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Escuela Arquitectura
Universidad de Valparaíso
Prof. Sergio Acevedo Bonzi

INTRODUCCIÓN A LA LÓGICA SIMBÓLICA

Susanne K. Langer

ESTUDIO DE LAS FORMAS

1.- La importancia de la forma

Todo conocimiento, toda ciencia y todo arte parten de la noción de que las
cosas comunes y corrientes, con las que estamos familiarizados, pueden cobrar
formas diferentes. Nuestras primeras experiencias de la naturaleza nos hacen
advertir esto; vemos que el agua se congela y forma un bloque transparente, o
que la nieve que cae del cielo se trunca en agua ante nuestros mismos ojos. Un
poco de reflexión nos descubre otros cambios más. ¿Do dónde viene la nieve y la
lluvia? De las masas de vapor a las que llamamos nubes, de las brumas blancas
que flotan en el aire. Cuando la nieve o la lluvia caen, estas nubes se disuelven.
Se han convertido en agua, o en copos blancos. ¿Do dónde vinieron las nubes?.
Se constituyen mediante la transformación de las aguas de la tierra. Formas
diferentes de la misma cosa pueden tener un aspecto tan diverso que cuesta
trabajo creer que sean, esencialmente la misma sustancia.

Toda ciencia trata de reducir la diversidad de cosas del mundo a meras


diferencias de aspecto y tratar al mayor número posible de cosas como variantes
de una y la misma sustancia. Cuando Benjamín Franklin descubrió que el rayo es
una forma de electricidad, realizó un descubrimiento científico que fue el primer
paso de una gran ciencia, ya que un sorprendente número de cosas puede
reducirse a este mismo “algo” fundamental, a esta sustancia pretoica llamada
“electricidad”: la fuerza que mantiene unido el firmamento, el chasquido de la piel
de un gato, el calor de la plancha, el centello de la aurora boreal. La electricidad es
una de las cosas esenciales del mundo que puede cobrar una gran variedad de
formas. Su amplia mutabilidad hace interesante a la naturaleza, y su unicidad final
hace posible la ciencia. Pero si no pudiésemos entender que sus formas diferentes
son formas distintas de una y la misma cosa, no habría manera de relacionar unas
con otras; no podríamos saber por qué el deslizamiento de nuestros pies sobre
una alfombra hace que el pomo metálico de la puerta produzca una chispa cuando
la tocamos, o por qué el rayo prefiere las cruces de metal de las torres de las
iglesias, ni podríamos descubrir ninguna conexión entre dos hechos causales.

Tenemos dos clases de conocimientos a los que, respectivamente,


podemos llamar conocimiento de cosas y conocimiento acerca de cosas. El
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primero es ese contacto directo que nuestros sentidos nos dan, el aspecto visual,
el olor y la textura de una cosa; la clase desconocimiento que el bebé tiene de sus
propia cama, del pecho de su madre, del aspecto común del techo, de la ventana
y de la pared. Conoce estos objetos tal y como conoce el hambre o el dolor de
dientes; posee lo que Russell ha llamado “conocimiento por familiarización” con
algunas cosas, que es un conocimiento por demás directo y sensible. Sin
embargo, no puede decirse que el bebé sepa nada acerca de las camas, los
alimentos, las casas o los dolores de dientes. Saber algo acerca de un objeto, es
saber cómo está relacionado con lo que lo rodea, de qué manera está hecho,
cómo funciona, etc., en pocas palabras, saber que clase de cosa es. Para tener un
conocimiento acerca de que tenemos que saber algo más que la cualidad
sensible directa de “esa cosa”; debemos saber qué forma particular ha cobrado
ver el caso de este objeto. Un niño puede conocer el saber y la textura de un
huevo revuelto, sin saber qué es un huevo que ha sido revuelto; en tal caso no lo
asociará con un huevo hervido o con una tortilla. No sabe que son formas
diferentes de lo mismo. Tampoco sabe que en su estado crudo, fresco, natural el
huevo es la forma prístina del polluelo, y, mediante una relación más distante, un
guiso incipiente de pollo.

