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MANUEL CASTELLS

DOSSIER
__________________
SOCIEDAD DE LA
INFORMACIÓN
Y
CULTURA MEDIÁTICA
____________

compilación, diciembre de 2005


ÍNDICE

I. La red y el yo
II. Internet y la Sociedad Red
III. La dimensión cultural de Internet
IV. La política del escándalo. La política informacional en
acción
Manuel Castells Sociedad de la información y cultura mediática

I. La red y el yo
La era de la información
Tomo I, Economía, Sociedad y Cultura

Manuel Castells

Prólogo

(1999)

ÍNDICE HOME (www.sociologia.de)

Fonte: http://www.hipersociologia.org.ar/catedra/material/Castellscap5.html

-¿Me consideras un hombre culto y leído?


-Sin duda -replicó Zi-gong-. ¿No lo eres?

-En absoluto -dijo Confucio- Tan sólo he agarrado el hilo que enlaza el resto*.

Hacia el final del segundo milenio de la era cristiana, varios acontecimientos de


trascendencia histórica han transformado el paisaje social de la vida humana.
Una revolución tecnológica, centrada en torno a las tecnologías de la
información, está modificando la base material de la sociedad a un ritmo
acelerado. Las economías de todo el mundo se han hecho interdependientes a
escala global, introduciendo una nueva forma de relación entre economía,
Estado y sociedad en un sistema de geometría variable. El derrumbamiento del
estatismo soviético y la subsiguiente desaparición del movimiento comunista
internacional han minado por ahora el reto histórico al capitalismo, rescatado a
la izquierda política (y a la teoría marxista) de la atracción fatal del marxismo-
leninismo, puesto fin a la guerra fría, reducido el riesgo de holocausto nuclear y
alterado de modo fundamental la geopolítica global. El mismo capitalismo ha
sufrido un proceso de reestructuración profunda, caracterizado por una mayor
flexibilidad en la gestión; la descentralización e interconexión de las empresas,
tanto interna como en su relación con otras; un aumento de poder considerable
del capital frente al trabajo, con el declive concomitante del movimiento
sindical; una individualización y diversificación crecientes en las relaciones de
trabajo; la incorporación masiva de la mujer al trabajo retribuido, por lo general
en condiciones discriminatorias; la intervención del estado para desregular los
mercados de forma selectiva y desmantelar el estado de bienestar, con
intensidad y orientaciones diferentes según la naturaleza de las fuerzas
políticas y las instituciones de cada sociedad; la intensificación de la
competencia económica global en un contexto de creciente diferenciación
geográfica y cultural de los escenarios para la acumulación y gestión del
capital. Como consecuencia de este reacondicionamiento general del sistema
capitalista, todavía en curso, hemos presenciado la integración global de los
mercados financieros, el ascenso del Pacífico asiático como el nuevo centro
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industrial global dominante, la ardua pero inexorable unificación económica de


Europa, el surgimiento de una economía regional norteamericana, la
diversificación y luego desintegración del antiguo Tercer Mundo, la
transformación gradual de Rusia y la zona de influencia ex soviética en
economías de mercado, y la incorporación de los segmentos valiosos de las
economías de todo el mundo a un sistema interdependiente que funciona como
una unidad en tiempo real. Debido a todas estas tendencias, también ha habido
una acentuación del desarrollo desigual, esta vez no sólo entre Norte y Sur,
sino entre los segmentos y territorios dinámicos de las sociedades y los que
corren el riesgo de convertirse en irrelevantes desde la perspectiva de la lógica
del sistema. En efecto, observamos la liberación paralela de las formidables
fuerzas productivas de la revolución informacional y la consolidación de los
agujeros negros de miseria humana en la economía global, ya sea en Burkina
Faso, South Bronx, Kamagasaki, Chiapas o La Courneuve.

De forma simultánea, las actividades delictivas y las organizaciones mafiosas


del mundo también se han hecho globales e informacionales, proporcionando
los medios para la estimulación de la hiperactividad mental y el deseo
prohibido, junto con toda forma de comercio ilícito demandada por nuestras
sociedades, del armamento sofisticado a los cuerpos humanos. Además, un
nuevo sistema de comunicación, que cada vez habla más un lenguaje digital
universal, está integrando globalmente la producción y distribución de palabras,
sonidos e imágenes de nuestra cultura y acomodándolas a los gustos de las
identidades y temperamentos de los individuos. Las redes informáticas
interactivas crecen de modo exponencial, creando nuevas formas y canales de
comunicación, y dando forma a la vida a la vez que ésta les da forma a ellas.

Los cambios sociales son tan espectaculares como los procesos de


transformación tecnológicos y económicos. A pesar de toda la dificultad sufrida
por el proceso de transformación de la condición de las mujeres, se ha minado
el patriarcalismo, puesto en cuestión en diversas sociedades. Así, en buena
parte del mundo, las relaciones de género se han convertido en un dominio
contestado, en vez de sor una esfera de reproducción cultural. De ahí se
deduce una redefinición fundamental de las relaciones entre mujeres, hombres
y niños y, de este modo, de la familia, la sexualidad y la personalidad. La
conciencia medioambiental ha calado las instituciones de la sociedad y sus
valores han ganado atractivo político al precio de ser falseados y manipulados
en la práctica cotidiana de las grandes empresas y las burocracias. Los
sistemas políticos están sumidos en una crisis estructural de legitimidad,
hundidos de forma periódica por escándalos, dependientes esencialmente del
respaldo de los medios de comunicación y del liderazgo personalizado, y cada
vez más aislados de la ciudadanía. Los movimientos sociales tienden a ser
fragmentados, localistas, orientados a un único tema y efímeros, ya sea
reducidos a sus mundos interiores o fulgurando sólo un instante en torno a un
símbolo mediático. En un mundo como éste de cambio incontrolado y confuso,
la gente tiende a reagruparse en torno a identidades primarias: religiosa, étnica,
territorial, nacional. En estos tiempos difíciles, el fundamentalismo religioso,
cristiano, islámico, judío, hindú e incluso budista (en lo que parece ser un
contrasentido), es probablemente la fuerza más formidable de seguridad
personal y movilización colectiva. En un mundo de flujos globales de riqueza,
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poder e imágenes, la búsqueda de la identidad, colectiva o individual, atribuida


o construida, se convierte en la fuente fundamental de significado social. No es
una tendencia nueva, ya que la identidad, y de modo particular la identidad
religiosa y étnica, ha estado en el origen del significado desde los albores de la
sociedad humana. No obstante, la identidad se está convirtiendo en la principal,
y a veces única, fuente de significado en un periodo histórico caracterizado por
una amplia desestructuración de las organizaciones, deslegitimación de las
instituciones, desaparición de los principales movimientos sociales y
expresiones culturales efímeras. Es cada vez más habitual que la gente no
organice su significado en torno a lo que hace, sino por lo que es o cree ser.
Mientras que, por otra parte, las redes globales de intercambios instrumentales
conectan o desconectan de forma selectiva individuos, grupos, regiones o
incluso países según su importancia para cumplir las metas procesadas en la
red, en una corriente incesante de decisiones estratégicas. De ello se sigue
una división fundamental entre el instrumentalismo abstracto y universal, y las
identidades particularistas de raíces históricas. Nuestras sociedades se
estructuran cada vez más en tomo a una posición bipolar entre la red y el yo.

En esta condición de esquizofrenia estructural entre función y significado, las


pautas de comunicación social cada vez se someten a una tensión mayor. Y
cuando la comunicación se rompe, cuando deja de existir, ni siquiera en forma
de comunicación conflictiva (como sería el caso en las luchas sociales o la
oposición política), los grupos sociales y los individuos se, alienan unos de
otros y ven al otro como un extraño, y al final como una amenaza. En este
proceso la fragmentación social: se extiende, ya que las identidades se vuelven
más específicas y aumenta la dificultad de compartirlas. La sociedad
informacional, en su manifestación global, es también el mundo de Aum
Shinrikyo, de la American Militia, de las ambiciones teocráticas
islámicas/cristianas y del genocidio recíproco de hutus/tutsis.

Confundidos por la escala y el alcance del cambio histórico, la cultura y el


pensamiento de nuestro tiempo abrazan con frecuencia un nuevo milenarismo.
Los profetas de la tecnología predican una nueva era, extrapolando a las
tendencias y organizaciones sociales la lógica apenas comprendida de los
ordenadores y el ADN. La cultura y la teoría posmodernas se recrean en
celebrar el fin de la historia y, en cierta medida, el fin de -la razón, rindiendo
nuestra capacidad de comprender y hallar sentido, incluso al disparate. La
asunción implícita es la aceptación de la plena individualización de la conducta
y de la impotencia de la sociedad sobre su destino.

El proyecto que informa este libro nada contra estas corrientes de destrucción y
se opone a varias formas de nihilismo intelectual, de escepticismo social y de
cinismo político. Creo en la racionalidad y en la posibilidad de apelar a la razón,
sin convertirla en diosa. Creo en las posibilidades de la acción social
significativa y en la política transformadora, sin que nos veamos
necesariamente arrastrados hacia los rápidos mortales de las utopías
absolutas. Creo en el poder liberador de la identidad, sin aceptar la necesidad
de su individualización o su captura por el fundamentalismo. Y propongo la
hipótesis de que todas las tendencias de cambio que constituyen nuestro
nuevo y confuso mundo están emparentadas y que podemos sacar sentido a
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su interrelación. Y, sí, creo, a pesar de una larga tradición de errores


intelectuales a veces trágicos, que observar, analizar y teorizar es un modo de
ayudar a construir un mundo diferente y mejor. No proporcionando las
respuestas, que serán específicas para cada sociedad y las encontrarán por sí
mismos los actores sociales, sino planteando algunas preguntas relevantes. Me
gustaría que este libro fuese una modesta contribución a un esfuerzo analítico,
necesariamente colectivo, que ya se está gestando desde muchos horizontes,
con el propósito de comprender nuestro nuevo mundo sobre la base de los
datos disponibles y de una teoría exploratoria.

Para recorrer los pasos preliminares en esa dirección, debemos tomar en serio
la tecnología, utilizándola como punto de partida de esta indagación; hemos de
situar este proceso de cambio tecnológico revolucionario en el contexto social
donde tiene lugar y que le da forma; y debemos tener presente que la
búsqueda de identidad es un cambio tan poderoso como la transformación
tecnoeconómica en el curso de la nueva historia. Luego, tras haber enunciado
el proyecto de este libro, partiremos en nuestro viaje intelectual, por un
itinerario que nos llevará a numerosos ámbitos y cruzará diversas culturas y
contextos institucionales, ya que la comprensión de una transformación global
requiere una perspectiva tan global como sea posible, dentro de los límites
obvios de la experiencia y el conocimiento de este autor.

TECNOLOGIA, SOCIEDAD Y CAMBIO HISTORICO

La revolución de la tecnología de la información, debido a su capacidad de


penetración en todo el ámbito de la actividad humana, será mi punto de entrada
para analizar la complejidad de la nueva economía, sociedad y cultura en
formación. Esta elección metodológica no implica que las nuevas formas y
procesos sociales surjan como consecuencia del cambio tecnológico. Por
supuesto, la tecnología no determina la sociedad . Tampoco la sociedad dicta
el curso del cambio tecnológico, ya que muchos factores, incluidos la invención
e iniciativas personales, intervienen en el proceso del descubrimiento científico,
la innovación tecnológica y las aplicaciones sociales, de modo que el resultado
final depende de un complejo modelo de interacción . En efecto, el dilema del
determinismo tecnológico probablemente es un falso problema , puesto que
tecnología es sociedad y ésta no puede ser comprendida o representada sin
sus herramientas técnicas . Así, cuando en la década de 1970 se constituyó un
nuevo paradigma tecnológico organizado en torno a la tecnología de la
información, sobre todo en los Estados Unidos (véase el capítulo 1), fue un
segmento específico de su sociedad, en interacción con la economía global y la
geopolítica mundial, el que materializó un modo nuevo de producir, comunicar,
gestionar y vivir, Es probable que el hecho de que este paradigma naciera en
los Estados Unidos, y en buena medida en California y en la década de los
setenta, tuviera consecuencias considerables en cuanto a las formas y
evolución de las nuevas tecnologías de la información. Por ejemplo, a pesar del
papel decisivo de la financiación y los mercados militares en el fomento de los
primeros estadios de la industria electrónica durante el periodo comprendido
entre las décadas de 1940 y 1960, cabe relacionar de algún modo el
florecimiento tecnológico que tuvo lugar a comienzos de la década de los
setenta con la cultura de la libertad, la innovación tecnológica y el espíritu
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emprendedor que resultaron de la cultura de los campus estadounidenses de la


década de 1960. No tanto en cuanto a su política, ya que Silicon Valley era, y
es, un sólido bastión del voto conservador y la mayoría de los innovadores
fueron metapolíticos, sino en cuanto a los valores sociales de ruptura con las
pautas de conducta establecidas, tanto en la sociedad en general como en el
mundo empresarial. El énfasis concedido a los instrumentos personalizados, la
interactividad y la interconexión, y la búsqueda incesante de nuevos avances
tecnológicos, aun cuando en apariencia no tenían mucho sentido comercial,
estaban claramente en discontinuidad con la tradición precavida del mundo
empresarial. La revolución de la tecnología de la información, de forma medio
consciente , difundió en la cultura material de nuestras sociedades el espíritu
libertario que floreció en los movimientos de la década de los sesenta. No
obstante, tan pronto como se difundieron las nuevas tecnologías de la
información y se las apropiaron diferentes países, distintas culturas, diversas
organizaciones y metas heterogéneas, explotaron en toda clase de
aplicaciones y usos, que retroalimentaron la innovación tecnológica, acelerando
la velocidad y ampliando el alcance del cambio tecnológico, y diversificando
sus fuentes . Un ejemplo ayudará a comprender la importancia de las
consecuencias sociales inesperadas de la tecnología.

Como es sabido, Internet se originó en un audaz plan ideado en la década de


los sesenta por los guerreros tecnológicos del Servicio de Proyectos de
Investigación Avanzada del Departamento de Defensa estadounidense
(Advanced Research Projects Agency, el mítico DARPA), para evitar la toma o
destrucción soviética de las comunicaciones estadounidenses en caso de
guerra nuclear. En cierta medida, fue el equivalente electrónico de las tácticas
maoístas de dispersión de las fuerzas de guerrilla en torno a un vasto territorio
para oponerse al poder de un enemigo con versatilidad y conocimiento del
terreno. El resultado fue una arquitectura de red que, como querían sus
inventores, no podía ser controlada desde ningún centro, compuesta por miles
de redes informáticas autónomas que tienen modos innumerables de
conectarse, sorteando las barreras electrónicas. Arpanet, la red establecida por
el Departamento de Defensa estadounidense, acabó convirtiéndose en la base
de una red de comunicación global y horizontal de miles de redes (desde luego,
limitada a una elite informática instruida de cerca de 20 millones de usuarios a
mediados de la década de 1990, pero cuyo crecimiento es exponencial), de la
que se han apropiado individuos y grupos de todo el mundo para toda clase de
propósitos, bastante alejados de las preocupaciones de una guerra fría extinta.
En efecto, fue vía Internet como el Subcomandante Marcos, jefe de los
zapatistas chiapanecos, se comunicó con el mundo y con los medios desde las
profundidades de la selva Lacandona durante su retirada en febrero de 1995.

No obstante, si bien la sociedad no determina la tecnología, sí puede sofocar


su desarrollo, sobre todo por medio del estado. 0, de forma alternativa y sobre
todo mediante la intervención estatal, puede embarcarse en un proceso
acelerado de modernización tecnológica, capaz de cambiar el destino de las
economías, la potencia militar y el bienestar social en unos cuantos años. En
efecto, la capacidad o falta de capacidad de las sociedades para dominar la
tecnología, y en particular las que son estratégicamente decisivas en cada
periodo histórico, define en buena medida su destino, hasta el punto de que
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podemos decir que aunque por sí misma no determina la evolución histórica y


el cambio social, la tecnología (o su carencia) plasma la capacidad de las
sociedades para transformarse, así como los usos a los que esas sociedades,
siempre en un proceso conflictivo, deciden dedicar su potencial tecnológico .

Así, hacia 1400, cuando el Renacimiento europeo estaba plantando las


semillas intelectuales del cambio tecnológico que dominaría el mundo tres
siglos después, China era la civilización tecnológica más avanzada de todas,
según Mokyr . Los inventos clave se habían desarrollado siglos antes, incluso
un milenio y medio antes, como es el caso de los altos hornos que permitieron
el fundido de hierro ya en el año 200 a.C. Además, Su Sung inventó el reloj de
agua en 1086 d.C., sobrepasando la precisión de medida de los relojes
mecánicos europeos de la misma fecha. El arado de hierro fue introducido en el
siglo VI y adaptado al cultivo de los campos de arroz encharcados dos siglos
después. En textiles, el torno de hilar manual apareció al mismo tiempo que en
Occidente, en el siglo XIII, pero avanzó mucho más de prisa en China debido a
la existencia de una antigua tradición de equipos de tejer complejos: los telares
de arrastre para tejer seda ya se utilizaban en tiempos de las dinastías Han. La
adopción de la energía hidráulica fue paralela a la de Europa: en el siglo VIII los
chinos ya utilizaban martinetes de fragua hidráulicos y en 1280 existía una
amplia difusión de la rueda hidráulica vertical. El viaje oceánico fue más fácil
para las embarcaciones chinas desde una fecha anterior que para las
europeas: inventaron el compás en torno a 960 d.C. y sus juncos ya eran los
barcos más avanzados del mundo a finales del siglo XIV, permitiendo largos
viajes marítimos. En el ámbito militar, los chinos, además de inventar la
pólvora, desarrollaron una industria química capaz de proporcionar potentes
explosivos, y sus ejércitos utilizaron la ballesta y la catapulta siglos antes que
Europa. En medicina, técnicas como la acupuntura obtenían resultados
extraordinarios que sólo recientemente han logrado un reconocimiento
universal. Y, por supuesto, la primera revolución del procesamiento de la
información fue chino: el papel y la imprenta fueron inventos suyos. El papel se
introdujo en China 1.000 años antes que en Occidente y la imprenta es
probable que comenzara a finales del siglo VII. Como Ojones escribe: «China
estuvo a un ápice de la industrialización en el siglo XIV» . Que no llegase a
industrializarse cambió la historia del mundo. Cuando en 1842 las guerras del
opio condujeron a las imposiciones coloniales británicas, China se dio cuenta
demasiado tarde de que el aislamiento no podía proteger al Imperio Medio de
las consecuencias de su inferioridad tecnológica. Desde entonces tardó más de
un siglo en comenzar a recuperarse de una desviación tan catastrófica en su
trayectoria histórica.

Las explicaciones de un curso histórico tan inusitado son numerosas y


polémicas. No hay lugar en este prólogo para entrar en la complejidad del
debate, pero, de acuerdo con la investigación y el análisis de historiadores
como Needham , Qian , Jones , y Mokyr , es posible sugerir una interpretación
que ayude a comprender, en términos generales, la interacción entre sociedad,
historia y tecnología. En efecto, como señala Mokyr, la mayoría de las hipótesis
sobre las diferencias culturales (incluso aquellas sin matices racistas implícitos)
fracasan en explicar no las diferencias entre China y Europa, sino entre la
China de 1300 y la de 1800. ¿Por qué una cultura y un imperio que habían sido
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los líderes tecnológicos del mundo durante miles de años cayeron de repente
en el estancamiento, en el momento preciso en que Europa se embarcaba en
la era de los descubrimientos y luego en la revolución industrial?

Needham ha propuesto que la cultura china estaba más inclinada que los
valores occidentales a mantener una relación armoniosa entre el hombre y la
naturaleza, algo que podía ponerse en peligro por la rápida innovación
tecnológica. Además, se opone a los criterios occidentales utilizados para
medir el desarrollo tecnológico. Sin embargo, este énfasis cultural sobre un
planteamiento holístico del desarrollo no había impedido la innovación
tecnológica durante milenios, ni detenido el deterioro ecológico como resultado
de las obras de irrigación en el sur de China, cuando la producción agrícola
escalonada llevó a la agresión de la naturaleza para alimentar a una población
creciente. De hecho, Wen-yuan Qian, en su influyente libro, critica el
entusiasmo algo excesivo de Needham por las proezas de la tecnología
tradicional china, pese a su admiración por el monumental trabajo de toda una
vida. Qian sugiere una vinculación más estrecha entre el desarrollo de la
ciencia china y las características de su civilización, dominada por la dinámica
del Estado. Mokyr también considera que el Estado es el factor clave para
explicar el retraso tecnológico chino en los tiempos modernos. Cabe proponer
una explicación en tres pasos: durante siglos, la innovación tecnológica estuvo
sobre todo en manos del Estado; a partir de 1400 el Estado chino, bajo las
dinastías

Ming y Qing, perdió interés en ella; y, en parte debido a su dedicación a servir


al Estado, las elites culturales y sociales se centraron en las artes, las
humanidades y la promoción personal con respecto a la burocracia imperial. De
este modo, lo que parece ser crucial es el papel del Estado y el cambio de
orientación de su política. ¿Por qué un Estado que había sido el mayor
ingeniero hidráulico de la historia y había establecido un sistema de extensión
agrícola para mejorar la productividad desde el periodo Han de repente se
inhibió de la innovación tecnológica e incluso prohibió la exploración
geográfica, abandonando la construcción de grandes barcos en 1430? La
respuesta obvia es que no era el mismo Estado, no sólo debido a que se
trataba de dinastías diferentes, sino porque la clase burocrática se había
atrincherado en la administración tras un periodo más largo de lo habitual de
dominio incontestado.

