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ALGUNOS EFECTOS PREOCUPANTES DE LA INFLACIÓN.

Efectos negativos.

Las tasas de inflación elevadas e impredecibles son consideradas nocivas para


la economía. Añaden ineficiencias e inestabilidad en el mercado, haciendo difícil
la realización de presupuestos y planes a largo plazo. La inflación puede actuar
como un lastre para la productividad de las empresas, que se ven obligadas a
detraer capital destinado a la producciones de bienes y servicios con el fin de
recuperar las pérdidas causadas por la inflación de la moneda. La incertidumbre
sobre el futuro del poder adquisitivo de la moneda desalienta la inversión y el
ahorro.

La inflación puede también imponer aumentos de impuestos ocultos: los ingresos


inflados pueden implicar un aumento de las tasas de impuesto sobre la renta si
las escalas de impuestos no están indexadas correctamente a la inflación. Sin
embargo, tasas de inflación moderadas no parecen tener efectos negativos
sobre las economías, así un estudio de Robert Barro, muestra que
estadísticamente que una inflación inferior al 8-10% no muestra correlación
negativa con la tasa de crecimiento del país.1 Otros estudios empíricos sitúan el
umbral a partir del cual la inflación puede ser realmente dañina en el 20 o el
40%.

Perjuicio para los acreedores

La inflación es perjudicial para aquellas personas acreedoras de montos fijos, ya


que el valor real de la moneda decrece con el tiempo y su poder de compra
disminuirá. Contrariamente aquellos deudores a tasa fija se verán beneficiados,
ya que su pasivo real irá disminuyendo.

Como consecuencia de los puntos anteriores, surge lo que se suele denominar


“inflación autoconstruida”. Este fenómeno consiste en trasladar el aumento de
precios hacia delante en el tiempo, esto es así ya que las personas esperan que
la inflación continúe como en períodos anteriores. Así se genera un espiral
inflacionario, en el que se indexan contratos, se aumentan los sueldos y los
precios por expectativas futuras.

Pérdida de poder adquisitivo

En primer lugar, el deterioro del valor de la moneda es perjudicial para aquellas


personas que cobran un salario fijo, como los obreros y pensionados. Esa
situación se denomina pérdida de poder adquisitivo para los grupos sociales
mencionados. A diferencia de otros con ingresos móviles, estos ven cómo se va
reduciendo su ingreso real mes a mes, al comparar lo que podían adquirir con lo
que pueden comprar tiempo después. Sin embargo, debe señalarse que si los
salarios son rápidamente ajustados a la inflación se mitiga o elimina la pérdida
de poder adquisitivo de algunos grupos sociales.

