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Informe de lectura “Modelo del mundo de los griegos”

Daniel Vanegas Mesa


Cristian Grajales Flórez
Cristian Vásquez
Comienza diciéndonos que un maestro experto en los griegos le expresó su
extrañeza porque éstos últimos penetraron el mundo con una profundidad
investigativa enorme, pero, aparte de esto, había algo invisible y misterioso que no
los dejaba –no nos dejaba- avanzar, tropezándose con una pared. Para mencionar
una prueba de esto el autor menciona el sentido de lo infinito en la manera de
configuración del cosmos. En su configuración se atienen a “lo finito, visible,
concluso y toman muy poco en consideración lo que pueda haber afuera”.
Su visión hacía la Naturaleza era más que todo contemplativa, sin embargo
conocieron el experimento pero no hicieron mucho uso de este, este que desde el
renacimiento determina nuestra actual explotación de la Naturaleza. A pesar de
poseer los medios para un desarrollo de la organización configurada como
actualmente se observa, es decir, con la división del trabajo y la especialización.
Añádase a esto que la esclavitud hubiera ofrecido la posibilidad para ello. Así, de la
técnica de los griegos no surgió ninguna industria en el sentido moderno. Ahora
bien, también parece haber dominado un peculiar tabú en el hecho de que los
griegos no pusieron atención a muchos inventos técnicos que se le insinuaban a
ellos mismos, en este punto el autor da un ejemplo, el de sus anillos de sellos y su
braceaje disponían ya el principio de la impresión, pero ellos no inventaron la
imprenta; el autor concluye que se podrían multiplicar los ejemplos.
Cabe entonces preguntarse por qué a pesar del impulso vehemente de avanzar en
los griegos, hay tal detenimiento, y la respuesta yace en la esencia de la
peculiaridad griega, en la esencia de la consideración particularmente griega del
hombre y del mundo. Lo positivo para los griegos es el límite (perás) y la medida
(métron), para lo visible, lo dado, frente a lo inasible, lograble solo por extrapolación.
Werner Jaeger ha llamado a los griegos Anthropoplastas1, y el autor dice
complementariamente que en relación a la totalidad de la vida y del mundo fueron
Cosmoplastas. “Y en su Cosmoplástica como en su Antropoplástica trabajaron,
probaron e hicieron con la máxima penetración al hombre, la vida y el mundo en su
breve existencia terrenal. Sin embargo, en la elaboración de su imagen del mundo
y del hombre tendieron siempre a una totalidad, finitud, visibilidad a lo que se puede
abracar con la vista, a lo que se centra en sí mismo”.

1
"Hombre que se puede modelar a sí mismo" (concepto griego); lo relacionamos con edudaxato.
Justo es decir que Cosmos originalmente significo orden, tanto de los ejércitos como
de la ciudad, y se convirtió en el proyecto ordenador de la totalidad del mundo,
“orden en cuanto a orden visible, vivo, bello, santo”. Pues lo ordenado les valía a
ellos ya como bello, y el secreto reinar de la Physis, Naturaleza, este permanente
producir configurador y re-configurador de forma por forma en nuestro derredor y en
nosotros, era santo para ellos, este motivo fue el que les impidió aplicar en su
investigación de la Naturaleza lo que restringe a la Naturaleza, es decir, el
experimento que la somete a un planteamiento aislado y delimitado. Pero lo bello y
lo ordenado exigía a su vez delimitación, exigía medida, tal como lo dijo Aristóteles:
algo súper grande no puede considerarse bello, así como tampoco lo minúsculo. En
conclusión, “el contemplar era para los griegos únicamente el mero percibir de lo
que está ahí inmediatamente. Contemplar consistía para ellos en el puro y seguro
captar el fenómeno visible con el sentido corporal de los ojos, pero de manera tal
que, al mismo tiempo, el ojo espiritual, Nus2, perciba la estructura de las relaciones
y referencias interiores, que construye y constituye la cosa.
Este sentido vivazmente contemplativo del orden impidió a los griegos ocuparse
demasiado con la finitud de la vida y del mundo; el autor dice que tal vez se pueda
definir la totalidad ni más ni menos en el sentido de los griegos como la vislumbre
de lo universal en lo finito.
La idea del autor es mostrar la configuración del mundo griego como un modelo que
da unidad a los diversos conocimientos de los griegos. Lo característico de este
modelo, es la duplicidad, es decir, ilustraba simple asiblemente las verdaderas
relaciones internas de las cosas, sin la pretensión de agotarlas realmente en su
verdad entera. Importa observar en estos momentos que la noción de modelo es
bastante griega. “Lo que llamamos modelo en el primer sentido indicado, lo llamaron
los griegos Parádeigma. La otra significación, según la cual el modelo no reproduce
exhaustivamente lo verdadero, pero mantiene la apariencia de lo verdadero de tal
manera que en él se puedan exponer justamente ciertas relaciones fundamentales
y referencias, habla del griego de imagen, Eikón. Correspondientemente a lo
provisional del modelo propiamente tal, esta <imagen> es más débil, incompleta,
limitada frente a la verdad entera, inagotable, pero conserva ahí la respectiva
referencia adecuada del hombre a lo verdadero. (…) Bien entendido, lo
paradigmático de los griegos significa primeramente el sentido de los griegos para
el configurar y el seguir modelos en la significación doble ya indicada, y fue la
filosofía de Platón la que dio al modelo, el carácter de un arquetipo espiritual, que
muy condicionalmente puede lograrse en la reproducción terrenal”.
