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Crianza, Educación y Valores:

15 de junio de 2013 a la(s) 14:00


Los valores se aprenden mirando, escuchando, participando de relaciones humanas, como
se aprende un idioma, como se establece un vínculo de apego, en el día a día, en la
interacción, en la comunicación. Por lo tanto los cuidadores no sólo comparten su idioma y
su patrón de apego, sino también su sistema de valores, su sistema de creencias y su
espiritualidad.
Antes del año el bebé da un gran salto al mundo intersubjetivo al lograr inferir intenciones
en las conductas de sus cuidadores, este fenómeno se denomina el giro intencional o
intersubjetividad secundaria, esta habilidad permite comenzar tempranamente la
construcción de un complejo sistema de significados, donde el cómo me tratan mis
cuidadores influirá bastante en cómo entiendo: al mundo, a las relaciones humanas y a mi
mismo.

¿Cómo enseñamos valores?


Parece que explicarle los valores a los niños no es suficiente, incluso ni siquiera
imprescindible. Los valores realmente se enseñan modelando, el cuidador debe exhibir el
valor para que el preescolar lo adquiera. Para enseñar el respeto necesitamos un cuidador
que primero se respete a sí mismo, con esa prueba superada, no le será difícil respetar a
quien críe, el preescolar por su parte se ve a sí mismo a través de los ojos de este cuidador y
al sentirse respetado es natural para él respetarse a sí mismo y asume entonces que merece
ser tratado con respeto. En este contexto es esperable, si también lo ve en la conducta del
cuidador, que vaya surgiendo el respeto por el otro generalizado; el respeto por la
diferencia y la diversidad; y el respeto por el medio ambiente y la vida.
El respeto, al igual que la honestidad, la lealtad, la solidaridad, la responsabilidad, la
sinceridad, la cordialidad, la justicia , el pensamiento ecológico, etc, se enseña todos los
días en nuestras acciones, y no sólo puede estar o no presente un valor en la conducta
parental, sino que además los valores que se transmiten lo hacen en una jerarquía, en una
escala de valores. En algunas familias la pulcritud (higiene limpieza) está por sobre el
respeto, o el respeto por sobre la justicia o la ecología por sobre la lealtad, en fin. En
cuestión de valores, transmitimos los que ostentamos y no de los que sólo hablamos, hablar
de justicia es importante pero si no va acompañado de los ejemplos en
las decisiones cotidianas, no se transmite el valor, y por otro lado no sólo trasmitimos unos
valores determinados sino también una jerarquía de valores, un orden y una idiosincrasia.

¿Qué pasa en el Jardín?


Una buena educadora suele ostentar valores, la calidad de la educadora y los
valores están muy emparentados. En el jardín se coteja el sistema valórico que los infantes
traen de casa, con el sistema valórico de las educadoras y en especial de con quien entablen
un vínculo más significativo, generalmente sólo una persona. Dependiendo de la calidad
valórica entregada en casa y la calidad valórica exhibida en el jardín, son múltiples los
posibles escenarios, el jardín ofrece su punto máximo de beneficio al contar con personal
que tenga y exhiba valores y no antivalores. En el caso de un jardín, en que sus educadoras
tengan y exhiban valores, y si el infante viene de una familia en que los valores se muestran
en la cotidianidad, la experiencia del jardín confirmará cosas ya aprendidas, reforzando su
continuidad; en el caso de que el infante provenga de un grupo familiar inseguro, la
experiencia en el jardín puede ser mágica, un deposito de resiliencia. Si en la casa le gritan,
le pegan o lo maltratan psicológicamente, ser escuchado y respetado por una adulto, puede
hacer la diferencia entre blanco y negro, entre el cielo y el infierno, puede ser uno de los
pocos pasajes de escape de las cadenas transgeneracionales de psiocopatología y malos
tratos. Con buenas educadoras un jardín infantil puede ser lo mejor que le puede llegar a
pasar a un infante. Igualmente radical es la afirmación en caso contrario, con malas
educadoras un jardín infantil puede ser lo peor que le puede llegar a pasar a un infante en
sus corta vida.

Alvaro Pallamares
Psicólogo Clínico Infantil
Director Centro de Intervención Temprana
Dependencia, Seguridad y Autonomía.
10 de diciembre de 2013 a la(s) 15:37

El sueño de muchos padres es que sus hijos sean autónomos e independientes, sin embargo
varía bastante la edad a la que quieren que logren esto y sobre qué hitos esperan poder
observarlo.

La dependencia tiene muy mala prensa, quizás es porque todo ser humano proviene de la
más absoluta dependencia y en la medida que nos desarrollamos ésta disminuye, resalto
esta parte: “en la medida que nos desarrollamos”.

El camino hacia la autonomía es evidentemente paulatino y no necesariamente lineal, aquí


muchos padres y madres tienen problemas por tener expectativas irreales de los procesos de
maduración de los hijos.

Para tornar todo más complejo, los niños/as, incluso hermanos/as, no tienen la misma
velocidad, frecuencias, ritmos ni descansos, en su maduración y desarrollo. Al parecer
intentar hablar sobre la dependencia de los niños es un fenómeno complejo con un amplio
número de factores a considerar.

