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15 Fabulas

La Liebre Y La Tortuga
Una vez, una liebre se burlaba de las patas tan cortas y de la lentitud al caminar de una tortuga, sin embargo,
esta no se quedó callada y se defendió lanzando una risa y diciéndole a la liebre: – Puede que seas muy veloz
amiga liebre, pero, estoy más que segura de que podré ganarte una carrera.
La liebre, sorprendida por lo que le dijo la tortuga, aceptó el reto sin pensarlo dos veces, ya que ella estaba
muy segura de que ganaría a la tortuga a ojos cerrados. Entonces, ambos propusieron a la zorra, que fuese
ella quien señalase el camino y la meta.
Días después, llegó el esperado momento de la carrera, y al sonar la cuenta de tres, se inició la carrera de
estos dos contendientes. La tortuga no dejaba de caminar y caminar, pero a su lento paso, avanzaba
tranquilamente hacia la meta.
En cambio la liebre, corrió tan rápido que dejó muy atrás a la tortuga. Al darse la vuelta y ya no verla, la
liebre vió seguro su éxito sobre la carrera y deicidió echarse una siesta.
Poco después, la liebre despertó y vió si por atrás seguía sin llegar la tortuga, pero al mirar hacia la meta, vió
a la tortuga muy cerca de la final, y en un intento desesperado por correr lo más veloz que pudo, la tortuga
llegó y ganó.
Moraleja: la enseñanza es que las metas se consiguen poco a poco, con trabajo y esfuerzo. Aunque a veces
parezcamos lentos, el éxito llegará siempre.
También nos muestra que no tenemos que burlarnos de las personas por sus defectos físicos, ya que pueden
ser mejores en otros aspectos.
Esta fábula tiene un gran valor educativo, ya que hacer las cosas bien hechas es importante en la educación y
para ello es necesario ser pacientes.

El León Y El Ratón
Érase una vez un león que estaba descansando en la selva, después de un día de caza. Era un día caluroso y
solo le apetecía dormir.
Cuando se encontraba más cómodo, llegó un ratón haciendo mucho ruido. El león era tan grande que ni si
quiera se percató, pero el ratón empezó a subir por su nariz.
El león se despertó con muy mal humor, empezó a gruñir, y agarró al ratón, preparándose para comerlo.
“¡Perdóname!” suplicó el pobre ratón. “Por favor déjame ir y algún día seguramente te lo pagaré”.
Al león le resultó divertido pensar que un ratón podría alguna vez ayudarlo. Pero fue generoso y finalmente
lo liberó.
Algunos días más tarde, mientras acechaba a una presa en el bosque, el león quedó atrapado en la red de un
cazador.
Era incapaz de liberarse y rugió fuerte para pedir ayuda. El ratón reconoció la voz y acudió rápidamente para
ayudarlo. Mordió una de las cuerdas que ataban al león y este se liberó.
Entonces el ratón dijo:
“Incluso un ratón puede ayudar a un león”.
Moraleja: no menosprecies lo que pueden hacer los demás. Aunque parezca lo contrario todos te pueden
ayudar.
La Cigarra Y La Hormiga
Una cigarra cantaba y disfrutaba durante el verano. Día tras día se despertaba tarde y sólo se dedicaba a
cantar, hasta que un día algo le llamó la atención.
Un grupo de hormigas pasaban por debajo de su rama cargando pesadas porciones de comida sobre su
espalda, entonces la cigarra bajó de su rama y le preguntó a una.
-Amiga hormiga ¿por qué trabajas tanto?-
-El invierno se acerca, debemos guardas provisiones para poder pasar la helada- respondió la hormiga.
A lo que la cigarra luego dijo:
-¡Bah! Trabajar tanto es para bobos, haz como yo, canta y disfruta del verano.
La pequeña hormiga sin decir más nada siguió su camino. En los siguientes días, la cigarra seguía cantando y
muchas veces componía canciones que se burlaban de su amiguita la hormiga.
Pero un día, la cigarra despertó y ya no era verano, el invierno había llegado.
La helada era la peor de todas en muchos años, trató de abrigarse con hojas de su rama, pero no pudo.
Hambrienta buscó comida, pero no encontró nada.
Entonces recordó que su amiguita hormiga había estado guardando provisiones durante el verano y se dirigió
a su hormiguero, tocó la puerta y la hormiguita salió. Entonces dijo:
-¡Hormiga, ayúdame; tengo hambre y tengo frío, dame refugio y comida!
-¿Pero qué estuviste haciendo todo el verano cigarra?- preguntó la hormiga.
-Cantar y bailar- contestó la cigarra.
-¡Pues si eso hiciste en el verano, ahora baila en el invierno!- Dijo la hormiga y cerró la puerta.
Mientras, la cigarra arrepentida se alejaba reflexionando sobre la lección que había aprendido.

Moraleja: la vida consiste en trabajar y descansar. No puedes descansar demasiado porque más tarde puedes
encontrar consecuencias negativas.

Pedro Y EL LOBO

Había una vez un niño llamado Pedro que era pastor y se llevaba todo el día caminando con sus ovejas.
Un día estaba tan aburrido que comenzó a preguntarse cómo divertirse. Entonces se le ocurrió gastar una
broma, diciendo que un lobo estaba cerca. Dijo:
-¡Que viene el lobo, que viene el lobo! ¡Ayuda!
Los vecinos del pueblo acudieron rápidamente con palos para ahuyentar al lobo, pero cuando llegaron al
árbol donde se sentaba Pedro, lo encontraron riendo a carcajadas. Pedro decía:
¡Ja ja ja! ¡Os lo habéis creído!
Los vecinos se fueron a sus casas pensando que era una broma y que no pasaba nada.
Otro día, de nuevo Pedro se encontraba aburrido y volvió con la misma broma:
-¡Que viene el lobo, que viene el lobo! ¡Socoro! ¡Socoro!
Los vecinos volvieron a acudir rápido, con sus palos y preparados para hacer frente al lobo. Pero se
volvieron a encontrar a Pedro riendo, que reía y decía:
¡Os lo habéis vuelto a creer! ¡Qué incrédulos! ¡Ja ja ja!
Esta vez los vecinos pensaron que la broma no era tan graciosa y se fueron malhumorados a sus casas.
Otro día, Pedro estaba caminando con sus ovejas cuando escuchó un ruido entre los matorrales. No le dio
importancia, pero rápidamente un lobo salió empezó a perseguir a sus ovejas. Pedro empezó a pedir ayuda:
-¡Que viene el lobo, que viene el lobo! ¡Socorro!
Los vecinos lo escucharon pero no prestaron atención, ya que pensaban que era otra broma de Pedro.
El lobo pudo atrapar a algunas de sus ovejas y se las llevó para comerlas con su manada.