La única manera de entendernos con un mundo rápidamente cambiante,


movedizo y sorprendente, consiste en descubrir las leyes más generales de sus
transformaciones. Esta palabra “transformación” nos dice por sí sola de qué
estamos tratando, a saber: de los cambios de forma. El desarrollo de la ciencia es
la demostración más notable de la importancia de las formas, que hay que
distinguir de la materia, la sustancia o como quiera que llamemos eso que
pertenece “lo mismo” cuando cambia la forma de una cosa. Siempre que podemos
pretender con razón que tenemos una ciencia, es que hemos descubierto algún
principio en virtud del cual cosas diferentes se relacionan unas con tres como
otras tantas formas múltiples de un sustrato o material, y todo lo que pueda
tratarse como una nueva variación pertenece a esa ciencia.

2.- Forma Lógica.

No todas las ciencias se ocupan de cosas materiales. La filología, por


ejemplo, estudia las relaciones que median entre palabras, y aunque la producción
de una palabra, oralmente o por escrito, tiene siempre un aspecto material (pues
hace relación con el papel y la tinta, o con el movimiento de los órganos del habla)
este aspecto no es lo que le interesa al filólogo. Cuando la palabra sufre cambios
de forma, como los sufre, por ejemplo, la palabra “pater” para dar “pére” y “father”
y “padre”, no puede decirse que su figura cambie tal y como un huevo cambia de
figura cuando se le revuelve. El significado de “forma” se extiende o en el arte de
la composición musical hablamos de una forma rondó, de una forma sonata, de
una forma himno y nadie piensa en una forma material. La forma musical no es
material; es una ordenación, pero no una figura. De manera que hemos de
entender una aceptación más amplia de la palabra que la aceptación geométrica
de figura física, Y, por cierto, aceptación está más amplia en nuestras
conversaciones. Hablamos de la “formalidad” del trato social, de la “buena forma”
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en los deportes y del “formalismo” en la literatura, la música o la danza.


Indudablemente, no podemos hablar de la figura de una comida o de un poema o
de una danza. En esta aceptación más amplia puede decirse que tiene forma todo
lo que posee alguna clase de estructura, exhibe un orden, una conexión interna;
los numerosos sinónimos de la palabra “forma” nos indican la amplitud de esta
noción. Hablamos de forma física, gramatical o social. De tipo psicológico; de
normas de conducta, de belleza, de inteligencia; de modas del vestir, del hablar,
del comportarse, de nuevos diseños de automóviles o de lanchas de motor; de
planos arquitectónicos, o de planos para un festival; configuración, modelo, modo
y muchas otras palabras más significan esencialmente lo mismo en el uso
especializado, con sutiles variaciones de significado. Pero todas estas palabras
hacen referencia a “forma”, en el sentido por demás general en que habremos de
emplearla aquí.

Es este sentido por demás general el que siempre lo damos a la palabra en


lógica. Por lo tanto, la llamaré “forma lógica”, para distinguirla de “forma” en algún
sentido más limitado, especialmente en la aceptación vulgar de figura o
configuración física.

3.- Estructura.

La expresión “forma lógica” es una noción muy general y como todas las
generalizaciones abarcan gran número de ideas particulares. Pero si a todas estas
diversas ideas particulares se las puede designar con un nombre general, es que
deben tener algo en común, algún rasgo general. Pero “¿qué tienen en común, por
ejemplo, la forma de las declinaciones y las conjugaciones de un idioma, y la
topografía de un continente?. Ambas son “formas” en sentido lógico. ¿Cuál es el
puente que podemos tender sobre el vacío que separa a nociones tan diversas
como son la figura de un continente y la sucesión ordenada de sufijos en un
idioma? ¿Hay alguna razón que nos permita dar el mismo nombre a cosas tan
diferentes?.

