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EXP. N.

° 02147-2010-PHC/TC
Caso Nancy Aurora Linares Ari

1.- ANÁLISIS DEL DERECHO INVOCADO:

El derecho que se vulnera en el presente caso es el de la restricción a la libertad de tránsito o de


locomoción presuntamente producidas por haberse instalado en una vía de uso público un
sistema de control mediante rejas. Se trata, por consiguiente, no de un supuesto de detención
arbitraria frente al que normalmente procede un hábeas corpus de tipo reparador, sino de un
caso en el que se denuncia una restricción a la libertad individual distinta a los supuestos de
detenciones arbitrarias o indebidas; se configura, por tanto, el supuesto del denominado hábeas
corpus de tipo restringido.

El hábeas corpus restringido se emplea cuando la libertad física o de locomoción es objeto de


molestias, obstáculos, perturbaciones o incomodidades que, en los hechos, configuran una seria
restricción para su cabal ejercicio, es decir, que en tales casos, pese a no privarse de la libertad
al sujeto, "se le limita en menor grado”.

Si bien es cierto que las personas tienen derecho a la libertad de tránsito según el artículo 2º,
inciso 11), de la Constitución, donde señala que las personas tienen la posibilidad de desplazarse
en función de las propias necesidades y aspiraciones personales a lo largo y ancho del territorio,
así como la de ingresar o salir de él, cuando se desee , únicamente puede restringirse o regularse
el tránsito libre cuando se trate de acciones que vienen directamente del Estado como por
ejemplo el control de tránsito efectuado por los Gobiernos Municipales.

Cuando se trate de particulares que restringen el tránsito libre, existe la necesidad de determinar
si existe alguna justificación sustentada en la presencia o ausencia de determinados bienes
jurídicos y la más frecuente de las formas a través de las cuales se ven restringidas las vías de
tránsito público es la protección del bien jurídico de Seguridad Ciudadana, acto que no deviene
en inconstitucional, es por ello que la instalación de rejas o mecanismos de seguridad en las vías
de tránsito público se ha vuelto una práctica muy común entre los vecinos de las diferentes
localidades, aunque queda claro que no podrían implementarse estas rejas en avenidas de
tránsito fluido en zonas en las que el comercio es frecuente, sólo se limita a determinados
perímetros.

Entonces, el Tribunal Constitucional ha aplicado la teoría relativa, donde no se permite la


supresión del derecho en el caso concreto, sino que ante del establecimiento de rejas como
medida de seguridad vecinal frente al incremento de la delincuencia, el Tribunal analizó la
restricción del derecho a la libertad de tránsito sobre la base del bien jurídico constitucional
seguridad ciudadana, es así que el TC ha precisado que la instalación de rejas como medida de
seguridad vecinal no es inconstitucional, si se parte de la necesidad de compatibilizar o encontrar
un marco de coexistencia entre la libertad de tránsito como derecho y la seguridad ciudadana
como bien jurídico.
Como lo ha sostenido la Defensoría del Pueblo en el Informe Defensoría N.° 81 sobre Libertad de
tránsito y seguridad ciudadana, los enrejados en las vías públicas de Lima Metropolitana, emitido
en el mes de enero de 2004, pp. 42, “No se puede admitir un cierre absoluto de una vía pública,
ya que ello afectaría el contenido esencial del derecho al libre tránsito. Consecuentemente, se
debe garantizar que los enrejados no sean un obstáculo para el ejercicio del derecho al libre
tránsito, sino sólo una limitación razonable y proporcional. Ello quiere decir que dicha medida
tiene que estar justificada por los hechos que le han dado origen, el crecimiento de la
delincuencia; por la necesidad de salvaguardar un interés público superior, la protección del bien
jurídico de seguridad ciudadana; y debe ser proporcionada a los fines que se procuran alcanzar
con ella.”

