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SEXUALIDAD HUMANA Por Humberto Maturana

Con este artículo de Humberto Maturana quiero compartir una visión de este
autor al que admiro y adhiero en sus concepciones. Es mi percepción que en sus
escritos naturaliza la humanidad de modo que nos pensemos como seres
biológicamente sociales en convivencia , siendo la sexualidad un aspecto esencial
de dicha convivencia en la que se manifiesta la expansión de la sensualidad, la
sexualidad y la ternura como pilares del bienestar y el reconocimiento del otro
junto a uno a través del cuidado, el goce en el hacer y en el pensar. Cito a
continuación un artículo del mismo que invito a leer sintiendo el desafío de que
se puede pensar distinto a lo que se piensa.
Laura Van Dembroucke

¿Qué somos los seres humanos?


Los seres humanos somos primates bípedos que existimos en el convivir en el
lenguaje. Es en el lenguaje que somos conscientes, racionales y reflexivos.

¿Qué es el lenguaje como suceder biológico?

El lenguaje es un modo de vivir que ocurre en el fluir en la convivencia en


interacciones de coordinaciones de conductas que dan origen a más coordinaciones
de conductas. En este proceso los objetos surgen como modos de coordinar las
conductas, o mejor, como modos de coordinar haceres que van configurando el
mundo de convivencia en que se vive. Así, por ejemplo, una pelota surge en el
chutear, que es un modo de conducirse. Desde otras coordinaciones conductuales
que surgen en tomo al chutear, puede la pelota surgir de trapo, de fútbol, o de piedra.

¿Cómo convivimos los seres humanos?

Los seres humanos convivimos en la continua generación de coordinaciones de


coordinaciones de haceres en las que surgen diferentes clases de objetos que son
tales (objetos) sólo en tanto corresponden a coordinaciones de haceres en el fluir del
convivir: una pelota es pelota sólo en tanto se pelotea; un encuentro es juego o pelea
según las coordinaciones de conductas (haceres) que tienen lugar en él. Estos
distintos objetos pueden ser concretos como una pelota, o abstractos como jugar. El
resultado es que los seres humanos vivimos en el lenguaje generando distintas clases
de coexistencia con distintas clases de objetos que existen en las coordinaciones de
los haceres de esa convivencia. Así, cuando escuchamos las conversaciones de los
comentaristas deportivos o de los comentaristas políticos podemos damos cuenta de
que lo que unos y otros hacen es coordinar sus haceres de modo que uno escucha que
hablan de distintas clases de objetos y relaciones entre ellos: por ejemplo, futbolistas
y pelotas (objetos concretos) los primeros, reuniones y leyes (objetos abstractos) los
segundos.

¿Cuándo surge lo humano?

En mi opinión, lo humano surge en la historia evolutiva del linaje de primates


bípedos, a la que pertenecemos, hace poco más de tres millones de años atrás cuando
el vivir en el lenguajear, como un modo de fluir en la convivencia, comienza a
conservarse sistemáticamente de una generación a otra. Esta conservación ocurre en
el aprendizaje de los niños al surgir la familia como un espacio íntimo de
convivencia de cinco a ocho individuos en coordinaciones de coordinaciones de
haceres.
De hecho, el camino evolutivo que nos da origen debe haber comenzado hace unos
seis millones de años atrás cuando, debido a cambios climáticos, se retrae la selva
africana y aparecen áreas abiertas no boscosas, y entonces algunos primates arbóreos
se hacen terrestres. Como consecuencia de este proceso se inicia un devenir
evolutivo en algunos de esos primates definido por la conservación, generación tras
generación, de un modo de vivir que implicaba la progresiva expansión hacia toda la
vida relacionar adulta, de rasgos propios del emocionar de la infancia. Este devenir
evolutivo de expansión de rasgos de la infancia hacia la vida adulta que no es único o
propio de nuestro linaje sino que ha ocurrido muchas veces en la historia de los seres
vivos-, se denomina neotenia. Lo central en la expansión neoténica del emocionar de
la infancia en nuestro linaje es la expansión del emocionar amoroso, de total
aceptación y disfrute de la cercanía corporal, en la confianza mutua del juego, que se
da en la relación materno infantil de los mamíferos.

¿A qué nos referimos cuando hablamos de emocionar?

