Anda di halaman 1dari 4

• Explique en qué consiste una práctica etnográfica colonial y otra no colonial.

Etnografía colonial

Desde los inicios de la antropología, esta y especialmente la práctica en la que se fundamenta (la
etnografía) han funcionado bajo una lógica colonial, diseñada e influenciada por la ideología
reinante en los países industrializados que se fueron expandiendo a las periferias aunque en esto la
etnografía jugó un papel esencial, pues a través de ella se conocían los pueblos ajenos a los cuales
se querían incursionar.

Siendo de esta manera la influencia de los etnógrafos ha venido cargada en los escenarios donde se
desenvuelve de un estándar ideológico, el estándar de su origen, tal como lo plantea Adriano “Es
posible afirmar, entonces, que el discurso etnográfico sostiene, cruza y legitima gran parte de la
autoridad (y del autoritarismo) de la episteme occidental” (2014, p. 16). Lo que conlleva a que los
procesos donde se desenvuelva la etnografía colonial impliquen siempre su comparación y
validación en tanto el conocimiento científico, histórico y social occidental.

Como consecuencia de esto, la etnografía colonial se basó en la jerarquización de las culturas que
observaba, estableciendo así un mejor y peor, pero el cuál apuntalaba a las sociedades occidentales
como el ideal, el estándar y el punto de llegada del llamado “progreso”, entre tanto los etnógrafos
des humanizaban los individuos, convirtiéndolos a ellos y sus culturas en objetos de investigación,
por lo cual dejaban a su vez de lado el conocimiento que estos podrían aportar, y se limitaban a
inferiorizarlos al compararlos con las “civilizaciones” pues es a partir de allí, de la identificación de
las similitudes o diferencias, de donde provenía su quehacer, nada era más importante que analizar
no desde, sino con respecto a; tal como lo plantea Adriano:

“el discurso etnográfico colonial implica enfrentarse a modos singulares y específicos de


construcción de límites culturales y antropológicos, de clasificaciones y de órdenes
taxonómicos, de tipologías que intentan poner freno a la proliferación constante de la
diferencia que produce el “encuentro” con la alteridad” (2014, p. 20)

La etnografía colonial articulará entre sus saberes entonces esa necesidad de clasificar al otro,
poniéndolo en una posición de desigualdad, es a través de la idea de las razas, de la religión, del
lenguaje, de la sexualidad, que se empieza a construir entonces un discurso de lo que debe ser ( por
medio de la historia y cultura conocida por los etnógrafos) y lo que es pero no debería, como se
evidencia al interactuar con comunidades donde las relaciones sociales, las prácticas sexuales y el
lenguajes escapan a la “normalidad” lo que causa que poco a poco se construyan prejuicios y
desaprobaciones.

Finalmente en la etnografía colonial, resalta la intencionalidad de control que se hace tangible desde
la invisibilización del otro como sujeto, hasta la minimización que se le da a los componentes de esa
cultura y por medio de “sus órdenes taxonómicos, se trazan programas de control y normalización
de esa misma diferencia” (Adriano, 2014, p. 47) como se puede apreciar hoy en día cuando bajo el
argumento del desarrollo o del progreso, se arremete contra la cultura, la ideología, la creencia y la
infraestructuras de grupos étnicos que aún conservan sus raíces fundacionales a diferencia del resto
de las sociedades occidentalizadas por la modernidad.
Etnografía decolonial

Al hablar de una práctica decolonial como tal, se hace referencia a la deconstrucción,


transformación e inclusión de una práctica que desde sus inicios ha estado influenciada por unas
estructuras de poder y saber, la imposición de jerarquías. A esto se le suma “los Estudios Culturales,
que es un aporte para descolonizar la mirada objetivante, exotizante instrumental que la vieja
antropología ha mantenido sobre la cultura.” (Guerrero, 2010, p. 116) Es ir más allá de ese
paradigma eurocéntrico que regula el cómo debe conocerse, qué puede conocerse y lo califica a su
vez como valido o no.