Según Mokyr, parece que el factor determinante del conservadurismo


tecnológico fue el miedo de los gobernantes a los posibles impactos del cambio
tecnológico sobre la estabilidad social. Numerosas fuerzas se opusieron a la
difusión de la tecnología en China, como en otras sociedades, en particular los
gremios urbanos. A los burócratas, contentos con el orden establecido, les
preocupaba la posibilidad de que se desataran conflictos sociales que pudieran
aglutinarse con otras fuentes de oposición latentes en una sociedad mantenida
bajo control durante varios siglos. Hasta los dos déspotas ilustrados manchús
del siglo XVIII, K'ang Chi y Ch'ien Lung, centraron sus esfuerzos en la
pacificación y el orden, en lugar de desencadenar un nuevo desarrollo. A la
inversa, la exploración y los contactos con los extranjeros más allá del
comercio controlado y la adquisición de armas, fueron considerados, en el
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mejor de los casos, innecesarios y, en el peor, amenazantes, debido a la


incertidumbre que implicaban. Un Estado burocrático sin incentivo exterior y
con desincentivadores internos para aplicarse a la modernización tecnológica
optó por la más prudente neutralidad, con el resultado de detener la trayectoria
tecnológica que China había venido siguiendo durante siglos, si no milenios,
precisamente bajo su guía. La exposición de los factores subyacentes en la
dinámica del Estado chino bajo las dinastías Ming y Qing se encuentra sin duda
más allá del alcance de este libro. Lo que interesa a nuestro propósito de
investigación son dos enseñanzas de esta experiencia fundamental de
desarrollo tecnológico interrumpido: por una parte, el Estado puede ser, y lo ha
sido en la historia, en China y otros lugares, una fuerza dirigente de innovación
tecnológica; por otra, precisamente debido a ello, cuando cambia su interés por
el desarrollo tecnológico, o se vuelve incapaz de llevarlo a cabo en condiciones
nuevas, el modelo estatista de innovación conduce al estancamiento debido a
la esterilización de la energía innovadora autónoma de la sociedad para crear y
aplicar la tecnología. El hecho de que años después el Estado chino pudiera
construir una nueva y avanzada base tecnológica en tecnología nuclear,
misiles, lanzamiento de satélites y electrónica demuestra una vez más la
vacuidad de una interpretación predominantemente cultural del desarrollo y
retraso tecnológicos: la misma cultura puede inducir trayectorias tecnológicas
muy diferentes según el modelo de relación entre Estado y sociedad. Sin
embargo, la dependencia exclusiva del primero tiene un precio, y para China
fue el del retraso, la hambruna, las epidemias, el dominio colonial y la guerra
civil hasta al menos mediados del siglo XX.

Puede contarse una historia bastante similar, y se hará en este libro (véase el
volumen III), sobre la incapacidad del estatismo soviético para dominar la
revolución de la tecnología de la información, con lo que ahogó su capacidad
productiva y socavó su poderío militar. No obstante, no debemos saltar a la
conclusión ideológica de que toda intervención estatal es contraproducente
para el desarrollo tecnológico, abandonándonos a una reverencia ahistórica del
espíritu emprendedor individual sin cortapisas. Japón es, por supuesto, el
ejemplo contrario, tanto para la experiencia histórica china como para la falta
de capacidad del estado soviético para adaptarse a la revolución de la
tecnología de la información iniciada en los Estados Unidos.

Japón pasó un periodo de aislamiento histórico, incluso más profundo que


China, bajo el shogunado Tokugawa (establecido en 1603), entre 1636 y 1853,
precisamente durante el periodo crítico de la formación del sistema industrial en
el hemisferio occidental. Así, mientras que a comienzos del siglo XVII los
mercaderes japoneses comerciaban por todo el este y sudeste asiáticos,
utilizando modernas embarcaciones de hasta 700 toneladas, en 1635 se
prohibió la construcción de barcos de más de 50 toneladas y todos los puertos
japoneses excepto Nagasaki fueron cerrados a los extranjeros, mientras que el
comercio se restringía a China, Corea y Holanda . El aislamiento tecnológico no
fue total durante estos dos siglos y la innovación endógena permitió a Japón
seguir con un cambio incremental a un ritmo más rápido que China . No
obstante, debido a que el nivel tecnológico japonés era inferior al chino, a
mediados del siglo XIX los kurobune (barcos negros) del comodoro Perry
pudieron imponer el comercio y las relaciones diplomáticas a un país muy
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rezagado de la tecnología occidental. Sin embargo, tan pronto como la Ishin


Meiji (Restauración Meiji) de 1868 creó las condiciones políticas para una
modernización decisiva conducida por el Estado . Japón progresó en
tecnología avanzada a pasos agigantados en un lapso de tiempo muy corto .
Sólo como ejemplo significativo debido a su importancia estratégica actual,
recordemos brevemente el desarrollo extraordinario de la ingeniería eléctrica y
sus aplicaciones a la comunicación en el último cuarto del siglo XIX . En efecto,
el primer departamento independiente de ingeniería eléctrica en el mundo se
estableció en 1873 en la recién fundada Universidad Imperial de Ingeniería de
Tokio, bajo la dirección de su decano, Henry Dyer, un ingeniero mecánico
escocés. Entre 1887 y 1892, un sobresaliente académico de la ingeniería
eléctrica, el profesor británico William Ayrton. fue invitado para dar clase en la
universidad y desempeñó un papel decisivo en la diseminación del
conocimiento en una nueva generación de ingenieros japoneses, de tal modo
que a finales del siglo la Oficina de Telégrafos ya fue capaz de reemplazar a
los extranjeros en todos sus departamentos técnicos. Se buscó la transferencia
de tecnología de Occidente mediante diversos mecanismos. En 1873, el taller
de maquinaria de la Oficina de Telégrafos envió a un relojero japonés, Tanaka
Seisuke, a la exposición internacional de máquinas celebrada en Viena para
obtener información sobre éstas. Unos diez años más tarde, todas las
máquinas de la Oficina estaban hechas en Japón. Basándose en esta
tecnología, Tanaka Daikichi fundó en 1882 una fábrica de electricidad,
Shibaura, que, tras su adquisición por Mitsui, prosiguió hasta convertirse en
Toshiba. Se enviaron ingenieros a Europa y los Estados Unidos, y se permitió a
Western Electric producir y vender en Japón en 1899, en una empresa conjunta
con industriales japoneses: el nombre de la compañía fue NEC. Sobre esa
base tecnológica, Japón entró a toda velocidad en la era de la electricidad y las
comunicaciones antes de 1914: para esa fecha, la producción de energía total
había alcanzado 1.555.000 kilovatios a la hora y 3.000 oficinas de teléfonos
transmitían mil millones de mensajes al año. Resulta en efecto simbólico que el
regalo del comodoro Perry al Shogun en 1857 fuera un juego de telégrafos
estadounidenses, hasta entonces nunca vistos en Japón: la primera línea de
telégrafos se tendió en 1869 y diez años después Japón estaba enlazado con
todo el mundo mediante una red de información transcontinental, vía Siberia,
operada por la Great Northern Telegraph Co., gestionada de forma conjunta
por ingenieros occidentales y japoneses, y que transmitía tanto en inglés como
en japonés.

El relato del modo cómo Japón se convirtió en un importante actor mundial en


las industrias de las tecnologías de la información en el último cuarto del siglo
XX es ahora del conocimiento público, por lo que puede darse por supuesto en
nuestra exposición . Lo que resulta relevante para las ideas aquí presentadas
es que sucedió al mismo tiempo que una superpotencia industrial y científica, la
Unión Soviética, fracasaba en esta transición tecnológica fundamental. Es
obvio, como muestran los recordatorios precedentes, que el desarrollo
tecnológico japonés desde la década de 1960 no sucedió en un vacío histórico,
sino que se basó en décadas de antigua tradición de excelencia en ingeniería.
No obstante, lo que importa para el propósito de este análisis es resaltar qué
resultados tan llamativamente diferentes tuvo la intervención estatal (y la falta
de intervención) en los casos de China y la Unión Soviética comparados con
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Japón tanto en el periodo Meiji como en el posterior a la Segunda Guerra


Mundial. Las características del Estado japonés que se encuentran en la base
de ambos procesos de modernización y desarrollo son bien conocidas, tanto en
lo que se refiere a la Ishin Meiji como al Estado desarrollista contemporáneo , y
su presentación nos alejaría demasiado del núcleo de estas reflexiones
preliminares. Lo que debemos retener para la comprensión de la relación
existente entre tecnología y sociedad es que el papel del Estado, ya sea
deteniendo, desatando o dirigiendo la innovación tecnológica, es un factor
decisivo en el proceso general, ya que expresa y organiza las fuerzas sociales
y culturales que dominan en un espacio y tiempo dados. En buena medida, la
tecnología expresa la capacidad de una sociedad para propulsarse hasta el
dominio tecnológico mediante las instituciones de la sociedad, incluido el
Estado. El proceso histórico mediante el cual tiene lugar ese desarrollo de
fuerzas productivas marca las características de la tecnología y su
entrelazamiento con las relaciones sociales.

Ello no es diferente en el caso de la revolución tecnológica actual. Se origino y


difundió, no por accidente, en un periodo histórico de reestructuración global
del capitalismo, para el que fue una herramienta esencial. Así, la nueva
sociedad que surge de ese proceso de cambio es tanto capitalista como
informacional, aunque presenta una variación considerable en diferentes
países, según su historia, cultura, instituciones y su relación específica con el
capitalismo global y la tecnología de la información.

INFORMACIONALISMO, INDUSTRIALISMO, CAPITALISMO Y ESTATISMO:


MODOS DE DESARROLLO Y MODOS DE PRODUCCION

La revolución de la tecnología de la información ha sido útil para llevar a cabo


un proceso fundamental de reestructuración del sistema capitalista a partir de
la década de los ochenta. En el proceso, esta revolución tecnológica fue
remodelada en su desarrollo y manifestaciones por la lógica y los intereses del
capitalismo avanzado, sin que pueda reducirse a la simple expresión de tales
intereses. El sistema alternativo de organización social presente en nuestro
periodo histórico, el estatismo, también trató de redefinir los medios de lograr
sus metas estructurales mientras preservaba su esencia: ése es el significado
de la reestructuración (o perestroika en ruso). No obstante, el estatismo
soviético fracasó en su intento, hasta el punto de derrumbar todo el sistema, en
buena parte debido a su incapacidad para asimilar y utilizar los principios del
informacionalismo encarnados en las nuevas tecnologías de la información,
como sostendré más adelante basándome en un análisis empírico (véase
volumen III). El estatismo chino pareció tener éxito al pasar al capitalismo
dirigido por el Estado y la integración en redes económicas globales,
acercándose en realidad más al modelo de Estado desarrollista del capitalismo
asiático oriental que al «socialismo con características chinas» de la ideología
oficial , como también trataré de exponer en el volumen III. Sin embargo, es
muy probable que el proceso de transformación estructural en China sufra
importantes conflictos políticos y cambio estructural durante los años próximos.
El derrumbamiento del estatismo (con raras excepciones, por ejemplo,
Vietnam, Corea del Norte, Cuba, que no obstante están en proceso de
enlazarse con el capitalismo global) ha establecido una estrecha relación entre
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el nuevo sistema capitalista global definido por su perestroika relativamente


lograda y el surgimiento del informacionalismo como la nueva base tecnológica
material de la actividad tecnológica y la organización social. No obstante,
ambos procesos (reestructuración capitalista, surgimiento del
informacionalismo) son distintos y su interacción sólo puede comprenderse si
separamos su análisis. En este punto de m¡ presentación introductoria de las
idées fortes del libro, parece necesario proponer algunas distinciones y
definiciones teóricas sobre capitalismo, estatismo, industrialismo e
informacionalismo.

Es una tradición de mucho arraigo en las teorías del postindustrialismo y el


informacionalismo, que comenzó con las obras clásicas de Alain Touraine y
Daniel Bell , situar la distinción entre preindustrialismo, industrialismo e
informacionalismo (o postindustrialismo) en un eje diferente que el que opone
capitalismo y estatismo (o colectivismo, en términos de Bell). Mientras cabe
caracterizar a las sociedades a lo largo de los dos ejes (de tal modo que
tenemos estatismo industrial, capitalismo industrial y demás), es esencial para
la comprensión de la dinámica social mantener la distancia analítica y la
interrelación empírica de los modos de producción (capitalismo, estatismo) y
los modos de desarrollo (industrialismo, informacionalismo). Para arraigar estas
distinciones en una base teórica que informará los análisis específicos
presentados en este libro, resulta inevitable introducir al lector, durante unos
cuantos párrafos, en los dominios algo arcanos de la teoría sociológica.

Este libro estudia el surgimiento de una nueva estructura social, manifestada


bajo distintas formas, según la diversidad de culturas e instituciones de todo el
planeta. Esta nueva estructura social está asociada con el surgimiento de un
nuevo modo de desarrollo, el informacionalismo, definido históricamente por la
reestructuración del modo capitalista de producción hacia finales del siglo XX.

La perspectiva teórica que sustenta este planteamiento postula que las


sociedades están organizadas en torno a proceso humanos estructurados por
relaciones de producción, experiencia y poder determinadas históricamente. La
producción es la acción de la humanidad sobre la materia (naturaleza) para
apropiársela y transformarla en su beneficio mediante la obtención de un
producto, el consumo (desigual) de parte de él y la acumulación del excedente
para la inversión, según una variedad de metas determinadas por la sociedad.
La experiencia es la acción de los sujetos humanos sobre sí mismos,
determinada por la interacción de sus identidades biológicas y culturales y en
relación con su entorno social y natural. Se construye en torno a la búsqueda
infinita de la satisfacción de las necesidades y los deseos humanos. El poder
es la relación entre los sujetos humanos que, basándose en la producción y la
experiencia, impone el deseo de algunos sujetos sobre los otros mediante el
uso potencial o real de la violencia, física o simbólica. Las instituciones de la
sociedad se han erigido para reforzar las relaciones de poder existentes en
cada periodo histórico, incluidos los controles, límites y contratos sociales
logrados en las luchas por el poder.

La producción se organiza en relaciones de clase que definen el proceso


mediante el cual algunos sujetos humanos, basándose en su posición en el
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proceso de producción, deciden el reparto y el uso del producto en lo referente


al consumo y la inversión. La experiencia se estructura en torno a la relación de
género/sexo, organizada en la historia en torno a la familia y caracterizada
hasta el momento por el dominio de los hombres sobre las mujeres. Las
relaciones familiares y la sexualidad estructuran la personalidad y formulan la
interacción simbólica.

El poder se fundamenta en el Estado y su monopolio institucionalizado de la


violencia, aunque lo que Foucault etiqueta como microfísica del poder,
encarnada en instituciones y organizaciones, se difunde por toda la sociedad,
de los lugares de trabajo a los hospitales, encerrando a los sujetos en una
apretada estructura de deberes formales y agresiones informales.

La comunicación simbólica entre los humanos, y la relación entre éstos y la


naturaleza, basándose en la producción (con su complemento, el consumo), la
experiencia y el poder, cristaliza durante la historia en territorios específicos,
con lo que genera culturas e identidades colectivas.

La producción es un proceso social complejo debido a que cada uno de sus


elementos se diferencia internamente. Así pues, la humanidad como productor
colectivo incluye tanto el trabajo como a los organizadores de la producción, y
el trabajo está muy diferenciado y estratificado según el papel de cada
trabajador en el proceso de producción. La materia incluye la naturaleza, la
naturaleza modificada por los humanos, la naturaleza producida por los
humanos y la naturaleza humana misma, forzándonos la evolución histórica a
separarnos de la clásica distinción entre humanidad y naturaleza, ya que
milenios de acción humana han incorporado el entorno natural a la sociedad y
nos ha hecho, material y simbólicamente, una parte inseparable de él. La
relación entre trabajo y materia en el proceso de trabajo supone el uso de los
medios de producción para actuar sobre la materia basándose en la energía, el
conocimiento y la información. La tecnología es la forma específica de tal
relación.

El producto del proceso de producción lo utiliza la sociedad bajo dos formas:


consumo y excedente. Las estructuras sociales interactúan con los procesos de
producción mediante la determinación de las reglas para la apropiación,
distribución y usos del excedente. Estas reglas constituyen modos de
producción y estos modos definen las relaciones sociales de producción,
determinando la existencia de clases sociales que se constituyen como tales
mediante su práctica histórica. El principio estructural en virtud del cual el
excedente es apropiado y controlado caracteriza un modo de producción. En
esencia, en el siglo XX hemos vivido con dos modos predominantes de
producción: capitalismo y estatismo. En el capitalismo, la separación entre
productores y sus medios de producción, la conversión del trabajo en un bien y
la propiedad privada de los medios de producción como base del control del
capital (excedente convertido en un bien) determinan el principio básico de la
apropiación y distribución del excedente por los capitalistas, aunque quién es
(son) la(s) clase(s) capitalista(s) es un tema de investigación social en cada
contexto histórico y no una categoría abstracta. En el estatismo, el control del
excedente es externo a la esfera económica: se encuentra en las manos de
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quienes ostentan el poder en el Estado, llamémosles apparatchiki o ling-dao. El


capitalismo se orienta hacia la maximización del beneficio, es decir, hacia el
aumento de la cantidad de excedente apropiado por el capital en virtud del
control privado de los medios de producción y circulación. El estatismo se
orienta (¿orientaba?) a la maximización del poder, es decir, hacia el aumento
de la capacidad militar e ideológica del aparato político para imponer sus metas
a un número mayor de sujetos y a niveles más profundos de su conciencia.

Las relaciones sociales de producción y, por tanto, el modo de producción,


determinan la apropiación y usos del excedente. Una cuestión distinta pero
fundamental es la cuantía de ese excedente, determinada por la productividad
de un proceso de producción específico, esto es, por la relación del valor de
cada unidad de producto (output) con el valor de cada unidad de insumo
(input). Los grados de productividad dependen de la relación entre mano de
obra y materia, como una función del empleo de los medios de producción por
la aplicación de la energía y el conocimiento. Este proceso se caracteriza por
las relaciones técnicas de producción y define los modos de desarrollo. Así
pues, los modos de desarrollo son los dispositivos tecnológicos mediante los
cuales el trabajo actúa sobre la materia para generar el producto, determinando
en definitiva la cuantía y calidad del excedente. Cada modo de desarrollo se
define por el elemento que es fundamental para fomentar la productividad en el
proceso de producción. Así, en el modo de desarrollo agrario, la fuente del
aumento del excedente es el resultado del incremento cuantitativo de mano de
obra y recursos naturales (sobre todo tierra) en el proceso de producción, así
como de la dotación natural de esos recursos. En el modo de producción
industrial, la principal fuente de productividad es la introducción de nuevas
fuentes de energía y la capacidad de descentralizar su uso durante la
producción y los procesos de circulación. En el nuevo modo de desarrollo
informacional, la fuente de la productividad estriba en la tecnología de la
generación del conocimiento, el procesamiento de la información y la
comunicación de símbolos. Sin duda, el conocimiento y la información son
elementos decisivos en todos los modos de desarrollo, ya que el proceso de
producción siempre se basa sobre cierto grado de conocimiento y en el
procesamiento de la información . Sin embargo, lo que es específico del modo
de desarrollo informacional es la acción del conocimiento sobre sí mismo como
principal fuente de productividad (véase el capítulo 2). El procesamiento de la
información se centra en la superación de la tecnología de este procesamiento
como fuente de productividad, en un círculo de interacción de las fuentes del
conocimiento de la tecnología y la aplicación de ésta para mejorar la
generación de conocimiento y el procesamiento de la información: por ello,
denomino informacional a este nuevo modo de desarrollo, constituido por el
surgimiento de un nuevo paradigma tecnológico basado en la tecnología de la
información (véase capítulo 1).

Cada modo de desarrollo posee asimismo un principio de actuación


estructuralmente determinado, a cuyo alrededor se organizan los procesos
tecnológicos: el industrialismo se orienta hacia el crecimiento económico, esto
es, hacia la maximización del producto; el informacionalismo se orienta hacia el
desarrollo tecnológico, es decir, hacia la acumulación de conocimiento y hacia
grados más elevados de complejidad en el procesamiento de la información. Si
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bien grados más elevados de conocimiento suelen dar como resultado grados
más elevados de producto por unidad de insumo, la búsqueda de conocimiento
e información es lo que caracteriza a la función de la producción tecnológica en
el informacionalismo.