La dependencia en la infancia es natural, esperable y sana, el camino hacia la autonomía es


lento, paulatino, incluye retrocesos y rápidos avances también. Los niños/as nos van
diciendo con su comportamiento cuándo están listos para pasar a una segunda o tercera
etapa.
Al principio un bebé en vigilia no tolera la separación con su cuidador ni por un instante, al
pasar los años estos tiempos de tolerancia van extendiéndose y cuando eso no ocurre el
niño/a no ha experimentado los niveles de seguridad suficiente que le permitan avanzar en
el camino de la autonomía. Esto es muy importante, la seguridad que un ser humano
experimentó sobre todo en la primera etapa de la vida, va entregarle llaves que abren
puertas de autonomía, autoconocimiento y autoestima.

Si quieres fomentar la seguridad de tus hijos, acepta que dependen de ti, satisface desde un
principio su necesidad básica de contención, cercanía y permanencia. El niño/a seguro/a es
el que primero logra salir a explorar sin desafiar el peligro.

Suele ocurrir que cuando los padres y madres se quejan de lo dependientes de sus hijos, se
presentan dos variables como más probables, que el hijo/a haya experimentado la profunda
sensación de abandono (siendo esta real o circunstancial) en algún momento de su vida y se
haya instalado el temor a la pérdida, o bien los padres han entregado el mensaje abierto o
encubierto de que el mundo es peligroso y si se aleja le puede ocurrir algo malo.

¿Quieres hijos autónomos? Bríndales la confianza básica necesaria para hacer frente a los
obstáculos, apóyalos en la derrota, tolera sufrustración y guíalos por el camino de la
inteligencia emocional.

Alvaro Pallamares
Sobre la Entrevista de Apego en Adulto (AAI), desde Uruguay.
24 de julio de 2013 a la(s) 18:16

Lo primero que hace un niño pequeño ante una situación de estrés es llorar. Acto seguido
busca la cercanía de la madre, padre o cualquier otra figura que le brinde lo que está
necesitando: seguridad, cobijo, contención. Contar con ese soporte en los primeros meses
de vida no sólo es importante para la supervivencia -tanto como comer o dormir-, sino
queresulta imprescindible para el desarrollo posterior. Para la psicología, dicho soporte se
llama "apego" y es considerado una de las capacidades más importantes del ser humano.
Sin éste no se construirían vínculos con los demás.

Pero como suele suceder, la calidad del cuidado que una madre (o cualquier figura
significativa) brinda a su prole, tiene distintos niveles de intensidad. La misma está
directamente relacionada con la propia experiencia como hija. O en otras palabras: la
capacidad de generar un apego seguro en un hijo dependerá en buena medida del cuidado
recibido en la infancia. Así, por ejemplo, es probable que un niño abusado y maltratado
replique más tarde ese trato en sus retoños.
La buena noticia es que existe un instrumento de medición capaz de deducir qué tipo de
apego se tuvo y, por ende, predecir cuál se tendrá como padre. Se tratade la Entrevista de
Apego Adulto (AAI, en sus siglas en inglés), una herramienta desarrollada por los doctores
Mary Main y Eric Hesse, de laUniversidad de Berkeley (Estados Unidos). En Uruguay hay
sólo dos psicólogascertificadas para aplicarla: Rosina Procopio y Laura Szteren.

Medición. El método de exploración, aplicable a adolescentes o adultos, evalúaen 18


preguntas semidirigidas el estado de la mente con respecto a las experiencias tempranas con
sus cuidadores. Durante una hora se le pide al paciente que describa la relación que tuvo
con sus padres en la infancia, También se sondea sobre posibles experiencias de rechazo,
abuso, pérdidas o la utilización de amenazas como método disciplinario. El cómo influyó
aquella experiencia en su personalidad y cuáles fueron los efectos en la actual relación con
su hijo, son otras de las preguntas.

Luego se analiza desgrabación textual y, manual en mano, se le asigna unpuntaje que


determinará el tipo de apego. Este trabajo lo realiza una persona distinta a la que entrevistó
(llamada juez) y lleva un promedio de seis horas.

"Lo importante en el análisis no es tanto si la experiencia vivida fue cono satisfactoria, sino
el cómo se cuenta", explica Szteren. "Porque si uno tuvo una historia dura pero es capaz de
contarla de forma coherente, teniendo una visión realista, un tono relajado y sin mostrar
dificultades para recordar, uno puede desarrollar un apego seguro", agrega su colega
Procopio.

Por eso, en el momento de ser padres no es tan importante lo que haya sucedido en el
pasado, sino cómo se ha procesado lo ocurrido, señalan. En tal sentido, cuando no hay
reflexión sobre lo ocurrido se corre el riesgo de repetir los antiguos patrones de
relacionamiento y sus consecuentes daños.

La Entrevista de Apego Adulto (AAI) es de utilidad para predecir el apego que mujeres
embarazadas tendrán con su hijos, para evaluar perfiles de postulantesa adopciones, en
psicodiagnósticos y para saber si están resueltas situacionesde pérdidas y/o maltrato.

Tanto Szteren como Procopio la utilizan en investigaciones propias y, a veces, antes de


iniciar una psicoterapia. "Me da información importante que de otro modo llevaría mucho
tiempo conseguir", ilustra Rosina Procopio.

