conocida de Delgado amerita una investigación específica. En los lí­ tos periodos de la historia de Colombia. Su libro sobre la Colonia en el
mites de este prólogo que puede, por lo extenso -espero que no por Nuevo Reino de Granada, así como otro hasta ahora inédito sobre el
más-, volverse abusivo, solo incluiré unas notas breves que pueden siglo XIX, y sus numerosos trabajos sobre la historia contemporánea

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de Colombia lo recomiendan como uno de los historiadores importan­ Todo tiempo pasado fue peor
tes de Colombia.
Representa asunto de interés sociológico el análisis de la trayec­
toria intelectual de Alvaro Delgado desde el punto de vista del tipo "Recuerde el alma dormida,
de intelectual que él representa. El relato autobiográfico ofrece insus­ abive el seso y despierte
tituible material para tal propósito; el análisis especializado de su obra contemplando
escrita y los testimonios sobre su labor docente serán los otros ingre­ cómo se pasa la vida,
dientes que es preciso incorporar en el análisis. Se trata del esfuerzo cómo se viene la muerte
por comprender al intelectual orgánico, para usar la categoría de es­ tan callando;
tirpe gramsciana. Un trabajador de la inteligencia que se diferencia cuánd presto se va el plazer,
del intelectual académico a propósito de múltiples aspectos, entre los cómo, después de acordado,
cuales podrían mencionarse algunos: fuentes de formación de las pro­ da dolor;
blemáticas que se investigan, destinatarios de los resultados y formas cómo, a nuestro parescer,
de socialización de los mismos, criterios de legitimación, concurso o cualquiera tiempo pasado
ausencia de “pares” académicos. Probablemente Delgado nunca ex­ fue mejor”.
perimentó el sentimiento de esterilidad que puede de tarde en tarde Jorge Manrique
sobrecoger al investigador universitario y que nace de aquella expe­
riencia a la que alude Jacoby Rusell cuando el investigador produce
papers para que los lean otros que en el campus a su vez producen JUAN CARLOS CELIS: Nosotros hemos hecho este tipo de entrevistas
otros papers. Pero sí da cuenta de lo que se podría llamar el déficit de para una revista que tenemos en Medellin, Babel. Esto no tiene una
reconocimiento en este desolado comentario: “Los investigadores so­ estructura; la estructura es la misma vida y la historia del país; no hay un
ciales no son populares ni ganan la confianza de ningún movimiento cuestionario previo y esta primera parte es una exploración. Ya en la
sindical”. segunda parte podría haber un cuestionario, en la medida en que se re-
En estas memorias se disparan ráfagas de crítica y autocrítica y se quiera. Yo, por lo menos, voy a leerme todo su trabajo. Ya tengo varios
pintan los contornos inciertos de desencantos, pero a lo largo de sus textos recogidos, sobre todo del movimiento obrero y político que transcu­
páginas se engarzan los hitos de un compromiso político y vital sobre el rrió entre el 70 y el 83. Usted nos podría ayudar a elaborar esa bibliografía.
cual no se adivina sentimiento alguno de arrepentimiento de parte
ÁLVARO DELGADO: Aquí solo tengo mis libros de trabajo, por­
del protagonista. Culmina el testimonio con una afirmación de con­ que yo salí de todos mis libros.
fianza en la posibilidad y la necesidad de un socialismo humano y
emancipador. No encontré en las páginas del relato autobiográfico JC C : ¿Por qué?
que hubiera cabida para ese sentimiento que el tango nombra como AD: Porque yo, por motivos de mi accidente de salud, que me
“la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser”. arrancó una pierna, me iba a trasladar a un apartamento de una sola
alcoba y allí no cabrían todos. Entonces di algunos al cinep, otros a la
Bogotá, 20 de julio de 2006 Universidad Nacional, a mis amigos y a mi hija, y me quedé con algu­
Medófilo Medina nos de literatura y solo libros de consulta para mi trabajo. Cuando
cambió el plan y me vine para un apartamento más grande que el que
tenía, ya había salido de los libros; aquí me habrían cabido perfecta­
mente. Pero no me arrepiento, pues yo no los podía manejar, eran
demasiados libros para mi problema y además los libros se van enveje­
ciendo y necesitan cuidados que no puedo darles.

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JC C : Esta primera entrevista sería una cosa más biográfica, em­ Estaba interna en el colegio de las Hermanas Josefinas, que era de la
pezando desde su infancia. Queremos que nos comente un poco alta de Popayán, y en unas vacaciones en esa finca conoció a don
sobre su infancia: dónde nació, en qué año, cómo fueron sus pri­ Matías, que descansaba en la finca contigua, y se enamoró del tipo y
terminó volándose con él y casándose. Su papá la tenía reservada para
meros años de estudio...
un señor rico de apellido Bravo, pero ella prefirió al pobre don Matías,
AD: Esa idea me gusta porque yo no le puedo hacer historia. Ni
como en las novelas de amor. Se vuela con él, lo cual transgrede todas
tengo los instrumentos ni tengo las ganas. Solo puedo referirle cosas
las normas, e inmediatamente se procede a cancelar toda comunica­
que vi en la vida, sin importar si ellas son importantes o no y sin poner­
ción con ellos. Entonces ella sale de la riqueza y forma un hogar pobre
me a pensar si ellas son hoy pertinentes o no. Lo que no quisiera es
con su esposo. El es Delgado pero no sabe quién es su papá; ese apelli­
hacer historia muerta, de reuniones, plenos y conferencias políticas,
do es de un señor que seguramente lo recogió, o de una señora, yo
porque de eso no sé nada ni nunca supe. No he sido dirigente de nada
nunca he sabido y nunca me he interesado mucho por eso. Por el lado
y nadie creería que lo fui alguna vez, porque nunca tuve autoridad y
de ella sí, porque ella resulta enlazada con la familia de don Ignacio
además ni siquiera busqué tenerla. Solo servir a la causa revoluciona­
Muñoz, un contratista de obras públicas muy rico que vivía en una
ria es lo que he tratado de hacer. casona ubicada en una esquina del parque de Caldas, en la calle
Nací el veinticuatro de noviembre de 1930, en Popayán, cuando cuarta con carrera sexta, entre la Gobernación y la Alcaldía. Vivió
la ciudad tenía apenas treinta mil habitantes y era limpia. Nunca he hasta comienzos del siglo veinte y fue de los que construyeron las
celebrado mis aniversarios y por mucho tiempo incluso tenía que mi­ carreteras del Cauca, que estuvo también abriendo vías en el Valle y
rar la cédula para saber en qué fecha exactamente; solo estaba seguro que contrató a Julián Uribe Uribe, ingeniero y hermano de Rafael,
de que era en noviembre. De un hogar muy pobre, de un hogar de un para que fuera a ayudarle en la construcción de carreteras en el Cauca.
hombre muy tosco e inculto, especie de mayordomo o capataz de fami­ Eso dice una biografía de Julián Uribe que no sé si la conoces, una
lias ricas. Mis hermanas sostienen que era hijo único de un tal Emigdio, muy hermosa biografía que fue editada por el Banco de la República,
pero yo nunca lo he creído. Me atengo a mis percepciones y sigo cre­ pésimamente escrita y peor corregida, pero un hermoso libro, un can­
yendo que la cosa no era tan sencilla porque no había razón para que to al trabajo colombiano, como lo es la autobiografía del general Ra­
sus hijos no frecuentaran a su supuesta familia. Un día iba con mi fael Reyes. Y por parte de don Matías, como te digo, no sé nada. Por
mamá por la calle tercera, cerca de Los Quingos, y ella me dijo: “Ese ahí había una tía tuerta que mi mamá decía que era hermana de él. El
señor de barba que está ahí en esa ventana mirando la calle, ese di­ problema mío es que yo toda mi vida me he deshecho de ligazones
cen que es el papá de su papá”. Me lo contó al oído, como para que no familiares, nunca me ha interesado la vida familiar, he vivido muy
fuera a delatarla. Era un viejito venerable, con una gran barba blanca aislado de todo eso. Con ellos tengo una relación lejana, cordial pero
y la mirada perdida, como esperando la muerte sobre las ventanas de no familiar, tanto con mi familia primera, o sea, mis hermanas (yo soy
asiento que había en la vieja Popayán para fisgonear la vida de los que el menor de una familia de mujeres), como con mi familia propia, es
pasaban por la calle. decir, mi mujer y mi hija. Tengo un hermano y cuatro hermanas, todas
JC C : ¿Cómo se llamaban su papá y su mamá? mayores y él menor, pero nunca ha habido con ninguna de esas dos
AD: Ella se llamaba Rosa Elena Guzmán y él era don Matías Del­ familias una relación mayor de la que tuve quizás cuando estuve ca­
gado. La historia de ella es bonita y fea a la vez. Hija de don Rodolfo sado, por quince años.
Guzmán, un pastuso que era un empresario del anís; tenía hacienda
en alguna parte y le vendía el anís a la empresa licorera del gobierno.
Era un tipo bastante rico, bastante acomodado, y la casa que ellos
ocupaban en Popayán, después de que él murió y la familia se disgre­
gó, se convirtió en un centro de salud, la Clínica Popayán. Ella era la
única mujer de cuatro hijos que tuvo el viejo del primer matrimonio.

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La cara que tenía Popayán Pero los dos siempre se amaron. Alvaro Pío le tuvo un amor inmenso y
sincerísimo a su papá, el maestro Valencia, a quien yo vi varias veces
caminando en la calle o bien en su limusina negra y larga. Siempre le
noté mucha devoción por su padre, y se quedó viviendo en ese case­
Yo nazco en una época en que Popayán todavía tiene calles empe­ rón, solo, en una pieza con una cama y sus libros: era todo lo que tenía
dradas y los carros y los teléfonos son escasísimos. En algunas bocaca­ Alvaro Pío. Salió de todas sus tierras, se las distribuyó a los campesi­
lles del centro ponían un policía para dirigir el tránsito de acuerdo nos de Paletará, que era la finca predilecta de los Valencia. Al otro
con el número de pitidos que emitiera el vehículo: si era solo uno, se lado del río Cauca, por el lado de Machángara, tenían otra finca don­
cruzaba el bolillo en el pecho y señalaba en sentido directo; si eran de a mí me tocaba lidiar con bestias que me encomendaba mi papá
dos, señalaba giro a la derecha, y tres pitidos indicaban giro a la iz­ para llevarlas de cabestro y hacerlas pasar el río a puras pedradas. Yo
quierda. Uno de esos carros era el de Guillermo León Valencia. Tenía era un niño y sufría mucho por eso, porque era muy complicado obli­
un carrito colepato, de esos que uno ve en las láminas de automóviles gar a los caballos a meterse al río y pasar al otro lado, y yo no me
antiguos. El andaba en ese carrito de un motor que, de cerquita, so­ atrevía a meterme en el torrente, que era de agua helada y de color
naba como el de un tractor pequeño y que tenía una bocina ronca y chocolate claro.
destemplada que daba un sonido como cate-gur-gwr-gur-gur que lo co­ Como te digo, eran dos personalidades muy diferentes. Entonces
nocía todo Popayán, porque en esa época había allí pocos autos y esta­ Alvaro Pío no tendría que ver nada en este cuento, y si tiene que ver
ba todavía la disputa de si la ciudad iba a ser desenladrillada y es porque quedó mal Guillermo León, que era un hombre de ojos muy
desempedrada para pavimentarla. Alvaro Pío, el hermano menor de vivaces, como de loco, y mostachos espesos, no el bigotico a lo Hitler
los Valencia, fue uno de los que se opuso a que la ciudad fuera pavi­ que tenía cuando fue presidente. Lo conocí personalmente porque un
mentada y perdió esa batalla. Alvaro Pío, el comunista, quien fue mi día me recogió en ese carrito que tenía, cuando yo estaba enfermo en
padrino de bautizo. Eso fue muy cómico, porque el padrino no iba a ser alguna parte y él me llevó a la casa. En esa ocasión recuerdo haber
él sino Guillermo León, porque mi papá no admiraba a Alvaro, decía visto por primera vez al doctor Tomás Doria, un médico italiano o
que era un tonto; él admiraba era a Guillermo León, porque se pare­ descendiente de italianos, grande y rubicundo, que atendía a las fa­
cía a él: eran cazadores, eran tipos que se internaban en la montaña milias pobres y no cobraba, por lo menos a nosotros. Siempre que me
tres o cuatro días para perseguir a un bendito venado. Les gustaban atendió me preguntaba: “¿Y qué será que tenés, ah?”. Yo debía de
los perros, y la casa de Guillermo León, en todo el centro de la ciu­ tener menos de siete años porque todavía no había entrado a la es­
dad, casi en la esquina del parque de Caldas, era un larguero que cuela, y a causa de la pobreza, por temporadas me enviaban a vivir
vivía lleno de perros de cacería y olor de perro, y en la nuestra no con una tía tuerta que tenía una hija de nombre Rosita, que ya era
faltaba uno que otro, que yo adoraba. Don Matías era el mandadero una jovencita y se desnudaba en mi presencia; me causaba entre pla­
de Guillermo León, lo admiraba y cepillaba. En la casa, si mi mamá o cer y miedo y terminé por acusarla ante su mamá. En esa ocasión me
mis hermanas decían algo de Alvaro Pío, quien ya brillaba en el con­ enfermé de alguna cosa y fue a recogerme allí Guillermo León, y como
cejo municipal o en la Asamblea y ya era un hombre público muy homenaje a mi valentía me regaló una moneda grandísima de cin­
conocido, mi papá alegaba que él era un tontarrón. Porque Alvaro Pío cuenta centavos, que en esa época era de plata ligada con níquel. Era
se diferenció totalmente de Guillermo León. Alvaro Pío era un hom­ pesada, con muescas ennegrecidas en los bordes y te rompía el bolsillo
bre culto, dedicado a la lectura, a la reflexión, a la cátedra, al debate fácilmente. Tú comprabas la cuarta parte de una panela grande por
académico y político, y Guillermo, en cambio, era un iletrado, un un centavo, una panela grande, no como las de ahora, y supongo que
hombre de cacería, un hombre de trago, de toda esa vaina, y era otra toda completa valdría tres o cuatro centavos, y ese era el alimento de
personalidad, muy diferente. Cuando don Matías contó en la casa los pobres. Si te regalan cincuenta centavos es mucha plata, porque
que el hombre iba a la peluquería todos los días yo pude medir la en ese momento, cuando ya estoy un poquito más grande, que puedo
distancia entre ser rico y ser pobre, entre la civilización y la barbarie. ir solo a la galería a comprar el mercado de la casa, mi mamá me da un

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peso para comprar un mercado, un mercado de subsistencia diaria Por ese tiempo vivíamos en una calle mocha que quedaba entre el
para siete personas. El artículo más costoso era el montoncito de hue­ Molino Santa Inés, el Teatro Bolívar y el Matadero Municipal, cubier­
sos carnudos, que valía quince o veinte centavos. Como los pobres ta de piedras rodadas entre las que crecía la hierba. En las noches
hacen mercado diario, de tanto acompañar a mi mamá a la galería me secas jugábamos a las yucas y a los maderos de San Juan en el amplio
aprendí los lugares de compra, los precios y las calidades, y llegó el andén elevado que tenía el molino y que nos protegía de los peligros
momento en que yo hacía el mercado solo. De precios solo recuerdo el de la vía pública adyacente. Jugar a la yuca era sentarse los niños uno
del montón de huesos, que valía veinte centavos, pero si uno iba antesito detrás del otro y agarrar al vecino delantero por la cintura y uno más
de que cerraran la plaza los daban a quince para salir de los saldos; fuerte venía a tratar de arrancar esas yucas tirando desde el último de
entonces uno veía comprando a las personas más pobres, que se lleva­ la cadena. Para ir a la galería de mercado uno atravesaba el gran patio
ban los huesitos y uno que otro plátano o yuca o lo que fuera. Los de piedra del matadero, que permanecía siempre abierto, y una que
carniceros ponían los montoncitos en la parte delantera de la mesa otra vez podía ver a los matarifes degollando el ganado y la sangre que
del expendio y uno escogía el que mejor le parecía. Mi mamá me corría por canalitos superficiales para ir a dar al sifón que estaba en la
enseñó a distinguir el mejor hueso, el poroso y carnudo, y no el blanco mitad del patio. A los animales los mataban con una puñalada en el
y pelao. El resto del mercado era fácil. Me daban siempre una lista y cuello y mientras estaban en la agonía bramaban que daba miedo. Las
yo me ceñía a ella después de salir de los huesos, que era lo más caro. tripas y demás menudo los iban echando en unos recipientes de madera
En todo lo demás mi deber era hacer rendir el dinero y no dejarme que había en el suelo y allí venía cierta gente y se llevaba esos resi­
meter productos podridos. Todo el mundo echaba desechos y cáscaras duos, tal vez para echárselos a los cerdos o para hacer jabón. Los veci­
en el suelo de la plaza y uno caminaba encima de la basura como de nos del matadero se quejaban de los malos olores pero yo nunca pude
una alfombra de hojas. La galería estaba rodeada por todas partes de percibirlos como ellos los pintaban. Creo que antes del terremoto toda
graneros, tiendas de talabartería, sombrererías, cacharrerías, expendios esa zona la derribaron y el matadero fue el primero en desaparecer.
de artículos de veterinaria y uno que otro almacencito de ropa campe­ En las salas de cine había “mariné, vespertina y noche”, entre las
sina, y en la acera que daba a la carrera sexta acostumbraba trabajar tres de la tarde y las nueve de la noche, entrada de dos personas con
un paisa que depositaba sus menjurjes en un paño tendido en el suelo una sola boleta y posteriormente “cine doble”, o sea, dos películas en
y presentaba un espectáculo de ilusión que utilizaba una letanía: cada programa. Una entrada a galería o gallinero valía cinco centa­
vos la boleta y con ella entraban dos niños. A mí siempre me daban
Me levanto y vuelvo el tiro para ver quién ha ganado. tres, porque a la entrada del cine, que se llamaba Popayán y que toda­
Como la gallina al maíz, vía existe, estaba la cantidad de muchachitos ofreciendo dos centa­
como la garza al pescado, vos para poder entrar: “Pongo dos, pongo dos”, gritaban, y yo aparecía
como la mujer bonita para el hombre enamorado.
con los tres y pa’ dentro ahí mismo. Una vez me hice el vivo y empecé
La plaza tenía un encanto y una presentación arquitectónica con­ diciendo que ofrecía dos y nadie me puso bolas y tuve que subir a tres
sistente en que cada sector de ella era como una sorpresa que uno se para poder entrar. Uno subía a galería corriendo a coger el mejor puesto
topaba en el camino. Algo parecido a eso no he vuelto a ver sino en la posible pero luego entraban los matones y lo desalojaban a uno con
plaza de Pamplona, norte de Santander. La primera vez que regresé a solo venírsele encima amenazándolo, y siempre tocaba hacerme en la
Popayán ya habían destruido la plaza y en vez de ella estaba un pegoste parte lateral y mirar todo el tiempo a la pantalla con el pescuezo torci­
de tiendas de ropa y tallercitos de mala muerte y del peor gusto del do, porque las bancas estaban colocadas haciendo rectángulo. Allá
mundo. Haber perdido esa plaza me dejó desconcertado y furioso y la subían muchos patanes y una vez que la administración falló y comen­
rabia se me subió más cuando conocí en los años noventa las antiguas zó a presentar una película que no era la que estaba anunciada esos
plazas de mercado de México, dejadas intactas en su orden arquitec­ tipos se enverriondaron y gritaron y como seguían presentando la mis­
tónico y convertidas en lugares amables y llenos de luz natural, para ma película empezaron a levantar las bancas y a tirarlas a la platea.
admiración del pasado y para el servicio de la gente. Cuando la gente de platea vio tales intenciones salió a toda carrera

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García, la viejita que más he visto llorar y sufrir en el cine. También
de la sala y varias bancas cayeron sobre los asientos y tuvieron que
estaba “Nosotros los pobres”, con Pedro Infante, que con su bigote
encender la luz y todo el mundo salió a perderse.
cuidado y su lealtad con el amor devoraba el corazón de las mujeres
Veíamos toda clase de películas de aventuras y despreciábamos las
de mi tiempo. La primera película de Cantinflas que vi fue “Ahí está
que eran “de arte”. Allí en el Teatro Popayán vi “El Llanero Solitario”,
el detalle”, que magnificaba el amor por las sirvientas que todos ve­
“La marca del Zorro”, “Invasión a Mongo”, “Invasión a Marte”, “Im­
neramos a su debido tiempo.
perio submarino”, “La Sombra”. “La Calavera”, que iba en tres partes,
En esos años, pues, cincuenta centavos era plata para ir al cine, y
ía vi en el Municipal. Los actores que más nos gustaban eran Bob
ese fue el regalito que me dio Guillermo León. Yo creo que él también
Steele (le decíamos Bos Tele y todos concordábamos en que era el
era muy dadivoso, muy generoso y una persona sin mayores ínfulas de
que más duro pegaba), John Wayne, Tim McCoy, Gary Cooper, James
familia, porque cuando ya era presidente mis hermanas me contaron
Caigney, y poco nos gustaba Gene Autry porque había pocas peleas y
que le llevaban empanadas de pipián a la casa presidencial. Lo que yo
siempre la película terminaba con el tipo montado en un caballo y
supe cuando estaba muchacho es que mi papá invitó a Guillermo León
cantando una canción pendeja acompañado de su guitarra. En las
a que fuera mi padrino de bautismo y el tipo estaba enguayabado el
películas de viajes interplanetarios no nos perdíamos las de Buster
día en que tenía que madrugar a la iglesia y le dijo a su hermano:
Grabe (que se llamaba Flash Gordon), como esas de viajes a Mongo y
“Alvaro, sacáme de este problema: ¿por qué vos no vas y asistís a ese
Marte, y el primer Tarzán, o sea, Johnny Weissmuller, que hizo “Tarzán
bendito bautizo?”. Y Alvaro aceptó, y por eso resultó siendo mi padri­
de la selva”, “Tarzán y su compañera” (Jane), “Tarzán y su hijo”, etcé­
no de carambola. Yo conocí mucho a la familia Valencia, porque me
tera. En misterio nos gustaban las de Bela Lugosi, Peter Lorre y Orson
tocaba ir allá por problemas de los perros o por hacer mandados. Iba
Wells, y en las de aventuras las de Tyrone Power o Edward G. Robinson.
allá y recuerdo que en el lugar donde hoy hay un jardín en el que
Las demás eran películas “de arte” que no eran para nosotros, no solo
descansa la escultura del poeta, en una parte empedrada que hay ahí,
porque se suponía que estaban destinadas a una clase de gente distin­
esa era el ala posterior de la casa; allí era donde llegaba la remesa
guida sino principalmente porque verlas rebajaría nuestra dureza de
semanal de Paletará y de otras fincas, con el mercado que iba a consu­
hombres destinados a no llorar ni ceder ante las sensiblerías. Pero una
mir la familia; eso no entraba por la puerta principal, eso entraba por
vez resolví escondérmele al grupo y fui a ver al Municipal “La luz que
una puerta menor, de servicio. Por ese portón no sé si entraba yo tam­
agoniza”, con Charles Boyer. Fue la primera película “de arte” que vi y
bién. No recuerdo bien, pero lo que sí tengo claro es que arriba, en el
de ahí se vinieron en chorro “Rosa de abolengo”, “Madame Curie”,
segundo piso, que era de madera sin pulir, era donde se realizaba toda
“Por quién doblan las campanas”, con Gary Cooper, y decenas más. El
la vida familiar. Allí estaba la cocina y eso era como un pabellón que
primer nombre de actriz que se me grabó fue el de Bette Davis, rubia
no tenía nada que ver con lo otro, que eran las habitaciones, las salas;
pero fea, con cejas arqueadas y depiladas y siempre haciendo la mal­
tenía varias salas y en el primer piso había un patio interior con jardín,
dad. Vi también “Lo que el viento se llevó”, con Clark Gable y Vivien
que todavía existe. En el otro lado de la casa no había jardín, en ese
Leigh, y esa película, que es la que más veces he repetido y que volve­
segundo patio lo que había era trabajo, la gente que trabajaba, las de
ría a repetir, me descubrió tal vez el mundo de los sentimientos y la
la cocina, los trabajadores de la familia que llegaban, los indios que
belleza del cine y en adelante todo lo que vi de películas de vaqueros
llegaban con muías, todo eso; y allí conocí a la mujer de Guillermo
fue con ojos de adulto. Recuerdo que mi hermana mayor me obsequió
León, doña Susana López. Por mucho tiempo creí que ella era la mamá,
la entrada a platea para que fuera y escribiera en la penumbra de la
o sea, que ella era la esposa del poeta, pero no. A la esposa del poeta,
sala la letra de una canción que entonaban en la película repetidas
veces. Claro que también me vi unos cuantos culebrones mexicanos, Josefina Muñoz, no la pude conocer porque ella murió a temprana
edad. Eso me lo aclaró un día el propio Alvaro Pío en visita que le
como “Historia de un gran amor”, con Jorge Negrete, si mal no re­
cuerdo, o “Doña Bárbara”, con María Félix y Andrés Soler, el viejo hice muchos años después. Ese día me dijo: “No, ella no era la mamá
mía sino la esposa de Guillermo”. Y ahora te aclaro por qué nuestra
borracho y perverso en todas las películas, hermano de Domingo y
amistad con la familia Valencia: porque don Ignacio Muñoz, el con-
Julián, que eran de infinita bondad y le hacían la segunda a Sara

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tratista rico, un verdadero tío rico de toda la gran familia, se casó con enormes y sanguinolentos y me dieron asco, pero él decía que los con­
una prima de nombre Saturia Muñoz, hermana de Josefina, que fue la servaba para ver cómo habían sido sus enemigos.
esposa del poeta Valencia, y de Asteria, que se casó con don Rodolfo Alvaro Mosquera era desde entonces un dirigente destacado del
Guzmán y fue la mamá de doña Elena. Así es el enredo y por eso Partido Comunista. Es abogado de la Universidad del Cauca y cultor
nuestras relaciones con la familia Valencia Muñoz. de la filosofía marxista, y para entonces se distinguía como agitador
Estuve visitando a Alvaro Pío tal vez unos tres meses antes de su de plaza. Todavía escribe en el periódico del partido y es de mi gene­
muerte, en una de las visitas que hice a Popayán en son de descanso, ración. El organizó los primeros brotes de la Juventud Comunista en
para vivir lo recordado. Cuando tuve plata para viajar en bus y bien Popayán junto con Manuel Cepeda Vargas. Cepeda era mi condiscí­
acompañado, acostumbraba ir a descansar a Popayán. Estuvimos con- pulo en el Liceo de Varones de la Universidad del Cauca y Mosquera
versando largamente, de recuerdos, y la amiga que me acompañaba ya estaba en la universidad estudiando Derecho. Los tres salimos de
me dijo que no había perdido palabra. Al final me regaló unos cuadritos Popayán para la dirección nacional de la juco y del partido. Cepeda
que tenía colgados en su pieza, y que dejé olvidados en el bus; cuando cursaba un año menor que yo porque él era mal estudiante, no era un
llegamos a Bogotá no había cuadritos; no sé qué pasó, si se los robaron estudiante de verdad, era un literato y un político desde su primera
en la noche o qué. Es una lástima, eran un recuerdo de Alvaro Pío. juventud. En cambio, yo figuré siempre entre los diez primeros alum­
Esa vez me dijo: “Salgamos al puente del Humilladero, que quiero nos del Liceo y por eso cada año me gané la beca. Cada fin de año
mostrarte una vaina”. Caminamos los pocos pasos que hay entre su lectivo publicaban en las carteleras la lista de los diez mejores alum­
casa y el puente y observé que andaba con dificultad, pero, como es nos, que siempre estuvo encabezada por uno de apellido Castellanos,
mi costumbre no hacer alusiones al estado físico de mis interlocutores tal vez Alberto, esbelto y serio, que además era el mejor futbolista del
ni a los defectos que les veo, me callé la boca. Él buscó un sitio preciso Liceo. Manuel y yo éramos muy diferentes, aunque no lo supiéramos o
y desde ahí señaló el occidente, hacia El Tambo o hacia el cerro de la lo disimuláramos. Cuando estábamos en quinto año se formó un cen­
Tetilla, y me dijo: “Todos los días, mientras viva, vengo a ver el atar­ tro de estudios literarios impulsado también por Didier Martínez, quien
decer desde este sitio. No hay otra cosa igual a esto”. Alvaro Pío pare­ figuró un tiempo en la política, fue profesor de la Universidad Libre
cía un tipo desligado del mundo, que vivía allí con sus libros y el de Bogotá y apetecía todo lo que fuera investigación de ciencias na­
recuerdo de su padre, pero durante la visita mi amiga captó algo que turales. Ahí se escribían ensayos de todo y entre los asistentes conocí
me pasó inadvertido: dijo no sentirse jamás solo y haber vivido una a Esteban Cabezas, que años más tarde sería compañero de Leonor
vida plena de amor, a pesar de habitar por años una mansión solitaria González Mina, la Negra Grapde de Colombia, cuando ella era baila­
y silenciosa: la casa-museo de la familia Valencia. En una época, en rina del grupo folclórico de Jacinto Jaramillo; a gentes como Federico
los años cuarenta, había sido concejal del Partido Comunista, que en Clarkson, que llegó a ser alto funcionario del Banco de la República;
ese tiempo cambió temporalmente su nombre y se puso el de partido a un poeta de ascendencia yugoslava llamado Neftalí Sandoval
socialista democrático. Pero yo lo vi también en el edificio de la Asam­ Veckaric, a Sofonías Yacub, de Buenaventura, y a otro joven escritor
blea Departamental, que desde hace tiempos es el Hotel Monasterio; de apellido Realpe, y como tutores del grupo aparecían los poetas
no sé si él fue también diputado, pero allá lo vi yo en sesiones a las que Hugo Salazar Valdés y Helcías Martán Góngora, venidos de la Costa
me llevaba Alvaro Mosquera. Después fue concejal del moir, en los Pacífica y que eran ante todo amigos y admiradores de Cepeda. Y por
años sesenta o setenta, y llegó a ser rector de la Universidad Santiago sobre todos ellos estaba Carlos Arturo Truque, de Buenaventura si no
de Cali, por solicitud de sus propios estudiantes, que me contaron que me equivoco, y que en el Liceo era más conocido como saltador de
les había tocado viajar a Popayán para convencerlo. En los ochenta garrocha y alero izquierdo de la selección del Liceo que como escritor
volví a verlo, esta vez en el Hospital Militar de Bogotá, cuando Ma­ y cuentista. Tenía ojos vivos y pestañas crespas, hablaba sonriendo y
nuel Cepeda me invitó a visitarlo porque acababan de extirparle unos mostrando todos sus dientes, y su figura era delgada y aparentemente
quistes que tenía no sé dónde. Los guardaba en un gran frasco en la frágil. Murió muy joven y sus dos hijas, Colombia y Sonia, creo que
habitación del hospital y no eran quistes sino tumores de verdad. Eran educadas en París, se han destacado en la literatura nacional. Había

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además un poeta tulueño de nombre Fernán Muñoz o algo así, que en Pero, bueno, quiero completar lo que pasa con mi familia. La familia
alguna ocasión me invitó a uno de sus recitales en la Escuela Normal mía, pues, fue muy pobre. Mi abuelo deshereda a su hija y no quiere
de Señoritas de La Ladera (allá mismo donde se dieron tiestazos volver a verla nunca más, como resultado del casorio a escondidas.
Obando y Mosquera en las guerras civiles). Yo fui por lo de las señori­ Esta pobre mujer, sin saber nada de oficios del hogar porque era la
tas y supongo que él por lo de su poesía, pero después supe que algu­ “niña de la casa”, levanta a los siete u ocho hijos que alcanza a tener,
nos de los poemas que el hombre recitaba de memoria no eran suyos los levanta a puro pulso en una pobreza brutal. Toda mi vida de niño
sino plagio de otros, y que los muchachos popayanejos tenían miedo fue de una pobreza helada y silenciosa. Recuerdo que todas mis ropas
de mostrarle lo que hacían. El Fernán se envanecía relatando sus aven­ eran regaladas. Me imagino que las de mis hermanas también, aunque
turas con las mujeres de la vida, pero una de ellas, que según él era su ellas hoy no lo recuerden. Gente acomodada, amiga de mi mamá, nos
favorita, me contó a mí toda la verdad y me aseguró que cuando el daba ropa, alimentos y toda clase de trebejos y cosas para el hogar, y
tipo iba a buscarla ella lo ponía primero a barrer y asear la pieza. Había doña María Aragón de Arboleda le confeccionaba de balde alguna
otro valluno llamado Delio -su apellido “sí lo sé, mas no lo digo”-, ropa a mi mamá, allá en su gran casona levantada frente al costado
duro para el trago y las mujeres de vida alegre y que permanecía con occidental de la vieja Universidad. Hasta cepillos de dientes usados
los ojos enrojecidos por el trajín que llevaba. Treinta o más años des­ alcancé a ver, entregados por doña Mercedes Uribe, la dueña del
pués topé de repente con él en un bus bogotano; llevaba barba Hotel Lindbergh, que lloraba en mi presencia al ver a mi mamá tan
entrecana que le llegaba a la cintura y me contó que se había vuelto llevada. Vivimos siempre pagando arriendo, a veces en los peores sitios
budista y que iba camino de su consagración como sacerdote en la de Popayán. Habitábamos siempre el arrabal maluco, yo calculo que
India. Era ya adulto cuando entró al Liceo y se enamoró perdidamen­ en diez o doce casas diferentes. No sé si era porque no pagábamos el
te de la hermana de un compañero de estudios pero ella no le puso arriendo y entonces nos echaban; no sé por qué sería, pero eso fue una
bolas y terminó por despertar en él una rabia satánica. Un día, sin que trasteadera constante. Cuando he vuelto a Popayán he tratado de
yo hiciera alusión alguna a su vida personal, me dijo que había visto pasar por todas las diferentes partes donde viví, y noté que solo en los
íos pantalones de esa niña colgados como un trofeo de caza en el años finales de mi estancia en esa ciudad logramos acercamos al centro.
apartamento de un amigo que de esa manera se enorgullecía de haberla Es posible que esa falta de referencia solariega haya incidido para que
desflorado. Como nunca he podido encontrar los vocablos necesarios haya padecido de una pesadilla reiterativa a lo largo de toda mi vida,
y precisos para devolver en el momento oportuno las ofensas recibidas incluidos los años recientes: sueño que decido ir de vuelta a casa, en
(solo se me ocurren días después, cuando estoy solo), me quedé calla­ horas de la noche, y cuando empiezo a caminar me doy cuenta de que
do, aunque el relato me provocó náuseas. Sus palabras me produjeron no sé para dónde voy, dónde queda mi casa; hago grandes esfuerzos
repugnancia suficiente para desconfiar por el resto de la vida de ese para recordar el sitio circunvecino, la calle precisa por la que debo
hombre atormentado a quien nunca vi que leyera libro alguno o se ingresar, y nunca encuentro los accesos y me desespero de quedarme
quitara el saco o la corbata, y que años después salió graduado de en la calle, en un vacío en que hasta la ciudad misma desaparece. En
filosofía de la Universidad Nacional; cuando volví a encontrarlo en el casi todos los casos voy despertando lentamente, todavía con los ojos
bus con aspecto de santo malvado y me dijo que se había alejado del cerrados y sin poder definir dónde estoy, en qué ciudad, en qué casa,
puerco mundo ya no quise saber más de él. en qué cuarto y con qué orientación respecto de los puntos cardina­
Por intermedio de Cepeda, que estaba ligado con Mosquera y sa­ les. Solo cuando alcanzo la lucidez y me doy cuenta de que no vivo en
bía para dónde iba el agua al molino, ingresé al bendito centro, pero la casa paterna ni estoy perdido dejo de sufrir. Es horrible y lo mismo
solo por interés literario, tal como se presentaba el asunto. Solamente me pasa cuando sueño que soy un haragán que nunca lleva nada a la
era un centro literario, aunque con la intención de volverlo una cosa casa paterna y mi mamá me increpa y todos me hacen el vacío y yo
política; pero uno no se daba cuenta de eso, uno veía era el cuento solo pienso en que por fin voy a dejar la casa y a librarme de ellos,
literario, pero era una táctica del partido para atraer muchachos a la tanto como ellos de mí. El pasaje en que doña Elena me reconviene
lucha política. Así comenzó mi vida pública. por haragán es el peor de todos, porque en el sueño le doy la razón.

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Por lo menos en cuatro ocasiones vivimos en sitios ubicados aire- quiero fumar, o caer en vicios de esa naturaleza; solamente mi rela­
dedor de la zona de tolerancia formal, reconocida, no exactamente ción con las prostitutas siempre fue muy, muy de primera categoría,
en las cuadras donde trabajaban las prostitutas pero sí a una cuadra amorosa. A los diecisiete años ya tenía relaciones con las “prostis”,
de ellas o al voltear la primera esquina. Una de esas zonas, la más muy buenas relaciones, de arroz con huevo frito en las mañanas de
popular y barata, estaba sobre la carrera séptima. Eran dos o tres cua­ domingo. Siempre las he admirado en todas partes, me parecen sensa­
dras, y otras dos cuadras de prostitución sobre la calle doce, entre las cionales y mi vida de diecisiete años hasta los veintidós, veintitrés
carreras séptima y novena, donde estaban las muchachas más caras. años, ya aquí en Bogotá, toda mi relación con las mujeres fue con las
En la mejor casa de la séptima mandaba Pepa Gómez, una mujer en­ prostitutas, entre otras cosas porque en esa época tú no podías tener
trada ya en los cuarenta pero bien conservada, suave de piernas y una amiga como ahora, que tú tienes una amiga, te acuestas con ella
altanera y que nunca se dignó dirigirme siquiera una mirada. En la y no hay ningún problema. En esa época era un lío.
calle doce la mujer del momento era la Pastusa, alta y blanca, y arriba Vivíamos, pues, en esa clase de sitios tan malucos, y así me crié y
de doña Pepa funcionaba la cantina más ruidosa, que ponía música de así fui a la escuela pública. La escuela a la que yo asistía se llamaba
mariachis y fox trots de los finos, aunque se llamaba Tango Bar, tal vez Tomás Cipriano de Mosquera y la otra más importante que había allá
en honor de la película del mismo nombre que Gardel estrenó en se llamaba José Hilario López. Ambas quedaban en la calle cuarta con
1935. Allí reinaba una mujer horrible, con nariz de bruja y pintarrajeada carreras octava y novena, a pocos pasos una de otra y en casas viejas y
hasta las orejas; le decían la Bicicleta y era muy asediada por los tipos. grandes de dos patios y dos pisos. En esa época la edad mínima exigida
Por algo sería. Allí tocaban de seguido una canción maliciosa que para entrar a la primaria era de siete años; así que acabé el quinto a
decía “Ay, lilongo, lilongo, lilongo, te lo quito y te lo pongo”, al lado los doce años de edad, cuando ahora tales muchachos están haciendo
de una muy colombiana que decía “Una niña conocí con dolores sin el segundo de bachillerato, por lo menos. A la Tomás Cipriano entré
igual y a pesar de su sufrir siempre le gustó bailar”. cuando vivíamos en el norte, en casas que lindaban con la línea del
La casa de misiá Pepa era tan famosa en Popayán como el cabaret ferrocarril que iba para Cali. Allí cogíamos tapas de gaseosa o cerveza,
El Príncipe lo era en Bogotá a principios de los años cincuenta, cuan­ les quitábamos el corcho y las poníamos sobre los rieles, y al paso del
do llegué aquí, y que quedaba en la carrera dieciocho entre calles tren quedaban aplanadas y podíamos jugar al montis con ellas. La vuelta
veintiuna y veintidós. La casa de doña Pepa era motivo de orgullo de la escuela para la casa era de puro juego, y cuando llovía nos en­
masculino para los estudiantes del Liceo y en la calle doce, todavía de cantaba regresarnos a la casa chapaleando en los charcos tibios y ti­
más alta categoría, había muchachas importadas, procedentes de Cali rándonos agua con las patas, porque casi todos íbamos descalzos. Te­
y de Pasto. Nosotros vivíamos en la séptima misma pero entre calles níamos que atravesar el largo puente del Humilladero, en cuyas arcadas
doce y trece, o sea, en el sitio... Yo no me imagino a mis hermanas, más altas funcionaban una o dos herrerías. En la cabecera, haciendo
que tenían que atravesar el sitio, quieras que no, para llegar a casa esquina con los muros de la casa de los Valencia, había adosada una
luego de sus clases en el colegio del Sagrado Corazón. No sé cuál era escalera de cemento que daba acceso a la calzada inferior que desem­
la idea de la vida que tenía don Matías. Seguramente a él le parecía bocaba en las arcadas, y allí se levantaba un largo poste de hierro
que eso no tenía importancia, pero felizmente ellas no se metieron en reluciente y pulido que usábamos para deslizamos y evadir la escalera
ese negocio, nunca. Ellas estudiaron en colegios de monjas. Yo tam­ y tomar el “Puente Chiquito”, más antiguo que el grande y que de
poco me dañé, pero toda la vida he conservado mi amor y mi admira­ todas maneras estaba en el camino al barrio Bolívar (nunca escuché
ción por las prostitutas. Yo pasaba por ahí y, como todo niño, observaba Simón Bolívar), uno de los más desprestigiados de la ciudad y donde
a las mujeres bailando con los hombres en las salas, que daban direc­ estaban la estación del ferrocarril y las bodegas de la Federación de
tamente a las puertas de entrada, abiertas para todo el que quisiera Cafeteros. Era un barrio de una sola y larga calle culebrera, con tien­
mirar. Porque esas eran casas grandes, con gran patio interior y salas das, graneros, prostitutas y hotelitos de mala muerte, y al final apare­
que convertían en pista de baile, y yo me quedaba lelo mirando bailar cía el paso a nivel de la línea férrea y empezaba el barrio donde vivía­
y escuchando la música, pero nunca se me ocurrió tomar trago o decir mos. El globo de terreno en que estábamos se iba estrechando hasta el

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paso a nivel y recuerdo que en ese último lote había una huerta don­ que otro más fuerte peleara por ellos. Una vez presencié un caso en
de los ladrones acostumbraban robar gallinas. El dueño se las ingenió que un niño le dijo a su contendor: “Te pongo a mi hermano”, y éste
para bajar una conexión de cable de alta tensión que tendió sobre el se escurrió y lo dejó a su suerte.
suelo de la huerta y lo activaba, por lo que supe, en las noches, hasta En el descanso del mediodía, mientras esperábamos la jomada de
que una vez la muchacha de la cocina, una morenita agraciada y la tarde, ocurrían los juegos, las peleas y las maldades. Entonces era
silenciosa, tuvo ganas de salir a la huerta y quedó electrocutada. El cuando cada cual se mostraba como era y no como parecía en el aula.
paseo hasta el barrio se nos acabó el día en que alguien, supuestamen­ Una vez le echaron en la nuca a un muchachito de primer año un
te uno de los herreros del puente, le untó caca de perro al poste y el manojo de ponzoñas de avispa, de esas negras y esbeltas que se veían
primero que la probó fue un muchachito que tenía puesto el vestido sobre las panelas. Las habían desprendido del cuerpo de los animales
de primera comunión. Fue triste y grotesco ver a ese niño con el ves­ y seguían vivas y feroces. El pobre muchachito estaba sentado en el
tido embadurnado y sosteniendo todavía el cirio en su mano suelo, adormilado, y sus gritos y brincos fueron espectaculares. En otra
enguantada. ¡Esa sí que fue una mierdada! Una noche hubo una gran ocasión aparecieron obscenidades en las paredes de un inodoro, hubo
inundación del río Molino y nosotros quedamos atrapados en la casa, escándalo general y comenzó la investigación. Pero no salieron con
sin poder atravesar la ciudad para ir a la escuela. Solo días después nada. Yo, en cambio, hice privadamente la mía. Me puse a preguntar
hicimos el camino por los laditos, y no me vas a creer, pero encontra­ quién me hacía el favor de prestarme un lápiz azul y ahí cayó el culpa­
mos algunos peces muertos y medio enterrados en el barro. El hospital ble. Por supuesto, lo sapié. Pero me cuidé de no proclamarlo.
que había al lado del puente del Humilladero fue el que más sufrió, y En esa época yo debía tener una presentación personal tan misera­
tuvieron que sacar a los enfermos para que no se ahogaran. ble, que en una ocasión en que acompañaba de vuelta a casa a dos
A mí me encantaba la escuela porque era la única manera de no condiscípulos campesinos, hermanos entre sí y uno bastante mayor
estar en la casa. El maestro que me enseñó en el primer año era un que el otro, y que vivían en alguna vereda del sur de la ciudad, el
hombre de unos veinticinco de apellido Velasco, buena gente con pequeño me preguntó que cómo era la casa en que vivía, y antes de
todo el mundo y bastante callado, pero el director se llamaba Astaíza que pudiera responderle el mayor se apresuró a corregirlo: “El no tie­
y era una fiera. Daba clase en quinto año y cuando llegaba al aula y ne casa propia. ¿No ve que él es pobrecito?”. El niño me inspeccionó
encontraba que los muchachos estaban haciendo bulla comenzaba a velozmente con los ojos y quedó mudo. Las palabras de ese abogado
repartir reglazos a diestra y siniestra, se le brotaban los ojos y las me­ de oficio me humillaron profundamente. Fue el primero y el único
chas del pelo se le alborotaban. Los nudillos de la mano se le ponían defensor de oficio que he tenido en la vida. Esa clase de defensa ante
blancos por la tensión y la regla pegaba durísimo, como pude compro­ el jurado solo la he visto en películas de Cantinflas, cuando hace de
barlo. Pero todo eso uno lo olvidaba porque a mediodía las señoritas defensor de un joven: “Señores del jurado: este infeliz que ustedes
Pardo, que eran amigas de mi familia, servían un almuerzo que sin ser ven ahí, caricortico, con cara de tonto, ¿creen ustedes que puede
gran cosa le calmaba el hambre a uno. Creo que esos comedores esco­ haber cometido algún acto...?”. El muchacho era delgado y relativa­
lares no duraron mucho. En todo caso, en esa escuela aprendí a pelear mente bajo de estatura y calzaba unas botas tobilleras de cuero
y a defenderme, y hasta una cicatriz me quedó en la cara por un delgadito, ceñidas a las canillas y que transmitían a todo su cuerpo un
encontronazo que tuve con la cabeza de un loco. A uno que me la aspecto femenino. Yo tenía la idea de que los campesinos vivían peor
tenía velada le di un solo golpe y le puse el ojo negro y no volvió a que los pobres de la ciudad y no era así. Después, en el curso de mi
joder. Yo era pacífico, pero creo que pegaba duro. El insulto más deli­ vida política seguí comprobando lo mismo, así observara que los pe­
cado que escuché llevaba rima. Un niño le gritó a otro: “¡Tu madre!”, queños propietarios cuidaban más de sus vacas que de sus mujeres y
y éste respondió: “La tuya, que tiene rabo’e cabuya y en el infierno sus hijos pequeños. Herido en mi orgullo urbano, me quedé callado,
está haciendo bulla!”. Había muchos casos de hermanos, y recuerdo revisé mentalmente mi situación de elemento social marginal y odié a
que cuando los menores se sentían en desventaja para contestar a los ricachones campesinitos, y en la primera oportunidad que me die­
alguna agresión recibida acudían a “poner coteja”, o sea, proponían ron me les perdí del camino. En esa época me ponían camisa y panta­

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lón corto que debían durarme limpios toda la semana. “Que no te taba con el atado de ropa limpia, no me dejaban entrar si llegaban a
aparezcás aquí con la camisa sucia porque...” Solo al momento de ver que tenía niguas. Era una mujer hermosa y joven, hermana de
entrar al bachillerato me dieron calzoncillos, pantalón largo y botas doña Mercedes, que también era bella pero muy beata. Doña Merce­
tobilleras, que al principio me tallaban y tenía que quitármelas tan des tenía un rostro de contornos suaves y se cubría la frente con un
pronto volvía a casa. Aprendí a vestirme con sencillez y severidad y a velillo que le bajaba de su sombrerito. Tenía un ojito desviado un
no usar nunca unturas en el cuerpo para prevenir el mal olor. Aprendí tantico y eso le daba un cierto aire de sensualidad secreta. Era divina.
a tender la cama y mantener aseada mi pieza y nunca se me ocurrió Yo la veía solitaria y silenciosa en medio de su riqueza y a pesar de mi
dejar tirada la ropa en el suelo, por ejemplo. flaca posición me sentía capaz de hacerla feliz. Supe que era viuda o
Creo que yo estaba pendiente de pasar inadvertido entre la fami­ separada y que tenía un hijo grandote y vago que se la pasaba donde
lia. En las peleas y disgustos de la casa siempre me hice del lado del las putas, le robaba plata y la hacía sufrir permanentemente. Yo lo
más débil. Todavía hoy lo hago de parte del equipo de fútbol más detestaba sin conocerlo ni querer saber nada de él. En una ocasión la
débil, sin importarme si ese más débil es o no es Colombia, porque no mujer le dijo a mi mamá que su hijito del alma tenía un problema
lo hago por compasión sino porque el juego se pone más interesante grave en la barriga como resultado de que una de “esas” se le había
cuando el equipo más fuerte va perdiendo. Si los mejores equipos no trepado encima y bailado con los tacones puestos. Seguramente tenía
pierden, el fútbol se estanca. No me importa quién gane. Que sea el cáncer y la pobre mamá no quería entenderlo. Su hermana Paulina
que juegue mejor. Mis equipos favoritos siempre pierden y he terminado era otra cosa. Pese a ser joven también estaba viuda y vivía en una
por convencerme de que solo ganan cuando no los veo jugar. Si tuvie­ quinta grande y agradable. Cuando iba a llevarle la ropa salía a abrir
ra fuerza de voluntad ellos serían los campeones del mundo. Pero tal la puerta y me decía: “A ver, Alvarado, mostráme los pies”. Como yo
vez todo eso es mentira porque, en secreto, siempre quiero que ganen sabía que ella me iba a inspeccionar las patas, antes de entrar en su
los equipos en que juega algún colombiano. En todo caso, en la casa casa recogía polvo del suelo y lo esperjeaba sobre los dedos para tapar
siempre salí en defensa de mi hermana mayor porque la jodían todo el las señales de la sacada de las niguas, pero de nada me valía porque
tiempo y ella se dejaba. La tenían como la sirvienta de la casa, no ella no se engañaba. Yo miraba mis pobres dedos deformados por las
tenía tiempo sino para la cocina y una vez que la oí mascullar la idea cuevas que me quedaban después de que mi mamá me sacaba las
de volarse de la casa para no tener que aguantar tanta ignominia le niguas con una aguja gruesa o un gancho imperdible, aprovechando
dije que la acompañaría y siempre estuve esperando que lo hiciera y a que dormía en la noche, y recuerdo que me despertaba dando alari­
mi vez cobré ánimos para amenazar con largarme yo también en cual­ dos. Yo saludaba, entregaba la ropa limpia y me echaba a la espalda el
quier momento. Eso fue cuando vivíamos al lado de la línea del ferro­ tercio de ropa sucia envuelto en una sábana. Doña Paulina tenía un
carril y yo acababa de entrar en la escuela primaria, o sea que tendría hijo de mi edad y me permitía jugar con él en su casa. Se llamaba
poco más de siete años. Recuerdo que por esa época me acostaba con Julián y era avispadísimo para la maldad y el morbo. Contaba intimi­
hambre y permanecía largo tiempo con los ojos abiertos mirando el dades de su mamá y sus hermanas y en el colegio -ya grandes noso­
cielorraso hasta que el sueño me vencía. En la escuela el maestro nos tros- todos nos quedábamos mudos escuchándolo e imaginando las
inspeccionaba las manos y los pies y si veía manos sucias daba un formas voluptuosas que describía. Con el hijito de la cocinera y el
reglazo y el muchacho volaba a lavárselas, y si veía que el muchacho hermoso perro pastor de la casa hacía maravillas. Una vez lo sorprendí
llevaba las patas sucias o tenía niguas lo devolvía para la casa. con su hermano mayor mientras se deleitaban en un potrero del barrio
Yo cargué niguas hasta que me pusieron las primeras botas, o sea Bolívar que había detrás de la plaza de mercado, viendo a los caballos
hasta los doce años, y eso me creaba problemas sociales. Doña Elena de los campesinos montar a las yeguas. En una oportunidad, por dár­
vivía de lavar ropa para varias familias ricas, amigas de su casa pater­ selas de sabido, me mostró el fusil de caza de su hermano, me llevó a
na, a quienes yo les llevaba la ropa ya lavada y aplanchada. Cuando la ventana que daba al jardín interior de la casa, se cargó el arma en
tenía diez o doce años me cargaba esos arrumes de ropa a la espalda el hombro y apretó el gatillo. El disparo me restalló en los oídos y el
sin mayor dificultad. En la casa de doña Paulina, a donde me presen­ niño tiró el arma y salió corriendo, y yo hice lo mismo. Nunca supe

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qué desenlace tuvo la travesura. Tal vez Julián se abismaba de mi Repito, pues, que mi solidaridad con doña Elena era muy firme. Yo
pobreza y mi cara de hambre. En una ocasión ordenó a la empleada veía claramente los sufrimientos de mujer pobre que ella soportaba y
“de adentro”, una joven gordita y provocativa, que me trajera al co- el trato brutal que recibía de su amado esposo, y la manera de protes­
medor un gran plato de comida, y Julián se sentó frente a mí a mirar­ tar contra eso era expresándole que yo estaba de su lado para cual­
me comer, escandalizado: “No comás tan rápido, que nadie te va a quier cosa que le sucediera. En muchas ocasiones la vi angustiada por
quitar”. Era menor que yo pero ya llevaba impresos en la conducta los la falta de dinero y recuerdo que exclamaba: “¿Qué hacer, qué hacer?
buenos modales. Años más tarde, cuando él ingresó también en el ¿A dónde acudir?”, mientras caminaba de un lado a otro de la casa
Liceo, esquivó siempre su contacto personal conmigo. Estoy seguro de como buscando una salida. Cuando una contrariedad mayor ofuscaba
que se sentía avergonzado de verme llevar los pantalones que él y su su ánimo se olvidaba por un momento de los santos, se volvía casi
hermano mayor habían usado años atrás y yo había heredado por con­ amenazante y terminaba su monólogo enervante con una impreca­
ducto de doña Paulina. A mí me pasaba lo mismo. ción: “¡Pero algún día, algún día!...”. Dejaba trunca la expresión de
Me gustaba mucho ir a esa casa, que llamaban quinta. Una tarde su pensamiento pero yo leía: “algún día Dios castigará a los culpables
en que estaba entreteniéndome en un rincón del cuarto de la ropa de esta situación y yo empezaré a vivir”. Sin embargo, como compro­
con los numerosos juguetes y artefactos que Julián me prestaba, súbi­ baría el curso del tiempo, ese día nunca llegó para ella y moriría sin
tamente entró su hermana mayor, se desnudó prontamente, se cambió haber alcanzado siquiera la alegría.
de ropa interior y volvió a salir tan rápido como había entrado. Todo Cuando mis hermanas la sacaban a la ciudad se ponía medias vela­
ocurrió en cuestión de segundos, como dicen las narraciones. Ella no das con ligas horrorosamente ajustadas arriba de las rodillas, a diferen­
advirtió nunca mi presencia y yo me quedé inmóvil y extasiado cuan­ cia de mis primeras amigas sensuales de los años 50, que las ajustaban
do sentí que su cuerpo dorado iluminaba el recinto. Creo que fue la lascivamente al borde de sus muslos. Lo de la media-pantalón fue nove­
primera comprobación que hice de mi admiración por las mujeres como dad de los años 60, como la minifalda o televisión de los pobres, que
fenómeno de la naturaleza y al mismo tiempo de mi seguridad frente a llamaron, que bien puede haber sido el más sublime invento del siglo
ellas, que tanto me ha servido para que no puedan manipularme. La veinte. Usaba las cenizas para limpiar las ollas de barro y de metal, y
vida me brindó la fortuna de haber convivido solamente entre muje­ cuando lavo los trastos de la cocina me parece que replico sus ágiles
res. Los hombres me fatigan. Me interesan por su inteligencia, su ca­ movimientos. Creía que uno no debía recibir lluvia de arco iris porque
pacidad para el arte, su fuerza física, pero no más. De las mujeres amo se enfermaba y que las verrugas se caían si uno corría de para atrás con
la belleza de sus cuerpos y la insuperable intriga de sus almas y con eso tantos granos de maíz en las manos como verrugas quería extirpar y las
tengo para pasar la vida entera. iba arrojando al cauce de un río. Probablemente le llevaba unos años a
Años más tarde, cuando ya era un muchacho acabado, hubo car­ su marido, porque él continuamente la humillaba tratándola de “vieja”.
navales estudiantiles y la beldad del cuartito de oro era una de las De ella no tengo el recuerdo de una persona amable o divertida sino de
tres candidatas a reina. Una de esas tardes iba yo por la calle segunda una persona desesperada a quien sorprendía hablando sola. No puedo
y me topé con la carroza en que ella venía haciendo agitación. Estaba recordar una sola conversación a solas con ella y es posible que nunca la
resplandeciente, mucho más que cuando la había visto desnuda, y en hubiéramos tenido, ni jamás una reunión de la familia en que estuvie­
un momento dado se bajó del camión y vino y me dio un beso en la ran presentes marido y mujer. Posiblemente ese no fue un hogar sino un
mejilla al tiempo que me advertía: “Tienes que votar por mí, hotel de paso del marido. Cuando el hombre estaba de malas pulgas ella
Alvaricoque”. Yo quise hacerlo pero se me atravesaron nuestros pro­ no se atrevía siquiera a pedirle que dejara algo para el gasto de la casa
fesores izquierdosos que aconsejaban votar por la que llamaban antes de volver a emprender sus largas ausencias. En esos casos acudía
“candidata del pueblo” y no por la de la oligarquía. Al final, puesto en a sus hijas para que no lo dejaran montar en el caballo sin antes hacerle
la disyuntiva de elegir entre el sentimiento de clase y la muchacha la solicitud, y por lo menos en una ocasión vi que él tiró unas monedas
que había acercado sus labios tibios a los míos, opté por no darle el al suelo y nosotros corrimos a recogerlas y doña Elena las recibió y se
voto a ninguna. preguntó: “¿Y esto para qué me sirve?”.

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Solo en una oportunidad se vio tentada de pedir perdón a su pa­ me había botado al suelo. Fue sobre la carrera tercera, utilizada por la
dre. De tanto verla en afanes para conseguir la comida de sus hijos carga pesada para eludir el paso por el centro histórico de la ciudad y
inicié una campaña para que aceptara ir conmigo adonde su padre a que estaba prácticamente sin pavimento por el paso de los camiones; las
pedirle ayuda y decirle que estaba arrepentida de lo que había hecho. piedritas se me incrustaron en las rodillas y el estrellón me peló las
Al fin, una vez, me aceptó, pero pronto tuve la prueba de que lo hizo palmas de las manos. La caída debió de ser fuerte porque el tipo se vio
solo para complacerme. Nos presentamos a la gran casa del viejo, salió precisado a recogerme. Sus barbas a medio cortar me hirieron en el
alguien y nos hizo seguir a un zaguán que conducía a un gran patio rostro como espinas repugnantes y creo que esa fue la primera vez que
interior rodeado de una marquesina a través de la cual pude percibir, capté el olor a rancio de su cuerpo. Todavía siento sus brazos alzándome
al otro lado de las flores del patio, a la segunda esposa de don Rodolfo, del suelo y yo resistiéndome ahogado por la furia y el llanto. Las mucha­
que nos miró de reojo y en seguida se hizo la pendeja. Nos hicieron chas, pues, se largaron pero de todas maneras, en vísperas de Navidad
entrar en un salita lateral, al parecer destinada a los encuentros de vino por la carretera un camioncito de cabina estrecha y trotecito rui­
negocios con terceras personas y no con conocidos, y allí se apareció doso y nos llevó a la tal casa de la finca, que era enorme y de la cual no
el viejo. Fue la primera y última vez que lo vi. Regordete, tez blanca, salí en los dos días que estuve ahí. Solo recuerdo que en el cuarto que
pelo peinado a través, ojos pequeños, claros e inexpresivos, mano blan­ me tocó no había ventana y la puerta daba al corredor de piso de ladri­
da que tocó blandamente a la de mi mamá y con un movimiento en el llo y tenía dos hojas que llevaban seda templada en vez de vidrios. Yo
aire le ordenó sentarse lejos de él. Su figura me recuerda la de Pinochet deslicé mis dedos sobre esa rara y delicada obra de marquetería, que
en su vejez, aunque menos ampulosa. Se sentó al otro lado de la sali­ volvería a encontrar cien veces multiplicada en recintos de la Ciudad
ta, no me determinó siquiera y escuchó a doña Elena, que pocos ins­ Prohibida, veintitrés años más tarde. A los dos días de permanencia allí
tantes después de iniciada su perorata soltó las lágrimas. Yo compren­ doña Elena dijo, o se inventó, que tenía mucho trabajo y debía regresar
dí que todo estaba perdido, y así fue. Preguntó alguna cosa, no hizo a Popayán y yo la acompañé alborozado por la idea de alejarme cuanto
reproches y dio por terminada la visita rápidamente. El hombre era antes de don Matías. Yo sentía que hasta la leche recién ordeñada que
duro con las lágrimas y creo que yo le heredé eso. Tenía otro hijo de su me daban por las mañanas, allí mismo en el patio de ordeño, se me
primer matrimonio, llamado Gerardo, a quien conocí cuando estaba agriaba en los labios porque la habían tocado sus dedos.
al borde de la muerte. Era ingeniero, estaba perdido por el alcohol y Me gustaba esa soledad al lado de mi mamá, tan sola como yo. Yo
vivía con una morena todavía atractiva en Santander de Quilichao. no podía saber entonces que habría de viajar solo muchas veces por el
Allá me llevó un día misiá Elena, tal vez para verlo por última vez. mundo y vivir solo meses enteros en ciudades y pueblos desconocidos,
Estaba en un camastro alto y cubierto por una sobrecama delgada y incluso después de casado, y que, finalmente, por pura decisión per­
debajo de él pude ver un arrume de botellas de aguardiente vacías. sonal, habría de vivir solo los últimos cuarenta o más años de mi vida,
La mujer nos contó que lo mantenía desnudo para que no se escapara así que esos días de año nuevo con mi mamá pudieron ser el curso
a comprar más trago. Yo solo guardo el recuerdo de su cara de camero preparatorio que hizo mi espíritu hacia la soledad. Plasta he llegado a
y su boca arrugada y desencajada que dejaba chorrear las babas. pensar si no sería que doña Elena tenía un amante secreto, un tinieblo
En 1936 o 37 don Matías trabajaba de mayordomo en una hacienda que ella nunca permitió que nadie conociera. Ella era devota de San­
cercana de Popayán que no puedo precisar dónde quedaba ni cómo se ta Tecla, a la cual invocaba de continuo, acudía a menudo a las áni­
llamaba, solamente que estaba ubicada al norte de la ciudad, y le dio mas benditas del Purgatorio y yo la oí varias veces rezando por el alma
por invitar a su familia a pasar con él las Navidades y el año nuevo. Mis de “aquél hombre”. Nunca pudo explicarme quién era el tal hombre
hermanas se entusiasmaron al máximo pero yo intercepté a tiempo la ni qué le pasaba al tipo, pero yo, que parecía bobo pero no lo era,
decisión de doña Elena de permanecer en la ciudad y resolví de inme­ siempre tuve la impresión de que se trataba de un amigo de ella en la
diato acompañarla en esa intención. Entonces estaba furioso y resenti­ vida real, y me lo imaginaba de unos cuarenta años, con sombrero
do con mi papá porque semanas atrás me había obligado a montar en muy usado, tal vez con barba crecida, andando como un vagabundo
pelo un caballo que, como había pasado en otras ocasiones anteriores, por pueblos lejanos y acordándose de mi mamá.

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Años más tarde, cuando vivíamos en una casa esquinera del ba­ sus clientes eran, por lo menos, monseñores, obispos y arzobispos. “Este
rrio San Camilo y yo estaba absorbido por el deporte, experimenté el me lo encargó su reverencia fulano de tal”, advertía con orgullo le­
mismo sentimiento respecto de un amigo sastre, mono, joven y risueño vantando su obra de arte, y si no apareció entre ellos algún cardenal
que había contratado con doña Elena la asistencia, pero solo para el fue porque en esa época Colombia no tenía ninguno.
almuerzo, y por eso iba diariamente a la casa. Ella hacía labores de En la casa vecina vivía un señor de gafas sin aro, muy serio, con
aguja en la sastrería donde trabajaba el mono, a dos cuadras del par­ cara de magistrado. Nunca le vi mujer, pero era seguro que la tenía.
que Mosquera, y allí fui varias veces a entregar obra acabada. Una Su hermano menor era cachetudo y también silencioso, y a cada rato
vez encontré a los dos sentados en el sofá de la sala y ella tenía la uno lo veía encaramado en el techo de la vivienda, tal vez pisteando
cabeza recostada en el hombro del sastre mientras el tipo le leía no sé a las muchachas de las casas vecinas. Pero el doctor se transformaba
qué cosa. Si ella, con su carita delicada y sus cabellos claros, me hu­ en las noches de sábado, porque regresaba a la casa rascado y ento­
biese tenido más confianza yo habría sido la persona adecuada para nando canciones obscenas del porte de “Pobre pollo, enamorado de la
cubrirle todas sus picardías. Cuando una de mis hermanas encontró gallina que puso un huevo en la cocina...” y de “Pero, muchacho,
empleo, de las primeras cosas que hizo fue comprarle a su mamá una ¿qué hacías tú tanto tiempo en la cocina? Jugando, mamá, jugando, al
máquina de lavar grande, cilindrica, marca Westinghouse, para ali­ gallo y a la gallina. Jugando, mamá, jugando, con la hija de la veci­
viarle la labor. Me imagino que ella se pondría feliz, como Helga cuando na”. No sé si mis hermanas se sentían ofendidas por el amante de los
su esposo Olafo el Amargado le regala un nuevo trapeador. Pero no pollos, pero decían que era un viejo verde.
hay dicha perfecta y llegó el día en que doña Elena, tal vez por un A esa misma casa, de la calle octava con la carrera novena, en un
descuido, se dejó coger los dedos por los rodillos del secador, que tiempo estuvieron llegando mensajes de cadenas de oración y tam­
estaba en la parte superior de la máquina. Tenía un mecanismo de bién cartas injuriosas y amenazantes que hablaban pestes de mis her­
freno instantáneo cuando uno le pegaba un puño, pero tal vez cuando manas, a quienes señalaban como rameras y les asignaban alias de
ella atisbo a hacerlo ya el rodillo le había descuajado el vértice entre combate. Deslizaban los sobres por debajo del portón a pesar de que
los dedos índice y del corazón y le había abierto tamaña herida. Fue la allí el suelo tenía cierto relieve para impedir la entrada del agua llu­
primera de las dos veces en la vida que vi a mi mamá guardar cama, via. Me llené de prevenciones y de furia ante tanta cobardía y en
porque la próxima vez fue para morirse. varias oportunidades permanecí despierto hasta altas horas de la no­
El rebusque doméstico iba más allá. Un amigo de la familia, de che, sin colocar la tranca de la puerta y sin echar doble llave, espe­
nombre Bernardo, alto y flaco, de sombrero de fieltro café de alas rando a que alguien introdujera algún papel para salir disparado a
delgaditas y que tenía una pierna más larga que la otra y que lo hacía sorprenderlo y joderlo de alguna manera, gritando “iladrón, ladrón!”
caminar como impulsado por un resorte, había alquilado a doña Elena o algo así, pero eso nunca dio resultado. Entonces opté por madrugar
una pieza que daba al patio interior y allí hacía labores de encuader­ antes que los demás y en dos oportunidades recogí esas porquerías y
nación. Bernardo era un hombre de familia distinguida tal vez venida por respeto a mis hermanas y por la rabia que me daban las destruí sin
a menos, apacible y bueno con todo el mundo, de ojitos juguetones de que nadie se diera cuenta. Las de la cadena de oración me causaron
ratón y palabras ingeniosas, de esos hombres que con solo mirarlos uno miedo porque su lenguaje esotérico me hacía pensar que alguien quería
sabe que nunca han tenido una mujer ni nunca la tendrán. Ahí esta­ hacernos algún mal grande desde la distancia, y por lo menos la pri­
ba con su mesón de trabajo, su guillotina y su prensa, y anaqueles mera vez que las recibí procedí a multiplicar el texto, tal como allí lo
adosados a la pared que guardaban insumos para la tarea. A mí me ordenaban, aunque nunca tuve fuerzas para salir a medianoche a ti­
encantaba entrar allí por el olor que expedían esos productos, sobre rarlas en las casas del vecindario y terminé por echarlas a la basura. A
todo una especie de almidón fino que él mismo preparaba en un rever­ decir verdad, todo eso me humillaba. Habíamos vivido en barrios más
bero de alcohol. Era un aroma, más que un olor, y todo alrededor era pobres que ese pero en ninguno nos habían tratado así. No teníamos
pulcro y silencioso en esa pieza. Bernardo soportaba tranquilamente comunicación alguna con los vecinos de ese barrio y cada vez que yo
mi presencia y cuando terminaba sus obras de arte se ufanaba de que me aproximaba a la casa desde algún lugar me parecía que todas las

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puertas se cerraban ante mi presencia para negarme los ojos. La gente ;a y a sus causantes, comenzando por mi papá. Y debía ser que yo
era extraña a nosotros y sobre todo nosotros a ellos. Yo sentía que le servía de mala gana y con rabia en todo lo que me ordenaba, por­
éramos pobres hasta más no poder pero que nosotros no pertenecíamos que un día en que estaba herrando un caballo en la pesebrera no fui
a esa clase social y que solo estábamos obligados a soportarla. capaz de sostener con fuerza el bozal o algo pasó y el animal hizo un
Creo que de ahí salimos a vivir en un barrio del occidente, cerca­ movimiento en falso y le sacó la pata al herrero que lo maltrataba, y
no de la ronda del río Molino, en una casa grande y oscura en la que ahí mismo don Matías acompañó su ira tirándome a las patas la escofina
mi querida mamá vio una tarde a una viejita silenciosa que atravesa­ que estaba manejando, y tal vez yo hice un movimiento defensivo y la
ba el patio de la ropa y se perdía en un cuarto que tenía piso de tierra. herramienta me pegó en las costillas y me sacó el aire. Doña Elena
En horas de la noche yo no soportaba ir por esa parte de la casa sin vino a recogerme dando voces de alarma y yo tuve dolor en los costa­
alguien a mi lado. Dormía solo en un cuarto que en vez de ventana dos por varios días y maldije mi suerte.
tenía una claraboya alta y siniestra y una noche, en medio del silencio La casa tenía una huerta sembrada de hortalizas para el gasto ho­
total, me despertó abruptamente una voz que entrópor el hueco acom­ gareño y para vender a los vecinos, y un solar que lindaba con la
pañada de un aire frío y me dijo lánguidamente “ ¡Aaalvarooo!”. Creo carrilera y estaba provisto de una escalenta de madera para bajar y
que todo mi cuerpo se retorció de terror, como los gusanos cuando subir. Allí ocurrió el lance de la vaca recién parida que por mi culpa,
uno les echa ácido encima, pero me mantuve mirando ese hueco ne­ según don Matías, se asustó y se desbarrancó como loca y rompió el
gro y profundo que nunca supe a dónde conducía. Otra noche estaba cerco de alambre de púas que daba a la carretera a Cali y se desgarró
durmiendo y sentí que una figura femenina cubierta de pies a cabeza totalmente la ubre y la barriga y hubo que matarla después de días
por un manto blanco y reluciente se sentaba en el borde de la cama y enteros que duró con un caucho negro amarrado a la barriga para
rozaba mi cuerpo; yo sentí nítidamente su contacto blando y a la vez impedir que se le salieran del todo las tripas. Entonces me dieron una
impertinente, e incluso me atreví a hacerle un tantico de resistencia paliza de las bravas y se armó un escándalo de marca mayor en el que
con el brazo para comprobar la verdad, pero de inmediato fui sobreco­ intervinieron los vecinos de lado y lado de la casa y la carretera se
gido por el pavor y desperté del todo, sudando frío. Y en una tercera llenó de curiosos. Mi mamá logró meterme en un cuarto para evitar
ocasión me despertaron ruidos hechos en la pared que lindaba con la que don Matías acabara matándome de verdad y hasta ahí llegaron
casa vecina. Eran golpes acompasados que cesaban cada vez que yo las vecinas aprovechando que el agresor estaba atareado con la vaca
los replicaba con los puños y luego de unos instantes volvían a sonar. herida. Lloraban y se lamentaban ante mí. “Está bien que le pegue,
El jueguito maligno me cansó y me dormí finalmente. A la mañana pero que lo haya maldecido, eso no tiene perdón de Dios”. A otras les
siguiente hubo alboroto en el vecindario y apareció la policía. Enton­ oí decir: “ ¡Dios mío!, que un padre maldiga a su hijo, eso no puede
ces supe que la casa de los ruidos había estado desocupada y que los ser. Hay que decirle que tiene que levantar la maldición”. Nadie en
ladrones la habían saqueado y habían arrancado hasta las instalacio­ la familia quiso explicarme qué era eso de la maldición, que yo sentía
nes del baño. Yo, por supuesto, me callé la boca y corrí a mascullar en como una orden que se daba para que me cayera alguna enfermedad
la soledad mi delito. fatal en los próximos días. Hasta que no pude aguantar más y fui a
En la casa del norte -única que vi todavía en pie en mi última preguntarle la verdad a la vecina de la izquierda, que nos compraba
visita a Popayán, en el año dos mil o dos mil uno-, recién ingresado a verduras a través de la cerca que dividía los dos solares, y ella me
la escuela, como decía, creo que pasé los peores años de mi niñez, por explicó: “Su papá le dijo que lo maldecía como hijo y que algún día
la violencia exacerbada de don Matías y por el hambre que me acosa­ usted iba a morir en sus manos”. Eso, aunque parezca raro, me tran­
ba. Un niño sano y en crecimiento, pienso ahora, siente más hambre quilizó. Ahora -pensé- lo que debo hacer es permanecer lo más aleja­
que uno enfermo y débil, y un niño de tres o cuatro años con hambre do posible de las manos de don Matías. Fue lo que hice en los diez
se duerme o se distrae con alguna cosa y deja de sufrir y de sentir el años siguientes de mi vida, hasta que terminé por perderle todo te­
hambre, pero uno de siete u ocho entiende su desgracia y no puede mor: de ello me di cuenta una mañana en que llegué a la casa des­
dormir ni distraerse. De manera que yo estaba aprendiendo a odiar la pués de una amanecida con las muchachas del lupanar y no pude

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abrir la puerta porque tenía tranca por dentro. Tuve que darle golpes porque ella era de familia conservadora. Por la parte de él tampoco,
y quien vino a abrirla fue el mismísimo don Matías en piyama y que no porque él casi no estaba en la casa. La influencia de él era a través de
se atrevió ni siquiera a dirigirme la palabra. la violencia y del dinero que dejaba en la casa, del poquito dinero
Yo nunca di brega para el estudio. Creo que siempre hice las ta­ que le arrojaba al suelo a mi muy cristiana mamá y que ella nos man­
reas escolares sin ayuda de nadie y solo recuerdo vagamente una oca­ daba recoger. Como a mis hermanas nunca les escuché una sola pala­
sión en que alguna de mis hermanas menores me enseñaba a manejar bra de censura contra el hombre, ahora, después de los años, me hago
algo con las vocales. Cuando estaba en segundo de primaria me con­ la reflexión de que tal vez las mujeres han sido escogidas por la natu­
seguí trabajo. Entrábamos a las ocho de la mañana y a la salida de la raleza para soportar sin mayor incomodidad todas las ofensas, o que lo
escuela, que era a las cinco de la tarde, me tocaba ir a la casa de unos que explica tanta sumisión es aquello que los textos llaman “la figura
gringos amigos de mi mamá a quienes ella les arreglaba la ropa. Mi del padre”. Como yo jamás la sentí, hablo solo por cuenta mía. Las
tarea era cuidar a un niño con retraso oral que se llamaba Henry. Era relaciones con mi papá fueron muy malas toda la vida y mi táctica fue
un niño maravilloso, de ojos negros y largas pestañas, que raramente la de alejarme de su presencia, que me provocaba una repulsión fría y
estaba de mal humor y hacía chasquear continuamente la lengua so­ penetrante, y buscar amistades fuera del hogar. Hasta la muerte de él
bre el paladar y los labios. Entendía todo lo que uno le decía pero no nuestra relación fue un desastre y ni siquiera quise aceptar su invita­
podía hablar sino apenas emitir los mismos sonidos: aah, aah, aah... ción a visitarlo en su lecho de enfermo, hecha repetidamente a través
Frecuentemente cuando los señores llegaban ya era tarde en la noche de mis hermanas, ni recibir la herencia que me dejó. Mis elegantes
y hasta yo me había dormido y había tenido oportunidad de pasarle hermanas resolvieron hacerle oficios religiosos en San Diego y yo, en
mis piojos a Henry. ¡Qué vaina! Pero los papás del niño me necesita­ mi calidad de pato invitado a convite de gallinas, acudí por unos
ban y se aguantaban el guarapazo. Yo, además de recibir buena comi­ minutos para cortar las llamadas telefónicas ungidas con las lágrimas
da y el sueldo por mi trabajo, tenía una recompensa extra: mirar a las de mi hermana mayor. Me hice acompañar de una vieja amiga, Lucía
dos hermosas señoras en paños menores y a veces mucho menores, sin Lago, hija de un fundador del partido, simulé con mi silencio que
que a ellas les importara. En la Tomás Cipriano hice hasta el quinto respetaba al muerto y en seguida desaparecí del escenario.
año de primaria y traté de seguir estudiando, pero mi adorado papá se Yo de eso no conservo ningún odio hacia él, y últimamente, cada
opuso. El siempre fue mi enemigo público y privado número uno. D e­ vez que pienso en ese matrimonio pienso en el matrimonio de la vir­
cía que yo no servía para nada. Cuando llegaban visitas a la casa gen María y San José que reconstruye Saramago. Eso es lo que yo
hacía que apareciera en la sala el tonto de la casa, y ese era yo. Enton­ tuve, más o menos: un José con su violencia y su imposición y una
ces ahí decía: “Este me salió tonto”, y como tal me presentaba. Por María con su mansedumbre exasperante y su ignorancia. Doña Elena
supuesto, yo le cargué un odio desde muy pequeño y nunca pude escuchaba rezar a las almas del Purgatorio y nos pedía silencio para no
dominar eso, o no me interesó hacerlo. Él se portaba muy mal con la interrumpirlas, y yo obedecía como los demás y pensaba que algún día
casa, se ausentaba durante meses enteros sin dejar dinero para la co­ tendría oídos tan perfectos como los de ella para poder también escu­
mida, y por solo eso me parecía odioso. No dejaba que mis hermanas charlas. En altas horas de la noche despertaba a sus niños para que
tuvieran amigos, los sacaba a patadas de la casa. Me parecía un tipo escucharan el ruido de los cascos de la muía sobre la calle empedrada
violento, intolerante, aunque nunca tomaba trago y ni siquiera fuma­ del frente de la casa, y nosotros nos figurábamos a esa mujer mala
ba ni tenía amantes, por lo menos a la vista. Odiaba a los borrachos y convertida en animal andando a la medianoche en la ciudad silen­
a los que fumaban en las chivas o buses de escalera intermunicipales, ciosa. Una tarde vio que una viejita harapienta atravesaba el patio de
que eran los únicos que había entonces. Era liberal, por supuesto. En la ropa y se perdía en el cuarto de los trebejos. Una noche en que
la casa nunca hubo mayor presencia religiosa; eso sí lo estimo con cosía en su máquina Singer, allá en el Alto del Cauca, sola y a altas
mucha alegría. Nunca hubo esa cosa que he visto en otras familias: horas de la noche, había puesto por casualidad los ojos en el hueco de
que se diera la orden de ir a misa; de esas cosas religiosas, poco. No he la cerradura de la puerta de la casa y había visto un ojo enorme y
podido entender a qué se debía eso. No era por parte de mi mamá, quieto que la miraba... Aseguraba que si a uno le caía agua de arco

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iris le daba chandi, que las verrugas del cuerpo se botaban corriendo están arriba se desquitan haciéndolas a los que están abajo. Me daba
para atrás con granos de maíz en las manos y arrojándolos al aire, que con una correa de dos juegos y aunque sus golpes no serían tan fuertes
si comíamos de pie se nos bajaba la comida a las plantas de los pies y como los de los hombres, de todas maneras los asentaba duro sobre las
que las pepas de la granadilla o la guayaba no debían comerse porque piernas peladas y los pies descalzos que cargué hasta que entré al
se iban al apéndice y daban apendicitis. Lloraba lágrimas de sangre bachillerato y alargué pantalón. Hasta que un día yo estaba barriendo
leyendo Genoveva de Brabante y cuando comenzaron las radionovelas el piso del comedor y ella vino a pegarme sin motivo aparente alguno
ella y mis hermanas mayores vivían pegadas del aparato para sufrir las o por algo que yo consideré injusto y antes de que ella me asentara el
desventuras de Albertico Limonta en “El derecho de nacer”, de Félix primer correazo yo levanté el palo de la escoba y la amenacé en silencio,
B. Cagnet, una historia de amor y dolor que ha conmovido a América, con la sola mirada, con descargárselo sobre la cabeza si me tiraba, y
una novela que lo hará reír y llorar; no se pierda el próximo capítulo. ella se asustó de repente y se quedó mustia mirándome a los ojos y
Yo solo me le pegaba a la serie radial de Chang Li Po, que descubría al como diciendo: es capaz de hacerlo y lo va a hacer. Y era verdad. Yo
verdadero asesino aplicando la paciencia, “mucha pachencha”, y solo tendría, calculo, diez o doce años y era ya la persona más alta de la casa,
por deducciones. Y por su parte don Matías se especializaba en cuentos delgadito pero alto, y si ella me hubiera tirado con la correa yo le habría
de horror, entre los cuales el que más se me quedó grabado fue el del puesto la escoba en la cabeza. Mis hermanas que estaban ahí se dieron
señor que va a caballo por el campo en una noche oscura y tormentosa cuenta de todo el escándalo y tampoco se atrevieron a increparme nada.
y escucha llantos de niño a un lado del camino, se detiene y efectiva­ Desde ese día ninguna de las mujeres volvió a meterse conmigo.
mente encuentra a un muchachito, lo recoge y lo pone en la gurupera Cuando ya tenía más de diecisiete años alzaba pasos en la proce­
y sigue su camino por el monte y más adelante le da curiosidad por sión de Semana Santa. Como era un poco más alto que el promedio de
mirar al niño y cuando voltea la cabeza para verlo encuentra un mons­ los muchachos, me aceptaban fácilmente, pero yo buscaba siempre el
truo pequeñito que abre una jeta colorada y le dice: “Taitico, ya teño paso más bravo de todos, el que más pesara, entre otras cosas porque
dentes”. Era el diablo, por supuesto, y a mí se me erizaba de frío todo ahí no cargaban sino personas de cierta estatura. Llegué a cargar un
el cuerpo cada vez que escuchaba el relato. A don Matías le encantaba ratico el paso que se llama Las Insignias, que es el más pesado y que a
mandar. Me mandaba a buscar alguna cosa al cuarto de los trebejos y la salida del templo siempre tenía a su lado cargueros de emergencia,
si no la encontraba en segundos me gritaba desde lejos: “Está ahí por si acaso se presentaba algún accidente; sale el Viernes Santo y es
debajo de un billete de peso!” Yo no entendía del todo el sarcasmo y un paso verracamente pesado, tiene cinco o seis barrotes y no cuatro
siempre estuve tentado de encontrar alguna vez un billete perdido en como los demás, y en la marcha traquea que da miedo. Parecía que se
alguna parte de la casa. Todavía ya adulto, en las largas caminatas iba a destortillar. A los muchachos nos permitían la paloma, pues esos
turísticas por el monte, en las que solía ir en solitario adelante, por mi pasos no los cargan sino cargueros de trayectoria histórica, familias
dificultad para caminar despacio, seguí esperando encontrar al lado que son dueñas de los pasos, que son quienes pagan el mantenimiento
del sendero, detrás de los arbustos, un abultado maletín lleno de dó­ y las consecuencias de la cargada. Entonces a nosotros nos daban una
lares arrojados desde algún helicóptero por contrabandistas o coqueras paloma o pichón, nos permitían cargar el anda una o dos cuadras y en
para esconderlos de la policía en algún trance y después rescatarlos. seguida uno les entregaba a los cargueros oficiales, que eran tipos
Me veía sudando de los nervios, llamando con voz apagada a mis com­ fuertes y silenciosos, tal vez conscientes de que se sometían volunta­
pañeros de viaje e inventándonos la coartada para quedarnos con la riamente a una tortura de tres y más horas, a la vista de todo el pue­
plata sin que nadie más llegara a enterarse nunca. blo, que no tenía idea de lo que eso significaba. En ese momento yo no
En la casa yo era el de los mandados, el de párese y vaya ligero a la era ya creyente y andaba en el ateísmo, que mantendré todo el resto
tienda por, y el de no se demore que no tengo tiempo, y el de tenga de mi vida sin hacerme ni hacerle fuerza a nadie. Pero me gustaba
cuidado con lo que hace, carajo! Todo el mundo se sentía autorizado cargar. Posteriormente, cuando estuve en la cárcel, también iba a misa,
para cascarme, y la que más me cascaba era doña Elena, yo creo que por el aburrimiento tenaz que da el no poder hacer nada agradable. Si
cumpliendo la ley humana de que los que sufren afrentas de los que usted en la cárcel no hace nada se jode. Entonces un día preguntaron

