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Daniel Rodríguez Vela-David González Boyero

Master Filosofía Contemporánea


Prof. J.F. Zúñiga
Filosofía del Arte Contemporáneo

PROTOCOLO DEL TEXTO 8: DE UN FRACASO TRIUNFAL I: LA


POLITIZACIÓN DEL ARTE, CAPÍTULO DE ESTUDIOS DEL
MALESTAR, DE JOSÉ LUIS PARDO

- Los artistas (especialmente los poetas) han tenido el monopolio del sentido de la
historia. “Ellos debido a su proximidad inmediata con las religiones de los pueblos y, en
consecuencia, a su trato con los valores sagrados, esto es, aquellos valores que no se
reducen a los de aquellas cosas que son susceptibles de intercambio comercial. Walter
benjamín se refiere a este fenómeno como el “aura” de la obra de arte” p.213.

- La ruptura que tiene lugar en la modernidad con respecto a ese monopolio del sentido
de la historia. “Todos empezamos a buscar la felicidad en este mundo, y los oficios de
poeta y de artista perdieron esa autenticidad de la que habían disfrutado durante siglos,
convirtiéndose en profesiones del sector del espectáculo destinadas al entretenimiento
de las masas. La obra de arte extravió su origen y comenzó el proceso de destrucción de
su “aura” y de su valor de culto, la ruptura de los vínculos con lo elemental” p.214.

- En este cambio de paradigma, el político releva al poeta en la función de producir


sentido (de modo análogo, la religión transmundana fue relevada por la creencia en la
Historia mundial). “La guerra fue el instrumento mediante el cual la política realizaba
en la Historia las aspiraciones de la antigua poesía, y que desde luego llevaba consigo
una amenaza de muerte que daba a la política el discurso de gravedad que antaño se
reservaba para el discurso religioso”. p.215.

- Como reacción antes esa nueva distribución funcional de la modernidad, tiene lugar
una rebelión moderna por parte de poetas, artistas, filósofos; la reclamación de una
esfera autónoma respecto del compromiso político exigido por la Historia mundial.
“Valiéndose del procedimiento de la separación de poderes, amparados por las
constituciones modernas Ilustradas, los artistas e intelectuales constituyeron una
jurisdicción propia e independiente con respecto a la política, la religión , la moral, la
propaganda o el negocio del espectáculo, que en el caso de los artistas supuso la
institucionalización del “Arte” como esfera independiente y que permitía a sus
profesionales controlar tanto la producción cultural de su sector como la evaluación
independiente y cualitativa de sus productos.”. p.216.

- Las vanguardias sólo tienen sentido dentro de un marco con jurisdicción autónoma
como el de la institución “Arte”. Y sin embargo, “significaron una rebelión
antimoderna contra esa “solución” al problema, una sublevación contra la jurisdicción
artística” que pretendía recuperar la autenticidad perdida con la modernidad,

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reclamando esa dimensión sagrada de “auricidad” que se había perdido con la
separación del Arte de la vida operado por dicha institucionalización, degradando el
carácter comunitario de las artes a la condición de “placer” privado de los individuos
que compran y venden obras. p.216.

- El “modus operandi” de las vanguardias fue el del “atentado simbólico” o “atentado


artístico”, pues frente a otras manifestaciones artística que de algún modo “atentaban”
contra ciertas formas o tendencias hegemónicas pero siempre dentro del marco jurídico
autónomo, la vanguardia buscaba la superación misma de la idea de “obra de arte” y
todos sus corolarios asociados. Pero bajo este modo de operar se destapa una realidad
funesta; “Los atentados son la forma de luchar de quienes carecen de armas con las que
hacer frente al inmenso ejército del enemigo (en este caso, toda la institución “Arte” y
su infraestructura, incluida su “policía política”, la crítica del arte)”. p.219.

- Esta radicalización de las vanguardias contra las bases jurídicas del “Arte” es
interpretada por Walter Benjamin según los parámetros de estetización de la política” y
politización del arte; “utilización retrógrada de la sacralidad tradicional de la obra de
arte para ponerlo al servicio de una sospechosa reconstrucción de la comunidad de culto
que desemboca en el culto al líder y en la exaltación patriótica de los ritos sacrificiales
de la guerra (fascismo), y la disolución del arte en la vida y puesta a disposición del
pueblo, de sus métodos y procedimientos (comunismo)”. P.219.

- La revolución antiartística contra la autonomización Moderna no se hacía en nombre


del Arte, si no de la vida, y debía ser una revolución política si quería ser una revolución
seria y auténtica. En ese momento histórico, comunismo y fascismo eran dos
movimientos políticamente vanguardistas, luchaban contra la inautenticidad “burguesa”.
En ambos, arte y política intercambiaban sus fundamentos: cada uno de ellos devolvía
al otro la autenticidad que había perdido. p.220.

- Pero la experiencia terrible generada por las dos guerras mundiales, la falta de
distanciamiento entre población civil y militar y la desaparición del aura “heroico” de la
guerra, la cantidad de sangre derramada y toda la barbarie acontecida, evidenciaron que
la Historia mundial estaba quedándose sin reservas de sentido.” Es en ese contexto en
el que aparece la Fuente de Duchamp. p.222.

