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Las 5 heridas de la

infancia
Herida de rechazo:
El adulto que tiene esta herida vivió experiencias
de rechazo en su niñez y tendrá la tendencia a
rechazarse a sí mismo y a los demás, también
rechazará experiencias placenteras y de éxito por
el profundo sentimiento de vacío interno y por
tener la creencia errónea de ser
”Poco merecedor.”
Culpa a los demás de ser rechazado y sin ser
consciente de ello, es él quien se a isla creando así
su círculo vicioso.
Herida de abandono:
La soledad se convierte en el peor miedo de quien
vivió abandono en la infancia.
Y su herida se convierte en su paradoja: “Quien
vivió abandono tenderá a abandonar
proyectos y parejas, hasta que haga
consciente su carencia y se haga
responsable de su vida y su soledad.
Y piensa: Te abandono yo, antes de ser
abandono por ti”.
Herida de humillación:
Los adultos que tuvieron experiencias de todo tipo
de abusos, incluyendo el sexual, o experimentaron
humillaciones, comparaciones o que fueron
ridiculizados, avergonzados por su aspecto físico,
por sus actitudes y/o comportamientos durante su
niñez, suelen llevar esa carga a cuestas y la
mayoría de las veces son seres inseguros, tímidos
e indecisos que en lo más profundo de su ser se
sienten culpables y no creen tener derechos
elementales, e incluso pueden dudar de su derecho
a existir.
Herida de traición:
El adulto con herida de traición será un
desconfiado empedernido, ya que no se permite
confiar en nada ni nadie.
Su mayor miedo es la mentira y buscará de manera
inconsciente involucrarse en situaciones en las que
irremediablemente será traicionado.
Cumpliéndose la profecía que él mismo decretó:
“No confíes en nadie, todo mundo
traiciona”.
La mayoría de quienes experimentan celotipia
tuvieron vivencias de traición en su niñez.
Herida de injusticia:
Experimentar la inequidad es el peor enojo de
quien tiene herida de injusticia, y es posible
identificar a quienes la han vivido en su niñez al
observar las reacciones desproporcionadas y
neuróticas ante alguna situación injusta.
Todas las personas en algún momento hemos
vivido o presenciado situaciones injustas, sin
embargo a quienes tienen la herida les es imposible
lidiar con ello y sus reacciones tienden a la
autodestrucción.
Una de las características más importantes es su
gran temor a equivocarse y su tendencia a buscar
la perfección, lo cual les trae mucha frustración y
su gran reto para sanar es buscar la flexibilidad y
la humildad.

Desafortunadamente, cuando nos negamos la


oportunidad de trabajar en la sanación de estas
heridas, estaremos repitiendo patrones
conductuales enfermos que a nosotros nos dañaron
en nuestra niñez y de forma inconsciente se
perpetuará el círculo vicioso del cual hemos huido,
dañando ahora a nuestros hijos.
Las heridas se muestran en nuestra comunicación
llena de chantajes, manipulación y control,
afectando así la calidad de nuestra relación con
ellos.