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Teorías conductuales

González, J. y Núñez, J. (1998).


Modelo de instrucción directa

A principios de los ochenta, según Hammill (1993), queda finalmente establecido un nuevo modelo de
evaluación e intervención en el campo de las LD denominado «modelo de instrucción directa», que se
centra en la evaluación y corrección de los défi: conductuales observables (por ejemplo, errores en la
lectura, escritura, matemáticas), constituyéndose el análisis de tareas como uno de los aspectos más
relevantes de cara tanto a la evaluación como a la intervención.

Los defensores de este modelo (por ejemplo, Camine, Silbert y Cameenui, 1997),, intervención
sobre la conducta objetiva, están unánimemente de acuerdo en oponerse entrenamiento de procesos,
estando convencidos de que para obtener mejoras en una destreza o habilidad las actividades
instruccionales tienen que aproximarse a aquell propias de la destreza objeto de intervención.
Simplemente, piensan que los alumn aprenden a leer a través de la lectura o mediante la instrucción en
claras destrezas* necesarias para la lectura. En este punto, sin embargo, hay dos caminos
aproximaciones diferentes: holista y atomista. En la enseñanza de la lectura, por ejemp una posición
holista tiene en cuenta a la persona como un todo a la hora de planificar instrucción. Por ejemplo, un
profesor que se encuentre en esta perspectiva debe-considerar la motivación del estudiante, contexto,
necesidades, intereses, etc. El énfasis se pone en la enseñanza de «todos» (la persona como un todo,
la palabra como un todo, la idea como un todo, etc.). Defensores del punto de vista holista son Poplin
(1988a,b), Reid (1988) e laño (1986, 1987). Por el contrario, los profesores que defienden una posición
atomista diferencian el todo en cada una de sus partes significativas, enseñan estas partes
(frecuentemente por separado) y las reagrupan en un todo al final. Por tanto, i desde una posición
atomista, el énfasis se pone en las destrezas o habilidades específicas y su enseñanza. Kimball y Heron
(1988), Camine (1987), Lloyd (1987) y Forness y Kavale (1987) son defensores de este segundo punto
de vista. En definitiva, los métodos analíticos y sintéticos de enseñanza de la lectura son ejemplos claros
de estas dos perspectivas del modelo de instrucción directa.

Aunque son llevados a la práctica, ambos puntos de vista por separado,! actualmente se
considera que la mejor forma de aplicar el modelo de la instrucción directa es utilizando programas
instruccionales basados en una buena combinación de las posturas holista y atomista (por lo menos,
para la lectura sucede así). En Adelman (1989U Heshusius (1989), laño (1989) y Licht y Torgesen
(1989) se puede encontrar un análisis más profundo de este modelo de evaluación e intervención.