Aunque la tecnología y las relaciones de producción técnicas se organizan en


paradigmas originados en las esferas dominantes de la sociedad (por ejemplo,
el proceso de producción, el complejo industrial militar), se difunden por todo el
conjunto de las relaciones y estructuras sociales y, de este modo, penetran en
el poder y la experiencia, y los modifican . Así pues, los modos de desarrollo
conforman todo el ámbito de la conducta social, incluida por supuesto la
comunicación simbólica. Debido a que el informacionalismo se basa en la
tecnología del conocimiento y la información, en el modo de desarrollo
informacional existe una conexión especialmente estrecha entre cultura y
fuerzas productivas, entre espíritu y materia. De ello se deduce que debemos
esperar el surgimiento histórico de nuevas formas de interacción, control y
cambio sociales.

Informacionalismo y perestroika capitalista

Pasando de las categorías teóricas al cambio histórico, lo que verdaderamente


importa de los procesos y formas sociales que constituyen el cuerpo vivo de las
sociedades es la interacción real de los modos de producción y los modos de
desarrollo, establecidos y combatidos por los actores sociales de maneras
impredecibles dentro de la estructura restrictiva de la historia pasada y las
condiciones actuales de desarrollo tecnológico y económico. Así, el mundo y
las sociedades habrían sido muy diferentes si Gorbachov hubiera logrado su
propia perestroika, una meta política difícil, pero no fuera de su alcance. 0 si el
Pacífico asiático no hubiera sido capaz de mezclar la forma tradicional de
interconexión comercial de su organización económica con las herramientas
proporcionadas por la tecnología de la información. No obstante, el factor
histórico más decisivo para acelerar, canalizar y moldear el paradigma de la
tecnología de la información e inducir sus formas sociales asociadas fue/es el
proceso de reestructuración capitalista emprendido desde la década de 1980,
así que resulta adecuado caracterizar al nuevo sistema tecnoeconómico de
capitalismo informacional.

El modelo keynesiano de crecimiento capitalista que originó una prosperidad


económica y una estabilidad social sin precedentes para la mayoría de las
economías de mercado durante casi tres décadas desde la Segunda Guerra
Mundial, alcanzó el techo de sus limitaciones inherentes a comienzos de la
década de 1970 y sus crisis se manifestaron en forma de una inflación
galopante . Cuando los aumentos del precio del petróleo de 1974 y 1979
amenazaron con situar la inflación en una espiral ascendente incontrolada, los
gobiernos y las empresas iniciaron una reestructuración en un proceso
pragmático de tanteo que aún se está gestando a mediados de la década de
1990, poniendo un esfuerzo más decisivo en la desregulación, la privatización y
el desmantelamiento del contrato social entre el capital y la mano de obra, en el
que se basaba la estabilidad del modelo de crecimiento previo. En resumen,
una serie de reformas, tanto en las instituciones como en la gestión de las
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empresas, encaminadas a conseguir cuatro metas principales: profundizar en


la lógica capitalista de búsqueda de beneficios en las relaciones capital-trabajo;
intensificar la productividad del trabajo y el capital; globalizar la producción,
circulación y mercados, aprovechando la oportunidad de condiciones más
ventajosas para obtener beneficios en todas partes; y conseguir el apoyo
estatal para el aumento de la productividad y competitividad de las economías
nacionales, a menudo en detrimento de la protección social y el interés público.
La innovación tecnológica y el cambio organizativo, centrados en la flexibilidad
y la adaptabilidad, fueron absolutamente cruciales para determinar la velocidad
y la eficacia de la reestructuración. Cabe sostener que, sin la nueva tecnología
de la información, el capitalismo global hubiera sido una realidad mucho más
limitada, la gestión flexible se habría reducido a recortes de mano de obra y la
nueva ronda de gastos en bienes de capital y nuevos productos para el
consumidor no habría sido suficiente para compensar la reducción del gasto
público. Así pues, el informacionalismo está ligado a la expansión y el
rejuvenecimiento del capitalismo, al igual que el industrialismo estuvo vinculado
a su constitución como modo de producción. Sin duda, el proceso de
reestructuración tuvo diferentes manifestaciones según las zonas y sociedades
del mundo, como investigaremos brevemente en el capítulo 2: fue desviado de
su lógica fundamental por el «keynesianismo militar» del gobierno de Reagan,
creando en realidad aún más dificultades a la economía estadounidense al final
de la euforia estimulada de forma artificial; se vio algo limitado en Europa
occidental debido a la resistencia de la sociedad al desmantelamiento del
Estado de bienestar y a la flexibilidad unilateral del mercado laboral, con el
resultado del aumento del desempleo en la Unión Europea; fue absorbido en
Japón sin cambios llamativos, haciendo hincapié en la productividad y la
competitividad basadas en la tecnología y la colaboración, y no en el
incremento de la explotación, hasta que las presiones internacionales le
obligaron a llevar al exterior la producción y ampliar el papel del mercado
laboral secundario desprotegido; y sumergió en una importante recesión, en la
década de los ochenta, a las economías de África (excepto a Sudáfrica y
Botswana) y de América Latina (con la excepción de Chile y Colombia), cuando
la política del Fondo Monetario Internacional recortó el suministro de dinero y
redujo salarios e importaciones para homogeneizar las condiciones de la
acumulación del capitalismo global en todo el mundo. La reestructuración se
llevó a cabo en virtud de la derrota política de los sindicatos de trabajadores en
los principales países capitalistas y de la aceptación de una disciplina
económica común para los países comprendidos en la OCDE. Tal disciplina,
aunque hecha respetar cuando era necesario por el Bundesbank, el Banco de
la Reserva Federal estadounidense y el Fondo Monetario Internacional, se
inscribía de hecho en la integración de los mercados financieros globales, que
tuvo lugar a comienzos de la década de los ochenta utilizando las nuevas
tecnologías de la información. En las condiciones de una integración financiera
global, las políticas monetarias nacionales autónomas se volvieron literalmente
inviables y, de este modo, se igualaron los parámetros económicos básicos de
los procesos de reestructuración por todo el planeta.

Aunque la reestructuración del capitalismo y la difusión del informacionalismo


fueron procesos inseparables, a escala global, las sociedades
actuaron/reaccionaron de forma diferente ante ellos, según la especificidad de
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su historia, cultura e instituciones. Así pues, sería hasta cierto punto impropio
referirse a una Sociedad Informacional, que implicaría la homogeneidad de
formas sociales en todas partes bajo el nuevo sistema. Ésta es obviamente una
proposición insostenible, tanto desde un punto de vista empírico como teórico.
No obstante, podríamos hablar de una Sociedad Informacional en el mismo
sentido que los sociólogos se han venido refiriendo a la existencia de una
Sociedad Industrial, caracterizada por rasgos fundamentales comunes de sus
sistemas sociotécnicos, por ejemplo, en la formulación de Raymond Aron .
Pero con dos precisiones importantes: por una parte, las sociedades
informacionales, en su existencia actual, son capitalistas (a diferencia de las
sociedades industriales, muchas de las cuales eran estatistas); por otra parte,
debemos destacar su diversidad cultural e institucional. Así, la singularidad
japonesa , o la diferencia española , no van a desaparecer en un proceso de
indiferenciación cultural, marchando de nuevo hacia la modernización
universal, esta vez medida por porcentajes de difusión informática. Tampoco se
van a fundir China o Brasil en el crisol global del capitalismo informacional por
continuar su camino de desarrollo actual de alta velocidad. Pero Japón,
España, China, Brasil, así como los Estados Unidos, son, y lo serán mas en el
futuro, sociedades informacionales, en el sentido de que los procesos centrales
de generación del conocimiento, la productividad económica, el poder
político/militar y los medios de comunicación ya han sido profundamente
transformados por el paradigma informacional y están enlazados con redes
globales de salud, poder y símbolos que funcionan según esa lógica. De este
modo, todas las sociedades están afectadas por el capitalismo y el
informacionalismo, y muchas de ellas (sin duda todas las principales) ya son
informacionales , aunque de tipos diferentes, en escenarios distintos y con
expresiones culturales/institucionales específicas. Una teoría sobre la sociedad
informacional, como algo diferente de una economía global/informacional,
siempre tendrá que estar atenta tanto a la especificidad histórica/cultural como
a las similitudes estructurales relacionadas con un paradigma tecnoeconómico
en buena medida compartido. En cuanto al contenido real de esta estructura
social común que podría considerarse la esencia de la nueva sociedad
informacional, me temo que soy incapaz de resumirlo en un párrafo: en efecto,
la estructura y los procesos que caracterizan a las sociedades informacionales
son el tema de que trata este libro.

EL YO EN LA SOCIEDAD INFORMACIONAL

Las nuevas tecnologías de la información están integrando al mundo en redes


globales de instrumentalidad. La comunicación a través del ordenador
engendra un vasto despliegue de comunidades virtuales. No obstante, la
tendencia social y política característica de la década de 1990 es la
construcción de la acción social y la política en torno a identidades primarias,
ya estén adscritas o arraigadas en la historia y la geografía o sean de reciente
construcción en una búsqueda de significado y espiritualidad. Los primeros
pasos históricos de las sociedades informacionales parecen caracterizarse por
la preeminencia de la identidad como principio organizativo. Entiendo por
identidad el proceso mediante el cual un actor social se reconoce a sí mismo y
construye el significado en virtud sobre todo de un atributo o conjunto de
atributos culturales determinados, con la exclusión de una referencia más
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amplia a otras estructuras sociales. La afirmación de la identidad no significa


necesariamente incapacidad para relacionarse con otras identidades (por
ejemplo, las mujeres siguen relacionándose con los hombres) o abarcar toda la
sociedad en esa identidad (por ejemplo, el fundamentalismo religioso aspira a
convertir a todo el mundo). Pero las relaciones sociales se definen frente a los
otros en virtud de aquellos atributos culturales que especifican la identidad. Por
ejemplo, Yoshino, en su estudio sobre la nihonjiron (ideas de la singularidad
japonesa), define significativamente el nacionalismo cultural como el objetivo
de regenerar la comunidad nacional mediante la creación, la conservación o el
fortalecimiento de la identidad cultural de un pueblo cuando se cree que va
faltando o está amenazada. El nacionalismo cultural considera a la nación el
producto de su historia y cultura únicas y una solidaridad colectiva dotada de
atributos únicos .

Calhoun, si bien rechaza la novedad histórica del fenómeno, resalta asimismo


el papel decisivo de la identidad para la definición de la política en la sociedad
estadounidense contemporánea, sobre todo en el movimiento de las mujeres,
en el gay y en el de los derechos civiles de los Estados Unidos, movimientos
todos que «no sólo buscan diversas metas instrumentales, sino la afirmación
de identidades excluidas como públicamente buenas y políticamente
sobresalientes» . Alain Touraine va más lejos al sostener que, «en una
sociedad postindustrial, en la que los servicios culturales han reemplazado los
bienes materiales en el núcleo de la producción, la defensa del sujeto, en su
personalidad y su cultura, contra la lógica de los aparatos y los mercados, es la
que reemplaza la idea de la lucha de clases» . Luego el tema clave, como
afirman Calderón y Laserna, en un mundo caracterizado por la globalización y
fragmentación simultáneas, consiste en «cómo combinar las nuevas
tecnologías y la memoria colectiva, la ciencia universal y las culturas
comunitarias, la pasión y la razón» . Cómo, en efecto. Y por qué observamos la
tendencia opuesta en todo el mundo, a saber, la distancia creciente entre
globalización e identidad, entre la red y el yo.

Raymond Barglow, en su ensayo sobre este tema, desde una perspectiva


sociopsicoanalítica, señala la paradoja de que aunque los sistemas de
información y la interconexión aumentan los poderes humanos de organización
e integración, de forma simultánea subvierten el tradicional concepto occidental
de sujeto separado e independiente.

El paso histórico de las tecnologías mecánicas a las de la información ayuda a


subvertir las nociones de soberanía y autosuficiencia que han proporcionado un
anclaje ideológico a la identidad individual desde que los filósofos griegos
elaboraron el concepto hace más de dos milenios. En pocas palabras, la
tecnología está ayudando a desmantelar la misma visión del mundo que en el
pasado alentó .

Después prosigue presentando una fascinante comparación entre los sueños


clásicos recogidos en los escritos de Freud y los de sus propios pacientes en el
entorno de alta tecnología de San Francisco en la década de los noventa: «La
imagen de una cabeza... y detrás de ella hay suspendido un teclado de
ordenador... ¡Yo soy esa cabeza programada!» . Este sentimiento de soledad
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absoluta es nuevo si se compara con la clásica representación freudiana: «los


que sueñan [ ...] expresan un sentimiento de soledad experimentada como
existencial e ineludible, incorporada a la estructura del mundo [ ... ] Totalmente
aislado, el yo parece irrecuperablemente perdido para sí mismo» . De ahí, la
búsqueda de una nueva capacidad de conectar en torno a una identidad
compartida, reconstruida.

A pesar de su perspicacia, esta hipótesis sólo puede ser parte de la


explicación. Por un lado, implicaría una crisis del yo limitada a la concepción
individualista occidental, sacudida por una capacidad de conexión
incontrolable. No obstante, la búsqueda de una nueva identidad y una nueva
espiritualidad también está en marcha en el Oriente, pese al sentimiento de
identidad colectiva más fuerte y la subordinación tradicional y cultural del
individuo a la familia. La resonancia de Aum Shinrikyo en Japón en 1995-1996,
sobre todo entre las generaciones jóvenes con educación superior, puede
considerarse un síntoma de la crisis que padecen los modelos de identidad
establecidos, emparejado con la desesperada necesidad de construir un nuevo
yo colectivo, mezclando de forma significativa espiritualidad, tecnología
avanzada (química, biología, láser), conexiones empresariales globales y la
cultura de la fatalidad milenarista .

Por otro lado, también deben hallarse los elementos de un marco interpretativo
más amplio que explique el poder ascendente de la identidad en relación con
los macroprocesos de cambio institucional, ligados en buena medida con el
surgimiento de un nuevo sistema global. Así, como Alain Touraine y Michel
Wieviorka han sugerido, cabe relacionar las corrientes extendidas de racismo y
xenofobia en Europa occidental con una crisis de identidad por convertirse en
una abstracción (europeas), al mismo tiempo que las sociedades europeas,
mientras veían difuminarse su identidad nacional, descubrieron dentro de ellas
mismas la existencia duradera de minorías étnicas (hecho demográfico al
menos desde la década de 1960). O, también, en Rusia y la ex Unión
Soviética, el fuerte desarrollo del nacionalismo en el periodo postcomunista
puede relacionarse, como sostendré más adelante (volumen III), con el vacío
cultural creado por setenta años de imposición de una identidad ideológica
excluyente, emparejado con el regreso a la identidad histórica primaria (rusa,
georgiana) como la única fuente de significado tras el desmoronamiento del
históricamente frágil sovetskii narod (pueblo soviético).

El surgimiento del fundamentalismo religioso parece asimismo estar ligado


tanto a una tendencia global como a una crisis institucional . Sabemos por la
historia que siempre hay en reserva ideas y creencias de todas clases
esperando germinar en las circunstancias adecuadas. Resulta significativo que
el fundamentalismo, ya sea islámico o cristiano, se haya extendido, y lo seguirá
haciendo, por todo el mundo en el momento histórico en que las redes globales
de riqueza y poder enlazan puntos nodales e individuos valiosos por todo el
planeta, mientras que desconectan y excluyen grandes segmentos de
sociedades y regiones, e incluso países enteros. ¿Por qué Argelia, una de las
sociedades musulmanas más modernizadas, se volvió de repente hacia sus
salvadores fundamentalistas, que se convirtieron en terroristas (al igual que sus
predecesores anticolonialistas) cuando se les negó la victoria electoral en las
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elecciones democráticas? ¿Por qué las enseñanzas tradicionalistas de Juan


Pablo II encuentran un eco indiscutible entre las masas empobrecidas del
Tercer Mundo, de modo que el Vaticano puede permitirse prescindir de las
protestas de una minoría de feministas de unos cuantos países avanzados,
donde precisamente el progreso de los derechos sobre la reproducción
contribuyen a menguar las almas por salvar? Parece existir una lógica de
excluir a los exclusores, de redefinir los criterios de valor y significado en un
mundo donde disminuye el espacio para los analfabetos informáticos, para los
grupos que no consumen y para los territorios infracomunicados. Cuando la
Red desconecta al Yo, el Yo, individual o colectivo, construye su significado sin
la referencia instrumental global: el proceso de desconexión se vuelve
recíproco, tras la negación por parte de los excluidos de la lógica unilateral del
dominio estructural y la exclusión social.

Éste es el terreno que debe explorarse, no sólo enunciarse. Las pocas ideas
adelantadas aquí sobre la manifestación paradójica del yo en la sociedad
informacional sólo pretenden trazar la trayectoria de mi investigación para
información de los lectores, no sacar conclusiones de antemano.

UNAS PALABRAS SOBRE EL MÉTODO

Éste no es un libro sobre libros. Aunque se basa en datos de diversos tipos y


en análisis y relatos de múltiples fuentes, no pretende exponer las teorías
existentes sobre el postindustrialismo o la sociedad informacional. Se dispone
de varias presentaciones completas y equilibradas de estas teorías , así como
de diversas críticas 46, incluida la mía 47 . De forma similar, no contribuiré,
excepto cuando sea necesario en virtud del argumento, a la industria creada en
la década de los ochenta en torno a la teoría postmoderna 48, satisfecho por mi
parte como estoy con la excelente crítica elaborada por David Harvey sobre las
bases sociales e ideológicas de la «posmodernidad» , así como con la
disección sociológica de las teorías posmodernas realizada por Scott Lash . Sin
duda debo muchos pensamientos a muchos autores y en particular a los
antepasados del informacionalismo, Alain Touraine y Daniel Bell, así como al
único teórico marxista que intuyó los nuevos e importantes temas justo antes
de su muerte en 1979, Nicos Poulantzas . Y reconozco debidamente los
conceptos que tomo de otros cuando llega el caso de utilizarlos como
herramientas en mis análisis específicos. No obstante, he intentado construir
un discurso lo más autónomo y menos redundante posible, integrando
materiales y observaciones de varias fuentes, sin someter al lector a la penosa
visita de la jungla bibliográfica donde he vivido (afortunadamente, entre otras
actividades) durante los pasados doce años.

En una vena similar, pese a utilizar una cantidad considerable de fuentes


estadísticas y estudios empíricos, he intentado minimizar el procesamiento de
datos para simplificar un libro ya excesivamente pesado. Por consiguiente,
tiendo a utilizar fuentes de datos que encuentran un amplio y resignado
consenso entre los científicos sociales (por ejemplo, OCDE, Naciones Unidas,
Banco Mundial y estadísticas oficiales de los gobiernos, monografías de
investigación autorizadas, fuentes académicas o empresariales generalmente
fiables), excepto cuando tales fuentes parecen ser erróneas (por ejemplo, las
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estadísticas soviéticas sobre el PNB o el informe del Banco Mundial sobre las
políticas de ajuste en África). Soy consciente de las limitaciones de prestar
credibilidad a una información que puede no siempre ser precisa, pero el lector
se dará cuenta de que se toman numerosas precauciones en este texto, así
que por lo general se llega a conclusiones sopesando las tendencias
convergentes de varias fuentes, según una metodología de triangulación que
cuenta con una prestigiosa tradición de éxito entre los historiadores, policías y
periodistas de investigación. Además, los datos, observaciones y referencias
presentados en este libro no pretenden realmente demostrar hipótesis, sino
sugerirlas, mientras se constriñen las ideas en un corpus de observación,
seleccionado, he de admitirlo, teniendo en mente las preguntas de mi
investigación, pero de ningún modo organizado en torno a respuestas
preconcebidas. La metodología seguida en este libro, cuyas implicaciones
específicas se expondrán en cada capítulo, está al servicio del propósito de
este empeño intelectual: proponer algunos elementos de una teoría
transcultural y exploratoria sobre la economía y la sociedad en la era de la
información, que hace referencia específica al surgimiento de una nueva
estructura social. El amplio alcance de mi análisis lo requiere la misma amplitud
de su objeto (el informacionalismo) en todos los dominios sociales y las
expresiones culturales. Pero de ningún modo pretendo tratar la gama completa
de temas y asuntos de las sociedades contemporáneas, ya que escribir
enciclopedias no es mi oficio.

El libro se divide en tres partes que la editorial ha transformado sabiamente en


tres volúmenes. Aunque están interrelacionados analíticamente, se han
organizado para hacer su lectura independiente. La única excepción a esta
regla es la conclusión general, que aparece en el volumen III pero que
corresponde a todo el libro y presenta una interpretación sintética de sus datos
e ideas.

