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LOS DESAFÍOS DEL ECOFEMINISMO

Por Lic. Ricardo Pobierzym

"El silencio de la naturaleza", obra de la artista nicaragüense


Celia Lacayo. Imagen donde lo femenino brota desde el
misterioso seno de la frondosa vegetación.

Durante el año 2002, el filósofo argentino Ricardo Pobierzym pronunció

en "Espacio y", en la Ciudad de Buenos Aires, una conferencia respecto a

las identificaciones, desde un plano histórico y simbólico, entre lo

femenino y la naturaleza. El ecofeminismo y sus desafíos. Una

aproximación filosófica a la dimensión de la naturaleza que en Este


Mundo de agresión ambiental y devastación de los ecosistemas, adquiere

una importancia estrategia fundamental para estimular la conciencia

respecto a la trascendencia de la vida natural.

LOS DESAFÍOS DEL ECOFEMENISMO

El tema en cuestión figura como LEGALIDAD VINCULADA A LA

NATURALEZA. Y mi propósito es otro, si bien tiene que ver con la

naturaleza mi intención es referirme sobre una corriente nueva, que no

tiene más de diez o veinte años, y que se presenta con el nombre de

ECOFEMINISMO. Esta corriente filosófica, con fuertes resonancias

religiosas, epistemológicas y políticas, intenta realizar una relación entre

ecología y feminismo.

Siguiendo el hilo conductor del título, si hablamos sobre una "legalidad"

vinculada a la naturaleza, lo primero que en estos tiempos hay que

preguntarse es si. se puede acaso hallar algo así como una legalidad en la

naturaleza. Para ello, como buenos tardomodernos o modernos en crisis,

tenemos qué hacernos cargo de aquellos que pensaron a la naturaleza en la

modernidad, es decir, en algunos de sus exponentes más importantes.

Así por ejemplo, ara Galileo Galilei, el libro de la naturaleza estaba

escrito en caracteres matemáticos. Estos mismos patentizaban el lenguaje


de Dios.

Descartes, por su parte, decía que la naturaleza podía ser considerada

como "res extensa" , cosa extensa, medible, calculable, matematizable, y

Kant en la "Crítica de la Razón Pura", afirmaba que éramos "nosotros

mismos (a través del uso de las categorías) los que introducimos el orden,

y la regularidad de los fenómenos que llamamos naturaleza ".

Estos tres filósofos son testigos pensantes de una época absolutamente

novedosa, única e Irrepetible -tanto por sus avances tecno-científicos,

como por sus promesas utópicas- que parecen finalmente habernos llevado

hacia un gran desencanto. .

Para Ivone Gebara, religiosa de la Congregación de las Hermanas de

Ntra. Sra. , nacida en 1944 en San Pablo, la Modernidad comienza con dos

hechos fundamentales: la tortura de brujas y el establecimiento del

método científico. Ambos eventos se encuentran estrechamente

relacionados.

En efecto dice Gebara "las brujas fueron no sólo consideradas símbolos

del mal, sino también, de la violencia de la naturaleza capaz de provocar

tempestades y enfermedades, de matar niños, por eso las mujeres

revoltosas y la naturaleza en desorden precisaban ser controladas"

Para esta autora, la modernidad comienza con la redefinición del papel de


la mujer como ama de casa subordinada a las relaciones matrimoniales

y a la familia; a su vez, la naturaleza liberada, de la fuerza de los

espíritus, despojada nuevamente de sus secretos, pasa a ser dominada

por el espíritu científico masculino.

En el Occidente moderno se acentúa la separación entre naturaleza y

cultura, pasando a prevalecer esta última sobre la primera, imponiendo e

interpretando según sus propias reglas a una naturaleza hostil y necesitada

de ser dominada. De este modo, tanto los negros, los indígenas y las

mujeres formaban parte de esa naturaleza y justificaban por ende ser

dominados.

Un claro ejemplo, rastreando obras de otros filósofos modernos, es el que

da Hegel en sus Lecciones sobre la filosofía y la historia universal. Casi

al principio de este texto Hegel nos dice: "El nuevo mundo, quizás, haya

estado unido antaño a Europa y África, pero en la época moderna (S

XIX), las tierras del Atlántico que tenían una cultura cuando fueron

descubiertas por los europeos, la perdieron al entrar en contacto con

éstos. La conquista del país, señaló la ruina de su cultura de lo cual

conservamos noticias, pero se reducen a hacernos saber que se trataba

de una cultura natural, que había de perecer tan pronto como el espíritu

se acercaba a ella. América se ha revelado siempre y sigue revelándose

impotente en lo físico como en lo espiritual; los indígenas desde el


desembarco de los Europeos han ido pereciendo al soplo de la actividad

europea. "

