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Juan 1:

El prólogo del evangelio es semejante al comienzo de la Biblia en el libro del Génesis. Se inicia una
nueva creación. Cada frase de este himno será explicada en el resto del evangelio. La revelación
clave es la filiación divina de Jesús, la cual comparte con todos los creyentes. La vida era la luz y
Jesús será luz de vida, sin embargo, algunos rechazan la palabra y la luz. Juan bautista es testigo
delante del pueblo judío de la presencia del Mesías. Jesús quita el pecado del mundo y concede el
Espíritu Santo en el bautismo para ser hijos de Dios. Al tercer día de la nueva creación se congregan
los primeros discípulos: Andrés, Simón Pedro, Natanael, Felipe… Con ellos comienza el nuevo Israel
y este nuevo pueblo verá los cielos abiertos como el antiguo patriarca (Jacob).
Juan 2:
Los signos o milagros en el cuarto evangelio están en función de ver la gloria de Dios y hacer una
opción de fe por Jesús y su proyecto de vida. En cada signo se revela la identidad de Jesús, cada
vez con mayor claridad. Jesús es el vino bueno, de la mejor calidad y sobreabundante. En este
capítulo Jesús sustituye el templo de Jerusalén, incapaz ya de poner en comunión al pueblo con el
Señor, por la presencia de Dios en cada ser humano. El nuevo templo es la presencia de la gloria de
Dios. Tanto el vino abundante de Caná, como la destrucción del templo es importante la fe porque la
vida de Jesús está en función del servicio, el sacrificio y la gloria.
Juan 3:
Nicodemo, un maestro de Israel, visita a Jesús de noche y el Hijo de Dios le da lecciones de fe. La
muerte de Jesús en la cruz revela la grandeza de Dios. El amor de Dios no tiene límites, pero los
hombres rechazan este amor para vivir en la comodidad de las tinieblas. El envío de su Espíritu,
pondrá de manifiesto el pecado y la injusticia del mundo. Jesús nos invita a renacer de lo alto, su
bautismo es superior al de Juan bautista. La alegría de Juan prepara la alegría de Jesús para sus
discípulos. Jesús es el enviado de Dios y él nos pide la fe, un don Del Padre para los seres
humanos.
Juan 4:
El encuentro de Jesús con la mujer de Samaría, es un resumen de la historia de la conversión del
pueblo samaritano gracias al don de Dios. La mujer trata de igual a igual con Jesús y ella termina
pidiendo al maestro el agua viva. La mujer está impedida para encontrarse con el Dios de Israel
porque su pueblo rindió culto o a los cinco dioses originales de los samaritanos, sin embargo la mujer
reconoce a Jesús como profeta y comienza el camino de la conversión. Este cambio en la vida de la
mujer la vuelve evangelizadora de su propio pueblo, y los samaritanos creerán también en Jesús. El
texto termina con el segundo signo de Jesús en Caná de Galilea, un funcionario real llega a la fe,
este militar es un modelo en la fe, y alcanza una sanación a distancia.
Juan 5:
Aquí comienza una serie de narraciones asociadas con las fiestas judías, está celebraciones son
reemplazadas con la persona de Jesús, en el presente relato él es el sentido del sábado. Jesús es la
fuente de la vida. La discusión de Jesús con los judíos refleja también las disputas de los cristianos
con la sinagoga judía, cuando se escribe el evangelio. La autoridad de Jesús viene del Padre, Jesús
es la fuente de la vida y es el Señor del sábado porque tiene como testigos fehacientes: su palabra,
Juan bautista, sus obras, es decir, las mismas obras del Padre y las Escrituras. A los judíos les
impide amar a Dios el hecho de buscarse a sí mismos.
Juan 6:
Jesús es la pascua, alimenta a la multitud así como Dios alimentó al pueblo en el éxodo con el maná.
Jesús ofrece el pan suficiente para alimentar al nuevo pueblo de Israel. Pero la respuesta entusiasta
de la gente para proclamar a Jesús como rey, lo lleva a alejarse de ellos. En el signo sobre las aguas
del lago, Jesús se revela los discípulos con el nombre de Dios Padre en el antiguo testamento: “Yo
soy”. Por lo tanto Jesús se revela y habla como Hijo de Dios. Jesús se presenta ahora como el pan
de vida, el alimento para compartir en la Eucaristía. La palabra de Jesús es para la vida y salva a
quien vive por la fe. El pan de Jesús produce la vida eterna, pero éstas palabras no son
comprensibles ni para los judíos ni para algunos de los discípulos. Muchos se niegan a creer en
Jesús y a aceptar su alimento.
Juan 7:
Como muchos judíos, tampoco los parientes de Jesús creen en él. Pero Jesús se deja llevar por la
voluntad del Padre. Aquí Jesús se revela cómo quien quiere salvar a la humanidad, él tiene la misión
de llegar a todos los seres humanos, por eso en tres ocasiones Jesús se presenta como “Yo soy”.
Quienes rechazan a Jesús no tienen relación con Dios ni son hijos de Abraham, se convierten por el
contrario en hijos del diablo. Cuando el creyente se identifica con Jesús, el agua viva del maestro
también brota a su vez del creyente y le regala la vida eterna. La sed de Jesús y la sed del creyente
se sacian cuando se recibe el Espíritu en la cruz. Los guardias no apresan a Jesús y por el contrario
quedan fascinados con su palabra.
Juan 8:
El encuentro de Jesús con la mujer adúltera es más bien un relato de los evangelios sinópticos.
Jesús nos llama a la compasión y al perdón. Ahora Jesús se revela como la luz del mundo, una
imagen revolucionaria para aquellas religiones orientales con divinidades como el sol y la luna.
Cuando Jesús es la luz nos permite caminar por el mundo sin tropezar. Pero los judíos no entienden
a Jesús y piensan en un suicidio del maestro o lo ven como un loco, tanto por cuanto dice como por
cuanto hace. Sólo quien acepta el anuncio de Jesús y lo vive en su vida cotidiana tendrá la libertad y
la paz como dones de Jesús. Los cristianos son verdaderos hijos de Abraham porque reconocen a
Jesús y están dispuestos a sacrificar cuánto Dios les pida, como lo hizo el patriarca. Quien no es hijo
de Abraham es hijo del diablo, el padre de la mentira. Los judíos son incapaces de aceptar a Jesús y
por eso recurren a las piedras y a la violencia.
Juan 9:
Jesús sana a un ciego de nacimiento y le devuelve la luz y la salvación. Pero este signo golpea con
fuerza a los fariseos; de la misma manera, la comunidad, como Jesús, tarde o temprano, será
rechazada por el mundo de las tinieblas, por eso necesita de Jesús. Cuando el hombre curado
confiesa a Jesús como profeta y como Mesías, es expulsado de la sinagoga, nace de Dios y
comienza para él una nueva vida. Debe ser el mismo camino por el cual se desplace la comunidad
cristiana siempre, pero de manera especial, en los momentos de sufrimiento y de persecución por
obra de los judíos y del imperio romano. Jesús sale a su encuentro de este hombre (de la comunidad
creyente) y se le revela como el hijo del hombre, es decir, como la presencia divina en esta historia
(Ver Dan 7). Quienes creen ver ahora quedan ciegos, es la realidad de los fariseos.
Juan 10:

