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ACERCA DE LOS MITOS Y LOS CUENTOS DE HADAS

“El hecho de contar historias tiene una función muy importante. El proceso de contar historias
en sí es un proceso sanador, en parte porque hay unas personas que están dedicando su
tiempo a contarte una historia que tiene mucho significado para ellos. Están dedicando su
tiempo a hacerlo porque tú puedes necesitar ayuda, pero no quieren inmiscuirse en tu vida y
limitarse a aconsejarte. Quieren darte un consejo que sea inseparable de tu Ser. Eso es lo que
hacen las historias. Las historias se diferencian de los consejos en que, una vez las has
recibido, pasan a formar parte de tu alma. POR ESO PUEDEN SANRTE”.
Alice Walker, 1990.

Viviendo el mundo mítico

“No es una tarea fácil para el occidental contemporáneo aceptar la validez del mundo mítico.
Estamos tan acostumbrados a considerar los mitos como una fantasía, que a menudo
denigramos a personas para las cuales el mito es y ha sido una parte integrante de la vida.
Tenemos tendencia a considerar a esas personas ignorantes e infantiles, sin una comprensión
del mundo físico.

El hecho de haber relegado el mito y el cuento de hadas a la infancia, es un fenómeno


reciente. Antes del siglo XX, los mitos y cuentos de hadas eran la fuente de sabiduría de una
cultura entera. La gente de esas sociedades tenía una profunda comprensión de las fuerzas
psicológicas simbolizadas por dichos cuentos, así como un respeto hacia ellos, y esa
comprensión les permitía experimentar una dimensión espiritual viva en la vida cotidiana.

Para los antiguos griegos, los dioses eran reales. Un griego que veía un rayo recordaba a
Zeus, y por lo tanto recordaba otro sistema simultáneo a la realidad. ¡Como contraste, cuando
nosotros vemos un rayo, vemos un patrón meteorológico y probablemente recordamos que
deberíamos mirar las noticias de las nueve para saber qué dice el hombre del tiempo!

Esta visión afecta a todos los aspectos de la vida. Los pueblos tribales, al experimentar la
sequía, en lo primero que piensan es en hacer un llamamiento a las fuerzas de la naturaleza
por medio de rezos al Dios o Diosa de la lluvia, que probablemente vive en las nubes.
Nosotros, en cambio, podríamos dirigir una avioneta hacia el cielo, fumigar las nubes y
provocar que llueva. Los pueblos tribales, utilizarán todo el poder que puedan para efectuar el
cambio a un nivel inconsciente. La gente de hoy en día evitará completamente el inconsciente,
porque éste no es “real” para ellos. Como resultado, tendemos a hacer cambios que son
convenientes aunque no necesariamente prudentes. Debido a que solamente consideramos
nuestras necesidades inmediatas y no las necesidades del sistema entero, no tenemos ni idea
de cuáles son las fuerzas inconscientes que ponemos en marcha y cuáles serán las
consecuencias a largo plazo de nuestras acciones.
Para remediar este error, debemos volver a traer el mito al terreno de los temas aptos para la
consideración adulta. Debemos aprender a conceder al mundo interno descrito en el mito, el
mismo respeto que concedemos al mundo externo descrito por la ciencia. Cuando seamos
capaces de comprender y aceptar el mito como un cuadro vivo de nuestro mundo interno,
esteremos en el camino hacia la realización de un auténtico cambio”.
Robert A. Jonson. Extasis. Madrid. 1987

Diferentes teorías sobre el origen de los cuentos de hadas

“Los cuentos de hadas expresan de manera extremadamente sencilla y directa los


procesos psíquicos del inconsciente colectivo1[1]. Por ello, su valor es superior al de los
otros materiales en lo que a su investigación científica refiere. En ellos, los arquetipos 2[2]
son representados en su aspecto más simple, más sobrio, más conciso. Bajo esta forma
pura, las imágenes arquetípicas nos proporcionan la mejor de las claves que permiten
comprender los procesos que se desarrollan en la psique colectiva. En los mitos, las
leyendas o en cualquier otro material mitológico más elaborado, sólo se alcanzan las
estructuras de base de la psique humana a través de la capa de elementos culturales que
las recubre. Los cuentos de hadas, por el contrario, contienen mucho menos material
cultural consciente específico y reflejan con mayor claridad las estructuras psíquicas
fundamentales.