Cuando doy clases, pongo siempre este ejemplo, sobre todo cuando dicto

filosofía contemporánea empiezo con Hegel, al cuál se lo puede

considerar como una bisagra entre la filosofía moderna y la

contemporánea. Siempre me ha llamado la atención la sutileza que tiene

este pensador en relación a la noción del Espíritu (Absoluto). No se trata

de un dominio meramente bélico, político o económico sino, ante todo, de

un dominio espiritual que prevalece sobre lo (meramente) natural, y que

lleva y se justifica a través de las instancias bélicas, económicas o

políticas. Esto último, me parece sumamente interesante para pensarlo

actualmente. Seguramente no para darle la razón a Hegel en este punto,

pero sí para empezar a pensar desde y con Hegel, y quizás seguramente

contra Hegel, la expansión tecno-científica y económica del mundo

contemporáneo y el rol que tienen los países periféricos (como el nuestro)

en la misma. Creo, sinceramente, que nos haría falta un pensador de

semejante altura para poder pensar con cierto vuelo y mayor sutileza

aquello que (como argentinos situados en el contexto Lartinoamericano)

nos está pasando.

Volviendo a Ivone Gebara, para esta filósofa y religiosa, los oprimidos,

las mujeres y la naturaleza estuvieron presentes en los discursos de las


estrategias dominadoras de la política, la filosofía y la teología oficial

(entendiendo por "oficial" al pensamiento Occidental explícito.) Por el

contrario, el viraje que intenta introducir el ecofeminismo consiste en

advertir que el destino de los oprimidos esta íntimamente ligado al destino

de la tierra. En este aspecto, toda apelación a la justicia social, implica

una eco-justicia.

Por el contrario, la complicidad de las celebraciones cristiano-patriarcales

con los imperialismos políticos de turno, la complicidad del cristianismo

colonial (la utilización del cristianismo por el colonialismo), implica la

dominación de las mujeres, de las culturas no occidentales y la

explotación sin límites de los recursos naturales. Es interesante destacar la

relación que se hace por un lado, de la explotación de los pueblos y, por el

otro, la explotación de la mujer-naturaleza.

A partir de esta interpretación esta corriente se propone abordar la

cuestión epistemológica. En las antropocéntricas y androcéntricas

epistemologías tradicionales, no estaban incluidos ni las mujeres ni los

seres vivos, ni los salvajes. Pero, de este modo, el antropocentrismo ha

dejado afuera la profundidad de la conexión existente entre todos los seres

vivos a partir de las más prístinas energías del universo.

Podemos afirmar siguiendo al pensamiento ecofeminista propuesto por

esta autora, que tanto la filosofía como la metafísica - y acá me atengo a


otros autores, como Vattimo y Rorty (ambos asiduos lectores de

Heidegger )- que la historia de la filosofía comprendida como la

destinación de la metafísica se convierte, y sobre todo en la modernidad

en una variante más del antropocentrismo. Es decir, la filosofía desde sus

orígenes y en su desarrollo histórico sería antropocéntrica.

En este aspecto, lo que intenta hacer el ecofeminismo es pensar al ser

humano no desde esencias buenas e ideales, como lo intentó el platonismo

y prosiguió casi toda la historia de filosofía, sino a partir de la compleja

realidad cósmica de la que somos parte. Realidad compleja en la que se

complementan de modo enigmático tanto el bien como el mal. Es decir, en

esta concepción no se trata ya de separar el mal como algo que hay o que

habría que superar muy hegelianamente o como la contracara del bien. No

se trata de intentar definir el mal como ignorancia al cual están ligados los

prisioneros de la caverna platónica ni tampoco se trata de tomar el mal

como pecado (al menos en el sentido "tradicional" que se le otorga a dicho

término), sino que el mal y el bien interactuando enigmáticamente entre sí

presentan, de este modo, la enigmática realidad.

El ecofeminismo plantea entonces la relación entre feminismo, ecología,

ciencia y religión ; es decir se extiende a todos estos ámbitos. Por ello

afirma que la epistemología androcéntrica, subyace en la teología

patriarcal, donde el género masculino ingresa como criterio único de


veracidad y eclipsa las percepciones que son diferentes. Percepciones que

no entran dentro de la categorías de la filosofía tradicional

antropocéntrica. A modo de ejemplo, desde el punto de vista ecofeminista

mencionaré, brevemente, dos disciplinas : la ciencia y la religión.

En relación a la primera, la perspectiva eco feminista intenta abrir la

percepción para captar aspectos fundamentales de la vida que fueron

excluidos desde nuestro campo cognitivo. Con ello se afirma que en el

desarrollo de la ciencia hubo aspectos que no fueron tenidos en

consideración y, por lo tanto, fueron reprimidos entre nuestros saberes. En

este sentido, resulta también sumamente instructivo el aporte de Foucault.

