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Papilomavirus humano - DRA.

CHRISTIANE NORTHRUP

El papilomavirus humano es un virus muy común que puede causar verrugas venéreas y
aparece en las pruebas citológicas anormales, o displasia cervical. Se estima que por lo
menos un 50 por ciento de la población adulta normal y un 40 por ciento de los niños
muestran indicios de infección por este virus. 11 La gran mayoría de mujeres que han
estado expuestas al papilomavirus no desarrollan verrugas ni displasia cervical. Pero en
otras el virus va asociado al cáncer de cuello del útero. Hay una gran controversia en la
bibliografía obstétrica y ginecológica respecto a si este virus causa la displasia cervical, o si
el virus y la displasia simplemente están en el mismo lugar al mismo tiempo, es decir, en el
tejido anormal del cuello uterino. El ADN del papilomavirus (el material genético del virus
que se usa para su identificación) se ha encontrado en casi todas las pruebas citológicas
anormales y en las células del cáncer del cuello del útero. Sin embargo, la mayoría de las
mujeres que han estado expuestas a este virus no contraen displasia cervical. Este virus es
solamente un cofactor en la displasia cervical, de modo que no se puede considerar la única
causa de ella. Recientemente se ha descubierto que algunas cepas de papilomavirus son
más virulentas que otras. 12 Estas cepas están por lo general más implicadas en el cáncer
de cuello uterino y otras graves anormalidades que muestra la citología. Pero los trabajos
para determinar qué mujeres tienen las cepas más virulentas de papilomavirus, con el fin de
prevenir anormalidades, no han resultado muy eficaces. Esto se debe a que las llamadas
«cepas de virus benignos» están a veces implicadas en el desarrollo de tejido cervical,
vaginal o vulvar anormal. En otros casos, las cepas más virulentas no causan ninguna
anormalidad. En realidad no sabemos, en el sentido médico usual, quiénes van a desarrollar
anormalidades debido al virus y quiénes no, a no ser que miremos los factores que pueden
contribuir a debilitar la inmunidad. Por eso no recomiendo los análisis rutinarios del ADN del
papilomavirus. Las anormalidades comienzan a proliferar y a causar daño solamente
cuando el sistema inmunitario ya está debilitado en esa zona del cuerpo y no es capaz de
mantener la salud del tejido. En un estudio se comprobó que un estrés crónico y ciertas
actitudes concretas acerca de la sexualidad cambian la irrigación sanguínea del tejido del
cuello uterino e influyen en sus secreciones. Esto sugiere una relación entre el estrés y el
consiguiente desarrollo de la enfermedad en esa zona del cuerpo. 13 La inmunosupresión
debida a estrés emocional crónico o de otro tipo puede llevar a cambios en la inmunidad
que permiten una mayor producción de virus. Es bien conocida la relación entre las pruebas
citológicas anormales y un mal funcionamiento del sistema inmunitario: las mujeres a
quienes les han trasplantado órganos y que toman fármacos inmunosupresores
(prednisona, por ejemplo) tienen más probabilidades de obtener resultados anormales en
las pruebas citológicas. También suelen tener brotes recurrentes de verrugas y herpes. (La
reacción emocional al diagnóstico de verrugas venéreas puede ser similar a la del herpes.
Si te preocupan estos trastornos, lee por favor ambas secciones.) Si nuestro cuerpo es un
holograma en el que cada parte contiene el todo (véase el capítulo 2), entonces el
papilomavirus y las células anormales asociadas con este virus son dos aspectos
interrelacionados de un todo mayor que aún no está totalmente entendido. Por diversas
razones, la inmunodepresión hace mucho más probable que cualquier papilomavirus
presente en el cuello del útero o en la vagina ataque a las células ya debilitadas. Yo
considero que el papilomavirus es un oportunista, semejante a las águilas ratoneras que
revolotean alrededor de un ternero moribundo. El virus «no causa» el cáncer, así como las
águilas no hacen enfermar al ternero. Pero cuando el ternero ya está enfermo y moribundo,
las águilas comienzan a revolotear a su alrededor. La mayoría de las mujeres que tienen el
papilomavirus no desarrollan células anormales ni cáncer del cuello del útero, porque un
buen funcionamiento inmunitario detiene gran parte de la actividad e infecciones virales.