Según las concepciones de C.G.Jung, cada arquetipo es en su esencia un factor psíquico


desconocido y, por consiguiente, no es posible traducir su contenido en términos
intelectuales. Lo más que puede hacerse es circunscribirlo en base a la propia experiencia
psicológica y, con la ayuda de estudios comparativos, sacar de este modo a la luz toda la
red de asociaciones en que se hallan envueltas esas imágenes arquetípicas. El cuento de
hadas es propiamente su mejor explicación, ya que su sentido está presente en la
totalidad de los temas que une el hilo del relato. El inconsciente está, metafóricamente, en
la misma situación de una persona que, habiendo vivido una visión o una experiencia
original, desea comunicarla: por tratarse de un acontecimiento que todavía no ha sido
1[1]
El inconsciente personal contiene los recuerdos subliminales, olvidados o reprimidos por el
individuo. El inconsciente colectivo se extiende más allá de este inconsciente personal; está
formado por dinamismos que constituyen el fondo común de la humanidad. (ver nota siguiente). Cf.
C.G. JUNG, Los complejos y el inconsciente, Alianza ED. 1969, 1980, y C.G.JUNG, Recuerdos,
Sueños, pensamientos, trad. esp. Siex Barral. Puede ser de utilidad remitirse al glosario que figura
al final de esta obra.
2[2]
Los arquetipos son virtualidades creativas, los dinamismos estructurantes del psiquismo
humano, cuyo conjunto forma lo que Jung denominó el inconsciente colectivo. No tienen un
contenido determinado. << Se podrían comparar al sistema axial de un cristal que, de alguna
manera, performa la estructura cristalina en el agua-madre, aunque por sí mismo no tenga ninguna
existencia material.>> (C.G.JUNG, Les racines de la conscience). Estas estructuras se manifiestan
en las imágenes arquetípicas (o imágenes primordiales). Son los símbolos comunes a toda la
humanidad que están en la base de las religiones, de los mitos y de los cuentos de hadas.
Aparecen en los sueños y en los fantasmas, y son el fundamento de la mayoría de las actitudes
humanas frente a la vida.
nunca formulado en conceptos, necesitará medios de expresión. En esta situación tratará,
de modos diversos, de hacer comprender su experiencia intentando provocar, por
intuición y por analogía con elementos familiares, un eco en sus oyentes, sin cansarse de
exponerles su visión, hasta que sienta que han comprendido algo de su contenido.
Podemos, de igual modo, avanzar la hipótesis según la cual cada cuento de hadas es un
sistema relativamente cerrado, que expresa un sentido psicológico esencial y único,
traducido en una serie de imágenes y sucesos simbólicos. Éste es el sentido que nos
esforzaremos por descubrir.
Después de haber investigado en este campo durante años, he llegado a la conclusión de
que todos los cuentos de hadas se proponen describir un solo y único factor psíquico,
pero tan complejo y significativo, tan difícil de ser representado bajo todos sus diferentes
aspectos que, para que este factor desconocido penetre en la consciencia, son
necesarios cientos de cuentos y miles de versiones (comparables a las variaciones de un
tema musical), sin que por ello el tema llegue a agotarse. Este factor desconocido es los
que Jung llama el Sí-mismo, la totalidad psíquica del individuo que, paradójicamente, es
también el centro regulador del inconsciente colectivo. Cada individuo, cada pueblo, tiene
su propia forma de experimentar esta realidad psíquica.