Moraleja: no mientas, ya que puede que los demás no te crean cuando digas la verdad.

El cuervo y el zorro
Había una vez un cuervo que descansaba en un árbol, tras haber logrado robar un queso de la ventana de una
casa.
Cerca caminaba un zorro que olió el fuerte aroma, vio al cuervo y le dijo:
-¡Hola! Qué buen día hace, además tu plumaje es muy bonito. Le queda muy bien.
El cuervo se sintió muy bien con lo que le dijo el zorro. Le entraron ganas de cantar para celebrarlo, abrió el
pico, pero entonces dejó caer el queso.
El zorro, sonriendo, corrió hacia el queso y lo atrapó con la boca antes de caer al suelo.

Moraleja: presta atención cuando alguien te dice cosas bonitas. Puede que sea por interés.

El niño y los dulces

Era 21 de Septiembre y todos los niños contentos después de un largo verano, regresaban a las escuelas. Al
ser el primer día, la maestra llevó a clase un bote lleno de chucherías para dar la bienvenida al nuevo curso
escolar. Uno de los alumnos salió el primero corriendo hacia los dulces.
Una vez que cogió todas las chuches que pudo,al intentar sacar la mano, el cuello del recipiente no le
permitió hacerlo. El niño lloraba y lloraba amargamente, pero un amigo que estaba cerca le dijo: -
Confórmate con coger solo la mitad y así podrás sacar la mano con los dulces.
Moraleja: no seas egoísta, avaricioso y escoge solo aquello que necesites. Como bien dice el dicho “quien
mucho abarca, poco aprieta”.
Esta fábula enseña a los niños a no ser tan egoístas, una cualidad muy importante a la hora desarrollar su
personalidad. En un mundo en donde la individualidad prevalece, es bueno desde pequeños que lo niños
aprendan a compartir y a ser generosos con sus iguales.

La pulga y el hombre
Un hombre disfruta de un buen sueño cuando de repente comenzó a sentir picazón por todo el cuerpo.
Molesto por la situación, buscó por toda su cama para ver qué era lo que les estaba causando tanta molestia.
Tras su búsqueda encontró a una minúscula pulga y le dijo las siguientes palabras:
– ¿Quién te crees que eres insignificante bicho, para estar picándome por todo mi cuerpo y no dejarme
disfrutar de mi merecido descanso?
– Contestó la pulga: Discúlpeme señor, no fue mi intención molestarlo de ninguna manera; le pido por favor
que me deje seguir viviendo, ya que por mi pequeño tamaño no creo que lo pueda molestar mucho. El
hombre riéndose de las ocurrencias de la pulga, le dijo:
– Lo siento pequeña pulga, pero no puedo hacer otra cosa que acabar con tu vida para siempre, ya que no
tengo ningún motivo para seguir aguantando tus picaduras, no importa si es grande o pequeño que pueda ser
el prejuicio que me causes.

Moraleja: nos enseña a que todo aquel que le hace daño a otra persona, debe estar dispuesto a afrontar las
consecuencias. Ya que cuando uno molesta, agrede u ofende a otros compañeros, debe saber que sus actos
irán seguidos de unas consecuencias.

El conejo y el cerdo
Había una vez en un colegio un conejo muy presumido que todos los días llevaba sus zapatitos muy limpios,
relucientes, brillantes.
En su misma clase también estaba el cerdito Peny, que tenía mucha envidia al conejo por sus zapatos.
Pero el cerdito al vivir en una charca de barro sabía que nunca conseguiría tener unos zapatos como los de su
amigo conejo.
Todos los días limpiaba y limpiaba, pero nada seguían igual de sucios.
Un día jugando en el recreo tenía que hacer una carrera para ver quien era el más veloz. El cerdito asustado,
no sabía que hacer, ya que sus zapatillas no eran como las de su amigo.
El día de la carrera, el cerdito Peny no se lo pensó, y salió corriendo a la par que el conejo.
Mientras corría, solo pensaba en ser el ganador y no rendirse nunca, tal y como le decía su madre.
Al llegar a la meta, todos se quedaron asombrados por la rapidez del cerdito Peny, no entendían como podía
haberle ganado al conejo y sus superzapatillas.
Moraleja: da igual el zapato que lleves, el esfuerzo por conseguir una meta que te propongas no está en los
zapatos sino en ti. Debes ser feliz con lo que tienes, sentirte a gusto contigo mismo y confiar en ti.

Familia de hormigas
Había una vez una familia de hormigas formada por la madre, el padre y su dos hijitas.
Pronto se acercaba el invierno, así que toda la familia salió en busca de comida ya que si no morirían.
Paseando por el prado, se encontraron con otra hormiga, pero esta no era de su misma especie, ya que era de
color rojo y le faltaban dos patitas.
Angustiada, la hormiga roja les pidió ayuda para que la llevasen hasta su casa, ya que podría morir enterrada
por la nieve.
La madre hormiga rotundamente dijo que no, ya que no pertenecía a su especie y si se enteraba el resto de
hormigas negras podrían echarle del prado.
Así que la familia siguió su camino, pero una de las hijas no pudo aguantar y se dio la vuelta para ayudar a la
hormiga roja, aun sabiendo que podrían echarla del prado para siempre.
Una vez llegaron las dos a la casa de las hormigas rojas, estas sorprendidas por la solidaridad de la hormiga
negra, le regalaron toda la comida que tenían.
Gracias a esta recompensa, la familia de la hormiga negra pudo sobrevivir todo el invierno gracias a la
familia de hormigas rojas.

Moraleja: hay que ayudar a los demás cuando lo necesiten, ya que algún día también nosotros podemos
necesitar esa ayuda.
También nos enseña a que no hay que prejuzgar ni discriminar a otros por su raza o por su condición fisica,
algo muy importante en la vida, ya que tenemos que educar a nuestros hijos en la tolerancia y el respeto a la
diversidad.