El puente que se tiende entre los diversos significados de forma (desde


forma geométrica hasta la forma de un ritual o de una etiqueta) es la noción de
estructura; la forma lógica de una cosa es la manera en que está construída esa
cosa, el carácter de su composición. Todo lo que tiene forma definida está
construído de manera definida. Esto no quiere decir, por supuesto, que alguien,
deliberadamente, la haya compuesto; las formas pueden ser preconcebidas, pero
tal vez pueden ser naturales o accidentales. El famoso “Viejo de la montaña” de
Hampshire es una formación rocosa occidental que tiene la configuración de un
perfil humano; un trozo sobresale un poco como hacen las cejas, luego hay una
hosquedad semejante al hueco de los ojos, una protuberancia grande, como la de
una nariz, un trozo recto que tiene debajo una figura tal y como la boca está
debajo del labio, otro tramo recto que termina en una parte protuberante que
queda colgando, y que se parece a la manera en que sobresale y “queda volando”
una barbilla. El perfil de la piedra se parece a un perfil humano. Las fuerzas de la
naturaleza (los glaciares, las lluvias y las heladas) han construido occidentalmente
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de granito al “Viejo de la Montaña”. El risco, que nada tiene en común con la carne
humana, se parece a un hombre por su forma. La naturaleza abunda en
construcciones complejísimas, desde la burda estructura de los estratos de una
falla geológica hasta la estructura dinámica infinitesimal de los protones y los
electrones de un átomo. No debemos cometer el error de asociar “estructura”,
siempre, con algo formado por unión de partes que anteriormente estuvieron
separados. Un copo de nieve es una construcción detallada que tiene partes
individuales muy fáciles de reconocer, pero estas partes no se han “juntado”, sino
que se cristalizaron a partir de una gota homogénea de agua. Nunca estuvieron
separadas, y no se ha efectuado una combinación. Sin embargo, el copo tiene una
estructura (de hecho, una estructura interesante) y, por lo tanto, se le llama
construcción natural.

Consideremos ahora una forma que no es geométrica, es decir, que no es


una figura; la forma, por ejemplo, de la escala musical común, en el llamado
“modo mayor” de Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si, Do alto. Esta escala tiene ocho notas,
si contamos la repetición común de Do. Pero para tener una escala mayor
necesitamos más de ocho notas, debemos juntarlas precisamente de esta manera
particular. La escala mayor se construye el hacer que estas notas se sigan unas a
otras en este orden precisamente. Supongamos que las colocamos de manera
diferente, por ejemplo en este orden: Do, Mi, Re, Fa, Si, La, Sol, Do (alto).
Habremos construido, entonces, una melodía, perfectamente cantable, pero no
una escala mayor. Tiene las notas, pero no la forma de la escala. Las podemos
agrupar diferentemente de nuevo y construir otra melodía: Sol-Mi-Do (alto), Si, La-
Fa, Re-Do. Tenemos, pues, las mismas notas de nuevo, pero la forma musical ya
no es igual; es una melodía “saltarina” en tiempo de vals. Las dos melodías tienen
todas las notas en común, es decir, los mismos ingredientes, exactamente forma
parte de los dos. Si estos ingredientes fuesen cosas materiales, diríamos que las
dos construcciones eran de la misma sustancia exactamente, que deferían
únicamente de forma. Lógicamente podemos decir esto aún cuando la “sustancia”
sea material, puesto que es un conjunto de sonidos individuales, puesto que el
orden y la disposición de unos sonidos respecto de otros constituyen una “forma
lógica” tal y como lo constituye el ordenamiento de las partes en un cosa física. Si
comparamos estas melodías unas con otras y con la “escala mayor” convencional,
vemos inclusive en este caso rudimentario y trivial cuán diversas pueden ser el
carácter, el aspecto y el valor de casos que son pura y simplemente formas
distintas del mismo material dado. No hay que olvidarse de esto: a menudo es
difícil creer que un filósofo o un científico puedan llegar a reducir a la misma
categoría cosas enormemente diferentes, puesto que parecen ser tan
inconmensurables, y luego vemos que han encontrado un principio mediante el
cual las pueden describir como dos formas de una sustancia, y luego nos
sorprende ver con cuánta precisión y utilidad las ponen en relación. La lógica está
llena de tales sorpresas; por eso es por lo que afina y amplía nuestra concepción
científica o metafísica del mundo.
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4.- Forma y Contenido.

