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CARACTERÍSTICAS CLÍNICAS

Característica principal: sospechas y desconfianza profundas e infundadas hacia los demás. Es


más frecuente en hombres que en mujeres.

Estilo de personalidad vigilante


■ Se dan cuenta de todo lo que sucede a su alrededor.
■ Vigilan constantemente las situaciones y personas de su entorno, prestando atención a los
mensajes con doble sentido, a las motivaciones ocultas, etc.
Interpreta que les acciones de los demás plantean una amenaza
■ La gente intentará herirme.
■ No se puede confiar en la gente. Siempre se aprovechan de mí.
■ Mantente en guardia. Estate siempre preparado para lo peor.
■ Llegar a un compromiso es rendirse.
■ Evita la Intimidad. SI intimo mucho con la gente, pueden enterarse de mis debilidades.
■ Mantente alerta ante alguien que tenga poder. Pueden herirme.
■ La gente a menudo dice una cosa, pero realmente quiere decir otra.

Visión de uno mismo


■ Justo, inocente, noble, vulnerable.

Visión de los demás


■ Maliciosos, discriminatorios.
■ Interferentes, abusadores.

Estrategia principal
■ Precavido, busca motivos ocultos.
■ Acusador, contraataca.

TRATAMIENTO
El tratamiento del trastorno puede ser muy eficaz por lo que hace al control de la paranoia, pero
quizá la persona experimente sentimientos de recelo contra el médico o terapeuta, lo que, sin
duda, afectará al normal desarrollo de la terapia y posterior recuperación. Sin tratamiento, esta
enfermedad puede ser crónica. Tanto la medicación como la terapia irán dirigidas a aliviar los
síntomas del trastorno.
Los programas de autoayuda, a las familias y asistencia profesional ejercen un complemento ideal
para que tanto las personas afectadas como su entorno comprendan el problema.

Psicoterapia. La psicoterapia es el método más prometedor del tratamiento. Las personas que
padecen el trastorno tienen profundos problemas que requieren terapia intensiva. Por supuesto, la
relación terapeuta-cliente es fundamental en este tipo de terapias, aunque por la índole misma del
trastorno es difícil establecerla debido a la suspicacia que genera el trastorno. Tan complicado
resulta iniciar el tratamiento como mantenerlo el tiempo suficiente, incluso después de conseguir
un nivel suficiente de confianza.
La proyección a largo plazo para las personas con trastorno paranoide de la personalidad es un
tanto confuso, ya que la mayoría de los pacientes experimentan algunos de los síntomas más
sobresalientes durante toda su vida y requieren tratamiento constante.

Medicación. En general, los medicamentos para el trastorno paranoide de la personalidad pueden


contribuir a una mayor sensación de duda en el paciente lo que, en algunos casos, podría favorecer
su retirada de la terapia. En condiciones específicas del trastorno, tales como ansiedad severa o
delirio serán especialmente beneficiosa con el fin de evitar agitaciones severas o pensamientos
delirantes que pueden derivar en autolesiones o en el daño a otros. Los medicamentos prescritos
para condiciones precisas deberán consumirse siempre bajo control médico.

EPIDEMIOLOGIA

Según el DSM-IV-TR (APA, 2002), el riesgo de padecer este trastorno en familiares de personas
diagnosticadas con TLP sería hasta cinco veces superior que el de la población en general. Con
respecto a la distribución por sexo, parece que el diagnóstico del trastorno límite de la
personalidad es más frecuente en mujeres (aproximadamente el 75% de los casos) que en hombres
(Álvarez, 2001; Caballo, 2001a). Este predominio del sexo femenino aparece en la mayoría de
los estudios, tanto ambulatorios como hospitalarios, si bien habría que tener en cuenta que esta
afirmación podría estar sesgada por la selección de la muestra y a que las mujeres demandan con
más frecuencia ser atendidos por profesionales (Cervera et al., 2005). El patrón habitual del curso
de este trastorno comienza con una inestabilidad crónica al principio de la edad adulta, seguido
por episodios de grave descontrol afectivo e impulsivo y recurrentes búsquedas de ayuda en
centros de salud mental y general. Pero de acuerdo con el DSM-IV-TR (APA, 2002), el deterioro
causado por el trastorno y el riesgo de suicidio son mayores en el comienzo de la edad adulta y
van desapareciendo de forma gradual con el paso del tiempo. Además, se constata también, que
pese a que en estos sujetos tiende a persistir la impulsividad, la vivencia intensa de las emociones
y las relaciones inestables a lo largo de su vida; aquellos pacientes que reciben tratamiento
muestran con frecuencia una mejoría, que tiene su inicio durante el primer año, logrando incluso
alcanzar una cierta estabilidad en sus relaciones y actividad profesional a lo largo de la cuarta y
quinta década de sus vidas.

ETIOLOGÍA

Recientemente, un importante número de estudios han tenido como objetivo tratar de


descubrir los marcadores de riesgo para el desarrollo del TLP. Los modelos etiológicos
propuestos se pueden sintetizar en dos grandes grupos. El primero de ellos reúne aspectos
psicosociales, como la posible separación o pérdida parental, una implicación parental
alterada y abuso físico, psicológico o sexual durante la infancia. El segundo grupo
incluiría factores genéticos, como historia familiar de antecedentes psiquiátricos, aspectos
temperamentales y disfunciones neurobiológicas y/o bioquímicas (Díaz, 2001).