Posibilidades. Los teóricos describen cuatro patrones de apego. La primera y más deseable
se conoce como "Apego seguro", construido sobre la base del cuidado sensible de una
madre (padre o cuidador) que es capaz de percibir, interpretar y responder de forma
adecuada a las señales del bebé. Cuando esa atención se repite día a día, el niño aprende
que puede contar con ese cuidador. Esos pequeños son más confiados, se conectan
positivamente con sus pares y enfrentan el mundo con entusiasmo. Cuando ese perfil de
personas es evaluado en una AAI, muestran buena disponibilidad para evocar situaciones
del pasado vinculadas y describen su infancia de forma fluida, vívida, emotiva y relajada.
La segunda modalidad se llama "Apego ansioso evitativo", y es causado por una no
respuesta crónica por parte del cuidador. "Lo que el bebe experimenta es que no puede
contar con ese cuidador para responder a sus necesidades, y que sus señales no funcionan,
por lo tanto, que él es incapaz degenerarse el confort", explican las expertas. Ante las
preguntas, estos adultos se caracterizan por una narrativa emocionalmente distante y
describen sus experiencias de apego como muy favorables pero no pueden ilustrarlas con
ejemplos. A veces también pueden descalificar a sus cuidadores y decir que no recuerdan
eventos de la infancia. "Es él que siempre se ha arreglado solo,el autosuficiente, exitoso a
nivel laboral pero frío en las relaciones afectivas. Oralmente es muy narcisista", ilustra
Procopio.

El tercer tipo se denomina "Apego ansioso ambivalente" y corresponde a un cuidado


imprevisible. La madre a veces está disponible y otras no, a veces lo sobre estimula y otras
no lo tiene en cuenta. El bebé siente que sus señales no funcionan, que no puede saber
cuando tendrá lo que quiere, y no puede confiar en que el cuidador va a estar de forma
consistente. En la adultez y ante la AAI, la infancia se narra de forma confusa, con
demasiado detalle y en general con exceso de información (se van por las ramas). "Es la
típica persona que te habla de lo horrible que fue su mamá, que usa el `pobrecita yo`,que
está siempre enganchada en el pasado. Alguien que está tan preocupada por eso, ¿cómo va
a cuidar a sus propios hijos?", ejemplifica Procopio.

Por último, lo peor: al "apego desorganizado", común en niños que son amenazados o
abusados por sus cuidadores. Aquí, quien debería ser su refugio es generador de miedo, con
el consiguiente riesgo de psicopatologías. En sus respuestas se observan incoherencias en el
razonamiento y/o episodios disociativos: "Pueden hablarte como si la persona estuviera
viva y está muerta. O te dicen que fueron abusados y después te lo niegan", explica la
psicóloga. Cuando la persona no logra contactarse con aquel dolor, negándolo, puede
repetirlo en sus hijos.

Afortunadamente para la especie humana, el 70% de las poblaciones estudiadas en todo el


mundo (de perfil clase media) han desarrollado un apego seguro, el mismo que heredarán
sus hijos. Y así sucesivamente.
Psicología de laboratorio

John Bowlby. Psicoanalista inglés que desarrolló entre 1944 y 1980 la Teoríadel Apego y
Pérdida, a partir de la observación de las perturbaciones sufridas por niños que fueron
separados de sus familias. Lo central de esta teoría se basa en la aseveración de que existe
una relación causal entre las experiencias de una persona con sus figuras significativas (los
padres en la mayoría de los casos) y la capacidad posterior de establecer vínculos afectivos.
Una buena forma de visualizar el concepto de apego es la preocupación (y nerviosismo)
que se observa en los niños cuando pierden de vista a sus padres en lugares poco familiares.
"La teoría del apego está basada en la investigación demostrable", dice Szteren.

Mary Ainsworth. Estadounidense creadora de un procedimiento de laboratoriollamado


Situación extraña en el que se observan y estudian las reacciones de los niños pequeños
ante separaciones breves de la madre o cuidador. A partir de esas investigaciones describe
distintas formas de apego.
Mary Main. Creadora de la Entrevista de Apego Adulto (en inglés AdultAttachment
Interview, AAI), en la que correlaciona el comportamiento del niño en la Situación Extraña
con el discurso de los padres. Docente y Phd de laUniversidad de Berkeley (Estados
Unidos).

Laura Szteren y Rosina Procopio. Licenciadas en Psicología, de Udelar y


Ucudalrespectivamente. Son las únicas dos personas certificadas para realizar la Entrevista
de Apego Adulto en Uruguay Para ello realizaron un taller intensivo de dos semanas en
México y posteriormente debieron analizar 32 casos que les fueron enviados.
Finalmenterindieron un examen y obtuvieron el certificado de confiabilidad.
Entrevista Yolanda Gónzalez.
16 de septiembre de 2013 a la(s) 10:47

Yolanda González

Psicoterapeuta Especialista en Prevención infanto-juvenil. Formadora de profesionales de la


salud, profeso- rado y padres en promoción y prevención infanto-juvenil en el ámbito priva-
do y público. Junta directiva de I.A.N. (Teoría del apego) Miembro de A.S.M.I.
(Asociación Salud Mental Infantil)

La infancia es la fase de cimentación para la psique y la vida afectiva de una persona.


Muchas veces se dice que “nadie estudia para ser padres”, sin embargo existen diversos
grupos de apoyo y profesionales dedicados a esta delicada etapa de la vida, que en su labor
pueden orientarnos para romper cadenas de comportamientos nocivos hacia nuestros niños.

Yolanda González, Psicóloga clínica y Presidenta de APIR (Asociación de Psicoterapia y


Prevención Promoción de la Salud Infantil). Su especialidad en la infancia es promocionar
la salud y prevenir los trastornos emocionales a través de grupos de padres interesados en
buscar un nuevo enfoque para la relación con sus hijos.

