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A C U E R D O

En la ciudad de La Plata, a 20 de

marzo de 2013, habiéndose establecido, de

conformidad con lo dispuesto en el Acuerdo 2078, que deberá

observarse el siguiente orden de votación: doctores de

Lázzari, Negri, Hitters, Soria, Genoud, Pettigiani, Kogan,

se reúnen los señores jueces de la Suprema Corte de

Justicia en acuerdo ordinario para pronunciar sentencia

definitiva en la causa C. 85.355, "Fisco de la Provincia de

Buenos Aires. Incidente de verificación en autos: 'Queti,

José María y otro. Concurso preventivo'".

A N T E C E D E N T E S

La Sala I de la Cámara Primera de Apelación

en lo Civil y Comercial del Departamento Judicial de Bahía

Blanca confirmó la sentencia apelada que había desestimado

parcialmente la pretensión de revisión del Fisco.

Se interpuso, por éste, a través de su

representante, recurso extraordinario de inaplicabilidad de

ley.

Dictada la providencia de autos y

encontrándose la causa en estado de pronunciar sentencia,

la Suprema Corte resolvió plantear y votar la siguiente

C U E S T I Ó N

¿Es fundado el recurso extraordinario de

inaplicabilidad de ley?
V O T A C I Ó N

A la cuestión planteada, el señor Juez

doctor de Lázzari dijo:

I. La Cámara de Apelación confirmó el fallo

de primera instancia que había declarado parcialmente

admisible el crédito reclamado por el Fisco provincial y la

inconstitucionalidad de los arts. 40 y 119 del Código

Fiscal (fs. 521/527).

Fundó su decisión:

A) en cuanto a la admisión de la

prescripción, con base en el art. 4027 inc. 3 del Código

Civil, por resultar inconstitucional el art. 119 del Código

Fiscal; consideró que tratándose de una materia en la que

se encontraba involucrada la inteligencia de la

Constitución nacional, debía acatamiento al criterio de la

Corte Suprema de Justicia de la Nación según el cual las

normas atinentes a los plazos de prescripción de tributos

locales son las que determina el Código Civil, no pudiendo

aquéllas establecer plazos distintos avanzando sobre

facultades exclusivas del Congreso (fs. 523 vta./524).

B) en punto a la verificación del crédito

por ingresos brutos, el reconocimiento intentado por el

Fisco sobre la base de una simple liquidación de deuda

-habilitado por el incumplimiento de obligaciones formales

por parte del obligado- resultaba inadecuado a la luz del


procedimiento previsto por los arts. 37 a 39 del Código

Fiscal, que impone cargas a todos los acreedores sin ningún

tipo de distinción. Aclaró que dicha liquidación cercenaba

la capacidad de juzgamiento respecto de la procedencia y

alcances de la solicitud de verificación de los créditos

del Fisco, mereciendo ello descalificación constitucional

oficiosa con fundamento en el art. 57 de la Constitución

provincial (fs. 524/525 vta.).

II. El señor letrado representante del Fisco

provincial se alza contra dicho pronunciamiento mediante

recurso extraordinario de inaplicabilidad de ley (fs.

528/540 vta.).

Respecto del crédito por impuestos a los

ingresos brutos, se desconforma por cuanto el expediente

administrativo -antecedente y sustento de la liquidación-

posee entidad suficiente para acreditar la causa del

crédito; como también la tiene la certificación de deuda

emitida por la Dirección Provincial de Rentas, por tratarse

de un instrumento público en los términos del art. 979

incs. 2 y 5 del Código Civil (fs. 531 y vta.).

Asegura que en los créditos fiscales la

justificación de la causa, requerida por el art. 32 de la

Ley de Concursos y Quiebras (ley 24.522), está constituida

por la ley impositiva que crea la carga (Código Fiscal de

la Provincia de Buenos Aires) y la condición de


contribuyente obligado del deudor (fs. 531 vta.).

El fallo apelado -agrega- contradice la

doctrina de esta Corte sostenida en causa Ac. 76.242 (sent.

del 7-II-2001) que reconoce suficiencia a la liquidación

efectuada por el Fisco con fundamento en el art. 40 del

Código Fiscal (fs. 531 vta./532 vta.).

Añade que la determinación presunta del

crédito se encuentra autorizada por el art. 40 del Código

Fiscal para el caso de que el contribuyente no presentare

su declaración jurada por uno o más períodos fiscales y la

Autoridad de Aplicación conozca por declaraciones

anteriores y determinaciones de oficio la medida en que

presuntivamente les corresponda tributar el gravamen

respectivo (fs. 532. vta./533).

Afirma que en el sub lite se determinó en

forma discreta y razonable sobre la base de indicios y

presunciones acerca de circunstancias conocidas,

descartando con ello cualquier mecanismo arbitrario o

abusivo que ocasione un menoscabo a los fundamentales

principios concursales esgrimidos por la Sindicatura, los

cuales se mantienen incólumes y conservan todo su vigor a

lo largo del proceso determinativo (fs. cit.).

Además, sostiene que por el principio de

legitimidad, debe tenerse por cierto lo afirmado en el acto

administrativo, mientras no sea desvirtuado por prueba en


contrario (fs. 534).

Considera, en suma, que el fallo es

arbitrario y absurdo por contradecir la doctrina

anteriormente citada (fs. 534 vta.).

Resiste la declaración de

inconstitucionalidad de oficio en tanto contraría la

doctrina de la Corte Suprema nacional y de la Suprema Corte

provincial (fs. 534 vta./536).

En lo que hace a la prescripción de los

tributos provinciales por impuesto inmobiliario y

automotor, estima que la Cámara se ha apartado de las

disposiciones de los arts. 118 y 119 del Código Fiscal y de

la doctrina ya citada. Ello por cuanto la determinación de

la percepción de los tributos constituye una facultad no

delegada a la Nación. Agrega que tampoco constan impuestos

provinciales o nacionales en los incisos del art. 4027 del

Código Civil, por lo que la norma no resulta de aplicación

al caso. En virtud de ello es que el impuesto inmobiliario,

automotor y a los ingresos brutos, son liquidados conforme

lo establece el art. 119 del Código Fiscal que determina un

sistema escalonado de prescripción (fs. 536/539 vta.). Se

opone a la inconstitucionalidad declarada del art. 119 del

Código Fiscal.

III. El recurso no puede prosperar.

Dos son los temas sobre cuya base el


tribunal fundó su decisión confirmatoria:

Con relación al primero, referido al reclamo

por el impuesto a los ingresos brutos, sostuvo que el

reemplazo previsto por el art. 40 (hoy art. 49, t.o. resol.

39/11) de la determinación sobre la base presunta, por una

simple liquidación de deuda (habilitada por la falta de

presentación por el concursado de la declaración jurada),

con la que en la especie el Fisco pretendía el

reconocimiento de su crédito, no podía invocarse frente a

una legislación de superior jerarquía como lo es la Ley de

Concursos y Quiebras, declarando la inconstitucionalidad de

oficio de la norma citada.

El segundo, vinculado a la prescripción de

las deudas por impuesto inmobiliario y automotor, confirmó

también la declaración de inconstitucionalidad del art. 119

del ordenamiento fiscal (hoy art. 158, t.o. resol. 39/11),

expresando -en consecuencia- que el término de prescripción

de las obligaciones tributarias es el de cinco (5) años

previsto por el art. 4027 del Código Civil.

A) En cuanto al primero de los temas

propuestos, creo necesario precisar que el arduo debate en

torno al control constitucional de oficio ha concluido a

partir de las decisiones de la Corte Suprema de la Nación

recaídas en las causas "Mill de Pereyra, Rita Aurora y

otros c/ Pcia. de Corrientes" (sent. del 27-IX-2001, LL


2001-F-891) y "Banco Comercial de Finanzas S.A." (sent. del

19-VIII-2004; v. también causas L. 83.781, "Zaniratto",

sent. del 22-XII-2004; L. 77.386, "Onchalo", sent. del 6-

VII-2005; de este Tribunal, entre otras).

En efecto, ha terminado prevaleciendo el

criterio según el cual: a) la declaración oficiosa de

inconstitucionalidad no implica un avasallamiento del Poder

Judicial sobre los demás poderes, pues dicha tarea es la

esencial de aquél, siendo una de sus funciones específicas

la de controlar la constitucionalidad de la actividad

desarrollada por el Ejecutivo y el Legislativo, a fin de

mantener la supremacía de la Constitución; b) la presunción

de validez de los actos estatales en general no se opone a

la declaración de inconstitucionalidad de oficio toda vez

que, en tanto mera presunción que es, cede cuando los actos

estatales contrarían una norma de jerarquía superior; c)

finalmente, no cabe aducir quebrantamiento de la garantía

de la defensa de la contraparte. El control de

constitucionalidad constituye una cuestión de derecho que,

en cuanto tal, puede ser resuelta por el juez mediante la

facultad de suplir el derecho no invocado por las partes

(iura novit curia). La aplicación de este principio incluye

el deber de mantener la supremacía de la Constitución

(conf. Guillermo López, "El control de constitucionalidad

de oficio", LL supl. del 28-X-2002, pág. 1 y sigts.;


Alberto Bianchi, "¿Se ha admitido finalmente el control

constitucional de oficio?" en LL supl. del 5-XII-2001, pág.

6 y sigts.; Claudio Gómez, "Control de constitucionalidad

de oficio en la C.S.J.N.", LL supl. de Derecho

Constitucional, 2-XII-2002, pág. 24 y sigts.; Ana M.

Bestard, "El caso Mill de Pereyra y la declaración de

inconstitucionalidad de oficio", LL, supl. de Derecho

Constitucional, 30-XI-2001, pág. 16 y sigts.; Agustín

Gordillo "La progresiva expansión del control de

constitucionalidad de oficio", LL diario del 27-VIII-2004,

pág. 2; Germán J. Bidart Campos, "El triunfo del control

constitucional de oficio'", publicado en "La Ley Online",

coment. al fallo de la C.S.J.N., sent. del 19-VIII-2004, in

re "Banco Comercial Finanzas -en liquidación Banco Central

de la República Argentina- s/ quiebra"; Bárbara Figueira-

Christian J. Musitani, "El control de constitucionalidad en

la Corte Suprema de Justicia de la Nación", LL 2005, t. F,

pág. 453).

A. 1) Sin embargo las circunstancias

acontecidas en la especie, en mi opinión, no ameritan la

declaración de inconstitucionalidad, toda vez que conforme

surge de las causas Ac. 76.242 (sent. del 7-II-2001)

Ac.77.463 (sent. del 18-VII-2001), Ac. 79.365 (sent. del

19-II-2002), a las cuales adhiriera, la liquidación de la

deuda efectuada mediante el procedimiento previsto por el


art. 49 del Código Fiscal (t.o. resol. 39/11) resulta

idónea para satisfacer la exigencia del art. 32 de la ley

24.522.

A. 2) Ahora bien, tal como expresara en la

causa C. 97.755 (sent. del 2-IX-2009), entiendo que el

criterio esbozado en dichos antecedentes merece algunos

comentarios que lo complementan.