Es menester abrirse hacia otras conexiones y denunciar el carácter

ideológico de buena parte de la ciencia patriarcal tal como fue el

despliegue de la ciencia occidental moderna.

Ya Nietzsche había aseverado que el problema no era (estrictamente

hablando) de la ciencia en sí, sino del método científico. Posteriormente

en ¿Qué significaba pensar? Martín Heidegger afirma que la ciencia no

piensa; y Gadamer en Verdad y Método privilegiará la experiencia de la

verdad del arte.

Pero, ¿cómo deconstruir el "método" conocimiento? En principio, se trata

de considerar al proceso cognitivo como un proceso continuo, situado,

como un movimiento condicionado a partir de una determinada cultura.


Acá no hay un conocimiento universal previo sino siempre situado. Por

ello, es un saber que responde a un determinado contexto. Partiendo de

esta hipótesis podemos decir que se da un vínculo entre un determinado

mundo y el modo de conocer . A su vez se introduce la noción de género

siendo éste, quizás, uno de los argumentos más originarios: Dice Ivone

Gebara: "en la construcción social del conocimiento humano, lo

femenino y lo masculino deben expresar su manera de ver el mundo"

La noción de género viene a quebrar el mito del universalismo masculino

en los diferentes campos del saber. Por ello, existe una necesidad de

reveer el conocimiento humano revelando sus límites y mostrando hasta

qué punto la historia oficial no ha incluido a los pueblos y a las mujeres.

En ese sentido se intenta una revalorización de las culturas originarias. A

su vez, hay que advertir que este intento ya se ha bosquejado

especialmente en el contexto latinoamericano en las denominadas

filosofías de la liberación. Éstas últimas, si bien son dignas de

revalorización, con todo, muchas de ellas siguen ligadas a cierta tradición

antropocéntrica.

La epistemología ecofeminista intenta ser entonces una epistemología

contextual donde se acentúa la regionalidad universal de todo

conocimiento. Intenta ser también una epistemología holística, ya que

parte del hecho de que no somos un todo (a modo de un conglomerado)


sino que esa totalidad está en nosotros. Conocemos de un determinado

modo, porque la evolución del todo nos preparó para que así fuera. Acá

parecen percibirse nociones muy interesantes para relacionarlas con lo que

fue el movimiento romántico del s. XVIII y ver sus posibles

vincularidades. Me refiero sobre todo a la noción de totalidad. Esta

misma, holisticamente hablando nos advierte que hay diferentes

capacidades cognoscitivas las cuales no pueden reducirse a una visión

meramente positiva-racional.

En este sentido, en esta visión "eco-alternativa" se introduce la afectividad

y el erotismo en el el proceso mismo del conocimiento. Y si bien Eros,

desde un principio, siempre fue inmanente a la búsqueda de la sabiduría

con el tiempo la autonomización cada vez más creciente de las ciencias

terminó aliándose con una razón meramente intrumental. Contrariamente,

la introducción de la afectividad, en el proceso del conocimiento, nos

sumerge en la imposibilidad de determinar con claridad los límites entre

objetividad y subjetividad.

Es decir, tanto el objeto como el sujeto se van constituyendo en el acto de

conocer. Por ende, podemos decir que un científico apasionado se acerca

bastante a la tarea del artista y el creador. Esta concepción parece ser la

actualmente sostenida por el filósofo norteamericano Richard Rorty el

cual habla de las redescripciones para indicar la institución de nuevos


paradigmas, de nuevos sistemas de metáforas para describir el mundo.

Esto sería llevado a cabo tanto por filósofos, poetas y científicos. En este

aspecto Rorty lo sigue a Kuhn sobre todo en la distinción que este último

realiza entre la ciencia normal y la ciencia revolucionaria. El científico

creador sería aquel que rompe con el paradigma establecido y ejecuta o

lleva a cabo la instancia revolucionaria. Para la concepción eco feminista

la razón humana pierde su fuerza en la medida en que la disociamos de

sus pasiones, de la seducción, la atracción y del encantamiento que los

seres que pueblan nuestro mundo ejercen sobre ella. Es sabido que desde

la militancia ortodoxa muchos son muchos los científicos que no están de

acuerdo con esta interpretación. Pero consideramos que tal vez ello no se

deba a que la ciencia necesariamente lo dictamine de ese modo sino más

bien por los intereses creados (por ciertas inercias de poder) que

consciente o inconscientemente operan sobre los mismos hombres de

ciencia haciéndoles proferir determinados tipos de discursos rígidos y

desfazados.

En lo referente a la cuestión religiosa en esta materia el eco feminismo

afirma que la concepción antropocéntrica subyace en la teología patriarcal.