RETORNO A LAS FUENTES

- ¿Cómo entender entonces desde el presente la dimensión de las vanguardias? Si


Duchamp y Stieglitz sabían que la Fuente no era una obra de arte, ¿Por qué nosotros no
lo vemos claro y dudamos? Porque aquella revolución fracasó; la Fuente consiguió
romper el cristal de la galería de arte, eliminar la “distancia estética” que separa un
objeto “real” de su representación artística, y alcanzó el interior del espacio expositivo,
Pero el alcance de su explosión no fue los suficientemente violenta para derribar el Arte,
y quedó atrapada en su interior como una anomalía. p.223

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- El fracaso reside en el descarriamiento del tren de la Historia, en que no pudo llegar al
destino de su consumación final, en que ese futuro del que la vanguardia eran
avanzadilla nunca llegó. “Perdieron la guerra contra sus enemigos y quedaron presos en
su territorio, condenados a un permanente estado de malestar,” p.223.

- La condición revolucionaria pretendida por estas invenciones en su intento por romper


con el Arte institucional ha derivado en su asimilación como producto consumible
desde su indefinición y dimensión de no-obra. Como todos los vencidos, han quedado a
merced de los vencedores, y nuestras dudas ante como calificar dichas “creaciones es la
manera de experimentar el malestar estético que padecen los propios artistas al tener
que someterse a una jurisdicción que no reconocen como tal. p.224.

- “Los artistas, por su parte, no pueden hacer más que reproducir una y otra vez la
acción de guerra contra el enemigo, la acción de suprimir la distancia entre lo real y lo
representado, Y en dicha acción, queda inmediatamente convertida en “representación”
y absorbida por la Historia del Arte, y es necesario por tanto volver a empezar cada vez,
como Sísifo, desde el principio, porque la intervención se borra en cuanto fracasa y en
cuanto queda desnaturalizada como representación.” No se trata, pues, de exponer
urinarios, sino de reiterar la acción revolucionaria de eliminar la distancia estética.
p.227.

-En ese gesto de repetición hasta el infinito del acto revolucionario de eliminar la
distancia pero sin llegarse a consumar totalmente, deviene en rebelión pero sin romper
los marcos constituyentes que le dan soporte. p.228.

-Todo lo que hemos visto hasta ahora se debe ¿al éxito o al fracaso de las vanguardias?
“¿Es posible ganar una guerra después de haber sido derrotado en ella?”p. 229.

Ejemplo que evidencia el asunto: Continúa existiendo el mundo y la institución


arte, “los críticos de arte contemporáneo y los profesores de Estética e Historia
del arte” “Entonces es que algo del plan inicial ha fallado”.

-Cuestión de los descendientes de los artistas de vanguardia: “(no-)artistas


contemporáneos” rompen con el Arte y su historia a día de hoy por su connivencia con
la Historia mundial y con los totalitarismos políticamente derrotados y su propio
fracaso.

“Y es justamente por eso por lo que los herederos de los vanguardistas


decidieron detener la historia del Arte justo antes de que la fortuna volviera la
espalda a la virtú vanguardista, para poder así prolongar indefinidamente el
atentado revolucionario contra el Arte (y contra toda su historia) que es su razón
de ser” p. 230.

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 Malestar como valor al que no se quiere renunciar: necesidad de la
(no)vanguardia posmoderna de que perdure su supuesto enemigo el Arte
moderno para seguir existiendo.

-El “Arte” está en la actualidad muy corroído y “deteriorado”, “como lo están los
profesores de Estética y de Historia del Arte y las universidades donde enseñan, como
lo están la política, la democracia parlamentaria, la crítica y, en definitiva, la
modernidad en general” p. 230.

 En el caso del Arte se debe “al efecto corrosivo de los orines de la


Fuente”.
 La supervivencia de todo esto “prueba que el proyecto vanguardista
fracasó […] que el futuro del que decían proceder sus patrullas no llegó a
materializarse históricamente”
 Revolución hoy: “tampoco ella es ya lo que era […] Es una guerra sin
victoria ni derrota, un irresoluble estado del malestar” p. 231.
 Aún así hay una esencial ambigüedad: también puede verse como
victoria de la vanguardia, al conseguir entrar plenamente en las
instituciones y permitirse el destruir y corroer aún más el arte desde
dentro. (Victoria/derrota del arte moderno, al igual que el posmoderno de
vanguardia)

-Consecuencias: Benjamin: estetización de la política/politización del arte “ni


siquiera es fácil ahora discernir claramente entre los dos procesos” p. 231. Muchas
veces parecen fundirse. Ej. de Vasili Grossman, Vida y destino, soldados alemanes y
soviéticos identificándose. Fracaso triunfal “una idea que tiene que ser derrotada
militarmente (como lo fue el nacionalsocialismo) para poder tener éxito (en el
comunismo soviético)”. En la pos vanguardia sucede lo mismo, repetición de “el
antagonismo puro que se ha vaciado de todo contenido discursivo”.