Sostener lisa y llanamente que las

liquidaciones de deuda emitidas por el Fisco abastecen los

requerimientos que establece el art. 32 de la Ley de

Concursos y Quiebras para proceder a la verificación de

créditos, significaría establecer una regla general de la

que se podría derivar que cualquier liquidación emanada de

una autoridad pública sería suficiente para corroborar la

causa y el monto del crédito. En mi opinión, esto no es

así, al menos con la amplitud omnicomprensiva con la cual

se la difunde.

Si bien es verdad que los certificados

emitidos por el Fisco gozan de la presunción de

legitimidad, esa apariencia se complementa y solidifica

siempre que los mismos cumplan con el procedimiento

establecido por el propio Código Fiscal -para respetar los

imprescindibles pasos que garanticen el derecho de defensa

del contribuyente (arts. 113 y sigts., según t.o. resol.

39/11)- y hubiesen sido consentidos por el deudor o quedado


agotadas las instancias de revisión que las normas

administrativas prevén (art. 115, según t.o. resol. 39/11).

Es así que tales certificados y en esas condiciones -en

principio- resultan suficientemente demostrativos de la

causa del crédito exigida por los arts. 32, 126 y 200 de la

ley 24.522.

A. 3) Decir que las normas jurídicas deben

interpretarse sin olvidar su contexto normativo resulta a

estas alturas una verdad de Perogrullo (conf. causas Ac.

49.172, sent. del 12-IV-1994; Ac. 55.689, sent. del 28-II-

1995; Ac. 67.487, sent. del 14-II-2001; C. 86.252, sent.

del 10-IX-2008; véase también la doctrina de mi voto en la

causa Ac. 86.878, sent. del 9-XI-2005). Al respecto, la

Corte nacional tiene dicho que es principio básico de la

hermenéutica atender en la interpretación de las leyes al

contexto general de ellas y a los fines que las informan,

no debiendo prescindirse de las consecuencias que se

derivan de cada criterio, pues ellas constituyen uno de los

índices más seguros para verificar su razonabilidad y su

coherencia con el sistema en que está engarzada la norma

(C.S.J.N., causa O.466.XXXIX, in re "Obra Social para la

Actividad Docente -OSPLAD- c/ Catamarca, Provincia de

s/acción declarativa de inconstitucionalidad", sent. del

20-V-2008, Fallos: 331:1262).

A pesar de ello, creo necesario reiterar tal


principio frente a la interpretación del art. 40 del Código

Fiscal (ahora el modificado art. 49, ley 10.397, t.o. según

resol. 39/2011). En el caso de esta norma, no puede

reducirse su interpretación a aislarlo en los límites

gramaticales de su texto ("En los concursos ... serán

títulos suficientes para la verificación del crédito

fiscal, las liquidaciones de deuda expedidas por

funcionario autorizado al efecto"), porque su adecuada

comprensión depende de relacionarlo con regulaciones

contenidas en otros textos del mismo Título VIII (de la

Determinación de las obligaciones fiscales) y del Título

XII (de los procedimientos de determinación de oficio y el

contencioso fiscal).

El sistema del Código Fiscal, como tantos

otros, contiene normas incompletas cuya virtualidad

precisan articularse indispensablemente con las normas que

la acompañan.

El art. 49 es uno de estos casos.

Descontextualizar la norma nos llevaría

irremediablemente a su desinterpretación. Es necesario

entonces completar el sentido de lo dispuesto en el texto

mencionado. En primer lugar, ha de hacerse con las normas

que integran el capítulo en el que se inserta (título, en

la técnica legislativa del Código Fiscal); y luego con el

capítulo en el que se establecen las pautas procesales que


debe respetar el procedimiento de determinación de oficio

(doct. art. 16, Cód. Civil).

Se abre, pues, en la tarea propuesta, la

elección entre las posibles interpretaciones de que es

susceptible la problemática involucrada. Dentro de las

distintas técnicas y argumentos interpretativos

heterogéneos que pueden calificarse como interpretación

sistemática, uno de los modos típicos consiste en hacer

referencia a la situación de la disposición normativa (el

argumento de la sedes materiae); junto a éste estimo de

primordial importancia en nuestra tarea el argumento de la

coherencia, la idea de que los sistemas jurídicos a pesar

de que no resulten coherentes en el sentido de tener

absoluta ausencia de inconsistencias normativas, deben

tender hacia la coherencia.

Y, finalmente, junto a los mencionados

criterios (la situacional de la norma y el argumento de la

coherencia), agrego un tercer factor que me resulta útil:

el concepto amplio de inconsistencia, antinomia o

incompatibilidad, que no se limita ya a la incompatibilidad

entre dos o mas normas -contradicciones lógicas en términos

generales- sino a una noción de antinomia como sinónimo de

perturbación de la unidad del sistema jurídico (conf. la

opinión de Vito Velluzzi, Alchouron y Bulygin, Alexy,

Peczenick, entre otros; conf. mi voto en la causa C.


100.621, sent. del 21-XII-2011).

A. 4) Puesto a interpretar el art. 40 del

Código Fiscal -art. 49- a la luz de dichas directrices,

estimo que dicha disposición se encuentra situada en el

contexto del título de la determinación de oficio, a la

cual se le imponen los traslados y pasos procesales que

garanticen el derecho de defensa en juicio del

contribuyente (arts. 18, Const. nac.; 10, Const. prov.).

A su vez, el artículo que antecede al mismo

nos indica concretamente que: "Las liquidaciones y

actuaciones practicadas por los inspectores y demás

empleados que intervengan en la fiscalización de los

tributos no constituyen determinación administrativa de

aquellos, la que sólo compete a la Autoridad de aplicación,

a través de los respectivos jueces administrativos" (art.

39, Cód. Fiscal; ahora art. 48, según t.o. resol. 39/11).

En este sentido, las liquidaciones de deuda

expedidas por "funcionario autorizado al efecto" de las que

habla el artículo 49 del Código Fiscal no pueden ser otras

que aquéllas emanadas de los "jueces administrativos".

Estamos en presencia de la atribución, por la ley, de

determinadas facultades a determinados funcionarios ("la

autoridad de aplicación") y no a cualquiera de los

integrantes o dependientes del cuerpo administrativo

interviniente. Concordante con lo dicho es el hecho de que


el art. 42 del mismo Código -t.o. resol. 39/11- (primero de

los artículos del Título pertinente) nos habla de

determinación o liquidación administrativa, siendo por

tanto el término "liquidación" sinónimo de "determinación

de deuda", para la cual el mismo Código establece un

procedimiento específico.

Recuerdo a esta altura que esas

determinaciones administrativas deben cumplir con los

requisitos procesales impuestos por el Título XII del mismo

Código Fiscal. Es decir los pertinentes traslados,

abriéndose la posibilidad para el contribuyente de realizar

los descargos e interponer los recursos en instancias

administrativas que estime conveniente en defensa de sus

derechos (arts. 113 y sigts., Cód. Fiscal).

Concretando lo dicho, no cualquier

liquidación de deuda de la Dirección de Rentas de la

Provincia de Buenos Aires (hoy A.R.B.A.) resulta "título

suficiente" para la verificación de crédito fiscal en los

procesos concursales, sino aquélla expedida por funcionario

autorizado al efecto (arts. 42, 48, 49, 113 y sigts., Cód.

Fiscal, t.o. 39/11).

No cabe, por tanto, una aceptación mecánica

de cualquier certificado de deuda emitido por el Fisco. No

es ese el sentido de la presunción de legitimidad de los

mismos, la que a todo evento resulta un elemento en muchos


casos decisivo para comprobar la causa del crédito

insinuado (conf. mi voto en la causa C. 97.755, cit.; véase

también C. 94.574, sent. del 23-III-2010; C. 102.221, sent.

del 6-X-2010).

Esta interpretación es la que pareciera

reflejar la última reforma del art. 40 (ahora, art. 49),

cuando reza que: "En los concursos preventivos o quiebras,

serán títulos suficientes para la verificación de crédito

fiscal correspondiente al Impuesto sobre los Ingresos

Brutos, las liquidaciones de deuda expedidas por

funcionario autorizado al efecto, cuando el contribuyente o

responsable no hubiere presentado declaración jurada por

uno (1) o más anticipos fiscales, en los términos del

artículo 209 de este Código y la Autoridad de Aplicación

conozca por declaraciones anteriores, determinaciones de

oficio o declaraciones juradas presentadas ante otras

Administraciones Tributarias, la medida que presuntivamente

les corresponda tributar el gravamen respectivo" (el

resaltado me pertenece).

A. 5) Por otra parte es necesario recordar

que las instancias administrativas deben respetar los

mismos principios legales que las instancias judiciales en

cuanto a dotar al proceso de los pasos procesales

indispensables para ejercer entre otros el derecho de

defensa. Es entonces en resguardo de ese derecho que deben


interpretarse las normas en crisis.

El derecho de defensa en juicio que debe

otorgarse al contribuyente en el ámbito administrativo

resulta inviolable y una clara manda constitucional

provincial y nacional a su vez sostenida por los Tratados y

Pactos internacionales.

De acuerdo al planteo de Denti ("La defensa

como derecho y como garantía", 1977) aún en referencia al

ámbito penal pero con clara trascendencia a otras ramas

como la civil e inclusive la administrativa, la defensa

debe ser estudiada desde una doble perspectiva. Una primera

de carácter subjetivo, conforme a la cual se la considera

un derecho de cada litigante y en la medida en que aparece

reconocida a nivel constitucional y de tratados

internacionales se caracteriza como un derecho fundamental,

que es el punto de vista tradicional de la cual se habla de

esta garantía, y una segunda acepción de carácter objetivo

que ha venido siendo delineada en los últimos tiempos y de

acuerdo a la cual se estima a la defensa como una garantía

para el desarrollo mismo del proceso, al margen o por sobre

la voluntad de las propias partes, lo que se traduce en que

nunca podrá estar ausente para la válida constitución de

cualquier clase de proceso y que entre otras consecuencias

se traduce en que es irrenunciable, es decir, que la parte

no puede renunciar a la posibilidad de ejercer la defensa;


e inalienable, o sea que el interesado no puede ser privado

de su derecho de defensa.

Esa dinámica que se impone a la garantía de

la defensa nos lleva a que resulte disvaliosa su

postergación cuando la misma conlleva desnaturalización de

su ejercicio.

La defensa en juicio así se imbrica con la

necesidad de que la misma sea en forma "oportuna" a fin de

que no se generen consecuencias gravosas de imposible

reparación ulterior que la terminen desnaturalizando o

diluyendo.

Así entiendo que tal instancia de defensa

del contribuyente no puede ser preterida o postergada para

etapas donde precisamente los efectos de ella hayan perdido

sustancia.