Jesús es para los suyos el pastor excelente, como Dios lo fue para su pueblo en el antiguo
testamento, y esta manera de comportarse en la misión, es también la tarea para todo discípulo. El
pastor bueno conoce a sus ovejas por el nombre, da la vida por ellas, y tiene otras ovejas de otro
redil porque su misión es universal. En la fiesta de la dedicación del templo de Jerusalén se recuerda
la derrota de los enemigos del pueblo de Dios. Ahora, según el cuarto evangelio, Jesús es el nuevo
templo porque está consagrado al Padre. Jesús hace visible al Padre invisible, por eso él nos da la
seguridad y la paz, con las cuales se prepara para vivir la experiencia de su muerte-resucitada.
Juan 11:

Jesús es Señor de la vida y le da sentido a la existencia de Marta, de María, y de Lázaro. Para Jesús
no es un problema la muerte, la situación de Lázaro revela la gloria de Dios y nos presenta a Jesús
como la fuente de vida. Marta hace una profesión de fe en Jesús; Jesús llora y se estremece pero a
la vez anuncia la gloria de Dios y por eso le devuelve la vida a Lázaro. Los judíos responden con
planes de muerte contra el Señor de la vida y Caifás, el sumo sacerdote de aquel año tan importante,
profetiza la muerte de Jesús como una ocasión de salvación para el pueblo judío, ante las amenazas
del imperio romano.