Para Gebara la teología oficial de la Iglesia Católica ha sido la gran

monopolizadora del discurso religioso occidental conservando la

estructura aristotélica tomista de la Edad Media. Una crítica similar a este

pensamiento que subyace en la teología lo ha hecho también, desde la


filosofía del pensamiento débil, el pensador italiano G. Vattimo. Este

discurso teológico es algo así como una estructura, una especie de anteojo

a partir de los cuales vemos y entendemos nuestra vida y fe cristiana. Dice

Gebara: las experiencias de Jesús , su lucha contra los poderes

destructores del ser humano, se encuentra reducida a un esquema

intelectual que muchas veces viola nuestra razón, violenta nuestra

percepciones y agrede nuestro corazón. De este modo, creemos que

queda claro que lo que se intenta pensar es el fenómeno religioso

respetando su contextualidad, su propia cultura, creencia y su vínculo con

la naturaleza. Es decir, acá no se esta yendo contra la teología ni contra la

religión sino que se intenta deconstruir el discurso metafísico que está

implícito en la teología antropocéntrica ya que la misma impone limites

imposibles de traspasar considerados siempre como "verdades de fe" o de

"revelación".

En este aspecto desde una perspectiva religiosa acorde a un mundo

globalizado aunque culturalmente diferenciado se trataría de retomar

preguntas como: ¿A qué experiencia humana corresponde hablar de

Dios, de Encarnación, de Trinidad , de Resurrección, de Eucaristía?..

La meta que se propone el ecofeminismo es recuperar en la experiencia

humana, una experiencia que permita que el significado de nuestra

creencias más profundas, aflore en nuestro cuerpo y en nuestra mente.

Para ello es necesario abrirse a las tradiciones de nuestro pasado, a las


culturas y religiones no cristianas, y comenzar a bosquejar una razón

crítica capaz de combatir las alienaciones que nos mantienen cautivos en

los actuales sistemas autoritarios.

A su vez, es menester tener en cuenta que la crítica hacia la religioso, se

dirije y tiene como consecuencia una toma de postura tanto en lo ético

como en lo político. De este modo, no solamente lo religioso en el sentido

dogmático, por ende cerrado, es motivo de crítica sino también esta crítica

se expande, muy especialmente, a "las religiones alternativas del

mercado" aliadas con el sistema neoliberal vigente. En este tipo de

sociedades las necesidades y deseos religiosos son captados y rápidamente

sometidos al sistema explotador y consumista imperante.

Pero tanto frente a la dogmática oficial como a las religiones del mercado

la religiosidad que se desprende del eco feminismo intenta vislumbrar el

cuerpo sagrado en toda su realidad cósmica. Así, todos los seres vivos,

incluidos por supuesto a los hombres, formamos parte de un cuerpo

sagrado el cual, lejos de eliminar las diferencias, acentúa el esplendor que

surge en la interacción de las mismas. La mencionada interdependencia y

el respeto a todo lo viviente es tal vez el punto central de esta

epistemología ecofeminista. Hay en nosotros un conocimiento humano,

animal, vegetal y cósmico. Por ende, se hace necesario introducir en los

procesos educativos la perspectiva de "comunión con". Ya no se trata de


ver a las especies vivas o al otro, al extranjero (al habitante de las culturas

"periféricas") como algo extraño, plausible de ser meramente investigado

y dominado. Dado que la interdependencia de todos los seres adviene en

un nivel cósmico todo ser vivo, sea un "mero" viviente o (en el decir de

Buber) un "tú" humano, es alguien al cual siempre nos dirijimos, con el

cual consciente o inconscientemente dialogamos y, gracia mediante,

comulgamos.

¿Cómo pensar la religión en medio de nuestras sociedades signadas por la

miseria social o el desencanto consumista? "La religión lejos -afirma

Gebara- de proveer respuestas inmediatas, debe ayudar a sobrellevar las

preguntas sin respuestas". Y acá tal vez pueda abrirse un ámbito que

involucre, nuevamente, a la relación entre filosofía y religión. La filosofía

lejos de proporcionar definitivas respuestas ha de generar y construir

las poéticas preguntas, la religión ha de ayudar a sobrellevar estas

preguntas.

En este sentido, si el preguntar es la devoción del pensar como afirmaba

Heidegger, el preguntar solamente es posible, al asumir que la metafísica

ha concluido y ahora adviene la tarea del pensar. Esto implica que en

nuestros difíciles tiempos tardomodernos, tengamos que intentar

desactivar los discursos de las anquilosadas ideologías y abrirnos al

diálogo porque, según lo dicho por el poeta "Sólo desde que somos un
diálogo podemos oírnos unos a otros." (*)

(*) Fuente: Conferencia dictada por Lic. Ricardo Pobierzym el 4 de Julio

del 2002 en "Espacio y", en la Ciudad de Buenos Aires, República

Argentina.