Cuando hablo de emocionar me refiero al vivir en el fluir estable o cambiante de


nuestras emociones (deseos, preferencias, miedos). Lo que distinguimos cuando
hablamos de emociones en el diario vivir son los distintos dominios de conductas
relacionales en que un animal se mueve en cada instante. Las distintas emociones,
por lo tanto, como distintas clases de conductas relacionales determinan, momento a
momento, el curso que sigue el hacer de un animal en cada momento. Por esto
mantengo que lo que guía el devenir evolutivo en general, y el devenir humano en
particular, son las emociones, ya que éstas al determinar el espacio relacionar en el
que un animal se mueve en cada instante, determinan momento a momento el curso
de su vivir y de su convivir. Así, en el amor -como el espacio de las conductas
relacionales a través de la cuales el otro, la otra, o uno mismo, surge como legítimo
otro en convivencia con uno-, uno se mueve en la confianza, en el respeto, en el
cuidado por el otro, en la colaboración y no en la competencia. De hecho, el amor es
la emoción que constituye y sostiene la vida social como un espacio ético de
convivencia.

¿Qué hace el amor en nuestra historia?

Lo que define un devenir histórico es lo que se conserva en el curso de las


generaciones como el trasfondo relacional en torno al cual todo lo demás puede
cambiar. Yo pienso que la conservación del amor, de generación en generación en el
vivir cotidiano, como la emoción que definía el trasfondo relacional en torno al cual
todo lo demás podía cambiar, fue lo que dio origen a lo humano en el linaje de
primates a que pertenecemos. Los seres humanos somos hijos del amor, y nos
enfermamos del cuerpo y del alma cuando se interfiere sistemáticamente con nuestro
convivir en el amor en cualquier momento de nuestro vivir. Por esto pienso también
que nuestro nombre específico debería ser Horno sapiens amans.

Pero, ¿cuáles son los rasgos infantiles que se extienden a toda la vida en la neotenia
de nuestro linaje?

Los rasgos infantiles básicos que se expanden en la vida adulta en el devenir


evolutivo neoténico que nos da origen, son los del emocionar amorosos de la
relación matemo-infantil que implican la sexualidad (disfrute de la caricia y cercanía
corporal), la ternura (atención al bienestar del otro u otra), y la sensualidad (apertura
al disfrute de la multidimesionalidad sensorial). Pero estos rasgos por sí solos no nos
hacen humanos pues no determinan desde sí el surgimiento del lenguaje. Para que
surja lo humano tiene que surgir el convivir en el lenguaje como un modo de
convivir que se conserva de generación en generación en el aprendizaje de los niños,
y para que surja el convivir en el lenguaje tiene que surgir un espacio particular de
convivencia íntima que se viva en las coordinaciones de haceres. En mi opinión, este
espacio de convivencia tiene su origen en el surgimiento de la familia como
resultado de la expansión de la sexualidad de las hembras de los primates ancestrales
de nuestro linaje evolutivo.

¿Qué es la sexualidad?

La sexualidad no se relaciona sólo con lo genital. Sin duda surge en el devenir


evolutivo de los seres vivos como una modificación del proceso reproductivo que
implica la fusión de dos células. Pero para que esta fusión ocurra tiene que darse
alguna simpatía somática que en los animales implica algún grado mayor o menor de
aceptación y disfrute de la cercanía y contacto corporal. En los mamíferos esto es
particularmente evidente en el disfrute y gozo del acto sexual que uno puede ver si
observa su apareamiento sin prejuicios culturales que lo denigren como obsceno. Y
ese goce es aun más evidente cuando uno observa el cortejo que antecede al
apareamiento, y no teme ver el placer que viven los participantes. Los seres humanos
no somos distintos en esto a otros mamíferos, ni hemos sido distintos en nuestro
origen. Muy al contrario. La neotenia de nuestro linaje ha resultado en que seamos
animales para quienes la expansión de la sensualidad, la expansión de la sexualidad y
la expansión de la ternura, han configurado los fundamentos del bienestar de la
convivencia física y espiritual en la pareja, en la familia, y en la amistad, a través del
cuidado por el otro (en la preocupación ética), el disfrute de la belleza (en el gozo
estético), y el disfrute de la colaboración en el hacer y en el pensar (en la convivencia
social).

Pero, ¿cómo aparece la familia como ese espacio íntimo donde surge y se conserva
el vivir humano en el convivir en el lenguajear?

La sexualidad -como interés por el disfrute del contacto corporal y genital entre los
miembros ancestrales del linaje que nos dio origen-, debe haber sido de carácter
periódico anual para las hembras y de carácter no periódico continuo para los
machos, como sucede actualmente con los chimpancés, nuestros parientes evolutivos
más cercanos entre los primates. A nosotros los seres humanos nos ocurre algo
diferente a los chimpancés, ya que entre nosotros, hombres y mujeres, deseamos y
disfrutamos la sexualidad de un modo continuo como un amplio ámbito de gozo y
bienestar físico y espiritual, tanto en el contacto corporal general como en la
intimidad genital. Y si no tenemos juicios culturales negativos, lo vivimos como un
aspecto natural de nuestro ser seres humanos, siempre posible y deseable en el vivir
cotidiano. El modo de ser sexual humano surge en el proceso de expansión de la
sexualidad de las hembras ancestrales de nuestro linaje, lo que en mi opinión tiene
que haber comenzado a ocurrir hace cerca de cuatro millones de años atrás.