El pájaro ruiseñor
Era un pájaro ruiseñor muy alegre y divertido. Siempre andaba cantando pero era muy muy despistado.
Una noche cenando con su madre, esta le dijo que no debía cantar hasta mas tarde ya que los cazadores
pasarían a esa hora y si estos les oían podrían matarle.
A la mañana siguiente como todos los días, el pájaro comenzaba a cantar para así atraer a sus presas.
Olvidando lo que le dijo su madre, los cazadores le oyeron y se pusieron a disparar.
Afortunadamente al pájaro le dio tiempo a esconderse, ya que oyó el canto de su madre avisando de que
estaban los cazadores en la zona.
Moraleja: hay que estar muy atentos y escuchar a nuestros padres cuando nos hablen, ya que un descuido
nos puede salir caro.

El gato y el ratón
Una vez, un gato muy hambriento vio entrar a su casa a un ratoncito. El felino, con muchas intenciones de
agarrarlo y luego comérselo, se acercó a la ratonera para decirle:
– ¡Qué guapo y lindo estás ratoncito! Ven conmigo, pequeñito, ven… dijo con dulce voz el gato.
La mamá del ratoncito escuchó las intenciones que tenía el hábil gato y le advirtió a su hijo diciendo:
– No vayas hijito, tú no conoces los trucos de ese bribón.
El gato insistente le dijo nuevamente al ratón:
– Ven, pequeñito ven. ¡Mira este queso y estas nueces! ¡Todo eso será para ti!
El inocente ratoncito le preguntó de nuevo a su madre:
– ¿Voy mamá?… ¿voy?
– No hijito, ni se te ocurra ir, sé obediente, le dijo nuevamente su madre.
El gato nuevamente volvió a engañarlo diciendo:
– Ven, te daré este sabroso bizcocho y muchas cosas más…
– Puedo ir mamá, por favor te lo suplico – dijo el ratoncito.
– ¡Que no, tontuelo! No vayas. – Insistió la mamá ratona.
-No me hará nada mamá. Sólo quiero probar un pedacito… – dijo por última vez el ratoncito, y sin que su
madre pudiera detenerlo, salió rápidamente de su agujero.
A los pocos instantes, se oyeron unos gritos que decían:
– ¡Socorro, mamá, socorro! ¡Me come el gato!
La mamá ratona no pudo hacer nada para salvar a su ratoncito que murió devorado por el gato.

Moraleja: esta fábula nos enseña que debemos obedecer a nuestros padres y respetar sus decisiones, ya que
ellos siempre querrán lo mejor para nosotros y el no hacerles caso nos puede pasar factura como al ratoncito
de la historia.

El ciervo y el cervatillo
Esta fábula trata sobre dos ciervos, uno joven y otro más mayor.
Ambos querían quedarse a vivir en el monte ya que tenia alimentos para todo el año, pero esto solo podía ser
posible si ambos luchaban, ya que solo había provisiones para uno.
El cervatillo joven tenía muy claro que ganaría, ya que era más veloz y mas rápido que el ciervo anciano.
A la mañana siguiente cuando se encontraron para luchar, el ciervo anciano le propuso que se marchara, ya
que sabía perfectamente que el iba a ser el ganador.
El cervatillo tozudo y enfadado se dispuso a luchar hasta que fue perdiendo poco a poco sus cuernos.
Sorprendido de que el ciervo anciano le ganara, preguntó:
-¿Como lo has hecho?, no puede ser, si yo soy más. joven y más veloz que tú.
A lo que respondió el anciano:
-mira mis cuernos y tendrás la respuesta.
El cervatillo sorprendido se dió cuenta de que los cuernos estaban intactos, eran mucho más fuertes y
robustos que los suyos.

Moraleja: debemos respetar a las personas mayores, ya que el ser una persona mayor no quiere decir que
sean patosos o lentos, sino todo lo contrario, ya que nos pueden enseñar muchas cosas que aún no sabemos.

El mono y el delfín

Había una vez un marinero que se comprometió a realizar un viaje muy largo. Para hacer más entretenida la
travesía, se llevó con él a un mono para divertirse durante la larga travesía.
Cuando estaban cerca de la costa de Grecia, una muy ruidosa y violenta tempestad se levantó e hizo
naufragar a la débil nave. Su tripulación, el marinero y su mono tuvieron que nadar para así poder salvar sus
vidas.
Mientras tanto, el mono que luchaba contra las olas, fue visto por un delfín; el cual creyendo que era un
hombre, fue a salvarlo deslizándose debajo él y transportándolo hacia la costa.
Cuando estaban llegando al puerto, el delfín le preguntó al mono:
– Mono ¿eres ateniense (nacido en Atenas)?, y él mono por darse de muy presumido y mentiroso, le
respondió:
– Sí, y tengo también parientes muy importantes viviendo allí –
El delfín le preguntó de nuevo si conocía el Pireo (el famoso puerto de Atenas). El mono creyendo entonces
que se trataba de un hombre, le contestó que no solo lo conocía, sino que también era uno de sus mejores
amigos.
El delfín indignado por tantas mentiras que el mono decía, dio media vuelta y lo devolvió a alta mar.

Moraleja: las propias mentiras del mentiroso son las que se encargan de revelar la verdad en un pequeño
descuido. Las mentiras tienen las patas muy cortas, por tanto siempre saldrá a la luz la verdad.

El Astrónomo

En un país muy lejano, donde la ciencia es muy importante para sus habitantes, había un anciano astrónomo
al que le gustaba realizar el mismo recorrido todas las noches para observar las estrellas.
Un día, uno de sus viejos colegas le dijo que había aparecido un extraño astro en el cielo, el anciano salió de
la ciudad para poder verlo con sus propios ojos. Tan emocionado estaba el astrónomo mirando al cielo, que
no se dio cuenta que a pocos pasos de él había un agujero. Cuando se cayó al agujero comenzó a gritar
pidiendo ayuda.

Cerca del agujero pasaba un hombre, el cual se acercó hasta el agujero para ver lo que sucedía. Informado de
lo que había ocurrido, le dijo al anciano:

-Te ayudaré a salir de ahí, pero ten mucho cuidado la próxima vez que salgas por un lugar que desconoces,
tienes que estar muy atento por donde caminas ya que te puedes encontrar con cualquier cosa en el suelo.

Moraleja: antes de lanzarse a la aventura o ir por sitios desconocidos, hay que conocer muy bien el lugar por
el que se transita y ser precavidos.

