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CAMBIOS AFECTIVOS ENVEJECIMIENTO

CAMBIOS AFECTIVOS

Las pérdidas forman parte de la vida e invariablemente nos enfrentan a un mismo proceso,
el duelo. De la actitud que asumamos frente a él depende nuestro crecimiento y la calidad de
nuestra vida posterior.

Todo duelo es un proceso normal que sigue a la pérdida de lo inmensamente querido. El


duelo es el conjunto de reacciones de tipo físico, emocional y social que se producen por la
pérdida de una persona que es cercana. Dependiendo de la intensidad de la relación
podremos experimentar desde un sentimiento transitorio o de tristeza, hasta una desolación
completa que puede persistir por años o volverse crónica (no se ha elaborado
adaptativamente y va adquiriendo matices patológicos, ante los cuales es preciso recurrir a
la ayuda de profesionales con experiencia en su abordaje en personas mayores).

El duelo, como una parte necesaria en esta etapa del vínculo, no podemos eludirlo con
negaciones u olvidos. Superar la pérdida implica un proceso de elaboración, en el cual
debemos atravesar diferentes etapas:

- Shock o parálisis: Se produce cuando nos enfrentamos a la noticia de la muerte y puede


durar de minutos a días. Es un intento de defendernos del impacto que supone la noticia.
- Alivio o relajación: Fase de duración corta e influenciada por el tiempo que permanecen
junto a nosotros otras personas importantes que nos otorgan cierto apoyo.
Es una etapa variable que oscila entre estados de ánimo tranquilo y llanto.
- Resentimiento: Cuando nos enfrentamos a la no existencia más de esa persona a nuestro
lado entramos en la fase de resentimiento, es la sensación de soledad, inseguridad, falta de
autoestima y culpabilidad.
- Recuerdo: Rememoramos constantemente nuestra vida pasada con esa persona que ya no
está, tratando de retener las experiencias positivas.
- Reparación: Vamos aceptando la pérdida y empezando a hacer un esfuerzo por reiniciar
nuestra vida, tratando nuevos intereses, actividades... con posibilidad de ampliar nuestra red
social y tratando de pensar más lógica y racionalmente.

El proceso de duelo no es igual en todas las personas. En la elaboración del duelo normal se
producen numerosas alteraciones en nuestros sentimientos y cambios en la percepción de
cosas o de nuestro comportamiento.

Vivamos nuestro duelo con dignidad, recordando a nuestros hijos con las personas
apropiadas y en los lugares apropiados. Evitemos el aislamiento, reinsertándonos en la vida
familiar y en la sociedad asumiendo nuestros cambios personales Tengamos un proyecto de
vida que honre a quienes no están, a los que están y a nosotros mismos.

Atendamos con dedicación y sensibilidad los vínculos afectivos con los vivos. La posibilidad
de superar un duelo, requiere de nuestro esfuerzo personal.

Otro riesgo que corren a menudo las personas mayores es la soledad. Dicen J. A. Medina y F.
Cembranos en su libro La soledad (20) que esto es algo que se teme a lo largo de la vida y
que a veces llega, y añaden que «la soledad en la ancianidad es de periodos largos y es
difícil de acostumbrarse a ella. En la ancianidad va desapareciendo la red de iguales... En la
vejez la compañía depende más de las relaciones transgeneracionales y de los puentes con
las otras generaciones, que las personas hayan sido capaces de establecer a lo largo de la
vida».

El sentimiento de inutilidad: A medidas que el anciano va perdiendo facultades, cada vez


depende más de los demás. Los grados de deterioro que va percibiendo la persona a medida
que pasa los años son progresivos. Ese deterioro le conduce e a la perdida de autonomía
personal y a la dependencia de los demás, es la realidad que mayores repercusiones
psicológicas tiene.

Erikson define a la tercera edad como aquella en que se adquieren comportamientos de


dependencia, ligados a la fragilización del estado de salud. Este autor destaca que los
comportamientos de adaptación suponen el reconocimiento y la aceptación de una relación
de interdependencia- dependencia del organismo que impone limitaciones motrices,
sensoriales o mentales, interdependencia hacia un entorno social donde la calidad de vida
actual depende completamente de esta relación. Insiste sobre el reflejo de supervivencia
indispensable durante esta edad y sobre la flexibilidad del funcionamiento psíquico necesario,
permanente e indispensable para resolver cualquier situación.

Trastornos afectivos:

Los problemas afectivos también pueden ser la consecuencia de perturbaciones intelectuales,


por lo que es necesario conocer su origen antes de considerarlos patológicos. Ciertas formas
de inseguridad, ansiedad o agitación pueden ser frecuentes. La inseguridad y la angustia
traen como consecuencia las numerosas modificaciones observadas: carácter egoísta,
caprichoso, hipocondríaco. Los intereses se centran en la salud, los recursos financieros, las
necesidades vitales, los hábitos y un conservadurismo creciente. Pueden parecer rígidos,
intolerantes, desconfiados. Los frecuentes automatismos llevan a conductas de repetición
que recuerdan, por su aspecto estereotipado, los rituales de personalidades obsesivas...

Cuando no existe un enriquecimiento de nuevas aportaciones el anciano se apega


desesperadamente a lo adquirido y evoluciona dentro de un universo restringido en donde
los demás personajes son amplificados. Lo anterior se vuelve un círculo vicioso en donde la
regresión intelectual engendra un vacío afectivo, el cual, a su vez, conlleva a mayor deterioro
por falta de estimulación. Lo anterior favorece la aparición de trastornos mentales.