Sostengo lo dicho pues en el caso de

postergarse el ejercicio de la defensa de los derechos,

tendría consecuencias claramente contrarias a los intereses

de quien sea un contribuyente -concursado-, pues de

operarse la automática verificación de los créditos

liquidados -inaudita parte- por el Fisco al contribuyente

solo le restaría impugnarlos en un incidente de revisión

previsto por la Ley de Concursos y Quiebras, pero con una

consecuencia previa de marcada trascendencia en el iter

procesal concursal: aquello que haya quedado verificado a


favor del Fisco le permitiría en principio -y más allá de

discusiones doctrinarias y antecedentes jurisprudenciales

diversos-, votar como acreedor en el concurso. Ello no hace

otra cosa que hacernos reflexionar sobre la verdadera

oportunidad de garantizar el derecho de defensa.

Es en el sentido expresado hasta aquí que el

carácter tuitivo de la disposición del art. 40 del Código

Fiscal (hoy art. 49) no puede vulnerar la garantía de

defensa dentro del procedimiento administrativo so riesgo

de caer en su inconstitucionalidad, y es por ello

precisamente, que propongo la interpretación sistemática de

dicho artículo para contextualizarlo y no predicar la

misma.

A. 6) Teniendo en cuenta lo dicho hasta aquí

y analizadas las constancias del caso, el recurso no puede

prosperar en lo que corresponde al tramo referido al

rechazo de la verificación del crédito por ingresos brutos

pretendidos por el Fisco.

En el acápite referido a este punto (fs.

531/536), el recurrente expone su propia interpretación de

la ley, sin otro sostén que su afirmación dogmática en el

sentido de que la insinuación de créditos efectuada por el

Fisco en los procesos concursales o falenciales, en

cumplimiento de la carga que impone el art. 32 de la ley

falimentaria, se satisface con la certificación practicada


sobre la base de indicios o presunciones, siendo

"suficiente" la liquidación emitida en los términos del

art. 40 del Código Fiscal (fs. 532 vta./533 y sigts.).

Sin embargo, como lo ha sostenido el

tribunal de grado, y el Fisco no ha logrado rebatir su

fundamentación (art. 279, C.P.C.C.), en el caso "... la

liquidación ha sido emitida sin la observancia del

procedimiento previsto por los arts. 37 a 39 del citado

cuerpo legal, es decir, sin audiencia del afectado y

careciendo de una resolución firme que determine los

gravámenes omitidos" (fs. 542).

En el caso, efectivamente, no se ha

observado el procedimiento administrativo pertinente para

la emisión de la determinación o liquidación administrativa

(conf. fs. 4/21 y expte. adm. de fs. 67/481; arts. 113,

114, 115 y concs., Cód. Fiscal, t.o. resol. 39/11).

El procedimiento de determinación de oficio

implica, además de realizar una liquidación por parte del

Fisco, el inicio de un trámite con el correspondiente

traslado al contribuyente o responsable, con el lógico

sentido de formular su descargo y ofrecer prueba; y lograr

un pronunciamiento firme en instancia administrativa. Lo

que no se ha dado en el presente caso.

Dicho esto, ha quedado inatacado por el

Fisco lo sostenido por la Cámara respecto a la defectuosa


sustanciación del procedimiento administrativo, lo que

vicia la entidad de la liquidación de deuda para ser título

suficiente a fin de verificar el crédito en el concurso

(art. 279, C.P.C.C.; v. fs. 4/21; art. 32, ley 24.522).

Se ha limitado el recurrente a plantear su

particular punto de vista respecto a cómo debe ser probada

la causa del crédito, refiriendo a jurisprudencia de este

Tribunal que no resulta atingente a las particulares

circunstancias del caso (fs. 531 vta. y 534 vta./536).

Por lo expuesto en este aspecto entiendo que

el recurso no puede prosperar.

B) Acerca del segundo de los reproches,

referido a los impuestos inmobiliario y automotor,

considero válido lo anticipado respecto de la declaración

de inconstitucionalidad -en este caso, de los arts. 118 y

119 del Código Fiscal (ahora arts. 157 y 158, t.o. resol.

39/11)-, en tanto que el tribunal confirmó la decisión que

en este sentido tomó el señor juez de origen (fs. 498/500

vta. y 521/527).

Con este piso de marcha, en lo que concierne

a la violación de la doctrina legal emanada de las causas

Ac. 58.937 (sent. del 31-III-1998) y Ac. 76.242 (sent. del

7-II-2001), conforme se denuncia en la presentación de fs.

536/vta. y siguientes, esta Suprema Corte cambió de

criterio en las causas C. 81.253; C. 82.121; C. 82.282; C.


84.445; C. 84.976 y C. 87.124 (todas sents. del 31-V-2007),

constituyéndose en doctrina legal en los términos del art.

279 del Código Procesal Civil y Comercial, por lo que más

allá de la opinión que en disidencia sostuviera en estos

casos, la alegada infracción deviene improcedente.

IV. Siendo suficiente lo expuesto,

corresponde rechazar el recurso deducido.

Propongo que las costas se impongan por su

orden en atención a los cambios jurisprudenciales

producidos con posterioridad a la interposición del recurso

(arts. 68 segunda parte y 289, C.P.C.C.; v. fs. 540 vta.).

Voto por la negativa.

A la cuestión planteada, el señor Juez

doctor Negri dijo:

1. Recuerdo que en la causa C. 76.242 (sent.

del 7-II-2001), citada expresamente por el recurrente a fs.

232 vta., tuve oportunidad de analizar la norma -su

constitucionalidad- que en el Código Fiscal dispone que en

los concursos civiles o comerciales serán títulos

suficientes para la verificación del crédito fiscal, las

liquidaciones de deuda expedidas por funcionario autorizado

al efecto, cuando el contribuyente o responsable no hubiere

presentado declaración jurada por uno o más períodos

fiscales y la Autoridad de Aplicación conozca por

declaraciones anteriores y determinaciones de oficio la


medida en que presuntivamente les corresponda tributar el

gravamen respectivo.

Mantengo el criterio allí adoptado, en

cuanto a que dichas liquidaciones de deudas impositivas

realizadas conforme el art. 49 del Código Fiscal (t.o.

resol. 39/11) satisfacen la exigencia prevista por la ley

24.522 (conf. Ac. 77.463, sent. del 18-VII-2001; Ac.

79.365, sent. del 19-II-2002; C. 92.097, sent. del 11-VI-

2008).

En tal sentido, las liquidaciones de deudas

acompañadas gozan del carácter otorgado por el art. 979

(incs. 2 y 5) del Código Civil y, por lo tanto, hacen plena

fe hasta que sea argüida de falsas (art. 993, Cód. Civil),

trámite que en autos no fue efectivizado, como tampoco fue

acreditado el cumplimiento de la obligación de presentar la

declaración jurada que hubiera obligado al Estado a

liquidar sobre dicha base.

Además tampoco observo, tal como sucedió en

ese precedente, que exista contradicción intrínseca entre

la norma del art. 49 del Código Fiscal -t.o. resol. 39/11-

y las cargas que impone el art. 32 de la ley 24.522, ni que

en este supuesto particular se requiera la finalización de

la vía administrativa pues considero que, a mi juicio,

resulta suficiente la liquidación efectuada por el Fisco y

autorizada por la legislación provincial.


A lo expuesto cabe agregar que nada impide

que el contribuyente, el Síndico (o cualquier acreedor)

pueda oponerse y efectuar observaciones una vez iniciado el

trámite de insinuación, pues pueden invocar y probar las

defensas que consideren pertinentes de modo de asegurar

todas las garantías constitucionales.

En consecuencia, estimo que le asiste razón

al recurrente en cuanto a que la liquidación efectuada

cumple con la exigencia del art. 32 de la ley 24.522.

2. En lo demás, agravio referido a la

prescripción de las deudas por impuesto inmobiliario y

automotor, un renovado análisis del art. 119 del Código

Fiscal conduce a una solución contraria a la que ha

sostenido esta Corte en casos similares al presente (Ac.

76.242, sent. del 7-II-2001; Ac. 77.463, sent. del 11-VII-

2001; Ac. 79.365, sent. 19-II-2002).

Así es que parte de la cuestión se centra en

torno a la potestad de la autoridad provincial para

legislar en materia de prescripción tributaria.

Sobre ese aspecto en particular, la Cámara,

apartándose del criterio sustentado por el Tribunal que

integro, consideró que no entendía "que al reservarse las

provincias la facultad de determinar hechos imponibles y

establecer tributos sobre esa base, se haya reservado

también la potestad de regular otros aspectos que hacen a


la obligación fiscal y que pertenecen a la regulación

general de las obligaciones..." (fs. 523 vta.).

Considero que esa solución es la adecuada,

no sólo en virtud de la prelación que el art. 31 de la

Constitución nacional acuerda a las leyes nacionales en

materia sustantiva (art. 75 inc. 12, Const. nac.) sino

también porque el art. 119 del Código Fiscal sienta las

bases para una discriminación incompatible con el principio

de igualdad.

Con relación al primero de los aspectos

señalados estimo de interés hacer referencia a la ubicación

del instituto de la prescripción liberatoria en el Código

Civil, puesto que al determinar la modificación sustancial

de un derecho por el transcurso del tiempo y la inacción

del titular, si bien predicable de toda clase de derechos

privados de índole patrimonial, el instituto que nos ocupa,

posee clara inserción en el marco jurídico obligacional.

Por tratarse entonces la cuestión bajo

análisis de un aspecto sustancial de la relación entre

acreedores y deudores, compete al legislador nacional su

regulación con exclusión de otra norma provincial que se

oponga a su contenido (arts. 31, 75 inc. 12, Const. nac.).

Es pues en ese marco que juzgo correcta la

aplicación del art. 4027 inc. "3" del Código Civil en tanto

prevé una prescripción abreviada para todo lo que debe


pagarse por años o por plazos periódicos más breves; tal el

caso del impuesto a los ingresos brutos que el deudor debe

afrontar con sus recursos ordinarios.

La abreviación tiende a evitar que la

inactividad del acreedor ocasione trastornos económicos al

deudor como consecuencia de la acumulación de un número

crecido de cuotas, fundamento perfectamente aplicable al

caso de autos.

Desde otra perspectiva, no es un dato menor

que la legislación provincial haya variado en más de una

oportunidad en lo que concierne al plazo de prescripción en

materia tributaria. En la ley 9204 ese plazo era de cinco

años, luego, con la ley 10.857 (publicada B.0., 22-XII-

1989), fue duplicado. En la actualidad y desde el año 1996

mediante ley 11.808 (publicada B.O., 10-VII-1996) el plazo

en cuestión es nuevamente el quinquenal.

Sin embargo, el art. 119 del Código Fiscal a

diferencia del 118 (actual 158 y 157 respectivamente, t.o.

resol. 39/11) que prevé el transcurso de cinco años para

considerar operada la prescripción establece plazos

prescriptivos "escalonados" que van desde los 10 años hasta

los cinco según sea el ejercicio fiscal durante el cual

haya nacido la acción de la autoridad de aplicación para

exigir el pago de las obligaciones fiscales.

