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HARVARD COLLEGE

LIBRARY

THE GIFT OF

THOMAS BARBOUR
CLASS OF 1906
Director of the University Museum
TESIS

SOSTENIDA. EN EL GRADO DE DOCTOR

1 IA FACULTAD DE DERECHO CIVIL I CANONICO,

Por D. Antonio P. Gómez

HABANA
Imprenta del Gobierno y Capitanía General.
(871.
HARVARD COLLEGE LIBRARY
GIFT OF
PROF. THOMAS BARBOUR
MAY 15 iyaa
TRIBUNAL DE EXAMEN.

Excnio. Sr. Dr. D. Francisco Campos Presidente.


Sr. Dr. Di Antonio P. López.
., „ „ Francisco J. de Urrutia.
„ „ „ Juan B. Hernández.
„ „ „ José María Carbonell Secretario.
k MIS PADRES.— Á MIS PROFESORES:

i>&*ütW)4- á c|uietic¿ déte ta utda mateUaÜ é

uiteícctuaf; cj^ue me ftaJjei;». j!<>tmado eí ccuizciv ij/ de*-

avuctlabo ta utte(¿^eticia; dedico e»te juM^ueno ttaScuc.

tan/ |vocc! (©mjieW), dwj-nac.y accjita/tto

wn. atetvdct á mi> e*ca*t;>unc tnéufcc. 'WLecÜHdPo cerno

luta délnü nui€*tta de jJwaí cautío ij, Jvic^u+vdc leccno-

cutüento |wyi> So nuicHo cj^we o», de&e

Mil ©tantos.
EXCMO. 8R. RECTOR I PRESIDENTE,—SRES. CATEDRATICOS:

Cuáles son tas principales diferencias entre los sistemas penales


de los diversos códigos modernos.