Síntomas

Las mujeres infectadas por el papilomavirus acostumbran a tener excrecencias verrugosas


(condiloma acuminado) en la parte exterior de la vulva, que no duelen pero se pueden ver y
palpar. Es posible que estas crezcan y se multipliquen durante el embarazo, cuando las
hormonas asociadas con el embarazo estimulan su proliferación. Suelen desaparecer
después del parto, cuando las hormonas vuelven a cambiar. Las verrugas pueden variar de
aspecto, desde excrecencias en forma de placas hasta lesiones puntiagudas. Algunas
mujeres sólo tienen unas pocas, mientras que otras tienen muchas sobre toda la vulva. El
virus también puede ser causa de excrecencias verrugosas en la lengua, los labios y la
garganta, aunque es excepcional que se produzcan en estos sitios. A veces la mujer no
tiene verrugas visibles en la vulva, pero las tiene en la vagina o en el cuello del útero, y es
posible que ni lo sepa. La infección por papilomavirus va acompañada a veces de dolor
vulvar crónico, vaginitis crónica e inflamación crónica del cuello del útero (cervicitis).
Normalmente no se produce flujo vaginal, aunque puede haberlo. Dado que algunas
mujeres tienen la infección por este virus junto con infecciones vaginales por hongos o la
bacteria llamada Gardnerella (véase pág. 345), no siempre es posible discernir exactamente
qué virus o bacteria causa qué síntoma. A menos que la mujer tenga excrecencias
verrugosas en la vulva o irritación crónica vaginal o vulvar asociada con el papilomavirus, es
posible que no se entere que lo tiene.

Diagnóstico

Las excrecencias verrugosas en la vulva, la vagina o el cuello del útero y las células
anormales detectadas en una citología o una biopsia suelen ir asociadas con el
papilomavirus. Si es la primera vez que aparecen, se hace una biopsia y se envía al
laboratorio para confirmar el diagnóstico. A veces se diagnostica el papilomavirus por
colposcopia (espéculo vaginal) o por cervigrama, que es una prueba exploratoria en que se
toma una fotografía del cuello del útero después de aplicar ácido acético (vinagre) diluido al
tejido. Cuando se aplica vinagre a la vulva, el cuello del útero o la vagina y está presente
este virus, el tejido suele volverse blanco (entonces se lo llama «epitelio acetoblanco» o
«células dérmicas blancas»). La biopsia de la zona blanca suele revelar papilomavirus.

Preguntas corrientes sobre el papilomavirus

¿POR QUÉ LO TIENEN TANTAS MUJERES? ​Es probable que el papilomavirus haya
estado siempre presente en los genitales humanos. Ciertamente se encuentra en las
pruebas citológicas de hace veinte años. Por entonces, sencillamente no se reconocía ni se
estudiaba tanto como ahora. Varios factores han contribuido a que en la actualidad se
diagnostique con más frecuencia. Uno es el advenimiento de la colposcopia, técnica de
diagnóstico desarrollada en los años setenta para evaluar las pruebas citológicas
anormales. Una colposcopia puede exigir biopsias de la vagina o el cuello uterino si se
detecta cualquier zona anormal en el examen (para más detalles, véase pág. 333). A
medida que se hacían más biopsias y se diagnosticaban anormalidades cervicales en sus
primeras fases, los patólogos comenzaron a reconocer con más frecuencia los cambios
celulares asociados con este virus.​ ​La revolución sexual y el hecho de tener
muchas parejas sexuales han incrementado el número de mujeres expuestas
al virus. Los preservativos no siempre previenen la transmisión del
papilomavirus (que se transmite por contacto físico) porque este puede estar
presente en otras partes, además del pene, por ejemplo en el escroto; de
todos modos, sirven de algo. Aunque una mujer sea monógama, puede estar
expuesta a verrugas ​según el número de parejas sexuales que haya tenido su
pareja​.​ Entre los factores implicados en que este virus induzca la formación de
excrecencias anormales están la inmunodepresión por una nutrición que no es óptima, las
relaciones emocionales no sanas, el exceso de alcohol y el tabaco. Además, no
transmitimos sólo los virus de nuestras parejas sexuales anteriores a nuestra pareja actual;
también transmitimos nuestro actual estado de salud emocional, que determina en parte si
esos virus se activan o no.