De lo expuesto por el TC, se puede destacar que lo más factible es establecer límites al derecho
a la Seguridad Ciudadana pero imposible restringirlo totalmente, ya que se estaría vulnerando
ese derecho como tal, sin embargo , ningún derecho constitucional puede estar por encima del
otro, tal como en el presente caso que el derecho a la seguridad ciudadana está afectando el
derecho al libre tránsito, tal y como lo hace el enrejado de la Jr. Villa Alta y el Pasaje José Olaya ,
que además de no contar con la autorización de la Municipalidad Distrital de Independencia, se
tiene que según el Acta de la Inspección Ocular realizada por disposición de la Juez de la
investigación sumaria , esta se encuentra cerrada y sin vigilancia, no demostrándose además que
se haya instalado para la protección o defensa de otro bien jurídico, afectando notoriamente el
acceso libre de los vecinos de dicha zona, es por ello que el TC declara fundado en parte el
recurso presentado por la recurrente, fallo con el que estoy de acuerdo.

Por otro lado tenemos los enrejados ubicados en el Jr. Villa Alta cruce con la Av. Dos de marzo y
Jr. Villa Alta cruce con pasaje 9 de Octubre que sí contaban con la autorización de la
Municipalidad Distrital de Independencia, que según Acta de Inspección Ocular, ambas rejas se
encontraban abiertas pero sin vigilancia, motivo por el cual declaran infundado el recurso
presentado, delegando responsabilidad a la Municipalidad Distrital de Independencia a tomar
las medidas necesarias conforme a lo señalado en el fundamento 11 que señala que los directivos
de comité, deberán asegurar de manera permanente la presencia de vigilantes de seguridad en
las horas que permanezca cerrada las rejas para facilitar el ingreso de las unidades de
emergencia, fallo con el que estoy de acuerdo, ya que al existir una autorización por parte de
dicha Municipalidad, existe también una reglamentación así como sanciones por el no
cumplimiento de los requisitos establecidos.

Es por ello que el mecanismo implementado o la forma de utilizar este derecho no debe resultar
irrazonable, desproporcionado o lesivo de cualquiera de los derechos constitucionales que
reconoce el ordenamiento, debiendo de cumplir con las regulaciones para la instalación de la
rejas o cercos, garantizando que estas no sean un obstáculo para que las personas puedan
transitar libremente y esto se logra mediante la implementación de personal de vigilancia las 24
horas del día, que puedan abrir o cerrar las rejas, permitiendo el tránsito fluido de los vecinos sin
ningún obstáculo, además de demostrar que dichos enrejados metálicos sean instalados para la
defensa del bien jurídico constitucional de seguridad ciudadana.

2.- ANALISIS DE LOS HECHOS:


Con fecha 28 de marzo de 2007, la recurrente interpone demanda de amparo contra la
Municipalidad Distrital de Independencia para que se disponga el retiro de las rejas metálicas
instaladas por la Junta Vecinal Villa Alta y los pobladores del Comité 11, ya que se está afectando
su derecho a la libertad de tránsito.

La Municipalidad emplazada, por Resolución N° 022-2006-GGU-MDI, de fecha 10 de marzo de


2006, autorizó la instalación de una reja metálica por el periodo de un año.

Dicha reja se ubicaría en la intersección de la Av. 2 de marzo con Jr. Villa Alta, sin embargo se
instalaron tres rejas, lo que viene causando grave perjuicio a las personas que vienen transitando
por el Jr. Villalta.

Finalmente, respecto a la reja metálica que cuenta con la autorización indica que el plazo
establecido en la Resolución Municipal citada ha vencido, por lo que debe disponerse el retiro
de las tres rejas metálicas por no contar con la autorización del ente competente.

Tramitado el proceso de amparo, la Corte Superior de Justicia de Lima, declara la improcedencia


de la demanda en atención a que por su naturaleza de pretensión no puede ser tramitada en el
proceso de amparo sino en el de hábeas corpus, y se remita los actuados al juzgado Penal
competente. Luego se dispone la admisión a trámite de la demanda de hábeas corpus teniendo
como demandados a la Junta Vecinal Villa Alta y los pobladores del Comité 11 y a la
Municipalidad de Independencia.

La demandante señala que las rejas instaladas afectan su derecho al libre tránsito, porque en
algunas oportunidades están abiertas y en otras cerradas; es decir, que no existe horario
establecido, además los emplazados han utilizado un espacio como cochera frente a la casa
donde vive.