La ley penal, sancion y garantía de la civil,


ha experimentado como esta, diversas y variadas
modificaciones, que han impreso un carácter es
pecial é indeleble á las distintas épocas que com
prende, la vasta historia de la penalidad. Conse
cuencia necesaria del libre albedrío, fundada en
la misma naturaleza humana, ha sufrido tambien
las vicisitudes de la humanidad, marcando con
sangre sus huellas en el pasado; rastro fatídico y
terrible que no han sido suficientes á borrar por
completo diez y nueve siglos de constante y pro
gresiva civilizacion. Lucha interminable entre el
bien y el mal reconocida y simbolizada en todas
las teogonias, se ha hecho sentir con inexorable
rigor en los tiempos en que la personalidad hu
mana desaparecia completamente, dominada y,
por decirlo así. perdida en la colectividad social.
Los legisladores antiguos desconocian el fin
moral del hombre, sus tendencias al perfecciona
miento, bajo el triple aspecto de su individuali
dad; le consideraban como medio de accion, como
— 8 —
instrumento ciego y fatal que en sus manos de
bia subordinarse á los fines sociales. Prescindian
de su personalidad, por la que es fin de sí mismo
y no un medio ó agente que obedece á fuerzas
extrañas y encontradas, la voluntad perdia su
esfera de accion, y en cuanto á la dignidad, ese
elemento de su carácter racional, no podia ser
reconocida ni mucho ménos respetada. De aquí
el envilecimiento, la abyección en que estaba su
mida la humanidad; donde quiera que predomi
naba la fuerza material el débil era subyugado y
oprimido. Solo así pueden explicarse ciertos he
chos de la vida social que han tenido su origen
en la mas remota antigüedad, conservándose al
través de los tiempos, hasta desaparecer al im
pulso irresistible de la civilizacion moderna. La
esclavitud, la inferioridad de la mujer, reconocida
aun en el Oriente y cuyos derechos se han puesto
en teln de juicio por muchos pueblos de Occidente,
las (H erencias de castas, de razas y otras desi
gualdades sociales que la Historianos presenta y
que nan ido desapareciendo sucesivamente, deben
su origen á la completa ignorancia de la dignidad
humana. ¡Lamentable y funesto error que no
podia ménos que hacerse sentir tambien en la ley
penal, abandonada por completo á los instin
tos crueles y sanguinarios de los pueblos pri
mitivos!
Seria ageno á nuestro propósito el detenernos
á enumerar y estudiar las causas que influyeron
mas ó menos directamente en mantener ese error
en que se encontraban legisladores y filósofos:
solo sí diremos que fundados en tan falsas premi
sas, por fuerza habian de ser también falsas las
— 9 —
consecuencias que de ellas dedujeran. El hombre
cuyo fin moral, cuyo carácter racional era desco
nocido por completo, fué sacrificado á una idea
vaga, abstracta é indeterminada, en aras de la
supersticion y el fanatismo.
A ese error de fatales consecuencias debe
atribuirse únicamente el excesivo rigor, mejor
dicho, la refinada crueldad de todas las leyes pe
nales antiguas.
La legislacion civil de aquella época guarda
armonia con el estado de cultura de los pueblos.
Los asirios, caldeos, medos, persas, egipcios, los
primitivos indus tenian leyes que fijaban- las re
laciones de los hombres, las transacciones socia
les; el espíritu filosófico penetraba en ellas modi
ficándolas, autorizaba cambios y reformas en
consonancia con las necesidades diversas y varia
bles de los hombres. Los griegos, fenicios y ro
manos formaron sus respectivas legislaciones, ya
basadas en la de los anteriores, ya creadas en
virtud de circunstancias especiales en que se en
contraban colocados, ya finalmente reformando la
de los pueblos primitivos que les servian de mo
delo, para adoptarlas á sus usos y costumbres.
Esas reformas y modificaciones, fueron no solo
filosóficas y ac-rtadas, sino que comprendieron
también casi todas las relaciones sociales hasta el
punto de que la legislación moderna, rindiendo
merecido tributo á di indisputable mérito, le ha
impartido su aprobación, admiti ndo y consig
nando en sus códigos los preceptos déla sábia an
tigüedad, al través de tantos siglos fecundos en
acontecimientos, en cambios de radical trascen
dencia para la humanidad.
— 10 —
Roma, pueblo destinado por Dios para
ejemplo y modelo de todas las naciones, cuya
historia es la de la humanidad entera, tuvo la
gloria de legar sus leyes á la posteridad, para
