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Las Ciencias Sociales procuran explicar por qué y de qué manera los hombres construyen y

transforman la realidad social. Aunque cada una de las ciencias que las componen aporta valiosos
conocimientos acerca de esta cuestión, la Historia y la Geografía se presentan como las dos
disciplinas que estructuran esta área de estudio en el ámbito escolar.
Desde sus inicios, la Historia buscó dar cuenta de los sucesos que ocurrieron en el pasado, pero
también cumplió una función político-ideológica: sus relatos en muchas ocasiones fueron utilizados
para legitimar un determinado orden social y político.
Claramente esta es la función que se le asignó en los estados nacionales conformados a lo largo
del siglo XIX. La apropiación de determinados relatos sobre el pasado -a los que Hobsbawm
denomina “tradiciones inventadas”- contribuyó a crear sentimientos de pertenencia a una
determinada comunidad y de diferenciación respecto de otras. La difusión de estos relatos y su
anclaje en el imaginario social se realizó, entre otros, a través de la incorporación de la enseñanza
de la historia en las escuelas.
La historia escolar se moldeó de acuerdo a los cánones establecidos por la historia positivista, que
había alcanzado para esa época su status de ciencia. Como para esta corriente de pensamiento
ésta era una ciencia totalizadora y descriptiva cuyos conocimientos -identificables con hechos
ordenados cronológicamente- provenían del análisis objetivo y minucioso de fuentes escritas, así
se enseñó en las escuelas.
Esta forma de concebir la historia requirió de prácticas docentes caracterizadas por la
unidireccionalidad: el docente tuvo como tarea primordial la de transmitir una serie de relatos
cerrados considerados verdaderos, e indiscutibles y los alumnos la de recibirlos, aceptarlos y
memorizarlos.
Aunque los postulados de la historia positivista comenzaron a ser criticados y dejados de lado en el
mundo académico hacia la década de 1920, no sucedió lo mismo en el ámbito escolar. Dicho
desfazaje -que se mantuvo por muchos años- provocó un distanciamiento cada vez mayor entre la
producción de nuevos conocimientos y la formación de los estudiantes. Este desfazaje terminó por
desprestigiar su espacio en el currículum escolar.