¿Cómo surgió su interés profesional en la infancia y en la importancia de la prevención? El


origen lo sitúo en mi propia infancia. Cuando era pequeñita y veía llorar a bebés o a niños
sin ser consolados o atendidos por sus papás, me provocaba tristeza. Recuerdo que pensaba
“cuando sea mayor, no dejaré llorar a un bebé solito”. Más tarde, me formé como Psicóloga
Clínica con adultos, aunque mi pasión fue especializarme en la prevención del sufrimiento
infantil y la promoción de la salud integral de los pequeños.
¿Qué aportan el apego y el vínculo en la relación con nuestros hijos? La Teoría del Apego
aporta investigaciones muy interesantes sobre la formación del vínculo entre padres e hijos.
Sobre todo, nos permite comprender la importancia de crear unas bases afectivas que
posibiliten un vínculo seguro a nuestros hijos. El mayor regalo que podemos ofrecer a un
hijo, es una base saludable e integral para afrontar los retos de la vida.

Como padres ¿cómo manejar el bombardeo mediático que afirma que los niños tienen que
ser independientes desde que nacen y seguir nuestro frenético ritmo de vida? ¿Habrá alguna
forma de llegar a un punto medio? Es real que estamos bombardeados con todo tipo de
información. La única forma de frenarlo es con el sentido común, sentido muy escaso en
nuestra sociedad. Y con grandes dosis de empatía y reflexión crítica. Pensemos, ¿es
compatible nuestro ritmo adulto y frenético con las milenarias necesidades infantiles de
afecto, de disponibilidad emocional y amor incondicional? Algo no encaja en nuestra
sociedad. El estrés y el afecto representan ritmos antagónicos de funcionamiento. Es un
tema muy serio por las graves consecuencias que se derivan. ¿Son los niños los que deben
“conciliar” sus necesidades con la sociedad estresante o debiera ser a la inversa? El cambio
de mirada es posible con medidas político-sociales adecuadas que beneficien el ejercicio de
la maternidad/ paternidad responsable. Debemos intentarlo por los más pequeños.

¿Por qué nos interesa tanto la “independencia” de los niños y discutimos si con tal o cual
forma de crianza son más independientes?

La dependencia infantil incomoda porque, aunque necesaria, es larga. A veces nos pesa
renunciar temporalmente a nuestra forma de vida, ignorando que es un tiempo que
representa una inversión pro-salud para el futuro.

Ya que a veces parece que vamos contracorriente, ¿cómo conseguir un espacio para una
crianza apegada y vinculada sin aislarse del mundo? ¡No hay por qué aislarse del mundo
para fomentar un vínculo seguro! Cada vez hay más grupos de apoyo a la crianza y
lactancia prolongada, así como escuelas de padres, que buscan una crianza y educación
saludable y coherente.

Siendo así que la teoría del apego está avalada por estudios científicos y publicaciones.... y
que en la teoría “contraria” nadie aporta datos contundentes, ¿por qué es tan difícil aceptar
el apego por bien que se argumente, y cualquier argumento simplista vale para que la gente
se apunte a la segunda?

Por dos motivos: la primera causa, en mi experiencia, es la ausencia de actitud crítica para
cuestionar la inercia educativa que nos ha sido transmitida intergeneracionalmente. La
segunda, porque es más fácil dejarse llevar por la corriente, aunque el agua esté
contaminada, que buscar ríos con agua fresca y natural. Existe la resistencia al cambio.
Cambiar despierta temores de todas las clases, pero una vez superados y desde el contacto
con lo esencial de uno mismo, las presiones externas van perdiendo poder y el camino se
hace más claro.

¿Qué nos puede decir sobre el sistema hospitalario y su influencia en el apego temprano
entre madres e hijos, o con los niños hospitalizados?

Tanto después de la experiencia del parir y nacer, como en caso de hospitalización infantil,
es fundamental no crear rupturas innecesarias del continuum de relación mamá-bebé,
siempre que sea posible: en el caso del nacimiento, debido a la extrema vulnerabilidad del
bebé que, como todo mamífero, necesita del contacto permanente con su mamá. En
Prematuros, de igual forma, hay que preservar el vínculo aplicando el método de la mamá
canguro, si es posible. Y en la hospitalización se trata de favorecer la presencia permanente
de una figura de referencia afectiva. De lo contrario provocamos dolor, soledad y
sufrimiento innecesario, cuando ellos más nos necesitan.

¿Se puede hablar en algún momento de “exceso de apego”? ¿Exceso de afecto? Una cosa es
dar amor incondicional como padres y otra, asfixiar e impedir el proceso de autonomía
natural infantil. El amor que respeta al otro nunca es excesivo.

Vista la actual tendencia a escolarizar tempranamente, ¿en qué modo afecta al vínculo la
separación a temprana edad, ya sea por guarderías o escolariza- ción?

En mi experiencia profesional, hemos ido buscando alternativas posibles a la escolarización


temprana, en el caso de que ésta despierte, como ocurre con frecuencia, ansiedad e
inseguridad en los pequeños. Pero si después de ver todas las alternativas posibles es
inevitable la escolarización, es fundamental la implantación sistemática de períodos largos
de adaptación-integración, dando la oportunidad al pequeño de integrarse a la nueva
experiencia sin ansiedad, gracias a la presencia segurizante de la mamá o sustituto.

¿Es reparable el daño que la separación temprana provoca en ese vínculo? El ser humano es
potencialidad. Cada experiencia en la vida nos condiciona pero no es determinante, de lo
contrario no habría lugar para la esperanza. Ni hay padres perfectos, ni hijos perfectos. Lo
que hay son condiciones favorecedoras o no del desarrollo de la salud en cada momento del
proceso evolutivo del ser humano. Y siem- pre existen recursos para superar situaciones
difíciles.