vivir eternamente reproducida, admirada y res
petada, en la vida social y política que ha tras
mitido á los pueblos modernos. Pero ¡fenó
meno notable y digno de fijar la atencion de los
espíritus observadores! Miéntras que las leyes
civiles se desarrollaban y perfeccionaban, progre
sivamente, guardando una proporcion constante
con el estado de cultura de los pueblos, las pena
les permanecian en un estado rudimentario, age-
nas á todo adelanto material, moral é intelectual,
formando marcado contraste con el desarrollo de
aquellas, con sus tendencias al perfeccionamiento
que caracterizan á todas las instituciones hu
manas.
Si el filósofo, el publicista y el historiador ob
servan diferencias esenciales en las leyes civiles
de los antiguos, que indican los diversos períodos
por que han atravesado los pueblos, si en ellas
ven reflejadas sus luchas, sus glorias y su deca
dencia, en una palabra: su historia política, no
acontece lo mismo con la legislacion penal, á pe
sar de la íntima relacion que tiene con la civil.
Todos los pueblos antiguos rivalizaban en el
rigor de los suplicios, en la crueldad de sus penas;
la de muerte se prodigaba con aterradora frecuen
cia y por levísimas faltas, acrecentándola con los
mas horrorosos tormentos. Parecia, no que trata
ban de hacer expiar su delito al culpable con la
pérdida de la vida, sino por el contrario, que go
zaban en pr longarla en medio de los mayores
— II —
sufrimientos, de los mas terribles y angustiosos
dolores, para que la desgraciada victima tuviera
conciencia de ellos, vk>ra sus carnes palpitantes
en manos del verdugo y fuera, por decirlo asi,
testigo, hasta el último momento, de su propia
destruccion.
Nada han podido tomar los modernos en
materia de leyes penales de las generaciones que
les han precedido Ni los romanos, cuyas institu
ciones políticas y sociales han sido reproducidas
en nuestros tiempos, pudieron apartarse de las
tendencias comunes á la época. Solo el Cristia
nismo con su saludable y regeneradora influencia
lanzando destellos de divina luz en las tinieblas
en que vacia sumida la humanidad, pudo operar
un cambio tan importante y trascendental. Sus
sublimes preceptos, combatidos rudamente por
espacio de tres siglos, después de vencer todos los
obstáculos que se le oponian, fueron infiltrán
dose lentamente en las costumbres, en las rela
ciones de los hombres, después en las artes y en
las ciencias, alcanzando á la legislacion. La pe
nalidad experimentó igualmente sus saludables
y benéficos efectos. El árbol de redencion plan
tado en el Gólgota y regado con la sangre del
Hombre-Dios, produjo tambien frutos de vida
para el miserable siervo de la pena.
El Cristianismo, que vivificó y reorganizó los
elementos heterogéneos y disolventes de la socie
dad antigua que se desquiciaba, reconstruyéndola
completamente, dándole una vida propia, prueba
quizá la mas concluyente de su divinidad, ha
hecho sentir su influencia bienhechora en todas
las instituciones humanas; pero es indudable que
— VI —
ninguna le debe tanto como la legislacion penal,
nacida y perfeccionada en el seno mismo y á im
pulso de su moral santa y civilizadora.
Hemos dicho que esta parte de la legislacion
fué creada por el Cristianismo, porque aunque
los paganos imponian en sus códigos penas mas
ó ménos severas, crueles y arbitrarias, descono
cian por completo la filosofía del derecho de casti
gar, la proporcionalidad que debe existir entre
aquellas y los delitos, los distintos grados de
culpabilidad y, sobre todo, el objeto final de la
pena, esencialmente cristiano y moralizador.
Faltando esos elementos filosóficos introdu
cidos por la religion del Crucificado, forzosamente
habian de ser los castigos absurdos, despropor
cionados y terribles. Fué necesario que su divina
doctrina proclamara una virtud desconocida de
todos los hombres, que estableciera la igualdad
social basada en la caridad mas pura, para hacer
de la penalidad objeto de serias meditaciones, de
investigaciones filosóficas.
La sangre de un Dios derramada para redi
mir al género humano, ennobleció al hombre,
santificó su personalidad, dándole á conocer como
medio y fin de sí mismo, al que debian subordi
narse como simples y meros auxiliares todas las
instituciones que no venian á ser mas que otros
tantos elementos de perfeccion puestos á su al
cance para cooperar con él al desarrollo de su
individualidad, bajo su triple aspecto. La ardiente