De ese modo, sin que se verifiquen


circunstancias que así lo justifiquen, la ley coloca en

situación considerablemente más ventajosa a algunos

deudores del fisco que a otros. Adviértase que a más

prolongada inactividad del estado recaudador al momento de

sancionarse la ley que redujo el plazo en cuestión (1996)

mayores perjuicios al deudor por la acumulación periódica

de cuotas y por aplicación de plazos prescriptivos más

extensos. Por el contrario, quienes incumplieron sus

obligaciones fiscales en tiempos más próximos a la sanción

de la ley que estableció el plazo quinquenal de

prescripción se benefician con él o bien con plazos

inferiores a los diez años (ver 2° a 6° párrafos del art.

119 del Cód. Fiscal).

Entiendo, en definitiva, que la situación

descripta no sortea con éxito el análisis de razonabilidad

que exige el control de la garantía de igualdad.

Además, no se advierte la imposibilidad del

ente recaudador de obrar con adecuada diligencia dentro de

un plazo no breve de cinco años, en el marco del auxilio

que proveen los sistemas informáticos a la hora de detectar

la nómina de deudores a fin de promover las acciones

legales correspondientes.

Las razones esgrimidas resultan suficientes

para confirmar la inconstitucionalidad del art. 119 del

Código Fiscal (ahora art. 158) en tanto establece plazos de


prescripción de la obligación tributaria superiores a cinco

años; ello por infracción de los arts. 1, 10 y 31 de la

Constitución provincial y 16, 31, 75 inc. 12, 121 y

concordantes de su par nacional.

3. Por todo lo expuesto, corresponde hacer

lugar parcialmente al recurso interpuesto, revocar la

decisión impugnada y remitir la causa al tribunal de origen

a fin de que dicte nuevo pronunciamiento con arreglo a las

pautas aquí establecidas (art. 7, C.P.C.C).

Voto por la afirmativa.

A la cuestión planteada, el señor Juez

doctor Hitters dijo:

I. En cuanto a la problemática del control

oficioso de constitucionalidad de las normas, es de

recordar que tanto esta Corte como el máximo Tribunal

federal (causa B.1160.XXXVI in re "Recurso de hecho, Banco

Comercial de Finanzas S.A.", sent. del 19-VIII-2004) han

habilitado el ejercicio de dicha potestad por la

judicatura. Acerca de los fundamentos de mi posición al

respecto, remito brevitatis causa a lo expresado en causas

L. 83.781, "Zaniratto", sent. del 22-XII-2004; L. 74.311,

"Benítez", sent. del 29-XII-2004 y A. 68.782, "Colegio de

Bioquímicos de la Provincia de Buenos Aires", sent. del 22-

XII-2008.

1. Previo a expedirme sobre la validez


constitucional del precepto en cuestión, se impone formular

las siguientes consideraciones.

Este Tribunal ha sostenido que la

liquidación de deuda impositiva realizada conforme el art.

40 del Código Fiscal (t.o. 1996) satisface la exigencia del

art. 32 de la ley 24.522 (conf. Ac. 76.242, sent. del 7-II-

2001; Ac. 77.463, sent. del 18-VII-2001; Ac. 79.365, sent.

del 19-II-2002; Ac. 79.917, sent. del 18-VI-2003; C.

92.097, sent. del 11-VI-2008, entre otras).

Tal doctrina, merece ser objeto de algunas

precisiones a fin de delimitar correctamente sus

presupuestos de operatividad y alcances.

a) El dispositivo de marras -que en la

redacción del Código Fiscal según el texto ordenado

dispuesto por la resolución 39/11 lleva el número 49-

contempla un mecanismo específico de liquidación de la

deuda impositiva que no se identifica con ninguno de los

modos de determinación de los gravámenes previstos en dicho

ordenamiento.

Por lo pronto, su aplicación se circunscribe

-como lo precisa su propio texto- a las hipótesis de

contribuyentes o responsables sujetos a procesos

concursales que hubieren omitido la presentación de la

declaración jurada exigida por la normativa tributaria, por

uno o más períodos. A la exigencia del citado


incumplimiento formal se añade otro extremo de

operatividad, cual es que la Autoridad de Aplicación

"conozca" por declaraciones anteriores o determinaciones de

oficio (la norma, en su actual redacción está dada por el

art. 78 de la ley 14.044 -B.O.P. del 16-X-2009- añadió como

fuente de conocimiento a las "declaraciones juradas

presentadas ante otras Administraciones Tributarias"), la

medida en que presuntivamente les corresponda tributar el

gravamen respectivo.

Sólo en tales supuestos, la ley atribuye a

las "liquidaciones de deuda expedidas por funcionario

autorizado al efecto" el carácter de "títulos suficientes

para la verificación del crédito fiscal".

b) En la tarea de desentrañar correctamente

el alcance que tiene el texto en cuestión, se impone

precisar liminarmente, que una lectura que pretenda

preservar un campo propio de actuación al dispositivo (es

decir, cuidadosa de no incurrir en una indebida

superposición con los restantes modos de determinación de

los gravámenes previstos en el Código Fiscal), conduce a

descartar la aplicación al caso del procedimiento reglado

en los arts. 112 y siguientes de dicho cuerpo; trámite este

previsto -precisamente- para los supuestos de determinación

de oficio de las obligaciones fiscales, y que refiere a la

previa notificación del acto al contribuyente, la concesión


de un plazo para la producción de su descargo, ofrecimiento

y producción de prueba, y la posibilidad de impugnar la

decisión por ante la propia instancia administrativa, y aún

judicialmente.

Otra interpretación llevaría a la completa

identificación de ambas regulaciones, en la imposibilidad

de establecer sus rasgos diferenciales, y ello

irremediablemente dejaría sin sentido ni razón de ser al

texto legal analizado, aniquilándolo al mostrarlo como una

mera previsión redundante de otras soluciones formadas en

el mismo ordenamiento.

No ha de olvidarse que, como se encargó de

puntualizar el máximo Tribunal de la Nación, las normas

deben ser entendidas evitando darles un sentido que ponga

en pugna sus disposiciones, destruyendo las unas por las

otras, y adoptando como verdadero el que las concilia y

deja a todas con valor y efecto (Fallos: 330:2800;

331:1234, énfasis añadido). Ello, por cuanto la regla más

segura de interpretación es que esos términos no son

superfluos, sino que su inclusión se ha realizado con algún

propósito (Fallos: 331:866). En esa línea de sentido ha

resuelto esta Suprema Corte que tratándose de averiguar el

sentido de una norma por medio de las demás del sistema, la

comparación más plástica que se puede hacer es la del

rompecabezas, el contorno (significado) de una de cuyas


piezas se ve por el hueco que dejan las otras (Ac. 79.618,

sent. del 8-VI-2005; Ac. 87.234, sent. del 29-VIII-2007).

También se ha ponderado como regla

preeminente de interpretación de las leyes la de dar pleno

efecto a la intención del legislador (C.S.J.N., Fallos:

331:1771; 331:1215; 330: 4713; S.C.B.A., Ac. 76.885, sent.

del 9-X-2003; Ac. 86.016, sent. del 16-II-2005).

c) Ahora bien, a la luz de estas pautas de

hermenéutica advierto que el mecanismo regulado en el

mentado artículo del código de marras reconoce una clara

finalidad tuitiva del crédito fiscal; cual es la de evitar

la insinuación tardía de la acreencia tributaria en el

pasivo concursal (derivada del tiempo que fatalmente insume

aquella tramitación administrativa) y que puede redundar

para el Fisco en la frustración de los derechos que

confiere el ordenamiento falencial al acreedor que concurre

tempestivamente.

Tal es -en mi opinión- la lógica que ha

inspirado al legislador al sancionar la norma.

En efecto, el texto en cuestión ingresó al

antiguo Código Fiscal (ley 5246) mediante la inclusión de

un nuevo artículo a ese cuerpo normativo dispuesto por la

ley 8732 (B.O. del 4-IV-1975), con una redacción bastante

similar a la que tiene en la actualidad. El mensaje de

elevación del proyecto -sancionado a iniciativa del Poder


Ejecutivo- da cuenta de la evidente necesidad de "asegurar

el crédito fiscal en los casos de concursos y quiebras"

(Diario de sesiones, Senado de Buenos Aires, 5ª sesión

extraordinaria, del 27 de febrero de 1975, p. 2389). El

miembro informante de la Comisión de Presupuesto y

Hacienda, explicó en relación a dicha redacción que "se

proponen modificaciones que tienden a reforzar la posición

de la administración en el caso de convocatoria a quiebra"

(Ídem, 6ª sesión extraordinaria, 6 de marzo de 1975, p.

2441).

Es indudable, por lo pronto, que el

legislador ha intentado a través de esta reforma favorecer

al erario fiscal previendo una tramitación diferenciada

para estos títulos, que permita al Fisco mejorar su

posicionamiento en el iter temporal del proceso falencial,

cuando este último corre en curso simultáneo con la

determinación de la acreencia en el procedimiento

tributario. No será en vano señalar, a fin de avalar tal

conclusión, que la misma norma modificatoria también

incorporó a dicho cuerpo legal la obligación de los

síndicos de comunicar al organismo recaudador provincial la

iniciación del juicio, medida que innegablemente reconoce

idéntica fundamentación.

Vale decir entonces, que tal precepto está

previendo la posibilidad de sustraer del procedimiento


"ordinario" de determinación de la deuda a ciertos créditos

fiscales, con la finalidad de "adelantar" su ingreso al

proceso concursal; esto es, sin necesidad de transitar las

diferentes instancias previstas para los restantes modos de

determinación de la deuda impositiva (en particular, las ya

aludidas etapas de notificación, descargo, ofrecimiento y

producción de prueba, y ulterior impugnación de la decisión

administrativa).

d) Ha de señalarse, sin embargo, que como

contracara de dicha particular forma de determinación

inaudita parte, y en salvaguarda del derecho de defensa del

contribuyente, aquella instancia de debate prevista en el

procedimiento tributario para los restantes supuestos no se

suprime, sino que se "difiere" a un momento posterior y que

se ubica en el ámbito judicial, instancia donde la

pretensión fiscal podrá ser controlada y contestada no ya

-y únicamente- por el contribuyente, sino también por el

juez del concurso, el síndico y los restantes acreedores,

en el marco propio del proceso de verificación formado en

los arts. 32 y siguientes de la ley 24.522.

Cabe agregar que tal actividad controladora,

por cierto, se extiende también a la discusión acerca de la

configuración de los presupuestos mismos de aplicación de

la norma (vg. la existencia de declaración jurada por los

períodos reclamados).
Vale decir entonces -y esto resulta

trascendental a fin de comprender cabalmente el alcance del

mecanismo de mentas- que el acreedor fiscal que pretende

ingresar al pasivo concursal de la mano de este dispositivo

(beneficiándose así con una "insinuación temprana" que le

permita ejercer sus derechos políticos) se verá en la

necesidad de exponer su título a la "contradicción" por

parte los diversos actores que intervienen en el "proceso

de verificación" previsto en la Sección 3, Capítulo 2

"Apertura", Titulo 2 "Concurso preventivo", de la ley

falencial y con el alcance allí establecido para la

generalidad de los acreedores.