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que quién quería ir a ayudar a la misa y dije: “Yo voy”, y a lo mismo se to y creían que así me despistaban, pero yo entendía casi todo. El
apuntó un muchacho campesino que había matado a alguien. Eso fue tema recurrente de doña Emma era la degradación moral de la juven­
en la Cárcel Nacional Modelo y lo hice para entretenerme en algo. tud y la familia y los pequeños escándalos del vecindario. Una vez
Hice parte del coro y las canciones del rito me sonaban hermosas y contó el caso de una niña que había nacido con un hueso atravesado
justas. Y todavía me suenan. a lo largo de la vulva (para despistarme trazó una raya imaginaria
Nuestras casas de Popayán eran casas de rebusque. Don Matías sobre la frente). Doña Elena no hacía sino abismarse por tanta maldad
estableció cría de pollos en el sur, venta de fríjoles frescos que cose­ que había y que se expresaba en esa clase de monstruosidades de la
chaba conmigo en una siembra del Alto del Cauca, venta de leche naturaleza. Conversaban de personas de la ciudad que últimamente
cruda, cría de pollos en la huerta de la casa, fábrica casera de una habían tenido muertes horrorosas, en la soledad de sus camastros,
crema yodada que administraba a los cotudos para aplanarles el coto, expulsando gusanos y murciélagos por la boca como resultado de ma­
venta de leche con base en la vaca recién parida que llevó a la huerta leficios de sus enemigos. Todo como castigo por ser malos con sus
y que terminó con las ubres ensartadas en la cerca de alambre de semejantes. Yo la miraba pero ella no me daba ni la hora. A mi mamá
púas, todo por mi culpa, por mi torpeza para ejecutar cualquier traba­ le decía doña Elena o señora Elena y ella le respondía doña Emma.
jo manual. Y todo le salía mal y perdía la plata. Se puso al frente de la Las dos hablaban en la mitad de las tardes, cuando el trabajo había
Pesebrera Municipal, donde cortábamos con machete pasto micay y caído, casi siempre en voz baja. De boca de la apetitosa vecina escu­
caña de azúcar y en una guillotina de rueda los picábamos para darles ché por primera vez una palabra que toda la vida me ha sonado horri­
a los caballos y las yeguas de la Policía, y allá me tocaba además llevar­ ble: guaricha. Me suena tan feo como arepa, mondongo, malparido,
le el almuerzo en portacomidas y aguantar su permanente mal genio. sudadera, arrecho, recocha, chucha, chocha y otros más. O como “eso
Lo último que hizo fue sacarnos casa en arriendo en la carrera octava está picho” o “eso me puso rabona”, que he escuchado fuera de tierras
con la calle novena e instalar en el patio una secadora de cascarilla caucanas. Entre las dos casas había una alta tapia de por medio y por
de quina, financiada por unos gringos amigos de la casa, para exportar encima de ella misiá Emma nos daba comida ya preparada, porque
al exterior. La cascarilla llegaba en bultos que llevaban a la casa en conocía nuestra estrechez económica, y en el muro de cemento pela­
camiones o en muías y apilaban todo eso en la sala y los corredores de do que dividía el baño de ella y el nuestro encontré perforaciones
la casa, que eran de piso de ladrillo, como tantas de la ciudad, y disimuladas que permitían mirar al vecino. ¿De qué lado estaría el
escondían pulgas y niguas debajo del polvillo. En el patio montó una voyerista? ¿De los dos? Yo, en todo caso, nunca pude sorprender nada
armazón, una torre de bandejas removibles de madera y tejido de cos­ y de doña Emma solo alcancé a conocer sus brazos desnudos y tersos
tal que permanentemente estaban cambiándose de lugar, de abajo cuando conversaba con mi mamá. Tenía una hija bonita, un tanto
hacia arriba, para que toda la cáscara fuera secándose por parejo con menor que yo, que fue la primera niña con la cual jugué a las escon­
el hornillo de carbón que ardía en la parte baja. Estábamos entrando didas y acaricié detrás de las puertas, pero pronto ella entró al colegio
en la era industrial, pero seguramente alguien ya había inventado la de monjas que su madre le había escogido y se ligó con una familia de
quinina sintética y el negocio de los gringos se acabó. libaneses que vivía al voltear de la esquina y manejaba el almacén de
Al lado de la casa de las cascarillas vivía una mujer de la vida que ropa El Cedro, y dejó de mirarme y ni siquiera me reconocía en la
se había vuelto señora porque un amante rico la había sacado del calle. A doña Emma la visitaba un hombre bajito y con finos lentes sin
arroyo, como dicen los tangos argentinos. Era alta y de carnes suaves aro que salía de un automóvil resplandeciente con las llaves en la
y generosas, con abundante cabello negro que se recogía en un moño mano y caminaba balanceándose como un pato hasta la puerta de la
y dejaba ver su hermoso cuello. Su piel de mestiza era lozana y tersa, casa, tras de la cual desaparecía rápidamente. Tenía rostro cuadrado
su cara brillaba por la crema que se ponía en las mañanas y su barbilla y ojos brotados y soñolientos, como de sapo, su apellido era Zambrano
aparecía un tanto hendida debajo de su boca de dientes parejos y y vivía en una casa del costado oriental del parque de Caldas, porque
apretados. Hablaba sin parar y doña Elena alcanzaba apenas a intro­ allí lo vi varias veces. Después del terremoto de 1978 esas viviendas
ducir algunos comentarios residuales. Utilizaban un lenguaje supues- fueron reconstruidas bellamente como parte de la actual Casa Muni-

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cipal, y creo que se acabó la costumbre de las familias de clase media le mandaba o le dejaba yo no sé qué, unos bultos de panela, un bulto
de asistir a la serenata que daba en el parque la banda departamental de panela y un bulto de maíz, eso fue lo que dejó en una ocasión antes
en los atardeceres de cada jueves. El escaso tránsito automotor se de ausentarse por meses. Tal vez a él le parecía que eso era el mercado
suspendía entonces y la gente daba vueltas a la plaza sin cesar, en uno más verraco del mundo. Entonces, ¿qué le tocaba hacer a ella? Coger
y otro sentido. Las mujeres se enlazaban de brazos y los jóvenes tenían el maíz, hablarse con las vecinas y decirles: yo le mando una libra de
oportunidad de darse a conocer y coquetear, todo ello mientras la maíz y usted me da unos huesos, o media libra de carne, o yo no sé
pequeña orquesta, en un ángulo del parque, se esforzaba por hacer oír qué. A mí me tocaba hacer eso, me tocaba llevar el maíz, llevar la
sus acordes. Había condiscípulos cuya diversión consistía en pararse panela, y las señoras me cambiaban eso por otra cosa. Así era. La
frente a la banda a chupar limón para importunar a los vientos, pero situación de la casa debió ser muy apurada, porque durante un tiem­
un corro mayoritario aplaudía las ejecuciones. po yo iba todas las mañanas a uno de los costados del hospital y allí,
Precisamente una cuadra arriba de nuestra casa de la quina, por desde un ventanal, una enfermera me entregaba dos botellas de le­
la misma acera, vi estacionada varias veces la limusina del maestro che. A ese servicio le decían Gota de Leche y no sé por qué nunca
Valencia, con su chofer haciendo pereza adentro mientras el poeta encontré ahí largas colas, tal vez porque no era muy de mañana, y
visitaba a una de sus queridas. En 1943, cuando él murió, toda la recuerdo que las botellas llevaban algodón en vez de corcho y yo las
ciudad se movilizó a acompañar el desfile que marchó hasta el ce­ metía en un morralito que mi mamá me había acondicionado para
menterio. A mí no quisieron llevarme o tal vez yo no quise ir, y a la que no se fueran a romper. A veces don Matías se aparecía con cone­
vuelta del entierro mis hermanas dijeron que ahí había estado “todo jos muertos amarrados con una cabuya, pedazos de danta o criadillas
Popayán”. Si yo estuve informado constantemente de la evolución de de toros, y una vez se apareció con un pobre mico vivo que duró años
su enfermedad, colijo de eso que lo estaba todo el mundo en la ciu­ con nosotros. Se la pasaba en el techo de teja de la casa amarrado con
dad. Un día dijeron que el hombre estaba de muerte y que se había una larga cadena y era habilísimo para sacarnos los piojos en el patio
pedido de urgencia un medicamento que no existía en la ciudad y de piedras rodadas y a pleno sol. Los piojos chasqueaban al reventarse
que debía llegar por avión de un momento a otro. Tal vez hubo alguna en sus dientes. Otras veces se aparecía con uno o dos perros que no
demora y se hizo tarde y llegó la noche y por la radio pidieron a todos habían cabido en la casa de Guillermo León y a mí me tocaba ir a
los vehículos de la ciudad que fueran de inmediato al aeropuerto de traerles comida de desperdicio de un restaurante y a veces, viéndolos
Machángara a alumbrar el campo de aterrizaje. El piso de la pista era tan flacos y hambrientos, yo sufría tanto como ellos y me robaba plata
de tierra y arena y los carros particulares y todos los taxis que había en de la casa para comprarles pan y prepararles con aguapanela. Los po­
la plaza de Caldas fueron alineados a los lados de la pista para que bres perros tiritaban y chillaban de hambre esperando que la aguapanela
mantuvieran las luces prendidas mientras se producía el aterrizaje. se enfriara, y sumergían el hocico haciendo burbujas, buscando algo
Pero nada pudo salvar al Maestro. Tenga en cuenta, Juan Carlos, que que se pareciera a la carne.
en ese tiempo el viaje no más de Popayán a Cali por carretera se echa­ Así eran las cosas. Yo, por mi lado, trataba de servir para algo. El
ba siete u ocho horas, y por ferrocarril tal vez más. primer salario institucional que me gané fue de veinte centavos men­
Esas eran las relaciones sociales en mi casa. Mi papá me caía pesa­ suales que me pagaba por llevarle el almuerzo un japonés llamado
do y no tenía mayores motivos para admirar a mi mamá, aunque era Tomás Kitchi, cortejador de una pastelera rica y amiga de mi mamá.
de un corazón inmenso y pudo sacar a su familia ella sola. El día que Un día me olvidé del bendito portacomidas y el tipo me echó. Doña
ella murió yo lloré detrás de una puerta, y no subí a su alcoba porque Elena tenía muchas amigas, antiguas condiscípulas o cercanas de su
estaba seguro de que en un rincón de ella estaba la muerte esperando familia, que le ayudaban en cuanto podían. Una de ellas era esa señora,
para helarme con su mirada. Pero el llanto mío fue de alegría, porque dueña de un servicio de restaurante de postín, que era contratada por
dije: al fin descansó una mujer que nunca, desde que se casó, tuvo un la clase alta para comidas y fiestas ostentosas. Creo que manejaba
momento de alegría. Toda la vida que yo recuerdo de ella es sufrien­ vínculos con funcionarios del gobierno local o algo así. A mí me encan­
do, llorando, diciendo qué vamos a comer hoy, qué hacemos. El tipo taba ir a esa casa enorme porque allí había comida rica. Uno de los

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panaderos, el indio Maximino, que tenía dientes perfectos y cuando la ciudad, donde don Matías se encontró con un grupo de amigos. En­
sonreía, que era casi siempre, los mostraba más parejos y blancos que tre la conversa ininteligible de negocios y contratos caminamos hasta
caja de dientes, estaba perdidamente enamorado de una de mis herma­ un sitio abierto, donde había una gradería de ladrillo resplandeciente
nas y me regalaba bolsadas de bizcochos desmoronados que se estropea­ que daba a un campo tapizado a trechos de grama. Me pareció que era
ban en el horneo y yo los devoraba de una sentada mientras iba cami­ una pequeña plaza de ferias ganaderas recién terminada. Nos sentamos
no de la casa. Solo perdonaba los correspondientes a la pretendida. en la gradería y ocurrió lo de siempre. Alguno de los hombres aludió a
La pastelera era una señora de cabellos espesos entrecanos y carnes mi presencia y don Matías se explayó en explicaciones: “No sirve para
generosas pero parejitas, y a quien nunca vi sonreír. Trataba con frialdad nada”, “el Cielo me castigó con ese regalito”, etc. Yo agaché la cabeza y
a sus hijas, era de pocas palabras y cargaba una mirada de desconfianza me puse a mecer entre las piernas una jáquima que llevaba en las ma­
frente a los extraños que parecía decir: “Este viene a robar”. Era amiga nos, observando mis pies húmedos y fríos donde había hojitas de yerba
estrecha de doña Elena pero jamás las vi conversando en forma. Tenía pegadas a la piel. Uno de los hombres ensayó una risita picante pero el
cuatro hijos, uno mayor llamado Miguel Angel, una beldad criolla resto permaneció en silencio, como velando un enfermo. Creo que lle­
llamada Josefina y dos gemelas tipo rubio marchito. Josefina era alta y gué a pensar que podía ser cierto que yo era un idiota y no me había
esbelta, cabellos negros, bellos dientes, ojos de miel y cejas arqueadas dado cuenta. Con el tiempo he llegado a pensar que don Matías me
que movía con altanería. Era todo lo contrario de sus dos hermanitas, obligaba a realizar labores difíciles para un niño porque buscaba encon­
flacas y blancas, aunque sencillas y tratables. Un día en que ingresaba trar huellas de homosexualismo en mi condición retraída e indepen­
por el zaguán de la enorme casa entró al mismo tiempo el Miguel diente. Muchos años más tarde, cuando comprobé que podía resistir sin
Angel y me sobrepasó con sus trancazos sin siquiera advertir mi pre­ mayor esfuerzo los momentos de desprecio de los demás pero al mismo
sencia. Su hermana mayor salió a recibirlo y allí los vi darse un beso tiempo no podía evitar las lágrimas ante un texto literario o un pasaje
fuerte y prolongado en la boca. Me hice la reflexión de que los herma­ musical, comprendí que había hecho bien el aprendizaje de la vida.
nos ricos tenían licencia para besarse en la boca. Yo observé por un Yo era flaco en extremo y siempre tuve el presentimiento de que
momento sus grandes bigotes pegados a la cara de la muchacha y tenía tuberculosis. Mi figura era lánguida y para mejorarla trataba de
contemplé el abrazo poderoso de sus cuerpos. A la Josefina la había cumplir los mandamientos del manual de cultura física de Charles
sorprendido varias veces andando en el amplio comedor que daba al Atlas. Cuando era niño noté que me estaba saliendo coto y como vi
primer patio, con su hermoso cabello recogido en un moño que dejaba que don Matías preparaba una untura con yodo y la vendía a personas
ver su cuello espléndido y sus brazos desnudos que terminaban en pobres que acudían a su tratamiento, procedí a agregar a la aguapanela
largos dedos de diva del cine. Haga cuenta de una Sofía Loren crio­ durante un tiempo dos o tres góticas de yodo del que había en el
lla. Nunca me dirigió siquiera una palabra. Me parece que tanto ella botiquín de la casa y con eso me curé sin que nadie se diera cuenta.
como el Miguel Angel se creían de mejor familia que sus hermanas, En la primera oportunidad que tuve fui al médico para salir de dudas
por cierto muy amigas de las mías. Una vez la señora me llevó de paje sobre mi tuberculosis y no había tal. Yo era flaco pero sano, dijeron.
a una fiesta de la alta y a medianoche, cuando todos los invitados Cuando llegó la edad del servicio militar los médicos que fueron al
habían desaparecido, empacamos los restos de la comida en buen es­ Liceo a examinamos dijeron que yo dizque tenía pie plano y por eso
tado y pude saborear uvas y melocotones, almendras y quesos de todos me descalificaron para prestar el servicio. Yo dejé hacer, porque no
los sabores, unos y otros importados de California. Qué banquete! tenía ningún interés en las tales filas militares. Nunca he sentido lo
En una ocasión don Matías me hizo madrugar para ir a cosechar que llaman patriotismo, orgullo de ser colombiano o algo parecido, y
fríjol en una finca que lindaba con la carretera destapada que iba a en todas partes encuentro gente con la cual me identifico fácilmente.
Cali. Trabajé todo el día, procurando no cometer errores, y pasado el México, Cuba o Ecuador podrían ser mi patria y mi contento o mi
mediodía, bajo un sol abrasador que quemaba las manos, me ofreció rabia serían iguales.
una taza de aguapanela con pan. Eso fue todo lo que comimos. Días Entonces, pues, para don Matías tampoco podía haber admira­
después hicimos otra salida de trabajo hacia la misma zona norteña de ción, sino rabia. Para mis hermanas, en cambio, él era su papito, toda

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la vida su papá querido. Ellas no vieron esa característica que se es­ los muchachos consultando. No, a consultar aprendí yo de viejo; ir a
condía en esa relación, nunca entendieron eso o nunca lo sintieron, una biblioteca lo aprendí de viejo. Yo entraba en esas bibliotecas y me
yo no sé, pero para mí eso era definitivo. No había por dónde aprender asustaba. A la Biblioteca Nacional fui sofito, sin nadie que me viera,
en esa casa, ellos no tenían nada que enseñarme. Cuando nos sentá­ y me metía a leer en la sala de música, en los tiempos en que esa
bamos a la mesa y trataba de decir alguna palabra prefería finalmente biblioteca estaba abierta para el público y no solo para investigadores
contenerme. En una ocasión mis mayores comentaron en la mesa so­ acreditados, como ocurrió después. Yo no sé cómo pero los libros llega­
bre un accidente o un crimen que había sido reseñado por la prensa ban allá a mi casa; no sé si era por conducto de Guillermo León que le
local y alguien preguntó qué era eso de “visceras”. Yo me atreví a daba a mi papá esos libros para que se los llevara a sus hijas... No sé,
decir que eran las mismas tripas y de inmediato la concurrencia se pero allá aparecían. Entonces, cuando llega el momento en que sé
descargó contra mí. “No seas bruto, hombre, visceras son las piernas, más, que no tengo nada que hacer ahí, es cuando se me crea ese
los brazos, los miembros del cuerpo”, clamó don Matías. ¡Quién me deseo persistente de romper con todo lo que había a mi alrededor. No
había mandado a abrir la bocota! En la casa no había siquiera un había nada, mejor dicho, y todos mis sueños eran: qué día puedo yo
diccionario de bolsillo y no pude probar mi aserto. Además, yo mismo irme de esta casa y no volver nunca más. Eso siempre fue una vaina
daba el significado de la palabra solo por deducción o sospecha, no repetitiva en mi cabeza: “¿cuándo puedo yo liberarme de esta cosa?”.
porque la hubiese consultado en el diccionario. La diferencia estaba Hasta que al fin llego a Bogotá y aquí se cumplen mis deseos. Aquí
en que yo leía y ellos nunca leían libros de verdad. No sé de dónde llegamos en el año cincuenta y uno, y ese mismo año me fui de la casa
sacaba yo los libros, quién me los regalaba o los prestaba, pero en mi y nunca más volví. Después de que me echaron un carcelazo largo sí
casa el primer libro que vi fue Fausto, de Goethe. Era un libro de una tuve que volver, porque no tenía dónde vivir y de ahí fue cuando me
editorial argentina que creo se llamaba Sopeña, que desapareció hace fui para Medellin, pero ese viaje fue posterior.
muchos años y que editaba libros de formato popular que llegaban a Hacemos entonces la primaria y me voy para la secundaria, y don
Colombia en cantidades cuando aquí no había una empresa editorial Matías se oponía y decía que yo no servía para el estudio, por bruto, y
como la que ellos tenían. No recuerdo en este momento el nombre de que debían meterme a aprender algún oficio, aunque él nunca se
la editorial, era como Editorial Mundial Sopeña o algo así; era la edi­ comprometió a ayudarme personalmente en ninguna gestión. El primer
torial de los pobres. No sé quién llevó ese libro a la casa ni nunca vi año no hubo manera de meterme al Liceo porque él se oponía. Entonces
que alguien lo leyera, pero yo lo encontré en el poyo para los pies que mi mamá, desesperada, me metió a carpintería en un instituto de esos
tenían las ventanas de asiento de Popayán. En nuestro caso, mis her­ que había para muchachos. Desde luego, yo era y sigo siendo absoluta­
manas acostumbraban asomarse a la ventana con las rodillas apoyadas mente negado para todo lo que sea trabajo manual; no sé manejar mis
en el poyo, y para evitar el escozor sobre el duro cemento ponían allí manos, no sé manejar la cabeza con las cosas y los objetos, admiro a
algún trapo; en este caso, en vez de trapo, el libro de Goethe. Se todos los que saben hacerlo. Me encanta ver cómo un tipo asienta el
puede hacer así y permanecer buen tiempo ahí arrodillado; yo lo hacía baldosín de un baño, cómo lo coloca con esa precisión absoluta; yo no
y en Popayán mucha gente lo hacía: sentarse ahí horas enteras a mirar podría poner ni una sola pieza. Yo admiro todo lo que no puedo hacer.
a la gente que pasaba por la calle y, de paso, fisgonear a los vecinos. Claro, el año de carpintería fue un fracaso total. El instituto era de la
Ese era un deporte en Popayán, pero me imagino que la llegada de la Universidad del Cauca y en esa época para entrar a la secundaria
televisión acabó con todo. Ahí estaba, pues, ese libro, y yo lo cogí un tenías que hacer un año preparatorio. Esa fue la época de la “huerta
día, de tanto verlo ahí. Imagínate, yo me leo ese libro sin entender casera” y la “vaca lechera”, una campaña del presidente Ospina Pérez
absolutamente nada, pero es el primer texto literario que recuerdo. para que las familias pobres se alimentaran mejor. Ese fue su programa:
Después no sé cómo podía tener libros, si era que mi mamá me ayuda­ que había que volver a la agricultura. Y entonces introdujeron en el
ba o qué; no puedo recordar cómo llegaban a mí; un pobre muchacho primer año de bachillerato un programa de agricultura, en que tocaba
sin cinco en el bolsillo, ¿cómo lee libros? Porque en ese tiempo, Juan ir a trabajar en algunas huertas. A mí, por la terquedad de mi papá,
Carlos, no había servicio de bibliotecas como lo hay hoy, que tú ves a me tocó doble: carpintería y agricultura. Después de ese año de carpin-

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tena, para el examen final solo pude hacer una mesa de aplanchar, de ese apretón que siempre se formaba en la puerta de acceso a la luneta,
madera de canelo, por lo demás pésimamente hecha, sin barniz ni le chuzó las nalgas a una mujer que yo sabía que era de vida alegre, y
nada, que ni siquiera la miraron los jueces que llevaron para calificar me imagino que él también. La mujer se volvió como una fiera herida
los trabajos. Realmente yo no la hice, la hizo fue el profesor, un mono y les echó la madre a todos los que venían detrás, pero el niño César
que también se llamaba Alvaro y que era paciente para enseñar. Y no permaneció impasible a su lado, mirando hacia atrás como si pregun­
sé cómo mi mamá logró pasar por encima de las opiniones de su mari­ tara con los ojos: “¿Quién de ustedes fue? No sean desgraciados”. Ese
do y me metió en el bachillerato, y fue allí donde conocí a la gente odio irracional a las “prostis” lo he notado en otros hombres y nunca
interesante en las cosas políticas: Cepeda, Alvaro Mosquera, Didier he podido entenderlo. A veces me parece que es pura hipocresía.
Martínez y otra cantidad de gente que se me escapa. César y su hermano mayor, Joaquín, que pertenecían a la oligarquía
No es que yo fuera político o estuviera interesado en la política. local aunque no eran propiamente de la jai, se metían en peleas con
Incluso creo que llevaba una vida muy diferente de la de ellos. Mientras gente de la chusma popular. Como casi todas las familias distinguidas
ellos estarían estudiando marxismo yo me la pasaba en otras vainas. de la ciudad, tenían apodo y les llamaban los Matapalos. Es que había
Mientras estaba en la casa vivía pegado de los libros, pero en el Liceo unos grupos de barrio que en las noches les buscaban pelea a los mucha­
mis amigos desde el primer año eran gente totalmente alejada de los chos “ricos” y de ahí salían leyendas de valor de unos y otros. A mí me
libros o la literatura. Allí lo máximo de la literatura para jóvenes era tocó también el tumo una noche de diciembre en que estaba embobado
la colección El tesoro de la juventud, de diez o veinte tomos. Tampoco escuchando una chirimía de Navidad que tocaba frente al cuartel del
era mucho lo que sabían de matemáticas. En las mañanas, cuando Batallón Junín, que quedaba al lado del actual Hotel Monasterio.
había que rendir tareas, llegaba al patio del Liceo y ya había un grupo Estaba embebido en el espectáculo cuando sentí un fuerte empujón
esperándome; yo entregaba mi cuaderno y todos copiaban mis por detrás. Antes de que pudiera hacer algo un muchachito mono y
ecuaciones. En esos grupos solo se hablaba de fútbol, de mujeres y de bajito, frenético, con la nariz enrojecida y señales de arañazos en el
caminatas por los alrededores de Popayán para ir a coger guayabas y rostro, se me vino encima y me propinó una tunda de golpes rapidísimos
naranjas y a robar uno que otro aguacate en alguna huerta. Ibamos a antes de que yo pudiera siquiera darme cuenta de lo que pasaba. Un
caminar al norte y al sur, y también al oriente, al que llamaban Alto grupito de sus amigos lo avijaba y eso me dio más rabia: “¡Eso! ¡Dale
del Cauca, a los Dos Brazos en el sur, en el camino para Pasto, y a la en la jeta!”. Como el muchacho bailaba y saltaba como un enloquecido
parte de los cerros del oriente, adonde nos llevaban también a excursio­ y no se dejaba coger cortico, opté por atacarlo a patadas y el tipo salió
nes escolares. Allí me hice amigo de César Negret Velasco, que cuando corriendo a buscar nuevas peleas. “Con esta van siete y todas las ha
iba al lado de uno tenía la manía de buscar el compás, como si estuviera ganado!”, proclamó a la gente sorprendida uno del grupo agresor an­
ya en el Ejército. Y en verdad años más tarde los periódicos informaban tes de desaparecer del lugar. Así era en esa época. Grupos de mucha­
que el hombre había llegado de un duro entrenamiento en los Estados chos de barrio salían a buscarles pelea a grupos rivales o a los hijos de
Unidos al mando de una nueva unidad de elite de las fuerzas militares, los ricos, que a veces les respondían con éxito. Yo debí ser confundido
los Rangers, similar a la de Boinas Verdes del ejército yanqui. Después con uno de ellos. Me vieron cara de rico. Esos grupos (no digo bandas
tuvo que salir de las filas, me parece que por diferencias políticas, porque no lo eran) se desafiaban y peleaban de noche en espacios
porque César era de familia rica pero liberal, y se pasó a la vida civil y oscuros para eludir a la policía. Eso se veía por los lados del Morro de
llegó a ser alcalde de Popayán. En el periódico leí alguna vez que se Tulcán, en el barrio del Cacho, en El Achiral, en las orillas del río
había intoxicado comiendo pescado y había muerto. Eso me llenó de Molino, y recrudecía en época de vacaciones escolares. Gente de
tristeza porque nunca pensé que un muchacho tan desprevenido por Popayán, Timbío y El Tambo especialmente era muy pendenciera y a
todo lo que no fuera ejercicio físico y diversión hubiera llegado adon­ veces realmente peligrosa, especialmente los timbianos. Las peleas eran
de él llegó. De él recuerdo más que todo sus picardías. A todo el que por mujeres o por simples enemistades accidentales. Yo asistí a varias
podía le hacía jugarretas solo por saborear sus reacciones, y su rostro en las faldas del Morro. Se peleaba en la oscuridad casi total. Apenas
ni siquiera se inmutaba. Una vez, a la salida del teatro Popayán, en uno escuchaba los guarapazos sobre los cuerpos y alguno que otro que-

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jido. Los asistentes permanecían en silencio y uno que otro alentaba a
media voz a su respectivo púgil. No se utilizaban armas blancas ni
nada por el estilo. Eran peleas de honor. Cuando terminaba la pelea
r mostraba. Allí conocimos los rostros y las patadas de Alfredo Di Estéfano,
Adolfo Pedemera, Julio Cozzi, Néstor Labruna y cuanto diablo más
resplandecía en las plantas de los equipos argentinos. Casi todos los
cada bando salía por su lado a comentar el suceso, hasta la próxima de hoy ya existían en esa época y nosotros hablábamos de ellos como si
pelea. Cuando era niño me llevaron a ver una pelea por una de mis estuvieran ahí cerquita. Para los últimos años el colegio contrató los
hermanas, por los lados del Molino, y uno de los muchachos tenía una servicios de Edgar Mallarino, jugador estrella del América de Cali. El
manopla y le dio bastante duro al otro. Yo toqué ese pedazo de metal tipo vino y se presentó con su gorrita de cuero amarillo y visera negra
con huecos y me explicaron que había que mantener bien cerrada la recortada que usaba, y nos entrenaba yo creo que sin mayor entusias­
mano para que los dedos no fueran a fracturarse. Más allá de ese sitio, mo. Era serio y seco. A mí -que estaba en la portería y que por él me
donde el río daba una vuelta, una tarde vi a un gringo amigo de mis jodí el dedo pulgar de la mano derecha, que todavía me duele si le
patrones gringos matando gallinazos con una escopeta y yo, por asus­ hago fuerza- me dijo un día que parecía que estuviera atajando pollos
tarlo, hice la comedia de caer herido en tierra cuando hizo un dispa­ y no tapando pelotas. La visita de ese crack, como se decía entonces,
ro, y el tipo se volvió a mí y se vino corriendo como un loco a socorrer­ imprimió prestigio a los del Liceo, y cuando íbamos de vuelta para la
me. Me llené de vergüenza y le inventé que me había picado un abejón casa algunos llegaron a caminar por las calles centrales de la ciudad
de los bravos y grandes que había por esos lados. Ya en esa parte el río con los guayos puestos (les llamábamos “carros”, no sé por qué), solo
estaba buscando su caída en el Cauca y empezaba a ser una cloaca, para golpear las aceras con los tacos y copiar el caminado que tenía
como ya lo era el Ejido, que le caía al Molino más abajo. Mallarino, que era un tipo moreno, acuerpadísimo, de dientes perfec­
Pero la pasión de nosotros era el fútbol. Pasábamos un sábado o un tos y que balanceaba el cuerpo al caminar y metía hacia adentro las
domingo entero jugando en la cancha del Liceo, a pleno sol y sin puntas de los pies. Un verdadero crack. Pero por lo menos Mallarino
probar bocado en todo el día. Y lo mismo hacíamos en una cancha nos llevó a Cali a jugar un partido. Naturalmente, perdimos, pero
pública que había en El Achiral, detrás del colegio de los Hermanos conocimos la estación del ferrocarril, los rascacielos del centro y el
Maristas y donde jugábamos hasta que materialmente, por la oscuridad, inolvidable parque de San Nicolás con sus ventas de champús. Regre­
ya no podíamos ver el suelo. Nosotros sabíamos todo lo que pasaba en samos rápidamente el día siguiente en tren y todavía no sé si eso fue
el fútbol argentino, que era y es como saber todo lo que pasa en el como un sueño interrumpido en la mitad, donde aparecen unos
fútbol mundial. Escuchábamos los partidos por la radio, en la voz de edificios altísimos que están en el aire y no tienen bases sobre el suelo
Carlos Arturo Rueda C., tal como él se presentaba, y en voz de él y por lo tanto no existen. Así de magnifícente era Cali y así de pequeñita
también oíamos boxeo y partidos de béisbol, entre ellos el partido en era Popayán. En una ocasión recibimos invitación para jugar un partido
que la novena colombiana se convirtió en campeón mundial de béisbol en El Tambo y cuando llegamos a la población resultó que el encuentro
aficionado. Además, leíamos una revista argentina llamada El Gráfi­ no era de fútbol sino de básquetbol. Para no defraudar a la concurrencia
co, que llegaba junto con otra para niños y jóvenes que se llamaba aceptamos hacer lo que no sabíamos. Tocó jugar con el calzado que
Billiken y que solo se veía en las casas de los ricos. Todos subíamos de llevábamos puesto. La gavilla de gente en torno de la cancha era de
doce o trece años y en las noches nos plantábamos en una esquina del todos los diablos y había personas que nos amenazaban furtivamente
barrio a conversar de fútbol, cigarrillos y mujeres. El de más edad del desde la multitud. En la parte final alguien nos pasó la voz de que
grupo, un mono alto y huesudo que vivía con sus tías en un costado de debíamos dejamos ganar de los tambeños si no queríamos salir echados
la iglesia de San Agustín, llevaba la batuta en las discusiones sobre a piedra. La cancha estaba situada en un lugar abierto y todo el público
sexo y en una ocasión en que se debatía el problema del embarazo asistente nos insultaba. Tan pronto terminó el partido nos metimos
iluminó magistralmente el asunto con la sentencia de que lo que los casi sin cambiamos de ropa en el bus que nos esperaba, y cuando arran­
hombres les echaban a las mujeres era sangre. Tal era el tamaño de có nos lanzamos valientemente a las ventanillas para gritar toda clase
nuestra sabiduría en el primer año de bachillerato. El mono trabajaba de injurias contra los tambeños: “Les regalamos el partido, maricas!”.
en una imprenta y era el que compraba las revistas argentinas y nos las Esa fue la estancia en Popayán. Hasta los veinte años estuve allí.

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La huerta casera y la vaca lechera piso de una de esas casas, vecina de la galería o plaza de mercado, y
tirándolo a la calle por pedazos. Tal vez no lo podía sacar porque no le
cabía en el balcón. Era la rabia de la gente por causar daño. Hasta mi
hermano menor, que se las daba de listo, llegó a la casa con parte del
JC C : ¿Ahí usted ingresa al comunismo? saqueo de una ferretería; llegó con unas cajas de madera llenas de
AD: Sí, yo me meto en ese círculo de estudios de tipo juvenil y tomillos y jodas que no servían para nada. Lo que traía solo servía
entonces comenzamos a escribir cosas. En esa época se produce una para comprometemos y nada más. Mi mamá se asustó y trató de des­
excursión al volcán de Puracé organizada por los estudiantes de últi­ hacerse de eso y como que se lo llevó y quién sabe dónde lo tiró. Lo
mos años, pero yo no fui, por falta de plata. Esa expedición fue al que más hubo fue saqueo y la gente pobre participó. Yo vi las quemas
pueblo de Puracé, se encontró con los guías indígenas que los espera­ y todo eso pero no me metí en nada. Eso me recuerda lo que hubo
ban y subieron al volcán a pesar de que los guías les dijeron que no lo cuando mataron a Pardo Leal, cuando la manifestación viene de la
hicieran porque el volcán estaba bravo, y la verdad es que esa vaina Plaza de Bolívar y se va por la carrera décima hacia el norte y antes de
produce ruido y la gente de allá lo conoce muy bien. Ellos se llegar a la Avenida Jiménez había almacenes de ropa y recuerdo cómo
empecinaron y subieron y cuando iban cerca de la boca se produjo la comenzaron a quebrar esas vitrinas y a sacar los vestidos, y la gente
erupción y dicen que algunos alcanzaron a caer al cráter. Lo cierto del del partido y de la Juventud Comunista a gritar que no lo hicieran,
caso es que diecisiete muchachos perecieron, uno de ellos compañero que continuáramos avanzando hacia el cementerio. En eso terminó
de aula. Con motivo de esa tragedia, a los que estábamos en el centro en el centro la protesta por el asesinato de Pardo. Recuerdo a Popayán,
literario nos encomendaron que escribiéramos sobre los muertos, y la gente sacando cosas de los almacenes, trago y de todo, pero no más.
como éramos pocos cada uno cogió por lo menos dos muertos. Yo esco­ Popayán siempre ha sido una ciudad invariable, quieta, inamovible,
gí dos: uno que yo sabía quién era porque estaba en mi clase y era hijo pero entonces era una ciudad segura, una ciudad pequeña pero segu­
del profesor de aritmética de primer año, que se llamaba Alvaro To­ ra. Hoy día usted va a Popayán y tiene que mirar dónde pone los pies
para que no lo vayan a joder. En esa época no; uno como muchacho
rres, y otro que yo no sabía quién era pero me imaginaba. Entonces
andaba por donde fuera, por todas esas lomas, cogiendo guayabas y
escribí dos semblanzas y todo eso se publicó en una revista; esa fue mi
aguacates, y no tenía ningún problema.
primera escritura pública. Ahí escribió también Cepeda, por supuesto.
Sería bien interesante localizar eso, si es que todavía existe. Esa revis­ JC C : ¿Cuál fue la razón para trasladarse a Bogotá?
ta era dirigida por Jaime Paredes Pardo, un mono de la oligarquía AD: En el año cincuenta, luego de que mis hermanas se casan y se
popayaneja que después publicó unas páginas hermosas sobre artes y vienen a Bogotá con sus esposos, yo creo que eso fue lo que determinó
oficios de la niñez. Él era un tipo muy querido aquí en El Tiempo, que el resto de la familia se viniera también, pues no teníamos nada
además de buen escritor y hombre público desprevenido. qué hacer allá. Mi mamá seguramente no tendría con qué vivir. Pero
también debió influir el cambio en la situación que se operó después
JC C : ¿Cómo se llamaba la revista? del 9 de Abril.
AD: Se llamaba Popayán o algo parecido, y era de formato grande
En noviembre de mil novecientos cuarenta y nueve, cuando se
y buen papel. Debe estar en alguna biblioteca.
produce el golpe de Mariano Ospina, que cierra el Congreso, se
JC C : A los dieciocho años. instaura el estado de sitio, aunque el estado de sitio venía de antes
AD: Creo que sí. En todo caso, antes del 9 de Abril. Después es del asesinato de Gaitán. En todo caso, por esos días Mosquera y Cepeda
cuando ocurre el desbarajuste de la casa, mis hermanas se casan una plantearon que había que fundar un comité de las llamadas Juventu­
tras otra y todos nos venimos para Bogotá en el año cincuenta o cin­ des Democráticas, que entonces proliferaban en Europa. Pero enton­
cuenta y uno. Yo pasé el Nueve de Abril en Popayán, asistí a lo que ces dijeron que no había en dónde hacer la reunión, por el número de
pasó allá. Recuerdo que la gente se metía a las casas de los ricos. personas que asistirían. Eso dijo Mosquera, que era el que andaba
Recuerdo a un tipo sacando un mueble por la ventana de un segundo detrás de toda esa vaina. “Yo ofrezco mi casa”, propuse. En ese mo-

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mentó en la casa donde vivíamos disponía de una alcoba para mí solo, hicieron indagatoria, uno por uno, y las preguntas eran: quién es su
con mi cama, mi pequeña biblioteca y una ventana que daba a un papá, quién es su mamá, y cosas por el estilo. “¿Cómo se llama usted,
patio encementado. Eramos dieciocho muchachos, todos sentados en pendejo?” Cuando me preguntaron el nombre de mi mamá yo me olvi­
el suelo, encima de lo que fuera, dizque fundando las Juventudes dé de su nombre, porque como tú en la casa nunca dices el nombre de
Democráticas. Eso fue en el barrio de Popayán que se llama San C a­ tu mamá, sino solo mamá... Yo estimo que estaba asustado, o no sé
milo, a una cuadra del colegio de los Hermanos Maristas, donde dice qué, pero a mí se me olvidó el nombre de mi mamá. Entonces el tipo
que estudió Andrés Hurtado, el gran caminador y enamorado de C o­ ese se enfureció y empezó a decirme: “Hijueputa, contestá, pende­
lombia que escribe sobre temas ecológicos. A esa casa acostumbraban jo!”, y yo todavía más embolatado, sin dar con el nombre, hasta que al
ir las hermanitas Pardo, muy amigas de mis hermanas. La mayor se fin lo recordé. Fue ridículo.
llamaba Carmelita, usaba gafas sin aros y era moderadamente seria y Ese fue el primer escándalo político que hicimos nosotros. De ahí
muy limpia; la del medio era Margarita y trabajaba en alguna oficina, salí yo más embravecido y empecé a tomar parte en las actividades del
y la menor se llamaba María Luisa y le decían Matisa. A esta menor la comité de la llamada Juventud Democrática. Después comprendí que
visitaba un curita joven, de ahí de San Camilo. Todas las tardes se esa era una cosa concertada con el Partido Comunista. A escala inter­
ponían cita en nuestra casa. Una vez vi a la Matisa mirando fijo a su nacional funcionaba una Federación Mundial de la Juventud Demo­
amigo y otra vez alcancé a ver al cura con las manos puestas sobre las crática, creada al terminar la Segunda Guerra Mundial, lo mismo
delgadas manitas de la muchachona, una mujer bajita y delicada pero que la Unión Internacional de Estudiantes. Era el año cuarenta y
vivaracha, que echaba espuma por las comisuras de la boca cuando nueve, o sea que apenas hacía cuatro años se había acabado la gue­
hablaba. Estoy seguro de que estaba enamorada de su amigo, que, rra. El día en que se acabó la guerra también lo recuerdo, y eso me
desde luego, iba con su sotana puesta. El curita se dio cuenta de esa hace pensar cómo se socializaban anteriormente las cosas. ¿Qué te­
cantidad de gente que de repente entró ahí a esa reunión y yo lo vi níamos que ver en una casa de pobres donde la mayoría eran mujeres
salir a la calle. Me imagino que comunicó a la policía: hay una re­ -claro que todos estudiantes, pero ignorantes de la política-, con que
unión extraña en tal parte. Inmediatamente la casa fue allanada por se acabara la guerra mundial? Pues eso fue un hecho social muy gran­
la policía y a todos los que estábamos ahí reunidos nos llevaron en de en Popayán, tan grande que los amigos de mis hermanas llegaron a
jaula a la cárcel (en ese tiempo no había las llamadas radiopatrullas la casa gritando: “¡Muchachas, se acabó la guerra, estamos en paz!”.
de hoy). Antes de comenzar la reunión alcanzamos a ponernos de Cuando nunca la habíamos sentido -quiero decir, la guerra-. “ ¡Esta­
acuerdo sobre la mentira que teníamos que sostener en caso de que mos en paz, vamos a festejar!”, y eso salían carros de todas partes; no
fuéramos sorprendidos por la policía: que estábamos fundando dizque me explico de dónde salieron tantos carros en Popayán, ondeando
un centro literario llamado Honorato de Balzac. ¡Qué tal! Fue el pri­ banderas colombianas y yanquis, y toda la juventud universitaria se
mer carcelazo mío, por cuenta del Servicio de Inteligencia Colombia­ fue para la Piscina Municipal, que era un lugar de reunión y socializa­
no (sic), que funcionaba en la carrera tercera con calle segunda, ción de la juventud. El establecimiento se acabó hace años y en su
detrás de la iglesia del Carmen. Nos encerraron en dos celdas colec­ lugar hay una réplica de Popayán chiquito. En esa época era el centro
tivas, una al lado de la otra, amontonados allí, y como no sabíamos social y todos los muchachos que querían aprender a bailar iban allá,
ningún himno proletario cantábamos sin cesar las primeras estrofas de los que tenían su novia o querían conseguirse una, y la gente se baña­
La Marsellesa, que milagrosamente varios de los presentes sabíamos ba allá, en ese clima medio de Popayán. Esa fue una gran celebración
entonar en francés. Allí nos tuvieron dos o tres días, y quienes nos y todos celebramos, gritos de uno y de otro, la oligarquía mezclada
sacaron de la cárcel fueron los conservadores, ligados de alguna ma­ con el pueblo, todo el mundo bailó hasta la madrugada, celebrando el
nera a la Universidad y amigos de Mosquera y Cepeda. Ellos dizque le fin de una guerra lejana.
manotearon a los sabuesos: “¡Pero ustedes son pendejos: unos pobres Acabé el bachillerato en 1950, a los veinte años de edad, y ahí
muchachos de bachillerato y dos o tres de la universidad, esa gente sentí que había terminado algo inaprehensible para mí y que no sabía
qué va a representar un peligro para el Estado!”. Recuerdo que nos qué hacer en adelante. De propósito oculté la verdadera fecha del

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grado, para que mi familia no ásistiera a la ceremonia y me evitara así ciendo brillantes uniformes verdes en veloces carros que se atropella­
un momento de ridiculez. El acto se realizó, por supuesto, en el Para­ ban por las solitarias calles popayanejas. A uno de ellos, de familia
ninfo de la Universidad y en el mismo me entregaron un testimonio conservadora de la alta, lo vi por primera vez durante una carrera de
de mi rendimiento literario de los últimos años, que echaron a la suer­ fondo a la vereda Puelenje, de las que organizaba cada mes nuestro
te entre Cepeda y yo: una medallita supuestamente de oro, que brilla­ profesor de gimnasia, Alvaro Mendoza, que varios años después vi
ba como una llamita maravillosa entre mis manos y que me apresuré a que había sido electo senador liberal. A l tipo lo alcancé casi a la
negociar con un condiscípulo valluno que estaba sentado detrás de salida de la zona urbana, cuando yo iba ya entre los últimos, y lo vi
mi fila y que, como yo, no tenía mamita que caminara hasta la tribuna trastabillar de pronto y caer a un lado de la carretera, en una cuneta.
a recibir el diploma en medio de los aplausos de la concurrencia, como Cuando lo sobrepasé miré sus ojos sobresaltados por el esfuerzo que
pasó con el grueso de la manada. El quería llevar a su casa un trofeo me miraban también. Era alto, más alto que yo y muy fornido. De piel
que ameritara su buen rendimiento escolar y yo le di la satisfacción; morena, tenía cejas pobladas, dientes grandes y manazas de animal.
me pasó un billetazo de cinco pesos y los dos quedamos contentos, No era de mi curso pero sabía que les daba duro a todos los que no le
porque en cuanto a mí, me lo llevé para donde las fúfurufas. Pero la gustaban. Meses más tarde, mientras reposaba al lado de mi amiga
partida del Liceo me dejó en el aire, como en un vacío que ya nada ni Elvia en casa de doña Pepa Gómez, en una madrugada de sábado o
nadie podía llenar. Sentí que se había apagado para siempre una parte domingo, me despertó el ruido de unos puños sobre la ventana del
de mi existencia y que lo que vendría en seguida no tenía importan­ cuarto, que daba a la calle. Una vozarrona masculina gritaba:
cia. Ese mismo sentimiento, esa especie de muerte silenciosa en vida, “¡Abríme, Elvia, abrí ya mismo!”. Le daba a la ventana y seguía gri­
lo he observado en amigas que terminaron la universidad y por varios tando improperios contra la mujer, hasta que ésta no se aguantó más y
meses continuaron yendo a los predios de la misma con cualquier le contestó con el mismo entusiasmo y las mismas palabrotas a su rui­
pretexto, como si no fueran capaces de respirar otro aire que no fuera doso visitante. Hasta doña Pepa, siempre tan digna, vino a nuestro
el de las aulas, los senderos y la grama del claustro. cuarto a poner la queja por el escándalo, y estoy seguro de que fue
Terminé el bachillerato, pues, cuando otros están por acabar la ella quien le abrió finalmente la puerta de entrada a la casa. Cuando
universidad, y como no tenía posibilidades de ingresar a la universi­ Elvia se aproximó a la puerta del cuarto y me dijo “Quedáte quieto,
dad me puse a aprender mecanografía en una escuelita de comercio. que este comemierda no me viene a joder”, yo solo atiné a contraer al
Aprendí con una muchacha que se llamaba Doris. Alta y esbelta, máximo mi pobre cuerpo desnudo bajo la sábana y cerrar los ojos, frío
tenía cabellos castaños y largos, llevaba los brazos descubiertos y las de miedo. Sabía que debajo de la cama la muchacha guardaba una
uñas de sus largos dedos tenían esmalte rojo oscuro. Se acercaba des­ peinilla, pero ni de fundas iba yo a volverme valiente de un momento
de atrás, arrimaba sus mejillas a las mías y me dejaba su leve aliento a otro, y menos en bola. El hombre entró, presumo que me miró y sin
de cigarrillo. Me daba clases a las ocho de la mañana y todavía puedo decir una palabra desocupó el recinto. Después supe que era mi te­
sentir sus dedos fríos que se hincaban sobre los míos para someterlos a niente, altísimo y corpulento, el de las manos de animal, que entró al
la disciplina de impulsar las teclas ciegas sin quitar los ojos del papel: cuarto con su uniforme reluciente y se dignó no hacerme ningún daño.
tur tur tur tur, taco labo rato taco... A ella le agradezco que me salva­ Si eso no se llama tener ángel de la guarda, ¿qué es?
ra de ser chuzógrafo. A los pocos meses estaba listo. Sabía redactar, JC C : Cuénteme cómo fue su vida religiosa, desde la infancia
tenía buena ortografía y corría con la máquina, luego podría ser una hasta que se convirtió al ateísmo.
buena secretaria de oficina, pero nadie me ofreció nada antes de par­ AD: Como te contaba, en la familia no era muy visible la reflexión
tir de Popayán. religiosa. En el colegio tampoco, tal vez porque era el tiempo del régi­
Ahora bien, hacia 1949 o 1950 me parece que la situación política men liberal, la república liberal. Después de Mariano Ospina es que
comenzó a cambiar hacia la derecha. En Popayán empezaron a apare­ viene la apretada, pero para ese momento yo ya estaba formado. Tal
cer caras nuevas en la policía. Jóvenes que se sentaban al lado de uno vez mi mayor expresión de misticismo no fue propiamente religiosa
en el Liceo aparecieron repentinamente de oficiales de la policía, lu­ sino política. De las lecturas que hacía y quizás de lo que veía, cuan-

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do ya estaba en quinto de bachillerato, me afectó el problema social, que ellos están vengándose hoy de lo que les hicieron los cristianos
el problema de la pobreza y el sufrimiento de los pobres, y en un perio­ hace ocho siglos.
do llegué a dormir, no en la cama sino en el suelo pelado, debajo de la JCC : Popayán también es muy colonial...
cama, porque consideraba que de parte mía era un insulto a los des­ AD: Yo diría mejor que ha sido una formación urbana escapada
amparados dormir sobre colchón y sábana. Claro, me cuidé de cerrar del modelo de desarrollo comercial que han tenido otras ciudades
bien la puerta de la alcoba para que nadie fuera a sorprenderme en similares, como Cúcuta, Ibagué y la misma Santa Marta. No ha habi­
ese estado. No recuerdo cómo ni cuándo se me acabó ese impulso. Y do la demanda comercial capaz de remover el lento desenvolvimiento
en general yo nunca tuve problemas serios con las creencias religio­ de la ciudad. El valle de Pubenza es relativamente pobre y la deman­
sas. Así de fácil como imité la religiosidad de mi casa y del entorno fui da de la región occidental del país puede ser satisfecha por Cali y
perdiendo lentamente, sin alteraciones bruscas, todo lo que había Pasto. Al otro lado de la cordillera está Neiva y allí el desarrollo corre
aceptado. Los creyentes no me caen mal, con la excepción de los hacia el norte y el sur, no hacia el occidente. El occidente del depar­
musulmanes, a quienes no les soporto el fanatismo agresivo y al mismo tamento, la costa caucana, es una selva anegada que ni siquiera tiene
tiempo desolador que transmiten. No soporto en general a la gente de una carretera de penetración ni una vía aérea regular y solo las cule­
gesticulaciones exteriores, como los borrachos. bras bravas y el desamparo lo esperan a uno. De manera que Popayán
Pero la verdad es que la religión no me ha importado mucho. N a­ se quedó con lo que ha tenido toda la vida, que no es mucho. Fíjate
die nunca me exigió creer o no creer y así mismo hice con mi mujer y tú que uno puede distinguir a Popayán por la mención de una simple
mi hija. Nunca les pedí o sugerí siquiera que fueran comunistas o palabra. Cuando vine a vivir en Bogotá me encontré con que las pala­
dejaran de creer en esto o aquello. Ellas procedieron a hacerlo sin mi bras que yo había aprendido desde niño habían desaparecido de mi
intervención. Cuando la niña estudiaba en el Juan Ramón Jiménez entorno. Hasta ahora, he debido vivir rodeado de otras palabras y
un día vino a plantear que quería hacer la primera comunión junto otros ejercicios mentales que no son de ninguna manera los de Popayán.
con sus compañeritas de curso. Mi compañera me consultó y yo res­ Por ejemplo, fíjate los mensajes y voces que llegaban a mí desde las
pondí: dígale que haga lo que quiera; si necesita vestido nuevo se lo paredes y puertas, los avisos de prensa, las propagandas radiales y las
compraremos. La niña tal vez reflexionó y su nueva versión días más personas directamente, cuando tenía nueve, diez, trece años y que
tarde fue la de que no iba a hacer la comunión pero iría a acompañar fuera de Popayán han desaparecido o nunca existieron. Voy a recitar
a sus condiscípulas que la harían, que no eran todas porque en ese unas que tengo anotadas al azar y que voy aumentando cada vez que
colegio la enseñanza era laica. Su directora, Marta Bonilla, era amiga recuerdo una más. Ahí van, en desorden y sin intención ninguna de
de la casa y gracias a ella mi hija pudo cursar en un establecimiento organizarías por temas o algo así:
relativamente caro para la clase media. Pero yo aproveché para infor­ pam (los popayanejos de cepa no decimos pan sino pam y los de
marla de que ella tampoco había sido bautizada porque esperábamos más cepa dicen ¿Vusté no huma?, Yo lo vide, máiz, mi tiu, miu, Timbiu
que tuviera uso de razón para que ella lo decidiera. No recuerdo qué y Calibiu), y, bueno, están pambazo, patojo, guava, güevetas,
pasó después, pero me parece que no hubo ninguna de las dos cere­ motorcicleta, enchufle, No sea maula, Deje de ser chinchoso, No sea
monias. De manera, pues, que las creencias religiosas para mí no fue­ agalludo, No lo avije, Cernícalo, Pegoste, Yo carculo, Tú carculas, el
ron un problema; más vale me parece que son un problema para quie­ aguamanil, el nochero, la cómoda, el escaparate, la regadera, el mate,
nes conocen de sobra las ciencias naturales y las sociales y siguen la chuspa, el talego, el zurrón, turepe, Este pergüétano, Indio arrastrao,
siendo creyentes. Creo que religiones como el catolicismo de hoy -no el algo, el entredía, las medias nueves, el bocao de comida, la horni­
el del tiempo de las Cruzadas- sirven para contener, mediante la ame­ lla, el cisgo, el brasero, la golliza, pendejo, No sea atrevido, Vandéese
naza del castigo eterno, los impulsos de la gente hacia la violencia y la como pueda, Métale julepe, boquinche, empanadas de pipián, empa­
descomposición social, y he trabajado y trabajo al lado de creyentes nadas de guiso, el manano, el zapallo, el ulluco, el chulquín, la bata­
sin el menor problema. Al contrario, los admiro mucho. No digo lo ta, el zango, el mote, el hogao, el pegao, la carantanta, la gordana, los
mismo de los islamistas, que me parecen inmamables, así comprenda mortiños, los arrayanes, el níspero, el mejicano, la uva de árbol, el

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pomarroso, Toronjo, Ventarrón, las Pisabarros, las Cagadas, el Ronco No sabe en qué altar ponerla, mocoso, majadero, descachalandrao,
que vendía frito, la mona Montilla y sus tamales, los Matapalos, los los carramplones, las quimbas, Atembada, ¡Esta entelerida!, No sea
Muertos, los Lengüevacas, las Hormigas, Tatanacho, Carepalo, pajudo, No sea zángano, ¿Habráse visto?, Báñese las cahuingas, No
Frascoeleche, Catecismo, las Pecosas, los Iragorris, los Mosqueras, los diga verdulerías, la picha, la polla, la chocha, la panocha, la pandor­
Obando, los Vejaranos, los Zambrano, los Caicedo, los Aragonés, los ga, La vieja está piocha, Patasagrias, Hijuetreinta, el terrado, el sobe­
Lemos, los Simmonds, los Lemos Simmonds, la familia Valencia, los rao, la bacenilla, la churumbela, el Sotareño, el Panteón de los Proce­
Arce, los Holguines, los Iragorri Diez, los pocicles, los cholaos, los res, los Castrillones, los Ayerbe, los Cháux, los Ayerbe Cháux, los Pardo,
helados de Baudilia, el pam de las Fernández, la aloja, el champús, el los Arboledas, Los Arroyos, los Navas, los Velascos, la Calle del C o­
morro de Tulcán, la loma Cartagena, el Alto del Cauca, el frito de los mercio, el cerro de la Tetilla, el Café Eléctrico, el primer Banco del
Dos Brazos, el cerro de las Tres Cruces, Julumito, Puelenje, Pueblillo, Estado que hubo en Colombia, Popayán maldecida por un cura, Popayán
Poblazón, la Cueva del Indio que va hasta el Huila, los Quingos, la será destruida por un terremoto, la cruz de piedra de la iglesia de
Ermita, la Calle del Cacho, la Calle del Empedrado, Pandiguando, el Belén que protege a Popayán de ser destruida por el comején, la Foto
puente del Humilladero, el Colegio Champagnat, los Hermanos Vargas, la Torre del Reloj, Pateguava, Palmito, Mieldeabeja, Gasoli­
Maristas, las Josefinas, las Salesianas, el manjarblanco, el manjarillo, na, Palillo, Palechor, el doctor Tomás Doria especialista en niños y no
el plato de Nochebuena, el plato de empanadas, el plato de tamales, cobra, el doctor Perafán que no es de familia rica pero acaba de llegar
los hojaldres, las rosquillas, los rosquetes, el pandebono, maní turrao y del exterior y todo Popayán se está haciendo operar por él, los Wallis,
tostao a la orden, el birimbí con hojas de naranjo, la cauncha, la chan­ don Carlos Lehmann y sus animales disecados, Mario Iragorri Diez,
caca, los mojicones, los panderos, el arrocillo, la manteca de cacao, la los Pombos, los Angulos, los Lenis, doña Alina Muñoz de Zambrano,
gordana.el chumbe, el caballo chucaro, la gurupera, el verraquillo, el Educardo Hurtado Gómez abogado, la Gota de Leche, el Empedrado,
perrero, Zoquete, el jabón de la tierra, los tacines, la cañabrava, la el Cadillal, el Achiral, el Once Rojo, Tony Galento, el Circo Ataide,
cañadulce, la taza de ventear, el alfandoque, las melcochas, las repollas, la gallera Belalcázar, la chirimía, los Gavilanes, la cancha de Tulcán,
los liberales, el específico, Frijolito, vendejabón, el chumbe, los churos, el Batallón Junín, el Hotel Lindbergh, el pachulí, la alhucema, el
la crema Ponds, el entejao, el Club Popayán, el Amo Caído, las Insig­ aguardiente Anís del Mono, la cerveza Nevada, Taita Puro, los ciga­
nias, la Semana Santa chiquita, el mote, el choclo, el chachafruto, las rrillos Pierrot, los cigarrillos Pico de Oro, No haga pachorra, Se le
lombrices, los oxiuros, la infúndia, el quinopodio, el paico, la verdolaga, revienta la hiel, Mi mamá señora, el afrecho, Le dio qn mangazo,
el mentolato, el chandi, el carranchil, Si te pica no te rasques usa Moscamuerta, Estaba viringo, los entrecijos, las verijas, vergajo, chu­
Mitigal, el Lilimento Sloan, las bolitas de alcanfor, el bicarbonato, el pamedias, el tuste, cascorvo, la mica, Si sigue molestando le doy un
permanganate para lavarse las patas, la otoba para las niguas, el poleo pontocón, Corronchoso, Le tiene tusa, Le dio la ventolera, ¡Esta pán-
para la tos, el agua oxigenada, el azul de metileno, Panadería El cen­ fila!, No me dio ni un pite, Hace marras que no viene, Quedé
tavo menos, Peluquería Aquí me quedo, ¡Ah bestia!, Tragaldabas, No zurumbático, la zuzunga, Los zuzungueamos, Les dimos una muenda,
tengo ni un chavo, Me fue de alivio, No sea agalludo, Abra el guargüero, Les dimos una zumba, el arroz atollao, Me hago cruces, el concho, la
Se le aguanociaron los ojos, Pasáme el cosiánfiro ése, Les pegamos una araña polla, Dejen la chacota, Salió como un cuhete, Fue y volvió en
zurra, Lengüetrapo, Buscalavida, Éste posma, Matasiete, Se rió a dos un decir Jesús, el pepino de agua, la tortilla, la higuerilla, los tanques
cargaderas, Oyó cantar el gallo y no supo dónde, badulaque, muérga­ del Acueducto, La Pamba, Machángara, el Molino Moscopán, Barrio
no, calanchín, gusarapo, alepruz, chapulete, el bimbo, la gallina Plateado, la Casa Cuadrada, la Casa Mettler, el Ecce Homo de Belén,
chiraposa, los galembos, el garrapatero, las torcazas, chai, achuchui, la bajada del Ecce Homo para que deje de temblar, la subida otra vez
Molesta más que un cirirí, No sea mugre, No me arremede, No ponga del Ecce Homo porque el arzobispo está bravo con el cuento de estar
pereque, Le salió de guiso, No le hace, Está vejuco, Me tiene asada, sacando el Ecce Homo o el Amo Caído para que detenga los temblores
Dejemos los santos quietos, Eso sí es cantar puel pico, Te pongo una o haga llover, Popayán pozo de olvido, Popayán de piedra pensativa, El
coteja, la papamija, Viene una runfla de gente, Fulanita tiene corona, Liberal, la Voz de Belalcázar, la luz de La Florida, la luz de Coconuco

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que es más fuerte, el Orfeón Obrero, el Colegio de María Auxiliadora, cias extrañas y milagros de toda clase, que hasta la prensa escrita los
el Colegio San José que es para los de plata, Doctor Víctor Mosquera registraba. Desde los milagros que revivían a muertos hasta la historia
Cháux abogado titulado, Doctor Eustorgio Sarria abogado titulado del tipo que fue abordado en el parque de Caldas por un hombre sin
asuntos civiles penales y administrativos minas y baldíos, Doctor Prós­ rostro que lo llevó volando por encima de la ciudad y amaneció en
pero Calvache Ruiz abogado, Tomás Castrillón, Daniel Solarte Hur­ una manga del norte, lamido de murciélagos y mudo. Todo eso era
tado abogado, el Tuerto Prado, los Ulloas, los Navia, Aquí nació y motivo de publicación.
vivió Eustorgio Salgar, el Paraninfo, el Molino Santa Inés, las alchuchas, JC C : Era un medio social con bastante predominio del factor
la piñuela que destemplaba los dientes y muchas otras frutas que aho­ retardatario.
ra se han perdido, como los moquitos (saquitis optima mockus), el nís­ AD: Claro, pero de todas maneras con un sector social que sí pen­
pero de campo (parsifalea vagneriansis), la guava chiquita (algodonis saba con sentido laico, independiente. El partido liberal era muy in­
poquids pepa) , la guayaba agria (matica bajita magnificae) y la guinda fluyente en esa época, e incluso había gaitanismo y existía el Partido
silvestre (omamentalia imphima cactus), la levadura Fleishmann, la Comunista. Había librepensadores públicos, como el abogado Aníbal
Maizena Duryea, la Robustina, la Hermosina, la Kola Granulada JGB Prado, ciego y a quien se conocía más como el Tuerto Prado. Ocupaba
la del tarrito rojo, la Emulsión de Scott, el Almanaque Bristol, el acei­ un consultorio vecino del de Víctor Mosquera Cháux, futuro presi­
te de bacalao, el petróleo crudo para la caída del cabello, el zapallo dente de la república, y yo pude verlo varias veces caminando en las
para mejores piernas de las mujeres, la Zarzaparrilla de Bristol, el calles rumbo a los juzgados, con su bastón de mango encorvado y su
Tricófero de Barry, el Cholagogue Indio de Osgood, las píldoras de paso rápido, del brazo de un joven lazarillo. Parpadeaba continuamen­
vida del doctor Ross que dan mejoría de la noche al día, el arzobispo te, como alguien a quien se le ha metido un sucio en los ojos. Era
Miguel Angel Arce, su eminencia Juan Manuel González Arbeláez, liberal, librepensador y afamado polemista y se mostraba cercano de
don Toribio Maya santo de los pobres alma bendita, Coltejer es el las tesis de nuestro partido. Sus clases en la Universidad eran fuente
primer nombre en textiles y fabrica para usted mejores driles, dril Ar­ de incontables anécdotas y frases de sabiduría, que Alvaro Mosquera
mada dura más, pues no se acaba jamás, úselo y verá que sí es superior, nos transmitía jocosamente. Contó que en cierta ocasión una de las
La coleta Margarita de Coltejer la más bonita y para usted caballero alumnas le había preguntado: “Doctor Prado, ¿cuál es la mejor posi­
el dril Armada que es el primero, ¡tan-tan! Me pregunto hoy qué ción de la mujer en esta sociedad?”, y el profesor había respondido en
quedará de todo eso, si han pasado como cincuenta y cinco años... el acto: “La horizontal, señorita, la horizontal”. Al lado de él, con
Se dice que el pueblo de Popayán es muy religioso pero yo creo parecidas inclinaciones políticas de izquierda, aparecía el abogado
que lo es como el resto de pueblos del país. Recuerdo que hubo un negro Natanael Díaz, oriundo de Puerto Tejada y que tuvo cierto
tiempo de los años cuarenta en que estaba temblando con mucha ascendiente entre la dirección liberal nacional. En la ciudad sonó
frecuencia y la gente obligó a los curas de Belén a prestar el Amo siempre el liberalismo. En mi casa solo se escuchaban dicterios contra
Caído para pasearlo por las calles e implorarle que parara los temblo­ el partido conservador. Pero eso era general. Por ejemplo, entre los
res. Lo bajaron en su anda y cuando el desfile venía por la calle terce­ profesores del Liceo el partido popular era el liberal. Una cosa que hay
ra, frente a la iglesia del Carmen, volvió a temblar y los cargueros no que tener en cuenta es que el profesorado que fue al Liceo en ese
tuvieron de otra que descargar el anda sobre el pavimento y salir a momento había sido formado en la Escuela Normal Superior de Tunja,
perderse como el resto de la gente. Yo, de curioso, había ido a recibir que luego se convirtió en la Universidad Pedagógica y Tecnológica.
la procesión y no supe si correr o quedarme quieto y opté por hacerme Entonces era una academia racionalista, así que en Popayán tuvimos,
debajo del primer dintel que hallé. Yo creo que las directivas de la por ejemplo, un profesor de geografía que se declaraba, en voz baja,
Iglesia estaban jarías con la manía de sacar a los santos cada vez que marxista. Se llamaba Manuel Peñuela, era santandereano, alto y flaco
había temblores o que dejaba de llover por largo tiempo, porque natu­ y de un genio complicado, que jamás reía y cuando pretendía hacerlo
ralmente eso no podía detener los movimientos de la tierra y en cam­ lo que mostraba era más una mueca siniestra que una sonrisa. Pero
bio hacía perder la fe de la gente. Lo que sí había era agüeros, creen­ conocía mucho de geografía universal y de economía, y en una oca­

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sión en que César Negret -el que después se volvió oficial del Ejército y B daba aritmética el profesor Alvaro Torres, que le tenía tirria a un
y llegó a alcalde de Popayán- le lanzó una provocación en torno al muchacho campesino de Morales, muy torpe y de apellido Molano, a
pregonado atraso de la economía soviética, su rostro se congestionó y quien un día le preguntó: “Señor Molano, resuélvame esta adivinan­
solo atinó a balbucear mirando al tablero, de espaldas a los estudian­ za: blanco es, gallina lo pone, huevo se llama, frito se come; ¿qué es?”.
tes: “Pero eso pesa, eso pesa”. A mí me cogió tirria desde que me vio y Y el muchacho, contentísimo por impresionar al profesor, respondió
nunca supe por qué, porque yo era de su mismo bando. Estaba el pro­ rápidamente: “Gallina!”. Creo que durante esa semana la risa se ge­
fesor Darío o Camilo Aluma, un chocoano blanco de gafas oscuras y neralizó en todos los cursos del Liceo. El director del colegio era un
pelo engominado pegado al cuero, bien proporcionado y con aire de tipo moreno, alto y flaco, de frente prominente y lentes sin aro, que
gigolo culto. Estaba Alvaro Mendoza, el profesor de educación física. desplegaba una cortesía tímida y a quien tuve la mala suerte de atro­
Había un tulueño de nombre Elias López, un buena vida, profesor de pellar con bicicleta alquilada cuando atravesaba una calle de la ciu­
francés que reía con mucha facilidad, sacudiendo el estómago y de­ dad, y no volvió a saludarme. Y casi todos ellos venían de esa Escuela
jando escapar las lágrimas. Era lector infatigable y nunca tenía el mis­ de Tunja, de la misma que salió gente como el profesor marxista de la
mo libro en las manos. Elias, a quien le gustaba el traguito, era muy Universidad Nacional Darío Mesa y Adalberto Carvajal, el fundador
amigo y admirador de Manuel Cepeda, que no se tomaba ni uno, y en de la Fecode. Cuando, cuatro años después de haber terminado el
un fin de curso tuvo la genial idea de llevarnos a conocer Tuluá y bachillerato, ingresé de carambola en la facultad de Arquitectura de
Cartago. En Cartago nos desembarcaron en los salones del instituto la Nacional, mis condiscípulos no salían del asombro porque yo sabía
oficial de bachillerato y esa misma noche nos fuimos para donde las más matemáticas que ellos, que acababan de terminar el sexto de
fufurufas. A la mañana siguiente el profesor Elias llegó borracho a los bachillerato. Así era la enseñanza en el Liceo. Los edificios estaban
dormitorios, muerto de la risa y gritándonos: “ ¡Forajidos!”. Era un ser recién construidos, en las faldas del Morro de Tulcán. Había clases de
lleno de bondad y desinterés por las comodidades de la vida, que 8 de la mañana a 12 del día y de 2 a 5 de la tarde. Me parece que
cuando estaba entonado recitaba a Verlaine y Rimbaud. Había un teníamos más horas que en la actualidad, y con seguridad menos huel­
profesor de historia, Arquimedes Palau, moreno, alto y elegante, de gas de maestros y menos pérdidas de tiempo por la desidia del magis­
voz recia y vestimenta impecable que dejaba el aroma de su Lucky terio. Los que iban más adelante asustaban a los inferiores con cuen­
Strike cuando se deslizaba entre los pupitres del aula. Tenía éxito tos como el de la apologética del último año y las ecuaciones de segundo
entre las mujeres y una noche lo sorprendimos muy bien acompañado y tercer grado a partir del cuarto año. Recuerdo que los textos de
entre la oscuridad del morro de Tulcán. Había un profesor que daba aritmética y álgebra eran de Wentword & Smith, antes de que los de
botánica con pasión exquisita y trascendental, y uno de álgebra que Baldor inundaran las escuelas colombianas. Yo siempre creí que Baldor
era paisa, blanco y bien parecido, que nos introdujo en los misterios era árabe, porque la carátula de sus libros estaba ilustrada con figuras
de las ecuaciones de primer y segundo grado con el mayor gusto del de ese tipo, pero ahora supe que había sido cubano muy meritorio, y
mundo. A otro profesor, aunque no me dio clases expresamente, lo que se refugió en los Estados Unidos al poco tiempo de la toma del
recuerdo con mucho cariño. Se llamaba Silvio Yepes Agredo y daba poder por los castristas.
botánica y ciencias naturales en primero y segundo. Era un verdadero El “fuera de lugar” estaba representado por el profesor Albert
hombre de ciencia, andaba todo el tiempo con matas y tiestos y tubos Hartman, un alemán que cojeaba y llevaba ojo de vidrio en un lado
de ensayo en la mano, caminaba por los pasillos a grandes zancadas y de la cara que estaba desfigurado a causa de un accidente de labora­
siempre llevaba prisa. Cuando nos volvimos a encontrar en Bogotá me torio. Nos enseñaba física y química y podía recitar en latín las cinco
contó que una vez se fue a vivir con una tribu del Chocó y que en la leyes del movimiento formuladas por Newton: “Corpus omne perseveróte
primera mañana, cuando estaba lavándose la boca en una chorrera, in statu quecendi aut movendi...". Era como el dios de dos caras, Jano:
niños y adultos que lo observaban comenzaron a levantar voces por­ por el lado derecho cicatrices horribles desde el comienzo de la cabe­
que el visitante sabio se había envenenado con algo y estaba echando llera hasta la comisura de los labios, que alcanzaban a descubrir parte
espuma por la boca. Le decían el Loco Yepes. En ese curso primero A de unos dientes de calavera, y por el otro lado un hermoso rostro de

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alemán, lleno de vida y casi de alegría. Se casó con Carola, una mu­ JCC : Y capitalista.
chacha con un gran lunar pecoso en la cara pero alta, ágil de movi­ AD: Claro, capitalista, un desarrollo de cambio de valores rea­
mientos y buenísima. Vivían en una finca de las afueras de la ciudad les...
y en la madrugada cogían su camionetica y distribuían leche a los JCC: Hacia atrás...
tratos de la ciudad. Hartman acostumbraba llevar a sus alumnos a AD: ...y no de valores simbólicos. Es posible que eso me influyera
conocer la naturaleza, esa misma que los colombianos desconocemos porque yo recuerdo que el profesor de geografía era marxista, y lo dijo
y los extranjeros admiran como una de las más bellas del mundo, y en una vez en la clase. Hacía mucha alusión a la Unión Soviética, a los
una de esas caminatas por el cerro de las Tres Cruces, mientras el grandes avances de ese país y a lo inmenso que era, lleno de riquezas
profesor alemán les hacía comprobar cómo se producía el fenómeno naturales. Al profesor Peñuela volví a verlo aquí en Bogotá a fines de
del eco, los estudiantes vieron que por los Quingos, en el camino a la 1954, andando por la acera de El Tiempo en la carrera séptima, en los
iglesia de Belén, subía un personaje pintoresco de Popayán, Palmito, días siguientes a mi salida de la cárcel. Me fui a visitar la ciudad
bulteador de la plaza de mercado conocido por sus borracheras per­ como cuando tú vas a visitar el lugar de tu crimen después de que lo
manentes y a quien los muchachos le sacaban la piedra gritándole has cometido. Entonces yo también vine a andar por ahí por la carrera
necedades, solo por el contento de escuchar sus groserías. Los mucha­ séptima, mirando las caras de la gente como para volver a aprendér­
chos lo vieron subiendo las anchas escaleras de Los Quingos y sugirie­ melas, y lo alcancé a ver a él. Después supe que había muerto. El
ron a Hartman que gritara “ ¡Palmitoooo!”, y el eco le respondió profesor de historia era igualmente izquierdista confeso y me parece
“ ¡Hijueputaaaa!”. Ese era el tamaño de la cultura juvenil popayaneja que hasta ateo. El profesor de francés, ni se diga, porque ese tipo nos
de los años cuarenta. ponía a leer a los clásicos como debe ser. Además, era un tipo de
conversación agradable y abierta al humor. Le gustaba hablar con
JC C : Pese a estar en la república conservadora, esos profesores mucha libertad y mantenía especial preferencia por Cepeda, que leía
se formaron con influencia de la revolución socialista... cantidades de libros. Alguna vez los del grupo estrecho de mis amigos,
AD: Estamos en los años cuarenta; ellos se forman tal vez en los que jugábamos al fútbol, fuimos donde doña Pepa y allá nos encontra­
treinta o cuarenta. Estoy hablando del Liceo. En los años treinta, por mos a dos de esos profesores. No sabíamos si reír o hacemos los locos,
lo menos, antes de los siete años de edad no te admitían en la prima­ porque los dos profesores del cuento entraron y se sentaron lo más
ria, tenías que cumplir siete años. Entonces, se supone que yo entré a alejados posible de nuestra mesa. En cambio el profesor de matemáti­
primaria en el treinta y siete o treinta y ocho (porque cumplo años en cas sí era a la antigua, y lo mismo el rector, el otro matemático. El de
noviembre), todavía bajo gobierno liberal, porque estando en la es­ castellano, profesor Abraham Zúñiga, era el único laico que nos hacía
cuela nos llevaron a un desfile y allí pude ver al presidente Santos y su rezar antes de empezar la clase. Vivía entre los libros y para los ejem­
esposa Lorencita en un automóvil destapado, durante una visita a plos literarios se remitía siempre a textos sagrados. Por ejemplo, para
Popayán. Entonces, pues, los profesores que tuve se formaron en Tunja. ilustrar el uso correcto del condicional y su confusión con la forma
Es lo que pasa con Adalberto Carvajal. Yo le preguntaba a Adalberto: pretérita subjuntiva utilizaba el bello pasaje en que Marta, hermana
“¿Cómo es que a ti se te ocurrió formar a Fecode?”. Y me contestó: de Lázaro, recibe la visita de pésame de su amigo Jesús con estas pala­
“Fue la Normal”. No sé si existe un estudio de lo que significó ese bras: “Si hubieras estado aquí mi hermano no habría muerto”. Recita­
proceso de convertir en laica la enseñanza pública y en seguida sopor­ ba de memoria el discurso de la Edad de Oro que había en el Quijote
tar el contraataque conservador. N i más ni menos, lo que Ospina Pérez y todavía recuerdo la emoción de su rostro al relatar el sueño de la
trató de frenar introduciendo eso de la “vaca lechera” y la “huerta igualdad social: “Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los
casera”. antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro...”.
JC C : Romanticismo conservador... Amonestaba contra la literatura de mal gusto y traía a colación la
AD: Sí, porque el desarrollo del país debía ser un desarrollo agrí­ letra de una canción popular que entonces hacía furor: “Amor chiqui­
cola, según él. to, acabado de nacer, eres mi encanto, eres todo mi querer. Ven a mis

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brazos, te amaré con ilusión, porque te quiero y te doy todo mi amor”. profesor se había ido a vivir a un hotel los días en que Lleras estuvo en
En un curso superior nos enseñó un año de literatura colombiana un su casa. Al viejito, arrugado y patético, le decían “Mieldeabeja”, en
tal poeta Tatanacho, a quien le decían “Surubu loma” porque nos honor de un famoso personaje idéntico a él que andaba por las calles
informó que el primer poema escrito en castellano primitivo en suelo vendiendo ese producto y era conocido con el mismo remoquete. El
colombiano decía “Surubu loma / nevin ra /canan cruz / nigria gra”; latín lo dictaba don Jesús Otero, un cura que había dejado los hábitos
había sido compuesto por un indio y traducía “Subí a una loma / esta­ y que tenía un dedito mocho que daba para el socorrido cuento de la
ba solo / vi una cruz / me puse a llorar”. Sorpresivamente, al término revendedora de la plaza de mercado y su papaya. La del latín fue una
de una caminata de los años ochenta, lo vi esculpido sobre una piedra enseñanza que agradezco por lo que me sirvió para conocer la lengua
del parque central de Zipacón. En cambio, el maestro de religión se española, la verdadera gran pasión de toda mi vida, solo comparable
limitaba a mascullar alguna oración con los ojos cerrados y empezaba con la que me despertaban las matemáticas y la literatura. Lo que
su clase. Se llamaba el padre Quintana y vivía en una hermosa casa pasa es que uno se mete en cosas a las que no lo han llamado, como
de un solo piso asentada en la parte baja del puente del Humilladero, las ciencias sociales y el sindicalismo. Nos enseñaban francés, dos años
con un fresco jardín lleno de flores que aparecía tan pronto uno so­ de francés.
brepasaba el zaguán. Era un hombre alto, bastante moreno y bien pa­
JCC : ¿Entonces usted lee el francés?
recido, que tenía éxito entre las mujeres. Se echaba una colonia fina
AD: El francés y el inglés, aunque con dificultades, sobre todo
y su sotana y todo él eran de una elegancia y limpieza impactantes.
para hablarlos, por falta de práctica. Entonces te redondeo el cuento.
Caminaba rápido y todo el mundo lo saludaba en la calle y él se limi­
En esa época esos profesores de Tunja creo que ayudaron a crear esa
taba a responder con una inclinación de cabeza, apretando sobre el mentalidad laica que había en el Liceo. Allá había misa los domingos
pecho un librito de oraciones que llevaba en la mano derecha. El
pero la asistencia era voluntaria, a nadie lo castigaban si no asistía.
chiste más subido de tono que nos dijo nunca fue el de que “ahora los Yo, desde luego, iba casi todos los domingos. Antes de la misa el rec­
jóvenes no van a ver cine sino a hacer cine”. Estoy seguro de que era tor de la universidad, Antonio José Lemos Guzmán, el Mono Lemos,
liberal, pues con motivo de alguna de las matanzas que se presentaron padre de Carlos Lemos Simmonds, nos hacía formar dos filas en el
en el país a fines de los años cuarenta se hizo muy comentado en claustro de Derecho, pegado a la iglesia de Santo Domingo, y nos
Popayán porque en el sermón que pronunció en la iglesia del Carmen daba charlas de buen comportamiento ciudadano: cómo vestirse, cómo
hizo alusión a ese asunto y lloró frente a todos los fieles que llenaban comer, cómo caminar, ser puntuales en el estudio y en el trabajo, usar
el recinto. Mis hermanas, todavía llorosas, contaban en la casa que la el palillo de dientes con disimulo y no cargarlo en la jeta todo el día
gente estaba conmovida por ese gesto y que los asesinos del gobierno como hacían algunos, etcétera. En el mismo claustro uno veía a per­
habían quedado excomulgados. sonas como John Agudelo Ríos, con su pelo engominado y siempre
Nos enseñaban buenas matemáticas, buena botánica, y teníamos fumando; a Emilio Aljure Nasser, con modales de deportista, que fue
también un año de latín. Teníamos cinco años de inglés, dos de fran­ después rector de la Nacional; a Saúl Pineda, que fue jefe liberal del
cés y uno de latín. El profesor de inglés de los primeros cursos nos Tolima, y en una oportunidad muy particular recuerdo haber visto a
enseñó un inglés impecable, británico. Se llamaba Leopoldo García, Antonio García, con vestido negro, abrigo y sombrero hongo de abo­
era pastuso y desde muy niño había sido llevado a Inglaterra por un gado. En una casa de la Calle del Comercio vivía una media hermana
protector. Era amigo de las señoritas Pardo y por tanto de mi casa. Era de mi mamá, de nombre Rosita, bastante agraciada y casada con un
alto, muy amable de trato, una especie de gentleman pastuso aunque comerciante chiquito y gordito al que le decían Balín y que tenía
sin acento, pero creo que las mujeres que lo asediaban perdían el almacén de telas y ropa en la parte baja de la casa. El acceso a la casa
tiempo con él. El de cursos superiores era un viejito bajito también se hacía por una puerta separada de las dos del almacén y que iba
educado en Inglaterra, que había construido una casa de estilo inglés directamente al segundo piso por una escalera de madera de dos tra­
en la parte posterior del cerro de Tulcán, donde hospedó al presidente mos que traqueaba bajo los zapatos. Una tarde fui a llevarle algún
Lleras Camargo cuando estuvo de visita en Popayán. Decían que el recado a mi linda tía y cuando empezaba a tomar el segundo tramo vi

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que bajaba Antonio, con sombrero y gabán en la mano, muy serio y centro de las Juventudes Democráticas se formó como una cosa clan­
distante. Intuí lo que pasaba pero me quedé mudo y nada dije en mi destina; nunca llegaron a decir: “esto es del Partido Comunista”, sino
casa, aunque siempre he llevado en la mente esa escena digna de que era la forma de atraernos a nosotros. ¿Qué se hacía ahí? Se hacían
novela parisiense de Balzac. Por supuesto, en ese momento yo no sabía escritos. Por ejemplo, tú elaborabas un ensayo sobre botánica y lo lle­
de la importancia del personaje, que supuestamente estaría termi­ vabas al centro y lo exponías, y los demás opinaban: “me gusta, no me
nando sus estudios de Derecho o por lo menos acabaría de terminar­ gusta”. Se hacía el esfuerzo para que se publicara algo por parte del
los. Don Rodolfo ofrecía conseguirles marido rico a todas sus hijas e colegio, o se buscaba hacerlo en El Liberal, que todavía existe. Si eso
incluso nietas, y Balín no tenía por qué quedarse atrás. no se lograba, los escritos iban de mano en mano, en copias mecano­
En la calle quinta, a unos pocos pasos del edificio de la universidad, grafiadas. Los poemas, por ejemplo.
funcionaba la librería Kliment, donde en varias ocasiones observé al
JC C : Sus lecturas eran literarias fundamentalmente.
maestro Sanín Cano leyendo de gorra las novedades recibidas. Me
AD: Totalmente literarias. Los asuntos políticos me fatigaban, no
parece que todos ellos estudiaron o fueron maestros de la Universidad
me interesaban. Me llamaba más la atención observar la vida de la
del Cauca. El Mono Lemos era tenido como un liberal republicano,
gente, la forma como actuaba y hasta su manera de oír radio y apren­
progresista, y le pasó todo lo contrario que a su hijo, que de comunista
derse la propaganda comercial que echaban por las emisoras. Eran los
que fue en Popayán terminó de fascio en Bogotá. Pero me disgustaba
que a la misa iba mucho exhibicionista, porque esa era una vaina tiempos del cigarrillo Pierrot, más barato que el Pielroja, los fósforos El
Diablo, la cafiaspirina Bayer enfrentada a la OK (Oca) Gómez Plata,
elitista. Ir a misa a Santo Domingo no era lo mismo que ir a San
Agustín. A San Agustín iban los pobres, los chancletudos, pero a Santo al Rapidol y a la más rápida de todas, la sibalgina; la sal de uvas Picot
Domingo iba la high, y los estudiantes ahí detrás de la high. Yo me ponía riñendo con la sal de frutas Lúa (que después supe que traducía La­
a mirar a los tipos que no se arrodillaban sino con una sola rodilla y boratorios Uribe Angel), el almanaque Bristol, el agua de colonia
ponían un pañuelo en el piso para no ensuciarse el pantalón, y me ponía Murrait & Lahmann y la prestigiosa Casa Mettler, que quedaba en los
a mirar a los que veía en el atrio y que no entraban en el templo, que bajos de la calle quinta entre carreras quinta y sexta, detrás del cole­
son los tipos que están como entre que creen y no creen, o me voy o me gio de las Salesianas, y ofrecía productos de calidad para empresas y
quedo, y que llegaban fumando y apagaban la colilla del cigarrillo y la talleres, la oficina y la casa, la dama y el caballero. Era un negocio
ponían a un ladito de la puerta para volverla a encender después de la multicomercial. En un mismo espacio tenía organizada la oferta de
misa, como le pasaba a uno que le decían Palilb, que metía sus narices corbatas, estilógrafos finos y clavos y tornillos de toda clase, y me pa­
ganchudas en todo acto social. Y me preguntaba por qué ellos tenían rece que fue uno de los almacenes saqueados el 9 de Abril.
una creencia tan condicionada: sí, yo soy católico pero me arrodillo con JC C : ¿Qué literatura leía?
una sola rodilla; sí, yo soy católico pero solamente voy hasta la puerta y AD: Leía todo lo que me caía en las manos, sin orientación de
ahí estoy un poco como a la expectativa, en la sombra. nadie, lo cual fue funesto, porque dejé de leer muchas cosas buenas y
JC C : ¿Ese grupo literario, pero político, cómo se relacionaba leí muchas que no entendí y tuve que volver a leer cuando viejo.
con los indígenas, con los campesinos, con los trabajadores de allá Recuerdo que leía las novelas de Julio Verne y Alejandro Dumas, y
de Popayán? Los Miserables de Víctor Hugo. Huasipungo, de Jorge Icaza, me impre­
AD: Alvaro Mosquera estaba relacionado con los trabajadores de sionó por su lenguaje crudo y a la vez poético; no podía creer que
la ciudad y los indios del Cauca. Tenía contacto con obreros del ba­ alguien se hubiera atrevido a describir en el papel las relaciones sexua­
rrio Alfonso López, abajito de San Camilo, que era el barrio obrero les. De Ricardo Güiraldes leí Don Segundo Sombra y de Ciro Alegría
típico de Popayán. Vivían allí artesanos y asalariados, en casitas estre­ El mundo es ancho y ajeno. En la casa reinaba La vorágine, y cómo sería
chas y débiles. Yo nunca llegué a tener contacto directo con ese tra­ la popularidad de Tierra de promisión que a don Matías lo sorprendí
bajo y solo sabía de esas cosas por los cuchicheos que llegaban hasta varias veces, en los raros descansos que hacía, tarareando el poema
mis oídos y que siempre me acompañaron mientras fui militante. El de la paloma torcaz, a la que alguien le había puesto música:

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Cantadora sencilla de una gran pesadumbre, Si es pecado querer en esta vida
entre ocultos follajes la paloma torcaz yo te pido de rodillas tu perdón...
acongoja la selva con su blanda quejumbre ...Virgen mía del consuelo, perdonadme
picoteando arrayanes y pepitas de agraz. si yo canto esta canción que vive en m í...
Incluso don Matías fue sorprendido por el suscrito tarareando Las canciones que se oían en la casa me creaban muchas dudas
melodías sueltas que muchos años más tarde comprobé que pertene­ espirituales. Mi hermana mayor cantaba: “Mi rival es mi propio cora­
cían a piezas cortas de Schubert, y todavía no ceso de preguntarme: zón, por traicionero. No sé cómo puedo aborrecerte, si tanto te quie­
¿dónde pudo haberlas aprendido?, ¿sería en la casa de Guillermo León, ro”, y yo me devanaba los sesos tratando de entender el embrollo.
mientras atendía a los perros de cacería? No creo. La misma doña Había, pues, mucha literatura popular, pero, como cosa rara, nunca vi
Elena cantaba casi todos los días mientras lavaba ropa y ahora he en la casa la María de Jorge Isaacs, aunque presumo que no era des­
venido a descifrar que eran tonadas de zarzuelas: conocida para mis hermanas porque ellas se burlaban de un boquinche
¿Dónde andarán nuestros novios, amanerado que se deslizaba con los brazos tendidos a los lados y las
que a la cita no quieren venir? ... manos abiertas por las calles de Popayán y una vez oí que le dijeron:
¿Por qué me abandonas, mi lindo Julián? “Efraín, ¿dónde dejaste a María?”. Luego ellas conocían del caso.
Tu nena se muere de pena y de afán. Después de mucha insistencia me leí Platero y yo, El príncipito y los rin
Y en aquel cuartico nadie más entró, rin renacuajo de Rafael Pombo y toda esa clase de libros, y sobre todos
se pasa las horas llorando mi amor. ellos pasé como el ángel, sin romperlos ni mancharlos. Definitivamen­
te, mi campo estaba en Los miserables y El conde de Montecristo y no en
Había otra tonada que repetía a menudo y decía:
las novelitas edificantes de la moral. Cuando leí El Cuervo, de Alian
Al pie de una verde palma yo me senté. Poe, me puse a repasar los versos y me aprendí bastantes de memoria,
Mi amor se quedó dormido, ¡qué ingrato fue!, pero luego se me olvidó casi todo:
y al canto de una golondra yo desperté.
Quiero morir, quiero vivir, no sé qué hacer. Una fosca medianoche, cuando en tristes reflexiones
sobre más de un raro infolio de olvidados cronicones
inclinaba soñoliento la cabeza,
Pero, ¡ay, Dios mío!, quitarme la vida
por un corazón ingrato que yo adoré, de repente a mi puerta oí llamar...
que me hizo perder la calma, perder la fe. El escarabajo de oro me metió en el mundo de las alucinaciones, y
Quiero morir, quiero vivir, no sé qué hacer. así el resto de Poe. De Víctor Hugo me apasionó Los Miserables y los
sufrimientos de sus personajes, especialmente de Jean Valjean y la
-¿D ónde vas, Alfonso Doce, niña desamparada, Cosseta, que me estrujaron el alma, y lo propio me
dónde vas por el jardín?
pasó leyendo El conde de Montecristo. Cuando leí Sangre negra y Los
-Voy en busca, voy en busca de Mercedes,
hijos del tío Tom, de Richard Wright, fue la continuación de la tortura
que esta tarde la perdí.
interior y con esos libros años más tarde me pasó algo insólito, porque
Sus hijas, y me parece que también su amable esposo, la remedaban mi hija, que apenas tendría entonces unos cuatro años, me pidió una
y cambiaban el Doce por López, así como ella, seguramente por insi­ vez que le leyera un cuento y a mí se me ocurrió la mala idea de
nuación de las monjas de San José, decía “novios” en vez de “mozos”, utilizar pasajes en que Wright relata sus crueles recuerdos de niño
que es la palabra inofensiva que usa el original español. Otras veces pobre. Tan pronto comenzó a escuchar el relato la niña empezó a so­
se iba por el camino romántico latinoamericano y uno la escuchaba llozar inconteniblemente y tuve que suspender la lectura para tratar
repetir canciones que eran del dominio de mis hermanas mayores y a de consolarla diciéndole que nada de eso era verdad, que todo era
cuya letra le hacía aportes propios: fantasía, pero ella siguió llorando a mares atacada por el estremeci-

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miento de todo su cuerpo. Fue horrible y ahí comprendí que yo como
T sí pude mirar. Me impresionó que los camaradas soviéticos tuvieran
padre era un fracaso total. Después fueron las lecturas de John una opinión tan negativa de Dostoievski. Les parecía nihilista,
Steinbeck, William Faulkner, Jack London, Mark Twain, Cervantes, negativista, y casi lo mismo pensaban de Tolstoi. A quien tenían en la
Charles Dickens, etcétera. Y por sobre todos Dostoievski me impre­ más alta consideración era a Pushkin. El gran poeta del país, digamos,
sionaba mucho, porque a Tolstoi y a Gorki solo vine a conocerlos en el maestro de la literatura nacional, era Pushkin. Como yo no había
los años cincuenta o sesenta. Cepeda me introdujo en los poetas de leído ni una letra de él, me dije: “¿En qué estoy yo?”. A mi regreso,
combate: García Lorca, Miguel Hernández, Neruda, Antonio Ma­ claro, lo leí, con mucha desconfianza, porque me hacía la idea de que
chado, Whitman, Maiakovski, Nazim Hitmet, César Vallejo, Paul se trataba de una figura cortesana, la misma idea que me hice de
Éluard... Claro que también leí a Juan Ramón Jiménez y las famosas Mozart antes de escucharlo con atención. Pero no. Pushkin es para mí
Rimas de Bécquer, aunque pasé con desprecio al lado de Mujercitas un clásico, vale decir, alguien respetable en todo sentido. En cambio
porque me pareció lectura de mujercitas. Dostoievski me parecía un escritor más identificado con el alma uni­
Me divertí de lo lindo leyendo el Quijote y me gustaba mucho la versal, con la controversia social, con toda esta cosa de la descompo­
novelística norteamericana, Steinbeck y Faulkner especialmente. sición de la sociedad. Pushkin es hermoso, no sé cómo sonará leyéndolo
Cuando llegué a Medellin, en 1956, Faulkner estaba desde hacía rato en ruso, pero sus cuentos me gustan. “Eugenio Onieguin” es muy bue­
en la cúspide de su fama. Hacía tiempo se había producido la deser­ no y la música que se hizo para él es de las mejores que compuso
ción política de Steinbeck pero ese era el tipo de literatura que a mí Chaikovski, que era el otro grande del régimen soviético. Eran los
me gustaba. En Medellin leí también a Sartre y a Balzac. Pero cuando dos, Chaikovski y Pushkin, y en seguida Shostakovich, los que el par­
me metí a Medellin mi verdadera pasión no era por ahí; nunca mi tido tenía en la Unión Soviética como pilares de la cultura revolucio­
pasión ha sido suficientemente abastecida. Entonces, cuando llego a naria. No era Gorki, como podría esperarse, y eso me extrañó también
Medellin huyendo de Bogotá y me cambio de nombre y me aíslo a la cuando lo leí, a la vuelta al país. No era Gorki, que sudó sangre de su
fuerza de mis compañeros y amigos, tengo la oportunidad de hacer lo sangre cuando era niño, bajo el viejo régimen atroz, sino el poeta de la
que yo más quería, que era meterme con la literatura clásica univer­ aristocracia. Cosas de la vida política. De mis conversaciones con los
sal. Imagínate que en la Biblioteca Pública Piloto de Medellin esta­ intérpretes y acompañantes, particularmente las muchachas, saqué
ban todos los clásicos griegos y romanos y yo le di una mano tremenda en claro que los camaradas le hacían buena propaganda a Shostakóvich
a toda esa producción durante los once meses que permanecí en la pero no apreciaban mayormente algunas de sus obras, consideradas
clandestinidad. Música clásica y literatura a la lata en la Piloto, más por los estalinistas como decadentes. Tampoco gustaban de la obra de
estudios de la economía y la historia antioqueñas, que me dieron ba­ Stravinski -cuyo nombre no se podía pronunciar sin riesgo de hacer el
ses para elaborar una monografía sobre el departamento, para servicio oso y de quien no pude conseguir siquiera un disco-, y lo propio ocu­
de la militancia partidaria. rría con el pobre recién muerto Prokófiev, que había hecho la música
El dejo trágico de Dostoievski no me asustaba sino que me identi­ para la película “Alejandro Nievski”, de Eisenstein, y había salido del
ficaba. Fuera de Crimen y castigo, que fue una de las novelas que país durante un tiempo pero nunca había abjurado de la suerte de su
primero leí, estaba Los hermanos Karamázov, porque ahí vi reflejadas patria ni cosa parecida. Incluso él y Stravinski regresaron a la Unión
esas familias desastrosas, mucho peores que la que me tocó a mí. Me Soviética y siguieron trabajando para el sistema. De nada les valió.
impresionó lo que capté cuando fui por primera vez a Moscú. Fue en Sin embargo, ellos y Shostakóvich fueron las más grandes contribu­
el verano del año cincuenta y tres, pocos meses después de la muerte ciones rusas a la edificación de la música contemporánea.
de Stalin. Allí supe que el mismo día en que murió Stalin murió
Prokófiev y nadie tuvo el arrojo de acompañar sus restos ni visitar a
sus deudos, ni ese ni los siguientes días. Cuando yo llegué práctica­
mente acababa de morir Stalin y preparaban su embalsamiento para
colocarlo en la cripta del Kremlin, al lado de la momia de Lenin, que

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Una modelo me cautivó... aguantó más y puso la queja al patrón. Después mi amiga la poetisa
Emilia Ayarza -fallecida en México hace pocos años- me ayudó con
su esposo para trabajar en la construcción de su casa en la calle 7 1-A
con carrera sexta. Allí conocí lo que era el calentamiento automático
JC C : Hablemos de Bogotá. del agua por el gas, en vez del calentador eléctrico. Uno abría la llave
AD: Nos vinimos para Bogotá por eso, porque yo creo que al tras­ del agua caliente y simultáneamente se encendía el calentador, que
ladarse mis hermanas para acá le dicen a mi mamá que se venga con se apagaba cuando uno cerraba la llave. Milagro vivo. Allí empecé a
ellas porque de qué va a vivir en Popayán. Recuerdo que en ese mo­ constatar que Bogotá tenía los mejores constructores del país. El
mento estaba en su furor la campaña del Ministerio de Higiene y baldosador de los baños era de una eficiencia impresionante y tenía
Prevención Social contra el consumo de la chicha. La cuña radial como ayudante a un niño de escasos nueve o diez años que permane­
ideada por el ministro Bejarano decía: “La chicha y el guarapo embru­ cía tensionado por sus constantes órdenes. Le describía la tarea inme­
tecen, la chicha y el guarapo degeneran...”, y con ello les abría mer­ diata y antes de que el niño pudiera partir a realizarla le decía: “¿Ya
cado a las cervezas de Bavaria, especialmente a la “Cabrito”, destina­ volvió?”. Me impresionaba la serenidad con que maltrataba al niño,
da a reemplazar a la chicha -o aloja, como le decían los indios- en el que no parecía ser su hijo. Era delgado, de nariz quebrada y manos
consumo de los sectores más pobres, como evidentemente ocurrió. largas y limpias que parecían no tocar siquiera el cemento. Se
Aquí también llegamos a dar tumbos. Primero desembarcamos en encasquetaba un gorro de papel periódico, a manera de barquito in­
la calle 59-A, donde pude admirar el descubrimiento tecnológico de vertido, y nunca vi que le dirigiera la palabra a ningún otro trabajador
los dos grifos que tenían los lavamanos de Bogotá y de inmediato me de la obra. La casa quedó muy bella y yo pude hacerme a unos
hice una reflexión científica: en Bogotá hay tanta agua para repartir a centavitos como ayudante de almacén, o sea la persona que controla­
la gente, que los lavamanos llevan dos grifos en vez de uno. En reali­ ba la cantidad de materiales y herramientas que salían de ahí para la
dad, era precisamente lo contrario: que no había llegado todavía el edificación de la casa, y la devolución estricta de las herramientas al
invento del mezclador. Como en Popayán las cocinas eran de leña o, si final del día. Pero se acabó la obra y se acabó mi trabajo. Al arquitec­
mucho, de carbón de leña, me impresionó el uso extensivo del carbón to, de apellido Escovar, no le interesó mi importante contribución tác­
mineral en las estufas y el ingenio incorporado a ellas para calentar el tica a la arquitectura. Un tanto desesperado, me fui junto con Plutarco
agua en los propios tubos; así que mientras la estufa estuviera prendi­ Elias Ramírez, poeta de El Bordo, también del Cauca, a buscar trabajo
da había agua caliente para la familia. ¿Cuándo, nosotros, con tantas en la mina que tenía Cementos Samper en La Calera, porque supimos
comodidades? De ese apartamento nos fuimos para Fontibón, luego que allá ofrecían empleo. Nos recibió un capataz que no más miró
nos pasamos a la zona de la Estación de la Sabana y a otros sitios más, nuestras fachas esqueléticas y nuestras manos de seda se apresuró a
y finalmente terminamos en dos lugares distintos de la calle 45 y en el aconsejarnos que nos volviéramos para la ciudad. El único trabajo
Barrio Modelo del Norte, donde murió mi mamá. decente lo conseguimos los dos con Luis Carlos Pérez, que estaba a
Desde el primer momento busqué el contacto con el partido y cargo de los bienes que había dejado la embajada soviética después
gracias a direcciones que me habían dado pude hacerlo sin mayor de su expulsión a raíz de los sucesos del 9 de abril del 48. La sede de la
problema. Encontré al partido y encontré a la Juventud Comunista. El embajada quedaba en la carrera séptima con calle 62 y era un caserón
problema era cómo mantenerme, por lo menos cómo tener para la enorme, un tanto oculto detrás de los árboles. Las ventas estaban a
comida y el transporte. Me consiguieron primero un empleo en la La­ cargo de Lucía Angulo, tía del pintor Fernando Botero y esposa de
vandería La Higiénica, de un gringo gordo, desabrochado y muy exi­ José Domingo Vélez, prestigioso abogado demócrata y amigo del PC.
gente con el trabajo, que se llevaba a las mejores muchachas para su Lucía ocupaba un apartamento de la calle 23 con carrera 12, frente a
oficina, donde llegué a sorprenderlo manoseando a una. Allí me equi­ una iglesia que hay allí, y ahí le guardaba a su sobrino buena cantidad
vocaba a cada momento en el orden de la ropa y terminé en la calle de cuadros. Un día me llevó allá, me mostró numerosas pinturas con
porque el otro muchacho que me acompañaba en ese trabajo no me marco y sin marco que yacían sobre muebles y en el suelo de una

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habitación desocupada y me sugirió que le pidiera a Femando una de chas vivirían como si fuera su casa o su colegio y todo sería aseado,
regalo, sin marco, porque él solía hacerlo con sus amigos, según ella, reluciente de limpieza, con empleadas para atender al servicio. Las
pero nunca tuve valor para eso. No sé si para entonces Botero ya había muchachas serían escogidas y probadas primero por nosotros dos, ten­
ganado su primer premio en el salón nacional de artistas, con el cua­ drían un salario básico y servicio médico y atención esmerada en ma­
dro “Frente al mar”, que fue reproducido en El Tiempo y me dejó teria cultural, como sería dejarlas ir al cine o que leyeran siquiera
extasiado mirándolo una y otra vez, como si ese cuadro me estuviera tiras cómicas, etcétera, etcétera. Pero nunca pudimos reunir el dinero
contestando una pregunta que yo llevaba desde toda mi vida anterior. que eso requería y todo se nos quedó en sueños. Falta de plata.
Me ocurrió algo parecido a lo que sentí cuando leí Campesinos de los Menos mal que meses más tarde me topé con el profesor de botá­
Andes, de Orlando Fals Borda, o Los bolcheviques del Líbano, de Gon­ nica del Liceo Humboldt, Silvio Yepes Agredo, y nos volvimos amigos.
zalo Sánchez, que me confirmaron que una nueva narración social El trabajaba en un proyecto de investigación sobre plantas medicina­
del país había comenzado. En ese momento Botero no era todavía el les colombianas que incluía la recolección y organización de expre­
gran pintor en que se convirtió pronto, y siempre me culpo dé que siones orales populares sobre las propiedades de dichas plantas. Silvio
pude jactarme de tener uno de sus cuadros y no fui capaz de dar el me contrató para esa labor, que se llevaba a cabo en el instituto nacio­
paso. En una ocasión la señora de las ventas me invitó a almorzar. “He nal de etnología que había fundado Gregorio Hernández de Alba,
invitado a unas personas que te van a interesar”, me advirtió. Se tra­ hermano de Guillermo, y que funcionaba en las dependencias del
taba de Gilberto Vieira y su compañera Cecilia Quijano. Fue la pri­ Museo Nacional. Allí creamos un archivo de miles de tarjetas con las
mera vez que los vi y no sé de quién partió la idea. Hay que recordar referencias respectivas, todo a pura máquina Remington y Smith C o­
que el partido estaba en la clandestinidad, y yo no pude por menos de rona. Cuando el contrato se me acabó Silvio me puso en contacto con
apreciar esa deferencia conmigo. el historiador austríaco Juan Friede, que tenía su sitio de trabajo y de
La señora vendió toda esa cantidad de muebles, cortinas, alfom­ vivienda en la calle 18 con carrera primera este, cerquita de la entra­
bras, cuadros, arañas, candelabros que había en la casa de la embaja­ da principal de la Universidad de los Andes. Allí me tocó pasarle en
da, que después pasó a ser el Club del Comercio. Recuerdo que uno limpio los originales de su libro Los andaquí, que se publicó pocos me­
de los principales compradores de enseres fue una comunidad religio­ ses después. Friede dominaba el español y era exigente en la presenta­
sa que manejaba un conjunto eclesial llamado Divino Salvador, en la ción mecanográfica de los textos, cosa que yo no podía garantizarle
calle 57 con carrera veinte o veintiuno, arriba del estadio El Campín, mucho, pero me aguantó lo que pudo. Se carteaba con las altas auto­
y tenía una parte del mismo destinada al Teatro Santafé, que presen­ ridades del gobierno, con sus amigos de El Tiempo y en particular con
taba obras clásicas y populares. Con el primer pago en la mano nos el ex presidente Santos. Yepes se desapareció de mi vida y más tarde
fuimos para donde las “niñas” de San Victorino. Como había que eco­ supe que había viajado por invitación del gobierno cubano a hacerse
nomizar, con Plutarco decidimos tomar una pieza entre los cuatro. No cargo de un programa de investigación sobre pastos de la isla. Para
fue agradable, porque el Plutarco se me adelantó y cogió la menos fea. allá se fue con su mujer y sus hijos, con quienes yo había compartido
Como veíamos tantos sitios de prostitución en Bogotá, nosotros, pre­ momentos de alegría y recuerdos de Popayán, y allá murió en su ley, al
ocupados por la falta de plata, llegamos a pensar y le echamos núme­ lado de sus plantas y sus nuevos amigos.
ros a un negocio que podría ser fabuloso: establecer un lupanar, pero Para ese momento yo ya me había ido de la casa, y eso fue cuando
un señor lupanar, no esos lugares tétricos que había. Sería un estable­ vivíamos en Fontibón. Allí tomé la determinación. Como cosa extraña
cimiento que seguiría el modelo de Popayán y no el que habíamos y única en mi vida, un día a don Matías le dio por aparecerse en la
encontrado en Bogotá, donde a las muchachas había que conseguir­ casa y dizque invitarme a conversar. Eso me pareció muy raro, porque
las en los bares, tomando trago caro y esperando a que ellas decidie­ desde hacía marras yo ni le dirigía la mirada. Llegó todo manso y me
ran a qué hora salir para un hotelito que ellas mismas escogían y que dijo que quería conversar conmigo. Yo pensé que era para hablar de
había que pagar también. Eso era una robadera y un desperdicio de algún problema de mis hermanas pero no fue así. Me llevó a un cafe­
talentos. Nosotros pensamos en un edificio grande donde las mucha­ tín y me preguntó si quería tomar una copita de aguardiente, pero

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solo acepté una gaseosa. Era la primera vez en la vida que teníamos alquiló local y alcanzó a tener dos librerías en el centro. Se consiguió
una conversación de ese tipo y que yo lo veía tomando trago. Me dijo mujer, se olvidó de los comunistas y de sus tareas políticas y segura­
sin rodeos que él no criticaba el modo de vida que yo llevaba pero que mente se metió en líos de plata porque terminó asesinado por alguno
solo me pedía que no fuera a convertirme en comunista. Me lo pidió de sus nuevos amigotes.
casi sollozando sobre su copita de aguardiente, al que no estaba acos­ JC C : ¿Aquí ya habían venido Alvaro Mosquera y Cepeda?
tumbrado. Lo vi desgraciado y comprendí lo inmanejable que es per­ AD: Creo que Mosquera ya se había venido, Cepeda no. Cepeda
der el control sobre los hijos. Le mentí sin reato al responder que no se queda en Popayán hasta terminar su carrera de Derecho, que nun­
tuviera cuidado por ese lado. Le mentí y ahora que su poder sobre mí ca ejerció. Hizo lo mismo que ya habían hecho Gilberto Vieira y Alvaro
se había esfumado como un mal olor, menos todavía quise echarme Vásquez, los dos líderes comunistas más importantes que ha tenido el
atrás en mis planes políticos. país. Yo me vengo es por puro motivo familiar. Habiendo ya perdido un
Vivíamos en Fontibón, un pueblo horrible del que solo recuerdo año sin poder entrar en la universidad, porque no había plata o por­
las calles destapadas, llenas de barro grueso y charcos de agua sucia. que yo ya no estaba interesado, quién sabe. Entonces voy a la sede del
Yo salía por la mañana y todo el día estaba trabajando en Bogotá, casi partido, mejor dicho, creo que voy a la sede del partido, porque en
nunca me invitaban a almorzar y regresaba por la noche a comer lo realidad era la oficina de la ere Independiente, que acabada de salir­
que mi mamá me había guardado. Estaba ya hastiado de esa vida y por se de la CTC por las disputas con los liberales oficialistas. Allí encontré
eso no dudé en aceptar la invitación que un muchacho campesino a Jesús Villegas -que murió hace como tres años-. Había sido diri­
venido de Boyacá y convertido en vendedor de libros me hizo de irme gente nacional de la CTC y ahora encabezaba a la creí. Nacido en
a vivir en la pieza que había sacado en el barrio La Perseverancia, que Segovia, antioqueño, hasta los últimos años fumó y nunca tuvo nin­
yo no había pisado. Se llamaba Moisés Prieto -como el historiador del gún problema por eso; muy jovial, muy sencillo y muy firme, eso sí. Él
liberalismo- y le decían Frijolito, tal vez por lo rechoncho y bajito. fue del equipo de Durán, no del equipo de Vieira, como lo fue igual­
Había trabajado como “secretario” de “El Artista Colombiano”, un mente Luis Morantes, el “Jacobo Arenas” de las farc. Luis y Chucho
viejo bizco maravilloso y desmuelado que hacía sus exhibiciones en el eran de la cuerda de Augusto Durán, que era supuestamente el rival
centro de la ciudad, principalmente en el parque de Santander. Con­ de Vieira en la primera mitad de los años cuarenta. En el partido nos
seguía reunir a decenas de peatones que escuchábamos con regocijo enseñaron que Augusto estaba a favor de crear un partido que le
sus apuntes grotescos sobre la vida y la sociedad. Siempre escogía cayera bien a la burguesía colombiana, mientras que Gilberto estaba
“secretarios” que fueran idiotas o deformes, como actores del espectá­ de acuerdo con las insinuaciones de la Internacional Comunista, es
culo y para que contribuyeran a iluminar más la lucidez macabra de decir, en la posición de clase correcta. Según me contó Alvaro Oviedo,
su amo, que reía con su boca mueca y roja y empujaba con un bastón hoy profesor de la Universidad Javeriana y miembro de la dirección
a la gente para que no estrechara el círculo humano alrededor de su del partido, él está haciendo una investigación sobre luchas sociales
obra. Muchos años después supe que había muerto en la cama de un del siglo veinte con acento en la lucha obrera, y descubrió que todo
hospital, olvidado de todo el mundo. A Moisés le enseñó a escribir eso no era exactamente así, eso de que Durán era de derecha y Gilberto
una hermana mía, que merodeaba por los lados del partido. El leía las era de izquierda, sino que habían sido confrontaciones por el poder en
palabras, interpretaba los signos, pero sus dedos torpes de campesino el partido. Entonces yo encuentro en esa oficina a Chucho fumándose
pobre no eran capaces de reproducirlos. Años más tarde Frijolito, que su cigarrillo o su pipa o algo así, y a través de él conozco a otra gente
tenía vocación para los negocios, le compró el puesto de venta de del partido, incluido Manuel Zapata Olivella, un gran vagabundo de
libros a su patrón, un borracho redomado que se endeudó con él y no la literatura que acaba de morir este 18 de noviembre pasado. Era
tuvo más remedio que entregarle a menosprecio las existencias. Moi­ médico al servicio del partido aunque casi no ejercía, y pocos años
sés montó después un chuzo de libros de segunda en una acera de la después abandonó las filas junto con mucha otra gente de la genera­
carrera décima, no lejos de la recién aparecida Librería Panamerica­ ción de los años cincuenta. Manuel escribió por ese tiempo un libro
na, que tenía un localito en la décima con calle trece, y más tarde en que narraba sus experiencias de andariego por Centroamérica y los

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Estados Unidos. Era uno de los intelectuales del partido, al lado de fue donde empecé a trabajar, a escribir, a corregir textos. Toda la vida
personas como Alberto Silva y Tito Livio Caldas -creadores de la em­ corregí los textos del periódico del partido, para que no salieran tan
presa editorial Legis-, Nelson Robles, Gustavo Vasco Muñoz y mu­ desbaratados como entraban, y por eso tuve problemas con el mismo
chos otros más. Creo que él se encargó de crear un grupo de médicos Filiberto cuando le revisé un documento que había escrito para la
que atendían gratuitamente a los presos políticos y a la gente del página editorial de Voz Proletaria. Gilberto, que sabía escribir bien,
partido, entre quienes recuerdo a los doctores Mendoza Isaza y Henao como sabían Alvaro Vásquez, Reinaldo Ramírez, Cepeda, Mosquera y
Blanco, personas magníficas y desinteresadas. Había un círculo gran­ otros más, leyó el texto y ni corto ni perezoso me pidió que le echara
de de médicos que daban consulta gratis y regalaban medicinas para “una miradita”. Yo, de pendejo, acepté el encarguito y le hice muchas
los presos. En otras ciudades sucedía algo parecido. En Pereira estaba correcciones, porque las merecía, y cuando Filiberto vio cómo había
el cardiólogo Santiago Londoño, un hombre de reconocida solvencia quedado el artículo se vino como una tromba a mi escritorio, blanco
económica y al mismo tiempo muy generoso, que atendía a cualquier de la ira, y me gritó: “Yo no he escrito eso. Usted me cambió las cosas.
persona pobre que se acercara a su consultorio y ayudaba finan­ Escríbalo usted, entonces”. Yo, pacientemente, porque entendía tam­
cieramente al partido. En Cuba estuvo un tiempo haciendo labores bién su punto de vista, entregué al linotipo el artículo inicial, tal como
relativas a su especialidad. Tenía carro, motocicleta y avión personal, había venido. Esa vaina no la entendía nadie, pero él era el jefe y
y me contó que hacía viajes acompañado y en solitario por diferentes nadie se atrevía a contradecirlo. Años atrás Filiberto había sido en­
regiones del país. “Si te decides nos vamos a Bahía Solano o a Unguía”, viado por una temporada a la Unión Soviética, tal vez por motivos de
me dijo cuando lo visité con mi esposa en su finca de Quimbaya. Le salud, y cuando regresó era otra persona, estaba totalmente transfor­
gustaba la velocidad y murió un día en que se accidentó en su moto mado, había dejado para siempre el cigarrillo, tenía la cara rejuvene­
cuando iba a esa finca. La carretera estaba solitaria y al parecer nadie cida y afeitada, llevaba ahora vestidos de paño elegantes y un espeso
se dio cuenta del accidente. Conocí también a Filiberto Barrero, que abrigo azul que remataba con un sombrero caro, y esgrimía permanen­
era el segundo en el partido. Había sido por muchos años del ejecuti­ temente frente a sus contertulios un bendito bolígrafo que machaca­
vo nacional de la CTC, fumaba como un loco y me dio la impresión de ba sin descanso. Filiberto era conocido porque en las reuniones na­
un ser apasionado, lo cual me gustó. cionales se echaba intervenciones estruendosas, se le trastornaba el
JC C : Decían que a los comunistas les pusieron mamertos por­ rostro y amonestaba a todo el mundo con su vozarrón y sus gestos de
que eran Gilberto, Filiberto y Mamerto. tribuno de los años treinta. Pero eso a nadie molestaba, más bien pro­
AD: El del chiste parece que fue el Jorge Child, un gran tipo que ducía risotadas y apuntes simpáticos, porque Filiberto era un hombre
conocí mucho más tarde. Lo que escribió sobre economía política me bueno y tolerante, o por lo menos sabía esconder sus rencores. Traba­
ha servido mucho para entender las cuestiones sociales del país, y jé, pues, en Vanguardia, que después fue cerrado por la dictadura de
aclaro que nunca me he sentido mamerto. Entonces, pues, yo llego y Rojas y reapareció con el nombre de Voz de la Democracia en 1957,
me dicen que qué es lo que yo puedo hacer, que por qué no trabajo luego Voz Proletaria, también por otro cierre del gobierno en 1964, y
con los jóvenes. Me meto a eso del Frente Democrático pero a mí lo finalmente Voz, que sigue funcionando. En todos estuve colaborando
que me gustaba era escribir. Entonces, cuando me informaron que siempre, además de mi trabajo político con la Juventud Comunista y
había una imprenta del partido me puse en contacto con Filiberto, luego con el mismo partido.
que era el que la dirigía. Vivía lleno de grasa y tinta negra en las JC C : ¿Cómo fue eso?
manos y en el vestido de trabajo y me pareció que más sabía de las AD: Primero asistí a la refundación de la Juventud Comunista en
máquinas que de cómo se hacía el periodismo. Y él dijo: “Sí, claro, el año 51, el mismo año en que llegué a Bogotá. Me mandan a la
ayúdame”. La imprenta del partido quedaba tal vez en un sótano de la reorganización de la nueva Juventud Comunista, que desde hacía
carrera décima con calle veintidós, en todo el centro de la ciudad. años estaba en receso, después de haberla fundado precisamente Chu­
No sé cómo habían arreglado la cosa; ahí estaban las máquinas viejas cho Villegas por allá en los años treinta o cuarenta. A la que íbamos a
y de ahí salía el periódico, que se llamaba Vanguardia del Pueblo. Ahí crear otra vez le pusieron Unión de la Juventud Comunista, un nom­

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bre copiado de los ejemplos europeos, porque allá la Juventud Comu­ solo me quedaba quedarme quieto y callado y esperar cualquier cosa,
nista se formó después de la segunda guerra mundial como fusión de incluso la detención policial. Esa noche me tocó dormir ahí con ellos
organismos juveniles socialistas, independientes y comunistas, todos en la hacienda, en el suelo de cemento de un amplio galpón y sin
identificados en la lucha contra el fascismo y que decidieron olvidar comer, y al otro día, mientras todo el mundo se alistaba para ir a su
las diferencias menores debajo de la palabra Unión. El congreso cons­ trabajo, se lavaba la boca y tomaba tinto, yo me alistaba para seguir
titutivo debía reunirse en Viotá, en una vereda que se llama Alto con mi maleta. Cómo te parece, yo sin desayunar ni nada cogí mi
Palmar. Eso fue para mí una aventura, y una aventura peligrosa, por­ maleta y di con el camino, y caminando llegué al Alto Palmar después
que yo ni siquiera conocía bien a Bogotá, menos todavía podría cono­ de mediodía. Al lado de mi fortaleza física estaba la desesperación por
cer el campo. Me mandaron con una maleta llena de insignias, de llegar a donde era el destino correcto, y tal vez eso me dio el aliento
banderas, de folletos y festones para adornar el recinto de sesiones, necesario, porque esa era una hijuemadre maleta y el camino era en
una maleta enorme y pesadísima llena de hoces y martillos. Como yo subida. Cuando supe que había llegado me sentí absolutamente muer­
nunca me he negado a nada —he tenido ese defecto—, entonces car­ to, de sol, de calor, de hambre. Vi una tienda al lado del camino y me
gué esa maleta; no había de otra. Llegué al pueblo y fui hasta donde metí ahí y pregunté: “¿Aquí ya es el Alto Palmar?”. Me respondieron
estaba la salida para el Alto Palmar, y en el comienzo del camino de “Sí, señor”. “¿Dónde queda la escuela?”. “Usted sube esta cuestica
herradura, a la sombra de unos eucaliptos altos, vi a varios campesinos que ve en frente y da la vuelta allá arriba y desde ahí puede ver la
arreglando las remesas en los caballos, para subir la carga a la vereda, escuela, de techo rojo”. Entonces fue cuando se me desató el hambre
y vi que no entraba carro, porque no había carretera, era un camino más tremenda y al mismo tiempo el deseo vehemente de continuar el
de herradura. Yo me decidí y comencé a caminar con mi maleta al camino a todo chuzo. Me comí varios panes con gaseosa que me su­
hombro, una maleta que tú no te la puedes cargar, sino agarrar, muy pieron a gloria, y casi no termino de hacerlo porque apareció detrás
verraco. Y comencé a caminar, y ellos a coger sus caballitos y arrear del mostrador un hombre maduro y alcanzó a decirme: “Por aquí estu­
duro para arriba. Pasaban a mi lado a toda y yo me iba quedando solo vieron preguntando por usted. Dijeron que se les había adelantado y
y emproblemado. Hasta que uno de ellos se condolió y me dijo: “Us­ se fueron”. “¿Quién?”. “Creo que de parte del alcalde”. Con eso bastó
ted para dónde va?”. Yo le contesté lo que pude y me dijo: “Présteme para que saliera a toda. El tendero y su compañera me miraban con
la maleta, yo voy hasta tal punto y hasta ahí le ayudo”. Como toda esa desconfianza y él agregó: “¿Usted viene para la escuela, no?”. Le con­
zona era de influencia comunista, pensé que tal vez el campesino era testo que sí y el tipo me dice: “Váyase prontico, es mejor”. Quizás los
uno de los camaradas o de los amigos del partido. Me ayudó hasta que andaban detrás de mí se fueron por el camino correcto y como yo
bien adelante pero llegamos a un punto en el que me dijo: “Yo cojo me confundí de orientación, cogí el camino por el que ellos no me
por aquí”. Y otra vez yo con mi hijuemadre maleta, y ya no apareció esperaban.
nadie más. Yo no sé cómo no llovió ese día, porque allá llueve a diario, JC C : ¿Siempre se hizo el acto?
y yo llevé esa bendita maleta con las indicaciones que me daba la AD: Se hizo. Claro, esa refundación de la Juventud Comunista
poca gente que topé en el camino: “Váyase por ahí, váyase por allá”. Y fue muy simpática, porque era una juventud de marxistas y de libera­
ya anocheciendo llegué a una hacienda y unos trabajadores, extraña­ les. Por ejemplo, ahí estuvo, que yo recuerde, Luis Villar Borda, estu­
dos al verme, me preguntan: “¿Para dónde va usted?”. Yo les repito vo también un amigo y compañero de luchas de él, Eduardo Gachamá
que para la escuela del Alto Palmar y ellos me dicen: “Esto es Las Perdomo, hijo de un magistrado progresista que, años más tarde, me
Palmas, el Alto Palmar queda lejos de aquí. Usted se vino por donde invitó a su casa para que le relatara lo que había visto yo en Moscú, y
no es”. Yo pensé que ellos desconfiaban de mí y no querían meterse en así otros que poco después me di cuenta de que eran liberales y no
líos con la policía y por eso inventaban el cuento de que estaba perdi­ comunistas. Luis, por lo menos, salía con nosotros a pintar consignas
do. Entonces puse la maleta en el suelo y la abrí para que vieran lo contra la dictadura en las paredes, cuando si te cogían te podían
que llevaba, y uno de ellos, al observar el contenido, se apresuró a joder. Estaba también José Gutiérrez, entonces estudiante de psiquia­
cerrarla y volvió a insistir en que “eso” no era para ese lugar. Entonces tría en París y que fue elegido secretario general de la nueva UJC,
aunque nunca ejerció el cargo porque tuvo que regresarse a terminar hablaron con el gobierno y le dijeron: “No seamos pendejos, no compli­
sus estudios. Estuvo también Femando Hinestrosa Forero, hijo de Fer­ quemos la vaina”. Fíjese, Juan Carlos, que al Tequendama nunca entró
nando Hinestrosa Daza, entonces rector de la universidad Extemado la violencia en el periodo de los años cincuenta. Nunca. Y al Sumapaz
de Colombia. Fue él quien me entregó en la Casa del Partido la ficha tampoco, después de hecha la desmovilización encabezada por Juan
de afiliación a la Juventud Comunista para que la firmara, como efec­ de la Cruz Varela, aunque hubo un enfrentamiento temporal con un
tivamente lo hice. Femando, como tantos otros, muy pronto no volvió grupo de liberales. Yo no he visto que eso haya sido aceptado por la
a acordarse de que había sido comunista. Estaba también Julio Posa­ historia oficial que se escribe en el país, pero esa es la verdad. Fue una
da, el representante de la dirección del partido ante el congreso. Era zona protegida de la violencia que golpeó en casi todas partes, pese a
un sastre antioqueño alto, flaco y cabecipelao, que sufría de asma y estar ubicada a solo dos horas de la capital del país. Así que nosotros
aun así aguantó ese clima de la región cargado de humedad y soportó entramos allá en 1951 porque teníamos esa protección, y seguramente
el regreso a pie haciendo desvío hacia Fusagasugá. Julio, que era res­ se pudo realizar allá mismo el año siguiente la primera conferencia
ponsable de la editorial del partido, Ediciones Suramérica, fue el pa­ nacional guerrillera, a la que le pusieron el remoquete de “Conferencia
dre de Leonardo Posada, un joven que era representante a la Cámara de Boyacá” para despistar. Hicimos, pues, una reunión de tres días, se
cuando los paramilitares (que casi siempre son militares) lo mataron fundó la U jC y finalmente dijimos: bueno, el regreso. Ya el Ejército se
en Barranca a fines de los años ochenta. había dado cuenta, la policía también. Vieron tal vez movimiento de
Se hizo la primera reunión por la noche, en la escuela de la vere­ gente que entró por Viotá, como el ingenuo que les habla, alguien
da, y al día siguiente por la tarde vienen campesinos en medio de la que contó la cosa, etcétera. Porque nosotros en esa época no entrába­
lluvia, nos llaman y nos dicen: “Compañeros, salgan un momentico mos ni de fundas por Viotá, entrábamos por sitios vecinos, como
que tenemos que plantearles algo”. ¿Qué era lo que tenían que plan­ Golconda y otros. Eran caminos de uso clandestino. Si yo ingresé por
tear? Que ahí estaba la autodefensa, que siguiéramos tranquilos la el pueblo fue porque en Bogotá nadie tuvo la amabilidad de indicarme
reunión, que para cualquier cosa que ocurriera ellos estaban a la or­ las cosas en detalle. Yo creo que los muchachos tampoco las sabían.
den. Eran unos doce o quince campesinos jóvenes en formación mili­ Los golpes de la policía siempre son porque se le da papaya. Menos
tar bajo la lluvia, alguno de ellos con un chopito de esos de cacería; mal que la gente del Tequendama era curtida en la lucha y tenía en
no había ahí ningún fusil de guerra, solamente fistos y machetes al alta estima a la organización política. Era la provincia del Tequendama,
cinto, y querían decimos: “Aquí estamos nosotros, tranquilos; no sal­ donde todo el mundo era comunista en los años 50. Lo saludaban a
gan, no vayan más allá del predio de la escuela, para cualquier cosa uno con un “camarada” y los de menos rango con un simpático “com­
que pase cuenten con nosotros”. Eso era una maravilla. Para la época pañero camarada”; a la célula del partido le decían cédula y en di­
ya era raro que la policía del pueblo de Viotá se atreviera a subir a las ciembre del 58 muchos de ellos votaron por el “doctor Plesbícito” en
montañas de los comunistas, porque eso era una provocación. Ade­ vez del plebiscito. La honestidad de esos campesinos era impresionan­
más, todavía no podía entrar carro a la vereda... te, así como el cuidado de todo lo que tenía que ver con el partido. En
Y todo se debía a la fortaleza del partido en esa zona. Después una ocasión en que hacía una larga caminata acompañado de la co­
supe que era además por un acuerdo político con los grandes gamonales rrespondiente “comisión” noté la falta de mi bolígrafo en el bolsillo y
de Viotá, y en general de la región del Tequendama, en el sentido de tuve la ridiculez de informarlo. El grupo paró y uno de ellos, pese a mis
impedir que la guerra que asolaba al país entrara a la región, y la súplicas, se regresó por el camino lleno de barrizales y bajo una lluvia
manera de impedir que la guerra entrara a la región la plantearon los menudita que no había cesado un solo momento, y cuando estaba
camaradas: “que no se aparezca la fuerza pública por acá, que no nos descansando al final del viaje se me apareció para entregarme el ben­
venga a molestar. Nosotros nos encargamos de defender la región de dito bolígrafo de veinte centavos. Desde entonces aprendí a no poner
los ladrones, de los cuatreros”, que era lo que más interesaba a los quejas en el campo, ni siquiera cuando visitaba a algún grupo armado
dueños de las haciendas y a los mismos campesinos ricos y medios. y notaba que las medias que había lavado y puesto a secar al término
Seguramente los hacendados -liberales unos, conservadores otros- de esos largos viajes desaparecían como por encanto.

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Se organizó, pues, la salida de regreso, y comenzaron por advertir: humanos que se creó en el país y fue también senador. Julio estaba en
“Mucho cuidado, mucho cuidado porque en el pueblo la policía está la editorial Suramérica. Pero yo siempre sentí que el partido no le
esperando que vayamos y nos van a coger presos si nos ven”. La otra tenía mucha confianza a Julio. Noté eso y un día lo planteé y nadie me
alternativa era dar un gran rodeo por una montaña y caer al otro lado, respondió una palabra. Así era en el partido. Tú planteabas una cosa
a la carretera que pasaba por Fusagasugá. Para muchos, que no sabían y tranquilamente nadie te daba respuesta, como si estuvieran sordos.
de ejercicio físico ni de deporte, era una caminata larga y penosa. Y eso que yo era de la dirección y había estado también en la cárcel.
Había que subir una colina y volver a caer en otra parte, que ya perte­ A veces he llegado a creer que en el partido ciertos carcelazos eran
necía al municipio de Fusa. Los del grupo más numeroso dijimos que motivo para abrir desconfianza política sobre la persona. Sé de perso­
nos íbamos por ahí, pero los compañeros hijos de papi, no enseñados a nas que salieron del país para escapar de un peligro inminente, real o
esos trajines, prefirieron regresar por Viotá y tan pronto llegaron al ficticio, y que jamás recobraron la confianza de la dirección partida­
pueblo los cogieron a todos, fuera quien fuera. Claro, al otro día esta­ ria. A Julio no le tenían confianza y siempre lo culparon de la caída
ban libres porque eran hijos de familias prestantes, pero a nosotros, del aparato clandestino de propaganda. Bueno, entonces con él sali­
que nos fuimos por el otro lado, no nos cogieron. Recuerdo que eso no mos allá para Fusa, y al llegar a la parte baja cada cual se fue por la
era sino llover y llover, que en la pura cúspide de la montaña encon­ carretera y en diferentes sitios esperó el bus. Unos por allá, otros por
tramos un santuario o adoratorio campesino con imágenes de santos y acá, que no se dieran cuenta que teníamos algo entre nosotros. Esa
pedazos de velas apagadas que no nos atrevimos a prender, y que el fue la fundación de la Juventud Comunista.
pobre Alvaro Mosquera iba con una maleta enorme, parecida a la que JCC : ¿Cuántos fueron a esa reunión?
yo había cargado, con la diferencia de que ahora era peor, porque no AD: Yo creo que fueron unos treinta o algo más, de varias partes
había camino de herradura sino barrizales y cuestas las machas y final­ del país. Unos de Bogotá, los de Santander, del Tolima, de Antioquia,
mente Alvaro resolvió tirar esa maleta al suelo y darle patadas para del Cauca, de la Costa Atlántica, del Valle, más los de Sumapaz y del
que rodara. A Alvaro tampoco le dieron las instrucciones supuesta­ Tequendama mismo. Mis recuerdos políticos de esos años no son pre­
mente “clandestinas” del asunto al llegar a Bogotá, y con vestido de cisos en nada porque yo era un simple muchacho, no entendía nada
paño y encorbatado como llegó de Popayán viajó para la reunión con ni sabía nada, y siempre me ha sido difícil concentrarme en el pensa­
su gran maleta. miento político. Salimos de allá, pues, y seguimos trabajando, hasta
JC C : Se fue de corbata. que se produce en el año cincuenta y tres la subida de Rojas Pinilla al
AD: Sí, así fue. Menos mal que Alvaro conocía la vida del campo poder y ahí sí cambiaron totalmente las circunstancias. Fíjate que
y había hecho labor política con los indígenas caucanos. Pero si a uno cuando se produce el golpe de Rojas nosotros los de la Juventud al­
lo invitan a un gran congreso en la capital del país uno se figura que canzamos a contar cuántos éramos. Propuse que hiciéramos un censo
es en un teatro o algo así, o por lo menos en un lugar de la zona para saber con quiénes contábamos, y salieron cuarenta y dos, en todo
urbana. Y resulta que aquí le dijeron otra cosa y él seguramente no el país. Yo pensaba que éramos miles o cientos, pero la verdad era
tuvo tiempo o no encontró dónde dejar esa bendita maleta y conse­ otra. En ese momento la dirección nacional de la juco estaba com­
guir un morral. Porque es que antes, cuando tú viajabas, en general puesta por el médico Pepe Gutiérrez (ausente del país), Víctor Collazos,
llevabas maletas grandes. Ahora uno se tercia un morral y listo. A lo que estudiaba Derecho en la Libre y nunca se graduó y que en 1956
último, cómo sería la desesperación del pobre Alvaro, que tiraba la fue sometido a consejo de guerra y condenado a un año de prisión
maleta por esas lomas y abajo la volvía a recoger. Esa fuga la dirigió creo que con base en el famoso decreto 434 de ese año, que fue de­
Julio Posada, que había sido el responsable nacional del aparato clan­ mandado por Luis Carlos Pérez; Luis Espinosa, arquitecto recién
destino de propaganda del partido, que finalmente habría de caer en egresado; Hernando Llanos, que después se convirtió en profesor de
poder de la policía. A él, a Hernando Hurtado, a Israel Ortigoza y a la Libre especializado en Marx; Guillermo León Linares, abogado que
otros les metieron como un año o dos años de cárcel. Hurtado después años después fue gobernador del Meta y director del DAS en el go­
fue secretario general del primer comité de defensa de los derechos bierno de López Michelsen; Roberto Castillo, de quien nunca supe

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qué hacía; un filósofo llamado Daniel Díaz, a quien le decían el “Sa­ me escoltaron hasta la radiopatrulla y tan pronto metí la cabeza sentí
bio”, que fue el primer gerente de la nueva (y última) imprenta que ese humor ácido y pesado que dejan los cuerpos eternamente en el
tuvo el partido y que terminó en las filas maoístas, y mi persona. Antes aire de esos vehículos, que se vuelve irrespirable en los primeros mi­
de que terminara la década de los 50 todos ellos habían desaparecido nutos y que debe ser el olor que expide el sudor impregnado de mie­
de las filas comunistas, con excepción del suscrito. Esa era la flamante do. Los detectives se sentaron al lado y en frente de mí y me llevaron
dirección de la Juventud Comunista a mediados de los años cincuen­ de paseo por el Parque Nacional, a muy baja velocidad y hablando en
ta. Nuestra introducción al estudio del marxismo ni siquiera comenzó lenguaje figurado, como para meterme miedo y que creyera que eso
con la lectura de Marx o de Lenin. Conocimos la teoría socialista a era el paseo millonario. Luego me llevaron a la Estación 40 de policía
través de un folleto de Stalin titulado “Cuestiones de leninismo” y que queda en la carrera 13 con avenida 39, y de ahí me pasaron a la
llegamos a la dialéctica materialista con el ensayo de Mao sobre la inspección de policía de la calle 12 con carrera tercera.
contradicción. Vine a leer a Marx muchos años más tarde y jamás En ese tiempo en el partido decían que había un soplón. Yo nunca
ingresé de verdad en el conocimiento de teóricos como Rosa Luxem- creí en eso. En el partido vivían bravos conmigo porque yo nunca
burgo o Gramsci. creía en los soplones. Pero un día me convencí de que era cierto,
Cuando ocurrió el golpe de Rojas Pinilla comenzaron a buscar a la porque me lo dijo Gilberto, que no era hombre de chismes. Él me dijo
Juventud y yo tuve un lance bien ridículo. Resulta que corre la voz de un día: “Mira, si no se sabe si una persona es o no es, lo mejor es
que van a detener a gente de la Juventud. Ya han cogido a gente del deshacerse de ella, porque si no nos deshacemos de ella puede hacer
partido; alguien me lo dice y me pregunta que dónde está el compa­ daño a muchos; en cambio, si nos equivocamos el daño es solo con
ñero Víctor Collazos, un caleño pecoso dotado de una inteligencia una persona”. No poca gente, hasta de la dirección nacional, salía
natural, alegre y con una gran facilidad para hacerse amigo de todo el chamuscada, como le sucedió a Jaime Barrios, un zapatero antioqueño
mundo. Era el verdadero secretario general de la Juventud. Entonces que era el segundo en el partido y a quien reemplazó Filiberto Barre­
me preguntan que qué hay de Víctor, que hay que encontrarlo y saber ro. Me llevaron para la inspección de policía o permanente, que le
en qué situación está. Y yo, que pagaba en junta una piecita indepen­ decían antes, allí en la calle doce entre tercera y cuarta, y me metie­
diente, con puerta a la calle y sin ventana, en el barrio La Perseveran­ ron en los calabozos que quedaban subterráneos, en ese edificio que
cia, me digo: sí, hay que ir a la casa de Víctor. Y me echo ese viaje al debió ser un monasterio y ahora es un edificio de apartamentos nue­
sur, al caer de la tarde, con la esperanza de que por lo menos al secre­ vos en cascarón viejo. Allí había unos sótanos amplios flanqueados
tario general no le echaran mano. Le pregunté que si tenía algo para por unas ventanas altísimas con vitrales, a imitación del gótico, y de­
esconder yo era el preciso, porque nadie sabía dónde vivía yo. Inicial­ bió ser que a medida que fueron mejorando y pavimentando la calle
mente respondió que no, pero yo, como buen voluntario de la causa, 12 la calzada fue subiendo y lo que antes estaba sobre el nivel del
insistí antes de salir de su apartamento y él, como para complacerme, suelo quedó debajo, subterráneo. Todavía tú puedes pasar por ahí y
metió algo en una caja de cartón y me la entregó atada con cordón. observar solamente las partes superiores de algunas ventanas, y se ven
Yo me voy para mi piecita, pero primero uno tenía que bajarse siquiera los mismos vidrios de colores que había en los años cincuenta. Allí
una cuadra antes de donde vivía, para darse cuenta si lo estaban había una sala espaciosa que permanecía día y noche iluminada por
siguiendo, y saqué mi llavesota que cargaba, de esas antiguas de hie­ reflectores que le daban a uno en los ojos. Uno no sabía si era de
rro colado, larga y negra, y la metí en el hueco de la cerradura y la noche o de día. Allí fue donde me mandaron, y no faltó sino que me
puerta se abrió sin que yo girara la llave, con el solo impulso, y se durmiera unos minutos tirado en el suelo de cemento, por el cansan­
prendió la luz adentro y me dijeron: “Siga, bien pueda”. Yo seguí y era cio, y ya me robaron las gafas. Me desperté y fui a la guardia y puse la
la policía que estaba ahí esperándome. Los tipos que me cogieron queja y pedí que me metieran en un calabozo, para evitar otro robo.
estaban de civil y solo uno de uniforme. Uno de ellos me dijo que Me contestaron que no jodiera y que me volviera para mi puesto. Las
conocía a mi papá. No le puse bolas a eso y el teniente o algo así me caras que había ahí me miraban en silencio, unos sentados en el suelo
preguntó: “¿A usted quién lo dañó?”. Cargaron con todos mis libros, y recostados a las paredes, como yo, mientras otros dormían a pierna

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suelta. A los pocos minutos se apareció un muchacho joven y bien De ahí salí para la Cárcel Nacional Modelo, que quedaba en la
presentado que me dijo: “Yo sé quién tiene sus gafas. Deme alguna carrera octava con tercera sur. Estuve en la Modelo casi nueve meses.
cosa para pasársela al tipo y se las traigo”. Yo entendí la trama y no Me condenaron a colonias penales, por un decreto que expidió Rojas
dudé en darle cualquier cosa, y en seguida regresó con la gafas. Des­ Pinilla sobre propaganda subversiva, parecido al de Lleras Camargo so­
pués quisieron robarme la plata que llevaba pero me desperté cuando bre la vagancia, que también daba colonia penal, de seis meses a dos
me esculcaban. Me puse furioso, grité que yo no era el marica que años. Y no me mandaron a Araracuara porque el coronel Alfredo Duarte
ellos pensaban y que estaba era por orden público y que no me jodieran. Blum, que fue quien firmó la sentencia, dizque conceptuó que yo no
Porque ya se había regado el cuento de que me habían cogido con un valía la gasolina que iba a gastar el avión. Me llevaron ante un juez de
muchacho y eso quería decir homosexualismo, y además eso significa­ instrucción militar de apellidos Muñoz Martínez, un hombre sombrío
ba que yo estaba a la orden de ellos para ese asunto. Me preocupé en que no se dignó siquiera mirarme a los ojos y me hizo un interrogatorio
seguida de verdad, me levanté y volví a la guardia y exigí que me absolutamente chimbo. Era pura formalidad, porque lo que me cogie­
mandaran a un calabozo porque me querían robar y violar. El jefe ron en esa bendita caja yo ni siquiera lo había abierto y ni siquiera era
masculló algo como “pues metan a ese marrano al calabozo y que no propaganda colombiana sino dos o tres ejemplares de un periódico lla­
joda más”, y el guardia que estaba a mi lado me dio un culatazo en las mado Colombia Libre que un grupo de liberales de izquierda encabeza­
nalgas y gritó: “ ¡Eche p’allá!”. Fue la primera y única vez en mi vida dos por Héctor Jaramillo, posiblemente amigos de la guerrilla liberal,
que fui golpeado por la policía, pero eso fue mi salvación. Permanecí publicaba en Buenos Aires, Argentina, con dicterios contra mi general
once días en ese calabozo, que olía a orines y a cebo podrido pero que Rojas. Como a los tres o cuatro meses un notificador del juzgado me
tenía puerta de hierro que solo podía ser abierta por la guardia. En leyó la sentencia en la cárcel, sin haber mediado juicio ni nada pareci­
una esquina tenía un hoyo para hacer las necesidades y encima del do. En esa época era muy difícil tener abogados defensores, pues les
hueco había una llave de agua para limpiar y tomar. Todo era de ce­ echaban mano igual que a los defendidos, como le ocurrió a José Uriel
mento sin pañete y por debajo de la lámina de hierro de la puerta se Zapata, un abogado liberal que defendía a presos políticos y fue secues­
podía observar que habían abierto un canalito sobre el piso para que trado por la policía, torturado y asesinado. Entonces, pues, llegó un
corriera el desagüe de los inodoros con su carga inmunda, que algu­ notificador del juzgado de orden público, me esperó en la cafetería del
nos presos removían de su presencia utilizando unas varitas. Yo no patio de entrada, me leyó la tal sentencia y me dijo: “Firme aquí”. Me
podía dejar de mirar eso, pero mantuve la moral con saber que no me pasó el papel y vi que yo estaba condenado y que quien lo firmaba era el
iban a violar. Fueron once días. Casi diariamente podía escuchar gri­ famoso coronel Duarte Blum, que fue el que presidió la entrega de los
tos, quejidos y llanto de presos que seguramente eran torturados en guerrilleros liberales del Llano. Meses antes, en la misma cafetería, ha­
alguna parte que no podía determinar. Una mañana, cuando nos sa­ bía recibido otro documento de manos del notificador. Resulta que cuan­
caban para un patio estrecho donde entraba el aire exterior y podía do me cogieron preso los policías se llevaron todos los libros que tenía
mirarse el cielo, vi a un hombre blanco, de bigotico estrecho bajo las en la pieza, que en su gran mayoría eran de literatura, con unos pocos
narices, despeinado y que portando un ordinario abrigo carmelita ca­ de marxismo, y ya en la cárcel el notificador me entregó una constancia
minaba como un ebrio hacia los baños, cogiéndose de las paredes para que decía más o menos que “en fecha tal de mil novecientos cincuenta
no caer. Primero pensé que era un borracho que acababan de guardar y cuatro en el homo del Servicio de Inteligencia Colombiano han sido
pero cuando el tipo regresó de los baños caí en la cuenta de que era incinerados los siguientes libros pertenecientes a fulano de tal”. En se­
un hombre torturado que apenas podía sostenerse, y eso lo supe por la guida aparecía la larga lista, en la cual figuraba la Biblia, precisamente
mirada silenciosa y reverente que capté en los presos que observaban la primera que yo había podido adquirir. Firmé recibo de ese documen­
la escena en silencio. A ese mismo hombre lo vi en alguna ocasión to y guardé el papel para entregarlo algún día al partido, en espera de
posterior en un acto público del partido, con el mismo bigotico, y me que alguien pusiera la denuncia de ese caso monstruoso. Fue un error
dijeron que era zapatero y se llamaba Murcia. Reía y hasta me saludó mío. En vez de entregarlo a Vieira debí conservarlo y mostrarlo a mis
como si fuéramos conocidos. amigos intelectuales y ellos sí habrían hecho algún alboroto.

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Incluso para salir libre tuve dificultades, ya cumplida la pena y colchón que llevaba enrollado y comencé a sacar de la comidita que
todo eso. No me dejaban salir. Como no tenía abogado ni nada, a mí tenía en el morral y se me acercaban los presos y me miraban y me
nadie me visitó -¡quién iba a ir allá!-. Un abogado de apellido Yancés decían que por qué estaba allí, que “por qué lo trajeron”. Yo contesta­
o algo así, un costeño que el partido debió ponerme de abogado antesito ba solamente: “orden público”. Uno no decía “soy preso político” sino
de ser sentenciado, se presentó a la cárcel y me mandó llamar a la “orden público”; lo había aprendido en el permanente de policía. En
misma cafetería, sin yo saber nada de nada. Imagínate, me llaman a esa época a los de orden público los trataban menos mal que a los
que me presente porque me necesitan en la portería y el tipo me dice: presos comunes, en cuanto a vejámenes y violaciones, pero lo que más
“Yo soy fulano de tal y soy su abogado. Quiero hablar con usted unas me sirvió fue que cuando sonó la corneta para irse a acostar, a las
cositas”. Y yo, totalmente aislado del mundo exterior y a quien ya cuatro de la tarde, se me apareció la virgen, mejor dicho, el ángel de
estaban para condenarme, le contesté: “Yo no lo conozco a usted, no la guarda. Porque allí no había camas sino para unos pocos privilegia­
tengo nada que hablar”. Pensaba que era uno de los mismos de ellos dos y “duros”. Todos los demás dormían fuera de las celdas, sobre el
que se prestaba para la joda de hacerme quién sabe qué trampa. Me piso de los corredores y hasta en los pisos húmedos y asquerosos de los
había entrado a mí la paranoia, y además me asistía toda la razón del baños. Dormíamos sobre el enrejado que tenían los pasillos, segura­
mundo, pues no tenía idea de que me habían puesto abogado ni nada. mente por motivos de seguridad y vigilancia, y uno desde allí podía
Le dije que no le firmaba nada, que yo no necesitaba abogado. Eso tan mirar a los que estaban en la planta inferior y podía tirarles basura,
horrible pasó allá, en el año 54, y toda la vida he sentido pena y ver­ salivazos o colillas de cigarrillo encendidas. Era un hacinamiento total.
güenza por un compañero abogado de quien solo supe tiempo después Y cómo te parece que se me aparece la virgen, se me acerca un campe­
que había tenido que abandonar Bogotá para escapar a la represión. sino y me dice: “Yo soy fulano de tal. Camine, usted se va conmigo, va
En el año 53 yo había ido al cuarto Festival Mundial de la Juven­ a estar todo el tiempo conmigo, no se me pierda ni se deje quitar
tud que hubo en Bucarest, y por eso había estado también en Moscú. nada. Apriete las cosas y no se deje tumbar”. Porque al subir las escaleras
Al año siguiente fue cuando hubo la masacre de los estudiantes de todos se empujaban para ganar puesto, y menos mal que mi amigo se
Bogotá, el 8 y 9 de junio. Allá a la cárcel llevaron muchachos presos y cargó el colchón. “Mucho cuidado con que lo roben, apriete el saco y
luego se los cargaron no sé para dónde. Para esa época había gente de suba conmigo, pegado de mí, no se me vaya a despegar”. Después supe
la juco estudiando en la Universidad Nacional, en la Libre y en el que era un camarada del Llano, de apellido Villalobos, el único preso
Externado. El fuerte de la JUCO era la Universidad Libre y después fue político de ese tipo que había allí, fuera de mí. Me dijo: “Aquí vamos
de cierta manera la Nacional. Ya existía la Unión Nacional de Estu­ a dormir los dos, no se deje quitar el puesto, extiéndase aquí al lado
diantes Colombianos y se produce ese desastre y yo solo veo que lle­ mío, no se acurruque”. Porque es que si tú te encoges, cuando vas a
van la gente que cogieron en eso; a ellos nunca los dejaron mezclarse estirarte no podés porque allí encontrás a los otros, ahí vos tenés que
con nosotros, pero ahí llegó el rumor de la balacera que había habido. estirarte para coger tu pedacito. Además, no podés quitarte los zapa­
Allí me tocó vivir con gente muy variada. Había de todo. El jefe de la tos. Al contrario, yo me los amarraba bien fuerte para que no me los
cárcel era un coronel García Herreros, hermano del padre que fundó fueran a robar, y el relojito con los brazos bien apegados al pecho.
el Minuto de Dios. Era un tipo malencarado y bravo, seco como un Como te decía, había una tercera planta, donde estaban los “es­
poste de cemento, y realmente era una porquería. Cuando llegué a su peciales”. Ahí residían los políticos de la “alta” y estaban los que aho­
presencia el tipo me pregunta: “¿Quién es usted?”, y me añade que ra llamamos paramilitares. En esa época no se les llamaba así, pero eso
por qué me llevan allí, y antes de que yo pueda responder algo grita: eran. Por ejemplo, el Borugo. Ese Borugo era de las huestes armadas
“ ¡Lleven a este vagamundo al primer patio!”. Era el peor patio, el más de Rojas Pinilla, que hicieron desastres en muchos lugares, asesina­
grande y más peligroso, con piso de tierra y arena. Había otros dos más ron gente y robaron. Era muy amigo de la mujer de Rojas Pinilla, doña
y una sección de un tercer piso separada de los pabellones o galpones Carlota o Carola Correa. Era muy amigo de ella, o sea, que la vieja
principales y que era solo para los presos “especiales”, como los llama­ también tenía sus huestes paramilitares, y lo metieron a la cárcel por
ban. Eso fue como a las dos de la tarde. Tenía hambre y me senté en el hacer una fechoría o haber matado a alguien, no sé. Ese era uno de los

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tipos que me miraba desde arriba cuando yo ya estaba en el patio dos, allá abajo”. “Acá no hay espacio”, alegaban unos. “Yo le hago el espa­
porque un notificador del juzgado, tolimense, estudiante de la Uni­ cio”, contestaba el Borugo. Y así fue. Intercedieron ante la dirección
versidad Libre y de nombre Vitelio Hernández, había intercedido para de la cárcel y una mañana se acercó el amigo Hernández y me dijo:
que me sacaran del patio más peligroso y me llevaran al segundo, que “Coja sus cosas, que usted se va para el tercer piso”. Ahí mismo recogí
por lo menos tenía el piso de cemento, contaba con talleres para tra­ mi colchoncito, ¡y para el piso de especiales! “¿Y dónde voy a dormir?”.
bajar y colindaba con el pabellón de “especiales”. Hernández era un “No, usted va a dormir debajo de mi cama”, me informa el Borugo.
joven magnífico -como pude comprobarlo cuando salí de la cárcel-, “Debajo de mi cama va a dormir por dos razones: la primera es que no
compañero de estudios y tal vez hasta familiar de Humberto Oviedo hay dónde más, y la segunda es por su seguridad. Aquí a mi cama me
Hernández, abogado del partido y quien me ayudó a salir del sic y la respetan, no se afane. Cuando yo me vaya, dentro de tres o cuatro
siguió ayudándome en cada nuevo carcelazo. Me pasaron, pues, al meses, usted va a tomar mi cama, pero por ahora usted va a dormir
patio 2 y ahí, desesperado de no hacer nada y ni siquiera poder leer, debajo de mi cama porque es el único sitio seguro que hay aquí”.
me resolví un día a pedir trabajo en un taller de alpargatas de cabuya. Efectivamente, el Borugo salió libre poco después y años más tarde
Me preguntaron qué sabía o qué quería hacer y respondí que lo que supe que estuvo en Nicaragua o Guatemala, de asesor de uno de esos
ellos quisieran ofrecerme y yo pudiera hacerlo, y que no iba a cobrar gobiernos. Ese era el que mandaba ahí y yo dormía debajo de la cama
por eso sino solo ocupar mi tiempo. “Sí, bueno. Siéntese ahí, coja estas de él. Me pidió que le contara lo que me había pasado y me dijo: “Yo
alpargartas y las va peluqueando con estas tijeras”. De la fabricación soy amigo de doña Carola, ella me quiere, yo con ella hablo casi todos
de la alpargata sobran hilachas que hay que cortar a ras para que la los días. Haga una carta para ella. Dígale que usted se arrepiente,
pieza quede más pulidita. Como a los tres días me dice uno de los que usted nunca quiso hacer daño”. Todo lo que me dijo el Borugo lo
tipos: “¿Usted no quiere bañarse?”. Llevaba varias semanas sin poder escribí, aunque no lo sintiera, y no porque esperara mucho de eso sino
hacerlo en forma, me sentía horrible y contesté que claro que sí, pero por no contrariar a la persona que me estaba ayudando, porque él
que me daba miedo porque había visto de qué manera los presos mira­ insistía todos los días en lo mismo. Claro, también por la soledad y la
ban a los que se metían a las regaderas y temía una violación, además exasperación mía en esa cárcel, que no era como las de ahora. En ese
de la robada de la ropa. Eran unas duchas descubiertas, lo mismo que tiempo no había trabajo de talleres mecanizados ni derechos de los
los inodoros, y había gente que se la pasaba mirando fijamente a los presos ni organización de actividades de los presos ni comités de dere­
que las usaban. Miraban como se puede mirar una mujer desnuda, chos humanos ni defensor del pueblo ni nada de eso, como ahora. Yo
igual. Había un homosexualismo muy verriondo, y yo con mi machis­ ni siquiera tenía un libro para leer. Un día me senté y le hice la carta
mo que no tiene límites... Y la cosa simpática fue que luego descubrí a mano a doña Carola. Le dije que yo era un muchacho sano, que me
que el que me había sugerido lo del baño en esa helada agua bogota­ había metido en vainas pero que nunca eran contra nadie en particu­
na era homosexual, aunque el tipo no lo delataba. Era en verdad un lar y menos contra el gobierno. Yo me imagino que escribí eso porque
joven campesino buena gente y sobre todo pacífico, y estaba por homi­ eso era lo que el Borugo me decía: que yo tenía familia, que yo quería
cidio. Se me acercó y me dijo: “Yo le cuido la ropa, no tenga miedo, yo volver donde mi papito, donde mi mamita y todas esas mentiras. De
le cuido la ropa”. Porque tú que te desvistes y te roban la ropa, herma­ esa carta nunca tuve respuesta; se la llevó el Borugo y no supe nada
no, y él me tenía la ropa ahí en sus manos mientras yo me metía a más. Tal vez todo era pura paja del Borugo.
bañarme. Y era un círculo ahí mirándome o haciéndose los pendejos Esa fue la estancia ahí. Aprendí mucho en la cárcel. Con otros
pero mirando, y yo más apenado que el diablo y sacando de tripas muchachos formamos un equipo de fútbol para jugar en el pequeño
corazón... Y luego volverme a poner la misma ropa si era que no había patio encementado y cuando estábamos en lo mejor del campeonato
llegado todavía la ropa limpia que me mandaban de la casa, y así yo nos llegó la orden de suspender la función. La determinación de las
me bañaba, digamos, cada tres, cuatro días. Entonces, pues, el Borugo autoridades de Justicia decía que la cárcel era un lugar de castigo, no
veía desde el tercer piso todas esas cosas y averigua quién era yo y de diversión. Eso lo denuncié tan pronto salí libre y por conducto de
dice: “¿A ese muchacho por qué no lo traen para acá? Lo van a joder Villar Borda lo publicaron en Mito, la revista de Gaitán Durán. No

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quedaba sino tener más paciencia y aguantar. Finalmente, un día me En esa época también se celebraba el día de los presos, en septiem­
llamaron y me dijeron: “Hay una cosa que trae una persona para us­ bre, y alguna oficina del gobierno se apareció con regalos. En ese año
ted”. Eran algunos libros. Sobre todo recuerdo la historia de Colombia fue María Eugenia Rojas con sus empleados de Sendas, la oficina social
de Henao y Arrubla. Como nunca hablamos de estas cosas en el parti­ que su papá le creó para que hiciera política desde la presidencia.
do, pienso que esos libros me los mandó Gilberto con García Márquez, Sendas quería decir Servicio Nacional de Asistencia Social y funciona­
porque ese día él fue a la cárcel a entrevistarse con un peruano que ba en la carrera séptima con calle sexta, en ese edificio alto que hay
había sido ministro de Gobierno del Perú. Era un tipo fornido y altísi­ frente a la iglesia de San Agustín y que alojó también por muchos
mo, de ojos y párpados gordos, pelos en el pecho y las orejas y barriga años una instalación de la Policía y una residencia femenina para
prominente, ya canoso y barbado y que reía con el estómago. Era una estudiantes. El regalo para cada cual venía envuelto en papel de
cabeza chiquita encima de una mole de carne llena de vellos. El hom­ colorines y se componía de una pasta dental pequeña, un cepillo de
bre estaba encerrado ahí por unas estafas las verracas y sus compañe­ dientes, una toallita pequeña, un calzoncillo, una camiseta de esquele­
ros de prisión eran otros estafadores, abogados y arquitectos. Me dijo to, un par de medias... Eso era todo lo que tenía el atado que le entre­
que era amigo personal de García Márquez, al que llamaba Gabito. gaban a cada uno. Ella se sentó arriba en una tarima y nosotros abajo,
García Márquez no era todavía la personalidad tan grande que hoy en el patio del fútbol, e iban llamando a la gente y la gente subía una
conocemos, pero estaba ligado a la izquierda y era amigo de Vieira. escalerita de cemento, recibía de ella el paquete, lo agradecía y vol­
Por eso deduzco. Me pareció haberlo visto en la puerta principal cuando vía a bajar. Entonces yo ya había conocido a unos dos o tres presos
estaba despidiéndose, nada más. políticos liberales, entre ellos un hermano menor de uno de los Fonseca,
guerrillero liberal de Boyacá, y él dijo: “Yo no voy a recibir esa porque­
JC C : ¿Usted había leído cosas de él?
AD: Lo que aparecía en la prensa, tal vez en El Espectador, sus ría. Que el que quiera recibirla, que la reciba, pero yo no”. A mí se me
subió la temperatura y respondí: “Yo tampoco”. No fuimos a recibir.
reportajes. Poco después leí “La hojarasca” y de ahí en adelante casi
Entonces otros tipos que estaban ahí, campesinos o en todo caso muy
todo lo que ha escrito, pero en ese tiempo, año 54, era reconocido más
que todo como periodista, por sus reportajes. En esa cárcel me tocó pobres, me dijeron: “¿Por qué hace eso, hombre? Si usted no quiere
duro, porque sin poder ni siquiera leer... Es cuando me voy a ayudar a esa vaina vaya y la recibe y me la da a mí”. Entonces yo subí, cogí mi
la misa, por hacer algo. Un domingo no quise ir -uno de esos días que atadito y se lo di a quien me lo había pedido. Y el otro que dijo que no
uno tiene-, me dio por no ir a misa. Me pregunté: “Bueno, ¿y yo por subía finalmente también subió e hizo lo mismo. Esa fue la primera y
qué tengo que ir a misa?”. Los domingos era obligatorio, y yo pensaba única vez que vi a María Eugenia cerquita. Era joven, no bonita, para
que era un preso que no tenía derechos políticos; que entonces, ¿por nada bonita, pero fresca y bien dotada. Creo que estaba para casarse.
qué tenía que ir a la bendita misa? Me quedé en la cama. Ya estaba Claro que a uno en la cárcel ninguna mujer le parece fea de ver­
durmiendo en camarote, y precisamente descansaba en la parte alta dad. Nosotros acostumbrábamos a subimos a la azotea del patio de
de la litera, encima del ministro peruano, y llegó un guardia y me dijo: “especiales” y mirar horas enteras hacia los edificios vecinos, y cuan­
“¿Usted qué hace aquí, señor?”. Le dije que no quería ir a la misa y do uno de los voyeristas encontraba algo de interés inmediatamente
ahí mismo me bajaron y me metieron al calabozo, aislado de todo el daba la alarma para que los demás fuéramos a mirar. Yo alcancé a
mundo. Era una estancia aparentemente improvisada, cubierta de una mirar cuadros y el que más recuerdo es el de una muchacha que salió
lona y con piso de tierra, que despedía polvo al menor roce de los pies. desnuda de la ducha y tomó una toalla de un alambre tendido... Los
Como yo nunca tenía visitas familiares, a diferencia del grueso de los sábados eran de bacanales ahí con los maricones. Los tipos del piso de
detenidos, me sorprendió que precisamente ese día se me apareciera “especiales” eran dañadísimos. Mandaban a traer homosexuales de
ante los ojos una figura inesperada: don Matías. De alguna manera los pabellones. Subían allá vestidos de mujer. Eso era increíble, her­
consiguió ingresar en la cárcel, preguntó por mí y apenas le permitie­ mano. En semejante miseria de cárcel, esos tipos yo no sé cómo conse­
ron mirarme desde prudente distancia. Me saludó en silencio con un guían ropa femenina y quedaban exactamente como mujeres. Tú no
gesto de las manos y en seguida desapareció. podías distinguir. La primera vez que una de esas se me apareció en la

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celda yo sinceramente creí que era mujer de verdad, y además muy 19 no había sido ampliada y convertida en avenida y por tanto ese
bella y delicada. Los del pabellón de “especiales” los mandaban subir edificio existía todavía. Allí nos sentamos y me dice que por qué no
para que bailaran y gozaban de maravilla con eso, especialmente un me pongo al frente de la Juventud Comunista. Yo le confieso sincera­
abogado altísimo y calvo que había estafado a un jurgo de gente y era mente que no serviría para eso, que yo no era capaz de dirigir nada y
el par del ministro peruano. También decían que algunos mandaban que había decidido continuar mis estudios porque necesitaba
traer maricas de fuera y les pagaban por eso. ¡Qué verraquera! No escamparme un poco de la policía y la familia presionaba mucho para
había forma de tener uno cine, nunca había una clase de cultura, que yo entrara en la universidad. Creo que él salió decepcionado de
nada. Yo traté de crear una escuelita ahí para enseñar a leer y a escri­ mí, con toda razón, y el que entró a ejercer ese cargo fue Plutarco
bir pero eso fue imposible. La norma decía que ese era un lugar de Elias Ramírez, que se avenía bien con Filiberto. Recuerdo que una
castigo, no de diversión, ¿quién dijo eso? La única diversión que ha­ vez me encomendaron ir a Ibagué y contactar a un camarada en for­
bía era subirse a la azotea a mirar, porque a veces podíamos ver a esa ma reservada, aprovechando que allá nadie me conocía, para enterar­
muchacha que estaba como a media cuadra, un poquito más, que se me de la marcha del partido y aclarar el rumor de que la dirección
bañaba y que podíamos ver cuando estaba desnudándose. Entonces regional había amenazado con no permitir la visita de ningún dirigen­
ese momentico, mientras ella se desnudaba y entraba al baño, ese te nacional del partido a esa región. Hice el contacto y fui a una
momentico era todo el cine, esa era nuestra televisión de pobre. Al­ reunión nocturna también reservada en un pueblito cercano de Ibagué,
gunos presos escribían y distribuían novelas hechas en las celdas, para tal vez Piedras. La reunión fue en un potrerito rodeado de árboles,
consumo interno por entregas. Tecleaban maquinitas de escribir de completamente a oscuras, y no pude distinguir ningún rostro. Allí me
mala muerte y supongo que se ayudaban monetariamente con eso. aseguraron que el chisme no era verdad, que la dirección nacional
Uno no alcanzaba a enterarse de quiénes eran los personajes centra­ podía venir cuando quisiera. Regresé a Ibagué con las botas hechas
les de la novela cuando ya ellos estaban haciendo bellezas y horrores una desgracia por el barro que había amasado en el viaje y me senté
en la cama, y todas las historias terminaban con sangre y cuchillos en una banca del parque para que me las limpiaran y evitar llamar la
entrelazados. La imaginación de los literatos era inagotable porque atención, y antes de tomar el bus de regreso a Bogotá, extrañamente,
las novelas circulaban a diario. Pude leer algunas a pedacitos, en prés­ sorprendí a Filiberto y Plutarco siguiéndome disimuladamente por las
tamo de algún compañero, porque me habría dado vergüenza que me calles de la ciudad. Todavía recuerdo la figura del viejo Fili dando un
descubrieran la joya entre las ropas y porque además nunca tuve di­ brusco viraje en la marcha, volteando la cara y regresándose por la
nero para comprarme una completa. acera cuando vio que yo lo había sorprendido, y al mono Plutarco
En algún momento cundió la noticia de que se habían volado dos detrás y con la sonrisa en los labios ante tan ridicula situación. ¿Me
reclusos y habían sido recapturados días más tarde. A uno de ellos lo cuidaban o espiaban mis movimientos? ¿Estaban en otra misión y tu­
vi haciendo plantón sobre una banca larga y endeble que había en el vieron la mala suerte de toparse conmigo? Nunca lo supe ni lo pregun­
corredor del patio de entrada, al lado de la guardia. Estaba con las té ni me importa. De todas maneras, quedó demostrado que las ame­
manos esposadas en la espalda y en solo pantaloncillos. Era un cholo nazas contra la dirección nacional eran puro cuento de los disidentes.
joven y grueso, con el cabello cortado al estilo indígena, parecía llorar JC C : ¿Por qué sale de la cárcel?
en silencio y todo su cuerpo tiritaba de manera angustiosa, como si no AD: Porque se cumplió la pena. Y tuve que pelear, porque se pasa­
fuera por el frío sino por algo que le habían puesto en el organismo. ron casi dos semanas por encima del término de la pena. En esos últi­
Era claro que lo habían torturado. La gente lo miraba en silencio y yo mos días, mientras caminaba hacia mi patio, tuve la sorpresa de ver,
no aguanté y me escabullí de la escena. En mi pabellón solo había del otro lado de las rejas, a un grupo de campesinos del que sobresalía
ladrones, estafadores, presos comunes, asesinos, y cuando salgo de ahí por su estatura y su gran sombrero el camarada Isauro Yosa, legenda­
no pienso sino en la manera de rehacer mi vida. Entonces, por algún rio luchador agrario, miembro del Comité Central comunista y uno de
conducto, Filiberto Barrero me pone una cita en el Café de la Paz, los formadores políticos de Manuel Marulanda, a quien acompañaría
que quedaba en la calle 19 con la carrera séptima, cuando todavía la también cuando las cumbres de Marquetalia fueron tomadas por el

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ejército en 1964- El grupo había sido capturado durante la ofensiva turbadora franja de sus pantaloncitos blancos. Unas aseadoras se die­
militar desatada por el gobierno rojista contra los reductos de la ron cuenta de la situación y disimuladamente se acercaron a ella y le
autodefensa de Villarrica, una parte de los cuales alcanzó a desplazar­ informaron del suceso. Ella cerró abruptamente sus piernas pero si­
se a las tierras de El Pato, en el Caquetá, y evitó su destrucción. Entre guió leyendo en el sitio. Yo ya no podía perderla de vista. Estaba en mi
los campesinos, que llevaban ropa de clima caliente, había uno que curso y allí acabé de conocerla mejor. Celebraba a grandes voces las
tenía una bala en el cuerpo y las autoridades se habían negado a ocurrencias de sus compañeros y acostumbraba entretenerse en clase
permitirle recibir atención médica. Conversé con ellos y les prometí desbaratando y volviendo a armar el reloj de pulsera que cargaba. Se
comunicar su situación al partido, pero me pareció que la dirección embebía en esa tarea pero al mismo tiempo miraba por ratos al tablero.
ya estaba suficientemente enterada del problema y además era poco En una ocasión tenía la mesa del pupitre llena de las piecitas que
lo que yo podía hacer. Lo cierto es que en la próxima ocasión que había desarmado mientras el profesor de cálculo llenaba literalmente
intenté contactarme con ellos en la cárcel no los encontré. Se habían el tablero con el desarrollo de una fórmula y ella lo interrumpió: “Pro­
esfumado del entorno y no volví a saber de su suerte. fesor, tiene un error”. “¿Error? ¿Dónde? Venga y lo señala, por favor”.
Los últimos quince o veinte días me dieron permiso para pasar el Ella se levantó y fue derecho y puso su dedo acusador sobre el núme­
día en la calle y la noche en la cárcel. Yo venía a mi casa (no tenía a ro. El profesor le dio la razón y volvió a su puesto a continuar la relo­
dónde más ir, ¿qué podía hacer?), me bañaba con agua tibia y estaba jería. Los estudiantes la admiraban pero al mismo tiempo la temían y
todo el día caminando, mirando el mundo; no tenía un peso en el hablaban de la “loca” a sus espaldas. Ella era seria conmigo pero se
bolsillo y regresaba a la cárcel cuando se acercaba la hora de entrada, presentó un quiebre que salió en mi ayuda. El trabajo de taller sába­
a las cuatro de la tarde. Pero en esos quince días tuve que pelear, dos y domingos era extenuante y alguien propuso llevar un radio para
porque ya deberían haberme soltado. Entonces yo, después de eso, escuchar música. Yo me adelanté y ofrecí traer uno, pero bajo la con­
¿qué puedo hacer? Regresar a mi casa porque no tengo más a dónde, dición de que yo decidiría sobre la clase de música a escuchar. Acep­
y viendo a ver cómo me volvía a escapar. Me dijeron que por qué no taron fácilmente, cosa que me pareció increíble. Cuando la judía des­
me ponía a estudiar y me metí a arquitectura en la Universidad Na­ cubrió que yo solo ponía música clásica, que transmitían por la Radio
cional y allá eso fue otra cosa. Nacional y por la Hjck -en los tiempos en que la orquesta más trans­
En la facultad conocí a una magnífica muchacha austríaca de mitida era la Filarmónica de Filadelfia y los directores más nombrados
ascendencia judía. Creo que en ese momento era la estudiante más eran Stokovski y Toscanini-, se dio cuenta de que yo existía. Comen­
reconocida y visible de toda la Universidad. Todo el mundo tenía que zamos a hablar de música, seguimos con literatura y arte y ya no fue
ver con ella. Era mona y de ojos azules, aunque un tanto bajita de necesario nada más. Ella me enseñó a conocer a Mozart, de quien yo
estatura. No era ciertamente una reina de belleza, pero académica y tenía la impresión de que se trataba de un compositor de música ga­
espiritualmente estaba por encima del conjunto de estudiantes de la lante. Cuando escuchaba alguna melodía de su especial interés se
Facultad. Hablaba y escribía en alemán, inglés y francés y siempre separaba de su mesa de dibujo y venía a colocarse cerca del aparato.
llevaba consigo un libro para leer en los ratos de descanso. Intervenía Llevaba el compás con leves movimientos de cabeza y regresaba a su
en cuanta discusión se presentara pero no lo hacía como un desafío. sitio. Era la única muchacha del curso que fumaba. Usaba calzado de
Creo que se daba cuenta del bajo nivel de formación intelectual de tacón bajo y medias tobilleras, pero cuando se peinaba con juicio y se
sus condiscípulos y que hacía esfuerzos para no dejarlos tendidos en el ponía medias veladas y tacón alto era más mujer y más atractiva que
ruedo. Aparecía y desaparecía de la Ciudad Universitaria como una cualquiera de sus delicadas compañeras de clase. Claro, todavía no
exhalación y siempre tenía algo que hacer en otras facultades. Nunca había llegado la moda de la minifalda ni la media-pantalón y la fanta­
le conocí un hombre especial a su lado, sin embargo. La primera vez sía masculina tenía que hacer mayores esfuerzos. Noté que en cierta
que me llamó la atención fue una mañana, antes de la clase de siete. manera los hombres le temían y pensé que eso se debía a que ella era
Estaba sentada en las amplias gradas que daban acceso al edificio de más culta y libre que ellos. Siempre estaba llena de preguntas y metía
Arquitectura, leía algo y tenía las piernas abiertas que dejaban ver la la cucharada en todas las discusiones, pero siempre sus palabras eran