La división en tres volúmenes, aunque hace al libro publicable y legible, suscita


algunos problemas para comunicar mi teoría general. En efecto, algunos temas
esenciales que trascienden a todos los tratados en este libro se presentan en el
segundo volumen. Tal es el caso en particular del análisis de la condición de la
mujer y el patriarcado y de las relaciones de poder y el Estado. Advierto al
lector de que no comparto la opinión tradicional de una sociedad edificada por
niveles superpuestos, cuyo sótano son la tecnología y la economía, el
entresuelo es el poder, y la cultura, el ático. No obstante, en aras de la claridad,
me veo forzado a una presentación sistemática y algo lineal de temas que,
aunque están relacionados entre sí, no pueden integrar plenamente todos los
elementos hasta que se hayan expuesto con cierta profundidad a lo largo del
viaje intelectual al que se invita al lector en este libro. El primer volumen, que
tiene en las manos, trata sobre todo de la lógica de lo que denomino la red,
mientras que el segundo (El poder de la identidad) analiza la formación del yo y
la interacción de la red y el yo en la crisis de dos instituciones centrales de la
sociedad: la familia patriarcal y el Estado nacional. El tercer volumen (Fin de
milenio) intenta una interpretación de las transformaciones históricas actuales,
como resultado de la dinámica de los procesos estudiados en los dos primeros
volúmenes. Hasta el tercer volumen no se propondrá una integración general
entre teoría y observación que vincule los análisis correspondientes a los
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distintos ámbitos, aunque cada volumen concluye con un esfuerzo de sintetizar


los principales hallazgos e ideas presentados en él. Aunque el volumen III se
ocupa de forma más directa de los procesos específicos del cambio histórico
en diversos contextos, a lo largo de todo el libro he hecho cuanto he podido por
cumplir dos metas: basar el análisis en la observación, sin reducir la teorización
al comentario; diversificar culturalmente mis fuentes de observación y de ideas
al máximo, utilizando la ayuda de colegas y colaboradores para abarcar las que
están en lenguas que desconozco. Este planteamiento proviene de mi
convicción de que hemos entrado en un mundo verdaderamente multicultural e
interdependiente que sólo puede comprenderse y cambiarse desde una
perspectiva plural que articule identidad cultural, interconexión global y política
multidimensional.
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II. Internet y la Sociedad Red


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Manuel Castells.
(1999)
Profesor de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).
Lección inaugural del programa de doctorado sobre la sociedad de la
información y el conocimiento (UOC)

Internet es el tejido de nuestras vidas en este momento. No es futuro. Es


presente. Internet es un medio para todo, que interactúa con el conjunto de la
sociedad y, de hecho, a pesar de ser tan reciente, en su forma societal (aunque
como sabemos, Internet se construye, más o menos, en los últimos treinta y un
años, a partir de 1969; aunque realmente, tal y como la gente lo entiende
ahora, se constituye en 1994, a partir de la existencia de un browser, del world
wide web) no hace falta explicarlo, porque ya sabemos qué es Internet.
Simplemente les recuerdo, para la coherencia de la exposición, que se trata de
una red de redes de ordenadores capaces de comunicarse entre ellos. No es
otra cosa. Sin embargo, esa tecnología es mucho más que una tecnología. Es
un medio de comunicación, de interacción y de organización social. Hace poco
tiempo, cuando todavía Internet era una novedad, la gente consideraba que,
aunque interesante, en el fondo era minoritario, algo para una elite de
internautas, de digerati, como se dice internacionalmente. Esto ha cambiado
radicalmente en estos momentos. Para recordarles brevemente la progresión,
les diré que la primera encuesta seria sobre usuarios de Internet que yo
conozco, de finales del noventa y cinco señalaba que había unos nueve
millones de usuarios de Internet. En este momento estamos en torno a los
trescientos cincuenta millones de usuarios en el mundo. Las previsiones
conservadoras prevén que, para mediados del año 2001, llegaremos a
setecientos millones, y en torno a 2005-2007, a dos mil millones como mínimo.
Es verdad que constituye sólo una tercera parte de la población del planeta,
pero esto quiere decir, ponderando en términos de las sociedades más
desarrolladas, que en las sociedades de nuestro contexto las tasas de
penetración estarán en torno al 75% u 80%.

De hecho, en todo el planeta los núcleos consolidados de dirección económica,


política y cultural estarán también integrados en Internet. Eso no resuelve ni
mucho menos los problemas de desigualdad, y a ellos me referiré más
adelante. Pero en lo esencial, esto significa que Internet es ya y será aún más
el medio de comunicación y de relación esencial sobre el que se basa una
nueva forma de sociedad que ya vivimos, que es lo que yo llamo la sociedad
red. Pese a ser tan importante, Internet es tan reciente que no sabemos mucho
sobre ella. Y en esa situación, cuando hay un fenómeno de gran relevancia
social, cultural, política, económica, pero con un escaso nivel de conocimiento,
se generan toda clase de mitologías, de actitudes exageradas. Yo creo que
muchos intelectuales europeos y españoles ya han entendido, analizado,
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criticado, rechazado Internet, señalando, por anticipado, todas las posibles


alienaciones que va a generar. Yo me acuerdo que en los años 95-97 participé
en la comisión de expertos sobre la sociedad de la información que nombró la
Comisión Europea, y allí, en una comisión de quince expertos, en la que yo
obviamente estaba en absoluta minoría, se trataba de ver cómo se podían
paliar los efectos devastadores que podría producir Internet en la sociedad, en
la política y en la cultura. Predominaba una reacción defensiva.. Frente a un
fenómeno de extraordinaria importancia, del que, por otro lado, se tiene un
escaso conocimiento, ha aparecido una extraordinaria mitología en torno a
Internet. Por ello, quiero centrar mi conferencia en algo que quisiera que fuera
práctico. Voy a intentar, aunque haya algunos aspectos teóricos, resumir qué
sabemos de Internet en términos comparativos, qué sabemos sobre lo que es
Internet hoy, a partir de información empírica. Trataré de resumirlo en diez
puntos.

Lecciones de la historia de Internet

En el primer punto, quiero incluir algunos elementos sobre la historia de


Internet. No voy a contarles la historia de Internet, que creo que es conocida, o
puede conocerse fácilmente a través de Internet, sino cuáles son las
enseñanzas que tienen valor analítico, si examinamos la historia de la red
durante estos años. La primera lección sobre Internet es que se desarrolla a
partir de la interacción entre la ciencia, entre la investigación universitaria
fundamental, los programas de investigación militar en Estados Unidos -una
combinación curiosa- y la contracultura radical libertaria. Las tres cosas a la
vez. Simplemente señalo que el programa de Internet nace como programa de
investigación militar pero que, en realidad, nunca tuvo aplicación militar. Éste
es uno de los grandes mitos que hay. No hubo aplicación militar de Internet;
hubo financiación militar de Internet, que los científicos utilizaron para hacer
sus cosas, sus estudios informáticos y su creación de redes tecnológicas. A
ellos se añadió la cultura de los movimientos libertarios, contestatarios, que
buscaban en ello un instrumento de liberación y de autonomía respecto al
Estado y a las grandes empresas. La cuarta fuente que se desarrolló más fue
la cultura empresarial, que, veinticinco años más tarde, se encargó de dar el
salto entre Internet y la sociedad.

Segunda lección sobre Internet: el mundo de la empresa no fue en absoluto la


fuente de Internet, es decir, Internet no se creó como un proyecto de ganancia
empresarial. Incluso hay una anécdota reveladora: en 1972, la primera vez que
el Pentágono intentó privatizar lo que fue el antepasado de Internet, Arpanet,
se lo ofreció gratis a ATT para que lo asumiera y desarrollara. Y ATT lo estudió
y dijo que ese proyecto nunca podría ser rentable y que no veía ningún interés
en comercializarlo. Recuerden de todas maneras que eran más o menos los
años en que el presidente de Digital, una gran empresa de informática, declaró
que no veía ninguna razón para que alguien quisiera un ordenador en su casa,
o pocos años después de que Watson, el presidente de IBM, declarase que en
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el año 2000 en el mundo sólo habría cinco ordenadores, y que todos serían,
obviamente IBM Mainframe. No fue la empresa la fuente de Internet.

Tercera lección: Internet se desarrolla a partir de una arquitectura informática


abierta y de libre acceso desde el principio. Los protocolos centrales de Internet
TCP/IP, creados en 1973-78, son protocolos que, se distribuyen gratuitamente
y a cuya fuente de código tiene acceso cualquier tipo de investigador o
tecnólogo.

Cuarta lección: los productores de la tecnología de Internet fueron


fundamentalmente sus usuarios, es decir, hubo una relación directa entre
producción de la tecnología por parte de los innovadores pero, después, hubo
una modificación constante de aplicaciones y nuevos desarrollos tecnológicos
por parte de los usuarios, en un proceso de feed back, de retroacción
constante, que está en la base del dinamismo y del desarrollo de Internet. El
ejemplo más claro de la principal aplicación de Internet lo ofrecen los científicos
que crearon Arpanet, el antepasado de Internet, quienes, en realidad, no
sabían muy bien qué hacer con Arpanet. En principio, la crearon para
comunicarse entre sus centros de información, entre los superordenadores con
que contaban, pero lo habían hecho con la idea de que al compartir tiempo de
ordenador, podrían obtener mayor capacidad de utilización de ordenadores.
Pero se encontraron que tenían más capacidad de procesamiento informático
de la que necesitaban. Con lo cual intentaron ver qué otro tipo de cosas podían
hacer. Una de las aplicaciones que desarrollaron casi por azar, y que se
convirtió en el principal uso de Internet a partir de 1970, cuando se inventó, es
la aplicación que hoy día está siendo el uso mayoritario de Internet, el correo
electrónico. En el intento de buscar otras aplicaciones, se enviaron varios
mensajes entre ellos y se dieron cuenta de que lo que intentaban buscar ya lo
habían encontrado, es decir, desarrollar el correo electrónico. Hay mil ejemplos
de este tipo de relación. Entonces y ahora los usuarios modifican
constantemente la tecnología y las aplicaciones de Internet. Esto es una vieja
historia de la tecnología. Fue también el caso del teléfono: la historia social del
teléfono en Estados Unidos (investigada, en particular, por Claude Fischer)
muestra que el teléfono se inventó para otras cosas, pero los usuarios le dieron
la vuelta y crearon otras aplicaciones. Pero con Internet se ha hecho mucho
más todavía, porque la flexibilidad, la ductibilidad de esta tecnología permite el
efecto de retroacción en tiempo real.

Quinta lección de la historia de Internet: en contra de la muy difundida opinión


de que Internet es una creación norteamericana, Internet se desarrolla desde el
principio a partir de una red internacional de científicos y técnicos que
comparten y desarrollan tecnologías en forma de cooperación, incluso cuando
Internet era algo que estaba dentro del Departamento de Estado
estadounidense. La tecnología clave de Internet, la conmutación de paquetes,
el packet switching, la inventan en paralelo, y sin establecer comunicación
alguna durante mucho tiempo, Paul Baran en Rand Corporation en California y
Donald Davies, en el National Physics Laboratory de Gran Bretaña. Por tanto,
la tecnología clave ya se desarrolla en paralelo entre Europa y Estados Unidos.
El desarrollo de los protocolos TCP/IP se hace por Vinton Cerf, en Estados
Unidos colaborando estrechamente con Gérard Lelan del grupo francés
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Cyclades. El caso más interesante es que el world wide web, que es el


programa de browser que permite la navegación que hoy practicamos todos, lo
creó Tim Berners-Lee, un británico, trabajando en sus horas libres, sin que se
lo pidiera nadie, en el CERN de Ginebra. Por otro lado, el desarrollo de Internet
sobre la base de redes libertarias comunitarias, que crearon toda clase de
nuevas aplicaciones como las conferencias o los boletines o las listas de correo
electrónico, no salieron del Departamento de Defensa, salieron de los grupos
libertarios que se organizaron a través y en torno a las redes de Internet. Estos
grupos eran desde el principio -es decir, desde 1978 y 1980, que es cuando
empezó USENET- internacionales y se desarrollaron de forma aún mucho más
internacional precisamente en la medida en que Arpanet pertenecía al gobierno
norteamericano. El desarrollo de lo que luego sería Internet por su lado
libertario, por su lado de base, tenía que ser mucho más internacional, porque
dentro del aspecto más central de Internet, Arpanet sólo podía ser
norteamericano por las barreras gubernamentales.

Sexta lección: desde el principio Internet se autogestiona, de forma informal,


por una serie de personalidades que se ocupan del desarrollo de Internet sin
que el Gobierno se meta demasiado con ellos. Nadie le dio mucha importancia
a Internet y se creó una especie de club aristocrático, meritocrático, que,
todavía hoy, ha generado instituciones absolutamente únicas. El gobierno de
Internet lo tiene hoy una sociedad de carácter privado apoyada por el Gobierno
norteamericano y por gobiernos internacionales pero que es privada, se llama
ICANN-por cierto, en su comité ejecutivo hay gente de Barcelona, de la
Politécnica-, y que tiene, entre otras cosas, la característica de que elige su
consejo de administración ejecutivo por votación global entre cualquier persona
que se quiera apuntar a ICANN mediante correo electrónico. En estos
momentos están terminando la votación en que 165.000 personas de todas
partes del mundo han votado una lista de candidatos abierta. Esta autoridad es
la que en principio distribuye los dominios, acuerda los protocolos, etc.

Y en fin, la última observación que quiero hacer sobre la historia de Internet es


que el acceso a los códigos de Internet, el acceso a los códigos del software
que gobierna Internet, es, ha sido y sigue siendo abierto, y esto está en la base
de la capacidad de innovación tecnológica constante que se ha desarrollado en
Internet. Mencioné antes el TCP/IP, pero recuerden también que UNIX, es un
código abierto que permitió el desarrollo de USENET News, la red alternativa
de Internet, el world wide web es abierto. Apache, que es el programa de
software que hoy en día maneja más de dos terceras partes de los world wide
web servidores del mundo, es también un programa de código abierto. Y tal es,
obviamente, el caso de Linux, aunque Linux es fundamentalmente para las
máquinas UNIX a través de las cuales funciona Internet.

Estas reflexiones sobre la historia de Internet me sirven para indicar hasta qué
punto es un tipo nuevo de tecnología en su forma de organización. La famosa
idea de que Internet es algo incontrolable, algo libertario, etc., está en la
tecnología, pero es porque esta tecnología ha sido diseñada, a lo largo de su
historia, con esta intención. Es decir, es un instrumento de comunicación libre,
creado de forma múltiple por gente, sectores e innovadores que querían que
fuera un instrumento de comunicación libre. Creo que, en ese sentido, hay que
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retener que las tecnologías están producidas por su proceso histórico de


constitución, y no simplemente por los diseños originales de la tecnología.

La geografía de Internet

Pasemos ahora al segundo punto de mi exposición. Para seguir un modelo


clásico de la enseñanza, como empecé por la historia ahora seguiré con la
geografía. ¿Cuál es la geografía de Internet? Internet tiene dos tipos de
geografía: la de los usuarios y la de los proveedores de contenido.

La geografía de los usuarios hoy día se caracteriza todavía por tener un alto
nivel de concentración en el mundo desarrollado. En ese sentido, digamos que
las tasas de penetración de Internet se acercan al 50% de la población en
Estados Unidos, en Finlandia y en Suecia, están por encima del 30-35% en
Gran Bretaña y oscilan entre el 20-25% en Francia y Alemania. Luego está la
situación española en torno a un 14%, Cataluña un 16-17%. En todo caso, los
países de la OCDE en su conjunto, el promedio de los países ricos, estarían,
en estos momentos, en un 25-30%, mientras que, en el conjunto del planeta,
está en menos del 3% y, obviamente, si analizamos situaciones como la
africana, como la de Asia del sur, está en menos del 1% de la población. En
primer lugar, existe una gran disparidad de penetración en el mundo, pero, por
otro lado, las tasas de crecimiento en todas partes, con excepción de África
subsahariana, son altísimas, lo cual quiere decir que los núcleos centrales,
también en el mundo subdesarrollado, estarán conectados dentro de cinco a
siete años a Internet. Ahora bien, esa geografía diferencial tiene consecuencias
en la medida en que llegar más tarde que los demás genera una disparidad de
usos, puesto que como los usuarios son los que definen el tipo de aplicaciones
y desarrollo de la tecnología, los que lleguen más tarde tendrán menos que
decir en el contenido, en la estructura y en la dinámica de Internet.

En lo que se refiere a la geografía de los proveedores de contenido hay un


hecho que conviene resaltar. Se suponía que, en principio, las tecnologías de
información y de telecomunicación permitirían que cualquiera se pudiera
localizar en cualquier lugar y proveer, desde allí, al mundo entero. Lo que se
observa empíricamente es lo contrario. Hay una concentración mucho mayor
de la industria proveedora de contenidos de Internet, así como de tecnología de
Internet, que de cualquier otro tipo de industria y se concentra
fundamentalmente en las principales áreas metropolitanas de los principales
países del mundo. Uno de mis estudiantes, Matthew Zook, esta terminando su
tesis de doctorado, que presenta el primer mapa mundial sistemático de las
empresas de contenidos de Internet: según su análisis, estas empresas están
totalmente concentradas en las principales áreas metropolitanas. La razón es
muy sencilla: precisamente porque la tecnología permite localizarse y distribuir
desde cualquier parte, lo esencial para producir contenido en Internet es tener
información y conocimiento, lo que se traduce en personas con esa información
y ese conocimiento, que están sobre todo concentradas en los grandes centros
culturales y grandes áreas metropolitanas del mundo. En el caso español,
obviamente Barcelona y Madrid, en este orden, representan más de las tres
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cuartas partes de las empresas de provisión de contenido de Internet que


existen en España, y la tendencia se acentúa.

También en el aspecto propiamente geográfico, les recuerdo la relación entre el


desarrollo de Internet y las formas de telecomunicación interactiva y el
desarrollo de las formas urbanas. Aquí también hay una paradoja aparente: se
pensaba que Internet y las tecnologías de información podían contribuir a la
desaparición de las ciudades y al hecho de poder trabajar todos desde
nuestras montañas, desde nuestros campos, nuestras aldeas. En realidad,
estamos en el momento de mayor tasa de urbanización de la historia de la
humanidad. Estamos a punto de llegar al 50% de población urbana en el
planeta, en el año 2025 estaremos en los dos tercios, y hacia el final del siglo
en torno a las tres cuartas partes, o sea, cerca del 80% de la población del
planeta estará concentrada en áreas urbanas, y esa concentración urbana se
deberá sobre todo a la concentración metropolitana en grandes regiones
metropolitanas. Lo que está ocurriendo es la concentración de población en
grandes centros de actividad y de emisión de información, y dentro de esos
grandes centros, difusión interna en una especie de proceso de extensión
espacial porque Internet permite, por un lado, conectar de metrópoli a metrópoli
y, dentro de la metrópoli, conectar oficinas, empresas, residencias, servicios,
en un área muy grande desde el punto de vista espacial. En concreto, la idea
de que íbamos a trabajar todos desde casa está desmentida empíricamente.
Internet lo que permite es algo distinto: permite trabajar desde cualquier sitio,
no es el teletrabajo lo que se está desarrollando. Para darles datos de
California, el lugar más avanzado en ese sentido, si aplicamos la definición de
operativa de teletrabajo, vemos que las personas que trabajan al menos tres
días por semana en su casa no llegan al 2%, y de ésas, la mitad,
sorprendentemente, no tienen ordenador en casa. O sea, que no trabajan por
Internet; trabajan por teléfono, porque son los que hacen las llamadas que les
molestan a ustedes a la hora de cenar. Lo que Internet permite es trabajar
desde casa, y el desarrollo de Internet móvil, el desarrollo de la telefonía móvil
en estos momentos, permite trabajar en el transporte, mientras se está de viaje,
en el lugar de trabajo, etc. El desarrollo geográfico que permite Internet es la
oficina móvil, la oficina portátil, la circulación del individuo siempre conectado a
Internet en distintos puntos físicos del espacio. Eso es lo que ocurre y no el
teletrabajo, una vez que se desmienten los mitos toflerianos por la observación
empírica. Por eso yo nunca hago predicciones, porque siempre nos
equivocaríamos y siempre se equivocan los que las hacen. Yo trabajo sobre los
datos que hay, que suelen salir por el otro lado, precisamente porque la
sociedad toma las tecnologías y las adapta a lo que la sociedad hace.