Con alta inflación, el poder adquisitivo se redistribuye desde las personas,


empresas e instituciones con ingresos fijos nominales, hacia las que tienen
ingresos variables que pueden seguir el ritmo de la inflación. Esta redistribución
del poder de compra también se produce entre los socios comerciales
internacionales. Si existen tasas de cambio fijo, una economía con mayor
inflación que otra hará que las exportaciones de la primera sean más costosas,
afectando la balanza comercial. También pueden generarse efectos negativos
para el comercio debido a la inestabilidad en los precios de cambio de divisas.
Efectos positivos[editar]
Los efectos positivos incluyen la posibilidad de los bancos centrales de los
estados de ajustar las tasas de interés nominal con el propósito de mitigar una
recesión y de fomentar la inversión en proyectos de capital no monetarios.
Mercado de trabajo-ajustes[editar]
Los keynesianos creen que los salarios nominales son rápidos para subir, pero
lentos para ajustarse hacia la baja. Si los salarios están sobrevaluados, esta
diferencia de velocidad de ajuste conduce a un desequilibrio prolongado,
generando altas tasas de desempleo. Dado que la inflación sería menor que el
salario real, si los salarios nominales se mantuvieran constantes, los
keynesianos argumentan que un poco de inflación sería buena para la economía
ya que permitiría a los mercados de trabajo alcanzar un equilibrio con mayor
rapidez.
Margen de maniobra[editar]
Las herramientas principales para el control de la oferta de dinero son la
capacidad de fijar la tasa de descuento, la tasa a la cual los bancos pueden pedir
prestado al banco central, y las operaciones de mercado abierto que son las
intervenciones del banco central en el mercado de bonos con el objetivo de
afectar las tasas de interés nominales. Si una economía se encuentra en una
recesión con un interés nominal bajo, entonces el banco encuentra límites para
reducir las tasas aún más con el fin de estimular la economía (ya que las tasas
negativas de interés nominal son imposible). Esta situación se conoce como una
trampa de liquidez. Un nivel moderado de la inflación tiende a garantizar que las
tasas nominales de interés se mantengan bastante por encima de cero, de modo
que, si surge la necesidad, el banco puede reducir la tasa de interés nominal.
Crecimiento e inversión productiva[editar]
La experiencia concreta de países concretos parece indicar que una inflación
alta es compatible con el crecimiento económico rápido. En las décadas de 1960
y 1970, Brasil presentó una tasa media de inflación del 42%, pero fue una de las
economías que más rápidamente crecieron en el mundo, y su renta per cápita
aumentó un 4,5% anual.10 Durante el mismo período, los ingresos per cápita de
Corea del Sur crecían el 7% anual, pese a una tasa media de casi el 20%.10
Existen varias explicaciones de esto, entre ellas está que con una inflación
elevada, la rendibilidad neta de las inversiones financieras, que es igual al interés
nominal menos la inflación, decae mucho y en esas circunstancias la inversión
no financiera en la economía productiva es más atractiva. Por si fuera poco las
políticas antiinflacionistas pueden ser perjudiciales para la economía. Desde
1996, Brasil tras padecer una hiperflación empezó a controlar subiendo los tipos
de interés efectivos hasta el 10-12% (cifra entre las mayores del mundo), la
inflación cayó al 7,1% pero también se resintió el crecimiento que no pasó del
1,3%.10 También Sudáfrica tuvo una experiencia similar en 1994, cuando
empezó a dar prioridad absoluta al control de la inflación y elevó los tipos de
interés a los niveles brasileños.
El desempleo
Lo más importante es tener claro que al estar en paro o en desempleo no es
sinónimo de estar parado. A algunos les sorprende leer “en búsqueda activa
de empleo”, esta es una expresión que tiene su razón de ser, pues buscar trabajo
no solamente es estar dado de alta en portales de búsqueda de empleo sin más,
sino que va mucho más allá: seguir empresas de tu sector o del sector en el que
quieres introducirte, por ejemplo, y estudiarlas, saber perfectamente a qué se
dedican, informarse acerca de la trayectoria profesional de sus trabajadores,
modificar cada currículum a cada oferta, etc.

Los períodos de desempleo son ocasiones muy buenas para estudiarse a uno
mismo, para analizarse. Después de haber estado en activo varios años, o
después de haber estado estudiando, a veces nos olvidamos de nosotros
mismos. El paso del tiempo va siempre acompañado de cambios, no solo a
nuestro alrededor sino en nosotros. Cambiamos, evolucionamos, nuestros
intereses y gustos no siempre son los mismos. Quizás ahora es el momento de
saber si queremos seguir por el mismo camino o si en realidad debemos de
aprovechar la oportunidad para realizar un viraje en nuestra profesión.

Son muchas las formas de aprovechar el tiempo de desempleo, lo más


importante es no desanimarse. Trata de marcarte una rutina diaria, tu rutina,
cada uno tenemos la nuestra dependiendo de nuestra personalidad y de
nuestras circunstancias. Nunca dejes de formarte, ya sea vía online - en la
actualidad hay multitud de recursos gratuitos o a muy bajo precio que merecen
mucho la pena – u offline. Acude a jornadas de orientación laboral, conoce
gente nueva (o como me gusta decir, amplía tu cartera de amigos y conocidos),
haz voluntariado, etc.