Es así, como se construye más específicamente desde Latinoamérica una forma de hacer etnografía,
que reconoce la multiculturalidad que compone su sociedad dejando de lado esas enseñanzas
hegemónicas para empezar a integrar en su quehacer, sea desde la antropología o desde otras
ciencias sociales que se valen de esta metodología, los siguientes elementos:

En primer lugar se encuentra el cambio de la concepción de estudio etnográfico, pues se rompe con
la idea de que la cultura y los individuos que la integran son los objetos, y se pasa a darles el carácter
de sujeto como lo plantea Guerrero:

“Hoy tenemos claro que el trabajo antropológico no construye ‘objetos de estudio’, pues se
lo realiza con sujetos sociales concretos. El ser humano no es ni puede ser un objeto de
estudio. Los antropólogos no estudiamos a los seres humanos como tales ya que esto, desde
perspectivas éticas y políticas, sería cuestionable” (2010, p. 120)

No solo a partir de esto se reconoce la humanidad e importancia de los sujetos en la etnografía, sino
que en lo decolonial, también se le da importancia a su saber, a sus acciones y se comprenden estas
mismas no como una forma de saber o existir no equiparable a los saberes occidentales
tradicionales “cuyo objetivo es develar los universos significantes, significados y significaciones que
los actores sociales ponen en juego en su vida cotidiana y que otorga sentido a su ser y estar en el
mundo y la vida” (Guerrero, 2010, p. 121).

Ya que no es solo darle cabida al componente cultural dentro del ámbito de la academia, es darle el
lugar que se merece, alejándolo de términos peyorativos como folclor en relaciona al conocimiento
científico, que a su vez se ha erigido como el único conocimiento real, en las esferas sociales, por lo
cual, con el reconocimiento de la misma condición de sujeto y con el reconocimiento de su saber
“Se plantea una etnografía que permita mirar a las expresiones culturales alejadas de la mirada
exótica que las transforma en mero folclor, sino, como prácticas sociales en las cuales los individuos
y las sociedades se interrelacionan en diversos planos” (Guerrero, 2010, p. 122). A partir de allí se
abre el camino para que a través de la etnografía decolonial, se reconozcan primero que todo, las
formas de saber como formas tradicionales e igualmente verídicas y validas al construir
conjuntamente ese saber con los sujetos presentes y adicional a esto permiten la construcción de
una comprensión más apropiada de la realidad en la que vive Latinoamérica, una realidad ahora no
solo analizada desde el conocimiento que se ha instaurado por extranjeros, sino también una
realidad comprendida desde sus particularidades, sus propias costumbres y desde la cual se pueden
identificar los escenarios que le permitan apropiarse de todo su potencial y no limitarse a la copia o
comparación con unos “estándares” que le han de tachar como poco desarrollados e inferiores en
una escala construida por otros y a partir de otros.
¿Cuál es la relación de las ciencias sociales y en particular de la antropología con el Colonialismo?

Debido a que las ciencias sociales poseen una relación fundacional con la modernidad acorde a lo
planteado por Wallerstein “La ciencia social es una empresa del mundo moderno” (2007, p. 4), se
evidencia también una relación innegable entre ciencias sociales y colonialismo, ya que “a la
modernidad le es inherente y constitutiva la colonialidad; y no hay, no puede haber, la una sin la
otra.” (G.E.L., 2010, p. 3). Así vemos como necesariamente la modernidad a su vez se encuentra
respaldada en un proceso que aunque cabe aclarar, la colonialidad no es lo mismo que el
colonialismo, sí es a partir del proceso colonial que se inició en el siglo XV aproximadamente, que
se construyó el poder de los países, de las regiones occidentales, basándose en toda la ideología y
el aprovechamiento tanto de los recursos como del imaginario y la fuerza de los países que habían
sido ocupados por un quinteto, que más adelante en el siglo XlX daría origen o perfeccionaría lo que
ahora llamamos ciencias sociales.