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claras y racionales y a ellas, como a las de Sócrates, era difícil no era conocido en los medios artísticos nacionales y no ocultaba sus
responder: “Sí, así es. Tal como tú lo planteas”. simpatías por el franquismo. No quedaban sino los dos profesores de
Nos encontrábamos fuera de los predios universitarios y huíamos matemáticas. El de cálculo era magnífico, profesional en todas sus
de nuestros condiscípulos. Había vivido con el temor de que el hom­ cosas. El de álgebra era un alemán, Juan Herkrat o algo así -no re­
bre que se prendara de ella descubriera que no era virgen y la aban­ cuerdo bien-, que años más tarde se convirtió en figura académica de
donara. Yo reí de buena gana sobre sus lágrimas el día en que me lo la Nacional y en profesor emérito. Para la época de que hablo era un
confesó e inició una explicación no pedida. Me llevó a su casa y me joven alto, de gafas, sencillo como el que más y de buen trato con sus
presentó a sus padres, que nunca creyeron en novio colombiano para alumnos. La mona de mi cuento le decía Juanito y él la apreciaba
su hija pero nada le impedían. Me introdujo en su alcoba y yo tembla­ mucho. En la solución de los exámenes escritos que nos ponía yo uti­
ba del susto porque ella no cerraba la puerta. Me sostenía que su lizaba términos jocosos y el hombre se moría de la risa. Un día cual­
padre nunca entraba en su aposento y que su madre no lo haría sin quiera contó a un grupo de alumnos que había estado en el asedio
previo permiso de la hija. Los dos eran músicos profesionales y al gran alemán de Moscú durante la segunda guerra mundial, cuando apenas
piano que había en la sala le hicimos el homenaje de nuestra admira­ era un jovencito. En la primera ocasión que tuve le conté en privado
ción y nuestro amor una noche en que los dueños de casa estaban de que yo también había estado en la capital soviética, y al momento su
recepción en alguna parte. rostro enrojeció hasta las orejas, como si hubiera sido sorprendido co­
Era buena caminante y en una ocasión me llevó por un sendero metiendo un acto obsceno. Pensé en la población civil que había so­
que partía de la falta de los Cerros, arriba de la calle 63, y conducía a portado los sitios alemanes en Leningrado, Stalingrado y Moscú y me
una hondonada al otro lado de la cima, donde corría una quebrada apenó haberle hecho pasar un mal momento.
fría y limpia en la que la muchacha tuvo la osadía de bañarse, mien­ Pero lo de la arquitectura no podía durar. Porque entonces es cuan­
tras yo esperaba impaciente, ocultando mi temor. Nadie en la univer­ do digo que no puedo más, no puedo más seguir porque estoy muy fi­
sidad se dio cuenta de nuestra relación, ni ella supo nunca sobre mi chado por la policía, me interesa más la política que la arquitectura, lo
militancia partidista, aunque nos escuchábamos mutuamente las con­ hago más que todo por escampar un poco. Cambiaron mis dificultades
cepciones políticas que teníamos, totalmente contrarias. Desde un porque me dieron una beca. Daban becas a los mejores estudiantes y yo
principio ella me dijo que todo su plan de vida desembocaba en ir a me la gané desde el segundo año. Después me salí, al terminar el se­
trabajar en Israel, y creo que cumplió su cometido luego de que, años gundo año. No era posible estudiar y hacer política, me acosaba dema­
más tarde, nos encontráramos por última vez en Medellin. Yo necesi­ siado la policía, y es cuando yo decido retirarme de la universidad.
taba guardar un bajo perfil y Arquitectura estaba mejor que mandada Dicen que el mundo da muchas vueltas. Pero para quienes han hecho
a hacer para eso. En ese tiempo, en plena dictadura rojista, creo que una labor por los demás y en fin de cuentas por nadie, pero en todo caso
ya funcionaba la Unión de Estudiantes Colombianos (Unec), suceso- no por beneficio personal, el mundo sigue siendo el mismo del principio,
ra de la Federación de Estudiantes Colombianos (FEC), y su presiden­ parece haberse petrificado y presentarse siempre en tiempo presente.
te era el liberal Crispin Villazón de Armas, que después fue ministro y No veo cambio entre lo que fui en el 54 y hoy, medio siglo después,
varias cosas más, pero solo había movimiento estudiantil fuerte en las quizás porque nunca he abrigado planes de vida personal y porque soy
facultades de Medicina e Ingeniería y en cierta manera en Derecho. capaz, no de perdonar, sino de olvidar las ofensas, lo cual es más defini­
En la nuestra prevalecían los hijos de papi, las niñas muy educaditas y tivo y cuesta menos. Lo mismo pasaba con los compañeros que casual­
recatadas, aunque algunas con novio a la vista, y los profesores de mente me veían caminando por la carrera séptima de Bogotá y apresu­
derecha. El de Construcción era negro, pero petulante y además con­ raban el paso para no saludarme porque sabían que había estado en la
servador. El de geometría era un hombre retraído que, según mis con­ guandoca. Entonces supe tardíamente, por boca de Zapata Olivella,
discípulos, vivía fuera de Bogotá y llegaba a la Ciudad Universitaria a que él y sus amigos habían intentado recoger firmas de intelectuales al
caballo. Lo dejaba en la facultad de Veterinaria y caminaba hasta su pie de un documento que protestaba por mi detención y pedía solidari­
sito de trabajo. El de historia del arte, un español de apellido Borobio, dad conmigo, pero que había sido muy difícil que alguien firmara el

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papel porque casi nadie me conocía. Manuel dirigía una revista litera­ ninas porque llevaban guantes delicados y muchas usaban sombreri-
ria que financiaba la Compañía Colombiana de Seguros y se llamaba tos y otras llevaban también velitos sobre la frente. Se veían limpias y
Vida o algo así, y en ella me había publicado uno o dos artículos. Final­ agradables y me imagino que todas eran empleaditas de oficina. Can­
mente sentí que no podía seguir en Bogotá. Quería perdérmeles a los tidades de tipos llevaban ropa de paño negro, sombrero y paraguas, y
dos, a enemigos y amigos. Eso también me impulsó a salir de la ciudad. pocos años después comencé a ver muchas gabardinas. Bogotá era
Entonces me dicen en el partido: “Usted se va para Medellin. Allá todavía una ciudad tranquila y uno podía llevar a las popelinas al
eso está mal. Usted va para allá a ayudar a levantar eso”. La partida Parque Nacional de día o de noche sin el temor de ser asaltados. Yo
debió ocurrir en julio del 56, porque a los pocos días, el 6 de agosto, se creo que todo eso comenzó a acabarse en los sesenta. Se fueron aca­
produjo el estallido de los camiones del Ejército cargados de dinamita bando los vestidos de paño negro, los sombreros de hombre y de mujer,
en Cali, frente a la estación ferroviaria. Fueron como siete u ocho los los paraguas negros y finalmente hasta las gabardinas.
camiones que explotaron. Eso fue una verdadera catástrofe, que provo­ Yo trataba de gozar la ciudad pero nuestro aislamiento político de
có cambios urbanísticos en la ciudad, una tragedia inmensa. Al otro la gente nos hacía llevar una vida cultural muy pobre. Recuerdo que
día salió El Espectador con un titular de primera plana y ocho columnas acompañado del pintor Manuel Reyes, entonces joven comunista ad­
que decía: “Laureanistas y comunistas culpables de la tragedia”, o mirador de Cézanne, iba a visitar a Juan Francisco Mújica a su casa
algo así. Por eso recuerdo ese momento. Entonces comienzo mi vida del barrio Santafé, donde a principios de cada año su familia acos­
en Medellin. tumbraba ofrecer un almuerzo al comité ejecutivo central del partido.
JC C : De eso podemos hablar luego. Solo quisiera hacerle dos Pacho tenía una biblioteca literaria fabulosa y nos traducía textos fran­
preguntas antes de terminar. Usted me decía que la metrópoli en ceses que le parecían interesantes para nosotros. Toda su biblioteca la
Popayán era Cali. ¿Cuál es el impacto que le produce la ciudad de donó al partido, que inicialmente hizo la prueba de ponerla a disposi­
Bogotá? ción de la militancia en la misma casa del partido, pero finalmente,
AD: La Bogotá que yo conocí en el 51 era una ciudad fría pero en una decisión acertada, la entregó a la Biblioteca Nacional, creo
mansa, anónima, donde nadie miraba a nadie ni a nadie le importaba. que cuando su director era Carlos José Reyes. A Mújica, que poseía
Yo me venía a pie desde la 59 hasta el centro, para conocer y gozar la una cultura respetable y sencilla, nunca lo vi interesado en escribir
ciudad. En la carrera décima con 28, hasta dar con el Hotel siquiera un artículo de periódico, y en sus últimos años, ya mayor de
Tequendama en construcción, todo estaba en obra, había como un ochenta, se dormía en las reuniones del Comité Central pero la gente
cuartel improvisado del Ejército y a un lado aparecía una pequeña seguía obligándolo a esa tortura. Dos o tres minutos después de inicia­
casa de un solo piso y con antejardín invadido de materiales de cons­ das las sesiones Pacho dormía quietico, con la cabeza inclinada sobre
trucción que tenía en la fachada un letrero: Banco Popular. Era el el pecho y las manos entrelazadas, sin hacer ruido. Nacido en Socorro
nacimiento del banco que fundó Rojas y le entregó a uno de sus áulicos. en 1895, profesor de la Universidad Libre y la Nacional y magistrado
El tranvía iba desde la Avenida Jiménez por toda la carrera séptima de la Corte en 1935, según he leído, estuvo preso catorce veces, entre
hacia el norte y hacia el sur, hacia Chapinero bien al norte y hacia el ellas la del 9 de abril de 1948. Fue el primer director que tuvo el
sur por lo menos hasta el cementerio del sur. No es verdad que des­ semanario Voz de la Democracia.
pués del 9 de Abril dejaran de funcionar los tranvías, como escriben Pero la ciudad no me conmovió mayormente porque nunca me ha
hoy en los periódicos. Los “buses municipales”, que eran del Estado, gustado, ni el clima ni la gente. He vivido aquí forzado, porque la
tenían choferes de uniforme, y lo mismo los troles que introdujeron vida lo determinó así, porque nadie me ofreció un trabajo estable en
después y donde uno se sentía como en Europa. Los choferes no se otra parte. Llego a vivir en la calle 59A, frente a un edificio que hace
quedaban con los vueltos, los carros respetaban los pares en las boca­ rato es un hotelito de citas pero que entonces era una calle apacible,
calles y no las invadían y en los bancos nadie atendía al público en calle 59A entre la carrera 13A y la avenida Caracas. Llego allí y yo,
camisa. Las muchachas me impresionaron mucho porque además de desesperado por saber cómo era la ciudad, salgo en la misma noche a
ir bien vestidas, comparadas con las popayanejas, se veían más feme- dar una vuelta. Tomo la Caracas y pienso que el centro debe estar

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hacia la derecha y empiezo a caminar y caminar y caminar y nunca escalera de fachada. Otras veces íbamos al Monteblanco, que funcio­
encuentro el centro. Cogí hacia el norte. Eso te permite calcular lo naba en la séptima con la Avenida Jiménez, también en un segundo
despistado que yo llegué a Bogotá, y en general siempre he sido muy piso, o a El Cisne, la heladería más popular y que quedaba en la sép­
despistado para caminar, tanto en el campo como en las ciudades; me tima con la calle 24, si mal no recuerdo. En la misma carrera séptima
perdí varias veces en la caminatas y en las ocasiones en que me las di con la 20 estaba La Florida, donde tomábamos chocolate con pan
de guía hice perder a todos los caminantes. Cuando estrené aparta­ integral y queso doblecrema. íbamos bastante al cine, sobre todo al
mento propio en Banderas me perdí en dos ocasiones en que llegué de Coliseo, donde presentaban lo mejor del cine francés, que repetían
noche, y para dar con él tuve que pedir socorro de la gente que pasa­ con película doble en el Teatro Lux, de la octava con la 19, y en una
ba por el lugar, cuando ya estaba lejos. Pero fíjate que yo he descubier­ salita que había en la calle 63 y se llamaba Imperio.
to una cosa, ya viejo: un error de apreciación, una cosa que se llama­ Esa vida relajada se acabó pronto para mí desde que tuve que salir
ría técnicamente una falencia, es decir, un error de apreciación en el de Bogotá. Me entristece pensar que viví dos años y medio en Barran-
cálculo de una acción. Yo viví en Bogotá tanto tiempo, viví en quilla, y si tú me preguntas cómo es el centro de Barranquilla yo no te
Barranquilla, en Medellin, en Armenia, en Neiva, donde estuve en lo podría describir, y si me dijeras cómo es el barrio del Prado te diría
las peores épocas de mi vida, varias veces clandestino. Bueno, en Neiva con mucha pena: nunca entré al barrio del Prado, lo vi de lejos. Ni al
se explicaría, por estar completamente clandestino, saliendo de mi estadio de fútbol de Medellin, ahí en la calle Colombia; siempre lo vi
covacha solo de noche y por corta duración. Pero en Armenia, Pereira, de lejos, y a la plaza de toros nunca la conocí, a no ser desde afuera.
Barranquilla, la misma Medellin, nunca conocí esas ciudades, nunca No había tiempo ni dinero para eso y además las tareas eran intermi­
tuve la oportunidad de buscar la urbe como esa pertenencia ciudada­ nables. Yo creo que en esa época trabajaba el doble o triple del tiempo
na que ella es. Estuve varias veces en Moscú, por ejemplo, y solo en que hoy. Pero más que todo pienso que era por la pobreza cultural en
pocas oportunidades logré deshacerme de mis acompañantes policías que vivía. Porque hoy veo lo mismo: los que hacen lucha política y
y recorrer las calles a mi antojo. A París fui varias veces y solo en una sindical nunca van al cine, ni a conciertos, ni a fútbol, y menos al
ocasión, durante toda una semana de verano, pude irme a recorrer las teatro. El movimiento obrero era de una pobreza cultural muy grande,
calles y las plazas y los museos, y ninguno de mis amigos me aguantó el y lo sigue siendo. La gente no tiene ningún interés en esa vaina. Ni
paso. En La Habana y Ciudad de México me pasó lo mismo, y comprendí siquiera regalándoles las boletas para ir al cine, para ir al teatro. Prefie­
que para saborear las ciudades uno tiene que desprenderse de toda ren irse a rumbear. Yo lo comprobé en los seminarios, cuando se progra­
tarea política y hacer turismo como el resto de mortales. Es que siem­ maba para ellos una obra de teatro en La Candelaria y ellos no iban,
pre fui marginal en las ciudades, que son mi lugar apropiado. Hoy día, aunque no les costara ni siquiera el transporte, porque había un bus
a pesar de haber vivido por años en Medellin o en Barranquilla, si tú que los llevaba y los traía. Me he criado, pues, en un ambiente muy
me colocas en determinada parte, incluso cercana del centro, no sé pobre, de una afición política absolutamente indiferente a todo lo que
dónde estoy, no tengo un concepto de la ciudad, del norte y del sur, sea la vida social de una ciudad. No sabemos gozar las ciudades.
del este y del oeste; no puedo decirte con precisión por dónde vamos, A veces pienso que encamamos una izquierda premodema y en
siempre estoy en despiste porque nunca asimilé la ciudad, nunca la las peleas perdidas nadie parece ganamos. Recuerdo la pelea con la
conocí. Mi trabajo era un trabajo sindical, metido en la casa sindical, Federación Nacional de Cafeteros por la electrificación de la provin­
con los sindicatos, metido en las cosas del partido, en las reuniones, cia del Tequendama en los años 50. “No daremos ni un centavo”, era
como si el mundo no existiera. El único mundo que existía era el de la respuesta del sindicato agrario cuando la Federación les planteó la
las reuniones, el de las asambleas, el de hacer esto y lo otro, el de idea de tender las líneas mediante una contribución de los propieta­
vender periódicos. Claro que a veces me escapaba de esa rutina y me rios. Pero los campesinos medios y ricos comenzaron a negociar indivi­
portaba como cualquier persona. Cuando me levantaba una amiga la dualmente con la Federación y llevaron el servicio a sus fincas, meca­
llevaba al Tout va bien, una cafetería para la juventud que quedaba en nizaron labores de elaboración de panela y secado de café y el
la séptima con la calle 72 y a la que se accedía por una juguetona movimiento agrario se vio obligado a colaborar o por lo menos cesar la

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oposición. Aquí en Bogotá pasó cosa parecida con los proyectos urba­
I cinco veces lo que yo ganaba, y cuando entro a trabajar en el Congre­
nos de la Calle 26 y la Avenida de los Cerros, contra los cuales comba­ so como asistente de un camarada del Caquetá me pagan más del
timos denodadamente. He seguido el curso de la protesta popular por doble de eso. Eso para mí era tanto dinero, que pasaron casos en que
casi cincuenta años y nunca conocí de una protesta sindical contra el yo me acercaba a cobrar mi sueldo en la tesorería y allá me decían:
pésimo servicio de transporte urbano tradicional, pero tan pronto se “Aquí hay un cheque para usted hace tiempos, señor. ¿Por qué no lo
proyecta modernizar el servicio y dignificar al usuario aparecen los ha reclamado?”. A veces eran los mismos compañeros de trabajo los
bloqueos continuos del sistema y la destrucción de sus instalaciones, que me informaban que yo tenía que ir a recoger no sé qué prima y
mientras la mafia del transporte urbano ríe detrás de la escena. Al qué otra prebenda extra. Esa era mi relación con el dinero. Pero no
proyecto de la Calle 26 le llamamos “los huecos de la 26” y las batallas me quejo. La hija de Vieira, Constanza, me contó un día que su padre
contra la Avenida de los Cerros finalizaron con la construcción de tampoco sabía cobrar un cheque, no sabía cómo se hacía, y al llegar a
una de las vías urbanas más precarias y peligrosas que tiene la ciudad. la ventanilla del banco de la Cámara le dijeron: “Señor, este cheque
De Medellin conservo el recuerdo de la gente maravillosa con no está endosado”. El lo firma y lo vuelve a entregar y le dicen: “Se­
que topé y no supe conocer. Porque es gente completamente diferente ñor, qué pena pero hay que poner el número de la cédula”. Los revo­
de la de Bogotá. La de Bogotá se parece más a la de Popayán. La gente lucionarios vivíamos como en otro mundo. El partido hablaba de eco­
de Popayán es gente de una cerrazón muy verraca, peor que aquí, nomía política, de marxismo leninismo, y no sabía de las cosas más
como la gente de Pasto, una gente muy cerrada; en cambio, la gente simples de la gente. Yo creo que en eso nos equivocamos de cabo a
de Medellin tiene otra forma de ver la vida, otra alegría. Me casé con rabo. No sé en qué atmósfera vivimos por tantos años, aparentemente
una paisa y eso tampoco me ha servido para nada porque si tú no vives ligados con una clase obrera que no existió realmente tal como noso­
la ciudad tú mismo, no estás en nada. Nadie te echa la historia de la tros la concebíamos en los manuales de macroeconomía y política;
vida tuya, tú haces tu vida o no la haces. eran mentiras desligadas de la vida del país, diciendo cosas importan­
El otro encerramiento mío es por el lado del estudio académico. tes sobre Colombia, desde luego, y haciendo cosas todavía mejores,
Haber abandonado la vida académica para meterme al partido como pero sin raíces en la vida cotidiana de la gente. Yo no tenía capacidad
profesional político fue un error grande. Me retiro de la universidad, para hacer política sino para estudiar, y eso lo descubrí tarde, cuando
donde pude haber continuado si hubiera sido menos ingenuo, y me no había nada que hacer. Fíjate que yo nunca pretendí ser líder, por­
meto en un trabajo que nunca pude dominar. Haberme alejado de la que nunca lo pude hacer ni lo sentí, nunca he podido dirigir a nadie
academia fue para mí definitivo, porque eso te aleja de cualquier ni me ha interesado hacerlo, pero todos mis compañeros siguieron en
posibilidad de un trabajo creativo. Si tú quieres seguir trabajando la universidad y se graduaron, y todos me dijeron: qué bueno que te
cosas de la academia sin la academia, te equivocaste. Eso fue lo que metiste de profesional del partido, qué machera! Y en la Juventud
hice. Me retiro del único sitio en el que yo habría podido desempeñar Comunista hubo un tiempo en que prácticamente era un riesgo estu­
algún papel en este proceso político y me meto de peón del partido, diar. Al dirigente o activista que cogieran estudiando en alguna uni­
con una ayuda muy pequeña, menor que el salario mínimo, y así per­ versidad lo criticaban: “Se dedica a eso o se dedica a esto”, le adver­
manecí más de treinta años. Mi primer sueldo de verdad lo gané en tían, y el pobre recibía una ayuda monetaria peor que la del partido!
1984, a los cincuenta y cuatro años, cuando comencé a trabajar en la Muchos estudiaron a las escondidas y cuando se graduaron se salie­
Universidad Incca. Claro que uno puede trabajar de balde en una ron de las filas o los sacaron. Otros, que eran los jefes máximos de la
organización de lucha política, pero si tiene un ingreso externo que Juventud, se brincaron esa barda y terminaron sus carreras profesio­
garantice la formación cultural de uno, como ocurría con algunos nales como cualquier persona y continuaron siendo dirigentes. Yo no
altos dirigentes del partido y de la juco. critico eso sino que lo alabo. Allí el tonto del paseo fui yo, que me creí
JC C : Era como medio salario mínimo, ¿no es cierto? el cuento del profesionalismo revolucionario.
AD: El salario mío hacia 1984 era como la mitad del salario míni­ En general, los dirigentes del partido eran y siguen siendo perso­
mo y entro a la Incca y me ofrecen sesenta mil pesos, que era como nas pobres o relativamente acomodadas de clase media. No conocí

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nunca a alguien a quien le gustara el dinero o las riquezas. La mayor El festival de la juventud
parte de ellos, los que estaban en condiciones económicas menos apu­
radas, tenían la ayuda de sus compañeras de hogar, que trabajaban y
sostenían la casa. Personas como Vieira, Vásquez, Cepeda, etc., nun­
ca fueron empleados de ninguna empresa ni recibieron nunca sueldo JC C : Lo del Festival Mundial de la Juventud: ¿cómo fue elegido
de nadie. Si recibían sueldo del Congreso Nacional ese dinero pasaba usted para ir allá, cómo fue la experiencia, y lo de Moscú?
a manos del tesorero del partido y era el partido el que determinaba AD: Cada dos años había festivales mundiales de la juventud. El
con cuánto dinero se quedaba el representante o el senador. Cuando primero debió ser en Moscú y el tercero fue en Berlín y allí estuvieron,
me hice nombrar secretario nacional de finanzas con la intención de si no ando mal, el poeta Carlos Castro Saavedra y el entonces univer­
acabar con el despelote que había en la administración de los pocos sitario Luis Villar Borda. Ese fue un festival extraordinario, emblemá­
fondos del partido, me tracé un plan que no consulté con nadie por­ tico, y marcó la envergadura de los siguientes. Yo fui al cuarto festi­
que sabía que no sería aprobado, y llegué hasta a fijar nuevos salarios val, que se hizo en Bucarest. El viaje fue un lío desde el comienzo, por
a los dirigentes nacionales, ideados por mí sobre la base de las necesi­ dificultades de comunicación con la Federación Mundial de la Ju­
dades que yo veía que tenía la gente. Así, por ejemplo, a Vieira y a ventud Democrática, que era el aparato que organizaba los festivales
Chucho Villegas les fijé los más bajos: diez mil pesos mensuales, y a los y manejaba el dinero para costearlo. Por eso no pudimos alcanzar el
otros un poco más, hasta el mayor salario, de cuarenta mil pesos, para barco en Buenaventura y nos tocó ir por tierra hasta La Guaira, donde
el representante a la Cámara José Cardona Hoyos, que siempre se precisamente conocí el mar. De allí pasamos a Curazao, Tenerife, Bar­
quejaba de lo poco que recibía. Yo me puse trece mil quinientos, cuan­ celona y finalmente Génova. Fue un viaje como de veinticuatro días,
do el salario mínimo legal estaba por encima de veinte mil. Otros se en un barco carguero de la Italian Line que se llamaba Usodimare y
ayudaban con la cátedra universitaria, pero el resto de profesionales venía de Chile. En la bajada de Curazao aprovechamos para conocer
revolucionarios pasaba situaciones muy penosas. A varios de ellos los esa ciudad. Saboreamos la absoluta paz y tranquilidad que había allí,
conocí en provincia y sus hogares no tenían ni un asiento para ofrecer la limpieza de las calles, las casitas de colores tal vez de estilo holan­
a la visita. Si requerían hacer algún viaje para cumplir tareas políticas dés o antillano, las mulatas que atendían en los restaurantes y al ter­
tenían que juntar la plata pidiendo la ayuda de los amigos del partido. minar su jornada tomaban su carrazo para irse a la casa. Vimos tam­
No hacían vida familiar, como las demás personas. Para ayudar a sus bién el puente de la bahía que se abría mecánicamente para dar paso
hijos buscaban una beca en algún país socialista. Vestían pobremente a los barcos y después volvía a cerrarse. De regreso a nuestro barco,
y cuando llegaban a viejos eran desplazados del Comité Central y una tarde de pleno sol y brisa, topamos con una tienda de refrescos de
debían acudir a familiares y amigos para sobrevivir. Muchos estaban donde salía a todo dar música caribeña. Carlos (Argentino) Torres
enfermos y nunca, de adultos, tuvieron un momento de esparcimiento estaba cantando “Tu boca” con la Sonora Matancera y yo no me aguan­
como ir al cine o descansar en los parques. Las finanzas eran, como té y entré y puse “Bello mar”, de Daniel Santos, y eso bastó para que
dicen los campesinos, muy “descasas”, y pienso que si en el partido no me acabara de poner sentimental y sobre todo, por la primera vez en
había corrupción administrativa no era tanto porque los comunistas mi vida, melancólico por estar tan lejos de mi país. La comida era para
fuéramos mejor gente que el resto de mortales sino porque casi no nosotros excelente. Servían pasta a lo que daba el tejo y sobre la mesa
había qué robar. había todo el pan que quisieras comerte. Y eso que nosotros íbamos en
la clase más barata y nuestros camarotes estaban por debajo de la
línea de flotación. Pero entre Curazao y Tenerife nos cogió un hura­
cán que duró como tres o cuatro días. El barco se movía mucho y si
uno se ubicaba en la proa podía avistar la popa que se hundía en el
agua, y llegó el momento en que las olas volaban por encima de la
proa y la tripulación prohibió subir a cubierta. La mayoría de la gente

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se mareó y no pudo volver a probar bocado. Hubo muchachas campe­ Siempre que yo regresaba de los viajes al extranjero traía de vuelta los
sinas que salieron gordas de Bogotá y llegaron flacas y hermosas a dólares que me sobraban, y eso solo lo hacíamos Gilberto y yo, según él
Génova. Era increíble ver cómo la falta de comida cambiaba a las mismo me contó. Era una norma en el partido: tú te vas para un viaje,
mujeres. Las que más trasbocaban eran las numerosas monjitas que te damos viáticos y si te sobran los devuelves. En el movimiento sindi­
nos acompañaban. En Barcelona y en Génova nos desquitamos del cal era igual. Ahí nadie devolvía los viáticos sobrantes. No quiero con
susto y los hombres nos fuimos a buscar mujeres, que unos niños y eso decir que era mucha plata, pero, ¿para qué se establecen normas
niñas nos ofrecían en el propio muelle de desembarque. En Génova que nadie cumple?
fui a una casa que tenía escaleras de mármol y en una sala la dueña Lo del festival fue una cosa gigantesca, en toda Bucarest pero
mostraba cada cierto tiempo al grupo de muchachas disponibles y casi principalmente en el inmenso Parque Stalin (¡quién sabe cómo se
desnudas. Uno señalaba con el dedo, la muchacha se acercaba y listo. llamará hoy!). Tú sabes que esos festivales son ocasión de espectácu­
En Barcelona habíamos hecho lo mismo, y los niños nos recibieron en los sensacionales y de intercambios entre las delegaciones. La ciudad
el muelle diciendo: “Chaval, te tengo mujer, de todo precio”. Vimos estaba llena de música, delegaciones a pie por calles y plazas, carava­
familias viviendo en cuevas en las colinas de la ciudad y en un restau­ nas, festones y ruido por todas partes. La Rapsodia Rumana No. 1, de
rante se negaron a atendemos, por consideramos negros. Era la crisis Georges Enescu, sonaba constantemente en los altoparlantes y yo me
económica que había dejado la guerra. sentía transportado. Conseguir allá amistades, salir de esa joda que
En la juco había una línea única: se trataba de que a los festivales era el trabajo gris de acá, eso era bonito. Había nubes de muchachas
mundiales asistiera gente que no fuera comunista y que de la UJC no hermosas y sanas y la que más se amañó conmigo practicaba el atletis­
participaran sino los necesarios para conducir el grupo. En esa ocasión mo y todo su cuerpo rebosaba vida. Olía a pimentón y era especialista
asistieron personas como Alfonso Romero Buj, que después ingresó al en Antoine de Saint-Exupéry. Continuamente recitaba pasajes de El
partido y luego se pasó a no sé cuántas organizaciones de izquierda principito y los otros libros del solitario aviador, que yo apenas había
para terminar aterrizando en el epl. Iba también el médico Eduardo leído por encima. Ese tipo de muchachas abundaba también en Mos­
López y un colega suyo llamado Eduardo de la Roche, joven y estudio­ cú. En verano las muchachas praguenses andaban descalzas por la
so, que hasta hace pocos años era director de una conocida clínica de calle y comían pepinos, zanahorias y pimentones crudos que adqui­
enfermos mentales, la Clínica de la Paz, y otra gente que tomó mucho rían en los puestos de venta que había en algunos sitios. Todo eso me
trago en el barco, entre Cartagena y Génova, y que desapareció de mi llenaba de admiración por una vida que no era la mía. Las francesas
entorno con el correr de los años. En la delegación apareció además me parecieron elitistas, que solo hablaban entre ellas. Había una muy
un veterano de la guerra de Corea, de apellido Pereira, que enloque­ querida pero se ponía energúmena si uno no pronunciaba bien su nom­
ció en el viaje o ya estaba loco antes de partir. Comenzó a hacer toda bre. Se llamaba Lucienne; si tú le pronunciabas lician, para lo cual
suerte de provocaciones, exigió finalmente ser regresado al país y creo tenías que cerrar un poco los labios y estirarlos hacia adelante, todo
que eso fue lo que hizo, porque no volví a verlo. Claro que iba tam­ en un mismo impulso, ella se enverriondaba, porque le estabas dicien­
bién Víctor Collazos con su compañera Lucía Lago, hija de Jorge Lago, do Lucio y no Luciana. A cualquiera le pasa: si a ti te dicen Carlota
artista gráfico caleño y uno de los fundadores del partido en 1930, y en vez de decirte Carlos o te dicen Juana en vez de Juan... Yo trataba
también viajaba con nosotros Manuel Cepeda, que venía de Popayán de entenderme con ella pero es muy difícil pronunciar bien la palabra
y todavía no era dirigente nacional. Lucienne. Lo demás del famoso festival no lo recuerdo porque, insis­
A mí me enviaron en reconocimiento de mi trabajo, como a los to, yo no era dirigente político. Solo recuerdo que tomamos el tren en
demás. No tenía ni cinco para el viaje. Había que tener unos dólares Génova para ir a Bucarest; que nos entregaron grandes paquetes de
en el bolsillo para gastos imprevistos, porque el resto era pagado por el comida preparada y que para ese viaje de horas y horas nos rogaron
movimiento comunista internacional. Alguien pagó esa vaina. En todo tirar los restos de comida solamente en el paso de los ríos grandes,
caso, a mí me dieron tres dólares, tres dólares, y te cuento que regresé para que la gente de la ruta no advirtiera que arrojábamos alimentos
con cuatro, para que veas cómo he sido de barato para el partido. en el camino. Entonces era de ver la mano de envoltorios que volaban

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de los vagones al cruzar los ríos. La otra cosa en la que no dejo de Estuvimos en el metro, en la Universidad y en toda suerte de fábri­
pensar es en Manuel Cepeda preguntando desesperado en el parque cas, museos, escuelas y jardines infantiles, y en todas partes nos tomaron
Stalin, atestado de visitantes, por una novia de ocasión que se le había fotos y nos dieron regalos de recuerdo. En el famoso Museo del Kremlin
refundido en esa extensión inmensa y que yo tampoco pude encontrar había tanto oro y pedrería que salí con ganas de trasbocar. Una de las
para haberle hecho la tercera. Al contrario, esa me la hicieron a mí en guías, una niña de rostro y apariencia angelicales, que miraba fijamente
1967, cuando volví a tomar el tren en Milán, en la ruta del Vindebona a los ojos de su interlocutor para captar correctamente las palabras
pero con dirección a Praga. En el viaje me levanté a una polaca des­ españolas, nos alegró la jomada porque cuando entramos en la sala de
esperada por tener una aventura ardiente antes de alcanzar Varsovia, paleontología nos condujo a una urna de vidrio y señalando tres enor­
a quien no pude corresponder debido a que soy negado para toda mes huevos fósiles que había expuestos nos explicó en voz alta: “Estos
clase de exhibicionismo y se la cedí a un sirio que me acompañaba y son los huevos de Strauss”. La carcajada fue general y estruendosa y
que hizo bellezas en presencia de los demás viajeros, que leían o dor­ la pobre muchacha quedó desconcertada, hasta que un joven pintor
mían como si nada. Levanto mi copa por ese sirio que se las tiraba de venezolano se le acercó y le corrigió: “Avestruz, Liudmila, avestruz”.
serio y trascendental en las discusiones de la Revista Internacional! Visitamos la vivienda del conde León Tolstoi en las afueras de la ciu­
El viaje a Moscú fue después del festival, cuando invitaron a los dad, la famosa Iásnaia Poliana, y cuando pude conocer su biografía
que éramos más “mazos”, a los más duros de la pelea, para que fuéra­ me figuré al hombre huyendo en piyama de su casa y de su insoportable
mos a la capital del mundo proletario. Me figuro que Collazos puso mi familia. El resto del tiempo lo gasté visitando librerías de segunda,
nombre entre ellos. Esa fue una experiencia muy buena. Nos bajamos donde compré textos marxistas y literarios en francés e inglés, y tratando
en el Hotel Moscú, que quedaba en todo el centro, y nos llevaron a de conseguir discos de música clásica, no para mí, que no tenía tocadis­
un largo paseo por el río, que desemboca en otro y luego ese en otro, cos, sino para regalar a mis amigos de Bogotá. Así lo hice en cada
hasta llegar al océano. Y como de esa manera el mar estaba ya conec­ viaje posterior, hasta que pude hacerme al primer tocadiscos. Lo mismo
tado por vía fluvial, los soviéticos tenían razón al decir que Moscú era pasó con la televisión, que no pude tenerla sino en 1986, cuando una
también un puerto marítimo. En el buque la gente comentaba acerca amiga cambió su aparato por uno de color y me regaló el de blanco y
de la fea arquitectura que se veía a lado y lado del río. Eran los edifi­ negro. Como no tenía dinero, los soviéticos se encargaron de proveerme.
cios del gobierno y los conjuntos residenciales hechos por el sistema Nos explicaron: “Aquí todo el mundo, si quiere dinero, tiene que traba­
soviético, todos parejitos y de fachadas rígidas. Ellos se referían a las jar. Si ustedes quieren escriban un artículo, se lo publicamos y se lo
altas edificaciones oficiales como a ponqués de cemento, tal como pagamos”. Yo creo que todos nos volvimos periodistas, escribimos un
posteriormente leí en las revistas internacionales de arquitectura. artículo y nos lo pagaron. A mí me dieron como cuarenta rublos, que
Luego, en bus, recorrimos los principales sitios de la gran ciudad y nos era un mundo de plata por un pequeño artículo. Nunca había sido tan
causó admiración ver pescadores en varios tramos del río Moscú, en bien pagado. Con ese dinero uno podía comprar regalitos para traer a
plena área urbana. No solo eso: los guías nos llevaron a una famosa la casa y por eso pude regresar, no con tres dólares sino con cuatro.
quebrada que pasaba por la ciudad, nos explicaron que ya habían Todo lo demás fue por la libre. Moscú es una ciudad muy grande y uno
culminado los trabajos de recuperación de su cauce y nos invitaron a no se cansaba de verla. Pero no tuve ningún contacto con el partido o
beber de la corriente. ¿Habría otra gran ciudad en el mundo con esas la Juventud, ni cosa parecida: ir a conferencias, ir a conciertos, más
ventajas? No creo. Zonas enteras de bosques, corrientes de agua, que todo eventos juveniles, poco adoctrinamiento. La pintura del socia­
vertederos, humedales habían sido ya rescatados para servicio de los lismo real vine a conocerla años más tarde, en una visita a la famosa
habitantes de Moscú. “Es otro mundo”, dije para mis adentros. Los sala Tetriakov. Eran cuadros enormes y recargados de imágenes que
servicios públicos domiciliarios eran baratísimos y la gente no sabía al final del recorrido provocaban el vértigo. Salí con los ojos torturados
siquiera cuánto pagaba por ellos. Dejaban acumular las facturas y sal­ de ver tanta magnificencia de colores desperdiciados sobre las paredes.
daban todo junto cada cierto tiempo. En la URSS el transporte por Por esa misma época, en la primera oportunidad que se me presen­
metro era el mejor y más barato del mundo. tó como miembro fervoroso del poder proletario internacional, me hice

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intervenir un conducto desviado de la nariz, tal como me habían acon­ interceptaron y nos obligaron a abrir maletas y mostrar todo lo que
sejado los médicos desde que entré al bachillerato. Me operaron en el portábamos. Veníamos en el barco Américo Vespucio, de la Italian
Hospital No. 1, que estaba en el centro de Moscú y donde pasé cuatro Line, y nos habíamos ido en el Usodimare, de la misma compañía, que
días en una habitación silenciosa y resplandeciente de aseo. En la eran barcos de carga y no de pasajeros y llevaban más que todo bana­
operación, con anestesia local, me asistió una intérprete amiga que no. Por eso todo era más barato. Pero al pasar el Canal de Panamá se
me iba explicando la marcha del proceso. Antes de comenzar a rajar­ presentó la requisa. A muchos viajeros les quitaban hasta los jabones
me el médico se me acercó, tocó mi frente y me dijo: “Cálmese, respi­ y en presencia de ellos mismos los tajaban con una navaja para ver si
re normalmente. No habrá ningún problema”. Era la primera vez que dentro había dispositivos ocultos o mensajes o algo así. A mí nadie me
yo estaba en esos bretes y me di cuenta de que mi agitación era exa­ hizo nada ni me quitó nada. Y al llegar al terminal de Buenaventura
gerada y me calmé. “Estoy en manos de la ciencia socialista, la mejor me fue igual. De pronto nos vimos rodeados por una cadena de detec­
del mundo”, me dije en silencio y soporté todo el proceso casi sin tives mientras recogíamos las maletas y yo rápidamente hice una juga­
quejarme. El cirujano comenzó a romper los huesitos ayudado de un da que nadie me sugirió sino que me salió de repente: llamé desde
martillito y una especie de alicates o garfios que retorcían los huesos y lejos, por su nombre, a una muchacha suiza que trabajaba en Bogotá
los rompían, y yo sentía que el martillazo era en las muelas y en la base con la empresa turística Tierra Mar Aire y se había vuelto mi amiga
del cráneo, por lo menos. La sangre me corría por el pescuezo, a pesar en el barco, y le grité lo más fuerte que pude: “ ¡Fulana, espérame ahí
de las precauciones que habían tomado. Hubo uno o dos descansos que ya tengo la maleta, ya la encontré! No te muevas!”. Y salí dispa­
antes de emprender la última fase y la intérprete me consoló: “Le va a rado por entre los detectives y me perdí con la suiza, que desde luego
doler un poquito más pero ya va a terminar”. Yo alcancé a ver que ella no sabía ni supo nada de nada. En la salida del terminal encontré
se secaba discretamente las lágrimas y que casi no soportaba el trance esperando a Cicerón Flores, el conocido periodista que después estu­
en que se había metido. Yo también lloraba en silencio, pero de dolor vo en el grupo político de María Elena de Crovo y se fue a trabajar a
físico. Me trasladaron a la habitación y cuando estaba por caer la Cúcuta. Le conté que yo llevaba la plata para los pasajes de regreso a
noche se apareció entre las sombras una linda enfermera rubia que Bogotá de toda la delegación y no recuerdo si se la entregué o me la
me sonrió con los ojos y preguntó: “¿Valid? ¿Niet?”, mientras me ofrecía traje para la capital. Él me llevó al taller de un sastre, se fue a recoger
una pastilla sedante. Yo le respondí que niet valid y lo mismo le repetí información sobre la suerte corrida por los demás y regresó para decir­
las dos o tres veces en que retornó antes del amanecer. El médico que me: “Cogieron a todo el mundo. Duermes aquí y mañana a las seis
vino a verme me felicitó en inglés porque había aguantado sin tomar estás en la estación y cogés el tren y te desaparecés. ¿De acuerdo?”.
el analgésico. En los días siguientes hablé unas palabras con el secre­ Dormí sobre la mesa del sastre, con miedo de caerme y darme un buen
tario general del Partido Comunista de Israel y con un dirigente grie­ porrazo, y cumplí las órdenes de Cicerón. Y cuál sería mi sorpresa
go curioso por conocer a un latinoamericano; el tipo solo sabía su cuando al entrar al vagón del tren vi que allí estaba tranquilamente
idioma y unas pocas palabras rusas, y hablábamos de la siguiente ma­ sentado el poeta Oscar Hernández, también miembro de la delega­
nera: él utilizaba una palabra en latín, yo la traducía al castellano y le ción colombiana al festival, que vivía en Medellin y era muy amigo de
contestaba en latín o en ruso, y como no sabía ni uno ni otro, a los diez Castro Saavedra. El se hizo el que no me conocía y yo lo imité sin
minutos de charla los dos estábamos totalmente agotados y me le per­ problema ninguno. Nunca más volví a ver en la vida a Óscar, pero sé
dí de vista. Desde un ventanal podía ver un tramo de la muralla del que vive todavía porque leo crónicas suyas en El Colombiano. Así que
Kremlin y a la medianoche escuchaba el redoble del famoso carillón, llegué sano y salvo a Bogotá y todos los demás habían sido detenidos.
que la radio transmitía antes de emitir el bello himno nacional sovié­ Me hice el perdido por varios días y solo después me aparecí por la
tico. En ese momento yo me sentía como un ser extraño, de otro pla­ casa de la Juventud. Yo creo que Cicerón se encargó de contar los
neta, que había bajado a conocer a los humanos. hechos desde Cali. Y toda mi buena estrella solo sirvió para que pocos
Pero lo que no soñaba en 1953 era lo que nos esperaba al regresar meses más tarde ocurriera que me escogieron para estar detenido, no
al país. Al llegar al Canal de Panamá los policías norteamericanos nos unos días sino nueve meses enteros, como te conté antes.

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Los festivales mundiales de la juventud era apenas una de las literatura, la historia. Yo siempre fui bueno para las matemáticas, en
muchas actividades que desplegaban cada año los partidarios de la el bachillerato y en la universidad. Era de los tipos que les ayudaba a
paz mundial, en el afán de detener el curso de la guerra fría. La lucha hacer las tareas a los muchachos flojos. Además, tuve profesores de
que los comunistas hicieron en favor de la paz mundial fue única y muy buena formación en matemáticas, en botánica, en geografía, en
muy importante, por el prestigio de la URSS y los comunistas del mundo literatura. Siempre soñé con ser un profesor de matemáticas y nunca
después de la derrota del fascismo y la creación de un amplio movimien­ tuve estímulo para eso, aunque llegué a dictarle clases de álgebra en
to contra la guerra simbolizado en el Consejo Mundial de la Paz, a la su casa a una hermosa y apetecible muchacha de mi edad que se
cabeza del cual estaba un científico francés, Frédéric Joliot-Curie. había rajado en la materia. Nos costó mucho trabajo a los dos: a ella el
Uno lo deduce por las personalidades de las diferentes corrientes polí­ de concentrarse y a mí lo mismo.
ticas que los comunistas y sus amigos lograron introducir en esa lucha Entonces, cuando se ofreció estudiar después del carcelazo pensé
en los años cincuenta, y a mí me parece que la generación que la en meterme a ingeniería; no se me ocurrió hacerlo a matemáticas,
izquierda logró poner de su lado fue mejor que la que tuvo en los años que ya existía como carrera, tal vez porque pensaba que si me metía a
treinta. El Consejo Nacional de la Paz, filial del Consejo Mundial, matemáticas no iba a tener con qué vivir; en cambio, de ingeniero, tal
tenía entre sus miembros o adherentes a personajes como Baldomero vez sí. Pero cuando me presenté a ingeniería ya los cupos estaban
Sanín Cano, Jorge Zalamea, León de Greiff, Juan Francisco Mújica y copados y me tocó meterme a lo más cercano que quedaba, que era la
su esposa Istmenia, Luis Eduardo Nieto Caballero (Lene), Joaquín arquitectura. Eso fue un poco forzado, me parece que fue una equivo­
Molano Campuzano, Santiago Peña Daza, Hernando Garavito Muñoz, cación de carrera, una equivocación de futuro, y la pagué caro por­
Gerardo Molina, Jorge Enrique Molina, José Domingo Vélez, Alvaro que tuve que suspender los estudios. No me quejo de eso, pero quiero
Rojas de la Espriella, Luis Carlos Pérez, Matilde Espinosa, Luciano decir que si en la vida he cometido errores grandes, uno de ellos fue
Mora Osejo, Jaime Quijano Caballero, Jacinto Jaramillo, Manuel Zapa­ haber dejado la universidad. Siempre he creído que si la gente se
ta Olivella, Delia Zapata, Alvaro Villar Gaviria, el médico Mendoza mete en la investigación, la condición sine qua non de su existencia
Isaza, familiar del guerrillero Eduardo Franco Isaza, José Francisco como tal es la academia. Si la persona se desliga de la academia no
Socarrás, Jorge Regueros Peralta, Apolinar Díaz Callejas, Diego Uribe tiene nada que hacer. Mi gran equivocación fue haberme salido de la
Vargas, Darío Mesa, Alipio Jaramillo, Marco Ospina, Jorge Elias Triana, universidad porque después no tuve ninguna carta de presentación
Antonio Roda, Femando Oramas, Gustavo Valcárcel (“Juan Pueblo”), académica. No me pueden nombrar ni siquiera asesor de nada, por­
Polidoro y Jorge Pinto, Alberto Silva, Tito Livio Caldas, David que carezco de grado académico. Todo mi trabajo de investigación ha
Rosenthal, Pacho Zuleta, Amoldo Palacios (el novelista chocoano de sido al margen de la médula de la investigación social colombiana,
Las estrellas son negras), Jaime Escovar Londoño, Carlos A. Duica, contra la corriente. Un investigador alejado de la academia no tiene
Nelson Robles, Rafael Baquero Herrera, y no me extrañaría que cerca­ nada que hacer. Y eso debe ser así. De otra manera el investigador no
nos a ese “sistema” de intelectuales hubiesen estado también jóvenes va a contar con canales para superarse, para cambiar, para perfeccio­
como Santiago García, Carlos José Reyes, Raúl García y Jorge Gaitán narse, sino solamente apegarse al carro del conocimiento: como hay
Durán, vinculados a la fundación de la Casa de la Cultura bogotana. unos que están hablando de tal tema, entonces yo me subo en ese tren
¿Cuál de ellos no hizo obra generosa para los colombianos? Y fíjate: por la parte trasera. No tiene un mundo científico que lo rodee y eso
todos o casi todos cercanos de los comunistas porque los comunistas es fatal para cualquier estudioso, no tiene un público exigente que le
levantaban banderas de paz, no de guerra. Lo mismo ocurriría después haga conocer a tiempo sus debilidades y sus vacíos, y eso le impide
con la UP. superarse. Eso es lo que me ha pasado a mí. Ya estoy cansado de estar
JC C : Hay varias cosas que quisiera preguntar. ¿Por qué la Ar­ escribiendo sobre el mismo tema, diciendo las mismas cosas, escri­
quitectura? biendo las mismas palabras, y mis apoyos teóricos son mínimos; con
AD: ¿La Arquitectura y no el Derecho? Porque a mí nunca me simples apoyos políticos tú no puedes crear una pintura de tu país en
entusiasmó la política, me entusiasmaron siempre las matemáticas, la ciencia social, por más esfuerzo que hagas y que leas mucho. La se-

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gunda gran equivocación mía fue haberme tragado el cuento de que La historia del mimeógrafo
si tú sabías marxismo para qué necesitabas la sabiduría; en el marxis­
mo estaba comprendido todo y tú llegabas a sentirlo así, porque creías
que el marxismo te respondía todos tus interrogantes. Creíamos ade­
más que era una ciencia. Sí, devoré esa Biblioteca Piloto de Medellin JC C : ¿Cómo es la ida a Medellin?
con el mayor entusiasmo de la vida, y eso fue esencial para todo mi AD: El traslado a Medellin se concretó porque yo estaba en la
trabajo posterior, pero las bibliotecas están es en las universidades. Si universidad en condiciones un poco complicadas, a pesar de que te­
tú no estás allá adentro no estás en nada. Aquí también yo iba a la nía beca del Estado y de que había una hermana que me ayudaba a
Biblioteca Nacional, pero no es lo mismo; para la investigación tú sostener la carrera. Pero eso no bastó porque yo no tenía tiempo para
tienes la necesidad de trazarte unos parámetros de actividad, y si no mi trabajo político, ni siquiera los domingos quedaban libres y yo ne­
los tienes, olvídate, siempre serás un intruso. cesitaba hacer trabajo político. Me parecía que era más importante
que la misma carrera, y también me sentía un poco amenazado por la
policía, que buscaba gente. Entonces ahí no había otra cosa que ha­
cer sino irse. En el año 56 el partido fue formalmente declarado fuera
de la ley y en ese mismo año pedí afiliación y me aceptaron. Dejé de
ser JUCO. Así que en el partido me dijeron: “Allá hay un problema
grave. Vaya usted a ver si ayuda en eso. Allá hay unos compañeros de
un grupo un poco complicado”. No me dijeron que eran declarada­
mente antipartido, pero que eran complicados y un poco arriesgada la
cosa con ellos. Otros compañeros me dijeron: “Vaya allá, que lo que
hay allá es como un desorden, a ver si usted ayuda a levantar el traba­
jo un poco”. Yo, como nunca le he puesto problemas al trabajo, me iba
a donde fuera, y tanto soltero como casado no tenía ningún problema
para irme por meses a cualquier parte sin pedir el consentimiento
familiar. Así que partí. El encargado de despacharme para Medellin
fue Gustavo Vasco Muñoz, abogado y entonces dirigente del partido
de Bogotá, de los más estrictos y duros de la época, a quien las perse­
cuciones terminaron por alejar poco después de las filas comunistas;
se metió a trabajar con el Grupo Santodomingo y hoy es alto jerarca
del sistema. El fue el encargado de entregarme, en un lugar apartado
de la ciudad y casi sin pronunciar palabra, la plata del pasaje en bus
en la ruta Bogotá-Pereira-Medellín, que era la que se utilizaba enton­
ces, con pernoctada en Pereira. No pude arrancarle mayor informa­
ción sobre cómo proceder al arribo a Medellin y a veces he creído que
no sabía nada de eso. Pero así era la responsabilidad de la gente en
plena época clandestina. Fue un viaje muy inclusive, como dicen ahora,
porque el contacto que me dio Vasco para Medellin no funcionó. Me
dieron la dirección de una casa del barrio Belén, donde debería en­
contrar a una persona, y resulta que la tal dirección no existía, estaba
errada. Menos mal que fue en Medellin y que fue con gente antio-

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queña, que es básicamente solidaria. Si eso le ocurre a uno en Bogo­ dor del ritmo gaita, a quien vi varias veces en la puerta de su casa
tá, en Boyacá o en el Cauca, se fregó. Ya me había pasado en Duitama. saliendo con instrumentos en la mano y admiré en silencio. La pieza
Me mandaron a una dirección que no existía y tuve que devolverme daba sobre la que después se llamó Avenida del Ferrocarril. En ese
esa misma noche en el mismo bus en que me había ido, sin plata tiempo el tren pasaba todavía por ahí, así que yo aprovechaba cuando
siquiera para tomarme un café con leche. En Medellin di con una los trenes hacían buen estruendo para darle mayor velocidad al
gente que me dijo: “Sí, él vivía por aquí pero ya no vive, pero vamos a mimeógrafo, que siempre producía ruido, tratando de que no se oyera
ver cómo lo localizamos”. De alguna manera averiguaron y me dijeron: su traqueteo. Me ayudaba que era un primer piso y que no había
vaya a tal dirección, coja usted tal bus. Yo llevaba, como era el estilo, ventana a la calle ni comunicación interna con el edificio. Al otro
una maleta, y me dijeron que me guardaban la maleta. Eso no lo ha­ lado de la vía estaba la famosa fábrica de hilados y medias Pepalfa,
cen sino allá y en la Costa. Entonces yo me fui escotero y encontré el que se extendía hasta la calle siguiente, y el hecho de sentirla tan
contacto. Pero las cosas eran así. La comunicación en condiciones de cerca de mí me daba orgullo, como si yo fuera uno de sus accionistas.
clandestinidad era de una pobreza infinita, cuando se supone que a Ahí estuve once meses, hasta la caída de Rojas Pinilla en mayo
los cuadros hay que cuidarlos. Pero no, en el partido nunca tuvieron del 57, y en el partido nadie más que Eladio supo de mi existencia.
cuidado de eso; nunca, ni en las peores situaciones de inseguridad. A Nunca llamé siquiera por teléfono. Todo era con el mínimo de pala­
la gente la mandaban como fuera y la gente tenía que desenvolverse bras y de situaciones. Cada mes, sin falta, yo buscaba al arrendador de
como pudiera. Por eso al enemigo le era tan fácil hacerle daño al la pieza para pagarle el arriendo, muy puntual. Siempre lo encontré
partido. Toda mi vida de militante pude comprobar que el enemigo con vestido de trabajo, haciendo alguna reparación a su obra, porque
daba los golpes, no por su inteligencia sino más que todo por la desidia estoy seguro de que él mismo fue quien dirigió y construyó su propio
y los errores de los organismos políticos que dirigían la lucha. edificio de tres pisos, de fachada color crema contrastada con mosai­
El trabajo en Medellin era clandestino, obviamente, y comencé co pequeño de color verde, y todo bastante tosco. Y como yo era bue­
por ponerme un nombre supuesto. Con tan mala suerte que escogí na paga, se le ocurrió darme un servicio que no estaba en el contrato.
precisamente el nombre verdadero de la persona que despachaba eso Me puso teléfono en la pieza, en tiempos en que eso casi no lo tenían
de Bogotá, como lo supe después. En Medellin no me conecté con el los pobres. Yo traté de disuadirlo de la idea con algún argumento pero
partido sino con una persona, que ya murió y que antes de eso perdió él siguió adelante: “En cualquier momento usted me desocupa y le
a su hijo mayor, asesinado bárbaramente por los militares en los años sirve a otro”. Yo no hacía sino mirar el bendito aparato negro fijado a
ochenta. Se llamaba Eladio y después supe que era ingeniero civil. El la pared y que solo sonó cuando el señor le hizo la prueba desde su
trabajo consistía en reproducir la propaganda clandestina que prepa­ casa. Yo pensaba que en cualquier instante iba a timbrar y de solo
raba el partido en Bogotá y que llegaba en esténciles a una dirección pensarlo se me crispaba la piel. Pero nunca ocurrió nada.
determinada, que nunca conocí y que no me interesaba conocer. El El día en que Rojas Pinilla cayó fue para mí tan irreal y extraño
contacto me entregaba el esténcil y yo lo imprimía en un mimeógrafo como una aparición. Nunca pensé que la cosa fuera tan rápida. Un
y armaba siete u ocho paquetes distintos y los depositaba en determi­ estudiante de bachillerato, que dijo ser sobrino del compositor Arias,
nadas casas, almacenes y oficinas llamados buzones, donde estaban ya vino a golpear a mi puerta y me dio la nueva. El venía a veces a
advertidos de mi visita en cualquier momento. Yo apenas saludaba, formularme preguntas de orden escolar y yo lo recibía en el andén,
entregaba eso y desaparecía. Eso era todo lo que tenía que hacer, y el con el argumento de que dentro no había buena luz. Le decía que era
resto del tiempo, ¿qué iba a hacer para no llamar la atención? De eso un empleado que trabajaba en la biblioteca. Menos mal que él nunca
nadie me había hablado, por supuesto. Era un trabajo desconectado se apareció por allá. Vino a decirme que “cayó Rojas” y yo, sin radio ni
de todo el mundo. El camarada contacto me pagaba el sueldo, de nada de eso, no le quería creer y me volvió a insistir: “Asómese, vaya
ciento veinte pesos. La pieza me valía cuarenta pesos y quedaba en la a la esquina y vea lo que está pasando por Carabobo”. Efectivamente,
calle 62 entre la carrilera del ferrocarril y Cundinamarca, en la misma la gente estaba fluyendo hacia el centro de Medellin en una gran
cuadra en que vivía entonces el compositor Edmundo Arias, el crea- manifestación y nos fuimos a observarla.

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Para una persona en mis condiciones eso era irreal. Son impresio­ tero, dedicados al trabajo entre los campesinos, completaban el nú­
nes difíciles de imaginar. Uno en la clandestinidad se imagina que los cleo de la dirección del partido en el departamento. Conrado se co­
regímenes que oprimen nunca terminan. Además, yo venía de un nocía al dedillo los caminos y bajo su guía viajé a la región de Urabá y
carcelazo y todo eso estaba metido en la cabeza. Solo meses más tarde conocí a Israel, un campesino flaco e inexpresivo, con bigotico recor­
pude comenzar a hacer un trabajo abierto. Mientras eso llegó, en mi tado, que sin embargo era el creador de la organización partidaria en
tiempo libre iba todos los días a la Biblioteca Pública Piloto. Me pasa­ la región. Vivía en Apartadó y era al mismo tiempo médico naturista,
ba ocho o más horas ahí. Fue mucho lo que me sirvió, porque ahí me enfermero, lector de la mano, componedor de matrimonios y dirigente
leí toda la literatura que pude, la que no había podido leerme nunca político, y distribuía su tiempo entre las consultas médicas, la prepara­
porque eran libros muy caros. Así que cogí la literatura clásica griega, ción de los remedios y la atención del trabajo del partido. Su prestigio
ía literatura romana, leí también cosas francesas, inglesas, todo lo que popular estaba fuera de toda duda. Horacio era sastre pero no ejercía
pude de literatura colombiana. Inspeccioné los estantes y no había sino raras veces. Nunca supe de qué vivía Gerardo, porque él estaba
literatura política que me interesara, y además no quería que se die­ dedicado de tiempo completo a la labor sindical. Era un gran hombre,
ran cuenta de que me gustaban esos libros. Tal vez la literatura me infatigable en el trabajo, siempre de buen humor, con los pantalones
ayudaba a permanecer en ese aislamiento tan macho. Solo los domin­ flojos que cada rato levantaba con las manos. Abrieron una sede en la
gos, cuando no había servicio de biblioteca, tenía problemas para calle Pichincha, arriba de Junín, a nombre de un Comité de Unidad
aguantar el aislamiento. Mi única diversión era ir a almorzar y a cenar de Acción Sindical, similar a los que funcionaron en Bogotá y otras
en el restaurante de Cundinamarca con la avenida De Greiff, pero los ciudades en esa época. Era una casa con comedor de vidrios converti­
domingos era poca la gente que iba allí y poca la gente que uno podía do en oficina y un patio de baldosines donde se hacían las reuniones
ver en la calle. Le pagaba cincuenta o sesenta pesos mensuales y el mayores. No había campo para reuniones grandes y además no conve­
resto lo destinaba a lavado de ropa y a ahorrar para poder invitar a nía atraer a la policía. Las reuniones grandes se hacían en salones de
alguna mesera a mi cuarto. sindicatos ya establecidos, entre ellos el del Ferrocarril de Antioquia,
Mientras viví en Medellin nunca tuve ningún problema. Solamente que era uno de los que habían llegado a dominar los rojaspinillistas,
un día en que estaba leyendo un libraco sobre una larga mesa de la dentro de ese plan que hubo de crear una nueva central sindical en
biblioteca llegó una persona por detrás y pronunció mi nombre verda­ Colombia, de corte corporativista. Pero exactamente en sindicatos como
dero. Yo pensé: “Me fregué: la policía”. Al darme vuelta encontré a ese, ganados por la derecha, era donde nos prestaban salones para
una muchacha que me dijo: “¿No me conoces?”. Le respondí que no, que hiciéramos las reuniones. Y mientras tanto la izquierda vocife­
y era verdad. Toda la vida he olvidado nombres, rostros y circunstan­ rante que se había introducido en la dirección del partido de Medellin
cias. Era una muchacha de dieciocho años que yo había conocido en quería ir a toda marcha, olvidando la experiencia del partido. Re­
Bogotá años atrás cuando bajaba y subía las escaleras del edificio en cuerdo que a una asamblea realizada en el salón de un sindicato bas­
patines, allá en la calle 45 con carrera 20, y que después se convirtió tante importante llevaron como conferencista a una joven de
en mi esposa. Ella no me interesaba, porque era casi una niña, sino su superizquierda, de esas que citaban a Sartre y a Marx cogidos de la
hermana y su prima, pero no fueron ellas las que se aparecieron en la mano, y se formó el lío más grande porque ella fue a plantear ahí la
biblioteca de Medellin. libertad de las relaciones sexuales y de la vida matrimonial y de ahí la
A raíz de la caída de Rojas me enrolé en el trabajo sindical. Me sacaron levantada. El grupo de Estanislao Zuleta, Mario Arrubla, Ali­
metí más que todo en la cuestión de cómo revivir a fedeta, la antigua cia Guerrero y Ramiro Montoya estaba detrás del suceso, y por lo
federación de la CTC. Me uní a los que estaban en esa tarea, Gerardo menos Arrubla era de la dirección municipal del partido. El sindicato
Ocampo y Horacio Saldarriaga, que trabajaban al lado de un compa­ ferroviario era un sindicato activo, que se hacía sentir, y no recuerdo
ñero Lezcano y de Joaquín Herrón, un sastre fino que tenía taller en si ingresó a la fedeta cuando ésta fue restablecida. Nosotros lo apro­
el centro de la ciudad y era visitado a veces por tres hijas ya vechábamos para escudarnos detrás de una vaina aparentemente re­
avanzaditas, apetecibles pero lejanas. Conrado Cuartas e Israel Quin- accionaria y ellos se prestaban para eso. Otra organización, que sí

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sabía quién era el que decía esas cosas, y a partir de ese momento se
participó en la fedeta inicialmente y era la más influyente de la izquier­ me calmó la pendejada.
da, fue el sindicato de trabajadores del Departamento de Antioquia, Ese fue mi comienzo en el sindicalismo y desde entonces he estado
al frente del cual estaba un hombre perteneciente al partido conser­ metido en eso. Me pareció interesante porque yo quería tener una
vador, de apellido Montoya. Desgraciadamente no recuerdo su nom­ concepción, en una etapa más o menos prolongada, de cómo era eso
bre. Era un sujeto magnífico, alto, delgado, de pelo mono y ya viejón, del movimiento obrero, cómo se comía, y esa concepción era imposible
con una capacidad de trabajo a toda prueba y una atracción personal tenerla porque nadie llevaba estadísticas ni controles de nada. Al
que ofrecía seguridad. Aunque conservador, le hacía a todo lo que final de cada año, cuando ya vine a trabajar de planta en la redacción
fedeta trazara y era muy respetado. Ese fue el primer líder no comu­
del periódico, me encontraba con que había que hacer el balance de
nista que yo admiré. Como él, encontré después otro en el sector de la las acciones sindicales del año, ¿y cómo hacerlo si los periódicos diarios
construcción, el compañero Ramiro Gómez, que reconstruyó el sindi­ del país no llevaban registro de eso, y los sindicatos menos? No había
cato del ramo en Medellin y se parecía muchísimo al jefe guerrillero fuentes, no había nada, y eso fue lo que me llevó a crear mi propia
Manuel Marulanda, como lo constata también Carlos Arango en su base de datos, desde el año sesenta y dos, porque la base de datos del
libro sobre los trabajadores del cemento y la construcción. 59 al 61 fue creada cuando ya trabajaba en el cinep. Esta institución
Lo que quisiera contarte es que nos unimos en ese trabajo con financió la labor de recuperar estos tres años, a instancias del historia­
Gerardo Ocampo al mando y comenzamos a revivir sindicatos, a re­ dor Mauricio Archila, porque yo tenía solo del año 62 para acá. Así
dactar nuevos estatutos, a enviar circulares y comunicados a muchas fue como Voz Proletaria pudo sacar cada año un balance de las luchas
partes, en busca de respuesta. Ocampo se conocía el código laboral al de los trabajadores: con muchas deficiencias, claro, atenidos solamente
dedillo; yo no tenía ni idea. Había una máquina Remington de carro a lo que salía en la prensa diaria, a lo que aparecía en Voz y a sus
grande y él me ponía a hacer en esa máquina lo que fuera. Yo siempre corresponsales que me ayudaban en la tarea, fuera del contacto personal
he escrito bastante rápido y hacía todos los papeles de esos sindicatos con los sindicatos y los dirigentes. Otra cantidad de conflictos nunca
y eche pa’lante! Y era que casi todas las semanas había un sindicato fueron reflejados en esa base de datos y se perdieron, pero lo fundamen­
que se fundaba, un grupo que venía a pedir instrucciones para formar tal sí fue recogido desde entonces. Ese trabajo me gustó porque me ha
sindicato, otro que ya tenía listo el grupo de los veinticinco necesa­ permitido saber cómo es que ha sido la movida, cómo es que han sido
rios, otro que hacía junta directiva para reorganizarse. Eso era un las etapas cortas y largas del sindicalismo, los cambios, etcétera. Esa
despelote muy bonito: el de cómo fueron renaciendo los sindicatos base de datos hoy está en poder del cinep, que financió su sistematiza­
que habían sido apagados por la dictadura. Ahí fui aprendiendo la ción. Eso está organizado, alimentado y muy al día; es una base gran­
práctica sindical. No recuerdo la fecha en que se reorganizó en firme dísima que espero que sirva para los investigadores del futuro.
la fedeta, pero sí que uno de los primeros sindicatos organizados en En Medellin hice la vida que hacían todos los militantes políticos,
ese momento fue el de Confecciones Leonisa, que iniciaba su brillan­ íbamos con cierta regularidad a las fábricas de Coltejer y Fabricato,
te historia en un pequeño taller situado en una calle tranquila del dominadas por la Utran, de la utc. Teníamos el problema de ir a ven­
norte de Medellin. Allí fuimos y las muchachas salieron entusiastas a der allá el periódico del partido, y los amigos de la utc a veces llama­
nuestro encuentro. En el año cincuenta y ocho estalla la primera huelga ban a la policía para que detuviera a los compañeros que lo vendían,
en la Frontino Gold Mines y al año siguiente la de Tejicóndor, dos de pero nosotros de todas maneras le hacíamos por los laditos y algunas
las huelgas más grandes del país después de la caída de la dictadura. veces vendíamos hartos. Allá, en Envigado, en Itagüí, en el barrio
En las dos estuve muy cerca y escribí un artículo sobre el conflicto de Buenos Aires, en Bello, conocí cómo eran los trabajadores de la gran
Tejicóndor; también escribí uno sobre la huelga de la Frontino, que empresa, cómo era su contacto con la población del entorno, cómo
no apareció con mi firma sino bajo la del comité municipal del parti­ todavía mantenían esa relación directa. Yo observaba que en los tur­
do. Falsa modestia mía eso de no firmar muchos artículos que escribía nos salían los trabajadores y en la calle estaban esperándolos sus co­
en el periódico. Yo acostumbraba a no firmar y Gilberto dijo una vez
nocidos. ¿Quiénes? Los acreedores de ellos, los que les fiaban la lote­
en la dirección que esos artículos había que firmarlos porque nadie

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ría o el reloj de pulsera o la camisa y les prestaban plata. Esos trabaja­ pagados de la ciudad, pero en un acto, no de rara amistad sino de
dores salían los fines de semana a pagar deudas y los estaban esperan­ solidaridad. Eso me da cuenta de que ha sido muy diciente, muy rele­
do unos tipos con unos cuadernos en la mano donde llevaban las cuen­ vante el cambio operado desde entonces. En el caso de Barrancabermeja
tas de cada deudor, y éstos se acercaban a abonar su cuota. Me imagino y Ecopetrol eso ya casi está perdido, según lo que me dicen los direc­
que les daban un recibo o algo, aunque yo nunca vi los recibos, pero sí tivos de ahora. Pero eso también lo había allá en Barranca, o sea, que
un cuaderno en el cual los tipos apuntaban como hacen los tenderos hubo una época, hasta los años cincuenta o sesenta, en que se conservó
cuando fían. Estaban las viejas prestamistas, las usureras, que iban a esa ligazón entre los sindicatos y la población en tomo de los centros
cobrar los préstamos de dinero, y estaban en tercer lugar los mendi­ de trabajo asalariado. Y la pérdida de eso significa que el país se trans­
gos. Los mendigos se paraban en fila a cierta distancia uno de otro, y formó, que el país dejó lo provinciano, las relaciones se comercializaron,
yo miraba a quiénes les daban limosna. Cada trabajador no les daba a la nueva cultura arrasó esa magnanimidad obrera. No digo que eso
todos los mendigos, no podía darles a todos, porque era imposible dar­ fuera malo o fuera bueno, lo que digo es que se rompieron los lazos
les a quince tipos con las manos extendidas; entonces los obreros les que había entre la organización sindical y la comunidad y eso me pa­
daban a unos sí y a otros no. Me imagino que se turnaban cada sema­ rece bien grave. Hoy día los sindicatos son una rareza para la población.
na, con esa concepción cristiana de que hay que ayudar al prójimo y Así que nosotros hacíamos ese trabajo muy complicado con la utc.
hacer el bien sin mirar a quién. Supongo que estos trabajadores sa­ Antonio Solís era uno de los mandamases de los sindicatos textiles; el
bían que tenían un sueldo superior al de cualquier otro trabajador de otro era Carlos Bedoya, que después se pasó a la C G T y que es un
Medellin, y salían y repartían a tres o cuatro y el otro sábado les daban gran tipo. Todos ellos eran de la utc, enemigos acérrimos del partido,
a otros tres o cuatro, y así hasta hacer el bien a todos. Me imaginaba muy combativos, muy socialcristianos, muy metidos en su cuento y
que era así. Me preguntaba por qué tal trabajador solo les daba a este considerados por los camaradas como los enemigos más grandes de los
y a este y a este, y el otro a otros tantos, como quien recompensa a trabajadores. En ese tiempo uno creía eso, uno creía que ellos eran
quienes le sirven. Podía ser que tenían mendigos de preferencia, como enemigos de los trabajadores. Lo que en realidad ocurría era que te­
la gente tiene santos preferidos y solo a esos invoca. Me interesaba eso nían una concepción distinta de la de uno, pero ellos eran tan legíti­
y nunca he vuelto a ver una expresión de esa moral cristiana, de ha­ mos dirigentes de los trabajadores como nosotros, y considera tú que
cerle el bien a los demás y a los que están fregados ayudarlos; yo nun­ esa situación de satanización del enemigo ocurrió durante cuarenta
ca más volví a verlo, y si permanece hoy en día sería un milagro. Me años y hoy todavía es capaz de levantar cabeza, tanto en la C G T como
pareció también que en Coltefábrica, que quedaba en el barrio Bue­ en la cut, aunque en menor escala en la ctc .
nos Aires, allí llegaba la gente por cantidades; bajaban de la parte La creación de la nueva fedeta fue bien interesante. Horacio
alta del barrio, puros proletarios; las muchachas aparecían con su mejor Saldarriaga andaba buscando dirigentes que habían entrado en rece­
vestido, porque era el día de pago. Que era el mismo día en que so por efecto de las persecuciones de la dictadura, para que nos ayu­
nosotros íbamos a vender el periódico, porque el día en que los traba­ daran en eso, y entre ellos estaba Pastor Pérez, que fue después presi­
jadores no tienen plata no vendes nada, tienes que ir el mismo día en dente de la CSTC y murió de un ataque al corazón en Budapest. Horacio
el que van los usureros y en el que van los demás. Entonces nosotros me dijo: “Acompañáme a visitar a un compañero muy bueno que se
íbamos esos días y yo veía a las muchachas con su mejor hebrita, con llama Pastor Pérez, ayudáme a convencerlo de que se vuelva a meter
su mejor carterita, porque ahí estaba su enamorado, su novio que las al movimiento sindical”. Fuimos a un tallercito de sastrería de la calle
iba a invitar a alguna cosa. Allá en Buenos Aires vi esa compenetra­ San Juan, si mal no recuerdo, arriba de la calle Bolívar, y lo encontra­
ción de los trabajadores con el barrio, que también la comprobé más mos ahí echándole plancha a unos pantalones de paño recién termi­
tarde en Rayón, la fábrica de Barranquilla que más tarde se convirtió nados. Horacio le hablaba de sindicalismo y el tipo nunca dejó de
en Celanese, que era también emblemática como Coltejer, Tejicóndor mover la plancha; mostraba tanto interés en el asunto, que el tipo nos
y Fabricate en Antioquia. Es decir, vi lo mismo: la población de los oía y seguía con su planchita, como quien dice: “Ustedes vienen a
barrios identificada y saludando a sus majestades los trabajadores mejor mala hora, compadres, porque yo aquí tengo mucho trabajo; los escu-

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la persona que le contradijera y burlarse de ella. Es lo que los franceses
cho pero nada más”. Ese fue el mensaje inasible que yo recibí. Segui­ llaman épater le bourgeois y que en política se llama ser un provocador.
mos insistiéndole, llevándole documentos y hojitas de propaganda, Estaba casi siempre “entonado” y eso alimentaba su ego, ese deseo de
hasta que un día dijo: “Bueno, vamos a la pelea”. Y te digo que ese desafío permanente. Era un hombre amargado. La compañera de él,
era el hombre que se necesitaba. N o era Ocampo ni Saldarriaga sino María del Rosario Ortiz, publicó alguna vez en El Tiempo una semblanza
el morocho Pastor. Se convirtió rápidamente en el dirigente principal de él en la que cuenta que le propuso que se volviera prostituta. Eso
del proyecto. Había sido líder de la e re y también de fedeta. Por eso apareció en Lecturas Dominicales y relata cómo su marido le propone
lo conocían. En tomo de él se agrupó la gente. Fíjate que sin ser un que ejerza la prostitución para ver cómo es eso, le propone que se vaya
hombre brillante, sin ser un hombre bien hablado, porque fabricaba a Fusagasugá y se convierta en mesera a la orden, y que después ella
frases discordantes y a veces confundía una cosa con otra (lo cual, de le contaría sus experiencias, para entender el problema de la prostitu­
paso, le sacaba la piedra a Alvaro Vásquez), era querido y acatado por ción. A mí me pareció horroroso que él, a pocos días de casado yo con
la gente. Yo creo que por la tremenda honestidad de ese tipo. Ade­ una muchacha de diecinueve años, absolutamente devota de todos
más, era un hombre alegre, bonachón, un hombre sanísimo en asunto los santos, que se cubría los brazos hasta las muñecas y no usaba escote,
de mujeres, y eso como que le gusta a la gente. Entonces fue cuando en ese clima de Medellin, me dijera a mí de frente, sin titubear y sin
la fedeta comenzó a crecer de nuevo. que hubiese mediado razón alguna para ello: “¿Estás feliz de haberte
Hice mi vida en Medellin hasta el año sesenta, y te cuento el casado con una putica, una muchachita de mierda?”. Eran palabras
famoso problema del grupo antipartido. Te aclaro que yo no llegué a que no podían salir sino de la boca de un psicópata. Lo ridículo del
mandar al partido de Medellin, nunca he servido para eso. Me enten­ caso es que yo no estaba feliz ni nada de eso, yo estaba era asustado
dí bien con los muchachos, especialmente con Delimiro Moreno, que por lo que había hecho, por la falta de dinero para sostener el matri­
es un hombre que no se considera genio, y eso es una gran ventaja. monio. Angela era de una familia conservadora, una especie de niña
Muy acelerado para el trabajo, estaba empleado en la France Presse y de la casa a quien no le habían enseñado siquiera a barrer. Usaba cero
su jefe era el escritor y periodista Alberto Aguirre, allí en una oficina escote y mangas hasta las muñecas y sus santos de devoción, fuera de
de Junín con La Playa, a un paso del café Zoratama, donde se reunía la virgen María, eran Pío Baroja, Juan Ramón Jiménez y Valle Inclán,
la joven intelectualidad de izquierda. Me pareció que esa relación al lado del general Franco y Mussolini. Convencerla de que se dejara
era bien llevada, sin las rabietas que se acostumbran en el medio pe­ ver los brazos y se bajara el escote fue lucha de meses y tal vez años. Yo
riodístico. Entre la gente joven de izquierda estaban Mario Arrubla, trato de entender el motivo de ese odio de Zuleta hacia las personas,
Darío Orozco, Ramiro Jaramillo (el de Bello y sus contactos con y pienso que nunca le caí bien tal vez porque nunca le creí. Eso es
Fabricato), Ramón Elias Bohórquez (el restaurador de imágenes, que fatal para un predicador. Un predicador es feliz si se da cuenta de que
años después se fue a trabajar con el partido en el Viejo Caldas), todo el mundo le cree; yo no le creía una sola palabra.
Elohín Grajales (que terminó metido en líos grandes), el médico de Ese grupo editaba un periódico llamado Crisis en una vieja im­
Segovia Virgilio Vargas Pino, Dolly Molina (que había sido campeona prenta que funcionaba por allá por la calle Zea o en la cuadra siguien­
nacional de lanzamiento de jabalina), el médico Emilio Yunis, que te hacia el norte. Allí me permitían colaborar, aunque no recuerdo
hoy es reconocido genetista, y Rómulo Jaramillo, Alicia Guerrero, acerca de qué temas escribía. Se imprimía en una máquina instalada
Ramiro Montoya y otros, y, sobre todos ellos, Estanislao Zuleta, de en uno de los corredores de la casa y los muchachos que atendían el
quien podría decirse que toda palabra que salía de su boca era como negocio se la pasaban espiando a las muchachas de la casa vecina
la Biblia para sus compañeros. A mí me pareció un hombre brillantísi­ cuando entraban al baño. Habían descubierto una rendija en la te­
mo, muy inteligente, gran conversador, pero un hombre resentido, y chumbre y me invitaron al espectáculo pero nunca tuve fuerzas para
para mí las personas resentidas con la sociedad, con toda la gente, no aceptarles. Acompañaba a Arrubla a verificar la marcha del trabajo y
tienen mayor autenticidad y no crean valores. El tenía siempre una tengo fija la minuciosidad con que revisaba las pruebas de galera. Era
posición delirante, provocadora. Todo lo que decía estaba destinado a un trabajo bonito. Los periódicos regionales no se han acostumbrado
escandalizar y a que le respondieran que no era así, para machacar a

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en el partido y la dirección nacional tenía muchas reservas sobre Cri­ esta esfera; si tiro la esfera y rueda, eso es lógica, y si no rueda es dialé­
sis, aunque jamás me las transmitió. Claro que Crisis, una especie de ctica”. Le hago esta pregunta por lo siguiente: porque la tesis de ellos
tabloide, figuraba como una publicación independiente y no como sobre el partido, que me parece bien sugestiva, es que ellos no prosperan
vocero del partido. A Arrubla le gustaba mucho escribir, era divertido pese a que toman la dirección con un núcleo fundamentalmente de ar­
y a la vez muy solo. Era un grupo que quería la renovación del partido, tesanos, obreros y estudiantes, porque va a triunfar en el partido de
y eso estaba muy bien, pero ellos mismos no creían en nada. Zuleta Medellin una tendencia campesinista, digamos, de gente que viene del
sostenía que Gilberto Vieira estaba esquizofrénico, que ahí no había campo hacia la ciudad. ¿Usted cómo ve eso, dado que fedeta estaba
nada que hacer, y lo sostenía con un desprecio infinito. Zuleta era conformada por obreros recién llegados del campo, que no tenían una
marxista-existencialista, eso fue lo que le entendí. El existencialismo tradición obrera urbana? Porque lo que usted me dice de Zuleta es que
era como una prolongación del marxismo, era como su proyección él también tiene una transición a lo urbano porque él se cree un predi­
democrática, y el Partido Comunista colombiano estaba absolutamen­ cador de pueblo. ¿Cómo vio usted el asunto de la conformación del
te paralizado por el dogmatismo. Entonces a ellos se les ocurre formar movimiento obrero en esa vida urbana1
el nuevo partido revolucionario, al que pusieron el nombre de Arco, AD: Que Alvaro Tirado y Jorge Orlando Meló hicieran parte del
Acción Revolucionaria Colombiana, pero sin salirse del Partido C o­ proyecto socialista revolucionario no puedo afirmarlo, porque para esa
munista. Eso era lo ridículo del cuento. Ahí fue cuando el partido se época yo había salido definitivamente de Medellin. Pero te cuento lo
dio cuenta de que lo que ellos querían era dividir al partido. Yo nun­ siguiente. El Partido Comunista colombiano nunca ha sido un partido
ca tuve claro que ellos quisieran la división. Lo que sí tuve claro era urbano, siempre ha sido un partido del campo, agrario, y siempre los
que querían mandar y entraron al mando, se volvieron dirección mu­ campesinos han sido el puntal de la organización del partido, toda la
nicipal. Ahí hubo ingenuidad de algunos miembros del partido, prin­ vida. Han sido los campesinos y en algunas regiones, como el Cauca,
cipalmente Joaquín Herrón, que los acolitaba festivamente en todo, los indígenas. Pero en la ciudad, si hablamos de las cuatro principales
frente a la mirada pasiva de los demás, hasta el punto de que final­ ciudades y tal vez de Pereira, Bucaramanga, Cúcuta, es mínimo el
mente, bien entrados los años sesenta, la dirección nacional tuvo que calado del partido como organización política dentro de la población
disolver ese comité. Ese y el comité regional del Valle, en los años urbana. Esa es una cosa incontrastable. Así que lo que ocurría en
setenta, han sido los dos casos extremos en que el Partido Comunista Medellin no es ninguna excepción. Florencia, que no es una urbe, es
de mi época se haya visto obligado a declarar disuelta una organiza­ un caso típico de eso. Hablo de los años ochenta, primera mitad de los
ción del partido. Tan pronto me fui para China a principios de 1960 las años ochenta. En el Caquetá el partido estaba constituido, en un no­
cosas empeoraron y cuando regresé a Medellin ni siquiera me permi­ venta por ciento o más, absolutamente por militancia del campo. Dentro
tieron tener una reunión con el comité, como era lo normal. Me res­ de la ciudad, que es todavía un pueblo grande, todo lo que ahí había
pondieron que allí no había más trabajo para mí y yo regresé a Bogotá. de partido era la gente que venía del campo. El periódico casi no
JC C : Un personaje que usted cita, Delimiro Moreno, habla de un circulaba y era muy difícil conseguir quien lo distribuyera; por eso
Roque que pertenecía al Partido Comunista de Medellin. ¿Lo recuerda? tales distribuidores de la prensa comunista en las poblaciones peque­
Ellos dicen que era un campesino que llega a Medellin y que lo ponen a ñas e intermedias se volvieron figuras históricas para el partido. Toda­
trabajar con el mimeógrafo, y que ese tipo es un hacha para el mimeógrafo vía hoy Voz da cuenta de ellos, relata su vida política, conmemora sus
y que algún día en uno de esos grupos de estudio que ellos forman no aniversarios y reseña su muerte. Los grupos organizados en Florencia
tenían a quién mandar, porque había tantos grupos, y mandan a Ro­ eran ínfimos, eran la parte más débil del partido en el departamento,
que, a quien apenas le habían enseñado a leer, y precisamente el inves­ que llegó a tener tres diputados y mayorías comunistas en varios mu­
tigador Tirado M ejía, quien está ahí en la célula, también con Meló, el nicipios diferentes de la capital. Y así mismo sucedía en toda una
actual director de la Biblioteca Luis Angel Arango, le pregunta que gama de ciudades intermedias, cercanas del medio campesino: Neiva,
cuál es la diferencia entre la dialéctica y la lógica. Entonces el hombre Puerto Asís, Popayán, Girardot, Sincelejo, para no hablar de las ciu­
como que responde en los siguientes términos: “M ire, yo aquí tengo dades mayores. Eso te da una idea de cómo ha sido el partido. El