Juan 12:

María a la hermana de Lázaro llena de amor y gratitud a Jesús, lo unge con un perfume costoso, el
de la mejor calidad. Judas quien no sabe de amor prefiere el olor del dinero y del negocio. Amar al
pobre implica a ayudarlo a crecer como persona y a asumir el plan de Dios. Los judíos al ver a Jesús
como fuente de vida sólo piensan en matarlo y junto con él a su amigo Lázaro. Jesús entra en
Jerusalén como la fuente de vida y los gentiles (unos griegos) aceptan con mayor facilidad a Jesús
mientras los judíos lo rechazan. Ya en Jerusalén llega la hora del juicio del mundo, se acepta o se
rechaza al Hijo de Dios. Jesús es la palabra y la luz para el mundo, quien no lo recibe, vive en la
oscuridad. Quien no cree en los signos de Jesús pierde hasta su poca fe.

Juan 13:

Con este capítulo comienza la segunda parte del evangelio: Jesús afronta su pascua, llega la hora
de volver al Padre. El lavatorio de los pies a los discípulos muestra la humildad y la decisión de
Jesús de ponerse al servicio de los suyos. Quien busca servir como Jesús será siervo como Él. Esta
escena pierde su color ante el anuncio de la presencia de un traidor, Judas encarna el poder de las
tinieblas. Pero la gloria de Jesús se hace realidad cuando Judas sale de la reunión y de esa sala
grande, para poner en marcha el proceso de la pasión. Esta obra de la gloria, también la hacen brillar
los discípulos por medio del amor y del servicio. Quien ama a Jesús es capaz de dar la vida por sus
hermanos.

Juan 14:

Jesús es el camino hacia el Padre y los discípulos llegarán un día a este mismo destino: la casa de
Dios. La manera de asumir este camino es el sacrificio, la fidelidad y el servicio a todos. El mundo no
entiende la petición de Jesús a sus discípulos. Sin embargo, Jesús seguirá con los suyos por medio
del Espíritu. Jesús no nos deja huérfanos porque su Espíritu nos regala la unidad y la fuerza en la
comunidad, por eso el Espíritu juega un papel clave para luchar contra el mundo y contra el mal. Los
discípulos no deben albergar ni el temor, ni la tristeza, ni la desesperanza en sus vidas, porque el
Resucitado siempre está con ellos; el Espíritu Santo se hace visible incluso en los momentos de
persecución y cuando ellos hablan con libertad ante los tribunales paganos.

Juan 15:

Jesús se presenta como la vid verdadera. La unión del creyente con el maestro es indispensable
para dar fruto. La comunión depende del amor, la alegría, y la obediencia a los mandatos de Jesús.
El mandato más importante se resume en: amarnos los unos a los otros como nos amó Jesús.
Paralelo al amor cristiano existe el odio del mundo, por eso los discípulos corren la misma suerte de
su maestro, es decir, el rechazo y la persecución. Pero la tribulación de los discípulos desembocará
en un mar de alegría. El Espíritu de Jesús vendrá a defender y a proteger a los creyentes frente al
odio del mundo. Muchas sociedades a lo largo de la historia, matarán misioneros discípulos del
Señor, creyendo con esas malas acciones dar gloria a su dios.

Juan 16:

La segunda promesa del Espíritu está asociada al odio del mundo y a las persecuciones contra los
cristianos. Jesús conoce a su comunidad y sabe de los problemas de ellos con el mundo. El espíritu
revela el pecado y la injusticia del mundo, pero a la vez mantiene unida a la comunidad, le da fuerza
y sabiduría para encarar los atropellos del mundo. Este anuncio no es fácil para los discípulos
porque el sufrimiento puede acabar con la alegría de la comunidad. Sin embargo el amor de Jesús y
del Padre cambiará la mirada de los discípulos porque tienen el soporte de la fidelidad y de esa
manera pueden enfrentar ahora las dificultades de cada día.