El asno, el perro y el lobo


Caminaban muy despacio y agotados por el sol un asno, con su carga de pan, y su amo seguido por su perro.
Es así que llegaron a una pradera verde donde el amo cansado y agotado por la caminata realizada, echó a
dormir bajo la sombra de un árbol.
El asno se fue a comer algo de pasto que había en la pradera cuando de pronto el perro, que también estaba
muy cansado y hambriento, le dijo:
– Estimado asno, yo también tengo hambre, ¿Me darías un poco de pan que hay en la cesta que llevas encima
por favor?
A lo que el asno le respondió:
– Mejor ¿Por qué no esperas un rato más hasta que despierte el Amo y te dé el mismo de comer?
El perro, al escuchar la respuesta del asno, se dirigió a otro lado de la pradera. Es entonces que, mientras que
el asno seguía comiendo su pasto, apareció un hambriento lobo que se abalanzó de inmediato sobre el asno
para devorarlo. Sorprendido, gritó ayuda al perro:
– ¡Socorro! ¡Sálvame amigo perro!
El perro, respondió:
-Mejor, ¿Por qué no esperas un poco más hasta que despierte el amo y te salve?

Moraleja: hay que ofrecer nuestra ayuda a los demás siempre y cuando la necesiten si no queremos que nos
pase lo mismo que al asno. Hay que educar a nuestros hijos para que sean personas solidarias y compartan
con el resto de sus iguales.
Poemas
Patria

Esta piedad profunda es tierra mía.


Aquí, si avanzo, lo que toco es patria:
presencia donde siento a cada instante
el acuerdo del cuerpo con el alma.

Esta voz es mi voz. Pero la escucho


en bocas diferentes. Y aunque nada
de cuanto dice pueda sorprenderme,
oírla me cautiva porque canta
en ella un corazón siempre distinto
que nos lo explica todo sin palabras.

Aquí, si avanzo, el mundo se detiene. Serán ceniza…


Todo es verdad primera y espontánea:
¡día, hasta fallecer, hecho de aurora! Cruzo un desierto y su secreta
¡Vida, hasta concluir, hecha de infancia! desolación sin nombre.
El corazón
tiene la sequedad de la piedra
y los estallidos nocturnos
de su materia o de su nada.
Hay una luz remota, sin embargo,
y sé que no estoy solo;
aunque después de tanto y tanto no haya
ni un solo pensamiento
capaz contra la muerte,
no estoy solo.
Toco esta mano al fin que comparte mi vida
y en ella me confirmo
Linaje del hombre de maíz y tiento cuanto amo,
lo levanto hacia el cielo
No es un sacramento nuestro Shamán y aunque sea ceniza lo proclamo: ceniza.
Tiene el abuelo aspecto de los astros Aunque sea ceniza cuanto tengo hasta ahora,
cuanto se me ha tendido a modo de esperanza.
Es el teatro de la vida que confesó,
El mismo follaje del abuelo, su disfraz,
Tierra a la que amo con todo lo que fue capaz…
Y por final presagio desnudo Regresó.

El sortilegio. Viene desde Adán


hechizo maya que le reflejó
A modo de Señor, Grande nació
y vuela más alto que gavilán

Por su piel, le envidian los alabastros.


el quetzal lo reviste de arcoíris
en su real historia deja rastros Me gusta cuando callas
del pabellón bañado en chirimiris
con colores, lastre de poetastros ME gustas cuando callas porque estás como
o nuestro blanco que ilumina el iris ausente,
el índigo de nuestra Guatemala y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
que nosotros llevamos de bengala.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.
Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
Amor constante mas allá de la muerte
Me gustas cuando callas porque estás como
ausente.
Cerrar podrá mis ojos la postrera
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Sombra que me llevare el blanco día,
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y podrá desatar esta alma mía
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
Hora, a su afán ansioso lisonjera;
Mas no de esotra parte en la ribera
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.
Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido,
Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.

Gacela de la terrible presencia.


Yo quiero que el agua se quede sin cauce.
Yo quiero que el viento se quede sin valles.
Quiero que la noche se quede sin ojos
y mi corazón sin la flor del oro.
Que los bueyes hablen con las grandes hojas
y que la lombriz se muera de sombra.
Que brillen los dientes de la calavera
y los amarillos inunden la seda.
Puedo ver el duelo de la noche herida
luchando enroscada con el mediodía.
Resisto un ocaso de verde veneno
y los arcos rotos donde sufre el tiempo.
Pero no me enseñes tu limpio desnudo
como un negro cactus abierto en los juncos. El remordimiento
Déjame en un ansia de oscuros planetas,
¡pero no me enseñes tu cintura fresca! He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.
Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego. Cuando hacia mí volviste la cabeza,
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida creí que me elevaban desde el cuelo.
no fue su joven voluntad. Mi mente Ahora en el alba casta de tus brazos,
se aplicó a las simétricas porfías acogido a tu pecho transparente,
del arte, que entreteje naderías. ¡cuán claras a mí tornan mis prisiones!
Me legaron valor. No fui valiente. ¡Cómo mi corazón hecho pedazos
No me abandona. Siempre está a mi lado agradece el dolor, al beso ardiente
La sombra de haber sido un desdichado. con que tú, sonriendo, lo compones!

Voz nueva
¿De quién es esta voz? ¿Por dónde suena
la voz esta, celeste y argentina,
que transe, leve, con su hoja fina
No volveré a ser joven. el silencio de hierro de mi pena?
Dime, blancura azul de la azucena,
Que la vida iba en serio dime, luz de la estrella matutina,
uno lo empieza a comprender más tarde dime frescor del agua vespertina:
-como todos los jóvenes, yo vine ¿conocéis esta voz sencilla y buena?
a llevarme la vida por delante. Voz que me hace volver los ojos, triste
Dejar huella quería y alegre, a no sé qué cristal de gloria
y marcharme entre aplausos de oro, en que el ángel canta su ¡Aleluya!
-envejecer, morir, eran tan solo Que no es de boca ni laúd que existe,
las dimensiones del teatro. que no ha salido de ninguna historia...
Pero ha pasado el tiempo ¿De quién, de qué eres, voz que no eres suya?
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