Hasta ahora, nos hemos ocupado totalmente de las diferentes formas que
puede exhibir un mismo material, y que pueden tener el aspecto de una cosa
igualmente diferente en cada caso. El “material” puede no ser físico, las “materias”
y “sustancias” no son términos muy felices, porque lo único que hacen es reforzar
nuestro perjuicio natural que nos hace imaginarnos que la forma es figura y que
todo lo que tiene forma es alguna especie de materia. Los lógicos, comúnmente,
eluden esta connotación al llamar contenido al modelo a través del cual una forma
se expresa. Por lo tanto, podemos decir que hasta ahora hemos venido hablando
de cómo uno y el mismo contenido puede presentarse en varias formas.

Pero es igualmente importante el hecho de que una y la misma forma


pueden ser ejemplificadas por contenidos diferentes. Diferentes cosas pueden
cobrar la misma forma. Considérese el ejemplo antes mencionado (página 12) de
la estructura que determina la forma, el de la gran cara de piedra llamada “Viejo de
la Montaña”. Indicamos que el risco no tiene nada en común con un rostro
humano, salvo el ordenamiento de sus partes, pero que este ordenamiento le dio
la forma de un perfil de hombre. Una forma que, comúnmente, se expresa en
carne y hueso aquí se vale del medio de la piedra; el contenido extraordinario
despierta nuestro asombro y, tal vez, nuestra imaginación supersticiosa.

Un ejemplo, mucho más conocido de los diferentes contenidos de una


misma forma, con el que tropezamos frecuentemente en la vida diaria, se
desprende del hecho de que dos trajes del mismo estilo pueden ser telas
diferentes. En estos tiempos de estandarización, muchos trajes, hechos de muy
diversos materiales, exhiben exactamente la misma forma, y si decidiésemos
coser el patrón de papel con el que se cortaron, en vez de dejarlo sobre la mesa
de cortar, tendríamos otro traje más, hecho de papel. De igual manera podemos
pensar en una gelatina, en una jalea, en un flan que se hayan enfriado todos en el
mismo molde, entonces, todos tendrían la misma forma, aunque diferirán de su
material o contenido. No tiene nada de extraordinario la noción de que cosas
diferentes pueden tener una figura igual. Todo el mundo lo da por tal y como todo
el mundo acepta que una sustancia puede cobrar formas diversas.

La forma de un traje o de una gelatina, por supuesto, es una forma


geométrica, una figura, también lo es la forma de una cara independientemente de
que son de carne y hueso o de piedra. Pero las estructuras que no son materiales
pueden tener también contenidos diversos. Supongamos que volvemos a
considerar nuestro ejemplo anterior de un constructor que no tiene carácter
material, la escala en Do mayor, y que nos imaginamos que ha sido traspuesta a
un medio tono más alto, de manera que ahora se escribe: Do#, Re#, Mi#, Fa#,
Sol#, La#, Si#, Do# alto. Ni una sola nota de la escala de D#, mayor figura en la
escala de Do natural.1 Sin embargo, las dos tienen exactamente la misma forma,

1
En el piano las dos escalas parecen tener algunas notas en común porque Mi y Fa #, Si# y Do,
respectivamente, caen en la misma clave, pero se debe a la falta de precisión de un instrumento
“templado”. En un violín son distinguibles.
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ala que comúnmente se llama “escala mayor”. Es un hecho singular el de que en


la música las formas se pueden reconocer más fácilmente que los contenidos; la
mayoría de las personas pueden decir si una determinada sucesión de notas
constituye o no una escala mayor (marcarán cualquier desviación de la forma),
pero pocas nos podrán decir si la escala mayor está dada en Do, en Do#, o en
cualquier otra clave particular. un oído normal captará la forma, pero sólo las
personas que tienen el llamado “oído absoluto” pueden captar el contenido.