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partido es eso. Así que estoy de acuerdo con lo que decían en Medellin. rían. Pero fíjate que ellos supuestamente crearon un partido de la
Ahí no había un trabajo urbano importante. Cuando te cuento que revolución socialista en pocos meses, en dos años si mucho, como si
íbamos a Coltejer, a Fabricate, a Tejicóndor, era arañando para conse­ crear un partido consistiera en reunirse y dar la orden, y eso no les
guir audiencia en esos sectores, que estaban absolutamente domina­ duró. Porque tampoco esa era la fórmula. Lo que se demostró es que
dos por el conservatismo y la Iglesia. Tal vez con excepción de ellos no tenían calado de masas para fundar un nuevo partido. ¿Cuál
Tejicóndor, ahí el progreso fue muy poco. ¿Qué hubo ahí que fuera era su tesis? Que el Partido Comunista era una muía atravesada en el
importante? Por ejemplo, Confecciones Colombia, o sea, Everfit- camino de la revolución. Si tú hacías a un lado la muía tenías el
Indulana. Ahí hubo un núcleo destacado porque había influencia de camino expedito. Pero ellos hicieron a un lado la muía y tampoco
los sastres artesanos, precisamente los más politizados, y porque el pre­ pudieron.
sidente del sindicato, de apellido Del Pino, aunque no era comunista, JC C : ¿Hubo una famosa asamblea por allá en una finca de Ro­
trabajaba con los comunistas, y lo mismo ocurría con los trabajadores bledo, a la que fue Filiberto Barrero, y donde ellos obtienen la
de Avianca y de SAM, pese a la vigilancia que ejercía la dirección mayoría del partido?
nacional de Sintrava, hasta entonces en manos de un elemento AD: No tengo ni idea de ese suceso. Nunca oí nada parecido y
patronalista manifiesto, de apellido Conde. No conocí el proceso in­ debe haber sucedido cuando yo estaba fuera del país, en Praga. Pero
terno que se vivió en Siderúrgica de Medellin, pero allí también se no me extrañaría que hubiese ocurrido así. En el caso del grupo
ganó notable influencia de la izquierda, a través de fedeta. En la divisionista de Cali, en los años setenta, la delegación estuvo confor­
mayor parte del asalariado de Medellin, desde luego, nunca hubo una mada por Chucho Villegas, Hernando Hurtado y el susquehabla, y la
recepción importante para el partido. El partido de Antioquia ha sido conferencia regional efectivamente, delante de nosotros, aprobó con­
tan campesino como el de otras partes. Ahora bien, no sé si la inten­ tinuar su política disidente. Posteriormente se produjo la disolución
ción del grupo disidente del partido era exactamente conquistar las de ese organismo, en mi opinión con toda razón.
masas urbanas. Ellos tenían un sentido muy alto de libertad de pensa­
miento y de expresión, otra cultura política, pero no creo que estuvie­ JC C : Hay una anécdota de cuando confiscaron un mimeógrafo
ran más cercanos de los obreros que nosotros. Cuando ellos pensaban del partido. Ellos dicen que la Andi les dio un mimeógrafo, que fue
que a los obreros se les maneja es conversando con ellos en una asam­ donde imprimieron Crisis, para ayudar a sacar a Rojas Pinilla. O
blea, en una reunión, y diciéndoles cosas como que el matrimonio era sea, ¿en la clandestinidad había tres mimeógrafos del partido en
una pendejada y que lo que debía regir eran las relaciones libres, o Medellin: el suyo, el de ellos y otro que cogieron?
que qué era eso de la religión, estaban despistados. Por eso los sacaron AD: Nunca supe nada de la actividad clandestina del partido en
levantados los propios trabajadores; era un lenguaje que los asalaria­ los cuatro años que viví en Medellin. Ni de esos otros mimeógrafos ni
dos, acuciados por los bajos ingresos y las penurias de los hogares, no de nada. Por eso no hablo sino de mi trabajo. No se acostumbraba
podían interpretar como respuesta a sus demandas. Los amigos de Arco, comentar esas cosas en el partido, o por lo menos no en mi presencia.
que se convirtió finalmente en Partido de la Revolución Socialista Para el aparato que yo manejaba, pero ya después de caída la dictadu­
(prs), podían tener la intención, pero estaban en otro paseo, el paseo ra, solo una vez fui a recibir unas resmas de papel, muy bueno por
de un imaginario movimiento comandado por una elevada cultura cierto, de manos del poeta Gonzalo Arango, que entonces trabajaba
universal, que manejaba una política a la europea, bajo el emblema en la Imprenta Departamental. Nada más. Incluso aproveché el
nihilista de Sartre. Ese era su paradigma, y el otro era Freud; enton­ mimeógrafo para imprimir una monografía sobre Antioquia que ela­
ces, entre Sartre y Freud ellos se balanceaban y con Sartre y Freud yo boré con base en documentos consultados en la Biblioteca Pública
no sé si hubiesen conseguido mucho apoyo de la población trabajado­ Piloto. Hice cuadros estadísticos y agregué comentarios a lo que tenía
ra. Eso es lo que yo veo, y así concibo su fácil y rápido fracaso posterior. que ver con la producción económica antioqueña, la composición
Yo no creo que ellos fueran unos apóstoles ni nada de esa vaina, sino demográfica, la salud pública, la educación, etcétera, y armé un fo­
que ellos se dieron cuenta de que el partido no era lo que ellos que- lleto que le gustó a Eladio y que debió distribuirse en las filas del

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A

partido. Yo presentía que la militancia del partido poco conocía de AD: El no está muy alejado de la verdad en cuanto a que íbamos
esas cosas, que trabajaba con la gente pero no conocía los datos de esa a los lugares de trabajo y a los sindicatos de la utc, aunque siempre
misma gente, del trabajo, de los problemas sociales del departamento, con previa invitación de algún directivo, en el caso de asambleas o
de qué representaba Antioquia en el país. Eso mismo hice después en reuniones de juntas directivas sindicales, porque de otra manera ha­
Barranquilla y en el Caquetá. Siempre me afana que la gente no conoz­ bría sido imposible. A nadie se le ocurre que cualquier tipo, y menos
ca las cosas que manipula y eso lo aprendí una vez que le pregunté a un comunista, se presente de repente en una reunión sindical, con­
un ebanista que cómo podía trabajar tan bien la madera que caía en trolada siempre por personas avezadas en el arte de dirigir y de man­
sus manos. Me hizo un recuento de lo que era la madera desde que se dar, y que haga una intervención allí. En esa parte, pues, no es exacto
sembraba el árbol hasta que estaba listo para cortar, de la clase de monseñor. Visitas e intervenciones de dirigentes de organizaciones
árboles, de la clase de maderas que salían de allí, del tiempo de corte, distintas con previa invitación ha sido algo usual en la historia del
de la estación del año para cortar, de la forma de aserrar una madera, movimiento sindical, y sigue ocurriendo felizmente. Ahora poco, pre­
del brillo de la madera y de cómo una madera se conocía oliéndola y cisamente, los dirigentes de la C G T entraron a reemplazar a los de la
mirándola y hundiéndole la uña. Fue una cátedra de amor por el mate­ ctc en la dirección de varios sindicatos azucareros del Valle. Y, con
rial que él trataba. Siempre que veo libros mal escritos me acuerdo de motivo del conflicto reciente de los corteros de caña del Valle y el
él, porque hay buenos investigadores sociales y hasta literatos que Cauca, los activistas de la cut entraron a desalojar de los mandos
escriben sin tomarse el trabajo de investigar la lengua en la que escriben sindicales a varios directivos cetecistas y cegetistas. El “entrismo” es
y la que manipulan a diario, y por eso no saben que no saben escribir práctica inveterada del movimiento, así los directivos se enojen y le
correctamente. Es como un círculo vicioso diabólico: los profesores, llamen rapiña sindical.
para parecerse a sus inapelables maestros, repiten sus barbarismos, si­ Otra cosa, totalmente distinta, son las prácticas rufianescas que
guen empleando vocablos inventados en la academia inoficiosamente unos pocos camaradas, comandados por Elohín Grajales, se inventa­
y transmiten ese pensamiento prestado a sus alumnos, que se encarga­ ron para penetrar en los sindicatos utecistas. A mí me vinieron con
rán de distribuirlos profusamente en la generación que viene detrás ese cuento y yo los reconvine y no participé en nada de lo que arma­
de ellos. Confiados en sus conocimientos de las ciencias sociales, se ron. Tenían desesperación porque el trabajo de penetración política
desentienden de lo esencial: la expresión del pensamiento, o sea el no avanzaba, sobre todo en Fabricato. Esos compañeros, que estaban
lenguaje, sin el cual no hay ciencia que valga. Pienso que la investi­ detrás de la organización del nuevo partido revolucionario y no repre­
gación social de hoy es en general de baja calidad literaria. En eso se sentaban en nada a la militancia partidaria, planteaban simplemente
diferencia de la que produjo el país en el siglo XIX, cuando los inves­ adelantar aventuras. Yo escuché a Elohín y a Ramiro Jaramillo
tigadores estudiaban el idioma castellano y además manejaban bien intercambiando ideas para chantajear a algún dirigente utecista, no
las traducciones de otras lenguas. Me parece que, más que el latín y sé si a Antonio Solis o a otro. A Antonio nunca lo conocí personal­
el griego, como se cree, conocían el inglés y el francés mejor que los mente, que quede claro eso. La cosa consistía en tomarle una foto en
de hoy, que asumen que todos los idiomas deben obedecer a las nor­ compañía de uno de ellos o de no sé qué otra persona, mediante enga­
ño, y luego amenazarlo con publicar esa foto. Algo así era la cosa.
mas inglesas y ante todo se preocupan por la copia mecánica y literal
Elohín, que trabajaba en una empresa de repuestos de automóviles,
al español, con lo cual maltratan ferozmente nuestro idioma.
era el tipo de los planes secretos, era feliz hablando de cosas secretas
JC C : ¿Cómo era el trabajo de atraer seguidores? Porque tengo y malévolas y siempre tenía conversaciones a media voz. Era el miste­
una entrevista con monseñor Vega, que ha estado en los procesos rioso del paseo, no entendía ni leía nada de marxismo y era de esos
de paz. Él era el capellán de la utc en esa época y decía que la tipos que siempre tienen secretos y que hacen saber que saben lo que
estrategia de los comunistas era ir a los sindicatos de ellos y coger tú no sabes. Son de los que tienen la solución para todas las cosas y
unos líderes, emborracharlos, meterlos en el cuento y después in­ que secretean para que los demás sepan que están secreteando. Es un
filtrar al sindicato. ¿Cómo era la metodología de trabajo? poco el fanfarrón, o algo peor. Pero ese mismo personaje era una perso-

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na muy solidaria con los demás. No había nada que él no estuviera Conversación con Torres Giraldo
dispuesto a hacer por alguien, y en su casa de Robledo criaba una boa
y la mostraba a las visitas. Todo un personaje pintoresco. Era tan soli­
dario, que cuando yo supe que mi compañera estaba a punto del parto
adelanté un viaje que tenía para Bogotá y le pedí que se encargara de JC C : Coménteme un poco más de Mario Arrubla, María Cano,
atenderla. Y él consiguió el cupo en el hospital universitario, porque Torres Giraldo, el partido liberal de Antioquia...
él conseguía de todo. Cuando nació la niña, Claudia, apareció una AD: Mario era un tipo muy inteligente, brillante, un hombre muy
enfermera y le dijo: “Ya nació, es niña y si quiere entre y la mira”. Ella despierto, inquieto por hacer cosas y en mi opinión un hombre solo,
pensaba que él era el papá, y cuando le trajo a la niña le comentó: sin equipo político. Eso es mucho decir en una persona que se mete a
“Dígame si no es igualita a usted, es la misma cara suya”. Era un tipo la política. Era muy seguidor de Zuleta y me parece que menosprecia­
así, casado con una norteamericana también muy buena mujer. Pero ba el trabajo artesanal, el trabajo directo fuera de “su” periódico; él
era dado al misterio y así acabó años más tarde, cuando ya para él no estaba por el estudio de las teorías, de las teorías económicas sobre
había proyecto político. Parece que se metió con gente del hampa o América Latina y el Estado, y salió adelante porque se metió por ahí y
algo así y terminó asesinado. Casos de ese tipo nunca los vi yo en el sacó su buena contribución, su propia lectura de la historia colombia­
partido, solamente allá en Medellin. Entonces, si a eso es a lo que se na. Pero él es un tipo intelectual, él no es un tipo creativo de partido,
refiere monseñor, fue como lo cuento. Eso fue totalmente desautoriza­ lo mismo que Zuleta. No es el caso de Delimiro Moreno, que sí era un
do, y si lo realizarían de alguna manera no lo sé. Al partido lo pueden activista político. Arrubla es un teórico, un poco como Zuleta, por
acusar de todo menos de que se lanza a aventuras, y menos aún a encima del bien y del mal. Pero todos ellos eran muchachos admira­
proyectos estúpidos. bles, como muchos otros que conocí en el resto del país. No hay que
creer que personas de la calidad de ellos eran la excepción en el
partido. De Delimiro tengo la impresión de que era un hombre con
cualidades mejores para ser un dirigente político. Y otro a quien le
tocó el trabajo político de verdad fue Ramón Elias Bohórquez, de una
familia de restauradores de arte, y Ramiro Jaramillo, que vivía en
Bello y tenía contacto con los trabajadores de Fabricato.
JC C : ¿María Cano e Ignacio Torres Giraldo?
AD: Conocí a Ignacio Torres Giraldo en Medellin, por conducto
de Mario Solórzano, que también me presentó al pintor Pedro Nel
Gómez en su casa-museo. Vi sus mineros encorvados y sus barequeras
que repetían la misma modelo, como sucedía con Grau. Mario era
abogado de empresas y de sindicatos, como cosa curiosa. Fue uno de
los asesores que tuvo el sindicato de Fabricato, a pesar de la oposición
de la Utran; también fue abogado del sindicato de Fatelares y me
parece que de la Fábrica de Empaques igualmente. Como al mismo
tiempo era abogado de algunas empresas, en el partido de Medellin
eso no era una mezcla fácilmente digerible. “¿Cómo es eso de que el
compañero asesora empresas y es camarada?”, oí alguna vez decir a
alguien. El tenía contacto con Torres Giraldo y con María Cano, que
vivían en una casita por las lomas del oriente de Medellin, segura­
mente en el barrio Aranjuez o en Salvador, en condiciones muy po-

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bres. Allí vivían Torres Giraldo, María Cano y la hermana de María, ciera críticas a los trabajadores. Las consideró como una injuria a la
que leía las cartas o echaba suertes, algo así. Mario me dijo: “Acompá­ memoria de un gran hombre y de una gran mujer, cuando lo que yo
ñame y te presento a Torres Giraldo y a María Cano”. Me pareció estaba pintando era una impresión humana. Fuimos a visitar a dos
interesante y fui con él. Mario recogía ayudas monetarias con sus grandes figuras de este país y las encontramos así porque así eran
amigos para agregarlas a las propias y llevárselas a Ignacio. Tenía ofi­ cuando las encontramos. Acudí a Vieira y le pregunté por qué no
cina en la carrera Carabobo con la calle Colombia y era un hombre querían publicar las crónicas, y Vieira, que nunca se metía en proble­
muy generoso. Metía esos billetes en un sobre de carta, cerraba el mas con nadie, leyó los textos y me dijo: “No sé por qué Manuel pien­
sobrecito blanco, lo introducía cuidadosamente en el bolsillo y se pre­ sa eso; todo lo que tú dices ahí es cierto”. Me tocó publicar las notas
sentaba allá. Ignacio nos abrió la puerta y nos sentamos en una salita. en otra parte, en la revista Margen Izquierda, que en los años ochenta
Desde allí se veía a la hermana de María, que era sorda, trabajando; reemplazó a Documentos Políticos. En el partido era así: si un alto
ella no escuchaba nada de lo que hablábamos, solamente miraba al dirigente con poder político, como ya era Cepeda, hacía algo conside­
través de los hilos de su labor, y el Ignacio tomó la palabra desde el rado inadecuado, los demás callaban. Gilberto, en su juventud, fue
principio y no hubo manera de quitársela. A mí ni siquiera me miró amigo de Ignacio y de María, amigo y enemigo político de ambos, o
cuando Mario me presentó; me dio la mano también al salir mientras por lo menos contradictor. Nada valió. Así era Manuel. Una vez llegó
seguía hablando y tampoco me miró. Todo lo que habló fue con Mario, al extremo de retirar de la impresión un artículo un tris de crítico que
pero además tampoco dejó hablar a Mario, todo el tiempo fue él sen­ yo había escrito sobre los partidos comunistas latinoamericanos para
tado en la palabra, y Mario trataba de sugerir cosas y él, nada: seguía, la misma Margen Izquierda, de la cual me habían nombrado director
seguía y seguía con la cantaleta. Me formé la impresión de él en esa sin que yo hubiera hecho nada para merecerlo. Era una publicación
ocasión, en otra en que dictó unas conferencias sobre la huelga obre­ aparentemente amplia, destinada a sectores de capas medias, y allí
ra en la casa de la naciente fedeta y en una tercera oportunidad, me di el lujo de publicar traducciones que hice de publicaciones nor­
cuando lo encontré en el andén de una calle de Envigado, manejan­ teamericanas. El gesto atrabiliario de Manuel, que nunca se dignó
do un puestico de libros y revistas, para ayudarse. Siempre me dio la explicarme, hizo que en una reunión del Comité Central me viera
idea de un tipo arrogante, soberbio. Se deleitaba escuchándose a sí precisado a señalarlo como “cancerbero del marxismo leninismo”, cosa
mismo, enhebraba las frases y gozaba con ellas; entonces no oía al que le disgustó mucho, pero él se la había ganado. Estaba visto que mi
interlocutor, solo a él mismo. Era muy impositivo en sus cosas y lo noté gestión en Margen Izquierdo no era del gusto de la dirección y pron­
muy anticlerical. En ese tiempo, año 1958, llegó la noticia de que tamente me removieron del cargo.
había muerto el papa Pío XII y el comentario de Ignacio fue: “ ¡Uno El partido vive obsesionado por la pureza de la doctrina y en ese
menos! Aunque sea solo uno!”. Nos informó que María sufría “demen­ empeño sale diariamente en busca de infractores desde hace setenta
cia senil”, que no recordaba casi nada, que se le olvidaba todo. Mario años, como don Quijote en busca de fantasmas reales. A algunos que
insistió en que la saludáramos y entonces salió una mujer pequeña y han salido de circulación incluso los resucita ante la opinión pública
delgadita, más delgadita que la hermana, con las manos huesudas, para tener el gusto de golpearlos en su presencia, y a gente que desde
que vino hacia nosotros caminando en silencio y como si no rozara el posiciones democráticas no avala la totalidad de la política del parti­
piso con los pies. Nos saludamos de alguna manera y al momentico do no le perdona ni una coma mal puesta. Se hace odioso con sectores
dijo: “Les pido un permiso”, como dicen en Antioquia. No se sentó, intelectuales independientes, que en realidad estiman su política como
no hubo posibilidad de hablar nada con ella, y quedaba incómodo la más acorde con las necesidades del país. Todo ello sucede por épo­
insistir en su presencia. cas. En épocas de represión (años 40, años 50, gobierno de Uribe Vélez,
Yo relaté esa experiencia en tres crónicas que no me permitieron por ejemplo) el enemigo es de derecha, y en tiempos de apertura (Frente
publicar en el periódico del partido, porque el director, mi compañero Nacional, alianzas amplias electorales) el enemigo es de izquierda. En
de colegio Manuel Cepeda, las estimó inadecuadas, desobligantes; ocasiones el partido resultó arriesgado, como cuando, en el año 1952,
me dijo que no era correcto que el periódico de los trabajadores hi­ prestó territorio bajo su dominio para realizar la primera Conferencia

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Nacional Guerrillera, con liberales e independientes. A mediados de lo invitáramos. Dictó una conferencia sobre la huelga y después otra
los años 40 el partido dijo que había aplastado a la tendencia de dere­ sobre organización. A la primera la transcribí a mano sobre el papel, a
cha en sus filas, pero en el 57 el pcus pregonó la revolución pacífica la manera taquigráfica, y se publicó en un folletico. Me parece que
mundial y el partido aceptó el llamado sin vacilaciones. Para mayor con la segunda pasó lo mismo. Eso se me perdió totalmente, no sé si en
paradoja, nunca vi desconcierto mayor en la dirección del partido los archivos sindicales habrá algo. Pero recuerdo que las primeras pa­
que el que tuvo con motivo de la inserción a la vida civil de la AD- labras que Ignacio pronunció para instalar su conferencia fueron: “La
M19, en los años 90. Tantas vueltas y revueltas, solo por la obsesión de huelga es una guerra”. Era la concepción que él tenía, y si uno piensa
ser guardianes de la doctrina. en lo que pasó en los años veinte y treinta del siglo pasado tiene que
Si yo mismo era tenido, con mucha razón, como sectario y dogmá­ aceptar que Ignacio no estaba exagerando. Por supuesto, se vino con
tico dentro y fuera del partido, ¿qué podría decirse de personas como todo el conocimiento que él tenía de la huelga del Ferrocarril de
Cepeda y tantos otros que todavía hoy siguen creyendo que lo de 1989 Antioquia, de la segunda mitad de los años treinta, si no me equivo­
fue apenas un accidente en el camino de la revolución y siguen espe­ co. En la entrevista que muchos años más tarde le hice a Vieira, él
rando el retomo del socialismo? Solo en el trato personal Cepeda no cuenta que en la huelga del treinta y seis en la Tropical Oil Company
era sectario sino todo lo contrario, jovial y hasta divertido. Eran como a él le tocó ir a Barrancabermeja de ayudante de Torres. Entonces
dos caras de una misma persona. De entrada tuteaba a todo el mun­ Gilberto tenía como veinticuatro años, le decían el “Mono” y me con­
do, sin diferenciar jerarquías ni edades y aunque acabara de conocer fesó que nunca pudo entrevistarse personalmente con Torres Giraldo,
a la persona, y tenía don solo para mandar, no para ser mandado. Si que estaba oculto quién sabe dónde, para evitar cualquier sorpresa de
necesitaba hablar con uno le decía: “Delgado, quiero hablar conti­ la policía. Es la película de un tipo que nunca puede verse con el tipo
go”, y seguía sin detenerse hacia su escritorio. Nunca él venía al de al que debe ayudar. Un tema como para Kafka o para un cuento de
uno, como lo hacíamos los demás colegas del periódico. Era muy cor­ misterio o amor, como el de Chaikovski con su protectora millonaria a
tés y amable con los demás, pero sin abandonar su talante de jefe. quien nunca pudo conocer. Definitivamente, no se avenían Ignacio y
Estoy seguro de que si alguna vez le hubiesen presentado al Papa Gilberto. Casos como ese no son raros. Los viejos políticos desconfían
Wojtyla durante una audiencia pública en la Plaza de San Pedro, de los jóvenes, y si pueden aplastarlos en el camino lo hacen sin escrú­
Manuel se habría acercado al pontífice para saludarlo así: “Karol, ¿cómo pulos. De todas maneras, el partido se interesó por publicar las obras
te va? Esta es una manifestación espléndida, camarada!”. de Ignacio, pero no llegaron a ningún acuerdo porque Ignacio exigía
Volviendo a Torres Giraldo, cuando lo conocí conservaba su forta­ que fueran editadas todas o nada. El fue con el problema a Medellin
leza física, restregaba la lengua en los labios mientras hablaba y nunca y allá, por lo menos, acordó con Mario la sacada en limpio de los cinco
le vi una sonrisa, ni siquiera cuando despidió del mundo al Papa con tomos de Los inconformes. Mario me propuso hacer ese trabajo y claro
tanto entusiasmo. Mario no fue capaz de decirle: “Ignacio, los compa­ que acepté ahí mismo. Me tocó mecanografiar todos los cinco tomos
ñeros te saludan y mandan esto para ti”, sino que, en un instante en en papel tamaño oficio, en cuatro copias con papel carbón. Fue un
que él se descuidó, ya en la despedida, puso el sobre encima de la camello pero lo acabé, y claro que Mario me pagó por eso. En el primer
mesita de centro de la sala y desaparecimos hacia la puerta de salida. tomo hice algunos cambios de puntuación y redacción que eran jus­
Mario me informó que su hijo, Eddy, conocido comentarista de prensa tos, pero tan pronto los vio Ignacio se puso bravo y dijo que no se le
y editor, vivía en Nueva York y enviaba a su papá una pequeña ayuda podía cambiar ni una coma. Siempre ocurre que la gente que escribe,
económica. Lo poco que yo leí de Eddy Torres no me impresionó bien, pero que no conoce suficientemente la lengua, piensa que lo hace
y no me pareció que fuera amigo de los trabajadores. Eso fue todo. Lo bien y que no necesita corrección de estilo. Pero fíjate que las grandes
confieso, a mí no me gustó nada esa entrevista, me desilusionó; pre­ editoriales pasan a corrección de estilo a todo el mundo, porque hasta
fiero recordar a Torres Giraldo hablando de las huelgas de los años 30 los mejores escritores se equivocan, y los correctores de los autores
o vendiendo libros en Envigado. Cuando la vida sindical comenzó a también, y sobre todo los traductores. Es una labor colectiva y no indi­
tomar forma en la nueva fedeta, allá en la calle Pichincha, sugerí que vidual, una labor de todos.

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esposa preparó arepas con quesillo y desde entonces me afilié al bando
Sobre el partido liberal de Antioquia, cero noticias de mi parte.
patriótico de ese manjar, tan diferente de todas los demás de su tipo.
La vinculación con los liberales se ejercía en el plano casi personal,
Su hijo mayor, que tendría entonces unos dieciséis años, le ayudó a
por parte de algunos militantes, que no necesariamente eran dirigen­
poner sobre el fogón la masa ya moldeada y yo miraba la faena, lejos de
tes. Era el caso de Mario Solórzano y Fidel Gónima, por ejemplo, que
imaginar que la reacción no lo dejaría vivir más allá de los cuarenta,
tenían vínculos con jefes liberales por antecedentes académicos y por
motivos de su profesión. El resto de la gente del partido estaba muy porque lo asesinó en su propia oficina de abogado durante el extermi­
aislado por efecto de la clandestinidad y la dictadura; era un partido nio de la Unión Patriótica. A Eladio le gustaba mucho la música de
muy acampesinado, como el del resto del país. Gente como Guerra Brahms, por su fuerza dramática, según él, y se divertía corchándome
Serna tenía simpatías en el pueblo y creo que daba una ayuda finan­ en la distinción de compositores y obras. El peor día para mí era el
ciera al Partido Comunista, y Jaime Isaza Cadavid también estaba cer­ domingo, porque no había servicio de biblioteca y a veces permanecía
ca de las posiciones democráticas de los comunistas. Incluso había un horas enteras tendido en la cama, mirando al techo hasta que me
pequeño empresario de nombre Bernardo Arbeláez, que tenía una dormía de puro tedio. A veces la plata del mes no llegaba y el dueño
fábrica de caolines y yesos especiales para la industria y que también del restaurante me fiaba, pero yo prefería aguantar, porque no hay
contribuía con ayudas económicas al partido. Allá me presentaba pe­ cosa en la vida que menos me guste que deber plata. El dueño era un
riódicamente y siempre encontraba a don Bernardo achispado, y creo hombre de pocas palabras, alto y blanco como guayaba blanca, segura­
que algunas veces muerto de la perra. Me hablaba siempre de lo mis­ mente pastuso, y me decía que por qué no iba, que cómo se me ocu­
mo, como si no nos hubiéramos conocido antes, y desde la primera rría quedarme dos días sin comer. Cuando me sobraba algún dinero
cita me aseguró que él estaba en todo momento preparado para lo me iba para el cine, y para las muchachas de ocasión tenía que aho­
peor. Un día no se aguantó más y me dijo: “Voy a mostrarle algo, para rrar para poder llevar a una mesera a esa pieza; me valía cinco pesos,
que no crea que es mentira”. Desapareció por unos minutos de la que debía ahorrar, un peso detrás de otro. Era una mónita delgada y
oficina y regresó esgrimiendo un uniforme completo de combatiente, callada. Tuve una condiscípula que una o dos veces viajó a visitarme
que más parecía de pescador profesional, y unas altas botas de caucho en Medellin, pero me late que fue después de la caída del dictador.
que me mostró con orgullo. “El día que el partido lo ordene yo ya estoy Después de que reencontré a la que sería mi mujer se me acabaron los
preparado -m e aseguró-. No tienen que decirme nada más. Yo estaré problemas por el lado de la soledad. Esa soledad de once meses meti­
listo para lo que sea”. Era un liberal radical, de esos que ya estaban do en una pieza era peor que la cárcel, porque por lo menos en la
extinguidos. Estoy hablando del momento de caída de la dictadura cárcel uno no tiene el problema de estar pendiente de la policía, de
rojista y no de la posterior, del Frente Nacional, cuando ya he partido que nadie lo distinga, de que ojalá no lo vean personas conocidas. No
de Medellin y vuelto a Bogotá. me enfermé nunca pero me salían erupciones en la piel y lo que llaman
“nacidos” o forúnculos en las axilas. Era una vida muy simple y muy
JC C : ¿Cómo se financiaba usted allá en Medellin? solitaria, y siempre he creído que yo estaba tan solo y tan enajenado
AD: Eladio me entregaba ciento veinte pesos mensuales y con eso por la soledad, que me casé. Yo, que siempre fui enemigo del matri­
pagaba cuarenta de arriendo de la pieza, como cincuenta o sesenta de monio, que casi sabía de antemano que eso no iba a funcionar.
alimentación en un restaurante que quedaba en Cundinamarca con Me casé sin cinco en el bolsillo en la parroquia de San Cayetano y
la avenida de Greiff, y el resto para pagar lavado de ropa y tomarme las famosas arras que se usan las sacó el cura de alguna parte y me las
una que otra gaseosa. En transporte no gastaba nada porque todo lo prestó de momento. Me parece que eran de hierro. Cometí el error de
hacía a pie, entre otras cosas para divertirme un poco. Con el paso del responder “no” cuando el padre me preguntó si me había confesado y
tiempo la rigidez de las normas comenzó a rebajar y en una que otra comulgado, y entonces suspendió el acto y me mandó a hablar con
oportunidad fui a almorzar a casa de Eladio, lo acompañé a comprar otro sacerdote que había en la iglesia. El me dio la absolución de mis
hogazas de pan fresco en la panadería Santa Clara o salí de paseo por
pecados y volví al altar a proseguir el acto. Los padrinos fueron la
Santa Elena, junto con sus pequeños hijos. Allá en la cima me pareció hermana de mi esposa y un compañero directivo sindical del transpon
simpático el nombre de una finca: “Peor es nada”. Al día siguiente su

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te urbano, Solano Peláez. Él mismo me regaló cincuenta pesos para ras luego de que al papá del camarada le dio un ataque de locura y
que me comprara el primer mercado de casado. Era una peladez bru­ una noche levantó los baldosines del patio y siguió con los corredores.
tal y salí de todos esos trances gracias a la solidaridad de los paisas. Además, el referido camarada resultó borrachín y una noche llegó
Ellos fueron los que pagaron el pato, porque ellos nos consiguieron jalao y las emprendió contra mi compañera. Me trasladé a la casa que
dónde vivir, un apartamento situado en Carabobo con la calle 67, ocupaba otro camarada dirigente en Las Aguas, con esta característi­
siguiendo la acera del hospital universitario, un apartamento de se­ ca: que el arriendo de la casa valía cien y yo pagaba por una pieza
gundo piso que me pareció lindísimo, amplio y limpio. Nos lo cedió setenta. Era una lección capitalista bien aprendida. La mujer de él
una amiga del partido que tenía medios económicos y a quien des­ era antioqueña pero de las que son milimétricas para el cálculo de la
pués vi trabajando en el Comité Permanente por la Defensa de los plata. Era otro mundo, despiadado, completamente opuesto al de
Derechos Humanos que el partido creó en Bogotá, bajo la dirección Medellin. Posteriormente pude deshacerme de ese mal negocio con
de Alfredo Vázquez Carrizosa y Hernando Hurtado. Los muebles, la ayuda de Cecilia Quijano, la compañera de Gilberto. Ella me estima­
cama, la estufa, todo eso me lo regaló Mario Solórzano, que siempre ba mucho y creo que lo mismo su compañero. Siempre he creído que
me dotó de vestido y calzado. duré tan largo tiempo en las filas del partido porque Gilberto no esta­
ba en contra. Es decir, entre el año 68, cuando se produce la interven­
JC C : Hablemos más del 60 al 67, o sea, de Bogotá.
ción soviética en Checoslovaquia, y el año 92, cuando ya no tengo
AD: Regreso de Medellin a Bogotá a fines del sesenta, porque allá
más fuerzas para mantenerme como militante de la organización,
los nuevos dirigentes, los del grupo disidente, me dicen que no tengo
transcurren veinticuatro años durante los cuales estuve en contra de
nada que hacer, y entro de nuevo a trabajar en el periódico del parti­
la política internacional del partido, en contra de las intervenciones
do. El motivo es que ellos ya están en la dirección, el grupo de Arco
militares soviéticas en los países socialistas y finalmente en contra del
está dueño de la dirección y para ellos soy un estorbo. Además, pese a
que era miembro del Comité Central del partido, yo no estuve en movimiento guerrillero, y siempre respeté la letra de los estatutos del
Medellin en el papel de miembro de la dirección regional, nunca fui partido y jamás saqué esa oposición del seno del Comité Central. Siem­
miembro de ella, fui un ayudante; asistía a las reuniones pero como un pre aparecí como el más firme defensor de la política partidaria, aun­
activista, que está para hacer mandados, lleve esto, traiga aquello, que en las reuniones internas hiciera conocer mis objeciones abierta­
pero no más; en las reuniones de la dirección opinaba pero no podía mente. Cecilia, pues, me hizo una propuesta muy buena. Me dijo:
votar; eso fue un acuerdo desde el principio, hecho bajo expresa exi­ “Mira, la mamá de Gilberto vive con nosotros pero ella quiere irse de
gencia de Joaquín Herrón, que siempre se quejaba de que los dirigen­ ahí, y nosotros también queremos que ella viva en otra parte. Hay un
tes de Bogotá habían manejado a su antojo al partido de Antioquia. apartamento donde ella puede quedarse a vivir con ustedes. ¿Por qué
La dirección central se hacía ilusiones de que yo iba a hacer otro no lo sacamos? Te quedas con el apartamento, doña Mercedes toma
papel, pero yo no le jalaba a eso porque sabía que toda la gente que una pieza con su baño y nosotros pagamos todo el arriendo”. Entonces,
había ido a ayudar en el trabajo de Medellin había salido peleando imagínate, ¿cómo iba yo a decir que no? Así fue como vivimos varios
con ellos, porque llegaban con la idea de mandar desde un principio. años en la calle 22 con carrera 16, en puro barrio Santafé, cuando
Me regreso, pues, a Bogotá. Entre otras cosas después de feriar lo todavía era habitable para familias, en compañía de doña Mercedes
poquito que había podido adquirir para el hogar. Eso siempre fue así. Uribe, de la familia de los Uribes de Antioquia o de Caldas, no sé. No
Cada vez que yo me trasladaba de una ciudad a otra, como no tenía tuvimos problemas con ella, a pesar de su edad avanzada. Era un ser
para el pasaje ni para pagar el trasteo ni sabía dónde me iba a alojar, silencioso y disciplinado. Muy rezandera, todos los días iba a misa, y
tocaba vender todo lo que tenía. Al llegar a Bogotá un camarada de siempre estaba leyendo. Como a nosotros nos pasaba lo mismo, no había
la dirección me arrendó una pieza en la casa que ocupaba con su disgustos. Una tarde en que regresé temprano a casa sorprendí a las
familia en un barrio horrible del sur de la ciudad que se llama tres mujeres leyendo en silencio, cada una en su nicho, y sentí que,
Santander, una casa oscura y gélida donde siempre encontrábamos más que hogar, lo que allí había era un pequeño club de lectores. Así
babosas debajo de las almohadas. De allí tuvimos que salir a las carre- pude vivir unos años sin preocuparme por el arriendo. Mi compañera

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consiguió trabajo en una conocida oficina de arquitectos, propiedad en Alemania cuando su padre, periodista de cierto renombre, la llevó
de un amigo de su familia, y eso nos ayudó más. Yo tenía, claro está, la consigo cuando ejerció un cargo diplomático en ese país. Sus inquie­
ayuda financiera del partido, y el resto me lo conseguía haciendo co­ tudes políticas venían de entonces y la llevaron a acercarse al partido,
rrecciones de libros, como siempre. La gente nos regalaba la ropa una y allí pescó a Gilberto y se convirtió en su compañera de toda la vida.
vez más, como en Medellin, sobre todo unas familias que eran amigas Cuando ella murió Gilberto pareció haberse apagado y ya no volvió a
de Ángela. Así sobrevivimos hasta el año sesenta y seis, cuando me ser el mismo. La penosa dolencia que lo aquejó en sus últimos años
proponen que me vaya a Praga a trabajar en la Revista Internacional, (que yo siempre he atribuido a los “cirujanos cuchilla” que mandaban
que era lo que quedaba de núcleo de orientación del movimiento en el Fondo de Empleados del Congreso y tenían serrucho con sus
comunista internacional después de la desaparición del Komintem. compinches de la Fundación Santafé, como pude experimentarlo per­
Quiero agregar algo sobre Cecilia Quijano. Era una persona de sonalmente) terminó por aislarlo de sus amistades y reducir sus con­
trato difícil. N o es que se aprovechara de su situación de esposa del tactos no políticos a las personas de mayor confianza, como Alejandro
jefe del partido, pero era evidente que no se preocupaba por caerle Gómez Roa y el suscrito, por ejemplo.
bien a nadie de la dirección. Acostumbraba hablar con símbolos, reti­ Cecilia era muy estricta con el dinero, como pude comprobarlo
rarse repentinamente de la escena y dejar a su interlocutor con la cuando me encargaron la gerencia de Mundo Films, una empresita
palabra en la boca, y algunos la apodaban “Ágata”, en alusión a la comercializadora de cine soviético que llegó a tener cierta recepción
creadora inglesa de novela policíaca. Ayudaba mucho a conseguir entre los distribuidores bogotanos e incluso de otras ciudades del país.
fondos para el partido y para mí fue una especie de banco en miniatu­ Recuerdo que nuestro primer cliente importante fue un distribuidor
ra que me sacaba de apuros. Lo máximo que llegué a deberle fueron de apellido Hernández, dueño de la sala de cine Tequendama, insta­
veinte mil pesos, y tuve que pagárselos por cuotas. Cuando viví fuera lada en la carrera 13 con calle 17, una de las primeras de la ciudad en
de Bogotá y visitaba esa ciudad ella me ofrecía hospedaje en su casa. convertirse en presentadora de cine pornográfico. En los años 60 y 70
“A quedarse en mi casa no invito sino a tres personas: Mario Solórzano, el cine soviético estaba en su mejor época, con cintas como “Pasaron
José Cardona y tú”, me dijo un día. Su hija Constanza tendría enton­ las grullas” y “La balada del soldado”, de Chujrai, y reposiciones de
ces seis o siete años y era avispadísima para entablar conversación con los clásicos de Eisenstein “El acorazado Potiomkin”, “Octubre” y
la gente mayor. Le gustaban los gatos, como a Vieira y a Lenin, gozaba “Alexander Nievski”. Del gran realizador Andréi Tarkovski, director
haciendo maldades de niña a los visitantes y desde pequeña aprendió de esa joya del cine que es “El espejo”, dimos a conocer “La infancia
a distinguir entre quienes adulaban a su padre y quienes lo aprecia­ de Iván, “Andrei Rubliov” y “Solaris", que fue de las últimas que pu­
ban de verdad. En la sala de su casa estaba su retrato, hecho por dimos negociar. Distribuimos también películas como “El Don apaci­
Antonio Roda. Fui siempre amigo de Cecilia y me impresionó de qué ble” y “El sol sale para todos”, del afamado actor y director Serguéi
manera ella fue tornándose silenciosa, lejana y como prevenida con la Bondarchuk, si mal no recuerdo, y “H am let”, con música de
gente en los meses que antecedieron a su muerte. Exactamente lo Shostakovich, y hasta cine chino, del cual la película “La madre” fue
mismo percibí en el caso de Jaime Cuéllar, quien publicó el primer una de las más taquilleras. Y no me vas a creer, pero en los años en
ensayo de historia del partido bajo el seudónimo de Ánteo Quimbaya. que estuve trabajando en esa labor supe que nadie en América Latina
Él me regaló la primera máquina de escribir que tuve en la vida, ver­ les pagaba a los soviéticos sus películas: solo Uruguay y nosotros, con
de oscura, pequeña y hecha en Suecia. No sé si ambos sabían de su la anotación de que en el caso de Uruguay se trataba de una labor
muerte inminente y lo expresaban en la mirada y en el movimiento de desarrollada por una persona, mientras en nuestro caso era una labor
sus cuerpos. Cecilia estaba siempre bien presentada y no se teñía el de partido. Los demás las exhibían y no mandaban ni cinco. Nosotros,
pelo. Me invitaba a tomar té en una pastelería suiza que quedaba en por lo menos, mientras yo estuve al frente de la oficina distribuidora,
la calle 25. Tenía una dentadura espléndida y su risa era totalmente enviábamos doscientos dólares mensuales, que no era mucho pero era
sincera y penetrante. “Toca esto -m e decía golpeando con sus uñas todo lo que podíamos pagar. Nos invitaron a varios festivales de cine
sus dientes perfectos-. No me falta ni una pieza”. Había sido educada soviéticos, entre ellos los de Moscú, Tashkén y Samarkanda. Yo mis-

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mo acudí a uno de Moscú y me di el gusto de ver películas hasta Nosotros no somos cualquier partido: somos el partido de los trabaja­
reventar y pasear la ciudad sin escoltas ni guías ni horarios. Cecilia dores, y en la dirección ejecutiva no pueden estar personas que explotan
buscaba comerciantes que se interesaran por nuestro artículo y a ve­ trabajo ajeno”. No sé de dónde me salió esa reflexión, pero la expresé
ces compraban material. Teníamos buenas relaciones con el Cineclub presintiendo las consecuencias que tendría para mí y sin ninguna es­
de Colombia, el primero de ese género, creado por Hernando Salcedo peranza de ganar la pelea, solo la determinación de no quedarme con
Silva. La empresa fue creciendo, ya no podíamos atenderla bien y se ese hueso moral atravesado en la garganta. El resultado del debate
resolvió buscar un socio que le diera nuevo impulso. Así se hizo, pero fue inesperado: la mayoría votó por la exclusión de la compañera se­
siempre dimos con gentes inescrupulosas, que cambiaron de oficina, ñalada, pero su esposo recibió el apoyo expreso del secretario general
alfombraron de rojo, pusieron secretaria y asesor y terminaron robán­ y siguió en su puesto. Lo que el colectivo partidario no supo nunca es
dose la empresa. Porque esa ha sido también la experiencia del parti­ que pocos meses más tarde Vieira reconoció ante el comité ejecutivo
do: somos malos administradores pero cuando buscamos la ayuda de central que se había equivocado y pidió disculpas. Y yo quiero agre­
expertos terminamos robados. Así pasó con la librería, la editorial y la gar que ese personaje que así abusaba de los fondos del partido fue el
imprenta del partido, todas ellas montadas con ayuda de los partidos único que me pidió una explicación de cómo yo había podido pagar la
hermanos de la URSS y la rda. cuota inicial del primer apartamento que tuvimos, y que fue cubierta
Alguna vez le comenté a Cecilia que me parecía que en el partido con un cheque recibido por mi compañera como herencia de su pa­
no había control financiero y que así los que manejaban dinero po­ dre. Así deben proceder todos los ladrones, pienso. Pero toda crítica
dían robar y no pasaba nada. Ella me contestó: “Yo también pienso se detenía ante las murallas inexpugnables de la familia. No hay fami­
eso. Se lo he dicho repetidas veces a Gilberto y él dice que sí, que eso lias buenas y familias malas sino un solo espacio conspirativo donde
puede ser cierto, pero que lo que pueden robar es poquito”. Pero eso perviven las lealtades y las traiciones, los silencios y la vergüenza, y en
no era tan exacto. Cuando regresé de Europa en 1980 varios camara­ todo caso la muerte de la verdad. Ante la familia los principios des­
das me comentaron de un alto dirigente del partido que dizque tenía aparecen, todo naufraga. La madre del asesino nunca aceptará que a
una imprenta en compañía de su esposa, también miembro del Comité su hijo le digan asesino. La madre del asesino en serie siempre es una
Central, negocio del cual la dirección partidaria estaba ya enterada, y santa y nadie puede mencionar su nombre sin exponerse a morir. La
que corría el rumor de que allí había substracción de fondos del parti­ familia encubre, protege y oculta las ruindades de sus miembros y es
do. Los dueños no habían informado al partido, como era su deber, de también la parte intocable de la carne de los revolucionarios.
tal negocio particular oculto. La imprenta, por supuesto, no editaba JC C : ¿En ese lapso usted escribe algo?
materiales del partido sino textos de procedencia particular, entre ellos AD: En los primeros años sesenta trabajaba en el periódico y allí
-m e aseguraron- folletos de pornografía. Yo no podía creer lo que escribía páginas enteras de información general, incluida la obrera,
escuchaba de una pareja que era dechado de modestia y sobriedad de sin firmar nada. El jefe de redacción era Aníbal Pineda, que había
vida, pero siguieron las quejas y en el siguiente congreso del partido participado en un grupo liberal insurgente de Antioquia, a principios
no sabía si decir algo o callarme, como los demás, y cuando se pusie­ de los años cincuenta, aunque entonces yo no lo sabía. Entre los dos
ron a consideración los nuevos miembros del Comité Central un ca­ hacíamos prácticamente todo el periódico, que tenía ocho páginas de
marada se acercó a mi puesto y me preguntó al oído: “¿Tú no vas a tamaño universal. El director se limitaba a redactar una croniquita de
decir nada? ¿Vas a dejar pasar eso así?”. Pensé inmediatamente que sucesos cotidianos y el editorial. Era un zapatero boyacense sin ningu­
esa solicitud no podía ser simplemente personal, y me lancé al agua. na cultura general, una persona amaestrada para no hacer nada, que
Expuse mi pensamiento bajo el siguiente argumento: “Los miembros husmeaba en los escritorios y que sostenía que cuando los dirigentes
de la dirección central del partido no tienen vida privada; en el parti­ del partido iban a los países socialistas eran recibidos como jefes de
do, e incluso en su Comité Central, cualquiera puede ser propietario Estado. Siempre se quejaba de sus enfermedades perennes pero si ha­
y hasta millonario, pero en la dirección ejecutiva nadie puede tener bía viaje a Europa no esquivaba el cuerpo. Era aburrido oírlo hablar
negocios personales o familiares que el partido no conozca y apruebe. porque uno sabía de antemano que no diría nada nuevo. Desde un

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principio nos advirtió: “Aquí está prohibido publicar versos, jamás va­ Buscando a Mao por tierra y aire
mos a publicar un poema”. Era el responsable nacional de la propagan­
da del partido y creía que la poesía era enemiga del proceso revolu­
cionario. Estimaba que dirigir el periódico consistía en estar pendiente
de que la foto de Gilberto nunca fuera a aparecer por debajo de cual­ JC C : Hablemos de China.
quiera otra foto; encima siempre tenía que ir la de Gilberto. Y creía AD: Lo de China tiene una explicación. Solo después del año
que ahí no se podían publicar fotos de la oligarquía, como, por ejem­ 1960 se hizo pública la desavenencia con la Unión Soviética; enton­
plo, la del presidente de la república. Un tipo absolutamente formalis­ ces, hasta esa época operaron las relaciones del partido colombiano
ta, entregado de patas y manos a todo lo que dijeran los soviéticos. Y con el chino, porque aquí se seguía la pauta soviética. Yo nunca asistí
era el único de todos nosotros que hacía publicar en la lista telefónica a ninguna escuela internacional, ni de la Unión Soviética ni de nin­
un aviso que decía “Fulano de tal, periodista”, pagado, naturalmente, gún otro país socialista. Lo de China no era una escuela, más bien
con la plata del partido, que él manejaba en dos chequeras, una gran­ adoctrinamiento para grupos, en este caso de activistas y periodistas
de, de oficina, y otra corriente. Pero yo no me angustiaba y al contra­ latinoamericanos. Como todavía había relaciones con los chinos, la
rio me distraía llenando cuartillas una tras otra y con rapidez. Nadie política del partido colombiano, y la propaganda y los libros del parti­
me ganaba en el vuelo de la máquina. Ojalá hubiera podido dedicar­ do, expresaban una simpatía grandísima por China, porque China era
me solamente al periodismo, pero no pudo ser así. una referencia más cercana a la problemática colombiana que Rusia;
China era un país de campesinos, con solamente veinte millones de
obreros industriales, y los demás eran mayoritariamente campesinos.
Es una revolución agraria, una revolución democrática, no hay
bolcheviques, no hay clase obrera al mando, nada de eso. Eso les gus­
taba mucho a los dirigentes comunistas colombianos. En los años cin­
cuenta el partido editó aquí un libro de Mao Tse Tung o Mao Zedong
titulado La nueva democracia. Ese libro marcó todo un momento histó­
rico en nuestras filas. Fue editado clandestinamente, y bien editado;
era una maravilla. Yo estaba muchacho y me pareció milagroso que en
esas condiciones de pobreza y represión saliera ese libro. El partido
editó otras obras chinas y entre ellas Cómo ser un buen comunista, de
Liu Shao Chi, quien después cayó en desgracia. Entonces, pues, había
mucha admiración por ellos, y cuando China invita al partido a enviar
un grupo de compañeros yo fui uno de los escogidos. De los cuatro
que fuimos allá tres están ya muertos. Estaba un muchacho Alberto
López, de Cali, que después hizo parte de la disidencia de derecha en
la dirección de ese comité, y estaba el compañero Amaldo Domínguez,
del Tolima, que después fue director de la Escuela Nacional de Cua­
dros del partido. Había otro tipo del Tolima, que era de Natagaima, el
indio Venancio Loaiza, de los Loaiza de izquierda, porque allá había
otros de derecha. Poco tiempo después de llegado de China lo mata­
ron. Iba en un caballo y estando en el caballo le dispararon. Era un
gran dirigente, un hombre vigoroso que se mecía al caminar y nunca
tenía apuros para nada. Cuando hablaba o reía mostraba unos dientes

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perfectos y todo él irradiaba fortaleza física y viva inteligencia. Se Era una labor tan terrible que los hombres debían previamente beber
burlaba de mí por mi capacidad infinita para dormir: “Cuando a usted hasta emborracharse para poder soportar esa tortura, a tal punto que
le piden que se vaya a la cama ya está contratado”, decía. el gobierno había condecorado a varios de ellos con la medalla del
Cuando llegamos allá, haciendo dos escalas en territorio siberiano, trabajo heroico. Había largas filas de casas de madera, como las que
que estaba todavía cubierto de hielo pese a que ya era primavera, nos había visto en Moscú en 1953 y que estaban siendo desocupadas ma­
dijeron que se trataba de unas conferencias sobre el pensamiento de sivamente para abrir las nuevas vías de la ciudad. Más tarde nos lle­
Mao Tse Tung. Nos alojaron en un cuartel del Ejército, ni más ni varon a visitar un ancianato, y fue tal la fetidez que salió a mi encuen­
menos, o en todo caso en una instalación militar. A la entrada y la tro tan pronto traspasé el umbral de la entrada, que tuve que
salida había tropa superarmada, para entrar había que usar consigna, devolverme a respirar el aire de la calle. Definitivamente, mis papilas
puertas que se abren de golpe, puertas que se cierran, saludo militar, no están a prueba de malos olores. Pero no era una exageración perso­
etcétera. En el grupo había gente de casi toda América Latina. Así nal. Al regresar de la visita al país, de paso por Moscú, los médicos
que asistimos como a unos tres meses de conferencias magistrales y rusos encontraron en casi todos nosotros problemas de infección in­
otros tres o cuatro los invertimos en visitas a la parte más industrializada testinal y nos recluyeron en hospitales antes de permitimos abordar
de China en ese entonces, desde la Gran Muralla y el río Amarillo, al los aviones de regreso a nuestros países.
norte de Pekín, hasta Shangjai y Buján en el sur, pasando por Nanking, Todas las noches tuvimos alguna actividad y cuando yo llegaba a
ya en el verano. Fue toda una maravilla. La actividad era bastante la cama me sentía exhausto y solo esperaba que la noche no termina­
intensa y tal vez por eso mi sueño era lo mismo. O tal vez los sabios ra. Después de la cena jugábamos ping-pong o palomitas, pero más que
chinos nos llevaban en ese trote para que no tuviéramos tiempo libre todo voleibol, y en el resto de las noches nos llevaban en buses a cine,
para soñar despiertos, porque allá conseguir la compañía de una mu­ a conciertos y a veladas en enormes teatros de barrio y en los principa­
jer era ilusión y nada más. El contacto con la población era mínimo, les de la ciudad, y a Ópera de Pekín, y a encuentros deportivos si
por no decir inexistente. El recuerdo de Pekín es el de una ciudad queríamos. Allí tuve la oportunidad de ver obras completas de ópera,
enorme de avenidas anchas y aceras llenas de gente caminando apre­ y adquirí discos y los escuchaba toda vez que podía en un tocadiscos
surada, todo el mundo uniformado, y de bocacalles atestadas de bici­ que había en la sala de descanso del intemado. Me traje varios de
cletas esperando la señal del semáforo para arrancar. Conocimos es­ esos discos para Colombia y como no tenía dónde escucharlos y no me
cuelas, cooperativas agrarias, museos, salas de concierto, fábricas, un atreví a ofrecerlos a la Radio Nacional o a la hjck El Mundo en Bogo­
anciana to enorme, y hasta visitamos una cárcel donde vimos a los tá, los entregué al fundador y director ejecutivo de la Filarmónica de
presos trabajando en talleres amplios, uniformados y más bien moles­ Bogotá, Raúl García, a quien siempre acudo en materia musical. No
tos por nuestra presencia. Visitamos una admirable estación terminal creo que mucha gente tuviera aquí esa clase de discos, que eran de
ferroviaria que acababan de poner en servicio y un lago cercano a la 45 revoluciones. Nos llevaron a conocer fábricas, escuelas primarias,
Ciudad Prohibida donde remamos entre decenas de botes de recreo. jardines de infancia, museos, etcétera, en Pekín y otras ciudades, y
El Palacio del Pueblo nos pareció impresionante por su magnificencia me impresionó siempre ver a los chinos haciendo gimnasia en las zo­
y en Tiananmen caminamos bajo una lluvia liviana de primavera. Un nas verdes de los edificios, en parques y hasta en las afueras de la
día en que salimos de compras hacia un gran almacén me sorprendió Ciudad Prohibida. Nuestros conferencistas de lujo fueron Chu En Lai,
un olor nauseabundo e indescriptible que me golpeó el rostro; busqué Deng Xiaoping y otros duros cuyos nombres no recuerdo. Entre los
la causa y miré hacia una fila de enormes carretas de madera arrastra­ grandes jefes me acuerdo de esos. La ruptura del campo socialista fue
das cada una por dos hombres, que se perdían a la distancia a gran como una orden. En el sesenta y uno o sesenta y dos se hizo pública
velocidad a lo largo de una ancha avenida. Nos explicaron que ellos pero ya en el sesenta los chinos, en sus conferencias de Pekín, nos
eran hombres muy fuertes y valientes, que se encargaban de extraer el plantearon el asunto sin hacer alusión precisa a nada ni a nadie. Solo
estiércol humano de las letrinas de las casas, llevarlo a las carretas y lenguaje figurado. El que más precisó el asunto fue Deng Xiaoping,
salir a depositarlo en terrenos dispuestos para recibirlo como abono. que llevaba siempre un bastoncito delgadito pero seguramente durísi-

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mo y golpeaba su punta metálica contra el piso para remachar las sagradas. Eran las espigas del culto a la personalidad, pensaba yo. En
palabras mientras nos hablaba sentado. Todo el tiempo estuvo dándo­ Moscú la impresión para mí había sido peor cuando visité la tumba
le a ese bastón. Que nadie viniera a decirle al Partido Comunista donde reposaba la momia de Lenin, con las manos medio estiradas y
Chino lo que tenía que hacer. Que ellos eran un país muy grande y las mejillas pintadas de carmín bajo los pómulos afilados como nava­
muy pobre pero capaz de cualquier sacrificio, etcétera. Estaba bravísimo, jas. Cuando salí de ese sarcófago, escoltado por dos soldados hieráticos,
era flaco y chupado de cara, pero con buena barriga y pálido como él no me atreví a comentar a mis compañeros el asco que me producía
solo. Se veía que era un tipo de pelea. Era todo lo contrario de la esa ceremonia helada y siniestra. Después de lo de las espigas se me
figura de Chu En Lai, que me pareció reposado y serio, con sus negras quitaron las ganas de ver al Presidente... Me fastidiaba el uso del
cejas, corticas y espesas. En los días finales del programa un grupo de título en cada ceremonia y hasta en la más sencilla conversación con
los periodistas pidió a los chinos que nos dieran una charla sobre sus un chino. Era como si la palabra presidente estuviera metida, no en el
experiencias de la lucha clandestina. Ellos accedieron y recibimos acto civil de otorgar títulos sino en la carne del hablante. Era una
varias conferencias con historiadores y conocedores del tema, y de especie de expresión biológica de una persona: “el Presidente Mao
esas charlas tomé apuntes a mano y al regreso a Colombia redacté un estuvo aquí, pasó por aquí, tocó aquí”, como cuando el cazador se
texto para uso interno del partido que se llamó “Preparación para inclina sobre el suelo y dice: “El tigre estuvo aquí hace pocos minu­
tiempos difíciles”, del cual desgraciadamente perdí la única copia que tos”. Comprendí que no era tan cierta la excusa que daban los sovié­
guardaba bien escondida. ticos sobre el culto de sus amos políticos: el culto lo crean las masas,
Tan pronto como descendimos a suelo chino comenzamos a perse­ no lo crea el partido, decían. Pero no era así. El culto era la prolonga­
guir una entrevista con Mao, pero todo fue inútil. Primero nos dijeron ción de la política por otros medios, los de la magia popular y la sumi­
que no perdiéramos la esperanza, que íbamos a viajar por una extensa sión de los corazones. Y los millones de rublos que ese rito demandaba
región del país y que de pronto nos toparíamos con el “camarada Pre­ los pagaban las masas sumisas, año tras año.
sidente”, como le llamaban; no se podía decir “camarada Mao” o cosa JCC : ¿No estaba Abimael Guzmán, de pronto, entre el grupo
parecida, nadie le rebajaba el título de presidente, que parecía mu­ de latinoamericanos?
cho más importante que el de secretario general del partido. Pero AD: No puedo afirmarlo. Ahí había gente de todo tipo, pero no
hicimos la gira y nunca nos encontramos con Mao, y como algunos puedo retener el recuerdo de nadie. Ese fue un curso de maoísmo
compañeros seguían insistiendo en la vaina los chinos plantearon una informal, basado en conferencias magistrales, no en trabajo de grupos,
alternativa que, naturalmente, hubo que acoger: visitar la aldea de como ocurre con los seminarios, y todo el mundo usaba seudónimo.
Yenán, donde Mao se había refugiado al término de la “gran marcha” Tal vez por eso es casi imposible recordar gente. Por lo demás, nunca
que hizo su ejército para escapar de las tropas del Kuomintang, allá a pudimos conversar con la gente del país, por las dificultades de acce­
principios de los años treinta. Y así fue: visitamos con gran reverencia so, aunque los chinos con que nos relacionamos por motivos de salud
la cueva donde él se había instalado y volvimos a Pekín con la cabeza o de simple turismo hablaban inglés y eran amables en extremo.
baja y maravillada. Mao recorría una parte del país durante seis meses
del año y los otros seis permanecía en su despacho, nos explicaron. Así JC C : Algunos sostienen la tesis de que el partido colombiano,
que nosotros llegábamos a las provincias y no lo encontrábamos. Solo siendo pro soviético, mantuvo en la práctica una concepción maoísta
en una de ellas, durante la visita a una comuna agrícola, sus directi­ de la estrategia, que se puede observar en la estrategia de las farc,
vos nos informaron que hacía pocas semanas había estado allí. Nos una estrategia campesinista y de lucha prolongada. ¿Tiene eso al­
condujeron a un sembrado de trigo y nos señalaron el sitio exacto guna vinculación con ese periodo y se puede decir que Vieira sim­
donde él había puesto sus manos sobre unas mieses y esas mieses ha­ patizaba con el maoísmo?
bían sido introducidas en una urna de cristal colocada sobre un tú­ AD: Sí, claro. Vieira simpatizaba con el maoísmo, y solamente
mulo para que nadie las tocara. El personaje divino había estado ha­ cuando se produjo la escisión del movimiento internacional se puso
cía tres semanas allí y palpado con sus manos milagrosas esas espigas firmemente de parte de los soviéticos. El era muy intransigente en dos

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cosas: la unidad del partido y el internacionalismo proletario. En las ríos y de nombre Carlos Arias, quien en un pleno del Comité Central
dos cosas no cedía un ápice y siempre las esgrimió como el eje de su llegó a sostener que en el departamento del Magdalena el comunismo
pensam iento político. Condenaba las posturas nacionalistas y se daba silvestre y que lo que faltaba era trabajo para recoger la cose­
chovinistas y las sectas políticas y solo creía en la lucha de masas y no cha. La risotada general que provocó la tesis no fue cualquier cosa y
en las aventuras de grupos. Estimó, como lo hizo el grueso del movi­ el episodio pasó a figurar en la historia del partido. En el tiempo de la
miento comunista, que los chinos habían roto esa unidad, pero se ruptura Pedro se había inventado una llamada rifa nacional para re­
prestó sin titubeos para hacer parte de una comisión de buena volun­ coger fondos para el partido, pero era un proyecto regional muy ligado
tad que pretendió mediar para que la confrontación entre China y la a su persona y que además no figuraba en las tareas aprobadas
URSS cesara. En la entrevista que le hice unos dos años antes de su nacionalmente. Por todas partes andaba con esas benditas boletas y
muerte -y que no he podido publicar porque no tengo los derechos de parece que tuvo problemas financieros por ese motivo y fue desautori­
edición- él dice que tuvo una conversación con Mao y éste le da a zado. Entonces se rebotó del todo y terminó formando un grupo disi­
entender que la guerra es la única solución, que la guerra es la única dente. Se metió en la guerrilla de Córdoba y murió en Tierralta, al
que puede acomodar las cosas del mundo. Eso debió afectarlo profun­ parecer víctima de una delación. Creo que Mora murió en un comba­
damente y aminorar su admiración por el curso de los sucesos en Chi­ te con el Ejército.
na. El conoció a Mao en una de las famosas comisiones que se forma­
ron para ver cómo se reorganizaba el resquebrajado mundo socialista.
Se reunieron en Moscú y por propuesta de latinoamericanos y euro­
peos se decidió nombrar una comisión que se trasladara a China y
hablara con Mao, y Mao aceptó. Pero una vez allí Mao les hizo pistola
y les dijo que no tenía nada que ofrecer y que con el asunto de la
división ellos iban para adelante y no iban a echar pie atrás. Desde
luego, Vieira cambia su criterio porque cambian los soviéticos, y en el
partido colombiano el apoyo a las tesis soviéticas era aplastante. Los
soviéticos no toleraban que nadie contradijera su política, y menos un
partido pequeño como el colombiano. Si lo hacía, ahí mismo suspen­
día toda ayuda y colaboración.
JC C : Eso es muy interesante para explicar la ruptura del parti­
do con Pedro Vásquez Rendón y Libardo Mora Toro, el abogado y
dirigente de Barranca que había sido campeón colombiano de ca­
rreras de larga distancia. ¿Cómo fue eso?
AD: Cuando la división estalla públicamente, solo algunos secto­
res del partido colombiano fueron afectados con cierta gravedad. Tal
vez la UJC sufrió más daño. Lo de Vásquez y Mora Toro también fue
marginal. Mora había asistido al Festival Mundial de la Juventud rea­
lizado en Berlín y me parecía un hombre serio y honesto, dedicado
más que todo al trabajo en el campo, al lado de Conrado Cuartas, un
dirigente del partido en Antioquia. Pedro, en cambio, era un
mamagallista de tiempo completo, dicharachero y alborotador. Su com­
pañero de disidencia era un costeño conocido en los medios proleta-

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De Riochiquito a La Habana ellos, los de Riochiquito, le temían más a un desplazamiento de la
guerrilla hacia esa parte del territorio, todavía en paz, que a la misma
amenaza latente de agresión del ejército oficial. Entre otras cosas por­
que el general Alvaro Valencia Tovar había tenido el arrojo de pre­
JC C : En ese periodo surgieron las guerrillas. ¿Cómo se regis­ sentarse en Riochiquito en un helicóptero que aterrizó en una peque­
traba eso en el periódico? ña explanada que se utilizaba como campo de deporte, para conversar
AD: Fíjate que en eso los cálculos no me salen. Los recuerdos que con Ciro y sus hombres, y les había prometido que no habría agresión
tengo de mi trabajo en el periódico dicen que en enero de 1960, en la de su parte. En esa oportunidad, cuando el helicóptero estaba des­
población de Gaitania, Tolima, cae asesinado Jacobo Prías Alape, el cendiendo entre el amplio círculo que campesinos e indígenas habían
dirigente indígena más importante que el partido tenía en el sur del formado para recibir al general, el remolino de aire que provocaron
Tolima. Lo mata la guerrilla de los liberales “limpios”, comandada por las aspas hizo volar sombreros y permitió a los hombres comprobar cuá­
el llamado General Mariachi, un tal José María Oviedo, de Rioblanco les mujeres llevaban calzones y cuáles no. Así me lo contaron y así lo
o de Chaparral. Eso para mí es el arranque de la guerra de Marquetalia. cuento. Y ese que digo fue el mensaje encubierto que recibí allá para
Así lo entendí porque el periódico reflejaba eso. Lo que ahí se reflejó transmitirlo a la dirección nacional: que no había cosa que más ate­
fue el comienzo en ese año de la ofensiva contra Marquetalia, contra morizara ahí que el posible desplazamiento de los compañeros de
todo el movimiento de autodefensas que había en el sur del Tolima y Marquetalia, porque Riochiquito estaba en paz y no querían que ese
que era orientado por los comunistas. Un grupo de esos logra consti­ territorio fuera perturbado por la guerra.
tuirse en una especie de guerrilla con el nombre de “ 17 de Septiem­ Ese mismo sentimiento lo corroboré después cuando Juan de la
bre”, al mando de un compañero Aragón, pero rápidamente fue sor­ Cruz Varela, jefe político de Sumapaz, en los plenos del Comité Cen­
prendido por el ejército en un río, cuando los compañeros estaban tral del partido reclamaba que, “por favor, se nos colabore con los
bañándose, y los acabaron, aunque no lograron extinguir la chispa compañeros (de Marquetalia) para que no se nos vengan para el
que se encendió a raíz del ataque a Marquetalia, en mayo del sesenta Sumapaz, que no vengan a formarnos líos porque tenemos un tratado
y cuatro. Me parece que entre los historiadores y ensayistas políticos de paz y estamos trabajando, estamos formando partido, estamos orga­
se olvida que antes del ataque físico a Marquetalia había anteceden­ nizando las masas; si se nos viene la guerra nos despiporra todo el
tes muy dicientes de que ahí se estaba formando un movimiento gue­ trabajo...”. Ese era, en palabras que trato de recordar, el clamor de
rrillero, que las formas de autodefensa se estaban extinguiendo. An­ Juan de la Cruz para que no fuera invadida esa zona por la guerrilla, y
tes de que se presentara la agresión oficial yo estuve en Riochiquito y que a cambio de eso Sumapaz estaba dispuesto a prestarles solidari­
allí se hablaba de que era inminente una invasión de las tropas. El dad material y política. El pobre Ciro ni siquiera se atrevía a solicitar­
dirigente de la zona era Ciro Trujillo Castaño, un hombre alegre y lo expresamente -porque no podía asistir a los plenos del Comité Cen­
conversador, siempre con un sombrero alón y sobre buenos caballos, tral-, pero traducía el sentimiento de la población que lo rodeaba,
que cargaba entre sus lecturas varios ejemplares de Luz, una extraña allá en los límites del Cauca con el Huila y el Valle que ellos le seña­
revistica de crónicas místicas, magia popular y sexo que le hacía com­ laban a uno extendiendo la mano, y que era una zona pacífica, aun­
petencia a Selecciones del Reader’s Digest entre los sectores popula­ que agobiada por la miseria. Nunca he visto unos indígenas más mise­
res. Ciro en nada delataba a un comunista serio y trascendental, por­ rables que los que pude ver en Riochiquito. Y, como tú sabes, finalmente
que no lo era, como cree la gente. En la dirección del partido era las cosas marcharon como la gente no quería y como lo decidió la
tenido más como un líder liberal que como un militante comunista, y guerrilla, en uno y otro caso. Porque la guerrilla es eso. A la guerrilla
la misma impresión me formé acerca de Diego Montaña Cuéllar. Allí tú no le puedes poner cercas ni límites, ella pasa por donde sea nece­
presencié un matrimonio oficiado por Ciro y los demás compañeros de sario, y esos pasos, por lo visto, eran necesarios. Que eso haya sido
la dirección política, y la admonición de Ciro a la pareja fue genial y bueno, que haya sido malo, no entramos a discutir. Que la gente, toda
llena de picardía, como todo lo suyo. Lo que me quedó claro era que la gente, busca ante todo la paz y no la guerra también está fuera de

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discusión. En el libro A sangre y fuego, de Mary Roldán, en el capítulo Estado, con la maquinaria del Estado. La guerrilla es la negación de
que dedica a Antioquia, y en el trabajo sobre el conflicto social del esa posibilidad. Tú te puedes imaginar el problema para esa gente. Yo
Magdalena Medio en los años noventa que realizamos en el cinep creo que la muerte de Ciro fue muy diciente. Ciro muere en comisión
recientemente, uno observa que la gente no quiere la guerra, que la por tierras de Boyacá. ¿Qué tenía que hacer Ciro en Boyacá, si Ciro
gente nunca ha tenido la iniciativa de la lucha armada, que la gente tenía su gente era en el Cauca? Allí en esa zona donde era muy respe­
quisiera evitar ese paso. La lucha armada surge por una confrontación tado y acatado. ¿Qué tenía que hacer por allá por Miraflores? Lo co­
de circunstancias muy tenaces contra la gente, que finalmente los gieron en un escondite y lo mataron. Y dicen que lo mataron porque
lleva a tener que acudir a las armas, y en general los que rodean ese él tenía una amiga allá. A él le gustaban muchísimo las mujeres, pero
acudimiento a las armas siguen pensando en la posibilidad de que eso ¿a qué dirigente, político, sindical o guerrillero no le han gustado las
cese; se encuentran atrapados entre estar con la guerrilla o estar con mujeres? Esa no era una excepción, pero eso dicen: que una mujer lo
el ejército oficial o estar con los paras. Todo eso se convierte en un lío delató, que no sé qué, pero lo que sí está claro es que fue a morir en
para la gente, porque la gente no quiere la guerra. Esa es lo que yo he una región en la que no tenía nada que hacer y en donde estaba
sacado como una percepción general del fenómeno, y eso lo noté en solamente por conveniencia de la guerrilla y no por iniciativa propia.
Riochiquito cuando todavía el país no se había lanzado al desangre Esa ya es una perspectiva guerrillera, no es ya la defensa de lo que
feroz de esta guerra en que estamos. Ciro nos contaba eso, cuando mi tenemos para poder desarrollamos como una comunidad que merece
general Valencia les mandó decir que estaba dispuesto a ir allá, desar­ respeto. Era la visión de que hay que crear un foco, buscar al enemigo
mado y solo, a conversar con ellos y les preguntó: “¿Me reciben?”. Eso y organizar la lucha armada general. Hasta ahí llegó el sueño de la
fue muy verraco. Ellos se reunieron y decían: “ ¡Hijuemadre!, mi ge­ autodefensa campesina que había diseñado el partido para resistir a la
neral quiere venir acá!”. Algunos sugirieron que esa era la ocasión agresión de las dictaduras.
para secuestrar al viejo y formar la grande. Menos mal que Ciro, sin JC C : ¿Cómo se veían las otras guerrillas, el epl y el eln, que
tener mayor formación política, tenía la sabiduría del campesino, y también surgieron en esa época, y cómo veían ustedes a Camilo?
respondió: no, vamos a recibir a mi general y le vamos a proponer que AD: Te confieso que he carecido de curiosidad por seguir el desa­
nos ayude con planes de desarrollo, para salir de esta miseria. Porque rrollo de movimientos políticos en los que poco o nada he creído. Pero
esa era una miseria espantosa, allí los indígenas no eran indígenas trataré de dar una idea de cómo el partido veía la aparición del epl, el
sino indigentes. No tenían casi ropa, sus ranchos eran solo especie de eln y el Frente Unido. En primer lugar, el conato de división que creó
tambos y las muchachas se prostituían porque no tenían otra manera en las filas comunistas la aparición del epl y en cierta manera la del
de conseguir siquiera para comprar la comida. Primó la tesis política eln no afectó mayormente la estabilidad política y organizativa del
de Ciro y mi general fue y se comprometió. partido. Solo sectores precisos, como la juco, algunos puntos de la
Naturalmente, el gobierno también echaba sus cuentas, porque Costa Atlántica, el Valle, Medellin, Santander y casi que pare de
decía: si logramos neutralizar a Riochiquito fregamos a Marquetaíia. contar. El núcleo de la dirección central, que en esa época no podía
Era un tira y afloje correcto políticamente y además fácil. Los otros bajar de cuarenta personajes, fue afectado solo tangencialmente. Las
decían: necesitamos desarrollo. Como toda región marginal de C o­ organizaciones netamente campesinas, que eran los pilares del parti­
lombia, buscaban acercarse al Estado en procura del desarrollo local, do, quedaron intactas. Los campesinos nunca le han vuelto la espalda
porque ningún movimiento político se sostiene ofreciéndole a la gen­ al partido. Es la aparición de la guerrilla, y sobre todo de los errores
te retrocesos, se sostiene ofreciendo desarrollo. Eso lo comprobé tam­ brutales de la guerrilla, lo que vino finalmente a desprestigiar al par­
bién en Medellin del Ariari, en El Paujil y en Cartagena del Chairá tido entre la población del campo. De manera que el surgimiento de
cuando apenas estaban surgiendo como comunidades organizadas. la guerrilla distinta de las farc era visto más que todo como un suceso
Todas esas regiones marginales que comienzan a emerger a la vida externo, por fuera de la voluntad del partido. Pero, eso sí, la inclina­
política y económica del país -me señalaba alguna vez el historiador ción a mantener la unidad de las filas partidarias era un hecho incon­
Fernán González- solamente son algo si logran alguna ligazón con el trastable. “Caerse” uno con la dirección del partido, eso es definitivo,

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definitivo; puede ser justo o injusto, lo que sea, pero si tú te caes con JC C : ¿Cómo fue eso con los cubanos?
la dirección del partido, olvídate... Todos los que se salieron del parti­ AD: El partido veía en el eln algo así como una agrupación de
do para irse a crear tolda aparte, y todos los que decidieron salirse del estudiantes y jóvenes de capas medias, alentada por los cubanos y con
partido para presentarse a las elecciones con nombre propio porque influencia de sectores de la Iglesia católica. No decía públicamente
supuestamente no necesitaban del partido, fracasaron totalmente. En que los cubanos miraban compasivamente a los comunistas colombianos,
eso el partido es diferente de otros partidos. Por eso es que yo nunca incluidos los que en ese momento adelantaban la lucha armada, a los
pierdo la admiración por el PC, porque tiene las características de un cuales veían como un destacamento de hombres, mujeres, niños, ollas
partido moderno; no es todavía lo que uno espera, pero tiene una y escopetas corriendo por la selva, tal como el teórico de cabecera de
característica muy importante: que hay una disciplina y que la disci­ Fidel, Régis Debray, concebía a la guerrilla colombiana y no solo al
plina es para cumplirla y que la disciplina es para todos, sobre todo movimiento de autodefensa de los campesinos colombianos que los
para los que están bajo la dirección. Entonces, si alguien no cumple, comunistas habían construido exitosamente desde fines de 1949. Él
“qué pena pero no nos sirve”. Eso pasó con Vásquez Rendón, con pregonaba la creación de lo que denominó foco revolucionario: un
Pedro León Arboleda, con Mora Toro, con Manlio Lafont, con Carlos grupo de gente valiente, resuelta a soportar cualquier sacrificio, que se
Romero, etcétera. El partido no ha sido debilitado en su historia por alza en algún lugar de un país y llama al pueblo a que se le una y marche
disidencias como las que planteó el maoísmo, sino más que todo por el hasta la victoria final. No era solo Debray, era la dirección del partido
abandono que centenares y tal vez miles de hombres y mujeres bue­ cubano la que creía que ese era el camino. Así lo pude establecer du­
nos, activos, cargados de ideas hicieron de las filas partidarias a lo rante mi permanencia en Praga en la Revista Internacional, cuando se
largo de los años debido al sectarismo del partido, al maltrato de los produjo la captura y asesinato del Che Guevara, que había hecho el
cuadros políticos y culturales, a la desidia en el cumplimiento de los intento del “foco” en África y que, una vez fracasado allí, pensó repetir­
planes, al dogmatismo con que se manejó la relación con las capas lo en Bolivia. A la revolución cubana no le bastó con la aureola de sus
medias, los intelectuales, los otros partidos, a la falta de solidaridad héroes y la leyenda verdadera de Fidel Castro y se inventó la aventura
con la gente que era perseguida, etcétera. Medio mundo político de del Che, que sin embargo, como todas las artes mágicas, parece que es
Colombia pasó por esa experiencia y esa ha sido la peor pérdida de lo único que queda hoy en la memoria de la gente.
mentes y voluntades que ha tenido el proceso revolucionario del país. Los comunistas cubanos no creían, pues, en sus compañeros co­
Las persecuciones y los asesinatos se llevaron solamente a la parte lombianos. Estaban convencidos de que las cosas no andaban en
visible de ese ejército. Lo otro, lo de las disidencias, fue marginal. Y lo América Latina debido a que los comunistas de esos países no se de­
peor es que nadie salió de allí llevando la razón. Los maoístas veían en cidían a convocar al pueblo para la verdadera gesta emancipadora,
la Unión Soviética la expresión de una conducta burocrática y reac­ mediante la lucha armada. Esa era la verdad escueta y sin adornos,
cionaria del proceso revolucionario, y al final comprobaron que te­ así nadie en el medio comunista lo haya sostenido públicamente. Yo lo
nían la razón. Hasta Vieira tenía ese concepto en sus últimos años. vi y lo viví en mis visitas a Cuba: allá solo había el trato de comandan­
Tal vez eso alentó la creación del epl. Pero si uno piensa en lo que te, comandante tal, comandante cual, y solo había ojos para los elenos,
ahora es el Partido Comunista Chino, es poca la esperanza que queda los del m-19, los comandantes centroamericanos, como Turcios Lima,
de encontrar al que tenía la razón, toda la razón, entre otras cosas o los venezolanos del grupo armado disidente del partido, encabezado
porque toda la razón no la tiene nadie. Ahora bien, lo del eln el par­ por Douglas Bravo. A los comunistas colombianos nos llamaban los
tido siempre lo vio como muy lejano. “colombianitos” a secas. El comandante Manuel Piñeiro, a quien lla­
maban Barbarroja por el color de sus barbas, era el encargado de en­
JC C : ¿Ahí no hubo ninguno del partido? tenderse con los colombianos. El cuerpo fornido y las barbas espesas le
AD: Sí, claro. Medina Morón, que era de la juco, se pasó a los daban aspecto de persona bastante adulta, pero era cuatro años me­
elenos. Eso era otro cantar, otra cosa, porque estaba la mano de los nor que yo. Y con él ocurrió una escena pintoresca, tal vez más ridicu­
cubanos. la que otra cosa.

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Aníbal Pineda, que tenía más cercanías que yo con la dirección pocas deserciones, y arribamos esta vez a La Habana. Piñeiro vino a
central, me informó un día que los cubanos habían ofrecido becas mirar al grupo y no salía de su asombro, y creo que de su enverracada.
para que jóvenes de familias pobres, preferentemente del partido y de “Nosotros esperábamos ver muchachos, pero ya más o menos formados
la Juventud, fueran a estudiar a Cuba. ¿Cuál era el cupo? Todo el que físicamente, y ustedes traen niños de primaria y niñas delicadas y lin­
se pueda reunir: cien, doscientos, a todos los recibirían allá. Irían a das, sí, pero que no son lo que habíamos esperado”, dijo más o menos,
educarse gratuitamente. A educación gratis, hasta sacarlos allá como en mi presencia. No sé qué otros comentarios le ocasionó el desenga­
profesionales, muchachos y muchachas. Te puedes imaginar lo que tal ño recibido. Finalmente, los cubanos tuvieron que atenerse a los he­
ofrecimiento significaba para las familias, fueran o no fueran cercanas chos. Algunos jóvenes salieron del grupo y se fueron con los coman­
del partido, con esa admiración por la revolución que había entonces. dantes, pero el grueso del ejército invasor se quedó a estudiar en
Los candidatos brotaron de pronto por todas partes y pocas semanas Cuba. ¡Buena esa!, diría un costeño.
más tarde teníamos un cupo superior a sesenta o setenta, en varias Recuerdo que entre los viajeros estaba Medina Morón, que para
regiones del país. Unos querían completar su bachillerato y otros pocos entonces era un muchacho cualquiera y a quien yo no conocía. Des­
iniciar carrera. Se fletó un avión de Aerocóndor y partimos de Bogotá pués he leído en alguna parte que también estaba Lara Parada, pero
con toda esa gente. Solo cuando ya estábamos en pleno vuelo Aníbal no lo distinguí. No sé cuál sería la onda que les dieron a los elenos,
se acerca y me dice: “Compañero, nosotros no vamos para Cuba, noso­ pero la que le pasaron al partido no fue la de enviar gente de ese
tros vamos para Aruba. Allí lo que nosotros tenemos que hacer es que carácter. No creo que el partido hubiera hecho una cosa como esa.
nos bajamos del avión y nos quedamos en la pista, no vamos a entrar al Solo hicimos el ridículo gratis. Yo aproveché la estancia en Cuba para
aeropuerto; nos quedamos en la pista porque en minutos allí va a conocer el país y escribir unas crónicas sobre lo que veía. Las publicó
aterrizar un avión cubano que nos recogerá. Tan pronto aparezca el el periódico del partido colombiano y empaté ridiculez con alegría.
avión, todos a correr, compañero, y a meterse al avión”. Mientras el Visité el proyecto reforestador del entorno de La Habana, dentro del
aparato descendía al aeropuerto les dijo a todos: “Bueno, muchachos, cual se contemplaba el cultivo intensivo del café y la creación de un
ahora nos vamos a quedar en la pista y esperamos a que llegue otro anillo ecológico compuesto por sembrados extensos de cítricos. Me
avión para hacer el transbordo”. Naturalmente, el bendito avión nunca llevaron a un complejo de natación donde centenares de niños se
apareció. Los funcionarios del aeropuerto comenzaron a mirarnos des­ adiestraban para participar en competencias internacionales. “Esta­
de las instalaciones de arribo de los pasajeros y finalmente, como no mos todavía muy lejos -me respondió el entrenador cuando expresé
nos movíamos, vinieron a nosotros, pidieron explicaciones y a Aníbal mi admiración por la estampa física que mostraban los muchachos-.
le tocó enfrentar ese catorce. No sé cómo lo haría y qué se dijo, pero Primero tenemos que ponemos siquiera en el nivel de México”. Mi
el avión de Aerocóndor fue obligado a permanecer en la pista y nosotros guía me invitó a presenciar una sesión de tiro al blanco en alguna
empujados nuevamente a subir a él. No recuerdo siquiera si tanqueó guarnición militar y allí presencié prácticas de entrenamiento de
antes de la salida o si tenía combustible para el regreso. En todo caso, básquetbol en las que tomaba parte Raúl, el hermano de Fidel, aunque
esas mismas familias que en la mañana habían acudido al aeropuerto el hombre se había lesionado una mano y apenas podía manejar la
a despedir a sus hijos del corazón y que tantas lágrimas derramaron y otra. Me pareció una persona común y corriente, sin nada encima que
tantos pañuelos agitaron desde el muelle al aire libre que todavía pudiera advertir de su poder en el aparato del Estado. Una tarde dos
tenía Eldorado para los visitantes y adonde las familias pobres iban los colombianos residentes en la isla tuvieron la mala idea de llevarme a
domingos a ver volar los aviones, volvieron en la tarde, ya casi de visitar una supuesta casa de mujeres que enmudecieron y palidecieron
noche, a recibir a sus muchachos con angustia y estupor, seguramente al verme entrar. Luego nos acompañó en un vehículo militar camufla­
conmocionadas por lo que había informado la radio todo ese día. do un tipo de uniforme que nos iba señalando, a lo largo del malecón
No supe qué paso en las semanas posteriores, porque esas cosas no y en una calle lateral del hotel Habana Libre, a grupos de homosexua­
eran de mi incumbencia ni yo andaba buscando conocerlas. Pero lo les a quienes ya tenían chequeados para caerles. Yo no sabía dónde
cierto fue que volvimos a embarcar a los muchachos, con algunas meter la cabeza y con cualquier pretexto me les perdí de vista.