Llegado a este punto, el autor nos informa que va a esbozar a grandes rasgos el
carácter modelo de la consideración griega del mundo y del hombre, y toma

2
Es un algo que no se puede ser representado, ese algo es TODO como ALMA del mundo. El Nus es entonces
la mente del universo, LA MENTE RECTORA DEL COSMOS; El NUS que gobierna todo.
solamente tres campos entre todos: a) la imagen del mundo cósmica; b) La imagen
del hombre griega (que incluye la imagen del estado); c) La noción de dios griega.
a) Imagen cósmica del mundo: La tierra es un disco liso, rodeado por la
corriente del mundo, el Océano, sobre él el gigantesco hemisferio del cielo
(que está formado de materia firme, mineral), debajo de él en igual dimensión
y distancia el Tártaro, que se diferencian porque el espacio superior del cielo
es un espacio de luz, el Tártaro en cambio es un espacio de tinieblas.
Hesiodo dice que un yunque lanzado desde el cielo necesitaría para su viaje
a la tierra DIEZ días, y tantos días también para su viaje al fondo del Tártaro.
En Anaximandro de Mileto el disco liso de la tierra se extiende hacia arriba y
hacia abajo y se convierte provisionalmente en cilindro. En el círculo de los
pitagóricos se conoce entonces lo decisivo, que la tierra no es ni un disco ni
un cilindro sino un globo que está suspendido inmóvilmente en el centro de
una gigantesca bola hueca, que es el cielo que consiste en éter, un material
duro y transparente.
Anaxágoras parte de la idea de que todo es por la idea de una cantidad de
martes mínimas, cualitativamente diferente, él las llama Homoiomerien y es
de la opinión de que un principio divino, el Nus, las ha revuelto tan largo
tiempo hasta que de ella surgieron las cosas que son. Leucipo dijo que nada
surge por casualidad, sino que todo surge a base de la ratio (logos) bajo el
efecto de la necesidad (Anánke). Es la forma en que entre los griegos surge
por primera vez la idea de nuestra “ley natural”; nuestros físicos atómicos
modernos suelen invocar a Leucipo y Demócrito como héroes tutelares.
Lo más grandioso del mundo de los griegos es que busca abarcar desde lo
más pequeño hasta lo más grande en una visión intelectual unitaria. Platón
planteo algo que se adelanta a nuestros físicos cuando coloca al átomo como
estructura espacial inmaterial pura, y, sin embargo, matemáticamente
diferenciada. Y eso es en principio ciertamente lo mismo que nuestros más
modernos físicos atómicos pueden decir sobre el átomo: que es pura
“estructura sin sustancia”, con la significativa diferencia de que lo que para
Platón, auténticamente griego, es pura estructura espacial geométrica, es
para nosotros, forma funcional de energía. Él se convierte en precursor de
nuestra actual física atómica por la convicción tomada en la determinación
matemática fundamental de lo que es, tanto en lo mínimo como en lo máximo.
b) La imagen del hombre griega: Homero nos habla del cuerpo, que es la
pluralidad de los “miembros”, en estos miembros vive el hálito, la Psyché, y
de entre aquellos miembros se destacan ante todo aquellos órganos internos
en lo que hacen perceptibles inmediatamente los movimientos del ánimo del
hombre. El corazón (étor) golpea y salta en la excitación, el diafragma
(phrénes) se encoge convulsivamente. Se lo considera precisamente
también como la sede del pensamiento. Pero ante todo ahí está, llenando
todo el pecho, aquel bullir y fluctuar de thymós que es el ámbito de aquellos
impulsos y movimientos internos, por cuya fuerza, pureza y grandeza el alto
hombre se diferencia del bajo. Es aquí ciertamente donde atacan los poderes
peligrosos al hombre realmente como un poder extraño y, por justa y noble
que sea, lo enceguece y lo lleva a la desgracia.
Hay en Homero la sospecha de una totalidad abarcadora del hombre. Esta
se expresa ingenua-concretamente, en la fórmula de que alguien es
igualmente virtuoso con sus “brazos” como en el “consejo”. En esta
duplicidad de brazo y consejo, de obra y palabra o de fuerza y espíritu se ha
trazado anticipadamente un primer modelo del hombre entero constituido
dualísticamente.