Además, dos contenidos diferentes de la misma forma pueden diferir tan


ampliamente que pertenezcan a dos departamentos totalmente distintos de la
experiencia humana. Los trajes de tela o de papel, después de todo, son
contenidos físicos, igualmente tangibles de una forma geométrica. Las notas de
una escala mayor son todas, igualmente, contenidos auditivos.
Independientemente de cómo variamos nuestros material, de Do a Do# o de Re a
Re#, etc., nuestra escala seguirá siendo una forma musical y su contenido alguna
clase de sonido. Pero ¿por qué a este ordenamiento estándar de notas se le llama
“escala”? “Escala” significa “escalera”. El hecho es que el sentido común logra una
semejanza de forma entre el orden de las notas sucesivas, pues cada nota nueva
es un poco más alta que su predecesora, y los peldaños sucesivos de una
escalera, cada una de los cuales es un poco más alto que el anterior. La palabra
“escala” o “escalera” se transfiere de la una a la otra. De esta manera, lo que fue
el nombre de una determinada clase de objeto ha pasado a ser el nombre de una
determinada forma. Es una “escala” cualquier serie cuyas diferentes partes están
de tal manera dispuesta que cada una de ellas es o más alta o más baja que
cualquier otra parte. Así, por ejemplo, hablamos de “subir por la escala social” o
llamamos a una determinada serie de experiencias espirituales sucesivamente
“más altas” “escalera de la fe”, sin correr peligro de que se nos entienda mal y se
crea que estamos hablando de una serie de notas, o de un objeto de madera con
peldaños. Todo el mundo acepta que este uso es propio, por analogía, y la
analogía no es sino el reconocimiento de una forma común en cosas diferentes.

5.- El valor de la Analogía.

Cada vez que dibujamos un esquema gráfico, por ejemplo, el plano de una
casa, el plano de una calle para indicar el lugar exacto que ocupa, un mapa, una
carta isográfica, o una “curva” que represente las fluctuaciones de la bolsa,
estamos haciendo un “dibujo lógico” de algo. Un dibujo “lógico” difiere de los
dibujos comunes y corrientes en que no tiene que parecerse para nada a su
objeto. Su relación con el objeto no es la de una copia, sino la de una a analogía.
No tratemos de hacer que el dibujo de un arquitecto se parezca lo más posible a la
casa; es decir, aún en el caso de que el piso haya de ser de color café, el plano
del piso no es mejor cuando está dibujado en color café; y si la casa de ser
grande, el plano no tiene por qué dar la impresión de amplitud. Lo que el plano
tiene que hacer es copiar exactamente las proporciones de largo y de ancho, y la
disposición u ordenamiento de las habitaciones, de los descansos y de las
escaleras, de las puertas y de las ventanas. Los trazos que representan una
ventana no tienen que parecerse a una ventana real; se asemejan al objeto al cual
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representan sólo por su colocación en el plazo, que debe ser análoga a la


colocación de la ventana en la habitación.

La desemejanza de aspecto entre un “dibujo lógico” y lo que representa es


aún más notable en el caso de una gráfica. Supóngase que la gráfica que aparece
en una revista indica el crecimiento, la aceleración, la culminación y la declinación
de una epidemia. La gráfica es espacial, su forma es una figura, pero la serie de
acontecimientos no tiene una figura, en la acepción lateral del término. La gráfica
es un dibujo de los acontecimientos únicamente en sentido lógico, que
constituyentes, que son columnitas dibujados en el papel, guardan entre sí las
mismas proporciones que la que guardan los constituyentes de la epidemia, que
son los casos de enfermedad. Si la epidemia dura veinte días, la gráfica tendrá
veinte columnas verticales, y ni el tercer día de la epidemia trajo sesenta casos de
enfermedad, la tercera columna de la gráfica mostrará cuadrados negros hasta la
altura del sesenta. A la mayoría de nosotros no nos cuesta ningún trabajo
descubrir un orden y configuración de acontecimientos gráficamente, sin embargo,
la única forma que la gráfica y los acontecimientos tienen en común en una forma
lógica. Tienen una estructura análoga, aún cuando sus contenidos son más
incongruentes que lo que son las colas y los reyes.

