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CUANDO LAS HIJAS E HIJOS SON UTILIZADOS PARA VIOLENTAR A LAS MUJERES – OSCAR

RENÉ CASTILLO MONGE – EL SALVADOR

02/09/2017

CUANDO LAS HIJAS E HIJOS SON UTILIZADOS PARA VIOLENTAR A LAS MUJERES

OSCAR RENÉ CASTILLO MONGE

Resumen:

Las hijas e hijos son utilizados en no pocas ocasiones como instrumento para ejercer
violencia psicológica en contra de muchas mujeres que enfrentan violencia de pareja en
su ámbito intrafamiliar. Se trata de una realidad oscura, que con frecuencia es
invisibilizada por el sistema judicial, que prioriza la atención a los hechos de violencia
que enfrenta la mujer víctima; y no obstante, detrás de dichos hechos, existen casos de
niñas, niños y adolescentes que son amenazados o vulnerados en sus derechos al ser
cosificados por alguno de sus progenitores, al manipularles e influenciarles
negativamente en contra de su otro progenitor; quien muchas veces, se trata de la
madre.

Sumario: 1) Introducción; 2) Caso ilustrativo; 3) Valoraciones desde la práctica forense;


4) Consideraciones finales.

Palabras clave: Psicología forense en El Salvador, derechos de las niñas, niños,


adolescentes y mujeres. Evaluación psicológica en violencia intrafamiliar.

“Sólo le pido a Dios, que los injusto no me sea indiferente” León Gieco

Introducción

La violencia contra las mujeres en el ámbito familiar es una realidad que aún no ha sido
abolida en El Salvador; ello, muy a pesar de los significativos esfuerzos que al respecto
se han emprendido, desde 1996, cuando se creó la Ley Contra la Violencia
Intrafamiliar[1]; hasta los días actuales, con la creación de nuevos instrumentos
legales[2] y la reciente entrada en funcionamiento de los Juzgados Especializados y la
Cámara Especializada para una Vida Libre de Violencia y Discriminación para las
Mujeres[3]. Así por ejemplo, durante el primer trimestre de 2017, el Observatorio de la
Violencia Contra las Mujeres de ORMUSA[4], reporta que durante los primeros 3 meses
de 2017, la Policía Nacional Civil [PNC] recibió 463 denuncias por violencia en contra de
mujeres en su ámbito familiar; lo que equivale, a un promedio de 5 denuncias al día[5].
El 28.1% de dichas denuncias corresponden a mujeres con edades entre 18 y 30 años; y

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el 31.5%, con edades entre 31 y 40 años[6]. Para el año 2016, la PNC recibió 1583 acerca
de casos de mujeres víctimas de violencia intrafamiliar; 33.2%, correspondiente a
mujeres con edades entre 18 y 30 años[7].

Las niñas y niños son utilizados en no pocas ocasiones como instrumento para ejercer
violencia en contra de muchas mujeres que ya enfrentan violencia de pareja en su
ámbito intrafamiliar; de esa forma, dichas niñas, niños y adolescentes son
instrumentalizados con fines egoístas; y por si ello fuera poco, son vulnerados en su
derecho a la integridad personal, particularmente en lo que concierne a su salud mental.
Es una realidad que representa una cifra negra, pues es algo que muchas veces pasa
desapercibida e invisibilizada; y no obstante, se trata de una situación difícil para las
niñas y niños que se encuentran en tal situación, pues es normal que ellas y ellos se
perciban crucificados, al considerar que le deben lealtad a los 2 progenitores[8];
pudiendo llegar -en los casos más extremos-, a casos de alienación parental[9].

Ante tal situación, se plantea a continuación un caso ilustrativo; a partir del cual, se
presentan algunas consideraciones desde la práctica psicológica forense, que busca
llevar a algunas reflexiones acerca de cuál puede ser la actuación de las y los profesiones
de la psicología forense, ante la identificación de posibles casos de utilización de niñas,
niños y adolescentes, para maltratar a mujeres víctimas de violencia de pareja; pero que
no obstante, se trata de situaciones que al momento aún no han salido a la luz; y por lo
tanto, corren el riesgo de quedar invisibilizadas, al margen de los procesos judiciales, en
perjuicio de los derechos de las niñas, niños y adolescentes víctimas; bajo esa lógica, las
psicólogas y los psicólogos forense, pueden contribuir a revertir dicha situación.