La divisoria digital

El tercer punto del análisis que les estoy presentando es el relativo a la


divisoria digital, es decir, la idea de que Internet está creando un mundo
dividido entre los que tienen y los que no tienen Internet. ¿Qué sabemos de
esto? Por un lado, es cierto que hay una gran diferencia de conectividad y
observamos que aquellas personas que no tienen acceso a Internet tienen una
debilidad cada vez más considerable en el mercado de trabajo. Observamos
también que los territorios no conectados a Internet pierden competitividad
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económica internacional y, por consiguiente, son bolsas crecientes de pobreza


incapaces de sumarse al nuevo modelo de desarrollo. Pero, por otro lado, lo
que también observamos es un desarrollo considerable de la conectividad.
Insisto, las tasas de crecimiento de Internet en todas partes son altísimas, y lo
que hoy día se llama la divisoria digital, digital divide en Estados Unidos, que
es, fundamentalmente, la falta de conectividad en nuestro tipo de sociedades,
distinto del Tercer Mundo, está dejando de ser un problema. Los datos que
señalaban, por ejemplo, en Estados Unidos, que los negros, los latinos y las
mujeres utilizaban mucho menos Internet están cambiando radicalmente. Un
estudio, que parece serio, del Jupiter Communications de hace tres meses
señala que los siete países altamente desarrollados que ellos analizan
sistemáticamente respecto del desarrollo de Internet, entre los que no se
encuentra España -Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Australia, Canadá,
etc.-, observó que por primera vez a finales de mayo de este año el número de
mujeres usuarias de la red era superior al de hombres. Lo mismo sucede entre
los negros y los latinos en Estados Unidos. Entre los universitarios negros y
latinos hay la misma tasa de penetración de Internet que entre los no negros y
no latinos estudiantes. Obviamente, hay menos negros y latinos en la
universidad, pero es un tema de educación más que un tema de discriminación
sistemática en términos étnicos. Por tanto, la conectividad como elemento de
divisoria social está disminuyendo rapidísimamente. Pero lo que sí se observa
en aquellas personas, sobre todo estudiantes, niños, que están conectadas, es
que aparece un segundo elemento de división social mucho más importante
que la conectividad técnica, y es la capacidad educativa y cultural de utilizar
Internet. Una vez que toda la información está en la red, una vez que el
conocimiento está en la red, el conocimiento codificado, pero no el
conocimiento que se necesita para lo que se quiere hacer, de lo que se trata es
de saber dónde está la información, cómo buscarla, cómo procesarla, cómo
transformarla en conocimiento específico para lo que se quiere hacer. Esa
capacidad de aprender a aprender, esa capacidad de saber qué hacer con lo
que se aprende, esa capacidad es socialmente desigual y está ligada al origen
social, al origen familiar, al nivel cultural, al nivel de educación. Es ahí donde
está, empíricamente hablando, la divisoria digital en estos momentos.

Internet y la Nueva Economía

El cuarto punto de mi exposición es el que examina la relación entre Internet y


la nueva economía. Lo esencial aquí es que la nueva economía no es la
economía de las empresas que producen o diseñan Internet, es la de las
empresas que funcionan con y a través de Internet. Ésa es la nueva economía
y eso es lo que está ocurriendo en todo el mundo. Es cierto que el desarrollo de
los usos de Internet empieza primero en aquellas empresas de alta tecnología
y empresas de creación de equipos de Internet y de programas de software
que lo aplican a su propia organización, pero, a partir de ahí, se está
difundiendo rapidísimamente a todo tipo de empresas, creando un nuevo
modelo de organización empresarial. Se habla mucho del comercio electrónico.
El comercio electrónico tiene interés, pero se incide demasiado en la idea de la
venta del comercio electrónico, el llamado bussines to consumers B2C, la venta
a los consumidores. Esto sólo representa el 20% del total de las transacciones
electrónicas comerciales en Internet. El 80% son transacciones de empresa a
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empresa para relaciones comerciales entre las empresas y esto se está


acentuando en estos momentos (B2B) Es decir, que el volumen crece y, por
tanto, al crecer el volumen global, también crece el número de transacciones
hacia los consumidores. El volumen que crece mucho más, en términos
absolutos y relativos, es el de relación de empresa a empresa. ¿Qué está
ocurriendo? Que casi todo el trabajo interior de empresa, de relación con los
proveedores y de relación con los clientes se está haciendo por la red. Es el
modelo que yo he desarrollado con el nombre del Modelo Cisco Systems, que
es el nombre de la empresa productora del 85% de equipamientos de
telecomunicaciones del backbone de Internet en el mundo, de routers y
switches (enrutadores y conmutadores) El 90% de las ventas de esta empresa
y de sus transacciones se hacen mediante la relación a través de su web de los
proveedores de la empresa y los clientes, sin que la empresa haga nada más
que poner la ingeniería, poner la web, actualizarlo cada hora, garantizar calidad
y organizar la red de proveedores. Es la mayor empresa industrial del mundo,
es la segunda empresa de mayor valor de mercado en el mundo, 400.000
millones de dólares, más de cinco veces el valor de General Motors, cuando en
realidad sólo cuenta con treinta y cinco mil personas y es una empresa que
produce máquinas, ordenadores, pero que solo tiene una fábrica. Es una
empresa casi enteramente virtual, aunque tiene oficinas con personas que
hacen funcionar la máquina virtual; pero es virtual, no produce nada, pero de lo
que hace, se produce el 85% del equipamiento mundial que hace funcionar
Internet.

Hay muchísimos otros ejemplos. Si les interesa, les puedo contar ejemplos de
la mayor empresa de construcción de edificios en San Francisco, WebCor,
cuyo centro es también un web site en el que los usuarios se relacionan con los
diseñadores, los arquitectos, los constructores, los empleados municipales.
Todo esto está en la web y todos los pasos que una empresa de construcción
tiene que dar para llevar a cabo una construcción se hacen en la web. Con esa
tecnología ha sido capaz de reducir a la mitad el tiempo de producción de un
edificio, con un tercio del personal de gestión, limitando los costes en un 50%.
Como pueden imaginarse, las otras empresas de construcción están
rápidamente pasando a la red. Un ejemplo más cercano sería Zara. Zara es
una empresa Internet que en estos momentos -les estoy hablando de la misma
Zara donde ustedes compran su ropa- cuenta con 2001 almacenes en el
mundo, en treinta y cinco países diferentes. En estos almacenes cada
vendedor lleva una pequeña maquinita en la que registra cada compra que se
hace con una serie de datos, con los que el director de cada almacén hace un
informe semanal, lo pasa por red a la sede central en La Coruña, donde 200
diseñadores procesan por ordenador y determinan las tendencias de mercado,
envían directamente a las fabricas que cortan los patrones y producen la ropa.
Con este sistema, enteramente basado en la comunicación electrónica, y
procesado por Internet Zara ha reducido a dos semanas el tiempo necesario
para rediseñar un producto desde el momento en que se decide ponerlo en el
mercado en cualquier parte del mundo. El modelo Benetton, que había logrado
hacer el ciclo en seis meses, fue arrinconado por GAP, que lo consiguió en dos
meses, a partir de una conexión que no era Internet, y Zara lo ha logrado en
dos semanas, con lo que está ganando cuotas de mercado rápidamente en
todo el mundo y, en este momento, el valor de capitalización de mercado de la
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empresa matriz de Zara, una empresa familiar, es de 2.000 millones de


dólares. Podríamos seguir poniendo ejemplos, pero yo creo que la idea la
tienen aquí. Es decir, lo primero que está haciendo Internet en la economía es
transformar el modelo de empresa. Lo que fue el fordismo, la gran empresa
industrial basada en la producción estándar y en la cadena de montaje, es hoy
día la capacidad de funcionar en red, de articular directamente el mercado,
insumos y proveedores y organización interna de la empresa on-line en todas
las tareas.

El segundo cambio que produce Internet o, mejor dicho, la base material sobre
la que se produce este cambio es la transformación del funcionamiento del
capital. Y aquí también, muy esquemáticamente, la primera transformación es:
el centro de la economía global son los mercados financieros globalizados que
funcionan mediante conexiones entre ordenadores. Esto no es técnicamente
hablando Internet porque no esta basado en los protocolos de Internet, pero es
una red de redes de ordenadores, que esta convergiendo rápidamente con la
red Internet.. Esta red es lo que subyace, la articulación, la interdependencia y
también la volatilidad del mercado global financiero. Segundo: Internet ha
permitido el desarrollo vertiginoso de la transacción financiera electrónica, el
desarrollo de mercados financieros, mercados bursátiles como el Nasdaq, que
son mercados electrónicos, sin un lugar físico en el espacio; el desarrollo de los
principales mercados de futuro del mundo como es el mercado suizo-alemán
Eurex, que es enteramente electrónico, o Liffe en Londres o Matif En Francia;
el desarrollo de redes de ***brokers, de redes de corredores de bolsa como
Instinet, que, hoy día, canaliza algunas de las transacciones más importantes
del mundo; el desarrollo de empresas de corredores como Charles Schwabb
que es mayoritariamente electrónica. En estos momentos el NewYork Stock
Exchange, la Bolsa de New York, se planeta la creación de una bolsa de forma
mixta, que sea a la vez electrónica, virtual y física. En Europa, en torno al
proyecto, hoy aplazado, de fusión entre las bolsas de Frankfurt y de Londres,
que prefigura la fusión de las bolsas europeas en uno o dos centros bursátiles,
se está planteando la conexión del Nasdaq americano con un equivalente de
Frankfurt y un equivalente japonés, con lo que se crearía, por lo tanto, un
Nasdaq global, enteramente electrónico. Es decir, los valores de nuestras
empresas, de todas las empresas, tendencialmente, se están negociando ya y
se van a negociar cada vez más en términos de interacciones electrónicas,
puramente electrónicas, no físicas. Esto genera un nuevo tipo de transacción
económica, genera una velocidad, una complejidad, una dimensión de mercado
mucho mayor, una capacidad de reacción de los inversores casi instantánea y
la dependencia de mecanismos de cálculo, de modelos matemáticos
predictivos activados a velocidad octoelectrónica mediante conexiones Internet.
Esto cambia los mercados financieros, cambia las finanzas mundiales y, por
consiguiente, cambia nuestra economía.

Un tercer elemento que quería señalar es que la economía Internet está


cambiando los métodos de valoración económica. El desarrollo de las
empresas de Internet y de las que más innovadoramente se han lanzado por
esta vía se basa/sobre todo en la existencia de capital-riesgo que permite
financiar ideas antes de que haya producto. Es así como funciona el sistema:
un innovador tiene una idea y, generalmente en estos días, articulada no sobre
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Internet sino a través de lo que se puede hacer con Internet; esta idea la vende
a una empresa de capital-riesgo que proporciona los fondos iniciales para
empezar a arrancar; con ese capital-riesgo se compra talento y se instala
Internet; con eso se empieza a producir algo, pero no mucho, desde luego no
ganancias, con lo cual se sale en oferta pública y el mercado lo valoriza o no lo
valoriza. Cuando no lo valoriza, la empresa desaparece y se vuelve a intentar;
cuando lo valoriza, con esa valorización de mercado que no se produce en
torno a beneficios sino a una promesa, entonces es cuando realmente hay
recursos para pasar de esa promesa de innovación a una innovación material,
a una producción material que vuelve a salir al mercado, que vuelve a generar
valor. Es decir, se crea valor a partir de la innovación sobre la base de la
valorización del mercado de las iniciativas que se desarrollan en términos de
empresa. Hemos pasado a una economía en la que la expectativa de
generación de beneficios a través de la empresa es reemplazada por la
expectativa de generación de nuevo valor en el mercado financiero. Y eso
depende fundamentalmente de la capacidad de relación con ese cálculo de las
empresas Internet. Es decir, el ejemplo de la industria Internet está siendo en
estos momentos seguido en el conjunto de las otras ramas industriales. Eso
genera una gran volatilidad financiera, pero al mismo tiempo genera también un
extraordinario aumento de riqueza y de productividad. Hay empresas
sobrevaluadas, otras menos, pero, en realidad, la tendencia es ascendente, los
ciclos económicos van a seguir; en cualquier caso, recuerden que, por mucho
que hayan caído los valores tecnológicos, el Nasdaq está todavía un 35% por
encima de su valor de hace doce meses, cuando el Dow Jones, el índice
equivalente de la economía tradicional, está a un -1,2% para el mismo periodo.
Es decir, la capacidad de creación de valor sobre la base de un nuevo modelo
de anticipación de expectativas ha salido también de la economía Internet.

La sociabilidad en Internet

Permítanme cambiar de tercio rápidamente para entrar en quinto punto de mi


conferencia, que es el tema más cargado ideológicamente del análisis de
Internet, el tema de la sociabilidad en Internet, de la interacción social o
individual en Internet o el tema de las comunidades virtuales de Internet. Como
saben, este tema está dominado por las fantasías de los futurólogos y de los
periodistas no bien informados, aunque hay periodistas muy bien informados.
Aquí se ha hablado de que Internet aliena, aísla, lleva a la depresión, al suicido,
a toda clase de cosas horribles, o bien, por el contrario, que Internet es un
mundo extraordinario, de libertad, de desarrollo, en el que todo el mundo se
quiere, en el que todo el mundo está en comunidad. ¿Qué sabemos
empíricamente de esto? Sabemos bastantes cosas. Sabemos, por ejemplo, por
un estudio que acaba de hacer British Telecom, un gran estudio de observación
realizado a lo largo de un año en una serie de hogares en los que se utilizaba
Internet, que no cambia nada. Es decir, que la gente que hacía lo que hacía, lo
sigue haciendo con Internet y a los que les iba bien, les va mucho mejor, y a los
que les iba mal, les va igual de mal; el que tenía amigos, los tiene también en
Internet y, quien no los tenía, tampoco los tiene con Internet. Es un estudio
intelectualmente muy conservador, pero lo cito y les doy la referencia porque es
un estudio muy espectacular. Se llama Aquí no pasa nada. Pero sí que pasa.
Internet es un instrumento que desarrolla pero no cambia los comportamientos,
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sino que los comportamientos se apropian de Internet y, por tanto, se


amplifican y se potencian a partir de lo que son.

Esto no significa que Internet no sea importante, quiere decir que no es Internet
lo que cambia el comportamiento, sino que es el comportamiento el que cambia
Internet. Estudios más de tipo panel, como los que realiza el principal
investigador de sociología empírica de las comunidades de Internet, Barry
Wellman, de la Universidad de Toronto muestran la realidad de la vida social en
Internet. He aquí lo que señalan sus resultados: en primer lugar, las
comunidades virtuales en Internet también son comunidades, es decir, generan
sociabilidad, generan relaciones y redes de relaciones humanas, pero no son
las mismas comunidades que las comunidades físicas. Esto puede parecer una
verdad de perogrullo, pero había que investigarlo y mostrarlo. Las comunidades
físicas tienen unas determinadas relaciones y las comunidades virtuales tienen
otro tipo de lógica y otro tipo de relaciones. ¿Qué tipo de relaciones? ¿Cuál es
la lógica específica de la sociabilidad on line? Lo más interesante es la idea de
que son comunidades personales, comunidades de personas basadas en los
intereses individuales y en las afinidades y valores de las personas. Es decir,
en la medida en que se desarrollan en nuestras sociedades proyectos
individuales, proyectos de dar sentido a la vida a partir de lo que yo soy y
quiero ser, Internet permite esa conexión saltando por encima de los límites
físicos de lo cotidiano, tanto en el lugar de residencia como en el lugar de
trabajo y genera, por tanto, redes de afinidades. Por ejemplo, las
investigaciones en Canadá y en Estados Unidos mostraron que, aparte de
Internet, los individuos tenían normalmente, como término medio, no más de
seis lazos íntimos de relación fuera de la familia y, al mismo tiempo, cientos de
lazos débiles. Parece que es una cosa que en los últimos diez años se ha
mantenido como establecida. Entonces, lo que ocurre es que Internet es apta
para desarrollar lazos débiles, para crear lazos débiles, pero no es apta para
crear lazos fuertes, como media, y es excelente para continuar y reforzar los
lazos fuertes que existen a partir de relación física. En fin, en esto, que parece
también bastante lógico, lo que me importa es que viene avalado
empíricamente por la síntesis de los estudios que se han desarrollado. En este
sentido, la tendencia que se está desarrollando es hacia la disminución de la
sociabilidad de base comunitaria física tradicional. Hay una tendencia hacia la
disminución de la sociabilidad basada en el barrio. Hay un declive de la vida
social dentro del trabajo, en general, en el mundo. Lo que está ocurriendo es
que la sociabilidad se está transformando mediante lo que algunos llaman la
privatización de la sociabilidad, que es la sociabilidad entre personas que
construyen lazos electivos, que no son los que trabajan o viven en un mismo
lugar, que coinciden físicamente, sino personas que se buscan: yo quiero
encontrar a alguien a quien le guste salir en bicicleta conmigo, pero hay que
buscarlo primero. Por ejemplo, ¿cómo crear un club ciclista? o ¿cómo crear un
club de gente que se interese por la espeleología? Esta formación de redes
personales es lo que Internet permite desarrollar mucho más fuertemente.

Cuando Wellman intentó medir qué influencia tenía Internet sobre las otras
sociabilidades, encontró algo que contradice los mitos sobre Internet. Es lo que
el llama "cuanto más, más", es decir, cuánto más red social física se tiene, más
se utiliza Internet; cuanto más se utiliza Internet, más se refuerza la red física
Manuel Castells Sociedad de la información y cultura mediática

que se tiene. Es decir, hay personas y grupos de fuerte sociabilidad en los que
es correlativa la sociabilidad real y la virtual. Y hay personas de débil
sociabilidad, en las que también es correlativa la débil sociabilidad real y virtual.
Lo que ocurre es que, en casos de débil sociabilidad real, hay algunos efectos
compensatorios a través de Internet; es decir, se utiliza Internet para salir del
aislamiento relativamente. Lo que algunos estudios hacen es medir esta
correlación y constatan que se trata de personas que utilizan mucho Internet,
que están aisladas socialmente, por tanto Internet aísla. El proceso de
causalidad es distinto, Internet se utiliza como medio para aquellas personas
aisladas, pero fundamentalmente hay un efecto acumulativo entre sociabilidad
real y sociabilidad física, porque la virtual también es real, y sociabilidad virtual.
La otra serie de estudios, como los realizados por Marcia Lipman, en Berkeley,
que ha estudiado cientos de comunidades virtuales, señalan otro dato
fundamental, y es que las comunidades virtuales son tanto más exitosas,
cuanto más están ligadas a tareas, a hacer cosas o a perseguir intereses
comunes juntos. La idea de que Internet es un lugar donde la gente habla de
cualquier tontería, se cuentan chismes etc., es absolutamente superficial. Esto
es extremadamente minoritario, no mucha gente tiene tiempo de hacerlo. Lo
que ocurre es que estas historias de las identidades falsas, de que la gente se
disfraza de cualquier cosa, de que se cuentan lo que no son, hacen las delicias
de los sociólogos posmodernos. Es verdad que esto existe, pero se da sobre
todo en los adolescentes ¿Y qué hacen los adolescentes, en general?
Inventarse identidades, experimentar identidades, pasarse ratos de cháchara
sobre cualquier cosa, siempre que pueden, crear una contracultura propia de
experimentación identitaria. Y esto también lo hacen en Internet. Pero,
estudiando a través del conjunto de la sociedad, fuera de los mecanismos de
adolescentes, lo que se observa es, más bien, que el Internet instrumental, es
decir, la utilización de Internet para desarrollar tareas políticas o personales, o
de intereses concretos, es lo que realmente genera los niveles de interacción
más fuertes. Por tanto, más que ver la emergencia de una nueva sociedad,
totalmente on line, lo que vemos es la apropiación de Internet por redes
sociales, por formas de organización del trabajo, por tareas, al mismo tiempo
que muchos lazos débiles, que serían demasiado complicados de mantener off
line, se pueden establecer on line. Por ejemplo, uno de los elementos más
interesantes en esto es el desarrollo de organizaciones de interayuda entre las
personas mayores: el Seniornet en Estados Unidos es una de las redes más
populares de información, de ayuda, de solidaridad, de reforzamiento de una
vivencia compartida, etc. O las redes de información religiosa y de compartir
valores religiosos. O las redes de movilización social.

Los movimientos sociales en Internet

Y aquí paso al sexto punto de lo que sabemos de Internet: su relación con los
movimientos sociales. Lo que sabemos es algo ya bastante analizado en los
medios de comunicación: la mayor parte de movimientos sociales y políticos
del mundo de todas las tendencias utilizan Internet como una forma privilegiada
de acción y de organización. Esto simplemente quiere decir que Internet es un
instrumento. Pero, ¿qué es lo específico?, ¿qué le confiere especificidad a la
movilización social a partir del hecho de que se haga por Internet? Bien, hay
tres rasgos que son fundamentales en la interacción entre Internet y los
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movimientos sociales. El primero es que asistimos en la sociedad, fuera de


Internet, a una crisis de las organizaciones tradicionales estructuradas,
consolidadas, tipo partidos, tipo asociaciones de orientación directamente
política, y además se produce la emergencia de actores sociales,
fundamentalmente a partir de coaliciones específicas sobre objetivos
concretos: vamos a salvar a las ballenas, vamos a defender tal barrio, vamos a
proponer nuevos derechos humanos en el mundo, vamos a defender los
derechos de la mujer, pero no con una asociación, sino con campañas
concretas. Es decir, en general, en la sociedad hay un salto de los movimientos
sociales organizados a los movimientos sociales en red en la base de
coaliciones que se constituyen en torno a valores y proyectos. Internet es la
estructura organizativa y el instrumento de comunicación que permite la
flexibilidad y la temporalidad de la movilización, pero manteniendo al mismo
tiempo un carácter de coordinación y una capacidad de enfoque de esa
movilización.