Sólo por analogía una cosa puede representar a otra a la cual no se le


perece. Por analógica, un mapa puede “significar” un determinado lugar, y
evidentemente no puede “significar” ningún lugar con el cual no cese, es decir, que
no tenga un contorno análogo al del mapa. Si dos cosas tienen la misma forma
lógica una de ellas puede representar a la otra, y sólo así. Seis ratones pueden
representar a seis caballos, pero inclusivo a una hada le sería muy difícil hacer
seis caballos con cinco o siete ratones. De igual manera, siete vacas flacas
pueden significar siete años malos y siete vacas gordas, siete años de
abundancia, pero si todas las vacas hubiesen tenido el mismo aspecto habrían
perdido su significación, puesto que la analogía se habría destruido. Un rosario de
cuentas puede representar el número y el orden de las oraciones que han de
repetirse, puesto que las cuentas pueden moverse una tras otra a medida que se
vayan recitando las oraciones sucesivas; si las cuentas estuviesen cocidas de
manera que no se pudiesen mover, la sarta podría ser un collar o una pulsera,
pero no un rosario, puesto que no representarían lo que supone que representa al
desplazamiento de las cuentas del rosario.

La estructura sintáctica del lenguaje tal vez sea la estructura más compleja
que se haya inventado jamás con fines puramente representativos. Su contenido,
en sí mismo, estrivial, es un sistema de diversos soniditos, que no son ni bellos, ni
nos llaman la atención, como sí lo hace el contenido de las estructuras musicales,
sino que son chillidos y gruñidos ridículos y poco armoniosos. Sin embargo, en su
ordenamiento y organización, estos ruidos tienen tal estructura desarrollada que
constituyen un gran sistema y cualquier fragmento del mismo tiene su forma
lógica, que es su llamado “estructura gramatical”. Lo que esta estructura puede
representar es el orden y la conexión de ideas en nuestra mente. Nuestras ideas
no son meras imágenes fugaces que carecen de relaciones definidas entre sí;
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cada vez que estamos pensando realmente y no simplemente dejando vagar


nuestra mente en una bruma de impresionismo pasivo, nuestras ideas exhiben
sucesión, ordenamiento, conexión, una estructura clara. Unas ideas van más
estrechamente “juntos” que o otros, unas nos llevan a otras; unas provienen de
otras, etc. Es esta estructura la que refleja la compleja estructura del lenguaje. Por
lo común (aunque no siempre), palabras aisladas designan impresiones o ideas
diferentes, y estas palabras se juntan para hacer oraciones que expresan
pensamientos complejos, orgánicos, o proporciones. Como las ideas que
queremos representar son complejas, e lenguaje no puede ser un simple montón
de palabras como el que nos proporcionaría un vocabulario. El lenguaje tiene que
tener una forma lógica más articulada. En cuanto tenemos edad suficiente para
aprender esta forma (no para comprenderla, ya que esto es otra cuestión)
aprendemos a hablar, nuestras ideas concertadas se reflejan en las estructuras de
sonidos concertados que pronunciamos. Hay muchas maneras de combinar en
nuestra mente las nociones elementales y las más comunes y generales de estas
maneras se reflejan en las leyes del lenguaje a las que llámanos sintaxis. La
sintaxis es, simplemente, la forma lógica de nuestro lenguaje, que copia, en la
medida de lo posible, la forma lógica de nuestro pensamiento. Comprender el
lenguaje es captar la analogía entre el constructo sintáctico u el complejo de ideas,
permitiendo que el primero funcione como representante o “dibujo lógico” del
complejo de ideas.