Caso ilustrativo

Se recibe oficio por parte del Juzgado Cuarto de Paz de la Ciudad de San Salvador, en el
cual, se ordena la realización de peritaje psicológico a un hombre, con calidad de
“agresor”; y a una mujer, con calidad de “víctima”, en el marco de un proceso judicial en
donde se investiga la existencia de un delito de “Violencia Intrafamiliar”. El oficio
recibido establece como objetivo de la pericia el conocer “[…] si las características que
los evaluados presentan, favorecen la calidad de víctima o agresor; y si estas presentan
alguna afectación producto del ambiente de violencia vivido”.

Como elementos metodológicos de la pericia psicológica realizada a la mujer víctima, se


utilizó entrevista semiestructurada, observación; así, como prueba proyectiva “Test de
la Figura Humana de K. Machover”. Fue a través del desarrollo de la mencionada
entrevista a la mujer peritada, que se retomaron elementos de la Escala de gravedad de
síntomas del Trastorno de Estrés Postraumático[10], con fines orientativos. Como

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información documental, el oficio recibido cuenta adjunto copia simple del acta de
denuncia sobre violencia intrafamiliar.

Con base a la información obtenida a través de la pericia practicada, entre otros, se


identificaron elementos que sugieren que dicha mujer mantuvo una relación
disfuncional con un hombre (quien es el acusado en el presente proceso judicial); y en
concreto, al momento los indicios identificados sugerían que dicha relación tenía entre
sus características la falta de comprensión, la falta de confianza, la ausencia de
expresiones de afecto y ausencia de comunicación asertiva que les permita llegar a
acuerdos en común de cara a su relación de pareja y a la crianza de su hijo en común;
así, como por la violencia por parte del acusado en contra de ella, de tipo psicológica
(supuestamente a través de infidelidades, celos, insultos, actitud controladora,
humillaciones en público, difamaciones, manipulaciones, chantajes, gritos, ofensas,
intimidaciones, amenazas a muerte; así, como prohibiéndole mantener comunicación y
relaciones personales con su hijo en común con el acusado) y física (supuestamente, a
través de empujones y jaloneos). No obstante, confirmar o refutar si efectivamente la
relación entre la peritada y el acusado tenía tales características, escapa a los alcances
de la pericia psicológica forense realizada; por lo que aclarado tal punto, se plasmó la
necesidad de realizar un estudio más profundo del caso, que incluya –entre otras-
estudio social forense y peritaje psicológico forense al acusado; así, como la realización
de estudio social forense a la peritada, que incluya visita domiciliaria y consulta a
fuentes colaterales de información.

Ahora bien, al momento se identificó en la señora peritada la presencia de síntomas


psicológicos frecuentes en mujeres que han sido víctimas de hechos que son
interpretados como traumáticos y que han amenazado o vulnerado su integridad
personal, presentando estado emocional de ansiedad al expresar los hechos
denunciados; muestra indicadores de miedo, rechazo y resentimiento para con el
acusado; refiere la existencia de pensamientos recurrentes percibidos como
desagradables relacionados a tales hechos; en la persona se identifican muestras de
frustración e impotencia a cambiar la situación que refiere vivenciar debido a los hechos
denunciados; así, como pérdida de la sensación de seguridad, hipervigilancia y temor a
ser victimizada nuevamente por parte del acusado. Por lo tanto, se trata de una señora
que requiere atención clínica psicológica orientada a superar dicha sintomatología.

Para los fines del presente escrito, hay un elemento a prestarle atención, es que según
lo expresado por la peritada, el acusado le ha restringido tener relaciones personales y
comunicación con su hijo en común de 8 años de edad; y que además, ha identificado
posible influencia negativa en dicho hijo, por parte del acusado, en contra de ella (es

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decir, de la peritada); pues como parte de sus intentos por ver a dicho hijo, afirma que le
ha buscado en el centro de estudios de él; y que al verla, afirma que ha percibido que
dicho niño le rechaza y muestra resistencia a acercarse y conversar con ella, diciéndole
“que no quiere verla, porque su papá le ha dicho que no le hable y que le va a dar
regalos”.