Con respecto a las investigaciones centradas en factores medioambientales, los datos


actuales publicados al respecto sugieren una alta incidencia de abuso sexual en personas
con este trastorno (Álvarez, 2001; Aramburú, 1996; Caballo, 2001a; Caballo, 2004).

En esta línea, algunos autores han tratado de considerar el TLP como una variante del
trastorno de estrés postraumático, por un lado porque estos pacientes suelen mostrar
síntomas que se asemejan al de las personas con trastorno de estrés postraumático y por
otro lado, porque en numerosas ocasiones tienen antecedentes de haber sufrido abuso
sexual infantil. En cambio, un estudio actual revela que estos indicadores aparecían
asociados también en otros trastornos de la personalidad y por tanto no se podía juzgar
como causa específica (Golier, Yehuda, Bierer, Mitropoulou, New y Schmeidler, 2003).

SINTOMAS Y TRANSTORNOS ASOCIADOS

En la introducción de este artículo, explicaba que los clínicos utilizamos un libro llamado “DSM”
para hacer diagnósticos de salud mental y que según el DSM-IV-TR, la última versión de dicho
manual, la característica esencial del trastorno límite de la personalidad es un patrón general de
inestabilidad en las relaciones interpersonales, la auto-imagen y la afectividad, y una notable
impulsividad que comienza al principio de la edad adulta (adolescencia) y se da en diversos
contextos. Si bien esto es cierto y describe algunas de las características y/o dificultades de las
personas que reciben este diagnóstico, es poco aclaratorio para el lector profano, incluso, para los
profesionales con falta de experiencia en este campo. En el punto 1 adelantaba que el DSM-IV-
TR, recoge una lista de 9 ítems a los que denomina “criterios diagnósticos”. Para hacer el
diagnóstico de Trastorno Límite de la Personalidad, el clínico debe observar la presencia de 5 de
los 9 ítems que se transcriben a continuación:

1. Esfuerzos frenéticos para evitar un abandono real o imaginario


2. Patrón de relaciones interpersonales inestables e intensas caracterizado por la alternancia entre
los extremos de idealización y devaluación
3. Alteración de la identidad: auto-imagen o sentido de sí mismo acusada y persistentemente
inestable
4. Impulsividad en al menos dos áreas que son potencialmente dañinas para sí mimo (Ej.: gastos,
sexo, abuso de sustancias, conducción temeraria, atracones de comida...)
5. Comportamientos intensos o amenazas suicidas recurrentes, o comportamiento de
automutilación
6. Inestabilidad afectiva debida a una notable reactividad del estado de ánimo (por ej.: episodios
de intensa disforia, irritabilidad o ansiedad, que suelen durar unas horas y raras veces unos
días)
7. Sentimientos crónicos de vacío
8. Ira inapropiada e intensa o dificultades para controlar la ira (por ej.: muestras frecuentes de
mal genio, enfado constante, peleas físicas recurrentes)
9. Ideación paranoide transitoria relacionada con el estrés o síntomas disociativos graves

Los únicos requisitos que refleja el DSM, además de reunir como mínimo 5 de los criterios
diagnósticos reflejados en esa lista, es que las características sean de larga duración (años),
persistentes e intensas y que interfieran de manera importante en la calidad de vida de la persona.

Una persona con TLP puede tener trastornos adicionales que deben tratarse conjuntamente, como
pueden ser:

 Trastornos de ansiedad, como el trastorno por estrés postraumático.


 Trastorno bipolar.
 Depresión.
 Trastornos de la alimentación, especialmente bulimia nerviosa.
 Otros trastornos de la personalidad.
 Abuso de sustancias.

PREVALENCIA

Se estima que la prevalencia es del 1-2% en la población general, siendo también el Trastorno

de Personalidad más común en la práctica clínica, ya que afecta al 10% de los pacientes

ambulatorios psiquiátricos y al 15-20% de los pacientes ingresados (Grant, Chou, Goldstein,

Huang, Stinson & Saha, et al., 2008).

Estas prevalencias son debidas en gran parte a su alta comorbilidad con los demás trastornos

afectivos, de ansiedad y de abuso de sustancias ya que, en adición a la elevada tasa de intentos

de suicidio, provoca una gran demanda asistencial por parte de este tipo de pacientes. En esta

misma línea, algunos estudios sugieren que el TLP se da con más frecuencia en mujeres

(Turriago & Ferre, 2015).


Asociación Psiquiátrica Americana. (2002). DSM-IV-TR. Manual diagnóstico y
estadístico.

Díaz, J. (2001). Revisión de tratamientos psicoterapéuticos en pacientes con trastornos


borderline de personalidad. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, 21, 51-70.

Caballo, V. (2004). Manual de trastornos de la personalidad. Descripción, evaluación y


tratamiento. Madrid: Síntesis.