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JC C : Lara Parada fue el que fundó el Frente Amplio del Magda­ en América Latina emborrachaba a los mandos. Lo de la marcha de la
economía nacional poco importaba. Yira Castro, la compañera de
lena Medio... Cepeda, me contó que en una reunión con economistas de la isla,
AD: El mismo. No puedo dar testimonio del amigo Medina Morón,
solo que durante todo el viaje se destacó por su intervención perma­ realizada a mediados de los sesenta y destinada a informar a periodis­
nente en toda conversación que se presentaba. Era cansonsísimo. Es­ tas latinoamericanos sobre el estado de la economía cubana, había
taba en la Juventud Comunista pero de paso para los elenos, segura­ preguntado finalmente cuál era el monto del producto interno bruto y
mente con otros que lo acompañaban. Nosotros íbamos con muchachos le habían respondido: “Eso es un montón de plata, compañera”. Poco
de doce, trece, catorce años y raro era el que tenía diecisiete, y había parecía importar que, fuera de la famosa heladería Copelia, las
mucha mujercita, mucha niña delicada, niñas de doce años. Enton­ heladerías no tuvieran helados y fuera difícil encontrar una gaseosa
ces llegamos allá y se aparece el comandante Barbarroja, que era como siquiera al clima en alguna cafetería. Esto tal vez no lo observaban los
una especie de comisario del Ejército, que había estado en la Sierra “comandantes” latinos, que se alojaban en los mejores hoteles y con­
Maestra y que murió hace algunos años en un accidente de carro. No taban con un equipo de ayudantes a su alrededor. En esos primeros
nos llamaba por el nombre y cuando se dirigía a nosotros nos decía: años de la revolución el oportunismo de la gente latinoamericana era
“Colombiano, ven acá, colombiano”. Ese Barbarroja llega y mira ese repugnante. No pocos se presentaban como comandantes de grupos
espectáculo de esos niños y esas niñas, y entonces la descorazonada armados que solo existían en sus cabezas, y así recibían ayudas mone­
del tipo debió ser brutal. “¿Cuáles de ustedes tienen más de diecisiete tarias. Se menospreciaba al Partido Comunista Colombiano, al que
años?”, preguntaba en el colmo de la desesperación. Ahora bien, ¿quién consideraban acartonado, conservador; esa era la visión que había en
confundió las cosas en ese truculento viaje de supuestos becarios? el partido cubano, en el guatemalteco, en el salvadoreño. Ellos no
Nunca me lo explicaron y yo tampoco me puse a averiguarlo. Estuve creían en eso de la autodefensa ni en las farc ni en nada de eso; el
los tres meses, hice las crónicas, conocí lo que pude y hasta hice tra­ cuento de la combinación de las formas de lucha les arrancaba sonri­
bajo voluntario. Visitamos el proyecto en marcha de La Habana del sas perplejas. Pero nada es más paradójico que la vida social. Ese par­
Este y el Hospital Central y me impresionó sobremanera el plan de tido estimado como derechista y sacamicas de los soviéticos fue capaz
extirpación de la maleza (“malanga”) que rodeaba buena parte de la de crear y adoctrinar en las concepciones marxistas leninistas a la
ciudad y la consiguiente siembra del cinturón ecológico y sanitario fuerza armada revolucionaria más grande y más eficaz de toda la his­
basado en la siembra masiva de árboles cítricos y cafetos. ¿Arbolitos toria colombiana y de la misma latinoamericana.
de café al borde del mar?, pregunté. “Sí, señor, así como lo ve”, me Esa falta de simpatía por la causa comunista colombiana fue un
dijeron. Y pude comprobar que el café cubano era de excelente sabor. tema que planteé a Vieira y nunca en sus respuestas aceptó que exis­
Años después, con motivo de la segunda Declaración de La Habana, tía esa situación. En sus últimos años seguía hablando como secretario
participé con los delegados en siembra de árboles en un “Parque de la general aunque ya no lo era, y llegó a responderme que no sabía nada
Solidaridad”, y por ahora hice trabajo voluntario en una gran expla­ de lo que yo le contaba sobre la estancia de Cepeda en Cuba en re­
nada, en la que tocaba arrancarle el óxido a unas máquinas enormes presentación del partido colombiano.
que componían un despacho de los checoslovacos para montar una En un viaje a la isla tuve una entrevista con Cepeda, pero cuando
nueva central térmica y que estaban expuestas al sol y al agua; má­ llego a visitarlo no puedo hablar con él en su apartamento. Me lleva a
quinas delicadas algunas de ellas, que los checos le obsequiaban a hablar en la calle, en los parques, y caminando todo el tiempo, porque
Cuba y para las cuales Cuba no disponía siquiera de un sitio adecuado toda comunicación con él estaba intervenida, así él no me lo confesa­
para guarecerlas mientras se montaban, y las dejó oxidarse al descam­ ra con palabras. Manuel no era de buen recibo en la dirección del
pado. Como esas máquinas que nosotros estuvimos limpiando ahí, miles partido cubano y lo estimaban relacionado con “la fracción”, un grupo
y miles de piezas se perdieron durante esos locos primeros años de la conspirador que había aparecido en la isla meses atrás y que recibió
revolución, plantas enteras para producir energía o para lo que fuera. fuertes y consecutivas condenas públicas de Fidel. Estaba compuesto,
Era una locura. La idea de la revolución y de “uno, dos, tres Vietnam” según fuentes del partido, por Aníbal Escalante y otros antiguos mili-

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tantes del Partido Socialista Popular, nombre que adoptó el comunis­ tar el salón. Él fue el autor del libro La revolución en la revolución, una
mo cubano clásico, dirigido por Blas Roca y con reconocidas tenden­ especie de espantapájaros que el Partido Comunista Cubano utilizó
cias de derecha inducidas por sus cercanías políticas con el Partido para proclamar su política de independencia sobre la revolución lati­
Comunista norteamericano, que estaba bajo las órdenes de Browder. noamericana. Según él, la revolución latinoamericana no se regía por
Blas apoyó al Movimiento 26 de Julio, por lo menos públicamente, los cánones del marxismo leninismo sino por los principios del foquismo.
aunque uno de sus hijos, piloto formado en la Unión Soviética, resultó La tesis de los cubanos era la siguiente: que en América Latina esta­
años más tarde comprometido en una red opositora y estuvo buen ban dadas las condiciones para un levantamiento revolucionario ge­
tiempo encarcelado. Yo veía el asunto por otro lado: pienso que la neral y que lo único que faltaba era que los revolucionarios se deci­
antipatía y la desconfianza hacia Cepeda estaban originadas en su dieran a establecer un núcleo, un foco insurreccional que levantara
férreo compromiso con los soviéticos, que por lo demás era el de toda la bandera de la guerra revolucionaria, y alrededor de ese foco y de
la dirección del partido colombiano, en momentos en que la dirigencia esa bandera el pueblo se iba a unir y comenzaría la lucha armada
cubana mostraba públicamente fuertes contradicciones con la política general; pero para todo eso había que cambiar totalmente la estrate­
del PCUS y estaba a punto de romper relaciones con la URSS. Lo cierto gia de los partidos comunistas latinoamericanos, había que hacer la
es que no se podía hablar con Cepeda ni siquiera en su casa y que el revolución en la revolución. Esa era la tesis que los cubanos no se
hombre estaba aislado. En las entrevistas con Gilberto le mencioné el atrevieron a proclamar en nombre suyo y le encomendaron hacerlo al
asunto y él me respondió que no sabía nada de eso. ¿Te puedes imaginar socialista francés Debray. Los cubanos lo escogieron para que viniera
esa vaina? Así era con muchas cosas que yo planteaba. Decía las cosas a darles cartilla a los comunistas del continente.
y se me escuchaba, pero de ahí en adelante todo era inescrutable. Esas mismas eran las tesis del Che Guevara, que tanto daño hicie­
Supongo que en los partidos de la clase dirigente eso es peor, porque ron porque idealizaron la lucha armada revolucionaria y la asentaron
allí las decisiones las toman camarillas y no organismos elegidos por sobre la magia del personaje universal idolatrado por las masas que se
las bases, pero no debía ser así en el partido de los trabajadores. alza en cualquier lugar del mundo y concita de inmediato la forma­
Las relaciones de los dos partidos estuvieron en el suelo por mu­ ción de un ejército de combatientes. Eso fue lo que el Che intentó
cho tiempo; el desprecio de los cubanos por todo lo que no fuera lucha primero en el Congo, de donde pronto salió renegando por no encon­
armada era evidente; los cubanos no creían en la lucha revoluciona­ trar la colaboración que esperaba. Así me lo informaron los comunis­
ria de los comunistas colombianos y no sé si todavía siguen en lo mis­ tas cubanos que trabajaban en Praga. En Bolivia intentó hacerlo por
mo. El cambio que ha dado Fidel en los últimos años respecto de segunda vez, acompañado de Debray, y ya se sabe lo que fue ese fraca­
América Latina es un cambio de ciento ochenta grados, pero para so dramático. Che y toda la gente que lo acompañaba, claro, eran
que llegaran a eso tuvieron que pasar muchas cosas imprevisibles. De gente valiente, capaz de meterse en un sueño insondable. Un sueño
manera que esas eran las relaciones: no bien vistos en Cuba, no bien del cual no se sale sino se consume. Yo estaba en Praga cuando mata­
vistos por algunos partidos hermanos de Centroamérica; buena amis­ ron al Che y la noticia apareció en primera plana del International
tad con los venezolanos; muy amigos con los argentinos, que siempre Herald Tribune. Ahí estaba la foto del Che muerto, con los ojos vidrio­
fueron como la derecha de los partidos comunistas latinoamericanos; sos y la cabellera desmadejada y húmeda. Esa foto recorrió el mundo y
buenas relaciones con los chilenos, los ecuatorianos, los peruanos. Con los cubanos que estaban allá y los centroamericanos que los acompa­
los cubanos insisto en que no; yo nunca encontré un buen ambiente ñaban y lo habían conocido en persona miraban la foto, y todos noso­
para nuestro trabajo allá. Fíjate que allá, cuando hicimos una exposi­ tros agolpados la mirábamos una y otra vez, y ellos decían: “Esto es un
ción sobre la violencia que había en Colombia, una exposición para chantaje, esto es una mentira, esto es un montaje, el imperialismo se
que el pueblo cubano conociera cómo era la violencia en Colombia, inventó esta foto, esta foto no es cierta”. “Yo he estado con el Che -
una exposición fotográfica bastante interesante, que logramos hacer decía un alto dirigente guatemalteco-, yo lo conozco a él personal­
también en Praga, invitamos a mirarla a Régis Debray, que estaba mente, esos no son los ojos de él, esa no es la cara del Che”. Para los
entonces en la isla, y con mucho esfuerzo logramos que aceptara visi­ cubanos era imposible que el Che hubiese muerto. Ellos fueron los

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primeros en sostener que la noticia era una impostura. Al escucharlos Conversación sobre esto y lo otro
parecía como si consideraran a Guevara una especie de dios que no
podía morir. Era el extravío completo de la revolución social como
resultado del fracaso de una idea loca. Nuestro partido, por lo menos,
no le jaló a esa vaina; no fue como el venezolano, que se ilusionó con JC C ; Hábleme del Frente Unido y de Camilo Torres.
la insurrección urbana y rural. Los mismos procesos de alzamiento ar­ AD: A la verdad, sé poco de ese asunto, porque no me ligué a ese
mado en Guatemala y El Salvador siguieron esa pauta, y allí los parti­ trabajo. Apenas observaba lo que hacían. Era una cosa más que todo
dos comunistas pasaron a la trastienda y el factor militar se impuso. de jóvenes estudiantes. Nunca vi que el Frente Unido tuviera alguna
Los comunistas colombianos nos quedamos de conservadores, pero proyección sobre el trabajo de los comunistas en general, ni en el
extrañamente, por decir lo menos, la guerrilla colombiana sigue ahí, movimiento obrero o campesino, aunque llegó a haber bastante inte­
vivita y coleando, mientras los cubanos piensan que ahora la lucha rés en el movimiento político de los barrios. Tal vez no alcanzó a tener
armada no tiene nada que hacer. Son los sinsentidos de la historia. La esa proyección y murió pronto. Lo que vi estaba más que todo centra­
lucha social es lo más complicado que existe, fuera de la convivencia lizado en la Universidad Nacional, donde la Juventud Comunista li­
matrimonial, claro está. braba a mediados de los años 60 un duro rechazo al plan de estudios y
las fundaciones norteamericanas. La iniciativa era adelantada por
Orlando Fals Borda, recientemente regresado al país y a quien la iz­
quierda señalaba como instrumento de la Fundación Ford. Sobre eso
la juco escribió muchas denuncias que nunca entendí del todo, por­
que la idea de la nueva asignatura cogió fuerza rápidamente y coronó
con éxito. Años más tarde, tal vez a comienzos de los 80, me impresio­
nó el hecho de que Nicolás Buenaventura invitara a Fals a intervenir
en un acto de aniversario del ceis y pensé que para entonces las heri­
das estaban restañadas. La Juventud Comunista se acercó al movi­
miento camilista y algunos de sus dirigentes hicieron parte de él, en­
tre ellos Alvaro Marroquín y su compañera María Arango, la última
Reina de los Estudiantes, asesinada bárbaramente hace pocos años.
Hasta que Camilo toma la determinación de irse a la lucha guerrille­
ra. El hombre tuvo antes entrevistas con Vieira -con la dirección del
partido no sé-, y llegaron a acuerdos. No es cierto que él menospre­
ciara a los comunistas, eso es paja. Gilberto me dijo que Camilo le
había pedido una opinión sobre su proyecto de irse a la guerrilla y que
él le había respondido que consideraba muy importante su presencia
en la lucha legal, que tal vez no era todavía conveniente hacerlo.
Ahora bien, esta es una impresión personal: después de la salida del
padre Camilo el movimiento murió.
JC C : Para volver al tema del comunismo y la religión, ¿cómo se
vivió eso en el periodo de los sesenta?
AD: El partido hizo un avance hacia la comprensión de los cam­
bios que se operaron en la Iglesia en los años sesenta y setenta, sobre
todo a raíz de la Conferencia Episcopal Latinoamericana que se re-

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unió en Medellin en 1968, y con la creación de su consejo episcopal, leando con mi mujer y hasta con el diablo para venir aquí!”, exclamó
el c e l a m . Todo ello fue bien recibido por el partido y recuerdo que en esa oportunidad, según me recuerda Reinaldo Ramírez, asistente a
escribí sobre eso dos artículos en la revista Documentos Políticos. Me esa reunión. Por ahí hay un trabajo que está haciendo un investigador
parece que el partido hacía un gesto enderezado a cambiar la actitud del proceso social de la región amazónica, José Jaira González, quien
intolerante que por tantos años hubo con la Iglesia. Las relaciones sostiene que Martín fue un representante de la tendencia trotskista
con la Iglesia las tenía la dirección del partido; nunca -como ocurría en Colombia. El conoce mucho eso y le ha seguido la pista a Martín.
con las del Ejército- sus entretelones salían del ámbito del Secreta­ Entonces, pues, Bateman y los otros se enfrentan sin remedio con el
riado Nacional y rara vez se comentaban en el Comité Ejecutivo Cen­ complicado Martín Camargo. Llega el momento en que la tirantez
tral. Había relaciones con el Ejército, con algunos coroneles y mayo­ con esos muchachos es muy grande y Martín decide que los va a ma­
res, pero eran llevadas de manera confidencial. tar a todos, compañero; que no le friegan más la vida, que los va a
JC C ; Hablemos de Jaime Bateman. joder, y el partido se entera de alguna manera y saca a estos mucha­
AD: A Jaime lo conocí cuando él era miembro de la Juventud chos como sea, a toda carrera, porque si no, ese loco los mata de
Comunista. Ayudaba mucho en las labores de propaganda, le gustaba verdad. Martín abandona finalmente la región, no sé por qué motivo,
todo lo que fuera hacer afiches, banderas, vallas. El, Lucho Otero y el y se viene para Neiva, y no se sabe quién lo mató, si fue el Ejército, si
poeta Armando Orozco llevaron a cabo la idea de irse a los estadios fue la Policía, si fueron las farc. Nunca se supo. Dizque fue al lado de
de fútbol y desplegar allá una bandera roja o una pancarta de denun­ la línea férrea.
cia y atenerse a las consecuencias. No era un orador ni cosa parecida, Después de eso es que los muchachos aparecen públicamente al
y ni siquiera un dirigente político lleno de recursos oratorios, como lo frente del m-19. Te agrego lo siguiente: el comandante militar de El
eran Vieira, Braulio Herrera o Cepeda, por ejemplo. Yo diría que ha­ Pato era Alfonso Castañeda, alias Richard, un tipo sensacional, un
blaba sin mayores entonaciones pero diciendo cosas interesantes, su­ campesino que no parecía campesino sino ciudadano, con gran capa­
gestivas, que acentuaba batiendo el dedo índice. Estaba casi siempre cidad de liderazgo y siempre alegre. Era alto, de tez clara y ojos casta­
alegre, hacía ironías y mofas y parecía gracioso incluso cuando estaba ños, que escuchaba al interlocutor con la boca apretada debajo del
bravo. Hacía parte de un grupo con Carlos Pizarra, Alvaro Fayad, bigote, con mucha atención, y no interrumpía. Tenía autoridad con
Iván Marino Ospina, Luis Otero y otros más, que solicitaron al partido sus subalternos a pesar de que parecía un gozón, un gozón de la revo­
ser enviados a adiestramiento militar y estuvieron en El Pato, en Casa lución. Estuvo estudiando marxismo en la Unión Soviética y aprendió
Verde (en el municipio de Uribe) y en alguna otra parte, cuando El a jugar el ajedrez y no había quién le ganara; aprendió el ruso, podía
Pato no había entrado aún en la guerra. Pizarra estuvo en Casa Verde, leer algunos textos y hablar unas cuantas frases. Usaba un gorro de
donde mandaba Jacobo, y a Bateman le tocó El Pato. Los de El Pato invierno ruso de piel, que en ruso es la chabka, y unas botas de cuero
chocaron con una especie de comisario político que había allá, llama­ ceñidas a la pierna y que iban casi hasta la rodilla, parecidas a las que
do Martín Camargo, uno de los que habían dirigido en 1954 la mar­ usan los jinetes y que le daban un aspecto extravagante en medio de
cha desde el Tolima para escapar del cerco que las tropas de Rojas la gente que lo rodeaba. Lo más triste de todo es que Richard muere
Pinilla le tendieron a esa región. Martín decía que esa había sido una por jodón, por terco, por meterse a la armería donde no tenía nada
especie de “gran marcha”, copiada de la que comandó Mao hacia que hacer a pesar de que el armero repetidas veces le había adverti­
Yenán para escapar de los ejércitos del Kuomintang. Martín era un do: “Compañero, no entre aquí a la armería porque usted cada vez
tipo desquiciado, o se las tiraba de loco para impresionar. Yo lo vi por que viene comienza a tocar todo y a darle golpes aquí a todo. Algún
primera vez en un pleno del partido realizado en el campo, bajo clan­ día nos va a pasar una grande”. Y un día pasó la grande y se murió ahí;
destinidad: alto, huesudo, con bigote estilo Hitler, se paseó delante lo único que quedó de él entero fue lo que había dentro de las botas.
de los asistentes todo el largo tiempo que duró su intervención, lle­ La explosión destruyó la armería pero el armero alcanzó a salirse a
vándose las manos a la espalda, por debajo de un saco de paño negro, tiempo. El día en que Gilberto me contó la tragedia lo pasé pensando
gritando como un loco de verdad. “ ¡Yo he salido desde El Pato, pe­ en él como en un familiar imaginario que había desaparecido para

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siempre cuando más lo necesitaba. Años más tarde conocí a una hija el desarrollo de los acontecimientos. La falta de formación política en
suya, que venía de terminar estudios en la Universidad Patricio las filas armadas era evidente. En los debates de política nacional a
Lumumba, de Moscú. los cuales tuve la oportunidad de asistir, siempre que le tocaba tomar
la palabra el camarada Manuel decía: “A mí pregúntenme de asuntos
JC C : ¿Jacobo Arenas? militares y yo sobre eso les digo lo que sé, porque eso es lo que yo
AD: Jacobo, o sea, Luis Morantes, era un compañero de Santander
conozco, pero a mí no me pregunten de cosas políticas porque yo no
a quien conozco hacia 1955 o 56, cuando era el secretario nacional de
manejo eso, yo no soy un político, yo soy un hombre para la guerra”.
finanzas del partido. Era un hombre tranquilo, con grandes bigotes,
Claro que eso tuvo que haber cambiado con el paso de los años, por­
vestido de paño y corbata y buen madrugador. No supe de qué sector
que Manuel Marulanda es un hombre de viva inteligencia, que está
de trabajo venía y solo después de muerto he oído que había trabajado
siempre al pie de la jugada, y además de los mamotretos que leía sobre
en el movimiento sindical santandereano y en la organización campe­
el arte militar tuvo que haber conocido los políticos. Pero en los años
sina, pero nada más. De él, pues, recuerdo eso no más: que llegaba a
sesenta no era así, y Jacobo Arenas entró a comandar la orientación
la oficina con su papelera en la mano y recogía en ella los materiales
política del grupo armado. Fue adquiriendo cada vez más autoridad y
del día, muy bien vestido y aseado, siempre con su corbata y a veces
en los años ochenta ya él era el que mandaba la parada; ya no era el
con camisas de colores vistosos; otras veces se ponía sombrero y gabar­
comisario político, era el comandante a quien había que consultarle
dina y lucía impecable. Escribía artículos políticos en el periódico del
cualquier cosa; todo el mundo, guerrilleros y visitantes de la guerrilla,
partido y siempre que yo le cambiaba alguna frase me replicaba: “Me
lo tenía como la última palabra de lo que tú quieras, mientras el co­
mochaste lo más importante”. Para entonces no era el hombre de pla­
mandante militar, a quien Jacobo respetó toda su vida, seguía siendo
za pública que pudo haber sido en Santander. Aquí era otra cosa, más
un buen burócrata que un agitador político. Pero el hombre que yo Manuel. No sé cómo será eso hoy en día. Pero me he preguntado
conocí es una imagen recortada, porque las labores de administración siempre: ¿por qué Morantes llegó a ser eso que fue? Y me hago una
opacan al dirigente y ocultan habilidades diferentes. A nadie le im­ reflexión: porque en la política, si tú quieres ser dirigente tienes que
porta que León de Greiff haya sido ingeniero y empleado de oficina o tener ambiciones políticas personales, y el amigo Jacobo sí que las
que Luis Vidales fuera estadígrafo del Dane, o que Jorge Isaacs hu­ tenía. En los años ochenta aceptó públicamente que quería ser sena­
biera sido hombre de negocios. Morantes había sido del bando de dor de la república, y cuando se le preguntó si aceptaría ser candidato
Augusto Durán, lo mismo que Jesús Villegas, y uno podría esperar que a la Presidencia respondió de la misma manera. Yo creo que en lo más
no fuera santo de devoción de Vieira, pero se equivocaría. Tanto Chu­ elevado de la lucha política de la izquierda, cuando la Unión Patrió­
cho como él se entendían muy bien con Gilberto, nunca vi discrimi­ tica mostró su capacidad de liderar importantes sectores de masas,
naciones por ese lado; vi discriminaciones por otros lados, pero no por Jacobo se sintió entrando al salón del senado de la república, mínimo
los antecedentes de la pugna con Durán. Morantes es el hombre de la como presidente de la mesa directiva. Un hombre así, con ambiciones
dirección nacional que alza la mano cuando se piden candidatos para y además capaz -porque él ganó mucha capacidad política allá en las
ir a colaborar con el movimiento armado en materia de formación montañas, a pesar de que tomaba mucho trago-, terminó por ponerse
política. Los jefes de las farc afirmaban que no necesitaban comba­ a la cabeza de la guerrilla. Jacobo tenía una opinión muy desabrocha­
tientes, porque les sobraban, sino instructores políticos. Yo recuerdo da del trabajo en las ciudades y de lo que era la actividad del partido.
que la solicitud de los guerrilleros se planteó en diferentes oportuni­ El partido ya no le satisfacía, pensaba que el partido tenía una direc­
dades y que en una de ellas Luis Morantes se levantó y dijo: “Yo me ción central de mala calidad, compuesta de primerizos. Eso me lo con­
voy”. Fue el único, nadie más. Yo no tenía el menor deseo porque no fesó cuando fui allá por última vez, a fines de los años ochenta. Me­
sirvo para vivir en el campo y siempre fui un estorbo en vez de una nospreciaba a la dirección partidaria, sin que eso quiera decir que él
ayuda. Allá solo serviría para caminar y admirar el paisaje, no para quería dividir al partido, pero sí llevar al partido a que se decidiera
vivir ni trabajar. Luis viajó, pues, para ayudar en la educación políti­ por la lucha armada y abandonara sus quimeras de lucha legal y pací­
ca, no para volverse líder de la guerrilla y quedarse allá. Eso lo arrojó fica. Ahora bien, si el partido no se decidía por la lucha armada como

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única vía al poder, qué pena, pero su decisión era fundar un movi­ Cosa parecida ocurrió con Carlos Arango, redactor de Voz Proleta­
miento paralelo, el Movimiento Bolivariano, y si el partido no se en­ ria que escribió narraciones del movimiento guerrillero y entrevistó a
ganchaba ahí, ellos sí lo harían. Y fíjate que hasta apareció en los Jacobo, a Camilo y a otros personajes, igual que lo hizo Alape, y le
noventa un llamado Partido Comunista Clandestino. ¡Para qué más! siguió la pista a la extraña visita del Che Guevara a Colombia. Desde
Ese era Jacobo. Era un hombre de sensibilidad. No hay que creer que lo conocí, años atrás, se quejaba de fuertes dolores de cabeza,
que todo en él se volvió tiros y discursos. En una ocasión de los años pero aun así no dejaba de sonreír y contar anécdotas jocosas. Hacía
sesenta me pidió que le enviara música clásica, porque en la montaña labor política, contribuyó a la creación de la Asociación Nacional de
no había nada de eso. Yo, ni corto ni perezoso, me fui a una tienda de Trabajadores de la Prensa (Asoprensa) y a la del Colegio Nacional de
discos y compré con su plata lo que me pareció más adecuado para él, Periodistas, impulsada principalmente por Reinaldo Ramírez, Julio
entre lo cual recuerdo la tercera y la quinta de Beethoven, algunos Roberto Bermúdez, Byron López, José María López (Pepón) y otros. La
trozos orquestales de óperas de Wagner y dos o tres discos con obertu­ historia de Carlos, que era quindiano nacido en Quimbaya, el mismo
ras famosas. Eran discos de larga duración y más tarde supe que Jacobo pueblo de Marulanda Vélez o Pedro Antonio Marín, es lo que se lla­
acostumbraba escucharlos a todo volumen. Ya me imagino cómo sona­ ma una historia de final triste. Cuando empezó a publicar textos como
rían los compases del último viaje de Sigfrido por el Rin allá en las el de las guerrilleras en la revolución, a decir lo que él vio y escuchó,
lo que le contaron, lo real, la dirección partidaria se molestó. Yo hablé
lomas de Riochiquito.
con Carlos y él me confirmó que eso era cierto pero que el Secretaria­
JCC: Hablemos de los escritores del partido, como Arturo Alape. do de la FARC conocía los textos y no los había objetado. Publicó cerca
AD: Arturo Alape es el seudónimo de Carlos Ruiz, nacido en Cali de veinte obras y no sé cómo hacía pero siempre encontraba editor
y conocido inicialmente como pintor. Militó en la Juventud Comunis­ para ellas. Le pagaban derechos de autor con sus propios libros y él los
ta de esa ciudad y después no sé por qué razón se viene a trabajar en metía en un gran maletín que cargaba, los ofrecía en los sindicatos y
Bogotá, todavía como pintor, y aquí se vuelve investigador social y en cuanta reunión política se presentara y se iba para los pueblos a
escritor. Comienza a escribir sus impresiones sobre los hombres y las venderlos, como cualquier mercachifle de vermífugos. Y, como quien
mujeres de la guerrilla y cuando publica la investigación sobre el 9 de no quiere la cosa, un día recibió premio Simón Bolívar. Yo creo que en
abril de 1948 se vuelve escritor conocido nacionalmente. Ya era el los momentos más frenéticos de su trabajo llegó a publicar uno o más
narrador, el cronista que es hoy. Su trabajo es valioso porque da a libros por año. Carlos fue siempre pobre, pero en sus últimos años, ya
conocer el lado humano del movimiento revolucionario, que tiene fuera del partido, lo arrinconó la ruina económica. Un día se presentó
que ver no solo con la lucha armada sino con la vida de la gente en las en mi apartamento y me contó que tenía la posibilidad de trabajar,
ciudades, en los barrios marginales, en los rincones de la desesperanza pero que era con Carlos Romero, que había roto con el partido y esta­
urbana. El aporte que hizo al recuperar los intersticios del levanta­ ba creando su propio nicho electoral. Me confesó que tenía serios
miento gaitanista aparece como lo más encomiado por el medio litera­ problemas de economía familiar y me pidió ayuda para pagar la matrí­
rio del país. Después de sus primeras visitas a Cuba regresa con más cula de una de sus hijas. Se la di y me sentí tan desgraciado de darla
aliento para su labor literaria y realiza nuevas incursiones en la histo­ como él de recibirla. Meses más tarde su compañera me contó que
ria del movimiento campesino. Ese trabajo no era de mucho agrado pocos días antes Carlos se había sentido muy mal, había ordenado
para la dirección del partido, siempre prevenida ante todo lo que fue­ cerrar la puerta de la casa y no recibir a nadie, desconectó el teléfono
ra historias de vida, que necesariamente tiene que tocar llagas y do­ y pidió a sus tres hijos y a ella que estuvieran a su lado. Su mujer le
lores y no solo entonar himnos de alegría. En la izquierda nadie sabe había suministrado ya las pastillas que siempre le formulaba el
nada de nadie y parece que a nadie le importa saberlo. Solo tiene farmaceuta de la esquina pero el dolor lo tenía trastornado, hasta que
entidad el chisme, por su sabor dulce y su fácil digestión. Por eso lo perdió el conocimiento y ella procedió a llevarlo de urgencia al hospi­
que escribimos, la literatura y la prensa del partido han sido siempre tal más cercano, el de San Rafael. Los médicos constataron que había
expresiones adocenadas, muertas mientras crecen. llegado muerto.

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sido obra de algún truhán (escuché la palabra hooligan) y que me
La ciudad más bella del mundo quedara tranquilo. Pero la cosa siguió y los operadores prendieron la
luz de la sala y no volvieron a apagarla para reiniciar la presentación
hasta que todo estuvo en orden. ¡Malditos hooligans!
En otra oportunidad salí con mi pequeña hija a caminar a campo
JC C : Hablemos de su trabajo periodístico en Praga. traviesa, sin derrotero definido, por los alrededores de la ciudad y en
AD: Trabajé en la Revista Internacional primero entre 1966 y 1968 y un momento dado llegamos a topamos con una vía férrea, que aparecía
después entre 1978 y 1980. En la primera ocasión me sentí mejor. Me solitaria y silenciosa. Mis cálculos decían que debíamos cruzarla, pero
gustaba la organización de la vida que llevaban los checos, sus pocas en el instante en que iniciábamos la operación sentí una racha de
palabras, su puntualidad en las citas, los tranvías y buses que paraban viento fortísimo y segundos después la embestida de la máquina eléctri­
exactamente a la hora y minutos señalados en los paraderos, lo mismo ca, que pasó a mil ante nosotros, sin notamos siquiera. La fuerza del
que la exactitud de los trenes y el orden que se creaba una vez que las aire nos arrojó sobre la brecha y yo perdí el habla, se me dañó el estóma­
puertas eran cerradas y el tren comenzaba a andar, el respeto por los go y tuve accesos de vómito mientras la niña sonreía sorprendida por la
niños y los viejos en los tranvías, la libertad que tenían los niños y los aventura. Lo más horrible de todo fue que entonces pude ver que fren­
adolescentes, la libertad en la vida personal de las parejas y el hecho te a nosotros, a unas dos cuadras, había un puente peatonal. No recuer­
de que cuando los muchachos crecían los padres solo estaban pensan­ do si la brecha tenía uno o dos carriles, pero sé que nunca escuché el
do en cuándo se irían, ¡al fin!, de la casa. Los muchachos y mucha­ ruido de la locomotora sino el silbido mortal del aire que la acompaña.
chas sabían todo sobre mecánica, entendían desde chiquitos cómo y Praga era una ciudad bella y tranquila, y se podía pasear sin temor
por qué se mueve un automóvil, y cuando grandes desbarataban cuanta por los grandes parques casi solitarios en las horas de la noche y en la
máquina o mecanismo caía en sus manos y lo volvían a armar como si madrugada. Sin embargo, los comunistas checos aceptaban que el
nada hubiera pasado. Leían en los tranvías y en los buses y en todas nivel de vida a que había llegado su país antes de la captura del poder
partes, y en los lugares públicos como teatros, escenarios musicales y en 1945 nunca más había vuelto a alcanzarse. Pese a que era el segun­
cines se portaban maravillosamente. Las salas de cine se llenaban rá­ do país socialista más industrializado, después de la República Demo­
pidamente, antes de empezar la película, y con la misma celeridad se crática Alemana, la calidad de los productos de uso inmediato o in­
desocupaban. Cuando uno estaba pensando en cómo salir de la sala dustria liviana era baja, incluso más baja que la colombiana de la
ya ellos hacía rato estaban caminado por las escaleras rumbo a los época, y aunque la gente estaba bien alimentada y la niñez era
guardarropas. Por eso uno llegaba tarde a todas las filas, tanto para esplendorosa, el surtido de artículos textiles y confecciones era real­
entrar como para salir. Desde luego, a nadie se le ocurría entrar comi­ mente pobre. Los checos suplían en parte ese atraso con el consumo
da a las salas y empezar a rasgar papel celofán y masticar papas fritas de productos extranjeros, sobre todo venidos de Occidente. La cos­
detrás de las orejas de uno. Una vez que un colombiano comenzó a tumbre general era portar siempre un maletín o un bolso, y aprovechar
hacerlo hubo inmediata protesta de los vecinos y el tipo tuvo que al brinco de la pulga cualquier oferta nueva que se hiciera en la calle.
dejar la vaina. Otra vez la guachada me tocó a mí. Entré con mi De verdad que en el socialismo no había ricos ni pobres. Me gustaba
compañera a un cine y sin hacer caso del número de nuestros puestos el hecho de que los universitarios llevaran estrictamente, por escrito,
insistí ante ella en romper tanta disciplina y sentamos donde nos die­ las cuentas de los gastos de su mesada, para no excederse en el consu­
ra la gana. El lío que se armó fue de marca mayor porque la gente de mo, y que la gente ahorrara de manera persistente y planificada para
nuestro entorno empezó a buscar su asiento y naturalmente lo encon­ poder ir de vacaciones cada dos años, por lo menos. Los estudiantes
tró ocupado; unos empezaron a ceder sus puestos a otros y éstos a colombianos decían que todo eso no era sino tacañería de los checos.
terceros y cuando se apagaron las luces se creó la de padre y señor Pero yo veía otra cosa: mientras a los estudiantes latinos nunca les
mío. Yo, rojo de la vergüenza en la oscuridad, hice el ademán de pasar alcanzaba la plata de la beca, a los checos, que recibían menos canti­
a nuestros puestos verdaderos pero los checos me dijeron que no tu­ dad de dinero, nunca les faltaban las cosas. Y todo eso era porque
viera cuidado, que me quedara ahí porque era mejor, que eso había
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ellos estaban educados para organizar su economía personal, no des­ ros de obras públicas y las barrenderas de calles. El ocio remunerado
perdiciar luz ni agua y no hacer diferencias entre hombre y mujer a la era el termómetro de la actividad, porque había sobrecargo de pues­
hora de pagar las cuentas en el transporte, las tabernas, las cafeterías, tos para mantener el ideal del pleno empleo. Claro que en las fábricas
el teatro o el cine. La educación de los niños pequeños era estricta e no vi eso, que era la nota común en todo el campo socialista, y en
implacable, y por eso los muchachos se criaban con sentido de la res­ Polonia hasta llegué a visitar una fábrica metalúrgica de vanguardia,
ponsabilidad desde bien chiquitos. No se permitía el ingreso de niños constituida solo por técnicos profesionales, la mayoría menores de trein­
ni animales domésticos a sitios como hospitales o grandes aglomera­ ta años, frescos, limpios y que sonreían mientras nos explicaban los
ciones en recintos cerrados. Las señoras y los señores dejaban a sus procesos que adelantaban. Preguntamos por la diferencia de cargos
hijos en sus cochecitos a la entrada de los grandes almacenes, hiciera entre hombres y mujeres y el capataz nos dijo que no la había. Insisti­
sol, lloviera o cayera nieve, y lo mismo hacían con sus perros, que mos en el tema y confesó que las mujeres eran más hábiles para con­
quedaban con la correa en el suelo, sin sujetarla a nada, y allí espera­ trolar operaciones repetitivas, mientras los varones lo hacían mejor en
ban sentaditos el regreso de sus amos. Una vez uno de esos niños labores de mayor exactitud. Los checos eran oportunistas y en eso no
empezó a berrear tan pronto su joven mamá se alejó y yo vi cómo ella se diferenciaban de nuestros lagartos criollos. Pero en ciertas circuns­
se devolvió, le pegó un gaznatazo acompañado de regaño oral y el tancias no vacilaban en decir sus opiniones propias. En una recepción
muchachito se calló de inmediato y se quedó tranquilo en su coche. diplomática realizada en el 78 o 79 escuché a dos jóvenes economis­
Cada vez que observo a los pobres padres colombianos dejándose ma­ tas, recién egresados de la Facultad, exponer a un grupo espontáneo
nipular por sus hijitos de dos a treinta añitos me acuerdo de ese gesto que se formó en la sala la tesis de que la producción agraria socialista
de otra cultura y otra concepción de la vida. estaba condenada al fracaso. Rebatían la idea tan extendida de que
Claro, ganar la amistad de los checos era cosa casi imposible, como las deficiencias de la industria y la agricultura socialistas eran conse­
sucedía con alemanes, polacos o húngaros, y no con los rusos, que son cuencia de la horrorosa destrucción de vidas y bienes que había deja­
otra cosa. Cuando estuve de descanso en los montes Tatra, en el vera­ do la Segunda Guerra Mundial (tesis conocida en los medios comu­
no de 1967, intenté entablar conversaciones con los caminantes que nistas mundiales como “los Estados Unidos nunca han sufrido una
me acompañaban en las largas caminatas por los bosques, pero poca guerra mundial en su territorio”) y de las condiciones climáticas des­
cosa logré. Entrar en ese mundo, hacerse amigos, era una utopía. Solo ventajosas de la mayor parte del suelo ruso, e ilustraban su pensa­
era posible ganar la amistad y el amor con las mujeres, porque ellas miento con el ejemplo de Canadá, que según ellos soportaba condi­
actúan con otros parámetros de distancia con los extranjeros. Los lati­ ciones climáticas tan desventajosas como las rusas y sin embargo allí,
nos, por lo menos, les parecíamos interesantes y alegres, y menospre­ en término promedio, una familia de granjeros obtenía una produc­
ciaban a los europeos del norte y del oriente. Los checos solo admira­ ción unitaria mayor que los mejores koljoses y sovjoses, como se llama­
ban de verdad a los alemanes, por el peso de la historia de siglos y por ban las cooperativas de campesinos y las granjas del Estado de la Unión
los marcos occidentales que traían en sus billeteras. Detestaban a los Soviética, o sea, que laboraban con mucha más alta productividad.
rusos y en cambio admiraban a los yugoslavos y preferían ir de vaca­ Para esos jóvenes competir con el capitalismo en el terreno económico
ciones a ese país. Los checos se entendían hablando con eslovacos, era una mera ilusión. También conocí a jóvenes pintores que no te­
polacos, rusos y yugoslavos como nosotros podemos entendernos, ha­ nían ninguna militancia política pero que por no agachar la cabeza
ciendo fuercita, con portugueses o italianos. Hablar con ellos de polí­ ante las exigencias de los prepotentes funcionarios públicos que diri­
tica era muy difícil. No querían hacerlo, tal vez por temor a la policía gían la cultura vivían casi ignorados, vendiendo ocultamente sus
y por el odio a lo que ellos llamaban “ocupación rusa” de su territorio cuadritos a sus amigos o a turistas extranjeros porque les estaba veda­
y su vida entera. Se afiliaban al partido o la Juventud Comunista solo do participar en muestras de arte oficiales debido a su posición políti­
para poder conseguir becas de estudio, empleo o ventajas en su traba­ ca y su expresión artística. Había cantidad de artistas en esas circuns­
jo. Trabajaban a desgano en toda clase de cargos, desde los altos jerarcas tancias, y en los cuatro años que viví en Praga solo pude ver una
y burócratas del partido hasta los dependientes de almacenes, los obre­ exposición formal de pintores contestatarios, realizada en un sótano

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pequeño y con cuadros tan pequeños como el sótano. Pero de todas para salir a su sombra, bajo la figura de la invitación formal, que debía
maneras uno podía palpar en el ambiente ese aire de cultura refinada garantizar lugar de estancia y gastos de regreso al país. Las mucha­
que después observé también en Varsovia y Budapest y entre los rusos chas iban más allá y concertaban matrimonios ficticios con extranje­
cultos. Los jóvenes checos se diferenciaban en eso. No sabían tanto ros -entre ellos negros africanos- para poder salir legalmente del país
como uno podía esperar de compositores como Dvorak, Janáchek o e ir a trabajar en cualquier parte de Occidente, donde el supuesto
incluso Smétana -este último era el predilecto del régimen-, y, para matrimonio se deshacía pero ellas quedaban con el derecho de regre­
mi sorpresa, en una ciudad históricamente musical como es Praga la sar de visita a su patria. Les apasionaba ir a Yugoslavia, Francia, Espa­
gente común y corriente se portaba igual que en Colombia: o sea, la ña, Grecia e Italia, pero muchas se contentaban con quedarse en los
gran masa de amantes de la música acudía también en masa a los países del norte europeo. Lo demás no tenía mayor interés para ellos,
conciertos de música popular, y la minoría de siempre era la que uno ni siquiera América Latina, a la que veían lejana y extraña. Solo una
veía en salas de música culta, sobre todo en las de música de cámara. vez acepté ir de vacaciones a los lugares escogidos para los altos y
En cambio, había más de cuarenta o cincuenta salas de teatro en la medianos funcionarios de los partidos. Ocurrió en las “Arenas de oro”,
ciudad y todas permanecían llenas de público, aunque claro está que playas reservadas para la burocracia comunista en Varna, puerto búl­
las salas de teatro son más pequeñas que las de música. Pero todo garo del Mar Negro. Allí me topé casualmente con la figura altanera
parecía haberse trastornado cuando llegaba la temporada musical anual de Teodoro Petkoff, dirigente comunista que hacía poco se había eva­
de la “Primavera de Praga”. Los checos acudían en tropel a las salas dido de la cárcel junto con Pompeyo Márquez, segundo al mando en
de música y los teatros y no hacían discriminación entre compositores el Partido Comunista Venezolano. Según me reveló mi compañera en
y ejecutantes extranjeros. Se acababa como por encanto la rabia con­ Varna, había llegado oculto a Bogotá con ayuda del PC colombiano y
tra los rusos. Los recitales se llenaban de público y yo me hago la ella le había cortado y teñido el cabello para facilitar su salida de
reflexión de que en Europa, donde al parecer no existen radioemiso­ Colombia. El venezolano pasó frente a nosotros pero ni siquiera la
ras especializadas en difundir música culta, como las hay todavía en saludó, por cortesía. Semanas más tarde, para colmo de casualidades,
Bogotá, el público está acostumbrado más que todo a las presentacio­ volvimos a topamos con él en un coche del metro de París y ocurrió lo
nes vivas y solo ellas le interesan de verdad. Yo, por lo menos, vi la mismo. El tipo, que posteriormente formó con Pompeyo el Movimiento
ópera “Boris Gadúnov” en el Teatro Tyl, donde Mozart estrenó su al Socialismo, cargaba tanto miedo que no se atrevió a reconocer a su
“Don Juan”, y asistí a una velada musical en el jardín de una casa de peluquera circunstancial. La dirección comunista colombiana, desde
música donde él había tocado el clave pocos meses antes de su muer­ luego, condenó ardientemente la división del PCV. Recuerdo que en
te. No podría describir las sensaciones que experimenté mientras per­ una ocasión me encontré casualmente con Pompeyo en el desembar­
manecí sentado ahí en una silla plegable que no se ajustaba bien so­ que de un avión en alguna ciudad, y aprovechó la ocasión para poner­
bre la grama. Había aspirado, si no el mismo aire, sí la memoria del me la queja: “Gilberto me negó el saludo. ¡Me lo encontré y me negó
aire que había alentado al más acabado descubridor de melodías que el saludo, chico! ¿Cómo te parece? Yo no entiendo eso, cómo se puede
ha conocido la humanidad. llegar a eso entre nosotros. Si hemos sido como hermanos, como com­
Me gustaba mucho Praga. Treinta años antes de que se inventara pañeros de la misma ruta... ¡Yo no me explico eso, chico!”.
el día sin carro en la Unión Europea, en las ciudades del socialismo, Las tales vacaciones de playa fueron lo más insulso que uno pueda
como ocurría en Europa occidental, la gente utilizaba el carro particular imaginarse. En el primer día mi compañera se cayó al mar desde el
casi solo para salir de la ciudad los fines de semana, y lo mismo se muelle turístico y mostró al aire todos sus encantos a la concurrencia
notaba con las motos. Cuando terminó la construcción del metro de que acudió al espectáculo de salvamento; a mi hija de seis años una
Praga, en la primera mitad de los años 70, esa costumbre se acentuó. abeja escapada del fondo de una botella de gaseosa le desfiguró la cara
Los checos, jóvenes y viejos, adoraban las vacaciones. Usualmente por varios días y yo me hice amigo de una joven checa que me informó
ahorraban de sus magros ingresos para poder viajar de vacaciones cada que el hombre mayor que la acompañaba era su padre y a la vez el
dos años, sobre todo a países de Occidente, y se aliaban con extranjeros ministro de Defensa del país. Los checos, a diferencia de los rusos, son

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civilistas y tienen alto concepto de ciudadanía, y el pobre general, histórica. Con el ejército checo nunca habría habido aplastamiento
vigilado y monitoreado por los soviéticos, se la pasó tirado con toda su del movimiento democrático de los años sesenta. Claro que una cosa
barriga en la playa, en una jartera infinita junto a su mujer, consultando era la parte checa y otra la eslovaca. Había una unidad política de
a todo momento su reloj inoxidable y a prueba de agua, que parecía papel, no aceptada de buena gana por unos y otros. Aunque nunca
ser su adoración. Yo lo miraba de lejos y en cierta manera lo compadecía. escuché una palabra ofensiva contra los eslovacos o los moravos, era
Ni él ni su familia podían salir de las fronteras de los países socialistas. conocido que los soviéticos tenían preferencias por los eslovacos, que
Checoslovaquia siempre fue un país ocupado por ejércitos extranjeros representaban a un país de economía agraria donde el Partido Comu­
y el signo de independencia nacional tiene un valor muy alto en la nista era tradicionalmente más fuerte que en su vecina checa.
población. Era territorio clave de las comunicaciones de todo tipo en A diferencia de checos, polacos, húngaros, los rusos del común
el llamado “mundo socialista”. Por ahí pasaba, entraba y salía de todo. eran amistosos con los extranjeros y mucho más alegres que ellos. Eran
El ejército soviético era en verdad una fuerza de ocupación y aprove­ descomplicados en materia de sexualidad. Permitían que sus hijas
chaba la “hospitalidad” de los checoslovacos para cometer abusos contra casaderas fueran visitadas en la casa por sus pretendientes. Si el tipo
la legalidad socialista del pequeño país, y lo mismo hacían los funcio­ les caía bien era común que lo invitaran a cenar con la familia. Antes
narios de inteligencia cubanos, a la sombra de los soviéticos. Unos y de ir a la cama la muchacha le pedía a uno que fuera a desear buenas
otros utilizaban pasaportes de residentes extranjeros para labores en­ noches al papá. Spakoine nochie, tavariche!, tartamudeaba uno para
cubiertas por el mundo entero. Todos los residentes extranjeros en los dárselas de amable. Una ingeniera que conocí casualmente se encariñó
países socialistas estaban obligados a entregar sus pasaportes a las au­ conmigo y muy pronto estuve entre su familia. La primera noche, ale­
toridades aduaneras desde el momento de su ingreso al país, y volvían gando que quería imitar a uno de sus héroes legendarios cuyo nombre
a recibirlos a la salida, y siempre me asaltó la idea de que el mío había se me escapa, se desató por completo su larga caballera rubia y me
conocido los más encantadores parajes lejos de su dueño. Hay que pidió que le permitiera pasar la noche a mi lado sin tocamos siquiera,
explicar que en los territorios socialistas no ponían los sellos consula­ tal como había hecho su héroe con su amada de leyenda, cuando
res en el pasaporte de los extranjeros cuya estancia requerían mante­ había interpuesto entre los dos su gran espada como muestra de vir­
ner en reserva, y por eso en los nuestros no aparecía huella alguna de tud y fortaleza de ánimo. Yo consentí sin mayor problema y ella agra­
haber pisado suelos socialistas. Volviendo al cuento, las relaciones deció mi gesto con el tono de la jovencita que se ha salvado de una
con los funcionarios cubanos nunca fueron buenas y tengo la impre­ violación segura: “You’re a gentleman”. En el verano se despojaba de
sión de que ahí anida parte de la explicación de la particular animo­ casi toda su ropa, sin recato alguno, y le gustaba hacer el amor en los
sidad del nuevo régimen checo hacia Cuba después de la caída del parques y lugares abiertos de los alrededores de la ciudad, donde a
muro de Berlín. Casi lo mismo ocurría en Polonia y la rda, y la verda­ nadie le importaba la presencia de nadie, pero yo me moría del susto y
dera faz de esas ayudas “solidarias” quedó clara en el caso de la agre­ la vergüenza y a nada llegábamos. Esa misma predilección del verano
sión norteamericana a Vietnam, cuando los revolucionarios de ese la conocí entre las checas. Era el romanticismo de las muchachas del
país, aleccionados por la “ayuda” de las tropas chinas a Corea del mundo socialista, bien explotado por los galanes latinoamericanos.
Norte, nunca quisieron aceptar el ingreso a su país del millón o los dos Tuve una amiga que expresaba su femineidad de otra manera. Era
millones de “voluntarios” que les ofreció la República Popular China. casada con un funcionario y trabajaba en una editorial haciendo tra­
La presencia del Ejército Rojo no dejaba dormir tranquila a la ducciones. Su cuerpo era fuerte y esbelto y sus momentos de alegría
gente. El sentimiento patriótico era muy fuerte, estaba en su literatura eran desbordantes. Con ocasión de una de nuestras primeras citas me
y su música y la separación inmediata de las dos naciones, la checa y pidió que la buscara en la empresa donde trabajaba. Yo acudí allí y
la eslovaca, tan pronto colapso la unidad artificial pegada por el Ejército como cosa extraña me hizo esperar en la planta baja mientras ella
Rojo, fue producto de eso. El partido tenía cierto respaldo popular en hacía no sé qué cosa. Estuve de pie mirando los estantes y portales
la parte eslovaca, que era la menos desarrollada del país, y aun así los que había allí y cuando caminábamos hacia nuestro destino le pre­
eslovacos querían también la separación. Pesaba mucho la tradición gunté por qué me había hecho esperar tanto tiempo. Ella sonrió con

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picardía y me explicó: “Todas mis colegas querían conocerte. Yo que­ y todo fue silencioso y divino hasta que comencé a sentir una piquiña
ría que vieran al amante latinoamericano que me había levantado”. en todo el cuerpo. Pensé que serían pulgas pero cada rascada me aviva­
En el verano de 1961 conocí a una joven ingeniera que vivía en la ba más la molestia. Las picadas eran brutales y me vi precisado a pedirle
hermosa avenida Kutuzovski Prospiekt, bordeada de árboles frondosos a la mona que prendiera la luz para ver qué pasaba. Así lo hizo pero
y sitios de descanso al lado de grandes edificios de vivienda. Era una nada encontramos. Se sentó en la cama con el pelo recogido en moño
familia procedente de los extremos asiáticos de la URSS. Su hermana y comprobé que su piel permanecía intacta. Me sugirió que me cu­
mayor era médica y su padre un funcionario civil del ministerio de briera con una sábana pero yo no la soportaba. “¿Ya podemos apagar?”,
Defensa. Un día la muchacha me invitó a una aldea de las vecinda­ dijo casi implorando. Así se hizo pero un instante después mi cuerpo
des de Moscú, donde vivía su abuela. Tomamos un tren atestado de estaba otra vez encendido de piquetes. No podía soportarlos. Me vol­
turistas que iba con las puertas abiertas para permitir la ventilación y teaba, me acurrucaba, sacaba las patas de la cama, y nada. Pensé que
nos tocó a ratos de pie y a ratos sentados en el suelo. Cruzamos a pie podía engañar a los bichos apretando mi cuerpo contra el de ella y me
un extenso parque natural donde no encontramos un alma y cuando refregué el cuerpo con el sudor de la muchacha, pero nada valió. Los
salimos al otro lado ya había caído el sol pero la tierra seguía ilumina­ malditos bichos, detestados con razón por Maiakovski, querían solo
da por su destello brumoso. Solo entonces pude observar a algunas mi sangre suramericana y no la de mi campesina de Kamchatka. Le
personas que pasaban silenciosas cerca de nosotros en uno y otro sen­ dije que nos fuéramos de ese maldito cuarto. Prendió la luz por terce­
tido, y pensé cómo era de sosegada la vida de los rusos comunes y ra o cuarta vez y solo entonces alcancé a ver que varios chinches
corrientes. En el camino a la casa de la abuela la muchacha me pintó subían presurosos por las paredes. Nunca pude sorprenderlos sobre la
el plan. Yo era un primo lejano que había crecido mucho desde la sábana, tal era la velocidad de la huida. La sangre de la muchacha no
última vez que la abuelita me había visto y como llegábamos muy les interesaba, solo la mía. Llegué a pensar en serio si el socialismo
cansados el pobre primo no tenía fuerzas para entrar a saludarla. Yo científico inmunizaba a la gente desde chiquita contra las picaduras
debía saludarla desde lejos y decirle una o dos frases de saludo y en de insectos. Me habría gustado comprobar qué le pasaría a la mucha­
seguida perderme de su vista. “Solo necesitas decir estas palabras”. cha rusa si yo la invitara una noche a un hotelito de Natagaima.
Me las hizo repetir varias veces y dijo que ya estaba listo. Ante mis Los checos eran también, como casi todos los europeos, muy libres
temores de ir a embarrarla con la abuela me alentó: “Vamos a llegar en sus relaciones íntimas y no le pedían permiso a nadie en ese campo,
de noche y ella no va a poder distinguirte bien porque estaremos un pero la distancia con los extranjeros latinoamericanos era evidente.
poco distantes de ella. Saldrá al pórtico de la casa pero de ahí no Había cierta xenofobia, más que todo de los viejos, que cuando podían
pasará. Tú, desde lejos, le dirás: “Abuela, la saludo y le deseo lo me­ ofenderlo a uno le pisaban los pies con sus patazas al entrar al teatro o al
jor... buenas noches... hasta mañana, abuela”. Cuando llegó el mo­ tranvía y le lanzaban su horrible aliento de ajos. Parecían cobardes y
mento y empecé mi perorata la muchacha me ayudó con frases alusi­ huidizos en la lucha social, pero me llama la atención que esas mismas
vas y todo fue como un repentino bombardeo de voces sobre la viejita gentes, tan pronto tuvieron la oportunidad de manifestarse, durante el
para impedirle hacer preguntas o reflexionar. Creo que la pobre mujer, breve gobierno de Alexánder Dúbchek, lo hicieron con una intensidad
o no entendió nada de lo que farfullé o no se tragó el cuento y se y decisión admirables. Desgraciadamente yo terminé mi trabajo en Pra­
quedó mirándome fijamente mientras yo saludaba con la mano ha­ ga antes de que estallaran los sucesos de agosto de 1968 (mis amigos de
ciendo palomita, a la manera como había visto hacerlo en Europa Bogotá hicieron el apunte de que la reacción había aprovechado mi
oriental, y me escabullía hacia la cabaña de huéspedes en la que pasa­ ausencia para dar el golpe), pero cuando regresé diez años después la
ríamos la noche. La joven trajo algo de comer, dijo que debíamos apa­ gente me contó que el pueblo se transformó por completo, se llenó de
gar la luz para que la abuelita no fuera a molestarse por el gasto de resolución y hasta alegría y colaboró en todo lo que pidió el nuevo go­
energía y allí comenzó mi hora de tinieblas, como la de Rafael Pombo. bierno reformista. Aquellos a quienes los estudiantes colombianos veían
El calor era insoportable y no me atreví siquiera a sugerir baño, por como avaros y amarrados se volvieron de pronto generosos y entregaron
miedo a la vieja. La muchacha me dijo que no podíamos hacer ruido al Estado sus joyas y hasta su última corona, porque el sistema financie -

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ro establecido por los soviéticos le cerró al gobierno todos los ingresos de sión democrática que el partido llama centralismo democrático, como
ley para asfixiarlo, como en efecto lo consiguió. El levantamiento de ocurrió en los casos de Imre Nágy, Jrúshov, Garbachov y Dúbchek, ter­
Praga me enseñó que no hay pueblos cobardes ni avaros y que las luchas minaron siendo aplastados con el empleo de la fuerza, no como resulta­
sociales, como sostienen los sociólogos, responden a oportunidades y do del debate supuestamente democrático de los partidos. Los cuatro
recursos puestos a su disposición. Nadie ni ningún partido puede inven­ personajes fracasaron en su intento democrático y el resultado está en
tarse las luchas sociales ni ordenarlas. Los partidos o las personalidades la tragedia social y el régimen de corrupción que impusieron los mismos
solo pueden acelerar o retardar el curso de los acontecimientos. La que resultaron vencedores, que en el caso de la URSS se apoderaron de
gente se transformó durante esos meses de la “Primavera de Praga” y las empresas del Estado y las feriaron entre hampones, hoy ilustres em­
todo parecía novela de ficción, inventado y no real. Por primera vez presarios del gran capital. No se comprobó que la fórmula de Dúbchek
había un movimiento que ganaba el corazón y la valentía de los checos terminara en una tragedia reaccionaria para el pueblo checoslovaco;
y por eso tuvo que ser sofocado por los tanques extranjeros. No había en cambio sí se comprobó que los mismos que se opusieron a las refor­
ejército checo que se hubiera atrevido a eso. Después del aplastamien­ mas de Garbachov se transformaron en mafias que privatizaron los bie­
to de esa lucha todos los mandos de las fuerzas armadas fueron nes estatales para su beneficio. Observa que los gobiernos socialistas,
drásticamente purgados y el mismo Partido Comunista cambió a sus basados en el uso de la fuerza contra el sistema capitalista, cayeron, no
dirigentes por adictos incondicionales al PCUS, vale decir, por policías y como resultado de la lucha armada sino por la insurrección pacífica de
espías de su propio pueblo. Todo el sistema de poder en los países socia­ los pueblos, sin armas, sin sangre, solo con la huelga indefinida de los
listas había entrado en descomposición y degeneración y eso explica por trabajadores, la presencia permanente de la gente en las calles, el cerco
qué la tan exaltada clase obrera fue la que encabezó el derrocamiento que la población les tendió a las fortalezas políticas y burocráticas del
del poder en Polonia y por qué cuando se produce el desequilibrio defi­ poder socialista, incluidos los cuarteles del ejército y el aparato de
nitivo a fines de los años ochenta ni los proletarios ni la intelectualidad seguridad. Y nadie de la clase obrera salió a defender el régimen que
salieron a defender el sistema amenazado de muerte y, al contrario, supuestamente era el suyo. Ni siquiera se han atrevido a sostener que
contribuyeron a derrumbarlo. En el caso de la URSS eso fue una proeza la caída del socialismo fue obra de las conspiraciones permanentes de
gigantesca de los obreros. En un país con una infraestructura de comu­ la cía. Esa autocrítica no la he visto en ninguna parte. Muchos vivía­
nicaciones atrasada y a veces primitiva, donde los habitantes de cual­ mos escandalizados porque la URSS mantenía buenas relaciones políti­
quier ciudad tenían obligación de pedir visa oficial para poder trasla­ cas con gobiernos reaccionarios de Africa y Asia, pero estábamos erra­
darse a otra ciudad vecina, los organizadores de la huelga general que dos: lo hacían porque eran tan antidemocráticos como ellos, o más si
dio al traste con el gobierno lograron romper el aislamiento y se apode­ se quiere. Si fuéramos a ver la calidad del cambio por las consecuencias
raron del propio aparato interno de propaganda que estaba en poder de reales que tiene, como debe ser, de hecho la Iglesia católica ha cambia­
los jefes sindicales opuestos al cambio. Hay que tener en cuenta que en do más que los partidos comunistas. Mientras los partidos instauraron
la URSS estaba bajo estricta vigilancia policial todo lo que fuera repro­ un régimen no democrático, no deliberante ni tolerante, la Iglesia ha
ducción privada de textos. Nadie podía ir a un almacén y comprar un sido presionada por una sociedad capitalista cada vez más cercana de
mimeógrafo, por ejemplo, ni menos todavía hacerse a una imprenta pe­ los derechos humanos y todas las formas de liberación de los espíritus, y
queña. La posesión de máquinas de escribir estaba absolutamente con­ allí se ha visto obligada a ceder y aparejar su marcha con el conjunto de
trolada. Grabadoras de mano y fotocopiadoras no existían todavía. Nin­ la sociedad. En una sociedad que desde hace decenas de años dejó de
gún particular podía publicar un periódico o siquiera un pasquín, editar regirse por las conductas revolucionarias, los partidos comunistas se han
un libro o montar una radioemisora. Los permisos de salida del país se aislado todavía más, apegados a sus dogmas con más fuerza que la Igle­
negaban sin explicación ninguna al peticionario. El voto era obligatorio sia a los suyos.
y su comprobante era indispensable para obtener empleo o un cupo es­ Pero hablemos de mi trabajo en Praga. El edificio donde yo traba­
colar o algún gaje del Estado. Y fíjate en una cosa: todos los intentos de jaba estaba en el Distrito 6, uno de los más agradables, cercano del
reformar el socialismo por dentro, ajustándose a las normas de la discu- complejo del Castillo de Jradchani, sede del gobierno nacional; allí

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también quedaba la casa que ocupó Kafka y por allí pasaría poco des­ años sesenta y setenta y que murió asesinado en su país, al parecer por
sus propios compañeros, según oí decir, que dizque llegaron a culparlo
pués una ruta del metro, inaugurado a mediados de los años setenta.
de ser espía de la cía. Yo diría que él y Fortuni eran el alma de ese
Mi apartamento quedaba a solo tres cuadras de la oficina, frente a
grupo, porque tenían un pensamiento libertario y entretenedor, cosa
una plaza pequeña, como tantas europeas, cubierta de flores que re­
que no es fácil combinar en una misma persona. Atías estaba ahí al
novaban cada primavera, y en invierno podía ir y volver a pie sin pro­
lado, en la misma tónica, pero era más discreto. Yo, como era de espe­
blemas entre el apartamento y el sitio de trabajo. El edificio donde
rar, estaba entre los conservadores. Quisiera o no, porque la impresión
funcionaba la Revista estaba situado en la calle Thákurova, había
que tuve era la de que nuestro partido era considerado así, conserva­
sido expropiado a alguna institución católica y era una réplica en
dor y muy plegado a los soviéticos. Dalton era un tipo fantástico. Po­
tamaño menor del cuerpo central del Vaticano, con cúpula y todo.
Tenía un patio interior y al fondo había una especie de jardín o huerta día mantener él solo una reunión de amigos toda una noche, sin dejar
donde los soviéticos cultivaban hortalizas. Constaba de cuatro o cinco agotar los temas de conversación. Tenía muchísimos chistes, de todos
los géneros y todos ellos de buen gusto, clasificados de alguna manera
pisos con amplias escaleras de piedra y celdas u oficinas de puertas
en una gran libreta que portaba en el bolsillo del saco y que extraía
fuertes y ventanas de hojas dobles para la protección contra el frío,
cuando alguien le pedía repetir el chiste tal que había dicho en tal
desde las cuales era posible apenas mirar parte de la ciudad en bru­
ocasión. El tipo consultaba la libreta y refrescaba sus recuerdos y em­
mas. Allí se trabajaba con viejas máquinas de escribir que siempre
estaban en buen estado, para qué negarlo, y se podía consultar libros pezaba el nuevo relato. Era brillante e interminable. No se emborra­
y la prensa extranjera que uno hubiera solicitado. Creo que poco tiempo chaba, como le sucedía a Fortuni, y nadie le ganaba en chisme pasio­
nal. En una oportunidad en que salía de una taberna a altas horas de
había para otra cosa que leer y escribir. Uno podía bajar a la cafetería
la madrugada fue abordado por un grupo de hooligans checos que casi
y desayunar o almorzar, y allí mismo nos vendían carne de vaca de
no le dejan hueso sano y que lo mandaron al hospital. Pero la oveja
buena calidad -cosa casi imposible para las familias praguenses del
común-, si la habíamos demandado previamente para llevar a la casa. negra de la Revista era la representante del Partido Comunista Italia­
no, que se burlaba de todo lo que decían los soviéticos y solo rara vez
Era un privilegio comer todos los días carne de res, en los países socia­
se aparecía por su oficina. Alta, cejas depiladas en arco, ojos de miel,
listas y en los otros. Las reuniones del colectivo se hacían en el gran
voz de contralto y gran cartera de señora distinguida. Se veía como
salón y ahí era la parte jarta del trabajo, porque tocaba aguantarse
peroratas largas o discusiones insulsas sobre el contenido de la revista. una marquesa cuarentona venida a menos, de marcha resuelta y mo­
Raras veces se invitó a un personaje externo no comunista, y creo que vimientos todavía atractivos. No le importaba nada de lo que sucedía
allí y nunca la vi siquiera ingresar en la sala de reuniones plenarias de
yo fui el único que rompió ese esquema cuando invité a monseñor
los representantes de los partidos.
Germán Guzmán, autor de La violencia en Colombia junto con Fals
A diferencia de los representantes de partidos europeos, que lu­
Borda y Umaña Luna, cuando estuvo de paso por la ciudad.
cían cansados y desinteresados, los latinos éramos la expresión folclórica
El grupo latinoamericano era bastante acompañador e incluso di­
del paseo. Cuando pretendimos hacer una especie de conversatorio
vertido. Estaba el delegado argentino, Aldo Ferrari, muy serio y tras­
cendental, como era de esperar, y el de Chile, que era un poeta y permanente de problemas latinoamericanos, eso no le gustó al jefe de
la revista, un eminente académico soviético de rostro abotagado y
soñador, Waldo Atías; había un uruguayo conversador y buena gente,
mirada siniestra que vivía enfermo y al final tuvo que ser removido
exiliado de la dictadura, un venezolano economista y peleador y un
del cargo. El regreso del viejo a Moscú dio la oportunidad para cono­
panameño gordo y moreno, pacífico y risueño, que se cargaba todos
cer parte de sus secretos. El verdadero director de la revista, el que le
los días su carne y su vino y se iba a preparar su cena al apartamento.
metía julepe al trabajo, no era el académico enfermo sino quien figu­
Los gallos de pelea eran el de Guatemala, que si no recuerdo mal se
raba como subdirector, un ruso de apellido Sóboliev, de contextura
llamaba José Manuel Fortuni, que había sido alto funcionario del go­
bierno de Jacobo Arbenz, y Roque Dalton, el célebre poeta salvadore­ robusta, apenas mayor de cincuenta años pero de aspecto y mirada
juveniles, risueño y de cuya frente colgaba un mechón. No hablaba
ño que se convirtió en ídolo de las juventudes latinoamericanas en los

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español y su idioma extranjero central era el inglés. Tenía concepcio­ lida y simple. Ingenuamente le pregunté cuánto me valdría el servicio
nes progresistas y la gente lo quería, pero sufría del corazón y pronto y el hombre me respondió airado: “Es nuestra escuela. ¿Usted no sabe
tuvo que dejar el cargo y regresar a su país. Uno de sus asistentes ante que nuestra educación es gratuita?”. Me callé la bocota y comprendí
los latinos era un judío extraordinario llamado Kiva Maidaniek, que que ya no había nada que hacer.
sabía de América Latina más que todos nosotros juntos y que acaba Los soviéticos incluso tenían un servicio de vigilancia para cono­
de morir este diciembre último en Moscú. Alegre y juguetón, era uña cer qué hacía uno en los momentos de descanso. Yo llegué a sorpren­
y mugre de Dalton y Fortuni, y después de que se fue el viejo burócra­ der al encargado de la oficina turística, un viejito con quien me en­
ta escogió a un grupo de latinos y nos llevó a un salón donde se hacían tendía en francés, siguiéndome por las calles del Distrito 6 una tarde
reuniones reservadas, tocó un mecanismo que empujó lentamente un en que me acompañaba una muchacha checa que no era del paseo y
tramo de la biblioteca empotrada en la pared y nos descubrió un pasi­ a quien yo, de aposta, invité a subir a mi apartamento. Con su sonrisa
llo secreto que el viejo tenía para introducirse en un recinto contiguo amable, sus ojitos festivos y su bigotico rubio, enfundado bajo un livia­
donde había una cama, mesita, asiento y baño incorporado. Ahí su no abrigo color crema, parecía el personaje bondadoso de una pelícu­
eminencia el filósofo, principal figura de una corporación de partidos la de horror europea. Hablaba un francés perfecto, al lado del alemán
supuestamente hermanos que hacían prensa supuestamente demo­ y el ruso, y atendía con suma delicadeza. Sabía de literatura y de arte
crática, se metía y escuchaba lo que decían sus amigos en el salón de y podía dar informes sobre orquestas, directores y ejecutantes. Con el
al lado. Así mantenía a todos apretados. Ese era el estilo de los sovié­ tiempo me di cuenta de que a los soviéticos no les importaban las
ticos. Las muchachas que ejercían como intérpretes y secretarias te­ relaciones íntimas que uno tuviera, sino el enlace político que ahí
nían que hacer un informe escrito de su actividad semanal y entregar­ pudiera haber. En materia sexual ellos eran muy libres y no molesta­
lo a su jefe inmediato, y todas vivían nerviosas pero soportaban ese ban a las muchachas rusas que estaban a su servicio. En el último piso
trabajo porque era fuera de las fronteras de su país y podían comprar del famoso Vaticano estaban las habitaciones de esas damas, dos por
mejor ropa, leer libros de Occidente y ver el cine capitalista sin cen­ habitación, que más parecían covachas que alcobas, y si uno era inte­
sura que se presentaba en el salón de actos de la revista y estaba ligente como ellas y concertaba las cosas como es debido, uno podía
vedado para el resto de habitantes de Praga. Las pobres muchachas, subir esas frías y solitarias escaleras del quinto piso, que no tenían
seducidas por los cosméticos, las telas extranjeras y el aire liberador tapete como las del resto, y llegar donde estaba esperando la amiga,
de Praga, soportaban hasta los desmanes de los odontólogos checos, que seguramente se había puesto de acuerdo con su compañera de
que por odio a todo lo que oliera a ruso les herían a propósito las cuarto. Nadie veía ni hacía nada por eso. Abajo, en los pisos del tra­
encías con sus horribles fresas. Los soviéticos, por su lado, desconfiaban bajo, solo algunos latinoamericanos susurraban sobre el quinto piso,
y menospreciaban al tiempo todo lo que fuera checo. Presionaban cons­ pero yo me hice siempre el desinformado. Había una mónita preciosa,
tantemente para que los representantes de los partidos en la Revista de hermosas piernas que trotaban nerviosamente sobre el tapete de
matricularan a sus hijos en la escuela de la embajada soviética, donde los corredores, aparentemente desprevenida pero en realidad atenta
el aprendizaje era en ruso, y no en las escuelas checas, que por todo a cualquier movimiento cercano de ojos latinos, y un día en que se
concepto eran superiores. Yo mismo cedí ante sus instancias, pese a la hablaba sobre amantes indiscretos el Roque dijo: “Si yo estuviera con
observación que me hizo Jorge Alí Triana sobre la irracionalidad de esa mujer les juro que se lo contaría a todo el mundo”. Ella rió a más
vivir en un país y poner los hijos en una escuela extranjera. Lo hice no poder cuando se lo conté y de sus ojos azules claros brotaron algu­
porque reflexionaba que para la niña era mejor aprender un idioma nas lágrimas. Se sentía halagada por las palabras del poeta. Era casada
más útil, como el ruso, pero me equivoqué de medio a medio porque y tenía una hija tranquila y sin el picante de la madre, y una amiga le
lo importante era entender a la gente con la cual uno vive. El día que prestaba el apartamento para nuestros encuentros. Dejaba los venta­
fui a matricularla me recibió el director, un tipo flaco, hermético y con nales siempre abiertos y uno casi podía mirar a la cara a la gente que
ojos de ratón maligno. Pienso que su cara carecía de los veintitrés pasaba por la avenida de enfrente. Pero en Praga nadie acostumbraba
músculos que se ponen en marcha para provocar una sola sonrisa cá­ mirar hacia las ventanas, como en Popayán.

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Una tarde de otoño, terminada la jomada de trabajo, fuimos a sa Calle de París, donde estaba su casa. ¿En qué ciudad del mundo
una vinería a practicar el francés y tomar unas copas. Ella leía conti­ capitalista -pensé y sigo pensando hoy- podía uno hacer un paseo de
nuamente literatura y hablaba de París como la ciudad de sus encan­ ese tipo con la misma tranquilidad y seguridad? En Praga las últimas
tos, adonde iba cada vez que podía. Se había casado con un pintor tabernas cerraban sus puertas a las diez u once de la noche, y después
pero sus relaciones no pasaban de las de dos buenos e inteligentes de las once tú no podías hacer ningún ruido en la calle o en tu lugar
jóvenes amantes de la belleza y el trago fino. Al término de la charla de vivienda. Si alguien se empeñaba en mortificar a sus vecinos con
me dijo que no quería volver a casa en tranvía y me invitó a hacer el música a alto volumen y guachema, tenía pronto a su puerta a dos
camino a pie. Le expresé mis temores en tomo a pasear de noche y ella milicianos acompañados de uno o dos perros enormes que le adver­
renovó su decisión: “Si no quieres acompañarme me iré sola”. Empe­ tían que debía cesar de inmediato su truhanería. ¿Muy parecido a lo
zamos a andar cerca de la medianoche, recorrimos la gran explanada que pasa en Bogotá, no? Para no hablar de que la gente debía pasar la
donde se realizaban las paradas y desfiles militares y nos adentramos calle solo por los sitios señalados y que niños y viejos -no en la letra de
en el bosque que cubría la ladera derecha del Vltava. Hacia la parte los decretos sino en la vida real- tenían preferencia en toda clase de
alta comenzaba el hermoso barrio Jradchani, con callecitas y plazuelas transporte colectivo.
de sueño donde varias veces vi a un solitario hombre encendiendo las Conocí también a una polaca lanzadísima, que se creía la dueña
bombillas de gas al caer de la tarde, con una larga pértiga con meca­ de la hacienda. No departía casi con nadie y me hablaba pestes de los
nismo para abrir el paso al gas y prender la llama. Los caminos del soviéticos, a los que consideraba toscos y brutos. Me informó indigna­
parque estaban solitarios y nunca encontramos un alma, aunque a da que uno de ellos le había arrojado encima su vehículo y ni siquiera
decir verdad la oscuridad del lugar era más acentuada que la del le había presentado disculpas. No le gustaba nada mi compañera. “Es
resto de la ciudad, por la política de ahorro de energía eléctrica que una estúpida”. “¿Por qué estúpida”, pregunté. “Se ríe como un animal.
hacía el gobierno socialista. Solamente cuando estábamos sentados Es tonta y estúpida”. No hice el menor esfuerzo para quitarle la idea y
en un banco vimos una figura que se acercaba en medio de la neblina. pensé en la forma como opera el cerebro de las mujeres cuando juzgan
Cuando estuvo a cierta distancia nos miró de frente y nos saludó en a las otras mujeres. Un día me invitó insistentemente a un baile de
silencio llevándose la punta de los dedos a la sien. Era un miliciano, ceremonia que tendría lugar en el más encopetado salón de música
que siguió su ronda nocturna. Descendimos por escalones de piedra y de la ciudad. Aunque ya había notado que en cualquier país europeo
en un momento dado la mona me dijo: “Quiero mostrarte algo”. Baja­ confesar que no se sabe bailar es un crimen peor que el de matar a la
mos todavía más y apareció la ciudad a la distancia, con el río silen­ madre, le advertí desde el principio que ni sabía ni me gustaba bailar,
cioso en primer plano. Entonces la mujer me pidió que mirara hacia pero ella insistió en que solo deseaba mi compañía. Nos pusimos cita
atrás. No vi nada. Acercó su rostro y pude ver la brillantez de sus ojos en la entrada de la Casa de la Música y al verme llegar me reclamó:
azules claros mientras me decía con picardía: “¿No estás viendo? Allí “Con ese vestido que llevas no podemos entrar”. Me tocó volver al
estuvo la estatua de tu camarada Stalin”. Solo entonces pude apre­ apartamento y ponerme otra prenda, con corbata y todo. “Es un bal,
ciar la enorme mole de concreto sobre la cual había descansado la no es un baile, no es una fiesta para bailar. Es un bal", me repitió.
escultura descomunal que había sido demolida tres años atrás, dentro Cuando estábamos en nuestra mesa, que ella había reservado oportu­
de la campaña de extinción de los signos externos de la dictadura namente, como todos los demás, le dio por pedirme que bailáramos.
estalinista que cobijó a todos los países socialistas. Ella, por lo visto, No valieron mis razones y quejas y al final acepté, pero solo una pieza
esperaba que yo hubiese tenido algún acceso de furia o algo por el de ritmo lento. Todo debió ser tan horrible con esa mujer escotada
estilo, y como me quedé impávido me pidió que dijera algunas pala­ que pretendía impresionar a las “campesinas” checas y me miraba con
bras sobre el héroe caído. Recité algo como “Chers camarades du mon­ sus ojos negros de vampiresa, que en seguida se presentó en nuestra
de entier: je vous aime de mon coeur. .. ” y continuamos el camino hasta mesa un hombre joven que pidió mi asentimiento para bailar con la
llegar a la orilla del río y allí nos separamos. Comenzaba a extinguirse mujer. El tipo por poco se me arrodilla y ella entre tanto no se dignó
la noche cuando ella atravesó el puente que desemboca en la hermo­ abrir la boca. Así que yo dije que sí y en el fondo de mi corazón agra­

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decí la ayudita del checo, pero el tipo, en una vuelta majestuosa de la secreta- me informó acerca de las apreciaciones de un alto dirigente
danza sobre el espléndido piso de parqué, dejó caer a su pareja y ahí del pcus que había sido delegado a un congreso de nuestro partido:
fue Troya. La polaca se puso energúmena y ei pobre hombre no sabía “El camarada tal quedó impresionado por ti. Dice que no pareces
qué hacer para calmarla mientras caminaba hacia la mesa. Yo perma­ latinoamericano sino europeo”. “¿Por qué?”, pregunté. “Porque tú ca­
necí impasible en mi asiento porque me daba terror llegar a soltar la minas bien derecho y te mueves con agilidad”, me respondió.
carcajada. La polaca estuvo enseñándome a frotar la copa de vino con Esos dos años fueron muy provechosos porque aprendí a conocer a
los dedos hasta hacerla producir un sonido agudo y fastidioso que a los comunistas de otros partidos y pude evaluar las relaciones entre
ella le encantaba. De otras mesas cercanas nos miraban con cierto ellos y la lejanía que el partido checo tenía con su propio pueblo.
estupor y yo juré en mis adentros no volver a aceptarle nada a la vieja. Contar eso sería de nunca acabar. Pero no puedo dejar de recordar
Creo que todos los polacos se sienten, por lo menos, herederos lejanos que los exiliados de países capitalistas siempre me impresionaron, y en
del rey Segismundo y en todo caso superiores al resto del planeta. particular los españoles de la guerra civil de los años treinta. Miles de
Como en la ciudad no había casas de citas ni hotelitos de “ratico”, ellos fueron llevados a la Unión Soviética cuando eran niños, y ahora
tocaba acudir a los amigos. Si no había amigos era necesario ir a otra que estaban entrando en la vejez o eran ya viejos solo abrigaban la
ciudad cercana y ocupar habitaciones diferentes en el hotel. Eran esperanza de volver algún día a su país. Eso los obsesionaba. Uno podía
puras formalidades sin sentido, porque en los hoteles nadie lo moles­ notar en su mirada el cansancio, el tedio que les daba el hecho de
taba a uno por entrar en una habitación, como sí sucedía en los hote­ tener que vivir fuera de su patria, siempre entre extranjeros. Habían
les del partido, donde no se permitían visitas de mujeres en las habita­ sido recibidos en la URSS como escapados del terror franquista y termi­
ciones. Pero en Praga o en Moscú los soviéticos eran supremamente naron convirtiéndose en prisioneros de un país amigo en el cual no
cooperadores con sus colegas rusas, prestaban sus apartamentos y solo querían seguir viviendo ni morir. Solo anhelaban hacerlo en suelo de
hacían una exigencia: “Que él sea una persona inteligente”. Eso que­ España. En las tardes, luego de la jomada de trabajo, iban a la tienda
ría decir todo. Estoy convencido de que la seguridad rusa sabía de del barrio como todos nosotros, a comprar hortalizas, pan y frutas para
todo ese tipo de movidas, que no había nada que se moviera en tomo la cena y el desayuno; los veía caminar por la calle hacia sus apartamen­
a la Revista que ella no conociera, pero dejaba hacer todo lo que no tos y me daban la impresión de muertos que caminaban. En ese momen­
afectara su trabajo político. Eso sí se llama combinación de todas las to Santiago Carrillo -que visitaba a veces nuestra Revista -estaba ya
formas de lucha, digo yo. camino de separar el Partido Comunista Español de la tutela soviética,
Al mismo tiempo que espiaban, los soviéticos acostumbraban el como ya había ocurrido con el italiano. Muchos pedían permiso para
halago personal. A los periodistas extranjeros que les caían bien los regresar y los gobiernos socialistas se lo negaban o les daban largas
mandaban de vacaciones a los mejores sitios y les encomendaban tareas para no resolverles nada. El tratamiento que les deparaban era de
importantes fuera de las fronteras socialistas. Una mañana uno de los segunda, siempre en su condición de parientes pobres arrimados. Eran
asesores del jefe visitó mi oficina llevando en la mano el último núme­ muy diferentes de los chilenos que se exiliaron después del golpe de
ro de Pravda. “Te han publicado un artículo en primera página -me Pinochet, que estaban distribuidos en numerosos países socialistas y
dijo señalando sobre el periódico-. Eso no es fácil que suceda. Aquí a que mantenían toda suerte de rencillas y creaban problemas por todo.
nadie le habían dado esa distinción hasta ahora”, añadió. En la tarde, La otra cosa fue que conocí cómo eran los estudiantes colombia­
cuando salíamos todos a tomar los buses para nuestros hogares, noté nos que estaban becados en los países socialistas, y en particular el
que la gente me miraba con fijeza y colegí que habían encontrado la grupo de Praga, que era el mejor. Lo malo del paseo fue que al regre­
misma sorpresa. Vivían pendientes de qué dirigentes de los partidos sar a Colombia ya nos esperaban las malas noticias. Nos vinimos en
estaban arriba y cuáles abajo, quiénes brillaban más y quiénes eran barco desde Cannes, con la ayuda de Alberto Rojas Puyo, que vivía
más simpáticos. En alguna ocasión uno de los asesores me dijo: “Leí el en París y era la persona que manejaba las relaciones del partido en
informe al congreso de Vieira y te cita. Tú eres el único al que él cita esa ciudad. Alberto había recibido dos años atrás a mi esposa y mi hija
allí”. En otra ocasión el acompañante -que casi siempre era uno de la de pocos años, de paso para reunirse conmigo en Praga, y una vez me

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contó que las había llevado a pasear por el centro de París y que en que fueron unas seis o siete en total. Me llevaron a los calabozos del
Les Invalides había explicado a la niña: “Esa que ves ahí es la tumba de sic y allí me interrogó el director, Epaminondas Gordillo, que tenía
Napoleón”. La niña había replicado inmediatamente: “Ese es amigo fama de perseguidor de todo lo que oliera a izquierda o comunismo.
de mi papá”. Con la misma lógica de las apariencias que manejan los Me preguntó por unos supuestos pasaportes que yo habría recibido y le
niños, en una ocasión anterior en que estábamos jugando a definir la contesté no tener idea de eso, como era la verdad. Como a los diez
utilidad que tenía cada cosa, cuando llegamos a los bancos me había días me soltaron, porque tal vez no encontraron la manera de joderme
contestado sin vacilar: “Venden plata”. Esa síntesis mágica del siste­ más y porque Humberto estaba en la jugada.
ma capitalista me paró en seco y acabó con el juego. JC C : Díganos más sobre ese grupo de estudiantes de Praga.
Alberto estaba bien relacionado con el exilio español que vivía en AD: Los países socialistas suscribían contratos con gobiernos y par­
París; mantenía mucha cercanía con el Partido Comunista Francés y tidos políticos extranjeros (no solo comunistas) para recibir estudian­
tuvo la amabilidad de presentarme a su secretario general, Georges tes becarios en sus diferentes planteles de educación superior. En el
Marcháis, así como al realizador de cine holandés Joris Ivens. Alberto caso colombiano había contratos con el icetex, el Instituto de Amis­
regresaría después al país, trabajaría en la revista Documentos Políticos tad Colombo-Soviético y el Partido Comunista, que yo sepa. El país
al lado de Teodosio Varela, Alvaro Mosquera y otros dirigentes en la que mayor número de cupos otorgaba era, claro está, la Unión Sovié­
mejor época de esa publicación del partido, y sería elegido senador en tica, y le seguía la República Democrática Alemana. Yo conocí esos
las listas de la UP. Lo más importante que él hizo fue acompañar a John grupos en los años sesenta y setenta y creo que ninguno alcanzó la
Agudelo Ríos en la Comisión Nacional de Paz creada por el gobierno calidad y competencia del que hubo en Praga en los sesenta. Allí
Betancur para entablar negociaciones con las farc. Él fue el de la
estaban estudiando dirección de teatro Jorge Alí Triana, hijo del pin­
idea de tomar el barco, no en Barcelona, como yo pensaba, sino en
tor Jorge Elias Triana; Jaime Santos y Rosario Montaña, hija de Diego
Cannes. Ahí estuvimos en momentos en que no se realizaba el famoso
Montaña, y al lado de ellos estaban José María Alvarez, que cuando
festival de cine y por eso logré pasar inadvertido (risas). En Praga nos
regresó a Colombia creó con egresados de la rda la Fundación Uni­
habían dado para comprar el pasaje completo en avión pero nosotros
versitaria Autónoma de Colombia, que luego se afirmó como Univer­
íbamos a llegar a Bogotá sin saber siquiera dónde iríamos a vivir, y la
sidad Autónoma. Otros estudiantes, como Carlos Parra (“Parruca”) y
solución fue ahorrar los dólares del viaje en avión y regresamos por
Mario Jiménez, entraron a trabajar en el cine y la televisión; la baila­
tren y luego por barco. Debíamos desembarcar en Cartagena y desde
rina caleña Gloria Castro, que tenía asiento en Roma, recibió adies­
que las autoridades portuarias subieron al barco, antes de entrar en el
tramiento en Praga y a su regreso al país fundó “Barrio Ballet”; Rober­
muelle, ya los altoparlantes habían pronunciado mi nombre y apellido.
to Gómez Laverde se metió a trabajar con el movimiento cooperativo
Yo ya sabía lo que eso significaba pero no tenía salidera. Vinieron los
y finalmente una estudiosa dura como era Alicia Puyana egresó con
del sic, inspeccionaron cuantas cosas llevábamos, incluidas las de mi
esposa y mi pequeña hija, y directo para Bogotá en avión! Mis planes honores de la universidad checa y se dedicó a la investigación social.
de tomar flota en Cartagena se cayeron. Reclamé que por qué ponían Héctor Aponte estudió medicina y ahora es conocido médico de
presa a mi compañera y una niña menor de edad y de nada valió. Me Bucaramanga, y Héctor de los Ríos, que es profesor universitario en
separaron de ellas al llegar a Bogotá y después supe que las habían Medellin, arrojó el producto más bello: la modelo Tatiana de los Ríos.
dejado libres, por intervención del abogado y camarada Humberto Marco Tulio Rodríguez, después de su salida de El Espectador a causa
Oviedo Hernández, familiar de Eutiquio Leal y que, al lado de Gelasio de sus crónicas políticas, estaba trabajando en la Organización Inter­
Cardona, Hermelinda Castellanos, Nelson Robles, Carlos Duica, Raúl nacional de Periodistas (OIP), que tenía su sede en la ciudad, y
Vásquez Vélez y otros constituía el pequeño equipo de abogados con Leopoldo Pinzón había estado en un trabajo semejante. Allí en Praga
que la izquierda contaba para defender a los presos políticos de la fue donde los tres estudiantes de teatro y sus demás compañeros coci­
época. Ellos crearon la Asociación de Juristas Demócratas, que toda­ naron la idea de crear el Teatro Popular de Bogotá (TPB), así, con ese
vía existe. Humberto siempre estuvo en todas mis metidas de cárcel, nombre, tal como ocurrió a su regreso al país. Jorge Alí me pintó la