Valoraciones desde la práctica forense

La práctica pericial muestra que con frecuencia, cuando existe una mujer víctima de
violencia intrafamiliar, también hay niñas, niños y adolescentes que al ser parte del
núcleo familiar en donde se suscitan los hechos de violencia denunciados, viven y sufren
también de dicha violencia, ya sea como víctimas directas; o de manera indirecta, al
encontrarse en medio de las partes en conflicto, siendo testigos de la violencia ejercida
directamente contra la víctima; o bien, siendo sometidos a amenazas o vulneraciones a
sus derechos, al prohibírseles mantener comunicación o relaciones personales con
algunos de sus progenitores; o incluso, al ser influenciados negativamente en contra de
alguno de sus progenitores (por lo general, en contra del progenitor víctima), por parte
de otro progenitor (por lo general, el progenitor víctimario). En ese orden de ideas,
conocer tales elementos posiblemente no sean objetivo de la pericia psicológica
forense; y no obstante, si pueden estar contribuyendo a generar malestar emocional en
la víctima, y tales niñas, niños y adolescentes necesitan que se visibilice su situación –
muchas veces oculta-, para posteriormente orientar la toma de decisiones por parte de
la autoridad judicial respectiva.

Esta situación, en donde hay un niño que posiblemente se encuentra en una situación
de amenaza o vulneración a sus derechos, es algo que puede ser pasado desapercibido
por más de alguno, en razón de la visión adultocéntrica y patriarcal que aún predomina
en buena parte del sistema judicial; y además, el resto de la información obtenida a
través de la evaluación ha dado respuesta –en buena medida- al punto de pericia
señalado por la autoridad que ordenó la realización de la misma. No obstante, si la
persona profesional en psicología forense posee un enfoque de derechos humanos; y
particularmente, de derechos de la niñez y de la adolescencia; así, como de derechos de
las mujeres, deberá señalar algo que a simple vista está ubicado al margen; y es, la
posible amenaza o vulneración de los derechos de las niñas, niños y adolescentes, que
son utilizados por la persona agresora en los casos de violencia intrafamiliar, para dañar
a la persona víctima.

Por lo tanto, tal como se señaló supra, posiblemente a través de la pericia psicológica el
o la profesional en psicología ha identificado diferentes situaciones que posiblemente
no hayan sido solicitados por la autoridad que a su vez, solicita el peritaje psicológico;

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pero que no obstante, requieren ser visibilizados; por ejemplo, en el caso de las niñas,
niños y adolescentes que a criterio del perito, se encuentran en medio de un conflicto
entre sus progenitores o están en situación de amenaza o vulneración a sus derechos,
debido al conflicto entre las partes del mismo. De manera, que la o el perito ha
encontrado elementos que le permiten plantearse hipótesis respecto a la situación de
tales menores de edad; pero además, tampoco puede pronunciarse responsablemente
al respecto, pues sobrepasa el alcance de la pericia psicológica practicada únicamente a
la mujer víctima; por lo tanto, se debe recomendar a la autoridad judicial la realización
de las investigaciones necesarias para conocer si efectivamente las niñas, niños o
adolescentes en cuestión, se encuentran – a criterio de la o el perito- en situación de
amenaza o vulneración a sus derechos.

Similar situación ocurre cuando la información obtenida a través de la pericia psicológica


permite plantearse hipótesis acerca de las posibles características psicológicas de la
persona acusada; o bien, características de la relación entre la mujer víctima y el
victimario (patrones de comunicación, ausencia de confianza mutua), debido
precisamente, a que sobrepasan el alcance de la pericia, ya que muy probablemente, no
se ha evaluado aún a la persona acusada o no se cuenta con más información –aparte de
la brindada por la peritada- que sea susceptible a ser confrontada y contrastada. Por lo
tanto, nuevamente es necesario recomendar a la autoridad judicial respectiva, la
realización de otros estudios que permitan conocer de mejor manera el caso en
cuestión; por ejemplo, a través de estudios sociales que incluyan –entre otras- visita
domiciliaria y consulta a fuentes colaterales, para conocer la adaptación de la persona
acusada a las normas y reglas sociales; o bien, la realización de evaluación psicológica,
con el objetivo de explorar posible presencia de características de trastorno de la
personalidad antisocial, entre otras.