Juan 17:

Este texto se denomina desde antiguo como la oración sacerdotal de Jesús, esta oración aparece
como el testamento de Jesús para los suyos. Su objetivo es la comunión de los discípulos con Jesús
y con el Padre. En esta oración hallamos la hora de la gloria, cuando Jesús da gracias al Padre por
haber cumplido su misión y porque los discípulos han llegado a la fe. Jesús también da gracias al
Padre porque los discípulos están en el mundo sin ser del mundo. Pero las dificultades pueden hacer
fracasar a los discípulos, por eso al final de Jesús ora por sus discípulos para mantenerse fieles a
pesar de los problemas. Cuando se escribe el evangelio hay desunión entre los cristianos y aparecen
las primeras sectas contrarias a la fe cristiana (por ejemplo, los gnósticos), por eso el evangelista ora
por la unidad.

Juan 18:

Aquí comienza la trama de la pasión para el maestro, Jesús lucha contra el enemigo, contra Judas,
contra los judíos, contra la indecisión de Pedro y contra el imperio romano... Es la lucha entre la luz y
las tinieblas. La pasión es el triunfo y la gloria de Jesús. Mientras el maestro da testimonio delante
del sumo sacerdote, un discípulo, Pedro, niega a Jesús delante de personas muy sencillas. El
evangelio contrasta la respuesta de Jesús, con la conducta del discípulo. Jesús nunca dijo nada en
secreto y muchos conocen sus palabras y sus acciones. Mientras tanto Pedro busca a escondidas
renegar de Jesús. Para muchos judíos los gallos eran animales impuros porque se asociaban con la
magia y el demonio, por ello cuando canta el gallo, para esa mentalidad, canta el demonio a la
espera de obtener una victoria importante.

Juan 19:

Aunque los judíos ya han condenado a Jesús (Juan 11,45-54; 12,20-11), deben tener el visto bueno
de la autoridad romana para matar a Jesús. El juicio del maestro ante Pilato muestra también la
disputa entre la autoridad romana y los judíos. Para Poncio Pilato, Jesús es inocente, pero los judíos
no aceptan este veredicto, ellos reniegan de Dios, quien era el único rey de Israel y prefieren aceptar
al César, en lugar de aceptar el reinado de Dios. Poncio Pilato por temor entrega a Jesús para ser
crucificado. Quienes están en la cruz, doce personas, conforman el nuevo Israel. Quien contempla la
cruz de Jesús lo ve como el cordero de la pascua y como quien quita el pecado del mundo, además
recibe como regalo, el don de las lágrimas, para cambiar su corazón de piedra por un corazón de
carne. Jesús es enterrado como un rey, en un huerto como al comienzo de la pasión, y la cruz saca
a la luz pública a los discípulos hasta ahora escondidos (José de Arimatea y Nicodemo).

Juan 20:

La resurrección de Jesús es todo un proceso, como cuando la luz del día comienza en la mañana, se
hace plena al mediodía, y nos regala claridad al atardecer. María Magdalena buscaba un cadáver
pero Jesús se le aparece vivo, cuando él va de camino hacia el Padre, quien es también nuestro
Padre y nuestro Dios. En la pasión y en la resurrección de Jesús, los discípulos nos identificamos
con el Maestro. Cuando Jesús resucitado se revela a los discípulos les hace ver cómo, quien sufrió y
murió es él mismo quien ahora comparte con ellos. Jesús se presenta como un ser divino quien les
introduce en una nueva creación. Para este evangelio, el resucitado se encuentra también a través
del testimonio de los creyentes y del evangelio escrito, porque es la Palabra de Dios o el lugar dónde
descubrimos al Dios de la Palabra.

Juan 21:

Este capítulo es el epílogo del evangelio. La aparición de Jesús junto al lago sirve para narrar la
vocación de Pedro y de otros discípulos, quienes deben continuar la misión de Jesús. El discípulo a
quien Jesús amaba, a partir de la resurrección tiene una visión de fe más clara si se compara con
Pedro. Pedro como discípulo negó tres veces a Jesús y ahora es llamado a profesar también tres
veces su amor, porque donde hay amor hay futuro y existe la cualidad para ser un líder cristiano.
Jesús resucitado le predice a Pedro cómo va a seguir los pasos de su maestro hasta la cruz. El
evangelio termina con el testimonio del discípulo a quien Jesús amaba, y con el testimonio de su
comunidad. Este testimonio veraz y eficaz nos alcanza a nosotros hoy.