Los emplazados, integrantes del Comité 11, señalaron que se ha realizado la instalación de tres
rejas metálicas con autorización de la Municipalidad emplazada y que éstas no obstaculizan el
libre tránsito, asimismo, manifiestan que la reja que se encuentra ubicada en la esquina de Jr.
Villa Alta con la Av. Dos de marzo y del Jr. Villa Alta con el Pasaje Nueve de Octubre están abiertas
las 24 horas, teniendo vigilancia permanente la primera reja, y que la reja ubicada en el límite
entre el Volante y El Milagro se cierra a las doce de la noche y se abre a las 5 de la mañana, siendo
una vecina la encargada de tal función y finalmente que la Procuradora de la Municipalidad de
Independencia refiere que la Municipalidad referida autorizó la instalación de 2 rejas metálicas
ubicadas en el Jr. Villa Alta, cruce con Av. Dos de Marzo y en el Jr. Villa Alta, cruce con el Pasaje
9 de Octubre del Asentamiento Humano El Volante.

El Décimo Tercer Juzgado Especializado Penal de Lima, con fecha 10 de junio de 2009 declara
fundada la demanda considerando que los emplazados no han cumplido las disposiciones
exigidas por la Municipalidad de Independencia, dado que las rejas no cuentan con vigilancia
permanente ni con las señalizaciones requeridas.La Sala Superior revisora por Resolución de
fecha 11 de enero de 2010 declara fundada, en parte, la demanda en el extremo referido a la
colocación del elemento de seguridad instalado al final del Jr. Villa Alta, ya que las otras 2 rejas
se encuentran abiertas.
En este contexto se interpone el recurso de agravio constitucional argumentándose que la Sala
revisora ha incurrido en un error puesto que las rejas ubicadas entre el Jr. Villa Alta y la Av. 2 de
Marzo se encuentran cerradas, sin vigilantes y con candado, afectándose así su derecho a la
libertad individual. Asimismo, se arguye que la autorización municipal otorgada ya ha vencido,
por lo que las rejas colocadas en las intersecciones de Jr. Villa Alta y 2 de marzo del pueblo joven
El Volante, el pasaje Olaya y al final de Jr. Villa Alta deben ser retiradas.

3.- ANÁLISIS DE LA SENTENCIA:

Como se señala en los fundamentos del TC, un caso similar se encuentra en el Exp. N.º 2876-
2005-HC/TC, caso Nilsen Mallqui Laurence, el cual presenta una demanda de HC argumentando
que su derecho a la libertad de tránsito estaba siendo vulnerado, quien alegaba que se
encontraba siendo hostigado por dos hombres que no le permitían desempeñar su trabajo como
taxista, recibiendo todo tipo de amenazas para que se retire de la ruta donde viene laborando
para lo cual el TC define a la libertad de tránsito como “el derecho que tiene toda persona para
ingresar, permanecer, circular y salir libremente del territorio nacional” asimismo el TC hace
referencia a que la libertad de tránsito se encuentra relacionada sobre todo con la capacidad
locomotora por parte de los nacionales y extranjeros para transitar dentro del país. Sin embargo,
se le debe dotar de un contenido más específico y se debe incluir la facultad de cada uno de los
residentes de una localidad, de un poblado o de una ciudad para movilizarse dentro de ella y en
las zonas o urbanizaciones que las componen.

No obstante, por mandato expreso de normas contenidas en el bloque de constitucionalidad, la


libertad de tránsito se encuentra sometida a una serie de límites o restricciones en su ejercicio,
con el fin de tutelar otros bienes constitucionalmente protegidos. La aplicación de una medida
restrictiva a un caso concreto debe ajustarse al principio de razonabilidad, ser adecuada para
desempeñar su función protectora, posibilitar ser el instrumento menos perturbador de los que
permitan conseguir el resultado deseado, y guardar proporción con el interés que debe
protegerse.

De esta manera, como bien lo ha señalado este Colegiado en la sentencia recaída en el


Expediente N.° 2961-2002-HC/TC, no puede permitirse que exista “…una afectación irrazonable
y desproporcionada del derecho a la libertad de tránsito, reconocido en el inciso 11 del artículo
2° de la Constitución, dado que no tiene por finalidad la protección de bien constitucional alguno”.