Segundo rasgo: los movimientos sociales en nuestra sociedad se desarrollan,


cada vez más, en torno a códigos culturales, a valores. Hay movimientos
reivindicativos tradicionales, pero los movimientos más importantes -medio
ambiente, ecologismo, mujeres, derechos humanos- son movimientos de
valores; por lo tanto, son movimientos que dependen sobre todo de la
capacidad de comunicación y de la capacidad de llevar a cabo un reclutamiento
de apoyos y de estímulos mediante esa llamada a los valores, a los principios y
a las ideas. Son movimientos de ideas y de valores. Pues bien, Internet es
fundamental porque se puede lanzar el mensaje como éste: "aquí estoy, éste
es mi manifiesto, ¿quién está de acuerdo conmigo?, y ¿qué podemos hacer?"
La transmisión instantánea de ideas en un marco muy amplio permite la
coalición y la agregación en torno a valores. En este sentido, una de las ideas
más falsas sobre Internet es la idea del famoso cómic publicado en el New
Yorker de hace muchos años de dos perros en un ordenador en el que uno le
dice al otro: "Ves, en Internet nadie sabe que eres un perro". Pues miren, sí. En
Internet se sabe qué es un perro, porque si usted quiere organizar a los perros
en Internet y se presenta como gato, va a organizar a los gatos. Con lo cual, la
bandera de organización, de comunicación, de afirmación de un cierto valor
tiene que ser firmada en términos de lo que se quiere ser, porque los
movimientos sociales que se constituyen, se constituyen en torno a lo que
dicen que son, no se constituyen de forma manipulada, atrayendo a alguien
para lo que no es. Eso puede ser una manipulación, pero, en general, las
manipulaciones no suelen prosperar.

El tercer rasgo específico de los movimientos sociales es que, cada vez más, el
poder funciona en redes globales y la gente tiene su vivencia y se construye
sus valores, sus trincheras de resistencia y de alternativa en sociedades
locales. El gran problema que se plantea es cómo, desde lo local, se puede
controlar lo global, cómo desde mi vivencia y mi relación con mi mundo local,
que es donde yo estoy, donde yo vivo, puedo oponerme a la globalización, a la
destrucción del medio ambiente, a la masacre del Tercer Mundo en términos
económicos. ¿Cómo se puede hacer esto? Pues bien, Internet permite la
articulación de los proyectos alternativos locales mediante protestas globales,
que acaban aterrizando en algún lugar, por ejemplo, en Seattle, Washington,
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Praga, etc., pero que se constituyen, se organizan y se desarrollan a partir de


la conexión Internet, es decir, conexión global, de movimientos locales y de
vivencias locales. Internet es la conexión global-local, que es la nueva forma de
control y de movilización social en nuestra sociedad.

La relación directa de Internet con la actividad política

El séptimo punto de mi conferencia: Internet también tiene una relación directa


con la actividad política organizada, tanto en lo que se refiere a partidos, como
a gobiernos de distintos tipos. Aquí hay toda clase de proyectos, de ideas. En
principio, Internet podría ser un instrumento de participación ciudadana
extraordinario, podría ser un instrumento de información de la clase política, de
los gobiernos y de los partidos a los ciudadanos en su conjunto y de relación
interactiva. Podría ser un ágora política y sobre esto escriben todos los
futuristas. Ahora bien, en la práctica, hay algunas experiencias interesantes de
democracia local, curiosamente local, como la Digital City, la ciudad digital de
Amsterdam (hoy en seria crisis), las redes ciudadanas de Seattle, el programa
Iperbole en Bolonia (también en declive en este momento); pero en general, lo
que se observa es que los gobiernos, las administraciones, los partidos
políticos han confundido Internet con un tablón de anuncios. En general, se
limitan a exponer la información: aquí tienen nuestra información para que se
entere de lo que hacemos y así me ahorra trabajo o, si lo desea, dígame su
opinión. Lo que sucede es que no se sabe qué pasa con esa opinión. En
general, hay escasísimos ejemplos de práctica interactiva cotidiana del sistema
político con los ciudadanos. Por tanto, una de las fronteras de investigación que
yo quisiera desarrollar sobre Internet es de qué manera Internet puede permitir
la desburocratización de la política y superar la crisis de legitimidad de los
gobiernos que se produce en todo el mundo, a partir de/ una mayor
participación ciudadana permanente, interactiva, y a una información constante
de doble vía. En realidad, lo que se observa es que esto no se produce.

Hay un libro interesante que acaba de publicarse sobre las relaciones de


Internet y algunos sistemas parlamentarios que muestra, a partir de estudios
empíricos, que en realidad todos los parlamentos tienen web site, todos los
partidos tienen Internet en todos los países desarrollados, pero son vías,
insisto, unidireccionales de información, para captar la opinión, para convertir
simplemente a los ciudadanos en votantes potenciales y para que los partidos
obtengan la información para saber cómo ajustar su publicidad. Yo diría que,
en este sentido, el problema no es de Internet. El problema es del sistema
político y, una vez más, tenemos un leitmotiv de la conferencia que les estoy
intentando transmitir, que es la idea de que la sociedad modela a Internet, y no
al contrario. Allí donde hay una movilización social, Internet se convierte en un
instrumento dinámico de cambio social; allí donde hay burocratización política y
política estrictamente mediática de representación ciudadana, Internet es
simplemente un tablón de anuncios. Hay que cambiar la política para cambiar
Internet y, entonces, el uso político de Internet puede revertir en un cambio de
la política en sí misma.
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La privacidad en Internet

Muchos debates sobre Internet en estos momentos plantean la idea del efecto
de Internet sobre la privacidad y sobre la capacidad de control de nuestra vida
íntima a través de Internet. Aquí hay dos elementos: la relación gobiernos-
ciudadanos y la relación privacidad-Internet. En la relación gobiernos-
ciudadanos, hay algo que pone muy nerviosos a los gobiernos y es que,
realmente, no pueden controlar Internet. Hay muchas razones, pero una mucho
más decisiva que las demás. Podemos argumentar si técnicamente se puede o
no se puede. Parece que no es tan fácil como algunos pensaban y, para
demostrarlo, siempre se cita el caso de Singapur. Acabo de recibir una
ponencia de los sociólogos de Singapur que estudian Internet que muestra,
empíricamente, la incapacidad del Gobierno de Singapur para controlar Internet
en este momento, debido a que, por razones económicas y financieras, se han
tenido que abrir al exterior. Naturalmente, China, Singapur y otros muchos
países quisieran utilizar Internet para los negocios y no suprimir para la libre
expresión ciudadana. En Singapur parece que ya no les funciona ese control.
En China les funciona porque, aunque no controlan la difusión de información
en Internet, luego pueden buscar a la persona que ha recibido o difundido la
información y llevarla a la cárcel, lo que es otra forma de control. Pero, Internet
como tal, parece difícil de controlar. En cambio, la razón fundamental no es
solamente técnica, sino que es una razón institucional: en Estados Unidos no
se puede hacer, porque hay varias decisiones de los tribunales federales y en
particular, la que eliminó el Acta de Decencia en la comunicación que Clinton
presentó en 1995 para censurar Internet argumentando la pornografía infantil.

El Tribunal Supremo de Estados Unidos, de hecho la Corte Federal, que luego


fue refrendada por el Tribunal Supremo, declaró que es cierto que en Internet
hay toda clase de problemas, es cierto que en Internet la libre expresión
conduce a excesos, es cierto que Internet es el caos de la expresión. Pero,
añade textualmente: "los ciudadanos tienen un derecho constitucional al caos".
Yo creo que la idea de un derecho constitucional al caos es profundamente
innovadora y hace que, a partir de ese momento, en la medida en que Internet
es una red global, al no haber control en Estados Unidos, se busca cualquier
circuito para sortear el obstáculo y poder expresarse. Recuerden que Internet
está diseñada técnicamente para interpretar cualquier censura como un
obstáculo técnico y reconfigurar la vía de transmisión. Además del hecho de
que los gobiernos no controlen Internet -la única forma de hacerlo sería
desenchufarlo, como hace Irán, Afganistán, aunque ya veremos qué pasa con
el Internet móvil-, de lo que la gente se está dando cuenta es de que hay un
problema mucho más profundo que el control de los gobiernos sobre la libertad
de expresión, y es la desaparición de la privacidad a través de un mundo en el
que vivimos conectados a la red. Scott McNealy, que es un gran empresario de
Silicon Valley, el presidente de Sun Microsystems el año pasado, para que no
le molestaran más con este tema, hizo una declaración espectacular con la que
yo y la mayoría de gente coincidimos: "¿Privacidad en Internet? Olvídese de
eso. Usted ya ha perdido su privacidad para siempre". ¿Qué significa eso?
Significa que cualquier cosa que hagamos en la red se puede detectar
electrónicamente. El problema es quién está interesado, cómo, cuándo, de qué
manera, cómo se hace, etc. Pero existe la posibilidad de hacerlo. El FBI lo
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puede hacer en estos momentos, ya que ha desarrollado un nuevo programa,


Carnivore, evidentemente con autorización judicial, pero ya se sabe. Esto lo
puede hacer cualquier tipo de empresa que disponga del famoso cookie en su
programa; es decir, en este momento, si una persona no quiere dar su
dirección y sus características a empresas que comercializan con este tema,
tiene que hacer una verdadera investigación, hacer toda clase de clics, salir de
toda clase de servicios, y prácticamente aislarse.

En Estados Unidos ya existen empresas que empiezan a comercializar la


política. Hay una empresa que se llama Aristotle que ha desarrollado este
sistema, Aristotle, para la campaña presidencial actual a partir de
informaciones obtenidas en numerosos bancos de datos comerciales, ha
elaborado perfiles de personalidad y los ha cruzado con patrones de voto
geográficos a niveles muy pequeños, de barrio, y ha establecido la tendencia
de voto potencial para ciento cincuenta y seis millones de ciudadanos
estadounidenses y lo está vendiendo a los distintos candidatos. Igualdad de
oportunidades. Cualquiera que pague se lo lleva. No es el espionaje de un
partido contra otro: es comerciar con la intimidad política de cada uno de ellos.
La Unión Europea tiene una política mucho más estricta de protección de la
privacidad, pero, sin entrar demasiado en los detalles, la capacidad tecnológica
de la legislación europea es muy débil. Hay muchas formas de escaparse de
esa legislación. Pero, por ejemplo, a Yahoo o America On Line, fuera de sus
redes europeas, no los controla la legislación europea y, aunque usted sea
europeo, está conectado a una red global. Y si cualquier empresa, cualquier
portal de este tipo, dispone de la información, puede vendérsela a cualquier
empresa europea. El hecho de estar en una red global quiere decir que no hay
privacidad. Éste es uno de los aspectos más importantes. Les recomiendo la
lectura de un libro de Lessig sobre este tema que se llama Code. Lessig, en
ese libro, ha planteado una cuestión fundamental en que la privacidad aparece
como esencial, y es el debate sobre la capacidad de encriptado.

El encriptado permitiría que cada persona pudiera determinar su código. El


encriptado es simplemente un código que se autoconstruye y para el que no
existe una capacidad tecnológica de desencriptado con métodos normales;
sólo podrían hacerlo los servicios secretos, trabajando con ordenadores
durante mucho tiempo. Lo que ocurre es que el encriptado está prohibido por
los gobiernos, también en Estados Unidos, con el argumento de que los
traficantes de drogas y otras gentes de mal vivir lo podrían utilizar para hacer
sus negocios por Internet. Pero, de todas formas, ya hacen sus negocios por
Internet y se comunican de otras mil formas. Pero este encriptado sería
realmente un sistema que permitiría a las personas guardar su información y
que ésta no pudiera ser interferida. La batalla del encriptado es, en estos
momentos, la batalla de la privacidad.

Internet y los Medios de Comunicación

Un último tema antes de concluir, la relación entre Internet y la transformación


de la comunicación a través de los medios de comunicación. Internet está
transformado radicalmente los medios de comunicación, pero no por la
convergencia de Internet y la televisión en un mismo medio tecnológico, la
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famosa caja que tendrá usted encima de su televisor y que llega a todos, lo que
se llama la Web TV. Lo que realmente existe es un mueble que dispone al
mismo tiempo de Internet y de televisión, pero son dos sistemas. Aunque se
puede transmitir televisión por Internet tecnológicamente, no es muy
interesante, no es muy efectivo y, sobre todo, si se pretendiera transmitir de
verdad la televisión que tenemos, la masa de televisión por Internet, no habría
capacidad de banda previsible en los próximos veinte años para hacerlo en
ningún país, ni siquiera en Estados Unidos. Es decir, la capacidad de banda de
transmisión para transmitir el enorme volumen que representaría toda la
televisión que se transmite hoy día simplemente es impensable, carísimo e
ineficaz. ¿Quién tiene la manía de recibir exactamente a través del mismo
canal televisión e Internet? No tiene ningún sentido.

En cambio, lo que Internet sí está haciendo es convertirse en el corazón de


articulación de los distintos medios, de los multimedia. Es decir, de ser el
sistema operativo que permite interactuar y canalizar la información de qué
pasa, dónde pasa, qué podemos ver, qué no podemos ver y ser, por tanto, el
sistema conector interactivo del conjunto del sistema multimedia. Esto es lo que
Internet está configurando. Está también cambiando los medios de
comunicación y, en particular, contra lo que la gente cree, los medios de
comunicación escritos. ¿En qué sentido? Bueno, el modelo futuro ya está aquí,
como casi todos los llamados modelos futuros. Es el modelo de utilización de
Internet en los medios de comunicación que se emplea en el grupo Chicago
Tribune, que acaba de comprar Los Angeles Times. La sala de redacción del
Chicago Tribune, que está siendo estudiada por uno de mis estudiantes,
consiste en una sala totalmente integrada en Internet en la que los periodistas
procesan información en tiempo real y de ahí sale hacia el Chicago Tribune,
Los Angeles Times, otros periódicos en Estados Unidos, una serie de cadenas
de radio y varias estaciones de televisión. ¿Qué tiene de original esto? Esa
información llega en tiempo real y se continúa procesando en tiempo real; es
decir, es un medio de comunicación masivo, continuo e interactivo al que
pueden acceder distintos usuarios planteando preguntas, criticando,
debatiendo.

Toda esa información llega a los periodistas, que van siendo reemplazados por
otros periodistas en la misma sala de prensa, que continúan procesando de
forma ininterrumpida esa información. Eso ya existe y es el modelo que
rápidamente está siendo adoptado por los grandes grupos multimedia y de
prensa. Junto a eso, Internet está revolucionando la comunicación por su
capacidad de cortocircuitar los grandes medios de comunicación. El hecho de
que sea una comunicación horizontal, de ciudadano a ciudadano, quiere decir
que yo puedo crear mi propio sistema de comunicación en Internet, puedo decir
lo que quiera, puedo comunicarlo. Por primera vez hay una capacidad de
comunicación masiva no mediatizada por los medios de comunicación de
masas. Ahí se plantea el problema de credibilidad. ¿Cómo entonces se puede
creer uno lo que aparece en Internet? El año pasado, en el congreso de
editores de periódicos norteamericanos estaban aterrorizados porque había
una serie de empresarios de Silicon Valley que decían que se acaban los
periódicos: el New York Times desaparece, todo será on line. Mi posición en
ese momento era: habrá periódico on line, el mismo periódico o algo distinto on
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line, por televisión, por radio, y en papel, en distintos formatos para distintos
momentos de utilización y distintos contextos de utilización. Pero el problema
esencial, cuando todo está en Internet, es de credibilidad, y es ahí donde los
medios de comunicación siguen teniendo un papel esencial, ya que la gente
tiende a dar mayor credibilidad a La Vanguardia, al New York Times, a El País
o a El Periódico de Cataluña que a lo que Manuel Castells pueda poner en la
red en un momento determinado. En ese sentido, el brand name, la etiqueta de
veracidad, sigue siendo importante, a condición de que esa etiqueta se respete,
con lo cual la credibilidad de un medio de comunicación se convierte en su
única forma de supervivencia en un mundo de interacción y de información
generalizada.

La sociedad red

En conclusión, Internet es la sociedad, expresa los procesos sociales, los


intereses sociales, los valores sociales, las instituciones sociales. ¿Cuál es,
pues, la especificidad de Internet, si es la sociedad? La especificidad es que es
constituye la base material y tecnológica de la sociedad red, es la
infraestructura tecnológica y el medio organizativo que permite el desarrollo de
una serie de nuevas formas de relación social que no tienen su origen Internet,
que son fruto de una serie de cambios históricos pero que no podrían
desarrollarse sin Internet. Esa sociedad red es la sociedad que yo analizo como
una sociedad cuya estructura social está construida en torno a redes de
información a partir de la tecnología de información microelectrónica
estructurada en Internet. Pero Internet en ese sentido no es simplemente una
tecnología; es el medio de comunicación que constituye la forma organizativa
de nuestras sociedades, es el equivalente a lo que fue la factoría en la era
industrial o la gran corporación en la era industrial. Internet es el corazón de un
nuevo paradigma sociotécnico que constituye en realidad la base material de
nuestras vidas y de nuestras formas de relación, de trabajo y de comunicación.
Lo que hace Internet es procesar la virtualidad y transformarla en nuestra
realidad, constituyendo la sociedad red, que es la sociedad en que vivimos.
Manuel Castells Sociedad de la información y cultura mediática

III. La dimensión cultural de Internet


ÍNDICE

Resumen: Cuando hablamos de sociedad del conocimiento nos estamos


refiriendo a un nuevo paradigma tecnológico, que tiene dos expresiones
fundamentales: una es Internet y la otra es la capacidad de recodificar la
materia viva. Partiendo de la base de que Internet no es una tecnología, sino
que es una producción cultural, el ponente destaca la importancia decisiva de
esta dimensión cultural en la producción y las formas de las tecnologías que
la han hecho posible, y analiza sus distintas capas: la universitaria (cultura de
la investigación por la investigación); la hacker (y la pasión de innovar y
crear); las formas culturales alternativas (gente insatisfecha con la sociedad
actual que encuentra en Internet formas alternativas de vivir), y, finalmente, la
cultura empresarial (representada por empresarios sin aversión al riesgo y
con gran capacidad para innovar).

Sin retórica de ningún tipo, quiero agradecer al señor Joan Fuster el hecho de
haberme dado la oportunidad de estar aquí hoy con ustedes y, además, poder
intercambiar unas ideas con una persona de la categoría intelectual y artística
como el señor Antoni Muntadas. Asimismo, lo agradezco por el profundo
interés que tengo por la conexión con el mundo del arte, en este nuevo
contexto. Una de las intervenciones más importantes en nuestro tipo de
sociedades es precisamente la intervención artística, pero luego ya
hablaremos más de esto porque no quiero perjudicar el discurso del señor
Muntadas, para no obligarle a él a hacer el mío, y entonces tengamos
diálogos cruzados.

1. La sociedad del conocimiento: un nuevo paradigma tecnológico

Yo quisiera, de modo muy escolar y disciplinado —como suelo ser en mis


trabajos—, hablar sobre el futuro de la sociedad del conocimiento, pero desde
un ángulo determinado. Cuando hablamos de la sociedad del conocimiento,
¿qué queremos decir exactamente? Se trata de un código para hablar de una
transformación sociotecnológica, puesto que todas las sociedades son "del
conocimiento". Y en todas las sociedades históricamente conocidas, la
información y el conocimiento han sido absolutamente decisivas: en el poder,
en la riqueza, en la organización social… En este sentido, parece un poco
confuso hablar sólo ahora de "la sociedad del conocimiento". ¿Venimos de
realidades sociales del desconocimiento? Eso sería pretender que hemos
llegado al súmmum del conocimiento. Por ello, creo que debemos tomar el
concepto "sociedad del conocimiento" desde un punto de vista menos
terminológico, como algo más general sobre lo que se conforma
conceptualmente nuestra realidad.

Precisando un poco más, se trata de una sociedad en la que las condiciones de


generación de conocimiento y procesamiento de información han sido
sustancialmente alteradas por una revolución tecnológica centrada sobre el
Manuel Castells Sociedad de la información y cultura mediática

procesamiento de información, la generación del conocimiento y las


tecnologías de la información. Esto no quiere decir que la tecnología sea lo que
determine; la tecnología siempre se desarrolla en relación con contextos
sociales, institucionales, económicos, culturales, etc. Pero lo distintivo de lo que
está pasando en los últimos diez o quince años es realmente un paso
paradigma muy parecido al que ocurrió cuando se constituyó la sociedad
industrial —y no me refiero simplemente a la máquina de vapor, primero, y a la
electricidad, después. Se constituye un paradigma de un nuevo tipo en el que
todos los procesos de la sociedad, de la política, de la guerra, de la economía
pasan a verse afectados por la capacidad de procesar y distribuir energía de
forma ubicua en el conjunto de la actividad humana.