caridad que distingue y caracteriza la religion de
Jesucristo, hizo ver en los delincuentes, seres
desgraciados dignos de la conmiseracion social,
que podian ser rehabilitados por la enmienda y
. — 13 —
el perdon. Los cruelísimos tormentos creados por
la supeivtl ion v el fanatismo, para arrancar la
vida á los criminales entre agudos dolores, desa-
parecen tan pronto como se acati la religión
Cristiana. La muerte de cruz, la lapidación, la
exposicion á las fieras, las horribles mutilaciones
se borran sucesivamente de los códigos para dar
lugar á otras penas menos severas. El principio
de reforma iniciado por ei Cristianismo, latente
en todas las instituciones humanas, debia seguir
las en las vicisitudes que estas experimentaran
en la constante lucha de su progresivo desarrollo,
para alcanzar su necesario perfeccionamiento.
Cuando el imperio Romano desaparecia del
mapa político y sus restos eran repartidos entre
los pueblos bárbaros que le invadieron, el único
elemento de orden que se conservó en medio de
aquel cataclismo social, fué el Cristianismo: solo
su luz alumbraba las tinieblas de aquel caos en
que se sumió la Europa. La intervencion de los
prelados y príncipes de la Iglesia en la formacion
de las leyes, el derecho de asilo, el in lulto y la
aplicacion de los preceptos, trámites y formas del
derecho Canónico en los casos dudosos, contribu
yeron directamente á reformar la legislacion pe
nal, é indirectamente á preparar el espíritu hu
mano para las reformas que muchos siglos des
pues habian de verificarse.
No nos detendremos á estudiar las institu
ciones penales en la época en que el feudalismo
dominaba la Europa, solo sí haremos notar que
en todas se observa de una manera mas ó ménos
directa, la intervencion de la Iglesia, mitigando
el rigor y la crueldad de las leyes penales, é in
— 14 —
troduciendo en los juicios garantías para los act
sados haciendo desaparecer aquellas pruebas ar
bitrarias é injustas del combate singular del agua
y del fuego, sustituyéndolas con la textifical y
documental.
Preciso es reconocer también la influencia no
menos directa que en la parte de la legislacion
que nos ocupa han tenido los cambios políticos.
Siempre que las naciones experimentan radicales
alteraciones ó modificaciones en su constitucion
política han atendido con el interes que se mere
ce la reforma de su sistema penal.
Cumple á nuestro deber mencionar las que
ocurrieron por consecuencia de los acontecimien
tos verificados á fines del siglo pasado en la na
cion que por su situacion topográfica, sus relacio
nes políticas y sociales ejercía notable influencia
en toda Europa. Los sucesos de 1793 al cambiar
la forma de muchos estados y crear por completo
otros, no solo infiltraron doctrinas é ideas desco
nocidas, por completo, del régimen feudal, sino que
desarrolladas por filósofos y publicistas, fueran
consignadas en sus códigos.
A partir de esa época, se formó la ciencia de
la legislacion penal; las máximas de la moral
Cristiana, las ideas avanzadas del siglo, ávido de
progreso, las ciencias modernas que se formaban
á impulso del movimiento iniciado en Francia y
secundado por toda la Europa, le prestaron los
principales elementos de vida. La legislacion no
solo se modifica y reforma en sentido filosófico,
sino también respecto á su unidad, desapare
ciendo las diferencias en los sistemas penales que
se notaban en siglos anteriores. Los paises cir
— 15 —
cunvecinos redactan sus códigos basados en el de
Francia, Bélgica y Piamonte que en los años IÍI
y V de la República se anexan á esta; adoptan
por completo sus leyes; parte de Holanda con el
nombre de república Batávica y las numerosas
federaciones en que se subdividia la Italia, tras
miten á sus códigos las disposiciones contenidas
en el del año IV.
Natural era que los efectos de la revolucion
francesa se hicieran sentir con mas intensidad en
los paises dominados aun por el régimen feudal,
combatidos por intestinas disensiones que necesi
taban consolidarse y reconstruirse. Así se explica
que España, poderosa monarq aía unificada desde
la época de los Rey.eá Católicos, exuberante de
vida, con extensísimas relaciones mercantiles y
una legislacion uniforme, en la que apénas se
habia hecho sentir el régimen feudal, resistiera al
choque revolucionario, gracias á todos los elemen
tos favorables de que se encontraba rodeada pu-
diendo así elegir con tino y acierto aquellos