Bertrand Russell nos ha dado una excelente explicación de lo que es la


“forma” que corresponde al lenguaje, en virtud de la cual entendemos que
significa lo que significa. Cito el pasaje, principalmente porque nos muestra con
claridad la distinción de forma u de contenido en una ración, u la relación de esa
forma con la estructura o disposición de las partes.

“En toda proporción y en toda diferencia hay, además de la materia


particular de que se trate, una forma, una manera en que los constituyentes de la
proporción o de la inferencia se organizan. Si digo “Sócrates es sabio” “Pérez es
colérico”, “el sol es caliente” hay algo en común en estos tres casos, indicado por
la palabra “es”. Lo que hay de común es la forma de la proposición y no un
constituyente real. Si digo cierto número de cosas a propósito de Sócrates (que
era ateniense, que casó con Xantipa, que bebió la cicuta) hay un constituyente
común, a saber, Sócrates, en todas las proposiciones que he enunciado, pero
tienen estas formas diversas. Por otra parte si cojo cualquier de estas
preposiciones y sustituyo, de una en uno, sus constituyentes por otros
constituyentes, la forma sigue siendo constante, pero ninguno de sus
constituyentes permanece. Veamos, por ejemplo, la serie de proposiciones:
“Sócrates bebió la cicuta”, “Coleridge bebió la cicuta”, “Coleridge bebió opio”,
“Coleridge comió opio”, la forma no cambia en esta serie, pero todos los
constituyentes se han modificado. Aquí pues, la forma no es otra constituyente,
sino la manera en que se juntan los constituyentes… Podríamos entender por
separado, cada una de las palabras de una oración sin comprender la oración: es
la que suele ocurrir cuando al oración es larga y complicada. En tal caso, tenemos
conocimiento de los constituyentes, pero no se la forma. También podemos tener
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conocimiento de la forma, sin conocer los constituyentes. Si digo “Rerario bebió la


cicuta”, quienes no hayan oído hablar de Rerario (si hay quien lo haya hecho)
comprenderá la forma sin tener conocimiento de todos los constituyentes. Para
comprender una oración, es necesario tener el conocimiento tanto de los
constituyentes como del caso particular de la forma… Así, pues, algún
conocimiento de las formas lógicas, aunque no sea explícito en la mayoría, de las
personas, está presupuestado e toda comprensión del discurso. Es cometido de la
lógica filosófica extraer este conocimiento de sus integumentos y hacerlo explícito
y puro.”2

El valor de la analogía es el de que, gracias a ella, y solamente a ella, nos


vemos llevados a descubrir una sola “forma lógica” en cosas que pueden ser
totalmente disímiles por lo que respecta al contenido. Llámanos intuición lógica a
la facultad de reconocer formas semejantes con ejemplificaciones ampliamente
diversas, es decir, a la facultad de descubrir analogías. Algunas personas la
poseen por naturaleza. Otras tienen que adquirirla (y creer que todas las mentes
normales pueden adquirirlas), o indudablemente todas pueden afilar la precisión
de su entendimiento mediante un estudio sistemático de los principios de
estructura.

6.- Abstracción.

Llamamos abstracción a la consideración de una forma que varias cosas


análogas pueden tener en común, aparte de cualesquiera contenidos o
“integumentos concretos”. Cuando hablamos de la escala mayor aparte de
cualquier particular la estampa tratante como un forma abstraída. Si notamos lo
que tienen en común un par de días, un par de guantes, una pareja de perdices y
un conjunto de gemelos, lo que estamos haciendo en abstraer una forma que
exhiben estos grupos, a saber, su numerosidad de dos. Si hablamos simplemente
de una pareja, sin referencia a ningún contenido, o simplemente de la “dosidad”, o
de "dos", tratamos esta forma en abstracto, o también si consideramos en orden
en que las horas de un día se suceden unas a otras (pues siempre una va
después de otra, y nunca hay dos que sigan, a la vez, a la misma predecesora) y
luego pensamos en el orden que guardan los centímetros en una regla, los
peldaños en una escalera, la sucesión de tomos en la enciclopedia británica, o la
serie de los presidentes de los Estados Unidos, vamos inmediatamente que todas
estas progresiones tienen una forma común. Todos son contenidos análogos,
aunque diferentes, de una estructura que es una excepción de la serie de número
originales: primero, segundo, tercero, etc. Es fácil ver que medía muy poca
distancia desde el reconocimiento de analogías, o de contenidos diferentes de la
misma forma, hasta la abstracción o captación de esa misma forma
independientemente de cualquier contenido particular.