1. Trabajo e identidad personal

Para muchas personas el trabajo supone una seña de identidad. A través de


él encuentran un lugar en la sociedad, se sienten útiles, les proporciona un status
social y lo consideran como el medio para entrar a formar parte de la dinámica
de la vida, para participar de la sociedad.

En este sentido, el desempleo supone el aislamiento social. El desempleado


no sólo pierde los contactos con las personas que se relacionaba
profesionalmente, sino que tiende a encerrarse en sí mismo y a dejar de
relacionarse con los demás. Se siente inseguro y desvalorizado.

Para la mayoría de las personas, estar inactivos y no desarrollar ninguna


función laboral les impide tener un rol social con el que identificarse, lo que le
afecta negativamente en su personalidad. El trabajo aporta un sentido de
identidad.

2. Consecuencias del desempleo

El desempleo conlleva una disminución de los ingresos y, por tanto,


produce cambios en el estilo de vida. Se producen cambios radicales en la
forma de vivir, pues se vive con la incertidumbre de no saber cuánto tiempo
durará esa situación. En tales circunstancias, se tiende a ser precavidos y
reducir drásticamente los gastos.

Tiene una gran repercusión en el ámbito familiar, intensificando las


relaciones existentes con anterioridad. Puede producir gran tensión y
desestabilizar las relaciones familiares perjudicándolas o, por el contrario, la
familia puede ser el gran apoyo y encontrar en ella el empuje y ayuda necesaria
para buscar otro empleo, transmitiéndole confianza y seguridad.

La pérdida de empleo también produce una reducción de las relaciones


sociales.Inevitablemente se pierde el contacto con aquellas personas que son
imprescindibles para poder desarrollar nuestro trabajo. Además, es un medio
para relacionarnos y hacer grandes amistades. Por otro lado, las dificultades
económicas disminuyen los contactos sociales, no hay tanta disponibilidad para
salir a cenar, ir de copas o realizar actividades que supongan un gasto.

El desempleo puede traer consecuencias psicológicas negativas como


disminución de la autoestima, depresión, ansiedad, etc. Produce un
empobrecimiento del concepto que se tiene de uno mismo.

3. Cómo afecta al desempleado

La forma de reaccionar ante el desempleo dependerá entre otros factores


de la personalidad de cada uno. Hay quienes con inmediatez empiezan a
movilizarse para salir de esa situación, actuando de forma positiva y
esperanzada, confiando en sus posibilidades, y otros, por el contrario se sienten
hundidos y sin fuerzas para iniciar la búsqueda de empleo, pierden la confianza
en sí mismo y en sus capacidades.

No obstante, hay una serie de sentimientos comunes que sufren quienes han
perdido su trabajo. Entre ellos destacamos los siguientes:

 Sentimiento de vergüenza. La persona desempleada suele sentirse


avergonzada por esa situación, responder a la simple pegunta "¿en qué
trabajas?", les produce malestar. Este sentimiento surge tanto por el hecho
de estar desempleado como por tener que buscar un empleo. La intensidad
en que se sufre dependerá de diversos factores como la edad o el tiempo
que lleve desempleado.
 Sensación de fracaso. Es frecuente encontrar personas desempleadas con
sensación de fracaso, por no haber logrado permanecer en ese puesto de
trabajo, con la sensación de haber fallado.
 El sentimiento de culpa también es frecuente ante estas situaciones.
Muchas veces la propia persona llega a culparse por es situación, pensando
que no ha sido lo suficientemente válido en el desarrollo de sus funciones y
no ha sabido mantener su puesto de trabajo, sin tener en cuenta los factores
externos que han podido generar esa situación como la necesidad de reducir
plantilla o el cierre de la empresa.
El desempleo no afecta por igual a todas las personas, su efecto no es
comparable en una persona joven e independiente que ha perdido su empleo
con un padre de familia que tiene que hacer frente a los gastos familiares.

El padre de familia no solo deja de ingresar dinero en su casa, sino que además
considera que su rol de cabeza de familia queda desvalorizado, se siente
impotente y frustrado. <>Hay que reaccionar y salir de esa situación, dejar de
autocompadecerse y buscar soluciones.