Volcán errante
Volcán que pasas traslaticio,
como un total cometa,
prendiendo con la llama
Sueño de tu abismo dinámico la vida
Imagen alta y tierna del consuelo, (las piedras están grises y mojadas,
aurora de mis mares de tristeza, pero están granas, vivamente granas)
lis de paz con olores de pureza, resplandor hondo y alto de otro estraño día
¡premio divino de mi largo duelo! dentro del laminado día
Igual que el tallo de la flor del cielo, ¿qué inminente ser eres?
tu alteza se perdía en tu belleza...
¿hay palabra que pueda ser tu nombre? Lenta humedad.
¿qué semejanza tienes con nosotros?
Lo que prendes e inflamas Sombra feliz del cabello
¿qué anuncia a nuestra estancia que se arrastra cuando el sol va a ponerse,
vejetal, animal y mineral? como juncos abiertos- es ya tarde;
¿Cuál será el hecho, para quiénes? fría humedad lasciva, casi polvo-.
Los animales y las plantas Una ceniza delicada,
te miran como el hombre, como yo. la secreta entraña del junco,
Todos estamos gravemente deslumbrados. esa delicada sierpe sin veneno
y ya se raja el aire, cuya mirada verde no lastima.
se dilata el azul, se espande el agua; Adiós. El sol ondea
todo va persiguiéndote hacia arriba, sus casi rojos, sus casi verdes rayos.
todo hacia ti, Su tristeza como frente nimbada,
resplandor grana de otro día, hunde. Frío, humedad; tierra a los labios.
errante herida inmensa,
otro fulgor, otro calor, otro valor
de otra esperanza.

PIEDRA NEGRA SOBRE UNA PIEDRA


Se equivocó la paloma BLANCA
¿Se equivocó la paloma, Me moriré en París con aguacero,
se equivocaba. un día del cual tengo ya el recuerdo.
Por ir al norte fue al sur, Me moriré en París —y no me corro—
creyó que el trigo era el agua. tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.
Creyó que el mar era el cielo Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
que la noche la mañana. estos versos, los húmeros me he puesto
Que las estrellas rocío, a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
que la calor la nevada. con todo mi camino, a verme solo.
Que tu falda era tu blusa, César Vallejo ha muerto, le pegaban
que tu corazón su casa. todos sin que él les haga nada;
(Ella se durmió en la orilla, le daban duro con un palo y duro
tú en la cumbre de una rama.) también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos...
El moro que los labraba cien doblas ganaba al
día,
y el día que no los labra, otras tantas se perdía.
El otro es Generalife, huerta que par no tenía;
el otro Torres Bermejas, castillo de gran valía.
Allí habló el rey don Juan, bien oiréis lo que
decía:
—Si tú quisieses, Granada, contigo me casaría;
daréte en arras y dote a Córdoba y a Sevilla.
—Casada soy, rey don Juan, casada soy, que no
viuda;
el moro que a mí me tiene muy grande bien me
quería.
ROMANCE DE ABENÁMAR

—¡Abenámar, Abenámar, moro de la morería,


el día que tú naciste grandes señales había!
Estaba la mar en calma, la luna estaba crecida,
moro que en tal signo nace no debe decir
mentira.
Allí respondiera el moro, bien oiréis lo que
diría:
—Yo te lo diré, señor, aunque me cueste la vida,
porque soy hijo de un moro y una cristiana
cautiva;
siendo yo niño y muchacho mi madre me lo
decía
que mentira no dijese, que era grande villanía:
por tanto, pregunta, rey, que la verdad te diría.
—Yo te agradezco, Abenámar, aquesa tu
cortesía.
¿Qué castillos son aquéllos? ¡Altos son y
relucían!
—El Alhambra era, señor, y la otra la mezquita,
los otros los Alixares, labrados a maravilla.
Cuentos
El cuento de los tres cerditos.
Al lado de sus padres , tres cerditos habian crecido alegres en una cabaña del bosque. Y como ya
eran mayores, sus papas decidieron que era hora de que construyeran , cada uno, su propia casa.
Los tres cerditos se despidieron de sus papas, y fueron a ver como era el mundo.
El primer cerdito, el perezoso de la familia , decidio hacer una casa de paja. En un minuto la choza
estaba ya hecha. Y entonces se fue a dormir.
El segundo cerdito , un gloton , prefirio hacer la cabaña de madera. No tardo mucho en construirla.
Y luego se fue a comer manzanas.
El tercer cerdito , muy trabajador , opto por construirse una casa de ladrillos y cemento.
Tardaria mas en construirla pero estaria mas protegido. Despues de un dia de mucho trabajo, la
casa quedo preciosa. Pero ya se empezaba a oir los aullidos del lobo en el bosque.
No tardo mucho para que el lobo se acercara a las casas de los tres cerditos. Hambriento , el lobo se dirigió a
la primera casa y dijo:
- ¡Ábreme la puerta! ¡Ábreme la puerta o soplare y tu casa tirare!.
Como el cerdito no la abrio, el lobo soplo con fuerza, y derrumbo la casa de paja. El cerdito,
temblando de miedo, salio corriendo y entro en la casa de madera de su hermano.
El lobo le siguio. Y delante de la segunda casa, llamo a la puerta, y dijo:
- ¡Ábreme la puerta! ¡Ábreme la puerta o soplare y tu casa tirare!
Pero el segundo cerdito no la abrio y el lobo soplo y soplo, y la cabaña se fue por los aires. Asustados, los
dos cerditos corrieron y entraron en la casa de ladrillos de su otro hermano.
Pero, como el lobo estaba decidido a comerselos, llamo a la puerta y grito:
- ¡Ábreme la puerta!¡Ábreme la puerta o soplare y tu casa tirare!
Y el cerdito trabajador le dijo:
- ¡Soplas lo que quieras, pero no la abrire!
Entonces el lobo soplo y soplo. Soplo con todas sus fuerzas, pero la casa ni se movio. La casa era
muy fuerte y resistente. El lobo se quedo casi sin aire.
Pero aunque el lobo estaba muy cansado, no desistia.
Trajo una escalera , subio al tejado de la casa y se deslizo por el pasaje de la chimenea. Estaba
empeñado en entrar en la casa y comer a los tres cerditos como fuera. Pero lo que el no sabia es que los
cerditos pusieron al final de la chimenea, un caldero con agua hirviendo.
Y el lobo , al caerse por la chimenea acabo quemandose con el agua caliente. Dio un enorme
grito y salio corriendo y nunca mas volvio.
Asi los cerditos pudieron vivir tranquilamente. Y tanto el perezoso como el gloton aprendieron que solo con
el trabajo se consigue las cosas.
FIN

Cuento “La treta del ingrato”