¿CÓMO COGÍ ESTO? ¿QUIÉN ME LO CONTAGIÓ? ​Esta es una de las


preguntas importantes que se hacen muchas mujeres. La verdad es que este virus, igual
que el del herpes, se inserta en el ADN del tejido que infecta y, una vez allí, puede estar
dormido o latente durante años. Eso significa, teóricamente, que un virus que una mujer
«cogió» en 1973 podría estar hasta 1998 sin manifestarse de ninguna forma visible. Esto
también significa que quienquiera que se «lo contagiara» tal vez no sabía que lo tenía. He
visto a parejas monógamas en las que uno de ellos tiene verrugas o herpes y el otro no, a
pesar de haber mantenido durante veinte años o más relaciones sexuales sin preservativo.
En una cultura que cree en la relación «causa y efecto», las infecciones por papilomavirus y
herpes nos hacen trizas la ilusión de control. Algunas personas son «portadoras
asintomáticas», es decir, pueden transmitir el virus a otras sin siquiera saber que lo tienen,
de modo que nadie puede estar al ciento por ciento seguro de que no lo va a transmitir a
otra persona una vez que lo tiene, aun en el caso de saberlo. Lo que esto significa para las
mujeres es lo siguiente: si una mujer se siente culpable o se odia a sí misma por su
sexualidad, se va a preocupar u obsesionar hasta cierto grado por las infecciones de herpes
y de papilomavirus. A incontables mujeres, la mayoría de ellas de ambientes religiosos
estrictos dominados por el hombre, les han dado verdaderos ataques de vergüenza cuando
les he diagnosticado herpes o verrugas. En algún lugar de su interior, creen que las
personas que cogen el virus del herpes o el papilomavirus han hecho algo malo. He visto a
muchas otras con esos trastornos quedarse paralizadas de culpabilidad, pensando que
están manchadas para siempre. Les aterra la idea de transmitir el virus a otra persona.
Dado que ya se sienten indignas, el diagnóstico de herpes o papilomavirus las hunde más
aún. Así comienza en el cuerpo un círculo vicioso que continúa hasta deprimir el sistema
inmunitario y que puede ser causa de continuos brotes. Los reportajes que aparecen en los
medios de comunicación relacionando el papilomavirus y el herpes con el cáncer de cuello
del útero empeoran aún más ese estado mental. La vergüenza y el miedo forman una
combinación fatal para el sistema inmunitario. (Más adelante en este capítulo ofrezco
algunas recomendaciones para hacer frente emocional y mentalmente a estos trastornos y
para fortalecer el sistema inmunitario.)

¿PRESENTA PROBLEMAS EN EL EMBARAZO EL PAPILOMAVIRUS?​ Las hormonas


que se producen durante el embarazo suelen estimular el crecimiento y la proliferación de
las verrugas vulvares. En casos excepcionales, las verrugas pueden causar hemorragia en
el momento del parto, sobre todo si se practica una episiotomía en una zona de la vulva
afectada por verrugas. En general, no obstante, las verrugas no crean problemas en el
embarazo. Suelen desaparecer sin tratamiento después del parto. Teóricamente, una mujer
infectada por el virus puede transmitirlo al bebé en el parto y, también teóricamente, algunos
bebés pueden tener papilomas en las cuerdas vocales (que se pueden tratar con cirugía).
Sin embargo, esto es muy excepcional, y no es motivo para hacer cesárea a una mujer
infectada por papilomavirus; el sistema inmunitario del bebé lo protege casi siempre.