Podrá pues acceder a la hipótesis cierta de

no ver frustradas las posibilidades de ejercer los derechos

políticos derivados de su carácter de acreedor concursal

(en particular, el de ejercer su derecho a voto), mas ello

no operará de manera automática, ni desprovista de iguales

y aún mayores garantías para el contribuyente deudor.

Y es que para arribar al ejercicio de tal

beneficio habrá de someterse en primer lugar a las amplias

potestades de investigación con las que cuenta la

Sindicatura (art. 33 de la ley falencial), y ser pasible de

las observaciones e impugnaciones que formulen no ya -y tan

sólo- el deudor, sino también los restantes acreedores, en

los términos previstos en el art. 34 de la ley.


Todo ello será coronado por el mérito de una

decisión judicial, que debe ser precedida del informe

individual elaborado por el síndico conforme lo edicta el

art. 35, con opinión fundada sobre su procedencia.

Es recién con el dictado de esta decisión

judicial -que estará precedida del debate al que aludí-

prevista en el art. 36 de la ley 24.522 donde el Fisco, del

mismo modo que sucede con cualquier otra categoría de

acreedores, estará habilitado -si la decisión judicial así

lo estima- a ejercer el referido derecho a voto (art. 36

tercer párrafo, ley 24.522).

Tal es el alcance de la postergación del

debate prevista en el mecanismo bajo análisis, la cual

-como se aprecia- importa un verdadero sometimiento a la

auscultación del crédito en el seno del proceso concursal;

sometimiento este de cual se encuentra exento el acreedor

Fiscal cuando transita las vías ordinarias de determinación

del tributo.

Es que no ha de perderse de vista en este

último sentido, que la eventual insinuación del crédito

"determinado" en sede administrativa por las vías

ordinarias -esto es, cuando no se articula el mecanismo que

vengo analizando- no permite que en el ámbito falencial se

suscite una discusión semejante a la que acabo de reseñar,

atento a la valla derivada de la firmeza del acto


(administrativo o aún judicial) que pone fin al

procedimiento (sea por su falta de impugnación o por su

confirmación por el órgano superior) y que impide la

revisión de lo así decidido, por el juez del concurso.

e) Lo dicho, se comprende, adelanta el

sentido que ha de asignársele al mencionado artículo cuando

califica como "títulos suficientes para la verificación del

crédito fiscal" a las liquidaciones allí aludidas.

Tal expresión no ha de tener otra

significación que la de considerar cumplida la exigencia

del artículo 32 de la Ley de Concursos y Quiebras, en orden

a la "indicación" del monto, causa y privilegios del

crédito que se intenta verificar, corriendo de allí en más

la misma suerte que cualquier otra acreencia que pretenda

ingresar al concurso, aunque -claro es- con las

particularidades propias que se siguen de la naturaleza del

sujeto activo de la relación jurídica tributaria, que se

traducen en las alternativas del debate a las que haré

referencia más adelante, y que no desaparecen -claro está-

por la situación concursal del deudor.

f) Desde ya que lo hasta aquí explicado no

exime a la Administración de motivar fundadamente el acto

así instrumentado, exigencia que con carácter general se

ciñe sobre todo acto administrativo como condición de

validez, de suerte tal que pueda ser objeto de suficiente


control por el administrado (doct. causas B. 52.931, sent.

del 22-III-2000; B. 53.911, sent. del 7-III-2001; B.

56.928, sent. del 22-X-2003; B. 52.891, sent. del 15-XI-

2006).

En tal sentido, incumbe al Fisco

individualizar correctamente los antecedentes y elementos

mínimos que permitan su eventual impugnación y revisión

para que la liquidación respectiva satisfaga la carga que

el art. 32 de la ley 24.522 exige al verificante de indicar

la causa de su acreencia (ver párrafo anterior).

Tal exigencia -por lo demás- posibilitará a

los interesados (reitero: el contribuyente, el síndico, los

restantes acreedores y el juez) verificar los presupuestos

de los surge la medida del gravamen que se reclama, cuyo

conocimiento impone la norma al Fisco en la parte final de

su texto, como condición para su aplicación.

Siendo que -como se expresó- el ámbito de

discusión del crédito se traslada, es decir, se pospone a

la instancia concursal, pesa entonces sobre el Fisco la

carga de acompañar a su presentación los antecedentes

documentados de su título, en los plazos y condiciones que

la norma falencial establece a los restantes acreedores

(arts. 32 y 33).

g) Ello, sin perjuicio de reconocérsele a la

liquidación así generada la naturaleza propia de los


documentos emanados de la Administración pública en cuanto

a su eficacia probatoria y la presunción de legitimidad de

los actos que portan, afirmación que también requiere de

algunas precisiones adicionales.

Sobre el particular ha de señalarse que el

carácter de instrumento público que pueda atribuírsele a la

liquidación de marras, de conformidad a lo formado en el

art. 979 incs. 2 y 5 del Código Civil, no impone a quien

pretenda enervar la pretensión verificatoria, sin más, la

necesidad de acudir a su redargución de falsedad.

Este Tribunal ha cuidado de no extender tal

modo de descalificación a aquellos contenidos que, aún

insertos en un instrumento de aquella naturaleza, no exigen

ese procedimiento para su refutación (conf. doct. causas B.

52.183, sent. del 1-III-1994; B. 57.538, sent. del 11-VII-

2001; con particular referencia al instrumento aquí

analizado, mi voto en C. 92.097, sent. del 11-VI-2008). Y

aún tratándose de tales enunciaciones, se impone la previa

comprobación de que el instrumento en cuestión ostente los

caracteres extrínsecos que permitan asignarle tal alcance.

En ese sentido, señaló el Tribunal cimero (en Fallos:

262:130), con carácter general, que el valor probatorio de

las actuaciones administrativas exige que las mismas no

adolezcan de irregularidades serias aparentes, que impidan

que sus constancias sustenten la íntima fuerza de


convicción que debe acompañar a las sentencias judiciales;

y en otro antiguo precedente ("Bodegas y Viñedos San

Carlos", sent. del 8-X-1941, JA 76-41) aquel Tribunal dejó

en claro que "cualquier escrito emanado de un funcionario

administrativo no es un instrumento público, sino cuando

sea de su competencia, y actúe en la materia y forma que la

ley determina".

Atento al acotado contenido que está llamada

a instrumentar la liquidación prevista en el art. 49 del

Código Fiscal, el procedimiento especial de redargución

quedará circunscripto a los supuestos de desconocimiento de

la existencia misma del acto, es decir, a la verdad de su

otorgamiento, su fecha y lugar de expedición; a la efectiva

existencia de los antecedentes de los que el instrumento da

cuenta de haber tenido en miras para su dictado, etc.; mas

no se extiende a los relacionados a la sinceridad de lo

consignado en tales antecedentes o la exactitud de los

cálculos y operaciones cuyos resultados se expresan, y

demás contenidos que quedarán al margen del requisito de la

previa redargución de falsedad.

De lo expuesto no ha de seguirse que con

relación a las enunciaciones que no requieren del

procedimiento de redargución de falsedad para enervar su

validez, sea suficiente su simple desconocimiento. La Corte

Suprema de Justicia de la Nación desde antiguo ha conferido


valor probatorio a las constancias expedidas con fundamento

en los libros y archivos oficiales, en tanto los

particulares no sean restringidos en la prueba útil de las

circunstancias que hagan a su derecho (Fallos: 246:194;

262:130; 312:367); y ha reconocido a éstos la posibilidad

de impugnar los libros estatales, así como la de demostrar

en juicio el error en que ellos estuvieran incursos, aunque

tal actividad -como también se encargó de puntualizar- no

puede adoptar la forma de un desconocimiento genérico, que

importaría tanto como la privación del valor probatorio

reconocido en ellos (Fallos: 262:130; 312:367; 331:622,

disidencia de los doctores Lorenzetti, Maqueda y

Zaffaroni).

h) De lo hasta aquí explicado se desprende

que aquella prerrogativa que el art. 49 del Código Fiscal

confiere al Estado para conformar un título "suficiente"

-con los alcances ya señalados- a fin de insinuar su

acreencia en el concurso, no entra en contradicción con la

exigencia prevista en el artículo 32 del régimen falencial,

en la medida en que para su generación se hayan observado

los recaudos antes explicados.

Tampoco evidencia vicio alguno que amerite

su descalificación constitucional desde la perspectiva del

debido proceso (arts. 15, Const. prov; 18, Const. nac. y 8

del Pacto de San José de Costa Rica), toda vez que las
partes interesadas cuentan, en el ámbito concursal, con

instrumentos adecuados para debatir la existencia y

alcances de la obligación tributaria en cuestión (arts. 34,

36, 37, 42 y concs. de la ley 24.522), siempre -claro está-

que la discusión sobre el crédito no se hubiera agotado

previamente con carácter firme (doct. C.S.J.N., in re,

"Casa Marroquín" –Fallos: 310:719-, "Cosimatti" –Fallos:

310:875-, "Supercanal" –Fallos: 326:1774-, "Baterplac" -del

18-IX-2007- y "Cía. Financiera Luján Williams" -del 17-III-

2009-).

2. Sentado ello, manifiesto mi adhesión a lo

expresado por mi distinguido colega, el doctor de Lázzari,

en el sentido de que el art. 40 -actual 49- del Código

Fiscal no se opone al art. 32 de la ley falencial,

superando, por ende, el test de validez constitucional. De

allí que la decisión recurrida, en este aspecto, debe ser

revocada.

II. Disiento, sin embargo, en cuanto al

segundo de los agravios, que fuera tratado por el

distinguido ministro en el acápite "B" del punto III.

En cuanto a la cuestión de

constitucionalidad del art. 119 -ahora art. 158- del Código

Fiscal de nuestra provincia, recientemente (C. 84.976,

sent. del 30-V-2007) he variado mi postura antecedente,

plegándome por razones de economía procesal al criterio


establecido por la Corte Suprema de Justicia de la Nación

en un caso que guarda evidente similitud con el presente

(in re "Municipalidad de Avellaneda s/ inc. de verif. en:

Filcrosa S.A. s/quiebra", sent. del 30-IX-2003).

Sostuvo el máximo cuerpo jurisdiccional en

el citado decisorio que no se hallaba controvertido que:

"dentro del régimen de competencias asignado por la

Constitución Nacional, es facultad no delegada por las

provincias al Gobierno Nacional la de establecer los

tributos cuya verificación fue reclamada en autos. La

cuestión litigiosa, en cambio, consiste en dilucidar si esa

facultad incluye la de fijar la prescripción de los

aludidos tributos o, en cambio, esta última corresponde a

la Nación en razón de lo dispuesto en el art. 75, inc. 12,

de la misma Constitución" (consid. 4°, fallo citado).