Para Platón el hombre se expone en dos aspectos: alma (psique) y el cuerpo
(soma), y para él, la personalidad yace en el alma., la teoría del alma se
vuelve entonces la teoría propia de la personalidad del hombre. Platón
elabora su conocido modelo del hombre en su teoría del alma, que está
constituida en tres estratos: I) abajo la parte apeteciente (epithymetikón) sin
la que no puede haber vida física; II) en la mitad lo animado, el ánimo
(thymoeidés), la sede del bullir y el fluctuar en nosotros, de la que emergen
los impulsos para la acción; III) y encima, por parte dominante el Logistikón,
aquella parte en el hombre, que tiene la palabra, el lenguaje y con ello el
pensar. Este modelo del alma, que de otra manera conduce a Platón a su
imagen del carro del alma, fue modificado levemente por Aristóteles, quien
en su teoría del alma coloca en la parte baja un elemento vegetativo, luego
el elemento perceptivo y encima de ello aquel elemento espiritual que tiene
la palabra, el lenguaje y el pensar. En las diversas formas de vida tiene una
relación con esto: abajo la vida esta entregada al gozo, luego viene la vida
activa y encima de ellas la vida de la contemplación espiritual. Sin embargo,
el hombre se realiza en cuanto un ser de la comunidad (zóon polotikón) en el
Estado. Los griegos inventaron la clara forma del modelo de la polis: una
totalidad vital política, “armónicamente abarcable” como dice Aristóteles, en
la que las distintas aspiraciones de los distintos grupos del pueblo se acoplan
en una totalidad armónica y extraordinariamente rica en tensiones. En este
fundamento Platón desarrolla en armonía con su modelo del alma el modelo
del Estado perfecto. “Este estado ha de entenderse como modelo, no como
Utopía”. También este estado está constituido en una estratificación triple de
manera tal que a la parte apeteciente del alma humana corresponde en el
Estado la clase de los que buscan oficio; a la parte del ánimo en el hombre,
la clase de los defensores del Estado, los guardianes; y a la parte racional
del alma, el estrato de los realmente sabedores. Platón los llama filósofos.
Estos últimos en el estado tienen que ser los dominadores, y en cuanto
Filósofos-Reyes deben encarnar la hasta hoy no alcanzada armonía de
intelección y poder.
El alma individual debe ejercer dominio de la parte racional sobre la parte
apeteciente y la del ánimo, para encarnar con ello lo que Platón en relación
con el hombre individual llamó la Dikaiosyne, la “justicia”. Esta consiste en
que, regulados por la mirada a las protoformas y modelos divinos de lo que
es, por las ideas, cada estrato en el Estado y cada parte en el alma del
hombre, en vez de considerarse cada uno como la totalidad, más bien hagan
lo suyo en su sitio. Si esto se lograra en ambos (hombre y estado) se
garantizaría la armonía que conserva la vida y que garantiza la vida en
bienestar (eû zên), y en el cual cada uno opera en su parte hacia la totalidad.
El hombre formado en este modelo, Platón lo considera libre e independiente.
El autor pone como ejemplo el famoso coro de Antígona, el hombre
impulsado por la Tólma, la osadía, que por una parte es el ser humano más
lúgubre, pero que, por otra parte, en su enlazamiento en el derecho y la ley
de los dioses se puede elevar a ser el más potente de todos los seres vivos.
A continuación nos dice que a manos de Tucídides se pone en relieve que
“entre los ateniense cualquiera se encuentra en capacidad de afirmarse en
las más diversas direcciones, con gracia y en plena seguridad, como sóma
aútarkes”, como persona autárquica, como hombre de personalidad. <Es casi
innecesario decir que este hombre independiente no es en modo alguno el
desatado que con ello se convirtió en la “medida de todas las cosas”. A esta
frase sofista Platón contrapuso esta otra frase: “la medida de todas las cosas
es solamente dios”. Y así, la más alta distinción del modelo griego del hombre
es quizá que ve y expone la libertad del hombre polarmente en la relación
con su abarcamiento por los poderes de la Naturaleza y el cosmos y, con
ello, de lo divino.
c) La noción de lo divino en los griegos: con nociones mágicas, nociones de
una infinita compenetración de la Naturaleza que rodea al hombre con
poderes en parte benéficos, pero más bien amenazantes, de los cuales se
puede proteger y aprovecharlos a su favor mediante la magia. También la
noción griega de dios fue por eso originariamente animálica, grotesca, como
en el resto de la tierra. “Pero pronto se elevó a figura de hombre, y en lugar
de lo grotesco apareció no el dios sin imagen, sino el dios conservado en la
imagen y en la imagen elevado a la belleza”. La belleza es desde entonces
la forma de aparición de dios, no porque lo divino sea bello, sino porque la
belleza es el vislumbre de lo divino, y a esta belleza se juntó el sentido. “Así
llegó Jenófanes en el siglo sexto, en consiente contraposición a la imagen de
dios en Homero y de la vieja leyenda, la concepción de un dios total que es
<único y máximo entre los dioses y los hombres. Ni por su figura ni por su
mentalidad se asemeja a los mortales. En cuanto vé todo, percibe y oye, e
indevenido y aun inmóvil, hace oscilar el todo sin esfuerzo, solo por fuera del
espíritu>.
Por otro lado Aristóteles ve en lo divino el modelo de dios como el primer
motor inmóvil. Todo esto dado con el hecho de que dios es lo más alto que
el hombre encuentra en sí mismo como lo más alto y más noble: Nus, espíritu,
visión intelectual, pensante.