principios y reformas que eran verdaderamente
filosóficos y aceptables, sin dejarse arrastrar como
otros muchos paises de aquella época, á novacio
nes peligrosas, á cambios aventurados y repenti
nos en sus instituciones, que ocasionaron tantos
males á la Europa.
Por el contrario. Alemania, dividida y sub-
dividida en pequeños territorios, desgarrados por
continuas disensiones, con una legislación miilti-
ple, difusa y contradictoria, debilitada por sus
luchas intestinas v cambiando á cada momento
sus instituciones, fué arrastrada por el torbellino
revolucionario, expeiñmentando los trastornos y
— 16 —
vicisitudes por que ha atravesado; vicisitudes y
trastornos de que aun somos testigos. Empero,
obtuvo entre algunas ventajas la de sentar un
principio de unificacion en su organizacion polí
tica, que acaba de consolidarse en nuestros dias.
Los innumerables estados que comprendia la
Liga Germánica quedaron reducidos á 39, sin
contar cuatro grandes reinos que se formaron
para garantir la nueva confederacion de las am
biciosas ] retensiones del A ustria y de la Prusia.
Aquellos reinos fueron: Baviera, Wurtemberg,
Sajonia y Westphalie..
Italia, sometida á la triple influencia de Es
paña, Francia y Alemania, da á conocer en las
disposiciones de sus códigos los distintos elemen
tos que entraron en su formacion. Al Sur, el
reino de las Dos Sicilias, consigna en su código
penal las le}^es del vireinato de Nápoles, conser
vando ese vínculo que la liga á su antigua metró
poli. La Lombardía, dominada por el Austria
hasta nuestros dias, refleja en sus leyes y en la
organizacion de sus tribunales el origen germá
nico de que provienen. Los Estados de la Iglesia
en el centro de la península Itálica, constituidos
de un modo excepcional, han basado su codifica
cion penal en dos elementos que le son propios y
peculiares, sentando los principios de la ciencia,
su parte especulativa, en el derecho Eomano re
formado, por decirlo así, en el derecho Romano
moderno, y la aplicacion de estos, la tramitacion
y organizacion de sus tribunales, en otro de orí-
gen propio, este es el derecho Canónico, cuya in
fluencia en la parte de la legislacion que nos ocu
pa, hemos indicado.
— 17 —
La Gran Bretaña, dominada por los roma
nos, recibió de estos sus leyes penales: siglos des
pués al ser invadida por les sajones desapareció la
primitiva legislacion, haciendo lugar á la de los
invasores. El c digo tinglo- sajoa mas anticuo que
se conoce, se atiibuye á Edelberto, rey de Kent;
en este, como en c^si to ios los dts origen germánico,
la indemnización p¡ cumaria, aplicada como pena,
á casi todos 1 s delitos oeup;i un lugar preferente.
En la épo a de la conquista normanda, las
leyes eran dictadas por el monarca, habia sin em
bargo un cu -rpo, cuvas atr l>uci"iies eran mera
mente consultivas, compuesto de prelados y baro-
n -s, que denoni nab:i magnum concilium regni
parliamenium; de esta ú tima palabra se ha deri
vado la d' pur amento A partir del siglo XIII, el
parlamento tiene un carácter Verdaderamente na
cional, es la g'-nuina repres-entuc on de dos ele
mentos constitutivos de la organización política de
Inglaterra: la autocracia, representada por la cá-
inara de 1"S Pares y el pueUo por la de Comunes,
desde es;, época todas las leyes, tanto civiles como
penales, Kan de ser votadas por el parlamento. La
legislacion in.desa presenta la particularidad de que
no forma un cuerpo de doctrina; sus disposiciones
h;in sido dictadas, á medida que se han presentado
las necesidades, de manera, que tanto las civiles co
mo las penales, puede decirse que no tienen carác
ter de preceptivas, sino de resolutivas. Esa falta
de unidad en la legislacion criminal inglesa ha he
cho indispensable la observancia de la costumbre
fuera y contra la Ley, con objeto de salvar el rigor
de las antiguas penas, cuya aplicacion no está en
u-)0,á pesar de nohal arse expiesamente derogadas.
— 18 —
La Grecia, dominada y absorvida completa"
mente por los turcos hasta el año 1821, sin ley' s
ni instituciones propias, agena á las reformas polí
ticas y sociales que en Europa se verificaban, al
romper los lazos que la unian á su antigua metró
poli, viós ' obligada á formar y crear su legislación,
modelándola en la de aquellos pueblos con los que
se encontraba mas en contacto, los primeros traba-
ios del parlamento griego, constituido á fines de