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idea, basada en la organización de un grupo de donantes y accionistas
La experiencia de la investigación social
que estaría encabezado por los sindicatos. Yo me permití despertarlo
del sueño de que los sindicatos colombianos iban a sacar un peso para
ese proyecto. Santiago García también había perfeccionado su forma­
ción en Praga, pero no durante mi permanencia allí. Lo conocí a mi JC C : Hablemos del proyecto pedagógico con los obreros que
regreso, en el Teatro La Candelaria, que inicialmente se llamó Casa adelantó Nicolás Buenaventura.
de la Cultura. El, Patricia Ariza y los demás afiliados a esa locura que AD: Nicolás fue uno de los hombres más queridos y respetados por
es hacer teatro independiente han contribuido a la cultura democrá­ la gente del partido. El tiene una facilidad de comunicación que se
tica más que muchos dirigentes políticos. Patricia militaba en el parti­ nota al rompe, explica la política mediante anécdotas y fábulas y ma­
do y llegó a ser elegida miembro de la dirección central. Santiago y neja recuerdos oníricos para mantener la atención del auditorio. N i­
Patricia siempre han hecho teatro y no política, y eso es muy bueno colás le prestó un gran servicio al proceso revolucionario en Cali, y lo
porque sabes a qué atenerte. Es lo mismo que ha pasado con Carlos mismo hizo su hermano Enrique mediante el Teatro Escuela de Cali
José Reyes, Jorge Alí y Jaime Santos. Y si en los últimos tiempos ha (TEC). La vida de ambos ha estado ligada a la historia colombiana, a
habido alejamiento entre el movimiento teatral y el partido, ahí el la cultura caleña y a los trabajadores asalariados. Nicolás creó allí un
equivocado ha sido el partido. El partido nunca pudo superar su ten­ grupo de investigadores comunistas antes de que apareciera una cosa
dencia a instrumentalizar la labor de las organizaciones populares, y parecida en cualquier otra parte del país. El grupo editó varios núme­
en las páginas de Voz era visible una especie de “preferencia de clase” ros de la revista que recogía los trabajos, Estudios Marxistas, que pos­
por el grupo de La Candelaria y una torcida de ojos para el TPB y teriormente apareció bajo su dirección en Bogotá, cuando Nicolás fue
otras agrupaciones. Yo lo señalé en el seno de la redacción del perió­ elegido miembro del Comité Central. Aquí organizó el Centro de Es­
dico, pero nadie me puso bolas. Es decir, si el grupo teatral te sirve tudios e Investigaciones Sociales (ceis), que abrió una puerta de ac­
para una campaña electoral, venga para acá el grupo teatral; si el ceso del partido a las capas medias y obreras, interesadas en participar
grupo artístico te sirve para conseguirte un sitio para realizar un foro, del debate marxista sin la obligación de militar en las filas partidarias.
venga a nos el grupo. Pero no había una política cultural ni un debate Nicolás se sentía en su salsa y el Centro logró sostenerse durante años,
sobre la cultura del país. Se formó una concepción absolutamente como la revista. Adquirieron sede propia en el centro y posteriormen­
soviética de lo que es el trabajo cultural: la obra cultural es útil cuan­ te se trasladaron al barrio Teusaquillo y empezaron a ser tenidos en
do no pone en duda la idea que tenemos de la revolución. Cuando la cuenta por círculos universitarios y publicaciones académicas. Pero lo
lucha armada se convirtió en el pensamiento central del partido, la que no todo el mundo sabe es que Nicolás, que dedicaba todo su
intelectualidad democrática que el partido había ganado desde los tiempo al partido, jamás recibió un centavo por ese concepto. Al con­
años cincuenta se alejó de nuestras filas. trario, él ayudaba financieramente al partido, porque tenía cierta hol­
gura económica para hacerlo, pero a la postre quedó pobre. Sostenía
financieramente al CEIS y se quedó sin cinco.
La recepción de que gozó Nicolás en el partido como educador no
ha tenido parangón. De todas partes del país lo reclamaban para que
dictara cursos y él a veces no daba abasto. Me preguntaba yo a qué se
debía eso y solo después de mucho tiempo encontré una respuesta: la
gente se deleitaba con su estilo de exposición y su capacidad de salir­
se de los marcos del educador profesional para invadir los de la ficción
política. La gente que se educa quiere divertirse con la clase y con
Nicolás lo conseguía. Esa diferencia era precisamente la que lo hacía
inconsistente y desconfiable ante la dirección partidaria. Nicolás, desde

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luego, no fue un dirigente político, ni tampoco un escritor. Yo diría esa fue una labor buena, a pesar de todo el sectarismo que utilizábamos.
que fue un narrador de la política que escribía como hablaba, un Ahí movimos gente sobre todo de los sindicatos; yo creo que fue la
educador que ponía la política en signos y dibujos en vez de palabras. primera y última vez que nosotros nos hemos metido con trabajadores
Como todas las cosas serias las volvía finalmente un chiste, el audito­ comunes y corrientes para hablar con ellos sobre historia de Colombia,
rio estaba siempre ansioso de oírle introducir el apunte y festejar. N a­ economía colombiana, historia del movimiento obrero, sociología, his­
turalmente, a veces llevó al extremo esa técnica y comenzó a repetir­ toria del Partido Comunista. Claro que había mucha indiferencia de
se. Entonces no pocos dijeron que hablaba mucha paja. la dirección del partido por los esfuerzos de investigación del país.
Claro, Nicolás manejaba la cháchara y toda esa cosa, pero siempre Solo vi investigación institucional en lo relativo a la historia del parti­
con un criterio culto, de hombre conocedor de libros. El se traslada a do: el trabajo de Anteo Quimbaya para su libro 30 años de lucha del
Bogotá a principios de los años setenta. Muy tarde, en mi opinión, se Partido Comunista, el de Medófilo Medina para el primer tomo de His­
propuso el nombre de él como miembro del Comité Central. Lo propuso toria del Partido Comunista, en los años 70, y algunos trabajos similares
Alvaro Vásquez y lo presentó Cepeda, que conocían de cerca el trabajo de Nicolás Buenaventura. Las investigaciones, en general, no eran
de Nicolás en el Valle, pero los compañeros del Valle lo objetaron. En utilizadas ni en los debates ni en los documentos partidarios, tal vez
el comité había unos tres o cuatro miembros del partido del Valle. con la excepción de algunas de Julio Silva Colmenares.
¿Cuál era la razón? Que Nicolás era un hombre en quien no se podía Creo que ningún otro instituto comunista pudo suplir jamás el
confiar porque Nicolás tenía nexos con la clase dominante, que era trabajo del CEIS. El partido pudo haber hecho del CEis algo mucho más
vacilante frente al enemigo de clase y no recuerdo qué cosas más. acabado y eficaz, pero la visión instrumentalista que ha primado en la
Pero era tal la debilidad del argumento frente al comité, compuesto actividad partidaria lo impidió. Llegó un momento en que el CEIS se
en su abrumadora mayoría por gente sin prevenciones de clase, que a convirtió en un aparato inoficioso, que no hacía investigación sino
todo el mundo le dio la impresión de que lo que ahí había eran celos producía o reproducía material político, porque la gente que investi­
políticos. La verdad era que los dirigentes del partido en el Valle lo gaba fue sacada de ahí, comenzando por Nicolás. Cuando Nicolás
detestaban, y lo detestaban porque era diferente de ellos, porque no comienza a simpatizar con la idea del nuevo partido, al lado de Ber­
era dogmático como ellos, porque no hablaba el lenguaje enigmático nardo Jaramillo y compañía, lo sacan de la dirección del proyecto. Le
de la ortodoxia. Pienso que también había ahí un factor de clase: que habían tolerado su campaña contra el uso de manuales de marxismo,
los compañeros se sentían acomplejados frente a las relaciones sociales pero eso no. La persona que nos anuncia esa determinación, en re­
que tenía la familia Buenaventura. Un profesor universitario me reveló unión convocada para el efecto, es Edgar Caicedo, jefe de redacción
años después algo de lo cual yo no tenía ni idea. Me informó, confiden­ de Voz Proletaria y compañero de Nicolás durante años en el Valle. Me
cialmente, como si me descubriera un pecado mortal o una enfermedad dio mucha pena con Edgar, que era un hombre talentoso y honesto,
vergonzosa, que Nicolás era judío, de familia judía. Para ciertas instan­ muerto prematuramente poco después de ese momento miserable.
cias de la izquierda radical eso era un sacrilegio, aunque no para la Mis relaciones personales con Nicolás, sin embargo, se acabaron
dirección del partido. En fin, lo cierto fue que Nicolás ganó la nomina­ de repente. En una ocasión en que me topé con él lo sentí distante y
ción pese a la oposición del grupo del Valle del Cauca, del cual procedía. desconfiado, como si hubiese leído un documento en que yo lo entre­
La idea de editar Estudios Marxistas, pues, fue una idea de los gaba a sus verdugos. Recientemente acudí a su apartamento en com­
compañeros universitarios del Valle, empujada por ellos, obviamente pañía de Mauricio Archila para realizar una entrevista que nos con­
a contrapelo de la dirección comunista de esa región. La militancia cedió dentro de un estudio que estamos haciendo sobre la “nueva
comunista no fue un baño de rosas para Nicolás, como no lo fue para izquierda” de los años 60, y en medio de su largo testimonio, y sin que
muchísimos otros intelectuales, a quienes vi actuando a inicios de los mediara una premisa conceptual, dijo esta frase que nunca podré ol­
años cincuenta y luego me fui dando cuenta de que desaparecían de vidar por el resto de mi vida: “El peor enemigo que yo tuve en el
la militancia, uno tras otro, sin que eso pareciera inmutamos. Nicolás partido fue Alvaro Delgado”. En seguida entró a morigerar la descar­
llegó acá y sirvió mucho en las labores del CEIS. A mí me parece que ga de semejante aserción, pero lo sentí como una cortesía del dueño

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la carrera 13, también a la hora menos pensada llegó la policía, nos
de casa. Nunca he podido saber qué pasó y solo dispongo de suposiciones invadió por completo y nos cargó en camiones y otra vez para la Segu­
en medio de las cuales percibo el olor de una venganza cobarde o una
ridad. Pero esta vez no fue al SIC sino a un permanente de policía que
malquerencia de una tercera persona que hizo mella en un hombre funcionaba pegado al gran edificio del sic, sobre la calle 12 y no sobre
tan desprevenido y generoso en la lucha política como él. De ninguna
la carrera tercera. Allí mismo había estado yo en marzo del 54, y ahora
otra persona he recibido tantos elogios orales y escritos como de Nico­
estaba en el cuarto de la guardia que me reseñaba sobre una mesa
lás, y él fue el primero que entendió lo que yo me proponía hacer con
cuando vi llegar a los otros dirigentes de la JUCO, que yo creía que se
el seguimiento de las luchas de los trabajadores. No sé qué pasó.
habían volado del acto. Allí estaban, cabizbajos, y casi me da risa de
JC C : ¿Diego Montaña Cuéllar? verlos llegar. Allá sí llevaron mujeres, muchachas todas, y creo que las
AD: A Diego lo conocí en 1955 o 56, cuando me invitaron a una soltaron esa misma noche, pero a los demás nos fueron soltando en los
reunión de partidarios de la paz mundial en una casa del norte de días posteriores, después de presentamos junto con presos comunes
Bogotá, no sé si la del mismo Diego. Cuando llegué la sala ya estaba en la tarima de un auditorio, ante detectives encapuchados que des­
copada de gente y me tocó permanecer de pie, como tantos otros. No de sus sillas iban gritando “Lo conozco, es fulano de tal y hacía tal y
recuerdo qué se dijo en la reunión pero Diego llevaba la dirección del tal cosa”, o bien “No lo conozco”. De mí dijeron que no me conocían,
acto. De pronto alguien entró diciendo que había llegado la policía y pese a que el año anterior había estado también en la bendita tarima
al minuto entraron en la casa y todo el mundo se levantó. La gente y me habían dicho lo mismo: “No lo conozco”. Se puede notar que en
decía que la casa estaba rodeada de tropa y vi que Diego salió de la ese tiempo todavía no había computadores ni nada de eso y que había
sala a conversar con la policía. Al ratico regresó y dijo que todos íba­ mucha burocracia, y creo que las cuentas que llevaban esos cuerpos
mos con la policía. Nos montaron en unos camiones y fuimos a templar llamados de inteligencia no eran muy inteligentes, porque cuantas
al sic, como era ya la costumbre. Nos hicieron formar en fila en tomo veces dije que no había estado antes en la cárcel, a pesar de que sí
del gran patio del edificio y ahí nos tuvieron buen tiempo, bajo un frío había estado, ellos aceptaron eso sin decir una palabra.
tremendo y sin poderse meter uno la mano en los bolsillos. Unos llevaban De manera que esa fue la primera experiencia con Diego Monta­
gabardinas y el resto a puro pelo. No vi que allí hubiera mujeres. Más ña. Después volvería a verlo varias veces en la casa del partido. Cuan­
que todo eran jóvenes, me imagino que estudiantes universitarios, y do era invitado a las reuniones del Comité Ejecutivo Central llegaba
uno que otro de más edad. Allí pasamos buen tiempo, hasta que entró armado de tarjetas de base de datos, en los tiempos en que no se había
al edificio un tipo enruanado escoltado por otros dos, habló con los inventado el computador personal y a las máquinas del Dane las ali­
policías de guardia que estaban sentados frente a una mesa en un mentaban con tarjetas perforadas. Diego mereció más que muchos
costado del patio y vino y gritó: “¿Quién es Diego Montaña?”. “Soy estar en el Comité Central pero eso nunca ocurrió. Algunos entraron
yo”, dijo Diego. “¡Hable más alto, que no se le oye!”. Ahí comprendí porque hicieron campaña para que los del comité los vieran trabajar
que el tipo venía borracho y era peligroso, por los gestos que hacía. En más que los demás, y pasaron por el comité con más pena que gloria.
todo caso, estaba de civil, no parecía ser policía uniformado sino detec­ Para estudiosos e investigadores no había confianza política porque
tive. Y en seguida le gritó a Diego: “ ¡Usted es un hijueputa!”. Diego eran demasiado independientes y, aunque podrían tener ambiciones
se quedó quieto, mirando al suelo, con la gabardina en la mano, y yo de mando, no lambían. Realmente yo solo vine a conversar con Diego
sentí que las tripas se me encogían de miedo. En seguida empezó la cuando trabajaba en Praga, en 1967. Para entonces él ya tenía diver­
reseña en un corredor y al día siguiente nos llevaron a la tarima de un gencias serias con la dirección del partido y yo lo sabía, como sabía
gran salón parecido a los de cine barato para que los detectives en­ que en años pasados había sido expulsado o se había marginado, sin
mascarados nos reconocieran. Creo que al tercer día por la noche nos que eso disminuyera mi admiración por él. Me informaron que iba a
soltaron, y yo, que había ido de sopero a una vaina que no me impor­ pasar por Praga y me aconsejaron que hablara con él. Efectivamente,
taba, me prometí en mis adentros tener cuidado con nuevas invita­ Diego llegó de La Habana de paso para Colombia, no solo porque él
ciones. Pero de nada valió, porque una noche en que estábamos en tenía a su hija Rosario estudiando ahí y a otra hija estudiando en
una fiesta de la U JC para hacer finanzas, allá por la calle 61 o 62 con
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Alemania o Moscú, sino porque en ese tiempo no se permitían vuelos dijo que estaba furioso con Bernardo Jaramillo porque éste había rea­
directos entre Cuba y Colombia y había que ir a Europa y regresar lizado un contacto con Pablo Escobar sin previa consulta con la direc­
desde allá a Colombia. Cuba estaba aislada desde el año 62 y a mí me ción nacional de la up. Le di toda la razón. Y como es sabido, el jefe
tocó lo mismo varias veces y cada vez no podía creer que fuera cierto. narco rival, Carlos Castaño, confesó años más tarde que había man­
El paso más obligado para ir a los países socialistas era París, pero ahí dado matar a Bernardo, no sé si como forma de encubrir la responsa­
los aviones socialistas no podían utilizar el aeropuerto Charles de bilidad del Ejército en ese crimen.
Gaulle, que ya estaba en operación, sino Le Bourget, y tocaba hacer Me parece que las cosas con Diego siempre fueron complicadas.
transbordo. Solo los aviones checoslovacos podían llegar al de Gaulle. Fue de los pocos dirigentes que entraron al partido y salieron cuando
Tal era el grado de la irracionalidad humana. Con los aviones soviéti­ quisieron. Como hicieron Luis Vidales y Nelson Robles y el propio
cos era lo mismo. Uno volaba de Moscú a Shannon, en Groenlandia, Silva Colmenares, solo que sin hacer ruido. Aunque Nelson era otra
o a Gander, en Canadá, y de ahí volaba directo a Cuba y luego a Lima, cosa, una persona fuera de serie. Guajiro, profesor de la Universidad
y solo ahí podía tomar avión para volverse a Bogotá. Algunos camara­ Libre y casado con una gran mujer cuyo nombre se me escapa, era un
das latinoamericanos me contaron que a ellos los habían llevado por paradigma de sencillez, sabiduría jurídica y solidaridad humana. Te­
una ruta que pasaba más allá del Círculo Polar Artico y no sé qué nía una columna en Voz Proletaria y cargaba un maletín lleno de pape­
vainas más. Menos mal que yo siempre estuve seguro de que los avio­ les, demandas laborales, libros, trebejos indescriptibles, pan y uno que
nes del socialismo no podían caerse. Me reuní, pues, con Diego en la otro pedazo de salchichón. A los de la redacción nos invitaba a
cafetería de un hotel antiguo muy bello, y él estaba bastante seco y mediasnueves en la tienda de la esquina y uno podía pedir lo que
serio conmigo. Me consideraba entre los conservadores del partido, quisiera. Murió súbitamente en Rumania mientras cumplía una comi­
como llegó a decírselo en confianza a mi compañera. Quizás estaba sión del partido, como le sucedió igualmente a Pastor Pérez en Hun­
prevenido, y yo no quería por ningún motivo molestarlo sino solo darle gría. En cuanto a Vidales, regresó al partido después de cuarenta años
las opiniones del partido. El venía con unas tesis nuevas sobre la revo­ de ausencia, como consecuencia de los excesos represivos de Turbay
lución colombiana, que se conformaban con las que acababa de publi­ Ayala, que buscaban al hijo del poeta y como no lo encontraron se
car Régis Debray, que yo tanto detestaba, las tesis sobre el famoso llevaron al padre. Así había ocurrido en la época de Rojas Pinilla con
“foco revolucionario”, que eran las del partido cubano y que éste no Gustavo Vasco, a cuyo padre, ya anciano, vi en los calabozos del SIC
se atrevía a suscribir abiertamente. Naturalmente, no conseguí que en alguna ocasión de los años 50. Vidales fue a templar a los cuarteles
Diego siquiera cediera en algo. Pero me dijo algo que a mí siempre me de tortura del Ejército. El partido levantó de inmediato la solidaridad
ha impresionado. Me dijo que la dirección nacional del partido no y el poeta volvió a sentirse rodeado de la organización. En sus últimos
tenía confianza en él, que nunca la había tenido. Como yo conocía años, en su casita de la carrera 15 con calle 28 o 29, se sentía muy
otros casos semejantes, con gente que yo consideraba absolutamente solo, aunque lo visitaban no pocos de sus amigos más cercanos. “No
honesta, hice la relación del caso pero no dije nada. Una o dos noches me dejen solo”, me dijo suplicante la última vez que lo vi, sobre una
después, invitado por los estudiantes, Diego fue a un pequeño agasajo cama desaseada de la cual casi no se movía. Trato de imaginarme sus
en mi apartamento de la Plaza de la Revolución de Octubre y allí últimos días en esa soledad sórdida. “Leo todos los días al Dante”, me
bebimos vino y comimos knelike con los estudiantes y Diego se entu­ confesó, y por esas palabras intenté por enésima vez tratar de gozar
siasmó, olvidó momentáneamente sus prevenciones, se quitó también con la lectura de la Divina Comedia, de la cual nunca he podido aguan­
los zapatos, como el resto de la concurrencia, bailó sobre el suelo de tar más allá de la segunda o tercera página del primer canto.
parqué y en un momento, a petición del respetable público, se trepó Con Diego las cosas eran a otro precio y la dirección nunca le
en un sillón y recitó poemas de Maiakovski y pasajes del Quijote. En rebajó el calificativo de “caudillo liberal” que había sido en los años
los últimos años de su vida debió cambiar su opinión sobre mí porque veinte y treinta. En todo caso, sus nuevas tesis sobre la revolución no
me solicitó que le hiciera llegar copia de mis últimos artículos publi­ tuvieron mayor impacto en el país ni en el partido, me parece. Lo que
cados y todo lo que tuviera a mano. La tarde en que hablé con él me más se criticaba de él tal vez no eran sus famosas tesis sino su conduc­

222 223
ta como asesor de los trabajadores y principalmente de los petroleros.
La idea del partido siempre fue que los asesores de sindicatos no de­
Peregrinaje para aprender
bían entrometerse en la orientación política de los sindicatos sino li­
mitarse exclusivamente a su tarea jurídica. Esa fue la misma tesis que
Tulio Cuevas tuvo que imponer en la utc cuando asumió el mando de JC C : ¿De su primera estancia en Praga usted regresa a Bogotá
esa central a principios de los años 60, y a mí me ha parecido que es la y vuelve a trabajar en el periódico?
correcta, porque los asesores se amañan en su papel de guías y resul­ AD: Exactamente, pero con una pequeña variante, y es que me
tan es dirigiendo los sindicatos, reemplazando a las directivas sindica­ meto también a administrar el periódico del partido. Yo venía de tiempo
les, como decía Vieira. Todavía hoy veo a algunos en ese papel. Y eso atrás insistiendo en que teníamos que modernizar el trabajo periodís­
ha sido funesto para el conjunto del movimiento y sobre todo para los tico y que había que comenzar por volver el periódico rentable, o por
sindicatos más poderosos, que pueden pagar asesorías y no solamente lo menos rebajar y aun eliminar el enorme subsidio que la dirección le
consultorías. Eso ocurrió en Fedepetrol y en la USO, pero principal­ entregaba. Planteé que me encargaría de administrarlo sin rebajar
mente en la primera, donde las orientaciones radicales de izquierda, mis labores como redactor y no cobraría mayor sueldo por eso sino
sostenidas por Diego y por otros asesores, en lugar de perfeccionar la que, al contrario, llegaría el momento en que el periódico pagaría a
lucha por un sindicalismo de industria, provocaron finalmente el ais­ todos sus trabajadores. Por supuesto, nadie me creyó. Voz Proletaria no
lamiento de esa federación y en seguida su declinación total, hasta tenía avisos comerciales pero recibía gratis el papel y adicionalmente
desaparecer. Creo que se convirtió en un estorbo antes que en un percibía un auxilio mensual para el sostenimiento de sus empleados, y
factor de impulso político, y la USO se quedó sin ese apoyo político y solo pagaba la impresión, y aun así daba pérdidas. O sea, no había
reprodujo en cierta forma el exclusivismo y el sectarismo político, so­ ninguna administración, ni siquiera un libro de contabilidad con sus
bre todo cuando los maoístas se apoderaron de la dirección y desalo­ archivos correspondientes, y solo unos pocos organismos del partido
jaron a los comunistas. Es que los dirigentes sindicales, y no solo los pagaban el periódico que recibían y vendían. Los comités se sostenían
dirigentes sindicales sino todos los dirigentes políticos, si tú los alabas, parcialmente con la venta del semanario y la dirección nacional no
te adoran. Por eso los abogados son exitosos en las reuniones con los recibía sino migajas. El planteamiento mío fue muy sencillo: en las
sindicatos. Su papel es defender a sus clientes, no hacerles reparos ni condiciones en que estaba, el periódico tenía que sostenerse total­
críticas; su tarea está en salirles al paso a los abogados marrulleros de mente con la venta e incluso debía quedar un remanente para inver­
los patronos y del gobierno, y si allí no rinden, peor para ellos, los tir en infraestructura y perfeccionar el trabajo y el servicio al público.
sindicatos prescinden de sus servicios y ponen otro defensor. Los in­ Establecí un plan nacional que contemplaba el aumento paulatino de
vestigadores del mundo sindical, en cambio, tienen que comprome­ la circulación, la rebaja sistemática de las deudas mediante estímulos
terse, no con la defensa profesional de los trabajadores sino con el al esfuerzo hecho, la aplicación de sanciones a quienes violaran los
intento de interpretar la conducta de los trabajadores y del conjunto compromisos adquiridos y el control semanal estricto de las tareas
del movimiento que ellos encaman. Por eso los investigadores sociales aceptadas por el colectivo. Creo que la gente pensó que yo hablaba
no son populares ni ganan la confianza de ningún movimiento social. pura paja y que no me atrevería a hacer cumplir los compromisos, pero
Yo he trabajado por más de cincuenta años con los sindicatos y siem­ todo el mundo se equivocó. A la vuelta de dos o tres meses ya tenía
pre he sido mirado por ellos con sospecha. los primeros reclamos airados, tanto de los comités regionales como de
la dirección nacional del partido. ¿Cómo se me ocurría suprimirles el
despacho de la prensa porque no pagaban? ¿Eso no es un sabotaje de
las tareas del partido? ¿Quién me bahía dado tales facultades? Etcéte­
ra, etcétera. Pero yo me mantuve en mis trece porque llevaba control
escrito de todo el proceso y podía responder por cada acción que eje­
cutaba, y con el tiempo unos y otros tuvieron que aceptar que la cosa

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funcionaba, o por lo menos se callaron. ¿Qué podían hacer? No podían no las tenía todas consigo, era una especie de bestia inconsciente
reemplazarme fácilmente. En treces años de experiencia del periódico introducida de contrabando en una organización de gente despreve­
esa era la primera vez que existía una administración y sobre todo que nida. En contradicción con la concepción marxista de la educación,
no pedía subsidios financieros adicionales al Comité Ejecutivo Central. que privilegia el estudio individual sobre el colectivo, Gustavo salió
Es que no era poca cosa que un comité, que ordinariamente consumía con el cuento de que el partido debía implantar la “educación de
trescientos o cuatrocientos ejemplares, recibiera de pronto solo cinco, masas”, no seguir perdiendo el tiempo con escuelitas que formaban, si
para uso apenas de su dirección y como prueba de que el semanario mucho, a diez o veinte personas con mucho esfuerzo, y lanzarse a la
había aparecido esa semana, porque el comité había incumplido por educación masiva de la población, incluso en mítines electorales.
tercera vez consecutiva el compromiso. El veneno redentor de la me­ Aprovechaba las asambleas de los sindicatos para hacer exposiciones
dida estaba en que el comité, que se gastaba la plata del semanario en en torno a la dialéctica de la naturaleza y el materialismo histórico, y
vez de pagarlo, se creaba un gran lío con la militancia, que había aseguraba que de cada uno de esos actos salían decenas de nuevos
pagado el periódico y exigía el derecho de adquirirlo cada semana. afiliados al partido. Estaba en la misma onda de su coterráneo Carlos
Los comités más cumplidores eran los del Valle y Antioquia y el Arias, del Magdalena, el del “comunismo silvestre”. Por supuesto,
más moroso y conchudo era increíblemente Bogotá. En las páginas de Gustavo no tenía mayor inteligencia del marxismo porque carecía de
Voz Proletaria aparecían fotos de sus dirigentes tomadas en el momen­ cultura humanística. Sus constantes rabietas lo llevaron en varias oca­
to en que entregaban un gran cheque a la tesorería nacional del par­ siones a abandonar borrascosamente las reuniones del CEC y finalmen­
tido, pero la militancia no sabía que ellos, días antes, habían recibido te se fue del partido. Cuando quiso regresar no fue bien recibido y de
un cheque más grande como subsidio del Comité Ejecutivo Central, nuevo desapareció. Pocos años antes de su muerte lo encontré en la
de manera que todo era una farsa ridicula. Yo vi al tesorero distrital plazoleta de Las Nieves, mansito y casi alegre, como si nada hubiera
frotándose las manos de la dicha después de cada trampa hecha. Por pasado entre los dos. Eso me agradó y juramos mantener contacto,
esas y otras mañas de la dirección regional de la capital, que yo me cosa que, por supuesto, no ocurrió. Gustavo era casado con una her­
atreví a denunciar, pidieron mi expulsión del Comité Central y el vo­ mosa y magnífica mujer libanesa, y era el padre de Yira Castro, la
cero del empeño fue Gustavo Castro, un bacteriólogo costeño. Gusta­ esposa de Manuel Cepeda, y a la vez era el padre de Gustavo Dájer
vo se inventó el cuento de que yo y mi compañera manteníamos con­ Chadid, que en un tiempo tuvo figuración en el partido liberal.
tacto con la Em bajada yanqui. La verdad era que había una Volviendo al periódico, hay que decir que no tenía personería ju­
colombiana, casada con un norteamericano borrachín, que trabajaba rídica y que por eso me tocó abrir una cuenta corriente personal en el
en una empresa petrolera y nos daba un aporte mensual para el parti­ Banco Cafetero, pero una vez que comenzó a dar resultados el plan de
do y que, de regreso en el país, nos había hecho el favor de alojamos pagos y estímulos para rebajar la inmensa cartera morosa, comencé a
en su casa mientras conseguíamos dónde vivir. La andanada de Gus­ recibir ingresos que dejaban ahorro después de cubiertos los gastos, y
tavo y sus compañeros fue tan violenta y descarada, que provocó la a la vuelta de los meses y los años la cuenta bancaria creció y me
protesta de una persona de la que nunca recibí aprobación política, obligó a sacar certificados de término fijo. Eso no era conveniente
como fue Alvaro Vásquez. Alvaro se interpuso y cortó de un tajo la para mí porque había sobrepasado los límites desde los cuales era obli­
absurda pretensión. A Gustavo lo conocí en su laboratorio de la ca­ gatoria la declaración de renta. No me parecía ninguna gracia apare­
rrera 13 con calle 24, cuando todavía no era miembro de la dirección cer en los bancos como una persona rica cuando no lo era en absoluto
nacional. Era una persona desconfiada de todo, de trato amable pero y temía que algo malo podía ocurrirme. Una vez recibí por correo un
de reacciones impredecibles. Antes de acudir a las sesiones del Comi­ sobre del banco con una carta acompañada de una tarjeta de crédito
té Ejecutivo Central tenía que tomar un calmante para soportar los o débito -no recuerdo porque entonces yo no sabía la diferencia-, y
debates, y cada vez que una persona de condición humilde tenía la como nunca la usé, pasado casi un año recibí otra carta en la que el
mala idea de darle la mano iba furtivamente al lavamanos. Su presen­ banco se extrañaba de que yo no hubiera utilizado nunca la tarjeta y
tación personal era impecable, como la de todo costeño legítimo. Pero me comunicaba que con toda la pena del mundo se veía obligado a

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cancelarla. Varias veces pedí al CEC que, por favor, me recibieran par­ comprobé que, de manera regular, el veinte por ciento de la militancia
te de la plata ahorrada, que eso me podría causar problemas fiscales, evadía el pago del periódico partidario a la dirección central y la mi­
etc., y nunca obtuve respuesta alguna. Parecía no importarles ni la tad no cubría las cuotas ordinarias y extraordinarias. Había evasión
plata ni mis problemas. Entonces resolví obrar por mi cuenta y con la en todos los niveles pero a la vez había comités regionales cumplidores
ayuda de Cecilia Quijano procedí a vender todo el equipo de oficina de sus deberes y militantes y amigos del partido que contribuían de
que teníamos, máquinas de escribir y muebles, y compré todo nuevo y manera notable en ciudades como Medellin, Cali y Pereira. El comité
en mayor cantidad, tomé nuevas suscripciones periódicas y encima de de Bogotá estaba entre los peores en materia financiera, a pesar de
eso compré una camioneta Dodge que estaba de moda. Como yo no que recibía la mayor tajada de la ayuda financiera que prestaba el
sabía ni sé nada de compras ni de negocios, acudí a Manlio Lafont Comité Central a sus organismos dependientes. En general, siempre
para que me acompañara a una empresa concesionaria, escogiera el percibí que la gente más floja para el trabajo político estaba en la
vehículo adecuado y ordenara montar la correspondiente carrocería, capital del país, donde existían las mejores condiciones. Cuando que­
y de esa manera hubo vehículo propio para el director y para el trans­ bró la imprenta del partido, que llegó a tener más de cuarenta em­
porte del periódico en la ciudad. A los pocos años hubo así mismo pleados, solo unos pocos “vivos” sacaron alguna indemnización. El resto
camión nuevo, también Dodge. Aun así, sobró dinero para mantener quedó en la calle, sin nada. En el periódico de los trabajadores, desde
un fondo que podría responder por cuatro o cinco ediciones. Recuer­ luego, no podía aparecer una noticia como esa.
do que feriamos las máquinas viejas y a mí me tocó una Remington Definitivamente los comunistas somos malos administradores y eso
negra, de magnífica factura, suave y a la vez firme, en la cual se ha­ quedó comprobado cuando la UP logró varias alcaldías del país, inclu­
bían picado los esténciles con los que se imprimió por muchos años el so algunas importantes como las de Arauca. Algunos camaradas lle­
periódico clandestino La Verdad. La dirección del partido nunca dijo garon a dilapidar los dineros públicos con la misma eficacia que los
ni una sola palabra sobre eso, y de toda mi gestión de años enderezada alcaldes y gobernadores del bipartidismo. Me pregunto si hoy la iz­
a sanear las finanzas del periódico solo escuché comentarios quierda entera ha dado pasos hacia otra visión de las cosas y tengo
malintencionados: “Al camarada Delgado le dio por suspender el pe­ que aceptar que no lo parece.
riódico a los comités regionales”.
Antes de cuatro años la circulación del periódico se duplicó con JC C : Usted ha dicho que trabajó también en Barranquilla.
creces, al pasar de 14.000 a 34.000 ejemplares para mediados de los AD: Sí, señor, allá estuve dos años largos, entre 1970 y 1972. Re­
años 70, y los fondos acumulados dieron para el pago de todos los gresé de Praga y me dijeron: “Hay dos cosas para ti, para que escojas:
empleados del periódico, incluido el ciento por ciento de las cuotas la jefatura de redacción del periódico o irte al Atlántico a ayudar en
del Seguro Social. Esa fue la base para elevar la circulación de Voz, el partido, que anda bastante mal”. Yo no dudé un solo instante, no
que para mediados de los años 80 estaba en 44.000 ejemplares en porque no prefiriera seguir trabajando como periodista sino porque
promedio y ocasionalmente alcanzó cifras superiores. Yo rendía cuen­ estaba seguro de que la dirección del partido quería oír mejor la se­
tas por escrito cada mes, entregaba a cada miembro de la dirección gunda respuesta. No me gustaba que de mí se tuviera la impresión de
ejecutiva un ejemplar de los balances y con mucha pena notaba que, que era un burócrata que me la pasaba no más revolviendo papeles
con excepción de Vieira, los demás ni siquiera se tomaban el trabajo sobre los escritorios, como me endilgaba un camarada del comité eje­
de leerlos. Esa era una de las características del partido de la revolu­ cutivo central. Un conocido dirigente agrario utilizaría más tarde otra
ción social: nunca se interesaba por administrar los bienes confiados a visión del asunto cuando en una reunión sostuve que la juventud
sus manos. Todas las empresas del partido, sin excepción, estaban colombiana había cambiado y ya no se movilizaba tras consignas
ampliamente subvencionadas y eran un fracaso financiero total. Ha­ antimperialistas y revolucionarias, como en los años 60: “Como usted
bía altos dirigentes que no podían soportar que se hablara de contro­ se la pasa detrás de los escritorios no puede darse cuenta de lo que
lar y administrar porque les daba vértigo. A eso le llamaban tenden­ piensan los jóvenes en el campo y en los barrios marginales”, me res­
cias burocráticas. Durante mi trabajo en el frente de finanzas del partido pondió. Pero las cosas no eran así. La verdad era doble: no solo ocurría

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T
que el grueso de la dirección central del partido desconocía la histo­ y devastaría al contrario. Era el cerebro pensador y razonador del par­
ria de militancia de muchos que nos sentábamos a su lado, y juzgaba tido y su influencia obraba fundamentalmente en ese sentido. Alvaro
por las apariencias, sino que en este caso la razón estaba de mi parte. no era ortodoxo ni sectario, y a eso añadía que tampoco le apasionaba
El movimiento estudiantil que floreció en los años cincuenta langui­ el poder. Tenía siempre a flor de labio el gracejo o el apunte oportuno,
deció en los sesenta y a partir del decenio siguiente desapareció casi pero detrás de ese tono festivo se escondía un gran conocimiento de
completamente de las protestas populares y sobre todo de las obreras. la literatura universal y colombiana y no solo de los asuntos sociales.
Las marchas estudiantiles que ahora recorrían la calle 26 y entraban a Podía recitar poemas nada fáciles de retener y al mismo tiempo acapa­
la carrera décima de Bogotá, en busca de la Plaza de Bolívar, portaban raba gran caudal de información actualizada. No le interesaba su pre­
pancartas y coreaban consignas que no mencionaban a las viejas aren­ sentación personal y si de él hubiese dependido habría continuado
gas contra el imperialismo yanqui y se concentraban en demandas de pasando el resto de su vida en el destartalado edificio de apartamen­
cátedra libre, autonomía universitaria, mejoramiento de la calidad de tos de Las Cruces donde lo conocí inicialmente. Su paso por el Sena­
la enseñanza y dotación de mejores servicios en el sector. No era cier­ do moderó su estilo y amplió su tolerancia, pero nada más; siguió sien­
to que esos estudiantes estuvieran sintonizados con las inquietudes do el mismo hombre que uno trató treinta años atrás. Era más que
que embargaban a la izquierda revolucionaria. Lo que reaparece en todo el ejercicio mental de la revolución social lo que le apasionaba,
los años noventa y sigue hasta ahora no es un movimiento estudiantil y así tuviera el defecto de dejar notar que admiraba a unos y detesta­
politizado por la izquierda sino la acción de grupos enardecidos por la ba a otros (entre ellos el suscrito), no perdía nunca la dirección co­
guerra sucia contra el movimiento popular que acuden a las mismas rrecta de su trabajo. Yo no podría entender la historia del partido sin
formas de protesta de la derecha, vale decir, las acciones aventureras la presencia de Alvaro Vásquez.
que lindan con el terrorismo y que jamás podrán ser expresión de la Volviendo a la discusión sobre el secuestro, ahora estoy convenci­
mayoría de los estudiantes. El movimiento estudiantil forjado por la do de que esa fue la más grave derrota política de Vieira en el partido,
izquierda democrática fue arrinconado por la violencia y el conflicto que él acogió en silencio, sin hacer ruido, como convenía a su papel
armado que soporta el país, y apenas subsiste en las orillas del nuevo de dirigente respetuoso de una opinión ampliamente mayoritaria del
auge de esa izquierda que simboliza el Polo Democrático. comité central. Pero tal vez si él hubiera insistido en su oposición al
Pero yo también tenía mis propias inconsistencias y confusiones. secuestro y al resto de formas de terrorismo, una parte del comité se
Recuerdo claramente un debate en el seno del comité central cuan­ habría atrevido a romper el temor de perder el apoyo político del resto
do Vieira planteó sus dudas sobre la conveniencia de que el movi­ de sus compañeros. Tal vez así el partido no se habría comprometido
miento armado utilizara el secuestro como forma de extorsión y tan profundamente en la ejecución de las acciones de las farc contra
financiamiento. Lo manifestó claramente y la sala quedó fría. En oca­ la población civil como lo está en el presente, cuando en las páginas
siones anteriores y posteriores a esta que cuento rechazó repetida­ de Voz no aparece una sola línea que pueda ser interpretada como
mente los actos de terrorismo, cosa en que todos parecíamos estar de velada crítica a los actos de barbarie que perpetra esa guerrilla y a los
acuerdo, pero en esta ocasión me pareció que buscaba una definición secuestros de civiles inermes les llama “retenciones”, dando a enten­
respecto del secuestro para salir de dudas, para saber quiénes lo acom­ der que son inevitables actos de guerra.
pañaban en su posición. Como nadie hablara, esperando que fijaran Así de mal veía yo las cosas a principios de los años setenta. Estaba
posición los duros del paseo, yo tuve el atrevimiento de preguntar: “¿Y ya cansado de tanta regañadera de la dirección y preferí irme a lo
de qué otra manera se han financiado los guerrilleros en la historia? desconocido, y eso mismo hice cuando se ofreció partir para el Quindío
¿No ha sido con asaltos a bancos y bienes de las clases propietarias?”. y para el Caquetá. Así que les caí a los compañeros de Barranquilla y
Nadie dijo textualmente “yo estoy de acuerdo con los secuestros”, comencé la cosa. Sabía que allá había una división entre dos bandos,
pero tampoco nadie apoyó la posición del secretario general. El mismo pero era una división simplemente de tipo personal, esa sí burocrática,
Alvaro Vásquez tuvo un desempeño modesto en esa discusión. Sabía por el control de la dirección partidaria. Unos detrás de fulano y otros
que cualquier palabra suya inclinaría la balanza en uno u otro sentido detrás de mengano, y ambos con abogados y atizadores a bordo. Meses

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más tarde, cuando ya las cosas se habían calmado, uno de los contrin­ dor eléctrico -que allá llaman abanico, como en Cuba-, pero en se­
cantes me confesó: “Todos nosotros estábamos esperando a ver con guida tuvimos que volvemos para Bogotá porque mi hija vivía enfer­
cuál te ibas. Pusimos dos sillas y esperamos a ver en cuál te sentabas, ma, por el clima. Al final yo quedé un poco decepcionado por el poco
pero tú llegaste y te quedaste parado en la mitad”. progreso hecho en la lucha del partido, pero por lo menos contento
La experiencia de Barranquilla fue buena porque al fin pude estar porque no me dejé mangonear de ningún bando en pugna. Después vi
entre costeños. El núcleo del trabajo era obrero y eso todavía resulta­ a esos mismos compañeros en Bogotá, cada uno por su lado y sin res­
ba mejor. El sindicato de Rayón, que luego se llamó Celanese Colom­ quemores de nada. Unos en el partido todavía, otros ahí por los laditos,
biana, tenía como presidente a Mario Redondo y era el que llevaba la pero ninguno en las filas de la reacción, que yo sepa. Me queda el
parada y allí convergían todos los demás. Actuaba como si fuera una contento de que en 1970, extrañado de que los camaradas de la capi­
federación departamental, que luego sí se fundó, con el nombre de tal parecían no haberse dado cuenta del suceso, envié desde
Federación Sindical de Trabajadores del Atlántico (Festral), filial de Barranquilla a la revista Documentos Políticos una nota en que saluda­
la CSTC. Otro de los sindicatos muy activos era el textil de Marysol, el ba la aparición de Cien años de soledad como un acontecimiento abso­
de Avianca y el de la industria textil del Atlántico, que dirigía Aníbal lutamente nuevo y maravilloso de la literatura colombiana.
Fernández, un muchacho pequeño, tostao y flaco hasta más no decir, JC C : ¿Y en Armenia?
pero con una energía que otros robustos desearían tener. Aníbal,
AD: Para Armenia me fui a mitad de los años setenta, también en
Gerardo Ocampo en Medellin, Israel Ortigoza en Bogotá y José Mise
la tarea de ayudar en el trabajo del partido. Me metí a colaborar con
en Armenia han sido dirigentes sindicales que me impresionaron por los compañeros que intentaban fortalecer el trabajo sindical de la CSTC
sus condiciones naturales de líderes y conocedores del comportamiento y con los que realizaban labores en la Universidad del Quindío, como
de los trabajadores, y claro que ahí estaban también Gustavo Osorio Domingo Taborda, que había estado preso un año por motivos políti­
en Bogotá y Julio César Uribe en Puerto Nare. Nos tocaba, como siem­ cos y que hace pocos meses acaba de morir. Allí fueron apenas unos
pre, ir a vender el periódico del partido en las fábricas y en los barrios siete meses y más que todo el trabajo era de tipo electoral, en procura
populares, y nos dábamos una mano de sol y calor horrible para salir de de obtener cumies para la Unión Nacional de Oposición (UNO). H a­
todo el atado que cada uno llevaba. El partido de Barranquilla era bía un grupo de jóvenes excepcional, el mejor que tenía la juco en
pequeño y los compañeros se hacían trampas entre ellos pero en gene­ todo el país, y al frente de ellos estaban, entre otros cuyos nombres no
ral todos eran divertidos. Varios estaban dedicados de tiempo com­ recuerdo, Jorge Enrique Rojas, que hoy preside la Consultoría para los
pleto al trabajo del partido y no recibían ninguna ayuda económica, y Derechos Humanos y el Desplazamiento Forzado (Codhes); Hernando
tal vez por eso el compañero encargado del periódico se gastaba la Rodríguez, que era profesor de historia de la Incca y que también
plata que dejaba la venta y después no había con qué pagar las deu­ acaba de morir, y Carlos Enrique Cardona, que después se fue para la
das con Bogotá. Mi situación era complicada porque mi compañera guerrilla y se puso el nombre de Braulio Herrera. Era de Calarcá y con
no consiguió trabajo y no teníamos ni siquiera para comprar un venti­ él y los demás íbamos por los pueblos del Quindío haciendo mítines y
lador y aguantar con menos desesperación el calor de la pieza en que organizando gente, sobre todo en Córdoba, Quimbaya, Circasia, La
vivíamos. Nuestra vida cultural era cero y la única diversión estaba Tebaida, Calarcá y Filandia. En todo caso, en Armenia y alrededores
en las fiestas que hacían los sindicatos, donde me deleitaba viendo la que estaba al frente del trabajo político era la Juventud Comunista
bailar a los barranquilleros. Esa era cátedra de música y baile caribeños y no propiamente el partido. Ese caso nunca lo conocí en ninguna otra
y no creo que alguien los supere. El resto del tiempo era visitando parte. Tampoco conocí nunca otro grupo juvenil comunista de las ca­
células comunistas y haciendo reuniones con obreros para echar ca­ lidades del quindiano. No eran ruedas sueltas, cada uno tenía con­
rreta política. Nada más. Ni siquiera pude ir de paseo por los lados del tactos con campesinos y gentes de la ciudad en determinado pueblo.
barrio El Prado y menos por los lados del río o del mar. Estuvimos allí Cada uno de esos doce o quince muchachos era tan capaz y brillante,
más de dos años y solo al final parece que las cosas no eran tan duras que siempre me he preguntado cómo fue posible que se encontraran
porque recuerdo que compramos muebles para la casa y hasta ventila­ en la misma oportunidad. El marxismo los creó y ellos se juntaron, tal

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vez. Dormían donde los cogiera la noche y a veces me tocó acompa­ Alvaro Fayad, Armando Orozco. Bateman solo me miraba como a un
ñarlos. Yo no recuerdo las cosas negativas que pude tener en Armenia redomado burócrata y yo no lo culpaba porque eso pasaba con todos
o Pereira, tal vez porque toda la vida me ha gustado poder vivir en ese los de la generación posterior a los años sesenta: que no tenían ni idea
tipo de ciudades y no en la helada Bogotá, donde la gente es ídem. de lo que había sido la lucha nuestra en los cincuenta y pensaban que
Recuerdo que una tarde entré en un café -había muchos en Armenia todos aquellos a quienes veían detrás de los escritorios nunca habían
antes del terremoto, sobre todo a lo largo de la carrera 17- y estando salido de ahí. Ni en la Juventud ni en el partido había historias de
ahí sentado, solo, tomando una gaseosa, vi que entraba Jaime Bateman. vida de nadie, solo prédica, retórica marxista. Hemos pasado decenas
Nos miramos de frente pero fugazmente y nuestras cabezas tal vez no de años juntos, trabajando y luchando juntos, decenas de cuadros
alcanzaron siquiera a hacer un movimiento que dijera algo como políticos del partido, y nunca hemos sabido siquiera dónde nacieron,
“Hola, ¿qué tal?”, y él ingresó a la parte interior del pequeño café y en en qué clase de familias, en qué entorno social doméstico, cómo evo­
seguida volvió a salir lo más alejado posible de donde yo estaba. En­ lucionaron. Eso me recuerda mis esfuerzos por conocer quién había
tendí que él pensaba que yo era capaz de delatarlo o algo así y eso me sido en verdad Marx, o Lenin, o Mao, o Maiakovski, o Shostakóvich,
dio pena por él y pena por mí mismo, que nunca tuve fuerzas ni ganas porque la historia oficial es mentirosa tanto en el capitalismo como en
de ser su amigo siquiera cercano, cuando lo encontraba de refilón en el socialismo, y uno no viene a enterarse de la verdad sino leyendo a
las labores del partido y lo escuchaba quejarse de los dolores de su los enemigos. ¡Qué vaina!
pierna y alguien mencionaba la idea de que fuera a Cuba o a Moscú a En el partido nadie daba información si uno no la pedía, y a veces
hacerse ver de los médicos. En los días en que Bateman murió, y cuando ni pidiéndola. Además, si uno se pone a preguntar detalles de las
en los círculos políticos de izquierda se aseguraba que todo era una cosas puede levantar sospechas inesperadas. En tercer lugar, las infor­
farsa, o bien, que todo había sido un accidente y que posiblemente el maciones confidenciales solo se hacen entre amigos y yo no los tenía,
hombre estaba con vida en algún lugar de la selva, tuve un viaje a porque no hacía vida social con nadie. Solo tenía compañeros de lu­
San José de Costa Rica, donde se realizaba un congreso del Partido cha y de trabajo. Todo lo que sé me lo han comunicado espontánea­
Comunista y donde, por cierto, fui puesto preso antes de que me baja­ mente. En el partido nadie se interesaba por la vida personal de na­
ra siquiera del avión y llevado a un sitio extraño, como una casa cam­ die, y menos la vida privada de nadie, o por lo menos yo no fui la
pestre grande y abandonada, donde los agentes de la cía me interro­ persona escogida para hacerle confidencias. Las confidencias solo me
garon toda una tarde, hasta que tuvieron que soltarme por mediación las hicieron las mujeres. En el partido no hay historia. Al contrario, si
de abogados de ese país. No me torturaron pero me trataron en los tú tratabas de hacer historia en la crónica sindical no faltaba alguien
peores términos, como para provocarme, y saco la impresión de que de la dirección que te objetaba: “¿Para qué te pones a escribir toda
eran de la CIA porque las autoridades costarricenses me entregaron a esa vaina de los dirigentes de la utc, de la ere, que al uno lo eligie­
ellos y porque en el primer viaje que haría a México meses más tarde ron, que el otro tenía tantos años dirigiendo... Esas son pendejadas
también fui reseñado por ellos en el aeropuerto y luego llevado a una que a nadie le importan”. Las historias de vida en el partido son cero
comisaría. Sea lo que sea, allá en San José los delegados panameños y esa es una de las cosas que más dificulta conocer cómo ha sido el
me preguntaron inmediatamente por la opinión que nuestro partido desenvolvimiento real del partido. No es de buen recibo hacer cróni­
tenía sobre la suerte de Bateman y me dijeron: “Bájense de esa nube, cas vivas y encima de eso el partido es como todas las asociaciones de
salgan de toda duda. Bateman está muerto y la CIA está metida en este país, y creo que del mundo: un semillero de chismes, mentiras y
eso”. Regresé a Colombia y por mucho tiempo el m-19 siguió procla­ malevolencias. Allí corren todos los chismes que tú quieras, de los
mando la idea de que el hombre seguía vivo. Yo no tenía admiración buenos y de los malos. Si tú quieres saber verdades de compañeros del
especial por Jaime Bateman, nuestros trabajos eran muy distantes uno partido, esas no te las van a decir nunca. Yo he conocido cosas íntimas
de otro y nunca me pasó por la cabeza que de él pudiera salir el líder de los camaradas, o no muy íntimas, familiares, a través de las muje­
carismático que llegó a ser. Solo sabía de su osadía en las labores de res. Ellas son las que me han contado las cosas ocultas con mayor
propaganda de la juco, al lado de Luis Otero, Iván Marino Ospina, convicción, porque en ellas el chisme, antes que malevolencia, es

234 235
Echamos dos jornadas para llegar al Pato medio y en la marcha el
parte de su perfeccionamiento espiritual. Estuve en las filas comunis­
guía me enseñó el árbol de la quina, me hizo probar su cáscara y me
tas un poco más de cuarenta años y hoy poco sé de la vida de los
camaradas más allegados a mi trabajo. La explicación tal vez es senci­ narró la sucesión de diferentes especies según las alturas sobre el ni­
vel del mar. “A este árbol usted no lo encuentra a menos de dos mil
lla: como no tomaba trago ni me gustaba la vida de cafés, no hacía
parte de ningún grupo de amigos o colegas. Con Vieira era más fácil, metros”, me explicaba de cierta especie de corteza blanca, añadiendo
porque estaba más a la mano, como personaje nacional e histórico, que los campesinos seguían empleando la infusión para bajar la fiebre.
pero de un dirigente de la talla de Alvaro Vásquez la gente no sabe En la montaña no encontramos absolutamente a nadie. Apenas en un
casi nada. Por eso, porque no hay historias de vida. El partido despre­ cruce de senderos pasaron, no lejos de nosotros, un campesino viejo
cia todo eso y cree que no tiene ninguna importancia para la historia que iba con dos gruesas muchachonas que nos miraron en silencio y
política. Vásquez es un político culto, conocedor de la literatura uni­ desaparecieron en un recodo. “Van para El Oso, que queda más lejos
versal y dotado de una memoria estupenda. Siempre estaba bien infor­ que los infiernos”, me informó, y añadió que era cosa sabida que el
mado. Cuando llegaba a la casa del partido, todos los días a la primera viejo mantenía relaciones sexuales con sus tres hijas, ya adultas, y no
hora de trabajo, ya estaba enterado de los últimos acontecimientos las dejaba intimar con nadie. Al término del viaje me encontré con
del país y del mundo. Yo me preguntaba a qué horas descansaba. El una fiesta campesina que duró tres días con sus noches, con mucho
estaba a la cabeza de la redacción de los más importantes documentos trago de por medio y poca comida. Las normas decían que si un gue­
que elaboraba el partido. Yo diría que él era el pararrayos del partido rrillero armado quería bailar debía entregar el arma a un compañero
mientras ejercía ese derecho. No se podía bailar con el fusil terciado.
en los debates políticos internos.
Pero al segundo día uno de los comandantes, Oscar Reyes, se embo­
JC C : Cuéntenos sus experiencias en el Caquetá. rrachó completamente, comenzó a saltar como un mico y de pronto
AD: Lo que encontré en Caquetá era en gran manera obra de los sacó la pistola e hizo varios tiros al aire. Esa era una falta grave, y
comunistas que a principios de los años cincuenta, desde Neiva, se someter al hombre, que era una persona violenta incluso estando so­
habían impuesto la tarea de crear Partido Comunista organizado al brio, fue toda una odisea y un ejercicio de valentía y paciencia de sus
otro lado de la cordillera oriental. Al Huila fui por la primera vez compañeros. El tipo fue sancionado y alejado del lugar. En los años
cuando todavía no se habían iniciado las operaciones militares contra siguientes siguió observando mal comportamiento y supe que lo ha­
las “ repúblicas independientes” y uno podía moverse con cierta segu­ bían sacado de la región. Posteriormente los periódicos informaron
ridad por los lados de Marquetalia, Riochiquito, el Pato y Guayabero. que había sido detenido en la Costa Atlántica, que había enloqueci­
En mi primera visita a El Pato subimos la montaña por los lados de do en la cárcel y no recuerdo qué cosas más.
Balsillas, una gran hacienda de la familia Lara por en medio de la Para el regreso los compañeros me aconsejaron que utilizara bes­
cual corría un río de aguas límpidas y frías donde pude observar tru­ tia, como ellos, y yo me negué todas las veces que pusieron el tema. Ya
chas de todo tamaño. En mitad del primer trayecto, cuando entramos en la parte plana volvieron a insistirme en que montara el caballo que
en terreno plano, el guía insistió en que montara la bestia que traía de traían de cabestro por si acaso yo me cansaba. “Es mansito. De aquí en
cabestro y que me estaba asignada para todo el viaje. “No falta nada adelante todo es pianito. Monte, no más”. Estábamos ya en Los Cau­
para llegar”, alegaba. Acepté por no contradecirlo más. El animalito chos, en la parte final de la caminata, no lejos de Neiva, y no tuve
parecía dormido de la jartera pero en un momento dado, tan pronto alientos para continuar discutiendo sus razones. Me subí al mocho y
divisó la posada donde debíamos descansar, salió en estampida. De unos tramos más adelante ocurrió lo que tenía que ocurrir. Ellos me
nada valió que le apretara duro la rienda y el guía tampoco pudo explicaron que el caballo se había asustado por el cruce de una cule­
alcanzarlo, y cuando vi que me llevaba hacia una cerca de alambre de bra, había parado en seco de repente y yo había salido volando por
púas no tuve de otra que tirarme al suelo. Me lastimé bastante a pesar encima de su cabeza. Yo no vi nada de eso y solo sentí que había caído
de que caí sobre el mullido colchón de yerba fresca que cubría ambos completamente de espaldas, que no me había golpeado ni un pelo de
lados del sendero, pero el acompañante ya no se atrevió a repetirme el la cabeza pero que todos los huesos del cuerpo estaban astillados, como
pedido.
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vidrio que se cuartea. Me quedé inmóvil mirando al cielo, con el Feliciano Pachón, que estuvo en el movimiento de resistencia armada
pavor de comprobar si era verdad lo que presentía; empecé a mover y llegó a ser concejal de Florencia; o como Faustino López en el Huila
los dedos de las manos y luego el tronco, y entonces sentí el dolor en y el M agdalena Medio y que fue finalmente asesinado por los
la columna. El animal se quedó quietico mientras yo daba la voltereta paramilitares de Puerto Boyacá. Otros dirigentes campesinos y obre­
y no se movió sino cuando lo tomaron del cabestro para apartarlo de la ros destacados que recuerdo fueron César y Gerardo González, de la
escena. No sé si lo paralizó la vergüenza de haber tumbado a su com­ región de Sumapaz; Ramón Tovar, de Neiva; Eusebio Prada y su espo­
pañero de viaje, pero yo conocería las consecuencias de la caída por sa Teresa, del Tolima; Carlos Gómez, en Armenia y Pereira; Rubén
el resto de mi vida. Por el momento, había salido de la cuchilla de Los Castaño, de Manizales, asesinado por el Ejército; Gilberto Reinosa y
Picachos y había conocido el río Caguán cuando todavía no era tan su esposa Zulma, de Caldas; Rafael Reyes, que fue asesinado dentro
grande y majestuoso como en la parte plana. Esas inmensas soledades de un consultorio médico de Villavicencio; Ricaurte Vega y su esposa
y esos ríos fragorosos de montaña me apretaban el corazón, al pensar Jacqueline, del Huila; Raúl Herrera, de Pasca, y Gildardo Castaño,
que en cualquier momento podía perderme del camino, como me pa­ de Pereira, asesinado también por paramilitares. Y muchos más. El trío
saba en las caminatas turísticas que hacía con mis amigos. Después de de Neiva me impresionó por el halo de locura que flotaba cuando
dos o tres días de trajín volvía a la ciudad con las piernas tambaleantes debatían sus ideas encerrados los domingos en la oficina que Parga
y un dolor espantoso de cuchillos o alfileres en las plantas de los pies, tenía en el centro de Neiva. Ellos, como dirigentes del comité regio­
y casi no podía bajar escaleras por el dolor en los muslos. Años más nal del Huila y Caquetá, conocían la inmensa región a su cargo e
tarde, cuando ya estaba “retirado”, leí que el sabio Caldas había ca­ incluso hablaban del Putumayo. Se movían por esas montañas y esos
minado entre Timaná y las vecindades de Ibagué y que el joven Ra­ ríos majestuosos como la cosa más divertida del mundo. Yo no enten­
fael Reyes, todavía muy lejos de la presidencia de la república y cuan­ día casi nada de lo que hablaban, pero me encantaba el humor y la
do solo pensaba en sus planes de aprovechamiento de nuestras riquezas irreverencia que salían de sus labios.
naturales, había atravesado en solitario las montañas entre Putumayo Cuando me voy a trabajar al Caquetá, a mitad de los años ochen­
y Pasto luego de que el indio que le servía de guía se había quedado, ta, ya soy otra persona, una persona totalmente dueña de mis propios
exhausto, en un tambo del camino y lo había dejado solo, y me sentí pensamientos, a quien nada parece extrañarle ya. No estuve ahí de
asiento y mi papel era permanecer por temporadas, sobre todo en las
pequeñito y mezquino. actividades de orden electoral, que eran importantes por la fuerza
En Neiva conocí a un trío de dirigentes comunistas único en su
género y compuesto por Hugo Parga Pantoja, de familia adinerada del que tenía el partido en las zonas rurales. Traté siempre de interesarlos
Tolima; Chucho Flórez, reconocido luchador nacional por la vivien­ por el trabajo urbano y sobre todo en la capital, Florencia, pero eso era
da, y Miguel Angel Rueda, dirigente barrial de toda la vida que llegó tiempo perdido. Con la excepción de Henry Millán, el secretario po­
a concejal y diputado de la izquierda. Con la calidad y valentía de lítico, y de Boris Cabrera, un egresado del Externado de Colombia
ellos el partido tenía decenas de dirigentes regionales, como Pedro que tenía buenas aptitudes para el trabajo amplio con la gente, tal vez
Villamarín, el que se le enfrentó al general Matallana, jefe de la Sex­ porque procedía de una familia acomodada, no había mayor interés
ta Brigada con sede en Ibagué, cuando convirtió la granja oficial de en la labor de los barrios, entre las capas medias, y menos aún en
Armero en un campo de prisioneros; o como Raúl Valbuena, un cam­ buscar relaciones con los sectores políticos del bipartidismo. Al final
pesino medio de inteligencia fuera de lo común y que aprendió a de semana, cuando se planteaban las visitas a los diferentes organis­
escribir mejor que muchos intelectuales y se daba el lujo de leer y mos zonales, casi todos pedían irse fuera de Florencia, a las montañas,
hablar ruso y checo; o como Marcos Acosta, que trabajaba en el Mag­ allá donde el trabajo estaba más adelantado. Solo el arribo de la tre­
dalena Medio, o Hernán Sabogal, dirigente sindical del Valle, o el gua con las farc y el nacimiento de la Unión Patriótica en 1985 cam­
moreno Ornar Guzmán, que fue director de la escuela nacional del biaron de repente todo el panorama y el partido vivió sus mejores
partido; o como Delfín Gordillo en el norte del Tolima, o como Conrado momentos en esos años, cuando la gente de la guerrilla bajó a las
Cuartas en Antioquia o Víctor Julio Merchán en el Tequendama, o poblaciones pequeñas en disposición de paz y para crear círculos de la

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UP por todas partes. Las FARC hicieron propuestas concretas de crea­ I segunda guerra mundial y los años de la tregua en el gobierno de
ción de fuentes de empleo en los campos, surgieron empresas coopera­ Betancur. Esa reflexión me llenó de coraje para no ceder en mis nue­
tivas agrícolas, de explotación del caucho y de piscicultura y otros vos puntos de vista. A mi vuelta a Bogotá ya tenía bastante conoci­
más, se iniciaron proyectos de protección ambiental y hasta se revivió miento de lo que era la relación real de la guerrilla con la población
la vieja idea de explotar las zonas ricas en rocas asfálticas que hay civil en las regiones del Caquetá, los problemas y las injusticias y aun
cerca de la capital. El trabajo de esos compañeros aparentemente atrocidades que se cometían con la gente absolutamente leal de la
“reinsertados” a la vida pacífica era febril y el partido y la UP crecieron izquierda, y por eso tuve argumentos para exponer mis quejas sobre
mucho. Pero al mismo tiempo comenzó a verse la respuesta de los ese asunto e incluso para ir a plantearlas a los altos mandos de las
sectores reaccionarios, que empezaron a matar compañeros rein­ FARC, como lo hice poco después. Los resultados negativos de todo eso
sertados, unas veces por malevolencia y otras por los mismos errores fueron los que me llevaron a pedir la salida del Comité Central y
de los compañeros. Lo que más recuerdo, sin embargo, fueron las cam­ después del mismo partido. Claro que también jugó la desconfianza
pañas electorales, que yo no había vivido tan intensamente en ningu­ que pesaba sobre mí. Esperé casi dos años y mis antiguos compañeros
na otra parte. El día de las elecciones todo el partido se movilizaba, no cumplieron su promesa de vincularme a alguna tarea concreta en
organizaba el control de las papeletas y el acompañamiento de los el partido, y por eso también terminé abandonando las filas.
votantes a las mesas de votación y después la vigilancia del conteo de De mis últimas labores partidarias resalto que en la segunda mitad
los votos. Eso era maravilloso porque de ahí salían concejales y dipu­ de los años 80 -no recuerdo el año- acompañé a Vieira y Alvaro
tados de carne y hueso, verdaderos, no como en otras partes, donde si Mosquera en la delegación colombiana al primer congreso del PCUS
acaso sacábamos uno o dos. Uno no vive las elecciones por las bande­ que presidió Mijaíl Garbachov. El secretario general del partido tenía
ras que salen por las calles ni por los afiches que le toca pegar para que asistir siempre a los congresos del partido soviético, y cada jefe de
que al día siguiente amanezcan rasgados, sino por los compañeros que misión escogía a sus acompañantes y los proponía a consideración del
logran ganar una curul. Es como en el fútbol, donde partido sin goles comité ejecutivo central. En esa oportunidad se me concedió seme­
no es partido para recordar. Nosotros logramos incluso sacar represen­ jante honor, que yo desde luego no esperaba. Viajamos, como era usual,
tante a la Cámara y les quitamos ese cupo histórico a los conservado­ por rutas distintas, y cuando abordamos el avión soviético que nos
res. Llegamos a obtener dos diputados en la Asamblea y en lugares llevaría a Moscú encontramos a varios rusos conocidos de sus camara­
como Puerto Rico, San Vicente del Caguán, La Montañita y El Paujil das latinoamericanos. La comidilla del día eran las graves revelacio­
tuvimos siempre representación. ¿Todo debido principalmente a la nes que haría Garbachov sobre las violaciones de los derechos huma­
presión o influencia de la guerrilla? Tal vez, cuando la guerrilla no nos por parte del Estado socialista, en lo que se conocía como “informe
había resuelto desconocer la voluntad popular ni había atentado con­ secreto”, que solo escasas personas del PCUS habían conocido cuando
tra la vida de sus propios compañeros, como ocurrió después con al­ se elaboró, en 1956. Me pusieron a pensar en nuestro futuro político
caldes, personeros y demás funcionarios. Allí, en esas elecciones de las horripilantes cifras de los crímenes, que bordeaban los quince mi­
los años ochenta, comprendí que la gente, toda la gente del pueblo, lo llones de víctimas, la mayoría inocentes, cifra que más tarde, ya en
que más quería era la paz, un país en paz; que no había otra cosa más Moscú, se elevó a veinte millones. Más de la mitad de los habitantes
importante para ellos, y que si el partido alcanzó las cifras más eleva­ de Colombia, pensé. Garbachov leyó su informe central y en seguida
das de apoyo electoral en toda su historia ello se debió a que el parti­ sus seguidores pasaron a la tribuna y todos ellos comenzaron a recitar
do e incluso los grupos armados adictos al partido resolvieron hacer loas al nuevo jefe supremo y citas textuales de sus textos, hasta que
propuestas de paz en los hechos y no solo en las palabras. Para ironía éste no tuvo más remedio de interrumpir al último adulador y pedir a
de la historia, el partido de la revolución, el caos y la violencia, tal toda la concurrencia que suprimieran las alabanzas y se concentraran
como es percibido por los enemigos de los cambios, tuvo sus mejores en los planteamientos políticos de interés. Pensé que había comenza­
momentos y su mayor protagonismo en dos momentos de lucha por la do la democratización de la sociedad socialista, pero yo estaba crudo
paz y no por la guerra: los años inmediatamente posteriores al fin de la porque en ese momento los mismos que le hacían zalemas en el con­

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greso ya le estaban preparando la contraofensiva que terminaría por de pero tampoco tan pequeño. Si ellos no han matado nada, nosotros
derrocarlo y sacarlo del partido. no diremos una sola palabra de nuestro jabalí muerto, para que el
Durante las visitas de los delegados extranjeros a diferentes regio­ camarada no vaya a enojarse. ¿Comprendido?”. Yo quise desaparecer
nes del país anfitrión, como se acostumbraba en los congresos de los de la escena, por la rabia y la vergüenza que sentía. Por supuesto, no
partidos del mundo socialista, acompañé a Vieira a Riga, la capital de hubo carne de jabalí en la cena. Supongo que los ayudantes del man-
Letonia, y de ahí a la casa de campo de un miembro del Comité Central, damás escondieron el cuerpo del delito y se lo comieron cuando el
anfitrión de nuestro secretario general. El invierno estaba todavía en gran jefe abandonó su dasha, de regreso al mundo opaco del trabajo.
su tramo duro y desde un mirador dispuesto frente al mar podía obser­ Tal era el grado de abyección e irracionalidad a que llegaba la obe­
varse con binóculos la congelación del agua en la playa. La estancia diencia jerárquica en el partido guía del proletariado universal.
campestre, llamada dasha en ruso, era soberbia, muy amplia y toda Ahora mismo recuerdo otro momento de delirio del poder. De vi­
construida de madera. Al caer la noche se nos invitó a la cacería del sita en Moscú, Alexéi, que adoraba el trago fuerte y vivía casi siempre
jabalí, deporte preferido del rubicundo dirigente, que en alguna oca­ achispado, me insistió varias veces en que visitáramos uno de los nue­
sión había estado en Bogotá en un congreso de nuestro partido y ha­ vos bares donde se divertía la juventud soviética, para que yo “la
bía querido devolver la atención. Cuando vi las escopetas automáti­ conociera de cerca”. Le acepté para no discutir más y fuimos a un
cas que aprestaban nuestros acompañantes tuve ganas de enfermarme lugar donde, como de costumbre, el acompañante mostró su carné de
y aducir algún pretexto para no ir a la matanza, pero no fui capaz. la policía secreta y pasó rápidamente todas las barreras. El local estaba
Llegamos al coto de caza y nos dividieron en dos grupos, uno encabe­ lleno de clientes y en la puerta de entrada había una larga cola que
zado por el anfitrión y su invitado de honor y el otro por los ayudantes esperaba turno. Mi hombre se pasó la cola por la galleta, como diría
del dirigente y mi persona. Alexéi, el intérprete de español, nos pidió un paisa, accedió a la puerta de entrada, habló con los porteros, lla­
silencio absoluto y marchamos sobre la espesa nieve hacia una alta maron a un mesero y señalando a una pareja cercana que estaba
garita construida sobre gruesos troncos, con escalera para trepar. Allí departiendo en una mesita ordenó que fuera desalojada para poder
nos agazapamos y esperamos. Previamente, los cazadores habían regado ocupar su mesa. Todavía veo a través del vidrio de la puerta de entra­
granos de maíz sobre un abierto del bosque que estaba iluminado por da el rostro sorprendido de los dos jóvenes escuchando las palabras
una bombilla eléctrica instalada en un alto poste. Pasados unos minu­ del mesero, y todavía siento la vergüenza al exponerme a las miradas
tos comenzó la horrible función, todo en silencio. Vi cómo un jabalí de todos los contertulios del lugar, los que estaban adentro y los que
asomó el cuerpo en un costado del campo abierto, olfateó la escena y estaban haciendo la cola afuera. Pero esa era la costumbre de la de­
desapareció sin acercarse a la comida. Minutos después aparecieron mocracia socialista. Había gente que compraba de antemano entra­
una jabalí y sus hijitos, y todos se precipitaron sobre los granos de das a conciertos muy concurridos, y que era despojada de sus dere­
maíz. Alexéi, que había estado indicándome por señas toda la manio­ chos para que algún visitante extranjero ocupara su lugar. No me
bra, tendió el arma sobre el boquete de la atalaya, esperó unos segun­ importa si eso se acostumbra también en los países capitalistas. Hablo
dos y disparó. Un solo disparo. Todos los animales se dispersaron y solo de la vida de la sociedad más igualitaria de nuestra época, donde los
uno, el macho, según mi asesor de balas, quedó tendido de costado. extranjeros éramos expuestos gratuitamente a la ojeriza de los ciuda­
Yo vi claramente el hilo de sangre que le fluía de un lado de la cabeza, danos. Detestaba los paseos y las visitas guiadas por detectives y en
y su cuerpo todavía se estremecía y seguía sangrando cuando nos acer­ varias oportunidades hice trato con ellos en la calle, libres de la mira­
camos corriendo a inspeccionar el área. Había sido una cacería arre­ da de sus jefes, y me lancé a conocer el centro de la ciudad y hasta
glada, a mansalva y sobre seguro. Pero lo que siguió fue todavía más asistí a una misa cristiana ortodoxa oficiada por dos clérigos que ento­
penoso. Alexéi advirtió al pequeño grupo: “No vamos a decir nada de naban hermosos cánticos a contrapunto desde dos altares del templo
esto, hasta que sepamos cómo le fue al otro grupo. Si ellos nos comu­ aparentemente ajenos uno del otro. Dentro de la iglesia vi una espe­
nican que el camarada dirigente mató un animal grande -y subrayó lo cie de oficina señalada con la palabra rusa remont, que me causó ex-
de grande-, nosotros diremos que también matamos uno, no tan gran- trañeza, y ciertamente me explicaron: “Sí, es una remontadora. Reci-

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be zapatos y prendas de vestir, y la gente que ves en la puerta está cuerpo armado, se tributaba a los miembros del Comité Central del
esperando ser atendida”. Seguramente era parte del rebusque clerical partido, cualquiera que fuese, y hasta tuve la oportunidad de ver cómo,
para mejorar los ingresos de las parroquias. En alguna oportunidad, en de repente, un gran árbol del bosque se nos vino encima mientras
época de verano, hice la cola obligada en la oficina de correos para tomábamos tinto. Menos mal que estábamos en pie y pudimos correr a
despachar una tarjeta a Colombia y cuando traté de pagar el servicio tiempo. Pasé una noche silenciosa y expectante, sobre un camastro
en la ventanilla la empleada me devolvió amablemente las monedas excelente guindado bajo los árboles y recubierto por un velillo para
que presenté, tratando de indicarme alguna cosa. Inicialmente pensé impedir la picada de insectos.
que las monedas no eran de curso corriente o eran falsas y me descon­ Pero estaba claro que yo no quería seguir con ese tipo de contac­
certé, pero una joven que hacía cola detrás de mí vino y me explicó tos. Hubo un tiempo, allá en la primera mitad de los años sesenta,
en inglés: “La señora dice que sus monedas son demasiado altas. ¿No cuando realizaba trabajos pacíficos, como todos los míos, de organiza­
tiene una menos valiosa?”. No la tenía y ella pagó por mí. La invité a ción de partido en Neiva, y tuve la oportunidad de conocer a Manuel
caminar y me dijo que era médica y tenía la tarde libre. Fuimos a Marulanda, a Ciro Trujillo, a Alfonso Castañeda o “Richard”, a
almorzar a algún restaurante y me contó el resto. Vivía sola en un “Joselo” (un campesino rico de apellido Lozada) y a otros jefes de la
apartamento, parte del cual había arrendado a una pareja de france­ guerrilla. Estuve en una cita que pidió Manuel con alguien de la
ses. Me llevó a su vivienda y mi sorpresa fue mayor cuando descubrí dirección para comunicarle algo que le parecía importante. Fui allá
que íbamos a pasar la noche en la cocina, con puerta de vidrios, por­ acompañado de Hernando Hurtado -futuro senador de la república-
que la alcoba estaba alquilada a los franceses. Así fue y así eran las y Manuel nos llevó aparte a una piedra grande que había en un potrero
cosas en el socialismo. Los profesionales ganaban muy poco, menos y allí nos contó que él quería que el partido estuviera informado de
que los hojalateros a domicilio, y hacían ese tipo de sacrificios para que ellos iban a realizar una acción que consideraban como la más
mejorar sus ingresos o poder irse de vacaciones a algún lugar. Ni si­ importante hasta ese momento. Nos dijo que dentro de poco iríamos a
quiera puedo recordar el nombre de la muchacha. Solo su cabello saber que ellos habían entrado en una población bastante conocida.
negro, su rostro sin emociones y su cuerpo placentero. “¡Mierda de No dijo cuándo ni dónde, y solo nos comentó que su grupo ya disponía
franceses!”, decía de sus dos arrendatarios de ocasión. Me pidió que de jefes como Joselo, que eran capaces de mandar a cien combatien­
le cambiara algunos rublos por dólares pero no lo hice porque temí tes. Nos recabó que le hiciéramos llegar libros sobre estrategia militar
que ella también fuera de la secreta. y de ahí nos volvimos, cada cual para su lugar de trabajo. En el cami­
JC C : ¿Usted tenía contactos con la guerrilla? no de regreso yo fui mascullando la idea que me había asaltado desde
AD: En el Caquetá no. Allá solamente tuve una invitación que el mismo instante en que Manuel hablaba, es decir, que la población
me hicieron un día primero de mayo, en la celebración del Día Inter­ escogida iba a ser Inzá, del Cauca. Yo tenía muchos temas para tratar
nacional de los Trabajadores, para que fuera a hablar de ese tema a con Hernando cuando regresáramos, entre ellos ese de la población a
un grupo que pernoctaba cerca de donde yo estaba en ese momento. ser atacada, pero no tuve oportunidad porque él iba a caballo y yo a
No me pude negar porque me cogieron con los calzones en la mano, pie, y luego de que, en una bajadita del terreno, alcancé a ver que un
no porque deseara de verdad ir, porque yo sabía que de esas visitas guerrillero escondido entre los arbustos del camino levantaba la mano
inocentes habían salido varios muertos inocentes, y que a la guerrilla y me saludaba sonriendo en silencio, comprendí que había terminado
poco o nada le importaba la suerte que pudiera correr un compañero el acompañamiento hacia la salida de la zona y ya no pensé sino en
que se topara con ellos. Porque no era lo mismo que fuera y saliera en cómo íbamos a abandonar lo más rápido posible la región sin ser adver­
foto con ellos un dirigente político del bipartidismo, que incluso lo tidos. La mirada de ese combatiente anónimo -esa mirada de él salu­
hacía ex profeso, para sacar prestigio, a que fuera un simple periodista dándome a los ojos como a su amigo imaginario- me ha acompañado
como era yo. Pero viajé por el río, asistí a un acto alusivo a los trabaja­ siempre porque ella parecía resumir toda nuestra vida revolucionaria
dores organizado por los jóvenes guerrilleros, hice la intervención que como participantes inanimados de esa tragedia que se llamó combina­
se me pidió, presidí la ceremonia protocolaria que, por estatutos del ción de las formas de lucha.

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Pocos días después ocurrió lo que me imaginaba, aunque no con el ninguno de los pretendientes comunistas alcanzó la aceptación de la
desenlace fatal que eso tuvo, porque ahí murieron a manos de la gue­ muchacha girardoteña, que estaba señalada por el destino para otra
rrilla varias monjas de las Hermanas Lauras, que hacían labores de figuración, al lado de un combatiente del m-19 con quien tomó en
apostolado y solidaridad en sitios afectados por la guerrilla y a quienes alquiler una casa desde la cual se perforó el túnel que permitió el robo
esa guerrilla, como lo supe del propio Maruíanda, estimaba y respeta­ de miles de armas del Cantón Norte de Bogotá en diciembre de 1979,
ba. Así son los actos de la guerra. como fue bien documentado en la prensa.
En otra ocasión, más adelante, subí a entrevistarme con el líder de Eso fue todo lo que hice sobre contactos con la guerrilla. Vivía en
la juco Hernando González, quien me manifestó que él quería volver Neivayork en una casa con solar y como dormía con la puerta interior
a la vida urbana civil porque se sentía cansado y porque -no tuvo abierta para que entrara el fresco de la noche, una vez me despertó el
inconveniente en contármelo- proyectaba casarse con una mucha­ ruido de algo metálico al caer sobre el piso de baldosín. Volví rápida­
cha que vivía en Girardot, de apellido Morón, a quien yo por pura mente el rostro y alcancé a ver una ráfaga de carne negra que desapa­
casualidad había conocido por algún motivo y que era asediada por recía en el marco de la puerta, me desperté del todo y caí en la cuenta
no pocos pretendientes de la juco. A Pardo Leal le escuché la anéc­ de que lo que había sonado eran mis llaves y que la carne era de
dota de dos de ellos, cuyos nombres me reservo, de los cuales uno ladrón. Se llevó mi reloj y unos pocos pesos que guardaba en un bolsi­
viajaba en avioneta los fines de semana para presumir su importancia llo, y al ir a esculcar el otro bolsillo fue que se le cayeron al suelo las
ante la niña y el otro era más prosaico y falto de plata y le llegaba por llaves. N o tuvo tiempo de llevarse nada más y alcancé a sentir que su
Flota Magdalena. Una noche el novio rico le llevó una serenata, y cuerpo veloz saltaba la alta tapia que tenía el jardín de la casa. El
cuando vio que se abría una ventana y un brazo desnudo asomaba se perro que había ahí no dijo ni mu. En esa casa pasé mucho tiempo,
apresuró a tomarlo en sus manos y besarlo y se encontró con que era el leyendo y leyendo y saliendo muy poco, hasta que me aparecieron
brazo peludo del rival que se le había adelantado a pesar de que iba forúnculos y luego me dio una entiesada brava de la columna en la
por flota. La comedia no tendría rasgos de tragedia si no hubiera sido parte lumbar y durante varios días no pude alzar el cuerpo, por el
por dos cosas. La primera es que Hernando no alcanzó a llegar a la dolor. Tenía que andar en cuatro patas y como no podía ir a ningún
muchacha porque la tropa -según la versión guerrillera- le dio de médico me tocó aguantar hasta que la enfermedad fue pasando. Atri­
baja en el camino, luego de que había logrado sacar de la región, buí todo eso a la caída del caballo en Los Cauchos. Me carteaba bas­
sanos y salvos, a los dos camarógrafos franceses que habían rodado la tante con Jacobo para contarle sobre sucesos políticos y conocer sus
famosa película sobre la agresión armada a Riochiquito, Jean-Pierre opiniones, pero desgraciadamente no tenía dónde poner a salvo esa
Sergéant y Bruno Muel. Los dos habían sido comprometidos en esa correspondencia y tenía que destruirla tan pronto la leía.
tarea por el cineasta holandés Joris Ivens, que vivía en París y se inte­ Finalmente me tocó salir a toda. Supe que una persona del Ejérci­
resó sobremanera por el caso colombiano después de haber leído dos to estaba preguntando por un tal cual y eso correspondía a mi nombre
artículos publicados en Le Monde por Rojas Puyo. Como nadie tenía supuesto. Como ya había otros antecedentes del mismo orden, no va­
ni un centavo, Ivens mismo corrió con los considerables gastos que cilé en desaparecer de ahí. Le pedí a un buen amigo que me comprara
demandó la operación, incluida la adquisición de costosas máquinas el tiquete del autoferro que salía en la madrugada y todo ocurrió en
de filmación. El acuerdo con los colombianos fue el de que, una vez las sombras de la noche. El partió a comprar el tiquete, yo esperé un
cumplida la labor de los camarógrafos, que filmaron también otros ratico y cuando consideré oportuno empecé a caminar al encuentro
escenarios de la vida social del país, esas herramientas quedarían gra­ del amigo, que debía venir de regreso. Cuando nos cruzamos él me
tuitamente en manos colombianas, con el único compromiso de estar pasó el tiquete y yo seguí caminando como si tal cosa. Ni una palabra
enviando a Ivens copias de trabajos nuevos que se hicieran al respec­ de uno a otro. Cuando me acercaba a la estación noté soldados arma­
to. Pero los equipos cayeron en manos inescrupulosas y el generoso dos en los contornos pero seguí adelante, haciéndome el loco. Cuan­
realizador extranjero nunca recibió nada, ni siquiera una foto, y mu­ do sonó el segundo pitido de la máquina se me arrumó la sangre en la
rió antes de que terminara el siglo. La segunda cara del asunto es que cabeza pero como todo estaba casi a oscuras nadie pudo notar nada.