Un sabio maestro de lucha adoctrinó y enseñó sus artes a un discípulo aventajado durante muchos años. El
maestro amaba al muchacho como a un hijo y le enseñó cuanto sabía. No en vano, este hombre sabio era
considerado el mejor maestro de lucha del mundo. Pero llegó el día en que el discípulo no tenía nada que
aprender y se despidió de su maestro, que lloraba con pesar porque no sabía si volvería a ver a aquél al que
había querido y enseñado como a un hijo.
Pasaron los años y el discípulo se hizo un hombre corpulento y muy fuerte. Nadie se atrevía ya a retarlo
porque nadie en el mundo había sido capaz de derrotarlo en competición. Su fama creció al igual que lo
hicieron su orgullo, su vanidad y su soberbia. La vida lo llevó en sus viajes al pueblo donde vivía su maestro.
Allí declaro a las autoridades que, si no fuera porque su maestro era ya un anciano casi decrépito sin ninguna
posibilidad de vencerlo, lo retaría a un combate, demostrando que él era el mejor luchador del mundo. Estas
palabras llegaron a su maestro que, con pesar y sin saber nada en tantos años del que tanto había querido y al
que con tanta dedicación se había entregado, aceptó el combate.
Vinieron gentes de todas las tierras para presenciar aquel combate que sin duda haría historia. El discípulo
dominaba a su maestro fácilmente, pues éste era ya viejo y no tenía ni la fuerza, ni la resistencia necesarias.
El discípulo, algo cansado ya de aquel juego, inmovilizó a su maestro dejándole en una posición ridícula ante
todos los presentes. Le pedía que se rindiera para no hacerle más daño. Pero de pronto, con una maniobra
inusitada, el maestro se soltó, agarró por un brazo a su discípulo y lo inmovilizó hasta que éste no tuvo más
remedio que rendirse.
Cuando terminó el combate, el discípulo se acercó al maestro y le reprochó:
-Maestro, dijiste que me habías enseñado todo lo que sabías. Esa maña con la que me has vencido nunca me
la enseñaste. Me dijiste en muchas ocasiones que me querías como a un hijo. Me mentiste.
-Querido hijo, ésta es mi última lección: esa maña se conoce como “la treta del ingrato”.

Cuento de 'Los hijos del labrador'


Los dos hijos de un labrador vivían siempre discutiendo. Se peleaban por cualquier motivo, como quién iba a
manejar el arado, quién sembraría, y así como todo. Cada vez que había una riña, ellos dejaban de hablarse.
La concordia parecía algo imposible entre los dos. Eran testarudos, orgullosos y para su padre le suponía una
dificultad mejorar estos sentimientos. Fue entonces que decidió darles una lección.
Para poner un fin a esta situación, el labrador les llamó y les pidió que se fueran al bosque y les tajeran un
manojo de leña. Los chicos obedecieron a su padre y una vez en el bosque empezaron a competir para ver
quién recogía más leños. Y otra pelea se armó. Cuando cumplieron la tarea, se fueron hacia su padre que les
dijo:
- Ahora, junten todos las varas, las amarren muy fuerte con una cuerda y veamos quién es el más fuerte de
los dos. Tendrán que romper todas las varas al mismo tiempo.
Y así lo intentaron los dos chicos. Pero a pesar de todos sus esfuerzos, no lo consiguieron. Entonces deshizo
el haz y les dio las varas una a una; los hijos las rompieron fácilmente.
- ¡Se dan cuenta! les dijo el padre. Si vosotros permanecen unidos como el haz de varas, serán invencibles
ante la adversidad; pero si están divididos serán vencidos uno a uno con facilidad. Cuando estamos unidos,
somos más fuertes y resistentes, y nadie podrá hacernos daño.
Y los tres se abrazaron.
Si conoces alguna otra fábula para niños y quieres compartirla con nosotros y los demás padres, estaremos
encantados de recibirla.
Cuento sobre el respeto
Y así siguieron los demás animales, sin saber que cometían un grande error. Todas las sugerencias fueron
consideradas y aprobadas. Era obligatorio que todos los animales practicasen todas las disciplinas.
Al día siguiente, empezaron a poner en práctica el programa de estudios. Al principio, el conejo se salió
magníficamente en la carrera; nadie corría con tanta velocidad como él.
Sin embargo, las dificultades y los problemas empezaron cuando el conejo se puso a aprender a volar. Lo
pusieron en una rama de un árbol, y le ordenaron que saltara y volara.
El conejo saltó desde arriba, y el golpe fue tan grande que se rompió las dos piernas. No aprendió a volar, y
además no pudo seguir corriendo como antes.
Al pájaro, que volaba y volaba como nadie, le obligaron a excavar agujeros como a un topo, pero claro, no lo
consiguió.
Por el inmenso esfuerzo que tubo que hacer, acabó rompiendo su pico y sus asas, quedando muchos días sin
poder volar. Todo por intentar hacer lo mismo que un topo.
La misma situación fue vivida por un pez, por una ardilla y un perro que no pudieron volar, saliendo todos
heridos. Al final, la escuela tuvo que cerrar sus puertas.
¿Y saben por qué? Porque los animales llegaron a la conclusión de que todos somos diferentes. Cada uno
tiene sus virtudes y también sus debilidades.
Un gato jamás ladrará como un perro, o nadará como un pez. No podemos obligar a que los demás sean,
piensen, y hagan algunas cosas como nosotros. Lo que iremos conseguir con eso es que ellos sufran por no
conseguir hacer algo de igual manera que nosotros, y por no hacer lo que realmente les gustan.
Debemos respetar las opiniones de los demás, así como sus capacidades y limitaciones. Si alguien es distinto
a nosotros, no quiere decir que él sea mejor ni peor que nosotros. Es apenas alguien diferente a quien
debemos respetar.
FIN

EL OJITO

Ésta era la historia de una niña llamada Saulis.


Un día común, Saulis se despertó y salió corriendo.
– ¡Mami!, ¡mami!. – Dijo gritando Saulis.
– ¿Qué pasa nena?. – Contestó la mami de Saulis.
– Hay dos hombres vigilando la casa. – Dijo Saulis.
-¿Qué cosas dices Saulis?. – Respondió su mami.
La mamá salió a ver que pasaba fuera, mientras Saulis estaba agitada e impresionada.
– ¡Oh no! ¡Saulis corre!!. – Gritó su mamá.
Saulis corriendo se escondió bajo su cama. La mamá pensó que Saulis mentía pero en realidad Saulis había
visto los abogados de su padre, los cuales venían a buscar a la pequeña Saulis para que se fueran con ellos.
Finalmente todo quedó en un susto y todos siguieron viviendo felices.
FIN

EL HONRADO LEÑADOR

Había una vez un pobre leñador que regresaba a su casa después de una jornada de duro trabajo. Al cruzar un
puentecillo sobre el río, se le cayo el hacha al agua.