Posiblemente la autoridad judicial que solicita la pericia psicológica no ha tomado en


cuenta la necesidad de ordenar un estudio social forense a la víctima; y no obstante, es
posible que la situación de violencia de la cual es víctima, le esté generando diferentes
problemas en sus esferas económicas, habitacionales, laborales, entre otras; y como tal,
son aspectos susceptibles a ser investigador por profesionales de trabajo social. En
razón de ello, es necesario que la persona profesional en psicología forense recomiende
a la autoridad respectiva la práctica de tal estudio a la víctima

Consideraciones finales

Al identificar casos en donde posiblemente existen niños, niñas o adolescentes que


están siendo utilizados por parte de padres agresores, para ejercer violencia en contra
de su madre, la persona profesional en psicología forense debe analizar dicha situación,

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si se pretende contribuir a la garantía de los derechos, tanto de la niñez y la
adolescencia, como de las mujeres. No se pretende con ello asumir una actitud
misándrica, en donde se actuará ciega y acríticamente en contra de los derechos de los
hombres; que si bien al momento tienen la calidad de “agresores”, “imputados” o
“acusados”, aún no han sido vencidos en juicio y deben tener garantía de su derecho de
presunción de inocencia[11]. No obstante, si se han identificado anteriormente con la
suficiente base técnica – científica la presencia de elementos que permitan considerar la
existencia de violencia intrafamiliar, en contra la mujer; lo que a su vez, engrana con la
presencia de características y sintomatología psicológica propia de mujeres que han
vivenciado hechos que han sido interpretados como estresantes o traumáticos; y que
como tal, son hechos de pudieron haber amenazado o vulnerado su integridad personal;
ante tal situación, la postura de la o el profesional en psicología forense, debe ser a
favor de una acción positiva para con las personas identificadas como en riesgo de
amenaza o vulneración a sus derechos.

Efectivamente, en el caso ilustrativo presentado supra, la cosificación del hijo en común


de la mujer peritada con el agresor, en donde dicho niño es presuntamente utilizado
arbitrariamente como instrumento para causar daño a la peritada, es un elemento que
puede encajar como una expresión de violencia psicológica en contra de la peritada; así,
como una posible vulneración a los derechos de dicho niño, a su integridad personal, a
mantener relaciones personales y comunicación con su madre[12]; de manera, que es
necesario desarrollar las investigaciones que se estimen pertinentes para comprobar o
refutar dicha posibilidad; y en caso de que los derechos de dicho niño hayan sido o estén
siendo vulnerados por el acusado, se deben activar los mecanismos pertinentes
destinados a conocer sobre amenazas y vulneraciones a los derechos de las niñas, niños
y adolescentes.

BIBLIOGRAFIA

[1] Decreto Legislativo N° 902, del 28/noviembre/1996 – Diario Oficial N° 241, del
20/diciembre/1996.

[2] Por ejemplo, la Ley de Igualdad, Equidad y Erradicación de la Discriminación Contra


las Mujeres (Decreto Legislativo N° 645, del 17/marzo/2011) y la Ley Especial Integral
para una Vida Libre de Violencia y Discriminación para las Mujeres (Decreto Legislativo
N° 520, del 25/noviembre/2010).

[3] Decreto Legislativo N° 286, del 25/febrero/2016. Véase también el Decreto


Legislativo N° 575, del 27/diciembre/2016; en el cual, se prorroga para el 30/junio/2017
la entrada en funcionamiento del Juzgado especializado de instrucción, el Juzgado

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especializado de sentencia y la Cámara especializada para una vida libre de violencia y
discriminación para las mujeres, que tendrán su sede en la ciudad de San Salvador.

[4] Organización de Mujeres por la Paz [http://www.ormusa.org/].

[5] ORMUSA; Indicadores de violencia intrafamiliar; sin fecha. Disponible desde internet
en: http://observatoriodeviolencia.ormusa.org/violenciaintrafamiliar.php [Con acceso
13/agosto/2017, 06:52 pm].

[6] Ibíd.

[7] Ibíd.

[8] Véase: Johnson, L; Rosenfeld, G.; Cuando papa y mamá ya no viven juntos: Cómo
enseñarles a los niños a adaptarse a esta situación; Bogotá: Norma; 1997. Págs. 12 – 14.

[9] Véase: Tapias, A.; Sánchez, L.; Torres, S.; “Reconocimiento de indicadores de
alienación parental en operadores de justicia de Bogotá”. Suma psicológica; 20(1); 2013,
111 – 120.

[10] Echeburúa, E.; de Corral, P.; Amor, P. J.; “Perfiles diferenciales del Trastorno de
Estrés Postraumático en distintos tipos de víctimas”. Análisis y modificación de la
conducta; 1998; 24 (96).

[11] Constitución de la República de El Salvador, Art. 12.

[12] Ley de Protección Integral de la Niñez y de la Adolescencia, Arts. 38 y 79.