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Entré al vagón, profusamente iluminado, y en los diez minutos que de apartamentos, y lo matan en una de esas labores. Tal vez él simbo­
pasaron en seguida estuve haciendo fuerza para que el aparato arran­ lizó a esa juventud que no tenía un programa político claro y que
cara por fin. Nunca un tren ha sido para mí más rápido que ese, por­ necesitaba expresarse por encima de los grupos partidistas.
que me alejaba del peligro. Con el moir nunca hubo buena inteligencia. Ellos y nosotros éra­
mos como el agua y el aceite, y cuando nos encontrábamos en la calle
JC C : Por ese entonces hay varios movimientos. Háblenos del los insultos salían de lado y lado. Nos gritaban “ ¡Mamertos! ¡Abajo el
moec, del MOER... socialimperialismo soviético!”, y nosotros respondíamos con “ ¡Abajo
AD: El moec nace en enero de 1959 o 1960, si no me equivoco, el imperialismo yanqui! ”. Criticaban al Partido Comunista porque hacía
aunque Raúl Alameda, que me dice que ya tiene ochenta y cuatro alianzas políticas con sectores liberales y conservadores. Pero esa posición
años de edad, me informó hace unos días en un seminario de Planeta no tenía ninguna consistencia. No solamente era que los comunistas
Paz que eso fue en enero de 1958. Se llamó primero Movimiento 7 de no hacían otra cosa que poner en práctica las mejores experiencias
Enero y pronto cambió a MOE, Movimiento Obrero Estudiantil, pero del movimiento democrático internacional, incluido el movimiento
ya cuando fueron cogiendo fuerza le agregaron la C de campesino y armado, como en los casos de China y Vietnam, sino que los amigos
quedó moec. E so fue iniciativa de unos jóvenes que en enero de ese del moir hacían cosas que, siguiendo su pauta, habría que llamar
año participaron en una gran protesta que hubo en Bogotá contra el peores. Se aliaron con conocidos dirigentes de la derecha liberal de
costo de vida, las altas tarifas del transporte y otras vainas, y tuvieron Antioquia, sus organizaciones sindicales nacían en presencia de de­
un enfrentamiento muy fuerte con la policía. Lo que yo veía en ese legados de la embajada norteamericana y uno de sus candidatos a la
movimiento es que se trataba de estudiantes que querían hacer tra­ presidencia, Diego Betancur, hijo del presidente Belisario, simbolizaba
bajo dentro de la población y no solo entre el estudiantado, que que­ más la derecha y el establecimiento que la izquierda y la revolución.
rían darle un cambio a la universidad en el sentido de volverla más Nunca pude tener buena impresión del moir, y la razón que me
democrática, menos ajustada a los cánones ortodoxos. Eso es lo que aduzco es la de que ellos han sido una expresión, no de unidad de la
uno ve; pero sobre todo es gente muy emparentada con lo que pudiera gente sino de división. La idea que transmitían era: todo el mundo
haberse concebido como una réplica del proceso insurreccional cuba­ está equivocado, menos nosotros; por tanto, comiencen ustedes por
no, una especie de “cubanazo” criollo. Era gente que empleaba méto­ disolverse y acepten que los comandemos. Eso lo sentí siempre, tanto
dos ágiles y ostentosos de lucha urbana, de confrontación con el go­ en la lucha política general como en el movimiento estudiantil y sin­
bierno, con la policía, que ponía en duda los valores tradicionales de
dical. Allí donde llegaban los amigos del moir, allí se iniciaba la divi­
la izquierda. En esas protestas de enero del sesenta participaron gen­ sión de algo. La división de las opiniones y de las acciones parecía ser
tes como Antonio Larrota, que después ingresaron a diferentes orga­
la manera de recalcar que ellos no estaban dispuestos a hacer la me­
nizaciones de extrema izquierda y aun armadas, como el eln y el epl.
nor concesión en materia de lucha política. Ceder para poder llegar a
En adelante los distintos movimientos juveniles tuvimos, o más bien
algún acuerdo era un verbo que ellos nunca conjugaron. Creo since­
soportamos, a un personaje común, Oscar Gil, que se hacía llamar “El
ramente que eran más sectarios que los comunistas. En el año 74,
hombre de la llama”, a quien ahora, en pleno año 2004, vi que le
como cosa excepcional, hicieron alianza con los comunistas, pero para
hacían homenaje en Voz, el periódico del Partido Comunista. Recuer­
el 77, cuando estalla el paro cívico nacional más grande que ha teni­
do que el hombre, alto, blanco, delgado y con aspecto de estudiante,
do el país, ellos ya estaban otra vez del otro lado, afirmando que ese
se presentaba en cuanta movilización realizaba la izquierda en Bogo­
paro era una maniobra del reformismo que le hacía juego al gobierno.
tá. N o hacía discriminación entre las diferentes corrientes ideológi­
Solo en los últimos años, cuando finalmente los afectó la división in­
cas, ahí estaba siempre con su antorcha prendida. Se trepaba por las
terna, un sector se acercó a las posiciones unitarias y se ha aliado en
paredes y se encaramaba en alguna parte alta para levantar y batir su
varias ocasiones con el Partido Comunista, cuya enseña, por más que
llama. Nadie lo rechazó nunca, porque en el fondo su protesta era
haya sido sectaria, nunca se caracterizó por el fomento del divisionismo;
pacífica y silenciosa. Pero lo más impredecible es cómo termina años
así mismo lo ha hecho con agrupaciones unitarias como el Frente S o ­
más tarde ese hombre de la llama: metido con un grupo de ladrones

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cial y Político, Alternativa Democrática y su proyección a Polo Demo­ militaba en una célula junto a Vieira y en el periódico y en la revista
crático Alternativo. En el movimiento obrero el moir hizo mucho daño. Documentos Políticos escribía artículos escandalosos contra el imperia­
Así ocurrió en los casos de Ecopetrol, el magisterio, Telecom y otras lismo, los Cuerpos de Paz y cuanto diablo se le atravesaba en el cami­
empresas de comunicaciones, la salud pública, Sofasa, los bancos y no. Abrió un consultorio de abogados en la Avenida Jiménez con ca­
cantidad de otros sectores. Todo ese sectarismo ayudó a debilitar las rrera novena, en compañía de colegas de izquierda, entre ellos los
posiciones de los trabajadores y de los sindicatos, y a esos directivos hermanos Armando y Eduardo Suescún, ambos de figuración política
radicales que en los años sesenta y setenta mataban reformistas y co­ y cultural, sobre todo Eduardo, que fue ministro de Justicia de Barco.
mían del muerto hoy los veo al frente de Cooperativas de Trabajo Romero fue asesor de varios sindicatos, me parece que con buen éxi­
Asociado colaborando con sus antiguos amos después de recibir bue­ to. Se le medía a cualquier pleito, jurídico o político. Parecía que el
nos billetes por vender los fueros sindicales y pagando salarios míni­ tiempo le alcanzaba para todo y siempre permanecía fresco y radiante.
mos a sus antiguos compañeros de sindicato. De todas maneras, pien­ Después de que se salió del partido no adoptó posiciones ofensivas,
so que hay tres cosas por las cuales yo levantaría la mano en señal de como otros, y me parece que finalmente se sumió en tareas clandesti­
aprobación al MOIR: primero, su rechazo claro y consecuente de la nas dentro de la corriente del epl. Dicen que tuvo diferencias con ese
lucha armada como forma de lucha política en el país; segundo, esa grupo, por asuntos de dinero o algo así. Yo nunca le vi rasgos de ese
cátedra de propaganda moderna, ágil y eficaz que le dieron a la iz­ tipo, y al contrario siempre lo noté como hombre solidario con sus
quierda, y, por último, su denuncia permanente de que en la URSS no compañeros. Y es terrible: murió abaleado dentro de su carro, acom­
había la tal sociedad socialista que nosotros pregonábamos. Al final pañado de su segunda compañera, que al parecer estaba embarazada
ellos y no nosotros tuvieron la razón. y también cayó asesinada, en la propia esquina de la Jiménez con la
novena, a media cuadra de su oficina. Alfonso era fogoso como él
JC C : Háblenos del F uar.
AD: El F uar era el llamado Frente Unido de Acción Revolucio­ solo, y al mismo tiempo muy complicado en cualquier debate, porque
naria, un grupo formado por gente desprendida de varios grupos de era un tipo peleador hasta más no decir. Y este hombre, de locura tras
izquierda, como resultado de peleas internas que ellos tenían y por locura, pelea finalmente con todo el mundo; pelea con los sindicatos,
asuntos de liderazgo. Unos dejaron el moec y pasaron a la tendencia pelea con el epl, pelea con el moir. Me parece que se quedó solo y que
moir y otros fueron acogidos después por el epl. Al frente del Fuar
cuando se quedó solo aprovecharon y lo mataron, cuando ya no tenía
estaba Alfonso Romero Buj, hijo de Alfonso Romero Aguirre, jefe li­ ningún asidero en nadie. Era muy sectario en lo que escribía, pero
beral costeño que escribió una de las primeras historias del partido sobre todo era un hombre que estaba en todo; en todas las jugadas
liberal colombiano. La familia vivía en la calle 23 del barrio Santafé, a aparecía y no estaba en ninguna. Finalmente uno se queda sin saber
qué fue él, qué hizo, cuál era su proyecto político.
menos de una cuadra de la casa del poeta León de Greiff, en el barrio
de las capas medias y el buen estilo de vida ciudadana y que hoy es tal JC C : Fláblenos de la anapo.
vez la “zona de tolerancia” más popular de Bogotá. Alfonso era un AD: Me parece que el nacimiento de la anapo, Alianza Nacional
costeño alto, pálido y simpático, que andaba a zancadas con su eterna Popular, fue bien recibido por los comunistas, allá a principios de los
libreta de abogado en la mano. Fue uno de los asistentes al cuarto años setenta, porque de todos modos la anapo era una disidencia de
Festival Mundial de la Juventud, de Bucarest, y el tipo era tan acele­ los dos partidos tradicionales, ese era su carácter fundamental. Y el
rado y jodón que se bajó del tren en un pueblito italiano y cuando partido se acercó tanto a la anapo, que una parte de la Juventud
quiso regresar al tren éste había arrancado y él corría como un deses­ Comunista terminó vinculada a ella, la que formó el m-19. N o creo
perado gritando que detuvieran la máquina. Pensaba que estaba tra­ que la anapo fuera algo más que un desafío al bipartidismo, pero el
tando con el tren que pasaba por La Esperanza. Tuvo que tomar un acercamiento a ese grupo finalmente logró alianzas como la que hizo
taxi y alcanzarnos en la próxima estación. Era enamoradísimo, acosa­ con la uno, Unión Nacional de Oposición. El partido fue capaz, pues,
dor de los finos, y me contó detalles de sus conquistas campesinas. de hacer borrón y cuenta nueva de lo que había sido la dictadura de
Fue por algunos años miembro del Partido Comunista, me dijo que Rojas. El problema, me parece, es que en las alianzas el partido siem­

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pre iba como un solo cuerpo, una sola disciplina y una participación JC C : ¿León de Greiff?
resuelta de todos sus contingentes, en tanto que en el caso de anapo, AD: A León de Greiff lo conocí en el Café Automático, que que­
como había sucedido con el mrl, no existía suficiente disciplina poli- daba en el costado norte de la Avenida Jiménez entre carreras quinta
tica y organizativa y las alianzas no lograban comprometer al grueso y sexta, una vez que me invitó allí el escritor Jaime Ibáñez, por reco­
de los aliados en una acción electoral, por ejemplo, que era la oportu­ mendación de Emilia Ayarza y Matilde Espinosa, dos poetas bien co­
nidad más importante de la alianza. Hay que tener en cuenta que los nocidas en el país. Eso fue apenas llegado yo a Bogotá y de esa co­
comunistas hicieron alianza con el mrl pese a la oposición del jefe de nexión no quedó nada. La lucha política me llevó lejos de la literatura.
ese movimiento, López Michelsen, que solo aceptaba los votos, sin De Greiff fue amigo de la dirección del partido, especialmente de
ningún compromiso de por medio, y en cuanto a la ANAPO la alianza Gilberto. Los de la juco, que tenían su sede en la calle 23 con carrera
no era con el grupo directivo que encabezaba María Eugenia sino con 15, a cuadra y media de la casa del maestro, trataban de mantener
formaciones de su partido que ella no podía controlar. En el caso del alguna cercanía con él y lo invitaron a la casa de la Juventud, y el
mrl los sectores de izquierda, que veían la perspectiva más allá de la
viejo fue y dio una o dos charlas; incluso les autografió algunos de sus
mira de López, para cuajar una alianza con los comunistas tuvieron libros, según me contó en una ocasión Miller Chacón, abogado de la
Libre y miembro del Comité Central a quien mataron los del Ejército.
que crear el llamado mrl del Pueblo, con Alvaro Uribe Rueda a la
Alvaro Rojas de la Espriella, que fue por un tiempo militante de la
cabeza, contra el sector oficialista que dirigía el señor López. Ojalá los
partidos que pretenden cambiar el sistema político reinante pudieran
juco y después, por muchos años, profesor de la Universidad Central,
se especializó en la poesía greifiana, sabía de memoria varios de sus
decir: nosotros solos vamos a hacer la revolución. Ese sueño nunca se
poemas y cuando se tomaba sus guarilaques los recitaba. Yo siempre
hizo realidad antes, y hasta en la Rusia zarista los bolcheviques, o sea,
he considerado a De Greiff y Barba Jacob como los dos principales
la mayoría, tuvieron que andar buen trecho al lado del reformismo
poetas colombianos, el uno porque se introdujo en el fondo del ser
social que ellos llamaban mencheviques, o sea, la minoría. herido y el otro porque llevó las palabras al borde de su agotamiento
JC C : ¿Qué puede decimos de los gaitanistas? como recurso de comunicación festiva. En seguida hay decenas de
AD: Muy poco. Yo ya llegué tarde a esa experiencia liberal. Cuan­ magníficos poetas, de ayer y de hoy, y nunca he podido entender cuál
do nosotros no teníamos dónde sacar el periódico del partido, porque es la calidad excelsa que le ven a José Asunción Silva.
la imprenta propia había dejado de existir y los dueños de las editoria­ Cuando hubo un movimiento importante por la paz, en los años
les estaban atemorizados por la represión, recuerdo que acudimos a 50, y se creó el Consejo Colombiano de la Paz, todo a instancias de los
Luis Emiro Valencia y Gloria Gaitán. Parece que los cubanos les ayu­ comunistas, personajes como Baldomero Sanín Cano, Jorge Zalamea,
daron a montar una imprenta vieja que tenían en la calle sexta con León de Greiff, Luis Vidales, Efrén Díaz, Carlos Castro Saavedra y
carrera novena de Bogotá, y allí se editó por un tiempo el periódico otros más estuvieron cerca de la vida de los comunistas. A Zalamea lo
del partido. La impresora era una máquina plana que se demoraba conocí en Bucarest con motivo del cuarto Festival Mundial de la Ju ­
toda la noche para botar dos o tres mil ejemplares y nosotros nos ama­ ventud. Era invitado especial y se había enfermado al llegar. Estaba en
necíamos allá ayudando a armar las galeras, haciendo las correccio­ una cama de hospital y nos recibió con cierta molestia, como debe
nes de pruebas y esperando llenos de ansiedad y desesperación que la pasarle a cualquiera a quien le lleven gente desconocida a su alcoba.
máquina volviera a funcionar cada vez que se varaba. Ni Luis Emiro Por ese tiempo creo que estaba por publicar sus traducciones de Saint-
ni Gloria se metían para nada en el contenido del periódico y cobra­ John Perse que tanta admiración causaron cuando aparecieron en las
ban poquito. El partido, como tú sabes, siempre tuvo mucha distancia páginas del Suplemento Literario de El Tiempo. Volví a toparme con él
con Gaitán y con el movimiento gaitanista. Estoy hablando de los con motivo de la segunda Declaración de La Habana, en 1962, cuan­
comienzos de los años sesenta, cuando el partido utiliza esa imprenta, do al lado de personas como Luis Villar Borda y Francisco Posada Díaz
y ya para entonces el gaitanismo es historia patria, era el rescoldo de estuvo, para que te pasmes, Ernesto Lucena Quevedo, cuando toda­
vía no se iniciaba en su carrera política crudamente reaccionaria,
ese movimiento.

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aliada del narcotráfico y los paramilitares. En cuanto a Castro Saavedra, Recuerdo de los trabajadores
era un tipo excelente y sencillo hasta más no decir, de risa fácil y
sincera que le marcaba hondas arrugas alrededor de la boca. Lo cono­
cí en forma cercana, al lado del periodista Alberto Aguirre, que sigue
firme en su labor literaria independiente. Ocupaba un apartamento JC C : Para caer al movimiento sindical, háblenos de la cstc .
de la carrera quinta con la 22 y se lo prestó al comité ejecutivo central ¿Cómo fue su participación ahí?
para varias reuniones. El poeta me entregaba las llaves y desaparecía AD: La Confederación Sindical de Trabajadores de Colombia
discretamente del lugar antes de que llegaran, uno a uno, sus incó­ (cstc) aparece en mayo de 1964, casi simultáneamente con las farc.
modos huéspedes. Pero el cambio político hacia la represión y la dere­ Se crea por la imposibilidad de conseguir un espacio democrático en
cha provocó un alejamiento de todos ellos. Tal vez nuestro mismo ese supuesto balance de las fuerzas que entronizó el Frente Nacional.
sectarismo ayudó a alejarlos. Los años más ruidosos de los comunistas, Los sindicatos independientes ¿qué más podían hacer después de ser
que corren entre los setenta y los ochenta, pasaron sin una influencia expulsados de la CTC? Tenían en sus manos la llamada “zona indus­
siquiera modesta de los intelectuales y escritores de izquierda en las trial” de Bogotá, con Talleres Centrales como núcleo, y tenían a los
filas partidarias. Eso no nos ayudó a entender el curso de la vida del trabajadores de la construcción, quienes para esa época eran de mu­
cha influencia. Yo creo que uno de los sindicatos más importantes en
país. el ramo de la construcción, después del de Medellin, era el de Bogo­
tá. Estaba el de trabajadores del cemento, quienes tenían su propia
red nacional; los trabajadores del sector de las bebidas gaseosas, espe­
cialmente Gaseosas Colombianas, que luego se fusionó con Postobón,
y los de Textiles La Esmeralda, Croydon, Coltabaco, General Electric,
Colmotores y una serie de organizaciones que ya estaban en manos de
los sindicatos afiliados en tomo del Comité de Unidad de Acción y
Solidaridad Sindical (cuass), que fue dirigido aquí especialmente
por los compañeros del sector privado, el alma de lo que se creó como
la cstc. Después de lo acaecido en el congreso de la ctc de 1960,
cuando les cerraron las puertas de entrada a la reunión de Cartagena,
llegó un momento en que esos sindicatos, expulsados por tener direc­
ción comunista, se dijeron: no nos dejan entrar en las filas de la CTC,
nos han decretado el exilio, la única manera es que creemos nuestra
propia confederación. Crear el CUASS fue un paso casi obligado, pues
no había opción de retornar a las filas de la CTC. Además, ya tenían
cierta fuerza y las dos cosas juntas produjeron la decisión, dado que
ellos se dijeron: bueno, si no podemos volver allá, pero sí podemos
caminar solos, pues caminemos solos pero bajo un lema confederado.
JCC : ¿Cómo se desenvolvió el C uass hasta 1964?
AD: Cuando se funda la CSTC ya el cuass era un movimiento na­
cional. No es que el fenómeno se presentara solo en la capital; en
Antioquia existía la FEDETA, que estaba funcionando hacía rato; esta­
ba actuando la mayoría de federaciones que fueron expulsadas de la
ere, incluidas la del Cauca y la del Tolima, adonde me tocó ir algu-

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ñas veces en comisión; estaba la del Atlántico, la de Caldas, la de afectada por la corrupción y la CTC por las luchas internas; entonces,
Santander y la de Norte de Santander. La de Boyacá me parece que la que venía ganando era la CSTC. En ese momento ya los sectores
estaba todavía en poder de la UTC. Todas eran federaciones muy anti­ “independientes”, o sea, los no confederados, eran los mayoritarios.
guas en el seno del sindicalismo alternativo independiente; yo no sé si De manera que ese 14 de septiembre de 1977 se hace reuniendo todas
la de Nariño ya estaba, pero aparecía la del Valle, la fedetav. Había esas fuerzas descontentas. La fuerza política del movimiento la dio el
de dónde hacer una organización nacional. Esa confederación, pues, hecho de que hubo dirigentes no revolucionarios, como Tulio Cuevas,
comienza a realizar acciones importantes, a crecer, a hacer el esfuerzo que comprendieron o aprovecharon el estado de ánimo de los trabaja­
de crear sindicatos de industria, a adelantar una política más clasista, dores y del pueblo y se decidieron a romper los obstáculos que había
más combativa. Me parece que cuando viene el año sesenta y cuatro creado la división sindical de muchos años. No valió que sus compa­
-por el que me preguntas-, ya en los tres años anteriores se ha conse­ ñeros de junta directiva, comenzando por Jorge Carrillo, que era el
guido un avance importante. Fíjate que al finalizar los años sesenta segundo al mando en la UTC, se opusieran a la unidad, y que sectores
no había ninguna otra federación que hubiese comandado más accio­ de izquierda, como el MOIR, se apartaran de la tarea por considerar
nes que la CSTC, incluidas las huelgas. Ya ellos están en la situación que era otra treta reformista más de comunistas y líderes de los dos
de planear sus acciones, y en la nueva década que empieza ellos van partidos tradicionales. Así decía su propaganda contra el paro, hasta
a crecer a un ritmo superior al de todas las otras centrales y eso va a el último día de la preparación. Una vez que el paro se desencadenó
alarmar al régimen. Por eso los yanquis fueron los que más impulsaron salieron a decir que lo apoyaban, pero de poco valió su rectificación
las propuestas que se hicieron repetidas veces de una fusión de la ctc oportunista. En todo caso, esa alianza de fuerzas tradicionales con
con la UTC, fusión que nunca pudo realizarse, por el mismo choque de fuerzas alternativas le dio al paro de septiembre una imagen nacional
intereses económicos y personales que ellos manejaban entre sí. La de amplitud. Había como un instante de la gente, no solamente de
CSTC ya estaba dotada de un mecanismo de trabajo nacional muy bueno. descontento, no sé cómo explicarlo, pero esos son momentos que vi­
Tenía dirigentes muy capaces, como Ventura Puentes Vanegas y Gus­ ven los pueblos y que son inexplicables. Nadie podría explicar por qué
tavo Osorio y como los de Antioquia, el Valle y Santander. A mí me precisamente en septiembre del 77 hubo la coyuntura para que se
parece que la década de los setenta fue la década de esplendor de la produjera semejante hecho. Una cosa así no se ha vuelto a repetir y es
CSTC. Los problemas comienzan en los años ochenta, cuando su pro­ única en la historia del país. Cómo fue posible que semejante canti­
yecto de creación de un sindicalismo industrial no cuaja, cuando co­ dad de fuerzas por primera vez se pusieran de acuerdo, después de
mienza la guerra sucia, cuando aflora toda la respuesta reaccionaria treinta años de división, y de división encarnizada; que por primera
anterior a la llamada apertura económica internacional. Finalmente vez se pusieran de acuerdo en un acto conjunto de semejante tama­
ellos deciden disolverse y crear la CUT en 1986. Pero es que el futuro ño. Pero no solamente eso. Lo que yo veo ahí es por qué el movimiento
de la CSTC, en mi opinión, era ese, era acabarse, no podía continuar alcanzó la amplitud que alcanzó, por qué llegó hasta los sectores po­
en esa situación, iba a sufrir un poco los coletazos de lo que fue la pulares con tanta fuerza. Porque es que los preparativos fueron gran­
desaparición de la UTC. des, pero otros paros posteriores fueron más preparados que el del 14
JC C : Hablemos de los sucesos de septiembre de 1977. de septiembre y sin embargo no dieron buenos resultados. ¿Por qué esa
AD: 1977 es un año clave. En ese momento la CSTC estaba en lo vez sí? Los estudiantes, la gente de los barrios que tú nunca conociste,
más alto de su prestigio y el entusiasmo alrededor de sus programas que tú nunca viste en ninguna actividad, jóvenes, mujeres, la parte
era muy grande. Era la única organización sindical que crecía en el central de esta ciudad absolutamente despoblada y ese 14 de septiem­
país. Ese dato llegó a aparecer hasta en El Tiempo, un poco escondido, bre absolutamente solitaria, es un fenómeno. Los que saben de eso
pero eso lo constató la embajada norteamericana y de alguna manera dicen que sí, que los pueblos alcanzan esa clase de expresiones, pero
leerlo en la prensa enemiga me impresionó; decía algo así como que dan una explicación muy compleja. Esa coyuntura es posible que apa­
“desde hace rato venimos observando que la única organización sin­ rezca, es como un milagro y es como una lotería. Eso puso en la cresta
dical que crece es la de los comunistas”. Mientras tanto la UTC era de la ola a la izquierda del país. Los sectores armados trataron de

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aprovecharse del acto, pero el acto fue tan grande que no les dio sufrido mucho el conflicto en carne propia y no quiere seguir sufrien­
posibilidades de que se hubiera convertido, por ejemplo, en una asona­ do, mucha de esa gente no estuvo al frente de los cambios que se
da, que se hubiera prestado para adelantar las cosas a bala. Creo que produjeron después del 77? Yo estoy seguro de que mucha gente estu­
fue por la amplitud social y política tan grande que tuvo esa acción. vo y me pregunto: ¿qué se hizo toda esa gran gama de dirigentes me­
Pero fíjate que la herencia para esos grupos radicales es negativa, dios del partido y del movimiento sindical que yo conocí después del
porque ellos lo que vieron en el paro de septiembre fue la constata­ año 77? ¿Dónde están? ¿Por qué desaparecieron? Sencillamente se los
ción -o sea, todo lo contrario de lo que ocurrió- de que había llegado tragó el remolino de la guerra, del conflicto interno; no tengo otra
el momento en que solamente las armas eran capaces de hacer cam­ explicación. Gentes muy capaces que se marginaron del movimiento,
biar la situación; es decir, que ya el pueblo había llegado a la cúspide gente que se asustó del apoyo del partido a los grupos armados porque
de su expresión civil, que había agotado su capacidad movilizadora ya veía que ese movimiento había tomado, en muchos sentidos, el
pacífica y que ahora no quedaba sino la expresión armada. Esa fue la camino contrario a los intereses populares. Toda la gente no fue elimi­
conclusión que sacaron. Creyeron que se había dado el primer paso nada por las balas y mucha se separó del partido silenciosamente y se
hacia la toma del poder. Al MOIR, que no participó en esa jornada, perdió y hoy seguramente muchos de ellos están apoyando a sus ene­
posteriormente lo he visto aparecer como uno de los que encabezó la migos de ayer, porque el conflicto armado afectó a sus hijos, sus pro­
“revolución”. En cambio, sectores liberales, sectores independientes y piedades, sus planes de vida. Para mí, la contienda armada ha sido
conservadores que participaron en ese momento superaron, así fuera funesta para Colombia, no solamente por eso sino porque tomó auge
momentáneamente, sus diferencias ideológicas. Medófilo Medina sos­ cuando todo el resto del movimiento armado, por lo menos del hemis­
tiene, si no recuerdo mal, que ese paro fue el punto de viraje de toda ferio occidental, estaba desaparecido o en camino de desaparecer. Es
la política de los sectores populares colombianos y que a partir de ahí decir, llegamos como tarde, porque en la mitad del camino el movi­
es cuando es posible detectar qué es la izquierda y qué es la derecha miento armado no fue capaz de matar a la muerte y en seguida co­
en la Colombia contemporánea, cuáles son los factores de división del menzó a envejecer. Por algo dicen que es el movimiento guerrillero
pueblo colombiano, cosa que permite mirar la crisis del clientelismo más viejo del mundo.
de los dos partidos, mirar la crisis de las políticas reformistas y mirar el
nacimiento de los nuevos factores de la actual violencia reaccionaria. JC C : Usted alguna vez me decía que siendo miembro del parti­
Quizás lo que empezó en noviembre del 86, nueve años después, con
do nunca lo invitaban a las reuniones internas de la cstc .
la creación de la cut y la desaparición de la utc , es impensable sin ese AD: Así fue. Yo solo escribía sobre sindicalismo y luchas sindicales
pero nunca me tuvieron en cuenta para asistir a alguna reunión na­
antecedente de contribución o unión tan grande de intereses popula­
res. Lo del 86 me suena como el último examen que se ha hecho el cional o siquiera regional. La primera invitación a una reunión nacio­
nal se produjo en el segundo o tercer congreso de la CUT, y eso porque
sindicalismo para saber si podía seguir viviendo hacia adelante.
Me parece muy importante lo que ocurrió con la crisis del sindica­ Luis Eduardo Garzón era mi amigo y ya no estaba bajo control de la
lismo y el florecimiento de esa fórmula que ha tratado de llevar ade­ dirección del partido. ¿Cuántos años transcurrieron para que la CUT
me dijera: lo invitamos a que dé una charla? Solo con el cambio en la
lante la CUT. Eso ha sido decisivo para el sindicalismo. Lo que pasa es
dirección sindical a partir de octubre de 2002, cuando los camaradas
que el conflicto armado interno se atraviesa en el camino de las fuer­
quedan en minoría, es que me invitan a dar charlas. Yo no hacía más
zas populares, de las fuerzas alternativas, y cierra ese camino. Enton­
que registrar la marcha del movimiento. Nunca fui a un congreso de
ces un sector las capta y las lleva a la lucha armada, y otro sector
apoya un poco eso y lo masacran, lo vuelven pedazos: la UP. Y este la CSTC. Fui al de la CUT porque Luis Eduardo estaba de presidente y
sector, este ensayo de reforma civil conservando a su lado el otro ensa­ me consiguió la credencial. Es lo que te digo: los que hacen el intento
de investigar los fenómenos sociales no son de buen recibo para los
yo, de reforma armada, definitivamente se pierde para el proceso y políticos, por su independencia.
abre el camino a las soluciones de fuerza de la derecha. Me pregunto:
¿todo ese sector que hoy apoya a Uribe con tanto fervor porque ha

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En el Frente Nacional hubo el caso de un compañero muy capaz, abogado de la Costa Atlán­
tica, de una familia de abogados muy conocidos y que no fue incluido
en el renglón que él esperaba en la lista electoral. El esperaba la no­
minación para encabezarla y se la dieron a Hernando Hurtado, que
JC C : Hablemos del mrl. realmente la merecía. Eso fue suficiente para que el compañero se
AD: Lo del mrl me pareció como un respiro, una entrada de aire retirara del partido. Un hombre como él, que nunca había mostrado
en el socavón del Frente Nacional, cuando la política operaba todavía simpatías liberales ni nada de eso, de pronto se sintió representante a
como si siguiéramos bajo las dictaduras de los años cincuenta. Pero la Cámara. Quizás pensó que el partido no lo iba a dejar ir de sus filas,
también ahí fue cuando uno pudo comprobar hasta qué punto el Par­ quizás pensó que podía lanzarse solo, por su cuenta, y, como te había
tido Comunista era liberal, es decir, hasta qué punto la formación dicho atrás, la experiencia que yo vi en el partido es que toda la gente
política independiente de los comunistas era tan avanzada como uno que pretendió desafiar al partido salió perdiendo porque, quieras que
la suponía, hasta qué punto había ambiciones electorales muy serias no, la gente tiene una imaginación de lo que es un partido político, la
entre la juventud, ya no solo entre los viejos. Y también sirvió para gente tiene la imagen de la autoridad y de la disciplina partidaria y no
comprobar cómo era de endeble toda la doctrina marxista aprendida, se deja engañar en eso. La gente del partido nunca vio en los disiden­
enfrentada a la realidad de hacer parte de un movimiento que ofrecía tes a sus representantes, siempre volvió a votar por las listas del parti­
perspectivas muy grandes de contacto con la gente, con altos y bajos do, así no sacara sino uno o dos renglones, pero era por la lista del
personajes de la política tradicional, con la prensa y con los puestos partido. Los otros tenían que hacer muchos malabares para eso, como
públicos, y sobre todo con los puestos de representación popular. Es cuando un grupo del partido, en la época de la candidatura presiden­
que cuando el partido plantea que hay que ayudar a los compañeros cial de Bernardo Jaramillo, trató de formar una nueva organización
del mrl, y en ese camino surgen las Juventudes del mrl y el partido le que adelantara el cambio político justo, democrático, que era imposi­
dice a la Juventud Comunista que hay que ayudar a las Juventudes ble conseguir en el seno del partido.
del mrl, asesorarlos, acercarse a ellos, ello daba pie para que algunos JCC : Muchos militantes del eln, del mismo m-19, fueron o vi­
se pasaran al liberalismo. De manera que en buena parte la gente que nieron del Partido Comunista. El mismo epl es resultado de una
trabajó con el mrl se volvió liberal, frentenacionalista de hecho. Se ruptura. Lo que tal vez falta por narrar es la época del Frente N a­
fueron detrás de un futuro que el partido no les podía ofrecer. El par­ cional. ¿Cuál es su visión, su vivencia del Frente Nacional? ¿Cómo
tido no tenía manera de alcanzar una representación propia porque lo se veía el Frente Nacional? Usted, como militante del Partido Co­
prohibía la legislación del Frente Nacional, así que era lógico que munista, cercano a los sindicatos, ¿cómo ve esa época, cuando se
buscara una representación ahí debajo del ala de los liberales, lo cual produce el cierre del sistema político, el cierre de la opción de
no era nada nuevo porque ya en' los años treinta había sido lo mismo. movilizaciones sociales?
Por eso la creencia que había de que el Partido Comunista era un AD: Yo creo que lo más importante de eso es ver cómo cambió la
partido liberal disfrazado, cosa que hoy, después de todo lo que ha actitud del Partido Comunista frente al país, porque el partido venía
pasado, nadie se atrevería a pensar. No creo que esa fuera la esencia de una larga peregrinación clandestina. El partido fue ilegalizado ofi­
del problema del partido, pero sí ponía en evidencia una debilidad cialmente en 1956 pero ya desde antes, desde fines de los años 40,
ideológica que llevaba a pensar que una alianza no se podía concertar venía trabajando de hecho en la semiclandestinidad, incluso en la
en términos de igualdad, de equidad, sino una alianza en la cual, capital del país. Entonces aparecen la caída de Rojas y la fórmula del
quieras que no, tú pasabas a depender del aliado, que era el único Frente Nacional y el partido no tuvo otra alternativa que votar a favor
que te podía ofrecer un porvenir político. Te digo eso porque la posibi­ del plebiscito de 1957. De todas maneras, el plebiscito restablecía,
lidad de cargos de representación y empleos públicos por la alianza aunque parcialmente, la legalidad del partido, levantaba sin explicitarlo
con los liberales despertó los apetitos de no pocos, y en primer lugar de su ilegalidad. La visión del partido durante el Frente Nacional, en mi
los dirigentes, medios y altos. En la dirección nacional del partido opinión, fue una visión bastante ambigua, yo diría que recortada. Por

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un lado, el partido veía en el Frente Nacional a las oligarquías de los popular, en las Juntas de Acción Comunal, entre los estudiantes, en
dos partidos que desconocían a las minorías. Esa era la parte negativa. los sindicatos. La Juventud Comunista recuperó un poco su militancia
Por otro lado, el partido veía mejores posibilidades de participación en dentro de esas organizaciones, las mujeres se reorganizaron también,
la lucha social y electoral, y encontró la ocasión cuando surgió el especialmente alrededor de la Unión de Mujeres Demócratas, los ju­
Movimiento Revolucionario Liberal. En cierta manera el partido se ristas igualmente, con su Comité de Juristas Demócratas. Se creó poco
reencauchó a una táctica que era copia de la que se había empleado después el que hoy es el Comité Permanente de Defensa de los Dere­
en los años 30, un poco dentro de la marcha del partido liberal para chos Humanos, en una conjunción de alianzas políticas. Yo creo que
esquivar los golpes. El partido siempre ha actuado con una cierta no hay ningún otro comité de ese tipo que haya tenido tal riqueza de
mentalidad clandestinista y en esa época todavía esa tendencia era alianza ideológica en ese trabajo, y es una cosa diciente que todavía
fuerte. Fíoy día eso casi está acabado, y cuando se habla de eso ya es permanezca, pues ahí desde conservadores hasta comunistas estaban
como historia pasada, pero durante mucho tiempo el partido tuvo una metidos en el asunto. O sea, el partido trató de aprovechar el airecito
idea clandestinista que pudo estar explicada en el hecho de que el que le daba el Frente Nacional. Pero como el Frente Nacional siempre
partido, portador de tesis dirigidas en primer término al asalariado, fue excluyente y tuvo una posición de rechazo de las demandas de los
nunca fue un partido urbano sino de campesinos. La vida económica trabajadores y de los sectores populares, se creaba una ambivalencia.
y política se concentra es en las ciudades, pero allí el partido ha sido La alianza partía de un movimiento que no podía sostener el apoyo a
pequeño y sus capacidades de emerger no logran sacarlo de la sombra, las luchas de los trabajadores sino que se enfrentaba a ellas. Yo creo,
de la marginalidad de hecho. Sí, en Bogotá hay una situación distin­ por ejemplo, que Alvaro Uribe Rueda, que fue el jefe de la bancada
ta, pero yo hablo del conjunto del país. Entonces, el partido veía que liberal de izquierda dentro del mrl, él lo que simbolizaba era eso. A
siguiendo de la mano del partido liberal, del sector izquierdista, podía pesar de ser un hombre adinerado y una especie de aristócrata moder­
situarse otra vez en posiciones de actuar públicamente, y lo hizo. En no, trataba de hacer la ligazón con los sectores populares que el parti­
eso, como siempre ha sucedido, no pocos de los cuadros que destacó do liberal en su cúpula rechazaba y trataba de sostener que sin el
para entrar en esa alianza con el mrl fueron captados por el mrl. sustento y la lucha de los trabajadores y de los sectores populares el
Villar Borda, por ejemplo, que se convirtió en uno de los dirigentes partido liberal no tendría opción de futuro. Pero fíjate que fue un
más destacados de las Juventudes del mrl y por ese camino llegó al movimiento que lanzó listas propias en varias oportunidades y nunca
Congreso. Luis tenía además un círculo de compañeros, y todos ellos pudo prevalecer sobre la directiva de centro-derecha de López
se fueron con el mrl. En otras partes del país también ocurrió eso. Michelsen, y finalmente desapareció. Entonces el partido, a la sombra
Porque de todas maneras tú, como joven ambicioso de luchar política­ de eso, creó nuevas alianzas, por ejemplo, la Unión Nacional de Opo­
mente, no podías figurar en las listas como comunista. Las listas eran sición (uno) y posteriormente el Frente Democrático cuando se aca­
a nombre del mrl y tenías que jurar que eras liberal. Además, porque bó la uno. Esas dos expresiones de alianza fueron copia de la táctica
las ambiciones personales se interponen y ganan la parada. Por eso las del partido liberal. Es decir, el partido siempre se ha dicho: vamos a
personas fueron bastante asimiladas por el mrl, mientras por otro lado hacer alianzas con otros amigos que no son de nuestra ideología; ha
el jefe de la insurgencia liberal, López Michelsen, nunca quiso alter­ ido siempre con el criterio de ser el que señala el rumbo de los parti­
nar en las tribunas con los comunistas. De ahí surgió un sector de dos en esas alianzas. El partido no iba ahí gratis: me voy a subir a ese
tendencia radical dentro del mrl y ese sector de izquierda fue el que tren y me da lo mismo ir en la locomotora que atrás en el último
siguió con los comunistas. El de López se complacía con la fórmula vagón. No, el partido siempre ha ido allá porque ha creído que él es el
bipartidista pero el otro tenía una visión de más largo alcance hacia que tiene la luz de la verdad. La luz de la verdad revolucionaria no se
las alianzas de izquierda. asienta en cualquier parte, sino en la dirección, en la conducción del
Entonces, pues, los comunistas entran a tener de nuevo conceja­ movimiento. Por eso los grupos de izquierda o revolucionarios apare­
les y diputados bajo la cobertura liberal en varias partes del país y cen como los que quieren instrumentalizar las alianzas y sobre todo
comienzan a desplegar una actividad más abierta en el movimiento excluir, tener el monopolio de los puestos de dirección, de la coman­

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dancia de las alianzas. En el movimiento sindical la instrumentalización lucionarios, siempre proclives a la delincuencia común. Eso de nada
del partido era a veces tan tremenda que los compañeros decían: en valió y fue una simple formalidad de las resoluciones de plenos y con­
la junta directiva de tal organización, de tal federación, de tal sindi­ gresos, porque la práctica social iba por otros caminos. Y esa combina­
cato es necesario que haya un liberal o dos liberales que nos acompa­ ción representó y sigue representando la pérdida brutal de cuadros
ñen. Algunos líderes aconsejaban a sus compañeros de dirección: excelentes y la facilitación del trabajo para los organismos de repre­
“Compañeros, dejen entrar a personas liberales, conservadoras, inde­ sión. El poco trabajo popular en las ciudades, que era donde más de­
pendientes, sin partido. No sean tan agalludos”. En el concejo muni­ beríamos haber cuidado las cosas, se fue derrumbando mientras se
cipal de Yacopí y en el de Puerto Boyacá sucedía cosa parecida en los robustecían las posiciones militaristas en el campo y en la misma ciu­
años setenta: cómo hacer que los liberales sacaran lista propia y tuvie­ dad. Hoy se sigue recogiendo el mismo fruto. Los comandantes gue­
ran también representación. Pero solamente por dar la visión de que rrilleros, con Jacobo y Manuel a la cabeza, llegaron a convencerse de
había una unidad ahí, porque realmente el partido lo determinaba que los comunistas y demás revolucionarios no eran capaces de hacer
todo, dirigía todo y no consultaba a sus aliados. Ese tipo de conducta un trabajo político adecuado en las ciudades, por la falta del amparo
política hizo mucho daño porque el partido terminó aislado cuando de los fusiles. Esa visión militarista contagió a toda la organización
las FARC decidieron romper sus alianzas con los liberales en Yacopí y civil comunista y llevó a la casi extinción de sus organismos urbanos,
Puerto Boyacá y desatar acciones contra finqueros y pequeños propie­ que es precisamente lo que buscaba la reacción en el poder. Yo no me
tarios. Para no hablar de otros escenarios, como el de Urabá, que fue alegro por eso, de ninguna manera, pero debo decir aquí que lo adver­
tal vez el peor de los tres desastres. En el caso de Puerto Boyacá los tí en la última reunión partidaria nacional a la que asistí: dije que el
comunistas eran mayoría en el concejo, pero a los amigos liberales se partido no desaparecería, que se convertiría en una pequeña fuerza
les ignoró, no percibieron que de todas maneras ellos estaban repre­ legal pero sin decisión alguna en los destinos nacionales. Ahora tengo
sentando a un sector importante de la población sino solamente los claro que yo pretendía que el partido que había conocido en los pri­
tomaron como acompañantes de ocasión, mientras llegaba la revolu­ meros años siguiera siendo el mismo. Yo diría que hasta los años sesen­
ción social. El resultado de eso fue que cuando se vino la acción de ta la vida en el partido podía llamarse con propiedad romántica y
las FARC hasta los mismos que habían acompañado al partido se vol­ alegre, y que cada acción nuestra estaba impregnada de humanismo.
tearon contra él y acabaron en la reacción de derecha, por cierto muy Cuando la lucha armada tomó mayor impulso y empezó a horadar las
violenta. Eso es lo que yo veo en la época del Frente Nacional. Creo filas del partido en las ciudades, quienes estaban más con ellos que
que el Frente Nacional, de todas maneras, le dio al movimiento de con el partido empezaron a mirarlo a uno con compasión: “Pobrecitos,
izquierda un nuevo oxígeno y lo puso en contacto con la gente. Creo siguen perdidos en su sueño”, parecían decirle a uno cuando los en­
que por primera vez los comunistas aparecían legalmente en la ciu­ contraba en la calle.
dad, aparecieron con una imagen un poco nacional y no solamente la
imagen que se tenía de un partido internacional, extraño al país.
Ahora bien, me parece que al fin de cuentas todo ese proceso se
vio entorpecido por el nacimiento de la lucha armada. Esa táctica
que adoptó el partido -el nacimiento del mandato guerrillero, el paso
del movimiento de autodefensa a la forma de combate, ofensiva, que
es el movimiento guerrillero, a lo que es la creación de un verdadero
ejército de liberación nacional-, eso que el partido adoptó, le cambió
totalmente las formas de trabajo, porque ya viene el lío del empleo
simultáneo de las formas de lucha civil y armada. No importó que
Vieira siempre aclarara en todas partes: todas las formas de lucha de
masas, o sea, no luchas de tipo aventurero y de supuestos focos revo­

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¿Crisis en el socialismo? lista y que el proyecto de Dúbchek era una propuesta de democratizar
la vida del país checo, una propuesta enderezada a democratizar el
socialismo y volverlo un socialismo con rostro humano. Si el socialis­
mo, que se llamaba a sí mismo la más acabada forma de democracia,
JC C : En los años sesenta están los Beatles, está Mayo del 68, la famosa “democracia socialista”, no era capaz de aceptar propuestas,
está la reflexión de Praga, está Hungría. ¿Cómo se recibió eso en el de reformarse a sí mismo, dentro de su propio proceso, entonces ¿de
Partido Comunista? qué era capaz? Dije que las acusaciones contra Dúbchek y su grupo
AD: No te voy a hacer historia política sobre eso, porque sería de eran un infundio y advertí que ese movimiento era apoyado por la casi
no acabar y prometí no hacer historia política. Solo te voy a hablar de totalidad del pueblo checoslovaco. Naturalmente, nadie me creyó. Ni
la experiencia personal en el asunto. siquiera los camaradas de lo que podría llamarse sector intelectual
En el partido había un sometimiento muy profundo a todas las del partido. Recuerdo el rostro demudado de Juan de la Cruz Varela,
tesis del partido soviético, como lo hubo en todos los países de Améri­ que siempre se sentaba en los primeros puestos de la sala y que volvió
ca Latina. No creo que en Colombia fuera peor que en Argentina. Lo su mirada hacia mí, sobrecogido por la sorpresa, cuando terminé pro­
que yo conocí de los líderes comunistas de Argentina, el sometimien­ nosticando que el próximo número de la Revista Internacional, apareci­
to de ellos al pcus, era absoluto, y éstos tenían al partido argentino do después del aplastamiento del gobierno civilista, saldría diciendo
como el líder de la conducción de sus políticas en América Latina. que la economía de Checoslovaquia marchaba a las maravillas y etcé­
Siempre que se hablaba de qué hacer en América Latina pensaban: tera, etcétera, y las cosas que ocurrieron después me dieron la razón.
“primero hablemos con los argentinos”, y los ponían a ellos como los Después de mi intervención todos los miembros del Comité Central se
monitores de los partidos latinoamericanos. Los argentinos tenían una sintieron obligados a rechazar cada una de mis palabras, que nunca
influencia grande allá arriba, en el pcus, y en la dirección del partido han sido elocuentes. Eso da una idea de cómo son las cosas en el
colombiano había mucho respeto por el partido argentino y el chileno. Partido Comunista. Allí había unidad política fuerte y la gente la aca­
Pero es sabido que el partido argentino se alió de hecho con sectores taba sin necesidad de ninguna presión. Por eso yo, que nunca he esta­
del militarismo sobre la base de que esos sectores eran dizque progre­ do interesado en otros partidos, digo siempre que el Partido Comunis­
sistas, y así los consideraba la Unión Soviética por conveniencias de ta no es un partido cualquiera, es un partido respetable por su unidad.
mercado. Eso nunca salió a flote entre nosotros, como tampoco se Después de que terminó la reunión se suponía que yo, que estaba
discutió nunca que el partido socialista nicaragüense, que era el PC de asiento en Barranquilla, debía llevar el informe del pleno a ese
de ese país, hubiera sido enemigo declarado de la causa sandinista, comité regional, callar mis opiniones personales y transmitir solo lo
como lo era el pcus también. Los partidos de Centroamérica apare­ que el pleno había aprobado prácticamente por unanimidad: que apo­
cían más afectados por las tesis maoístas y por la revolución cubana. yábamos la invasión de Checoslovaquia y el aplastamiento del conato
Entre colombianos, venezolanos, peruanos, ecuatorianos y bolivianos contrarrevolucionario que allí se había gestado. Yo estaba dispuesto a
había más amistad política, fomentada quizás por el sometimiento a la decir eso en Barranquilla porque siempre fui respetuoso de los estatu­
visión soviética. En Cuba y en Praga noté que los centroamericanos tos del partido. Acataba sin ninguna dificultad ni reato la norma que
nos veían a nosotros como un partido agachado frente a los soviéticos, decía que en el partido se toman las determinaciones para cumplirlas,
y mi opinión sobre lo que pasó en esa ciudad en mayo del 68 la planteé no para que tú salgas a decir lo que quieras sino lo que se acuerda por
a tiempo. Regresé a Colombia después de dos años de ausencia, y mayoría. En adelante, en mi vida partidaria hasta mi retiro voluntario
meses después estalló la insurgencia de agosto en Praga. En la discu­ del partido en 1991 o 92, siempre observé ese principio y por eso nadie
sión que se hizo en un pleno lo dije: que no creía que el gobierno que sabe que he sido un disidente por largo tiempo. Pero ellos no estaban
se había instaurado en Checoslovaquia por medios legales y pacíficos tan seguros de mi conducta y escogieron a Gustavo Osorio para que
fuera creación de la CIA ni fuera contrarrevolucionario, como se pre­ fuera a Barranquilla a dar el informe sobre qué había pasado en el
tendía hacer creer. Expliqué que allá nadie apoyaba al gobierno socia­ pleno. O sea, perdí la confianza de la dirección del partido hasta en

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eso. Haga cuentas de cuánto tiempo me quedé esperando que el par­ su cara abotagada y sus cejas de gorila me transmitían, y ellos me
tido cambiara. Al contrario, compliqué para mí las cosas, porque des­ dijeron lo siguiente: “No lo crea, él es uno de los más blandos que hay
pués expresé que no estaba de acuerdo con el sometimiento del parti­ en la dirección del partido; podría ser nuestro amigo”. Eso me llamó
do al movimiento armado, como ha venido ocurriendo desde fines de mucho la atención porque era tal el grado de autoritarismo que se
los años 80. No me sentí macartizado ni nada de eso, pero se perdió la vivía en ese momento, que si a ellos les parecía que ese hombre era de
confianza política y después de eso no se necesita nada más. los blandos, ¿cómo serían los duros? Pero ese era el criterio que ellos
Después me mandaron otra vez para Praga, en 1978, y la experien­ tenían. Sostenían que el partido soviético no estaba interesado en la
cia fue peor que la primera, porque me caí también con los soviéticos. revolución mundial, que eso era paja y que, al contrario, estaba inte­
Pocas semanas después de llegar a Praga leí en la revista soviética resado en tener las mejores relaciones comerciales posibles y que para
Tiempos Nuevos una corresponsalía de un periodista ruso muy elogiosa nada le interesaban los movimientos de liberación nacional. Esto últi­
del gobierno de Turbay Ayala, que apenas se estaba estrenando. Lo mo lo veían claro hasta los estudiantes extranjeros que había en Pra­
ensalzaba como a uno de los nuevos heraldos de la liberación de los ga, entre ellos los colombianos. Eso explicaba, decían ellos, la forma
pueblos de América Latina, que iba a nacionalizar los bancos extran­ como las autoridades checas soportaban los desmanes y los abusos de
jeros para entregarlos al pueblo colombiano y adelantar importantes los estudiantes africanos y árabes, que se llevaban por delante las le­
reformas sociales. Yo no sé de dónde salieron semejantes infundios, y yes del país y nadie les decía nada: solo porque eran enviados por
solo atiné a pensar que eran parte de un acercamiento de los soviéti­ gobiernos que compraban productos checos y vendían materias pri­
cos al gobierno colombiano para conseguir buena imagen comercial. mas que la industria checa necesitaba, así esos gobiernos fueran reac­
De tácticas como esa ya me habían prevenido mis amigos checos y cionarios y corruptos. Los africanos y los árabes se hacían sentir por­
rusos, quienes alegaban que las usaban en todo el mundo. Yo protesté que sacaban manojos de dólares y podían poner las patas en las mesas
por escrito ante Tiempos Nuevos y así lo hice conocer a la dirección de los bares sin que nadie se atreviera a censurarlos. Así era el mundo
del partido colombiano, que mantuvo silencio y no me apoyó, como y no de otra manera. Me preguntaron que si yo no sabía que al partido
habría sido lo correcto. Yo me hacía la ilusión de que la dirección era colombiano le daban dinero y yo les respondí que no podía atestiguar
capaz siquiera de preguntar al pcus al respecto. Al contrario, lo que de cosas que no conocía. Ellos me contestaron: “Le dan dinero a tu
pasó fue que los soviéticos me contestaron por escrito con dos o tres partido como a los otros partidos; nosotros tenemos cifras precisas de
palabras que aducían que yo no había entendido el espíritu del artí­ lo que dan a algunos partidos”. Me confirmaron lo que decía toda la
culo, y a partir de entonces en la revista me cerraron todas las puer­ gente checa con la cual yo conversaba: que los soviéticos explotaban
tas; nunca más pude publicar ni una sola nota en Revista Internacional, minas de uranio en Checoslovaquia y que la devolución de ese uranio
después de que publicaba en las revistas soviéticas y especialmente en en servicios y bienes para Checoslovaquia era mínima en compara­
Tiempos Nuevos y hasta me pagaban los artículos, tanto acá en Colom­ ción con la riqueza que extraían.
bia como allá en Europa. Eso te da idea de cómo era la subyugación de En represalia por mi actitud frente a un gobierno como el de Turbay,
los partidos. El sometimiento era brutal. Yo hablaba en Praga con los que un día metió en la cárcel a casi todo el comité ejecutivo nacional
disidentes, no porque los buscara sino porque tú los encontrabas en del partido, me negaron la visa para entrar en la Unión Soviética,
cualquier parte; hablaba con rusos y checos, opuestos todos al gobier­ fuera cual fuese el motivo de mi petición, y nunca más pude volver a
no socialista pero demócratas, desde una posición democrática, no visitar al grupo de estudiantes colombianos residentes en Moscú y
fascistas, nada de eso, sino demócratas que no estaban de acuerdo que cada año hacían reunión de evaluación de su trabajo político.
con las políticas de los partidos comunistas, y ellos me decían una Tampoco me dejaron asistir a los Juegos Olímpicos de Moscú de 1980,
cosa que me dejó frío, porque la conversación versó sobre la dirección pese a que tenía invitación con alojamiento incluido. Las cosas em­
nacional del pcus y yo dije algo sobre Leonidas Brézhniev, en ese mo­ peoraron para mí y descubrí, sin hacer el menor esfuerzo, que los so­
mento jefe del pcus y jefe del Estado y de quien yo tenía una imagen viéticos me estaban esculcando la oficina y el apartamento donde
pésima, como representación del autoritarismo y de la tosquedad que vivía. Una mañana llegué a la oficina y al abrir la puerta sentí olor de

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humo de cigarrillo. Llamé al responsable de los asistentes soviéticos, pcus y de otros partidos en el poder, como el de la República Demo­
un hombre nervioso y de edad avanzada que fumaba como loco, y le crática Alemana, con sus colegas comunistas de América Latina esta­
puse la queja. Dijo no saber nada y le pedí que me informara al res­ ban casi todos en manos de agentes de los cuerpos de seguridad del
pecto tan pronto como pudiera, pero ni siquiera se dignó hacerlo. Estado. Eso ocurría con los de la URSS, Checoslovaquia, la rda y Cuba,
Otra mañana pasó exactamente lo mismo, y la siguiente esculcada la que yo conocí, y estoy seguro de que ocurrió con el resto de países
hicieron en el apartamento en dos oportunidades, por lo menos. El socialistas porque todos estaban concebidos de conformidad con el
tipo que entraba al apartamento en son de hacer reparaciones era un modelo soviético.
hombre alto, blanco como una pared y con cejas y pestañas amarillo JC C : ¿Usted conversaba sobre eso con los demás compañeros
claro que le daban un aspecto fantasmal. Nunca le oí pronunciar una latinos de la revista1
palabra y me pareció que era capaz de destripar a un bebé sin que su AD: Eso lo sabía todo el mundo; si lo sabíamos nosotros, lo sabía
rostro sufriera alguna alteración. Todo eso lo informé al partido co­ todo el mundo. Y después de los sucesos de mayo de 1968 el odio
lombiano y nunca se me respondió una palabra. En la Revista había hacia todo lo que fuera soviético había empeorado en Checoslova­
oficina de correos y los soviéticos interceptaban toda la corresponden­ quia. Para mí todo había cambiado también. En 1978 todo el grupo de
cia que entraba y salía. Eso era vox populi. Por eso yo llevaba las cartas antiguos representantes de los partidos había desaparecido de la re­
personalmente a la oficina principal de correos de la ciudad, pero vista. Hasta el periodista checo que trabajaba con la policía soviética
sospecho que eso tampoco servía de nada. A veces he pensado que y tenía una esposa rusa, dulce y amable y obviamente también espía.
mis cartas de queja nunca salieron de Praga. Los organismos de inte­ El entregaba una comisión o coima mensual a varios representantes
ligencia checos eran totalmente controlados por los soviéticos y los de partidos latinoamericanos en la revista, a manera de reconocimiento
soviéticos eran descarados y no tomaban siquiera precauciones para por sus labores periodísticas, aunque ninguno de ellos lo era. En repe­
hacer desaparecer evidencias de su espionaje. Les importaba un ble­ tidas oportunidades mis colegas me sugirieron que me presentara al
do. Y te voy a contar algo que parece cuento kafkiano, ocurrido pre­ hombre y reclamara mi coima, y llegué a hacer un intento en ese
cisamente en la tierra de Kafka. sentido, pero inmediatamente caí en la cuenta de que yo no era per­
En una gira por una región de Checoslovaquia hecha en bus por sona de confianza política, y frené en seco. Casi todos los intérpretes y
un grupo de periodistas latinoamericanos nos acompañó un soviético acompañantes eran de la policía secreta, aunque no creo que los pe­
mudo que no nos perdió de vista un solo instante. Nunca escuchamos riodistas o investigadores de verdad, porque estos nunca son de con­
que una sola palabra saliera de su boca, en ningún idioma. Se paraba fiar para los políticos y los policías. Hasta los mensajeros eran espías.
al lado del grupo y miraba sin ver. Se metía en las conversaciones casi En la revista trabajaba un joven de trato admirable, atento a cual­
agresivamente, a una imprudente distancia, y a veces uno alcanzaba quier insinuación que uno pudiera hacer, y años más tarde, por pura
a percibir el aliento de ajos que expiden gratuitamente casi todos los casualidad, mientras estaba paseando por La Reforma, de Ciudad de
europeos. Lo que sobrecogía no era tanto el descaro con que los sovié­ México, hice un viraje hacia sus calles laterales y de súbito me topé
ticos nos hacían esa ofensa a nosotros, supuestamente sus camaradas y con el muchacho, que estaba limpiando con un paño rojo un automó­
amigos, sino el pensar cómo un ser humano podía someterse a esa vil de color oscuro. Su sorpresa fue mayúscula, se quedó mirándome
labor abominable sin pestañear. Los soviéticos no tenían ningún pro­ fijamente y solo atinó a balbucear: “No diga a nadie que me vio aquí”.
blema en mostrar a los camaradas de otros partidos comunistas que los Pobre muchacho. Me imagino que recibió un buen regaño por haberse
espiaban y que no se iban a detener en eso. A los camaradas checos y dejado sorprender.
polacos, como pude apreciar personalmente, les mostraban de frente Para 1978 los nuevos representantes de los partidos latinos en la
su desprecio, y ellos les devolvían su odio silencioso. Era su relación Revista habían bajado sensiblemente de nivel jerárquico y de calidad
en la vida diaria. Polacos y checos los consideraban maleducados, humana y política. Había un peruano viejo, de barriga prominente,
incultos, toscos en el trato. Por lo que me contaron otros camaradas cabellos lacios y ojos saltones ocultos tras gruesos lentes oscuros, que
latinoamericanos y lo que yo percibí directamente, los contactos del se echaba tranquilamente cinco huevos al desayuno, y un panameño

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que se hurgaba los dientes mientras almorzábamos en el comedor de te la frontera hacia Alemania Federal y de regreso vendía de contra­
la revista. Todos se disputaban la palabra para hablar de buena comi­ bando ropa de moda y joyas a los alemanes orientales, hasta que las
da y de sus achaques y enfermedades respectivos, hasta que un día no autoridades de la rda tuvieron que expulsarlo del país. Me pregunté
soporté más y dije muy serio: “Yo felizmente gozo de buena salud. Lo qué había ido yo a buscar nuevamente a Praga, la ciudad más bella
único que me molesta es un cáncer”. “N o diga esas cosas, camarada, que hay sobre la tierra. Pero una ciudad derrotada. En una ciudad
estamos hablando en serio”, me contestó el peruano, enfurecido. De­ donde todo el mundo se esmeraba para no desperdiciar nada, donde
finitivamente abandoné la compañía de toda esa gente y me puse más las oficinas públicas y privadas trabajaban sin luz artificial y solo la
bien a mejorar mi inglés y mi francés en cursos formales de conversa­ encendían cuando se hacía imposible mirar los papeles sobre los escri­
ción que tomaba en una escuela primaria, a leer y a tratar de conocer torios, los estudiantes seguían quejándose, como diez años atrás, de la
algo del país y a frecuentar a mis amigos. Hasta el grupo de estudian­ escasa calefacción de sus aulas en invierno. Las vitrinas de los alma­
tes colombianos había rebajado de calidad y había cambiado la cenes estaban repletas de mercancías, como nunca antes se había
militancia entusiasta de los años sesenta por el oportunismo de los visto, pero hasta el responsable del partido checo convino conmigo en
setenta. Uno de ellos incluso trabajaba con la policía secreta checa y que la calidad de la producción de bienes de consumo inmediato
creo que sigue todavía allá. La gente checa que veía en la calle y en había rebajado después de mayo de 1968. La industria del calzado
el curso de idiomas me pareció más deslucida y callada que antes. En checa, que era famosa en toda Europa por su calidad y su duración,
el curso de francés la profesora puso un día la tarea de escoger diez era ahora historia patria y las medias se le deshacían a uno en las
acontecimientos mundiales de importancia histórica para rememorar manos a la primera puesta. Se daba el caso de que usted iba en busca,
y comentar. Era precisamente a fines de octubre y ella debió hacerlo a digamos, de botones, y no encontraba ni uno solo en los almacenes,
propósito; en todo caso, ninguno de ellos trajo a cuento el 7 de no­ durante semanas enteras, o de que encontraba los zapatos que busca­
viembre, aniversario de la revolución socialista soviética. Tal era la ba pero no había sino de una talla, o que solo había para la pata iz­
aversión que profesaban a todo lo que oliera a socialismo o revolu­ quierda o la derecha. Ya en cierta ocasión de los años sesenta en que
ción. Yo me sentí avergonzado, como si me hubieran insultado, pero estaba de visita en Moscú los estudiantes colombianos me habían in­
de todas maneras mencioné la fecha. formado que desde hacía tres o cuatro semanas se había acabado la
El mismo desembarco por segunda vez en Praga me trajo mal sabor. papa en los mercados de la ciudad. Yo no podía creerlo. “Camine y
No acababa de desempacar maleta cuando el representante del parti­ verá”. Fui y comprobé, no en las tiendas del Estado sino en el lugar
do hondureño, un joven aficionado a la música popular y admirador donde había señales de competencia: los mercados informales que les
de la colombiana, me espetó el siguiente discurso: “Por los hijos de tu permitían organizar a los campesinos en ciertas áreas abiertas de la
compañero representante que vas a reemplazar supimos que venías inmensa ciudad, para vender sin intermediarios. Era como si en
con una mujer que ni siquiera era miembro del partido y que tu hija Medellin dejara un día siquiera de haber arepas en las tiendas, o de
era drogadicta. Eso dijeron”. Yo me había separado de mi esposa y mi tortillas en Ciudad de México, porque la papa ha sido históricamente
hija cuatro años antes y poca cosa sabía de ellas, pero a ocho mil la base de la alimentación rusa. Todo por cuenta de la excesiva cen­
kilómetros de distancia el chisme mostraba su fortaleza invencible. tralización de la economía y del burocratismo que florecía en esas
Praga era como debe ser una estación de la Antártida con las noticias circunstancias. Todo eso había empeorado en los años setenta.
caseras: un lugar donde los equipos de investigación que se relevaban A la crisis económica del socialismo en los años setenta se agrega­
traían las noticias de farándula del internacionalismo proletario. El ban las señales de cansancio de la población por la falta de libertades
hondureño me agregó que de los mencionados muchachos colombia­ públicas. Cuando, en el año 78 o 79, se me encargó acompañar al
nos, el menor se había hecho famoso porque se hacía pasar como ciego concejal de Bogotá Carlos Romero para asistir a un congreso del Par­
para que le cedieran el puesto en los tranvías y siempre conseguía tido Comunista rumano, mi decepción fue mayor. En la sesión de ins­
burlar la estricta vigilancia en el metro para pasar gratis, como hacen talación y en la primera fila de la mesa directiva, naturalmente, res­
los delincuentes en el de París, y otro, el mayor, pasaba continuamen- plandecían Cheauchescu y su rubia esposa Elena, elevada por él a la

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calidad de presidenta de la Academia de Ciencias de Rumania como ninguna caída del socialismo, porque ahí no había socialismo”. Todo
en la leyenda del delirante emperador romano que nombró ministro a el asunto, pues, era fácil de resolver para el dogmatismo. Cuando yo
su caballo. De pronto le dieron la palabra a un hombre canoso, de estaba en Praga, meses antes de la caída del régimen polaco, antes de
movimientos elegantes, esa sí gloria de la academia rumana, cuyo que Solidaridad se lanzara a las calles en la protesta que desmoronó el
nombre no puedo recordar, que había tenido diferencias con el régi­ poder del Partido Obrero Unificado Polaco, los representantes lati­
men pero ahora había borrado presuntamente sus vacilaciones y gana­ noamericanos en la Revista pedimos una reunión con los compañeros
do nuevamente los favores del amo. El hombre pasó a la tribuna del del partido polaco para que nos explicaran si era cierto lo que decía la
gran teatro, opulento y profusamente iluminado, y se lanzó a una dia­ prensa occidental, y ellos vinieron a Praga y nos aseguraron que no
triba contra Cheauchescu en la que alcanzó a decir que ese hombre pasaba nada, que esas eran puras bullas de Lej Vauesa y su grupo
que aparecía como el padre de la patria no era más que un canalla Solidaridad, que era una minoría ínfima, etcétera. Y resultó que esa
que se burlaba de sus promesas hechas a la nación y etcétera y etcétera. minoría ínfima uno o dos años después estaba en el poder en Polonia.
Las intérpretes que estaban transmitiendo en vivo desde las cabinas Si esa era la información que los partidos les daban a sus partidos
no sabían si seguir traduciendo o callar, se formó un rumor de espanto hermanos, ¡cómo sería la que le suministraban al resto del mundo!
y finalmente la transmisión fue suspendida y los aparatos de comunica­ Lo mismo ocurrió con los sandinistas. Los soviéticos nunca creye­
ción apagados mientras el académico canoso continuaba en la tribuna ron en la revolución sandinista, les creyeron más a los compañeros del
vociferando contra el jefe del Estado y gesticulando de lo lindo, hasta Partido Socialista nicaragüense, que eran enemigos de los sandinistas
que varios de los dirigentes se pararon y se lanzaron sobre él y lo arras­ y aseguraban que se trataba de un grupo de aventureros que nunca
traron fuera del recinto. Por los micrófonos se escuchó que la sesión iba a conquistar el poder ni cosa parecida. Eso lo escuché en las re­
había sido levantada y todo el mundo desocupó la gran sala. Cuando, uniones de Praga, de labios de los comunistas nicaragüenses. Los so­
horas después, regresamos a nuestros puestos, noté que la silla de es­ viéticos tampoco creyeron en el cambio revolucionario que se aproxi­
paldar alto que había utilizado el disidente estaba vacía, trágicamen­ maba en Cuba, desconfiaron siempre del Movimiento 26 de Julio,
te vacía y sola, y el congreso continuó como si nada hubiera ocurrido. pensaban que era un movimiento de capas medias, y todo lo que olía
N o hubo ni la menor explicación para los delegados extranjeros. Yo a capas medias para los marxistas era desconfiable. De eso había que
regresé asqueado a mi puesto de trabajo y esta es la hora en que no sé desconfiar porque la única clase que podía transformar de verdad a la
si Romero rindió informe al partido colombiano sobre esa infamia. sociedad era la clase obrera. Si era la pequeña burguesía, si era la
Nunca pude encontrar en la prensa occidental que recibía en Praga clase media la que estaba comandando la cosa, desconfía de esa vai­
una crónica sobre ese lance, y no sé si el valiente anciano de Bucarest na porque ellos van a entregarse a la oligarquía prontamente... Ese
pudo conocer que su amo y su ama divinos habían sido ejecutados por era el criterio. Yo no sé por qué un partido tan poderoso como el sovié­
la población de esa ciudad en el mismo instante del juicio público que tico vivía tan mal informado de lo que ocurría en América Latina,
el pueblo les prodigó a la caída del régimen diez años después. porque en casi todo se equivocaba. Marx entendió la historia
JC C : ¿Cómo recibió usted la caída del muro de Berlín? anticolonial latinoamericana al revés y Lenin ni siquiera se da por
AD: Nuestra concepción política era muy subjetiva, y por eso lo enterado de ese lejano continente en sus obras. Esas son de las cosas
que ocurrió en Praga en el 68 y todo lo que se vivió después en Polonia, que yo logré captar en Europa, y de ahí puedes imaginarte las equivo­
esos eran para nosotros meros accidentes del terreno. Recuerdo que caciones que hubo en Afganistán o en el conflicto con China. Eso
una de las profesoras soviéticas más lúcidas y permisivas que trabajaban debe haber sido miedoso, ese mundo que nos iluminaba el camino de
aquí en las universidades de Bogotá en los años setenta, cuando ocu­ la revolución. Ese era el mundo de las verdades para nosotros y esa era
rrió lo de Polonia me explicó la cosa así: “No ha pasado nada, porque la luz que teníamos; la luz que teníamos era la ceguera sobre el proce­
Polonia no es un país socialista, Polonia está apenas en una transición so real del mundo contemporáneo. A nosotros nos sorprendió todo,
hacia un país socialista; eso sería inconcebible en un país como la del principio al fin, todo en aras del internacionalismo proletario que
Unión Soviética, allá no puede pasar eso. En Polonia no ha habido profesamos de buena fe. ¿Tú crees que algún comunista colombiano,

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calidad de presidenta de la Academia de Ciencias de Rumania como ninguna caída del socialismo, porque ahí no había socialismo”. Todo
en la leyenda del delirante emperador romano que nombró ministro a el asunto, pues, era fácil de resolver para el dogmatismo. Cuando yo
su caballo. De pronto le dieron la palabra a un hombre canoso, de estaba en Praga, meses antes de la caída del régimen polaco, antes de
movimientos elegantes, esa sí gloria de la academia rumana, cuyo que Solidaridad se lanzara a las calles en la protesta que desmoronó el
nombre no puedo recordar, que había tenido diferencias con el régi­ poder del Partido Obrero Unificado Polaco, los representantes lati­
men pero ahora había borrado presuntamente sus vacilaciones y gana­ noamericanos en la Revista pedimos una reunión con los compañeros
do nuevamente los favores del amo. El hombre pasó a la tribuna del del partido polaco para que nos explicaran si era cierto lo que decía la
gran teatro, opulento y profusamente iluminado, y se lanzó a una dia­ prensa occidental, y ellos vinieron a Praga y nos aseguraron que no
triba contra Cheauchescu en la que alcanzó a decir que ese hombre pasaba nada, que esas eran puras bullas de Lej Vauesa y su grupo
que aparecía como el padre de la patria no era más que un canalla Solidaridad, que era una minoría ínfima, etcétera. Y resultó que esa
que se burlaba de sus promesas hechas a la nación y etcétera y etcétera. minoría ínfima uno o dos años después estaba en el poder en Polonia.
Las intérpretes que estaban transmitiendo en vivo desde las cabinas Si esa era la información que los partidos les daban a sus partidos
no sabían si seguir traduciendo o callar, se formó un rumor de espanto hermanos, ¡cómo sería la que le suministraban al resto del mundo!
y finalmente la transmisión fue suspendida y los aparatos de comunica­ Lo mismo ocurrió con los sandinistas. Los soviéticos nunca creye­
ción apagados mientras el académico canoso continuaba en la tribuna ron en la revolución sandinista, les creyeron más a los compañeros del
vociferando contra el jefe del Estado y gesticulando de lo lindo, hasta Partido Socialista nicaragüense, que eran enemigos de los sandinistas
que varios de los dirigentes se pararon y se lanzaron sobre él y lo arras­ y aseguraban que se trataba de un grupo de aventureros que nunca
traron fuera del recinto. Por los micrófonos se escuchó que la sesión iba a conquistar el poder ni cosa parecida. Eso lo escuché en las re­
había sido levantada y todo el mundo desocupó la gran sala. Cuando, uniones de Praga, de labios de los comunistas nicaragüenses. Los so­
horas después, regresamos a nuestros puestos, noté que la silla de es­ viéticos tampoco creyeron en el cambio revolucionario que se aproxi­
paldar alto que había utilizado el disidente estaba vacía, trágicamen­ maba en Cuba, desconfiaron siempre del Movimiento 26 de Julio,
te vacía y sola, y el congreso continuó como si nada hubiera ocurrido. pensaban que era un movimiento de capas medias, y todo lo que olía
N o hubo ni la menor explicación para los delegados extranjeros. Yo a capas medias para los marxistas era desconfiable. De eso había que
regresé asqueado a mi puesto de trabajo y esta es la hora en que no sé desconfiar porque la única clase que podía transformar de verdad a la
si Romero rindió informe al partido colombiano sobre esa infamia. sociedad era la clase obrera. Si era la pequeña burguesía, si era la
Nunca pude encontrar en la prensa occidental que recibía en Praga clase media la que estaba comandando la cosa, desconfía de esa vai­
una crónica sobre ese lance, y no sé si el valiente anciano de Bucarest na porque ellos van a entregarse a la oligarquía prontamente... Ese
pudo conocer que su amo y su ama divinos habían sido ejecutados por era el criterio. Yo no sé por qué un partido tan poderoso como el sovié­
la población de esa ciudad en el mismo instante del juicio público que tico vivía tan mal informado de lo que ocurría en América Latina,
el pueblo les prodigó a la caída del régimen diez años después. porque en casi todo se equivocaba. Marx entendió la historia
JC C : ¿Cómo recibió usted la caída del muro de Berlín? anticolonial latinoamericana al revés y Lenin ni siquiera se da por
AD: Nuestra concepción política era muy subjetiva, y por eso lo enterado de ese lejano continente en sus obras. Esas son de las cosas
que ocurrió en Praga en el 68 y todo lo que se vivió después en Polonia, que yo logré captar en Europa, y de ahí puedes imaginarte las equivo­
esos eran para nosotros meros accidentes del terreno. Recuerdo que caciones que hubo en Afganistán o en el conflicto con China. Eso
una de las profesoras soviéticas más lúcidas y permisivas que trabajaban debe haber sido miedoso, ese mundo que nos iluminaba el camino de
aquí en las universidades de Bogotá en los años setenta, cuando ocu­ la revolución. Ese era el mundo de las verdades para nosotros y esa era
rrió lo de Polonia me explicó la cosa así: “No ha pasado nada, porque la luz que teníamos; la luz que teníamos era la ceguera sobre el proce­
Polonia no es un país socialista, Polonia está apenas en una transición so real del mundo contemporáneo. A nosotros nos sorprendió todo,
hacia un país socialista; eso sería inconcebible en un país como la del principio al fin, todo en aras del internacionalismo proletario que
Unión Soviética, allá no puede pasar eso. En Polonia no ha habido profesamos de buena fe. ¿Tú crees que algún comunista colombiano,

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comenzando por mi persona, creyó alguna vez que la Unión Soviética presentaba y, por lo visto, estaban en lo cierto, como el personaje de
se iba a derrumbar? Tal vez llegamos a pensarlo pero el pensamiento Chespirito. Entonces, figúrate, con todas esas armas ideológicas tan
nunca se atrevió a salir de nuestra boca. Cada vez que caía un gobier­
desgastadas y sin sustento nosotros atravesamos los años sesenta hacia
no socialista y triunfaba la insurgencia popular decíamos: “pero la URSS,
donde teníamos que llegar, que no fue otra cosa que la supeditación
el faro del mundo, sigue firme”. Revisa las tesis y los documentos del final de la lucha política por la lucha armada.
partido colombiano después del año 80, hasta la caída del muro en el
Todo esto que estoy diciendo no me lo estoy inventando ahora. Lo
año 89 y la disolución de la URSS en el 91; en esos diez años ¿cuántas dije desde que lo sentí así y lo repetí aunque nadie creyera en mis
veces la dirección del Partido Comunista Colombiano aceptó que ha­
palabras o más bien se hicieran los locos y me dejaran con la palabra
bía una crisis en el socialismo? Nunca, nunca lo aceptó, nunca apare­
en la boca, como maniático del antisovietismo. Llegó el momento en
ce la expresión “crisis en el sistema socialista”, porque ese sistema no que me convencí de que ellos no querían cambiar, que les daba miedo
podía tener crisis, así como un país dirigido por trabajadores no podía cambiar. Reflexioné que los revolucionarios queríamos que todo el
tener huelgas de trabajadores. ¿Cómo el gobierno de todo el pueblo va mundo alrededor nuestro debía cambiar para bien de la humanidad,
a tener crisis, compañero, cómo el gobierno de los trabajadores va a menos nosotros mismos. Que solo la lucha revolucionaria y sus parti­
tener huelga de los trabajadores? Eso era absurdo, ilógico. Y hoy toda­ dos escapaban a la ley del cambio dialéctico que sosteníamos como
vía muchos camaradas siguen creyendo que el derrumbe del socialis­ principio universal. Era una variante de la ley del cambio que se ex­
mo fue producto de una confabulación del imperialismo norteameri­ pone en “Gatopardo”: que todos los demás cambien para que nosotros
cano y la CIA y que el asunto central estuvo en que algunos dirigentes sigamos igual.
del pcus, como Garbachov, se voltearon, fueron unos traidores. Gilberto
Vieira, en una entrevista que le hice en sus últimos años de vida, me
explicó que la Unión Soviética se derrumbó a causa de que el Partido
Comunista se burocratizó, se olvidó de las masas del pueblo, de la
educación política de la gente, se dio al manejo de los aparatos y no
trabajó las conciencias. Lo de la pérdida de la competencia mundial
por el control de la economía habría sido cosa secundaria, y la falta de
libertades públicas tampoco habría tenido mayor influencia en los
hechos. Pero los hechos de la historia dicen lo contrario. Lenin lo
planteó desde el comienzo del régimen soviético y eso mismo lo repitió
el PCUS durante años: vamos a entrar en la competencia mundial con
el capitalismo, la vamos a desarrollar en paz y contra la guerra y la
vamos a ganar, y eso será lo fundamental de nuestra revolución: que
nosotros le ganaremos pacíficamente al capitalismo en la competen­
cia decisiva, la competencia económica. En una reunión cimera de
los partidos realizada en 1957, creo que en Berlín, los partidos de los
países socialistas trazaron incluso fechas para ganar la confrontación
económica con el mundo capitalista: dentro de doce años estaremos
produciendo más acero que el resto del campo capitalista, dentro de
veinte años nuestra producción agrícola habrá alcanzado las metas, y
así por el estilo. Los chinos fueron los únicos que dijeron: nosotros
somos un país pobre, un país del tercer mundo, y no podemos ponemos
metas tan altas. Ellos fueron más lúcidos al mirar el futuro que se les

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277

k
Opiniones respetuosas sobre la fuerza está. En cuanto a las luchas sociales, los años ochenta, por lo menos, y
los noventa, han sido la cúspide de las luchas de los movimientos
sociales. En los registros que llevamos en el cinep esos años tienen
mucha figuración en comparación con cualquier otro decenio pasa­
JC C : La década de los 70: ahí usted dice que es un desierto de do, más que todo en relación con los asalariados, pero a partir de los
la guerrilla y un auge de los movimientos sociales y el surgimiento años noventa el movimiento cívico adquiere un poco de más ventaja
de una nueva guerrilla urbana, en que usted mencionaba que estuvie­ sobre el m ovim iento sin dical; aparecen los indígenas y los
ron Bateman, Pizarro y los demás. ¿Qué son los setenta para usted? afrocolombianos, las mujeres y los grupos religiosos, aparece toda esta
AD: Eso es parcialmente cierto, porque fíjate que el auge del cosa nueva de los derechos humanos, de los niños y los homosexuales,
movimiento armado llega hasta la mitad de los años setenta, y en y entonces se enriquece mucho la gama de presentación de los movi­
seguida comienza a recibir los primeros golpes duros. Por ejemplo, en mientos civiles. Al final de la década de los noventa el movimiento de
los casos de Puerto Boyacá y Yacopí, puntos donde con claridad comien­ protesta popular tradicional comienza a decaer.
za a recular el movimiento armado. Un reciente estudio que ha hecho ¿Qué más te diría? Que ya en los años setenta apareció un poco la
un equipo del cinep sobre el Magdalena Medio en los años noventa terminación de ciertas tareas laborales. Por ejemplo, los cementeros
muestra cómo los destacamentos de las farc se van moviendo hacia llegan a unificar ingresos salariales en el conjunto del país, pero el
el norte de la región, hasta llegar a tocar lo que finalmente encontraron: proceso reaccionario impide que los cementeros construyan un sindi­
los paramilitares del norte, sobre todo de Córdoba. La guerrilla siem­ calismo de industria. Llegaron a tener hasta sindicato de industria,
pre ha sido fuerte en sus territorios históricos del sur del país y comen­ como lo tienen todavía, pero nunca consiguieron mantener una ne­
zaba a serlo también en la parte central, pero llegó el momento en que gociación de cobertura nacional, como tampoco pudieron sostenerla
fueron tales los errores políticos cometidos, que la gente de muchos los eléctricos. Y cosa parecida sucedió con los bananeros de Urabá y
sitios comenzó a rechazar la presencia guerrillera, y a eso se sumaron la zona bananera del Magdalena, que siguen negociando convencio­
los desastres militares del eln. La dirección del conflicto social fue nes, pero bajo el control que impusieron los paramilitares luego de
finalmente desinstalada en el centro y los guerrilleros perseguidos hacia ponerles fin a las matanzas. Es que la guerra interna frustró todo eso.
el norte a partir de Yacopí, y perdieron todas las posiciones políticas A mí me parece que la guerra ha sido el peor obstáculo que se ha
que habían ganado. Se perdieron trabajos políticos bellísimos, como atravesado en las luchas sociales colombianas para que ellas en los
los de Yacopí, Puerto Boyacá, Puerto Nare, los trabajos con los campe­ años ochenta y noventa hubieran podido ser una fórmula de cambio,
sinos y los colonos del Magdalena Medio. Claro que había muchas una fórmula alternativa. Los sectores de izquierda se entusiasmaron
dificultades, pero lo que se estaba haciendo era para construir allí con la guerra, se entusiasmaron con el uso de la fuerza y comprome­
organización revolucionaria en el campo y no para quedarse simple­ tieron a todo el movimiento sindical. Muchos sindicatos salieron gran­
mente haciendo labor sindical en La Sierra o Barranca, sino para mi­ demente afectados por su apoyo real o aparente a los actores armados,
rar que había un mundo que estaba a su alrededor. Una de las perso­ así ese apoyo no fuera orgánico, así fuera un poco la admiración de los
nas que estaba más empapada de ese trabajo, Julio César Uribe, trabajadores socializados por el movimiento armado. Como los guerre­
dirigente de los cementeros de Puerto Nare a quien conocí y admiré ros estaban en otro paseo, en el paseo de la creación de un ejército de
toda la vida, emprendió y encabezó todo eso que yo llamaría una es­ liberación, entre las dos fuerzas nunca hubo una identificación de
pecie de gesta de los obreros hacia los campesinos y la población de las objetivos estratégicos; simplemente lo que hubo fue una manipula­
pequeñas poblaciones, todo eso que fue frustrado por los errores polí­ ción, una instrumentalización de los sectores sociales por la guerrilla.
ticos de la izquierda armada y la contraofensiva brutal de la derecha. Yo no veo que cuajara nunca ese programa agrario de las FARC, por
Entonces, sí, yo sí creo que en los años setenta hay un reflujo del ejemplo. Era un programa excelente pero si tú recorres la historia de
movimiento armado y que después de los ochenta es cuando ese mo­ las FARC, ¿qué te encuentras, por ejemplo, en relación con los indíge­
vimiento vuelve y toma los alientos que lo han colocado ahí donde nas? Que desde la creación de las farc el choque con los indígenas

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está planteado; ellos nunca entendieron -y tal como van hoy las cosas organizaciones del pueblo lo que hicieron fue continuarla y perfeccio­
no van a entender nunca- qué es esa vaina del movimiento indígena. nar sus estragos, en Urabá y en otros lugares. Los paramilitares no
Hay estudiosos sociales que sostienen que en Colombia no existe otro hicieron sino cosechar el fruto envenenado que los grupos guerrilleros
movimiento social que ese, el indígena, y que no se puede hablar de les pusieron en la mano. La gente común y silvestre no se rige por
movimiento obrero de verdad porque nunca existió entre nosotros la ideales sino por hechos y soluciones reales, y la gente se voltea rápida­
clase obrera de verdad, tal como se conoció en los países capitalistas mente para el que mejores cosas le ofrezca. Así es la vida, no como nos
desarrollados. Es que los que luchan por la liberación nacional con las la contaron, aunque ya el mismo Marx lo había escrito: que las perso­
armas en la mano toda la vida han tenido hacia el movimiento indí­ nas no se movilizan a la lucha por ideas sublimes sino por objetivos
gena una actitud por lo menos displicente, de desconfianza política materiales concretos.
absoluta, y los consideran de hecho incapaces de sostener una actitud JC C : ¿Qué opina de la décima conferencia de las farc hecha a
política independiente, de ser aliados de una causa de liberación; los principios de los años ochenta?
estiman como los ha estimado el partido liberal: una chusma a la que AD: No puedo distinguir esas conferencias por su numeración,
los gobiernos de tumo manejan a su antojo dándole regalitos, palas, como tampoco los congresos o plenos del partido, pero entiendo que a
azadones, anzuelos, y si no se dejan, bala. Así los ven y para ellos, de mediados de los ochenta las FARC ratificaron y ahondaron la ruta de la
hecho, no hay revolución social sino dura mano de hierro, igual que lucha armada como forma principal de lucha. A eso me referí en el
lo hacen los paramilitares. último pleno del Comité Central al cual asistí. Planteé que el partido
El conflicto armado acabó con la organización sindical y coopera­ no tenía futuro amarrado a la lucha armada, que debía cambiar, in­
tiva en el campo. Incluso con la que puso a servirle de apoyo, porque cluso de nombre si era necesario, y llamarse socialista, socialdemócra-
la naturaleza de tales organizaciones no es la lucha armada sino la ta o lo que fuera, pero deshacerse de la coyunda de la lucha armada.
negociación, la conciliación de diferencias, la creación de fuentes de Lo hice sin la menor esperanza de que la propuesta fuera siquiera
trabajo, el mejoramiento de los servicios para las comunidades. Me considerada, y me sorprendió que una persona, Julio Silva Colmena­
pregunto qué ha sucedido con las organizaciones del campo, los sindi­ res, se levantara y dijera que él estaba de acuerdo con toda mi inter­
catos y cooperativas agrarias que se crearon en el campo y que hicie­ vención y anunciaba que desde ese momento él se retiraba del parti­
ron labor importante por la gente. Yo nunca he visto un examen de la do. Era la segunda vez que lo hacía y yo mismo había censurado el
labor de las cooperativas y sindicatos agrarios que crearon cooperati­ hecho de que hubiese sido admitido de nuevo en las filas, pero esa vez
vas multiactivas, por ejemplo, para dar crédito a campesinos sin tierra fue la definitiva. Así que ni siquiera me gané un voto. Era para reír
y a los campesinos pobres, para dar créditos para la producción, la pero nadie rió. El partido ya no era la organización distensionada y
protección del ambiente, la reforestación, la contención de los culti­ hasta graciosa de los años cincuenta y sesenta, cuando Martín Camargo
vos de uso ilícito, etcétera. Qué se hicieron todas esas cooperativas y Barrero rugían en la tribuna y todos se divertían escuchando sus
allí donde fueron pasando las guerrillas y los paras, por qué no volvie­ extravíos. Hasta eso habíamos perdido. Ahora, cuando se trataba de
ron a sonar ni a tronar. ¿Todas fueron utilizadas por los grupos arma­ desafiar o no desafiar al movimiento armado, todo se había tornado
dos? ¿A todas las acabaron ellos? Es que, por ejemplo, lo que hicieron repentinamente patético.
los del epl en Urabá con los bananeros, eso es una historia aparte, una
verdadera tragedia política. Los testimonios que he leído sobre eso JC C : Redondée su pensamiento. ¿Qué quiere decir con eso?
hacen ver que ellos estaban conscientes del daño