¿Qué pasa con la sexualidad y la procreación?

Con la expansión de la sexualidad de la hembra, la sexualidad genital se separa de


hecho de la procreación, ya que en el vivir cotidiano hay muchísimas más ocasiones
de sexualidad genital que ocasiones de embarazo. Esto -junto al hecho de que ocurra
como parte de la expansión del ser amoroso de la infancia hacia toda la vida, en el
curso evolutivo neoténico a que pertenecemos-, hace que esta expansión de la
sexualidad de las hembras ocurra entrelazada con la sensualidad, y la ternura. Así, la
Sensualidad, la ternura y la sexualidad en conjunto, constituyen los tres pilares
fundamentales del placer y de la estabilidad de la convivencia que nos dio origen
como seres humanos.

¿Cuándo habría ocurrido esto?

De hecho yo pienso que la familia y lo humano surgen en el devenir evolutivo que


nos da origen hace más de tres y medio millones de años atrás cuando, al expandirse
la sexualidad de las hembras de nuestro linaje, ellas pasan a ser el centro de unión y
estabilidad de la convivencia íntima en grupos pequeños que se conservan en el
placer de la cercanía y el disfrute tierno y sensual del contacto corporal. Esto es:
pienso que la familia no surge como un núcleo económico, sino que como una
unidad de convivencia en la armonía que trae el convivir en el placer de la
sensualidad, la ternura, y la sexualidad en torno a la hembra.

¿Y lo humano cuándo surge?

Al surgir la familia como un espacio íntimo de convivencia amorosa -esto es, en el


entrejuego de la sexualidad, la sensualidad, y la ternura-, aparece un ámbito de
convivencia pequeño, de entre cinco a ocho individuos (adultos, niños y bebés) en la
coordinación de haceres en la colaboración, no en la competencia, que se cierra
emocionalmente sobre sí mismo en el placer de ese vivir amoroso. Y es en la
intimidad y estabilidad de ese vivir amoroso, que el entrejuego cotidiano de la
sexualidad, la sensualidad y la ternura hacen posible, donde surge el lenguaje como
un modo de convivir que se conserva de una generación a otra en el convivir de los
niños. Y al surgir la conservación de una generación a otra del convivir en el
lenguaje, surge lo humano. Y surge lo humano en un devenir evolutivo en torno a la
conservación del amor como la emoción fundamental que guía ese devenir, de modo
que desde nuestro origen somos más Homo sapiens amans que Homo sapiens
aggressans.

El entrejuego cotidiano de la sexualidad, la sensualidad y la ternura, es tanto el


fundamento de la constitución histórica de lo humano como de su conservación en la
armonía física, psíquica, y espiritual que el convivir amoroso trae consigo. Cuando
ese entrejuego se pierde nos enfermamos física, psíquica y espiritualmente, y
pasamos a vivir dolencias del cuerpo y el alma que sólo desaparecen al restituir la
convivencia amorosa en la amistad, la pareja, y la familia.

Dr. Humberto Maturana


Premio Nacional de Ciencias
http://www.saludysexualidad.com.ar/Fuentes/texto.php?sec=5&id=17 Abril
20 de 2010.

Papel de la sexualidad en la transformación del mono en hombre

Esa relación que constituye la relación social es, a decir de Humberto


Maturana, el amor, entendido como la aceptación del otro como un legítimo
otro en coexistencia con uno. Así, la cooperación tiene lugar en las relaciones
sociales de confianza mutua, no en las relación de dominación y
sometimiento.
Franswood y otros, quienes han estudiado las comunidades de chimpancés
muestran que la emoción fundamental en que transcurre la vida de sus grupos
es la desconfianza y la manipulación de relaciones , a diferencia de los grupos
humanos en los cuales la relación básica es (o debería ser) la cooperación, la
confianza mutua y el mutuo respeto en las relaciones interpersonales.

Los animales en general, y los vertebrados en particular se mueven en sus


relaciones entre dos extremos. Uno , en relaciones de respeto mutuo y total
aceptación de la cercanía corporal, y otro, en relaciones de negación mutua en
la dinámica de dominación-sometimiento. En los mamíferos el primer estilo
de relación es usualmente menos intenso y a veces confiado a la relación
materno-infantil al periodo de la infancia o del cuidado de las crías. El
segundo estilo es la manera usual de relacionarse en la vida adulta, periodo
que comienza cuando son aptos para la reproducción.