¿Cuándo empieza a aparecer la necesidad real de ampliar el número de personas con las
que el bebé/niño necesita relacionarse? Es el bebé quien debiera marcar el ritmo de sus
necesidades vitales y preferencias vinculares. Durante el primer año de vida, la mamá o
figura de referencia suele ser la preferida para cubrir sus demandas y es esencial que así sea
para el desarrollo del vínculo, pero eso no significa que el papá o los abuelos no deban estar
presentes en su vida y en ocasiones cumplan una función fundamental, si por razones
diversas ese bebé concreto deposita su demanda en ellos.

¿Qué opina acerca del concepto de autorregulación tratado por autores como Neill, Reich,
etc.? Admiro la capacidad de observación y de respeto por los procesos del desarrollo
evolutivo que ambos autores demostraron en su práctica profesional. La confianza plena en
que los bebés y los niños son capaces de autorregularse es una realidad que como padres
podemos comprobar si confiamos en ellos. Es decir, como cualquier mamífero, los bebés
sienten cuándo necesitan cubrir las necesidades vitales sin ningún manual externo que los
regule. Nutrirse de alimento y afecto con contacto epidérmico, así como el sueño, son
necesidades básicas de supervivencia. Su lenguaje, el llanto, nos comunica la necesidad que
requiere ser cubierta, ya que dependen totalmente del adulto. Las interferencias comienzan
cuando recibimos consejos externos e imponemos criterios poco saludables, como por
ejemplo el "Duérmete niño“, que ignora la función de las respuestas emocionales infantiles.
La autorregulación no significa que no haya que poner límites. Pero hay que discriminar
cuándo, cómo y por qué.

¿Qué hemos de trabajar más lo padres que queremos convivir junto a nuestros hijos bajo
estas premisas de respeto y empatía? Cuestionar el deseo de que obedezcan, sustituyéndolo
por el objetivo de que sean razonables. Criar y educar es un arte que requiere reflexión
continua, observación tranquila y preparación.

En su opinión ¿cuál es la mejor edad del bebé/niño, si la hay, para aumentar la familia?
Existe el mito extendido, de que cuanto más seguidos mejor, porque se crían al mismo
tiempo y juegan. O quizá se pelean. Hay cien mil opiniones al respecto. Yo respeto la
decisión de los padres, aunque siempre les informo de que los pequeños necesitan mucho
de los papás durante los tres primeros años de vida. Cubierta esta etapa, poco a poco
acceden al mundo exterior, socializándose con los amiguitos. Dar todo lo necesario al
primero para luego atender al segundo, es priorizar a cada hijo. Traer herma- nitos, es otra
opción.

¿Existen los celos del hermano mayor hacia el pequeño? En la generalidad existen, aunque
dependen de muchos factores. Es una de las consultas habituales con los padres. No sólo
consultan celos del mayor al pequeño, sino también a la inversa.
¿Qué estrategias serían mejores para manejarlos desde la óptica de la crianza con apego?
Dar espacios individuales para cada hijo, donde se sientan únicos, porque lo son. Reconocer
y no negar la exis- tencia de esos celos sin culpabilizar. Favorecer el diálogo de los
sentimientos entre los hermanos. Éstas son algunas premisas fundamentales que pueden
ayudar en el tema de los celos.

¿Cuál debería ser el papel del padre en la crianza con apego? ¿Cómo debe evolucionar este
papel según crece el bebé? El padre debiera estar presente desde el mismo momento del
nacimiento. Otra cosa es que su función vaya a ir cambiando con el tiempo, aumentando su
protagonismo en la vida del bebé-niño, si establece un vínculo seguro a medida que pasan
los meses. Hay papás que se angustian porque el bebé siempre prefiere a mamá. Siempre
les digo que es una etapa necesaria, pero no eterna. Por tanto, que no desaparezcan, porque
su presencia afectiva también es esencial aunque no sean los "preferidos“ durante la
lactancia materna.

En un niño pequeño, ¿tiene importancia la familia extensa en su desarrollo (abuelos, tíos,


etc.)? ¿O sólo influyen la madre y el padre? La familia extensa ha formado parte siempre de
la existencia. Es ahora cuando es nuclear, monoparental, etc. Lo importante es la calidad de
la relación. Con mamá y papá, relación cálida; con abuelos y tíos, ¿por qué no?

Muchas veces, a partir de los dos años de edad, cuando nuestros hijos comienzan a dejar de
ser bebés, nuestro ideal de convivencia armoniosa, respetuosa, con apego con y hacia
nuestros hijos se tambalea, incluso a veces se derrumba. En su opinión, ¿qué factores
influyen más en que esto ocurra?

¡Los dos añitos...! Empiezan a manifestar sus deseos, quieren explorar todo, no admiten
restricciones y comienza en los padres la pérdida de la paciencia. Ya no son bebés y el

aluvión de consejos comienza con más intensidad si cabe que en los años anteriores.
"Necesita límites“ es la frase preferida de todo el entorno. ¿Es así? Si vemos el desarrollo
como un continuum, es un pasito más que requiere, sobre todo, complicidad. Sería
necesario un artículo entero para hablar de esta edad. Pero adelanto que a través del juego y
la complicidad se consigue más colaboración que con la orden y el llamado límite puesto a
veces incorrectamente.

¿Y cuando realmente ya no son bebés?

