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SÉPTIMA PALABRA

“EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU”


(Lc. 23, 46)

Tanto amo Dios al mundo que entregó a su Hijo Unigénito”. Haciendo la voluntad del
Padre, Jesús ha abierto para el hombre las puertas de su misericordia. Se ha realizado lo
que el Padre pidió. “La prueba de que Dios nos ama, es que Cristo, siendo nosotros
todavía pecadores, murió por nosotros. Justificados ahora por su sangre, con cuánta más
razón seremos ahora salvos por él.

Es digno de admirarte Jesús, en la dolorosa situación de muerte, Jesús se dirige al Padre


con confianza y con amor, reafirmando su actitud de siempre ante la vida. Que hermosa
es la muerte cuando se pone la vida en mano de Dios, que alegría más grande saber que
la muerte no es más que un paso al mundo eterno, donde nuestro padre Dios nos recibirá
para vivir con él y para él.

La palabra de Dios es una invitación especial para los jóvenes, para entregar en las manos
del Padre, nuestros sueños, nuestros anhelos, nuestra esperanza, y nuestros deseos de
construir un mundo cada vez mejor para amar Dios ante todas las cosas.

No tengamos miedo de entregarnos a Dios, procuremos cumplir la armonía de los 3


lenguajes: el de la cabeza, el del corazón y el de las manos; donde el lenguaje de la cabeza,
significa clarificar nuestras ideas; lenguaje del corazón, no dejarse encerrar por ningún
egoísmo, y el lenguaje de las manos, que todo lo que su dinamismo, creatividad, acción
y trabajo, despliegue cercanía experiencia con Dios que tendió su por la humanidad.
Jesús crucificado:

Te adoramos desde nuestra fe, con todo el ardor del corazón, te decimos las palabras de
Pedro: Tú sabes que te amamos. Tú eres nuestra esperanza. Danos tu espíritu para
construir una humanidad nueva, despojada de sus vicios y de sus crímenes; que borre de
su historia las páginas que han sido causa de sufrimiento.

Danos un corazón nuevo que cure las heridas que las fuerzas del mal y del pecado van
dejando en la sociedad y en el hombre. Que seamos hombres nuevos que tengamos el
ardor necesario para hacer nuevas todas las cosas. Contritos y humillados te pedimos
perdón por nuestras errores y pecados.

Desde la cruz bendita, intercede por nosotros, líbranos de todo mal, ayúdanos a curar
tantas heridas y a empezar una vida nueva. Que la paz, fruto de la justicia, brille en todos
los horizontes, y que la iglesia siga siendo un signo de reconciliación y fraternidad.

Padre misericordioso, por medio de Jesucristo, que es nuestro intercesor, imploramos tu


misericordia sobre nosotros y sobre nuestra Patria afligida. Bendícenos con tu bendición
de paz. Tú que eres el señor de la paz: Concédenosla. Señor Jesús: Hijo de Dios Altísimo,
redentor del Hombre, Salvador del Mundo, Tú que perdonas todos los pecados, ten
compasión de nosotros.
ORACIÓN POR LOS JÓVENES

¡Padre Santo! te pedimos por los jóvenes,


que son la esperanza del mundo.
no te pedimos que los saques de la corrupción
sino que los preserves de ella.
¡Padre! No permitas que se dejen llevar
por ideologías mezquinas.
que descubran que lo más importante
no es ser más, tener más, poder más,
sino servir más a los demás.
¡Padre! Enséñales la verdad que libera,
que rompe las cadenas de la injusticia,
que hace hombres y forja santos.
Por en cada uno de ellos, un corazón universal
que hable el mismo idioma,
que no vea el color de la piel,
sino el amor que hay dentro de cada uno.
Un corazón que a cada hombre le llame hermano,
Y que crea en la ciudad que no conoce las fronteras,
Porque su nombre es universo, amistad, amor, Dios.
¡Padre Santo! Cuida a nuestros jóvenes.
Amén