1822, tuvieron por objeto la sanción de un código
penal, b sa'lo en el francés de 1 81 0 con las refor
mas que el pa;s y la época aconsejaban.
Fmalment , la Rusia, situada en los 'O >.fin'-s
orientales de la Europa, vasio imperio cuy" terri
torio se extiende al Este y al Oest ', forma la línea
divisoria éntrela ant'gua y la moderna c'vi'i/acion.
Sus leyes, sus ¡ns ituciones, son mas asiáticas que
europeas, (.'orno todos los pueblos orientales, las ha
b.¡sado en l¿ pena leí talion, participando 'leí es
píritu esc'usivista peculiar á est s, ha permanecido
en un estado de aislamiento ageno é indiferente á
los sucesos importantísimos que se verificaban á su
alrededor. Sus relaciones diplomáticas puede decir
se que solo datan desde principios de este siglo.
Sin embargo, arrastrada por los acontecimientes de
1857 y por la perpetua cuestion do Oriente, que
preocupa á las grandes potencias de la Europa Occi
dental, parece dispuesta á salir por completo detesta
do de retraimiento en que se eneontraba, para entrar
de lleno en la vía de la civilizacion y del progreso.
Su legislacion penal es cruel, absurda y deficiente;
el espíritu de reforma tan visible en otras naciones
no se ha hecho sentir en Rusia, que conserva sus
leyes penales antiguas, con solo ligeras modifica
— 19 —
ciones introducidos en el año de 1848. La pena de
muerte se prodiga en su código, tambien se consig
nan los tormi ntos y mutilaciones que han sido
frecuentes en la primera mitad del siglo en que
vivimos. La flage a-ion, la pena de bombas, y de
minas, abo ida en to>'a Europa, se conserva en el
imperio Moscovita. La regularidad de la tramita
cion, elemento indispensable de garantía y protec
cion para el acusado, es d sconocida completamente,
solo se fija la severidad del castigo.
Nada dirémos de la organizacion política ni
de las leyes de los diversos pueblos del Asia, su
civilización es imperfecta y deficiente, sus costum
bres rudas y primitivas, las penas no pueden menos
que ser crueles y desproporcionadas; no hay ver
dadero sistema ni principios filosóficos ¿n que ba
sarlas, se castiga por arbitrariedad, por la ley del
mas fuerte, para causar un mal al delincuente, sin
la menor idea de las cualidades morales que debe
reunir todo pena-
La Europa hace sentir su influencia civiliza
dora á las apartadas regiones que se encuentran en
los confines orientales del Mundo, llevando con su
industria, su comercio, y hasta con sus armas el
espíritu de progreso y adelanto.
Si bien es cierto que la cuna de la civilizac'on
fué el Asia, y que el Oriente la trasmitió al Occi
dente, no lo es ménos que este á su vez la ha refor
mado y desarrollado, devolviéndola á aquel, á la
manera que el Océano recibe convertida en brillan
te espuma el agua de sus olas que se esti ellan en
lejanas costas.
En cuanto á las naciones de Amér ca, primi
tivas colonias europeas, su civilizacion, sus leyes y
— 20 —
costumbres son tambien europeas. Méjico, las
repúblicas del Centro y del Mediodía conservan
aun vigentes muchas de las disposiciones penales
contenidas en la Novísima Recopilación. El código
de Colombia y los de Chile y Perú presentan en
su clasificnc on y en ¡-u penalidad >¿ran analogía con
los principios consignados en la constitucion de
1812 y en el Código Español d - 1822. LosdeBo-
livia y del Brasil, formados recientemente, han te
nido presentes los adelantos que en nuestros tiem
pos ha alcanzado esta parte de la legislacion, la
tentativa de delito se castiga en ellos con menor
pena y la de muerte se encuentra muy restringida.
Los Estados Unidos de la América Setentrio-
nal carecen como Inglaterra de un código uniforme
que los rija en materia criminal; pero en ellos exis
te una razon filosófica que explique esa faba de
unidad penal. Según su constitucion política cada
estado es completamente independiente para for
mar 1 s leyes que se refieran á su régimen interno,
estando solo unidos poi 1 zos federales para las que
son de interes común, por consecuencia la legisla
ción es fsencialmente variable, cada estado recono
ce «listintas penas y castiga un mismo delito de di
versos modos. Sus leves toman el nombre de esta
tutos y se designan á veces por óulen numérico,
otras por fechas, como acontece con nuesti as cé
dulas y Reales órdenes.
Si de las d ferencas que se notan en los siste
mas penales, unificados por la revoluc;on francesa
y que dependen en gran parte de la constitucion y