Cuando ese pequeñito que mecíamos de pronto es un chaval que nos saca un palmo de
estatura, y es como si fuéramos de planetas diferentes, ¿qué premisas pueden ser útiles para
convivir con nuestros adolescentes? La adolescencia es una etapa realmente crítica en el
desarrollo. Buscan su propia identidad y los padres no son la referencia preferida.
Nuevamente, requiere un espacio más amplio para abordar este tema tan delicado para
padres e hijos.

Mucha gente abraza la crianza con apego buscando “resultados” y cuando sus hijos de
pronto dan una mala contestación o tienen algún problema se preguntan “¿qué habré hecho
mal?”. ¿La crianza con apego puede asegurarnos chiquillos con buen comportamiento?

Ésta es una pregunta frecuente cuando los hijos no res- ponden a nuestra expectativa.“¿Qué
he hecho mal?” ¿Por qué mal? Quizá nos falta ajustar nuestra mirada. Quizá no hemos
entendido su momento. Y sobre todo, quizá idealizamos la relación. Una relación saludable
no está exenta de conflictos. El problema no es la existencia de conflictos, sino aprender a
resolverlos a través de la negociación y la escucha.

Muchas veces se nos dice “estás malcriando a tu hijo” cuando uno considera que está
respondiendo a sus necesidades. ¿Es lo mismo criar con apego que malcriar? ¿Qué es
malcriar? ¿Amar y dar?

Éste es precisamente el título de mi libro que saldrá próximamente:“Amar, sin miedo a


malcriar”. No diría tanto criar con apego, sino favorecer el vínculo seguro en los hijos. Y la
forma de lograrlo está en la capa- cidad de contacto de los padres, la empatía y la escucha.
Estas características no son incompatibles con la firmeza de criterios y límites si son
necesarios.

Por el contrario, realmente malcriar desde la la perspectiva del fomento de la salud infantil,
es no dar el amor y la seguridad que necesitan.

La sociedad sería más sana y solidaria si el amor estuviera verdaderamente presente desde
la infancia hasta la vejez.".
Fragmento del Libro Bésame Mucho de Carlos Gonzalez
29 de noviembre de 2012 a la(s) 21:10

"En este libro defendemos que también en el trato con los niños existen principios. Que con
ciertos métodos nuestros hijos tal vez comerían «mejor», o dormirían más, o nos
obedecerían sin rechistar, o se estarían más callados…, pero no podemos usarlos. Y no
necesariamente porque tales métodos sean inútiles o contraproducentes, ni porque
produzcan «traumas psicológicos». Algunos métodos que criticaremos en este libro son
eficaces, y puede que algunos incluso sean inocuos Pero hay cosas que, sencillamente, no
se hacen.”

El último tabú

Nuestra sociedad parece muy tolerante porque muchas cosas que hace cien años estaban
prohibidas se consideran ahora completamente normales. Pero si nos fijamos mejor,
también hay cosas que hace cien años eran normales y que ahora están prohibidas. Tan
completamente prohibidas que hasta nos parece normal que sea así, tan normal como a
nuestros bisabuelosles debía parecer su sistema de tabúes y prohibiciones. Muchos de los
antiguos tabúes se referían al sexo; muchos de los actuales se refieren a la relación madre-
hijo, para desgracia de los niños y de sus madres. Por ejemplo, la palabra «vicio»se usa
ahora en una forma totalmente diferente a como la usaban nuestros abuelos. Casi todo lo
que entonces era «vicio» ha dejado ahora de serlo. Beber, fumar o jugar son ahora
enfermedades (alcoholismo, tabaquismo, ludopatía), con lo que el pecador se ha convertido
en víctima inocente. La masturbación eI «vicio solitario» que tanto preocupaba a médicos y
educadores) se considera normal. La homosexualidad es simplemente un estilo de vida.
Hablar de vicio en cualquiera de esos casos se consideraría hoy un grave insulto. Hoy en
día, sólo se llama vicio a algunas inocentes actividades de los niños pequeños: «Tiene el
vicio de morderse las uñas. » «Llora de vicio. » « Si lo cogesen brazos, se va a enviciar. »
«Lo que pasa es que está enviciado con el pecho, y por eso no se come la papilla. »Si
todavía tiene dudas sobre cuáles son los verdaderos tabúes de nuestra sociedad, imagine
que va a su médico de cabecera y le explica una de las siguientes historias:1) «Tengo un
niño de tres años y vengo a ver si me hace la prueba del sida, porque este verano he tenido
relaciones sexuales con varios desconocidos. »2)«Tengo un niño de tres años y fumo un
paquete al día. »3)«Tengo un niño de tres años; le doy el pecho y duermeen nuestra cama.
»¿En cuál de los tres casos cree que su médico le echaría labronca? En el primer caso, le
dirá «ah, bueno» y le pedirá laprueba del sida sin pestañear; todo lo más le recordará
educadamente la conveniencia de usar el preservativo, lo mismo que en el segundo caso le
explicará que el tabaco no es bueno para la salud (y si el médico también fuma, no le
diránada de nada). Nadie la increpará: «¡Pero qué descaro, cómo se atreve, una mujer
casada, una madre de familia!»¿Y en el tercer caso? Conozco una historia real. Cuando la
psicóloga de la guardería se enteró de que Maribel estaba dando el pecho a su hijo de
dieciséis meses, la citó para explicarleque si no lo destetaba inmediatamente su hijo sería
homosexual (uno no sabe si asombrarse más de los prejuicios contrala lactancia o de los
prejuicios contra la homosexualidad). Como Maribel persistió en su «peligrosa» actitud, la
psicóloga llamó a su casa para hablar directamente con su marido y advertirle del daño que
su esposa estaba haciendo al hijo de ambos.