En este sentido, por tanto, al hablar de sociedad del conocimiento —en otros
casos, sociedad de la información, etc.— nos estamos refiriendo a la
constitución de este nuevo paradigma tecnológico. Dicho paradigma tiene dos
expresiones tecnológicas concretas y fundamentales: una es Internet. Internet
no es una energía más; es realmente el equivalente a lo que fue primeramente
la máquina de vapor y luego el motor eléctrico en el conjunto de la revolución
industrial. La otra es la capacidad de ingeniería genética, el concomitante ADN
o la capacidad de recodificar los códigos de la materia viva y, por tanto, ser
capaz de procesar y manipular la vida. Ya somos capaces de esto, lo estamos
haciendo, lo vamos a hacer cada vez más y, además, las dos revoluciones se
fusionan e interactúan a través de la capacidad de introducir sensores en la
capacidad de reproducir la estructura del mapa de los procesos del genoma por
capacidad informática masiva. Por consiguiente, estamos generando una doble
revolución en la información que es genética y de índole electrónica, pero que
interactúan cada vez más. Se convierten en una revolución en la que todos los
procesos de la información, incluso los códigos de la materia prima, pueden ser
programados, desprogramados y reprogramados de otra forma.

"Al hablar de sociedad del conocimiento nos estamos refiriendo a un nuevo


paradigma tecnológico que tiene dos expresiones fundamentales: una es
Internet y la otra la capacidad de recodificar los códigos de la materia viva"

2. Internet como producción cultural

Lo que quisiera mostrar es cómo la dimensión cultural, es decir, el sistema de


valores, creencias y formas de constituir mentalmente una sociedad, es
decisiva en la producción y las formas de estas tecnologías clave de nuestros
paradigmas. Por tanto —y lo voy a centrar sobre Internet, no sólo porque es lo
que conozco más, sino porque es algo que ya está en la práctica social—, la
afirmación es la siguiente: Internet no es solamente ni principalmente una
tecnología, sino que es una producción cultural. Y esto es lo que voy a intentar
argumentar histórica y empíricamente. Eso no quiere decir que no haya
tecnología en Internet —naturalmente, hay tecnología informática—, pero esa
tecnología ya no es un protocolo de comunicación. Si bien existen muchas
Manuel Castells Sociedad de la información y cultura mediática

formas de hacer protocolos de comunicación, hay muy pocas de hacer


comunicación informática. Por ejemplo, los franceses inventaron muy
culturalmente Minitel, que quiere decir: "Yo te digo cómo debes comunicar y, en
lugar de darte la guía de teléfonos o las páginas amarillas, te doy un ordenador
y un terminal". Además, el término francés es interesante: ordenador como
'creador de orden', orden a partir de un código y este código definido por su
autoridad central. Entonces, Internet es una producción cultural: una tecnología
que expresa una cierta y determinada cultura.

"La dimensión cultural, es decir, el sistema de valores, creencias y formas de


construir mentalmente una sociedad, es decisiva en la producción y las formas
de Internet."

Asimismo, quiero hacer referencia a cómo Internet, una vez que existe como
tecnología potente insertada a la práctica social, tiene efectos muy
importantes, por un lado, sobre la innovación —y, por tanto, la creación de
riqueza y el nivel económico; y por otro lado, sobre el desarrollo de nuevas
formas culturales, tanto en el sentido amplio, es decir, formas de ser
mentalmente de la sociedad, como en el sentido más estricto, creación cultural
y artística.

2.1. Orígenes de Internet y dimensión cultural

Primera cuestión: cuando digo que Internet es una cuestión cultural, en


principio hay una cierta sorpresa, pero en cuanto se cuenta en dos palabras la
historia de Internet, se entiende perfectamente. Primero, Internet tiene una
larga historia. Hoy me decía una persona: "Internet es muy reciente". No.
Internet se crea en 1969, tiene 33 años. Se constituye sobre la base de lo que
diseñan, deciden y producen cuatro culturas, que trabajan las unas sobre las
otras. Algunos de los datos sobre esto están en mi último libro, La Galàxia
Internet (Rosa dels Vents, Barcelona, 2002); intentaré sacar el extracto de la
idea, así que con escucharme diez minutos ya no tendrán que comprar el libro.

¿Cómo se desarrolla Internet y por qué digo que es cultura? Porque había que
pensarlo. Había que pensar un instrumento de comunicación horizontal, global,
libre y no controlable. Esto hay que pensarlo; no es evidente. Toda la historia
de la humanidad se basa en el control de la comunicación, todos los aparatos
del poder se construyen sobre esto. Entonces, había que pensarlo al revés. ¿Y
quién lo piensa al revés? Pues es ahí donde creo que la dimensión cultural es
muy importante, porque demuestra la capacidad de subvertir los aparatos de
poder. Si no se pudieran subvertir los aparatos de poder, la vida sería muy
aburrida y las sociedades, totalitarias.
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"¿Cómo se desarrolla Internet y por qué digo que es cultura? Porque había que
pensarlo. Había que pensar un instrumento de comunicación horizontal, global,
libre y no controlable."

Internet lo financia el Departamento de Defensa de los Estados Unidos. Sin


embargo, lo financia sin saber qué financia. Internet es un programa militar,
pero un programa militar sin aplicación militar. Nunca la tuvo. Sólo en una
ocasión uno de sus creadores decidió investigar una aplicación militar para
poder crear una red que no pudieran controlar los soviéticos, pero luego fue
rechazada, porque dijeron que era inviable.

Lo que hizo el Departamento de Defensa norteamericano fue desarrollar una


estrategia —como en muchos otros programas tecnológicos— de dar dinero a
científicos extraordinariamente avanzados en las universidades para ver qué
salía de ahí. Y no les fue tan mal, porque esto fue lo que hizo que, a mediados
de los años ochenta, con Mijaíl Gorbachov, la Unión Soviética no pudiera
competir militarmente con los Estados Unidos, porque su tecnología era muy
inferior. Fue el momento decisivo de la retirada de la Unión Soviética. Por
tanto, esto que parece una gran libertad democrática del Departamento de
Defensa norteamericano, no es otra cosa que una política estratégico-militar
muy inteligente que se resume en generar todas las líneas de investigación
más faltadas, y quizá algunas de las cosas que salieran pudieran llegar a ser
decisivas en términos militares. Sin embargo, no ocurrió lo mismo con Internet.
Internet fue desarrollado por científicos universitarios que simplemente querían
comunicar sus grandes ordenadores.

2.2. Las cuatro capas culturales de Internet: la universitaria, la de los


hackers, la de las formas culturales alternativas y la empresarial

La primera capa cultural es, pues, la cultura universitaria tecnomeritocrática, es


decir, la cultura de la investigación por la investigación. Se trata de la apertura
de la investigación y de la idea de que lo más importante es la excelencia
académica y la excelencia de la investigación —obviamente, para esto no todo
lo que se hace tiene que ser abierto, comunicable, publicable y en protocolo de
comunicación. La primera cultura es la universitaria meritocrática.

El segundo nivel cultural, que surgió dentro de este primer grupo, fue el de
aquellos que vieron inmediatamente la posibilidad de llegar a fronteras de la
innovación tecnológica en una tecnología que nadie entendía muy bien en el
establishment y que ellos podían entender mucho mejor. Se trataba de la
cultura de lo que llamaron en los años sesenta en el Laboratorio de Inteligencia
Artificial (Artificial Intelligence Lab) del Massachusetts Institute of Technology
(MIT) los hackers. Los hackers no son los malos, originalmente; fueron los
medios de comunicación los que simplificaron el concepto. Los hackers no son
los que hacen cosas malas; los que hacen cosas malas —como entrar en
sistemas que no les corresponden, perturbar sistemas, enviar virus, entrar en
los ordenadores de los bancos, de los pentágonos— son los crackers. Éstos
son los malos, aunque hay crackers que, para mí, no lo son tanto; no es lo
Manuel Castells Sociedad de la información y cultura mediática

mismo robar a un banco que enviar un virus simplemente para hacer la gracia.
(No he dicho qué es lo bueno y qué es lo malo). Pero los hackers, como dice
Himanen en su gran libro The hacker ethic and the spirit of the information age
(Random House, Nueva York, 2001), son simplemente los que tienen la pasión
por crear. Para los que el placer del trabajo de creación es más importante que
nada más. Y lo que sostiene Himanen es que lo que fue la ética protestante de
salvarse mediante la acumulación de dinero como origen del capitalismo es, en
nuestro tipo de sociedad, la ética hacker de la pasión por el crear.

Por eso, el señor Linus Torvalds (www.cs.helsinki.fi/u/torvalds/) —que es uno


de los más famosos hackers— cuando, siendo estudiante de la Universidad de
Helsinki, en 1991, creó su gran sistema operativo que ahora llamamos Linux
(http://www.linux.org/), y que es la única alternativa que existe a Microsoft
(http://www.microsoft.com/), en lugar de hacer como éste —que es la
antiinnovación, lo anticultura y lo antihacker, es decir, es el monopolio de las
innovaciones de los otros—, actuó de modo totalmente contrario. Por eso los
hackers y Microsoft son incompatibles; son los luchadores de la libertad contra
el "imperio del mal". Linux, para resolver su problema de crear un programa
determinado, hizo medio programa y lo puso en Internet, con la siguiente
intención: "Yo les doy mi programa, y ustedes me ayudan y lo mejoran.
Condición: yo se lo doy gratis, con la condición de que ustedes todo lo que
inventen lo pongan gratis." Este fenómeno que empezó así, hoy en día tiene 40
millones de usuarios, y algunos de los principales gobiernos del mundo lo
utilizan. Y tiene esta pequeña ventaja: es gratis, está abierto a todo el mundo y
no hay apropiación comercial directa.

He aquí una afirmación empírica: todos los protocolos sobre los que está
basado Internet, desde el principio de Internet hasta ahora, son en código libre.
Todos están en la Red, los puede bajar y los puede utilizar quien quiera. Dos
terceras partes de los sitios web que nos proporciona Internet hoy en día están
basados en un programa que se llama Apache, que fue inventado y sigue
siendo mantenido y desarrollado por una cooperativa electrónica global de
gente que lo diseña y lo va perfeccionando y manteniendo. Uno por uno, todos
los protocolos, desde el protocolo fundador de Internet —el TCP/IP—, hasta los
últimos de ahora, son libres; todo esto es libre, software libre, organizado por
innovadores que lo hacen por el placer de crear. Y algunos hacen dinero y
otros, no. Linus Torvalds, como otros, podría ser Bill Gates, pero le aburre ser
Bill Gates. Le divierte mucho más hacer lo que hace y, cuando necesita dinero,
se va a trabajar a alguna empresa de Silicon Valley con su mujer y sus niñas, y
lo único que pide cuando le citan a algún sitio es que se le pague el billete en
primera clase para él, su mujer y sus dos niñas pequeñas. Él tendrá suficiente
dinero para tener una pequeña vida, más o menos realizada, pero no es el
dinero lo que le interesa; lo que realmente quiere es quedarse todas noches
creando su Linux y perfeccionándolo, que la empresa no le moleste, y que
simplemente le pague suficiente para vivir y seguir adelante. Esto es la cultura
hacker. Esta cultura ha sido decisiva en todo el conjunto de la revolución
tecnológica actual.
Manuel Castells Sociedad de la información y cultura mediática

"Todos los protocolos sobre los que esta basado Internet son en código libre.
Todos están en la red, los puede bajar y los puede utilizar quien quiera,
organizados por innovadores —los hackers— que los hacen por el placer de
crear"

La tercera capa cultural que formó la historia de Internet son las formas
culturales alternativas. La gente a quien no le gustaba esta sociedad y que
encontró en Internet la capacidad de encontrar formas alternativas de vivir. La
gente que salió de los años sesenta, pero sobre todo, setenta, de los
movimientos contraculturales y que vio Internet como un espacio de libertad.
Cuando las comunas físicas empezaron a ser problemáticas de mantener, las
comunas virtuales, en cambio, se convirtieron en lugares de libertad donde, a
escala mundial, se podían construir formas alternativas de vida, de
comunicación y, en último término, de política. Curiosamente, de toda esta
tradición, por un lado, se produjeron muchos de los instrumentos que hoy
utilizamos en Internet —chats, mutabilities, etc.— y, por el otro, esas personas
crearon la mayor parte de las formas del uso de Internet trabajando sobre los
códigos culturales de los hackers, pero distintos de éstos. Para los hackers, lo
importante es la creación tecnológica; para las comunidades virtuales lo
importante es la aplicación de la tecnología a la inclinación cultural, política y
personal. El último desarrollo de este tipo en los últimos años ha sido,
obviamente, la utilización masiva por parte del movimiento antiglobalización de
las formas de comunicación y de organización a partir de Internet. No se puede
entender el movimiento antiglobalización sin entender las formas de
organización comunitarias y de difusión de ideas y de debates a escala global:
de lo global a lo local y de lo local a lo global.

"Cuando las comunas físicas empezaron a ser problemáticas de mantener, las


comunas virtuales, en cambio, se convirtieron en lugares de libertad donde, a
escala mundial, se podían construir formas alternativas de vida, de
comunicación y, en último término, de política."

Y la cuarta cultura que se montó sobre todo esto, pero ya en los años noventa,
nació en el momento en que hubo la suficiente densidad de utilización y la
suficiente densidad tecnológica para crear la cultura empresarial. Es decir, los
empresarios con vocación de riesgo —la mayor parte de ellos jóvenes y
nuevos empresarios, pero también aquellos que, dentro de las grandes
empresas, las transformaron en sentido empresarial— que, sobre esta nueva
cultura, tratan de desarrollar innovaciones en el plano empresarial para ganar
dinero. Entonces sí, se trata de ganar dinero, pero sobre la base de la
innovación: la capacidad de innovar tecnológicamente, innovar el modelo de
negocio, innovar el producto.
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3. Internet: una cultura de libertad

Internet es, pues, la combinación de cuatro culturas que se apoyan


mutuamente. Cuatro culturas que son distintas, pero que se van reforzando,
que son unas responsables de las otras: la cultura universitaria de
investigación, la cultura hacker de la pasión de crear, la cultura contracultural
de inventar nuevas formas sociales, y la cultura empresarial de hacer dinero a
través de la innovación. Y todas ellas, con un común denominador: la cultura
de la libertad. Internet es y debe ser una tecnología abierta a todos, controlada
por todos, no apropiada privadamente —aunque se puedan apropiar algunos
usos específicos— y no controlada por los gobiernos.

"Internet es la combinación de cuatro culturas que se apoyan mutuamente: la


cultura universitaria de investigación, la cultura hacker de la pasión de crear, la
cultura contracultural de inventar nuevas formas sociales y la cultura
empresarial de hacer dinero a través de la innovación. Y todas ellas, con un
común denominador: la cultura de la libertad."

El hecho de que Internet sea una cultura de libertad apoyada en este sistema
de códigos culturales innovadores permite, por un lado, crear nuevas
condiciones de organización e innovación empresarial que están en la base de
la nueva economía. La nueva economía no es la economía de las empresas de
Internet, es la economía de las empresas que se reorganizan en redes y que
innovan en cuanto a la capacidad de nuevas formas de crear riqueza que sólo
es posible gracias a la tecnología en red. Internet es a la nueva economía lo
que fue el motor eléctrico a la economía industrial. Por tanto, no hablamos de
las empresas que hacen Internet, sino de las empresas que usan Internet para
organizar su funcionamiento en red a partir de la innovación empresarial. Así
pues, es completamente distinto a decir que son las empresas puntocom. No
son las puntocom; éstas eran un caso extremo. Son todas las empresas. Un
ejemplo muy típico de empresa de nueva economía en España es la empresa
Zara, que está ampliamente organizada en redes informáticas e
intercomunicadas con todo el mundo, a partir de su sede central en Galicia.

"La nueva economía no es la economía de las empresas de Internet, es la


economía de las empresas que se reorganizan en redes y que innovan en
cuanto a la capacidad de nuevas formas de crear riqueza que sólo es posible
gracias a la tecnología en red."

Estas empresas de la nueva economía se rebelan fundamentales porque —


contra lo que la gente cree— la nueva economía no sólo no se ha acabado,
sino que en estos momentos se está desarrollando más que en todo el mundo.
Manuel Castells Sociedad de la información y cultura mediática

Hay un dato en la prensa española decisivo: en el último trimestre del 2001, en


plena recesión americana y en plena caída de la actividad económica —que la
gente decía que era el fin de la nueva economía—, se da el primer caso en los
últimos 50 años de un aumento sustancial de la productividad económica
durante el ciclo bajo. Esto sólo ocurre históricamente en momentos de
extraordinario desarrollo de la productividad basado en la innovación. Que la
productividad aumente cuando la economía aumenta y baje cuando la
economía baja quiere decir que la productividad está aumentando por cosas
que no tienen nada que ver con la innovación. Que la productividad se
incremente en momentos de ciclo bajo quiere decir que, a pesar de cómo va el
mercado, a pesar de las incertidumbres, a pesar de que no se invierta y no se
expanda la economía, aquello que se invierte tiene una extraordinaria
productividad. Y esto significa un cambio productivo, que quiere decir que lo
que está cambiando son las fuentes de productividad —por tanto, de riqueza—
que están ligadas a tecnología, innovación y organización.

Así pues, Internet es una creación cultural que permite la creación de una
nueva economía y el desarrollo de la innovación y la productividad económica.
En fin, Internet, cultura de la libertad, la interacción y la participación expresada
tecnológicamente, crea una plataforma tecnológica que permite ampliar
extraordinariamente el intercambio artístico y cultural; permite la creación de
una plataforma de cultura en la sociedad y la expresión de la sociedad civil, y
una ruptura de los marcos institucionales de definición de la cultura y el arte
oficiales. Hoy en día, existe una extraordinaria afloración de expresiones
culturales y artísticas a escala global, pero también local, ligadas a Internet.
Para dar un ejemplo, el mundo está lleno de concursos de teselaciones, que
son creaciones gráficas basadas en la obra de Escher
(http://www.mcescher.com/), que es uno de los sitios de Internet más visitados
y populares hoy en día. A cada cual le puede gustar Escher o no, pero lo
importante es que hay miles de personas en el mundo que compiten en crear
teselaciones; desde gente sin ninguna capacidad artística, a otros mejores. Es
decir, lo que era un acotamiento del espacio cultural y de expresión artística en
centros oficiales, está explotando en un mundo de creatividad a partir del cual
unos se aprovechan para su placer, otros se aprovechan comercialmente y
otros, simplemente, ni se enteran. Pero se ha ampliado enormemente el
espacio público de creación cultural y artística. La idea de que estamos en una
sociedad con capacidad autónoma de creación cultural, de que los sistemas de
controles burocráticos que existían se están disolviendo en gran medida, de
que la plataforma tecnológica existe para que la autonomía cultural y social
tenga capacidad de maniobra, es una idea que se organizó tecnológicamente,
pero que nace de una serie de culturas que, en su interacción histórica, crearon
esa plataforma de innovación, Internet, y que representan los intentos de
innovación en la economía, de autodeterminación cultural y, en cierto modo, de
reconcretización en lo político.

"Internet es una creación cultural que permite la creación de una nueva


economía y el desarrollo de la innovación y la productividad económica."
Manuel Castells Sociedad de la información y cultura mediática

[Fecha de publicación: julio de 2002]

© Manuel Castells, 2002

© de esta edición: FUOC e ICUB, 2002


Manuel Castells Sociedad de la información y cultura mediática

IV. LA POLÍTICA DEL ESCÁNDALO

La política informacional en acción


Manuel Castells*

ÍNDICE

En la última década, se han visto sacudidos sistemas políticos de todo el


mundo y han sido destruidos numerosos dirigentes políticos en una sucesión
constante de escándalos. En algunos casos, se han derrumbado partidos
políticos atrincherados sólidamente en el poder durante casi medio siglo,
llevándose consigo en su desaparición el régimen político que habían
moldeado en su interés.

Entre los ejemplos importantes de esta evolución están los democristianos


italianos, que se desintegraron literalmente en la década de los noventa; el
Partido Liberal Democrático japonés, que se dividió y perdió el gobierno por
primera vez en 1993, aunque el Partido como tal sobrevivió y sigue gobernando
en coalición o en minoría; el Partido del Congreso de India que, tras gobernar
la mayor democracia del mundo durante cuarenta y cuatro años de los más de
cuarenta y ocho desde la Independencia, sufrió una derrota humillante en
beneficio de los nacionalistas hindúes en las elecciones de 1996, después de
un importante escándalo que involucró al dirigente del Congreso Narasimha
Rao, poniendo fin, en apariencia, a un sistema político construido en torno al
dominio incontestado de los sucesores de Nehru. Con la excepción de las
democracias escandinavas y unos cuantos países pequeños, no sé de ningún
país de Norteamérica, América Latina, Europa Oriental y Occidental, Asia o
África donde no hayan estallado en los años recientes importantes escándalos
políticos con consecuencias significativas y a veces dramáticas.