Agregando que "esa cuestión ya ha sido

resuelta por esta Corte en varias oportunidades, en las que

declaró que las legislaciones provinciales que

reglamentaban la prescripción en forma contraria a lo

dispuesto en el Código Civil eran inválidas, pues las

provincias carecen de facultades para establecer normas que

importen apartarse de la aludida legislación de fondo,

incluso cuando se trata de regulaciones concernientes a

materias de derecho público local" (consid. 5° y citas allí

incorporadas).
En definitiva, considera que debe ser

ratificada la doctrina según la cual "las legislaciones

provinciales que reglamentaban la prescripción en forma

contraria a lo dispuesto en el Código Civil eran inválidas,

pues las provincias carecen de facultades para establecer

normas que importen apartarse de la aludida legislación de

fondo, incluso cuando se trata de regulaciones

concernientes a materias de derecho público local"

(consids. 5° -y sus citas- y 6° de la sentencia de marras).

Tal doctrina, se ha visto confirmada en

posteriores pronunciamientos del Tribunal cimero (in re,

"Barreyro" –Fallos: 327:2631-; "Verdini, Edgardo Ulises c/

Instituto de Seguridad Social de Neuquén", sent. del 19-

VIII-2004; "Recurso de hecho deducido por Casa Casmma

S.R.L. en la causa Casa Casmma S.R.L. s/ concurso

preventivo s/ incidente de verificación tardía (promovido

por Municipalidad de La Matanza)", sent. del 26-III-2009;

"Municipalidad de Resistencia c/ Lubricom S.R.L. s/

ejecución fiscal", sent. del 8-IX-2009).

Expresado lo que antecede, debo recordar una

vez más que -a mi juicio- la doctrina del aludido Tribunal

tiene efectos de vinculación hacia los cuerpos

jurisdiccionales inferiores, tanto en los temas federales

como en aquéllos que no lo son. En el primer caso, por

tratarse del intérprete último y más genuino de nuestra


Carta fundamental; en el segundo, vincula moralmente sobre

la base de los principios de celeridad y economía procesal

(conf. Ac. 85.566, sent. del 25-VII-2002 en JA 2003-I-768;

Ac. 91.478, sent. del 5-V-2004; Ac. 92.951, sent. del 9-XI-

2005; C. 79.549, sent. del 22-XII-2008; C. 94.032, sent.

del 29-XII-2008).

Por lo tanto, en razón de la posición

adoptada por la Corte Suprema nacional en cuanto a la

inconstitucionalidad de la normativa local que regula la

materia sub análisis, me pliego a dicho criterio, dejando a

salvo -al igual que lo hice en la citada causa Ac. 84.976,

luego de adherir al voto del doctor Soria-, mi opinión

discrepante con la sustentada por nuestro Tribunal

superior. Remito en cuanto a los fundamentos de esta

salvedad, a lo que expresara en la causa Ac. 77.892 (sent.

del 11-VII-2001).

III.- En consecuencia, corresponde hacer

lugar sólo parcialmente al recurso interpuesto (art. 289,

C.P.C.C.), revocar la decisión impugnada y remitir la causa

al tribunal de origen a fin de que dicte un nuevo

pronunciamiento con arreglo a las pautas que anteceden.

Costas en el orden causado, atento el resultado del recurso

(art. 71, C.P.C.C.).

Con el alcance indicado, voto por la

afirmativa.
A la cuestión planteada, el señor Juez

doctor Soria dijo:

I. Los agravios del recurrente en relación a

la declaración de inconstitucionalidad del art. 40 del

Código Fiscal (actual art. 49, conf. resol. 39/11) deben

prosperar.

a. Con respecto al control de

constitucionalidad de oficio, en atención a los términos

del recurso bajo análisis, sólo basta afirmar que en votos

anteriores he expuesto mi opinión en contra del ejercicio

amplio por parte de la judicatura de dicha potestad (conf.

mi voto en las causas L. 77.727, "Vallini", sent. de 10-IX-

2003; L. 76.279, "Castillo" y L. 76.672, "Páez Nolasco",

ambas sents. de 1-X-2003; L. 71.014, "Celaya", sent. de 29-

X-2003; P. 63.131, "Contarino", sent. de 25-II-2004; entre

otras). Cabe agregar que no se da en estos autos ninguno de

los supuestos, en donde he entendido que dicho criterio

debe ceder (así, v. gr., mi voto en las causas L. 86.269,

"Gómez", sent. de 30-III-2005, reproducida en L. 81.577,

"Guzmán", sent. de 8-VI-2005; C. 89.831, "Leguizamón",

sent. de 1-X-2008; A. 70.498, "Curatolo", sent. de 9-VI-

2010).

b. Ahora bien, sentado ello, cabe recordar

que la cuestión relativa a la constitucionalidad del art.

40 del Código Fiscal (actual art. 49, conf. resol. 39/11)


ha sido abordada por esta Suprema Corte en las causas Ac.

82.282 (sent. de 30-V-2007) y C. 92.097 (sent. de 11-VI-

2008), entre otras, concluyendo que la liquidación de deuda

tributaria efectuada mediante el procedimiento previsto por

el art. 49 -nueva numeración- del Código Fiscal resulta

idónea para satisfacer la exigencia del art. 32 de la ley

24.522.

c. Si bien ello resultaría suficiente para

resolver el entuerto planteado en el sub examine, una

aclaración adicional es necesaria teniendo en cuenta el

alcance de mi voto expresado en el primero de aquellos

precedentes. Allí el recurso extraordinario deducido por el

Fisco había dejado sin embate idóneo argumentos de la

alzada referidos a la estructuración de la liquidación

tributaria en sede administrativa, extremo que aquí no

concurre (v. fs. 533/6).

En punto a esta cuestión he de recordar que

los certificados de deuda o la liquidación de deudas

tributarias -en el supuesto específico del art. 49 del

Código Fiscal- expedidos por el organismo de recaudación

gozan de presunción de legitimidad, sirviendo por tanto de

causa a los fines de la verificación de crédito, mientras

no sean impugnados con suficiente sustento. De ahí que

sobre quien controvierte la juridicidad de tales actos pesa

la carga de fundar y acreditar su impugnación (conf. mi


voto en C. 97.207, sent. de 25-III-2009 y C. 94.574, sent.

de 23-III-2010).

Ciertamente el marco de verificación de

créditos previsto en el art. 32 de la ley concursal y el

procedimiento para su revisión no son equiparables al

proceso de apremio. Mas, por tal razón, ante la existencia

en el proceso de constancias administrativas que

individualizan concretamente al deudor, con indicación

precisa del importe y los conceptos de la deuda, que se

encuentran precedidas por el procedimiento legalmente

exigido para su existencia y emanadas del funcionario

competente, pesa sobre quien invoca su irregularidad la

carga de la producción de medidas probatorias tendientes a

acreditar tal extremo.

Lo expuesto en modo alguno significa

conferir a la acreencia del Fisco un privilegio indebido,

en desmedro de los restantes acreedores, en lo tocante a la

carga de la prueba al momento de insinuar su crédito en el

pasivo concursal. Antes bien, se trata de reconocer

eficacia, en principio y salvo comprobación de su

inexactitud, a ciertas actuaciones de los órganos públicos

en ejercicio de sus funciones cuya validez prima facie debe

presumirse, las que, además, por regla, resultan

suficientes a los efectos de la verificación del crédito

(C.N.Com., Sala A, sent. de 13-XI-2007, Sup. C. y Q. 2008


(abril), p. 77; íd., sent. de 8-XI-2007, Sup. C. y Q. 2008

(abril), p. 77; sent. de 12-VI-2007, LL del 17-I-2008; íd.,

sent. de 2-III-2006, LL 2006-F-806 y mi voto en la causa C.

97.207, cit.).

II. Con respecto al planteo de

inconstitucionalidad del art. 119 –ahora art. 158- del

Código Fiscal, vale tener presente que la cuestión

sustancial fue objeto de decisión por parte de la Corte

Suprema de Justicia de la Nación en Fallos: 326:3899 (causa

"Filcrosa", sent. de 30-IX-2003; ratificado en

M.377.XXXVII, "Municipalidad de Resistencia c/ Lubricom SRL

s/ ejecución fiscal", sent. de 8-IX-2009), criterio al que

me he plegado al emitir mi voto en la causa C. 81.410,

"Municipalidad de Monte Hermoso" (sent. de 30-V-2007),

entre otras, en mérito a razones de economía procesal y

seguridad jurídica.

Teniendo en cuenta tales pautas, no

advirtiendo tampoco un caso de excepción como el

puntualizado en el considerando 14° del voto de la minoría

en el citado precedente "Filcrosa", adhiero al voto del

doctor Hitters, punto II.

En consecuencia, corresponde hacer lugar

parcialmente al recurso interpuesto, revocar la decisión

impugnada y remitir la causa al tribunal de origen a fin de

que dicte un nuevo pronunciamiento con arreglo a las pautas


que anteceden. Costas en el orden causado, atento el

resultado del recurso (art. 71, C.P.C.C.).

Con el alcance indicado, voto por la

afirmativa.

A la cuestión planteada, el señor Juez

doctor Genoud dijo:

I. En lo concerniente a la facultad de los

magistrados para declarar oficiosamente la

inconstitucionalidad de las normas legales, he de reiterar

en autos los conceptos vertidos en L. 83.781, "Zaniratto"

(sent. del 22-XII-2004), en el que me permití reproducir

nociones propias del colega de Lázzari en el precedente de

este Tribunal identificado como L. 78.329, "Klug" (sent.

del 24-IX-2003), a los cuales adherí por compartir sus

fundamentos.

Allí se mencionó que "El arduo debate en

torno al control constitucional de oficio ha concluido a

partir de la decisión de la Corte Suprema de la Nación

recaída por mayoría en la causa ‘Mill de Pereyra Rita

Aurora y otros c/ Provincia de Corrientes’, del 27/9/2001

(L.L., 2001-F-891)".

"En efecto, ha terminado prevaleciendo el

criterio según el cual: a) La declaración oficiosa de

inconstitucionalidad no implica un avasallamiento del Poder

Judicial sobre los demás poderes, pues dicha tarea es de la


esencia de aquél, siendo una de sus funciones específicas

la de controlar la constitucionalidad de la actividad

desarrollada por el Ejecutivo y el Legislativo, a fin de

mantener la supremacía de la Constitución, b) La presunción

de validez de los actos estatales en general no se opone a

la declaración de inconstitucionalidad de oficio toda vez

que, en tanto mera presunción que es, cede cuando los actos

estatales contrarían una norma de jerarquía superior. c)

Finalmente, no cabe aducir quebrantamiento de la garantía

de la defensa de la contraparte. El control de

constitucionalidad constituye una cuestión de derecho que,

en cuanto tal, puede ser resuelta por el juez mediante la

facultad de suplir el derecho no invocado por las partes

(iura novit curia). La aplicación de este principio incluye

el deber de mantener la supremacía de la Constitución

(conf. Guillermo López, ‘El control de constitucionalidad

de oficio’, L.L., supl. el 28-X-2002, pág. 1 y sgts.;

Alberto Bianchi, ‘¿Se ha admitido finalmente el control

constitucional de oficio?’, en L.L., supl. del 5122001,

pág. 6 sgts.; Claudio Gómez, ‘Control de constitucionalidad

de oficio en la C.S.J.N.’, -LL.,spl. de Derecho

Constitucional, 2-12-2002, p. 24 y sgts.; Ana M. Bestard,

‘El caso Mill de Pereyra y la declaración de

inconstitucionalidad de oficio’, L.L., supl. de Derecho

Constitucional, 30/11/2001, p. 16 y sgts.)".