Los diversos cuentos de hadas ofrecen esbozos generales de las diferentes fases de esta
experiencia. Algunos hacen más hincapié en los estadios iniciales relativos a la
integración de la sombra, y no ofrecen más que una pequeña aproximación de lo que
acontecerá. Otros se extienden en la experiencia del ánimus o del ánima, así como en las
imágenes del padre y de la madre que constituyen su trasfondo, y se deslizan tanto sobre
los problemas precedentes relativos a la sombra como sobre la continuación. Aun otros
desarrollarán el tema del tesoro inaccesible o imposible de obtener y otras experiencias
centrales del mismo orden. No hay diferencia cualitativa entre estos cuentos, ya que en el
campo de lo arquetípico no hay escala de valores, por la simple razón de que cada
arquetipo es, en esencia, uno de los aspectos del inconsciente colectivo al tiempo que
representa siempre su totalidad.

Cada arquetipo es un sistema energético relativamente cerrado cuya corriente circula a


través del inconsciente colectivo bajo todos sus aspectos. No hay que pensar que una
imagen arquetípica sea puramente estática: es siempre, al mismo tiempo, un proceso
típico completo que incluye otras imágenes de modo específico. El arquetipo es un
impulso psíquico, que produce su efecto como si fuera la radiación de un único rayo y, a la
vez, un campo magnético que se extiende en todas direcciones. Por consiguiente, la
energía psíquica de un <<sistema>> particular, de un arquetipo, está en relación con
todos los arquetipos. Por ello, aun reconociendo el carácter huidizo e indefinible de la
imagen arquetípica, es preciso disciplinarse para aprender a cincelar los contornos
precisos que pondrán de relieve sus diferentes aspectos con toda nitidez. Necesitamos
acercarnos lo más posible al carácter original, determinado, irreductible, de cada imagen,
y tratar de descubrir la naturaleza única de la situación psíquica que ella expresa. (...)”

El hombre y su sombra
Si bien en un último análisis casi todos los cuentos de hadas giran alrededor de un
símbolo del Sí-mismo o están <<ordenados>> por él, se encuentran también en ellos
motivos que remiten a los conceptos junguianos de sombra, de ánimus y de ánima. Me
propongo, en las páginas que siguen, interpretar ejemplos que ilustren cada uno de estos
temas. Una vez más, deberá tenerse bien presente que tratamos con subestructuras
objetivas e impersonales de la psique humana y no con aspectos individuales.
Contemplada en sí misma, la sombra procede a la vez del inconsciente personal y del
inconsciente colectivo. En los cuentos de hadas, sólo puede manifestarse el aspecto
colectivo, como ocurre, por ejemplo, con la figura que representa la sombra del héroe.
Ésta aparece como un héroe sombrío, más primitivo y más instintivo que el héroe
propiamente dicho, sin que necesariamente le sea por ello moralmente inferior. En
algunos cuentos, al héroe (o a la heroína) no les acompaña una sombra, sino que reúne
en sí mismo rasgos positivos y negativos, e incluso a veces demoníacos. Podemos
también preguntarnos cuáles son las circunstancias psicológicas que conducen a la
escisión de la imagen del héroe en una figura luminosa y su compañero oscuro. Una
división de esta clase se produce a menudo en los sueños en el momento que una figura
desconocida aparece por vez primera. Ésta escisión indica que el contenido que se está
acercando al yo es sólo parcialmente aceptable por la conciencia. Hacerse consciente de
algo presupone una elección por parte del yo. En general, tan solo un aspecto del
contenido inconsciente puede ser retenido a la vez, siendo rechazados los otros: la
sombra del héroe es pues este aspecto del arquetipo que ha sido rechazado por el
consciente colectivo.

Aunque esta figura, en los cuentos de hadas, sea arquetípica, su comportamiento


característico puede enseñarnos muchas cosas sobre la asimilación de la sombra a nivel
personal”.