En unos cuantos casos, los escándalos se referían a la moralidad personal de


un dirigente (por lo general, un hombre impulsado de forma impropia por la
sexualidad o la embriaguez). Pero, en la mayoría de los casos, el tema era la
corrupción política, es decir, según la definición de Carl Edrich: «Siempre que
alguien ostenta el poder y está encargado de hacer ciertas cosas, esto es, es
un funcionario responsable u ocupa un cargo, inducido por recompensas
monetarias o de otro tipo, no legales, a emprender acciones que favorecen a
quienquiera que proporciona las recompensas y, por lo tanto, perjudican al
público y sus intereses». En algunos casos, los cargos gubernamentales sólo
tomaron el dinero, sin necesidad de correr. O eso creyeron. Desde el
presidente Roh de Corea del Sur hasta el de Brasil Collor de Mello y de
algunos miembros del ejército ruso o del Congreso de los Estados Unidos a
algunos altos cargos de gobiernos socialistas español y francés, oleada tras
Manuel Castells Sociedad de la información y cultura mediática

oleada de escándalos políticos relacionados con la corrupción se han


convertido en el ingrediente básico de la vida pública en todo el mundo en la
década de los noventa. ¿Por qué es así? ¿Son nuestros sistemas políticos los
más corruptos de la historia? Lo dudo. El uso y abuso del poder en beneficio
personal es uno de esos rasgos que consideraría propios de la «naturaleza
humana» si tal entidad existiera. Ésta es precisamente una de las razones por
las que la democracia se inventó y se convirtió en la forma de gobierno más
buscada, si no ideal. Entre bastidores, en las situaciones en que el Estado
controlaba la información, las elites políticas, tanto en los tiempos antiguos
como en épocas recientes, establecían alegremente su sistema impositivo
personalizado sobre sujetos y grupos de interés, estando las principales
diferencias en el grado de arbitrariedad de los sobornos y en la disfuncionalidad
variable de las contribuciones ocultas para la conducción de los asuntos
públicos. Así, una primera observación apunta al hecho de que la denuncia de
la corrupción podría ser precisamente un buen indicador de una sociedad
democrática y de la libertad de prensa. Por ejemplo, bajo la dictadura de
Franco, España sufrió el saqueo directo del país a manos del entorno del
dictador, comenzando con las famosas visitas de doña Carmen a joyerías
cuyos propietarios nunca se atrevieron a mandar la cuenta a su excelencia.
Ningún observador serio afirmaría que la corrupción política en España fue más
importante durante el gobierno socialista de la década de los ochenta que bajo
Franco y, sin embargo, mientras que durante la dictadura la corrupción era
sobre todo un cotilleo entre amigos de confianza, la vida política en la
democracia española de los noventa se vio alterada por completo por las
revelaciones y las acusaciones de corrupción gubernamental y conducta ilegal.
Es más, en las democracias establecidas desde hace tiempo, con libertad de
prensa, como en los Estados Unidos, la frecuencia de la corrupción política,
según se informa en la prensa, sube y baja, sin una tendencia clara a largo
plazo elaborada por Fackler y Lin para los cien últimos años. Sin embargo, hay
un aumento muy espectacular de información sobre la corrupción en tomo a la
época del Watergate de Nixon, precisamente el hecho que impresionó la
imaginación de periodistas y políticos por la posibilidad de hacer caer al cargo
más poderoso de la tierra, obteniendo y difundiendo información perjudicial. El
estudio histórico realizado por King sobre la corrupción política en Gran
Bretaña durante el siglo XIX muestra la capacidad de penetración del
fenómeno, que provocó la Ley de Reforma de 1867 para recortar esas
prácticas, según progresaba la democracia. Y Bouissou informa de que, en
1890, la prensa japonesa denunció un fraude electoral generalizado cuando el
periódico Asahi escribió que «quienquiera que compre estas elecciones estará
en venta una vez elegido». Además, en un análisis muy perspicaz, Barker ha
mostrado que, cuando los actos ilegales cometidos por los políticos no
proporcionan suficiente munición para desacreditarlos, otros tipos de conducta
(por ejemplo, el sexo impropio) se convierten en la materia prima del escándalo
político. Así, utilizando la serie internacional de Longman de escándalos
políticos, calculó que la proporción de escándalos políticos ilegales y no
ilegales para todos los países (73:27) se acercaba relativamente a la
proporción de los Estados Unidos o Francia, pero era muy diferente en el Reino
Unido (41:59), de tal modo que el sexo y el espionaje se habían convertido allí
en el equivalente funcional de las comisiones y los sobornos de otros países.
Manuel Castells Sociedad de la información y cultura mediática

La corrupción en sí parece ser menos significativa que los escándalos (esto es,
corrupción o fechorías reveladas) y su repercusión política.

Así que, ¿por qué ahora? Si no es probable que la corrupción esté en su punto
más alto de la historia, ¿por qué estalla en todos los medios y por qué afecta
de forma tan devastadora a los sistemas y actores políticos en la década de los
noventa? Hay diversos factores institucionales y tendencias macropolíticas que
han debilitado los sistemas políticos, haciéndolos más vulnerables a la
confusión creada en la opinión pública. La competencia política y la lucha por
influir en el centro del espectro político del electorado han minimizado el
contraste ideológico a medida que los partidos/coaliciones, una vez asegurado
su núcleo de partidarios, se esfuerzan todo lo posible por arrebatar los temas y
posiciones a sus adversarios. Esto se traduce en un desdibujamiento de las
posiciones políticas y en la tendencia, por parte de los ciudadanos, de ser más
sensibles a la fiabilidad de los partidos y candidatos que a sus posiciones ante
los problemas. La personalización de la política también centra la atención en
los dirigentes y en su carácter, con lo que se abre la vía para los ataques
precisamente sobre esas cualidades como forma de ganar votos. La potente
economía criminal global en ascenso se ha infiltrado en las instituciones
estatales de muchos países, con frecuencia en los niveles más elevados del
gobierno, lo que proporciona munición para crear escándalos y también se
utiliza la información para amenazar a los políticos y lograr su sumisión. Los
factores geopolíticos también desempeñan su papel: así, los sistemas políticos
italiano y japonés, organizados en tomo a la Democracia Cristiana y el Partido
Liberal Democrático respectivamente, se establecieron a raíz de la Segunda
Guerra Mundial con una ayuda e influencia considerables de Estados Unidos,
para instalar un baluarte contra el comunismo en dos democracias que eran
cruciales en el contexto de la guerra fría y donde los partidos comunista y
socialista eran fuertes. Las conexiones antiguas y bien conocidas de algunos
notables democristianos con la Mafia y de algunos liberales demócratas con la
Yakuza no fueron un obstáculo para el apoyo incesante de las fuerzas
internacionales e internas a esos partidos, en la medida en que su reemplazo
era una operación excesivamente arriesgada. En el contexto posterior a la
guerra fría, cada partido queda abandonado a su suerte, a los movimientos del
mercado político de cada país; la disciplina interna de los partidos se vuelve
menos estricta, porque es más fácil permitir una competencia feroz en ausencia
de un enemigo exterior. Guehenno también ha sugerido que, en un mundo de
estados-nación evanescentes y compromisos ideológicos inciertos, las
recompensas por ocupar un cargo ya no son diferentes de las ofrecidas en la
sociedad en general, es decir, en definitiva, dinero, como la clave de los
proyectos personales u organizativos, desde disfrutar de la vida hasta
proporcionar el sustento a la familia o ayudar a causas humanitarias.

Todos estos factores parecen contribuir a que los sistemas políticos sean
vulnerables a la corrupción. Pero hay algo más, algo que, en mi opinión,
cambia la naturaleza de los sistemas políticos en las sociedades
contemporáneas. Sostengo que la política de los escándalos es el arma elegida
para luchar y competir en la política informacional. El argumento puede
resumirse así: en general, la política se ha encerrado en el espacio de los
medios. Los medios se han vuelto más poderosos que nunca, tecnológica,
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financiera y políticamente. Su alcance global y su interconexión les permiten


escapar de los controles políticos estrictos. Su capacidad para hacer
periodismo de investigación y su autonomía relativa frente al poder político los
convierte en la fuente principal de información y de opinión para la sociedad en
general. No es que los medios sean el Cuarto Poder: son más bien el campo
de las luchas por el poder. La política mediática es una operación cada vez
más cara, encarecida aún más por toda la parafernalia de la política
informacional: encuestas, publicidad, márketing, análisis, creación de imagen y
procesamiento de la información. Los sistemas institucionales actuales de
financiación política no están a la altura de la tarea. Los actores políticos
padecen una infrafinanciación crónica y la brecha entre los gastos necesarios y
los ingresos legales ha aumentado de forma exponencial, y continúa
haciéndolo. Así pues, tras agotar todas las fuentes legales, las aportaciones
personales y los tratos comerciales, los partidos y los políticos suelen recurrir a
la única fuente real de dinero: contribuciones bajo cuerda del mundo
empresarial y los grupos de interés, a cambio, obviamente, de decisiones del
gobierno en favor de sus intereses.

Ésta es la matriz de la corrupción política sistémica, a partir de la cual se


desarrolla una red en la sombra de negocios e intermediarios. Una vez que la
corrupción se extiende y después de que unas cuantas personas añaden su
comisión personal a los canales de financiación política, todo el mundo de la
política y los medios de comunicación sabe (o cree que sabe) que, si se mira
de cerca y durante el tiempo suficiente, puede encontrarse información
perjudicial sobre casi todos. Entonces comienza la caza y los asesores políticos
preparan la munición para atacar o defenderse; los periodistas cumplen su
labor como informadores de investigación, buscando material para incrementar
su público y sus ventas; los mercenarios y chantajistas rastrean información
que pueda utilizarse en un posible soborno o para vender a las partes
interesadas. De hecho, la mayoría del material perjudicial publicado por los
medios es filtrado por los propios actores políticos o por intereses comerciales
asociados. Por último, una vez que se crea el mercado para la información
política perjudicial, si no existe suficiente material bien definido, pueden
aparecer las alegaciones, insinuaciones e incluso invenciones, dependiendo,
por supuesto, de la ética individual de los políticos, periodistas y medios de
comunicación. En efecto, la estrategia de la política de los escándalos no
pretende necesariamente dar un golpe inmediato a partir de un escándalo. Es
el flujo constante de varios escándalos de diversas clases y con grados
diferentes de verosimilitud, de la información seria sobre un incidente menor a
alegaciones dudosas sobre un tema importante, el que teje el hilo donde las
ambiciones políticas acaban estranguladas y los sueños políticos agotados, a
menos que se haga un trato, con lo que se retroalimenta el sistema. Lo que
cuenta es la repercusión final sobre la opinión pública, por la acumulación de
muchos impactos diferentes. Como en el antiguo dicho ruso, «no puedo
recordar si ella robó un abrigo o si se lo robaron a ella». El estadio superior de
la política de los escándalos es la investigación judicial o parlamentaria, que
lleva al procesamiento y, cada vez con mayor frecuencia, al encarcelamiento
de dirigentes políticos. Los jueces, fiscales y miembros de las comisiones de
investigación entran en una relación simbiótica con los medios de
comunicación. Protegen a los medios (asegurando su independencia) y con
Manuel Castells Sociedad de la información y cultura mediática

frecuencia los alimentan con filtraciones calculadas. A cambio, son protegidos


por los medios, se convierten en sus héroes y, a veces, en políticos de éxito
con su apoyo. Juntos, luchan por la democracia y un gobierno transparente,
controlan los excesos de los políticos y, en definitiva, sacan el poder del
proceso político, difundiéndolo en la sociedad. Al hacerlo, también pueden
deslegitimar a los partidos, a los políticos, a la política y, en última instancia, a
la democracia en su encarnación actual.

La política del escándalo, practicada en la década de los noventa contra el


partido socialista español en el gobierno ofrece una ilustración interesante de
este análisis. Tras la victoria socialista en las elecciones de 1989 (la tercera
consecutiva), una coalición de grupos de interés entre bambalinas decidió que
era el momento de poner fin al dominio incontestado de los socialistas en la
vida política española, un dominio que podía preverse que llegaría hasta el
siglo XXI. Para evitarlo, desde distintos ámbitos, se procedió a la demolición de
la influencia y la imagen socialista en la opinión de los ciudadanos. Esta
heteróclita coalición de intereses se vio favorecida por dos factores. Por un
lado, el factor fundamental sin el cual dicha estrategia política no hubiera sido
factible: la corrupción e ilegalidad que caracterizaron algunas actuaciones de la
administración, sobre todo socialista, por ser la que ostentaba más poder, pero
también conservadora (por ejemplo, en Burgos y en las Baleares). En
particular, la corrupción de altos niveles de la seguridad (Ministerio del Interior,
Guardia Civil) y de los altos niveles de la gestión económica (Gobernador del
Banco de España) pusieron en cuestión la integridad del conjunto del gobierno.
Y pronto se hizo evidente que los partidos políticos, y en particular el partido
socialista, recurrían a métodos ilegales de financiación.

Por otro lado, el periodismo de investigación, que se desarrolló en España en


las dos últimas décadas amparado en la protección judicial y en el nuevo clima
democrático, proporcionó un instrumento esencial para airear los trapos sucios
de cualquiera cuando conviniese. Una llamada de teléfono de algún
despechado en alguna trama, o la filtración interesada por alguna de las partes
implicadas ponía en marcha a avezados reporteros para quienes el
descubrimiento de un escándalo se convertía en un trampolín profesional.
La mayor parte de los escándalos antisocialistas fueron publicados inicialmente
por un periódico de nueva creación, El Mundo, un periódico de excelente nivel
profesional y escasos escrúpulos políticos, que nació con la mirada puesta en
la destrucción del gobierno socialista. Se ha especulado sobre qué intereses
podía haber tras tal empeño.

(...)

El análisis del proceso parece que debe hacerse en sentido inverso: el nuevo
medio de comunicación surge de una iniciativa personal empresarial que gana
un mercado que surgía en esos momentos: el mercado del cerco informativo a
la corrupción socialista. Su director y fundador es un profesional de relieve,
influido por el buen periodismo estadounidense, que decidió vengarse de su
expulsión de su anterior periódico, Diario 16, expulsión que él atribuyó a
círculos del gobierno. Una vez creado un instrumento de expresión que pronto
probó su eficacia, empezó a recibir «encargos», o sea filtraciones e
Manuel Castells Sociedad de la información y cultura mediática

informaciones confidenciales que, convenientemente aderezadas y dosificadas,


se convirtieron en campañas de denuncia que pronto cubrieron todo el espectro
de la administración socialista. Otros órganos de prensa, desde el conservador
ABC hasta el progresista El País, adoptaron una estrategia informativa similar,
adaptada a las estrategias político-comerciales propias de cada medio. A partir
de los datos del periodismo de investigación, así como de rumores presentados
como datos, publicaciones sensacionalistas y tertulias radiofónicas (en
particular en la cadena COPE, propiedad de la Iglesia Católica), bombardearon
a la audiencia con denuncias de todos los tonos, hasta que la televisión,
incluida la televisión gubernamental, se hizo eco de las mismas, difundiéndolas
a toda la opinión pública.

Aunque hubo diversos escándalos a lo largo de los ochenta, el punto inicial de


la campaña antisocialista surge en enero de 1990 con la denuncia (primero en
la prensa de Andalucía, luego en la de Madrid) del tráfico de influencias por
parte de uno de los hermanos del vicepresidente del gobierno y número dos del
partido socialista. Aunque las fechorías de este sinvergüenza de poca monta
no eran de gran importancia, y aunque los tribunales absolvieron al
vicepresidente de toda culpa, el «asunto Guerra» ocupó los titulares de los
medios españoles durante dos años, provocando, en enero de 1991, la
dimisión del vicepresidente, que se negó tozudamente a condenar en público a
su hermano. El caso Guerra fue, tácticamente, una brillante iniciativa para abrir
brecha en la credibilidad pública socialista porque en la defenestración política
del vicepresidente convergieron las fuerzas antisocialistas y los antiguerristas
del propio partido socialista, haciendo frente común en contra de la dictadura
interna que, según ellos, imponía el vicesecretario general desde el aparato del
partido. De modo que, por distintos caminos, se llegó a una casi unanimidad
mediática en la condena y censura de Guerra y del llamado «guerrismo» dentro
del partido. Pero esta fácil victoria fue el principio, no el fin, del proceso de
hostigamiento informativo al sistema de poder socialista, en último término
encarnado por Felipe González.

(...)

Por qué y cómo ocurrió en España este bombardeo antisocialista


mediático/judicial, que acabó cambiando el curso político del país, es un tema
complejo sobre el que no existen datos fiables más allá de las teorías
conspirativas simplistas de los propios afectados. Como siempre, la realidad es
más compleja que cualquier hipótesis reduccionista. Puede aventurarse que se
trata de una serie de factores entrelazados. Por un lado, y esto es esencial, hay
una materia prima: muchos de los hechos «escandalosos» tenían una base
real. La financiación ilegal de los partidos, de todos los partidos, es una
gangrena de la democracia y se traduce en el tráfico de influencias como medio
para mantenerse en el poder o para volver a él cuando se pierde. Al amparo de
la hegemonía socialista en todos los niveles de la administración florecieron
prácticas de corrupción de distinto tipo, desde el ladronzuelo municipal hasta el
tiburón financiero, y los controles fueron obviamente ineficaces en muchos
casos. Un factor significativo para entender la amplitud de la corrupción se
refiere a la cultura del dinero fácil (frecuentemente confundida con el triunfo del
mercado) en los años felices del auge socialista. Quienes estaban cerca de las
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fuentes de enriquecimiento pero no podían beneficiarse directamente tuvieron


que asumir una santidad cotidiana que era tanto más heroica cuanto la mayoría
de cuadros socialistas de la administración carecían de verdadera motivación
ideológica y eran, en su gran mayoría, recién llegados a la política, al
transformarse el PSOE en un partido de aluvión por su rápido éxito en los
albores de la democracia. Por otro lado, la escasa transformación del aparato
policial y militar heredado del franquismo tuvo su secuela no sólo en la
persistencia de prácticas de terrorismo de Estado, sino en la alianza de
dirigentes socialistas con un sector de dicho aparato contra el sector más
reaccionario, alianza por la que hubo que pagar un tributo: el de condonar en la
práctica, al menos en los primeros tiempos, la tortura, la venganza y la
represión policial al margen de la ley.

Sobre este trasfondo de actos ilegales o en los márgenes de la ley, y en todo


caso moralmente condenables por la mayoría de los ciudadanos, jugaron
estrategias de información/desinformación que conectaron los materiales
susceptibles de escándalo con la opinión pública mediante la utilización de los
medios de comunicación, que, a su vez, buscaron esos materiales, y su
difusión, como medio de acrecentar su influencia, sus ventas y su prestigio
profesional. Sí parece que hubo conspiraciones, si por ello entendemos grupos
de intereses organizados que diseñaron estrategias de difusión de
informaciones (verdaderas, falsas o medias verdades) para favorecer sus
intereses. Pero probablemente (no tengo datos comunicables para afirmarlo)
no hubo una gran conspiración, sino muchas conspiraciones parciales,
entrecruzadas, aliadas u opuestas según los momentos y según los casos.
Como mínimo, pueden identificarse las siguientes fuentes de «informaciones
escandalosas» en torno a estrategias políticas convergentes contra el poder
socialista:

-Las fuerzas conservadoras tradicionales, en un amplio arco que va desde los


restos del franquismo hasta importantes sectores de la Iglesia Católica,
incluyendo el Opus Dei.

-Las fuerzas políticas de derechas, que probablemente desempeñaron un


papel aglutinante en los años noventa, como instrumento de alternativa política,
en el que finalmente debían converger los efectos de la demolición de los
socialistas en la opinión pública.

-Las tendencias internas del Partido Socialista, pugnando entre sí para ganar
cuotas de poder y, sobre todo, para desprestigiar a los adversarios dentro del
partido en la opinión de Felipe González, líder indiscutible que en última
instancia decidía el reparto de las cuotas de poder. Tanto unas tendencias
como otras parecen haber desempeñado un papel importante en la filtración de
informaciones y en la predisposición de algunos medios de comunicación en
contra de la tendencia rival. En este sentido, no puede hablarse con propiedad
de una conspiración antisocialista, puesto que los socialistas también
conspiraron los unos contra los otros, participando en coalición con adversarios
del socialismo en contra de sus «compañeros de partido», en una buena
demostración de la fragilidad de las fronteras doctrinales como delimitación de
redes de poder.
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-La lucha entre grandes grupos financieros, en particular la lucha entre el


núcleo tradicional de la Banca española, aliado con el Banco de España, y los
advenedizos de la especulación financiera, de los que Mario Conde y su
Banesto eran un símbolo, pero cuyas redes empezaban a multiplicarse,
cercando a la oligarquía tradicional, en alianza con agentes especulativos
internacionales. Las alianzas cambiantes entre estos grupos financieros, los
medios de comunicación, los partidos políticos y las tendencias internas en el
Partido Socialista es un tema tan poco conocido como decisivo a la hora de
interpretar la recomposición del sistema de poder por la política del escándalo.

-Tampoco hay que olvidar el factor personal. Las rencillas y descontentos


acumulados a través de los años por quienes ven frustradas sus ambiciones
personales de medrar a la sombra del poder.

* Sociólogo español, profesor en la Universidad de California en Berkeley, fue,


entre otras múltiples actividades, consultor de la Unesco.