La Corte federal ha ratificado la doctrina

que viabiliza el mecanismo de declarar ex officio la

inconstitucionalidad de las normas in re "Videla, Jorge

Rafael y Massera, Emilio Eduardo s/ recurso de casación"

(sent. del 31-VIII-2010, causa V.281.XLV). Allí sostuvo el

máximo Tribunal que viene adoptando desde el año 2001 como

postura mayoritaria la doctrina con arreglo a la cual una

decisión de esa naturaleza (la declaración de

inconstitucionalidad) es susceptible de ser tomada de

oficio, remitiendo a Fallos: 327:3117.

He dicho en reiteradas oportunidades, que

razones de economía y celeridad procesal aparecen

suficientes para brindar acatamiento a la doctrina que

sienta la Corte Suprema de Justicia de la Nación (conf.

causas L. 76.310, sent. del 1-IV-2004; L. 80.735, sent. del

7-III-2005, entre otras), más cuando la propia Corte

federal tiene dicho que si bien sólo decide en los procesos

concretos que le son sometidos a su conocimiento y sus

fallos no resultan obligatorios para casos análogos, los

jueces inferiores tienen el deber de conformar sus

decisiones a sus sentencias, razón por la cual carecen de

fundamento las resoluciones de los tribunales inferiores

que se apartan de los precedentes del Tribunal sin aportar

nuevos argumentos que justifiquen modificar su posición, en

su carácter de intérprete supremo de la constitución


nacional y de las leyes dictadas en su consecuencia (in re

"Ernesto Ariel Levin [TF 15148-I] c. DGI", sent. del 2-VI-

2009; "Casa Casmma SRL.", sent. del 26-III-2009; "Massuh

S.A.", sent. del 17-III-2009), de donde deriva la necesidad

de controvertir sus argumentos cuando se aparten de dicha

jurisprudencia al resolver las causas sometidas a su

juzgamiento (del dictamen de la Procuradora Fiscal que la

Corte hace suyo, in re "Cornejo, Alberto c. Estado nacional

- Ministerio de Defensa", sent. del 18-XII-2007).

II. En relación a la liquidación de deuda

efectuada por el Fisco provincial mediante mecanismo legal

impuesto (actual art. 49 del Código Fiscal), tiene dicho

este cuerpo que la liquidación de deuda impositiva

realizada conforme el art. 48 del Código Fiscal (t.o.

resol. 39/11) satisface la exigencia del art. 32 de la ley

24.522 (C. 82.282, sent. del 30-V-2007; C. 92.097, sent.

del 11-VI-2008, entre otras).

En la cuestión, he de prestar mi adhesión a

lo expuesto por el doctor Soria en el Punto I. b y c de su

voto, en orden al tratamiento y solución que brinda a la

pretensión verificatoria del Fisco en relación al impuesto

a los ingresos brutos.

Pero a dichas nociones agrego otras no

excluyentes, sino más bien que estimo complementarias y que

hubieron de adelantarse en precedente de este mismo cuerpo


(C. 102.221, sent. del 6-X-2010), donde se expusiera que

"Es verdad que los certificados de deuda emitidos por el

Fisco ... gozan de la presunción de legitimidad, pero ella

se configura una vez que los mismos fueren consentidos por

la deudora o quedasen agotadas las instancias de revisión

que las normas administrativas prevean". Es así que tales

certificados y en esas condiciones -en principio- resultan

suficientemente demostrativos de la causa del crédito

exigida por los arts. 32, 126 y 200 de la ley 24.522. Como

contrapartida de ello es menester corroborar en cada caso

que no se encuentre cuestionada la legalidad del

procedimiento determinativo fiscal, la constitucionalidad

de las leyes base de la determinación o el derecho de

defensa del concursado. No hay por tanto una aceptación

mecánica de cualquier certificado de deuda emitido por el

Fisco. No es ese el sentido de la presunción de legitimidad

de los mismos, sino que resultan un elemento fundamental y

en muchos casos decisivo para comprobar la causa del

crédito insinuado (-en línea con lo dicho- conf. Cám. Nac.

Com., Salas A y E, "Componentes para Acumuladores S.A. s/

Quiebra -inc. de rev.-" sent. del 7-XI-2006; "Intermoda

S.A. s/ Quiebra s/ inc. de rev. por AFIP", respectivamente,

entre muchos otros y conforme "Acreditación de la causa de

la obligación y tasas de interés de los créditos fiscales

en el concurso del deudor", Spisso. Rodolfo R., LL 2007-C-


17; "La relación Fisco-Concurso", Alegría, Héctor, LL 2002-

E-648).

En relación a tal materia se ha dicho que la

administración, en principio, sólo tiene las facultades

propias y comunes a todos los acreedores, más las

especiales que les confiera la ley. Las prerrogativas

discrecionales que se concedan en materia administrativa

para la verificación y fiscalización, si bien fundadas en

el interés general de la regular percepción de la renta

pública, deberán estar acompañadas de las correlativas

garantías en favor de los contribuyentes, para no

desequilibrar la igualdad de las partes (Spisso, Rodolfo

R., "Igualdad de las partes de la relación procesal

tributaria", Sup. Const., 2009, noviembre, p. 59, LL 2009-

F-445).

III. Finalmente, en relación a la cuestión

planteada en orden a la inconstitucionalidad del art. 119

-ahora art. 158- del Código Fiscal, sostuve en C. 84.976

(sent. del 30-V-2007), que la Corte federal tuvo

oportunidad de pronunciarse en la causa in re "Filcrosa

S.A. s/ quiebra. Incidente de verificación de Municipalidad

de Avellaneda" (sent. del 30-IX-2003) determinando, en

esencia, que: a) Resulta inadmisible que la municipalidad

haya regulado el término de la prescripción del cobro de

una obligación fiscal excediendo el plazo quinquenal


previste por el art. 4027 inc. 3 del Código civil; b) En

tal caso, la municipalidad en cuestión, estaría reglando

aspectos de derecho común, tan vedados a ella como a la

Provincia de la cual forma parte, dado que los Estados

locales habrían resignado en favor de la Nación la

regulación del régimen general de las obligaciones,

conforme lo preceptuado por el art. 75 inc. 12 de la

constitución nacional; c) La prescripción liberatoria

constituye una de las facetas principales del régimen de

las obligaciones, el cual está regulado por el régimen de

fondo del Código Civil y por tanto resultarían inválidas

las legislaciones provinciales (o municipales)

contrapuestas a tal ordenamiento, o dicho de otro modo, que

excedan el referido plazo de cinco años. Cuestión reeditada

con postura definida del máximo Tribunal federal en

sucesivos pronunciamientos posteriores a "Filcrosa" (vg.

B.679.XXXVI, "Bruno, Juan Carlos c/ Buenos Aires, Provincia

de s/ acción de inconstitucionalidad", 6 de octubre de

2009; M.377.XXXVII, "Municipalidad de Resistencia

c/Lubricora SRL. s/ejecución fiscal", sent. del 6-IX-2009).

Al respecto se ha sostenido que la

aplicación de la prescripción quinquenal del Código Civil a

los tributos provinciales concuerda con los principios que

fundan el establecimiento de un plazo de prescripción más

corto para los créditos de devengamiento periódico, puesto


que tiende a evitar que la desidia del acreedor ocasione al

deudor trastornos en su economía, al acumularse un crecido

número de cuotas al cabo del tiempo, sin que se advierta la

imposibilidad de la administración fiscal de obrar con

adecuada diligencia dentro de un plazo de cinco años, ya

bastante prolongado, puesto que los modernos sistemas de

computación pueden ser actualizados en el momento oportuno

para detectar la nómina de los deudores y promover las

acciones legales pertinentes en resguardo de sus intereses.

Afirma la Corte que no se advierte que deba hacerse

excepción a lo dispuesto por el art. 4027 inc. 3° del

Código Civil, máxime teniendo en cuenta que el plazo de

cinco anos establecido por ese precepto resulta

suficientemente extenso como para descartar cualquier

hipótesis de entorpecimiento a la normal percepción de sus

recursos por parte de la repartición fiscal provincial en

el caso de que actúe con razonable diligencia (Spisso,

Rodolfo R., "Proyección de los Códigos Nacionales sobre el

derecho tributario provincial", LL 2009-C-579).

Con dichos alcances, voto por la afirmativa.

A la cuestión planteada, el señor Juez

doctor Pettigiani dijo:

1. Con relación al agravio vinculado con la

declaración de inconstitucionalidad de oficio del art. 49

del Código Fiscal (t.o. resol. 39/11) por oponerse a lo


dispuesto por la legislación nacional en materia de

concursos y quiebras (arts. 32 y concs., ley 24.522),

entiendo que los agravios del recurrente no pueden

merecer favorable acogida pues resulta aplicable en la

especie lo resuelto por la Corte Suprema de Justicia

Nacional en el precedente "Mill de Pereyra, Rita Aurora

c/ Provincia de Corrientes" (sent. del 27-IX-2001,

publicado en LL del 5-XII-2001) mediante el cual

introdujo una variante en su criterio en orden a la

prohibición de la judicatura para declarar la

inconstitucionalidad de las normas legales.

Ello así pues la pauta que se desprende, en

mi opinión, de la decisión adoptada, sólo resulta operativa

cuando previamente haya existido una declaración de

inconstitucionalidad de oficio -"pura"- o que la parte lo

haya planteado en el recurso extraordinario local -eventual

declaración de inconstitucionalidad de oficio "impura" por

solicitud tardía- de modo que la contraparte tenga

garantizada la oportunidad de ejercitar su derecho de

defensa -presupuesto ineludible que surge de los votos de

los doctores López y Bossert que conformaran la mayoría en

el fallo citado- ya sea mediante la interposición del

recurso en el primer supuesto o por la presentación de la

memoria en el restante, y antes de que esta Suprema Corte

conozca de la declaración de inconstitucionalidad decretada


o del reclamo incoado en tal sentido.

Por ello, en el presente caso, tratándose

del segundo de los supuestos enunciados, se torna aplicable

el precedente de la Corte nacional antes referido. Es que

sin perjuicio de lo que pueda sostenerse sobre la eventual

aptitud vinculatoria de los fallos de la Corte Suprema de

Justicia de la Nación, cabe reconocerle en todo caso una

innegable gravitación, atento a su ubicación en la cúspide

del ordenamiento judicial (arts. 5, 108, 123 y 127, Const.

nac.), constituyendo el intérprete último en dicha materia

federal, por lo que resulta aconsejable adoptar su criterio

por razones de celeridad y economía procesal.