Nuestra sociedad, tan comprensiva en otros aspectos, lo es muy poco con los niños y con
las madres. Estos modernos tabúes podrían clasificarse en tres grandes grupos:

— Relacionados con el llanto: está prohibido hacer caso de los niños que lloran, tomarlos
en brazos, darles lo que piden.— Relacionados con el sueño: está prohibido dormir a los
niños en brazos o dándoles pecho, cantarles o mecerles paraque duerman, dormir con
ellos.— Relacionados con la lactancia materna: está prohibido dar el pecho en cualquier
momento o en cualquier lugar; o a un niño «demasiado» grande.

Casi todos ellos tienen una cosa en común: prohiben el contacto físico entre madre e hijo.
Por el contrario, gozan de gran predicamento todas aquellas actividades que tiendan a
disminuir dicho contacto físico y a aumentar la distancia entre madre e hijo:

— Dejarlo solo en su propia habitación.— Llevarlo en un cochecito o en uno de esos


incomodísimos capazos de plástico.—Llevarlo a la guardería lo antes posible, o dejarlo con
la abuela o mejor con la canguro (¡las abuelas los «malcrían»!).—Enviarlo de colonias y
campamentos lo antes posible durante el mayor tiempo posible.—Tener «espacios de
intimidad» para los padres, salir sin niños, hacer «vida de pareja».

Aunque algunos intentan justificar estas recomendaciones diciendo que es «para que la
madre descanse», lo cierto esque nunca te prohiben nada cansado. Nadie te dice: «No
friegues tanto, que se mala costumbra a tener la casa limpia», o «Irá a la mili y tendrás que
ir tú detrás para lavarle la ropa». Enrealidad, lo prohibido suele ser la parte más agradable
de la maternidad: dormirle en tus brazos, cantarle, disfrutar con él. Tal vez por eso, criar a
los hijos se hace tan cuesta arriba para algunas madres. Hay menos trabajo que antes
(aguacorriente, lavadora automática, pañales desechables… ), pero también hay menos
compensaciones. En una situación normal, cuando la madre disfruta de la libertad de cuidar
a su hijo como cree conveniente, el bebé llora poco, y cuando lo hace su madre siente pena
y compasión («Pobrecito, qué le pasará»). Pero cuando te han prohibido cogerlo en brazos,
dormir con él, darle el pecho o consolarlo, el niño llora más, y la madre vive ese llanto con
impotencia, y a la larga con rabia y hostilidad («¡Y ahora qué tripa se le ha roto!»). Todos
estos tabúes y prejuicios hacen llorar a los niños, pero tampoco hacen felices a los padres.
¿A quién satisfacen, entonces? ¿Tal vez a algunos pediatras, psicólogos, educadores y
vecinos que los propugnan? Ellos no tienen derecho a darle órdenes, a decirle cómo ha de
vivir su vida y tratar a su hijo. Demasiadas familias han sacrificado su propia felicidad y la
de sus hijos en el altar de unos prejuicios sin fundamento."

.-Carlos Gonzalez-.

Pediatra Catalán.
El Conchito
17 de mayo de 2012 a la(s) 11:17

Muchos padres afirman que han criado a todos sus hijos por igual, suena bien, adquiere un
velo salomónico, políticamente correcto, pero también es muy poco probable. Ya lo
antiguos filósofos griegos afirmaban que un río no se puede cruzar dos veces, primero
porque el rio cambia tan rápido como viajan sus aguas, y segundo porque quien cruza por
segunda o tercera vez el río ha cambiado . Con la parentalidad pasa algo muy similar, con
menos agua pero con muchos desafíos, obstáculos, alegrías y cambios.

El primer hijo suele pagar el noviciado, los padres suelen eliminar (o intentar por lo
menos) todo lo que piensan que sus propios padres hicieron mal con ellos, los hijos del
rigor se vuelven hippies y los hijos de los hippies se vuelven rigurosos y disciplinados. Se
ponen a prueba todas las teorías que, en la vida antes de ser padres, se fueron elaborando,
las técnicas de moda, lo que leyó en la revista de turno, lo que dice la abuela, la vecina, la
amiga que ya tiene uno y la gurú que ya tiene 5, lo cual suele llevar una carga de estrés
extra.

Con el segundo ya hay más experiencias personales, los padres se sienten más
empoderados, no hacen caso de cualquier consejo que ande volando, ya no es necesario
probarlo todo, porque ya vieron que no todo funciona, pero acá pasa algo que muchas veces
sorprende: que los niños no responden de igual forma a escenarios muy parecidos, porque
ya vimos que el río nunca es el mismo, que los infantes por muy hermanos que sean, tienen
su propio temperamento, algunos más dóciles otros más irascibles, por lo tanto cada hijo/a
son únicos/as. Que los padres por muy “los mismos que sean”, ya han pasado varios meses
inclusos años y la vida va cambiando tan rápido como cambiamos el prisma con que la
miramos.

Del hijo del medio, tal vez más adelante nos tomemos una columna completa para derribar
tanto mito que sólo ruido ha hecho, generando un estigma que poco tiene de real.

Pero que pasa con el último, ese que nació fuera del programa, o que nació cuando ya todos
pensaban que cambiar pañales era sólo un recuerdo, el nunca bien ponderado “conchito”.