organizacion polít ca pecnliar á cada e-ta'lo, des
cendernos al examen de los cast gos consignados en
sus códigos, observaremos gran analogía. Todos han
— 21 —
bása lo sus medios de represion en las pena*, es de
cir: en un dolor, en una privacion impuesta al de-
lincuen e para contrarestar la seduccion del delito,
con el t mor <le la pena, solo se d ferencian en Ja
aplicacion prá tica d- esta La China, cuyos u-os
y costumbres difieren en tantos punios de los d 1
Europa, es la ún ca n ae¡on que se ha separado de
esa línea de c nducta, uniwrsalmente ; dmitida,
adoptan lo en su legislacion, medios preventivos y
represivos; estos los constituyen las penas, aquellos
las recompensas. Las leyes chinas premian gran nú
mero de virtudes, que tienen marcadas en los códigos
sus remunei aciones, de la misma manera, que los
delitos sus penas.
Consecuencia de la unidad fundamental en que
han basado los hombres la penalidad, es la identi
dad de los castigos La p^na de muerte se ha apli
cado en todos tiempos y países: los mas apartados,
aquellos que no tenian relaciones ni vínculos que los
ligaran, sin conocerse recíprocamente la han con
signad t en sus códigos. La mayor d tod s las priva
ciones, no podi i pasar desapercibida en un sistema
qu- en ellas se funda. Solo así se explica la univer
sa idad de su existencia.
No es nue-tro ánimo hacer su historia, defensa,
ni mu ho monos su apología; sería separarnos por
completo del fin quenas hem>>s propuesto. Solo con
siga imo* hechos, sin entrar en 1 onsideracio ¡es ni
apreciaciones, que tienen su lugar y opoituilad
en otra parte de la Ci ncia. Unicamente manifesta
remos, que á pesar de todos los e fuerzosqne de-de
el sL-lo pasado se vienen haciendo para aboliría, 'os
resultados hansidopoco satisfactorios Elartíc lo l9
de la ley de 4brumario, año IV de la República, la
— 22 —
hizo desaparecer; ese ejemplo lo siguieron algunos
principados y señoríos de Alemania y poco despues
ciertos cantones de la república Helvética; pero
consignad» mas tarde en el código francés de 1810,
fué restablectda nuevamente en todi's partes».
Hoy se encuentra desusada en Suiza, en los es
tados de Pensylvania y de Rhode Island y muy res-
tr ngida en los códigos de Bolivia y del Brasil.
La perpetuidad de las penas ha sido muy de
batida por los publicistas y filósofos que se han
ocupado de la legislacion penal; encontrados pare
ceres les dividen; según unos, son las únicas que
pueden sustituir con ventaja la Capital, según otros,
no llenan sus fines morales, pues no puede haber en
mienda, donde no hay esperanza; pero es lo cierto,
que casi todas las naciones las han adoptado, en su
constante anhelo de limitar y restringir la pena de
muerte. España las ha consignado en su código de
1848 y en el reformado de 1870- Francia en el de
1832, Ing' aterra en los estatutos de Jorge IV sobre
deportación y algunos estados de la Union America
na en los suyos particulares.
Al tratar de las diferencias penales, no nos pa
rece fuera de propósito, decir dos palabras, acerca
del régimen carcelario. Hasta fines del siglo pasado
nadie habia creido digno de fijar su atencion, en la
organizacion de las prisiones; solo se exigia solidez en
su construccion, cadenas, rejas y murales, era lo que
pedia la sociedad, como garantía desu propia seguri
dad, contra los que delinquian; con esto, se creia sal
vada. Poco le importaban los horrores que aquellas
encerraran en su recinto, los crímenes que en ellas
germinaran, el foco de infección física y moral, cu
yas deletéreas emanaciones iban esparciendo por
— 23 —
todas partes, el vieio, el crimen y la muerte. No te
niendo á mano el remedio, ó no queriendo estudiar
las causas del mal, cerraba los ojos, para no ver
el cáncer que le roia las entrañas. Los plomes de
Venecia, los castillos de If de Ham y de Spielberg,
la Bastilla, la tor re de Londres, los calabozos de Ña
póles y «le Milán, están llenos de lúgubres y terri
bles recuerdos, quH los harán para siempre tris
temente célebres.
Ya á fines del siglo pasado, algunos pu
blicistas, se habian ocupado de la necesidad de se
parar en las prisiones, no solo los criminales de
los que estaban detenidos por meras sospechas,
sino tambien aquellos entre sí, atendiendo á su
mayor ó menor grado de perversidad, pero .solo á
principios de este siglo, llegaron á plantearse las
prisiones preventivas. Pensóse asimismo en mejo