Asimismo, en ese orden, es dable señalar

también que conforme lo decidido -por mayoría- por la Corte

Suprema de Justicia nacional in re "Banco Comercial

Finanzas S.A. (en liquidación Banco Central de la República

Argentina) s/ Quiebra" -sentencia del 19 de agosto de 2004-

y según surge del fallo de marras, la judicatura -si bien

con especial referencia al Tribunal cimero- se encuentra

asimismo habilitada para decretar de oficio la

inconstitucionalidad de la normativa aplicable al caso en

juzgamiento en tanto y en cuanto dicho plexo jurídico haya

sido previamente declarado inconstitucional por ese alto

Tribunal; doctrina que mutatis mutandi, esta Suprema Corte

ha adoptado respecto de sus propios precedentes, al


sostener que también procede la declaración de oficio de

inconstitucionalidad de una norma cuando, siguiendo los

lineamientos que para casos análogos sentara el alto

Tribunal, la misma fue declarada inconstitucional por esta

Suprema Corte con anterioridad (conf. opinión del doctor

Soria a la que el suscripto adhiriera en C. 92.262, sent.

del 10-VI-2009).

En definitiva, siempre que se garantice a la

parte contraria el derecho de defensa en juicio, aún en

sede casatoria; o si existiere un precedente en tal

sentido, tanto de la Corte Suprema de Justicia de la

Nación, o de esta Suprema Corte, es dable admitir la

potestad de declarar de oficio la inconstitucionalidad del

plexo jurídico de que se trate.

Finalmente, recientemente el alto Tribunal

nacional, con cita del precedente "Trabajadores cesados del

Congreso (Aguado Alfaro y otros) vs. Perú", sentencia del

30 de noviembre de 2007 de la Corte Interamericana de

Derechos Humanos, ha reconocido el deber de los órganos del

Poder Judicial de ejercer el control de convencionalidad ex

officio entre las normas internas y las de la Convención

Americana, en el marco de sus respectivas competencias y de

las regulaciones procesales correspondientes; a la vez que

ha ratificado su postura mayoritaria, con cita del

precedente "Banco Comercial Finanzas S.A. (en liquidación


Banco Central de la República Argentina) s/ Quiebra"

-sentencia del 19 de agosto de 2004, Fallos: 327:3117-, con

arreglo a la cual la declaración de invalidez de normas

inferiores a las leyes fundamentales es susceptible de ser

tomada de oficio (in re V.281.XLV, "Videla, Jorge Rafael y

Massera, Emilio Eduardo s/ recurso de casación", Fallos:

333:519).

2. No obstante lo expuesto, en la especie,

tiene dicho esta Corte que la liquidación de deuda

impositiva realizada conforme el art. 49 del Código Fiscal

(t.o. resol. 39/11) satisface la exigencia del art. 32 de

la ley 24.522 (Ac. 84.977, sent. del 24-VIII-2005; C.

88.538, sent. del 7-II-2007; Ac. 82.282, sent. del 30-V-

2007; C. 92.097, sent. del 11-VI-2008; entre otras), por lo

que dicho precepto resulta constitucional.

A. Ello es así pues los certificados o

boletas de deuda son suscriptos por funcionarios cuyos

actos gozan del carácter otorgado por el art. 979 incs. 2 y

5 del Código Civil, por lo que hacen plena fe hasta que

sean argüidos de falsos (art. 993, Cód. Civil). Y en

aquellos aspectos en los que las objeciones contra su plena

fe no requieren su redargución de falsedad, como ser las

impugnaciones contra su sinceridad o corrección (arg. arts.

994, 995, Cód. Civil; C. 92.097, sent. del 11-VI-2008;

entre otros), al constituir títulos de créditos emitidos


por el tesoro público igualmente mantienen la presunción de

su legitimidad (arg. arts. 109, 110 y concs., decreto ley

7647/1970; B. 65.727, resol. del 4-VII-2007; entre otras),

que se configura -para el caso- en tanto se hayan observado

las condiciones de su emisión previstas en el propio art.

49 del Código Fiscal.

En efecto, tal como sostiene aquí el doctor

Hitters, una hermenéutica armonizante de las diversas

disposiciones en tensión, respetuosa de sus sentidos,

preservadora de un contenido mínimo, cuidadosa de la

inspiradora finalidad tuitiva del crédito fiscal y

otorgante de pleno efecto a la intención del legislador que

sancionó el texto del actual art. 49 del Código Fiscal,

evidentemente debe llevar a considerar que el dispositivo

de marras contempla un mecanismo específico de liquidación

de la deuda impositiva que no se identifica con ninguno de

los modos de determinación de los gravámenes previstos en

el Código Fiscal, carece de un símil en el orden nacional y

circunscribe su aplicación a la hipótesis de contribuyentes

o responsables sujetos a procesos concursales que hubieren

omitido la presentación de las declaraciones juradas

exigidas por la normativa tributaria, siempre que la

autoridad de aplicación pudiese conocer por declaraciones

juradas o determinaciones de oficio anteriores, la medida

en que presuntivamente les corresponda tributar el gravamen


respectivo.

En tales términos, los certificados o

boletas de deuda así emitidas sirven de causa a los fines

de la verificación de crédito mientras no sean debidamente

impugnados, pues sobre quien controvierte la juridicidad de

tales aspectos de los actos administrativos pesa la carga

de fundar y acreditar su impugnación (conf. B. 60.462,

sent. del 15-VIII-2007; B. 60.933, sent. del 22-X-2003;

entre otras).

B. Por demás, no debe olvidarse que a los

fines del art. 32 de la ley 24.522, la exigencia de indicar

la causa del crédito rige en verdad para los títulos

abstractos (pagarés, cheques, letra de cambio, etc.), pero

no para los títulos causales, pues el título mismo porta la

expresión sobre su génesis. La pregunta acerca de cuál es

la causa de un crédito impositivo, contiene su propia

respuesta. Ante la liquidación de un tributo y la

pretensión verificatoria, podrá objetarse que el impuesto

fue pagado, que prescribió, que fue mal calculado, etc. Lo

que no puede argüirse, es que se desconoce la fuente de la

obligación (conf. arts. 32, 126, 200 y concs., ley 24.522;

Ac. 88.538, sent. del 7-II-2007; Ac. 80.384, sent. del 24-

IX-2003; Ac. 80.752, sent. del 29-X-2003; C. 97.207, sent.

del 25-III-2009).

Así las cosas, la actuación fiscal puede importar


la presentación en el procedimiento concursal o falencial

del deudor, meramente de los certificados o boletas de

deuda expedidos por autoridad competente en los términos

del art. 49 del Código Fiscal, en tanto contengan todos los

elementos necesarios que permitan apreciar su procedencia

en torno de la liquidación del gravamen, su origen,

períodos, montos, alícuotas, conceptos, con indicación de

los elementos ciertos o presuntivos y coeficientes

empleados y su referencia normativa (en autos a fs. 86/91),

o aún mediante la incorporación al procedimiento de los

antecedentes documentales de los títulos, previstos en el

propio texto de la norma, tendientes a acreditar

debidamente tales extremos (en autos, expte. agregado,

2306-14590/96; en sentido análogo sobre la generalidad de

los casos, Spisso, Rodolfo, "Acreditación de la causa de la

obligación y tasas de interés de los créditos fiscales en

el concurso del deudor", en LL 2007-C-17), sin que su

unilateral confección deba importar sino el diferimento de

la instancia impugnativa o revisora de los mismos a un

momento posterior, que se ubica en la órbita judicial, en

el marco propio de los procesos normados por los arts. 32,

37, 56, 126, 200 y concordantes de la ley 24.522, no sólo

para el contribuyente, sino también para el juez del

concurso, el síndico y los restantes acreedores, con

salvaguarda del derecho de defensa en juicio, pues en dicho


ámbito los interesados cuentan con instrumentos adecuados

para debatir la existencia y alcances de la obligación

tributaria contenida en aquéllos (conf. arts. 1, 14, 18,

31, 33, 75 inc. 22 y concs., Const. nac.; 1, 11, 15 y

concs. Const. prov.).

Así pues, la pretensión verificatoria del

fisco provincial no puede ser válidamente rechazada sobre

la base de la alegada falta de acreditación de la causa del

crédito invocado en los certificados de deuda presentados

en autos, por no haberse agotado el procedimiento

administrativo llevado a cabo a los fines de su

determinación, por lo que las razones dadas por el tribunal

a quo resultan infundadas, debiéndose revocar en tal

aspecto el decisorio recurrido.

3. A su turno, en relación con los agravios

dirigidos contra la declaración de inconstitucionalidad de

los arts. 157 y 158 del Código Fiscal (t.o. resol. 39/11),

debo prestar mi adhesión en esta parcela al voto del

estimado colega que abre el acuerdo, doctor de Lázzari,

pues la doctrina legal que se cita como infringida por el

recurrente no es la actualmente vigente en los términos del

art. 279 del Código Procesal Civil y Comercial (conf. mi

voto en la causa "Ferrero", C. 84.283, sent. del 18-III-

2009; entre otros), por lo que aún a pesar de la opinión

discrepante que desarrollara tanto con anterioridad al


fallo de la Corte Suprema federal in re "Filcrosa S.A. s/

quiebra s/ incidente de verificación de la Municipalidad de

Avellaneda", en Fallos: 326:3899 (por ej. en Ac. 79.365,

sent. del 19-II-2002), como con posterioridad al mismo (por

ej. en Ac. 81.253; 81.410; 82.121; 84.445; 84.976 y 87.124,

en los que incluso expuse los fundamentos que me convencían

de inaplicar dicho precedente), la infracción denunciada en

tales términos deviene actualmente improcedente al momento

de emitir este decisorio.

4. De esta forma, habida cuenta de lo

expuesto hasta aquí, concuerdo con que la decisión

recurrida debe ser revocada y remitirse la causa al

tribunal de origen a fin de que se pronuncie nuevamente con

arreglo a las pautas que surjan del presente decisorio. Las

costas, atento a los vencimientos mutuos, corresponde que

sean impuestas en el orden causado (art. 71, C.P.C.C.).

En tales términos, voto por la afirmativa.

A la cuestión planteada, la señora Jueza

doctora Kogan dijo:

Adhiero al voto del doctor Soria a excepción

de lo expuesto en el acápite I.a, toda vez que he sostenido

en oportunidades anteriores la posibilidad de decretar la

inconstitucionalidad de oficio (conf. L. 83.781,

"Zaniratto", sent. del 22-XII-2004).

Así voto.
Con lo que terminó el acuerdo, dictándose la

siguiente

S E N T E N C I A

Por lo expuesto en el acuerdo que antecede,

por mayoría de fundamentos, se hace lugar parcialmente al

recurso interpuesto, se revoca la sentencia impugnada y se

remite la causa al tribunal de grado para que debidamente

integrado dicte un nuevo pronunciamiento con arreglo a las

pautas señaladas en el voto de Juez Hitters. Las costas se

imponen en el orden causado, atento al resultado alcanzado

(arts. 71 y 289, C.P.C.C.).

Regístrese, notifíquese y devuélvase.

EDUARDO NESTOR DE LAZZARI

HECTOR NEGRI DANIEL FERNANDO SORIA


JUAN CARLOS HITTERS LUIS ESTEBAN GENOUD

HILDA KOGAN EDUARDO JULIO PETTIGIANI

CARLOS E. CAMPS

Secretario