Entonces empezó a lamentarse tristemente: ¿Como me ganare el sustento ahora que no tengo hacha?
Al instante ¡oh, maravilla! Una bella ninfa aparecía sobre las aguas y dijo al leñador:
Espera, buen hombre: traeré tu hacha.
Se hundió en la corriente y poco después reaparecía con un hacha de oro entre las manos. El leñador dijo
que aquella no era la suya. Por segunda vez se sumergió la ninfa, para reaparecer después con otra hacha de
plata.
Tampoco es la mía dijo el afligido leñador.
Por tercera vez la ninfa busco bajo el agua. Al reaparecer llevaba un hacha de hierro.
¡Oh gracias, gracias! ¡Esa es la mía!

Pero, por tu honradez, yo te regalo las otras dos. Has preferido la pobreza a la mentira y te mereces un
premio.

EL ASNO Y EL HIELO
Era invierno, hacía mucho frío y todos los caminos se hallaban helados. El asnito, que estaba cansado, no se
encontraba con ánimos para caminar hasta el establo.
-¡Ea, aquí me quedo! -se dijo, dejándose caer al suelo. Un aterido y hambriento gorrioncillo fue a posarse
cerca de su oreja y le dijo:

-Asno, buen amigo, tenga cuidado; no estás en el camino, sino en un lago helado.

-Déjame, tengo sueño ! Y, con un largo bostezo, se quedó dormido.

Poco a poco, el calor de su cuerpo comenzó a fundir el hielo hasta que, de pronto, se rompió con un gran
chasquido. El asno despertó al caer al agua y empezó a pedir socorro, pero nadie pudo ayudarle, aunque el
gorrión bien lo hubiera querido.

La historia del asnito ahogado debería hacer reflexionar a muchos holgazanes. Porque la pereza suele traer
estas consecuencias.

EL AVARO MERCADER
Erase un mercader tan avaro que, para ahorrarse la comida de su asno, al que hacía trabajar duramente en el
transporte de mercancías, le cubría la cabeza con una piel de león y como la gente huía asustada, el asno
podía pastar en los campos de alfalfa.

Un día los campesinos decidieron armarse de palos y hacer frente al león. El pobre asno, que estaba
dándose el gran atracón, rebuznó espantado al ver el número de sus enemigos.

-Es un borrico! -dijeron los campesinos-.

Pero la culpa del engaño debe ser cosa de su amo.

Sigámosle y descubriremos al tunante.

El pobre asno emprendió la gran carrera hasta la cuadra del mercader; y tras él llegaron los campesinos
armados con sus palos propinando tal paliza al avaro, que en varios días no pudo moverse. Al menos la
lección sirvió para que aquel avaricioso alimentase a su asno con pienso comprado con el dinero que el fiel
animal le daba a ganar.
LA HUMILDE FLOR
Cuando Dios creó el mundo, dio nombre y color a todas las flores.
Y sucedió que una florecita pequeña le suplicó repetidamente con voz temblorosa:
-i No me olvides! ¡No me olvides!
Como su voz era tan fina, Dios no la oía. Por fin, cuando el Creador hubo terminado su tarea, pudo
escuchar aquella vocecilla y se volvió hacia la planta. Mas todos los nombres estaban ya dados. La plantita
no cesaba de llorar y el Señor la consoló así:

-No tengo nombre para ti, pero te llamarás "Nomeolvides".

Y por colores te daré el azul del cielo y el rojo de la sangre. Consolarás a los vivos y acompañaras a los
muertos.
Así nació el "nomeolvides" o miosota, pequeña florecilla de color azul y rojo.

LA LEONA
Los cazadores, armados de lanzas y de agudos venablos, se acercaban silenciosamente.

La leona, que estaba amamantando a sus hijitos, sintió el olor y advirtió en seguida el peligro.

Pero ya era demasiado tarde: los cazadores estaban ante ella, dispuestos a herirla.
A la vista de aquellas armas, la leona, aterrada, quiso escapar. Y de repente pensó que sus hijitos quedarían
entonces a merced de los cazadores. Decidida a todo por defenderlos, bajó la mirada para no ver las
amenazadoras puntas de aquellos hierros y, dando un salto desesperado, se lanzó sobre ellos, poniéndolos en
fuga.

Su extraordinario coraje la salvó a ella y salvó a sus pequeñuelos. Porque nada hay imposible cuando el
amor guía las acciones.
La paloma y la hormiga.

Obligada por la sed, una hormiga bajó a un arroyo; arrastrada por la corriente, se encontró a punto de morir
ahogada.
Una paloma que se encontraba en una rama cercana observó la emergencia; desprendiendo del árbol una
ramita, la arrojó a la corriente, montó encima a la hormiga y la salvó.
La hormiga, muy agradecida, aseguró a su nueva amiga que si tenía ocasión le devolvería el favor, aunque
siendo tan pequeña no sabía cómo podría serle útil a la paloma.
Al poco tiempo, un cazador de pájaros se alistó para cazar a la paloma. La hormiga, que se encontraba cerca,
al ver la emergencia lo picó en el talón haciéndole soltar su arma.
El instante fue aprovechado por la paloma para levantar el vuelo, y así la hormiga pudo devolver el favor a
su amiga.
Si conoces alguna otra fábula para niños y quieres compartirla con nosotros y los demás padres, estaremos
encantados de recibirla.