A una conclusión similar llega la Defensoría del Pueblo cuando expresa que“(...) cualquier acto o
medida que suponga una afectación del derecho al libre tránsito deberá evaluarse dentro de los
márgenes de los principios de legalidad y razonabilidad, teniendo presente que dicho derecho,
por su carácter fundamental, constituye un parámetro de conformidad para la interpretación de
cualquier norma que intente regularlo o limitarlo”

Entonces, si bien toda persona tiene derecho a transitar libremente, nadie tiene la capacidad
para impedir tal locomoción, salvo que se incurra en alguno de los supuestos limitativos. Según
lo establece el artículo 2° inciso 11 de la Constitución, su ejercicio está restringido por cuestiones
de sanidad, mandato judicial o aplicación de la ley de extranjería, supuestos reconocidos
explícitamente en la Sentencia del Tribunal en el Expediente N.° 3040-2004-HC/TC.
Asimismo señala que existen limitaciones implícitas y explícitas, dentro de las cuales las
limitaciones implícitas tenemos el tema de la seguridad ciudadana, que no debe ser observada
como un derecho fundamental sino como un bien jurídico protegido, existiendo un conjunto de
acciones o medidas que están destinadas a salvaguardar el desarrollo de la vida comunitaria
dentro de un contexto de paz, tranquilidad y orden, mediante la elaboración y ejecución de
medidas vinculadas al denominado poder de Policía. La seguridad ciudadana consolida una
situación de convivencia con ‘normalidad’, vale decir, preservando cualquier situación de peligro
o amenaza para los derechos y bienes esenciales para la vida comunitaria, mientras que las
explícitas, se relaciona con las situaciones excepcionales que la misma norma constitucional
contempla bajo la forma de estados de emergencia o de sitio y que suelen encontrarse asociados
a causas de extrema necesidad o grave alteración en la vida del Estado.

A manera de dar una definición aproximada a lo que es seguridad ciudadana, se tiene la sentencia
emitida en el Expediente N.° 349-2004-AA/TC, que señala que la seguridad ciudadana se trata de
“(...) un estado de protección que brinda el Estado y en cuya consolidación colabora la sociedad,
a fin de que determinados derechos pertenecientes a los ciudadanos puedan ser preservados
frente a situaciones de peligro o amenaza o repararlos en casos de vulneración o
desconocimiento”.

En la sentencia del Expediente N.º 2961-2002-HC/TC, el TC señala que “(...) es posible permitir
la instalación de dispositivos de seguridad, vigilancia y control en las vías públicas, siempre que
dicha medida tenga por propósito resguardar la seguridad y tranquilidad de los ciudadanos,
cuente con la previa autorización de la autoridad competente, y resulte razonable y proporcional
con el fin que se pretende alcanzar”.

Empero, enfatizaba que, en el caso concreto, “(...) no sólo no obra documento alguno que
permita acreditar algún problema de seguridad en la zona donde han sido instaladas las rejas,
sino que existen suficientes elementos probatorios que permiten sostener que la instalación tenía
por finalidad la disminución del tránsito en las calles Arcos de la Frontera y Jacarandá”. En ese
caso, el TC declaró fundado el hábeas corpus y ordenó que la demandada retire en forma
inmediata e incondicional las rejas metálicas colocadas en la vía pública.

En general, el TC se ha pronunciado a favor de la colocación de rejas en la vía de acceso a


diferentes lugares de residencia, argumentando que con ello se estaría tutelando la seguridad
de los habitantes de la zona y se aceptaba la reducción del contenido de la libertad de tránsito
sin embargo eso no significa que se eliminaba su existencia.

Por otro lado el Expediente 3482-2005 PHC/TC señala que cuando se trata de bienes jurídicos
como el de seguridad ciudadana, resulta legítimo que, en determinadas circunstancias los
derechos puedan verse restringidos en determinados ámbitos de su contenido, a fin de
compatibilizar los objetivos sociales propios de todo bien constitucional con los intereses
individuales correspondientes a todo atributo o libertad. Naturalmente, no es que los derechos
se encuentren posicionados por debajo de los bienes jurídicos y ni siquiera a un mismo nivel o
jerarquía, pero es evidente que ante la existencia de ambas categorías al interior del
ordenamiento se hace imperioso integrar roles en función de los grandes valores y principios
proclamados desde la Constitución. En ese gran reto ponderativo el juez constitucional ocupa un
papel gravitante.