rar ó mas bien dicho en crear condiciones higiéni
cas á los establecimientos penales: Inglaterra, pre
ciso es confesarlo, no solo inició la idea, sino que
la realizó de un modo satisfactorio, organizando en
ellos el trabajo y proporcionando á los penados con
la instrucción, los medios de enmienda y reforma,
En el año de 1818 se planteó en Anburn, ca
pital del Condado de Cayuga, en el estado de Nue
va York, un sistema penitenciario que lleva su
nombre. Fúndase en el trabajo en común, unido
al mas absoluto silencio; no ha tardado en modifi
carse por la aparicion de otro, llamado el de Pen-
sylvania; consiste este en la reclusion celular, com
binando el trabajo con el aislamiento, de manera
que la soledad y el silencio de los penados no es
turbado un solo instante, haciendo de la prision
un verdadero sepulcro.
— 24 —
Inglaterra, Francia y el Brasil, han adoptado
ese sistema mas ó ménos reformado. No nos deten-
drémos á exponer sus ventajas é inconvenientes;
tampoco los elogios y censuras de que lia sido ob
jeto por entusiastas apologistas y encarnizados de
tractores, basta á nuestro propósito indicar la di
ferencia de su régimen penal.
La flagelacion, castigo impuesto en todas las
legislaciones antiguas, ha desaparecido por com
pleto en las naciones de Occidente; solo dos códigos
la conservan en Kuropa: el Eslavo y el iluso,
afrenta de la civilizacion y de la humanidad, sig
no de barbarie, el bastinado y el Knont no tienen
razon de ser en la última mitad del siglo XIX.
Finalmente, las penas pecuniarias, conocidas
también de la antigüedad, se han aplicado en to
das- las legislaciones con resultado satisfactorio.
Reuniendo las condiciones filosóficas, que la razon
y la moral exigen en los medios represivos, son
convenientes en los delitos que por su naturaleza,
ofrecen la posibilidad de una reparacion material.
focamos al término de nuestro trabajo: re
corrimos la historia de la legislacion criminal, pa
ra bosquejar á grandes rasgos sus diferencias esen
ciales; hemos encontrado la razon de estas, en la
distinta organizacion política y social de las nacio
nes; llevados de un espíritu de análisis, descendi
mos á observar la penalidad, en su aplicacion
práctica y material, que tanto influye en la civili
zacion y cultura de los pueblos.
Réstanos, ántes de terminar, indicar las ten
dencias á la unificacion, que se observan en todos
los códigos. A ello han contribuido poderosamente
las ciencias de creacion moderna. La Economía
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Política, sentando los verdaderos principios de la
riqueza, del cambio, de la libertad del trabajo, de
la produccion y del consumo. La Estadística, de
mostrando con la lógica irrefutable de los mime-
ros, las ventajas é inconvenientes de las insti
tuciones penales. La Medicina Legal, suministran
do al legislador medios eficaces de formular con
justicia y proporcion sus penas, atendidas las dis
tintas circunstancias que concurren en el delito.
La Legislacion Comparada, poniendo en contacto
las leyes de diversos paises, estudiándolas y exa
minándolas á la luz de la Filosofía, infiltra en las
instituciones pátrias, los principios de los códigos
extranjeros, formando así una legislacion i'mica y
universal.
No han contribuido ménos, los acontecimien
tos políticos que en nuestros dias se están verifi
cando; la unidad del reino de Italia y la del impe
rio Alemán, muy pronto habrán de reflejarse en
sus respectivas legislaciones.
Todas estas á su vez, no son mas que refor
mas transitorias, indispensables para alcanzar
otras, que preparan á la humanidad dias de gloria
y de ventura. Llegará una época, en que el hom
bre, comprendiendo y apreciando sus derechos
conozca tambien la extension de sus deberes y
teniendo conciencia de su dignidad y valor moral,
no quiera mancharse con el contacto del vicio y
del crimen; entonces desaparecerán para siempre
los patíbulos, las cárceles y las penitenciarías, la
ciencia penal carecerá de objeto; la justicia y la
moral, serán los únicos móviles del hombre; la ra
zon y la verdad, sus vínicas aspiraciones. Nosotros
que creemos firmemente en su progreso, que teñe
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mos fé ciega en su porvenir y en su destino, espe
ramos confiados la realizacion de la obra mas
grandiosa y sublime de la humanidad, la que ele
vándola al colmo de su perfeccion, la acercará
tambien á Dios. •
He dicho.