La mayoría de la personas se siente intimada por la palabra "abstracción".


Hace pensar en lo incomprensible, lo difícil, en el gran vacío intelectual, de las
palabras vacías. Pero, de hecho, el pensamiento abstracto es la muerte más viva
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“Logio as the Essence of Philosopy”, en Our Knwlodge of the External Worls, Londres, 1914.
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y poderosa de pensamiento, como suele indicar hasta el estudio somero de la


lógica simbólica. La razón por la cual la gente le toma a la abstracción, es
simplemente, la de que no sabe cómo lidiar con ella no ha aprendido a hacer
abstracciones correctas y por lo tanto se pierde entre las formas vacías, a lo que
es peor, entre las simples palabras que designan las formas, y a las cuales llama
"palabras vacías" con gestos de desagrado.

No es culpa de la abstracción al que pocas personas puedan pensar


realmente en abstracto, tal y como no es culpa de la matemática que no muchos
son buenos en matemáticas, no hay nada en los planes de estudios comunes que
puedan enseñar a nadie a tratar con las formas abstractas. La única abstracción
notable con la que llegamos a topar es la de esa forma vacía de la aritmética a la
que llamamos algebra; y ésta se enseña de tal manera que la mayoría de nosotros
puede pasar un examen medianamente difícil de técnica algebraica sin saber que
el algebra es, por cierto, la forma abstracta de los cálculos aritméticos. Nadie tiene
de particular, entonces que no nos sintamos familiarizados con las formas puras.
Nadie tiene de particular que algunos filósofos, y casi todos los legos, crean que la
abstracción es viciosa o intrínsecamente falsa. Sin discernimiento y entrenamiento
lógico, no pueden avanzar mayor cosa sin caer en confusión, y luego lo echan a la
naturaleza abstracta de las ideas que están tratando de manipular la culpa de su
propia incapacidad de entenderse con ellas. Sin embargo, estas mismas personas
que no temen que un problema, de distancias y caballos de fuerzas, por ejemplo,
se conviertan en "puramente verbal", si utilizan el algebra para su solución y esto,
se debe a que no conocen la manipulación del algebra y han aprendido a elegir las
formas que pueden utilizar realmente.

El pensamiento abstracto nada tiene de abstruso, esotérico o "irreal". Como


ha indicado Bertrand Russell, todo el mundo tiene "algún conocimiento de las
formas lógicas". Lo único que se necesita es hacerlo explícito, consciente,
familiarizarse con él. Y esto en lo que se logra con el estudio de la lógica. Todos
manejamos formas puras de manera práctica, intuitiva. Cabe vez que dibujamos el
plano de una casa, no solo descubrimos la analogía entre el plano y el posible
edificio, sino que tratamos de dar a entender la pura forma de la casa, sin indicar
el material que habrá de usarse para construirlo, ni pensar en él. Cuando
compramos un patrón de papel para hacer un vestido, tenemos la intención de
usar la forma, sin preocuparnos por las indicaciones impresas en la envoltura y
que no nos recomienda que lo hagamos con tela floreada o con seda a rayas.
Cuando componemos una canción, le reconocemos independientemente de que
se la cante, de que se la interprete en un instrumento o de que se la silbe e
inclusive si cambiamos la clave en que está escrita. En la forma lo que nos
interesa, y no el medio a través del cual esta forma se expresa.
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