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CAPITULO l: CONTRATOS

1. Introducción.

Pereira (2014), afirma que "el contrato constituye una de las instituciones sociales de

mayor complejidad y relevancia en nuestra realidad social" (p. 70). En consecuencia,

es uno de los más extensos y de mayor primordialidad dentro de una configuración

moderna ya que es un convenio o un pacto entre dos partes que define su legalidad,

cabe recalcar que es fundamental ya que permitirá el consentimiento y capacidad de

las dos partes con la única finalidad de generar responsabilidades.

2. Definición de negocio y contrato.

Ojeda (2011), señala que el negocio es una manifestación de voluntad humana, que

se encamina a conseguir un fin práctico y legal, protegido por el Derecho; se presenta

como una generalización de segundo o tercer grado. Mediante él, se trata de englobar

en una figura unitaria todos aquellos hechos o supuestos en los cuales el papel de la

voluntad individual es relevante, en cierta medida condiciona y determina los efectos

jurídicos que los actos del hombre han de producir. Se trata, en definitiva, de una

figura jurídica que trata de englobar los contratos y otros actos análogos, como las

renuncias de derechos. Es decir, la definición de negocio que indica tiene un enlace

general. Por otro lado, el contrato es definido como un acto jurídico plurilateral y

patrimonial; ya que es un acuerdo de voluntades de dos a más partes que están

destinadas a crear o modificar un derecho u obligaciones y debe versar sobre bienes o

intereses que posean una naturaleza económica, es decir que deben ser objeto de

valoración. Una vez cumplido su cometido, el contrato deja de existir, porque ha

terminado su rol; el contrato es una fuente de obligaciones mientras que la relación

jurídica creada por el contrato son esas obligaciones.

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3. Perfección de contratos.

Código Civil del Perú (1984), afirma que “los contratos se perfeccionan por el

consentimiento de las partes, excepto aquellos, además, deben observar la forma

señalada por la ley bajo sanción de nulidad” (p. 480). En consecuencia, la perfección

se configura cuando en el proceso de formación del contrato ocurre la concurrencia de

las declaraciones de voluntad, para formar una declaración conjunta. Así se produce

perfeccionamiento definido como la oportunidad en que el contrato ya concluido

produce sus efectos jurídicos

4. Formación del consentimiento.

Cifuentes (2010), señala que:

Para formarse el consentimiento se requiere de dos emisiones de voluntad


sucesivas, de dos declaraciones unilaterales: La oferta o propuesta y la
aceptación. El consentimiento y por ende el contrato no es ni la oferta sola ni es
la aceptación sola. Ambas reúnen y se funden. El acuerdo de voluntades se
forma cuando una oferta vigente es aceptada lisa y llanamente (Cifuentes,
2010, p. 7).

En consecuencia, el consentimiento no surge espontáneamente, sino que es

precedida por conversaciones que inician una oferta y como consecuencia la

aceptación. El acuerdo de ambas partes tiene como motor principal la voluntad, que en

los contratos se le llama consentimiento y que sobre todo es un elemento complejo

pero importante en una integración de voluntades.

5. Límites de la autonomía.

Guarín (2014), señala que el Estado debe procurar que las relaciones se desarrollen

en un marco legal con el objeto de preservar la paz social y el mercado mismo que

protege a la parte más débil nulificando aquellas estipulaciones que pudieran ser

impuestas unilateralmente por la parte más poderosa o negociadas desde una

posición de fuerza.

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Afirma también que, en la mayoría de casos esta libertad contractual está vedada a los

consumidores quienes pueden salir perjudicados por la adquisición del producto y al

no tener un estilo de contrato que avale esta relación de consumo, podrían verse

frustrados ante reclamaciones. Sin embargo, todo consumidor goza de una protección

sea cual fuere su situación contractual. Por otro lado, la decadencia actual afecta tanto

en su formación como en los efectos jurídicos que produce y, repercute de esta forma

en la seguridad jurídica que ofrece las partes intervinientes y determina que el principal

límite lo constituyen las leyes imperativas, mientras que las principales limitaciones

recaen en las partes contratantes y en la facultad de disposición de los propietarios de

bienes.