«CHOBA B CCCP» (*Disco Back in the USSR, o The Russian, Album de Paul
McCartney)

-Pero, “¿qué ha sido, pues, tras las guerras mundiales, de aquel proyecto vanguardista
de la politización del arte?” Aunque no triunfara causó igualmente “importantes
estragos” p. 233.

Los vanguardistas residen en territorio enemigo, quedando a merced de sus enemigos.

-“La detención de la historia del arte no ha generado otra historia, sino un modo de
continuidad o de persistencia completamente distinto del decurso histórico y parecido a
lo que venimos llamando disturbios” p. 234

“tras el abandono del paradigma histórico, se necesitaba otro principio rector


que ya no fuese estático ni rígido”, en la Institución arte, museos, etc. Fin de los
-ismos, del concepto revolución, etc. Es la época del “giro” (poscolonial,

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feminista, archivista, especulativo…), en el formato perpetuamente fluctuante de
las exposiciones temporales, que reina bajo el dominio de “los ritmos
productivos y los flujos financieros” p. 235.

La Historia Mundial, como la del Arte, cobra una forma fantasmal, que vuelve
al tiempo estacional, cíclico, aunque irregular; una historia ya sin sentido y no
mecánica. El arte -y su estado-, permite hacer este diagnóstico “ya que
constituye la imagen más luminosa de este tiempo nuestro y el modo más seguro
de auscultar” p. 235.

-Antinomias del arte: Arte contemporáneo es antinómico porque al seguir vigente la


oposición arte moderno vs arte posmoderno, el arte contemporáneo no se ha logrado
aún, pues el fracaso de fusionar arte y vida no se ha logrado tal como pretendían las
vanguardias. Aún hay modernidad, aunque erosionada, por tanto no es
contemporaneidad. Obras que son no obras, artistas que “reniegan de su condición de
artistas”, museos del malestar que no quieren ser museos sino centros de arte
contemporáneo, críticos que abominan de la crítica, etc.

-Politización del arte: “Podría parecer que el derecho (de los artistas posvanguardistas) a
seguir en estado de malestar encierra la pretensión de mantener los resultados estéticos
de las vanguardias y de soslayar, en cambio, su intención política” p. 236.  “PERO
NO ES ASÍ EN ABSOLUTO”.

 Al renunciar, como muestran las antinomias, a todo estatuto de


autonomía, requieren los posvanguadistas de “una legitimación política”
(se rescata el gesto del compromiso). Ej.: inmigrantes y refugiados como
tema de las obras y performances.
 Permanencia de la “huella retórica del comunismo”, intenciones
“directamente políticas”, a pesar de su lejanía con la vida cotidiana o al
menos su no disolución con ella.
 Toma de partido por «lo común» frente a «lo público» (que desprecian y
de lo que dependen aún así). La auténtica comunidad frente a lo no
auténtico (peligro de esta dicotomización, advierte Pardo).
 Requiere un público auténtico aunque solo llega al burgués al que
pretende escandalizar. Escándalo vanguardista vs disturbio “efímero” de
la intervención posmoderna actual. Ej.: Deborah De Robertis en el
Museo D´Orsay.

-“Herencia importante” de la vanguardista política (fascismo comunismo) en el


posvanguardismo artístico actual ”justicia de las causas políticas” como instancia
provisional que legitime. Autonomía/Heteronomía (esta última como arte al servicio de
esferas diversas).

- Crítica de Pardo a esta vinculación político vanguardista que adopta una “legitimación
ideológica” de tipo “estalinista” p. 240. A la larga esto lleva a justificar unos medios
atroces para cumplir los fines elevados de unos discursos críticos que han “perdido sus

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condiciones estéticas de posibilidad”. A este respecto, no le parece extraño a Pardo que
ahora “vemos muy frecuentemente a los filósofos neocomunistas en centros de arte
contemporáneo” p. 241. “El artista […] al rechazar su autonomía, se ha quedado
huérfano de discurso crítico”. APUESTA POR LA AUTONOMÍA DEL ARTE [¿No
habrá perdido asimismo ya esas condiciones de posibilidad?]

-¿Politización del arte, según lo visto hasta ahora? La política neovanguardista no se


refiere a “la acción de los poderes públicos en el marco del derecho” p. 242 (sería
inauténtica). Pardo critica la vaguedad y ambigüedad de esta política y de este arte, que
además parecen bastante oportunistas al acogerse a cierta forma de autonomía estética
para justificar actos políticos sin consecuencias penales. Pero no limitándose a querer
que sea eso. El posvanguardista quiere fusionar la vida con el arte a pesar de todo,
disolver su arte en política. Hay una dialéctica cíclica entre esta vocación de autonomía
y de la huida heterónoma de la huida de la indefinición estética para producir la
revolución.

 Crítica de Pardo: “Pero como la revolución no se produce […] se tiene la


impresión de que lo único que se ha conseguido de esa manera es
estetizar la política y ofrecer una política estética (o sea un sucedáneo
fraudulento de la política)” que no es aceptada ni reconocida por el
público ESTETIZACIÓN DE LA POLÍTICA, a su pesar.