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1.

EL CINE, SU ORIGEN Y SU ESTETICA

1.1. Historia del cine

Conviene comenzar por el principio; en la historia del cine pueden señalarse dos
comienzos, uno remoto y otro próximo. El primero, fue metafórico y luego estético;
data de la antigüedad, pues antecedente al cine, y suele situarse en el mito de la
caverna de Platón, qué es una fábula o, si se quiere, una metáfora de la vida; la cual
describe Platón en su obra “La República”, y donde afirma que: nos es dado conocer
las sombras proyectadas por los seres y las cosas, y no las cosas en sí mismas,
pues vemos una ilusión de la verdadera realidad.
El cine en su devenir es una metáfora, pues sus imágenes fluyen incesantes en la
pantalla; el gran valor de la metáfora reside en que, al contener el concepto de
representación, está ya aludiendo a la condición fundamental del cine: ser un arte.
Entonces es válido decir que, al buscar el origen del cine en el mito platónico, a la
vez estamos preguntando por el origen del arte; este tiene origen en la religión, más
exactamente, en el “sentimiento religioso” ha nacido de la angustia del hombre ante
el misterio del mundo y las cosas; de la necesidad de comprender, de explicar lo
inexplicable, de captar lo inapréhensible. Desde los tiempos más remotos este
sentimiento es el que impulsa al hombre a clasificar las cosas, a buscarles (a darles
si fuere preciso) una razón de ser, un sentido, una necesidad; a encontrar en todo
y por todas partes la armonía, el equilibrio que intuye por ser, él mismo, armonía y
equilibrio.
El arte es la expresión del sentimiento de absoluto que el hombre lleva en sí, y que
busca en los datos del mundo sensible, más allá de esos datos mismos. A través
de la evolución del arte, y especialmente de la pintura o las artes gráficas, la
emoción religiosa se ha convertido poco a poco una emoción estética. Pero el
proceso psíquico ha permanecido y permanece idéntico. Todo arte, toda forma de
arte, si tiende hacia la expresión de armonía y equilibrio que hemos afirmado, es
decir, de reposo, en el seno mismo del movimiento y, a veces, con el propio
movimiento, requiere, si no reglas, al menos algunos criterios susceptibles de
definir, mínimamente desde el exterior, lo que puede y debe ser para alcanzar la
perfección.
Si los orígenes de un arte, dejan entrever algo de su esencia, resulta admisible
considera el cine mudo y sonoro como etapas de un desarrollo técnico que realiza
poco a poco el mito original de los inventores. Resulta absurdo tener el cine mudo
como una perfección primitiva de la que se alejaría cada vez más el realismo del
sonido y el color.
Se habló de dos comienzos, uno remoto, que se acaba de exponer, y de un pasado
próximo en el desarrollo del cine. Este se relaciona con el contexto histórico,
artístico, social, económico y político, con la cultura de su tiempo.