“Somos fieles al mito moderno gestado desde la versión que aprendimos de la conquista
y la colonización. De ésta, interiorizamos la aceptación de que existen unas culturas
superiores o más desarrolladas y por oposición otras inferiores, rudas, bárbaras e
inmaduras.” (Gómez, 2015, p. 6)

Podemos apreciar entonces, como la importancia de la estructuración de una jerarquía a nivel


mundial, basada en la “superioridad” tecnológica, e incluso intelectual, logra más adelante en
la historia la complejización de los estudios a base de comprender tanto las dinámicas, lógicas
y comportamientos de las sociedades “civilizadas” como el interrogante que era para sí mismos
su comparación con los otros individuos que diferían de ellos no solo en lo físico, sino que a su
vez, la organización política, económica e ideológica estaba fuera de su comprensión.

Entrando ya al terreno de la antropología, el colonialismo se puede considerar su padre, al lado


de la modernidad que como ya vimos mantienen una relación innegable. Si bien para las otras
ciencias sociales la existencia del mundo colonizado era un complemento o un factor externo
al desarrollo de sus disciplinas. La antropología no solo enfocó su quehacer y sus técnicas en
dicha parte del mundo, sino que además pasó a fundamentar sus desarrollos, propuestas y
resultados en el estudio de estos así como dice Wallerstein:

“Había pueblos que vivían en grupos relativamente pequeños, que no tenían archivos
ni documentos escritos, que no parecían participar en un sistema religioso de gran
alcance geográfico y que eran militarmente débiles en relación con la tecnología
europea. Para describir a esos pueblos se utilizaban términos genéricos: en inglés
generalmente se les llamaban “tribus”” (2007, pp. 23)

Allí también se aprecia cómo desde las mismas descripciones, la antropología le tomó a estos
grupos sociales como otro, pero no otro cualquiera, sino otro inferior, otro que más adelante a
través de la observación y la interacción, daría pie también para entender y así perpetuar desde
la antropología, la condiciones de colonialidad que perduran aun en el escenario
latinoamericano.
Dejando esta labor colonial de lado o más bien controladora, vale también decir que la
existencia del colonialismo, de las colonias en las periferias de occidente, permitió a la
antropología también abrir el escenario intelectual y académico para la comprensión de un
mundo compuesto por otras realidades, no necesariamente mejores, pero sí existentes como
alternativas al proceso histórico y desarrollista que se había llevado en la cuna de las ciencias
sociales. La labor de los viajeros y la recolección de datos, se convirtió en ese entonces, en una
de las primeras profesiones que se podría decir se globalizó por su pertinencia y conocimiento
de ambos contextos.

Bibliografía

Guerrero Arias, P. (2010) Métodos etnográficos: aportes de la antropología y los estudios culturales.
En J. E. Juncosa. Etnografías y actorías sociales en América Latina (pp. 111 – 195). Quito: Abya –
Yala. Recuperado de
https://dspace.ups.edu.ec/bitstream/123456789/10955/1/4%20Metodos%20etnograficos%20en
%20uso%20y%20discusion%20en%20la%20antropologia%20y%20los%20estudios%20culturales.p
df el 6 de mayo de 2018

Adriano Solodkow, D. M. (2014). Etnógrafos coloniales: Alteridad y escritura en la conquista de


américa (siglo XVl). Madrid: Iberoamericana.

Gómez-Hernández, E. (2015). Trabajo Social Decolonial. Recuperado de


http://www.fts.uner.edu.ar/secretarias/academica/catedras_en_linea/tfoi/2017/Trabajo%20Socia
l%20decolonial%20Esperanza%20Gomez-Hernandez%20%20octubre%202015%20(1).pdf

Grupo de Estudios para la Liberación (G.E.L.). (2010). Breve introducción al pensamiento


descolonial. Andendigital. Recuperado de http://andendigital.com.ar/descolonialidad/58-
descolonialidad/112-breve introduccion-al-pensamiento-descolonial el 6 de mayo de 2018

DANI, SACA LA BIBLIO DE WALLERSTEIN DEL TRABAJO 2, YO NO LO TENGO COMPLETO