Ser el conchito tiene su ventajas y desventajas, se encuentran con padres más flexibles y
con más tiempo, pero también con padres que saben que serán sus últimos quehaceres con
bebés y algunos podrán ser más aprehensivos y otros más precoces al lanzarlos al mundo,
algunos querrán reparar lo que ahora saben hicieron mal con los primeros y habrán otros
que no se lo esperaban y realmente ya están muy cansados para hacer el peso a la demanda.

Lo que no va a cambiar es la cara de bobo que pondrán los adultos cuando el infante asuma
que es el último y casi como si fuera una convención social los adultos responderán en coro
y con un tono infantil: “es el conchito”.

En términos psicológicos el lugar que ocupan los hijos en el orden de nacimientos es


mucho menos relevante que la sensibilidad parental, esa capacidad que tienen los buenos
padres de interpretar las conductas faciales mínimas de los hijos, poder así identificar
estados emocionales y dar respuesta coherentes a estos.
Por otro lado cuando nos referimos al último hijo es importante incluir en su cuidado a los
hijos mayores, sin cargar un peso de responsabilidad irracional en ellos, pero si un peso que
sea acorde a la edad y a las características de cada uno de sus hermanos.

Sugerencias para padres:

Cuidado con la sobre protección, con estar siempre del lado del menor en las cotidianas
disputas fraternas, porque eso agota al resto de los hermanos y con el tiempo sólo siembra
asperezas, el conchito también en un minuto tiene que soltar a la mamá, al papá no poner
cara de susto cuando el niño quiera seguir a sus hermanos, transmitir tranquilidad con la
voz con la mirada, monitorear desde una distancia prudente y no estar todo el tiempo
encima, y meterse en la “pandilla”, aprender los códigos de la “pandilla”, donde ya los
padres no tienen un lugar para salir en su defensa.

La invitación es para que los padres con la crianza vayan aumentando y perfeccionado su
capacidad de interpretar los estados emocionales de sus hijos, que puedan acompañarlos en
la frustración, el miedo, la rabia y la incertidumbre, no dejándolos solos en habitaciones del
castigo y que puedan compartir la exploración, la alegría y el amor en familia. Que les den
libertad para explorar el mundo que se abre multicolor en su entorno, pero al mismo tiempo
logren estar, y trasmitir estar disponibles cuando los infantes vuelvan a buscar resguardo.

Criar al conchito es el ultimo gran regalo de la vida y tenemos que responder con alturas de
miras, la permisividad deforma y el autoritarismo constriñe, llegar a un balance perfecto es
un arte de toda una vida y tal ves si tenemos suerte el conchito recibirá esa armonía entre
tiempo, calidad, consecuencias, experiencia, hermandad, familia, límites, contención,
abrazos.

Alvaro Pallamares
Estimulación Prenatal
31 de julio de 2011 a la(s) 11:39

En las primeras etapas de la vida, incluyendo el periodo prenatal, existen condiciones


óptimas para que un ser humano en crecimiento, logre desarrollar lo mejor de sí mismo. En
el embarazo, el feto depende de su madre, y las condiciones óptimas incluyen, sin duda,
estimulación progresiva de parte de sus padres. En los primeros meses de gestación,
condiciones óptimas implican una madre que experimente mayoritariamente estados
emocionales convencionalmente asociados al amor, la calma, la paz (oxitocina y otras
hormonas) y no de estrés (cortisol) que podría llegar a afectar al feto, si este estrés se
volviera crónico. Una madre necesita contención emocional, contención que si el padre del
bebé no le brinda, tendrá idealmente otro, que tomar ese lugar, en beneficio del infante, sea
la abuela, una nueva pareja u otro adulto significativo.
A las 20º semana el sistema auditivo se ha desarrollado lo suficiente para que el feto pueda
conocer el sonido. Se ha demostrado que bebés recién nacidos, cuando su padre u otro
adulto le han hablado durante el embarazo, pueden reconocer la voz que han escuchado
intra-uterinamente, de entre otras voces similares. También hay estudios de la relación de
las "representaciones fetales" de la madre durante el embarazo y el estilo de apego que fue
posible evaluar al año de vida. A mayor calidad y cantidad de representaciones fetales al 7
mes de embarazo, mayor correlación con un apego seguro a los 12 meses de vida del
infante. Sin embargo es muy importante destacar, que a pesar de la importancia de la
estimulación prenatal y postnatal, cuando por uno u otro motivo, esto no se ha podido
ofrecer, cuando estamos por ejemplo, en situaciones de maltrato, negligencia o abandono,
siempre es posible la reparación, las historias de algunos niños adoptados, son un claro
ejemplo, que todo es reparable, que los duelos se elaboran y que el amor puede llegar a
regular al estrés, por más crónico que ésta haya sido.

La salud mental de los niños está en constante actualización, en línea con el mundo
intersubjetivo que han desplegados sus padres y su familia. Un estimulación óptima, en la
etapa prenatal, se asocia a una vida social más plena en el ciclo vital, pero porque también
se asocia, a padres consistentemente sensibles, durante todo el ciclo de vida de los niños, y
eso si es lo que realmente asegura, que los infantes puedan conocer sus potencialidades.

Alvaro Pallamares

Los niños necesitan sentir seguridad, por lo tanto, cualquier estilo de crianza basada en el miedo,
atenta contra la condición básica para “enrielarnos” en la salud mental. Si una familia suele, para
generar disciplina, gritarle a su hijo, asustar o amenazarlo con el abandono, lo afecta a nivel
cerebral. Por eso, llamaría a los padres a cuestionarse sus formas de disciplina. Cualquier cosa que
produzca miedo, no sirve para fomentar la salud mental. El respeto se gana no se impone.