Maturana y Nisis[1] proponen que los seres humanos somos el presente de un


linaje que surgió definido a través de la conservación de la relación materno-
infantil de aceptación mutua en la confianza y en la cercanía corporal de una
manera que se extendió más allá de la edad de la reproducción, en un proceso
evolutivo neoténico[2].
A su vez, los chimpancés adultos se mueven en el patrón mamífero básico
total de las relaciones interindividuales donde las relaciones conservan énfasis
en el dominio y el sometimiento.

Las características neoténicas ?expansión de la infancia en la vida adulta- ha


implicado también la dinámica emocional, y a su vez la conservación de la
dinámica relacional amorosa de la infancia en la vida adulta. Ellas han guiado
el curso de los cambios corporales y relacionales que eventualmente nos han
constituido como la clase de animales que somos como seres humanos: Los
seres humanos somos animales cooperadores, dependientes del amor en todas
las edades.

La diferencia entre los seres humanos y los chimpancés pertenece pues al


dominio de lo emocional y no de lo intelectual.
La expansión de la relación amorosa materno-infantil en la historia de la
neotenización de nuestro linaje y antes que surgiese el lenguajear como modo
de vida, se produjo como medida importante como parte de esa neotenización.
La expansión de la sexualidad de la hembra, que pasaba por una periodicidad
anual en el interés por las relaciones sexuales, a un interés continuo
comparable y complementario con el macho: Esto separó el coito de la
reproducción y le permitió cooperar como fuente de placer y estabilidad en la
formación de las parejas y de la familia.

El sexo como una fuente de placer en la aceptación y deseo de la cercanía del


cuerpo del otro, dio permanencia a las relaciones interindividuales y abrió
espacio para la intimidad del conocimiento mutuo en la convivencia muy
cercana. Dicha expansión de la sexualidad de la hembra creó un espacio de
intimidad estable alrededor de ella, que juntó a las hembras, machos y niños
en familias pequeñas de convivencia cooperativa: Allí el sexo involucra todos
los aspectos de la aceptación de la cercanía corporal.

En tal expansión, la sexualidad y la ternura encuentran su expresión: la


sexualidad tiene que ver con la apertura sensorial, y la ternura con la conducta
de cuidado en la relación con los otros. Es en este compartir donde se funda el
espacio de cooperación como una manera de convivir, como una característica
de la vida cotidiana fundada en la confianza mutua y el respeto mutuo.

Tanto la neotenia como la expansión de la sexualidad femenina fundada en la


biología de la intimidad crearon las condiciones para la cooperación y el
origen del lenguaje como una característica de esta intimidad en la
cooperación, abriendo un espacio para la expansión de la inteligencia.
Lo humano es una manera de vivir con una corporalidad particular que ha
surgido en una historia evolutiva de transformación corporal en relación con la
conservación de la manera humana de vivir. La dinámica sistémica que nos
hace y conserva como seres humanos está constituida por la intimidad del
amor y el juego en la relación materno infantil y una infancia vivida de
manera que la persona en crecimiento conserva el respeto por sí mismo y por
el otro en un dominio social de cooperación y cuidado mutuo.

La mayoría de los seres humanos vivimos hoy día de una manera u otra en una
cultura patriarcal caracterizada por la apropiación, la desconfianza, el control,
el dominio, etc. Donde las relaciones interpersonales son vistas como
instrumentos de poder (mecanismo propio de los primates). Ante ello la
humanidad no solo vive en esta lucha política, también vive en el intento de
una convivencia democrática, en el intento neomatrístico de generar una
convivencia humana en torno a la cooperación en la realización de un
proyecto común.

Interpretando los escritos de Maturana, podemos decir que los humanos somos
producto del amor, de la confianza mutua y del trato amable y respetuoso. Sin
ese tipo de trato interpersonal tal vez no hubiésemos trascendido el umbral
mamífero. No solo somos hijos de la convivencia, sino que ahora, más que
nunca, tenemos la tarea de promover la convivencia entre culturas, grupos y
personas como forma de defender y desarrollar lo humano que hay en
nosotros.
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*Basado en la lectura de ?Formación y Capacitación humana?, de Humberto
Maturana
[1] Maturana, Humberto y Nisis de Rezepka, Sima. Formación Humana y
Capacitación. Editorial Dolmen, 1995
[2] Persistencia temporal o permanente de las formas infantiles o juveniles en
el transcurso del desarrollo de un organismo.

Gabriel Vergara Lara

http://www.sappiens.com/castellano/articulos.nsf/Psicolog%C3%ADa/Papel_
de_la_sexualidad_en_la_transformaci%C3%B3n_del_mono_en_hombre_/DC
0BF29BE011F476C125743800153B3F!opendocument Abril 21 de 2010.