Cuento sobre la prudencia para los niños


- ¡Pío, pío, pío, pío! - ¿Qué te pasa?, preguntó el gusanito.
- Mi mamá y mis hermanos se han ido y estoy perdido.
- No te preocupes amiguito. Vamos a buscarlos, le dijo el gusanito.
- ¡Vamos, vamos!, dijeron los dos.
En el camino se encontraron al gato, quien les preguntó:
- Miau, ¿dónde van?
- Mi mamá y mis hermanos se han ido y estoy perdido, dijo muy triste Llito.
- Yo iré con ustedes a buscarlos, dijo el gato. - ¡Vamos, vamos!, dijeron a coro.
Al rato se encontraron con un perro.
- Jau, ¿hacia dónde se dirigen?, preguntó.
- Mi mamá y mis hermanos se han ido y estoy perdido, dijo llorando Llito.
- Jau, iré con ustedes a buscarlos.
- ¡Vamos, vamos! - dijeron a coro.
Y así el perro, el gato, el gusanito y Llito caminaron y caminaron buscando a Mamá Gallina.
- ¡Llito, Llito! ¿Dónde estás?, gritaba a lo lejos Mama Gallina.
- ¡Es mi mamá!, exclamó Llito. El perro ladró "Jau, jau". El gato maulló "Miau, miau y el gusanito se
arrastró. Todos brincaron alegremente. Al fin habían encontrado a Mamá Gallina.
El perro, el gato, el gusanito, Llito y su familia se abrazaron y rieron de felicidad.
- Gracias por cuidar a mi hijo. Los invito a mi casa a comer bizcocho de maíz - dijo Mamá Gallina.
-¡Vamos, vamos! - dijeron todos. Al llegar a la casa Mama Gallina les sirvió el ricobizcocho. Nuestros
amigos se lo comieron todo, todo, todo. Y como diría Don Mabo, este cuento se acabó.
FIN

“La treta del ingrato”


Un sabio maestro de lucha adoctrinó y enseñó sus artes a un discípulo aventajado durante muchos años. El
maestro amaba al muchacho como a un hijo y le enseñó cuanto sabía. No en vano, este hombre sabio era
considerado el mejor maestro de lucha del mundo. Pero llegó el día en que el discípulo no tenía nada que
aprender y se despidió de su maestro, que lloraba con pesar porque no sabía si volvería a ver a aquél al que
había querido y enseñado como a un hijo.
Pasaron los años y el discípulo se hizo un hombre corpulento y muy fuerte. Nadie se atrevía ya a retarlo
porque nadie en el mundo había sido capaz de derrotarlo en competición. Su fama creció al igual que lo
hicieron su orgullo, su vanidad y su soberbia. La vida lo llevó en sus viajes al pueblo donde vivía su maestro.
Allí declaro a las autoridades que, si no fuera porque su maestro era ya un anciano casi decrépito sin ninguna
posibilidad de vencerlo, lo retaría a un combate, demostrando que él era el mejor luchador del mundo. Estas
palabras llegaron a su maestro que, con pesar y sin saber nada en tantos años del que tanto había querido y al
que con tanta dedicación se había entregado, aceptó el combate.
Vinieron gentes de todas las tierras para presenciar aquel combate que sin duda haría historia. El discípulo
dominaba a su maestro fácilmente, pues éste era ya viejo y no tenía ni la fuerza, ni la resistencia necesarias.
El discípulo, algo cansado ya de aquel juego, inmovilizó a su maestro dejándole en una posición ridícula ante
todos los presentes. Le pedía que se rindiera para no hacerle más daño. Pero de pronto, con una maniobra
inusitada, el maestro se soltó, agarró por un brazo a su discípulo y lo inmovilizó hasta que éste no tuvo más
remedio que rendirse.
Cuando terminó el combate, el discípulo se acercó al maestro y le reprochó:
-Maestro, dijiste que me habías enseñado todo lo que sabías. Esa maña con la que me has vencido nunca me
la enseñaste. Me dijiste en muchas ocasiones que me querías como a un hijo. Me mentiste.
-Querido hijo, ésta es mi última lección: esa maña se conoce como “la treta del ingrato”.

“Los caballeros borrachos, la dama y la armadura”


Un rey celebraba sus esponsales en su enorme castillo. La fiesta se prolongó hasta bien entrada la noche y el
vino corrió por las gargantas de algunos presentes más de lo necesario. Unos caballeros borrachos se fijaron
en una joven y hermosa doncella que había acudido a las bodas de los reyes. En un momento determinado,
los caballeros rodearon a la dama y comenzaron a ultrajarla de palabra y de gesto. Le decían todo tipo de
improperios y la dama, asustada, intentó escapar del acoso de aquellos hombres. Perseguida por el castillo, la
doncella fue acorralada al final de uno de los larguísimos pasillos. Las intenciones de aquellos malhechores
eran sin duda las peores. La dama cayó al suelo horrorizada y exhausta y sólo consiguió agazaparse junto a
las piernas de una enorme armadura que había al fondo de aquel oscuro pasillo.
-Yo primero, yo primero -decían los tres hombres, que querían violar a aquella joven-.
Por fin, uno de ellos se acercó a la doncella y la agarró por un brazo e intentaba sacarla del hueco donde se
había protegido. Un viento gélido entró de golpe por la pequeña ventana que había junto a la estatua,
recorriendo como un huracán el largo pasillo. El guantelete de la armadura se movió pesadamente, dando un
durísimo golpe en la cabeza al hombre que pretendía violar a la joven. Los hombres quedaron estupefactos.
La armadura se erguía ahora pareciendo que tenía vida propia y el mismo guantelete que descargó el golpe,
acariciaba en señal de protección el hermoso cabello de la joven. Los hombres, a los que el miedo les llegaba
al mismísimo tuétano, huyeron corriendo por aquel pasillo. Un rato después, el guantelete de la armadura y
toda ella misma quedaron de nuevo inertes. La joven dama estaba a salvo.

LAS ABEJITAS JUGUETONAS


En un panal había tres abejitas, que por primera vez iban a buscar néctar de las flores del campo. La reina de
las abejas le dio un cántaro vacío a cada una y les ordenó traerlos bien llenos al caer la tarde. Las abejitas
partieron volando a cumplir su tarea. La abeja mayor empezó inmediatamente. La del medio, se dedicó a
escuchar las historias que le contaban las flores y los insectos. La más pequeña juntó muestras de todos los
colores que encontraba en las florecillas. Sin que se dieran cuenta, de lo entretenidas que estaban, llegó la
hora de volver al panal. En la entrada las esperaba la reina y su corte.
La abejita mayor entregó su cántaro lleno y fue felicitada por todas las abejas. Luego le tocó a la del medio.
Cuando mostró su cántaro con solo la mitad con néctar, la reina le dijo enojada: “¿Eso es todo lo que traes?”
“No”, dijo la abejita. “Además tengo muchas noticias y chismes que me contaron las flores y los insectos.” Y
así entretuvo a la reina y al panal por mucho tiempo. Las abejas también la felicitaron.
Al final le tocó a la más pequeña. La reina le preguntó: “¿Y tú, cuánto néctar traes?”, la chiquita dijo: “Yo,
traigo un tercio del cántaro con néctar y muchos colores, para que todas nos pintemos y nos veamos muy
lindas...” las abejas se pintaron e hicieron una fiesta.